Idea · República Liberal
Frontera amazónica
La frontera amazónica colombiana es una construcción histórica: un territorio disputado, ocupado y administrado por partes desiguales —caucheros, misioneros, colonos y cancillerías— hasta que el Estado nacional lo reconoció como propio durante la República Liberal (1930-1946). Entendida no como línea sino como proceso, condensa un siglo de soberanía precaria, extractivismo, evangelización delegada y colonización tutelada.
Trayectoria de una idea
- 1887
Concordato y Ley 89: la Iglesia como Estado amazónico
- 1902
Convenio de Misiones: financiamiento público de la frontera eclesiástica
- 1907
Tratado Vásquez Cobo-Martins: primera demarcación con Brasil
- 1922
Tratado Lozano-Salomón: frontera con Perú al costo de los ríos Putumayo-Napo
- 1924
Informe del Jefe de Fronteras sobre la invasión de la Casa Arana
- 1930
Ley 10 de 1930: reorganización financiera de intendencias y comisarías
- 1932
Invasión de Leticia: la vulnerabilidad amazónica al desnudo
- 1934
Protocolo de Río de Janeiro: soberanía plena sobre Leticia
- 1936
Ley 200 y colonización de baldíos: la salida liberal al problema agrario
- 1943
Leyes 2 y 26 de 1943: reordenamiento administrativo final de la República Liberal
La lectura
La frontera amazónica colombiana no fue trazada de una vez sino construida por capas: primero la violencia cauchera y la evangelización misional llenaron el vacío que el Estado no ocupaba; luego los tratados diplomáticos intentaron ponerle nombre cartográfico a lo que era apenas una pretensión soberana. La guerra con el Perú en 1932-1934 convirtió ese vacío en urgencia política y obligó a la República Liberal a transformar la retórica del abandono conservador en instrumentos administrativos concretos —intendencias, comisarías, leyes de baldíos, subsidios—, aunque la presencia efectiva siguió siendo precaria y las misiones capuchinas conservaron sus funciones de gobierno delegado. El rendimiento duradero del período liberal no fue la nacionalización real del territorio sino la creación de la infraestructura jurídica sobre la cual se intentaría, décadas más tarde, una colonización de mayor escala; esa herencia, sin embargo, desplazó el problema agrario andino hacia la selva en lugar de resolverlo, sembrando las condiciones del conflicto amazónico posterior. La frontera amazónica es así, en la historia colombiana, el espejo donde se refleja todo lo que el Estado prometió y no cumplió: soberanía sin presencia, reforma sin redistribución, nacionalización sin nación.
La frontera amazónica
La frontera amazónica colombiana no es un accidente del mapa sino una construcción histórica: un territorio nombrado, disputado, ocupado y administrado por partes, en tiempos distintos y por actores desiguales, hasta que el Estado nacional lo reconoció como propio. Durante casi un siglo —entre las bonanzas caucheras de fines del XIX y el cierre de la República Liberal en 1946— lo que hoy llamamos "el sur amazónico" fue simultáneamente vacío soberano, campo de explotación, escenario de misiones católicas, objeto de tratados diplomáticos y, tras la guerra con el Perú de 1932-1934, laboratorio de una política de nacionalización territorial que dejó como herencia un modelo de colonización tutelada. Esa frontera, entendida no como línea sino como proceso, es el objeto de esta ficha.
Un territorio sin Estado (1880-1930)
Antes de que los gobiernos liberales lo convirtieran en asunto administrativo, el sur amazónico funcionaba como aquello que un observador describió con exactitud brutal: "tierra de todos y tierra de nadie". La expresión no era retórica. Los límites con Venezuela, Brasil, Perú y Ecuador no estaban demarcados; las intendencias y comisarías eran ficciones jurídicas sin presencia efectiva; la única autoridad reconocible en gran parte del Putumayo, el Caquetá, el Vaupés y el Amazonas era la de los patrones caucheros, los misioneros capuchinos o, con suerte, un corregidor lejano.
Este vacío soberano no era pasivo. Sobre él operaron, desde finales del siglo XIX, tres fuerzas que estructuraron la región mucho antes que cualquier ministerio: las economías extractivas, las misiones católicas y la migración de campesinos andinos empobrecidos. Las tres compartían un rasgo: llegaban donde el Estado no estaba, y muchas veces se comportaban como si fueran el Estado.
Las bonanzas se sucedieron —caucho, quina, pieles, más tarde petróleo, maderas y coca— sin dejar tras de sí infraestructura, ciudades sólidas o instituciones. Los empresarios caucheros actuaban como presencia fáctica de la soberanía en zonas alejadas, acordando reglas propias y ejerciendo violencia con impunidad. Los habitantes del Putumayo invocarían durante décadas ese patrón para explicar la persistencia de lo que ellos mismos llamaban "barbarie" en su departamento.
El ciclo cauchero y la Casa Arana
El punto más oscuro de esa era anterior al Estado tiene nombre propio: la Casa Arana, empresa del peruano Julio César Arana, que ejerció sobre los pueblos indígenas del Putumayo, el Caquetá y el Vaupés un sistema de esclavitud, exterminio y acumulación cuya escala convirtió la explotación cauchera en uno de los mayores crímenes del ciclo extractivo continental.
Los agentes de la Compañía obligaban a los indígenas a trabajar día y noche sin remuneración, les robaban cosechas, mujeres e hijos, los azotaban hasta dejarles los huesos al aire, los usaban como blancos de tiro —hombres, mujeres y niños— y los quemaban con parafina. Las víctimas principales fueron los pueblos Murui (Uitoto), Coreguaje, Inga, Kofán, Siona y Kamëntsá, entre otros. El sistema laboral se sostenía en la servidumbre por deudas: las obligaciones pasaban por ley de padres a hijos, y los indígenas solo obtenían la libertad cuando estaban enfermos de muerte y el patrón los soltaba para no seguir cargando con el débito. Los agentes de la Casa estaban armados con lo necesario para reducir a las comunidades a una obediencia basada en el terror.
El resultado fue una recomposición territorial y étnica de escala amazónica. Los Murui huyeron del ciclo cauchero subiendo por el río Caquetá hacia territorio koreguaje, pueblo con el que hicieron las paces después de haber sido enemigos —así lo recuerdan testimonios de mujeres murui recogidos décadas después—. Comunidades enteras fueron desplazadas, otras exterminadas, y la geografía humana de la región quedó marcada por rutas de huida, refugios interfluviales y alianzas nuevas entre pueblos que la violencia obligó a reconocerse.
El caso llegó al escándalo internacional gracias al informe del cónsul británico Roger Casement sobre las atrocidades del Putumayo, pero la respuesta colombiana fue tardía. En 1924, un Jefe de Fronteras dejó en el Archivo General de la Nación un informe cuyo título alude directamente a la invasión de la Casa Arana a territorios colombianos del Putumayo y el Caquetá. La retirada final de Arana, tras el conflicto colombo-peruano, no clausuró el sometimiento: las misiones religiosas —que ya operaban en paralelo a las caucherías— continuaron el proyecto civilizatorio bajo otro rostro.
El sustituto eclesiástico del Estado
Lo que en el interior del país llamaba "presencia estatal" en la Amazonia era, casi siempre, presencia misional. El Concordato de 1887, firmado bajo la Regeneración, y la Ley 89 de 1890 —"por la cual se determina la manera cómo deben ser gobernados los salvajes que se reduzcan a la vida civilizada"— establecieron el marco jurídico de un proyecto donde la Iglesia católica asumió funciones que en otros territorios correspondían al gobierno civil. El Convenio de Misiones de 1902 dio forma financiera al esquema: la misión del Caquetá, en manos de los capuchinos y con jurisdicción sobre los ríos Putumayo, Caquetá y Amazonas y sus afluentes, junto con la Prefectura Apostólica de la Intendencia Oriental, recibieron los rubros más altos entre todas las misiones del país. El artículo 7° del convenio añadió cincuenta mil pesos a la misión del Caquetá destinados a construcción de edificios.
Sobre esa base, los capuchinos organizaron internados donde niños indígenas —huérfanos, o entregados por familias en situación de vulnerabilidad— aprendían a leer, escribir y hacer cuentas. El padre capuchino intervenía en la celebración de matrimonios, en la crianza de menores y en aspectos ordinarios de la vida de las comunidades. Antes que ellos habían pasado por la región agustinos (con presencia registrada desde 1542-1543 hasta comienzos del XIX), jesuitas (1650-1661) y mercedarios, en los valles de Sibundoy, Mocoa y el Caquetá. La continuidad misional era larga; lo nuevo del arreglo posterior a 1887 fue la explícita subcontratación soberana: allí donde el Estado no llegaba, el misionero gobernaba con dinero público.
La figura del misionero como "vanguardia civilizadora" no fue exclusiva de Colombia —también los misioneros en el Perú fueron descritos con ese lenguaje—, pero en el caso colombiano el arreglo fue más allá: las misiones católicas funcionaron como lo más parecido a una presencia estatal en el territorio. Esa fórmula, austera, resume el andamiaje de la frontera amazónica hasta bien entrado el siglo XX: el Estado se hizo presente por delegación eclesiástica.
La demarcación tardía: tratados y vacíos
Mientras la Casa Arana operaba sobre las selvas y los capuchinos gobernaban los internados, las cancillerías intentaban ponerle límites cartográficos al vacío. El proceso fue lento y quedó marcado por lo que Colombia perdió más que por lo que ganó.
Con Brasil se firmó el 24 de abril de 1907 el Tratado Vásquez Cobo-Martins, que trazó la frontera desde la Piedra del Cocuy hasta la desembocadura del río Apaporis en el Caquetá, dejando el resto sujeto a un arreglo posterior vinculado, según la posición colombiana, al Tratado de San Ildefonso. Ese arreglo llegó en 1928 con el Tratado García Ortiz-Mangabeira, que completó la línea desde la desembocadura del Apaporis hasta la quebrada de San Antonio, y por ésta hasta su desembocadura en el Amazonas, entre Leticia y Tabatinga.
Con el Perú la historia fue más dura. El Tratado Lozano-Salomón, firmado el 24 de marzo de 1922, fijó la frontera colombo-peruana al precio de las vastas extensiones entre los ríos Putumayo y Napo, que Colombia había reclamado como herencia colonial. A cambio, se salvó al menos un acceso al río Amazonas: la lengua de tierra que llegaría a conocerse como el trapecio amazónico, con Leticia como puerto. El tratado dejó insatisfechos a los peruanos —especialmente a los intereses caucheros y a la población de Loreto— y esa insatisfacción, alimentada por el nacionalismo del gobierno populista de Sánchez Cerro, terminaría por detonar la crisis de 1932.
La guerra con el Perú y el punto de inflexión
El 1° de septiembre de 1932, un grupo de aproximadamente doscientos cincuenta peruanos ocupó Leticia e izó la bandera del Perú. No era una invasión de gran ejército sino una toma irregular, hecha probablemente por habitantes de Loreto exaltados por la retórica nacionalista de Lima. Bastó para desnudar la vulnerabilidad colombiana.
El país no tenía con qué responder. El ejército estaba desabastecido: sin artillería, sin ametralladoras, con escasez de municiones y equipos, y sin preparación para operar en los teatros amazónicos. El servicio militar mostraba deficiencias graves. La distancia física entre Bogotá y el trapecio hacía de cualquier despliegue una odisea logística. La Amazonia colombiana estaba, en el sentido más literal, indefensa.
El presidente Enrique Olaya Herrera, primer liberal tras casi medio siglo de hegemonía conservadora, respondió movilizando el esfuerzo nacional y llevando el conflicto simultáneamente a las armas y a la diplomacia. En la Sociedad de Naciones, Colombia obtuvo una resolución favorable; Leticia quedó temporalmente bajo administración del organismo internacional. El 24 de octubre de 1933 se pactó un armisticio, y el 24 de mayo de 1934 se firmó el Protocolo de Río de Janeiro, que devolvió plena soberanía colombiana sobre Leticia.
La victoria fue diplomática más que militar, pero su efecto interno fue mayor que su resultado externo. La guerra actuó como catalizador de todo lo que la República Liberal ya venía impulsando en materia de política territorial. Los liberales habían denunciado el abandono conservador de las regiones fronterizas —lo llamaron criminal neglect—, y ahora tenían un mandato patriótico para hacer efectiva su presencia. Olaya purgó oficiales conservadores ineptos y los reemplazó por jóvenes liberales; se compraron aviones JU-52 a Alemania para dar cuerpo a una fuerza aérea rudimentaria; en 1936 se abrieron escuelas especializadas de infantería, caballería y artillería. El gasto público generado por el conflicto contribuyó, además, a la recuperación económica del país. La guerra fue costosa, pero fue también un despertar administrativo.
La República Liberal y la reorganización territorial
Conviene precisar la cronología, porque el mito nacional tiende a atribuir a la guerra con el Perú la totalidad del giro liberal hacia la Amazonia, y no es exacto. Olaya Herrera había comenzado antes. El 8 de octubre de 1930, apenas iniciado su gobierno, el Congreso aprobó la Ley 10, que reorganizó la estructura financiera de las intendencias y comisarías. La creación de la Intendencia del Amazonas —convertida en tal en 1931, sobre la base de la Comisaría creada en 1928— fue anterior al incidente de Leticia. La negociación de límites definitivos con Venezuela y Brasil ya estaba en marcha.
Lo que hizo la guerra fue acelerar, legitimar y ampliar ese proceso. Bajo Olaya Herrera y luego bajo Alfonso López Pumarejo (1934-1938), los gobiernos liberales rompieron con la tradición conservadora de abandono mediante un paquete de instrumentos: reformas administrativas, subsidios financieros a las intendencias, obras públicas, campañas de salud y promoción de la colonización. La Ley 4ª de 1934 introdujo disposiciones adicionales sobre el territorio amazónico. Los ajustes continuaron durante los años cuarenta: la Ley 26 de 1943 anexó La Cocha a Nariño; la Ley 2 de 1943 creó la Comisaría especial del Amazonas.
La retórica era ambiciosa; la realidad, más modesta. La presencia nacional en las regiones intervenidas siguió siendo precaria. Los funcionarios eran pocos, mal pagados y muchas veces temporales. Las misiones capuchinas continuaron ejerciendo las funciones que ninguna reforma les arrebató. Y hacia la década de 1940, durante los gobiernos de Eduardo Santos y el segundo López Pumarejo, el fervor patriótico por los territorios nacionales decayó tanto en el discurso oficial como en el ánimo popular, afectado por la Segunda Guerra Mundial, por la inserción de Colombia en el capitalismo mundial y por el creciente conflicto entre conservadores y liberales que anunciaba La Violencia.
Aun así, quedó instalada una infraestructura jurídica y administrativa —intendencias, comisarías, ley de baldíos, políticas de colonización— sobre la cual se construiría el siglo XX amazónico. Ese es el rendimiento duradero de la República Liberal en la frontera: no la nacionalización efectiva del territorio, que no logró, sino la creación de los instrumentos que permitirían décadas más tarde intentarla con otras herramientas.
Colonización de baldíos: la salida liberal
Aquí aparece la contradicción estructural del liberalismo amazónico. La República Liberal no resolvió el problema agrario del interior del país —la concentración de tierras en las regiones andinas—; lo desplazó geográficamente. La Ley 200 de 1936, promulgada durante el primer gobierno de López Pumarejo, no fue una reforma redistributiva sino un intento de estimular la productividad rural. Ante la resistencia de los grandes propietarios, los gobiernos liberales eligieron la ruta menos conflictiva: adjudicar baldíos y promover la colonización de nuevos territorios, en lugar de redistribuir la propiedad existente.
Los números lo confirman con nitidez. En el Caquetá, entre 1903 y 1931 se registraron apenas veintitrés adjudicaciones de baldíos —el 0,1% del total histórico—. Entre 1932 y 1946, bajo la República Liberal, ascendieron a ochocientas veintitrés, el 2,7%. Es un salto significativo, aunque todavía menor que el que vendría después con la creación del Incora. Entre 1903 y 1961, en todo el país, se adjudicó apenas el 10,7% de la superficie nacional en baldíos; entre 1962 y 1974, la cifra saltó al 28,6%. La política liberal fue, en ese sentido, el ensayo general de una estrategia que se profundizaría en las décadas siguientes.
La dinámica sobre el terreno era brutal en su lógica. Los colonos pobres —campesinos andinos empujados por la extrema pobreza, la concentración de tierras y la violencia de sus regiones de origen— abrían monte y producían "mejoras" como mercancía. Esas mejoras terminaban en manos de ganaderos y comerciantes con capacidad de compra, que consolidaban propiedades para ganadería extensiva. Los colonos arruinados vendían sus mejoras y se veían obligados a colonizar más lejos. Así describió Darío Fajardo el ciclo: migración–colonización–conflicto–migración, un movimiento perpetuo que empujaba la frontera agrícola cada vez más adentro sin resolver nunca la desigualdad original.
En el Caquetá y el Meta, esa dinámica se asoció a la ganadería y al latifundio; en Putumayo y Amazonas, a la explotación del caucho y la quina. La Ley 100 de 1944, expedida al inicio del segundo gobierno de López Pumarejo, marcó un giro regresivo: amplió los plazos concedidos a los latifundios para poner a producir tierras improductivas, expresó un cambio a favor de los grandes propietarios y contribuyó al escalamiento de los conflictos agrarios que estallarían en la violencia bipartidista.
Estudios posteriores del Incora, en los años sesenta, vincularon explícitamente la concentración de la tierra al proceso de colonización, no como fenómenos opuestos sino como caras de una misma moneda. Lo que en el imaginario liberal era conquista pacífica de la selva —el colono heroico incorporando territorio a la nación— era en la práctica reproducción de la estructura agraria del interior en un nuevo escenario.
La selva narrada: literatura y política
Entre el Estado que llegaba tarde y el colono que llegaba pobre se instaló una tercera figura decisiva: la selva contada. Ninguna comprensión de la frontera amazónica colombiana puede prescindir de los textos que la representaron, porque esas representaciones no reflejaron el territorio: lo produjeron para el resto del país.
La vorágine, publicada por José Eustasio Rivera en 1924, fue simultáneamente diario de poeta, libro de aventuras, crónica de viaje y novela terrígena. Fue también, y sobre todo, denuncia. Rivera concibió el libro como vehículo para hacer trascender las denuncias sobre la explotación cauchera y el esclavismo amazónico que había recogido en trabajo de campo, y que sentía ignoradas por unos parlamentarios indiferentes en Bogotá. El viaje de Arturo Cova desde la ciudad hasta la selva es una alegoría romántica asociada al topos del viaje dantesco, pero también un recorrido por la violencia estructural del Estado colombiano en sus márgenes.
Toá, de César Uribe Piedrahita, amigo personal de Rivera, prolongó el gesto con una denuncia más perfilada: allí las maniobras de la Casa Arana aparecen sin la disolución atmosférica que a veces se le reprochó a Rivera. Uribe Piedrahita continuaría después con Mancha de aceite (1935), sobre la explotación petrolera estadounidense, un tema que el propio Rivera había pensado tratar en una segunda novela con el título tentativo de Mancha negra, obra que no alcanzó a escribir.
Pero la representación literaria de la selva tuvo un efecto ambivalente que el historiador Juan Friede diagnosticó con lucidez. Al presentar la selva como espacio de derrota biológica del hombre frente a un medio hostil, la novelística amazónica no solo denunciaba: también encubría. La imagen del territorio como jungla implacable, del indígena como víctima pasiva, del cauchero como figura trágica luchando contra la naturaleza, ocultaba que la destrucción de las riquezas amazónicas —caucho, quina, maderas preciosas— era despilfarro criminal del patrimonio nacional, no heroísmo. Esa representación, que encontraba terreno propicio en el público urbano, orientaba con frecuencia la política de los gobiernos andinos hacia las tierras selváticas y sus habitantes indígenas: si la selva era barbarie, la respuesta era civilización; si el problema era la naturaleza, la solución era la conquista.
De ese modo, la literatura de denuncia terminó, contra la intención de sus autores, alimentando el discurso que legitimó la colonización tutelada como misión civilizatoria. El Estado liberal se movió dentro de ese marco simbólico: la Amazonia era territorio a redimir, no sociedad a respetar.
Actores y coordenadas
El proceso amazónico colombiano se hizo con nombres. Rafael Reyes, quien conoció la región como explorador y comerciante antes de ser presidente, fue el primer estadista colombiano que entendió a la Amazonia como frontera estratégica. Rafael Uribe Uribe, en sus escritos y su acción política liberal, insistió en la necesidad de proyectar el país hacia el sur. Manuel José Casabianca, Miguel Triana, Joaquín Rocha y Luis Fernando Guzmán aportaron, cada uno en su registro —militar, exploratorio, jurídico, misional—, la información y la retórica que hicieron pensable la frontera. Del lado de las misiones, la figura de fray Gaspar de Pinell, capuchino, encarna la continuidad del proyecto evangelizador-civilizatorio en el Putumayo y el Caquetá.
Del lado peruano y del ciclo cauchero, Julio César Arana fue el rostro de la acumulación por atrocidad. Roger Casement, el cónsul británico cuyo informe expuso el sistema, fue el instrumento involuntario que internacionalizó el escándalo. Y del lado de la República Liberal, tres presidentes definieron el arco: Enrique Olaya Herrera, que puso en marcha las reformas y respondió a la crisis de Leticia; Alfonso López Pumarejo, que profundizó la política territorial en su primer gobierno y la relativizó en el segundo; Eduardo Santos, bajo cuya administración comenzó la disolución del fervor territorial liberal.
Las coordenadas geográficas del proceso son igualmente precisas: el Trapecio Amazónico con Leticia como capital; el río Putumayo con La Chorrera y El Encanto como puntos neurálgicos del ciclo cauchero; La Pedrera sobre el Caquetá como enclave fronterizo; Puerto Asís y Mocoa como cabezas de la colonización putumayense; Florencia como capital de la colonización caqueteña; Iquitos y Tarapacá como referencias peruanas del conflicto; los ríos Putumayo, Caquetá, Vaupés y Amazonas como arterias que ordenaron todo, porque en la Amazonia la geografía es fluvial antes que terrestre.
Proyecciones: de La Violencia a la coca
El modelo liberal de colonización de baldíos no se detuvo con el fin de la República Liberal en 1946. Al contrario: encontró su continuación —y su radicalización— en las décadas siguientes. La Violencia bipartidista de mediados de siglo empujó a miles de campesinos hacia el piedemonte amazónico, convirtiendo la frontera en válvula de escape del conflicto agrario interandino. En 1953, campesinos expulsados por el Ejército abrieron camino desde el Caquetá hasta la Sierra de La Macarena; poco después, campesinos organizados por el Partido Comunista abrirían nuevos frentes de colonización mediante las llamadas "columnas de marcha".
El período 1947-1967 concentró el 34,6% de los colonos vinculados históricamente al Caquetá, y el 23,2% de los vinculados al Putumayo. En este segundo departamento, la dinámica siguió una ruta particular: colonización desde los años cincuenta por población nariñense y huilense desplazada por La Violencia; descubrimiento de petróleo en Orito y La Hormiga por la Texas Petroleum Company a comienzos de los sesenta; llegada de los cultivos de coca desde comienzos de los ochenta, promovidos por narcotraficantes. Putumayo no fue prioridad de los programas de colonización dirigida del Incora ni un gran polo receptor del desplazamiento bipartidista, pero recibió sucesivas oleadas migratorias por otras vías y terminó convertido en uno de los epicentros del conflicto armado contemporáneo.
El Incora, creado en 1961-1962 con mandato originalmente redistributivo, canalizó desde su fundación la presión agraria hacia la colonización de baldíos en la frontera amazónica en lugar de redistribuir tierras en los territorios en conflicto. Entre 1962 y 1974, el Caquetá concentró el 32,4% del total de adjudicaciones de baldíos registradas en esa región entre 1903 y 2012. La lógica liberal —abrir frontera antes que redistribuir hacienda— se perpetuó bajo administraciones de todos los colores.
El diagnóstico de la Comisión de Superación de la Violencia en 1992, para el caso del Putumayo, fue elocuente: la colonización amazónica descontrolada, combinada con la ineficiencia estatal, generó vacíos de poder que fueron llenados por contrapoderes guerrilleros y paramilitares. La frontera que la República Liberal había querido nacionalizar terminó, medio siglo después, siendo el escenario donde el Estado disputaba la soberanía con actores armados alimentados por la misma dinámica extractiva y colonizadora que su política había impulsado.
Huella
La frontera amazónica colombiana, como proceso histórico, dejó tres herencias precisas.
La primera es institucional: el andamiaje jurídico y administrativo de intendencias, comisarías y adjudicación de baldíos que estructuró la relación del Estado colombiano con sus territorios periféricos durante todo el siglo XX. Ese andamiaje fue diseñado durante la República Liberal, sobre bases del Concordato de 1887, y adaptado —no reemplazado— por las administraciones posteriores.
La segunda es demográfica y agraria: el modelo de colonización que trasladó a la Amazonia el conflicto por la tierra del interior sin resolverlo, y que reprodujo en la frontera las estructuras latifundistas de origen. El colono pobre, la mejora vendida al comprador con capital, la ganadería extensiva expandiéndose hacia adelante, el desplazamiento perpetuo hacia zonas más remotas: ese ciclo, que sigue operando, tiene su matriz en las decisiones liberales de los años treinta.
La tercera es simbólica y sigue en disputa: la imagen de la selva como espacio a civilizar, del indígena como sujeto a redimir, del colono como héroe nacional, del territorio como recurso. Esa imagen —construida por la literatura, la administración, la misión y la retórica patriótica de la guerra con el Perú— orientó políticas públicas durante décadas y no ha sido plenamente sustituida por una comprensión distinta, aunque los pueblos indígenas amazónicos, las organizaciones campesinas y algunos sectores del Estado hayan intentado desde los años ochenta desmontarla.
La República Liberal no inventó la frontera amazónica: la encontró construida por caucheros, misioneros, colonos y cartógrafos. Tampoco la resolvió: sus reformas fueron parciales, su presencia siguió siendo precaria, sus contradicciones estructurales quedaron intactas. Lo que sí hizo fue algo decisivo y ambiguo: convirtió un vacío soberano en territorio administrable, con instrumentos jurídicos concretos y una retórica nacional coherente, y al elegir la colonización de baldíos sobre la reforma agraria redistributiva, sembró en la frontera las semillas de los conflictos que estallarían décadas después. Esa mezcla de logro y limitación —de nacionalización formal y abandono material— es lo que hace del episodio liberal el eje sobre el cual gira la historia larga de la Amazonia colombiana.
En el archivo
1 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01Julio César Arana
- 02Enrique Olaya Herrera
- 03Alfonso López Pumarejo
- 04Rafael Reyes
- 05Leticia
- 06Putumayo
- 07Caquetá
- 08Amazonía
- 09Soberanía territorial
- 10Extractivismo
- 11Colonización dirigida
- 12Baldíos
Personas
Lugares
Ideas
Documentos y fragmentos citados
41 documentos · 58 fragmentos
01Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 171, 175, 1783 citas
[1]su marginalidad. Para permitir y justificar la violencia se acuerdan derechos y reglas fuera de las leyes estatales. Hoy, los habitantes del Putumayo se remiten a este periodo histórico para explicar el por qué de la “barbarie” que según sus dirigentes, caracteriza la violencia en el departamen- to (Plan de Desarrollo…
p. 171
[48]Anual de Historia “Ernesto Restrepo Tirado” Panel 2 · Colonización, coca y movimiento social: el caso del Putumayo 175 iniciaron esfuerzos para colonizar esta parte de la Amazonia con el fin de ejer- cer su soberanía sobre esta área de frontera. 1947-1962: la colonización de la violencia Durante este periodo se…
p. 175
[50]5,15% Tolima: 4,9% Cundinamarca: 5,15% Otros: 4,9% Otros: 4,12% Caquetá: 2,4% Cauca: 3,78% Cundinamarca: 2,4% Caldas: 3,09% Meta 1,6% Quindío: 2,41% Huila 0,8% Boyacá: 2,41% Período de vinculación Período Putumayo Caquetá 1930 - 1946 0,80% 2,90% 1947 - 1967 23,20% 34,60% 1968 - 1977 19,20% 34,60% 1978 - 1986 37,60%…
p. 178
02Petróleo, coca, despojo territorial y organización social en PutumayoEdinso Culma Vargas, Juliana Guerra Rudas, Rocío Londoño Botero · 2015 · p. 28, 32, 683 citas
[2]región en las últimas dos décadas del siglo XX. Igual ocurre al revi- sar estudios académicos e institucionales que, de una parte, se concentran en una configuración territorial a partir de la eco- nomía ilegal de la coca y su relación con los grupos armados y el narcotráfico (Ramírez, 2001; Observatorio de Derechos…
p. 28
[33]definición de límites de Colombia con Ecuador, perdió gran parte de su territorio mediante la Ley 56 de 1916 y en 1943 nuevamente perdió territorio cuando La Cocha fue anexada a Nariño (Ley 26 de 1943). La parte del bajo Putuma- yo perdió territorio cuando se creó la Comisaría especial del Amazonas (Ley 2 de 1943). En…
p. 32
[49]con él genera una ruptura enorme en la anterior política nacional de tenencia de la tierra. Entre 1903 y 1961, se ha- bía adjudicado apenas un 10,7 por ciento de la superficie nacional, lo cual contrasta con la cifra del 28,6 por ciento que se adjudicaría en el periodo 1962-1974. En principio, el Incora se había…
p. 68
03El desplazamiento en Colombia: Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez (editoras) · 2005 · p. 3321 cita
[3]de poder, es decir, las zonas de colonización y las zonas de frontera co- C ODHES 332 lombiana, han tenido una economía propia centrada en la extracción de recursos. En el departamento del Caquetá, y las zonas del piedemonte llanero, el Sarare, el Ariari y el Magdalena medio, por ejemplo, dicha economía estuvo muy…
p. 332
04El desplazamiento en Colombia. Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez · 2005 · p. 3321 cita
[4]de poder, es decir, las zonas de colonización y las zonas de frontera co- C ODHES 332 lombiana, han tenido una economía propia centrada en la extracción de recursos. En el departamento del Caquetá, y las zonas del piedemonte llanero, el Sarare, el Ariari y el Magdalena medio, por ejemplo, dicha economía estuvo muy…
p. 332
05Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 431 cita
[5]ejerció un rosario de violencias sobre las comunidades indígenas de Putumayo, Vaupés y Caquetá, que incluyeron despojo, expulsión, explotación, asesinato, tortura y exterminio 55. Un pueblo muy afectado fue el Murui (Uitoto) que huyó y subió por el río Caquetá hacia tierra koreguaje, pueblo con el que hicieron las…
p. 43
06Caquetá: conflicto y memoriaHarley Enrique Gutiérrez Ñustez, Rubén Darío Polo Sierra, Cristian E Paredes González · 2013 · p. 61 cita
[6]con parafina para que los empleados disfruten con su desesperada agonía. Hoy en día los pueblos indígenas Uitoto, Coreguaje, Inga y los que llegaron en los últimos años, Emberá Chamí y Paeces, recuperan y fortalecen las costumbres ancestrales en sus territorios, como una forma de resistencia para dejar en el pasado la…
p. 6
07Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 6481 cita
[7]de esto son los casos de persecución de los pueblos indígenas awá, kofán, siona, koreguaje, uitoto (murui), inga, kamëntsá y kichwa, en Putumayo, que fueron afectados por la «fiebre» del caucho. En la década de los treinta el pueblo indígena motilón-barí, en Norte de Santander, sufrió algo similar. El Gobierno…
p. 648
08Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. AmazoníaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 45, 482 citas
[8]entre 1932 y 1933. Al final de la guerra la Casa Arana se retiró al Perú. Sin embargo, la retirada de la Casa Arana –e incluso de otras caucheras que años más tarde cesarían actividades debido al auge del caucho producido en el Sudeste Asiático–, no significó el fin del suplicio para los pueblos indígenas, pues ya se…
p. 45
[44]con las amazónicas 86 y desarro- llaron «ganaderías vacunas y cultivos de plátano y hortalizas» 87, dando comienzo a la reconfiguración territorial y productiva. Un colono campesino le contó a la Comisión su origen y el de su familia: «[Soy] un hijo de colonos por parte de mi padre, quien nació aquí en Florencia,…
p. 48
09El río: exploraciones y descubrimientos en la selva amazónicaWade Davis · 2017 · p. 4161 cita
[9]un siglo. Ni siquiera la muerte liberaba al cauchero, pues sus obligaciones pasaban por ley a sus hijos, que heredaban las deudas de sus padres; las madres desesperadas arrojaban 417 Eí ndi a las hijas a la prostitución. Era, de hecho, una forma de servidumbre bajo la cual el capataz esclavizaba no sólo al hombre,…
p. 416
10Colombia amargaGermán Castro Caycedo · 2015 · p. 491 cita
[10]se internan en la selva, solamente con algunas porciones de fariña (arepa extraída de la yuca brava), que ellos mismos producen. Para procurarse algunas monedas, los indios deben venderle la fariña a un par de comerciantes que trafican allí amparados por los caucheros. Uno de éstos llegó como guardián al penal,…
p. 49
11Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 95, 5092 citas
[11]de la complejización del mismo es importante acercarse a otras fuentes, en este caso documentales, que permitan dar cuenta de los contextos regionales a los que no se tiene acceso a partir de los sujetos. No con el ánimo de corroborar si lo dicho por ellos es verdad o no, sino de ampliar el espectro de comprensión. De…
p. 95
[39]y conflicto La extrema pobreza en muchas regiones campesinas y sectores urbanos, así como la exagerada concentración de tierras en nuestro país, alimentaron el alto número de personas que se aventuraron a colonizar el piedemonte amazónico desde mediados del siglo XX. Dicha ocupación ha consistido en un largo proceso…
p. 509
12La tierra no basta. Colonización, baldíos, conflicto y organizaciones sociales en el CaquetáCentro Nacional de Memoria Histórica, Erika Andrea Ramírez Jiménez · 2017 · p. 34, 1062 citas
[12]Cubeos, entre otros. Pero es- tos pueblos fueron objeto de un sistemático proceso de extermi- 35 1 De los Andes a la selva: la conquista de la Manigua. Geografía de la colonización en el Caquetá nio y reducción. La inserción del espacio amazónico en la nación comenzó con las exploraciones e incursiones de los…
p. 34
[42]de menos de 100 hectáreas obtuvieron el 69,51 % del área adjudicada. Cabe decir que estos períodos estuvieron marcados por crisis agrarias y conflictos en el espacio interandino y en las nuevas fronteras de colonización. En la siguiente gráfica podemos ver la superficie adjudicada por períodos entre 1903 y 2012. 39…
p. 106
13Putumayo: la vorágine de las caucherías. Memoria y testimonio. Primera parteAugusto Javier Gómez López (relator y compilador); Centro Nacional de Memoria Histórica · p. 145, 2422 citas
[13]se hallaban aprovi- sionados “del armamento necesario para reducir a los indígenas a una obediencia basada en el terror”, que “puso en sus manos a tribus enteras a las que tenía gran interés en aterrorizar”. 145 Fragmentos para una historia económica y sociocultural de las caucherías en el Putumayo Fuentes…
p. 145
[37]de Sibundoy durante la mayor parte de los siglos coloniales”. Asimismo, dan cuenta de la “misión de un padre jesuita en Mocoa entre los años de 1650 y 1661”; en cuanto a los Mercedarios manifiestan que “saliendo desde el Tejar, Quito, organizaron los pueblos de Ramón Nonato y Nuestra Señora de la Asunción y…
p. 242
14Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 637, 6662 citas
[14]en el aspecto de cr í tica social, que Rivera enmarc ó en las descripciones del paisaje ■ y de las costumbres campesinas e ind í genas. Los personajes de las novelas de Uribe Piedrahita siguen muy de cerca los modelos de La vor á gine. Como é sta, To á presenta dos planos: el amor de los protagonistas (el poeta y…
p. 666
[53]un detallado conocimiento de su horizonte social y cultural. S ó lo ese;, conocimiento permite situarlo adecuadamente dentro del marco evolutivo com ú n de la sociedad y la literatura latinoamericanas y ponerlo en referencia con las letras europeas.. 39 J ean F ranco, The Modern Culture o/ Lat í n Am é rica. Society…
p. 637
15Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 3161 cita
[15]nes se agregaron a los viejos Caudron, los Wild suizos. Cerrada de nuevo en 1928, reabierta en 1929 con oficialidad francesa, la Escuela registra oscilacio- nes similares a las que el ejército y la Armada hubieron de sufrir en un am- biente político de indiferencia por las necesidades de la defensa nacional y la…
p. 316
16Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · p. 78, 812 citas
[16]oficiales estaban más al servicio de la política que concentrados en su oficio y el gobierno civil no era lo suficien- temente diestro en los asuntos de defensa, como para trabajar en estrecha cola- boración con el sector castrense a la hora de proyectar los planes estratégicos necesarios para cubrir todo el teatro de…
p. 78
[25]ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. COLOMBIA SIGLO XX 82 inexistencia de artillería y la escasez de municiones, monturas, caballos, equipos de campaña, uniformes y material de guerra en general; tampoco había ametra- lladoras y faltaban depósitos de armamento y municiones. Lo peor era que no…
p. 81
17Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 781 cita
[17]el río Apaporas; contintia por el Apaporls hasta su confluencia con re Caquetá y continúa por el curan de es unos 18 kilómetros, hasta un sit cerca de la iso de Inambú, punto Temitorio de Colombia Trestado:de Crayaguil embrrCielponit o Peri del 13 destine de 1629 Firmas del presatrote del Meri, Autors Curtifrnez ae la…
p. 78
18Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 1121 cita
[18]se hu- biera mantenido la frontera de 1830, o sea la de la ribera norte del río Ama- zonas. El tratado de 1922 por lo me- nos salvó ese pequeño trozo de fron- tera. El Perú, sin embargo, no quedó sa- tisfecho con el tratado Lozano-Salo- món de 1922, y ello condujo más tarde a la invasión por el Perú del trapecio…
p. 112
19Nueva Geopolítica de ColombiaJulio Londoño Londoño · 1965 · p. 661 cita
[19]feopolític»—i Lo desconocido del territorio, así como las dificultades de los transportes para llegar -a sitios que en las cartas geográfi- cas habían sido marcados de manera irregular y muchas veces antojadiza, la ejecución del trazado se fue demorando hasta el momento de la independencia de los países americanos en…
p. 66
20Gran Enciclopedia de Colombia: Geografía 1Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Eufrasio Bernal Duffo, Melania Kowalewska (Textos complementarios) · 2007 · p. 451 cita
[20]Mira. La boca de la quebrada Pipala. El origen principal del rio Carchi, Alumbre 0 Jativa. La boca de la quebrada El Morro. El cerro La Quinta. El cerro Troya. El origen de la quebrada Pun. La boca de la quebrada La Industria. La cumbre del cerro de Pax. EI meridiano de la boca del tio Cuhimbé. Longitud aproximada en…
p. 45
21Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 331 cita
[21]bélico y unos aviones capturados. El 25 de junio, tras la retirada peruana, la guerra terminó y Leticia quedó en manos de la Liga de Naciones. El 24 de octubre de 1933 se pactó un armisticio y se iniciaron negociaciones diplomáticas; el conflicto terminó con la firma del tratado de paz a través del Protocolo de Río de…
p. 33
22Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · p. 731 cita
[22]dólar por libra en septiembre de 1929 se bajó a 16 centavos en sólo dos meses. Los peores precios, sin embargo, se darán entre 1932 y 1935, siendo cercanos a los 10 centavos (Informe de Gerencia, p. 177). Ver José A. Ocampo y Santiago Montenegro, Crisis Mundial, Protección e Industrialización, Bogotá: Cerec, 1984,…
p. 73
23Colombia: Territorial Rule and the Llanos FrontierJane M. Rausch · 1999 · p. 1, 41, 2543 citas
[23]Pumarejo's high profile diplomacy made him Olaya's heir apparent for the presidency in 1934. 45 The army, for its part, had proven itself in battle by defeating a Peruvian force twice its size, but the war alerted the public to Colombia's military weakness. Olaya moved to purge inept Conservative officers, replacing…
p. 41
[27]Page 1 PART I — TERRITORIAL RULE DURING THE LIBERAL REPUBLIC 1999. University Press of Florida. All rights reserved. May not be reproduced in any form without permission from the publisher, except fair uses permitted under U.S. or applicable copyright law. EBSCO Publishing: eBook Collection (EBSCOhost) printed on…
p. 1
[30]development, it was not difficult for Olaya Herrera to begin the push to extend Colombian control over the Amazon, or for Alfonso López to excite popular imagination about the economic potential of the Llanos. Yet by the 1940s little remained of this patriotic fervor at either the official or the popular level. During…
p. 254
24Historia de Colombia. La Colombia más Antigua. Tomo 1Gonzalo Hernández de Alba (dir.); Camilo Domínguez O., José L. Lorenzo, Amancio Fernández, Gonzalo Correal y otros · p. 621 cita
[24]a una intensa colo- nización, creándose muchísimos pueblos nuevos y construyéndose numerosas carreteras. Además, la población autóctona, nacida en el Llano, se está equilibrando con la foránea y busca caminos para seguir sus propios rumbos, Un indio muinane, de la Región Amazónica, ingiriendo coca. En esta región,…
p. 62
25Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 3181 cita
[26]ser el canal más largo del mundo. En 1932 esa selva de La vorágine, en la parte colombiana, se extendía, como ahora, hasta un barranco sobre el Amazonas, Leticia, único pedazo de tierra firme que por el sur del terri- torio nacional cierra el mapa. Es otra entrada al mar, al Océano, tal como la tuvo Ecuador, como la…
p. 318
26Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 11, 202 citas
[28]Herrera and his successor Alfonso López Pumarejo broke with the long tradition of neglect to demonstrate through their administrative reforms, financial subsidies, public works, health campaigns, and promotion of colonization a genuine commit- ment to extending effective national rule to the wilderness regions. Olaya…
p. 11
[31]of the efforts of some dedicated individuals, however, ~LEGEND~ SCALE kilometers 0 100 200 400 Intendancies Comisarías Amazon Frontier Capitals National Capital N C a r i b b e a n S e a Panama Venezuela GUAJIRA Uribá MAGADLENA BOLÍVAR ATLÁNTICO SANTANDER NORTE de SANTANDER ANTIOQUIA CHOCO CALDAS BOYACÁ ARAUCA Arauca…
p. 20
27Nueva Historia de Colombia, Vol. V: Economía, Café, IndustriaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jesús Antonio Bejarano Ávila, Jorge Orlando Melo, Bernardo Tovar Zambrano, José Antonio Ocampo Gaviria, Juan Manuel Santos Calderón, Charles Bergquist, Alberto Mayor Mora, José Olinto Rueda Plata, Carlos Esteban Posada Posada, Juan José Echavarría Soto, Juan Felipe Gaviria Gutiérrez, Guillermo Eduardo Perry Rubio · p. 1001 cita
[29]es aplicable a su terminación. De una parte, ciertos elementos que gestaron la recuperación, ya mencio- nados atrás, se hicieron presentes des- de 1931, en medio del ambiente ge- neral de empeoramiento de la econo- Un agasajo a soldados colombianos en la guerra con el Perú, hacia 1930. Una de las consecuencias del…
p. 100
28Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · p. 121 cita
[32]bota 0 trapecio ama Al conformarse la Gran Colombia (1821-1830), el territorio del actual de- partamento del Amazonas form parte de los departamentos del Azuay (que se extendia ademas por todos los territorios anexados posteriormente por el Pert al ntre 1831 y If nacional del Caqueta; en 1857 formo parte del estado…
p. 12
29Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · p. 197, 210, 2793 citas
[34]de una sociedad mayoritaria que tenía como obligación propagar la civilización y el progreso, se correspondían, también en este caso, con la puesta en marcha de la práctica misional sustentada, además, en la experiencia colonial como espacio legitimador de dicha práctica. Así los frailes agustinos, franciscanos y…
p. 279
[35]recursos generales, la misión del Casanare había dejado de ser la que más recursos recibía, en tanto que la del Caquetá (manejada por los capuchinos) y la de la Intendencia Oriental eran ahora las más beneficiadas por el Estado. Las de La Guajira, el Chocó y el Darién seguían recibiendo importantes rubros, mien- tras…
p. 210
[38]organización política federalista a uno centralista. El catolicismo fue declarado como la reli- gión de la nación y la libertad de cultos se mantuvo mientras no fueran contra- rios a la moral cristiana ni a las leyes, además, se dictaminó que la educación pública sería organizada y dirigida en concordancia con la…
p. 197
30Antología de crónicas periodísticasAlfredo Molano Bravo · 2018 · p. 2761 cita
[36]pequeños, a hombres y mujeres, casó a unos y a otros, y bautizó el pueblo Asís, un santo que los padres nombraban para todo menester. Se 277 Aíndidcea lb rstíhrap obshdlepnhrap quedó llamando Puerto Asís porque el río es navegable y por sus aguas baja uno al Amazonas —a Leticia— y puede subir hasta Iquitos; y por el…
p. 276
31El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 631 cita
[40]orígenes la FNCC ha organizado los intereses cafeteros a nom- bre de la sociedad y del Estado, los ha representado en el mundo, y desde 1932 ha propuesto el discurso central del "café en Colombia'', calcado de la conciencia cafetera de los hacendados de fines del siglo XIX y comienzos del xx:: permanecer en el mercado…
p. 63
32Colonización y protesta campesina en Colombia (1850-1950)Catherine LeGrand · 2016 · p. 591 cita
[41]«Problemas generales de la colonización amazónica en Colombia», Enfoques colombianos, 5 (1975), p. 40, e Instituto Colombiano de la Reforma Agraria e Instituto Interamericano de Ciencias Agrícolas, La Colonización en Colombia: evaluación de un proceso, 2 vol. (Bogotá, 1974). COLONIZACIÓN Y PROTESTA CAMPESINA EN…
p. 59
33Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 1271 cita
[43]al proceso de modernización agraria que empezaba a vislumbrarse tímidamente desde los treinta. El debate sobre tierras se acentuó a fines de los años veinte y durante los treinta, a raíz de los conflictos agrarios y las transformaciones socioeconó micas relacionadas con la construcción de obras públicas en los años…
p. 127
34Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · p. 661 cita
[45]total del país vive en la gran región oriental de la Amazonía y la Orinoquía. La colonización es conflictiva porque los grupos iniciales de campesinos que desmontan la selva o los bosques de galería llaneros son desplazados por los grandes compradores de mejoras, que concentran la propiedad para la ganadería extensiva…
p. 66
35Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 4971 cita
[46]conflicto y sus víctimas, Contribución al entendimiento del conflicto armado en Colombia, desde abajo, Bogotá: Desde abajo, 2017 (tercera reimpresión), 366. 971 Múnera, Alfonso. Fronteras imaginadas. La construcción de las razas y de la geografía en el siglo XIX colombiano. Bogotá: Planeta, 2005, p. 103. 498…
p. 497
36No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 451 cita
[47]las tierras improductivas, sus alcances estaban diri- gidos a estimular la productividad y la modernización rural, pero no a «adelantar una reforma agraria redistributiva» 50, lo que permitió con el tiempo perpetuar el modelo de acumulación de tierra. La aplicación de esta Ley 200, como ocurrió a lo largo del siglo…
p. 45
37Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · p. 172, 1782 citas
[51]Congreso a los caucheros imperialistas — trasnaciona- les— que practicaban aún el esclavismo. Pero quedó todavía más indignado frente a la indiferencia de los parlamentarios y legisladores colombianos, encerrados en la alta sabana de Bogotá, mientras los límites —la realidad— se desparramaba incontrolable hacia los…
p. 172
[55]realidad americanas que no habían ingresado a la literatura”. (La fábula y el desastre, op. cit., p. 504). La bibliografía en torno a la novela de Rivera se prolonga, para lo cual recomendamos la selección de Montserrat Ordóñez: La vorágine: textos críticos, Alianza Editorial, Bogotá, 1989. 38 Rivera, La vorágine, op.…
p. 178
38Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 2011 cita
[52]e incendiaria, la obra de Vargas Vila alcanzó gran popularidad, pero apenas sobrevive hoy como referencia de una singularidad sobredimensionada. La novela del siglo XX El siglo XX significa para Colombia la consolida- ción de su novelística a nivel internacional y el desprendimiento del género de sus lastres román-…
p. 201
39La invención de El Dorado. Museos arqueológicos, imágenes cartográficas y redes de conocimiento en Colombia (1935-1955)Daniel García Roldán · 2022 · p. 1831 cita
[54]clara visión de los problemas”, ya que el paisaje lúgubre que recreaban como demostración de una derrota “biológica” de un medio hostil sobre el hombre producían un encubrimiento “de las adversas condiciones económicas y políticas que allí fueron implantadas por gobiernos de las sie - rras y las costas” 16. En la…
p. 183
40El Estado suplantado. Las Autodefensas de Puerto BoyacáCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque · 2019 · p. 1432 citas
[56]desplegó la presencia de las FARC. Así analizó la situación del departamento la Comisión de Superación de la Violencia en su informe publicado a inicio de 1992. La problemática (…) del departamento gira sobre dos grandes ejes: por un lado, una colonización de territorio amazónico fuera de control que en los últimos…
p. 143
[57]desplegó la presencia de las FARC. Así analizó la situación del departamento la Comisión de Superación de la Violencia en su informe publicado a inicio de 1992. La problemática (…) del departamento gira sobre dos grandes ejes: por un lado, una colonización de territorio amazónico fuera de control que en los últimos…
p. 143
41Tierras. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoAlejandro Reyes Posada · 2018 · p. 701 cita
[58](CNMH, 2014, página 303). Toda la etapa de conflicto territorial entre parami- litares y guerrillas se caracterizó por una profunda afectación contra las organizaciones campesinas, cuyos líderes fueron estig- matizados, amenazados y muchos asesinados, hasta obligarlos a huir fuera de la región. 4.4. Actores armados en…
p. 70