Idea · Posconflicto
Líderes sociales
Categoría que designa a quienes encarnan la capacidad organizativa de una comunidad frente al Estado, los actores armados y las economías extractivas en Colombia; desde 2016, el país ocupa el primer lugar mundial en asesinatos de defensores de derechos humanos, convirtiendo a los líderes sociales en sujetos simultáneos de protección constitucional y exterminio sistemático.
Trayectoria de una idea
- 1958
Creación de las Juntas de Acción Comunal
- 1967
Fundación de la ANUC y auge del liderazgo campesino
- 1985
Creación de la Unión Patriótica y comienzo de su exterminio
- 1993
Consolidación del tejido organizativo y cifra de 4,5 millones de vinculados
- 2012
La CPI establece que los ataques contra líderes respondieron a políticas de mando
- 2016
Colombia se convierte en el país que más asesina defensores de derechos humanos
- 2020
Colombia concentra el 53% de los asesinatos mundiales de defensores
La lectura
La figura del líder social en Colombia no nació de una ley ni de una tradición unificada: emergió de la convergencia de cuatro cauces históricos —el indígena, el campesino, el afrocolombiano y el sindical-humanitario— que durante el siglo XX construyeron formas de mediación entre comunidades marginadas y un Estado que llegaba tarde o nunca. Su visibilidad jurídica como categoría abarcadora coincidió, paradójicamente, con su exterminio sistemático: la misma posición estructural que los hace interlocutores necesarios de cualquier proyecto territorial los convierte en obstáculos para quienes buscan controlar ese territorio por la fuerza o la economía ilegal. La lógica contrainsurgente que desde los años setenta equiparó movilización social con amenaza guerrillera sentó las bases de una violencia que no se detuvo con ninguna desmovilización; los grupos herederos del paramilitarismo, las disidencias y el ELN continuaron el patrón con distintas siglas. El asesinato de un líder no es solo la muerte de una persona: produce la desarticulación de la organización que lideraba y el silenciamiento colectivo de una comunidad entera. Que Colombia ocupe desde 2016 el primer lugar mundial en asesinatos de defensores de derechos humanos no es una anomalía estadística sino la expresión más precisa de una guerra que se libra, sobre todo, contra quienes organizan.
Líder social
En el vocabulario público colombiano posterior a 2016, "líder social" designa a quien encarna, en un territorio, la capacidad organizativa de una comunidad frente al Estado, los actores armados y las economías extractivas. La categoría es reciente y ambigua: agrupa a presidentes de Juntas de Acción Comunal, comuneros indígenas de guardia, firmantes de acuerdos de sustitución de cultivos, reclamantes de tierras, lideresas de mujeres, defensores ambientales, militantes de derechos humanos. No la creó una ley ni una tradición unificada; se consolidó al mismo tiempo que Colombia se convertía, desde 2016, en el país que más asesina defensores de derechos humanos en el mundo. Esa coincidencia —visibilidad jurídica y exterminio— es la clave para entender qué nombra la palabra. El líder social es hoy, simultáneamente, un sujeto de protección constitucional, un actor central de la implementación del Acuerdo de La Habana y el blanco predilecto de una violencia rearticulada que llenó los vacíos dejados por la desmovilización de las FARC-EP.
Qué nombra la palabra
La categoría no describe un oficio ni una identidad política homogénea. Describe una función: la de mediar entre una comunidad y las estructuras —estatales, económicas, armadas— que la atraviesan. Bajo ese paraguas caben figuras muy distintas. El presidente de una Junta de Acción Comunal en una vereda del Catatumbo que gestiona la construcción de una vía y la instalación del fluido eléctrico. El médico tradicional de una comunidad emberá en el Medio Baudó chocoano. El comunero de la Guardia Indígena que se turna con otros jóvenes de su cabildo para controlar el territorio frente a economías ilegales. La dirigente sindical de una empresa palmera del bajo Atrato. El firmante del Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito en el Putumayo. La defensora afrocolombiana de un consejo comunitario en Tumaco. La persona LGBT que asume, en un municipio pequeño, la defensa pública de derechos.
Lo que unifica a estas figuras no es su origen social ni su repertorio ideológico, sino su posición estructural. Los líderes comunitarios han asumido históricamente la función de garantizar derechos ciudadanos y proteger la vida de las poblaciones donde el Estado y los actores económicos han dejado vacíos. Esa función de sustitución los vuelve interlocutores necesarios de cualquier proyecto —público o armado— que aspire a operar en el territorio. Y los convierte, por la misma razón, en obstáculos cuando ese proyecto es la coca, la minería ilegal, el despojo o el control social por la vía del miedo.
La palabra, además, es de aparición tardía. Hasta bien entrada la década de 1990, el mapa organizativo colombiano se describía por sus componentes: campesinos, indígenas, afrodescendientes, sindicalistas, comunales, defensores de derechos humanos. Rocío Londoño calculaba para 1993 que cerca de 4.500.000 colombianos estaban vinculados a alguna forma de organización de base —Juntas de Acción Comunal, sindicatos, organizaciones campesinas, de viviendistas, étnicas, de género, ecológicas, de derechos humanos—, una cifra amplia aunque la propia autora advertía sobre la irregularidad de la participación real. La consolidación de una etiqueta común, "líder social", coincide con dos procesos paralelos: la constitucionalización del discurso de derechos humanos tras 1991 y la profesionalización de organismos internacionales que necesitaban una categoría abarcadora para nombrar a quienes eran asesinados. Visibilidad y vulnerabilidad se construyeron a la vez.
Los cauces históricos: del terraje a las juntas
Ningún país inventa de la nada su capacidad organizativa. La figura contemporánea del líder social descansa sobre cauces que se abrieron a lo largo del siglo XX y que hoy son legibles como sus antecedentes directos.
El primer cauce es indígena. Manuel Quintín Lame, en el sur andino, formuló a comienzos del siglo XX los puntos programáticos que décadas después retomaría el Consejo Regional Indígena del Cauca: recuperación de resguardos, abolición del terraje, defensa de la autonomía. Cuando el CRIC se organiza en los años setenta en el norte del Cauca, no está creando un movimiento desde cero: se inscribe en una tradición de lucha por la tierra y el gobierno propio que ya llevaba medio siglo enunciada. De esa matriz nacen las figuras contemporáneas del cabildo, el resguardo, la minga y la Guardia Indígena —una estructura colectiva, orientada por el cabildo, compuesta por jóvenes que se turnan en el servicio y que cumple funciones de control territorial, defensa de sitios sagrados y acompañamiento a la movilización—. En regiones como el Cauca, el liderazgo comunitario indígena se ha extendido más allá de los resguardos, ejerciéndose incluso en zonas de población mestiza donde los guambianos, por ejemplo, son reconocidos por su pericia agrícola y organizativa.
El segundo cauce es campesino. La Ley 19 de 1958 creó las Juntas de Acción Comunal, los primeros espacios formales de autogestión solidaria de las comunidades rurales colombianas. En regiones como el Catatumbo, las JAC se convirtieron en el motor principal de las demandas hacia el Estado, gestionando desde vías hasta electricidad en territorios que quedaban al margen de la infraestructura petrolera. Casi diez años después, el gobierno de Carlos Lleras Restrepo, mediante el Decreto 755 de 1967 y una campaña masiva del Ministerio de Agricultura, creó la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos. En 1970 la ANUC contaba con cerca de 845.000 usuarios inscritos, y en 1971 protagonizó la mayor movilización rural organizada de la segunda mitad del siglo XX colombiano, con recuperaciones de tierras en zonas de latifundio y colonización. La ANUC se fracturó pronto —la Línea Armenia cercana al gobierno, sectores más radicales influidos por la izquierda maoísta, presiones de las guerrillas por asumir la dirección del movimiento— y, sin embargo, dejó cuadros formados en Sucre, Córdoba y Bolívar cuya experiencia se proyectaría en las décadas siguientes.
El tercer cauce es afrocolombiano. La organización territorial en el Chocó, particularmente el Consejo Comunitario Mayor de la Asociación Campesina Integral del Atrato, articuló comunidades negras en un título colectivo estructurado por cuencas hidrográficas. Esa articulación traducía redes de parentesco y movilidad territorial en potencialidad política frente al Estado, y sería el modelo que la Ley 70 de 1993 recogería como marco general para las comunidades negras.
El cuarto cauce es el sindical y de derechos humanos. En un contexto en que el discurso jurídico de los derechos humanos apenas ascendía y los instrumentos legales eran escasos, víctimas de la violencia, líderes populares y profesionales comprometidos cimentaron desde los años ochenta las bases de las organizaciones civiles de derechos humanos que empujarían la inclusión de mecanismos de defensa en el sistema jurídico colombiano.
Estos cuatro cauces no confluyen en una sola tradición pero comparten un rasgo: su capacidad de generar liderazgos que sustituyen o negocian con el Estado en territorios donde este llega tarde, mal o nunca.
La lógica contrainsurgente y el líder como enemigo
El otro antecedente indispensable es más oscuro. Desde los años setenta se instaló en Colombia una ecuación política que trataría la capacidad organizativa social como amenaza militar. Las élites propietarias y políticas interpretaron el movimiento campesino de la ANUC como punta de lanza de la revolución comunista. Corrientes de las Fuerzas Armadas, dentro del proyecto contrainsurgente, extendieron la lógica: la movilización social era vista como extensión del proyecto guerrillero, y su respuesta —cuando el marco institucional resultaba insuficiente— derivó en soluciones clandestinas apoyadas por sectores civiles. La violencia contra líderes campesinos de esa década tuvo, entonces, un doble filo: la visión conspirativa de las élites y la voluntad de las guerrillas de asumir la dirección de la movilización, dos fuerzas que estrangularon la autonomía del movimiento.
El punto de inflexión llegó con el proceso de paz del gobierno de Belisario Betancur y la creación de la Unión Patriótica en 1985. La UP nació como plataforma política legal ligada al proceso con las FARC, y su exterminio inmediato reveló hasta qué punto la lógica contrainsurgente se había autonomizado del control civil. Desde 1986, en Córdoba y Urabá, los paramilitares de los hermanos Castaño comenzaron a asesinar sistemáticamente a afiliados a la UP, a miembros de sindicatos y grupos aliados, considerándolos agentes de las FARC disfrazados de civiles. Ese criterio —el militante legal como guerrillero encubierto— justificó no solo el asesinato de comunistas sino también el de socialdemócratas y liberales opuestos a la vía armada. El exterminio se coordinó desde Puerto Boyacá hacia las regiones donde la UP tenía presencia: Urabá, los Llanos Orientales, el Nordeste Antioqueño. Solo en el Magdalena Medio, entre 1984 y 1991, se documentaron al menos 55 víctimas entre asesinatos y desaparecidos.
Lo que se instaló entonces no fue un episodio sino un patrón. Los paramilitares desarrollaron una política sistemática de ataques contra civiles —líderes sociales, sindicalistas, defensores de derechos humanos, periodistas— y no lo hicieron como excesos individuales: la Oficina del Fiscal de la Corte Penal Internacional estableció en 2012 que los ataques contra la población civil, tanto de las FARC como del ELN y de los grupos paramilitares, respondieron a políticas desarrolladas por los mandos de cada organización. Las víctimas eran acusadas de ser informantes o colaboradores del enemigo, y esa acusación funcionaba a la vez como justificación del crimen y como mecanismo de control social sobre el resto de la población. Bastaba residir en una vereda considerada guerrillera para ser sindicado como tal; bastaba asistir a una reunión para ser marcado. La estigmatización operaba sin necesidad de prueba, y la connivencia de agentes del Estado con actores armados —particularmente con los paramilitares— aparecía en los testimonios como un patrón ampliamente observado por las comunidades.
Tras la desmovilización paramilitar de mediados de los años 2000, subalternos de mandos desmovilizados crearon grupos neoparamilitares que continuaron el trabajo. En Tumaco, los asesinatos de Felipe Landázuri en 2008, Armenio Cortés en 2008 y Miller Angulo en 2012 —todos líderes de consejos comunitarios y de víctimas— mostraron que la lógica no se había desmontado con las armas entregadas. Simplemente había cambiado de siglas.
El Acuerdo de La Habana y la trampa del vacío
La firma del Acuerdo de Paz entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC-EP en 2016 reconoció formalmente a los líderes sociales como sujetos de la implementación. Restitución de tierras, sustitución de cultivos, participación política, titulación colectiva: cada punto del Acuerdo pasaba por la existencia de comunidades organizadas capaces de exigir, negociar e implementar. El líder social se convirtió, en el diseño institucional, en el puente indispensable entre el Estado central y el territorio.
Al mismo tiempo, la salida de las FARC-EP de vastas zonas del país generó un vacío que el Estado no ocupó. Las guerrillas ejercían allí funciones de regulación social —resolución de conflictos, control de economías, imposición de reglas— cuya desaparición no fue seguida por presencia estatal efectiva. En ese hueco entraron actores nuevos y viejos: disidencias de las FARC-EP que rechazaron el proceso, el Ejército de Liberación Nacional que expandió corredores, neoparamilitares vinculados a economías extractivas —el Clan del Golfo o Autodefensas Gaitanistas de Colombia a la cabeza—, grupos armados organizados residuales de contornos difusos. Todos coincidieron en un punto: los líderes sociales que impulsaban la implementación del Acuerdo eran el obstáculo más inmediato para el control territorial.
Los números confirman la escala del fenómeno. En 2020, Colombia concentró el 53% del total mundial de asesinatos de defensores de derechos humanos: 177 de 331 casos globales, según el análisis anual de Front Line Defenders. Desde 2016, el país ocupa sin interrupción el primer lugar del mundo en asesinatos de defensores. Entre 2016 y 2020, solo en los departamentos de Putumayo, Caquetá y Guaviare fueron asesinados 113 líderes sociales. El patrón geográfico es inequívoco: los crímenes se concentran en zonas de antigua presencia FARC hoy disputadas por disidencias, y en corredores del ELN, del Clan del Golfo y de economías ilegales.
La distribución de responsabilidades, según datos de la Fiscalía, muestra un panorama fragmentado. El Clan del Golfo aparece implicado en un 11,86% de los casos, los Grupos Armados Organizados Residuales en otro 11,86%, el ELN en un 7,91%, las disidencias de las FARC-EP en un 1,13%. Los grupos posdesmovilización o herederos del paramilitarismo son responsables de al menos el 38% de los registros de asesinatos selectivos contra líderes sociales y comunidades vulnerables hasta 2016. Una porción significativa de los crímenes se ejecuta a través de sicarios que desconocen la identidad de quien los contrató, lo que hace del asesinato una operación deliberadamente opaca.
La violencia mantuvo su ritmo incluso en el confinamiento del Covid-19. Entre el 5 de marzo y el 31 de julio de 2020, cuando el país se recluyó en sus casas, fueron asesinados 73 líderes sociales y al menos 13 comuneros indígenas: el 93% eran hombres y el 90% de las muertes ocurrieron en zona rural. El encierro urbano no protegió a nadie porque el conflicto por el territorio no se detuvo.
La dimensión étnica del exterminio es particularmente aguda. Según el proyecto conjunto de la Jurisdicción Especial para la Paz, la Comisión de la Verdad y el Human Rights Data Analysis Group, los asesinatos de líderes afrocolombianos aumentaron de alrededor de 10 en 2013 a cerca de 33 en 2018, con una escalada notable después de la firma del Acuerdo. El caso del médico tradicional Esquivel Manyoma Barrigón, de la comunidad Dabeiba Queracito en el Medio Baudó, raptado y asesinado el 10 de junio de 2017 —crimen atribuido por los habitantes de la zona a las Autodefensas Gaitanistas de Colombia—, ilustra la vulnerabilidad específica de los liderazgos étnicos en territorios de titulación colectiva disputados por cultivos de palma y economías ilegales. En el norte del Cauca, desde 2017, líderes indígenas comenzaron a reportar amenazas y declaraciones de objetivo militar firmadas indistintamente por EPL, Águilas Negras, disidencias de las FARC y ELN, en una polifonía de siglas que producía una sola cosa: zozobra.
Anatomía del crimen selectivo
El asesinato de un líder social en el posacuerdo colombiano no es un episodio de violencia general: es una operación selectiva con una función específica. Los actores armados —guerrillas, paramilitares, grupos herederos— la utilizan como estrategia deliberada para instalar el miedo, sustraer al sujeto político de la esfera pública y ejercer control territorial.
La mecánica funciona en varios registros. En el registro inmediato, el crimen elimina al obstáculo concreto: quien firmó un acuerdo de sustitución, quien lidera un proceso de restitución, quien preside el consejo comunitario. En el registro colectivo, el asesinato desarticula la organización que la persona lideraba. Los casos de Jair Murillo y Marta Cecilia Obando muestran cómo la muerte de un liderazgo visible puede provocar la desaparición o desestabilización grave del proceso que acompañaba, un efecto que no se produce siempre pero es lo bastante frecuente como para haberse convertido en objetivo táctico. En el registro difuso, el crimen funciona como mensaje: para otros líderes ya amenazados en la misma vereda o municipio, la muerte de un compañero conocido opera como aceleración de decisiones —desplazarse, renunciar a la vocería, abandonar el proceso—. En la Comuna 13 de Medellín, los testimonios documentaron cómo el asesinato de personas cercanas a líderes amenazados era interpretado directamente como evidencia de que las amenazas serían cumplidas.
La estigmatización precede al crimen. Los grupos armados construyen al líder social como colaborador del enemigo: informante de la Fuerza Pública, aliado de la guerrilla rival, cómplice del paramilitar. La acusación se produce en un contexto donde la mera geografía condena —vivir en cierta vereda basta para ser guerrillero, asistir a una reunión basta para ser paramilitar— y donde la población civil queda atrapada entre la espada y la pared: cualquier interacción, voluntaria o forzada, con cualquiera de los actores, es reinterpretada por el otro como colaboración.
La estigmatización también proviene, en momentos clave, de las autoridades públicas. En la década de 2000, declaraciones de altos funcionarios cuestionaron el compromiso y la legitimidad del trabajo de defensores de derechos humanos y organizaciones no gubernamentales, en episodios que motivaron pronunciamientos de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. El presidente Álvaro Uribe acusó públicamente a ONG nacionales e internacionales de ser simpatizantes del terrorismo, lo que fue seguido de allanamientos a sus oficinas y detenciones de activistas bajo cargos de colaboración con terrorismo. La Oficina del Alto Comisionado de la ONU había señalado ya en 2005 su preocupación por la abundancia de casos de tortura y tratos crueles atribuidos a miembros de la fuerza pública y a servidores públicos, en un cuadro donde las violaciones al derecho a la integridad personal no eran reconocidas ni corregidas.
El efecto acumulado sobre las organizaciones es un desgaste que las obliga a operar en modo defensivo permanente. La recurrencia, sistematicidad y encubrimiento de los asesinatos y amenazas producen una desestructuración de las apuestas políticas comunitarias que no depende de un asesinato aislado sino del clima que instala su repetición. Las organizaciones defensoras de derechos humanos en el Magdalena Medio han sufrido desde afectaciones emocionales por exposición constante a violencia extrema hasta la victimización directa de sus miembros. La cooptación de líderes por parte de intereses económicos o armados —cuando no se los mata, se los compra o se los convence de callar— aparece, junto con las dinámicas económicas regionales y los repertorios de violencia, como uno de los factores que erosionan la autonomía y el control territorial de las organizaciones comunitarias.
El marco de protección y sus grietas
Colombia dispone, en el papel, de un aparato de protección extendido. El Sistema de Alertas Tempranas de la Defensoría del Pueblo emite alertas periódicas sobre riesgos en el territorio. La Unidad Nacional de Protección administra esquemas individuales y colectivos —chalecos, escoltas, vehículos blindados, teléfonos—. La Unidad Especial de Investigación de la Fiscalía General de la Nación fue creada para investigar contextualmente las agresiones contra líderes, lideresas y excombatientes. El Decreto 2124 de 2017, impulsado por la delegación gubernamental en la Mesa de Quito durante las negociaciones con el ELN, buscó reforzar precisamente el Sistema de Alertas Tempranas ante la preocupación por los asesinatos. Durante esas mismas negociaciones, el gobierno se comprometió con la pronta aplicación de la Ley 1820 de 2016 y el Decreto 277 de 2017 en cuanto a la despenalización de la protesta social.
El marco existe. Su falla es sistemática. Las cifras del asesinato acumulado desde 2016 —la ONU y la Fiscalía documentan al menos 417 líderes sociales asesinados en los últimos años, cifra inferior a la que Indepaz reporta para períodos comparables— revelan un patrón: las alertas se emiten y no se traducen en presencia, los esquemas se otorgan tarde o resultan inadecuados a los riesgos territoriales, las investigaciones se estancan. La Comisión de la Verdad recomendó, entre otras medidas, fortalecer las capacidades territoriales de la Unidad Especial de Investigación de la Fiscalía para permitir un análisis contextual por región de las agresiones, y garantizar una respuesta efectiva de la Unidad Nacional de Protección a las solicitudes individuales y colectivas. Recomendaciones necesarias precisamente porque nombran lo que no está funcionando.
Detrás de la brecha entre marco y realidad hay un problema estructural. La protección individual no puede sustituir la ausencia de Estado territorial. Un chaleco antibalas y un escolta no reemplazan a un juez de circuito, a una inspección de policía, a una escuela funcionando, a una carretera pavimentada. En territorios donde la única forma de presencia institucional es el esquema de protección de un líder amenazado, la protección misma se convierte en confirmación del abandono. Y el líder queda expuesto: es visible como amenazado, pero invisible como ciudadano cuyo territorio debería estar regulado por instituciones civiles y no por su capacidad personal de sobrevivir.
La doble herencia
La figura contemporánea del líder social condensa dos herencias que no se contradicen sino que se refuerzan.
Por un lado, una herencia organizativa. Las Juntas de Acción Comunal creadas en 1958, la ANUC de 1967, el CRIC de los años setenta, los consejos comunitarios afrocolombianos consolidados por la Ley 70 de 1993, las organizaciones de derechos humanos gestadas en los ochenta, las redes de lideresas y colectivos LGBT desarrolladas en las últimas dos décadas: todo eso es materia viva que el líder social hereda. Cuando el Acuerdo de La Habana reconoció a las comunidades organizadas como sujetos de implementación, no inventó nada; ratificó una capacidad organizativa que llevaba décadas gestándose desde abajo.
Por otro lado, una herencia de exterminio. La lógica que trata la capacidad organizativa como amenaza militar, la ecuación entre movilización social y extensión guerrillera, la estigmatización arbitraria como colaboradores del enemigo, la política sistemática de ataques contra civiles desarrollada por los mandos paramilitares y confirmada por la Corte Penal Internacional en 2012: todo eso es también materia viva. Los actores armados del posacuerdo no reinventaron el crimen selectivo; heredaron una gramática de exterminio que el país no había desmontado.
El Acuerdo de 2016 puso ambas herencias en tensión visible. Al reconocer al líder social como sujeto de la paz, lo volvió más necesario y más expuesto. Al retirar a las FARC-EP sin llenar el vacío con Estado, entregó a las comunidades a la disputa entre actores rearticulados. La violencia posacuerdo contra líderes sociales no es, entonces, una anomalía respecto de la paz firmada: es el modo específico en que la ausencia de una paz territorial completa se ha ejecutado sobre los cuerpos de quienes intentaban implementarla.
La palabra y lo que sostiene
"Líder social", como categoría, es una construcción tardía, ambigua y necesaria. Tardía porque llegó cuando el fenómeno organizativo llevaba un siglo produciendo cuadros. Ambigua porque cubre bajo un mismo término realidades tan distintas como un guardia indígena nasa, un firmante de sustitución en el Putumayo y una lideresa comunal del Catatumbo. Necesaria porque nombra, en un solo vocablo, aquello que en Colombia queda expuesto cuando el Estado no llega: la voluntad de una comunidad de organizarse para exigir derechos, y la vida concreta de quien pone el nombre y el cuerpo en esa exigencia.
La pregunta que la categoría deja abierta es institucional, no semántica. Colombia ha construido, en el papel, un aparato de protección extenso. Ha reconocido, en el Acuerdo de La Habana, a los líderes sociales como sujetos de la implementación de la paz. Sigue siendo, año tras año, el país donde más defensores de derechos humanos son asesinados en el mundo. Esa distancia entre el marco jurídico y la realidad territorial no es un problema técnico de coordinación entre entidades: es la manifestación de que la lógica contrainsurgente que trató durante décadas la organización social como enemigo interno no ha sido efectivamente desmontada, y de que el vacío territorial dejado por la salida de una guerrilla no fue seguido por la ocupación cívica del Estado.
Mientras esa doble condición persista —lógica de exterminio no desmontada, vacío territorial no ocupado—, la palabra "líder social" seguirá nombrando, en Colombia, tanto una tradición organizativa de largo aliento como una condición de amenaza continua. Los nombres se acumulan, los territorios se repiten, las cifras suben. La pieza jurídica que faltaría no es una ley más de protección individual, sino una decisión política sostenida de hacer del territorio, y no del cuerpo del líder, el objeto de la garantía.
En el archivo
1 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01Manuel Quintín Lame — precursor indígena del liderazgo territorial en el sur andino colombiano
- 02Francia Márquez — líder afrocolombiana defensora del territorio y Premio Goldman de Medio Ambiente, emblema del liderazgo social posacuerdo
- 03Juntas de Acción Comunal — primera estructura formal de liderazgo comunitario rural creada en 1958
- 04Guardia Indígena — figura colectiva de liderazgo indígena orientada por el cabildo para la defensa territorial
- 05Acuerdo de Paz de 2016 — marco que reconoció a los líderes sociales como sujetos indispensables de la implementación y agudizó su vulnerabilidad
- 06Paramilitarismo y grupos neoparamilitares — principal actor responsable de la violencia sistemática contra líderes sociales desde los años ochenta hasta el posacuerdo
- 07Cauca, Nariño, Chocó, Putumayo, Arauca y Tumaco — territorios con mayor concentración de asesinatos de líderes sociales en el posacuerdo
Personas
Lugares
Ideas
Documentos y fragmentos citados
49 documentos · 59 fragmentos
01Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 180, 2022 citas
[1]el primer lugar del mundo en asesinatos de defensores y defensoras de d erechos h umanos con el 53 % del total de casos. En todo el mundo, fueron asesinados 331 defensores, y de estos, 177 casos ocurrieron en Colombia (le siguen en su orden Filipinas con 25 y Honduras con 20), según el informe Análisis Global 2020,…
p. 202
[33]“Todo el que hubiera en el río, lo picamos”» 531. Las comunidades étnicas han pasado por la misma situación. Muchos han tenido que dejar su territorio ancestral, como contó un líder comunitario de Cocomopoca, de Lloró, Chocó: «Desde que pase un grupo armado o que pasen esas cosas, ya nosotros no podemos ir al monte…
p. 180
02Diez propuestas para el estudio de la historia reciente de Colombia con énfasis en el conflicto armadoFrancisco Acevedo, Mauricio Bello, Blanca Cepeda, Wencith Guzmán, Jacqueline Mendoza, Nixon Mora, Roque Moreno, William Peña, Jorge Ramírez, Maira Soto, María Cristina Téllez · 2022 · p. 2401 cita
[2]según la entidad, una reducción de 37,7 % en comparación al mismo periodo del año anterior. Por su parte, la Defensoría del Pueblo emitió recientemente una resolución en la que alerta de la peligrosidad de la zona dada la presencia de grupos armados ilegales y el “fortale- cimiento de las disidencias”. Además de los…
p. 240
03Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 4211 cita
[3]de El Tambo, Buenos Aires y López de Micay 984. Por su parte, el proyecto conjunto JEP-CEV-HRDAG, encontró que entre 2016 y 2019, tras la firma del Acuerdo de Paz entre el Gobierno nacional y las FARC-EP, aumentaron los asesinatos a líderes afrocolombianos, pasando de alrededor de 10 asesinatos en 2013 a alrededor de…
p. 421
04Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. AmazoníaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1681 cita
[4]sus- titución de cultivos, pactada en el Acuerdo, la resiembra llega solamente al 0.8%» 455 y, en los casos de erradicación forzada, la resiembra se incrementa al 50%, según cifras de Indepaz. Respecto a las víctimas del conflicto, la violencia en contra de líderes y lideresas que trabajaron en el propósito de la paz…
p. 168
05Detrás de la guerra en ColombiaAriel Ávila · 2019 · p. 3431 cita
[5]guerra. La desaparición forzada igualmente había caído, el secuestro estaba a punto de desaparecer; en fin los resultados eran evidentes. En el gráfico 50 se ve la evolución de los homicidios a nivel nacional. Nótese la reducción entre 2012 y 2017. Los datos de 2018 están hasta septiembre 30. Luego, en el gráfico 51…
p. 343
06Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1001 cita
[6]por lo menos, hasta 2016, con el 38 % de los registros 187. Grupos posdesmovilización o grupos herederos del paramilitarismo han sido señalados de atentar contra comunidades vulnerables y contra sectores que ejer- cen liderazgo social o defensa de los derechos humanos, como en el asesinato del médico tradicional…
p. 100
07Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Ensayo introductorioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 86, 892 citas
[7]sicarios que ni siquiera saben quién los contrató y el 30% son disidencias de las FARC, ELN, Clan del Golfo, etcétera.” La Vanguardia, «¿Quién está detrás de los asesinatos de líderes sociales?». 148 En ese periodo la Fiscalía abrió procesos investigativos a 302 casos de asesinato de liderazgos sociales. De ellos,…
p. 89
[12]paz se derrumba en Putumayo». La Silla Vacía. un nuevo ciclo de la guerra 87 La población civil ha quedado en medio de la disputa entre ambas disidencias. Al igual que en otras zonas del país, el asesinato a líderes ha sido sistemático; los inte- grantes de las juntas de acción comunal, al igual que las personas que…
p. 86
08Pueblos arrasados: Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión (relatores) · 2015 · p. 80, 1972 citas
[8]de líderes y lideresas La persecución, el desplazamiento y el asesinato de líderes po- líticos y comunitarios generaron un daño colectivo que se expresa en la desestructuración de las apuestas políticas, pero también de la capacidad organizativa de la comunidad. En la medida en que el terror se convirtió en el medio…
p. 197
[17]naciente movimiento se difundió y le permitió conquistar nuevos militantes. Surgió, de esta manera, un “frente amplio de convergencia democrática” que permitió a sec- tores tradicionalmente excluidos del sistema político incursionar en la democracia y vincularse a la actividad política legal (Cam- pos, 2008). En El…
p. 80
09Buenaventura: un puerto sin comunidadConstanza Millán Echeverría, Ludivia Serrato Martínez, Oscar Pérez, Clara Castro, Danelly Estupiñán, Adriel Ruiz · 2015 · p. 382, 4132 citas
[9]después de un acto simbólico con los niños y el de Jair Murillo se presentó durante la celebración de una fiesta patronal. Se han presentado casos, yo diría por lo que yo conozco que no han sido muchos, pero sí han sido muy significativos; por ejemplo, con el tema de Jair Murillo en el Lleras, esto generó una deses-…
p. 413
[40]territorio como espacio vital, visualizándolo y ubicándolo como una extensión, de carácter simbólico, del espacio rural (Espinoza, Adriana, 2011). 382 Buenaventura: un puerto sin comunidad No obstante, si bien se avanzó en el ejercicio de pensar la terri- torialidad desde lo urbano, los procesos de autonomía y de…
p. 382
10Tomas y ataques guerrilleros (1965-2013)Mario Aguilera Peña (coordinador); Alba Lucía Vargas Alfonso, Luisa Marulanda Gómez, Luis Fernando Sánchez (coautores) · 2016 · p. 4161 cita
[10]u oponerse a deter- minados grupos armados. Estos civiles incluyen defensores de los derechos humanos, funcionarios públicos, sindicalistas, pro- fesores y periodistas. Y agregó que: Los ataques cometidos contra la población civil no fueron ac- tos aislados ni espontáneos, sino que fueron cometidos conforme a una…
p. 416
11Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Valle y norte del CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1841 cita
[11]hechos de violencia sistemática buscan limitar la organización y participación política, impedir la garantía de los derechos humanos y entorpecer los procesos de implementación del acuerdo, restitución de tierras, defensa del medio ambiente y sustitución de cultivos de uso ilícito. Un dirigente indígena del norte del…
p. 184
12Guerras RecicladasMaría Teresa Ronderos · 2014 · p. 3451 cita
[13]hoy paga condena por narcotráfico en Estados Unidos. Muchos de sus subalternos crearon grupos armados neoparamilitares, con nombres cambiados, que no solamente siguieron en el narcotráfico sino persiguiendo líderes de los Consejos Comunitarios y de víctimas que se interponían en su camino. En junio de 2008, esas…
p. 345
13Tierras. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoAlejandro Reyes Posada · 2018 · p. 441 cita
[14]corte maoísta, la Liga Socialista o por muchos conocidos como la «Línea Morroa», y los llamados «independientes» con un espíritu de izquierda pero con claras intenciones de nego- ciación con el Estado. La violencia padecida por líderes campesinos en los seten- ta tuvo dos factores contribuyentes, según la…
p. 44
14Todo pasó frente a nuestros ojos. El genocidio de la Unión Patriótica 1984-2002Vladimir Melo Moreno (Relator); Andrés Fernando Suárez, Carmen Andrea Becerra (Correlatores); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2018 · p. 2431 cita
[15]con el manejo del conflicto social como problema de orden público. Durante buena parte del gobierno Turbay la fuerza pública tuvo facultades dadas por el Estatuto de Seguridad. Por contraste, durante el gobierno Betancur, el Ejecutivo impulsó una política que puso el énfasis en la negociación con las guerrillas y en…
p. 243
15Pueblos arrasados. Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2015 · p. 791 cita
[16]y el PC, a la UP se unieron liberales, conservadores, campe- sinos, estudiantes, organizaciones sindicales, sociales y populares y muchas otras personas sin adhesiones partidistas, que se sintieron identificados con su apuesta programática. Los esfuerzos políticos de este movimiento se volcaron sobre las regiones…
p. 79
16Memorias de una masacre olvidada. Los mineros de El Topacio, San Rafael (Antioquia), 1988Ana María Jaramillo, Juan Alberto Gómez · 2016 · p. 1131 cita
[18]al comunismo como el principal ene - migo interno y al cual le suscribían una relación orgánica con la insurgencia. En el caso de San Rafael, los líderes de la UP jugaron un papel protagónico en las protestas y en la defensa de los reclamos de los mineros afectados con los embalses de Playas y Jaguas, lo que res -…
p. 113
17Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 2482 citas
[19]viable a los partidos tradicionales Liberal y Conservador. Durante un breve período de tiempo, miles de colombianos militaron en el nuevo partido, y un número considerable de ellos vivía en los fortines de la guerrilla en Córdoba y Urabá. Una de las tragedias de la reciente historia de Colombia es que casi todos los…
p. 248
[20]viable a los partidos tradicionales Liberal y Conservador. Durante un breve período de tiempo, miles de colombianos militaron en el nuevo partido, y un número considerable de ellos vivía en los fortines de la guerrilla en Córdoba y Urabá. Una de las tragedias de la reciente historia de Colombia es que casi todos los…
p. 248
18El Estado suplantado. Las Autodefensas de Puerto BoyacáCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque · 2019 · p. 1892 citas
[21]lo que fuera UP, fuuu. Había que golpearlos. (CNMH, CV, Sepúlveda, 2016, 21 de junio) Exterminada o desterrada la dirigencia de la izquierda en Cimitarra, Puerto Boyacá y Puerto Berrío, el genocidio de la UP se coordina desde Puerto Boyacá hacia las zonas en los que ese partido adquirió alguna presencia y fuerza…
p. 189
[22]lo que fuera UP, fuuu. Había que golpearlos. (CNMH, CV, Sepúlveda, 2016, 21 de junio) Exterminada o desterrada la dirigencia de la izquierda en Cimitarra, Puerto Boyacá y Puerto Berrío, el genocidio de la UP se coordina desde Puerto Boyacá hacia las zonas en los que ese partido adquirió alguna presencia y fuerza…
p. 189
19Movimientos sociales, Estado y democracia en ColombiaMauricio Archila, Mauricio Pardo (Editores) · 2001 · p. 331 cita
[23]como las juntas de acción comunal, los sindicatos, las organizaciones campesinas, de viviendistas, étnicas, de gé- nero, ecológicas y de derechos humanos. Según cálculos de Rocío Londoño, para 1993 teníamos casi 4,500.000 colombianos vin- culados con esas asociaciones 37. Claro que estas cifras pueden ser engañosas,…
p. 33
20Sujetos victimizados y daños causados: Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoLina Rondón Daza, Liliana Cortés Gamba · 2018 · p. 1161 cita
[24]casos, aunque la orientación sexual y la identidad de género no se relacionan con el origen de la victimización, en el análisis de las consecuencias, sí se convierte en un vector definitorio de la experiencia, pues en medio de un contexto heteronormativo, la posibilidad de “inserción” en otro contexto social puede ser…
p. 116
21Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Frontera nororientalComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 541 cita
[25]19 de 1958. Las JAC fueron los primeros espacios formales de autogestión solidaria de las comunidades rurales. En Norte de Santander tuvieron especial relevancia y en particular en el Catatumbo, donde el Estado también había dejado en manos de las empresas petroleras la provisión de bienes y servicios para los…
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22Nuestra vida ha sido nuestra lucha. Resistencia y Memoria en el Cauca indígenaDaniel Ricardo Peñaranda Supelano (coordinador), Graciela Bolaños, Víctor Daniel Bonilla, Jorge Caballero Fula, Myriam Amparo Espinoza, Vianney Judith García, Jorge Hernández Lara, Pablo Tattay, Libia Tattay Bolaños · 2012 · p. 391 cita
[26]la comunidad tenía que desplazarse temporalmente a los sitios de asamblea permanente, con el control de la guardia. Ésta ayudaba también, a la movilización de los equipos de salud para atender a los heri- dos de la comunidad. La Guardia Indígena comenzó a consolidarse en la Zona Nor- te y rápidamente fue extendiéndose…
p. 39
23CRIC - posicionamiento territorial, cultural y político.htmlp. 11 cita
[27]la autonomía y a nuestra madre tierra. La esencia de la guardia indígena es la palabra de origen, basado en lo cultural, lo comunitario y territorial, de esta manera seguimos apostándole a la vida con justicia social. El compromiso es el conservar y fortalecer la autonomía de acuerdo a las orientaciones de los…
p. 1
24CRIC - posicionamiento territorial de la Guardia Indígena.htmlp. 11 cita
[28]proceso de resistencia de la guardia indígena seguirá movilizándose en minga hacia dentro y hacia afuera. La guardia indígena con respaldo de nuestras comunidades y autoridades ancestrales, exigimos a todos los grupos armados (Ejército de Liberación Nacional ELN, Comando Coordinador de Occidente CCO, Segunda…
p. 1
25Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander. Tomo II. Bloque Central Bolívar: violencia pública y resistencias no violentasAlberto Santos Peñuela (coordinador del informe y correlator), Luis Miguel Buitrago Roa, Juan Guillermo Jaramillo Acuña, Nicolás Otero González, Rodrigo Torrejano Jiménez · 2021 · p. 3201 cita
[29]los carros que estaban parqueados y escaparon en ellos hacia las afueras. 320 BLOQUE CENTRAL BOLÍVAR SUR DE BOLÍVAR BLOQUE CENTRAL BOLÍVAR SUR DE BOLÍVAR Ese mismo día llegó a Los Canelos una comitiva de líderes sociales prove- niente de Santa Rosa del Sur a manera de apoyo al padre José y a la comuni- dad. La…
p. 320
26Peacebuilding in Colombia: From the Lens of Community and PolicyJoan C. Lopez, Beth Fisher-Yoshida · 2024 · p. 1791 cita
[30]with learning how to do politics and to deal with differences – political, religious, philosophical, etc. – without the use of violence. This recommenda - tion calls to reject violence by all means possible. They claim, “to civil society organizations and social movements for peace, businessmen, and political par -…
p. 179
27El derecho a la justicia como garantía de no repetición. Volumen 1. Graves violaciones de derechos humanos: luchas sociales y cambios normativos e institucionales 1985-2012Centro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · p. 202 citas
[31]para ese entonces, no existían los instrumentos jurídicos actuales para incidir y de alguna manera poner algunos frenos al ejercicio abusivo del poder. El dis- curso de los derechos humanos, como teoría y como práctica, estaba apenas en ascenso, y el movimiento social se estaba empezando a articular alrededor de…
p. 20
[32]para ese entonces, no existían los instrumentos jurídicos actuales para incidir y de alguna manera poner algunos frenos al ejercicio abusivo del poder. El dis- curso de los derechos humanos, como teoría y como práctica, estaba apenas en ascenso, y el movimiento social se estaba empezando a articular alrededor de…
p. 20
28Raza y derechos humanos en Colombia: Informe sobre discriminación racial y derechos de la población afrocolombianaCésar Rodríguez Garavito, Tatiana Alfonso Sierra, Isabel Cavelier Adarve · 2009 · p. 3201 cita
[34]la región del Urabá chocoano sigue siendo una de las zonas más deprimidas en términos sociales y económicos, aún seis años después de haber sido expedida la política pública. 25 El bajo y medio Atrato, por su parte, es una de las zonas en donde el impulso de programas de desarrollo sostenible ha vulnerado los derechos…
p. 320
29Etnización de la negridad: La invención de las 'comunidades negras' como grupo étnico en ColombiaEduardo Restrepo · 2013 · p. 2531 cita
[35]‘revolución’ pacífica y dentro de los 252 E t n i z a c i ó n d e l a n e g r i d a d límites de la institucionalidad. Una ‘revolución’ que involucraba transformaciones radicales, sin duda; pero unas que operaban por fuera de las lógicas de la extrema derecha o izquierda, apostándole a las tendencias hacia la…
p. 253
30Historia de Colombia. Colombia Contemporánea IArturo Alape, Antonio Caballero, Gonzalo Hernández de Alba, Mauricio Archila, Germán Arciniegas, Enrique Sánchez y otros (obra colectiva) · 1988 · p. 1071 cita
[36]la usurpacién de las tierras de los resguardos, lo que le valié ser perseguido im- placablemente por sus enemigos. Eso le llevé a di- tigirse al Tolima, donde se puso al frente de los re- clamos por la recuperacién del gran resguardo in- digena de Ortega y Chaparra, que habia sido di- suelto por la presién de los…
p. 107
31Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · p. 3261 cita
[37]en los municipios de Piendamó, Cal- dono, Caloto y Morales. 327 Hfiífinfiídi nfic erstrí a cr rórfdónr La pujanza de estas nuevas labranzas guambianas rati- fica la convicción de que esta cultura es una de las más maleables de América. Además de las innovaciones que los guambianos han aceptado en su atuendo, en su…
p. 326
32Vivir sabroso. Luchas y movimientos afroatrateños en Bojayá, Chocó, ColombiaNatalia Quiceno Toro · p. 951 cita
[38]Bojayá, Chocó, Colombia Manejar la relación FOUSFSÎPTZQBSJFOUFTIBQFSNJUJEPRVF$PDPNBDJBTJHB SFTJTUJFOEP QFTFBMBTBNFOB[BTFJODVSTJPOFTEFOVFWPTBDUPSFTFOFMQBOPSBNB QPMÎUJDPMPDBM/FWBMEPBđSNBRVFMBFTUSBUFHJBEJTFÒBEBQBSBBSUJDVMBSFMUFSSJUPSJP DPMFDUJWPTFJOTQJSÓFOMBTGPSNBTEFSFMBDJÓOFOUSFQBSJFOUFTFOFM.FEJP"USBUP es decir,…
p. 95
33Memoria de la infamia. Desaparición forzada en el Magdalena MedioCentro Nacional de Memoria Histórica, Liz Yasmit Arévalo Naranjo, Andrés Prieto Ruiz · 2017 · p. 2941 cita
[39]capítulo 6) y los riesgos de seguridad para sus miembros. Quienes lamenta- blemente aún continúan experimentando amenazas, incluso ase- sinatos y coacciones para silenciar y destruir la resistencia civil en el Magdalena Medio, como se expone en el siguiente aparte. 5.5. Los impactos en las organizaciones El trabajo de…
p. 294
34Desplazamiento forzado en la Comuna 13: La huella invisible de la guerraLuz Amparo Sánchez, Marta Inés Villa, Pilar Riaño · 2011 · p. 1111 cita
[41]llevaban o qué y el tipo dizque no que lo soltaran, pues le dijo al otro así pasito. Quien sabe cuál era la orden, lo dejaron ahí y se fueron, ah, pero le preguntaron por mí, “¿su esposa donde está?” “ah, ella está trabajando por allá…” “dígale que la necesitamos, que venga que nosotros queremos hablar con ella” y él…
p. 111
35¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 260, 2692 citas
[42]objetivo militar. Entonces el rollo es que quiero que quede claro que el vínculo no era de quien necesariamente tenía que estar ahí, sino por el hecho de usted vivir en una vereda digamos declarada guerrillera entre comillas entonces eso ameritaba que usted era guerrillero o lo sindicaban de guerrillero y si usted…
p. 269
[45]juicios morales y políticos que nombran la responsabilidad del Estado en los actos de connivencia, omisión y par- ticipación de parte de sus agentes en hechos de violencia contra civiles: Porque hay muchísimas más historias pues de amigos que ma- taron de la injusticia que se dio, y fuera de acá uno empieza a entender…
p. 260
36Hacer la guerra y matar la política. Líderes políticos asesinados en Norte de SantanderCarlos Andrés Pallares Rincón · 2014 · p. 3051 cita
[43]Santander La situación de los defensores de derechos humanos continuó siendo crítica y se agravó en los últimos meses de 2002. La de- gradación del conflicto armado afectó especialmente a líderes comunitarios, sindicalistas, defensores de derechos humanos y miembros de organizaciones sociales, así como a servidores…
p. 305
37Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 3471 cita
[44]published a controversial report entitled The Authoritarian Jinx {El embrujo autoritario), documenting the deteriorating human rights situation, the growing impunity of the military, greater involvement of the civilian population in the internal armed conflict, and the exis- tence of an intimidation campaign against…
p. 347
38Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 6651 cita
[46]del Interior, adoptar las medidas nece - sarias para brindar garantías con enfoque diferencial para los líderes y lideresas, defensores y defensoras de derechos humanos, excombatientes, así como para la oposición política y social, sobre la base del diálogo y consenso con los diferentes sectores o grupos a través de…
p. 665
39Cuatro crisis que marcaron a Colombia: Memorias del fraude bancario de 1982, el apagón de 1992, la debacle financiera de 1999 y las negociaciones con el ELN en 2018Juan Camilo Restrepo · 2022 · p. 1761 cita
[47]que se encuentren en las cárceles colombianas. • El Gobierno se compromete con la pronta aplicación de la Ley 1820 de 2016 y el Decreto 277 de 2017 en cuanto se refiere a la despenalización de la protesta social y con poner en marcha un mecanismo de control para que no se obstaculice el flujo normal de víveres y…
p. 176
40El derecho a la justicia como garantía de no repetición. Volumen 2. Las víctimas y las antesalas de la justicia. Conclusiones y RecomendacionesCentro Nacional de Memoria Histórica · 2016 · p. 2502 citas
[48]de opinión además de ser numerosas, no eran reconocidas y no mostraban acciones correctivas que per- mitiera superarlas (ACNUDH, 2005). La misma entidad manifestó en 2005 su preocupación por la abundancia y la frecuencia de los casos de tortura o de tratos crueles, inhumanos o degradantes en el país, los cuales se…
p. 250
[49]de opinión además de ser numerosas, no eran reconocidas y no mostraban acciones correctivas que per- mitiera superarlas (ACNUDH, 2005). La misma entidad manifestó en 2005 su preocupación por la abundancia y la frecuencia de los casos de tortura o de tratos crueles, inhumanos o degradantes en el país, los cuales se…
p. 250
41Tierra y carbón en la vorágine del Gran Magdalena. Los casos de las parcelaciones de El Toco, El Platanal y Santa FeYamile Salinas Abdala, María Paula Hoyos, Ana María Cristancho · 2018 · p. 291 cita
[50]que se tradujo en la institucionaliza- ción del movimiento campesino bajo el lema “la tierra pa’l que la trabaja” (Archila, 2005, página 97). Con base en el Decreto 755 de 1967, el Ministerio de Agricultura realizó un “empadronamiento masivo de usuarios reales y potenciales de servicios agropecuarios estatales”…
p. 29
42The Agrarian Question and the Peasant Movement in Colombia: Struggles of the National Peasant Association, 1967-1981Leon Zamosc · 1986 · p. 2901 cita
[51]207- 8; agrarian reform central issue raised by, 66-9; archive on, 6, 228n; in areas of agrarian capitalism, 61, 91-3, 140-1, 143-5, 203, 204-7; in areas of coloniza- tion, 61, 93-4, 102, 106, 174, 179-80, 273 274 Index ANUC (cont.) 192, 204-7, 231n; in areas of latifundia, 61, 91-3, 107, 204-7, 231n; in areas of…
p. 290
43Historia doble de la Costa. Tomo 4: Retorno a la tierraOrlando Fals Borda · 2002 · p. 2411 cita
[52]actitudes nuevas —como tampoco sin la experiencia acumulada en tantas tomas espontáneas del pasado reciente en Sucre, Cór- doba y Bolívar—, la ANUC no habría podido contar con tantos cuadros campesinos como de repente aparecieron en los años 70, cuando se dio el grito de partida para el mayor esfuerzo organi- zado de…
p. 241
44Guerra propia, guerra ajena. Conflictos armados y reconstrucción identitaria en los Andes colombianos. El Movimiento Armado Quintín LameDaniel Ricardo Peñaranda Supelano · 2015 · p. 1391 cita
[53]un énfasis en la dotación de tierras a los arrendata - rios y aparce ros, y la profun dización de la reforma por medio de la organiza ción de los campe sinos. Esta última medida condujo a la creación de la Asocia ción Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC), que constituía una osada respuesta al ascenso de los movi…
p. 139
45La tierra en disputa. Memorias de despojo y resistencia campesina en la costa Caribe (1960-2010)Absalón Machado, Donny Meertens · 2010 · p. 2201 cita
[54]ciones con el Estado, se adhieren a la línea oficial, entonces incidió para acabar de aplastar a la organización. (Hombre/aAdulto/dirigente campesino/ Los Palmitos/ Sucre/septiembre de 2009). 139 Ibídem Grupo de Memoria Histórica de la cnrr 222 Otra de las razones de la división fue la búsqueda de coopta- ción de la…
p. 220
4625 años de luchas sociales en Colombia 1975-2000Mauricio Archila Neira, Álvaro Delgado G., Martha Cecilia García V., Esmeralda Prada M. · 2002 · p. 1421 cita
[55]y sustitución de cultivos; protestas en todo el territorio nacional que pactaron alivio a las deudas contraídas con la Caja Agraria y el Banco Cafetero; manifestaciones por el incumplimiento del Plan Cuatrienal de Reforma Agraria y del acuerdo social rural que incluía adición de recursos para este plan. En 1999,…
p. 142
47Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 5451 cita
[56]impulsadas, financiadas y operadas desde distintos centros de intereses, encaminadas en lo fundamental a crear generar contradicciones entre los movimientos populares y asegurar su lealtad al status quo de las relaciones económicas y políticas imperantes. A pesar de estas condiciones, en los ámbitos rurales y urbanos…
p. 545
48Tierras y conflictos rurales: Historia, políticas agrarias y protagonistasRocío Londoño (coord.), Carolina Castro, Álvaro Delgado, Jaime Landinez · 2016 · p. 5191 cita
[57]gremios del sector agropecuario 475 8 Organizaciones y movimientos agrarios Exceptuando los estudios sobre las luchas agrarias del primer ter- cio del siglo XX, y sobre el movimiento indígena dirigido por Quintín Lame, la mayoría de los estudios sobre los conflictos y los movimien- tos agrarios de la segunda mitad del…
p. 519
49Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · p. 452 citas
[58]el que actúo antes de las negociaciones de desmovilización iniciadas en el 2003. Como escribiera en una de sus columnas el periodista Da- niel Samper Pizano en relación al paro agrario de 2013: “En las últimas semanas ocurrieron dos hallazgos históricos: el país descubrió que tenía campesinos, y los campesinos…
p. 45
[59]el que actúo antes de las negociaciones de desmovilización iniciadas en el 2003. Como escribiera en una de sus columnas el periodista Da- niel Samper Pizano en relación al paro agrario de 2013: “En las últimas semanas ocurrieron dos hallazgos históricos: el país descubrió que tenía campesinos, y los campesinos…
p. 45