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Idea transversal

Acumulación por desposesión

Mecanismo permanente del capitalismo, teorizado por David Harvey a partir de Marx, mediante el cual bienes, tierras y recursos comunitarios o estatales son incorporados por la fuerza o la ley al circuito de la ganancia privada. En Colombia el concepto nombra con precisión una concentración de la tierra que crece por ciclos, atravesada por reformas frustradas, violencias reordenadoras de la propiedad y un Estado que administra, consiente o ejecuta la privatización de lo común.

4.626 palabras61 documentos68 fragmentos citados
Acumulación por desposesión

Trayectoria de una idea

  1. 1867

    Marx formula la 'acumulación originaria'

  2. 1936

    Ley 200: primera gran reforma agraria colombiana, incumplida

  3. 1961

    Ley 135: reforma agraria del Frente Nacional sin aplicación real

  4. 1972

    Pacto de Chicoral: contrarreforma agraria

  5. 1985

    Inicio del ciclo de despojo violento masivo (1985-2013)

  6. 1998

    Pico del despojo paramilitar (1998-2008)

  7. 2003

    Harvey rebautiza el concepto como 'acumulación por desposesión'

  8. 2014

    Gini de tierras alcanza 0,905: concentración máxima histórica

  9. 2016

    Acuerdo de Paz y Reforma Rural Integral: nueva reforma frustrada

03

La lectura

La acumulación por desposesión no es en Colombia una categoría académica importada sino el nombre de un proceso que la historia agraria del país exhibe de manera casi didáctica desde la República temprana. Su genealogía conceptual va de Marx a Rosa Luxemburg y de allí a David Harvey, pero su genealogía material arranca en la adjudicación concentrada de baldíos del siglo XIX, cuando colonizar la frontera significó en la práctica anticipar la gran propiedad sobre territorios que los campesinos desmontaban con hacha y machete. El siglo XX añadió al patrón una capa de reformas anunciadas y desmontadas —1936, 1961, 1972, 2016— cuya recurrencia convierte la desposesión en estructura y no en episodio. El ciclo 1985-2013 la llevó a su expresión más brutal: más de ocho millones de hectáreas despojadas o abandonadas, el 79,3% de las pérdidas concentradas en el decenio 1998-2008, cuando las AUC articularon masacres, amenazas y fraude notarial para transferir tierra de campesinos, afrodescendientes e indígenas a hacendados, narcotraficantes y empresarios agroindustriales. El coeficiente de Gini de la propiedad rural llegó a 0,905 en 2014, el más alto de la historia medida, confirmando que cuatro décadas de discurso reformista produjeron la concentración más intensa de todas. Lo que el concepto revela, en última instancia, es que en Colombia el mercado de tierras no se formó a pesar de la violencia sino a través de ella.

Acumulación por desposesión es el nombre con el que David Harvey rebautizó, a comienzos de los años dos mil, un viejo mecanismo del capitalismo: la apropiación de bienes, tierras y recursos que estaban por fuera del mercado —o cuya circulación era comunitaria, estatal o consuetudinaria— para incorporarlos, por la fuerza o por la ley, al circuito de la ganancia privada. En la lectura clásica de Karl Marx esa violencia fundacional pertenecía a la "prehistoria del capital" y se agotaba en los siglos previos a la manufactura moderna. Harvey sostuvo lo contrario: la desposesión no es un episodio superado sino un dispositivo permanente que el capital reactiva cada vez que necesita nuevas fronteras de valorización.

En Colombia el concepto ha resultado especialmente productivo porque nombra con precisión lo que la historia agraria del país exhibe de manera casi didáctica: una concentración de la tierra que crece por ciclos, atravesada por leyes que se anuncian reformistas y terminan legalizando el despojo, por violencias que reordenan la propiedad y por un Estado que a veces administra, a veces consiente y a veces ejecuta la privatización de lo común. El coeficiente de Gini de la propiedad rural, que ya era altísimo en 1970 con 0,86, alcanzó 0,905 en 2014. En ese lapso el 0,2% de los predios pasó de controlar el 30,4% del área agropecuaria a controlar el 61,2%. En 44 años, mientras se hablaba de reforma agraria, restitución y modernización, la tierra se concentró más que en ningún ciclo previo.

De Marx a Harvey: la genealogía del concepto

En el primer tomo de El Capital (1867), Marx llamó "acumulación originaria" al proceso mediante el cual poblaciones enteras fueron reducidas violentamente a la condición de desposeídas, empujadas hacia las primeras ciudades y convertidas en fuerza de trabajo disponible para el capital naciente. La imagen es célebre: el capital viene al mundo "manando sangre por todos los poros". Marx distinguió allí entre capital variable —los salarios— y capital constante —maquinaria y materias primas— para sostener su tesis central: solo el trabajo humano crea valor nuevo. La acumulación originaria era el requisito histórico de esa maquinaria; sin desposesión previa no había proletariado, y sin proletariado no había plusvalor.

La lectura ortodoxa entendió esa fase como pretérita: una vez consolidado el capitalismo, las leyes del mercado bastarían para reproducir la separación entre trabajadores y medios de producción. Rosa Luxemburg fue la primera en cuestionar seriamente esa clausura al insistir en que el capital necesita permanentemente un afuera no capitalista del cual extraer recursos, mercados y tierra. David Harvey retomó y sistematizó esa intuición en The New Imperialism (2003) y en El nuevo imperialismo: acumulación por desposesión (2004). Su gesto fue doble: renombró el proceso para desprenderlo de la connotación temporal —ya no es "originario" sino contemporáneo— y amplió su alcance para incluir las privatizaciones neoliberales, el cercamiento de bienes comunes, la financiarización, los desalojos por megaproyectos y la mercantilización de recursos naturales antes fuera del mercado. La acumulación por desposesión nombra, en Harvey, la manera en que el capital resuelve sus crisis de sobreacumulación abriendo nuevos frentes de mercantilización sobre lo que aún no era mercancía.

En la literatura colombiana el concepto encontró terreno fértil. Autores como Darío Fajardo, Absalón Machado y Héctor Mondragón han utilizado el marco marxista de la renta del suelo —desarrollado en el tomo III de El Capital— junto con las categorías leninistas de las vías de desarrollo capitalista —la "vía prusiana" desde arriba, con terratenientes reconvertidos en burgueses agrarios, frente a la "vía democrática" desde abajo, con campesinos propietarios— para leer el agro colombiano. La tesis compartida es contundente: Colombia nunca tuvo propiamente una revolución burguesa en el campo, y solo a partir de los años cincuenta del siglo XX empezó a transitar, de manera parcial y truncada, algo parecido al "camino junker". La imagen marxista del capital naciendo entre sangre ha sido retomada por la historiografía nacional para caracterizar el proceso de acumulación originaria local, asociado al surgimiento de una clase liberal-conservadora que instauró violencia y polarización social como método de gobierno del territorio.

La estructura agraria: concentración como punto de partida

La adjudicación de baldíos, columna vertebral del ordenamiento territorial republicano, se movió desde el siglo XIX entre dos tendencias contradictorias que jamás se equilibraron. De un lado, fomentar la colonización distribuyendo tierra a cultivadores efectivos; del otro, financiar al Estado central mediante la venta de títulos sobre grandes extensiones incultas. La segunda tendencia prevaleció casi siempre, y el resultado fue un complejo latifundio-minifundio que se convirtió en la matriz duradera de la estructura agraria colombiana.

El caso del Caquetá es paradigmático. Durante la época de formación de la gran hacienda caqueteña, las adjudicaciones en rangos de 501 a 1.000 y de 1.001 a 2.500 hectáreas concentraron la casi totalidad de la superficie asignada: apenas una cuarta parte del total de adjudicaciones se llevó más del noventa por ciento del área. En el otro extremo, los predios pequeños eran mayoría abrumadora —cerca de siete de cada diez adjudicaciones— pero se repartían una franja marginal del suelo, poco más del cuatro por ciento. Colonizar la frontera significó, en la práctica, adjudicar baldíos concentradamente a quienes tenían capacidad de gestionar el trámite en Bogotá, no a quienes desmontaban la selva con hacha y machete. La política de poblamiento de "tierras sin hombres" —expresión que ya venía del proyecto borbónico del siglo XVIII para las regiones santandereana y caribeña— produjo así lo contrario de una democratización: consolidó un patrón donde el "hombre sin tierra" resolvía su condición migrando a fronteras cada vez más lejanas, mientras la gran propiedad se anticipaba a su llegada.

La resistencia a este patrón tuvo focos específicos. En Popayán y Pasto, el aislamiento geográfico —cordilleras, cañones, ríos difíciles— permitió que los resguardos indígenas opusieran una defensa más eficaz frente a las leyes de desamortización decimonónicas. Los paeces, aliados del liberalismo regional, combinaron protestas, dilaciones legales, resistencia pasiva y negociación para conservar sus tierras comunitarias. Fue excepción, no regla. Como ha sostenido Salomón Kalmanovitz, en los años treinta el latifundio ganadero encabezó la resistencia contra las reformas sociales y agrarias, y la alianza entre terratenientes y Estado sobrevivió intacta a los cambios iniciados desde los años cincuenta.

Los datos censales confirman el diagnóstico. De 1.209.672 explotaciones registradas, 410.155 correspondían al rango de 5 a 100 hectáreas y poseían casi el 30% de las tierras. El resto se repartía entre una miríada de minifundios y un puñado de grandes propiedades que concentraban proporciones desmedidas del suelo agrícola. En los años ochenta, aproximadamente el 3% de la élite terrateniente poseía más del 71% de la tierra cultivable, mientras el 57% de los agricultores más pobres subsistía en menos del 3% del suelo. La colonización operó siempre como válvula de escape. Hubo dos oleadas principales: campesinos sin tierra que huían de las haciendas entre mediados del siglo XIX y comienzos del XX, y campesinos que escapaban de La Violencia en los años cincuenta desde El Pato, Riochiquito y Marquetalia hacia Guaviare, Caquetá y Norte de Santander. Ambas mostraron que el Estado prefería exportar la conflictividad a las fronteras antes que redistribuir en el centro.

Los ciclos de reforma frustrada

La historia colombiana del siglo XX puede leerse como una sucesión de reformas agrarias anunciadas y desmontadas. La Ley 200 de 1936, promulgada durante el primer gobierno de Alfonso López Pumarejo, ordenó la reversión al Estado de tierras no explotadas económicamente. La disposición, considerada revolucionaria por sus adversarios, nunca se cumplió en la práctica: el latifundio ganadero encabezó la resistencia y las reacciones que suscitó contribuyeron al ambiente de polarización que desembocó en La Violencia.

Un cuarto de siglo después, la Ley 135 de 1961, aprobada bajo Alberto Lleras Camargo en el marco del Frente Nacional y las presiones reformistas de la Alianza para el Progreso, fue una reforma legal sin aplicación real. Entre 1960 y 1970 la concentración de la propiedad aumentó, las explotaciones menores de diez hectáreas disminuyeron en número y superficie, y el estrato de grandes propiedades —más de cincuenta hectáreas— creció simultáneamente en cantidad y área. La ley se aplicó donde no importaba y se archivó donde sí.

El intento más ambicioso vino con Carlos Lleras Restrepo. Su legislación enfatizó la dotación de tierras a arrendatarios y aparceros y apostó por la organización campesina como palanca de la reforma. De ahí surgió la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC), creada por el propio Estado como respuesta al ascenso de movimientos insurgentes y al populismo de la ANAPO, y que muy pronto desbordó sus términos originales para poner en marcha la mayor movilización rural de la segunda mitad del siglo XX. La respuesta del establecimiento no se hizo esperar. El 9 de enero de 1972, en Chicoral, Tolima, durante la presidencia de Misael Pastrana Borrero, se firmó un pacto entre el gobierno y los gremios terratenientes que frenó el proceso reformista.

La Ley 6.ª de 1975, resultado directo del Pacto de Chicoral, se contrapuso en la práctica a los avances de 1936 y 1968: adjudicó la propiedad al aparcero o arrendatario solo después de diez años de trabajo continuo, un plazo diseñado para evitar la redistribución. La aparcería que se mantenía —con obligación de prestar servicios personales y pagar rentas en trabajo y en especie— fue caracterizada por Guillermo Perry en 1983 como de "rancia estirpe feudal". El efecto general del pacto fue duradero: dejó intacta la concentración de la tierra en las zonas agrícolas centrales, desplazó a los campesinos hacia colonizaciones periféricas e informales y empujó a los excedentes rurales hacia los barrios subnormales de las ciudades o hacia parcelas de pancoger insuficientes.

El patrón es tan constante que se convirtió en ley de la política agraria colombiana. La Ley 200 de 1936 generó reacciones que contribuyeron a La Violencia; la reforma de los años sesenta fue revertida por Chicoral; el punto 1 del Acuerdo de Paz de 2016 sobre Reforma Rural Integral —que contempla, entre otras cosas, un Fondo de Tierras para campesinos sin tierra o con tierra insuficiente y el cierre de la brecha campo-ciudad— resultó igualmente intolerable para sectores poderosos que se organizaron en la campaña del No. Cada vez que la reforma amenaza con volverse real, la contrarreforma la desactiva. Esa recurrencia es lo que impide leer la desposesión colombiana como episodio: es estructura.

Narcotráfico, paramilitarismo y despojo violento

Si el siglo XIX y buena parte del XX produjeron concentración por vía jurídico-administrativa, el ciclo que va de 1980 a 2010 la produjo por vía violenta y en una escala sin precedentes. Entre 1985 y 2013, más de 537.503 familias fueron despojadas de sus tierras o forzadas a abandonarlas. Entre 1995 y 2004, más de ocho millones de hectáreas fueron despojadas o abandonadas: una superficie equivalente al tamaño de Austria o a cincuenta veces la de Bogotá. De los 6,6 millones de hectáreas perdidas o abandonadas entre 1980 y 2010, el 79,3% corresponde al periodo 1998-2008, coincidente con la consolidación y desmovilización de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC).

El proceso combinó violencia física con uso ilegal o fraudulento de figuras jurídicas y administrativas: notarías, actos administrativos, sentencias, adjudicaciones y readjudicaciones. Esta articulación entre fuego y papel es la marca distintiva del despojo paramilitar. Las AUC contaron con la complicidad de servidores públicos —notarios y funcionarios del Instituto Colombiano de Reforma Agraria (INCORA) y su sucesor, el Instituto Colombiano de Desarrollo Rural (INCODER)— para legalizar tierras usurpadas mediante documentos falsos y readjudicaciones irregulares a familiares y testaferros de comandantes paramilitares.

La geografía del despojo dibuja el mapa de la reconfiguración territorial colombiana. Los primeros focos —Urabá, sur de Córdoba, Magdalena Medio, zonas esmeralderas de Boyacá— estuvieron vinculados a las compras masivas de tierra por narcotraficantes en los años ochenta. Solo en Córdoba, los narcotraficantes compraron tierras en los 22 municipios del departamento, con presencia antioqueña sobre todo en Montería, Canaleté, Planeta Rica, Tierralta y Valencia, y presencia caleña en Ayapel, Buenavista, Montelíbano y Pueblo Nuevo. Desde la segunda mitad de los años noventa, la dinámica se expandió al resto del Caribe, particularmente a los Montes de María y al corredor minero del Cesar.

Los casos judicializados permiten ver la maquinaria en detalle. En el Cesar, parcelas de reforma agraria adjudicadas por el INCORA en 1997 —entre ellas las parcelas 6, 9, 1, 45 y 48 del predio El Prado— fueron traspasadas por el INCODER a familiares de David Hernández, alias Treintainueve, comandante del Frente Mártires del Cesar de las AUC, y a otros testaferros de comandantes paramilitares; esas parcelas fueron después vendidas a empresas multinacionales. En el Magdalena, la Fiscalía abrió investigaciones contra funcionarios del INCORA/INCODER —incluyendo al exgerente regional José Fernando Mercado Polo y al jefe de Cartera Francisco Solano Díaz— por al menos 36 casos de readjudicaciones irregulares en las veredas Bejuco Prieto y El Encanto del municipio de Chivolo, en un contexto en el que los grupos paramilitares expulsaron a campesinos para "legalizar y englobar terrenos". En Tibú, Catatumbo, un campesino desplazado testificó haber sido amenazado con armas, golpeado y obligado a presentarse al INCORA a firmar documentos cuyo contenido no pudo verificar.

Los beneficiarios del despojo fueron heterogéneos: hacendados y ganaderos tradicionales, narcotraficantes en proceso de "lavado territorial", empresarios e inversionistas agroindustriales y minero-energéticos. Salvatore Mancuso, comandante paramilitar, reconoció que el objetivo de la recuperación de tierras por parte de las AUC era "devolvérsela a los empresarios" —fórmula que ha servido para señalar la existencia de intereses económicos privados ajenos a los grupos armados como beneficiarios estructurales del proceso—. El paramilitarismo, además, adquirió participación directa en el sistema político precisamente en su rol de despojador: la parapolítica es la cara institucional de esa conexión orgánica entre violencia exterminadora, competencia electoral y especificación de derechos sobre la tierra.

Los datos del Gini municipal permiten cuantificar el efecto. En los municipios con presencia de las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio (ACMM) el promedio de concentración predial fue de 0,69; en los de las Autodefensas Campesinas de Puerto Boyacá (ACPB), de 0,64. Veintidós de los 39 municipios con presencia de las ACMM registraron un Gini superior a 0,70. Entre 2002 y 2009 hubo un incremento del 2,5% en la concentración de la tenencia en el 57% del territorio nacional. Uno de cada cien predios controla hoy más del 80% del área agropecuaria del país; el 99% restante se reparte el 20%. En 2016, Oxfam ubicó a Colombia en el primer lugar de desigualdad en la distribución de la tierra en América Latina, por encima de Perú, Chile y Paraguay. En 2021, el Banco Mundial lo situó entre los cinco países más desiguales del mundo en concentración de tierras.

Agroindustria, extractivismo y desposesión contemporánea

El despojo violento no fue un fin en sí mismo. En muchas regiones funcionó como fase preparatoria de una reconfiguración productiva. La acción paramilitar coincidió territorialmente con la expansión del latifundio ganadero y con la instalación de proyectos agroindustriales y minero-energéticos. En Urabá, Córdoba, Montes de María y Magdalena, el desplazamiento forzado precedió o acompañó la siembra de palma africana, acacia, teca y banano, y la apertura de infraestructura minera. En el Bajo Atrato y el Pacífico, la imposición de la palma sobre territorios de comunidades afrodescendientes e indígenas estuvo acompañada de masacres, desapariciones, asesinatos selectivos, tortura y desplazamientos atribuidos a narcoparamilitares y a miembros de la fuerza pública.

La lógica económica que sostiene esa expansión es medible. Según Fedepalma, la industria palmera colombiana requiere una escala mínima de 3.000 hectáreas para alcanzar rentabilidad, umbral que empuja estructuralmente hacia la concentración. Las alianzas productivas entre grandes compañías y pequeños cultivadores, presentadas como esquemas de inclusión, trasladan a estos últimos los riesgos: deben asumir durante tres años la preparación del terreno y el mantenimiento sin recibir ingresos, recurriendo casi siempre a créditos que los atan a la empresa ancla.

El extractivismo minero-energético opera con dispositivos análogos. El gobierno colombiano redujo las regalías del carbón a instancias del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, lo que permitió que las empresas extranjeras retuvieran una mayor proporción de la riqueza extraída sin que las comunidades rurales locales percibieran contraprestaciones equivalentes. En Putumayo, las nuevas empresas petroleras que operaron tras la salida de Texaco desconocieron los derechos territoriales de comunidades indígenas, afrodescendientes y campesinas bajo los mismos parámetros de apropiación de su predecesora.

En este ciclo, el discurso administrativo cumple una función precisa: la clasificación de tierras como "marginales", "vacías", "baldías" o "frontera agraria" opera como mecanismo de legitimación para desposeer a comunidades que carecen de títulos formales pero ejercen posesión efectiva y ancestral. La palabra técnica hace lo que antes hizo la palabra jurídica: convertir en disponibles territorios que estaban ocupados.

El despojo de los territorios étnicos

Sobre los pueblos indígenas y las comunidades afrodescendientes, la acumulación por desposesión operó con una violencia diferencial. La Ley 55 de 1905 despojó legalmente a comunidades indígenas mediante la adjudicación de "baldíos" a terceros sobre territorios de posesión ancestral. La Ley Segunda de 1959, sobre economía forestal, declaró zonas de reserva los terrenos baldíos en un contexto en el que buena parte de los territorios indígenas ya había sido afectada por titulaciones previas a favor de particulares. El derecho republicano, en materia étnica, avanzó durante casi un siglo por sustracción: cada nueva figura administrativa consolidaba un despojo ya consumado.

El reconocimiento constitucional llegó tarde y limitado. El artículo transitorio 55 de la Constitución de 1991 y la Ley 70 de 1993 consagraron la propiedad colectiva de los territorios de las comunidades negras como derecho inalienable, inembargable e imprescriptible, en figura análoga a la de los resguardos indígenas. Pero el reconocimiento formal no detuvo el despojo; en muchas regiones lo aceleró, al volver más urgente para actores armados y agroindustriales apropiarse del suelo antes de que fuera titulado colectivamente. El plazo entre la ley y su aplicación se convirtió, así, en ventana de oportunidad para el despojador.

Al pueblo nasa, el Estado prometió tierras como reparación por la masacre del Nilo en 1991; para 2012 se habían adquirido 13.906 hectáreas en dieciséis predios, pero ninguna había sido legalizada bajo título de resguardo, lo que dejó esas tierras fuera de la protección constitucional indígena. La reparación, sin la figura jurídica adecuada, quedó a mitad de camino: hectáreas entregadas pero desprotegidas, disponibles para ser disputadas de nuevo.

En el Pacífico nariñense, la lideresa afrodescendiente de la Asociación Campesina del Patía (ACAPA), acompañada por la hermana Yolanda Cerón, logró la titulación colectiva de 95.000 hectáreas en Tumaco, Francisco Pizarro y Mosquera. Yolanda Cerón fue posteriormente asesinada por grupos paramilitares. La secuencia condensa el patrón regional: la titulación colectiva se conquistó al precio de la vida de quienes la lideraron, y la protección jurídica del territorio convivió con la eliminación física del liderazgo que la había impulsado. El 63,24% de las mujeres afrocolombianas en situación de desplazamiento encuestadas en Cartagena, Cali, Quibdó, Tumaco y Bogotá recibieron amenazas de muerte bajo la condición explícita de desocupar las tierras que habitaban. La amenaza, aquí, es también un instrumento de política agraria.

El despojo de los territorios étnicos revela con especial claridad la convergencia entre conflicto armado y proyectos agroindustriales y mineros. La propiedad comunitaria, jurídicamente inalienable, no fue barrera suficiente frente a la coalición de intereses que empujaba en dirección contraria. Y, sin embargo, esos mismos marcos jurídicos —el artículo transitorio 55, la Ley 70— se convirtieron en herramientas de resistencia: en la región Caribe se han constituido 42 consejos comunitarios negros que han fortalecido los procesos organizativos frente a intereses económicos y armados. La misma ley que llegó tarde y produjo ventanas de despojo abrió también, allí donde las comunidades pudieron apropiársela, un piso mínimo desde el cual resistir.

El derecho como instrumento del despojo

Uno de los aportes más nítidos del enfoque de la acumulación por desposesión aplicado a Colombia es el reconocimiento del papel activo del aparato jurídico-institucional en la producción del despojo. No se trata solo de que el Estado no proteja: en muchos episodios documentados, funcionarios públicos operan como parte de la maquinaria despojadora.

La complicidad de servidores del INCORA/INCODER en readjudicaciones irregulares del Cesar y del Magdalena; los notarios que registraron miles de hectáreas usurpadas facilitando la creación de empresas para explotarlas en agroindustria, minería e infraestructura; las firmas obtenidas bajo amenaza y coacción física en oficinas públicas, como testificó el campesino de Tibú; las órdenes de "legalizar y englobar terrenos" reportadas por desmovilizados en el Magdalena: todo compone un patrón donde el papel sellado consuma lo que las armas empezaron.

La Ley 1182 permitió a poseedores con títulos registrados como "falsa tradición" sanear sus derechos ante jueces civiles y, aunque prohibió su aplicación en casos de éxodo forzado, en la práctica las víctimas del despojo no pueden acreditar sus derechos por carecer de títulos inscritos en las Oficinas de Registro de Instrumentos Públicos. El derecho asume una asimetría probatoria que favorece al despojador. Bajo la Ley de Justicia y Paz de 2005, los líderes paramilitares confesaron miles de homicidios a cambio de reducción de penas, pero las limitaciones de esas confesiones dejaron amplias zonas oscuras sobre los mecanismos precisos del despojo de tierras.

La definición institucional colombiana del despojo lo describe como la acción por la cual una persona es privada de su propiedad, posesión u ocupación mediante proceso judicial, acto administrativo o circunstancias relacionadas con el conflicto armado, con la intención de apropiarse del bien. La fórmula es reveladora: pone en el mismo plano al juez, al funcionario y al hombre armado. Los tres pueden hacer lo mismo.

Resistencias y restituciones

La contracara de la desposesión es una tradición de resistencia enraizada en la sobreposición histórica de comunidades campesinas, indígenas y afrodescendientes con formas diversas de apropiación y control del espacio. La ANUC —creada por el Estado en el gobierno Lleras Restrepo y desbordada por sus bases hacia la acción directa en los años setenta— es su expresión más conocida. Del Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC), fundado en 1971, salió una escuela política que inspiró la creación de organizaciones análogas en Caldas y Risaralda —Cridec y CRIR— ante las diferencias entre la visión indígena del territorio y la visión predominantemente agrarista de la ANUC. La distancia entre ambas concepciones no fue menor: mientras la ANUC pensaba la tierra como medio de producción a redistribuir, el CRIC introdujo la categoría de territorio como sustrato de autonomía política, cosmovisión y jurisdicción propia.

Ante situaciones extremas de reconfiguración territorial, las comunidades han creado espacios propios: Comunidades de Paz, Zonas Humanitarias y Zonas de Biodiversidad. Son figuras autoprotectivas que buscan preservar arraigos y recomponer lazos donde el Estado no llega o llega mal. La Comunidad de Paz de San José de Apartadó, en Urabá, y las Zonas Humanitarias del Curvaradó y Jiguamiandó, en el Chocó, muestran hasta qué punto la resistencia territorial ha tenido que inventar sus propias categorías cuando las estatales fallan.

En el paro nacional agrario de 2013, campesinos, indígenas y afrodescendientes articularon reivindicaciones que reiteraban las del paro de 1977 y las de las marchas cocaleras de 1996: sustitución de cultivos de uso ilícito con garantías de productividad y comercialización de alternativas legales. La repetición del pliego a lo largo de cuatro décadas es en sí misma un dato sobre la duración de los problemas y la sordera de las respuestas. En el resguardo de López Adentro, en el Valle del Cauca, la recuperación conjunta de tierras históricamente ocupadas por la agroindustria cañera dio lugar a una convivencia entre comunidades con concepciones distintas sobre la tenencia y el uso del suelo. Son ensayos de coordinación entre sujetos históricamente separados por la propia geografía del despojo, y prefiguran, en escala local, la política agraria que las reformas nacionales han fracasado en construir.

El Acuerdo Final de 2016 entre el Estado y las FARC-EP incluyó en su punto 1 una Reforma Rural Integral que contempla un Fondo de Tierras para campesinos sin tierra o con tierra insuficiente y la erradicación de la pobreza rural extrema. La reacción que suscitó replicó los patrones de resistencia terrateniente que habían bloqueado la Ley 200 de 1936 y la reforma de Lleras Restrepo. La derrota del plebiscito de 2016 y la subsiguiente renegociación del acuerdo dejaron el punto 1 vivo en el papel pero anémico en la implementación. Entre 2000 y 2015, el coeficiente de Gini de tierras aumentó en 21 de 31 departamentos: mientras se negociaba y se firmaba el mayor acuerdo agrario de la historia reciente, la concentración seguía creciendo en dos tercios del país.

La Ley de Víctimas y Restitución de Tierras de 2011 estableció un procedimiento administrativo y judicial para devolver predios despojados o abandonados forzadamente a partir de 1991. Su implementación tropezó desde el inicio con la persistencia de los intereses que produjeron el despojo: líderes reclamantes asesinados, opositores administrativos que retrasan los fallos, jueces sobrecargados, presencia de nuevos actores armados en los territorios a restituir. La distancia entre las hectáreas solicitadas y las efectivamente restituidas mide, mejor que cualquier discurso, la asimetría entre la promesa reparadora y la maquinaria que la resiste.

Concepto y proceso: qué revela y qué no

La utilidad analítica de la acumulación por desposesión para leer a Colombia es evidente: nombra con precisión la continuidad entre la privatización colonial de baldíos, la contrarreforma agraria del siglo XX y el despojo armado-agroindustrial contemporáneo. Muestra que el capitalismo colombiano no dejó atrás la acumulación originaria: la reactivó cíclicamente. Y ofrece un vocabulario común para entender fenómenos que la historiografía tradicional separaba —el latifundio decimonónico, el conflicto armado interno, las privatizaciones neoliberales, el extractivismo— como partes de un mismo mecanismo estructural.

Pero el concepto tiene sus límites, y la evidencia colombiana obliga a nombrarlos. El despojo no siguió una lógica capitalista coherente y planificada desde arriba. La colonización periférica funcionó también como válvula de escape que el propio Estado promovió para descomprimir conflictos agrarios sin redistribuir. Los beneficiarios del despojo paramilitar fueron heterogéneos, con motivaciones contrainsurgentes entrelazadas con las económicas y sin un sujeto capitalista unitario que dirigiera la operación. Las élites terratenientes, un Estado débil o cooptado y actores violentos con agendas dispares coincidieron una y otra vez sobre los mismos territorios sin que nadie estuviera moviendo desde afuera todas las piezas. Esa recurrencia sin dirección única es lo que conviene llamar convergencia contingente antes que plan: la continuidad del despojo colombiano se explica menos por la lógica pura del capital que por esa coincidencia repetida de intereses y actores que no necesitaba coordinarse para producir el mismo resultado.

Y el resultado acumulativo es inequívoco. La reconcentración producida entre 1998 y 2008, cuando el 0,2% de los predios pasó a controlar más del 60% del área agropecuaria, constituye una ruptura cualitativa respecto a la concentración colonial-republicana. La articulación orgánica entre paramilitarismo, narcotráfico, funcionarios del INCORA/INCODER y agroindustria transnacional logró en una década lo que ningún ciclo anterior había alcanzado. El periodo neoliberal colombiano no es una simple repetición del patrón histórico: es un momento distinto, más denso, de acumulación por desposesión.

Leer a Colombia con este concepto obliga a mirar el capitalismo del país no como un modelo que aún no se ha modernizado sino como uno cuya modernidad consiste precisamente en la reactivación permanente de la desposesión. La tierra, aquí, no es un mercado consolidado con reglas estables: es una frontera abierta que las élites vuelven a cercar cada generación, con las herramientas de cada época —la ley republicana, el pacto contrarreformista, la resolución administrativa, el proyecto extractivo—. Colombia no es un país inacabado que aún deba hacer su reforma agraria, sino un país cuyo régimen de propiedad se ha reproducido, ciclo tras ciclo, mediante un mecanismo específico y documentable. Ese diagnóstico —y no la metáfora del atraso— fija el terreno donde cualquier política redistributiva tendrá que dar la pelea: contra la maquinaria concreta que ha convertido cada intento de reforma en ocasión para una nueva contrarreforma.

04

En el archivo

75 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

01Conquista1499–15991
  1. 1538La conquista de la Nueva Granada como empresa mercantilPregunta
02Independencia1810–18312
  1. 1821Disolución liberal de los resguardos indígenas y despojo comunal (1821-1828)Hecho
  2. 1821Ley de Haberes Militares de 1821Hecho
03Nueva Granada1831–18621
  1. 1864Modelos regionales de acumulación en el siglo XIX: Antioquia y el Valle del CaucaPregunta
04Estados Unidos de Colombia1863–18853
  1. 1870La colonización antioqueña y la fábrica del pionero (1870–1880)Hecho
  2. 1880Concesiones masivas de baldíos en la Orinoquia (1880-1900)Hecho
  3. 1885Las guerras civiles colombianas de 1863–1903Pregunta
05Regeneración1886–19293
  1. 1905Ley 55 de 1905 y la disolución de los resguardos indígenas del CaribeHecho
  2. 1907Julio César AranaFicha
  3. 1928Masacre de las BananerasHecho
06La Violencia1946–19571
  1. 1950Acumulación originariaFicha
07Crisis y narcotráfico1974–19902
  1. 1985Hacienda ganaderaFicha
  2. 1990Narcotráfico y tierra en Colombia (1980-2000)Pregunta
08Constitución de 19911991–200212
  1. 1991El multiculturalismo de la Constitución de 1991Pregunta
  2. 1991Funpazcor y el despojo legalizado mediante filantropía armadaHecho
  3. 1993Resistencia embera-katío contra Urrá y desaparición de Kimy Pernía DomicóHecho
  4. 1993Titulación colectivaFicha
  5. 1995Capital transnacionalFicha
  6. 1995Cooperativas de Trabajo Asociado y desmantelamiento del sindicalismo palmero (1995–2005)Hecho
  7. 1997El despojo narco-paramilitar y la contrarreforma agraria en Colombia (1980-2006)Pregunta
  8. 1997Operación Génesis y desplazamiento masivo en el Bajo AtratoHecho
  9. 1997Urbanización forzadaFicha
  10. 2000CurvaradóFicha
  11. 2001Kimy Pernía DomicóFicha
  12. 2001Palma aceitera y despojo paramilitar en Colombia (1996–2013)Pregunta
09Seguridad Democrática2002–20167
  1. 1997Despojo, palma aceitera y titulación colectiva afro en Curvaradó y Jiguamiandó (1997–2007)Hecho
  2. 2001Fumigaciones aéreas con glifosato, efecto globo y desplazamiento cocalero (2001–2008)Hecho
  3. 2002Auge extractivo y las locomotoras minero-energéticas (2002–2016)Hecho
  4. 2006Agroindustria en ColombiaFicha
  5. 2007Daniel Rendón HerreraFicha
  6. 2008Palma africanaFicha
  7. 2010Casas de pique y violencia urbana afrocolombiana en Buenaventura (2010–2015)Hecho
10Posconflicto2016–presente3
  1. 2017Paro Cívico de Buenaventura de 2017Hecho
  2. 2021El paro nacional de 2021Pregunta
  3. 2022Francia MárquezFicha
11Transversal39
  1. 1550ExtractivismoFicha
  2. 1800El resguardo y la política indígena tardocolonial en la Nueva GranadaPregunta
  3. 1820Capital extranjeroFicha
  4. 1821AmnistíaFicha
  5. 1821BaldíosFicha
  6. 1850DespojoFicha
  7. 1880La colonización antioqueña democráticaPregunta
  8. 1900Frontera internaFicha
  9. 1900Las periferias colombianas y la exclusión territorial deliberadaPregunta
  10. 1900TumacoFicha
  11. 1913Enclave bananeroFicha
  12. 1922BarrancabermejaFicha
  13. 1950Frontera agrícolaFicha
  14. 1950PalmiraFicha
  15. 1960Frontera agrariaFicha
  16. 1960LatifundioFicha
  17. 1969Puerto GaitánFicha
  18. 1971Norte del CaucaFicha
  19. 1972Contrarreforma agrariaFicha
  20. 1980MonteríaFicha
  21. 1985Economía de guerraFicha
  22. 1985La periferia urbana colombiana como geografía del despojoPregunta
  23. 1985Oriente antioqueñoFicha
  24. 1985San CarlosFicha
  25. 1988SegoviaFicha
  26. 1990Bajo CaucaFicha
  27. 1990Víctor CarranzaFicha
  28. 1991El reconocimiento indígena en la Constitución de 1991Pregunta
  29. 1993Pacífico colombianoFicha
  30. 1994El viraje del paramilitarismo colombianoPregunta
  31. 1995Alto SinúFicha
  32. 1995Sur de BolívarFicha
  33. 1997Desplazamiento forzadoFicha
  34. 1998El despojo agrario en Colombia, 1985-2010Pregunta
  35. 1998Montes de MaríaFicha
  36. 2000AltillanuraFicha
  37. 2000Bajo AtratoFicha
  38. 2013BuenaventuraFicha
  39. 2020Violencia selectiva contra el liderazgo social rural en Colombia (1970–2024)Pregunta
05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01David Harvey — teorizó el concepto como dispositivo permanente del capitalismo en The New Imperialism (2003), desprendiéndolo de su connotación temporal originaria
  2. 02Karl Marx — formuló la 'acumulación originaria' en El Capital (1867) como prehistoria del capital, base conceptual sobre la que Harvey construyó la acumulación por desposesión
  3. 03Rosa Luxemburg — anticipó la tesis de Harvey al insistir en que el capital necesita permanentemente un afuera no capitalista del cual extraer recursos, mercados y tierra
  4. 04Despojo — manifestación concreta del concepto en Colombia, ejecutado mediante violencia física y fraude jurídico-administrativo, especialmente por el paramilitarismo entre 1985 y 2013
  5. 05Reforma agraria — proceso históricamente contrapuesto a la acumulación por desposesión en Colombia; cada intento reformista (1936, 1961, 1972, 2016) fue neutralizado por la contrarreforma
  6. 06Latifundio — estructura de tenencia resultante y reproductora de la acumulación por desposesión en Colombia, con Gini de 0,905 en 2014
  7. 07Desplazamiento forzado — consecuencia directa del despojo violento; más de 537.503 familias afectadas entre 1985 y 2013
  8. 08Baldíos — recurso estatal cuya adjudicación concentrada desde el siglo XIX constituyó una forma temprana de acumulación por desposesión en Colombia
  9. 09Darío Fajardo, Absalón Machado, Héctor Mondragón — académicos colombianos que aplicaron el marco de la renta del suelo y las vías de desarrollo capitalista para leer el agro colombiano bajo este concepto
  10. 10AUC (Autodefensas Unidas de Colombia) — actor armado que ejecutó el ciclo más intenso de despojo violento (1998-2008), articulando violencia física con fraude jurídico-administrativo en beneficio de hacendados, narcotraficantes y empresarios agroindustriales
06

Documentos y fragmentos citados

61 documentos · 68 fragmentos

01La crisis agraria en Colombia, 1950-1980Santiago Perry · 1983 · p. 551 cita
[1]

mirar donde produce no atiende a la forma en que lo hace, y confunden en uria misma categoría artesano con obrero industrial, y otros exabruptos, como si fuesen lo mismo o produjeran en la misma forma. 57 ción y reducidos violentamente a la condición de desposeídos, hay un torrente migratorio que lleva a su flore é…

p. 55
02Resistencia en el San JorgeOrlando Fals Borda · 2002 · p. 2701 cita
[2]

que ponía las bases de la acumulación originaria, cuando nacía " m a n a n d o sangre por todos los po- r o s " (Marx). El señorío colonial quedó pálido ante la clase e m e r g e n t e de esta época, llamada liberal-conservadora y demó- crata de labios para afuera, en cuyas finas manos de uñas largas crecieron las…

p. 270
03At the Margins of the Global Market: Making Commodities, Workers, and Crisis in Rural ColombiaPhillip A. Hough · 2022 · p. 491 cita
[3]

so-called silent compulsions of the market without paying enough attention to the ways that commodity, labor, and fi nancial market dynamics are socially and politically constructed and reconstructed by speci fi c sets of social institutions and actors. 9 Unfortunately, labor regime scholarship, and scholars of global…

p. 49
04Conversations in Colombia: The Domestic Economy in Life and TextStephen Gudeman, Alberto Rivera · 1990 · p. 832 citas
[4]

for more than fifty years, Mill (1929[1848]:91-100) provided perhaps the most thorough and thoughtful discussion of the distinction, but Smith had earlier given it currency (1976[1776]:294-301), and it was implicit in Quesnay's (1972[1758—9]) even earlier distinction between "original advances" and "annual advances"…

p. 83
[5]

for more than fifty years, Mill (1929[1848]:91-100) provided perhaps the most thorough and thoughtful discussion of the distinction, but Smith had earlier given it currency (1976[1776]:294-301), and it was implicit in Quesnay's (1972[1758—9]) even earlier distinction between "original advances" and "annual advances"…

p. 83
05El Desarrollo de la Agricultura en ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1982 · p. 2791 cita
[6]

terrateniente es siempre lenta está cons- tituida por la argumentación de Lenin sobre la vía prusiana, es- pecialmente en El programa agrario de la social democracia rusa, 1905-1907, donde se compara ésta con la vía democrática en sus efectos políticos y económicos. Sin embargo, el problema es un poco más complejo ya…

p. 279
06Las ideas socialistas en ColombiaJorge Eliécer Gaitán · 2017 · p. 571 cita
[7]

todos los caracteres de perfección y legitimidad. En cuanto reza con la productividad del capital es asunto que adelante estudiaremos. Ahora tan sólo nos interesa demostrar el porqué de la confusión que se hace entre su forma prehistórica y la actual. Se toma el capital en su tipo primitivo, el arado, la red, la…

p. 57
07Estado crítico de la propiedad colectivaDelgado Castaño, P. · 2018 · p. 52 citas
[8]

provincias sureñas de Popayán y Pasto, de alta concentración poblacional indígena, donde el aislamiento brindado por las formidables barreras cordilleranas, elevados cañones y caudalosos ríos, permitió que los resguardos tuvieran una tregua. Los principales pueblos indígenas del alto Cauca estrecharon lazos de unión…

p. 5
[9]

provincias sureñas de Popayán y Pasto, de alta concentración poblacional indígena, donde el aislamiento brindado por las formidables barreras cordilleranas, elevados cañones y caudalosos ríos, permitió que los resguardos tuvieran una tregua. Los principales pueblos indígenas del alto Cauca estrecharon lazos de unión…

p. 5
08Colonización y protesta campesina en Colombia (1850-1950)Catherine LeGrand · 2016 · p. 371 cita
[10]

averiguarlo. Porque es claro, por lo que cuenta el libro, que este hecho marcó de manera indeleble la vida y los conflictos sociales del campo colombiano. El segundo bloque es que, frente a tal situación, los políticos y tomadores de decisiones vieron a los baldíos desde dos perspectivas. Por un lado, como un recurso…

p. 37
09Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 3411 cita
[11]

el resto los te- rrenos de rastrojo. Son muchas las tierras, inclusive en el centro del país, que escapan a la apropiación privada, pero las tierras baldías pueden ser ocupadas por co- lonos, ocupantes precarios de peque- ñas o grandes superficies. La ley 200 de 1936, de haberse aplicado, hubiera podido resolver estos…

p. 341
10La tierra no basta. Colonización, baldíos, conflicto y organizaciones sociales en el CaquetáCentro Nacional de Memoria Histórica, Erika Andrea Ramírez Jiménez · 2017 · p. 1121 cita
[12]

los procesos de distribución de la propiedad rural son bastante inequitativos. Vemos que las adjudicaciones en los rangos de 501-1.000 hectáreas y de 1.001-2.500 hectáreas con- trolan el 93,10 % de la superficie asignada y representan sólo el 26 % del total de adjudicaciones, mientras que los predios de peque- ña…

p. 112
11El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 631 cita
[13]

orígenes la FNCC ha organizado los intereses cafeteros a nom- bre de la sociedad y del Estado, los ha representado en el mundo, y desde 1932 ha propuesto el discurso central del "café en Colombia'', calcado de la conciencia cafetera de los hacendados de fines del siglo XIX y comienzos del xx:: permanecer en el mercado…

p. 63
12El poder de la carne. Historias de ganaderías en la primera mitad del siglo XX en ColombiaAlberto G. Flórez-Malagón (ed.), Luis Guillermo Baptiste, Ingrid Johanna Bolívar, Stefania Gallini, Shawn Van Ausdal · 2008 · p. 341 cita
[14]

en los años 20, Absalón Machado y otros afirman que Colombia nunca realmente ha tenido una revolución burguesa (únicamente en los años cincuenta, el país comenzó a adoptar el llamado camino junker del desarrollo agrario capitalista desde arriba)"'. En los años 30, apunra Gómez, el latifundio ganadero estaba al frente…

p. 34
13Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 581 cita
[15]

niveles y la magnitud de esta resistencia dependieron, asimismo, del tipo de relaciones de producción que caracterizaban a cada región: relaciones y estructura de clase, contingencia política, ritmo de inte- gración de la región al sistema capitalista global y función de las insti- tuciones del Estado. Colombia…

p. 58
14El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · p. 3861 cita
[16]

de la Ley de Tierras 14• Los fundamentos teóricos, las bases ideológicas y los efectos prácticos de la Ley 200 han sido muy divulgados y analizados por diferentes especialistas, especialmente en el campo del derecho agrario. Esto nos permite tocarla sólo de pasada. En cuanto a modernizar el derecho dándole uniformidad…

p. 386
15Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 2491 cita
[17]

puertas de crédito para la producción agraria, viéndose obligadas a acelerar los flujos migratorios campo-ciudad y a intensificar la ocupación de nuevos territorios. Machado indica que el grado de concentración de la propiedad aumentó entre 1960 y 1970 a pesar de la prolija legislación agraria promulgada alrededor de…

p. 249
16Guerra propia, guerra ajena. Conflictos armados y reconstrucción identitaria en los Andes colombianos. El Movimiento Armado Quintín LameDaniel Ricardo Peñaranda Supelano · 2015 · p. 1391 cita
[18]

un énfasis en la dotación de tierras a los arrendata - rios y aparce ros, y la profun dización de la reforma por medio de la organiza ción de los campe sinos. Esta última medida condujo a la creación de la Asocia ción Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC), que constituía una osada respuesta al ascenso de los movi…

p. 139
17Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Eje CafeteroComisión de la Verdad · 2022 · p. 661 cita
[19]

para seguir defendiendo nuestro territorio ancestral». 146 Informe 262-CI-00390. Consejo Regional Indígena de Caldas (Cridec) y Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado (Movice), «El genocidio silencioso del puebo Embera Chamí de Caldas». de las guerrillas liberales a la efervescencia social (1958-1977)…

p. 66
18Los retos de la Colombia contemporánea. Miradas disciplinares diversas en las ciencias socialesMauricio Nieto Olarte (edición académica y compilación), Luis Javier Orjuela, Alix Catalina Rojas, Carlos Felipe Cantor, Juan Carlos Rodríguez, Andrés Guhl, Sandra Borda G., Mateo Morales, Ángela Iranzo Dosdad, Alejandro Castillejo Cuéllar, Juan Ricardo Aparicio, Alhena Caicedo, Pablo Jaramillo, Carlos A. Manrique, Laura Quintana · 2017 · p. 292 citas
[20]

36 (López Pumarejo) y 1. ª del 68 (Lleras Restrepo), mediante la adjudicación de la propiedad al aparcero o arrendatario, después de diez años de trabajo sobre ella 3. Así, mediante la Ley 6. ª se evitaba la redistribución de la tierra. Esta relación de aparcería, que incluso podía obligar al campesino a pres - tarle…

p. 29
[21]

36 (López Pumarejo) y 1. ª del 68 (Lleras Restrepo), mediante la adjudicación de la propiedad al aparcero o arrendatario, después de diez años de trabajo sobre ella 3. Así, mediante la Ley 6. ª se evitaba la redistribución de la tierra. Esta relación de aparcería, que incluso podía obligar al campesino a pres - tarle…

p. 29
19Histories of Perplexity: Colombia, 1970s–2010sLina Britto, A. Ricardo López-Pedreros · 2024 · p. 4371 cita
[22]

point of the negotiation was to establish ground rules to guarantee land access for its members, as well as other conditions essential for their sustenance, without disputing the right of the business class to rural property. History seemed to be repeating itself, however, replicating what happened in 1936 when Law…

p. 437
20La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo IICentro Nacional de Memoria Histórica · 2022 · p. 201 cita
[23]

sobre tenencia de la tierra, entre 2002 y 2009 hubo un incremento del 2,5 por ciento, especialmente en 2005, en el 57 por ciento del territorio nacional (Ibañez y Muñoz, 2009, s.p.). Temporalmente estos datos coinciden con la consolidación de estructuras como el Bloque Norte, así como la fase de negociación y…

p. 20
21Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1381 cita
[24]

el mapa 9 se pueden apreciar, por ejemplo, los municipios que presentan expansión de cultivos de palma en el periodo 2001-2013, en relación con los que registran fenómenos de desplazamiento forzado entre 2001 y 2004. Se evidencia allí una correspondencia en algunas regiones del Urabá, el Magdalena Medio o el Meta. La…

p. 138
22Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo I. De la violencia a las resistencias ante el Bloque Centauros de las AUCCentro Nacional de Memoria Histórica · 2021 · p. 3891 cita
[25]

en torno a los propietarios de los hatos 117 y a la salvaguarda de sus intereses debido a la incapacidad del Estado colombiano para regular y proveer bienes públicos y seguridad en las áreas más periféricas, Lo anterior, conjugado con las redes de clientelismo, la corrupción de los funcionarios públicos, la preca-…

p. 389
23No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 4001 cita
[26]

ellas a través de mecanismos ilegales o aparentemente legales. La Comisión de la Verdad ha documentado que las AUC se caracterizaron por un despojo sofisticado al contar con la complicidad de servidores públicos para registrar en notarías las miles de hectáreas usurpadas e impulsar la creación de empresas y la llegada…

p. 400
24Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Ensayo introductorioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 711 cita
[27]

pieza clave en las estrategias –sobre todo las que ejercieron la violencia física– utilizadas para despojar y promover el abandono de tierras y bienes en el país. Las historias territoriales compi- ladas en este tomo dan cuenta de la utilización de diferentes modalidades de violencia para arrebatarle la tierra y los…

p. 71
25La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo ICentro Nacional de Memoria Histórica, Lukas Rodríguez Lizcano · 2022 · p. 4691 cita
[28]

parcelas fueron entrega- das a otros parceleros, algunos de ellos familiares y testaferros de comandan- tes paramilitares, para luego venderlas a las empresas multinacionales. La Fis- calía estableció que el Incoder traspasó las parcelas 6, 9, 1, 45 y 48 a familiares de David Hernández, alias Treintainueve, comandante…

p. 469
26Con licencia para desplazar. Masacres y reconfiguración territorial en Tibú, CatatumboYamile Salinas Abdala, María Fernanda Pérez Trujillo, Juan Pablo Luque, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 1741 cita
[29]

Buenos Aires, que habían huido en 1997 y tres años más tarde 174 Con licencia para desplazar llegaron unos señores encapuchados y bien armados y le me- tieron candela al rancho y nos sacaron de adentro donde está- bamos durmiendo, a mí me pusieron en un barranco, ahí me insultaban y me decían palabras obesas (sic), me…

p. 174
27Mujeres que hacen historia. Tierra, cuerpo y política en el Caribe colombianoGrupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación · 2011 · p. 1571 cita
[30]

readjudicciones son Chivolo (47 casos), Ariguaní (32), Pivijay (24), Sitio Nuevo (12), Tenerife (8), Ciénaga, Santa Marta, Aracataca, Fundación y Plato con 2 casos cada uno y El Banco con 1 caso. La fiscalía abrió inves- tigaciones contra los funcionarios el INCORA/INCODER por 36 casos en las veredas Bejuco Prieto y…

p. 157
28Paramilitarism and Neoliberalism: Violent Systems of Capital Accumulation in Colombia and BeyondJasmin Hristov · 2014 · p. 1181 cita
[31]

Embezzlement of government funds. – Land ownership – Plantations with palm oil and other cash-crops – Casinos, lotteries – Gas Stations – Shopping centres – Prostitution establishments. 98 Paramilitarism and Neoliberalism of the use, enjoyment, access to and possession of things. Thus, forced abandonment is the result…

p. 118
29La tierra en disputa. Memorias de despojo y resistencia campesina en la costa Caribe (1960-2010)Absalón Machado, Donny Meertens · 2010 · p. 1091 cita
[32]

colonos. Los actores y beneficiarios del despojo son múltiples y heterogé- neos, y así sus motivaciones. Los actores armados, en primer lugar los paramilitares, seguidos por la guerrilla; y detrás los «actores históricos»: hacendados y grandes ganaderos; o los más modernos, como los narcotraficantes 87 o los…

p. 109
30Desmovilización y reintegración paramilitar. Panorama posacuerdos con las AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 5072 citas
[33]

fueran concentrando en el des - pojo no quiere decir en ningún sentido que hayan dejado de ser antisubversivos o políticos, (…) Es precisamente como despojadores que los paramilitares empiezan a adquirir voz y participación directa, no mediada, en el sistema político. (…) la violencia exterminadora que se vivió en el…

p. 507
[34]

fueran concentrando en el des - pojo no quiere decir en ningún sentido que hayan dejado de ser antisubversivos o políticos, (…) Es precisamente como despojadores que los paramilitares empiezan a adquirir voz y participación directa, no mediada, en el sistema político. (…) la violencia exterminadora que se vivió en el…

p. 507
31Justicia. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoFrancisco Barbosa Delgado · 2018 · p. 571 cita
[35]

derechos individuales como la vida y la libertad (CNMH, 2012b, página 246). De modo que se enmarcan en la misma lógica del discurso de Isaza y justifican la apropiación de territorios. Pero un factor adicional, que refuerza la exis- tencia de intereses ajenos a los grupos y por ello la existencia de la quíntuple…

p. 57
32Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 456, 10022 citas
[36]

mi esposo tenían que habérselas dado a mis hijos. No les dieron nada... igual eso, que se queden con eso, pero que no hablen lo que no es» 1419. territorios. Aproximación conceptual, 35-53; Informe 119-CI-00432, Moncada Carvajal, «Realidades del despojo de tierras», 45-50. 1415 Como ocurrió en la zona de Las Tulapas,…

p. 456
[45]

1002 armados, políticos, administrativos y judiciales para facilitar el proceso de acumulación de tierra en pocas manos, lo que ha agravado la problemática agraria. El subregistro del despojo, que hunde sus raíces en la época de la Violencia, no permite afirmar con precisión cuál es el universo real de víctimas ni la…

p. 1002
33Gobernar en medio de la violencia. Estado y paramilitarismo en ColombiaJacobo Grajales · 2017 · p. 1301 cita
[37]

haya habido amenazas, simplemente no había una formación catastral. Después viene el proyecto de palma y cogen la escritura de la fi nca y reinterpretan los linderos (León, 2005). Este discurso fue retomado por los actores involucrados en el acaparamiento de las tierras. La caracterización de la región como una…

p. 130
34Beyond Bogotá: Diary of a Drug War Journalist in ColombiaGarry Leech · 2009 · p. 152, 1692 citas
[38]

Afro-Colombian and indigenous communities. As was the case with oil, the Colombian government had lowered the royalty rates for coal at the urging of the International Monetary Fund and World Bank, allowing foreign companies to keep a greater share of the country’s resource wealth. It was difficult for me to see how…

p. 169
[39]

had lowered the royalty rates for coal at the urging of the International Monetary Fund and World Bank, allowing foreign companies to keep a greater share of the country’s resource wealth. It was difficult for me to see how the implementation of such policies was benefiting rural Colombians who lived in resource-rich…

p. 152
35Petróleo, coca, despojo territorial y organización social en PutumayoEdinso Culma Vargas, Juliana Guerra Rudas, Rocío Londoño Botero · 2015 · p. 2111 cita
[40]

considerablemente y con ellos el deterioro del ecosistema amazónico putumayense (ya bas- tante devastado por las fumigaciones con glifosato) y la calidad de vida de sus habitantes. 212 Petróleo, coca, despojo territorial y organización social en Putumayo Bajo los mismos parámetros de apropiación y explotación de los…

p. 211
36Alvaro Uribe Velez El Narcotraficante # 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 1351 cita
[41]

de tierras, tierras robadas a campesinos, indígenas y comunidades negras para el exclusivo sembrado de la palma con el total apoyo de la Presidencia de la República. A principios del 2003 la plantación ilegal de la palma de aceite o africana, avanzaba en el norte de Colombia en las regiones próximas al Darién,…

p. 135
37Álvaro Uribe Vélez: El Narcotraficante Nº 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 1351 cita
[42]

de tierras, tierras robadas a campesinos, indígenas y comunidades negras para el exclusivo sembrado de la palma con el total apoyo de la Presidencia de la República. A principios del 2003 la plantación ilegal de la palma de aceite o africana, avanzaba en el norte de Colombia en las regiones próximas al Darién,…

p. 135
38Nos matan y no es noticia. Parapolítica de Estado en ColombiaRicardo Ferrer Espinosa, Nelson J. Restrepo A. · 2010 · p. 711 cita
[43]

como Angola, El Congo, el Sudeste A siático, Indonesia, Madagascar o Brasil: todos tienen en común el hecho de que sus territorios se convierten en el destino de las grandes corporaciones, aparecen milicias o resucitan viejos con- flictos; se diseñan trazados viales hacia las materias primas; se acoplan proyectos…

p. 71
39Carne es guerra. Veganismo y conflicto armado en ColombiaColectiva Dostristestigres, La Calderita Vegana · 2021 · p. 141 cita
[44]

palma africana es un cultivo de rendimiento tardío porque, a pesar de que es permanente, sólo empieza a ge - nerar frutos a partir del tercer o cuarto año. La extrac - ción del aceite debe realizarse máximo en las primeras 12 horas después de que el fruto ha sido recolectado, lo que exige la ubicación de una planta de…

p. 14
40Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 2681 cita
[46]

50 a 100 has 2,4 98 5,9 21 100 a 500 has 1,7 99,7 12,6 33,6 500 a 1.000 has 0,2 99,9 4,8 38,4 >1000 has 0,2 100,1 61,2 99,6 Sin contar los territorios étnicos del censo agropecua- rio, el Gini de 2014 se reduce a 0, 905, bastante mayor que el de 1970 que alcanzó 0, 86, reflejo de la concentración de la propiedad que…

p. 268
41Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 991 cita
[47]

desigualdad no ha dejado de aumentar 223. En 2016, s egún esta organización, Colombia se situaba en primer lugar en el ranking de desigualdad en la distribución de la tierra en Latinoamérica, seguido por Perú, Chile y Paraguay. En el país, el 1 % de las explotaciones de mayor tamaño controlaba más del 80 % de la…

p. 99
42Doble discurso, múltiples crímenes. Análisis temático de las ACMM y las ACPBCentro Nacional de Memoria Histórica, Camilo Ernesto Villamizar Hernández (coordinador) · 2021 · p. 4662 citas
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la propiedad, el promedio de los municipios donde hubo presencia de las ACMM reporta un total de 0,69 y para los municipios de presencia de las ACPB se registra un promedio de 0,64. Esto, si bien está por debajo del pro- medio nacional (0,86) no deja de ser una cifra alta, teniendo en cuenta que en el caso de las ACMM…

p. 466
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la propiedad, el promedio de los municipios donde hubo presencia de las ACMM reporta un total de 0,69 y para los municipios de presencia de las ACPB se registra un promedio de 0,64. Esto, si bien está por debajo del pro- medio nacional (0,86) no deja de ser una cifra alta, teniendo en cuenta que en el caso de las ACMM…

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43Revolutionary Social Change in Colombia: The Origin and Direction of the FARC-EPJames J. Brittain · 2010 · p. 801 cita
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(Christodoulou, 1990: 27). When looking at land concentration based on plots of land less than 10 hectares, Sanders (1981: 90) discovered that in the 1960s roughly 76.5 percent of the population (small producers and/or peasants) had access to a mere 8.8 percent of available land. This inequitable distribution saw a…

p. 80
44Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1531 cita
[51]

histórico, logró la constitución y el reconocimiento de resguardos de origen colonial y republicano, principalmente en las regiones Caribe y Andina. Si bien los pueblos indígenas contaban con estos títulos, casi en su totalidad fueron ocupados por hacendados y colonos. Esto también sucedió en territorios que no…

p. 153
45La guerra vino de afuera. El Bloque Pacífico en el sur del Chocó: una herida que aún no cierraCentro Nacional de Memoria Histórica, Laura Bibiana Escobar García, Laura Catalina Tovar Bohórquez, Esteban de Jesús Caviedes Alfonso · 2022 · p. 571 cita
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de organizaciones sociales a través de los consejos comunitarios, para la protección y utilización sustentable de los recursos naturales (Grueso, 2000). Estos consejos comunitarios son las instancias de organización de los pobladores dentro de un área delimitada del terri- torio que han ocupado de acuerdo a sus…

p. 57
46Bojayá: La guerra sin límitesGrupo de Memoria Histórica, Martha Nubia Bello Albarracín, Pilar Riaño Alcalá, Gonzalo Sánchez G. · 2010 · p. 1541 cita
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2009. Sobre el despojo de tierras, ver: Machado, Absalón, et al. 2009. El Despojo de Tierras y Territorios: aproximación conceptual. Bogotá D.C.: Línea de Investigación Tierra y Conflicto, Área de Memoria Histórica, Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación - CNRR -. Instituto de Estudios Políticos y Relaciones…

p. 154
47Sus armas no lograrán extinguir nuestra palabra. Informe de riesgos de extinción en 6 Pueblos Indígenas de ColombiaObservatorio por la Autonomía y los Derechos de los Pueblos Indígenas en Colombia (Observatorio ADPI); José Aristizabal G.; Lina María González Correa · 2014 · p. 2441 cita
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30.8% para 2012. Pero el asunto más grave ha sido la reticencia para darle estatus jurídico de resguardos a estas nuevas tierras tituladas o para sumarlas a la ampliación de los resguardos. El 55% de las tierras adjudicadas en tiempos recientes sigue a nombre del Fondo Nacional Agrario (Ibid: 6). La situación de las…

p. 244
48Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. PacíficoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 911 cita
[55]

Afrocolombiana, enfocada en asesorar y acompañar la reivindicación del territorio de las comunidades negras. La conformación de la Pastoral Afro fue incentivada por la eventual llegada de megaproyectos a la zona, y entre sus objetivos estaba la protección del territorio y el reconocimiento de la etnicidad 257. ACAPA,…

p. 91
49Raza y derechos humanos en Colombia: Informe sobre discriminación racial y derechos de la población afrocolombianaCésar Rodríguez Garavito, Tatiana Alfonso Sierra, Isabel Cavelier Adarve · 2009 · p. 1191 cita
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estrechamente relacionadas con el territorio, y la afecta- ción diferencial por la variable de género no se ha hecho esperar. Una encuesta reali- zada a 150 mujeres afrocolombianas en situación de desplazamiento en las ciudades de Cartagena, Cali, Quibdó, Tumaco y Bogotá reveló que el 63,24% de ellas recibió amenazas…

p. 119
50Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1511 cita
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la solución, pa nosotros la lucha es esta, la lucha pacífica, la defensa del río y los arroyos, pero hay intereses superiores a cualquier agua, que es la economía» 346. Los procesos de resistencia de los pueblos indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta, la Serranía del Perijá y de los Wayuu, ubicados en las partes…

p. 151
51Afrodescendant Resistance to Deracination in Colombia: Massacre at Bellavista-Bojayá-ChocóAurora Vergara-Figueroa · 2018 · p. 201 cita
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cycle of Diaspora of the Afrodescendants in Colombia. Such a proposal requires me to unveil how the massacre of Bellavista and the deracination of its population appears in the history of the region. With this in mind, I historicize the massacre of Bellavista as an event of deracination by conceptualizing and…

p. 20
52¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 2031 cita
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Para los pueblos y las comunidades indígenas y afrocolombianas el terri- torio es la base de su existencia como sujetos colectivos. En él se expre- san las relaciones productivas, espirituales, simbólicas y culturales que constituyen sus maneras particulares de acceder, conocer, ser y existir en el mundo. Así lo…

p. 203
53Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 2251 cita
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de afrodescendientes. Mientras que en los ámbitos urbanos, el fenómeno de recon- figuración territorial tiene lugar a través de la ampliación y re- valorización de los espacios de la ciudad o del desplazamiento de habitantes de espacios a los cuales el capital reasigna nuevas funciones (“renovaciones urbanas”) 296.…

p. 225
54Más allá del desplazamiento: políticas, derechos y superación del desplazamiento forzado en ColombiaCésar Rodríguez Garavito (coord.), Juan Carlos Guataquí, Ana María Ibáñez Londoño, María Mercedes Maldonado Copello, Luis Eduardo Pérez Murcia, Esteban Restrepo Saldarriaga, Héctor Riveros Serrato, Diana Rodríguez Franco, Yamile Salinas Abdala · 2010 · p. 501 cita
[61]

ostenta el derecho y las transferencias de derechos incompletos o sin antecedente propio (venta de derechos herenciales o derechos y acciones en sucesión). [14] La Ley 1182 faculta al poseedor material que tenga título registrado como falsa tradición, durante un periodo igual o superior a 5 años, a adelantar ante los…

p. 50
55Colombia: Gender and Land RestitutionDonny Meertens · 2017 · p. 81 cita
[62]

3. Political opposition by big landowners made this law, as well as successive attempts, a nearly complete failure (Machado 2009; Meertens 2006). 4. Asociación Nacional de Mujeres Campesinas e Indígenas de Colombia (National Association of Peasant and Indigenous Women of Colombia). 5. None of the usual terms in…

p. 8
56Historia doble de la Costa. Tomo 4: Retorno a la tierraOrlando Fals Borda · 2002 · p. 2411 cita
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actitudes nuevas —como tampoco sin la experiencia acumulada en tantas tomas espontáneas del pasado reciente en Sucre, Cór- doba y Bolívar—, la ANUC no habría podido contar con tantos cuadros campesinos como de repente aparecieron en los años 70, cuando se dio el grito de partida para el mayor esfuerzo organi- zado de…

p. 241
57Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1861 cita
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las plantaciones 760. En entrevistas realizadas por la Comisión, los pueblos indígenas Sikuani y Piapoco señalaron que hasta el día de hoy se sienten confinados y tienen dificultades para pescar y morichar 761, razón por la cual han tenido que cambiar su dieta 762. La persistencia de la exclusión fue el motivo del…

p. 186
58Crecer como un río. Jornaliando cuesta arriba por vida digna, integración regional y desarrollo propio del Macizo Colombiano, Cauca, Nariño y Colombia. Volumen 2John Jairo Rincón García, Camilo López Pérez, Nancy Celia Navarro Rojas, Wilder Jamith Meneses Bolaños, Víctor Hugo Buesaquillo, Camilo Ernesto Muñoz Meneses, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2017 · p. 3471 cita
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que iniciamos todo un proceso de socialización, un proceso de concertación con los otros sectores que hay dentro del municipio y con el acompañamiento y la búsqueda de acompañamiento ins- titucional. Avanzamos hasta el año 2016, que constituimos la mesa técnica intercultural donde estamos indígenas, afros y campesi-…

p. 347
59Nuestra vida ha sido nuestra lucha. Resistencia y Memoria en el Cauca indígenaDaniel Ricardo Peñaranda Supelano (coordinador), Graciela Bolaños, Víctor Daniel Bonilla, Jorge Caballero Fula, Myriam Amparo Espinoza, Vianney Judith García, Jorge Hernández Lara, Pablo Tattay, Libia Tattay Bolaños · 2012 · p. 481 cita
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Los primeros dos testimonios hacen referencia a los territorios que conforman el actual resguardo de López Adentro, que comenzó a ser recuperado en el año de ')*". Se trata de tierras que han pertenecido históricamente a la gran agroindustria cañera del Valle del Cauca y que, de pronto, se vieron amenazadas por una…

p. 48
60Diez propuestas para el estudio de la historia reciente de Colombia con énfasis en el conflicto armadoFrancisco Acevedo, Mauricio Bello, Blanca Cepeda, Wencith Guzmán, Jacqueline Mendoza, Nixon Mora, Roque Moreno, William Peña, Jorge Ramírez, Maira Soto, María Cristina Téllez · 2022 · p. 2261 cita
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• Plantear nuevas acciones de lucha contra la corrupci ó n asociada al narcotr á fico El consumo con un enfoque de salud pública • Se abordar á con un enfoque de derechos humanos y salud p ú blica Instituto Técnico Jorge Gaitán Duran 225 Pol í tica de Desarrollo Agrario Integral – Hacia un nuevo campo colombiano:…

p. 226
61Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 5451 cita
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impulsadas, financiadas y operadas desde distintos centros de intereses, encaminadas en lo fundamental a crear generar contradicciones entre los movimientos populares y asegurar su lealtad al status quo de las relaciones económicas y políticas imperantes. A pesar de estas condiciones, en los ámbitos rurales y urbanos…

p. 545