Bajo Atrato
“El Bajo Atrato condensa en su geografía anfibia la historia larga de Colombia: fue frontera colonial disputada desde 1508, escenario de rebeliones indígenas que sacudieron los distritos mineros del Chocó en el siglo XVII, y territorio donde las…”
En la esquina noroccidental de Colombia, donde el río Atrato se ensancha antes de morir en el golfo de Urabá, se extiende una subregión anfibia de selvas, ciénagas y manglares que conecta a Sudamérica con Centroamérica por el Tapón del Darién. El Bajo Atrato —los municipios chocoanos de Riosucio, Carmen del Darién, Unguía y Acandí— es a la vez frontera internacional, corredor migratorio, mosaico de territorios colectivos afrodescendientes e indígenas, y campo de batalla donde entre 1996 y 2020 se libraron algunas de las disputas más crudas del conflicto armado colombiano. Aquí la Ley 70 de 1993 reconoció la propiedad colectiva de las comunidades negras casi al mismo tiempo en que el Bloque Elmer Cárdenas de las Autodefensas empezó a vaciar las cuencas para sembrar palma africana; aquí la Corte Constitucional declaró al río Atrato sujeto de derechos; y aquí, desde Riosucio, sale hoy la mayor parte de los migrantes que cruzan la selva rumbo a Panamá. El Bajo Atrato no es un margen olvidado del país: es uno de los laboratorios donde se probó, con más violencia y menos testigos, qué significa realmente el pluralismo étnico-territorial colombiano.
La subregión: geografía de una bisagra continental
El Bajo Atrato ocupa el tramo final del río del mismo nombre, en el norte del departamento del Chocó, y limita al norte con Panamá a través de la Serranía del Darién. Es tierra baja y pantanosa: planicies aluviales interrumpidas por riscos y bahías pedregosas, tupidas selvas pluviales que reciben más de 7.000 milímetros de lluvia al año, y una red densa de ríos —Atrato, Cacarica, Salaquí, Truandó, Jiguamiandó, Curvaradó, Domingodó— que son a la vez despensa, camino y frontera móvil. Al oriente se abre el golfo de Urabá; al occidente, la costa Pacífica se despliega por más de 1.300 kilómetros hasta la línea con Ecuador. La condición fluvial lo define todo: no hay carreteras estructurantes, los potrillos y las lanchas suplen a los buses, y los caseríos se enhebran a lo largo de las orillas.
Esta geografía es también posición estratégica. El istmo del Darién, que arranca en el golfo de Urabá, es el único puente terrestre entre Suramérica y Centroamérica, y los cerca de cien kilómetros del Tapón —selváticos, pantanosos e intransitables desde que Vasco Núñez de Balboa lo cruzó en 1513— siguen siendo hoy tan hostiles como entonces. Las trochas conocidas, como la Paya-Tubún que une Sautatá con Paya, alternan con tramos marítimos en pequeñas embarcaciones y con la ruta fluvial del Cacarica, cuyo acceso principal es Riosucio, sobre el Atrato, cerca de la desembocadura del propio Cacarica. Por ahí salen hoy migrantes que atraviesan la selva sin agua durante días, encuentran restos humanos en el camino y, si sobreviven, quedan confinados en albergues panameños donde deben pedir permiso para moverse.
Esa función de bisagra viene de lejos. Por capitulación expedida en Burgos el 8 de junio de 1508, la Corona española repartió las tierras al oriente y al occidente del golfo entre Alonso de Ojeda —Gobernación de Urabá— y Diego de Nicuesa —Gobernación de Veragua—, y desde entonces el golfo funciona como una línea que separa y conecta. Todo lo que ha ocurrido después en el Bajo Atrato —minería colonial, esclavitud, extracción de caucho y tagua, palma africana, cocaína, migración— se explica en parte por esta condición de umbral entre dos mundos.
Los orígenes: minería colonial, rebeliones indígenas y poblamiento negro
La conquista del Chocó fue tardía y disputada. Los jesuitas llegaron al río San Juan hacia 1624 y, al cabo de unos treinta años, lograron cierta conversión entre los indígenas de la región; los franciscanos que intentaron establecerse en el Atrato fueron rechazados desde la década de 1640 y durante casi tres décadas más. En 1640, los indígenas rebeldes del Chocó no solo cerraron las minas: cruzaron la cordillera y saquearon e incendiaron los pueblos españoles de Anserma, Arma y Cartago. En 1684 estalló otra gran rebelión que sacudió ambos distritos mineros y, aunque las crónicas sitúan una supuesta pacificación dos años después, el sometimiento real fue mucho más lento y precario.
Poco antes de 1680 ya se documentaba la existencia de numerosas minas explotadas por habitantes de Antioquia con negros esclavos. En 1713, el oidor Aramburu fue comisionado para asentar poblamiento y establecer una Caja Real en el Chocó, y describió el estado lamentable de la provincia: parecía que allí no hubieran pisado españoles, a pesar de que hacía casi cuarenta años que se sacaba oro. Esa marca —extracción intensa sin Estado presente— quedó grabada en la subregión. La primera ola de colonización española en el Bajo Atrato, en lo que hoy es el municipio de Bojayá, montó puestos de control y tráfico de esclavos; Vigía del Fuerte fue fundado a finales del siglo XVIII precisamente como uno de esos enclaves.
Tras la abolición de la esclavitud, hacia mediados del siglo XIX, las comunidades negras del Atrato reorientaron su economía: caucho, tagua, raicilla, pieles de animales. En ese período se consolidó el patrón de asentamiento lineal a lo largo de los ríos, con casas palafíticas, cultivos de pancoger en las orillas y navegación como columna vertebral. Las comunidades negras del Medio Atrato se volvieron, además, redistribuidoras de manufacturas para los Emberá, mediatizando el contacto de estos con el mundo exterior. De ese entramado —negros ribereños, indígenas de las cabeceras, mestizos llegados después— salió la sociedad afroindígena que hoy define la subregión.
La irrupción del proyecto étnico-territorial: OCABA, el Medio Atrato y la Ley 70
La segunda mitad del siglo XX trajo, junto con las primeras oleadas de colonización antioqueña y la llegada de la extracción maderera industrial, una respuesta organizativa desde las propias comunidades. En 1982 nació la Organización Campesina del Bajo Atrato (OCABA), por iniciativa de ochenta campesinos y campesinas afrodescendientes y mestizos preocupados por la explotación irracional de los recursos naturales de la subregión. OCABA marca un punto de inflexión: la aparición pública de un sujeto colectivo que empezó a hablar en nombre del territorio.
Fue, sin embargo, en el curso medio del río Atrato donde se configuró en la segunda mitad de los años ochenta el proceso decisivo. Comunidades campesinas negras del Medio Atrato construyeron un movimiento organizativo que transitó del lenguaje campesino a un discurso de "comunidades negras" como grupo étnico con derechos territoriales y culturales. La identidad étnica no preexistía como categoría política consolidada: fue producida discursivamente en ese proceso y encontró su síntesis en el Artículo Transitorio 55 de la Constitución Política de 1991.
De ese artículo transitorio salió la Ley 70 de 1993, que reconoció el derecho a la propiedad colectiva de las comunidades negras que hubieran ocupado tierras baldías en las zonas rurales ribereñas de los ríos de la Cuenca del Pacífico, de acuerdo con sus prácticas tradicionales de producción. El Decreto 1745 de 1995 reglamentó los procedimientos de titulación colectiva y exigió que las comunidades constituyeran una autoridad administrativa propia: el consejo comunitario. A mediados de los años noventa, Colombia inició un proceso agresivo de titulación con apoyo internacional: el Banco Mundial y otras instituciones aportaron 65 millones de dólares al Programa de Manejo de Recursos Naturales, que benefició a 497 comunidades negras de la Costa Pacífica y tituló 2,36 millones de hectáreas de tierras colectivas.
En el Bajo Atrato, el INCORA tituló los territorios colectivos de Curvaradó (46.048 hectáreas) y Jiguamiandó (54.973 hectáreas), entre otros. El artículo 22 de la Ley 70 previó incluso la reubicación de comunidades cuando sus prácticas tradicionales no pudieran conciliarse con los usos permitidos en el Sistema de Parques Nacionales Naturales, cláusula que reveló desde el inicio la tensión estructural entre áreas protegidas y territorios colectivos: los mismos ríos y selvas eran, para el Estado, patrimonio ecológico a preservar y, para las comunidades, casa y despensa. La titulación colectiva, además, imponía obligaciones de protección ambiental que ningún propietario privado tenía que asumir.
El proyecto étnico-territorial llegó, entonces, con un instrumento jurídico potente y una arquitectura frágil. Y llegó, sobre todo, tarde: cuando la Ley 70 empezaba a materializarse en títulos concretos sobre el Bajo Atrato, ya estaban entrando los paramilitares.
El vaciamiento: 1996-1997, Operación Génesis y Operación Cacarica
Las FARC habían llegado al bajo y medio Atrato a finales de los años setenta, primero como zona de retaguardia y luego, a través del Frente 57, con trabajo político. En 1996 comenzó la penetración paramilitar: entraron por Bajirá y Riosucio con una ola de terror que se extendió hacia Murindó, Vigía del Fuerte y Bojayá. El grupo se llamó primero Los Guelengues, luego La Setenta y Grupo Chocó, bajo el mando de Carlos Alberto Ardila Hoyos; con el tiempo se convertiría en el Bloque Elmer Cárdenas (BEC), la estructura de las Autodefensas Unidas de Colombia que dominaría el Bajo Atrato y el Darién chocoano por casi una década.
El punto de quiebre llegó entre finales de febrero y comienzos de marzo de 1997. La Brigada XVII del Ejército Nacional, al mando del general Rito Alejo del Río, ejecutó entre el 24 y el 27 de febrero la Operación Génesis en el área de los ríos Salaquí y Truandó, con el objetivo declarado de capturar o destruir a integrantes del Frente 57 de las FARC. Simultáneamente, entre el 23 de febrero y el 5 de marzo, unos sesenta paramilitares de los frentes Chocó y Alex Hurtado de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá ejecutaron la Operación Cacarica, con el fin de expandirse hacia el Atrato medio y desalojar al mismo Frente 57. Las dos operaciones estuvieron coordinadas.
En el caserío Bijao, durante ese avance, los paramilitares ejecutaron a Marino López Mena, líder campesino al que acusaron de ser guerrillero y desmembraron con un machete. Su muerte se volvió el símbolo del Cacarica: una vida arrancada para inaugurar un régimen de terror. Del Río fue posteriormente condenado por nexos con el paramilitarismo. Los bombardeos y el avance conjunto militar-paramilitar produjeron un desplazamiento masivo: más de quince mil campesinos, según cifras que circularon en los años siguientes, dejaron sus tierras. Más de cuatro mil desplazados del Cacarica se refugiaron en Pavarandó, Mutatá y Turbo, donde fueron alojados en un gimnasio en condiciones extremas y sin servicios básicos.
Génesis y Cacarica no fueron episodios aislados: fueron la apertura de un ciclo. Entre 1997 y 2002, los desplazamientos se replicaron en Riosucio, Carmen del Darién y Vigía del Fuerte. Los territorios colectivos de Curvaradó y Jiguamiandó, recién titulados por el INCORA, quedaron vacíos. El instrumento jurídico que había reconocido la propiedad colectiva se convirtió, al mismo tiempo, en mapa del botín: las cuencas estaban delimitadas, las hectáreas contadas, los consejos comunitarios identificados. Todo lo que la Ley 70 hizo visible sirvió a los dos lados.
La economía del despojo: palma, madera y narcotráfico
Desde 1998 se introdujo la palma de aceite en el Bajo Atrato con el apoyo directo de agentes paramilitares. El epicentro fueron los territorios colectivos de Curvaradó, Jiguamiandó y Pedeguita y Mancilla. Vicente Castaño, alias El Profe, reconoció públicamente haber conseguido empresarios para invertir en cultivos de palma en Urabá como estrategia de expansión territorial: la premisa era que la llegada de inversores atraería después a las instituciones del Estado. Según datos del Incoder, hacia comienzos de los años dos mil existían dentro del territorio colectivo de Curvaradó 3.636 hectáreas de palma africana sembradas, además de otras 198 hectáreas en la cuenca del Jiguamiandó, para un total reportado de 4.183 hectáreas en los territorios colectivos afectados.
La palma no fue el único negocio. Entre 2002 y 2006, el Bloque Elmer Cárdenas ejerció control territorial asociado a la consolidación de proyectos económicos en territorios étnicos: explotación maderera, agronegocios de palma, banano y plátano, ganadería extensiva y concesiones mineras. Desde el año 2000, Maderas del Darién S.A. (Madarién), junto con otros actores, aportó al Bloque Elmer Cárdenas entre veinte y treinta millones de pesos y le permitió usar las frecuencias de sus antenas repetidoras. Las empresas madereras pagaban al bloque el equivalente al 5 % de la producción sobre madera fina y el 3 % sobre madera ordinaria a cambio de seguridad, según declaración del propio Fredy Rendón Herrera, alias El Alemán, en versión libre de junio de 2007.
A esto se sumó el narcotráfico. El Bajo Atrato y el Darién eran corredores privilegiados hacia el Caribe y hacia Centroamérica; sus ríos, sus trochas y su frontera porosa hacían de la subregión una ruta ideal para la cocaína, y el bloque articuló sus finanzas entre palma, madera y estupefacientes. El BEC impulsó también un proyecto político —"Por un Urabá Grande, Unido y en Paz"— que en Riosucio, Unguía y Acandí adoptó el nombre de "Proyecto Político en el Darién Chocoano", con alianzas con políticos locales y financiación de candidatos de elección popular.
La correspondencia geográfica entre la expansión de la palma aceitera en Colombia y las regiones con desplazamiento forzado —Urabá, Magdalena Medio, Meta— no fue coincidencia. En el Bajo Atrato, el monocultivo formó parte explícita del proyecto político y económico de las Autodefensas, articulando despojo territorial y agroindustria en una estrategia de expansión financiada en parte con rentas del narcotráfico. La Ley 70 había fijado el mapa; los paramilitares y sus socios pusieron encima otro mapa, superpuesto, hecho de palma y motosierras.
La resistencia civil: Comunidades de Paz, Zonas Humanitarias, Atratiando
Contra ese vaciamiento, las comunidades produjeron figuras nuevas. A partir de 1997, quienes empezaron a regresar a sus territorios se organizaron en experiencias de resistencia civil conocidas como Comunidades de Paz y Zonas Humanitarias, mediante las cuales declararon su neutralidad frente a todos los actores del conflicto, incluida la fuerza pública. Era una apuesta arriesgada: en un territorio disputado por guerrilla, paramilitares y ejército, declararse por fuera del conflicto significaba quedar expuesto a los tres.
En 1999, pobladores y autoridades civiles de Bojayá elaboraron una Declaración por la vida y por la paz, un manifiesto de autonomía cívica frente a las presiones de los actores armados en el que se exigía respeto al derecho a la vida y a la libre movilización. Era un documento austero y político, escrito desde la orilla del río por gente que sabía que estaba en la mira de todos.
En noviembre de 2003 se realizó la peregrinación fluvial "Atratiando: por un buen trato en el Atrato": quinientos kilómetros en seis días, desde Quibdó hasta la desembocadura del río en Turbo, con el fin de recuperar la movilidad comunitaria por el río, entonces asfixiada por retenes armados y minas. Participaron las organizaciones más representativas de la región —el Foro Interétnico Solidaridad Chocó (FISCH), Cocomacia, OREWA y la Asociación de Consejos Comunitarios y Organizaciones del Bajo Atrato (Ascoba)—, acompañadas por las diócesis de Quibdó y Apartadó y por la Defensoría del Pueblo. El Atrato es autopista y frontera; recuperarlo era, literalmente, recuperar el país que corre entre sus orillas.
La resistencia también tomó la forma menos épica del desplazamiento estratégico: las propias organizaciones campesinas reconocen que huir a tiempo, cuando no había espacio de diálogo ni posibilidad de confrontación directa, fue una forma de resistencia. En una subregión donde el Estado se comportó de manera depredadora, sin brindar la protección debida a la población marginal y excluida, la mera supervivencia colectiva —con memoria, con nombres y con retorno posterior— fue una victoria cultural.
La red: personas, cuencas, instituciones
Las trayectorias personales del Bajo Atrato se cruzan con nombres que trascienden la subregión. Marino López Mena es el mártir del Cacarica, cuya muerte en Bijao en 1997 sigue siendo referencia obligatoria. El general Rito Alejo del Río encarna la responsabilidad estatal en las operaciones de 1997. Fredy Rendón Herrera, alias El Alemán, comandante del Bloque Elmer Cárdenas, dejó en sus versiones libres de Justicia y Paz un registro detallado de las finanzas del bloque. Vicente Castaño, alias El Profe, formuló públicamente la estrategia de expansión mediante palma. Otros nombres del catálogo del conflicto colombiano —Rodrigo Tovar Pupo, alias Jorge 40, en el litoral Caribe; Gloria Cuartas, alcaldesa de Apartadó entre 1995 y 1997 y voz temprana de denuncia sobre Urabá; el jesuita Francisco de Roux, luego presidente de la Comisión de la Verdad— tejen la red institucional y política en la que se leyó la tragedia del Bajo Atrato desde afuera.
Del lado de las comunidades, la red es fluvial. Cada cuenca tiene su historia. Cacarica: retorno, Zonas Humanitarias, símbolo internacional. Curvaradó y Jiguamiandó: despojo por palma, litigios de restitución, dobles y triples titulaciones. Salaquí y Truandó: escenario de la Operación Génesis. Domingodó: entre el desplazamiento y el retorno. Y sobre todos ellos, el Atrato: el río padre, que baja desde el Alto Chocó, atraviesa Quibdó, recibe todos los afluentes y desemboca en el golfo de Urabá cargando la memoria entera.
Las instituciones eclesiales pesaron. Las diócesis de Quibdó y Apartadó, junto con la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz, acompañaron los procesos de retorno, denunciaron el despojo y volvieron sobre las cuencas cuando ya no había ni Estado ni prensa. La Defensoría del Pueblo, la Defensoría Regional de Urabá, algunos jueces y magistrados —los que instruyeron los procesos por Génesis y Cacarica— también dejaron huella.
La reconfiguración posdesmovilización: del BEC a las AGC
La desmovilización del Bloque Elmer Cárdenas, en el marco del proceso con las Autodefensas Unidas de Colombia, no cerró el ciclo: lo reconfiguró. Los Urabeños —también llamados Autodefensas Gaviristas de Colombia (AGC) o Clan del Golfo— heredaron rentas, rutas y alianzas políticas del BEC y, desde aproximadamente 2006, consolidaron una hegemonía en Urabá que se explica por su estructura organizacional piramidal, más cohesionada que la desplegada después en su expansión hacia otros territorios. Esa cohesión permitió relevos concertados de comandantes y minimizó las divisiones internas.
Los Urabeños ingresaron al Chocó desde el norte por el Bajo Atrato y el Darién, avanzando hacia la parte central del departamento. Entre 2010 y 2011 sometieron al grupo Renacer tras una serie de choques y ataques a sus jefes. En 2012 expandieron su control hasta el Bajo Baudó y el Litoral del San Juan. Los Rastrojos, que en 2011 eran el grupo posdesmovilización más poderoso del Chocó, quedaron debilitados tras intentar entrar en territorios de Los Urabeños y por la persecución estatal; para 2014, sus integrantes se debatían entre someterse a la justicia o dejarse cooptar.
El ciclo posdesmovilización puede periodizarse en tres fases: entre 2006 y 2011, fragmentación y competencia armada; entre 2012 y 2017, consolidación hegemónica de las AGC y acuerdos estratégicos con otros actores; entre 2017 y 2020, disputa entre AGC y Los Caparrapos, con presencia además de crimen transnacional mexicano. En el sur de Urabá-Chocó —Mutatá, Chigorodó, zona rural de Saiza, Córdoba— la Defensoría Regional de Urabá señaló en 2013 acuerdos entre Los Urabeños y el Frente 58 de las FARC en torno al narcotráfico.
Un dato ilustra la reconfiguración: entre 2006 y 2015, apenas el 6 % del total de víctimas letales por violencia paramilitar en Turbo y Apartadó (40 de 666 registradas entre 1975 y 2015) correspondieron al período posdesmovilización. No fue paz: fue otra economía de la violencia, más silenciosa, más eficiente, apoyada sobre el andamiaje territorial ya construido por el BEC. La ferretería de la guerra cambió; el orden extractivo, no.
El Atrato como sujeto de derechos y las tensiones del reconocimiento
En medio de la violencia y sobre ella, las comunidades del Atrato produjeron uno de los actos jurídicos más audaces de la historia reciente colombiana. La Corte Constitucional, en respuesta a una demanda que alegaba la violación de los derechos a la vida, la salud, la educación y la movilidad de los habitantes ribereños, reconoció al río Atrato como sujeto de derechos. La sentencia adoptó un enfoque ecocéntrico —en contraposición al antropocéntrico— que desplaza la centralidad del ser humano en la doctrina tradicional de los derechos y reconoce a entidades no humanas como titulares de protección.
El fallo abrió una fractura conceptual en el derecho colombiano. La idea de que el ser humano no está sobre la naturaleza sino dentro de ella, que las comunidades étnicas han vivido de ese modo, y que los ríos, las selvas y los ecosistemas tienen intereses jurídicamente reconocibles, desestabiliza los fundamentos epistémicos y ontológicos de la doctrina liberal de los derechos humanos. La perspectiva de las comunidades del Atrato entró así, por vía de la Corte, al razonamiento jurídico del Estado más allá del reconocimiento meramente formal del artículo transitorio 55.
Pero el reconocimiento convive con la ambigüedad. El comportamiento estatal en el Bajo Atrato ha sido descrito como depredador: no brindó la protección debida a la población marginal y excluida en los momentos críticos, y la distancia entre los derechos constitucionales y la realidad vivida sigue siendo enorme. La superposición de zonas de reserva forestal y parques nacionales sobre territorios colectivos impone obligaciones de protección ecológica a las comunidades que no se exigen a titulares de propiedad privada ordinaria, y en ciertos casos abre la puerta a su reubicación. El río es sujeto de derechos; sus habitantes, en la práctica, no siempre lo son.
La huella: qué queda, qué se disputa
El Bajo Atrato entró al siglo XXI con más figuras jurídicas y más muertos que en toda su historia previa. Los consejos comunitarios de Curvaradó y Jiguamiandó siguen litigando la restitución de tierras contra ocupantes de mala fe y palmicultores; Cacarica sostiene sus Zonas Humanitarias como experiencia viva; Ascoba, FISCH, Cocomacia y OREWA continúan siendo interlocutores fundamentales del gobierno regional y nacional. La sentencia del Atrato como sujeto de derechos es referencia global del constitucionalismo ecológico. La Comisión de la Verdad recogió testimonios de la subregión que hoy están en el archivo de esclarecimiento del conflicto.
Al mismo tiempo, Riosucio es la principal puerta colombiana del cruce migratorio hacia el Darién. Miles de personas —venezolanas, cubanas, haitianas, africanas, asiáticas— pasan cada semana por el Bajo Atrato en su ruta hacia el norte, moviendo una economía informal y a menudo violenta que los grupos armados controlan y gravan. Las AGC siguen presentes; el narcotráfico, también. La subregión que se llenó de motosierras se ha llenado ahora de mochilas y de niños perdidos en la selva.
Leer al Bajo Atrato es leer, en escala regional, la contradicción central del proyecto colombiano contemporáneo: reconocimiento pluriétnico y despojo simultáneo, derechos formales y violencia estructural, río sujeto de derechos y ribereños expuestos al abandono. La Ley 70 fue arma de resistencia y mapa del saqueo; el Estado fue litigante contra el paramilitarismo y también socio operativo suyo en Génesis y Cacarica; las comunidades fueron víctimas y también arquitectas de instrumentos jurídicos que hoy irradian hacia el resto del país. En las orillas del Atrato, todas esas cosas ocurrieron y ocurren a la vez.
Lo que el Bajo Atrato le enseña al país no es una lección de margen ni de exotismo tropical. Es la advertencia de que las categorías con las que Colombia se piensa desde el centro —Estado de derecho, propiedad, ciudadanía, frontera— se prueban de verdad en los lugares donde el poder llega tarde, mal o disfrazado. Y en esos lugares, quienes resisten no son víctimas ejemplares: son actores políticos que producen derecho, memoria y territorio contra la corriente. El río Atrato, sujeto ahora de sus propios derechos, arrastra esa historia hacia el mar cada día.
El territorio en el archivo
Dónde aparece y con qué se relaciona
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
42 documentos · 63 fragmentos01Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 122 citas
[1]de nuestras realidades. RICARDO ARANGO CAMILO CALDERÓN El territorio Colombia, país de encrucijada por Camilo Arturo Domínguez Ossa AAA SARA El territorio EPR Mel le E! A A E” / PEGallinas Carrizal uta > 4 DE CUAJNRA de Er; a RARA Golfa de 7 Y y e AS y Maicao O, a Venezuela a Marta p Ciénagd/SIERR, jo ES y | 1 ] | 7…
p. 12
[2]de nuestras realidades. RICARDO ARANGO CAMILO CALDERÓN El territorio Colombia, país de encrucijada por Camilo Arturo Domínguez Ossa AAA SARA El territorio EPR Mel le E! A A E” / PEGallinas Carrizal uta > 4 DE CUAJNRA de Er; a RARA Golfa de 7 Y y e AS y Maicao O, a Venezuela a Marta p Ciénagd/SIERR, jo ES y | 1 ] | 7…
p. 12
02Arqueología de Colombia: un texto introductorioGerardo Reichel-Dolmatoff · 2016 · p. 661 cita
[3]Golfo de Urabá y de la Serranía del Darién. Allí el paisaje es de pla- nicies aluviales pantanosas y de manglares interrumpidos a trechos por oscuros riscos y bahías pedregosas. Las tierras bajas de la costa Pacífica presentan un cuadro totalmente diferente de la costa Caribe. Tupidas y enmarañadas selvas pluviales se…
p. 66
03El desplazamiento en Colombia. Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez · 2005 · p. 56, 812 citas
[4]del ELN, las Farc y los grupos paramilitares, cuya presencia en este territorio tuvo el siguiente desarrollo. Hasta mediados del 70 en el departamento no existía presencia de ningún grupo armado, este era un territorio de paz en donde las comunidades negras e indígenas habían desarrollado métodos y nor- mas para la…
p. 81
[50]comu- nidades afrodescendientes del Bajo Atrato, y de las cuencas de Curvaradó y Jiguamiandó hacia Turbo, Pavarandó y Quibdó. De igual manera en las cabeceras municipales de Vigía del Fuerte y Bojayá. Desde esa fecha se dio por sentado que la guerrilla había sido expul- sada de la región del Bajo Atrato, no obstante…
p. 56
04El desplazamiento en Colombia: Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez (editoras) · 2005 · p. 56, 812 citas
[5]del ELN, las Farc y los grupos paramilitares, cuya presencia en este territorio tuvo el siguiente desarrollo. Hasta mediados del 70 en el departamento no existía presencia de ningún grupo armado, este era un territorio de paz en donde las comunidades negras e indígenas habían desarrollado métodos y nor- mas para la…
p. 81
[51]comu- nidades afrodescendientes del Bajo Atrato, y de las cuencas de Curvaradó y Jiguamiandó hacia Turbo, Pavarandó y Quibdó. De igual manera en las cabeceras municipales de Vigía del Fuerte y Bojayá. Desde esa fecha se dio por sentado que la guerrilla había sido expul- sada de la región del Bajo Atrato, no obstante…
p. 56
05Historia de Colombia. Descubrimiento y Conquista IGermán Arciniegas, Mauricio Obregón, Jorge Morales, Roberto Pineda Camacho, Javier Ocampo López, et al. · p. 801 cita
[6]fracasaría la colonia escocesa que dio su nombre al puerto. Tres semanas largas más tarde, el 25 de septiembre de 1513, cerca del golfo de San Miguel, Balboa divisó desde una altura el Mar del Sur, que más tarde se llamaría Pacífico. Estas tres semanas fueron realmente bien lar- gas, pues los cien kilómetros, más o…
p. 80
06Colombia amargaGermán Castro Caycedo · 2015 · p. 29, 932 citas
[7]año, algo más de 250 mil hectáreas de bosques. El resto de la historia no se ha escrito aún, pero ya comenzó con el empobrecimiento de unas tierras en las cuales, a medida que caen los árboles, comienza a avanzar la gangrena del desierto. Entonces los colonos, desterrados de los mejores suelos —sobre el lomo de las…
p. 29
[8]sus mayores depreciaciones y los campesinos del Chocó se comenzaron a cansar de oír promesas oficiales. El abandono se hace por tierra y por mar. Esta segunda vía es cubierta incontroladamente en pequeñas embarcaciones, a través de aguas picadas y peligrosas. Por tierra los caminos son múltiples, pero resulta más…
p. 93
07La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 248, 3992 citas
[9]su hija y matemos a su hija?”. Así que no me quedó de otra y me tocó seguir caminando. Y caminábamos y caminábamos, de seis de la mañana a seis de la tarde. Duramos dos días, sin agua, no encontrábamos un río, andábamos perdidas por esa selva. Yo lo que cogía era el rocío de las hojas y se lo daba a mi niña [llanto].…
p. 248
[31]hace dos años me diagnosticaron –mi psiquiatra– un trastorno disociativo atípico… cuando uno sufre –me lo explicó el psiquiatra– situaciones traumáticas, sobre todo de niño, uno crea como alter egos. Y, entonces, a veces se superan o se le olvidan a uno, pero otras veces persisten ahí y habitan con uno. Yo fui abusado…
p. 399
08Nueva Geopolítica de ColombiaJulio Londoño Londoño · 1965 · p. 741 cita
[10]del Perú y de Colombia, haciendo de ese estrechamiento un sitio de importancia fundamental para la navegación regio- nal de los tres países, una especie de llave para el dominio de la navegación de los ríos amazónicos. Y a causa de que la re- gión se va desarrollando día a día y la ciencia permite extraer más fácil y…
p. 74
09Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 901 cita
[11]volverían en décadas. En 1640, los indígenas rebeldes no solo cerraron las m inas chocoanas sino que cruzaron la cordillera y saquearon e incendiaron los pueblos españoles de A nserm a, A rm a y Cartago. Los jesuítas, q u ienes llegaron al San Juan hacia 1624, tuvieron algún éxito en convertir a los indios de la…
p. 90
10Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 3041 cita
[12]pero se contaba con lo s religiosos para proseguir la tarea de pacificación53. Al mismo tiempo que las expediciones salidas de Popayán fundaban un centro minero cuyo centró era Nóvita, los habitantes de Antioquia probaban fortuna también y fundaban una población sobre las márgenes del Atrato, al norte de la provincia.…
p. 304
11Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 2341 cita
[13]contactos permanentes con contra bandistas franceses, ingleses y holandeses. Desde otro punto de vista, el Chor ó caracteriza'muy bien, los esfuerzos de la administraci ó n espa ñ ola por integrar fiscalmente estas regiones fronterizas. Desde 1713 el oidor Aramburu hab í a sido comisionado para asentar un poblamiento…
p. 234
12Afrodescendant Resistance to Deracination in Colombia: Massacre at Bellavista-Bojayá-ChocóAurora Vergara-Figueroa · 2018 · p. 691 cita
[14]come to be the oldest settlements in the municipal- ity of Bojayá. Prior to the emergence of these towns, the Spanish had set up checkpoints and traffic of slaves. This is the case of Vigía del Fuerte founded in the late eighteenth century. One could say that the first wave of settlement takes place along the rivers…
p. 69
13Bojayá: La guerra sin límitesGrupo de Memoria Histórica, Martha Nubia Bello Albarracín, Pilar Riaño Alcalá, Gonzalo Sánchez G. · 2010 · p. 1421 cita
[15]tiempo, las comunidades negras se constituyeron en redistribuidoras de obje- tos manufacturados para los Embera, lo que mediatizó el contacto 156 El valor simbólico que las comunidades indígenas construyen sobre el terri- torio se devela en la nominación de lo que hoy son los municipios del Atrato. Por ejemplo, la…
p. 142
14La economía de los paramilitares: Redes de corrupción, negocios y políticaMauricio Romero Vidal (coordinador y editor), Ariel Fernando Ávila Martínez, Vilma Liliana Franco R., Ángela Olaya, Hernán Pedraza Saravia, Bernardo Pérez Salazar, Juan Diego Restrepo E., Diana Torres · 2011 · p. 205, 2082 citas
[16]colectivos y expidió el de Curvaradó, con un área de 46.048 hectáreas, y el de Jiguamiandó, con 54.973 hectáreas." 6. Artículo 1. Capítulo 1. Objeto y Definiciones. Ley 70 de 1993, por e! cual se desarrolla e! artículo transitorio 55 de la Constitución Política. Ver en Cartilla Consecutiva dela Jurisprudencia y Marco…
p. 208
[63]la razón para que esto suceda y cómo explicar el comportamiento depredador del Estado en esa región del país en el marco de un orden nacional formalmente democrático? Director del Observatorio del Conflicto Armado, Corporación Nuevo Arco Iris, y profesor dela Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales,…
p. 205
15La guerra vino de afuera. El Bloque Pacífico en el sur del Chocó: una herida que aún no cierraCentro Nacional de Memoria Histórica, Laura Bibiana Escobar García, Laura Catalina Tovar Bohórquez, Esteban de Jesús Caviedes Alfonso · 2022 · p. 571 cita
[17]de organizaciones sociales a través de los consejos comunitarios, para la protección y utilización sustentable de los recursos naturales (Grueso, 2000). Estos consejos comunitarios son las instancias de organización de los pobladores dentro de un área delimitada del terri- torio que han ocupado de acuerdo a sus…
p. 57
16Etnización de la negridad: La invención de las 'comunidades negras' como grupo étnico en ColombiaEduardo Restrepo · 2013 · p. 32, 2942 citas
[18]a las específicas sedimentaciones de la alteridad. Y esto no es un asunto únicamente del presente. Para poner un ejemplo, las disímiles maneras en que el racismo científico se materializa en debates y medidas eugenésicas en Argentina o Colombia se comprenden en relación con el lugar de la diferencia en las dos…
p. 294
[23]dediqué a profundizar en la historia de lo que sucedió en el medio Atrato en los años ochenta y principios de los noventa, donde se configura por vez primera el proceso de etnización de las comunidades negras. Tuve la posibilidad de juntar un equipo de trabajo en el marco de estudiar los efectos no intencionados de un…
p. 32
17The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 841 cita
[19]fully part of Colombians’ sense of their nation after 1991, when activists in the constitutional convention pushed for an article that then, in 1993, became Law 70, the “Law of the Black Communities,” extracted below. Law 70 established the possibility of collective land title for rural Afro-Colombian communities and…
p. 84
18Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 572, 5752 citas
[20]modo específico se reconoce el derecho a la propiedad colectiva para las poblaciones negras que habitan los ríos de la cuenca del Pacífico y además el derecho a una normatividad especial que permita el desarrollo de su propia cultura. El discurso inaugurado en el medio Atrato en la mitad de los ochenta encuentra su…
p. 575
[22]se llenan de largas redes de nylon, en los bosques la motosierra aterra con su ruido y los motores fuera de borda rápido conectan los mercados (Villa 1989, 1995, 1996). Las formas solidarias de trabajo se van llenando de fisuras y una nueva normatividad regula las relaciones. Todo parece haberse desbordado y ante ello…
p. 572
19Raza y derechos humanos en Colombia: Informe sobre discriminación racial y derechos de la población afrocolombianaCésar Rodríguez Garavito, Tatiana Alfonso Sierra, Isabel Cavelier Adarve · 2009 · p. 116, 3202 citas
[21]55 de la Constitución Política de 1991 y, posterior- mente, fue desarrollado en la Ley 70 de 1993. Esta última fue reglamentada por el Decreto 1745 de 1995, en lo relativo a los requisitos y procedimientos para la titulación colectiva de los territorios ancestrales en la cuenca del Pacífico y en otras regiones del…
p. 116
[40]la región del Urabá chocoano sigue siendo una de las zonas más deprimidas en términos sociales y económicos, aún seis años después de haber sido expedida la política pública. 25 El bajo y medio Atrato, por su parte, es una de las zonas en donde el impulso de programas de desarrollo sostenible ha vulnerado los derechos…
p. 320
20Becoming Black Political Subjects: Movements and Ethno-Racial Rights in Colombia and BrazilTianna S. Paschel · 2016 · p. 203, 2062 citas
[24]law.” The only silver lining has been Colombia’s record on land titling of black rural communities, which is impressive, especially when you compare it to Brazil, where efforts to recognize collective titles have largely been crip- pled. In the mid-1990s, Colombia began to aggressively title indigenous and black…
p. 203
[27](interview, Nicolasa Machado, March 2009). Throughout Colombia, the struggle for collective land titles for black com- munities conflicted directly with the interests of local and transnational capital. As a result, leaders often confronted state actors who were not sim- ply inefficient, but rather, who had many…
p. 206
21Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo ILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · 2022 · p. 1121 cita
[25]los convites e intercambios de trabajo, conocidos como mano cambiada, el trabajo colectivo de mujeres, la con- formación de brigadas para promover el derecho a la salud y la recreación y las juntas de padres de familia. Todo ese proceso comunitario tenía como objetivo organizar actividades para beneficio, integración,…
p. 112
22Movimientos sociales, Estado y democracia en ColombiaMauricio Archila, Mauricio Pardo (Editores) · 2001 · p. 2571 cita
[26]se habían apartado del intento de crear una coordinación nacional del movimiento ne- gro, reticentes a ceder autonomía a grupos de activistas de sede urbana pero carentes de representatividad en el seno de las or- ganizaciones de base. En torno al movimiento negro en Colombia i 337 ] La Ley 70 contiene 8 capítulos y…
p. 257
23Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUC. Región Caribe, Departamento de Antioquia, Departamento de ChocóÁlvaro Villarraga Sarmiento, Alberto Santos Peñuela, Priscila Zúñiga Jiménez, Margarita Jaimes Velásquez, Lukas Rodríguez Lizcano, Gisela Andrea Aguirre García, Camilo Villamizar Hernández · 2014 · p. 110, 1392 citas
[28]de estos grupos (García, 2011, páginas 163-166), que jamás fueron titulados y habían sido adquiridos por la fuerza. Los Tan - gueros se sometieron a la justicia amparados en los decretos 2047 y 3030 de 1990 (Fiscalía, 2013a). A mediados de los años noventa los Castaño se reorganizan en las ACCU (Autodefensas…
p. 139
[59]de datos del Observatorio DDHH – DIH. Presidencia de la República La subregión del Occidente configura un área importante de concentración de laboratorios. Esta zona presenta niveles más bajos de violencia que la zona 1, a pesar del control y fuerte pre - sión sobre la población. Los municipios de la subregión que li…
p. 110
24Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. PacíficoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 114, 1202 citas
[29]Álvaro Prada y Omar Ruiz, militantes de la UP, fueron asesinados por paramilitares en el parque principal de la cabecera municipal de Unguía, a escasos metros de la estación de policía. Centro Nacional de Memoria Histórica, «Una masacre selectiva en Ungía». 372 «Sentencia Restitución de Derechos Territoriales Acta…
p. 114
[47]20 de julio de 2013. 420 Corte Constitucional, Sentencia SU394/16, 28 de julio de 2016. 421 Según informes del Incoder, en el año 2000 existían dentro del territorio colectivo de Curvaradó 3.636 hectáreas de cultivos de palma africana, mientras que en el área correspondiente a la cuenca del Jiguamiandó, la extensión…
p. 120
25Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 1841 cita
[30]aproximadamente el 11 por ciento de la población víctima de desplazamiento registrada en el RUV en estos años. A partir de 1997, la disputa territorial por el control de esta estratégica región continuó la tendencia evidenciada en los periodos anteriores y las distintas formas de violencia siguieron afectando…
p. 184
26Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 279, 3102 citas
[32]el 24 y el 27 de febrero y la Operación Cacarica, entre el 23 de febrero y el 5 de marzo. La primera fue perpetrada por la Décim o Séptima Brigada del Ejército, y dejó como resultado más de 15.000 campesinos desplazados luego de que sus tierras fueran bombardeadas. Adicionalmente, también ejecutaron a Marino López…
p. 279
[52]se recuperaría, en parte, la precaria economía de los asentamientos ribereños. En 2003, las comunidades, sus organizaciones más representativas como el Foro Interétnico Solidarida d Chocó (FISCH), el Consejo Comunitario Mayor de la Asociación Campesina Integral del Atrato (C ocomacia), la Asociación de Cabildos,…
p. 310
27Alvaro Uribe Velez El Narcotraficante # 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 164, 1772 citas
[33]de crímenes, desapariciones forzadas, torturas y el desplazamiento de miles de familias campesinas. En 1985 este general, siendo teniente coronel, colaboró con los escuadrones de la muerte del Magdalena Medio, brindándoles protección y apoyo logístico, también participo desde Medellín en el desplazamiento de un…
p. 177
[41]narcoparamilitar Freddy Rendón Herrera, alias 'el alemán' afirmo: «…necesitamos una gran revolución agraria que nos involucre». Por su parte la revista semana en una de sus entrevistas al temido cabecilla Vicente Castaño, alias 'el profe' —prófugo de la justicia y quien se pasea como Pedro por su casa en toda la Costa…
p. 164
28Álvaro Uribe Vélez: El Narcotraficante Nº 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 164, 1772 citas
[34]de crímenes, desapariciones forzadas, torturas y el desplazamiento de miles de familias campesinas. En 1985 este general, siendo teniente coronel, colaboró con los escuadrones de la muerte del Magdalena Medio, brindándoles protección y apoyo logístico, también participo desde Medellín en el desplazamiento de un…
p. 177
[42]narcoparamilitar Freddy Rendón Herrera, alias 'el alemán' afirmo: «…necesitamos una gran revolución agraria que nos involucre». Por su parte la revista semana en una de sus entrevistas al temido cabecilla Vicente Castaño, alias 'el profe' —prófugo de la justicia y quien se pasea como Pedro por su casa en toda la Costa…
p. 164
29Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Antioquia, sur de Córdoba y Bajo Atrato chocoanoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1311 cita
[35]coordinación opera- tiva de estructuras paramilitares de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá 347 Entrevista 077-VI-00002. Hombre, víctima, Consejo Comunitario, región del Urabá antioqueño. 348 Informe 119-CI-00686, Comisión Intereclesial de Justicia y Paz et al, «Van por nuestras tierras a sangre y fuego».…
p. 131
30Gobernar en medio de la violencia. Estado y paramilitarismo en ColombiaJacobo Grajales · 2017 · p. 120, 1272 citas
[36]a las FARC de las riberas del río Atrato. Su principal resultado fue generar el desplazamiento de más de 4000 personas. Los refugiados tuvieron que instalarse en condiciones extremadamente duras, en lugares desprovistos de servicios básicos. Los que permanecieron en la región fueron reunidos en las poblaciones de…
p. 127
[37]de un caserío situado al borde del río Curbaradó, en la espesa selva del Darién. Los paramilitares estaban acompañados por dos guerrilleros que los pobladores conocían bien; eran desertores y habían cambiado de bando. Los habitantes fueron reunidos por la fuerza, con el fi n de que asistieran al asesinato de cinco…
p. 120
31Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 6741 cita
[38]años noventa dejaron un país convulsionado por la crudeza de la guerra. En las zonas donde el paramilitarismo fue ganando el pulso, los territorios fueron vaciados con desplazamientos masivos, como ocurrió en la frontera con Panamá, y el Caribe en las regiones de Urabá, Montes de María y los departamentos de Cesar y…
p. 674
32Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 76, 3682 citas
[39]rentas de la economía del narco- tráfico 90. Entre 2002 y 2006, el control territorial ejercido por el Bloque Elmer Cárdenas de las AUC estuvo asociado a la consolidación de diferentes proyectos económicos en territorios étnicos, como la explotación maderera; agronegocios de palma, banano y plátano, y ganadería…
p. 76
[44]Superior de Medellín, las empresas madereras cancelaron a los paramilitares el equivalente del 5% de producción sobre la madera fina y el 3% sobre madera ordinaria, a cambio de seguridad, una información que aportó el propio Fredy Rendón Herrera durante una de sus versiones libres en junio de 2007 820. 817 Informe…
p. 368
33Carne es guerra. Veganismo y conflicto armado en ColombiaColectiva Dostristestigres, La Calderita Vegana · 2021 · p. 141 cita
[43]palma africana es un cultivo de rendimiento tardío porque, a pesar de que es permanente, sólo empieza a ge - nerar frutos a partir del tercer o cuarto año. La extrac - ción del aceite debe realizarse máximo en las primeras 12 horas después de que el fruto ha sido recolectado, lo que exige la ubicación de una planta de…
p. 14
34Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo IILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · p. 231, 2872 citas
[45]estaba en los potreros. Y ahí se hizo mucho alambrado y mucho… con civiles, pa’ meter todo el ganado ahí. Ahí se recuperaron aproximadamente como 5.000 reses, y todas esas… la mayor parte de ese ganado la compró Alemán. (...) Y les pagaba la mitad de los animales. Pues de lo que eran gallinas, marranos, esas cosas.…
p. 231
[54]va… uno analiza de qué puede tomar 288 ESTRATEGIAS DE GUERRA Y TRASFONDOS DEL PARAMILITARISMO EN EL URABÁ ANTIOQUEÑO, SUR DE CÓRDOBA, BAJO ATRATO Y DARIÉN riesgos, pues le toca a uno retirarse con… cuando ha habido oportunidad de diálogo, como cuando no, nosotros hemos salido sin hablar con nadie y nos vamos quitando,…
p. 287
35Grupos Armados Posdesmovilización (2006 - 2015). Trayectorias, rupturas y continuidadesTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera Ramírez, Carlos Andrés Hoyos, Javier Benavides Torres, Jefferson Corredor Uyaban, Mateo Morales · 2016 · p. 148, 2792 citas
[46]capital social y político (Bejarano, Jesús y otros, 1997). En estas regiones fue claro que uno de los resultados de la ofensiva nacio- nal de las AUC, en medio de los diálogos del Caguán y luego de la Seguridad Democrática, fue la de crear condiciones para la colo- nización empresarial y la consolidación de la…
p. 148
[57]Turbo y Apartadó, que fueron los municipios más golpeados durante la expansión de las AUC. De acuerdo a las cifras, en ambos casos, el período posterior a la desmovilización apenas concentra el 6 por ciento del total de víctimas por esta modalidad de violencia (40 víctimas desde 2006 de un total de 666 fatalidades…
p. 279
36La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo ICentro Nacional de Memoria Histórica, Lukas Rodríguez Lizcano · 2022 · p. 4391 cita
[48]Intereclesial de Justicia y Paz (2007), sus efectos nocivos se inscriben a partir de dos factores: el despojo territorial y la destrucción de ecosistemas. Desde el punto de vista de los derechos humanos, las empresas cultivadoras de palma llegan a los territorios ancestrales de comunidades nativas, des- pojando a…
p. 439
37Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1381 cita
[49]el mapa 9 se pueden apreciar, por ejemplo, los municipios que presentan expansión de cultivos de palma en el periodo 2001-2013, en relación con los que registran fenómenos de desplazamiento forzado entre 2001 y 2004. Se evidencia allí una correspondencia en algunas regiones del Urabá, el Magdalena Medio o el Meta. La…
p. 138
38Regiones y conflicto armado. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoClara Inés García · 2018 · p. 2151 cita
[53]modelos de explotación y ocupación territorial (específicamente los de la palma aceitera asociados a paras y testaferros). 1997 en ade- lante Comunidad de paz - zonas huma- nitarias A su regreso estas se organizaron en experiencias de resistencia civil conocidas como las Comuni- dades de Paz y las Zonas Humanitarias,…
p. 215
39Desmovilización y reintegración paramilitar. Panorama posacuerdos con las AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 3422 citas
[55]la costa Pacífica. Renacer lo hizo por el Medio Atrato y hacia Quibdó. Y Los Urabeños desde el norte por Bajo Atrato y El Darién hacia la parte central. Entre choques y ataque a sus jefes, entre 2010 y 2011 Los Urabeños sometieron a Renacer, a la vez que ingresaron en 2012 hasta el Bajo Baudó y el Litoral del San…
p. 342
[56]la costa Pacífica. Renacer lo hizo por el Medio Atrato y hacia Quibdó. Y Los Urabeños desde el norte por Bajo Atrato y El Darién hacia la parte central. Entre choques y ataque a sus jefes, entre 2010 y 2011 Los Urabeños sometieron a Renacer, a la vez que ingresaron en 2012 hasta el Bajo Baudó y el Litoral del San…
p. 342
40El Bloque Mineros de las AUC. Violencia contrainsurgente, economías criminales y depredación sexualJuan Esteban Jaramillo Giraldo, José Manuel Hernández, Dairo Correa Gutiérrez · 2022 · p. 3791 cita
[58]territorial se defina, primordialmente, por los intereses de actores ilegales, que han logrado esta- blecer acuerdos con actores que se sitúan políticamente en la legalidad y eco- nómicamente entre la formalidad y la informalidad, como pasaremos a ver. El análisis del proceso de reconfiguración del conflicto armado,…
p. 379
41Violence and Resistance, Art and Politics in ColombiaStephen Zepke, Nicolás Alvarado Castillo · 2023 · p. 1871 cita
[60]of social work and community empowerment in the region, and claimed that the constitutional rights to life, health, education, and mobility of the inhabitants of the Atrato riverbanks were being violated by the unsustain - able state of affairs judiciously described in the claim. The argumentation of the Court’s…
p. 187
42Estado crítico de la propiedad en ColombiaDelgado Castaño, P. · 2018 · p. 212 citas
[61]través no solo del desplazamiento de los pueblos tradicionales hacia zonas con escasas posibilidades de cultivo y acceso al agua, sino también con la creación de zonas de reserva forestal y parques nacionales que se traslapan con las zonas de resguardo y territorios colectivos. Esto impone a las comunidades…
p. 21
[62]través no solo del desplazamiento de los pueblos tradicionales hacia zonas con escasas posibilidades de cultivo y acceso al agua, sino también con la creación de zonas de reserva forestal y parques nacionales que se traslapan con las zonas de resguardo y territorios colectivos. Esto impone a las comunidades…
p. 21