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Idea transversal

Despojo territorial

El despojo territorial es el proceso intencional mediante el cual individuos, grupos armados, empresas o agentes del Estado privan a campesinos, indígenas y comunidades afrodescendientes de sus tierras y derechos sobre ellas, recurriendo a la violencia directa, a la manipulación de figuras jurídicas o a la combinación de ambas. Es el mecanismo central por el que se ha reproducido, desde el siglo XVI hasta el presente, una estructura agraria profundamente desigual en Colombia.

3.696 palabras55 documentos74 fragmentos citados
Despojo territorial

Trayectoria de una idea

  1. 1500

    Raíces coloniales: encomienda y política del hecho cumplido

  2. 1861

    Desamortización y legislación de baldíos

  3. 1936

    Ley 200: reforma capturada

  4. 1948

    La Violencia: primer despojo masivo moderno

  5. 1961

    Ley 135 y el INCORA: reforma sin redistribución

  6. 1980

    Narcotráfico y paramilitarismo: despojo sofisticado

  7. 1998

    Pico del despojo: 1998-2008

  8. 2003

    Caso Magdalena: revocaciones masivas del INCORA

  9. 2011

    Ley 1448: reconocimiento formal del despojo

03

La lectura

El despojo territorial en Colombia no es un episodio ni una anomalía histórica, sino el mecanismo estructural por el que se ha reproducido durante cinco siglos una de las distribuciones de la tierra más desiguales del mundo. Sus modalidades han evolucionado desde la encomienda colonial y la política del hecho cumplido hasta el despojo sofisticado de las AUC, que combinó masacres, fraudes notariales y proyectos agroindustriales con una precisión que ningún actor anterior había alcanzado. La cadena analítica del despojo —violencia, desplazamiento, abandono, apropiación— revela que sus efectos no se limitan a la pérdida material de la tierra: disuelven los lazos comunitarios, transforman espacios de vida colectiva en escenarios del horror y producen una exclusión que se hereda generacionalmente. Cada reforma agraria del siglo XX —la Ley 200 de 1936, la Ley 135 de 1961— fue absorbida o neutralizada por las mismas redes de poder que el despojo sostiene, confirmando que la concentración de la tierra no es una falla del sistema sino su resultado. Solo con la Ley 1448 de 2011 el Estado colombiano reconoció formalmente el despojo como hecho victimizante autónomo, abriendo —sin garantizar— la posibilidad de revertir, al menos parcialmente, sus efectos.

Despojo territorial en Colombia

En Colombia, el despojo territorial designa el proceso intencional mediante el cual individuos, grupos armados, empresas o agentes del Estado privan a campesinos, indígenas y comunidades afrodescendientes de sus tierras, territorios y derechos sobre ellos, recurriendo a la violencia directa, a la manipulación de figuras jurídicas o a la combinación de ambas. No es un episodio ni una anomalía: es el mecanismo central por el que se ha reproducido, desde el siglo XVI hasta el presente, una estructura agraria profundamente desigual que concentra la tierra en pocas manos y expulsa a la mayoría de sus poseedores originales. Cada ciclo de violencia colombiana —la Conquista, las guerras civiles del siglo XIX, La Violencia de mediados del XX, el conflicto armado contemporáneo— ha reconfigurado ese mecanismo sin desmontarlo; y cada reforma declarada para revertirlo ha terminado absorbida o neutralizada por las mismas redes de poder que el despojo sostiene y reproduce.

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La distinción que importa: abandono, desplazamiento y despojo

Antes de rastrear su historia, conviene fijar el concepto con precisión, porque la confusión terminológica ha tenido consecuencias jurídicas y políticas reales. El abandono alude a la privación temporal o permanente de bienes o derechos, voluntaria o involuntaria, y está directamente ligado al desplazamiento forzado: quien huye de la violencia abandona su predio, pero ese acto no implica por sí solo que alguien se lo haya apropiado. El despojo, en cambio, requiere intención manifiesta de robo, expropiación o enajenación: alguien quiere esa tierra y actúa para obtenerla. La distinción no es académica. Durante décadas, la institucionalidad penal colombiana registró el desplazamiento pero no el despojo, porque exigía que la tierra hubiera pasado por un proceso de comercialización o traspaso para considerarlo como tal. Solo el 1 de enero de 2012, con la entrada en vigor de la Ley 1448 de 2011 —la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras—, el despojo fue reconocido formalmente como hecho victimizante autónomo.

Las modalidades del despojo se agrupan en dos grandes familias. La coercitiva opera sin figuras jurídicas: amenazas directas e indirectas, asesinatos selectivos, masacres ejemplarizantes, quema de cultivos y destrucción de infraestructura productiva que hacen insostenible la permanencia en el territorio. La jurídica usa instrumentos legales de manera ilegal o fraudulenta —escrituras notariales falsas, sentencias de pertenencia obtenidas con testigos comprados, revocaciones administrativas de adjudicaciones— con o sin coerción paralela. En la práctica, ambas modalidades se articulan: la violencia vacía el territorio y la maniobra jurídica consolida la apropiación. El despojo tiene además una dimensión simbólica y cultural que las cifras no capturan: transforma espacios de vida colectiva, memoria y reproducción social en escenarios del horror, disolviendo los lazos que hacen habitable un lugar.

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Raíces coloniales: la política del hecho cumplido

La concentración de la tierra en Colombia no comenzó con los paramilitares ni con el narcotráfico: tiene cinco siglos de historia. Durante el período colonial, la encomienda fue el primer instrumento de despojo sistemático. A través del tributo en especie y la provisión de indios de servicio, los encomenderos usufructuaron tierras indígenas y acumularon propiedades mediante ocupaciones de hecho, con o sin títulos formales. La disminución catastrófica de la población indígena —producto de epidemias, trabajo forzado y violencia— liberó tierras que, al quedar vacías, fueron objeto de nuevas mercedes y apropiación española, acelerando la ocupación del territorio.

El despojo de los resguardos siguió un patrón preciso: primero se concentraron varios resguardos en uno solo, generalmente en tierras de menor calidad y distantes de los centros poblados; luego esa concentración facilitó la desintegración de las comunidades y la formación de una masa de campesinos desposeídos que se incorporaron como peones, aparceros y arrendatarios en las haciendas de los nuevos propietarios. En los litigios entre colonizadores e indígenas se consolidó la política del hecho cumplido: los blancos ocupaban de facto las tierras en disputa mientras duraban los procesos judiciales, favoreciendo al usurpador con el usufructo prolongado del terreno en litigio. Cuando el juicio terminaba —años o décadas después—, la ocupación era un hecho difícilmente reversible.

No todas las comunidades cedieron sin resistencia. En las provincias sureñas de Popayán y Pasto, el aislamiento geográfico —cañones, ríos, barreras cordilleranas— ofreció una tregua parcial. Los paeces del alto Cauca recurrieron a protestas violentas, dilaciones legales y resistencia pasiva para conservar sus tierras comunitarias, aliándose en algunos momentos con líderes liberales regionales. Esa resistencia no detuvo la presión, pero la moduló: la geografía y la agencia local produjeron resultados distintos a los de las tierras planas y accesibles del Caribe o el interior andino.

La República heredó esa estructura sin cuestionarla. La desamortización de bienes de manos muertas, decretada por Tomás Cipriano de Mosquera el 9 de septiembre de 1861, adjudicó a la Nación las propiedades de corporaciones civiles y eclesiásticas, pero no redistribuyó la tierra entre los campesinos: transfirió riqueza entre élites. La suma de hectáreas que los particulares apropiaron mediante los sistemas de adquisición de baldíos durante el siglo XIX fue muchas veces superior a la cantidad de tierra que pasó de corporaciones religiosas a manos privadas entre 1861 y 1877, aunque este hecho ha despertado menos interés que la desamortización misma. El Código Fiscal de 1873 y la legislación sobre baldíos que lo siguió mantuvieron el legado colonial: el Estado estimuló y consintió una estructura bimodal que institucionalizó la desigualdad y la exclusión en el sector rural.

Orlando Fals Borda identificó en los procesos de colonización colombiana lo que llamó la ley de tres pasos: el colono tumbaba el monte y habilitaba la tierra —primer paso—; la vendía a bajo precio a un contratista o finquero —segundo paso—; y finalmente un gran terrateniente se apropiaba del terreno habilitado —tercer paso—, transfiriendo así a los propietarios ausentes el trabajo de apertura realizado por quienes nunca pudieron consolidar su título. Esta secuencia no era accidental: era la forma en que la frontera agraria reproducía la concentración en lugar de desmantelarla.

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El siglo XX: reformas capturadas y despojo institucionalizado

La Ley 200 de 1936, impulsada por Alfonso López Pumarejo durante su primera presidencia, fue el primer intento sistemático de reforma agraria en Colombia. Sus alcances reales fueron más modestos que su retórica. La ley prescribía la distribución de tierras no explotadas, pero al mismo tiempo otorgaba a los grandes propietarios un plazo de diez años para explotar sus predios en forma capitalista con trabajo asalariado. Era una norma deliberadamente ambigua: abría dos vías posibles para el desarrollo del capitalismo agrario —la redistribución o la transformación de la hacienda— y en la práctica se prefirió la segunda. Muchos terratenientes respondieron legalizando sus grandes propiedades mediante sentencias judiciales de pertenencia obtenidas ante jueces civiles, consolidando títulos sobre fincas superiores a 500 hectáreas. La reforma no redistribuyó la tierra; en buena medida, la formalizó en manos de quienes ya la concentraban.

La Ley 135 de 1961, promovida durante el gobierno de Alberto Lleras Camargo y administrada por el recién creado Instituto Colombiano de la Reforma Agraria (INCORA), tampoco alteró la estructura. Entre 1962 y 1978, menos del 1% de la superficie total de tierras fue afectada por la reforma agraria, y la gran mayoría de la tierra redistribuida era baldío público, no propiedad privada expropiada a grandes terratenientes. La colonización dirigida por el INCORA en los años sesenta —piedemonte oriental, Magdalena Medio, altillanura, sur de Córdoba, Urabá— no logró efectos significativos sobre la concentración: aunque la ley contemplaba infraestructura, servicios básicos y mecanismos de comercialización, su aplicación fue incompleta, y al interior de las élites continuó predominando el sector que se oponía a una redistribución real.

En el Urabá antioqueño, los procesos de adjudicación de baldíos por el INCORA desconocieron en algunos casos a los poseedores campesinos y colonos previos, mientras inversionistas privados acaparaban suelos fértiles a bajo costo para el cultivo bananero. La institución creada para redistribuir la tierra operó, en determinadas regiones y coyunturas, como instrumento de su concentración. Durante el Frente Nacional, la priorización de la colonización de baldíos periféricos sobre la redistribución de tierras privadas no logró revertir la concentración de la propiedad rural, que continuó aumentando entre 1960 y 1970. El latifundio persistió como modelo dominante, sentando las condiciones estructurales que actores violentos aprovecharían en las décadas siguientes.

La promesa de reforma agraria no cumplida contribuyó a la crisis de la economía campesina y a la intensificación de la ocupación de nuevos territorios en la periferia. Esa colonización —Caquetá, Putumayo, Meta, Amazonía— creó las condiciones para la expansión de economías ilegales como el narcotráfico en regiones donde el Estado llegaba tarde, mal y principalmente a través de la fuerza pública. El fracaso redistributivo del siglo XX no explica por sí solo el despojo contemporáneo, pero sí creó el sustrato de precariedad, informalidad en la tenencia y ausencia institucional sobre el que ese despojo se montó.

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La Violencia y el primer despojo masivo moderno

Entre 1948 y 1958, el período conocido como La Violencia produjo el primer episodio de despojo masivo documentado en la Colombia republicana. Aproximadamente 393.648 parcelas fueron afectadas, principalmente en Valle del Cauca, Cundinamarca, Tolima, el Antiguo Caldas y Norte de Santander. El desplazamiento masivo de población campesina fue acompañado de una reconcentración de la propiedad agraria que benefició a terratenientes y gamonales locales vinculados a los partidos Liberal y Conservador. La violencia partidista fue también, en muchas regiones, una guerra por la tierra: los muertos eran el pretexto; los predios, el objetivo.

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Narcotráfico, paramilitarismo y el despojo sofisticado (1980-2010)

El ciclo de despojo más intenso y cualitativamente distinto de todos los anteriores comenzó en la década de 1980 con la articulación entre narcotráfico, paramilitarismo y élites agrarias regionales. Entre 1980 y 1988, aproximadamente el 45% de los excedentes de los narcotraficantes colombianos —calculados en torno a 4.000 millones de dólares— fue invertido en tierras, especialmente en fincas ganaderas utilizadas principalmente para especular con los precios del suelo. Los narcotraficantes se apoyaron en grupos paramilitares como cuidanderos de sus propiedades, despojando a campesinos y a otros terratenientes, y combinando fines comerciales con funciones militares en la acumulación territorial.

El despojo paramilitar comenzó en Urabá, sur de Córdoba y el Magdalena Medio con los grupos de primera generación vinculados al narcotráfico, y desde la segunda mitad de los años noventa se expandió hacia el resto del Caribe —Montes de María, corredor minero del Cesar, Magdalena—, el norte del Valle del Cauca, Meta y otras regiones del país. Las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), consolidadas a finales de los noventa bajo la conducción de Carlos Castaño Gil, ejecutaron un despojo cualitativamente nuevo: sofisticado, articulado con proyectos agroindustriales, mineros y de infraestructura, y profundamente imbricado con la política institucional.

La cadena operativa era precisa. Primero, la violencia directa —amenazas, asesinatos selectivos, masacres— vaciaba el territorio. Luego, la maniobra jurídica consolidaba la apropiación: con la complicidad de notarios, registradores y funcionarios del INCORA, miles de hectáreas usurpadas fueron inscritas en registros públicos como si hubieran sido adquiridas legalmente. En marzo de 2011, el superintendente de Notariado y Registro Jorge Enrique Vélez encontró irregularidades que involucraban a notarios y registradores de distintas regiones, afectando aproximadamente 150.000 hectáreas, según lo informado por el entonces ministro del Interior Germán Vargas Lleras al anunciar la intervención de la Superintendencia.

El caso del Magdalena ilustra con precisión el mecanismo institucional del despojo. Entre febrero y marzo de 2003, la gerencia regional del INCORA revocó la adjudicación de 134 predios —dos por día en promedio— argumentando abandono de la tierra o incumplimiento de pagos. En los siete años anteriores, entre 1996 y 2002, apenas se habían registrado 80 revocaciones. La aceleración era anómala y su lógica, perversa: el abandono que se invocaba como causal era consecuencia del desplazamiento forzado, no de una decisión voluntaria de los campesinos. Investigaciones judiciales abrieron procesos contra el ex gerente regional José Fernando Mercado Polo, el jefe de Cartera Francisco Solano Díaz, la ex asesora jurídica Luz Cenit Curiel, el jefe de Gestión Ernesto Gómez Goelkel, y los funcionarios José Lozano Andrade y Carlos Vásquez Vásquez, por 36 casos de readjudicaciones irregulares en las veredas Bejuco Prieto y El Encanto, en el municipio de Chivolo. Los funcionarios, según los testimonios recogidos en las investigaciones, aceptaban sobornos para abrir la puerta al despojo.

La dimensión política del despojo paramilitar no fue accidental ni secundaria. Fue precisamente en su condición de despojadores que los paramilitares adquirieron voz y participación directa, no mediada, en el sistema político regional: construyeron dominios económicos y políticos, cooptaron instituciones del Estado y establecieron alianzas con sectores del bipartidismo que les garantizaron impunidad y legitimidad. En regiones como Urabá-Darién y Cesar, el control guerrillero de los primeros años de la década de 1990 fue desplazado por los grupos paramilitares tras un pacto directo con la fuerza pública, reconfigurando el orden territorial. El relato de Iván Roberto Duque, alias Ernesto Báez, recogido por el periodista Hernán Calvo Ospina, describe cómo durante los años ochenta en el Magdalena Medio, mandos militares, dirigentes políticos del bipartidismo, líderes paramilitares, narcotraficantes y grandes empresas nacionales y extranjeras participaron en el apoderamiento de tierras fértiles mediante una estrategia de tierra arrasada orientada a despoblar el campo.

De las 6,6 millones de hectáreas perdidas o abandonadas registradas entre 1980 y 2010, el 79,3% corresponde al período 1998-2008, que coincide con la consolidación y posterior desmovilización de las AUC. Entre 2002 y 2009 se registró además un incremento del 2,5% en la concentración de la tenencia de la tierra, especialmente en 2005, en el 57% del territorio nacional. En municipios con presencia de las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio (ACMM), el promedio del índice Gini de propiedad rural alcanzó 0,69; en los de las Autodefensas Campesinas de Puerto Boyacá (ACPB), 0,64, con picos de hasta 0,85 en municipios como Santa Helena del Opón. Estos valores son considerados altos y se correlacionan con la presencia paramilitar, aunque son inferiores al promedio nacional de 0,86.

Las FARC-EP también perpetraron despojo de tierras y desplazamiento forzado, con presencia documentada en la Orinoquía y el Caquetá. Su despojo fue, sin embargo, cualitativamente distinto al paramilitar: careció del nivel de sofisticación jurídica y de articulación con proyectos agroindustriales que caracterizó a las AUC. En el Caquetá, las FARC implementaron distintos repertorios de control territorial que ocasionaron desplazamiento y abandono, pero sin la maquinaria notarial y la complicidad institucional que convirtió el despojo paramilitar en un proceso de acumulación con vocación de permanencia.

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El despojo de los territorios étnicos

Las comunidades indígenas y afrodescendientes enfrentaron modalidades de despojo con especificidades propias, articuladas tanto con el conflicto armado como con los intereses del capital extractivo y agroindustrial.

La Ley 2 de 1959 declaró baldíos de la nación siete regiones del país, lo que permitió la sustracción de bosques y selvas para la explotación forestal, desconociendo a las comunidades negras del Pacífico que habían ocupado ancestralmente esos territorios durante siglos. La Constitución de 1991 intentó revertir esa lógica: su artículo transitorio 55 y la posterior Ley 70 de 1993 reconocieron la propiedad colectiva de los territorios de comunidades negras como un derecho inalienable, inembargable e imprescriptible. El Decreto 1745 de 1995 reglamentó los requisitos y procedimientos para la titulación colectiva en la cuenca del Pacífico, exigiendo la constitución de consejos comunitarios como autoridades administrativas. Luego de una década de expedida la Constitución, las comunidades negras del Pacífico accedieron a aproximadamente 2.600.000 hectáreas reconocidas como territorios colectivos, mientras los resguardos indígenas de la misma región englobaban cerca de 1.575.000 hectáreas adicionales.

Ese reconocimiento jurídico no detuvo el despojo: lo reencuadró. El proceso de titulación colectiva generó tensiones con intereses del capital local y transnacional, y los líderes afrocolombianos frecuentemente enfrentaron actores estatales con incentivos para no reconocer sus derechos constitucionales. El conflicto armado, la expansión de monocultivos agroindustriales —acacia, teca, banano— y la realización de megaproyectos de infraestructura y minería afectaron considerablemente la permanencia de las comunidades en sus territorios colectivos. En el Bajo Atrato y el Chocó, la articulación entre grupos paramilitares y empresas palmicultoras produjo uno de los episodios más documentados de despojo étnico contemporáneo: la violencia expulsó a las comunidades y los monocultivos ocuparon los territorios titulados colectivamente.

En el norte del Cauca, la reglamentación de las Entidades Territoriales Indígenas y la conformación de Territorios de Comunidades Negras generaron conflictos entre campesinos o asalariados negros y sectores indígenas en zonas de tierras fértiles del valle geográfico, mostrando que el reconocimiento de derechos étnicos, sin una política redistributiva más amplia, puede también producir nuevas tensiones sobre la tierra.

En el suroccidente del Patía, en el Cauca, la Notaría del Circuito operó durante gran parte del siglo XX como instrumento de despojo institucionalizado, emitiendo escrituras y poderes notariales que transferían tierras de comunidades negras a inmigrantes blancos y terratenientes. En lugar de proporcionar seguridad normativa, la notaría actuó de manera opuesta: promovió el desalojo socioespacial mediante artimañas jurídicas que escrituraban tierras en perjuicio de sus propietarios originales.

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La geografía del despojo y sus límites de medición

La geografía precisa del despojo en Colombia sigue siendo una incógnita parcial. Los sistemas de información son inadecuados e incompletos, no todas las víctimas han reclamado, y la informalidad histórica en la tenencia de la tierra dificulta la reconstrucción de la cadena que va desde los actos de violencia hasta la concentración de predios. Lo que sí puede afirmarse es que el despojo se concentró inicialmente en el sur de Córdoba, Urabá y el Magdalena Medio, y desde la segunda mitad de los años noventa se expandió hacia el Caribe —Montes de María, corredor minero del Cesar, Magdalena—, el norte del Valle del Cauca, Meta y otras regiones. La mayoría de las víctimas de desplazamiento forzado vive actualmente en los municipios más pobres y vulnerables del país; solo el 14% se ubica en las principales ciudades de categoría especial del Departamento Nacional de Planeación, como Bogotá, Medellín, Cali, Cartagena o Barranquilla.

En la Costa Atlántica, especialmente en Córdoba y Sucre, el despojo paramilitar se superpuso a conflictos agrarios estructurales previos: grandes haciendas tabacaleras y ganaderas desde los años veinte habían generado una población campesina como terrajeros y arrendatarios que posteriormente se separó de esas haciendas sin acceder a la propiedad plena. Los problemas estructurales de tenencia se acumularon en esa región durante décadas antes de que el paramilitarismo los explotara y profundizara.

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El reconocimiento tardío: la Ley 1448 de 2011

El gobierno de Álvaro Uribe Vélez negó la existencia de un conflicto armado interno, caracterizando la situación como un ataque terrorista contra una democracia legítima. Esa negación tuvo consecuencias institucionales directas: obstaculizó el reconocimiento del despojo como categoría jurídica y político-pública, y dejó a las víctimas sin un marco legal que les permitiera reclamar sus tierras. Fue el gobierno de Juan Manuel Santos quien reconoció el conflicto y promovió la Ley 1448 de 2011, que entró en vigor el 1 de enero de 2012. La ley reconoció explícitamente la existencia de un proceso masivo de desplazamiento, despojo y abandono de tierras, creó la Unidad de Restitución de Tierras (URT) y estableció un mecanismo judicial especializado para tramitar las reclamaciones.

El reconocimiento fue tardío y su alcance, limitado. Antes de la ley, la institucionalidad penal registraba el desplazamiento pero no el despojo. El único registro que permite identificar a los responsables del despojo se deriva del proceso de restitución de tierras a través de las sentencias judiciales, lo que refleja la ausencia de un registro institucional previo y sistemático. La Corte Constitucional, en el Auto 008 de 2009, había señalado la existencia de altísima impunidad frente al delito de desplazamiento, en el contexto de las deficiencias en la política de protección a los desplazados.

Las solicitudes de restitución en trámite ante la URT para 2020 se concentran en zonas que coinciden con las áreas de mayor desplazamiento histórico, entre ellas regiones del Caribe y el corredor Urabá-Córdoba. No todas las víctimas han reclamado —por miedo, por desconfianza, por desconocimiento, por muerte—, lo que hace que la magnitud real del despojo sea mayor que la que cualquier registro institucional puede capturar.

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Continuidad estructural y ruptura histórica

El despojo territorial en Colombia tiene una matriz estructural que atraviesa los siglos: concentración latifundista, complicidad institucional, captura política. Desde la política del hecho cumplido colonial hasta la maniobra notarial paramilitar, la lógica es reconocible: la violencia o la maniobra jurídica vacían el territorio; la institución formaliza la apropiación; la política garantiza la impunidad. Cada reforma —la Ley 200 de 1936, la Ley 135 de 1961, la Ley 1448 de 2011— ha intentado interrumpir esa cadena y ha sido, en distintos grados, capturada o neutralizada por las mismas redes de poder que el despojo reproduce.

Sostener que todo es continuidad sería, sin embargo, inexacto. El ciclo abierto en los años ochenta con la articulación narcotráfico-paramilitarismo-agroindustria creó un modelo de acumulación por desposesión con una sofisticación jurídica e institucional sin precedentes directos en la historia colonial o republicana. Las AUC no solo despojaron: construyeron dominios económicos y políticos regionales, cooptaron el Estado desde adentro y articularon el despojo con proyectos de inversión de mediano y largo plazo. El período 1998-2008 no es simplemente otro eslabón en una cadena continua: es un quiebre en la escala, la sofisticación y la articulación sistémica del despojo.

Al mismo tiempo, la resistencia no ha sido homogénea ni ha sido derrotada. Los paeces del alto Cauca en el siglo XIX, las comunidades negras del Pacífico que construyeron consejos comunitarios para defender sus títulos colectivos, los campesinos del Magdalena que denunciaron las revocaciones irregulares del INCORA, los líderes sociales que han pagado con su vida el costo de reclamar ante la URT: todos ellos muestran que el despojo no opera en un vacío de agencia, sino contra resistencias concretas que han modulado, retardado y en algunos casos revertido sus efectos.

La dificultad de la reversión no radica en que el despojo sea un destino inevitable inscrito en la naturaleza del territorio colombiano. Radica en que cada reforma ha llegado tarde, ha sido incompleta y ha encontrado a las mismas redes de poder —terratenientes, políticos, funcionarios, actores armados— en posición de capturarla o vaciarla. Mientras esa articulación estructural no sea desmantelada, el despojo seguirá siendo no solo una herida del pasado sino un proceso activo, capaz de revestirse con las formas jurídicas e institucionales de cada época.

04

En el archivo

1 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Desplazamiento forzado: el despojo y el desplazamiento están encadenados; la violencia vacía el territorio y el despojo consolida la apropiación, aunque son fenómenos analíticamente distintos
  2. 02Paramilitarismo: las AUC ejecutaron el ciclo de despojo más sofisticado, articulando violencia directa, maniobras jurídicas y proyectos agroindustriales, construyendo dominios económicos y políticos regionales
  3. 03Reforma agraria: cada intento de reforma agraria en el siglo XX fue capturado o neutralizado por las mismas redes de poder que el despojo sostiene, perpetuando la estructura bimodal de la propiedad rural
  4. 04Latifundio: el despojo es el mecanismo histórico de reproducción del latifundio, desde la encomienda colonial hasta la acumulación paramilitar contemporánea
  5. 05Restitución de tierras: la Ley 1448 de 2011 intentó revertir el despojo mediante un proceso judicial de restitución, reconociendo por primera vez su autonomía como hecho victimizante
  6. 06Acumulación por desposesión: el despojo territorial colombiano es una expresión local de la lógica global de acumulación por desposesión, en la que la violencia y el derecho se combinan para transferir riqueza de los desposeídos a los acumuladores
06

Documentos y fragmentos citados

55 documentos · 74 fragmentos

01Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo I. De la violencia a las resistencias ante el Bloque Centauros de las AUCCentro Nacional de Memoria Histórica · 2021 · p. 3891 cita
[1]

en torno a los propietarios de los hatos 117 y a la salvaguarda de sus intereses debido a la incapacidad del Estado colombiano para regular y proveer bienes públicos y seguridad en las áreas más periféricas, Lo anterior, conjugado con las redes de clientelismo, la corrupción de los funcionarios públicos, la preca-…

p. 389
02¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 1781 cita
[2]

tiempo determinado y en virtud de causales voluntarias o involuntarias; es decir la privación temporal o permanente de las cosas que se tiene y/o disfruta […]. Con el despojo —a diferencia del abandono— existe la intención manifiesta de robo, expropiación, privación, enajenación de un bien o de un derecho […]”. GMH,…

p. 178
03La tierra en disputa. Memorias de despojo y resistencia campesina en la costa Caribe (1960-2010)Absalón Machado, Donny Meertens · 2010 · p. 45, 542 citas
[3]

como un proceso específico en aras de distinguir analítica y conceptual- mente las etapas o pasos que lo constituyen, hace parte de proce- sos de mayor envergadura, en tanto está profundamente atado a las motivaciones y fines de los autores materiales e intelectuales que lo originan, así como a lógicas locales,…

p. 45
[4]

Social. Procesado: Programa Presidencial de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario. Tabla: Desplazamiento forzado por recepción en los departamentos de Córdoba, Sucre y Bolívar-Montes de María. Da- tos Tabulados por Cifras & Conceptos, Grupo de Memoria Histórica, CNRR, 2010. Grupo de Memoria Histórica de…

p. 54
04Trujillo: Una tragedia que no cesaGrupo de Memoria Histórica; Álvaro Camacho Guizado (relator); Gonzalo Sánchez G. (coordinador) · 2008 · p. 1321 cita
[5]

se logra establecer diversas modalidades de despojo. La descripción que a continua- ción se realiza no obedece necesariamente al orden cronológico en el que las diversas modalidades se han presentado; se trata más bien de un ordenamiento conceptual construido a partir de dos grandes ejes articuladores: el primero de…

p. 132
05Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Ensayo introductorioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 46, 712 citas
[6]

pieza clave en las estrategias –sobre todo las que ejercieron la violencia física– utilizadas para despojar y promover el abandono de tierras y bienes en el país. Las historias territoriales compi- ladas en este tomo dan cuenta de la utilización de diferentes modalidades de violencia para arrebatarle la tierra y los…

p. 71
[27]

Departamentos en los que la ANUC tenía una fuerza muy importante. En aplicación de la Ley 135 de 1961 el Incora dirigió durante los años sesenta la colonización del piedemonte oriental de la cordillera Oriental, el Magdalena Medio, la altillanura entre el oriente del Meta y Vichada, el sur de Córdoba y en varias…

p. 46
06Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 5181 cita
[7]

Convivir. 1033 Ver el tomo Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivas, del Informe Final de la Comisión de la Verdad. 1034 Ibíd, 368. hacia la paz territorial 519 Forjando Futuros, de 7.098 sentencias de…

p. 518
07La tierra no basta. Colonización, baldíos, conflicto y organizaciones sociales en el CaquetáCentro Nacional de Memoria Histórica, Erika Andrea Ramírez Jiménez · 2017 · p. 2301 cita
[8]

Yaguara II ha sido poblado por indígenas que han llegado de otras zonas del país y que han encontrado en este territorio la posibilidad de construir sus proyectos de vida como pueblos culturalmente diferenciados. Lo que sucede en el departamento del Caquetá, a diferencia de lo que sucede en la zona norte del país, es…

p. 230
08Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 21, 582 citas
[9]

y se remataron tierras. El despojo se inició cuando se concentraron varios resguardos en uno solo, generalmente distantes de los centros poblados y en tierras de menor calidad (Liévano Aguirre, 2002)3. Con la descomposición de los resguardos se fue formando el trabajo a sa lariado al que se incorpora el indio y una…

p. 21
[12]

el manejo del problema de tierras y baldíos se con figuró una estructura institucional en la que compartían responsabilidades varias instancias del Ejecutivo, generando una descoordinación y confusión, que en algunos casos condujo a serios conflictos entre empresas beneficiarías de concesiones de tierras baldías. 5 6…

p. 58
09Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 1251 cita
[10]

veces gar- banzos, habas, fríjoles, caña y lino). Fuera de esto, debían dar indios de servicios (un 3 o 4% de los varones adultos) para los aposentos del encomendero, los cuales eran casi siempre tie- rras ocupadas de hecho en las inmediaciones del asentamiento indígena. Además, la obliga- ción del tributo en especie…

p. 125
10Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 2481 cita
[11]

que su patr ó n de poblamiento disperso quedaba abolido, muchas tierras se desembarazaron y fueron objeto de mercedes nuevas. Por debajo del aspecto jur í dico-formal de la apropiaci ó n sub yace el problema m á s complejo de la evoluci ó n econ ó mica que llev ó a la efectiva ocupaci ó n de la tierra por parte de los…

p. 248
11El indio en la lucha por la tierra: historia de los resguardos del macizo central colombianoJuan Friede · 2017 · p. 711 cita
[13]

muy deficientes. Los conquistadores, como verdaderos aventureros, no tenían ningún apego a la tie- rra y se desprendían de ella a la primera oportunidad. Lo 72 Jínd Ficere corrobora la circunstancia de que ya en 1715, a la llega- da del visitador don Pedro Fernández de Navia, no había ni una sola propiedad en manos de…

p. 71
12El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · p. 2731 cita
[14]

otra desventaja para el historiador del período y es, naturalmente, un reflejo más de la inestabilidad política, incapacidad burocrática y fragi- lidad institucional. Esto repercute en la interpretación. No es casual que la desamortización, un asunto ligado estrechamente a la trayectoria del general Mosquera y a las…

p. 273
1330 hechos que cambiaron la historia de ColombiaRafael Pardo Rueda · 2022 · p. 941 cita
[15]

desde 1863 hasta la expedición de la Constitución de 1886. Fue elegido para el primer periodo, que terminó en abril de 1864. De acuerdo con la Constitución, la presidencia debía durar dos años. Fue elegido por cuarta vez para el periodo 1866 al 1868. Murió en su Hacienda Coconuco. Este es el texto de la ley de manos…

p. 94
14El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 2701 cita
[16]

privada de las tierras públicas- salieron del patrimonio estatal por lo menos tres millones de hectáreas ubicadas en las regiones que estos movimientos colonizadores ganaban a la civilización, entonces el tema merece el esfuerzo de desbrozar de entre la enmarañada legislación y las estadísticas confusas y de poco…

p. 270
15El Desarrollo de la Agricultura en ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1982 · p. 1141 cita
[17]

se ha descrito en el primer capítulo de este trabajo, los pastizales fueron abiertos en gran medida por colonos, en la forma de aparcerías de relativo corto plazo. Según Fals Borda, los campesinos colonos espontáneos llamaron a esta institución la "ley de tres pasos": el colono tumbaba el monte, habilitaba la tierra…

p. 114
16Estado crítico de la propiedad colectivaDelgado Castaño, P. · 2018 · p. 52 citas
[18]

provincias sureñas de Popayán y Pasto, de alta concentración poblacional indígena, donde el aislamiento brindado por las formidables barreras cordilleranas, elevados cañones y caudalosos ríos, permitió que los resguardos tuvieran una tregua. Los principales pueblos indígenas del alto Cauca estrecharon lazos de unión…

p. 5
[19]

provincias sureñas de Popayán y Pasto, de alta concentración poblacional indígena, donde el aislamiento brindado por las formidables barreras cordilleranas, elevados cañones y caudalosos ríos, permitió que los resguardos tuvieran una tregua. Los principales pueblos indígenas del alto Cauca estrecharon lazos de unión…

p. 5
17Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 3372 citas
[20]

y cómo se indemnizaba a los propietarios por la pér- dida de sus rentas. Nunca se pretendió eliminar a los terratenien- tes como clase, lo cual desentraña a cabalidad el alcance de la reforma vislumbrada por la "Revolución en Marcha". Se dirimía, además, la vía para el desarrollo del capitalismo en el campo; con base…

p. 337
[21]

y cómo se indemnizaba a los propietarios por la pér- dida de sus rentas. Nunca se pretendió eliminar a los terratenien- tes como clase, lo cual desentraña a cabalidad el alcance de la reforma vislumbrada por la "Revolución en Marcha". Se dirimía, además, la vía para el desarrollo del capitalismo en el campo; con base…

p. 337
18No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 45, 4002 citas
[22]

las tierras improductivas, sus alcances estaban diri- gidos a estimular la productividad y la modernización rural, pero no a «adelantar una reforma agraria redistributiva» 50, lo que permitió con el tiempo perpetuar el modelo de acumulación de tierra. La aplicación de esta Ley 200, como ocurrió a lo largo del siglo…

p. 45
[35]

ellas a través de mecanismos ilegales o aparentemente legales. La Comisión de la Verdad ha documentado que las AUC se caracterizaron por un despojo sofisticado al contar con la complicidad de servidores públicos para registrar en notarías las miles de hectáreas usurpadas e impulsar la creación de empresas y la llegada…

p. 400
19Tierras. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoAlejandro Reyes Posada · 2018 · p. 21, 942 citas
[23]

títulos de las fincas superiores a 500 hectáreas eran sentencias judiciales de pertenencia obtenidas ante los jueces civiles en los años que siguieron a la Ley 200 de 1936 (Reyes Posada, 1976). Las adjudicaciones de baldíos durante el periodo liberal de 1930-1946 tendieron a corregir el sesgo a favor de las grandes…

p. 21
[73]

notificó a las Oficinas de Registro para evitar los traspasos de propiedad (CNMH, 2015b, página 104). 95 6 Desplazamiento, abandono y despojo de tierras La Corte Constitucional dictó varios autos de seguimiento a la Sentencia T-025, que en general denunciaban la falta de políticas y resultados en la protección de los…

p. 94
20Revolutionary Social Change in Colombia: The Origin and Direction of the FARC-EPJames J. Brittain · 2010 · p. 831 cita
[24]

130,000 people (Lindqvist, 1979: 102; see also INCORA, 1972). Scholars analytically studying Law 135 came to a different conclusion. They discovered that these numbers were not just greatly misleading, they contradicted the real conditions. Tad Szulc (1964: 245) noted that in its first year, the achievements of Law…

p. 83
21Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 2491 cita
[25]

puertas de crédito para la producción agraria, viéndose obligadas a acelerar los flujos migratorios campo-ciudad y a intensificar la ocupación de nuevos territorios. Machado indica que el grado de concentración de la propiedad aumentó entre 1960 y 1970 a pesar de la prolija legislación agraria promulgada alrededor de…

p. 249
22Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. AmazoníaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 621 cita
[26]

colonización cultural y territorial, que implicaron formas de violencia tanto físicas como simbólicas. 128 Becerra, «Las relaciones entre misioneros», 17. presentación 63 De la crisis de la economía campesina a la economía de la cocaína (1972—1980) 64 fiflćflThffan nexosfl. nThnflon P ara la década del 70, la promesa…

p. 62
23Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Frontera nororientalComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 511 cita
[28]

El proceso de colonización fue asumido por el Incora 66. Entre 1961 y 1973 se adjudicaron en la intendencia de Arauca 85.830 hectáreas 67, con el propósito de incor- porarlas a la producción agropecuaria nacional 68. Aparte de brindar asistencia técnica y créditos a los pequeños productores campesinos, la ley incluía…

p. 51
24Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo ILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · 2022 · p. 481 cita
[29]

la dinámica poblacional de la región (Botero, 1990, p. 19-29). Los altos precios internacionales del banano aumentaron el interés por la le- galización de la tenencia de la tierra y la adquisición de predios para vincularse a este negocio, ya que uno de los requisitos solicitados era contar con títulos de propiedad.…

p. 48
25Memorias dispersasHumberto De La Calle Lombana · 2021 · p. 2591 cita
[30]

mejoras. Un embrión violento. Comprendí que, en el caso de marras, podría estar sucediendo lo mismo. Entonces, contra toda previsión, madrugué el sábado, hice conducir al capturado al despacho, le tomé indagatoria y pude constatar, llevando a cabo una confrontación rápida de pruebas, que las acusaciones era falsas o,…

p. 259
26Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 94, 962 citas
[31]

de concentración de la tierra, pro- pulsado por los narcotraficantes y entrelazado con la estrategia contrainsurgente de los militares, está desviando amplias extensiones de tierra de vocación agrícola hacia usos especulativos, consolidando así la base de un desarrollo capitalista rentista en el cual el capital se…

p. 94
[38]

las políticas del Estado hacia las corporaciones petroleras multi- nacionales75; y finalmente, (d) facilitar la concentración de la tierra en manos de los narcotraficantes. Los municipios de San Pablo y Simití son ejemplos de aquellas zonas donde la adquisición de grandes extensiones de tierra por especulado- res en…

p. 96
27Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 561 cita
[32]

que las guerrillas no perdieron espa cios en la confrontación con Jas Fuerzas Armadas sino con organizaciones paramilitares, locales o de origen narcotraficante que imitaron sus esquemas organizativos (Cubides, 2005). Esa historia comienza en la apresurada huida de los capos del cartel de Medellín, a mediados de la…

p. 56
28Doble discurso, múltiples crímenes. Análisis temático de las ACMM y las ACPBCentro Nacional de Memoria Histórica, Camilo Ernesto Villamizar Hernández (coordinador) · 2021 · p. 460, 4664 citas
[33]

la propiedad, el promedio de los municipios donde hubo presencia de las ACMM reporta un total de 0,69 y para los municipios de presencia de las ACPB se registra un promedio de 0,64. Esto, si bien está por debajo del pro- medio nacional (0,86) no deja de ser una cifra alta, teniendo en cuenta que en el caso de las ACMM…

p. 466
[34]

la propiedad, el promedio de los municipios donde hubo presencia de las ACMM reporta un total de 0,69 y para los municipios de presencia de las ACPB se registra un promedio de 0,64. Esto, si bien está por debajo del pro- medio nacional (0,86) no deja de ser una cifra alta, teniendo en cuenta que en el caso de las ACMM…

p. 466
[69]

que reclamábamos que se nos pagara cumplidamente, no cada dos ni cada tres meses. Entonces, debido a eso ellos dijeron que nosotros éramos re- volucionarios, nos echaron como a seis en esa época. Entonces, ellos [los paramilitares] me reconocen el desplazamiento, me reconocen los daños colaterales, porque a causa del…

p. 460
[70]

que reclamábamos que se nos pagara cumplidamente, no cada dos ni cada tres meses. Entonces, debido a eso ellos dijeron que nosotros éramos re- volucionarios, nos echaron como a seis en esa época. Entonces, ellos [los paramilitares] me reconocen el desplazamiento, me reconocen los daños colaterales, porque a causa del…

p. 460
29La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo IICentro Nacional de Memoria Histórica · 2022 · p. 20, 432 citas
[36]

sobre tenencia de la tierra, entre 2002 y 2009 hubo un incremento del 2,5 por ciento, especialmente en 2005, en el 57 por ciento del territorio nacional (Ibañez y Muñoz, 2009, s.p.). Temporalmente estos datos coinciden con la consolidación de estructuras como el Bloque Norte, así como la fase de negociación y…

p. 20
[50]

Verdad Abierta: (…) Entre febrero y marzo de 2003, el Incora revocó la adjudicación de 134 predios, dos en promedio por día, argumentando que los campesinos abandonaron la tierra o incumplieron con el pago de un crédito que les otorgaron quince años atrás. Se aprecia lo exagerado de la cifra, si se tiene en cuenta que…

p. 43
30Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 138, 1412 citas
[37]

el mapa 9 se pueden apreciar, por ejemplo, los municipios que presentan expansión de cultivos de palma en el periodo 2001-2013, en relación con los que registran fenómenos de desplazamiento forzado entre 2001 y 2004. Se evidencia allí una correspondencia en algunas regiones del Urabá, el Magdalena Medio o el Meta. La…

p. 138
[39]

Gráfica 1. Desplazamiento forzado en Colombia Fuente: Elaboración propia, con base en el Registro Único de Víctimas. En el mapa 10 se puede observar el comportamiento regional del desplazamiento en la población rural no étnica, como una aproximación a lo campesino, por periodos, dividido por quinquenios a partir de…

p. 141
31Paramilitarismo. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera · 2018 · p. 1321 cita
[40]

ONG, que muestran los auto- res, es evidente la mayor participación de las guerrillas en comparación con los gru- pos paramilitares y su actual etapa de los GAPD (CNMH, 2015j, páginas 320 y 324). 132 Paramilitarismo Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento histórico mes del CNRR-GMH y del CNMH reseñados.…

p. 132
32El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · p. 2971 cita
[41]

mano los paramilitares (como cuidanderos de las propiedades rurales di los narcotraficantes), pero también de agencias de seguridad del Estado. Y, en el proceso, no solo despojaron a campesinos sino también a otros terratenientes. Una vez más, nos encontramos con agentes que por una combinación de acceso a medios…

p. 297
33Tierras y conflictos rurales: Historia, políticas agrarias y protagonistasRocío Londoño (coord.), Carolina Castro, Álvaro Delgado, Jaime Landinez · 2016 · p. 3881 cita
[42]

apartado las caracterís- ticas que diversos estudios han desarrollado sobre la relación para- militar y la disputa por la tierra. Aunque otras regiones del país no estuvieron exentas de este fenómeno, para esta época concentrare- mos las características en esta región y en este tipo de actor 122. Aunque el abandono y…

p. 388
34Desmovilización y reintegración paramilitar. Panorama posacuerdos con las AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 507, 5434 citas
[43]

fueran concentrando en el des - pojo no quiere decir en ningún sentido que hayan dejado de ser antisubversivos o políticos, (…) Es precisamente como despojadores que los paramilitares empiezan a adquirir voz y participación directa, no mediada, en el sistema político. (…) la violencia exterminadora que se vivió en el…

p. 507
[44]

fueran concentrando en el des - pojo no quiere decir en ningún sentido que hayan dejado de ser antisubversivos o políticos, (…) Es precisamente como despojadores que los paramilitares empiezan a adquirir voz y participación directa, no mediada, en el sistema político. (…) la violencia exterminadora que se vivió en el…

p. 507
[47]

RECLAMANTES POR GRUPOS POSDESMOVILIZACIÓN Y OTROS ACTORES 2011 informó sobre un “plan de choque” ante las demandas de las víctimas campesinas y la entrega de parcelas a familias víctimas de masacres y desplazamiento forzado en El Salado (Bolívar) y en Mampuján (Sucre), en respuesta al posicionamiento conseguido de las…

p. 543
[48]

RECLAMANTES POR GRUPOS POSDESMOVILIZACIÓN Y OTROS ACTORES 2011 informó sobre un “plan de choque” ante las demandas de las víctimas campesinas y la entrega de parcelas a familias víctimas de masacres y desplazamiento forzado en El Salado (Bolívar) y en Mampuján (Sucre), en respuesta al posicionamiento conseguido de las…

p. 543
35Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1771 cita
[45]

líder. 178 fiflćflThffifffj fjfl. flffflfj pequeñas propiedades, y una reducción de las selvas y refugios biológicos en la Amazonía y la Orinoquía 730. Existen, como se puede apreciar, coincidencias entre los picos de violencia, el acaparamiento de tierras y la llegada de agendas de desarrollo que han entrado en con-…

p. 177
36La dimensión moral del conflicto armado en Colombia. Una lectura a partir de Theodor W. AdornoTulia Almanza Loaiza · 2022 · p. 2641 cita
[46]

ilegítimas o éticamente censurables. Algunos empresarios también están aprovechando el contexto de violencia para especular con el precio de la tierra o 482 CNMH, Buenaventura: Un puerto sin comunidad, 235. 265 C AP Í TU LO 3. Auschwitz como impulso para pensar el caso colombiano acceder a los territorios adecuados…

p. 264
37Mujeres que hacen historia. Tierra, cuerpo y política en el Caribe colombianoGrupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación · 2011 · p. 1571 cita
[49]

readjudicciones son Chivolo (47 casos), Ariguaní (32), Pivijay (24), Sitio Nuevo (12), Tenerife (8), Ciénaga, Santa Marta, Aracataca, Fundación y Plato con 2 casos cada uno y El Banco con 1 caso. La fiscalía abrió inves- tigaciones contra los funcionarios el INCORA/INCODER por 36 casos en las veredas Bejuco Prieto y…

p. 157
38Patía, de la tierra de nadie a las grandes haciendasCarlos Daniel Quiñonez Rodríguez, Carlos Enrique Osorio Garcés · 2024 · p. 1871 cita
[51]

o s a g u a s, d o s m u n d o s 187 Paralelamente, la amañada confabulación entre los nuevos actores o inmigrantes blancos se configuró como una estrategia para imponer nuevos modelos de desplazamiento a los propietarios patianos. Esta dinámica, como se ha podido constatar, fue posible por medio de instituciones como…

p. 187
39Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 449, 4562 citas
[52]

Tierra». 1394 Catálogo de Fuentes de Archivo Externas, Informe 35-OI-5fc85891b5a905584b9fbfa5, Comisión de la Verdad, «El conflicto que despojó vidas y territorios». hasta la guerra tiene límites 450 Penal. La institucionalidad, ante las denuncias de hechos victimizantes, registra prin- cipalmente el desplazamiento…

p. 449
[62]

mi esposo tenían que habérselas dado a mis hijos. No les dieron nada... igual eso, que se queden con eso, pero que no hablen lo que no es» 1419. territorios. Aproximación conceptual, 35-53; Informe 119-CI-00432, Moncada Carvajal, «Realidades del despojo de tierras», 45-50. 1415 Como ocurrió en la zona de Las Tulapas,…

p. 456
40Violence Entrepreneurs, Law and Authority in ColombiaJacobo Grajales · 2017 · p. 11 cita
[53]

5 Violence Entrepreneurs, Law and Authority in Colombia Jacobo Grajales INTRODUCTION I met Luis on a sunny morning in a coffee shop in downtown Santa Marta. 1 He was a community leader from the Los Fundadores neighbourhood, a slum that had swelled in the mid-1990s to a population of 10,000, mostly due to the arrival…

p. 1
41Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 3651 cita
[54]

de la Verdad analice y resuelva» 802. El despojo en el Pacífico: «Desafiamos la idea de los foráneos de creerse dueños y amos de nuestros territorios» 803 En los años setenta las comunidades negras del Pacífico norte iniciaron un proceso organizativo para el reconocimiento de la ocupación ancestral de sus territorios.…

p. 365
42Bojayá: La guerra sin límitesGrupo de Memoria Histórica, Martha Nubia Bello Albarracín, Pilar Riaño Alcalá, Gonzalo Sánchez G. · 2010 · p. 1541 cita
[55]

2009. Sobre el despojo de tierras, ver: Machado, Absalón, et al. 2009. El Despojo de Tierras y Territorios: aproximación conceptual. Bogotá D.C.: Línea de Investigación Tierra y Conflicto, Área de Memoria Histórica, Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación - CNRR -. Instituto de Estudios Políticos y Relaciones…

p. 154
43La guerra vino de afuera. El Bloque Pacífico en el sur del Chocó: una herida que aún no cierraCentro Nacional de Memoria Histórica, Laura Bibiana Escobar García, Laura Catalina Tovar Bohórquez, Esteban de Jesús Caviedes Alfonso · 2022 · p. 571 cita
[56]

de organizaciones sociales a través de los consejos comunitarios, para la protección y utilización sustentable de los recursos naturales (Grueso, 2000). Estos consejos comunitarios son las instancias de organización de los pobladores dentro de un área delimitada del terri- torio que han ocupado de acuerdo a sus…

p. 57
44Raza y derechos humanos en Colombia: Informe sobre discriminación racial y derechos de la población afrocolombianaCésar Rodríguez Garavito, Tatiana Alfonso Sierra, Isabel Cavelier Adarve · 2009 · p. 1161 cita
[57]

55 de la Constitución Política de 1991 y, posterior- mente, fue desarrollado en la Ley 70 de 1993. Esta última fue reglamentada por el Decreto 1745 de 1995, en lo relativo a los requisitos y procedimientos para la titulación colectiva de los territorios ancestrales en la cuenca del Pacífico y en otras regiones del…

p. 116
45The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 841 cita
[58]

fully part of Colombians’ sense of their nation after 1991, when activists in the constitutional convention pushed for an article that then, in 1993, became Law 70, the “Law of the Black Communities,” extracted below. Law 70 established the possibility of collective land title for rural Afro-Colombian communities and…

p. 84
46Movimientos sociales, Estado y democracia en ColombiaMauricio Archila, Mauricio Pardo (Editores) · 2001 · p. 2571 cita
[59]

se habían apartado del intento de crear una coordinación nacional del movimiento ne- gro, reticentes a ceder autonomía a grupos de activistas de sede urbana pero carentes de representatividad en el seno de las or- ganizaciones de base. En torno al movimiento negro en Colombia i 337 ] La Ley 70 contiene 8 capítulos y…

p. 257
47Panorámica afrocolombiana. Estudios sociales en el PacíficoMauricio Pardo Rojas, Claudia Mosquera, María Clemencia Ramírez · 2004 · p. 3311 cita
[60]

multiculturalidad propia al nuevo modelo de Estado que la Constitución inaugura. Luego de una década de expedida la Constitución, las comunidades negras acceden a 2’600.000 hectáreas reconocidas como territorios colectivos 1, cifra que adquiere relevancia al momento de pensar la dinámica regional, si a ella se le…

p. 331
48Becoming Black Political Subjects: Movements and Ethno-Racial Rights in Colombia and BrazilTianna S. Paschel · 2016 · p. 2061 cita
[61]

(interview, Nicolasa Machado, March 2009). Throughout Colombia, the struggle for collective land titles for black com- munities conflicted directly with the interests of local and transnational capital. As a result, leaders often confronted state actors who were not sim- ply inefficient, but rather, who had many…

p. 206
49Gente negra en Colombia. Dinámicas sociopolíticas en Cali y el PacíficoOlivier Barbary, Fernando Urrea · 2004 · p. 3871 cita
[63]

las tierras que explo- tan libremente desde el derrumbe de las haciendas esclavistas en el siglo XIX, por grupos indígenas, en medio de un desinterés de los representantes del Esta- do por defender los derechos de la gente negra. Así, con la reglamentación de las Entidades Territoriales Indígenas (Ley 160 de 1993 que…

p. 387
50Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 39, 442 citas
[64]

años treinta denunciada por parte de los conservadores (Guzmán, Fals Borda y Umaña, 1962). Como consecuencia de lo anterior, la arremetida latifundista tuvo, entre otros efectos, un despojo de tie- rras que el analista Paul Oquist calculó en 393.648 parcelas, princi- palmente en departamentos como Valle del Cauca,…

p. 44
[65]

territorios colectivos reconocidos por el Estado. 39 Desplazamiento forzado: la historia olvidada, ignorada y silenciada en Colombia campo colombiano. Sin embargo, en la última década ha venido en aumento los desplazamientos urbanos que constituyen el 13 por ciento de la población desplazada. En cuanto a las modalida-…

p. 39
51Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo IILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · p. 1371 cita
[66]

una idiosincrasia amenazados. (Salvatore Mancuso, 2004, como se citó en Bolívar, 2005, p. 60-61) Esta “idiosincrasia”, como se exalta en el discurso de Mancuso, es la formu- lación ideológica de unos “modos de existencia” basados en las formas vio- lentas a partir de las que se articuló históricamente un proyecto…

p. 137
52El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 1542 citas
[67]

y su posición anticomunista. El padre veía a la guerrilla y le decía a la gente: “¡Ojo, que son ateos! Un comunista es un aliado del diablo, del mismo Satanás”. 13 Así, durante los años ochenta, tras la estela de muerte que dejaba la cruzada anticomunista, mandos militares, dirigentes polí- ticos del bipartidismo,…

p. 154
[68]

y su posición anticomunista. El padre veía a la guerrilla y le decía a la gente: “¡Ojo, que son ateos! Un comunista es un aliado del diablo, del mismo Satanás”. 13 Así, durante los años ochenta, tras la estela de muerte que dejaba la cruzada anticomunista, mandos militares, dirigentes polí- ticos del bipartidismo,…

p. 154
53Más allá del desplazamiento: políticas, derechos y superación del desplazamiento forzado en ColombiaCésar Rodríguez Garavito (coord.), Juan Carlos Guataquí, Ana María Ibáñez Londoño, María Mercedes Maldonado Copello, Luis Eduardo Pérez Murcia, Esteban Restrepo Saldarriaga, Héctor Riveros Serrato, Diana Rodríguez Franco, Yamile Salinas Abdala · 2010 · p. 481 cita
[71]

ha contemplado el enfoque restitutivo en la Política, no existe una institucionalidad que tenga a su cargo la devolución de los bienes y la garantía de su uso, goce y libre dis- posición. Por lo tanto, no son claras las funciones de las entidades Más allá del desplazamiento 92 La protección y restitución de las…

p. 48
54La política de reforma agraria y tierras en Colombia. Esbozo de una memoria institucionalAbsalón Machado Cartagena · 2013 · p. 1241 cita
[72]

zonas selváticas de ínfima productividad. […] el segundo gran componente de una política de ordenamiento de la población en el territorio es la urbanización planificada y ordenada de los desplazados por la violencia” [Reyes, 2009, 369-370]. La Ley de Víctimas fue expedida en noviembre de 2011 y contiene la…

p. 124
55Tierra y carbón en la vorágine del Gran Magdalena. Los casos de las parcelaciones de El Toco, El Platanal y Santa FeYamile Salinas Abdala, María Paula Hoyos, Ana María Cristancho · 2018 · p. 1701 cita
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han sido despojadas, es también un derecho fundamental (CConst, Sentencia T-821 de 2007, página 46). En esa línea se incorporó al bloque de constitucionalidad los “Principios sobre la restitución de las viviendas y el patrimonio de los refugiados y las Personas desplazadas” - Principios Pinheiro (ONU, 2005), los que…

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