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Idea transversal

Impunidad

La impunidad en Colombia no es un vacío accidental sino un modo de gobernar: el mecanismo histórico por el que el Estado ha administrado qué violencias se investigan, qué víctimas cuentan y qué crímenes se archivan bajo el nombre de la reconciliación, desde las guerras civiles del siglo XIX hasta los procesos de justicia transicional del siglo XXI.

4.321 palabras56 documentos62 fragmentos citados
Impunidad

Trayectoria de una idea

  1. 1902

    Clausura del reconocimiento político de la rebelión tras la Guerra de los Mil Días

  2. 1958

    Frente Nacional: la impunidad de la Violencia bipartidista institucionalizada

  3. 1985

    Toma del Palacio de Justicia: destrucción de expedientes y terror sobre la Rama Judicial

  4. 1989

    Masacre de La Rochela: el terror contra operadores de justicia como sistema

  5. 2005

    Ley de Justicia y Paz: balance ambivalente de la verdad transicional

  6. 2007

    Parapolítica: rendición de cuentas parcial y límites del esclarecimiento

  7. 2011

    Condena de Jorge Noguera Cotes: la impunidad anidada en el aparato de inteligencia del Estado

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La lectura

La impunidad en Colombia se construyó capa sobre capa a lo largo de dos siglos: primero como pacto entre élites que preferían el olvido al aniquilamiento mutuo, luego como doctrina jurídica que criminalizó la rebelión y cerró el reconocimiento político del conflicto, después como arquitectura institucional que convirtió el fuero militar en cámara de desaceleración para los crímenes de agentes estatales. Su rasgo más perturbador no es la ausencia de normas sino su abundancia: Colombia ha producido leyes de amnistía, marcos de justicia transicional y tribunales especiales que, en cada ciclo, prometieron cerrar la brecha entre crímenes cometidos y condenas efectivas, y en cada ciclo la reprodujeron bajo nuevas formas. El terror contra operadores de justicia —magistrados, fiscales, testigos, periodistas, defensores de derechos humanos— no fue un efecto colateral sino un componente funcional del sistema: cada asesinato enseñaba a diez que investigar era peligroso, y cada denuncia sin respuesta enseñaba a cien que era inútil. La inversión silenciosa que convirtió las amnistías de instrumento para rebeldes en beneficio para paramilitares coronó esa historia, revelando que la impunidad no es neutral: protege siempre a alguien, y ese alguien ha tendido a ser quien ya tenía poder.

La impunidad en Colombia

La impunidad en Colombia no es un vacío ni una omisión: es un modo de gobernar. Antes que la falla puntual de un fiscal, un juzgado o una ley, designa la manera en que el Estado colombiano ha administrado —desde las guerras civiles del siglo XIX hasta la Jurisdicción Especial para la Paz— la pregunta sobre qué violencias se investigan, qué víctimas cuentan y qué crímenes se archivan bajo el nombre de la reconciliación. Es a la vez concepto jurídico —la ausencia de investigación, juicio y sanción frente a violaciones de derechos humanos—, fenómeno estadístico —una brecha entre crímenes cometidos y condenas efectivas que se mide en órdenes de magnitud— y dispositivo político: el mecanismo por el que un orden social en disputa se protege criminalizando a unos, olvidando a otros y desmantelando —con terror, con fuero, con extradición, con reforma— a quienes intentan cerrarlo. Su historia, por eso, no es la crónica de lo que no se hizo, sino la de las decisiones acumuladas que produjeron ese resultado.

Una tradición hecha de olvidos: las amnistías del siglo largo

La primera arquitectura de la impunidad colombiana no fue judicial sino política. Las guerras civiles del siglo XIX se cerraban con pactos entre élites que renunciaban a llevar el triunfo militar hasta el aniquilamiento del vencido, en parte porque la porosidad de las lealtades hacía inviable esa aniquilación, en parte porque la clase dirigente comprendía que el enemigo de hoy podía ser el aliado de mañana. Cada tratado incluía amnistías e indultos que devolvían a los rebeldes al orden constitucional sin más costo que la deposición de las armas. Ese arreglo, sin embargo, no producía sosiego: los intervalos entre guerras no fueron paces sino tiempos de venganzas privadas, cuentas pendientes y agravios locales que alimentaban el conflicto siguiente. La brasa nunca se apagaba del todo.

El giro decisivo llegó tras la Guerra de los Mil Días (1899-1902). Con el país exhausto y la oligarquía bipartidista buscando consenso sobre el modelo económico y la forma del Estado, se impuso una doctrina jurídica que criminalizó la rebelión armada: en adelante, el alzado ya no sería un adversario político con derechos beligerantes, sino un delincuente común. El reconocimiento del carácter político de la insurgencia —fundamento clásico del delito político y de la amnistía— quedó clausurado. Esa clausura tendría consecuencias larguísimas: cerraba la puerta institucional al reconocimiento del conflicto y forzaba a las rebeliones futuras a un limbo en el que no eran ni delincuentes ordinarios ni contendientes legítimos.

Con el Frente Nacional (1958-1974), pacto de alternancia presidencial y reparto paritario de cargos entre liberales y conservadores, la conciliación se institucionalizó como régimen. La amnistía que ofreció Alberto Lleras Camargo a los grupos alzados en armas fracasó por partida doble: los guerrilleros, escaldados por décadas de pactos incumplidos, ya habían aprendido a desconfiar; y los propios grupos, atravesados por radicalismos, no encontraron incentivos suficientes para deponer las armas. La lógica quedó fijada: la política colombiana se pensaba a sí misma como un asunto entre las dos casas mayores, y las violencias precedentes —la Violencia bipartidista, con sus centenares de miles de muertos— no fueron objeto de ningún proceso serio de verdad ni de sanción.

A lo largo de esa tradición se produjo una inversión silenciosa que solo se hizo visible tarde. Las amnistías, concebidas como instrumento para los opositores del orden —los rebeldes—, terminaron beneficiando sobre todo a los defensores del orden. La Ley de Justicia y Paz (Ley 975 de 2005), aplicada a los paramilitares, coronó esa inversión: mientras el ordenamiento seguía criminalizando a las guerrillas, quienes habían actuado bajo la bandera de la contrainsurgencia accedían a penas alternativas de cinco a ocho años por delitos de lesa humanidad. La Constitución de 1991 había fijado en su artículo 150, numeral 17, que las amnistías e indultos solo procedían para delitos políticos y con pago de indemnizaciones; el derecho internacional, por su parte, prohibía las autoamnistías y las leyes de punto final que impidieran a las víctimas un recurso judicial efectivo. La Corte Interamericana de Derechos Humanos, en el caso Barrios Altos contra Perú (14 de marzo de 2001), había sentado las bases jurisprudenciales de esa prohibición. Colombia, sin embargo, seguía negociando en el filo de esas fronteras.

El fuero militar: la impunidad como arquitectura del Estado

La segunda gran estructura de la impunidad colombiana es interna al propio aparato estatal: la justicia penal militar y el uso estratégico del fuero castrense para sustraer del conocimiento ordinario los crímenes cometidos por agentes armados del Estado. El principio del fuero —que los actos de servicio se juzguen en tribunales militares— se convirtió, en la práctica del conflicto, en un dispositivo para investigar internamente lo que jamás se sancionaría.

El caso más denso de esa arquitectura es el de las ejecuciones extrajudiciales conocidas como falsos positivos: la práctica sistemática, especialmente intensa entre 2002 y 2008, de miembros del Ejército que ejecutaban civiles, alteraban la escena, los vestían con uniformes y los reportaban como guerrilleros dados de baja en combate. La motivación combinaba incentivos económicos, ascensos profesionales y una presión institucional obsesiva por presentar resultados operacionales. Un testimonio recogido por la Comisión de la Verdad describió el llamado kit de legalización —fusiles AK47 no reglamentarios, uniformes de camuflado adicionales— y sugirió que su uso se mencionaba desde la Escuela Militar: el conocimiento de la práctica era amplio dentro de la institución. La Fiscalía General de la Nación reportó que, de 5.626 personas investigadas en 1.200 casos, el 85,63 % eran soldados o suboficiales. La cifra dice sola una historia: la judicialización se concentró en los ejecutores materiales de rangos bajos y medios, sin avanzar sostenidamente hacia los comandantes de batallón y los niveles superiores de la jerarquía.

En el oriente antioqueño, el Batallón de Infantería n.° 14 Granada aparece asociado a casos con 41 víctimas reportadas y el Batallón de Caballería Mecanizada n.° 4 Juan del Corral a 21; entre la justicia ordinaria y la castrense apenas se judicializaron 35 en total. En la masacre de Riofrío (Valle del Cauca, 5 de octubre de 1993), donde un grupo de hombres armados —algunos con prendas de la Fuerza Pública— irrumpió en la vereda El Bosque del corregimiento Portugal de Piedras, el juzgado 17 de Instrucción Penal Militar dictó detención preventiva contra el Teniente Coronel (r) Luis Felipe Becerra Bohórquez y el Mayor Eduardo Delgado Carrillo casi cuatro años después de los hechos; la Corte Suprema confirmó la vinculación en 2003. La aritmética temporal es su propia denuncia: cuatro años para una detención preventiva ilustra cómo el fuero funcionaba menos como jurisdicción especializada que como cámara de desaceleración.

El daño de fondo no está solo en las condenas que no llegan, sino en lo que el fuero produce sobre el conjunto del sistema. Al sustraer los crímenes de agentes estatales del examen público, erosiona la confianza de la sociedad en las autoridades y estructura, dentro del mismo aparato del Estado, un compartimento de excepción donde ciertas víctimas —campesinos, jóvenes de barrios populares, líderes sociales— quedan por defecto fuera del alcance de la justicia. El fuero no es una anomalía de la impunidad: es una de sus piezas ordenadas.

Matar al que investiga: el terror sobre los operadores de justicia

Ninguna arquitectura de impunidad se sostiene solo con leyes: necesita también miedo. La historia colombiana ha producido, con inusual sistematicidad, un catálogo de asesinatos, amenazas y desapariciones dirigidos contra quienes ejercen la función de investigar.

La toma del Palacio de Justicia por el M-19 el 6 y 7 de noviembre de 1985 y su retoma por el Ejército marcaron una cesura en la Rama Judicial. En el incendio que consumió el edificio ardieron más de 6.000 expedientes, entre ellos procesos contra militares por violaciones de derechos humanos. El hecho, además del horror inmediato —magistrados muertos, desaparecidos, sobrevivientes marcados de por vida—, sembró en el poder judicial un miedo estructural que operaría durante décadas, tanto en la base como en la dirección. Cuatro años después, el 18 de enero de 1989, paramilitares emboscaron y masacraron en La Rochela a una comisión judicial que investigaba en el Magdalena Medio la desaparición de 19 comerciantes: el ataque contra jueces y funcionarios que se acercaban a las alianzas entre paramilitares y militares completó la lección. La Corte Interamericana condenaría después al Estado colombiano por acción y omisión en hechos perpetrados por paramilitares con la aquiescencia, colaboración y apoyo de miembros de la fuerza pública.

Del asesinato del ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla en Bogotá el 30 de abril de 1984, al del candidato presidencial Luis Carlos Galán en Soacha el 18 de agosto de 1989, al del humorista y mediador Jaime Garzón en Bogotá el 13 de agosto de 1999, al del abogado defensor de derechos humanos Eduardo Umaña Mendoza el 18 de abril de 1998, el patrón se repitió: cada asesinato de una figura pública que empujaba la investigación de la violencia o del narcotráfico funcionó como un mensaje disciplinario dirigido al resto. El asesinato del sociólogo Alfredo Correa de Andreis, ordenado por el jefe paramilitar Rodrigo Tovar Pupo, alias Jorge 40, en coordinación con Jorge Noguera Cotes —entonces director del Departamento Administrativo de Seguridad, DAS, con rango de ministro— reveló hasta qué punto la maquinaria de la persecución podía anidar dentro del propio aparato de inteligencia del Estado. En 2011, la justicia condenó a Noguera por concierto para delinquir agravado con paramilitares y como autor mediato del homicidio.

Los efectos de ese terror son difíciles de aislar en una estadística, pero se leen en el comportamiento del sistema. Los funcionarios conocían los hechos y temían actuar, conscientes de las represalias sufridas por sus antecesores. Las investigaciones sobre crímenes contra periodistas encallaron por amenazas a investigadores judiciales, defensores de derechos humanos y testigos, y por decisiones administrativas —como el retiro de investigadores judiciales en momentos clave por parte de la Fiscalía— que dejaron procesos huérfanos. Víctimas y testigos, incluyendo personas LGBTIQ+ y comunidades afrodescendientes, se abstuvieron de denunciar por temor a autoridades y grupos armados y por desconfianza en un sistema que había mostrado, una y otra vez, no poder o no querer protegerlas. La impunidad se autoperpetuó desde abajo: cada asesinato de un fiscal enseñaba a diez que la denuncia era peligrosa, y cada denuncia sin respuesta enseñaba a cien que era inútil.

La captura paramilitar: parapolítica y verdad transicional

En la última década del siglo XX y la primera del XXI, la impunidad dejó de ser sólo el correlato pasivo de las guerras internas para volverse resultado activo de una empresa criminal con vocación de Estado. Los grupos paramilitares, unificados a fines de los noventa bajo la sigla de las Autodefensas Unidas de Colombia, no solo cometieron masacres —Trujillo, Mapiripán, El Salado, Bojayá, la Comuna 13 de Medellín— sino que tejieron alianzas duraderas con élites políticas, económicas y militares regionales. El escándalo de la parapolítica, cuyo punto máximo de revelaciones se alcanzó en 2007, sacó a la luz esa trama: congresistas, gobernadores, alcaldes y funcionarios se habían aliado con jefes paramilitares para controlar territorios, elecciones y contratos.

Lo notable —y contradictorio— es que la parapolítica se convirtió también en uno de los pocos escenarios donde el sistema judicial colombiano produjo rendición de cuentas efectiva. Gracias a las confesiones de desmovilizados de las AUC y a la acción de la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, numerosos políticos recibieron penas efectivas de prisión y la llamada muerte política de por vida. El propio investigador Eduardo Pizarro Leongómez sostuvo, contra la narrativa dominante, que hablar de la desmovilización paramilitar como un altar a la impunidad constituía una falsedad histórica. Y sin embargo, los procesos judiciales por parapolítica no avanzaron lo suficiente en establecer la participación y el grado de responsabilidad de excongresistas y exgobernadores en los crímenes de lesa humanidad de la empresa paramilitar. Las condenas se enfocaron en el concierto para delinquir agravado, dejando a un lado el examen de las masacres, desapariciones y desplazamientos que esa alianza posibilitó en las regiones. Se castigó el pacto, no —salvo excepciones— el crimen.

La Ley de Justicia y Paz de 2005 —el marco que ofreció penas alternativas de cinco a ocho años a cambio de confesión, verdad y reparación— produjo un balance ambivalente que la propia aritmética revela. En mayo de 2009, organizaciones no gubernamentales mostraban que los desmovilizados solo habían confesado 4.575 de 19.468 crímenes documentados: menos del 24 %. Para diciembre de ese año, el proceso había documentado 156.000 asesinatos y apenas cerca de 4.000 crímenes contaban con imputación. La verdad producida en las versiones libres y en las audiencias fue significativa, pero incompleta; y estaba, además, inscrita en la racionalidad propia del campo jurídico, con sus lógicas de negociación, prescripción y competencia. Los escenarios judiciales de Justicia y Paz operaron como lugares de memoria, sí, pero de una memoria filtrada por el derecho.

El golpe más severo al proceso llegó el 13 de mayo de 2008, con la extradición a Estados Unidos de varios de sus principales confesos: alias Don Berna, Salvatore Mancuso, Cuco Vanoy, alias Macaco y otros. El Gobierno de Álvaro Uribe justificó la decisión invocando la continuación de delitos desde la cárcel y los vínculos evidentes con nuevas bandas criminales. Para una parte significativa de las víctimas, sin embargo, la extradición fue un obstáculo mayor al esclarecimiento: entre el 37 % y el 41 % de las personas consultadas en encuestas regionales consideró que dificultaría la revelación de las complicidades entre paramilitares y políticos, la ubicación de los cuerpos de desaparecidos y la entrega de bienes para reparación. Don Berna y Mancuso declararon que no continuarían colaborando plenamente —el primero alegando falta de garantías para su familia, el segundo citando la violación de términos legales—. Macaco siguió su proceso desde Virginia con audiencias preliminares activas desde 2009. La extradición operó, en la práctica, como un mecanismo de retiro selectivo de los confesos más comprometidos: sirvió a la política antinarcóticos estadounidense y, de paso, dejó fuera del alcance judicial colombiano gran parte de la verdad sobre la parapolítica.

Contrapeso desde fuera: el Sistema Interamericano

Frente a esa arquitectura interna, uno de los contrapesos más consistentes vino del sistema regional de derechos humanos. La Corte Interamericana declaró en múltiples sentencias la responsabilidad internacional del Estado colombiano por el involucramiento de agentes estatales en desapariciones forzadas, ejecuciones arbitrarias, masacres y torturas, y por la existencia de marcos jurídicos que facilitaron, promovieron, apoyaron y toleraron la actuación de los grupos paramilitares.

Entre 2004 y 2012, la Corte dictó una serie de fallos que fueron construyendo, sentencia a sentencia, la historia legal del paramilitarismo. En el caso de la Masacre de La Rochela (2007), condenó al Estado por acción y omisión frente a hechos perpetrados por paramilitares con la aquiescencia y el apoyo de miembros de la fuerza pública. En el caso Escué Zapata (2007) y en el caso Manuel Cepeda Vargas (2010) —este último sobre el asesinato del senador de la Unión Patriótica, perpetrado en Bogotá el 9 de agosto de 1994, en el marco del exterminio sistemático de ese partido—, el tribunal fue precisando la doctrina del deber estatal de investigar y sancionar. Organizaciones como el Centro por la Justicia y el Derecho Internacional (CEJIL) y el Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo acompañaron a las víctimas en el empeño por remover la inercia interna del Estado y exigir su responsabilidad en el plano internacional.

La Corte estableció, en línea con Barrios Altos, que las autoamnistías, las leyes de punto final o cualquier modalidad que impidiera a las víctimas el ejercicio de un recurso judicial efectivo son incompatibles con la Convención Americana. Ese criterio se convirtió en el marco frente al cual todo diseño transicional posterior —Justicia y Paz, la JEP— tuvo que medirse. Las sentencias de San José no reemplazaron la justicia interna, pero contribuyeron a esclarecer legalmente la historia del paramilitarismo y a fijar estándares que las cortes colombianas ya no podían ignorar.

Contar la brecha: la producción de conocimiento sobre lo que no se juzga

Otro contrapeso, menos ruidoso pero decisivo, se construyó con papel, planillas y archivos. Si algo enseñó la experiencia colombiana es que la opacidad judicial no se combate solo desde los estrados: hace falta también una infraestructura documental capaz de nombrar lo que los juzgados no procesan. El Observatorio de Derechos Humanos de la Consejería Presidencial, el Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (CERAC), el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), la revista Noche y Niebla del CINEP y los archivos de organizaciones sociales configuraron un sistema plural —a veces divergente en sus cifras— que hizo mensurable la impunidad misma. Contar los crímenes que el Estado no contaba fue, en Colombia, un acto de resistencia con método.

Ese trabajo permitió dibujar la brecha con crudeza. En la región del Atrato, entre 1997 y 2002 —período marcado por la masacre de Bojayá del 2 de mayo de 2002, cuando cerca de 79 personas murieron en la iglesia del casco urbano tras el impacto de un cilindro-bomba de las FARC en medio de un enfrentamiento con paramilitares—, apenas alrededor del 15 % de los casos documentados de violaciones registraba investigaciones formales conocidas. Ochenta y cinco de cada cien crímenes, sencillamente, no existían para el sistema. Y a esa ausencia procesal correspondía otra, más profunda, en la geografía del Estado: según los cálculos de Mauricio García Villegas publicados por la Fundación Ideas para la Paz en 2015, los municipios con alta presencia de las FARC y bajo desempeño institucional tenían 13 jueces por cada 100.000 habitantes frente a 20 en zonas sin conflicto, la tasa de jueces en provisionalidad duplicaba la del resto del país (76 % frente a 35 %) y la inversión anual en justicia por habitante era menos de un tercio de la del resto del país. Donde más se necesitaba el Estado, llegaba tarde, precario y con vínculos débiles.

El CNMH incorporó la duración misma de la impunidad como categoría narrativa. Su documental 25 años de impunidad reconstruyó el asesinato en 1990 de tres líderes arhuacos —Luis Napoleón Torres Crespo, Ángel María Torres Arroyo y Antonio Hugues Chaparro Torres— por miembros del Batallón La Popa del Ejército Nacional, convirtiendo el tiempo transcurrido sin justicia en la sustancia misma del relato. La Comisión de la Verdad, presidida por el sacerdote jesuita Francisco de Roux, conceptualizó luego la impunidad como uno de los factores de persistencia del conflicto armado: la ausencia de investigaciones permite que se sedimenten justificaciones para los crímenes, priva a las víctimas de reconocimiento social y judicial, y excluye a sectores enteros de la ciudadanía del acceso efectivo a derechos. En ese marco, incluso una sentencia importante como la del 15 de mayo de 2013 de la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema sobre la masacre de Segovia —del 11 de noviembre de 1988, en Antioquia— resultaba insuficiente: aunque calificó los hechos como crimen de lesa humanidad y sancionó al determinador, presentaba vacíos que afectaban la reconstrucción histórica de lo ocurrido.

El daño acumulado: lo que la impunidad hace por dentro

La impunidad no es solo un déficit institucional: es una experiencia. Sobre víctimas y comunidades opera como una segunda violencia, distinta de la del crimen original pero indisociable de ella. Al dejar sin consecuencias a los perpetradores, permite que se sedimenten justificaciones —los muertos como colaboradores, las víctimas como responsables— y que poblaciones enteras carguen con el estigma. La víctima, además de perder al suyo, pierde el derecho a que su sufrimiento sea reconocido públicamente como injusto.

Ese daño tiene forma social concreta. En comunidades afrodescendientes de Buenaventura, la falta de respuesta institucional produjo desconfianza profunda frente al Estado, desesperanza, aislamiento y la percepción colectiva de vivir una realidad que nadie más reconocía. En Norte de Santander, donde desde 2005 se reportó una situación de anarquía en el conflicto —presencia simultánea de paramilitares, bandas criminales y grupos delincuenciales, con la llegada de Los Rastrojos en 2007—, los testimonios hablan por sí solos: no cambia la impunidad, aquí no hay resultados de ningún tipo. Las víctimas afirmaban no denunciar porque ellos mismos son los culpables o porque los agresores andan tranquilos; la denuncia parecía inútil y peligrosa a la vez.

Sobre las víctimas de violencia sexual y sobre personas LGBTIQ+, la impunidad operó con eficacia particular. El riesgo de revictimización institucional, la desconfianza en las autoridades, el temor a represalias de los grupos armados —y, en ocasiones, la denuncia contra agentes del Estado que eran ellos mismos perpetradores— llevaron a un silencio masivo. El terror y el desplazamiento forzado derivados de las masacres fracturaron redes comunitarias, y las víctimas recurrieron principalmente a estrategias individuales para tramitar el duelo, sin escenarios colectivos ni institucionales donde el dolor pudiera nombrarse. La memoria se volvió, para quienes documentaban el conflicto, una obligación poliédrica —profesional, ética y militante— cargada de lo que un testigo llamó indignación existencial por la impunidad.

Y aun así, la reproducción de la impunidad no puede leerse solo desde arriba, como decisión de las élites. Es también, en parte, el resultado agregado del silencio inducido: víctimas que callaron por miedo, testigos que se movieron a otras ciudades, familias que decidieron que la memoria era demasiado cara. El dispositivo se sostuvo no solo con el fuero y la amnistía, sino con miles de renuncias privadas a la denuncia que el terror hizo racionales.

La JEP y el nuevo paradigma

El Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto, que firmaron el Gobierno colombiano y las FARC-EP el 24 de noviembre de 2016 en Bogotá, planteó frente a la tradición de la impunidad un experimento inédito. Su punto cinco, sobre víctimas, las colocó en el centro de la justicia transicional siguiendo una tendencia internacional —de Nuremberg a las comisiones del Cono Sur, a la sudafricana, a la peruana— que había desplazado el protagonismo de los contendores armados. La Jurisdicción Especial para la Paz, con la Comisión de la Verdad y la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas, dibujó una arquitectura de rendición de cuentas basada en la centralidad de la verdad, la reparación y las garantías de no repetición, con sanciones propias distintas de la pena carcelaria clásica para quienes confesaran plenamente.

Esa arquitectura se apoyaba en un desarrollo normativo previo. La Ley 1448 de 2011, o Ley de Víctimas y Restitución de Tierras, había extendido el marco de atención y reparación a todas las víctimas de infracciones al derecho internacional humanitario o violaciones graves de derechos humanos ocurridas desde el 1 de enero de 1985 con ocasión del conflicto armado interno, desplazando el eje del desmovilizado —foco de Justicia y Paz— hacia la víctima. La Corte Constitucional había catalogado como fundamental el derecho a la reparación integral en sus cinco componentes: restitución, indemnización, rehabilitación, satisfacción y garantías de no repetición.

En el plebiscito del 2 de octubre de 2016, la campaña por el No, que encabezaron el expresidente Álvaro Uribe Vélez y sus aliados, opuso a ese paradigma la tesis clásica de que el Acuerdo equivalía a impunidad y de que la justicia —entendida como pena de prisión efectiva en establecimientos carcelarios estatales— era precondición de la paz. La victoria estrecha del No obligó a renegociar el texto, aunque no alteró el núcleo de la JEP. El debate mostró que la palabra impunidad se había vuelto un campo en disputa: para unas víctimas nombraba la ausencia de verdad y de reconocimiento social; para otras, la ausencia de cárcel.

El Acuerdo incorporó también dimensiones antes ausentes. Reconoció a las víctimas que debieron abandonar el país, y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados y el Gobierno acordaron facilitar su participación en los diálogos de La Habana y promover retornos voluntarios. La JEP inició en años siguientes la apertura de macrocasos —falsos positivos, secuestro por las FARC, victimizaciones étnicas, reclutamiento de menores— que empezaron a producir, por primera vez en la historia colombiana, imputaciones a comandantes militares de alto rango y a antiguos miembros del Secretariado guerrillero. Iván Cepeda, senador e hijo de Manuel Cepeda Vargas, se convirtió en una de las voces parlamentarias más constantes en la defensa de esa arquitectura y en el impulso al esclarecimiento de crímenes de Estado.

Un dispositivo en disputa

Al cabo de este recorrido —de las amnistías del siglo XIX a la JEP, del fuero militar a la Corte Interamericana, de La Rochela al kit de legalización, de Justicia y Paz a la Ley de Víctimas— la impunidad colombiana aparece menos como un vacío que como una pieza articulada del orden. Ha operado por criminalización del rebelde y protección del defensor del orden; por sustracción de los agentes estatales al conocimiento ordinario; por terror sobre quienes investigan; por captura política del aparato judicial; por extradición estratégica de los confesos más comprometidos. Su eficacia se mide en las magnitudes que este texto ha ido nombrando: la distancia entre los crímenes documentados y los imputados, entre los soldados investigados y las jerarquías intactas, entre los territorios donde el nombre del muerto se archiva y aquellos donde ni siquiera se registra.

Pero el dispositivo no ha sido monolítico. Las sentencias del Sistema Interamericano, las condenas por parapolítica con muerte política de por vida, la infraestructura documental del CNMH y del CINEP, el trabajo de la Comisión de la Verdad, la arquitectura de la JEP y las voces persistentes —desde Alfredo Vázquez Carrizosa hasta Iván Cepeda, desde Eduardo Umaña Mendoza hasta los magistrados que sobrevivieron al Palacio— han producido erosiones reales. La impunidad colombiana no es una fatalidad ni una estructura cerrada: es un campo en disputa, donde el Estado ha sido a la vez agente principal de la reproducción del silencio y escenario en el que se han abierto, con costos altísimos, las grietas por las que empieza a filtrarse una verdad. Que esa verdad se convierta en justicia —y esa justicia en garantía de no repetición— sigue siendo, en el siglo XXI colombiano, la pregunta política decisiva.

04

En el archivo

109 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

01Regeneración1886–19291
  1. 1911Roger CasementFicha
02La Violencia1946–19572
  1. 1948Juan Roa SierraFicha
  2. 1950León María LozanoFicha
03Frente Nacional1958–19743
  1. 1962Eduardo Umaña LunaFicha
  2. 1962La Violencia en Colombia (1962–1964)Hecho
  3. 1967Realismo mágicoFicha
04Crisis y narcotráfico1974–199018
  1. 1982Fundación de ASFADDES y el movimiento de familiares de desaparecidosHecho
  2. 1984Álvaro Ulcué ChocuéFicha
  3. 1984Fabiola LalindeFicha
  4. 1984Narcoterrorismo, extradición y guerra contra el Estado (1984–1990)Hecho
  5. 1984Pablo EscobarFicha
  6. 1985Alfonso Reyes EchandíaFicha
  7. 1985Derechos humanosFicha
  8. 1985Jesús Armando Arias CabralesFicha
  9. 1985La toma y retoma del Palacio de Justicia (1985)Hecho
  10. 1986Guerra suciaFicha
  11. 1986Guillermo Cano IsazaFicha
  12. 1987Héctor Abad GómezFicha
  13. 1987ViolentologíaFicha
  14. 1988Yair KleinFicha
  15. 1989La guerra contra la justicia en Colombia (1984–1991)Pregunta
  16. 1989MagnicidioFicha
  17. 1989Magnicidios y crisis del bipartidismo (1989–1990)Hecho
  18. 1990Justicia Penal MilitarFicha
05Constitución de 19911991–200212
  1. 1988El paramilitarismo del Magdalena Medio (1982-1992)Pregunta
  2. 1991Fuero militarFicha
  3. 1991Sistema Interamericano de Derechos HumanosFicha
  4. 1994Gobierno Samper, Proceso 8.000 y las Convivir (1994–1998)Hecho
  5. 1996Ernesto Samper PizanoFicha
  6. 1997Javier Giraldo MorenoFicha
  7. 1997MapiripánFicha
  8. 1998Jesús María Valle JaramilloFicha
  9. 1999Asesinato de Jaime GarzónHecho
  10. 1999Jaime GarzónFicha
  11. 1999Monumento a la Paz de MonteríaHecho
  12. 2000El SaladoFicha
06Seguridad Democrática2002–201629
  1. 2000Jineth Bedoya LimaFicha
  2. 2002Activismo judicialFicha
  3. 2002Ley de Justicia y Paz (Ley 975 de 2005)Hecho
  4. 2003Carlos Mario Jiménez NaranjoFicha
  5. 2003Éver Veloza GarcíaFicha
  6. 2003Falsificación de cifras y ocultamiento de menores en la desmovilización paramilitar (2003–2006)Hecho
  7. 2003Negociación de Santa Fe de Ralito y desmovilización paramilitar (2003–2006)Hecho
  8. 2005Falsos positivos (2002-2008)Pregunta
  9. 2005Iván Roberto Duque GaviriaFicha
  10. 2005Justicia y PazFicha
  11. 2005La Ley 975 de 2005 (Justicia y Paz)Pregunta
  12. 2005Luis Carlos RestrepoFicha
  13. 2006Bandas criminales (Bacrim)Ficha
  14. 2006Bandas criminales y rearme posdesmovilización (2006–2014)Hecho
  15. 2006Jesús Abad ColoradoFicha
  16. 2006ParapolíticaFicha
  17. 2007Mario Uribe EscobarFicha
  18. 2007Yolanda Izquierdo BerríoFicha
  19. 2008Auto 092 de 2008: reconocimiento judicial del impacto desproporcionado del desplazamiento sobre las mujeresHecho
  20. 2008El pacifismo colombiano entre el Mandato de 1997 y el plebiscito de 2016Pregunta
  21. 2008Iván Velásquez GómezFicha
  22. 2008SubregistroFicha
  23. 2008Violencia sexual en el conflicto armado colombianoPregunta
  24. 2009Memoria subalternaFicha
  25. 2010El archivo transicional del paramilitarismo colombianoPregunta
  26. 2011Ley de Víctimas y Restitución de Tierras (Ley 1448 de 2011)Hecho
  27. 2012Diálogos de La Habana (2012–2016)Hecho
  28. 2013Memoria histórica institucional en Colombia (GMH-CNMH, 2007-2022)Pregunta
  29. 2016El plebiscito del 2 de octubre de 2016Pregunta
07Posconflicto2016–presente23
  1. 2011Arte y ritual de memoria en el conflicto colombiano (1998-2024)Pregunta
  2. 2011Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH)Ficha
  3. 2011Reparación simbólicaFicha
  4. 2012Acuerdo Final de La Habana y Plebiscito por la Paz (2016)Hecho
  5. 2013TestimonioFicha
  6. 2016Acuerdo de pazFicha
  7. 2016Asesinato sistemático de líderes sociales y excombatientes en el posacuerdo (2016–2022)Hecho
  8. 2016El Posconflicto colombianoÉpoca
  9. 2016Fragmentos, Espacio de Arte y MemoriaHecho
  10. 2016Garantías de no repeticiónFicha
  11. 2016Justicia restaurativaFicha
  12. 2017La Jurisdicción Especial para la Paz (JEP)Pregunta
  13. 2017Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición (SIVJRNR)Hecho
  14. 2018Elección de Iván Duque y el giro uribista (2018)Hecho
  15. 2018JEP (Jurisdicción Especial para la Paz)Ficha
  16. 2018Juanita Goebertus EstradaFicha
  17. 2018Néstor Humberto Martínez NeiraFicha
  18. 2018Patricia Linares PrietoFicha
  19. 2019Bombardeo de Caquetá y muerte de menores reclutados (2019)Hecho
  20. 2019Paro nacional del 21 de noviembre de 2019 (21N)Hecho
  21. 2022Comisión de la VerdadFicha
  22. 2022Informe Final de la Comisión de la Verdad 'Hay futuro si hay verdad'Hecho
  23. 2022Verdad históricaFicha
08Transversal20
  1. 1821AmnistíaFicha
  2. 1953DesmovilizaciónFicha
  3. 1957Álvaro Gómez HurtadoFicha
  4. 1984Extradición en ColombiaFicha
  5. 1985Doris SalcedoFicha
  6. 1990Desaparición forzadaFicha
  7. 1990Impunidad estructuralFicha
  8. 1990SicariatoFicha
  9. 1990Violencia sexualFicha
  10. 1993Genocidio políticoFicha
  11. 1995Lavado de activosFicha
  12. 1995Limpieza socialFicha
  13. 1997Connivencia militar-paramilitar en Colombia: ¿doctrina de Estado o desviación individual?Pregunta
  14. 2000Piedad CórdobaFicha
  15. 2003Cultura popular y narco-violencia en ColombiaPregunta
  16. 2005Justicia transicionalFicha
  17. 2005Memoria oficialFicha
  18. 2005Verdad judicialFicha
  19. 2011Reparación integralFicha
  20. 2016PosconflictoFicha
05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Alberto Lleras Camargo: ofreció amnistía fallida a grupos alzados en armas durante el Frente Nacional, ilustrando los límites históricos de los pactos de reconciliación sin verdad ni sanción
  2. 02Ley de Justicia y Paz (Ley 975 de 2005): marco legal que materializó la inversión histórica de las amnistías, beneficiando a paramilitares con penas reducidas y produciendo una verdad transicional estadísticamente incompleta
  3. 03Fuero militar: dispositivo institucional que sustrajo del examen público los crímenes de agentes estatales, estructurando un compartimento de excepción dentro del propio aparato del Estado
  4. 04Palacio de Justicia: escenario donde la destrucción de más de 6.000 expedientes y el terror sobre la Rama Judicial consolidaron la impunidad como miedo institucional duradero
  5. 05Paramilitarismo: actor que combinó masacres en territorios como Bojayá, El Salado, Mapiripán y la Comuna 13 con alianzas políticas regionales, produciendo una impunidad activa respaldada por élites
  6. 06Corte Interamericana de Derechos Humanos: instancia que, desde el caso Barrios Altos (2001), fijó los límites jurisprudenciales internacionales a las amnistías y declaró la responsabilidad internacional del Estado colombiano por marcos jurídicos que facilitaron la actuación de grupos paramilitares
  7. 07Falsos positivos: práctica sistemática del Ejército que concentró la judicialización en ejecutores materiales de rangos bajos (85,63 % de investigados eran soldados o suboficiales), dejando impunes a los niveles superiores de la jerarquía
06

Documentos y fragmentos citados

56 documentos · 62 fragmentos

01Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 3621 cita
[1]

serlo. § De guerra en guerra: la cadena de la violencia La sucesión de conflictos armados con los que se tapizó el panorama social del siglo xix incentivó una serie desas- trosa de pasiones violentas, que llegó a los extremos de que familias enteras terminaran matándose entre sí, divididas por el color de una bandera,…

p. 362
02El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · p. 851 cita
[2]

del Estado colombia- no se desenvolvió la lucha política de la segunda mitad del siglo XIX. El equilibrio de las fuerzas hacía inevitables las guerras. Como éstas nunca se llevaban hasta sus últimas conse- cuencias --el aniquilamiento del vencido, debido, entre otras cosas, al alto grado de partici- pación directa de…

p. 85
03Colombia, así en la guerra como en la pazJorge Giraldo Ramírez · 2018 · p. 151 cita
[3]

enemigos internos. Cuando la última guerra del siglo X I X terminó —la Guerra de los Mil Días, en 1903—, la doctrina dominante cerró toda posibilidad al reconocimiento del carácter político de la rebelión armada y envió a los rebeldes a las tinieblas del mundo ilegal, junto con los criminales y con los exaltados que…

p. 15
04Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · p. 2871 cita
[4]

que se inició con el Tribunal de Nurenberg, las Comisiones de la Verdad del Cono Sur latinoamericano, y las que siguieron desde entonces, hasta la prestigiosa Comisión Surafricana, o la peruana, más cerca de nosotros. La centralidad de las víctimas les ha quitado protagonismo a los contendores armados. 4. Durante un…

p. 287
05Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 2471 cita
[5]

doso, el de la paridad entre los dos partidos, y buscó afianzar el poder civil, restringiendo el que tenían las fuerzas militares. Contó con la oposición de sectores disidentes de ambos parti- dos: el Unionismo de Ospina Pérez y Alzate Avendaño y el Movimiento Revolucionario Li- beral (MRL) de Alfonso López Michelsen.…

p. 247
06Orden y libertad. Economía política del castigo en Colombia y LatinoaméricaManuel Iturralde · 2022 · p. 1721 cita
[6]

miembros del sector industrial y gran- des empresarios), y organizaciones sociales y religiosas que, a pesar de ser de orígenes diversos, compartían una ideología conservadora y antisubversiva. El argumento principal de la campaña por el No era que no estaba en contra de la paz sino de la impunidad. Para esta…

p. 172
07Violencia Sexual, Conflicto Armado y Justicia en ColombiaClaudia Cecilia Ramírez Cardona (coord.); Andrea González Rojas; Constanza Clavijo Velasco; Carmen Alicia Mestizo Castillo; Belén Pérez González · 2007 · p. 711 cita
[7]

aceptados por Colombia (artícu lo 9 CP.), el Estatuto de Roma, y nuestro ordenamiento constitucional, que sólo permite la amnistía o el indulto para delitos políticos y con el pago de las indemnizaciones a que hubiere lugar (artículo 150. numeral 17 de la CP.), no admi ten el otorgamiento de auto amnistías, amnistías…

p. 71
08¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 1651 cita
[8]

al sistema de justicia. Las violaciones a los Derechos Humanos cometidas por agentes estatales —también en el marco del conflicto armado, e incluso a través de méto- dos similares a los que utilizan los grupos armados al margen de la ley—, junto con el aprovechamiento estratégico de la mayor favorabilidad del…

p. 165
09Global Capitalism, Democracy, and Civil-Military Relations in ColombiaWilliam Avilés · 2006 · p. 1071 cita
[9]

power to investigate military officers accused of human rights violations. Many human rights cases involving the military were initi- ated by the Public Ministry, which is headed by the procurator general of the nation as well as the Office of the Prosecutor General (Fiscalia General). The Office of the Procurator…

p. 107
10Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 4811 cita
[10]

la Verdad constituye para las víctimas una esperanza de acercar los reclamos de verdad, memoria y justicia sobre una de las más atroces prácticas genocidas del terrorismo de Estado en Colombia 1228. Así mismo, el informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos señaló que: 1226 Ibíd. 1227 Entrevista…

p. 481
11Granada: Memorias de guerra, resistencia y reconstrucciónMarta Inés Villa Martínez, Laura Cartagena Benítez, Fernando Valencia Rivera · 2016 · p. 1921 cita
[11]

de los casos reportados en el oriente antioqueño fueron atribuidos a esa unidad militar (41 víctimas). Le sigue el Batallón de Caballería Mecanizada n° 4 “Juan del Corral” (GMJCO) con 21 casos reportados. A la Unidad Bombarda 1 al mando del subteniente Andrés Mauricio Rosero Bravo se le imputan 4 de los 35 casos…

p. 192
12Cuando los pájaros no cantaban: historias del conflicto armado en ColombiaAlejandro Castillejo-Cuéllar · 2022 · p. 2001 cita
[12]

y luego lo viste, los rotos del uniforme no van a coincidir con el disparo que tiene». O el primer ejemplo que el instructor pone: si tienen un problema y un campesino resultó muerto, pues hagan esto como para no tener problemas. Entonces ellos hablaban de que muchas veces, si uno andaba con su tropa y... no sé... Es…

p. 200
13Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 8891 cita
[13]

de la Comisión de la Verdad, Base de datos Servidores Sancionados, Procuraduría General de la Nación, fecha de consulta: 4 de junio de 2021. hasta la guerra tiene límites 890 efectivas tanto por parte de la Procuraduría como por parte de la Fiscalía y cómo ello se configuró en un factor de persistencia de estos…

p. 889
14"Patrones" y campesinos: tierra, poder y violencia en el Valle del Cauca (1960 – 2012)Absalón Machado Cartagena, John Jairo Rincón García · 2014 · p. 2661 cita
[14]

casi cuatro años después de los hechos, el juzgado 17 de Instrucción Penal Militar, por medio de auto proferido en la misma fecha, resolvió con detención preventiva, la situación jurídica del Teniente Coronel (r) Luis Felipe Becerra Bohórquez y del Mayor Eduardo Delgado Carrillo. Luego de otra serie de con fl ictos…

p. 266
15La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 3811 cita
[15]

investigadores, jueces que han tocado ciertas delincuencias en el país. La gente dice: “¿Para qué voy a desempolvar ese tipo de investigaciones si estoy solo y corro la misma suerte que han corrido mis antecesores?”. Lo que viene causando eso es temor por investigar» 760. Un ejemplo de esto fue la parálisis causada…

p. 381
16El Palacio de Justicia: una tragedia colombianaAna Carrigan · 2009 · p. 1721 cita
[16]

magistra dos sobrevivientes no hacían quorum en ninguna de las tres salas restantes. Quizá la muerte -meses después, también de un ataque cardiaco- del magistrado Luis Enrique Aldana, quien luego de la tragedia quedó como vicepresidente de la Corte, ilustra el luto y las dificultades que siguieron en el esfuerzo por…

p. 172
17Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 2341 cita
[17]

Sin instituciones, autoridades, funcionarios o ciudadanía, simplemente no hay democracia. Se trató de una eliminación de facto de la vida social, económica, cultural y política y, por tanto, de un recurso eficiente para destruir cualquier asomo de crítica, controversia y participación 693. 3.4. Ataques a la justicia e…

p. 234
18La palabra y el silencio. La violencia contra periodistas en Colombia (1977-2015)Germán Rey, Camilo Vallejo Giraldo, María Angélica Nieto Uribe, Álvaro Fernando Núñez Zúñiga, Andrea Torres · 2015 · p. 3451 cita
[18]

2000 (el antiguo Código de Procedimiento Penal que rige para crímenes anterio- res al 2004). Bajo esta posibilidad procesal, que es permisiva, que parece contener unos límites muy débiles, que permite que el fun- cionario o funcionaria judicial no tengan que avanzar ni declarar la inhibición o la preclusión, muchos de…

p. 345
19Cruzando la frontera: Memorias del éxodo hacia Venezuela. El caso del río AraucaCentro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · p. 2801 cita
[19]

los responsables no fueron llevados a la justicia a partir de una investigación seria, diligente, exhaustiva y en un plazo razonable. En muchas ocasiones, las investigaciones “se han visto seriamente obstaculizadas por las amenazas contra investigadores judiciales, defensores de los derechos humanos y testigos, y por…

p. 280
20Mi cuerpo es la verdad. Experiencias de mujeres y personas LGBTIQ+ en el conflicto armadoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 3021 cita
[20]

y se van y no ha pasado nada. Yo conocí en Sevilla (Valle del Cauca) a una chica trans que fue flagelada muchas veces por la autoridad y entregada a otras personas para que fuera violada. Entonces mira qu e sí existen pero, por el mismo temor que se les coge a las autoridades, ellas nunca denuncian, porque dicen:…

p. 302
21La guerra inscrita en el cuerpo. Informe nacional de violencia sexual en el conflicto armadoCentro Nacional de Memoria Histórica, Rocío Martínez Montoya · 2017 · p. 3891 cita
[21]

¿entonces para qué hablar? Mi mami le iba a pegar con un palo, pero le dijo mi tía que no lo hi- ciera, que lo dejara contra Dios, mi mami lo fue a denunciar a Bienestar y le dijo Bienestar que me entregara a mí allá, que me dejara unos meses allá, entonces mi mami me dejó allá y después que dijeron que lo iban…

p. 389
22Buenaventura: un puerto sin comunidadConstanza Millán Echeverría, Ludivia Serrato Martínez, Oscar Pérez, Clara Castro, Danelly Estupiñán, Adriel Ruiz · 2015 · p. 3411 cita
[22]

muerte de Jair, y nosotros le decíamos hablemos sobre el des- plazamiento y más de uno quería hablar, más de uno iba a hablar, pero cuando lo mataron a Jair un día antes del paro, todo quedó ahí (CNMH, trayectoria de vida, mujer, líder comunitaria, agosto 2013). Otro elemento que configura el contexto de impunidad y…

p. 341
23El derecho a la justicia como garantía de no repetición. Volumen 1. Graves violaciones de derechos humanos: luchas sociales y cambios normativos e institucionales 1985-2012Centro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · p. 1252 citas
[23]

obtenían del Estado colom- biano. Todo ello en el plano de la lucha por la satisfacción del derecho a la justicia. Así, durante este periodo, el Sistema Interamericano de De- rechos Humanos pro fi rió varias decisiones (particularmente la Corte Interamericana de Derechos Humanos), en las que se re- conoció la…

p. 125
[24]

obtenían del Estado colom- biano. Todo ello en el plano de la lucha por la satisfacción del derecho a la justicia. Así, durante este periodo, el Sistema Interamericano de De- rechos Humanos pro fi rió varias decisiones (particularmente la Corte Interamericana de Derechos Humanos), en las que se re- conoció la…

p. 125
24Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 1891 cita
[25]

que los anteriores ejemplos, hasta dónde estaba dispuesto a ir el Gobierno en su afán por satisfacer sus propios intereses: magistrados de las Altas Cortes, periodistas y políticos de la oposición, académicos, intelec- tuales, fueron objeto de seguimientos ilegales por parte de agencias estatales para calumniarlos e…

p. 189
25Grupos Armados Posdesmovilización (2006 - 2015). Trayectorias, rupturas y continuidadesTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera Ramírez, Carlos Andrés Hoyos, Javier Benavides Torres, Jefferson Corredor Uyaban, Mateo Morales · 2016 · p. 801 cita
[26]

de interés hacia la responsabilidad del Estado y, lo más importante, se comenzó a visibilizar a las víctimas como nunca antes había acontecido en nuestra larga confronta- ción armada (CNMH, 2012 -a). A las vicisitudes del proceso por cuenta de su poca legitimidad, a las polémicas sobre el marco jurídico para facilitar…

p. 80
26Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 3561 cita
[27]

de las regiones de influencia de los investigados (Gaitán, 2014), ni fueron parte de ellos los elaborados en los procesos de justicia y paz 380 y/o en los casos de connotación de la Fiscalía, entre otras fuentes estatales y particulares. Así las cosas, no se avanzó en esclarecer la participación y el gra- do de…

p. 356
27Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1321 cita
[28]

juez ordenara la detención de Correa por el delito de rebelión 298. Correa estuvo detenido entre junio y julio de 2004. Su detención era insólita. Recuperó la libertad al demos- trar su inocencia. Sin embargo, su muerte fue ordenada por una troika de políticos, funcionarios del DAS encabezados por su director, Jorge…

p. 132
28El Estado suplantado. Las Autodefensas de Puerto BoyacáCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque · 2019 · p. 2082 citas
[29]

de los autores de la masacre estuvieron los hijos de Gonzalo Pérez, Wilson Chorolo y Marcelo Pérez Durán. Enfatiza que por las vías que transitaban los comerciantes de total control de los paramilitares, 210 EL ESTADO SUPLANTADO LAS AUTODEFENSAS DE PUERTO BOYACÁ “les quedó muy fácil matar a esa gente para robarles…

p. 208
[30]

de los autores de la masacre estuvieron los hijos de Gonzalo Pérez, Wilson Chorolo y Marcelo Pérez Durán. Enfatiza que por las vías que transitaban los comerciantes de total control de los paramilitares, 210 EL ESTADO SUPLANTADO LAS AUTODEFENSAS DE PUERTO BOYACÁ “les quedó muy fácil matar a esa gente para robarles…

p. 208
29La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo IICentro Nacional de Memoria Histórica · 2022 · p. 3241 cita
[31]

a la hora de abrir investigaciones contra políticos señalados por coman- dantes y por otros desmovilizados en sus versiones libres, de tener nexos con paramilitares. Además, dieron un panorama acerca de: 1. Las estra- tegias de cooptación política de los paramilitares en el departamento del Atlántico. 2. El nivel de…

p. 324
30Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · p. 3411 cita
[32]

no dene ningún antecedente en América Ladna. En todo el condnente, con pocas excepciones, aunque enormemente significativas por el rango de las personas condenadas, como son los casos del expresidente Alberto Fujimori en el Perú y el expresidente Juan María Bondaberry en Uruguay, la clase política continental escapó a…

p. 341
31Fighting Monsters in the Abyss: The Second Administration of Colombian President Álvaro Uribe Vélez, 2006–2010Harvey F. Kline · 2015 · p. 2362 citas
[33]

of Colombian government, July 27, 2010. 220 Notes to Pages 128–134 51. “¿Qué tanto ha funcionado Justicia y Paz?” Semana, February 15, 2010, http:// www.semana.com/nacion/conflicto-armado/articulo/que-tanto-ha-funcionado - justicia- paz/112945- 3. 52. Alto Comisionado para la Paz, “Comunicado de prensa,” Octo ber 22,…

p. 236
[34]

of Colombian government, July 27, 2010. 220 Notes to Pages 128–134 51. “¿Qué tanto ha funcionado Justicia y Paz?” Semana, February 15, 2010, http:// www.semana.com/nacion/conflicto-armado/articulo/que-tanto-ha-funcionado - justicia- paz/112945- 3. 52. Alto Comisionado para la Paz, “Comunicado de prensa,” Octo ber 22,…

p. 236
32Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 4221 cita
[35]

un proceso de investigación general que los corrobore mínimamente.4 Eso se puede lograr cotejando datos o 3 Véase, por ejemplo, Fiscalía General de la Nación. Guía de procedimientos de la Unidad Nacional de Fiscalías para la Justicia y la Paz. 2009. Así mismo, el documento de circulación interna “Protocolo de…

p. 422
33Desmovilización y reintegración paramilitar. Panorama posacuerdos con las AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 4832 citas
[36]

fue asesinado en Cúcuta (El Espectador, 2011, 3 de agosto, “La salida de ‘Cuco’”). A esta declaración se sumó la de Diego Fernando Murillo, alias Don Berna, quien afirmó que no había garantías para él y su familia, la cual estaba amenazada (El Espectador, 2010, diciembre 13, “´Don Berna´ reitera que no declarará más…

p. 483
[37]

fue asesinado en Cúcuta (El Espectador, 2011, 3 de agosto, “La salida de ‘Cuco’”). A esta declaración se sumó la de Diego Fernando Murillo, alias Don Berna, quien afirmó que no había garantías para él y su familia, la cual estaba amenazada (El Espectador, 2010, diciembre 13, “´Don Berna´ reitera que no declarará más…

p. 483
34Guerras RecicladasMaría Teresa Ronderos · 2014 · p. 4301 cita
[38]

de la fuerza pública fueron necesarios para el traslado de los 58 paramilitares» detenidos en La Ceja a la cárcel de máxima seguridad de Itagüí. El ministro del Interior, Carlos Holguín, dijo que se iban a fugar y por eso la súbita movida. Además explicó que seguían delinquiendo desde la cárcel. No obstante, y aunque…

p. 430
35Nororiente y Magdalena Medio, Llanos Orientales, Suroccidente y Bogotá DC. Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento (coordinador), Alberto Santos Peñuela, Lukas Rodríguez Lizcano, Luisa Fernanda Hernández Mercado, Juanita Esguerra Rezk · p. 561 cita
[39]

- ño, Magdalena Medio y Bajo Cauca), están en etapa de versiones libres. Los dos primeros a cargo de la Unidad de Justicia y Paz de Medellín, Julián Bolívar con audiencia conjunta de imputación el 9 de febrero de 2011 y Ernesto Báez en audiencia de formulación de cargos que fue aplazada el 26 de abril de 2010. Por su…

p. 56
36Los retos de la justicia transicional en Colombia. Percepciones, opiniones y experiencias 2008. Panorama cualitativo y cuantitativo nacional, con énfasis en cuatro regionesIris Marín Ortiz · 2009 · p. 1031 cita
[40]

violencia 45% 41% 41% 37% 37% 35% 38% 39% 45% 40% 19% 20% 18% 17% 21% se facilita se dificulta no se ve afectada no sabe no responde 2% 2% 2% 1% 2% … la posibilidad de que cumplan penas de cárcel ajustadas a la gravedad de sus delitos … la revelación de las complicidades entre paramilitares y políticos o sectores…

p. 103
37Justicia y Paz ¿Verdad judicial o verdad histórica?Iván Orozco Abad, María Victoria Uribe, Gina Cabarcas, Luis Carlos Sánchez Díaz · 2012 · p. 111 cita
[41]

que le sirve de sustento. En ese sentido, asistimos a un fenómeno de debilita- miento de una tradición de olvido de la atrocidad y de invisibili- zación de las víctimas, y de sustitución de la misma por una tradi- ción de recuerdo de la atrocidad bajo premisas de visibilización y privilegio del punto de vista de las…

p. 11
38Encuesta Nacional ¿Qué piensan los colombianos después de siete años de Justicia y Paz?Gonzalo Sánchez Gómez, Iván Orozco Abad, Álvaro Villarraga Sarmiento, Luis Carlos Sánchez Díaz, Patricia Linares Prieto, María Consuelo Ramírez Giraldo, Angelika Rettberg Beil, Laura Otálora Cuenca, Irina Mago Cordido, Paola Ximena Silva Cortés · 2012 · p. 121 cita
[42]

general. Las muestras de Víctimas Organizadas y Expertos encuestados 3 permiten identificar consensos y contrastes en las tendencias de opinión, y evidencian los comportamientos de quienes tienen una experiencia o conocimiento, sobre estos aspectos de la realidad colombiana, distintos a los del individuo promedio de…

p. 12
39El derecho a la justicia como garantía de no repetición. Volumen 2. Las víctimas y las antesalas de la justicia. Conclusiones y RecomendacionesCentro Nacional de Memoria Histórica · 2016 · p. 5592 citas
[43]

Galindo al Grupo de Investigación del CNMH, Colombia, “El derecho a la justicia como garantía de no repetición ”, 2014/03/s.f., Barranquilla. Corte Interamericana de Derechos Humanos, (Corte IDH, 1987a), El Hábeas Corpus Bajo Suspensión de Garantías (arts. 27.2, 25.1 y 7.6 Convención Americana sobre Derechos Humanos):…

p. 559
[44]

Galindo al Grupo de Investigación del CNMH, Colombia, “El derecho a la justicia como garantía de no repetición ”, 2014/03/s.f., Barranquilla. Corte Interamericana de Derechos Humanos, (Corte IDH, 1987a), El Hábeas Corpus Bajo Suspensión de Garantías (arts. 27.2, 25.1 y 7.6 Convención Americana sobre Derechos Humanos):…

p. 559
40Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · p. 1732 citas
[45]

Ro- chela Vs. Colombia, Sentencia de 11 de mayo de 2007 (Fondo, Reparaciones y Costas). Corte Interamericana de Derechos Humanos CIDH. (2007a). Caso Escué Zapata Vs. Co- lombia Sentencia de 4 de julio de 2007 (Fondo, Reparaciones y Costas). Corte Interamericana de Derechos Humanos CIDH. (2007b) Declaración Pericial de…

p. 173
[46]

Ro- chela Vs. Colombia, Sentencia de 11 de mayo de 2007 (Fondo, Reparaciones y Costas). Corte Interamericana de Derechos Humanos CIDH. (2007a). Caso Escué Zapata Vs. Co- lombia Sentencia de 4 de julio de 2007 (Fondo, Reparaciones y Costas). Corte Interamericana de Derechos Humanos CIDH. (2007b) Declaración Pericial de…

p. 173
41La Rochela: Memorias de un crimen contra la justiciaGrupo de Memoria Histórica, Iván Orozco Abad (Relator), Gonzalo Sánchez G. (Coordinador) · 2010 · p. 191 cita
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momentos, comenzó luego a desvanecerse, y a la larga el Estado ha terminado por desenten- derse de los intereses de las víctimas. Es por ello que las demandas de verdad, justicia y reparación pasaron a ser agenciadas por Ongs como CEJIL y el Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo, que han acompañado el empeño de…

p. 19
42Bojayá: La guerra sin límitesGrupo de Memoria Histórica, Martha Nubia Bello Albarracín, Pilar Riaño Alcalá, Gonzalo Sánchez G. · 2010 · p. 2421 cita
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se han sistematizado los casos sobre los cuales se conoce la existencia de investigaciones formales iniciadas (cerca del 15% de los casos). 360 La información a la cual se accedió, proviene principalmente de la informa- ción brindada por la Corporación Jurídica Libertad y de la Comisión de Justicia y Vida de la…

p. 242
43Limpieza social. Una violencia mal nombradaCarlos Mario Perea Restrepo · 2015 · p. 301 cita
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revista Noche y Niebla 43. En dos lugares de la clasificación que preside el registro de la 42 Están las bases del Observatorio de Derechos Humanos y Derecho Internacio- nal Humanitario de la Consejería Presidencial para los Derechos Humanos; del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (CERAC); la reciente…

p. 30
44Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 4741 cita
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motivación de muchas víctimas que buscan justicia no es solo el castigo a los responsables, sino saber qué pasó, cómo y por qué. La falta de respuestas supone también la exclusión, la convic - ción de que hay una ciudadanía sin derechos que no lo es. Por otra parte, para muchas 939 Corte Constitucional. Sentencia…

p. 474
45Memorias plurales: experiencias y lecciones aprendidas para el desarrollo de los enfoques diferenciales en el Centro Nacional de Memoria Histórica. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoCentro Nacional de Memoria Histórica · 2018 · p. 901 cita
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denominado 25 años de impunidad, es el resultado de una investigación de memoria histórica realizada por los hijos de tres importantes líderes del pueblo arhuaco que fueron asesinados en 1990 por miembros del Batallón la Popa del 90 Memorias plurales: experiencias y lecciones aprendidas para el desarrollo de los…

p. 90
46Silenciar la democracia. Las masacres de Remedios y Segovia 1982-1997Centro Nacional de Memoria Histórica; Ronald Edward Villamil Carvajal, Vladimir Melo Moreno (relatores); Tatiana Rincón Covelli, Andrés Fernando Suárez (correlatores) · 2014 · p. 3251 cita
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izquierda, en concreto la UP. Es igualmente valiosa la forma en que las autorida- des judiciales lograron desvirtuar las versiones de los hechos pre- sentadas por los miembros de la fuerza pública, para mostrar, con un adecuado sustento probatorio, su implicación en los mismos en calidad de coautores. El CNMH…

p. 325
47¡Adiós a las FARC! ¿Y ahora qué? Construir ciudadanía, Estado y mercado para unir las tres ColombiasClaudia López Hernández · 2016 · p. 5001 cita
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una presencia de las FARC hay un notable déficit del sistema de justicia. Si 500 Paz territorial, de lo nacional a lo local se comparan los 25 municipios con mayor conflicto y de bajo des- empeño institucional con los 25 municipios sin conflicto y con alto desempeño institucional, se encuentra que los primeros tienen…

p. 500
48Counting the Dead: The Culture and Politics of Human Rights Activism in ColombiaWinifred Tate · 2007 · p. 2541 cita
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— and probably would be read — as an effort to intimidate such witnesses into silence in a region where previous complaints have been met with reprisals and credible evidence suggests ongoing military involvement in human rights crimes. “Finally,” the let- ter continues, “given your closeness to the rural areas,…

p. 254
49Alvaro Uribe Velez El Narcotraficante # 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 431 cita
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El general Yanine le dió una platica 34 a Castaño para que parara todo ese asunto. Carlos Castaño le manda decir que si no quiere ceder por las buenas. le va tocar ceder por las malas y no olvide que tiene dos hijas, usted no querrá que en un caso dado muera una de sus hijas». (Ambas declaraciones de los reos aparecen…

p. 43
50Álvaro Uribe Vélez: El Narcotraficante Nº 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 431 cita
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El general Yanine le dió una platica 34 a Castaño para que parara todo ese asunto. Carlos Castaño le manda decir que si no quiere ceder por las buenas. le va tocar ceder por las malas y no olvide que tiene dos hijas, usted no querrá que en un caso dado muera una de sus hijas». (Ambas declaraciones de los reos aparecen…

p. 43
51Memorias de una masacre olvidada. Los mineros de El Topacio, San Rafael (Antioquia), 1988Ana María Jaramillo, Juan Alberto Gómez · 2016 · p. 2031 cita
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invisibilizadas al no recibir las actas de defunción que certifiquen la muerte de sus familiares. 3.7. Las respuestas Alrededor del suceso se encontraron pocas acciones o respues - tas colectivas. Es factible considerar que en ello tuvo que ver el ambiente de terror y el desplazamiento forzado que vivieron las…

p. 203
52Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Frontera nororientalComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1691 cita
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de Derechos Humanos Noche y Niebla, CINEP, «Base de datos de Ejecuciones extrajudiciales en Colombia: 1990-2015». 579 Centro Nacional de Memoria Histórica, Catatumbo: Memorias de vida y dignidad, 553. 170 fiflćflThff fl. fl flflć «Desde el 2005 hay una anarquía en el tema del conflicto armado. Aquí entra el que quiera…

p. 169
53Nos matan y no es noticia. Parapolítica de Estado en ColombiaRicardo Ferrer Espinosa, Nelson J. Restrepo A. · 2010 · p. 81 cita
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la medida en que se les discierne y no simplemente se les oye. Si eso pasa, como debería ser con este libro, mejor nos atende- mos y advertimos entre todos y todas, desde lo que somos y pa- decemos. · 16 · · 17 · Nos podemos sanar cuando traspasamos la rutina de la de- nuncia sobre la muerte que decae en asunto banal;…

p. 8
54Exilio colombiano. Huellas del conflicto armado más allá de las fronterasCentro Nacional de Memoria Histórica, Juan Manuel Zarama Santacruz, Randolf Laverde Tamayo, Juan Pablo Luque · 2018 · p. 2881 cita
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exiliada retornada de la Unión Patriótica y Juan Carlos Villamizar exiliado retornado, quienes viajaron como tercera y cuarta delegación, respectivamente. Véase PNUD (2014, 01 de noviembre). 363 El Acnur y el Gobierno de Colombia acordaron “avanzar en un marco de coope- ración que incluye la facilitación para la…

p. 288
55Género y memoria histórica. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoLina María Céspedes-Báez · 2018 · p. 111 cita
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Tierras. En abier- to contraste con las regulaciones anteriores del conflicto, esta nor- ma pretendió ofrecer mecanismos e instituciones para identificar 12 Género y memoria histórica Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento histórico y reparar todos los daños derivados de los “hechos ocurridos a partir…

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56Pueblos arrasados: Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión (relatores) · 2015 · p. 2731 cita
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de acciones que hayan transgredido la legislación penal, reali- zadas por grupos armados al margen de la ley, entre ellas las víctimas de desplazamiento forzado, adquirieron el derecho (que posteriormente la Corte Constitucional catalogó como fundamental) a la reparación. Este derecho a la reparación fue definido de…

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