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Hecho histórico · Seguridad Democrática · 2002–2016

Despojo, palma aceitera y titulación colectiva afro en Curvaradó y Jiguamiandó (1997–2007)

Entre 1997 y 2007, comunidades afrocolombianas de las cuencas del Curvaradó y el Jiguamiandó (Bajo Atrato, Chocó) fueron desplazadas por las ACCU/AUC en coordinación con la Brigada XVII del Ejército; sobre sus territorios colectivos titulados bajo la Ley 70 de 1993 se instalaron plantaciones de palma aceitera financiadas con recursos públicos de Finagro y el Banco Agrario, en un caso que llegó a la Corte Constitucional y produjo las primeras condenas penales por desplazamiento forzado con fines de despojo.

Despojo, palma aceitera y titulación colectiva afro en Curvaradó y Jiguamiandó (1997–2007)
1997–2007
01

Ficha del acontecimiento

Síntesis

Cuándo
1997–2007
Dónde
Bajo Atrato, Chocó, Quibdó, Curvaradó (Chocó), Jiguamiandó (Chocó), Riosucio (Chocó), Carmen del Darién (Chocó), Vigía del Fuerte, San José de Balsa (Riosucio, Chocó), Caño Manso (Curvaradó), Urabá chocoano, Turbo (Antioquia)
Protagonistas
Comunidades afrocolombianas de Curvaradó y Jiguamiandó, Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU) / AUC – Bloque Élmer Cárdenas, Vicente Castaño Gil, Freddy Rendón Herrera (alias 'El Alemán'), Rodrigo Zapata Sierra (alias 'Ricardo'), Raúl Emilio Hasbún (alias 'Pedro Bonito'), Rito Alejo del Río (general, Brigada XVII), Sor Teresa Gómez Álvarez (Asoprobeba / ACCU), Ignacio Roldán (alias 'Monoleche'), Urapalma S.A., Maderas del Darién S.A. (Madarién), Incora / Incoder
02

Lectura causal

Causas, hecho y consecuencias

Causas

  1. Interés de capitales agroindustriales antioqueños en las tierras del Bajo Atrato, percibidas como 'frontera agraria' subutilizada, y resistencia activa de sectores empresariales a la Ley 70 de 1993, a la que caracterizaban como obstáculo a la expansión económica hacia el Pacífico.
  2. Articulación deliberada entre el Bloque Élmer Cárdenas de las AUC y unidades de la Brigada XVII del Ejército y la Policía del Chocó, que coordinaron operaciones de desplazamiento masivo (Operación Génesis, 1997) para vaciar el territorio antes de instalar las plantaciones.
  3. Conocimiento previo de los paramilitares —acreditado por la declaración de alias 'Ricardo' ante la Fiscalía— de que los territorios estaban sometidos al trámite de adjudicación colectiva, lo que convierte el despojo en una operación diseñada contra un derecho jurídicamente existente y no en un choque de ignorancias.
  4. Ausencia de formación catastral moderna en el Bajo Atrato, que permitió redibujar linderos y reinterpretar tierras colectivas como 'baldíos' o predios sin título formal, facilitando la apropiación mediante fraude notarial sin necesidad siempre de amenaza explícita.
  5. Política pública de estímulo al sector palmero (Finagro, Incentivos de Capitalización Rural, Conpes 3510 de 2008 sobre biocombustibles) que proveyó financiación subsidiada y legitimidad institucional a un proyecto agroindustrial cuya expansión territorial reciente estaba basada en el despojo.
1997–2007Despojo, palma aceitera y titulación colectiva afro en Curvaradó y Jiguamiandó (1997–2007)

Consecuencias

  1. Desplazamiento forzado masivo de comunidades afrocolombianas de Riosucio, Carmen del Darién, Vigía del Fuerte y las cuencas del Curvaradó y Jiguamiandó entre 1997 y 2002, con huida hacia cabeceras urbanas, Panamá y asentamientos precarios en la periferia de Turbo.
  2. Instalación de aproximadamente 4.183 hectáreas de palma aceitera dentro de territorios colectivos titulados (3.636 en Curvaradó y 198 en Jiguamiandó hacia 2000, con crecimiento acelerado posterior), financiadas con recursos públicos de Finagro y el Banco Agrario mediante asociaciones fachada.
  3. Producción de un catastro paralelo fraudulento —escrituras individuales sobre territorios colectivos inalienables— que coexistió con el título étnico colectivo y fue utilizado ante bancos y entidades públicas como si fuera el válido.
  4. Auto 005 de 2009 de la Corte Constitucional, que ordenó medidas de protección y restitución para las comunidades afrocolombianas desplazadas, convirtiéndose en referente jurisprudencial fundacional para la restitución étnica.
  5. Primeras condenas penales en Colombia por desplazamiento forzado agravado con fines de despojo, en el marco del proceso de Justicia y Paz, con implicaciones para empresarios, paramilitares y funcionarios públicos.
  6. El caso se convirtió en antecedente directo de la Ley 1448 de 2011 (Ley de Víctimas y Restitución de Tierras) y de los decretos étnicos 4633 y 4635 de 2011, que establecieron el marco especial de restitución para comunidades indígenas y afrocolombianas.
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La clave interpretativa

Por qué importa

El caso de Curvaradó y Jiguamiandó revela la paradoja central del multiculturalismo constitucional colombiano: la titulación colectiva consagrada por la Ley 70 de 1993 no protegió a las comunidades afrocolombianas del despojo, sino que sus linderos formales sirvieron de plano operativo para él. La articulación documentada entre violencia paramilitar, agroindustria de exportación, fraude notarial y financiación pública subsidiada constituye el caso judicial más completo del vínculo despojo-agroindustria en Colombia, y su resolución institucional —Auto 005 de 2009 y decretos étnicos de 2011— fijó los estándares de restitución territorial étnica que aún rigen. Más allá de lo jurídico, el caso expone un modelo de colonización interna en el que el paramilitarismo funcionó como brazo pionero de una política agroindustrial que el Estado ratificó retrospectivamente.
04

Desarrollo histórico

La historia completa

Despojo, palma aceitera y titulación colectiva afro en Curvaradó y Jiguamiandó (1997–2007)

Entre 1997 y 2007, en las cuencas de los ríos Curvaradó y Jiguamiandó, en el Bajo Atrato chocoano, se consumó uno de los despojos territoriales más documentados de la historia colombiana reciente. Comunidades afrocolombianas fueron desplazadas por las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU) y su sucesor el Bloque Élmer Cárdenas de las AUC, en operaciones coordinadas con la Brigada XVII del Ejército. Sobre sus territorios colectivos —titulados por el Incora en 2000 bajo la Ley 70 de 1993— se instalaron plantaciones de palma aceitera a nombre de empresas como Urapalma S.A., financiadas con recursos públicos de Finagro y el Banco Agrario.

El caso condensó, como ningún otro, la articulación entre violencia paramilitar, agroindustria de exportación y complicidad institucional; llegó a la Corte Constitucional mediante el Auto 005 de 2009 y produjo las primeras condenas penales por desplazamiento forzado agravado con fines de despojo. Su lectura obliga a una constatación incómoda: el reconocimiento multicultural que la Constitución de 1991 consagró y la Ley 70 desarrolló no impidió el despojo. En algunos tramos, sus linderos formales sirvieron de plano operativo para él.

El territorio antes del cerco: Ley 70, propiedad colectiva y frontera codiciada

El artículo transitorio 55 de la Constitución de 1991 reconoció el derecho a la propiedad colectiva de las comunidades negras que venían ocupando tierras baldías en las zonas ribereñas del Pacífico según sus prácticas tradicionales de producción. La Ley 70 de 1993 desarrolló ese mandato: consagró la propiedad colectiva como inalienable, inembargable e imprescriptible, y estableció los consejos comunitarios como autoridad interna de administración territorial. Sobre el papel, esa arquitectura hacía jurídicamente imposible vender, gravar, expropiar o someter a límites de dominio los territorios titulados. Sobre el papel.

El Bajo Atrato no era un territorio cualquiera de la cuenca pacífica. Su ubicación entre Antioquia y Chocó, su conexión fluvial con el Caribe a través del golfo de Urabá y la calidad de sus suelos lo convirtieron desde temprano en objeto de interés para capitales agroindustriales antioqueños. Sectores empresariales del sur del Urabá percibían la Ley 70 y los consejos comunitarios como un obstáculo directo a la expansión económica hacia el Pacífico. Llegaron a caracterizar la legislación étnica como un complot, sosteniendo que seis millones de hectáreas habían sido "conquistadas con fines oscuros sin un solo tiro" por vía normativa, bajo supuesta presión de grupos subversivos. Esa lectura circulaba en gremios y notarías antes de que la titulación siquiera se materializara: el despojo, cuando llegó, no improvisó su relato.

El Incora otorgó los títulos colectivos de Curvaradó y Jiguamiandó en 2000, tras un proceso administrativo iniciado a mediados de los noventa. Pero la ocupación armada del territorio, y la adquisición irregular de tierras dentro de él, había empezado antes. El comandante paramilitar Rodrigo Zapata Sierra, alias "Ricardo", declaró ante la Fiscalía que desde 1997 estaba en las cuencas del Curvaradó y el Jiguamiandó comprando tierras y que, ya entonces, sabía que ciertas zonas no eran aptas para adquirirse porque estaban sometidas al trámite de adjudicación colectiva. Esa admisión desmonta cualquier hipótesis de ignorancia sobre el régimen jurídico del territorio: la ofensiva se hizo con conocimiento pleno del proceso legal en curso. No fue un choque entre dos derechos que se ignoraban; fue una operación diseñada contra un derecho que ya se sabía existente.

Operación Génesis y el vaciamiento del Bajo Atrato (1997–2001)

El punto de inflexión fue febrero de 1997. La Operación Génesis, ejecutada por la Brigada XVII del Ejército bajo el mando del general Rito Alejo del Río, coincidió temporal y territorialmente con incursiones de las ACCU en las cuencas del Cacarica, el Salaquí, el Truandó, el Curvaradó y el Jiguamiandó. La operación desató desplazamientos masivos: comunidades enteras de Riosucio, Carmen del Darién y Vigía del Fuerte se vieron obligadas a abandonar sus tierras y a huir hacia cabeceras urbanas, hacia Panamá o hacia asentamientos precarios en la periferia de Turbo. Entre 1997 y 2002, las ACCU consolidaron ese vaciamiento poblacional en toda la región.

La articulación entre paramilitares y fuerza pública no fue tácita ni excepcional. La toma paramilitar de Riosucio fue planeada desde el comando de la Policía del Chocó, en Quibdó. Allí Freddy Rendón Herrera, alias "el Alemán", y Raúl Emilio Hasbún, alias "Pedro Bonito", se reunieron con el teniente coronel Rigoberto Ambrosio Ojeda Prieto para acordar que la Policía no realizaría operativos contra las embarcaciones paramilitares que descendían por el Atrato. Al encuentro concurrió también el respaldo del jefe del CIPOL del Chocó, Luis Alfredo Burgos Pabón. Miembros de las ACCU entraron a Riosucio portando uniformes y fusiles de la fuerza pública, y sus movimientos fluviales quedaron protegidos por la abstención acordada. La complicidad no fue omisión: fue coreografía.

Hacia 2001, la operación se profundizó. El Bloque Élmer Cárdenas conformó el Frente Norte Medio Salaquí, que entró a San José de Balsa, en Riosucio, entre mayo y junio de ese año con aproximadamente cien hombres. Esa fase, ya bajo la estructura formal de las AUC, no buscaba solo el desplazamiento: buscaba la sustitución productiva del territorio. La violencia había despejado el suelo. Ahora había que sembrar sobre él.

La arquitectura empresarial: Urapalma, asociaciones fachada y crédito público

La instalación de la palma aceitera sobre los títulos colectivos comenzó con fuerza a partir de 2001. Hacia 2000 ya existían 3.636 hectáreas sembradas dentro del territorio colectivo de Curvaradó y 198 hectáreas en la cuenca del Jiguamiandó, cifras que crecieron aceleradamente durante el primer gobierno de Álvaro Uribe Vélez, en el marco de la política de estímulo al sector palmero que culminaría con el documento Conpes de 2008 sobre biocombustibles.

El actor central del proyecto fue Vicente Castaño Gil, quien reconoció públicamente ante la revista Semana haber conseguido personalmente a empresarios para invertir en cultivos de palma en Urabá. Urapalma S.A., junto con otras compañías del ramo, fue el vehículo operativo. Su arquitectura combinó tres instrumentos ilegales encadenados, cada uno diseñado para blindar al siguiente.

El primero fue la falsificación de títulos de propiedad en notarías del Urabá antioqueño y del Chocó, mediante escrituras individuales legalizadas sobre territorios colectivos que jurídicamente no admitían tal transferencia. El mecanismo se apoyó en la corrupción de funcionarios y en la cooptación paramilitar de administraciones regionales, más que en un plan estatal centralmente coordinado. Su efecto fue producir, sobre el mismo territorio, dos catastros paralelos: el étnico colectivo y el fraudulento individual, este último utilizado ante bancos y entidades públicas como si fuera el válido. Dos verdades registrales sobre el mismo pedazo de suelo, una para la Constitución y otra para el crédito.

El segundo instrumento fue la cooptación de las corporaciones autónomas regionales Codechocó y Corpourabá, encargadas de otorgar las licencias ambientales necesarias para la conversión de bosque húmedo tropical en plantación monocultivo. Esas licencias legalizaron ambientalmente lo que jurídicamente era imposible.

El tercer instrumento, y probablemente el más revelador, fue la constitución de asociaciones de pequeños palmicultores como fachada. Urapalma y otras empresas las crearon para dar apariencia de posesión efectiva sobre las tierras usurpadas y, sobre todo, para acceder a los Incentivos de Capitalización Rural del programa Finagro, canalizados a través del Banco Agrario.

La lógica era doble. Fedepalma sostenía que la rentabilidad mínima del cultivo exigía al menos 3.000 hectáreas, y el modelo agroindustrial se estructuraba mediante alianzas entre grandes compañías y pequeños o medianos cultivadores que asumían costos y riesgos durante los primeros tres o cuatro años, cuando la palma aún no da fruto. Las asociaciones fachada simulaban ese tejido de pequeños productores y, con ello, activaban el crédito subsidiado y las garantías estatales. Se falsificaba, en el mismo gesto, la propiedad y el productor.

Al menos una de las representantes legales de esas asociaciones era orgánica al aparato armado. Sor Teresa Gómez Álvarez, representante de Asoprobeba, era miembro de las ACCU. Bajo esa figura, Gómez compró un predio de 1.000 hectáreas en Caño Manso, Curvaradó, donde se instalaron cultivos de palma; se le atribuye haber creado la asociación junto con Ignacio Roldán, alias "Monoleche". El circuito quedaba así completo: los mismos actores armados que habían desplazado a las comunidades aparecían, bajo figuras cooperativas, como beneficiarios legítimos del crédito estatal para sembrar palma en las tierras que habían vaciado.

Las plantaciones ilegales del Urabá chocoano recibieron respaldo financiero gubernamental por tres vías paralelas: Finagro, el Fondo Agropecuario de Garantías y el incentivo a la capitalización rural. La financiación no fue un accidente ni un error de verificación. Fue el andamiaje que hizo económicamente viable un proyecto agroindustrial cuya lógica de rendimiento tardío exigía capital paciente y respaldo público. Sin subsidio, no había palma; sin palma, no había cómo justificar la ocupación.

Otro pilar del entramado fue Maderas del Darién S.A., conocida como Madarién. Desde 2000, esta empresa —junto con otra cuya identidad no se precisó en el proceso de Justicia y Paz— aportó al Bloque Élmer Cárdenas entre veinte y treinta millones de pesos, y permitió al grupo paramilitar utilizar las frecuencias de sus antenas repetidoras para comunicaciones. La distinción entre economía legal y economía paramilitar, en el Bajo Atrato, dejó de tener contornos claros.

El discurso de la frontera: cómo se contó el despojo mientras ocurría

La violencia y el fraude notarial no bastaban. El proyecto necesitaba un lenguaje. Ese lenguaje fue el de la frontera agraria, el potencial agroindustrial y el desarrollo. Los territorios del Bajo Atrato fueron reclasificados discursivamente como tierras baldías o subutilizadas, con lo que se legitimaba su incorporación al ciclo productivo nacional, aun a costa de los títulos colectivos.

La ausencia de formación catastral moderna en la región facilitó ese reencuadre. Los linderos de las fincas podían reinterpretarse una vez llegado el proyecto palmero, y en varias zonas la apropiación se produjo sin necesidad de amenaza explícita, por simple redibujo de los límites sobre un mapa que nadie fuera de las comunidades sabía leer. El despojo, en su forma más eficiente, ocurría en la escala del papel milimetrado.

Vicente Castaño articuló ese discurso con inusual franqueza. Reconoció haber conseguido empresarios para el proyecto palmero y sostuvo que la llegada del capital privado atraería después a las instituciones estatales a zonas donde antes no habían tenido presencia. La formulación invertía el orden convencional del desarrollo: no era el Estado el que abría el camino al mercado, sino el paramilitarismo, seguido por el capital, el que preparaba la instalación del Estado. Puesto en su brutal simplicidad, se trataba de un modelo de colonización interna en el que la fuerza armada ilegal funcionaba como brazo pionero de la política pública que luego, retrospectivamente, se avendría a ratificarla. La valorización agroindustrial fue usada, en ese sentido, como legitimación del despojo, un patrón identificable más allá de este caso concreto.

El documento Conpes sobre biocombustibles de 2008 coronó el proceso con un marco institucional favorable. Al articular el proyecto palmero con los objetivos de seguridad energética, protección ambiental, desarrollo rural y posicionamiento exportador —con más del 40% de la producción destinada a biocombustibles—, la política pública dotó de racionalidad estatal a un sector cuya expansión territorial reciente estaba manchada por el despojo. Los compromisos adquiridos en el Conpes anterior de 2002, orientados a garantizar los derechos territoriales de las comunidades afrocolombianas, tuvieron en cambio avances limitados, y el Urabá chocoano siguió siendo, años después, una de las regiones más deprimidas socialmente del país.

La complicidad institucional: Incora, Incoder y el catastro paralelo

El papel de las instituciones agrarias merece atención autónoma. El Incora, y su sucesor el Incoder, no fueron víctimas pasivas del fraude: participaron en decisiones que consolidaron el despojo. Entre febrero y marzo de 2003, el Incora revocó la adjudicación de 134 predios en aproximadamente dos meses, alegando abandono o incumplimiento de crédito. La cifra debe leerse en contexto: entre 1996 y 2002, la entidad había revocado 80 predios en total. En sesenta días, el Incora deshizo casi el doble de adjudicaciones de las que había revocado en los siete años previos, en plena fase de instalación palmera. La aceleración administrativa siguió el compás de la aceleración productiva.

En 2005, el Incoder reconoció el derecho de 1.125 familias del Urabá chocoano a tierras colectivas, pero adoptó decisiones que descontaron una parte de esas hectáreas y las orientaron en favor de empresas palmeras ya instaladas. El reconocimiento étnico convivió, dentro de la misma entidad, con la validación fáctica de las plantaciones que ocupaban los territorios reconocidos. Una mano titulaba lo que la otra recortaba.

En el vecino departamento del Magdalena, exintegrantes del Bloque Norte describieron un patrón replicable: funcionarios del Incoder aceptaban sobornos de estructuras paramilitares para elaborar títulos y escrituras a nombre de los despojadores, legalizando la apropiación en el mismo sistema registral que debía protegerla. En el Bajo Atrato, el mecanismo operó de forma análoga en las notarías y en el sistema de registro público de instrumentos, sin que el carácter formalmente inalienable de la propiedad colectiva detuviera la operación.

Es aquí donde la paradoja del reconocimiento étnico se hace más nítida. Los títulos colectivos otorgados en 2000 fijaron con precisión los linderos, las superficies y las comunidades beneficiarias. Esa cartografía, pensada para proteger, se volvió operativa para quienes la burlaban: identificaba exactamente qué tierras eran inalienables —y, por tanto, cuáles requerían el andamiaje notarial fraudulento— y concentraba la información sobre la población que debía ser desplazada. El título étnico no causó el despojo; lo precedió temporalmente en algunos tramos y lo siguió en otros. Pero, una vez otorgado, sus contornos formales fueron aprovechados por la alianza paramilitar-empresarial para dar apariencia de legalidad a las escrituras individuales fraudulentas y para orientar las decisiones administrativas del Incora/Incoder y las asignaciones de crédito de Finagro. Reconocimiento multicultural y despojo agroindustrial, lejos de contradecirse, se acoplaron en una secuencia donde la violencia despejó el territorio y el andamiaje jurídico-financiero estatal lo consolidó como propiedad agroindustrial.

Zonas Humanitarias y Malla de la Vida: la resistencia como derecho territorial

Contra ese cerco, las comunidades desarrollaron un repertorio de resistencia sin precedentes en el país. Bajo el acompañamiento de la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz (CIJP) —cuya presencia en el Bajo Atrato se remonta a 1994–1996 y se reforzó en 1998— y de la Misión Claretiana, constituida en 2000, familias retornadas a los territorios de Curvaradó y Jiguamiandó demarcaron Zonas Humanitarias y Zonas de Biodiversidad, espacios de refugio y permanencia colectiva en medio del conflicto.

La figura era radical en su sencillez. Se trataba de perímetros demarcados físicamente con cuerdas de nylon, maderas, banderas, leyendas y rótulos, conformando lo que los consejos comunitarios llamaron la Malla de la Vida. Dentro de esos perímetros, los habitantes reivindicaban su condición de población civil no combatiente y exigían a todos los actores armados —Ejército, paramilitares, guerrilla— el respeto a esa neutralidad.

La Malla de la Vida no era una barrera física capaz de detener a un hombre armado. Era un dispositivo jurídico y comunicativo que traducía la protección internacional a los civiles en un lenguaje material, visible, fotografiable. Sus equipos de comunicación estaban dispuestos para transmitir hacia el exterior lo que ocurriera en su interior, y ese solo hecho elevaba el costo político de cualquier incursión. La cuerda de nylon no detenía balas: detenía impunidad.

Los consejos comunitarios usaron las Zonas Humanitarias para exigirle al Estado colombiano el cumplimiento de sus obligaciones en derechos humanos, incluida la protección de las propias zonas. Figuras como Ligia María Chaverra, Enrique Petro, Manuel Denis Blandón y Luis Eduardo Guerra emergieron como voceros de un proyecto de vida no violento que reclamaba autodeterminación territorial. Su denuncia se apoyó en un tejido internacional: la Comisión Asturiana visitó la Zona Humanitaria de Caño Claro-Curvaradó, y la CIJP —con la figura del jesuita Javier Giraldo Moreno como referencia moral— llevó los casos a instancias nacionales e internacionales, incluida la Comisión y la Corte Interamericanas de Derechos Humanos.

La respuesta empresarial fue elocuente. Al menos algunas palmicultoras desobedecieron mandatos de autoridad ambiental que ordenaban suspender actividades e ignoraron los llamados de la Defensoría del Pueblo. Las Águilas Negras, estructuras paramilitares posdesmovilización, mantuvieron un rol de colaboración con los palmeros bajo tolerancia militar, en un continuum que desmintió cualquier lectura de la desmovilización de 2006 como cierre del conflicto en el Bajo Atrato. La palma seguía sembrada; los actores armados, apenas cambiaban de sigla.

Daños: desplazamiento, ambiente y afectación diferencial

El costo humano y ecológico del ciclo 1997–2007 fue sistémico. El desplazamiento forzado alcanzó a comunidades enteras de Curvaradó, Jiguamiandó y Cacarica, con masacres y asesinatos selectivos atribuidos a las estructuras narcoparamilitares y, por acción u omisión, a la fuerza pública.

La afectación tuvo una dimensión diferencial de género particularmente severa. En una muestra de 150 mujeres afrocolombianas desplazadas encuestadas en Cartagena, Cali, Quibdó, Tumaco y Bogotá, el 63,24% había recibido amenazas de muerte condicionadas a desocupar las tierras que habitaban, y el 67% había sido amenazada con hacer daño a sus hijos u otros familiares. La coerción operaba, así, en el núcleo íntimo de la reproducción social de las comunidades: no bastaba con expulsar a las familias del territorio, había que romper el vínculo entre madre e hijo como condición previa a la huida.

La destrucción ambiental fue igualmente estructural. La palma aceitera exigió tala de bosque húmedo tropical, sistemas artificiales de drenaje que desviaron quebradas y alteraron cuencas naturales, y monocultivo que empobreció la biodiversidad vegetal y animal y degradó los suelos. La modificación de los cursos hídricos generó efectos aguas abajo que las comunidades ribereñas —cuya economía tradicional dependía del río— sufrieron directamente. La extracción del aceite, que debe realizarse en las primeras doce horas después de la recolección del fruto, obligó a instalar plantas de beneficio en las inmediaciones de los cultivos, con lo que la infraestructura industrial se enterró físicamente en el territorio colectivo, dificultando aún más cualquier retorno. No solo se cambió quién habitaba la tierra: se cambió la tierra misma, para hacerla incompatible con quienes habían sido expulsados.

El caso en perspectiva: patrón, no excepción

Curvaradó y Jiguamiandó no fueron un exceso local. Fueron la manifestación más documentada de un patrón regional. En el norte del Cesar y del Magdalena —municipios como Ciénaga, Algarrobo, Fundación y Zona Bananera—, la expansión del Bloque Norte de las AUC coincidió geográficamente con la expansión palmera, en una superposición que exintegrantes del propio bloque describieron como "rarísima". El Bloque Central Bolívar usurpó terrenos en el Magdalena Medio mediante violencia directa y compras fraudulentas o presionadas para sembrar palma.

El patrón de despojo paramilitar para expansión agroindustrial comenzó en Urabá, el sur de Córdoba y el Magdalena Medio, y desde la segunda mitad de los noventa se extendió hacia los Montes de María, el corredor minero del Cesar, las zonas bananeras del Magdalena, el norte del Valle del Cauca y el sur del Pacífico. La correspondencia geográfica entre expansión palmera 2001–2013 y desplazamiento forzado 2001–2004 es verificable en Urabá, el Magdalena Medio y el Meta. Un mapa de una cosa es, con leve retardo, el mapa de la otra.

En el Consejo Comunitario Alto Mira y Frontera, en Tumaco, Francisco Hurtado, representante legal del consejo, fue asesinado en 1997 tras demandar a la empresa Palmeiras S.A. —propiedad de los hermanos Jorge y Carlos Corredor— por la ocupación de aproximadamente 800 hectáreas del territorio ancestral. Había ganado el pleito en el marco del proceso de titulación colectiva iniciado en 1996. Su asesinato mostró que el conflicto entre palma y títulos colectivos afro no era exclusivo del Bajo Atrato ni requería la escala de operación de las ACCU: bastaba una empresa, una demanda ganada y un sicario.

Lo que hizo de Curvaradó y Jiguamiandó un caso paradigmático no fue, entonces, su singularidad, sino la densidad de su documentación y el itinerario judicial que produjo. En 2004, la Corte Constitucional declaró en la sentencia T-025 el "estado de cosas inconstitucional" del desplazamiento forzado; cinco años después, en el Auto 005 de 2009, ordenó al Estado adoptar medidas específicas de protección de los derechos territoriales de las comunidades afrocolombianas, con especial énfasis en el Bajo Atrato. La Ley de Víctimas de 2011 y los decretos-ley 4633 y 4635 del mismo año, que crearon los marcos de restitución de tierras para pueblos indígenas y comunidades negras respectivamente, encontraron en Curvaradó y Jiguamiandó su caso fundacional. Las condenas penales posteriores contra empresarios y comandantes paramilitares por desplazamiento forzado agravado y por invasión de áreas de especial importancia ecológica inscribieron el precedente judicial de que la titulación colectiva étnica era un bien jurídico protegido penalmente frente a la agroindustria armada.

Por qué sigue importando

El ciclo 1997–2007 en Curvaradó y Jiguamiandó cerró la ilusión, sostenida por sectores del constitucionalismo colombiano durante los años noventa, de que el reconocimiento multicultural bastaba para garantizar los derechos territoriales de las comunidades étnicas. El título colectivo, por sí solo, no detuvo el desplazamiento. Fue rodeado por la violencia, esquivado por el fraude notarial, ignorado por las autoridades ambientales, contradicho por decisiones del Incoder y financieramente desbordado por el crédito estatal orientado a las plantaciones que lo violaban. La protección jurídica del territorio operó, en su tramo más vulnerable, no como escudo sino como mapa: fijó con precisión lo que había que despojar.

Eso no desmiente la Ley 70; la sitúa en su verdadera escala. La legislación étnica es una condición necesaria pero no suficiente para la protección territorial. Exige, para operar, un tejido institucional que la respalde en catastro, registro, control ambiental, crédito y presencia militar respetuosa de la población civil. Cuando ese tejido se corrompe o se ausenta, el título colectivo puede ser reabsorbido por la lógica agroindustrial que decía enfrentar. El derecho, en soledad, no defiende nada; espera a que alguien lo defienda con él.

El Estado que reconoce territorios colectivos es, en parte, el mismo que subsidia a las empresas que los ocupan, y las empresas que los ocupan son, en parte, socias de las estructuras armadas que los vaciaron. Curvaradó y Jiguamiandó fueron el laboratorio donde ese acople se ensayó a plena luz, con financiación pública, y donde la única frontera efectiva entre la comunidad y la palma terminó siendo una cuerda de nylon tendida entre postes, sostenida por familias que se negaban a irse.

05

La época alrededor

Este hecho no ocurrió solo

07

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

34 documentos · 47 fragmentos
01Bojayá: La guerra sin límitesGrupo de Memoria Histórica, Martha Nubia Bello Albarracín, Pilar Riaño Alcalá, Gonzalo Sánchez G. · 2010 · p. 154, 1742 citas
[1]2009. Sobre el despojo de tierras, ver: Machado, Absalón, et al. 2009. El Despojo de Tierras y Territorios: aproximación conceptual. Bogotá D.C.: Línea de Investigación Tierra y Conflicto, Área de Memoria Histórica, Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación - CNRR -. Instituto de Estudios Políticos y Relaciones…p. 154
[26]del derecho de la población afro- colombiana a la propiedad y a la autonomía sobre el territorio, a la vez, que muestra la salida desesperada de personas quienes, a pesar de sus estrechos y profundos vínculos con la tierra, no en- contraron otra opción que la huída. 231 Rodríguez G., César; Alfonso S., Tatiana y…p. 174
02Representaciones y epistemes locales sobre la naturaleza en el Pacífico sur de ColombiaCarlos Enrique Osorio Garcés · 2018 · p. 681 cita
[2]parque naturales, las tierras comunales de grupos étnicos, las tierras de resguardo, el patrimonio arqueológico de la nación y los demás bienes que determine la ley, son inalienables, imprescriptibles e inembargables. Artículo 70. El estado tiene el deber de promover y fomentar el acceso a la cultura de todos los…p. 68
03La guerra vino de afuera. El Bloque Pacífico en el sur del Chocó: una herida que aún no cierraCentro Nacional de Memoria Histórica, Laura Bibiana Escobar García, Laura Catalina Tovar Bohórquez, Esteban de Jesús Caviedes Alfonso · 2022 · p. 571 cita
[3]de organizaciones sociales a través de los consejos comunitarios, para la protección y utilización sustentable de los recursos naturales (Grueso, 2000). Estos consejos comunitarios son las instancias de organización de los pobladores dentro de un área delimitada del terri- torio que han ocupado de acuerdo a sus…p. 57
04Histories of Perplexity: Colombia, 1970s–2010sLina Britto, A. Ricardo López-Pedreros · 2024 · p. 1841 cita
[4]emerged from adaptation and proliferation of communities along the rivers of the Colom - bian Pacific became an important political statement, and a mechanism to broaden the limiting character of Transitory Article 55, which defined the beneficiaries of the law in geographical terms. In the Article, “Black…p. 184
05Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo IILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · p. 161, 1642 citas
[5]consejos comunitarios por el Incora en 2000 y fueron objeto de des- plazamiento tanto por las FARC como por los paramilitares. De este proceso de otorgamiento de titulación colectiva a las comunidades del sector ya eran conscientes los paramilitares, según se recoge en las declaraciones de Rodrigo Zapata, alias…p. 161
[18]habiendo generado un fondo de gastos comunes (...). (Juzgado Quinto Penal del Circuito Especializado de Medellín, 2014, 30 de octubre, p. 46) 23 Para garantizar la conformación de dicho triángulo, los paramilitares y empresarios se trazaron como estrategia –además de las amenazas para la venta de los predios– utilizar…p. 164
06Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · p. 2661 cita
[6]como los de Curvaradó y Jiguamiandó, una jugada en la que se legalizaron escrituras de propiedades individuales sobre territorios colectivos. Según personas de estas comunidades “se ha generado la posibilidad de la apropiación ilegal de tierras y la protección estatal a la ilegalidad” 247, que más que un plan estatal,…p. 266
07La economía de los paramilitares: Redes de corrupción, negocios y políticaMauricio Romero Vidal (coordinador y editor), Ariel Fernando Ávila Martínez, Vilma Liliana Franco R., Ángela Olaya, Hernán Pedraza Saravia, Bernardo Pérez Salazar, Juan Diego Restrepo E., Diana Torres · 2011 · p. 154, 1812 citas
[7]través de la legislación agraria, ambiental y étnica mencionada. ''Antioquia y sus gremios -dice uno de los empresarios que representa esta posición- vemos con gran preocupación el des- enlace, no solamente de 4.000 hectáreas de palma, sino 6'000.000 del Pacífico colombiano conquistadas con fines oscuros sin un solo…p. 154
[32]zonas humanitarias de refugio y zonas de biodiversidad como una forma de permanecer (además de los otros fines ya referidos) y la eliminación de porciones de los cultivos de palma como un intento de restauración del dominio perdido. La constitución de las zonas implica un ejercicio de demarca- ción, no de lo…p. 181
08Raza y derechos humanos en Colombia: Informe sobre discriminación racial y derechos de la población afrocolombianaCésar Rodríguez Garavito, Tatiana Alfonso Sierra, Isabel Cavelier Adarve · 2009 · p. 119, 3202 citas
[8]la región del Urabá chocoano sigue siendo una de las zonas más deprimidas en términos sociales y económicos, aún seis años después de haber sido expedida la política pública. 25 El bajo y medio Atrato, por su parte, es una de las zonas en donde el impulso de programas de desarrollo sostenible ha vulnerado los derechos…p. 320
[31]estrechamente relacionadas con el territorio, y la afecta- ción diferencial por la variable de género no se ha hecho esperar. Una encuesta reali- zada a 150 mujeres afrocolombianas en situación de desplazamiento en las ciudades de Cartagena, Cali, Quibdó, Tumaco y Bogotá reveló que el 63,24% de ellas recibió amenazas…p. 119
09Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Antioquia, sur de Córdoba y Bajo Atrato chocoanoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1311 cita
[9]coordinación opera- tiva de estructuras paramilitares de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá 347 Entrevista 077-VI-00002. Hombre, víctima, Consejo Comunitario, región del Urabá antioqueño. 348 Informe 119-CI-00686, Comisión Intereclesial de Justicia y Paz et al, «Van por nuestras tierras a sangre y fuego».…p. 131
10Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo ILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · 2022 · p. 362, 4072 citas
[10]DEL PARAMILITARISMO EN EL URABÁ ANTIOQUEÑO, SUR DE CÓRDOBA, BAJO ATRATO Y DARIÉN formantes, si no tiene los milicianos, es un grupo muerto. Toda acción militar tiene que tener una inteligencia... Y si no hay quien la haga ¿por qué? Porque nosotros los cogíamos y los matábamos. (...) La fuerza pú- blica no podía hacer…p. 362
[12]a otras regiones como el Urabá antioqueño, en las que sembra- ron terror y, posteriormente, al bajo Atrato y al Darién, en las que entraron sin hacer distinciones entre guerrilleros y campesinos y tildando a la población civil como colaboradora de la guerrilla. Un postulado de Justicia y Paz, en el relato que…p. 407
11Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. PacíficoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 117, 1202 citas
[11]que registra cómo miembros de las ACCU usaron uniformes y fusiles de la fuerza pública durante esta toma. Además, registra que la toma fue planeada desde el comando de la Policía del Chocó, cuando alias el Alemán –comandante de las ACCU en la región– y Raúl Emilio Hasbún –alias Pedro Bonito– se reunieron en Quibdó con…p. 117
[17]20 de julio de 2013. 420 Corte Constitucional, Sentencia SU394/16, 28 de julio de 2016. 421 Según informes del Incoder, en el año 2000 existían dentro del territorio colectivo de Curvaradó 3.636 hectáreas de cultivos de palma africana, mientras que en el área correspondiente a la cuenca del Jiguamiandó, la extensión…p. 120
12Alvaro Uribe Velez El Narcotraficante # 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 135, 1642 citas
[13]narcoparamilitar Freddy Rendón Herrera, alias 'el alemán' afirmo: «…necesitamos una gran revolución agraria que nos involucre». Por su parte la revista semana en una de sus entrevistas al temido cabecilla Vicente Castaño, alias 'el profe' —prófugo de la justicia y quien se pasea como Pedro por su casa en toda la Costa…p. 164
[24]de tierras, tierras robadas a campesinos, indígenas y comunidades negras para el exclusivo sembrado de la palma con el total apoyo de la Presidencia de la República. A principios del 2003 la plantación ilegal de la palma de aceite o africana, avanzaba en el norte de Colombia en las regiones próximas al Darién,…p. 135
13Álvaro Uribe Vélez: El Narcotraficante Nº 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 135, 1642 citas
[14]narcoparamilitar Freddy Rendón Herrera, alias 'el alemán' afirmo: «…necesitamos una gran revolución agraria que nos involucre». Por su parte la revista semana en una de sus entrevistas al temido cabecilla Vicente Castaño, alias 'el profe' —prófugo de la justicia y quien se pasea como Pedro por su casa en toda la Costa…p. 164
[25]de tierras, tierras robadas a campesinos, indígenas y comunidades negras para el exclusivo sembrado de la palma con el total apoyo de la Presidencia de la República. A principios del 2003 la plantación ilegal de la palma de aceite o africana, avanzaba en el norte de Colombia en las regiones próximas al Darién,…p. 135
14Etnización de la negridad: La invención de las 'comunidades negras' como grupo étnico en ColombiaEduardo Restrepo · 2013 · p. 262, 2662 citas
[15]financiamos de las grandes cadenas de producción de la economía como el banano, el plátano, la ganadería. Pero en la región se adquirieron muchas tierras que se dice compraron las autodefensas. La realidad es que se quedaron con ellas los que iban atrás de nosotros ‘palmoteándonos’” (Urabá Hoy N o 34, abril 2006;…p. 266
[43]en uso del municipio de Tumaco y el 13.3 % del área total sembrada en palma en Colombia. Colombia es el primer productor de palma de aceite en América Latina y el cuarto en el mundo, aportando Tumaco el 11% de la producción nacional de aceite de palma, con un promedio anual de 16 toneladas/ha (Fedepalma 1999). Esta…p. 262
15Guerras RecicladasMaría Teresa Ronderos · 2014 · p. 2791 cita
[16]ganó gran parte del apoyo de su comunidad en La Danta, Antioquia, por las múltiples obras públicas y sociales que hizo. 27 Al tiempo que conquistaba territorios, pensaba en los negocios futuros e imponía su visión del mundo. Fue su idea pionera, mucho antes de que el gobierno Uribe se embarcara en ello, desarrollar…p. 279
16La miseria en ColombiaJames A. Robinson · 2016 · p. 451 cita
[19]este sistema. Cargill, la corporación multinacional con base en Estados Unidos, mediante el fondo de inversión Black River, creó 40 SAS y compró 43 parcelas de tierra en Vichada, que representan 61.000 hectáreas. El Estado extractivo de la periferia colombiana une los intereses de las élites de alta sociedad con los…p. 45
17Mujeres que hacen historia. Tierra, cuerpo y política en el Caribe colombianoGrupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación · 2011 · p. 941 cita
[20]de mucho tiempo atrás, cuando los Castaño, ‘El Alemán’ y otros jefes de las Autodefensas despojaron de sus tierras a agricultores que ocupaban las áreas rurales del municipio de Belén de Bajirá, entre otros, para establecer proyec- tos empresariales de palma de aceite 83. En esa época, Sor Teresa fi- guró como la…p. 94
18Gobernar en medio de la violencia. Estado y paramilitarismo en ColombiaJacobo Grajales · 2017 · p. 130, 1382 citas
[21]haya habido amenazas, simplemente no había una formación catastral. Después viene el proyecto de palma y cogen la escritura de la fi nca y reinterpretan los linderos (León, 2005). Este discurso fue retomado por los actores involucrados en el acaparamiento de las tierras. La caracterización de la región como una…p. 130
[22]por recursos públicos (Colombia, Contraloría General de la República, 2009). *** Los grupos paramilitares adquirieron un papel central como proveedores de seguridad y como empresarios agroindustriales, abriendo el camino a la explotación de recursos que se encontraban hasta ese entonces por fuera del mercado. Esta…p. 138
19Tierras y conflictos rurales: Historia, políticas agrarias y protagonistasRocío Londoño (coord.), Carolina Castro, Álvaro Delgado, Jaime Landinez · 2016 · p. 4831 cita
[23]la superficie destinada a este cultivo en tan solo 3 años. Gracias a esta evolución “al final del siglo, el país había pasado de ser un importador neto de oleaginosas a ser el quinto productor mundial de aceite palma e incluso a exportar parte de su producción” (Kal- manovitz y López, 2006, página 260). Si bien se ha…p. 483
20La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo ICentro Nacional de Memoria Histórica, Lukas Rodríguez Lizcano · 2022 · p. 4391 cita
[27]Intereclesial de Justicia y Paz (2007), sus efectos nocivos se inscriben a partir de dos factores: el despojo territorial y la destrucción de ecosistemas. Desde el punto de vista de los derechos humanos, las empresas cultivadoras de palma llegan a los territorios ancestrales de comunidades nativas, des- pojando a…p. 439
21Lucho Arango, el defensor de la pesca artesanalMelba Patricia Quijano Triana, Ledis Bohórquez Farfán, Clemencia Rodríguez · 2014 · p. 931 cita
[28]gral de ciénagas y restauración de la oferta ictiológica en el Mag - dalena Medio, caracterizan el cultivo de la palma en relación con su afectación de los humedales: La palma no se integra en el ambiente existente, lo reem - plaza en el suyo, lo que quiere decir que destruye las especies de fauna y flora que no son…p. 93
22El desplazamiento en Colombia: Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez (editoras) · 2005 · p. 651 cita
[29]paramilitares quienes tienen amenazados a los jaibanás en la zona de Bojayá, pues consideran que están empleando sus poderes espirituales contra ellos, bien sea para que sus acciones bélicas contra la guerrilla sean fallidas, o para que les caigan enferme- dades incurables. Desafios y amenazas actuales Estos efectos…p. 65
23El desplazamiento en Colombia. Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez · 2005 · p. 651 cita
[30]paramilitares quienes tienen amenazados a los jaibanás en la zona de Bojayá, pues consideran que están empleando sus poderes espirituales contra ellos, bien sea para que sus acciones bélicas contra la guerrilla sean fallidas, o para que les caigan enferme- dades incurables. Desafios y amenazas actuales Estos efectos…p. 65
24El derecho a la justicia como garantía de no repetición. Volumen 1. Graves violaciones de derechos humanos: luchas sociales y cambios normativos e institucionales 1985-2012Centro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · p. 642 citas
[33]de recursos naturales” (Bouley y Rueda, s.f.). 65 La renovación constitucional, la lucha por la justicia y los mecanismos para la búsqueda de la satisfacción del derecho a la justicia (1991-2004) desmilitarizar sus territorios, también se organizaron en zonas humanitarias (Comisión Colombiana de Juristas, 2006).…p. 64
[34]de recursos naturales” (Bouley y Rueda, s.f.). 65 La renovación constitucional, la lucha por la justicia y los mecanismos para la búsqueda de la satisfacción del derecho a la justicia (1991-2004) desmilitarizar sus territorios, también se organizaron en zonas humanitarias (Comisión Colombiana de Juristas, 2006).…p. 64
25Desmovilización y reintegración paramilitar. Panorama posacuerdos con las AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 5302 citas
[35]Petro detalló el reclamo de protección, reparación, seguridad y la devolución y reconocimiento de la ti - tularidad de las tierras despojadas a comunidades campesinas y afros con compromiso de trece empresas palmeras, sobre parte de las cuales la Fiscalía había hallado pruebas de sus nexos con el paramilitarismo.…p. 530
[36]Petro detalló el reclamo de protección, reparación, seguridad y la devolución y reconocimiento de la ti - tularidad de las tierras despojadas a comunidades campesinas y afros con compromiso de trece empresas palmeras, sobre parte de las cuales la Fiscalía había hallado pruebas de sus nexos con el paramilitarismo.…p. 530
26Regiones y conflicto armado. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoClara Inés García · 2018 · p. 2681 cita
[37]valor para enfrentar a los armados. Disputa FARC ACCU/ AUC 1994 - 2000 En 1994-96: Entra la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz (CIJP) a acompañar la pobla- ción. En 1998 se reforzó. En el 2000 “se fundó la Misión Claretiana en esta zona”, “equipo permanente de acompañamiento pastoral, espiritual y solidario a…p. 268
27Plan Colombia: U.S. Ally Atrocities and Community ActivismJohn Lindsay-Poland · 2018 · p. 1281 cita
[38]families could take refuge in case of combat or bombing, and the community demanded that armed groups stay out. The sites would have communication equipment to convey civilians’ experience and seek re spect for their neutrality in the midst of conflict, and people there would not collaborate with the armed groups. In…p. 128
28Nos matan y no es noticia. Parapolítica de Estado en ColombiaRicardo Ferrer Espinosa, Nelson J. Restrepo A. · 2010 · p. 681 cita
[39]que se describía la región noroccidental de Colombia como «la mejor esquina de América», a finales de 1996 e inicios de 1997 miles de habitantes de Córdoba, Urabá y el norte del Chocó sufrieron bombardeos, masacres, desapariciones de líderes co- munitarios y vecinos, asesinatos selectivos y desplazamiento for- zado.…p. 68
29La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo IICentro Nacional de Memoria Histórica · 2022 · p. 43, 3882 citas
[40]Verdad Abierta: (…) Entre febrero y marzo de 2003, el Incora revocó la adjudicación de 134 predios, dos en promedio por día, argumentando que los campesinos abandonaron la tierra o incumplieron con el pago de un crédito que les otorgaron quince años atrás. Se aprecia lo exagerado de la cifra, si se tiene en cuenta que…p. 43
[44]dos sectores: por un lado, las em- presas de palma de aceite o palma africana. Por otro, los grandes cultivos industriales de banano. Respecto a la dinámica de la palma, esta estructura paramilitar encontró tres focos importantes de colaboración forzada y volun- taria: i) en el norte del Cesar, en especial en el…p. 388
30Paramilitarism and Neoliberalism: Violent Systems of Capital Accumulation in Colombia and BeyondJasmin Hristov · 2014 · p. 1221 cita
[41]He submitted a letter to INCORA explaining the reason why he was leaving the parcel of land he was granted in 1987. He submitted a second letter in 1995 hoping that the institution would prevent him from losing the land, but in vain. In 2007, the land appeared registered in the name of an unknown person who had never…p. 122
31Carne es guerra. Veganismo y conflicto armado en ColombiaColectiva Dostristestigres, La Calderita Vegana · 2021 · p. 141 cita
[42]palma africana es un cultivo de rendimiento tardío porque, a pesar de que es permanente, sólo empieza a ge - nerar frutos a partir del tercer o cuarto año. La extrac - ción del aceite debe realizarse máximo en las primeras 12 horas después de que el fruto ha sido recolectado, lo que exige la ubicación de una planta de…p. 14
32Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander. Tomo II. Bloque Central Bolívar: violencia pública y resistencias no violentasAlberto Santos Peñuela (coordinador del informe y correlator), Luis Miguel Buitrago Roa, Juan Guillermo Jaramillo Acuña, Nicolás Otero González, Rodrigo Torrejano Jiménez · 2021 · p. 851 cita
[45]tuvo un componente de ocupa- ción, que fue desde la expulsión de gente del territorio. Los desplazamien- tos fueron muy profundos, fueron producidos por la presencia de las auto- defensas, por la guerra y por la presencia de la guerrilla. Los empresarios entraron sobre baldíos para sembrar palma de aceite y para…p. 85
33Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1381 cita
[46]el mapa 9 se pueden apreciar, por ejemplo, los municipios que presentan expansión de cultivos de palma en el periodo 2001-2013, en relación con los que registran fenómenos de desplazamiento forzado entre 2001 y 2004. Se evidencia allí una correspondencia en algunas regiones del Urabá, el Magdalena Medio o el Meta. La…p. 138
34Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 4301 cita
[47]su primer representante legal, después de haber denunciado la ocupación de mala fe de aproximadamente 800 hectáreas de su territorio ancestral a manos de la empresa Palmeiras S.A., propiedad de los hermanos Jorge y Carlos Corredor, dueños de Betunes Béisbol 1029. Don Alcibíades García, líder social y coordinador del…p. 430