Tumaco
“Tumaco es uno de los territorios donde la historia de Colombia se lee con mayor claridad en su contradicción estructural: un lugar de extraordinaria riqueza cultural, biológica y estratégica que ha sido integrado al país casi exclusivamente como…”
En la esquina suroccidental de Colombia, donde el litoral Pacífico se dobla hacia Ecuador, tres islas unidas por un viaducto de trescientos metros y un solo puente al continente forman el municipio de San Andrés de Tumaco. Es el segundo puerto del país sobre el Pacífico, cabecera de una geografía de manglar y estero que fue asiento de una de las culturas ceramistas más refinadas del continente, punto de llegada del petróleo del Putumayo, capital extraoficial del clúster cocalero del Pacífico sur y territorio de los pueblos afrodescendientes y awá que lo habitan desde hace siglos. Su historia condensa, en una franja estrecha entre el mar y la selva, una operación que se repite: cada ciclo económico —oro, madera, camarón, petróleo, palma, cocaína— integra al territorio en circuitos nacionales o globales sin dejar Estado, instituciones ni renta redistribuida, mientras las comunidades levantan formas propias de gobierno y memoria que ni los ciclos ni la violencia han logrado extinguir.
La semblanza
Tumaco es un municipio insular y ribereño del departamento de Nariño, en la baja costa aluvial del Pacífico colombiano, esa franja de seiscientos cuarenta kilómetros que corre hacia el sur desde el Cabo Corrientes hasta la provincia ecuatoriana de Esmeraldas. Lo componen tres islas: la mayor, El Morro, alberga el aeropuerto local; las otras dos se conectan entre sí por el viaducto y con tierra firme por un puente único. Esa condición insular, aparentemente pintoresca, es el hecho estructural del municipio: quien controle esas dos infraestructuras controla el flujo de personas y mercancías hacia y desde el continente.
El clima es húmedo, pero menos que el del Pacífico norte, porque una rama de la corriente fría de Humboldt se acerca a la isla Gorgona y templa el régimen de lluvias. El paisaje es de manglar, estero, ríos anchos y lentos —el Mira, el Patía, el Rosario, el Mejicano— por los que se mueve la vida cotidiana de las comunidades negras rurales, en una economía de chagras de plátano, colino, caña y chonta que se cruza con la ciudad como polo de mercado, servicios y trabajo.
Tumaco figura hoy, en las clasificaciones de nodos regionales, junto con Buenaventura y Pasto, como referencia territorial del Pacífico sur. Es a la vez puerto terminal del oleoducto transandino, el mayor productor palmero del Pacífico y uno de los principales centros de embarque de cocaína del país. Esas tres condiciones simultáneas son la clave para entender por qué su historia reciente ha sido tan violenta y por qué su lugar en la conversación nacional es a la vez central y periférico.
Los orígenes: de La Tolita al Formativo tardío
Mucho antes de que existiera Colombia, la ensenada donde hoy se asienta Tumaco fue el extremo norte de una de las tradiciones alfareras más notables del continente. La cultura Tumaco-La Tolita —cuyo nombre reúne el sitio colombiano y el ecuatoriano al otro lado de la frontera— se extendió por esta franja del litoral desde alrededor del año 500 antes de Cristo, aunque los primeros vestigios podrían remontarse a fechas bastante más antiguas.
Sus artesanos produjeron cazuelas de paredes delgadas con soportes mamiformes huecos, vasijas con doble vertedera, con rebordes sublabiales y periféricos ondulados, con soportes altos y puntiagudos, decoradas con baños rojos o carmelitas sobre los que trazaban motivos geométricos incisos. Pero lo que colocó a esta cultura entre las mejores tradiciones del arte prehistórico americano fueron sus figurinas antropomorfas y zoomorfas: rostros de una expresividad extraordinaria, cuerpos deformados por enfermedades reconocibles, animales estilizados. En sitios como el propio Tumaco se han encontrado cientos de fragmentos, probablemente usados y desechados con rapidez en contextos domésticos, lo que sugiere una producción de escala poco frecuente en el mundo prehispánico americano.
Hacia el 300 antes de Cristo, la fase Inguapí marca la transición del Formativo a la Etapa de Desarrollos Regionales, con notables semejanzas con la cultura Chorrera del Ecuador. Ese parentesco ha desplazado, en la lectura arqueológica más reciente, la vieja hipótesis de una influencia mesoamericana directa. Lo esencial es otro punto: la costa de Tumaco no fue una periferia tardía del poblamiento americano, sino un núcleo cultural conectado con la costa ecuatoriana y con los circuitos del Pacífico prehispánico.
La memoria escrita de esos vestigios llegó tarde. Fue el fraile capuchino Juan de Santa Gertrudis, en el siglo XVIII, el primero en dejar descripciones de las piezas arqueológicas de Tumaco y de San Agustín, junto con relatos de costumbres indígenas y de comunidades negras del Pacífico que recogió en Maravillas de la naturaleza. Entre la fase Inguapí y la pluma de Santa Gertrudis median casi dos milenios en los que la ensenada siguió habitada, pero cuya historia escrita apenas se asoma en las crónicas coloniales.
Colonia, esclavitud y la formación de un litoral negro
La incorporación de Tumaco al orden colonial pasó por dos ejes que marcarían su fisonomía posterior: la esclavitud de africanos y africanas, y su condición de puerto en un litoral entendido más como frontera de recursos que como territorio a poblar. La costa Pacífica fue uno de los puntos de anclaje del triángulo atlántico Europa-África-América, esa economía que movía esclavos, productos agrícolas, metales preciosos y manufacturas.
En las tierras bajas del sur, la minería del oro y la hacienda ganadera del valle del Patía se apoyaron en cuadrillas de esclavizados traídos de África. En paralelo, familias afrodescendientes se apropiaron de predios vacíos en los márgenes de las haciendas, formaron pequeñas unidades económicas domésticas —los platanares— y levantaron palenques como espacios de autonomía. En los intersticios del dominio colonial fue tomando forma una sociedad negra ribereña que, hacia el litoral, se organizó alrededor del río: un dispositivo fluvial-ribereño que articula movilidad de proximidad, redes de parentesco, intercambios diarios y, ya en el siglo XX, vínculos densos con la ciudad de Tumaco como polo urbano de referencia.
Esa territorialidad ribereña combina al menos dos escalas: la del río y sus ríos vecinos, donde transcurre la vida cotidiana, y la de Tumaco como cabecera con la que se sostiene un flujo intenso de personas, bienes y servicios. Es una geografía social que la administración colonial no diseñó ni entendió, y que la República tampoco reconoció como territorio propio hasta muy tarde.
Del olvido republicano al siglo XX extractivo
La República heredó del orden colonial una idea del Pacífico como reserva de recursos y no como espacio de ciudadanía. Durante buena parte del siglo XIX, Tumaco fue un puerto menor, aduana secundaria y punto de embarque de productos agrícolas y de la tagua. Figuras del establecimiento nariñense —el jurista y presidente Manuel María Mallarino, oriundo de la región, o después el músico Segundo Luis Moreno— pertenecen a un sur andino que miró siempre más hacia Pasto y Quito que hacia su propia costa. La costa era, en la geografía mental de la República, el revés del país.
Los desastres reforzaron esa idea. El 31 de enero de 1906, un terremoto de magnitud extraordinaria frente a la costa del Ecuador desencadenó el más violento de los tsunamis registrados en el Pacífico colombiano. El patrón de estos eventos es característico: primero el mar se retira más allá de la línea de bajamar corriente, dejando el fondo al descubierto; luego una única ola de gran altura penetra tierra adentro, con energía suficiente para modificar por completo la orilla en zonas bajas. El tsunami de 1906 destruyó la antigua Ciudad Mutis, que se levantaba frente al sitio actual de Tumaco pero más al este; hoy esa zona queda cubierta por el agua. Antes había ocurrido otro evento con probable epicentro al oeste del cabo Manglares en 1868, y otro más cerca de Guapi. La amenaza de un nuevo maremoto sigue siendo real para los tumaqueños, y particularmente los jóvenes se han preguntado en años recientes cómo estaría preparada la comunidad frente a algo semejante.
El siglo XX trajo una sucesión de ciclos extractivos que integraron a Tumaco al mercado nacional sin transformar sus condiciones de vida. El primero significativo fue el maderero. En 1967, una empresa con capitales colombianos, mexicanos, norteamericanos, suecos y puertorriqueños obtuvo la concesión de ciento cuarenta y tres mil hectáreas en el río Mira; en 1969, sumó otras setenta y dos mil en el bajo Patía. La actividad maderera llegó a ser la segunda fuente de empleo del municipio, solo después del sector administrativo. Cortaba maderas finas para la industria del tríplex y funcionaba hasta que el recurso se acabara.
Cuando ocurrió —maderas aptas agotadas, prestaciones sociales impagas—, la empresa cerró y estalló una huelga del sindicato Sinmadera a la que se sumó el sector educativo. Los trabajadores tomaron el aeropuerto La Florida y retuvieron un avión de Satena. Las autoridades respondieron con toque de queda y el gobernador de Nariño nombró un alcalde militar para el municipio. Mientras la empresa produjo, empleó; cuando cerró, dejó al municipio con un pasivo social sin contraparte y con la policía en la calle.
La bonanza del tanino durante la Segunda Guerra Mundial ya había arrastrado a pobladores ribereños fuera de sus chagras hacia la extracción, como el caso documentado de Rafael Valencia y su padre, que abandonaron su comunidad para emplearse en la corta. En los años ochenta llegaron las camaroneras, que junto con madereras y palmeras absorbieron la fuerza laboral de comunidades afrodescendientes sin tierra formalizada. Cada ciclo repitió la ecuación: capital externo, mano de obra local barata, sin instituciones que fijaran la renta al territorio.
El oleoducto, la palma y el corredor hacia el Pacífico
En 1963, la Texas Petroleum Company llegó al Putumayo y estableció sus campamentos cerca de Puerto Asís. La explotación petrolera se concentró en los actuales municipios de Orito, Valle del Guamuez y San Miguel, y desde allí hubo que sacar el crudo. El oleoducto transandino resolvió ese problema: doscientos kilómetros de longitud, dieciséis pulgadas de diámetro, parte de Orito, recoge en las baterías de La Hormiga y San Miguel, atraviesa la cordillera y descarga en el puerto de Tumaco. Desde entonces, la ciudad es el punto por donde el país exporta el petróleo de una de sus regiones productoras, aunque casi nada de esa renta se quede en el municipio.
El corredor Ipiales-Tumaco se convirtió, a lo largo del último medio siglo, en un eje estratégico donde convergieron tres economías: la maderera, la petrolera articulada por el oleoducto y la del monocultivo de palma africana. Hacia el final del siglo XX, Tumaco concentraba el 13,3% del área sembrada en palma en Colombia y aportaba el 11% de la producción nacional de aceite, con un rendimiento promedio de dieciséis toneladas por hectárea. El país era entonces el primer productor palmero de América Latina y el cuarto del mundo. En el marco del Plan Colombia se financiaron proyectos productivos que sembraron mil quinientas hectáreas adicionales, reforzando los intereses empresariales y estatales en la zona.
La palma no llegó al Pacífico sur en tierras despobladas. Ocupó, muchas veces de mala fe, territorios de comunidades negras. El caso paradigmático es el de Palmeiras S.A., propiedad de los hermanos Jorge y Carlos Corredor, que ocupó aproximadamente ochocientas hectáreas del territorio ancestral del Consejo Comunitario del Alto Mira y Frontera. La disputa por esas tierras bloqueó temporalmente el proceso de titulación colectiva y terminó, como se verá, en sangre.
Ley 70, consejos comunitarios y la disputa por el territorio
La Constitución de 1991 introdujo un cambio de fondo que la sociedad colombiana no ha terminado de digerir. Su artículo transitorio 55 reconoció el derecho a la propiedad colectiva de las comunidades negras que ocupaban tierras baldías en las zonas rurales ribereñas del Pacífico. Ese mandato lo desarrolló la Ley 70 de 1993, que consagró la figura del consejo comunitario como instancia de organización territorial, reconoció prácticas culturales propias y sentó las bases de un régimen de titulación colectiva. En 1995, el Decreto 1745 reglamentó los requisitos y procedimientos para acceder a esos títulos.
La ley cambió el mapa jurídico del Pacífico. Grandes extensiones de la costa, incluyendo cuencas y ríos del municipio de Tumaco, empezaron a titularse a nombre de consejos comunitarios que representaban a las comunidades ancestrales. Pero la Ley 70 no fue reglamentada en su totalidad: solo el capítulo de titulación colectiva quedó plenamente operativo. Las disposiciones sobre desarrollo económico, participación política, protección cultural o consulta previa quedaron a medio camino, condenando a los territorios titulados a ejercer una autonomía formal sin las herramientas institucionales para hacerla efectiva.
En ese vacío, el trabajo de organización comunitaria dependió de figuras que asumieron el riesgo personalmente. La religiosa Yolanda Cerón recorrió las comunidades del Pacífico nariñense durante los años noventa divulgando la Ley 70, capacitando a los pobladores con una cartilla que ella misma escribió y acompañando la conformación de los consejos comunitarios. Su labor fue central para que la letra de la ley se tradujera en organización real; también fue la razón por la que la asesinaron.
Antes, el 15 de febrero de 1997, había sido asesinado Francisco Hurtado, primer representante legal del Consejo Comunitario del Alto Mira y Frontera, después de demandar a Palmeiras S.A. por la ocupación de las ochocientas hectáreas del territorio. Sobre su cuerpo dejaron un letrero que no requería interpretación: "Pa que no sigas jodiendo con tu cuento de tu Ley 70". Esa frase, escrita con la intención de intimidar a una comunidad entera, condensa lo que estaba en juego: la titulación colectiva no era una figura decorativa, sino un obstáculo real al modelo palmero-extractivo, y por eso quienes la defendían se convertían en objetivo.
Al mismo tiempo, el movimiento negro nacional atravesaba tensiones internas: algunas organizaciones de base del Pacífico se mostraban reticentes a ceder autonomía a coordinaciones nacionales de sede urbana que percibían como poco representativas de la vida ribereña, lo que dificultaba una proyección política unificada. La Ley 70 fortaleció a los consejos locales y, a la vez, complicó la articulación regional y nacional del movimiento.
Pueblo Awá: la otra territorialidad
Tumaco no es solo un municipio afrodescendiente. En su zona rural, particularmente hacia el piedemonte y la frontera, habita parte del pueblo indígena Awá, un pueblo binacional cuyo territorio se extiende a ambos lados de la línea fronteriza entre Colombia y Ecuador. En Colombia, los Awá se asientan en el sur y occidente de Nariño —Tumaco, Barbacoas, Ricaurte, Samaniego y Roberto Payán— y en el Putumayo, en Orito, Puerto Caicedo y Villa Garzón. Su territorio abarca en conjunto alrededor de seiscientas diez mil hectáreas distribuidas entre los dos países.
La condición binacional del pueblo Awá, reconocida por la Defensoría del Pueblo en 2017 junto con otros pueblos como los Inkal, se sostiene en una visión integradora del territorio, el Katsa Su, que trasciende la división política. Esa integridad territorial se ha visto profundamente afectada por la llegada de los cultivos de coca a sus veredas. La expansión de la coca en zonas Awá trajo consigo robos, peleas, muertes y aumento de la delincuencia común en los caminos; la cultura del narcotráfico y la violencia permeó algunas comunidades, afectando el territorio, la cultura y la espiritualidad del pueblo. Se han documentado además restricciones a la libre circulación que impiden actividades tradicionales como la cacería y la pesca, con el efecto acumulado de erosionar los modos de vida propios. El propio pueblo Awá ha señalado que la combinación de acciones militares ineficaces y omisiones en planes integrales de inversión social contribuye a agravar el problema.
La coca, el Plan Colombia y la captura del corredor
Hasta finales del siglo XX, el Pacífico nariñense era un territorio marginal en el mapa nacional del narcotráfico. Los grandes cultivos de coca estaban en el Putumayo y el Caquetá. Eso cambió con el Plan Colombia. Aprobado bajo el gobierno de Andrés Pastrana, el plan puso el centro de sus operaciones en el Putumayo e incluyó, como pieza central, la fumigación aérea con glifosato de los cultivos de coca. La respuesta del narcotráfico fue previsible: trasladar cultivos, laboratorios y personal hacia zonas donde la fumigación no estuviera tan concentrada y donde la geografía ofreciera mejores condiciones.
Tumaco reunía todas esas condiciones. Salida al mar, cercanía a la frontera ecuatoriana, esteros y caños de mangle donde ocultar cargas y laboratorios, ríos navegables, comunidades empobrecidas dispuestas a raspar hoja por un jornal superior al legal. Desde principios del año 2000, el municipio y sus vecinos alojaron la cadena completa del narcotráfico: cultivo, acopio, procesamiento, transporte y embarque hacia el exterior. Llorente, corregimiento rural sobre la carretera hacia Pasto, se convirtió en nodo neurálgico del clúster: allí se instalaron laboratorios y llegaron raspachines provenientes del Putumayo, muchos desplazados por las mismas fumigaciones.
La lógica económica de esa reconversión es difícil de refutar en el terreno. Un jornalero puede ganar entre cincuenta mil y sesenta mil pesos hasta el mediodía trabajando en un cocal, frente a los veinte mil pesos que recibe por una jornada completa —de siete de la mañana a cuatro de la tarde— en cultivos legales. Sin oferta estatal creíble de sustitución y sin inversión productiva sostenida, ese diferencial hizo el resto.
Los actores armados y la disputa por el corredor
La violencia siguió al negocio y, en muchos casos, lo precedió. El ELN había ingresado al corredor Ipiales-Tumaco en los años ochenta, atraído por la explotación maderera y petrolera. En los noventa llegó el Bloque Occidental de las FARC-EP, con el Frente 29 Alfonso Arteaga como punta de lanza, buscando expansión hacia zonas con salida al mar y potencial petrolero y cocalero. En 1999, el Bloque Libertadores del Sur de las Autodefensas Unidas de Colombia, creado por los hermanos Castaño como parte de la expansión de las AUC hacia el sur, entró al Pacífico nariñense a disputar el control de las vías terrestres con salida al mar.
El Bloque Libertadores del Sur combinó violencia contra la población civil, alianzas con sectores empresariales y una pretensión de regulación social propia del proyecto paramilitar. En Tumaco, sin embargo, esa pretensión chocó con algo que no había encontrado en otras regiones: comunidades étnicas organizadas, con sus consejos comunitarios, sus asambleas, sus mecanismos de autoridad y una larga historia de luchas por la autonomía. El bloque logró imponer un dominio militar, pero no lo transformó en dominio político y social efectivo. Ese límite —producto de la organización comunitaria— no impidió que asesinara líderes como Yolanda Cerón, ni que perpetrara, entre 2008 y 2016, junto con otros grupos posdesmovilización, torturas, asesinatos y desapariciones contra personas negras y afrodescendientes LGBTIQ+ en el municipio, en una intersección de violencia racial y de género particularmente cruenta.
La desmovilización del BLS entre 2005 y 2006 no trajo paz. Al contrario: al retirarse la estructura dominante, los corredores del narcotráfico quedaron en disputa entre bandas surgidas del propio proceso de desmovilización o llegadas de otras regiones. Los Rastrojos y las Águilas Negras se enfrentaron por el control del embarque y de los ríos. En 2009 hubo masacres en la carretera Tumaco-Pasto. En 2010, Los Rastrojos entraron a la ciudad, pero en lugar de un control hegemónico terminaron acordando un reparto territorial por sectores con las Águilas Negras.
Los años que siguieron mantuvieron a Tumaco entre los municipios más violentos del país. Las movilizaciones campesinas de 2016 contra la política de erradicación forzosa, que atacaba los cultivos sin desmontar la cadena completa del narcotráfico, expresaron una lectura extendida en el territorio: la erradicación sin sustitución sostenida es una guerra contra el eslabón más débil. Tras la firma del Acuerdo de Paz con las FARC en 2016 y la salida del Frente 29 de las armas, el corredor volvió a llenarse de actores: disidencias, ELN, bandas de narcotráfico, grupos con nombres cambiantes. La intensificación del conflicto en la zona fronteriza en los años siguientes al Acuerdo confirmó que la salida de una guerrilla no basta para desactivar una economía criminal enraizada en la geografía y en la ausencia estatal.
Cantar a los muertos: cultura y memoria
Frente a la sucesión de violencias, Tumaco ha sostenido una vida cultural densa. El Carnaval del Fuego, que se celebra la semana anterior al Miércoles de Ceniza, es una de las expresiones culturales mayores del Pacífico colombiano: danzas, desfiles, carrozas, conciertos, una afirmación colectiva de la afrocolombianidad. La ciudad tiene además una historia musical menos evidente pero de largo aliento. Desde finales del siglo XIX circulaban en Tumaco valses, pasillos, mazurcas, danzas y polkas en la vida musical urbana. En 1919, un artesano anunciaba en el pueblo la reparación de fonógrafos y grafófonos, testimonio de una modernidad tecnológica temprana en un municipio que la geografía oficial imaginaba aislado.
Pero es en la relación con los muertos donde la cultura tumaqueña muestra su fuerza más honda. Las cantaoras del municipio han preservado los cantos ancestrales que velan y despiden a los difuntos: los chigualos para los bebés y los veteranos, los alabaos para los viejos. En un territorio marcado por el desplazamiento y la desaparición, ese repertorio funerario se ha convertido en algo más que una tradición: es un mecanismo activo de construcción de memoria colectiva y de resistencia. Las mujeres negras y afrodescendientes del Pacífico, al entonar sus alabaos frente a los seres queridos desaparecidos —a veces sin cuerpo, a veces sin fecha, a veces sin nombre del responsable—, se oponen al olvido.
Esta trama cultural convive con los discursos que estigmatizan a la propia ciudad. Los barrios lacustres de Tumaco, habitados mayoritariamente por población negra, han sido descritos por imaginarios desarrollistas en términos de carencia y marginalidad; las comunidades del municipio son objeto habitual de discursos racistas que las presentan como un problema a resolver más que como un sujeto histórico con proyecto propio. Frente a eso, la cultura afropacífica —los cantos, las prácticas de duelo, los saberes de la chagra y el manglar, la organización comunitaria— funciona como respuesta y cuestionamiento a las nociones dominantes sobre desarrollo y ciudadanía.
La huella: un puerto que interpela al país
Tumaco es hoy, simultáneamente, un puerto petrolero que exporta el crudo del Putumayo, un municipio palmero que produce buena parte del aceite del país, un punto neurálgico del narcotráfico continental y un territorio de titulación colectiva afrodescendiente y de presencia indígena awá. Esas cuatro condiciones no son contradictorias: describen con precisión el tipo de presencia estatal que el litoral ha recibido. Un Estado que llegó con el oleoducto, que financió palma bajo el Plan Colombia, que decretó toque de queda y nombró alcalde militar cuando cerró la maderera, que fumigó con glifosato y militarizó los corredores; pero que no reglamentó completa la Ley 70, no protegió a los líderes que la defendían, no garantizó la titulación frente a la palma, no ofreció alternativas creíbles al jornal cocalero y no aseguró la vida de las comunidades cuando llegaron los paramilitares y sus sucesores.
Esa presencia selectiva y predatoria explica por qué Tumaco se ha convertido, en la conversación pública colombiana, en emblema del abandono del Pacífico, aunque el término abandono diga solo la mitad de la historia. La otra mitad —la que este municipio insiste en escribir— la ponen los consejos comunitarios que titularon miles de hectáreas de bosque y manglar bajo la Ley 70, las cantaoras que sostienen la memoria de los desaparecidos, los líderes asesinados por defender la letra de esa misma ley, las comunidades awá que sostienen su Katsa Su frente a la coca y las restricciones, las movilizaciones campesinas contra la erradicación forzosa, la vida cultural del Carnaval del Fuego. Tumaco no es un lugar donde no pasa nada: es un lugar donde ha pasado demasiado, y donde el país entero, en sus propios silencios, tiene cuentas pendientes.
El territorio en el archivo
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Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
32 documentos · 48 fragmentos01Fighting Monsters in the Abyss: The Second Administration of Colombian President Álvaro Uribe Vélez, 2006–2010Harvey F. Kline · 2015 · p. 322 citas
[1]to four million people. Some were warlike hunters and fishers, includ ing the Caribs and Arawaks, but many had developed agriculture, as well as gold work that attracted the Span- ish conquerors. They were also divided by geography, includ ing the Calima (Valle de Cauca), the San Agustín (Huila), the Tumaco (Nariño),…
p. 32
[2]to four million people. Some were warlike hunters and fishers, includ ing the Caribs and Arawaks, but many had developed agriculture, as well as gold work that attracted the Span- ish conquerors. They were also divided by geography, includ ing the Calima (Valle de Cauca), the San Agustín (Huila), the Tumaco (Nariño),…
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02Arqueología de Colombia: un texto introductorioGerardo Reichel-Dolmatoff · 2016 · p. 181, 1972 citas
[3]pue- den ser de origen sureño. 182 Gffínídi Rffcerffs-Distnaióó del río Patía como en la zona de Tumaco, hay numerosos sitios que atestiguan la expansión de estos colonizadores. Las fechas de radiocarbono disponibles colocan esta intrusión a la costa Pacífica en un periodo de aproxima- damente 500 a. C. al primer…
p. 181
[5]decorativos tales como líneas incisas paralelas, cierto tipo de pintura roja brillante y el pulimento total o parcial de la superficie. En cambio, comenzando con Inguapí superior, las semejanzas con la Etapa de Desarrollos Regionales del Ecuador son nota- bles. La fase Inguapí representa pues la transición de la Etapa…
p. 197
03La gente de GuambíaRonald A. Schwarz · 2018 · p. 471 cita
[4]dicho cultivo facilitó las migraciones al sur. Influencias mesoamericanas aparecieron en la costa Atlántica y en la región de Tumaco en la costa Pacífica. Entre los elementos introducidos alrededor de 1200 a. C. se encuentran túmulos, espejos de 4 Fuentes principales que se ocupan de la arqueología del macizo…
p. 47
04Antes de Colombia. Los primeros 14.000 añosCarl Henrik Langebaek · 2021 · p. 3161 cita
[6]se encuentran en sitios domésticos y más raramente en contextos mortuorios. Como en otras partes del mundo, las figuras femeninas se fueron haciendo cada vez menos populares con el paso del tiempo, aunque es evidente que algunas mujeres tuvieron entierros que sugieren un papel importante en ciertas actividades…
p. 316
05¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 371 cita
[7]el primero en dejar descripciones escritas de los vestigios arqueológicos de las culturas Tumaco y San A gu stín, además de que tuvo tiempo para narrar las costumbres de los indígenas del Caquetá y las comunidades negras del Pacífico. A su paso también encontró ciudades y villas dominadas por criollos, pueblos de…
p. 37
06Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 466, 4692 citas
[8]ni por retener las posesiones materiales a la hora del embargo. No obstante la función de crítica social que compete a la universidad colombiana, hay ausencia de discusiones sobre el actuar de sus egresados en ámbitos tan complejos como el del Pacífico. De ahí la aspiración de que este foro sirva para discutir si esos…
p. 466
[23]un triángulo (Friedemann y Arocha 1986:117). En sus vértices están Europa, Africa y América, en una dirección circulñan esclavos; en la otra, yuca y otros productos agrícolas. El puente desde América a Europa llevaba oro, plata, y las que Mintz (1986) ha llamado “drogas del proletariado”: café, tabaco y azúcar,…
p. 469
07Borderland Battles: Violence, Crime, and Governance at the Edges of Colombia's WarAnnette Idler · 2019 · p. 212, 3132 citas
[9]chain is partly owed to its unique geography. The harbor town is made up of three islands. The biggest one, El Morro, hosts the local airport and is connected to the other two by a 300- meter long viaduct. These, in turn, are linked to the mainland via a single bridge, making control over the viaduct and the bridge a…
p. 212
[41]Tumaco! The Águilas Negras resisted, and so, in 2009, there were massacres on the road because the Rastrojos took the Águilas Negras’ men to the road to assassinate them. In 2010, the Rastrojos won the fight and entered the city of Tumaco, but the Águilas Negras were still there. [There were] a number of drug…
p. 313
08Historia de Colombia. La Colombia más Antigua. Tomo 1Gonzalo Hernández de Alba (dir.); Camilo Domínguez O., José L. Lorenzo, Amancio Fernández, Gonzalo Correal y otros · p. 451 cita
[10]mineras del Pacífico han sido: el Alto Atrato, el Alto San Juan, el Dagua-Raposo y el Patía-Yurumanguí. Ya desde los inicios de la conquista se fundaron pueblos mineros, pese a las difíciles condiciones climáticas que allí imperaban. La parte sur del Pacífico colombiano es una pla- nicie ancha, puesto que la…
p. 45
09Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 1232 citas
[11]en el mar cerca de Guapi; en 1868, con probable epicentro al oeste del cabo Manglares; y el más fuerte, en 1906, con epicentro frente a la costa de Ecuador. Los tsuna- mis se caracterizan por una baja inicial en el nivel del mar, que se retira de las playas a una distancia mucho mayor que durante una bajamar…
p. 123
[12]en el mar cerca de Guapi; en 1868, con probable epicentro al oeste del cabo Manglares; y el más fuerte, en 1906, con epicentro frente a la costa de Ecuador. Los tsuna- mis se caracterizan por una baja inicial en el nivel del mar, que se retira de las playas a una distancia mucho mayor que durante una bajamar…
p. 123
10En las regiones de Colombia. La Universidad del Rosario piensa el paísJuan Felipe Córdoba Restrepo, Claudia Dulce Romero, Natali Maldonado Pineda · 2021 · p. 5, 102 citas
[13]de que la casa fuese cubierta por la tierra. 1 EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:24:35 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 101 Pescadores de Tumaco. El agua siempre en la memoria. Foto: Luz Dary Bastidas. Considerar la amenaza de otro…
p. 5
[45]en últimas, consiste en mantener encendida la llama de la curiosidad, esa que nuestros jóvenes conocen mejor que nadie. Palabras para la cultura Todos los años, una semana antes del Miércoles de Ceniza, en Tumaco se celebra la afrocolombianidad con el tradicional Carnaval del Fuego. Con danzas, desfiles, carrozas y…
p. 10
11El Placer: Mujeres, coca y guerra en el Bajo PutumayoMaría Clemencia Ramírez, María Luisa Moreno R., Camila Medina A. · 2012 · p. 272 citas
[14]Una vieja guerra en un nuevo contexto. Conflicto y territorio en el sur de Colombia. (Bogotá: Universidad Javeriana/ Cinep/ Odecofi/ Colciencias/ Cerac, 2011), 184, 190. 27 Capítulo 1 y político, en permanente competencia con Mocoa. Los campamen- tos de la Texas Petroleum Company, a su llegada en 1963, se esta-…
p. 27
[15]Una vieja guerra en un nuevo contexto. Conflicto y territorio en el sur de Colombia. (Bogotá: Universidad Javeriana/ Cinep/ Odecofi/ Colciencias/ Cerac, 2011), 184, 190. 27 Capítulo 1 y político, en permanente competencia con Mocoa. Los campamen- tos de la Texas Petroleum Company, a su llegada en 1963, se esta-…
p. 27
12Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 94, 4302 citas
[16]comunica con el Ecuador, y la vía alterna que comunica Ipiales y Tumaco con el océano Pacifico, y mantiene conexión por la vía Pasto-Mocoa con el departamento del Putumayo. Además, este corredor ha sido de gran interés para el desarrollo de economías asociadas a la explotación maderera, la extracción petrolera,…
p. 94
[30]su primer representante legal, después de haber denunciado la ocupación de mala fe de aproximadamente 800 hectáreas de su territorio ancestral a manos de la empresa Palmeiras S.A., propiedad de los hermanos Jorge y Carlos Corredor, dueños de Betunes Béisbol 1029. Don Alcibíades García, líder social y coordinador del…
p. 430
13Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. PacíficoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 571 cita
[17]y constituía la segunda fuente de empleo después del sector administrativo 98. Llegó a contar con capitales colombianos, mexicanos, norteamericanos, suecos y puertorriqueños, y a tener concesiones de 143.000 hectáreas en el río Mira en 1967 y de 72.000 hectáreas en el bajo Patía en 1969. Ante el cierre por la…
p. 57
14Guerras RecicladasMaría Teresa Ronderos · 2014 · p. 333, 3372 citas
[18]sin embargo, no tenían tierra, y les vendían su fuerza laboral a las empresas madereras y palmeras o a las camaroneras que llegaron en los años ochenta. O cortaban árboles por su cuenta, o buscaban barequear en algún río donde después de menear la batea un día al rayo del sol podían encontrar un par de pepitas de oro…
p. 333
[36]verle la cara a la guerra que ya desangraba a Urabá, a Córdoba, al Magdalena Medio y a los Llanos Orientales. Pero el gobierno Pastrana había aprobado la fumigación con glifosato por aire de los cultivos de coca de Putumayo y Caquetá, los campeones nacionales en cultivos de coca. Además envió a esas selvas y llanos…
p. 337
15Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IIErnesto Guhl · 2018 · p. 1051 cita
[19] Región de Barranquilla 1. Guajira 2. Santa Marta 3. Cartagena 4. Fundación 5. Valledupar 6. Lorica 7. Sincelejo 8. Magangué 9. El Banco 10. Montería Región de Medellín 11. Turbo…
p. 105
16Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Nariño y sur de CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 38, 1682 citas
[20]libre» 48. En este contexto, en el valle del Patía, paralelo al avance de la minería y la consolidación de la hacienda ganadera, se dio la apropiación de predios vacíos entre las haciendas ganaderas por familias afrodescendientes alrededor de los platanares, que eran «pequeñas parcelas o unidades económicas domésticas…
p. 38
[42]ocurrencia 22.075 35.937 51.792 56.793 54.169 49.085 diálogos de paz en medio del conflicto, retos y persistencias (2010-2021) 169 Aún hoy, para la población campesina el jornal que se paga en la economía cocalera representa ingresos superiores a los de la economía agraria legal: «Vea, hay personas de la juventud,…
p. 168
17Gente negra en Colombia. Dinámicas sociopolíticas en Cali y el PacíficoOlivier Barbary, Fernando Urrea · 2004 · p. 197, 2042 citas
[21]configuración socio-espacial muy peculiar, que se podría calificar como "dispositivo fluvial-ribereño". Veremos cómo, aislada y enfatizada por medio de la reconstrucción conceptual de los legisladores y asesores, esta "especificidad" conforta una imagen "ideal típica" de las comunidades negras rurales en el Pacífico.…
p. 197
[22]fijas en el tiempo. Al contrario, este dispositivo permite la integración y circulación de hombres y mujeres, así como de ideas y valores, en un espacio globalmente organizado alrededor del río pero no restringido a él". Podemos reconocer una territorialidad asociada a este modelo, que combina y articula varias…
p. 204
18Panorámica afrocolombiana. Estudios sociales en el PacíficoMauricio Pardo Rojas, Claudia Mosquera, María Clemencia Ramírez · 2004 · p. 2841 cita
[24]des- montes los suelos secos de 4 ó 5 plazas, suficientes para un hogar con igual número de bocas. Pero con 10 hijos, y cuando 2 ó 3 de ellos forman su propio hogar in situ, el desen- lace no puede ser más que un excedente demográfico condenado a la emigración. En un caso –extremo, pero no excepcional– se pudo…
p. 284
19La guerra vino de afuera. El Bloque Pacífico en el sur del Chocó: una herida que aún no cierraCentro Nacional de Memoria Histórica, Laura Bibiana Escobar García, Laura Catalina Tovar Bohórquez, Esteban de Jesús Caviedes Alfonso · 2022 · p. 571 cita
[25]de organizaciones sociales a través de los consejos comunitarios, para la protección y utilización sustentable de los recursos naturales (Grueso, 2000). Estos consejos comunitarios son las instancias de organización de los pobladores dentro de un área delimitada del terri- torio que han ocupado de acuerdo a sus…
p. 57
20Raza y derechos humanos en Colombia: Informe sobre discriminación racial y derechos de la población afrocolombianaCésar Rodríguez Garavito, Tatiana Alfonso Sierra, Isabel Cavelier Adarve · 2009 · p. 1161 cita
[26]55 de la Constitución Política de 1991 y, posterior- mente, fue desarrollado en la Ley 70 de 1993. Esta última fue reglamentada por el Decreto 1745 de 1995, en lo relativo a los requisitos y procedimientos para la titulación colectiva de los territorios ancestrales en la cuenca del Pacífico y en otras regiones del…
p. 116
21Movimientos sociales, Estado y democracia en ColombiaMauricio Archila, Mauricio Pardo (Editores) · 2001 · p. 2571 cita
[27]se habían apartado del intento de crear una coordinación nacional del movimiento ne- gro, reticentes a ceder autonomía a grupos de activistas de sede urbana pero carentes de representatividad en el seno de las or- ganizaciones de base. En torno al movimiento negro en Colombia i 337 ] La Ley 70 contiene 8 capítulos y…
p. 257
22Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 125, 1992 citas
[28]negras contemplados en la L ey 70 de 19 93, una ley que, a pesar de tener más de 20 años, aún no ha sido reglamentada en su totalidad. Este desconocimiento tuvo consecuencias en las dinámicas culturales de estas comunidades 315, que fueron violentadas al negarles la capacidad de gestionar y ordena r su vida con…
p. 125
[29]digital de la Comisión de la Verdad. https://www.comisiondelaverdad.co/impactos - afrontamientos - y - res istencias/una - red - que - nos - sostiene. 591 Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), Yolanda Cerón: la hermana del Pacífico, 21. 592 Comisión de la Verdad, «Reconocimiento de responsabilidades en el caso…
p. 199
23Etnización de la negridad: La invención de las 'comunidades negras' como grupo étnico en ColombiaEduardo Restrepo · 2013 · p. 262, 2702 citas
[31]en uso del municipio de Tumaco y el 13.3 % del área total sembrada en palma en Colombia. Colombia es el primer productor de palma de aceite en América Latina y el cuarto en el mundo, aportando Tumaco el 11% de la producción nacional de aceite de palma, con un promedio anual de 16 toneladas/ha (Fedepalma 1999). Esta…
p. 262
[37]de ‘comunidades negras’. La bonanza de la coca Entre los tipos de empresarios con presencia en el Pacífico se encuentra el de los narcos. Estos constituyen sin duda el factor más perturbador para los supuestos desde los que operan los conceptos de territorio del proceso de etnización de las ‘comunidades negras’. En…
p. 270
24Grupos Armados Posdesmovilización (2006 - 2015). Trayectorias, rupturas y continuidadesTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera Ramírez, Carlos Andrés Hoyos, Javier Benavides Torres, Jefferson Corredor Uyaban, Mateo Morales · 2016 · p. 290, 2952 citas
[32]aledañas a la carretera que comunica a esta ciudad con la capital departamental, lo que generó un repliegue estratégico y transitorio de las FARC hacia las zonas rurales. En segundo lugar, como aseguró Pablo Sevillano en algunas de sus declaraciones, varias veces tuvo que asesinar a sus mismos combatientes por…
p. 290
[40]a la clara disputa planteada en los poblados de Llorente, La Espriella y La Guayacana que son el enlace entre las áreas de acopio, transporte y siembra de coca; también en razón a las disputas en los barrios y periferias más cercanas al perímetro urbano como Viento Libre. Mientras que los niveles de violencia letal,…
p. 295
25Sus armas no lograrán extinguir nuestra palabra. Informe de riesgos de extinción en 6 Pueblos Indígenas de ColombiaObservatorio por la Autonomía y los Derechos de los Pueblos Indígenas en Colombia (Observatorio ADPI); José Aristizabal G.; Lina María González Correa · 2014 · p. 49, 712 citas
[33]Cultivos de coca. Estadísticas municipales. censo 31 de diciembre de 2011. Bogotá. - UNODC, Oficina de Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito, junio de 2013, Colombia, Censo de Cultivos de Coca, 2012. Bogotá. El Pueblo Awá 01 José Aristizabal G. Fotografía: Conchita Guerra C. 01. EL PUEBLO AWÁ 01. El pueblo Awá…
p. 49
[35]que se están cerrando los caminos por donde tradicionalmente transitamos las comunidades hacia nuestros lugares de trabajo o para la realización de las actividades propias de nuestra cultura; muchas veces incluso no se nos permite salir libremente de cacería o pesca afectando los usos y costumbres y la calidad de la…
p. 71
26Exilio colombiano. Huellas del conflicto armado más allá de las fronterasCentro Nacional de Memoria Histórica, Juan Manuel Zarama Santacruz, Randolf Laverde Tamayo, Juan Pablo Luque · 2018 · p. 1201 cita
[34]binacionales que habitan en las cinco fronteras de Colombia. Así: frontera colombo-brasileña: Pueblos Inga y Uitoto (Muruy-Muina); frontera colombo-ecuatoriana: pueblos indígenas Inkal, Awa, Pastos, Kofan, Siona, Huitoto (Murui), Kamëntsa, Kechwa, Emberá Chamí, Koreguajes, Misak, Inga y Nasa; frontera…
p. 120
27Nororiente y Magdalena Medio, Llanos Orientales, Suroccidente y Bogotá DC. Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento (coordinador), Alberto Santos Peñuela, Lukas Rodríguez Lizcano, Luisa Fernanda Hernández Mercado, Juanita Esguerra Rezk · p. 1821 cita
[38]de proyectos y medidas con enfoque diferencial que tuvieran en cuenta la pertenencia étnica de las personas desmovilizadas y las características de las comunidades receptoras. Tal eran los casos de Guapi y Santander de Quilichao (en el Cauca) y de Buenaven - tura (Valle del Cauca), entre otros. VII. NARIÑO 7.1…
p. 182
28Paramilitarismo. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera · 2018 · p. 1051 cita
[39]objetivo contrainsurgente: el interés de estabilizar estructuras paramilita- res consistió en controlar una región que se configuraba como un clúster cocalero 51. 50 En el suroccidente, la expansión de los grupos paramilitares había cambia- do las dinámicas espaciales del conflicto armado: desde los años sesenta hasta…
p. 105
29Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · p. 1401 cita
[43]el puerto más importante del Pacífico colombiano, por encima de Tumaco, y que va a concentrar 15 masacres, con el resultado de 121 muertes durante los años de existencia del grupo. Los mayores niveles de violencia en Buenaventura, de parte de este paramilitarismo, se van a dar entre 2001 y 2003, si bien la presencia…
p. 140
30Mi cuerpo es la verdad. Experiencias de mujeres y personas LGBTIQ+ en el conflicto armadoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 185, 2662 citas
[44]la tercera, en alianza con grupos paramilitares a los que estaban vinculados o contrataban, y las torturaban, intentaban asesinarlas, o de hecho las asesinaban o las desaparecían. En el marco de esas asociaciones, las víctimas fueron violentadas mientras estaban en el espacio público y era de noche, pues la oscuridad…
p. 266
[46]social mediante el canto, la pintura o el bordado, herramientas que dignifican sus historias. Cantan para evocar lo que se fue, lo que desapareció, lo que les sigue siendo arrebatado por la guerra; así lo hacen las mujeres afrodescendientes cantaoras y buscadoras de desaparecidos en Tumaco. J aqueline le explicó a la…
p. 185
31Rites, Rights & Rhythms: A Genealogy of Musical Meaning in Colombia's Black PacificMichael Birenbaum Quintero · 2019 · p. 1391 cita
[47]of sawmill and shipyard workers and employees at small workshops producing sodas, pasta, candles, soap, candy, and cigarettes. Men worked in construction, as stevedores and bootblacks, and as fishermen. Lower- class women worked as maids, nannies, laundresses, street food vendors, and prostitutes. There was also a…
p. 139
32Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 1611 cita
[48]estos barrios; es decir, la gente negra. Utilizan nombres como sucio, vago, tonto, incivilizado, bruto, infrahum ano, y fe o para describir las agrupaciones negras pero no a los individuos específicos. Cuando un blanco quiere proyectar estos atributos a un individuo específico, basta utilizar la palabra “negro” para…
p. 161