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Hecho histórico · Seguridad Democrática · 2002–2016

Auge extractivo y las locomotoras minero-energéticas (2002–2016)

Entre 2002 y 2016 Colombia vivió el ciclo extractivo más intenso de su historia republicana: el petróleo, el carbón y el oro se convirtieron en el eje fiscal y exportador del Estado, financiando la Seguridad Democrática y el gasto social, pero dejando al descubierto una economía dependiente de precios volátiles, sin diversificación productiva y con profundos costos territoriales, sociales y ambientales.

Auge extractivo y las locomotoras minero-energéticas (2002–2016)
2002–2016
01

Ficha del acontecimiento

Síntesis

Cuándo
2002–2016
Protagonistas
Álvaro Uribe Vélez, Juan Manuel Santos, Andrés Pastrana, Francisco Santos, Mauricio Cárdenas, Amylkar Acosta, Federico Renjifo, Luis Carlos Villegas, Óscar Iván Zuluaga, Fergus McCormick (analista DBRS), Drummond, Glencore-Prodeco
02

Lectura causal

Causas, hecho y consecuencias

Causas

  1. Superciclo mundial de precios de commodities energéticos y mineros iniciado hacia 2004, con pico en 2011, que disparó la rentabilidad de la extracción de petróleo, carbón y oro en Colombia.
  2. Desnacionalización de la industria minera desde los años ochenta y el Código de Minas de 2001 (gobierno Pastrana), que convirtió al Estado en administrador de concesiones, priorizó la titulación y redujo restricciones ambientales y étnicas.
  3. Reducción de las tasas de regalías del carbón por presión del FMI y el Banco Mundial, que permitió a las empresas extranjeras retener una mayor proporción de la renta de los recursos naturales.
  4. Política de Seguridad Democrática del gobierno Uribe, que redujo el riesgo percibido por inversionistas extranjeros y habilitó grandes flujos de capital hacia minería y bioenergía, con gasto militar superior al 4,7% del PIB.
  5. Necesidad fiscal del Estado colombiano de financiar simultáneamente el aparato militar, la expansión social y, posteriormente, el proceso de paz en La Habana, lo que incentivó la profundización del modelo extractivo.
  6. Control corporativo de la infraestructura logística de exportación (ferrocarriles y puertos) por parte de multinacionales como Drummond, Glencore-Prodeco, Murray, CNR y Sloane, que consolidó la dependencia exportadora del sector.
2002–2016Auge extractivo y las locomotoras minero-energéticas (2002–2016)

Consecuencias

  1. Las exportaciones minero-energéticas superaron el 62% de los ingresos externos de Colombia y los ingresos petroleros llegaron a representar cerca del 20% de las rentas del Gobierno central, creando una dependencia fiscal estructural de precios volátiles.
  2. El PIB colombiano creció de 94.700 millones de dólares en 2003 a 380.200 millones en 2013, y la pobreza por ingresos bajó del 50% al 34% entre 2002 y 2011, aunque estas mejoras se sustentaron en factores externos más que en un aumento estructural de la capacidad productiva.
  3. Entre 2000 y 2010 se otorgaron 7.264 títulos mineros y se contrataron más de 5,8 millones de hectáreas, área superior a la dedicada a la actividad agrícola del país, transformando radicalmente el uso del suelo en regiones como La Guajira, Cesar, Casanare y Meta.
  4. La reforma constitucional de regalías de 2011 recentralizó políticamente el gasto de los recursos extractivos, trasladando su administración desde los territorios productores hacia el gobierno nacional y entidades subnacionales no productoras.
  5. En el Cesar, Drummond y Prodeco financiaron y organizaron la llegada de grupos paramilitares desde 1996-1997, produciendo desplazamiento masivo, despojo campesino y transformación del paisaje agrícola en favor de la expansión minera.
  6. Territorios productores como Arauca, donde la extracción llegó al 61% del PIB departamental, no generaron encadenamientos productivos endógenos, quedando atrapados en dependencia fiscal y vulnerabilidad ante la caída de precios.
  7. La caída de los precios del petróleo desde fines de 2014 y de los minerales en proporciones similares expuso la fragilidad del modelo, generando incertidumbre sobre la balanza de pagos y las cuentas fiscales sin que existiera diversificación productiva alternativa.
  8. Comunidades indígenas, afrodescendientes y campesinas en La Guajira, Chocó, Putumayo, sur de Bolívar y Cesar sufrieron impactos ambientales, hídricos y territoriales severos, con mecanismos de consulta previa sistemáticamente debilitados o eludidos.
03

La clave interpretativa

Por qué importa

El auge extractivo de 2002-2016 es el proceso que más profundamente transformó la estructura económica, fiscal y territorial de Colombia en el siglo XXI: financió el Estado, legitimó dos gobiernos y sostuvo el proceso de paz, pero lo hizo sobre una renta volátil, concentrada en manos de multinacionales y administrada desde el centro, mientras los costos del despojo, la violencia paramilitar y la degradación ambiental se quedaron en las periferias productoras. Entender este ciclo es indispensable para comprender tanto la prosperidad relativa de la década como la fragilidad estructural que quedó expuesta cuando los precios cayeron y el Estado tuvo que renegociar su propio modelo de desarrollo.
04

Desarrollo histórico

La historia completa

Auge extractivo y las locomotoras minero-energéticas (2002–2016)

Entre 2002 y 2016 Colombia vivió el ciclo extractivo más intenso de su historia republicana. El petróleo, el carbón y el oro dejaron de ser sectores complementarios de una economía dominada por el café y las manufacturas para convertirse en el eje fiscal, exportador y político del Estado. Bajo los gobiernos de Álvaro Uribe Vélez (2002-2010) y Juan Manuel Santos (2010-2018), las exportaciones minero-energéticas superaron el 62% de los ingresos externos, los ingresos petroleros llegaron a representar cerca del 20% de las rentas del Gobierno central y el sector minero pasó del 5% estable del PIB durante los noventa a un 7% en 2008. Esa bonanza —montada sobre el superciclo mundial de los commodities que arrancó hacia 2004— financió simultáneamente la expansión militar de la Seguridad Democrática y el gasto social que legitimó la negociación de paz en La Habana. Cuando el barril cayó de un promedio de 93 dólares en 2014 a menos de 50 hacia fines de 2015, y los minerales lo siguieron en proporciones similares, quedó al descubierto que el país había construido su prosperidad sobre un ingreso volátil, sin diversificación productiva y sin una institucionalidad ambiental o territorial proporcional al ritmo del auge. Este es el proceso que la política pública denominó, desde 2010, las locomotoras minero-energéticas.

El andamiaje previo: desnacionalización, código minero y llegada del capital

El auge no fue una fortuna espontánea. Sus condiciones institucionales se venían depositando desde los años ochenta, cuando comenzó la desnacionalización de la industria minera colombiana. En el Magdalena Grande —la franja carbonífera que abarca La Guajira, Cesar y una porción de Magdalena— la transición del capital nacional al transnacional reconfiguró la vocación de la tierra: donde había ganadería extensiva y agricultura campesina fueron entrando concesiones a Drummond, al Grupo Glencore-Prodeco, a Murray, CNR y Sloane, empresas que además controlarían la infraestructura ferroviaria y portuaria de exportación. El proyecto emblemático de esa fase, El Cerrejón en La Guajira, se había planificado desde mediados de los ochenta con una producción de 15 millones de toneladas anuales durante 23 años a partir de 1986, incluyendo la construcción del ferrocarril hasta la costa. En apenas quince años, entre 1982 y 1997, Colombia pasó de exportar el 5% de su producción de carbón —254.000 toneladas— al 72%, cerca de 24 millones de toneladas, con destinos principales en Europa occidental y Norteamérica.

En paralelo, la política de regalías del carbón se recalibró a la baja por presión del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, lo que permitió a las empresas extranjeras retener una porción mayor de la renta. El Código de Minas de 2001, expedido bajo el gobierno de Andrés Pastrana, cerró el andamiaje: convirtió al Estado en administrador de contratos de concesión más que en operador, priorizó la titulación y limitó las restricciones ambientales y étnicas al otorgamiento. Cuando Uribe asumió en agosto de 2002, la infraestructura legal para el auge ya estaba montada; faltaban dos ingredientes que llegarían pronto: el superciclo internacional de precios y la seguridad militar sobre los territorios productores.

Esa combinación de código permisivo, régimen fiscal ablandado y control corporativo de la logística de exportación no era todavía un modelo; era una arquitectura a la espera de ser habitada. La habitó, con velocidad, la política de seguridad que llegó con el nuevo gobierno.

La Seguridad Democrática como seguro de inversión

La Seguridad Democrática, columna vertebral de los dos gobiernos de Uribe, tuvo un efecto directo sobre el sector extractivo: devolvió la confianza a los inversionistas extranjeros y habilitó grandes inyecciones de capital en minería y bioenergía. El Plan Colombia incorporó desde temprano un componente explícito de protección de las exportaciones petroleras, y el gasto militar superó el 4,7% del PIB. Fergus McCormick, analista de Colombia de la calificadora DBRS de Wall Street, aplaudió en 2009 ese esfuerzo desde el ángulo del crédito, argumentando que el control de la insurgencia era el principal factor de riesgo para la posición crediticia del país. El gasto militar reducía el riesgo, el riesgo bajo atraía capital, el capital financiaba la extracción, la extracción producía las regalías y las rentas fiscales que sostenían el gasto militar: un circuito cerrado sobre sí mismo, cuya energía provenía de los precios internacionales.

Sobre el terreno, ese circuito tomó forma concreta. Empresas petroleras firmaron contratos de seguridad con unidades de la fuerza pública sindicadas de graves violaciones a los derechos humanos. Y en la zona carbonífera del Cesar, la protección corporativa desbordó rápidamente el perímetro legal. Desde 1996-1997, Drummond y Prodeco financiaron y organizaron la llegada de grupos paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia —el llamado Bloque Norte—, aportando armas, manutención, vehículos y combustible a un contingente inicial de 200 hombres. La alianza se formalizó en 1997: un primer grupo de 100 paramilitares llegó en enero y un segundo grupo de 100 en mayo, organizados por empleados de seguridad de ambas empresas junto con militares. Chiquita Brands y Drummond figuran como actores centrales del fortalecimiento del sistema paramilitar entre 1997 y 2006, con el objetivo declarado, en el caso minero, de reducir la capacidad de negociación sindical y despejar zonas de expansión.

Los resultados territoriales fueron drásticos. Entre 1997 y 2007, en el Cesar, la incidencia paramilitar provocó el abandono de miles de hectáreas: Agustín Codazzi registró 3.727, Becerril 975, Chimichagua 6.849, Curumaní 4.313. En 2001, la mayor parte de los campesinos de la zona de La Jagua de Ibirico abandonó sus fincas bajo presión paramilitar. Cuando volvieron, en 2007, encontraron un paisaje transformado: la mina había comprado decenas de predios en los alrededores, instalado botaderos de tierra estéril sobre terrenos agrícolas y cercado el perímetro. El despojo había preparado el suelo, literalmente, para la expansión de la extracción.

En el sur de Bolívar la geometría fue similar. Desde 1998, la violencia paramilitar contra mineros artesanales y campesinos dejó 80 desapariciones forzadas, 330 asesinatos, 88 personas torturadas y 57.000 desplazadas. Para el Consejo Regional Indígena del Cauca, esa campaña tuvo un objetivo estructural: desarticular el tejido social y habilitar el ingreso de empresas mineras multinacionales. En 2004, AngloGold Ashanti poseía en la región un poco más de un millón de hectáreas en títulos mineros. En Barrancabermeja y el Magdalena Medio, el paramilitarismo controló la economía petrolera mediante la regulación del empleo, filtraciones al oleoducto, captación de rentas privadas y corrupción dentro de Ecopetrol, produciendo una crisis del desarrollo local que las víctimas invocan para explicar el estancamiento del puerto frente a municipios menores de la región.

Las locomotoras de Santos y la reforma de regalías

Cuando Juan Manuel Santos asumió la Presidencia en agosto de 2010, la narrativa cambió de registro pero la sustancia se profundizó. Su Plan Nacional de Desarrollo 2010-2014, Prosperidad para todos, identificó cinco locomotoras de crecimiento; la minero-energética fue la más veloz.

Las cifras del arranque son suficientemente elocuentes como para leerse despacio. Entre 2000 y noviembre de 2010, el Ministerio de Minas ya había otorgado 7.264 títulos mineros y tramitado 17.479 solicitudes, contratando más de 5,8 millones de hectáreas, un área superior a la dedicada a la actividad agrícola del país. Los títulos inscritos en el Registro Minero Nacional pasaron de 8.574 en 2010 a 9.612 en 2014, de los cuales el 17% correspondía a carbón. Sobre esa base, la economía en su conjunto se expandió a una velocidad inusual: el PIB creció de 94.700 millones de dólares en 2003 a 380.200 millones en 2013, más que triplicándose en corrientes. El PIB per cápita en paridad de poder adquisitivo se duplicó entre 1999 y 2016, de 6.256 a 14.157 dólares. La pobreza por ingresos bajó del 50% al 34% entre 2002 y 2011. Cualquiera de estos indicadores, aislado, hubiera bastado para sostener el relato oficial de una década ganada.

En el mismo período operaron las remesas, la venta de activos nacionales, el crecimiento cíclico mundial y una fase expansiva del crédito, junto a la renta extractiva. Esta última —cerca del 20% de las rentas del Gobierno central provenientes del petróleo, más las regalías carboníferas y auríferas— fue el combustible fiscal que hizo posible mantener simultáneamente el gasto militar heredado y una expansión social que Santos convirtió en su carta de negociación política.

La pieza clave del arreglo santista fue la reforma constitucional del régimen de regalías, aprobada en 2011. Hasta entonces, las regalías se concentraban en los departamentos y municipios productores. La reforma amplió de forma sustancial el control del gobierno nacional sobre el gasto de esos recursos y los redistribuyó hacia entidades subnacionales no productoras. El argumento oficial invocaba la Constitución: la nación colombiana en su conjunto, no las regiones productoras, es la propietaria de los recursos no renovables. En la práctica, el efecto fue una recentralización política informal, acompañada por movimientos paralelos como el apoyo del gobierno nacional a la elección de exfuncionarios suyos en la dirección de la Federación Nacional de Departamentos. La reforma cerró un ciclo: la renta extractiva se producía en la periferia pero se administraba desde el centro, mientras los costos ambientales, sociales y de seguridad se quedaban donde estaba el pozo o el tajo.

La geografía del boom: territorios que producen y no acumulan

El mapa del auge se dibuja con precisión. El petróleo salió sobre todo de los Llanos OrientalesArauca, Casanare, Meta— y en menor medida de Antioquia, Santander, Norte de Santander, Huila y Putumayo. El carbón, del Cesar y La Guajira. El oro, del Bajo Cauca antioqueño, Segovia, Remedios, Chocó y sur de Bolívar, con proyectos de gran minería proyectados en La Colosa (Cajamarca, Tolima) y Santurbán (Santander). Cada uno de esos territorios ilustra una modalidad distinta de la ecuación central: producir mucho, retener poco.

En el piedemonte llanero, el peso de la industria petrolera reordenó economías enteras, pero con desigual intensidad. Arauca es el caso extremo: la extracción llegó a representar el 61% del PIB departamental sin generar los encadenamientos productivos necesarios para una economía endógena, y la bonanza produjo conflictos internos, dependencia fiscal y grandes esfuerzos presupuestales para proveer servicios estatales básicos. En Casanare, la explotación de hidrocarburos desde los noventa desplazó la economía agropecuaria preexistente —arroz, palma africana, ganadería— e influyó decisivamente en la cultura y el patrón de crecimiento urbano. Más al sur, en Puerto Gaitán (Meta), Campo Rubiales se convirtió en el mayor campo petrolero del país y en un símbolo de la conflictividad laboral del auge, con huelgas cíclicas que enfrentaron a trabajadores tercerizados con operadores y contratistas en un entorno donde el sindicato solo llegaba tarde y desde afuera.

En el Putumayo, la explotación se concentró en Orito, Valle del Guamuez y San Miguel. La Texas Petroleum Company había llegado en 1963; en 1979 los campos revirtieron al Estado colombiano. El oleoducto transandino, de 200 kilómetros y 16 pulgadas de diámetro, transporta el crudo desde Orito hasta el puerto de Tumaco en el Pacífico. En 2011, en el Bloque Maranta, Emerald Energy Plc adelantó el proyecto Campo Mirto sin reconocer a la población afrodescendiente de Puerto Umbría como sujeto de consulta previa: el 24 de octubre de ese año, la Dirección de Consulta Previa del Ministerio del Interior certificó, mediante la Resolución 340, la inexistencia de comunidades negras en la zona de influencia, al equiparar el concepto de comunidad con el de Consejo Comunitario formalmente constituido. Reducir un concepto étnico-cultural a una figura administrativa permitió despejar el territorio de sujetos de derecho antes de que llegara la maquinaria.

En La Guajira, el Cerrejón —la mayor mina de carbón a cielo abierto de Colombia y América Latina, décima en el mundo— expandió sus operaciones sobre territorio wayúu y sobre el río Ranchería, cuyo curso fue intervenido con obras que redujeron el caudal disponible aguas abajo, en una franja donde el agua ya escaseaba por razones climáticas. El pueblo wayúu, organizado en gran medida por sus mujeres, articuló una defensa del agua como derecho territorial en una concepción de justicia hídrica que integra lo material y lo espiritual. En el Chocó, para 2015 AngloGold Ashanti poseía el 30% de los 164 títulos mineros otorgados en el departamento, con actividad concentrada en las cuencas del San Juan y del Atrato, donde la llegada masiva de maquinaria pesada afectó las prácticas tradicionales y los planes de etnodesarrollo de comunidades negras e indígenas.

El caso del Cesar es distintivo porque en él confluyen todas las dimensiones: multinacionales titulares de concesiones mineras y de infraestructura ferroviaria y portuaria; paramilitarismo financiado por las propias empresas; despojo campesino; expansión de tajos sobre tierras agrícolas; y una renta que salía del departamento hacia el centro nacional sin devolverse en forma proporcional de servicios, empleo estable ni tejido productivo alterno.

Impactos ambientales y el nudo de la consulta previa

El costo ambiental fue geográficamente concentrado y jurídicamente disperso. En 1994, un estudio referido al oleoducto Caño Limón-Coveñas y a las industrias del Magdalena Medio ya contabilizaba más de 1.000 hectáreas de ciénaga comprometidas, 400 kilómetros de río, 150 kilómetros de arroyos y caños secundarios y 2.500 hectáreas de terrenos aledaños, con un caudal vertido estimado en 439.300 metros cúbicos diarios. Esa era la línea de base sobre la que se montó el boom del siglo XXI. Colombia registra hoy más de 72 conflictos socioambientales, la cifra más alta de América Latina, en un contexto donde el modelo extractivo profundizó la militarización del territorio y donde el conflicto armado interno estuvo estructuralmente asociado a la ordenación y apropiación de la tierra.

La consulta previa fue el instrumento jurídico donde se libró buena parte de la batalla. La Corte Constitucional colombiana estableció que, en grandes proyectos de inversión o explotación de recursos naturales que afecten territorios de comunidades indígenas y tribales, no basta con la consulta: debe obtenerse el consentimiento libre, previo e informado según sus costumbres. La consulta debe ser previa, orientada al acuerdo o consentimiento, culturalmente adecuada e informada. La Ley 70 de 1993, concebida para frenar la expansión capitalista sobre territorios de comunidades negras del Pacífico y garantizar derechos a formas tradicionales de sustento —incluida la minería artesanal ancestral—, entró en tensión directa con los intereses del capital transnacional y con el proyecto de desarrollo del Estado.

En la práctica, esa tensión se resolvió por vía administrativa. La certificación de inexistencia de comunidades emitida en el caso de Puerto Umbría no fue una excepción: fue la técnica jurídica dominante. Reducir la comunidad a una forma organizativa registrable —el Consejo Comunitario, el resguardo formalmente delimitado— permitía otorgar títulos y licencias sin activar el filtro constitucional. Frente a ese vacío, las comunidades desarrollaron mecanismos alternos de resistencia. En 2017, la comunidad de Cajamarca (Tolima) utilizó la consulta popular constitucional para rechazar el proyecto de gran minería aurífera de La Colosa, en un proceso de resistencia pacífica que sentó precedente. En La Guajira, la Fuerza de Mujeres Wayúu y otras organizaciones lideradas por mujeres articularon estrategias sostenidas contra la expansión del Cerrejón, apoyándose en la relación cultural con el agua y el territorio.

La maldición fiscal y el pacto implícito

El arroyo desviado en el Ranchería, las hectáreas abandonadas en La Jagua de Ibirico y la resolución 340 en el Putumayo son, en apariencia, hechos de otra escala que las cifras agregadas del PIB o de la inversión extranjera directa. Pero se leen mejor juntos: la contabilidad territorial del auge es el reverso exacto de su contabilidad fiscal.

La maldición de los recursos operó en Colombia con una geometría particular: no tanto como una debilidad macroeconómica del país en su conjunto sino como un desajuste severo entre el nivel nacional, que capturaba la renta, y el nivel territorial, que soportaba los costos. Las comunidades rurales de regiones ricas en recursos raramente obtuvieron los empleos generados por la extracción, y a cambio debieron soportar la degradación ambiental y la violencia. La riqueza generada por la extracción benefició, sobre todo, a las empresas multinacionales y en menor medida a élites nacionales, contribuyendo a mantener las desigualdades estructurales del país.

Hacia 1986 ya se había advertido que la especialización en carbón, níquel, petróleo y gas podía generar la enfermedad holandesa o efecto Kuwait, dificultando la industrialización y poniendo en riesgo la agricultura en condiciones de apertura comercial. Entre 2002 y 2014 esa hipótesis se verificó punto por punto: las exportaciones minero-energéticas superaron el 62% de los ingresos externos, tendieron a frenar el resto de las exportaciones y facilitaron la sustitución de producción nacional por importaciones. Colombia se volvió exportador neto de energía —petróleo, carbón, níquel— y perdió participación relativa de sus manufacturas y de porciones de su agricultura.

La bonanza no correspondió a un aumento estructural de la capacidad productiva sino a factores externos: precios altos del petróleo, del carbón y del café, remesas, venta de activos nacionales, crecimiento cíclico mundial. Fue una prosperidad importada. Y su contracara fiscal fue el crecimiento de la deuda interna del 10% del PIB en 2000 al 27% en 2016. El gasto público no se financió con impuestos sino con deuda y con renta extractiva, un binomio que funciona bien mientras los precios internacionales suben y se vuelve rápidamente insostenible cuando bajan.

La caída: 2014-2016

El punto de inflexión llegó con la caída de los precios de los productos básicos. El barril de petróleo, que promedió 93 dólares en 2014, cayó a menos de 50 hacia fines de 2015. Los precios de los minerales lo siguieron en proporciones similares. Los términos de intercambio se deterioraron abruptamente. A fines de 2014, la principal incertidumbre macroeconómica del país ya se refería a las perspectivas de producción y exportación de petróleo y sus efectos sobre la balanza de pagos y las cuentas fiscales. En 2015, las proyecciones anticipaban un estrés significativo sobre las finanzas públicas en los años siguientes, dado el deterioro de los términos de intercambio y la desaceleración esperada.

La vulnerabilidad no se limitaba a los ingresos corrientes. Un deterioro de los términos de intercambio aumenta mecánicamente el peso relativo de la deuda pública en el producto y golpea de forma simultánea los ingresos fiscales vinculados al sector minero-energético. Colombia estaba, además, expuesta a una recomposición global de los flujos de capitales tras la normalización de la política monetaria de Estados Unidos, siendo que la inversión de portafolio representaba más de la mitad de los flujos financieros que ingresaban al país. La respuesta oficial —reformas tributarias sucesivas, ajuste del gasto, devaluación del peso— administró la caída pero no la contradijo: el modelo no se rediseñó, solo se pagó su factura. Y buena parte del elenco que gestionó ese cierre había atravesado también los años de bonanza, garantizando continuidad de personal, no solo de política, en la interfaz entre inversión extranjera, seguridad y política exterior.

El ajuste tuvo, además, una temporalidad política incómoda: llegó en el mismo momento en que el gobierno negociaba en La Habana un acuerdo cuya implementación exigía inversión pública sostenida en los territorios más golpeados por la guerra, muchos de los cuales coincidían con los mapas del petróleo, el carbón y el oro. La renta extractiva había financiado la mesa; la mesa se firmaba justo cuando la renta empezaba a faltar.

El ciclo, en perspectiva

El auge extractivo 2002-2016 fue el modelo económico de fondo de dos proyectos de gobierno sucesivos y aparentemente opuestos —el uribismo militarista y el santismo pacifista— que se financiaron con el mismo combustible y delegaron sus costos en los mismos territorios. La reducción de las tasas de regalías del carbón por presión del FMI y el Banco Mundial, la recentralización de las regalías en 2011, la equiparación administrativa entre comunidad y Consejo Comunitario para eludir la consulta previa, la protección militar de infraestructura extractiva mediante contratos con unidades sindicadas de violaciones a los derechos humanos y la tolerancia frente al financiamiento paramilitar de empresas privadas configuran, en conjunto, un andamiaje congruente. El Estado colombiano no diseñó explícitamente un pacto extractivo, pero lo consolidó mediante decisiones acumuladas que trasladaron sistemáticamente el beneficio fiscal al centro y el costo social, ambiental y humano a la periferia.

La caída de 2014-2016 reveló, más que una vulnerabilidad cíclica, una ausencia estructural. En más de una década de bonanza no se construyó una diversificación productiva capaz de sostener el crecimiento cuando cayeran los precios. Se construyó, en cambio, una deuda interna que casi triplicó su peso en el PIB, un mapa nacional de conflictos socioambientales sin equivalente en la región y una acumulación de despojos documentados en el Cesar, en el sur de Bolívar, en La Guajira y en el Putumayo.

Preguntar quién ganó y quién perdió durante las locomotoras obliga a mirar simultáneamente la contabilidad fiscal del Ministerio de Hacienda y los registros de tierras abandonadas en La Jagua de Ibirico, la calificación crediticia de DBRS y los certificados de inexistencia de comunidades emitidos por la Dirección de Consulta Previa. La prosperidad medida en agregados nacionales —PIB, exportaciones, reducción de pobreza por ingresos— convivió con procesos territoriales de despojo, degradación y violencia que operaron en la misma dirección y en el mismo tiempo. Esa doble contabilidad es la que permite entender qué fue realmente el modelo extractivo colombiano de comienzos del siglo XXI, y qué faltó para que el auge dejara algo más duradero que su propia caída.

05

La época alrededor

Este hecho no ocurrió solo

07

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

36 documentos · 46 fragmentos
01Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 567, 5932 citas
[1]2008-09 golpeó a Colombia y al mundo entero, y dio inicio al cuarto ciclo, que después de una recuperación que tuvo su pico en el 2011, se debilitó con la destorcida de los precios de los productos básicos, aunque a un ritmo mucho más suave que en el resto de América Latina. La principal incertidumbre a fines del 2014…p. 567
[6]por rubros principales * Petróleo y derivados Oro carbón y teronequel rManutocara Agropecuaro "Cao FUENTE: Banco de la Repúbica Las exportaciones manufactureras, y especialmente aquellas con mayor contenido tecnológico, han seguido dependiendo en una alta proporción de los mercados intrarregionales. Estos mercados han…p. 593
02¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 1321 cita
[2]durante toda la década de los noventa y la primera mitad de la década del 2000, con una participación en el PIB del 5% que no registró variaciones im- portantes en el mismo periodo. Sin embargo, a partir del 2004 hay un punto de quiebre que marca la aceleración en el crecimiento del sector y su participación en el…p. 132
03Gran Enciclopedia de Colombia - Economía 2José Antonio Ocampo (Dirección Académica); Patricia Correa, Luis Nelson Beltrán, Roberto Steiner S. y otros (autores de capítulos) · 2007 · p. 2121 cita
[3]en el tiempo y la confianza en el tradicional respeto de Colombia a los contratos, han conducido al pais a una importantisima activacion en la produccién de petréleo, carbon y niquel. Con la explotacién de estos productos cambié el panorama minero de Colombia y el pais se convirtié en exportador neto de energia. El…p. 212
04Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 165, 3762 citas
[4]uí Crlrpois dinámico, para lo cual nos servimos de comparaciones his- tóricas con otros países. § Volumen y estructura de las exportaciones El comercio del país atravesó por tres grandes fases durante el siglo: una época dorada de fuerte expansión entre 1905 y 1930 que con la Gran Depresión estabiliza hacia abajo…p. 165
[46]emprender sus inversiones. Gráfica 85 377 Bfiíní dicerfiis ítraópits uí Crlrpois Como puede observarse (Gráfica 85), la deuda interna era muy pequeña hasta el año 2000, porque la alta infla- ción hacía difícil colocar bonos que no estuvieran atados a mecanismos que la compensaran. Ya con los mercados de capital…p. 376
05Democracia feroz. ¿Por qué la sociedad en Colombia no es capaz de controlar a su clase política?Gustavo Duncan · 2018 · p. 2181 cita
[5]en vías de desarrollo. El solo flujo de ingresos provenientes del petróleo alcanzó a constituir un 20 % de las rentas del Gobierno central (Melo Becerra y Ramos Forero, 2017). Entre el 2003 y el 2013, el PIB creció de 94 700 millones de dólares a 380 200 millones (en dólares corrientes de cada año). 166 Este…p. 218
06Álvaro Uribe: El Caballo de Troya del NeoliberalismoJuan Manuel López Caballero · 2009 · p. 1801 cita
[7]del petróleo, el carbón, el café y el niquel; que se tripliquen las exportaciones a Venezuela; que no suban los intereses en EE.UU.; y que continúe la revaluación del peso), lo cual es altamente improbable. En tiempos electorales es mejor abrir los ojos antes de dar el paso hacia el abismo. La economía va bien, pero……p. 180
07World Right Side Up: Investing Across Six ContinentsChristopher W. Mayer · 2012 · p. 51 cita
[8]the be st asse ts and the majority of the une xplore d land in the most prospe ctive basins. Ecope trol also con- trols ke y oil transport infrastructure (think pipe line s, loading stations, and ports) as w e ll as high-impact e xploration lice nse s in Brazil, Pe ru, and the 1,000 900 800 700 600 500 400 1995 1996…p. 5
08Beyond Bogotá: Diary of a Drug War Journalist in ColombiaGarry Leech · 2009 · p. 152, 1692 citas
[9]Afro-Colombian and indigenous communities. As was the case with oil, the Colombian government had lowered the royalty rates for coal at the urging of the International Monetary Fund and World Bank, allowing foreign companies to keep a greater share of the country’s resource wealth. It was difficult for me to see how…p. 169
[10]had lowered the royalty rates for coal at the urging of the International Monetary Fund and World Bank, allowing foreign companies to keep a greater share of the country’s resource wealth. It was difficult for me to see how the implementation of such policies was benefiting rural Colombians who lived in resource-rich…p. 152
09Recentralisation in ColombiaJulián D. López-Murcia · 2022 · p. 180, 1882 citas
[11]the royalties among the subnational entities, not to take them to substitute for national expenditure. They also contested that, 34 See also Presidencia de la República de Colombia 2010e. 35 Juan Carlos Echeverry, interview 15 October 2013. 36 Fernanda Salcedo, interview, 17 March 2015. 37 Alan Jara, interview, 20…p. 180
[12]the specific rates for each fund were included (all of them prepared by public officials of the DNP and the Ministry of Finance). Their proposal was very similar to the one approved in the reform of 2007. Again, like in 2007, the system of monitoring and control was far less debated than the changes in the…p. 188
10Tierra y carbón en la vorágine del Gran Magdalena. Los casos de las parcelaciones de El Toco, El Platanal y Santa FeYamile Salinas Abdala, María Paula Hoyos, Ana María Cristancho · 2018 · p. 15, 1382 citas
[13]inició la exploración, explotación y ex- portación del carbón, actualmente en cabeza de Drummond, el Grupo Glencore – Prodeco, Murray, CNR y Sloane, multinacio- nales titulares de las concesiones mineras y de la infraestructura portuaria y férrea para la exportación del carbón en el Magdalena Grande. Este capítulo se…p. 15
[14]de- claró inexequible (CConst. Sentencia C-644 de 2012). 218. Según el Ministerio de Minas y Energía los títulos inscritos en el Registro Minero Nacional pasaron de 8.574 en 2010 a 9.612 en 2014. El 17 por ciento corres- ponde a carbón, (2016, página 47). 219. Adoptados mediante documentos del Consejo de Política…p. 138
11Cruzando la frontera: Memorias del éxodo hacia Venezuela. El caso del río AraucaCentro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · p. 1231 cita
[15]200 millones de barriles” (2003, 1 de octubre). El yacimiento araucano llega a sus 20 años vivito y bombean- do. Ecopetrol, recuperado el 2 de abril de 2014, en: www.ecopetrol.com.co/especia- les/carta/actualidad.htm). 124 Cruzando la frontera: memorias del éxodo hacia Venezuela. El caso del río Arauca soportado su…p. 123
12Gran Enciclopedia de Colombia: Geografía 1Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Eufrasio Bernal Duffo, Melania Kowalewska (Textos complementarios) · 2007 · p. 2421 cita
[16]11 hay posibilidades de exploracion. No obstante, a diciembre de 2001 las reservas probadas remanentes eran de 1.842 millones de barriles, suficientes apenas para 7,4 afios; es necesario entonces impulsar la explor cién. En 2003 la produccién alcanz6 los 541.332 de barriles por dia, de los cuales se exportaron…p. 242
13El Placer: Mujeres, coca y guerra en el Bajo PutumayoMaría Clemencia Ramírez, María Luisa Moreno R., Camila Medina A. · 2012 · p. 272 citas
[17]Una vieja guerra en un nuevo contexto. Conflicto y territorio en el sur de Colombia. (Bogotá: Universidad Javeriana/ Cinep/ Odecofi/ Colciencias/ Cerac, 2011), 184, 190. 27 Capítulo 1 y político, en permanente competencia con Mocoa. Los campamen- tos de la Texas Petroleum Company, a su llegada en 1963, se esta-…p. 27
[18]Una vieja guerra en un nuevo contexto. Conflicto y territorio en el sur de Colombia. (Bogotá: Universidad Javeriana/ Cinep/ Odecofi/ Colciencias/ Cerac, 2011), 184, 190. 27 Capítulo 1 y político, en permanente competencia con Mocoa. Los campamen- tos de la Texas Petroleum Company, a su llegada en 1963, se esta-…p. 27
14La maldita tierra. Guerrilla, paramilitares, mineras y conflicto armado en el departamento de CesarCésar Molinares Dueñas, Nathan Jaccard · 2016 · p. 1301 cita
[19]minería se sienten. En 2001 la mayor parte de los campesinos abandonó sus fincas por la presión paramilitar. Cuando volvieron en 2007 el paisaje estaba trasformado. La mina de La Jagua compró decenas de predios en los alrededores en una operación que está bajo la lupa de las autoridades, e instaló sus botaderos de…p. 130
15Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 591 cita
[20]hasta el año 2000 muestra a los sectores industrial y eléctrico (en particular el público) como los de mayor crecimiento, junto con cementos, ladrillos y otras construcciones y en menor medida el sector metalúrgico, textiles y papel. Mercado internacional A principios de la década de 1980, apenas un 5 por ciento de la…p. 59
16Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · p. 5241 cita
[21]con pluma que actualmente se torna profética: El árido suelo de su territorio no ha despertado aún la codicia de los blancos, pero desventurados de ellos [los guajiros], el día que estos [los blancos] descubran que debajo de aquel suelo, que hasta ahora han visto con desdén, se hallan ocultos tesoros en forma de…p. 524
17Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 401 cita
[22]entre 1930 y 1950, huían de la persecución conservadora. Algunos de estos liberales conformaron las guerrillas de Guadalupe Salcedo en la década de los cuarenta y los cincuenta 39. Por último, está el piedemonte norte. Villavicencio y Yopal se erigen como las ciu- dades referentes de los llanos orientales, y…p. 40
18Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. AmazoníaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1451 cita
[23]todo el tema de lo que es el con- flicto armado, ¿no? Entonces muchos hostigamientos, enfrentamientos, bombardeos. O sea, es ese periodo. Estamos hablando que es el periodo más duro del conflicto armado en el territorio» 389. En ese sentido, las empresas petroleras participaron indirectamente en las dinámi- cas del…p. 145
19En medio del Magdalena MedioAlfredo Molano Bravo · 2009 · p. 1551 cita
[24]mica que ha cambiado sólo en el sentido de privilegiar al sector primario sin modificar las reglas de la distribución de ingresos. La Seguridad Democrática les ha devuelto a los inversionistas extranjeros la confianza y permitido las grandes inversiones en minería y bioenergía. Cuando se discutía en el país el gasto…p. 155
20La economía de los paramilitares: Redes de corrupción, negocios y políticaMauricio Romero Vidal (coordinador y editor), Ariel Fernando Ávila Martínez, Vilma Liliana Franco R., Ángela Olaya, Hernán Pedraza Saravia, Bernardo Pérez Salazar, Juan Diego Restrepo E., Diana Torres · 2011 · p. 38, 922 citas
[25]de la ley colombiana. En el caso de la bananera, incluso el presidente Juan Manuel Santos, cuando fue ministro de Defensa durante el Go- bierno anterior, afirmó que la multinacional actuó de manera ilegal porque nunca denunció extorsiones por parte de grupos paramili- tares.f La adaptación incluyó el aprovechamiento…p. 92
[26]riquezas naturales, el extractivismo usualmente fija reglas des- tinadas a garantizar condiciones operativas propicias para el desarrollo de procesos diseñados conforme a criterios de eficiencia económica, que por lo regular recurren a la externalización de costos ocasionados por 105 impactos sociales y ambientales…p. 38
21La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo IICentro Nacional de Memoria Histórica · 2022 · p. 3741 cita
[27]de la seguridad de Drummond en el Cesar, a finales de los años noven- ta. Según El Canoso, la reunión fue en La Loma –mina más conocida de Drummond en Colombia– donde llegaron personas de la empresa, Prodeco, militares y representantes de las AUC. En el relato se menciona que se acor- dó apoyar a este nuevo grupo de…p. 374
22Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · p. 2291 cita
[28]el Cesar es hoy un departamento de tránsito. Aguachica es el centro de paso y centro de negocios, hay ríos y hay pistas” 125. Desplazados y hectáreas abandonadas en municipios del Cesar 1997-2007 Municipio Desplazados (datos de Acción Social) Hectáreas abandonadas por la incidencia de grupos paramilitares (datos de…p. 229
23Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander. Tomo I. Bloque Central Bolívar: origen y consolidaciónCentro Nacional de Memoria Histórica, Alberto Santos Peñuela · 2021 · p. 441 cita
[29]del paramilitarismo en la región, que, con lista en mano, fue ejecutando a los mineros y campesinos que retornaban a sus comunidades. Un año después, asesinaron a Édgar Quiroga, uno de los principales representantes en la Mesa de Negociación del Éxodo (ver: Nuevas incursiones: El Paraíso y Cerro Azul). Según Colombia…p. 44
24Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander. Tomo II. Bloque Central Bolívar: violencia pública y resistencias no violentasAlberto Santos Peñuela (coordinador del informe y correlator), Luis Miguel Buitrago Roa, Juan Guillermo Jaramillo Acuña, Nicolás Otero González, Rodrigo Torrejano Jiménez · 2021 · p. 2851 cita
[30]del sur de Bolívar y la parte del Magdalena Medio. (CNMH, CV, participante taller Barrancaber- meja, 2019) Este nuevo modelo se caracterizó por la regulación de la demanda y oferta de empleo, las filtraciones al oleoducto, la captación de rentas a manos de pri- vados y la corrupción en Ecopetrol; estos elementos…p. 285
25Petróleo, coca, despojo territorial y organización social en PutumayoEdinso Culma Vargas, Juliana Guerra Rudas, Rocío Londoño Botero · 2015 · p. 1741 cita
[31]Comunidades Negras, Afrocolombianas, Raizales y Palenqueras del Ministerio del Interior y de Justicia (Resolución 0333/2010). Pese a estos actos administrativos, y a la presencia de población afrodescendiente de Puerto Umbría en el bloque petrolero Ma- ranta, el 24 de octubre de 2011 la Dirección de Consulta Previa…p. 174
26Estado crítico de la propiedad en ColombiaDelgado Castaño, P. · 2018 · p. 112 citas
[32]de que pueda ser oída en relación con la defensa de sus intereses y que pueda pronunciarse sobre la viabilidad del proyecto. Una vez efectuada la consulta, el texto debe ser puesto en conocimiento de las comunidades interesadas a través de escenarios de discusión apropiados. Además de ser consultadas las comunidades…p. 11
[33]de que pueda ser oída en relación con la defensa de sus intereses y que pueda pronunciarse sobre la viabilidad del proyecto. Una vez efectuada la consulta, el texto debe ser puesto en conocimiento de las comunidades interesadas a través de escenarios de discusión apropiados. Además de ser consultadas las comunidades…p. 11
27Becoming Black Political Subjects: Movements and Ethno-Racial Rights in Colombia and BrazilTianna S. Paschel · 2016 · p. 2061 cita
[34](interview, Nicolasa Machado, March 2009). Throughout Colombia, the struggle for collective land titles for black com- munities conflicted directly with the interests of local and transnational capital. As a result, leaders often confronted state actors who were not sim- ply inefficient, but rather, who had many…p. 206
28The rights of the Wayúu people and water in the context of mining in La Guajira, Colombia: demands of relational water justiceAstrid Ulloa · 2020 · p. 11 cita
[35]1 Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, Colombia Corresponding Author: Astrid Ulloa, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, Cra 30 No.45- 03, Colombia. Email: eaulloac@ unal. edu. co Article Human Geography 2020, Vol. 13(1) 6–15 © The Author(s) 2020 Article reuse guidelines: sagepub. com/ journals- permissions…p. 1
29La masacre de Bahía Portete: Mujeres Wayuu en la miraGrupo de Memoria Histórica, Gonzalo Sánchez G. (Coordinador), Pilar Riaño A. (Relatora), Jesús Abad Colorado L., María Luisa Moreno R., María Emma Wills O. · 2010 · p. 1341 cita
[36]las di- námicas de frontera social y política, la ilegitimidad del Estado y la creciente estatalización del Departamento requiere, a su vez, ser considerado con en relación al aspecto señalado en torno a que en La Guajira, en este periodo de rápidos cambios, se confi- guraron organizaciones sociales, que han…p. 134
30La guerra vino de afuera. El Bloque Pacífico en el sur del Chocó: una herida que aún no cierraCentro Nacional de Memoria Histórica, Laura Bibiana Escobar García, Laura Catalina Tovar Bohórquez, Esteban de Jesús Caviedes Alfonso · 2022 · p. 2111 cita
[37]multinacionales como AngloGold Ashanti, que crearon grandes proyectos mineros mediante el acaparamiento de numerosos permisos de explotación en tierras pertenecientes a las comunidades étnicas (Tribunal Superior de Medellín, 2017). Para 2015, se habían otorgado 164 tí- tulos mineros, de los cuales el 30% pertenecía a…p. 211
31Lucho Arango, el defensor de la pesca artesanalMelba Patricia Quijano Triana, Ledis Bohórquez Farfán, Clemencia Rodríguez · 2014 · p. 881 cita
[38]Bioam - biental, óp.cit. 89 3. Impacto ambiental de los modelos económicos en el magdalena medio ducto de Caño Limón-Coveñas han comprometido más de 1000 hectáreas de ciénaga, 400 kilómetros de río, 150 kilómetros de arroyos y caños secundarios y 2500 hectáreas de terrenos aledaños (Sánchez y Uribe, 1994). El caudal…p. 88
32Paz en Colombia: perspectivas, desafíos, opcionesSara Victoria Alvarado, Eduardo A. Rueda Barrera, Pablo Gentili (editores) · 2016 · p. 1771 cita
[39]colonización vivida en nuestras tierras implicó la imposición del lenguaje de dominio sobre la lengua de la tierra en el hombre hecho de tierra, perteneciente a la tierra, llevándolo a creer que debía devastar la tierra para poder ser. Así, el lenguaje colonizador en Colombia implicó un arrasamiento del ser de la…p. 177
33Paz en Colombia: perspectivas, desafíos, opcionesMartha Nussbaum, Sara Victoria Alvarado (ed.), Eduardo A. Rueda Barrera (ed.), Pablo Gentili (ed.) · 2016 · p. 1771 cita
[40]colonización vivida en nuestras tierras implicó la imposición del lenguaje de dominio sobre la lengua de la tierra en el hombre hecho de tierra, perteneciente a la tierra, llevándolo a creer que debía devastar la tierra para poder ser. Así, el lenguaje colonizador en Colombia implicó un arrasamiento del ser de la…p. 177
34Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 3301 cita
[41]a hacer parte de esas socializaciones, nosotros decíamos que la paz para Cajamarca es que el extractivismo no esté [… ]. Nosotros estamos buscando la movilización, pero lo queríamos 995 Entrevista 001 - VI - 00031. Hombre, víctima de amenaza, atentado, tortura y exilio, sindicalista. 330 de una form a jurídica, desde…p. 330
35Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 4652 citas
[42]fueran nacionales. En el argot económico internacional este fenómeno ha sido llamado por algunos la enfermedad holandesa y por otros el "efecto Kuwait": un país que obtiene una renta externa gigan- tesca, en estos casos gas y petróleo, encuentra inmensas dificul- tades para industrializarse, a pesar de disponer en…p. 465
[43]fueran nacionales. En el argot económico internacional este fenómeno ha sido llamado por algunos la enfermedad holandesa y por otros el "efecto Kuwait": un país que obtiene una renta externa gigan- tesca, en estos casos gas y petróleo, encuentra inmensas dificul- tades para industrializarse, a pesar de disponer en…p. 465
36Desafíos del transporte ferroviario de carga en ColombiaJorge Kohon, Jorge Champin, Manuel Rodríguez, René Cortés · 2016 · p. 282 citas
[44]favorable que en el pasado. El precio de los principales productos de exportación mues- tra una tendencia decreciente: el del petróleo pasó de un promedio de US$ 93 por barril en 2014 a menos de US$ 50 hacia fines de 2015. A su vez, los precios de los minerales cayeron en proporciones similares. Por otra parte, la…p. 28
[45]favorable que en el pasado. El precio de los principales productos de exportación mues- tra una tendencia decreciente: el del petróleo pasó de un promedio de US$ 93 por barril en 2014 a menos de US$ 50 hacia fines de 2015. A su vez, los precios de los minerales cayeron en proporciones similares. Por otra parte, la…p. 28