Implementación del Acuerdo Final y dejación de armas de las FARC-EP (2016-2018)
Entre noviembre de 2016 y agosto de 2018, Colombia intentó desmontar la guerrilla más antigua del continente mediante reincorporación política, sustitución de cultivos, reforma rural y justicia transicional. Más de siete mil combatientes entregaron sus armas, pero el asesinato sistemático de líderes sociales y excombatientes, el incumplimiento de la reforma agraria y el colapso parcial del programa de sustitución revelaron que el posacuerdo reconfiguró el conflicto sin clausurarlo.
Ficha del acontecimiento
Síntesis
- Cuándo
- 24 de noviembre de 2016 – 7 de agosto de 2018
- Dónde
- Bogotá, La Habana, Cartagena, Catatumbo, Putumayo, Tumaco, Urabá, Meta, Guaviare, La Guajira, Norte de Santander, Nariño
- Protagonistas
- Juan Manuel Santos, Rodrigo Londoño, Sergio Jaramillo, Álvaro Uribe Vélez, Iván Márquez, Iván Duque, Humberto de la Calle, Corte Constitucional, JEP, FARC-EP, Misión de Verificación de la ONU, Agencia para la Reincorporación y la Normalización
Lectura causal
Causas, hecho y consecuencias
Causas
- El rechazo del plebiscito del 2 de octubre de 2016 obligó a una renegociación acelerada del Acuerdo y a su refrendación por vía legislativa, incorporando concesiones a los sectores del No sin alterar las curules garantizadas para la exguerrilla.
- La histórica concentración de la tierra y la economía cocalera en territorios periféricos crearon condiciones estructurales que el Acuerdo prometía transformar pero que el Estado no estaba dispuesto a desmantelar, dado el peso de las élites regionales y los intereses extractivos.
- La ausencia del Estado en vastas zonas rurales dejó un vacío que, tras la dejación de armas, fue disputado de inmediato por disidencias de las FARC-EP, el ELN, el EPL y grupos sucesores del paramilitarismo, generando una reconfiguración violenta del control territorial.
- El diferencial económico entre la coca y los cultivos lícitos —hasta tres veces mayor por jornada— hacía inviable cualquier programa de sustitución que no cerrara esa brecha mediante infraestructura, mercados garantizados y acompañamiento técnico sostenido.
Consecuencias
- En junio de 2017 la ONU certificó la desmovilización completa de más de 7.000 combatientes; las FARC-EP se transformaron en el partido Comunes y obtuvieron representación parlamentaria garantizada, marcando el tránsito formal de la guerrilla a la política legal.
- El fallo de la Corte Constitucional de mayo de 2017 obligó a tramitar la legislación restante por vía ordinaria, ralentizando la aprobación de reformas clave como la rural integral, la política y la electoral, que quedaron inconclusas al terminar el gobierno Santos.
- 132.000 familias cocaleras de 14 departamentos se inscribieron en el PNIS; donde la sustitución fue voluntaria la tasa de resiembra fue del 0,8%, frente al 50% en casos de erradicación forzada, evidenciando la superioridad del enfoque pactado sobre el coercitivo.
- Fueron asesinados 207 líderes sociales en 2017 y 298 en 2018; a octubre de 2021 casi 292 excombatientes habían muerto tras dejar las armas, y entre 2016 y 2020 fueron asesinados 113 líderes en Putumayo, Caquetá y Guaviare, muchos de ellos promotores del PNIS.
- Hacia 2018 figuras de los bloques Oriental y Sur de las FARC en la Orinoquía retomaron las armas como disidencias, y los territorios dejados por la guerrilla fueron disputados por nuevos actores armados, reactivando economías cocaleras y desplazamiento forzado en Catatumbo, Putumayo, Tumaco y el Guaviare.
- La meta del Punto 1 del Acuerdo —adjudicar 3 millones de hectáreas a campesinos sin tierra y pueblos étnicos— quedó sin ejecutar, preservando la estructura histórica de concentración de la propiedad rural que había alimentado el conflicto por décadas.
La clave interpretativa
Por qué importa
La implementación de 2016-2018 es el momento en que Colombia más cerca estuvo de cerrar medio siglo de conflicto armado con las FARC-EP, y también el momento en que quedó expuesta la distancia entre el texto del Acuerdo y la voluntad política de ejecutarlo. El incumplimiento sistemático de la reforma agraria, el colapso parcial del PNIS y la violencia contra excombatientes y líderes sociales no fueron fallas administrativas: revelaron que las estructuras de poder que sostuvieron el conflicto —concentración de tierra, economías ilegales, ausencia estatal— permanecían intactas. Entender este período es condición para comprender por qué Catatumbo, Putumayo, Tumaco y Urabá siguen siendo, años después, los epicentros de la violencia posacuerdo.
Desarrollo histórico
La historia completa
La implementación del Acuerdo Final y la dejación de armas de las FARC-EP (2016-2018)
El 24 de noviembre de 2016, en el Teatro Colón de Bogotá, el gobierno de Juan Manuel Santos y la delegación de las FARC-EP encabezada por Rodrigo Londoño firmaron el Acuerdo Final revisado tras el rechazo del plebiscito. La firma abrió un ciclo de dieciocho meses en los que Colombia intentó, por primera vez en medio siglo, desmontar una guerrilla mediante un dispositivo civil de reincorporación política, sustitución de cultivos, reforma rural y justicia transicional. Al terminar el gobierno Santos, el 7 de agosto de 2018, más de siete mil combatientes habían entregado sus fusiles, las FARC-EP se habían transformado en el partido Comunes y el Congreso había aprobado el andamiaje legal básico del posconflicto. Durante esos mismos meses fueron asesinados 207 líderes sociales en 2017 y 298 en 2018. Los territorios que las FARC-EP dejaron atrás estaban siendo disputados por disidencias, el ELN y grupos sucesores del paramilitarismo. Y la promesa de asignar tres millones de hectáreas seguía siendo un enunciado en un papel. El posacuerdo temprano no clausuró el conflicto: reconfiguró sus geografías, sus actores y sus víctimas.
De la derrota del plebiscito al Acuerdo del Teatro Colón
El 2 de octubre de 2016, el plebiscito convocado para refrendar el Acuerdo firmado en Cartagena resultó en el rechazo del texto. La ley estatutaria había fijado un umbral aprobatorio del 13% del censo electoral —al menos 4.536.992 votos por el Sí, además de mayoría sobre el No—, condición que el resultado no cumplió. El país amaneció el 3 de octubre con un gobierno que acababa de firmar la paz con la guerrilla más antigua del continente y con un electorado que le había negado la refrendación.
La respuesta fue una renegociación acelerada. Durante octubre y noviembre, la delegación gubernamental encabezada por Humberto de la Calle y Sergio Jaramillo recogió las objeciones de los sectores del No —lideradas política y jurídicamente por Álvaro Uribe y sus aliados— y las llevó a La Habana. El resultado, firmado el 12 de noviembre y sellado el 24 en Bogotá, incorporó dos concesiones sustanciales: los insurgentes debían ceder sus bienes mal habidos a la reparación de las víctimas, y el Acuerdo no sería incorporado a la Constitución. La dirigencia de las FARC-EP mantuvo, en cambio, su punto más sensible: cinco curules garantizadas en cada cámara del Congreso durante dos ciclos electorales, la puerta de entrada de la exguerrilla a la política legal.
Descartado el plebiscito, la refrendación se hizo por vía legislativa a finales de noviembre. El 13 de diciembre, la Corte Constitucional profirió la Sentencia C-699/16, que declaró exequible el Acto Legislativo N.º 01 de 2016, conocido como Fast Track o Procedimiento Legislativo Especial para la Paz. El fallo dio al gobierno una herramienta central: un mecanismo de trámite acelerado y con controles judiciales anticipados para aprobar, en semanas y no en años, la legislación que traducía el Acuerdo en normas colombianas.
Dos días después de la sentencia, el 15 de diciembre, fue inscrita ante el Consejo Nacional Electoral la agrupación Voces de Paz, vocera de las FARC-EP en el Congreso durante la fase de implementación. Sus seis voceros —Jairo Estrada Álvarez, Pablo Cruz y Judith Maldonado en el Senado; Francisco Tolosa, Imelda Daza y Jairo Rivera en la Cámara— asistían a los debates con voz pero sin voto, y encarnaban la transición política de la insurgencia antes de que su partido tuviera existencia jurídica.
El armazón legal: Fast Track, amnistía y el fallo que lo frenó
El primer proyecto tramitado bajo el Fast Track fue la ley de amnistía. Fue la prueba inicial del mecanismo y despejó la situación jurídica de la base de combatientes concentrada en los campamentos de transición, condición operativa para que la dejación de armas pudiera avanzar. A la amnistía se sumaron, en el paquete inicial, la Jurisdicción Especial para la Paz y el estatuto de la oposición: tres piezas que ordenaban el tránsito de la guerra al debate político.
El engranaje funcionó durante los primeros meses. Luego se atascó. En mayo de 2017, la Corte Constitucional emitió un fallo que reconfiguró el ritmo de la implementación: determinó que la legislación restante debía debatirse plenamente en el Congreso, sin las restricciones que el Fast Track había impuesto al trámite ordinario. La decisión ralentizó todo lo que aún no se había aprobado. Quedaron en el limbo del trámite ordinario piezas centrales: la reforma política, la reforma electoral y las normas orientadas a la reforma rural integral y a un régimen de tierras más justo. Al terminar el gobierno Santos, esa hoja de ruta legislativa seguía abierta.
Paralelamente, y desde el inicio, altos funcionarios del Estado se arrogaron el derecho de introducir modificaciones unilaterales a lo pactado. El principio de bilateralidad —que el Acuerdo no podía alterarse sino de común acuerdo entre las partes firmantes— fue erosionado en distintos episodios. Ese margen de discrecionalidad quedó abierto para el gobierno y sus sucesores. La señal que llegó a los territorios fue inequívoca, y ninguna pedagogía institucional pudo desmentirla: el Acuerdo era reversible.
La dejación de armas: de las zonas veredales al monitoreo de la ONU
Mientras se debatía la arquitectura jurídica en Bogotá, el país rural asistía a un fenómeno inédito. Los frentes guerrilleros se movilizaron hacia zonas de concentración. Allí un mecanismo tripartito —gobierno, FARC-EP y una misión política de la ONU aprobada por el Consejo de Seguridad y encabezada por Jean Arnault— verificaría el cese al fuego y la entrega de armas. Las Zonas Veredales Transitorias de Normalización y los Puntos Transitorios de Normalización se dispersaron por la geografía del conflicto: Pondores en La Guajira, Mesetas en el Meta, Icononzo en el Tolima, Colinas en el Guaviare, Tibú en el Catatumbo, Arauquita en Arauca, entre otros. En Tibú y Arauquita se concentraron los frentes 33, 10 y 45, que iniciaron el tránsito a la vida civil con expectativa y disposición de convivencia por parte de las comunidades locales, aunque también con miedo.
El 27 de junio de 2017, en Mesetas, los monitores de la ONU certificaron que la desmovilización había concluido: más de siete mil combatientes habían entregado sus armas al mecanismo internacional. Fue el hito material del proceso, la imagen —Santos y Londoño frente a un contenedor con fusiles— que fijó en la memoria pública la salida de las FARC-EP del conflicto armado.
Concluida la fase de concentración, las ZVTN se transformaron en Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación (ETCR): veinticuatro puntos distribuidos por el país, incluido el Eje Cafetero, donde los excombatientes debían encontrar formación, proyectos productivos y una transición pactada hacia la vida civil. Más del 90% de quienes se desmovilizaron y entregaron armas continuaron en el proceso de reincorporación. Solo en Norte de Santander había 632 personas en ese proceso, y en Arauca 425, según cifras posteriores de la Agencia para la Reincorporación y la Normalización.
La transformación política se materializó en la conformación del partido Comunes, con Iván Márquez y Jesús Santrich entre las figuras visibles de una dirigencia que se preparaba para las elecciones legislativas de 2018 amparada por las curules garantizadas. Pero la reincorporación política enfrentó desde el comienzo dos obstáculos: la lentitud institucional para materializar los proyectos productivos y garantizar la seguridad de los desmovilizados, y la violencia. A finales de octubre de 2017, aproximadamente dos docenas de exmiembros y familiares habían sido asesinados. La cifra iba a crecer sin pausa: para octubre de 2021, casi 292 excombatientes habían muerto tras dejar las armas.
Quienes abandonaron el proceso y retomaron los fusiles dejaron de ser reconocidos como FARC-EP y pasaron a ser considerados, tanto por el Estado como por el nuevo partido, bandas criminales dedicadas al narcotráfico. La distinción era jurídica y política, pero en los territorios producía un efecto ambiguo: quienes se quedaban en la reincorporación eran percibidos por las disidencias como obstáculo activo a sus intereses.
La Reforma Rural Integral: el punto que no se movió
El Punto 1 del Acuerdo, la Reforma Rural Integral, fue en el papel la respuesta más ambiciosa a la vieja pregunta del conflicto colombiano: la tierra. Estableció como meta la adjudicación de tres millones de hectáreas a campesinos sin tierra o con tierra insuficiente y a pueblos étnicos, dentro o fuera de la frontera agraria, junto con un Fondo de Tierras para materializar esa transferencia. Contemplaba, además, la formalización masiva de la propiedad rural, un catastro multipropósito que permitiera saber por fin quién tenía qué en el campo colombiano, y una batería de Planes Nacionales sectoriales —vías terciarias, salud, educación, vivienda, comercialización, riego— orientados a cerrar la brecha histórica entre el campo y la ciudad.
En dieciocho meses, el compromiso fue incumplido de manera sistemática. Los esfuerzos gubernamentales se concentraron en titular predios a poseedores y ocupantes actuales. Fue una operación jurídicamente relevante, pero no alteró la altísima concentración de la tierra que caracteriza la ruralidad colombiana. Formalizar la posesión de quien ya está en el predio no es lo mismo que redistribuir la propiedad ni ampliar el acceso a bienes y servicios de quienes nunca la tuvieron. La administración Santos se negó a discutir en serio las relaciones históricamente sesgadas de propiedad de la tierra y acceso a recursos naturales, a pesar del discurso de paz territorial que enmarcaba la implementación.
Esa omisión no fue un accidente administrativo. Las élites regionales colombianas han aprovechado históricamente la existencia de las guerrillas para bloquear reformas agrarias y para concentrar aún más la tenencia mediante desplazamiento y despojo. Retirada la guerrilla, el argumento del enemigo interno perdía tracción, pero la estructura de intereses permanecía intacta. El Acuerdo enunció la reforma; el gobierno no la ejecutó; el gobierno siguiente, ganador de las elecciones de 2018 con una plataforma que prometía modificar sustancialmente lo pactado, tampoco tenía intención de hacerlo. La tierra —la pregunta que atraviesa el conflicto colombiano desde mediados del siglo XX— quedó fuera del posacuerdo.
El PNIS y las promesas incumplidas en Catatumbo, Putumayo y Tumaco
Si la reforma agraria se estancó en Bogotá, el Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito llegó a los territorios con una promesa concreta: familias campesinas que erradicaran voluntariamente la coca recibirían acompañamiento económico, proyectos productivos y una ruta hacia la economía formal. En los dos años siguientes a la firma, 132.000 familias de catorce departamentos se inscribieron, y miles más quedaron en lista de espera.
En el Catatumbo, el PNIS fue acogido en primera línea por líderes comunitarios, presidentes de Juntas de Acción Comunal, Asojuntas y organizaciones de víctimas. Fueron ellos quienes desplegaron la pedagogía de implementación, identificaron familias beneficiarias y sostuvieron la erradicación voluntaria en veredas de Tibú y sus alrededores. Los avances en proyectos productivos y en la articulación con los Planes de Acción para la Transformación Regional resultaron, sin embargo, insuficientes para garantizar el acceso efectivo a bienes y servicios públicos de las familias comprometidas. Sin vías que permitieran sacar la cosecha, sin mercados garantizados y sin acompañamiento técnico sostenido, la sustitución quedaba reducida a un pago inicial que se agotaba antes de que el proyecto productivo pudiera arraigar.
En Putumayo, la implementación se cruzó con territorios donde confluyen industria petrolera, economía cocalera y violencia política, y donde el mapa social lo componen resguardos indígenas, consejos comunitarios afrodescendientes y zonas de reserva campesina. Puerto Asís, San Miguel, Valle del Guamuez y Villagarzón concentraban esa superposición. El PNIS y la restitución de tierras se enunciaban en el mismo suelo en el que operaban empresas extractivas, disidencias y economías ilegales. La ecuación campesina era brutalmente simple: hacia 2017 y 2018, una jornada en la coca podía dejar entre 50.000 y 60.000 pesos, frente a los 20.000 pesos que ofrecían los cultivos lícitos. Ningún programa de sustitución que no cerrara ese diferencial mediante infraestructura, mercado y acompañamiento sostenido podía competir con la economía que pretendía reemplazar.
En Tumaco, y particularmente en el Consejo Comunitario de Alto Mira y Frontera, la implementación llegó a un territorio ya erosionado por dos décadas de presión: la expansión del cultivo de palma desde los años noventa y, desde 2002, la llegada de colonos empujados por la coca, en coincidencia con el fortalecimiento de la columna Daniel Aldana de las FARC-EP. Cuando el Estado propuso la sustitución voluntaria, se encontró con comunidades negras e indígenas del corredor Nariño-Putumayo que ya sufrían asesinatos de líderes, desplazamiento forzado y confinamiento por parte de grupos armados vinculados a economías ilícitas. En 2017, movilizaciones campesinas contra la erradicación forzada y en exigencia del cumplimiento del PNIS derivaron en hechos de violencia en Tumaco que dejaron víctimas entre la población cocalera.
Los datos del propio programa expusieron su contradicción central. En los casos de sustitución voluntaria pactada, la tasa de resiembra fue del 0,8%. En los casos de erradicación forzada, la resiembra se disparó al 50%. La cifra desmentía por sí sola el argumento del Estado, que optó cada vez con más énfasis por la vía coercitiva. Erradicar sin sustituir producía coca nueva; sustituir con acompañamiento producía tránsito. Pero la sustitución exigía cumplir, y el cumplimiento resultó ser la parte más difícil del Acuerdo.
Hacia 2018, muchos actores territoriales percibían que los programas derivados del Acuerdo perdían fuerza y se reducían a la construcción de vías, sin que la idea de transformación integral hubiera arraigado en las prioridades del gobierno. Los campesinos inscritos en el PNIS, incluidos los del Caguán, enfrentaron la frustración de ver que las promesas de tránsito hacia una economía formal no se cumplían. Entre 2016 y 2020, 113 líderes sociales fueron asesinados en Putumayo, Caquetá y Guaviare, entre ellos promotores y firmantes del PNIS. La violencia no era colateral: apuntaba a las personas que encarnaban la implementación en los territorios.
El vacío territorial y sus disputas: disidencias, ELN y grupos sucesores
La retirada de las FARC-EP de vastas zonas del país no fue seguida por la llegada de la fuerza pública, las instituciones civiles ni las judiciales. Los territorios abandonados por la guerrilla desmovilizada permanecieron abiertos, y la incapacidad —en parte deliberada— del Estado para ocuparlos convirtió el vacío en una invitación.
Los primeros en llegar fueron las disidencias: mandos y estructuras que rechazaron el Acuerdo desde el inicio o que abandonaron el proceso ya iniciada la reincorporación. Hacia 2018, varias figuras conocidas de los bloques Oriental y Sur en la Orinoquía volvieron a la clandestinidad y retomaron las armas, en coincidencia con la reactivación de prácticas asociadas a los cultivos de coca. El ELN —que había iniciado negociaciones con el gobierno Santos sin resultados concluyentes— expandió su presencia en zonas dejadas por las FARC-EP. El EPL persistió en el Catatumbo. Y en múltiples regiones, grupos denominados Águilas Negras y estructuras herederas del paramilitarismo, incluidas las Autodefensas Gaitanistas de Colombia, disputaron corredores, cultivos y rutas.
En el norte del Cauca y otras regiones se recogieron testimonios que expresaban la misma sensación: la zozobra de líderes y comunidades que veían llegar actores nuevos sobre economías viejas. Las disidencias empezaron a percibir a los excombatientes reincorporados como obstáculo activo a sus intereses. Los reincorporados se oponían al reclutamiento forzado, participaban en programas de sustitución y, con su sola existencia visible, encarnaban la posibilidad de que otro camino fuera viable. Amenazas, desplazamientos y asesinatos contra ellos siguieron esa lógica.
El asesinato de líderes sociales mostró una tendencia sostenida y creciente: 207 casos documentados en 2017 y 298 en 2018, una escalada que no se detuvo en el cambio de gobierno y que arrojaría 279 muertes en 2019, 310 en 2020 y 168 en 2021. Los ataques buscaban limitar la organización política, impedir la garantía de derechos humanos y entorpecer la implementación —incluidas la restitución de tierras y la sustitución de cultivos ilícitos—. Buena parte de esa violencia se explica por los conflictos agrarios que quedaron sin resolver tras la desmovilización de las FARC-EP y por la negativa de los denominados terceros civiles —empresarios, financiadores, actores con responsabilidad indirecta en el conflicto— a incorporarse a la justicia transicional.
La respuesta estatal fue limitada. El gobierno expidió el Decreto 2124 de 2017, que reforzó el Sistema de Alertas Tempranas de la Defensoría del Pueblo. Pero el mecanismo, útil para diagnosticar, no reemplazaba la presencia efectiva en los territorios. Hacia el final del gobierno Santos comenzó a revertirse la tendencia a la baja en homicidios y desplazamientos forzados que se había mantenido desde 2011.
Comunidades étnicas y campesinas frente a la implementación
En Tumaco, Urabá, el Catatumbo y Putumayo, la implementación no encontró un vacío organizativo sino comunidades con estructuras propias: consejos comunitarios afrodescendientes, resguardos indígenas, zonas de reserva campesina, juntas de acción comunal. Estas organizaciones, en muchos casos, fueron quienes sostuvieron la pedagogía del Acuerdo cuando el Estado llegó tarde o no llegó.
En el Catatumbo, el PNIS fue asumido por líderes comunitarios y Asojuntas. En el Consejo Comunitario de Alto Mira y Frontera, en Tumaco, las autoridades étnicas intentaron articular la implementación con los procesos organizativos previos, pese al cerco de la palma, la coca y los grupos armados. Los excombatientes de los frentes 33, 10 y 45 en Tibú y Arauquita iniciaron su tránsito a la vida civil bajo la mirada expectante —y temerosa— de comunidades que llevaban décadas conviviendo con la guerra.
Esa densidad organizativa cumplió una función que el diseño centralista tendía a ocultar. Donde había tejido social organizado, el Acuerdo tenía tracción real: las asambleas comunitarias suplían las mesas técnicas que no llegaban, los líderes locales operaban como puente con los funcionarios itinerantes, y las estructuras étnicas y campesinas convertían el articulado del Acuerdo en decisiones cotidianas sobre veredas, cultivos y rutas. Donde ese tejido no existía, o donde la violencia lo desarticulaba, la implementación no tenía sobre qué asentarse. El asesinato sistemático de líderes atacaba exactamente esa variable: la capacidad social de sostener el Acuerdo desde abajo cuando el Estado no lo sostenía desde arriba.
Por qué la paz territorial no se consolidó
El fracaso relativo de la implementación temprana no admite una causa única. Se explica, en primer lugar, porque el Estado no supo —ni quiso del todo— ocupar los territorios que las FARC-EP desocuparon. Faltaron fuerza pública, jueces, notarías, hospitales, escuelas, vías y presencia civil efectiva. Ese vacío se volvió geografía de oportunidad para actores armados y economías ilegales. No fue solo un asunto de capacidad administrativa: fue también decisión política, la del gobierno saliente que no ejecutó la reforma rural y la del gobierno entrante que había hecho campaña contra el Acuerdo.
Se explica también por la robustez de las economías ilegales, que ofrecían incentivos que ninguna implementación fragmentada podía contrarrestar. La coca, la palma, el petróleo, la minería ilegal, las rentas del narcotráfico y las rutas de contrabando en las fronteras con Venezuela y Ecuador operaban con una lógica territorial anterior al Acuerdo. Absorbían con facilidad tanto a antiguos combatientes como a nuevos actores. Atribuir el fracaso solo a la omisión estatal oscurece la agencia de los grupos que activamente disputaron el vacío. Atribuirlo solo a las economías ilegales exculpa la decisión política de no transformar la estructura agraria que las sostiene.
Sobre esos dos factores operó una erosión más silenciosa y más corrosiva: la del Acuerdo desde dentro del propio Estado. Las modificaciones unilaterales, el fallo de la Corte de mayo de 2017 que frenó el Fast Track, la negativa a debatir la concentración de la tierra y el ascenso electoral de una coalición que prometía revisar sustancialmente lo pactado enviaron a los territorios una señal inequívoca. El Acuerdo era reversible, y por tanto peligroso para quien apostara todo a él. Los excombatientes que dejaron las armas lo hicieron sobre ese terreno inestable. Los líderes sociales que promovieron la sustitución también. La violencia posterior encontró blancos sin escudo institucional.
A esos tres factores se sumó un cuarto, menos visible en los balances oficiales: la desconexión entre el diseño del Acuerdo y las capacidades reales de las entidades encargadas de implementarlo. La Agencia Nacional de Tierras, la Agencia para la Renovación del Territorio, la Agencia para la Reincorporación y la Normalización y las alcaldías de los municipios PDET debieron ejecutar simultáneamente reformas de fondo con presupuestos limitados, personal insuficiente y plazos apretados. En muchos municipios de Catatumbo, Putumayo, Tumaco y Caquetá, el funcionario que representaba al Estado llegaba una vez al mes, cuando llegaba, y debía cubrir extensiones de territorio que ninguna presencia itinerante podía cubrir con eficacia. La distancia entre la sede central en Bogotá y la vereda donde vivía la familia inscrita en el PNIS marcó el tempo real de la implementación, más allá de los cronogramas oficiales.
Lo que quedó abierto
Al 7 de agosto de 2018, cuando Iván Duque asumió la presidencia sobre una plataforma que prometía modificar el Acuerdo, el balance del posacuerdo temprano ya estaba trazado en sus rasgos esenciales. Más de siete mil combatientes se habían reincorporado. Las FARC-EP eran un partido político. La JEP existía. La amnistía había operado. Había veinticuatro ETCR distribuidos por el país. Pero la reforma rural integral seguía sin ejecutarse, la reforma política y electoral estaban pendientes, el PNIS avanzaba con dificultades crecientes, casi trescientos excombatientes serían asesinados en los años siguientes, más de quinientos líderes sociales habían sido asesinados en dos años, las disidencias y el ELN habían expandido su presencia, y los territorios de Catatumbo, Putumayo, Tumaco y Urabá vivían una violencia reconfigurada.
El nuevo gobierno recibió una implementación en curso, con instituciones creadas, cronogramas comprometidos y verificación internacional activa a través de la Misión de la ONU. Modificar el Acuerdo por vía frontal habría implicado costos diplomáticos y jurídicos altos. La opción que se abrió paso fue otra: mantener el edificio en pie y vaciarlo por dentro mediante ajustes presupuestales, cambios en la conducción de las agencias, reducción del ritmo en la formalización de tierras y desestímulo activo al PNIS a favor de la erradicación forzada. La estructura del Acuerdo sobreviviría; su capacidad de transformar territorios, no.
El Acuerdo Final del Teatro Colón no fue una paz completa ni un fracaso rotundo. Fue un diseño ambicioso aplicado a pedazos, sostenido en los territorios por comunidades que asumieron un costo desproporcionado, y debilitado institucionalmente desde su primer día. Su ventana inaugural, entre noviembre de 2016 y agosto de 2018, mostró que desmovilizar una guerrilla es una operación militar y jurídica que se puede completar en dos años. Transformar las estructuras que produjeron la guerra —la tierra, el Estado ausente, las economías ilegales, el ataque a quienes se organizan— es una tarea de otra escala, para la que el país no llegó preparado.
Lo que siguió a 2018 —el gobierno Duque, la pandemia, el estallido social de 2021, la llegada de Gustavo Petro a la presidencia en 2022 y su apuesta por la Paz Total— se escribió sobre el terreno que dejaron esos dieciocho meses. Las cifras de asesinatos de líderes sociales y excombatientes siguieron subiendo. Las disidencias, el ELN y las Autodefensas Gaitanistas de Colombia consolidaron control territorial en zonas donde el Estado no llegó tras la firma. El Fondo de Tierras no alcanzó las metas fijadas para 2018 y arrastró ese déficit hacia los años siguientes. El PNIS quedó suspendido para nuevos ingresos y sostenido a duras penas para los inscritos originales. La JEP avanzó en sus macrocasos y produjo, ya entrada la década de 2020, las primeras sentencias transicionales del país.
Los dieciocho meses del posacuerdo temprano condensaron lo que Colombia podía hacer bien —desmovilizar, verificar, legislar bajo presión— y lo que no supo ni quiso hacer: ocupar el territorio, redistribuir la tierra, proteger a quienes se organizaban, sostener el principio de bilateralidad frente a los cambios políticos internos. Ese saldo desigual, más que el texto firmado en el Teatro Colón, definió el mapa de la paz colombiana en los años que vinieron.
La época alrededor
Este hecho no ocurrió solo
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
01Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 843, 8482 citas
[1]julio de 2016, había declarado exequible la ley estatutaria de plebiscito, aprobada en diciembre pasado por el Congreso y sancionada por el Presidente el 24 de agosto, con el número 1806, “Por medio de la cual se regula el plebiscito para la refrendación del Acuerdo Final para la terminación del conflicto y la…p. 843
[3]diciembre de 2016, después de resolver varias demandas en su contra, y de un estudio profundo por parte de la Corte Constitucional, el Acto Legislativo N° 1 fue declarado exequible, mediante la Sentencia C-699/16. Dos días más tarde fue inscrita ante el Consejo Nacional Electoral la agrupación política de origen…p. 848
02No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 562, 5652 citas
[2]defendiendo el Acuerdo de Paz y en medio del proceso de renegociación con los voceros del no, se empezaron a barajar diferentes estrategias para refrendar el nuevo Acuerdo. En medio del debate jurídico la opción más viable fue buscar la refrendación vía legislativa. Finalizando el mismo mes de noviembre de 1628…p. 562
[18]en 2017 asesi- naron 207 personas; en 2018 a 298; en 2019 a 279; en 2020 a 310, y en 2021 a 168. Otro de los hechos que más alarmas generan es el asesinato de excombatientes de las FARC-EP, según la ONU, a octubre de 2021 casi 292 de ellos habían sido asesinados tras dejar las armas 1638. Para el expresidente César…p. 565
03Colombia: Background and U.S. RelationsJune S. Beittel · 2018 · p. 271 cita
[4]Background and U.S. Relations 27 Colombian Constitutional Court in a ruling on December 13, 2016, particularly applied to the FARC ’s disarmament and demobilization. However, in May 2017, a new ruling by the high court determined that all legislation related to the implementation of the accord needed to be fully…p. 27
04Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · p. 2621 cita
[5]three hundred pages of small-font text) cannot and will not please all, in Colombia, or outside the nation. The November 12 revision offered two major concessions to the vocal critics who managed to deliver a majority of “No” votes during the October 2 plebiscite. The new final accord forces the insurgents to forfeit…p. 262
05¿Un nuevo ciclo de la guerra en Colombia?Francisco Gutiérrez Sanín · 2020 · p. 691 cita
[6]sepultada por los acontecimientos (mejor: quedó en manos de otras corrientes, básicamente del uribismo) No: el Acuerdo no les daba a las FARC ni el derecho ni la posibilidad —entre otras cosas por su enorme deuda humanitaria, su agudo aislamiento de cara a la opinión y su debilidad política— de tratar de cogobernar o…p. 69
06Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 3321 cita
[7]Society and Economy Culture and Science 2017 —The political party representing the FARC is approved —FARC begins disarming —Bilateral ceasefire between the Government and the ELN —Suspension of the use of glyphosate —Twenty-four homicides for every 100,000 inhabitants —Health coverage reaches 97.6 percent —Odebrecht…p. 332
07Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Eje CafeteroComisión de la Verdad · 2022 · p. 1401 cita
[8]de falsos positivos». presentación 141 Posacuerdo: transición y riesgos de una paz inestable (2017—2022) 142 fiflćflff fl. fifl E l 2 de octubre del 2016, tras una semana de haberse firmado el Acuerdo de Paz con las FARC-EP en Cartagena, el plebiscito en el que se le preguntó a la ciudadanía «¿apoya usted el Acuerdo…p. 140
08Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Frontera nororientalComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 193, 1962 citas
[9]otro que lo ponga a matar, no van a haber hombres ni para la guerrilla, ni para el Gobierno» 695. Por eso, cuando se establecieron las Zonas Veredales de Transición y Normalización (ZVTN) en Tibú, Norte de Santander, y en Arauquita, Arauca, hubo expectativa porque los miembros de las FARC-EP dejaban sus armas para…p. 196
[10]apuntaba al eslabón principal de la economía campesina en esos territorios de frontera. Las comunidades se organizaron para construir los planes de sustitución y la erradicación voluntaria comenzó. Un líder social y campesino relató a la Comisión lo siguiente: «Cambió muchísimo, porque de ser una zona coquera, de ser…p. 193
09At the Margins of the Global Market: Making Commodities, Workers, and Crisis in Rural ColombiaPhillip A. Hough · 2022 · p. 3081 cita
[11]projects, 1.8 million pesos (US $ 562) to promote food sovereignty, and 3.2 million pesos (US $ 950) in technical assistance toward alternative economic projects (King and Wherry 2018). An Uncertain Future in the Caguán and Beyond | 293 cultivation, 50% of which would be done through the PNIS program and the remaining…p. 308
10Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Nariño y sur de CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 165, 1682 citas
[12]ocurrencia 22.075 35.937 51.792 56.793 54.169 49.085 diálogos de paz en medio del conflicto, retos y persistencias (2010-2021) 169 Aún hoy, para la población campesina el jornal que se paga en la economía cocalera representa ingresos superiores a los de la economía agraria legal: «Vea, hay personas de la juventud,…p. 168
[27]La presión sobre el territorio del Consejo Comunitario por parte de colonos que llegaron impulsados por la expansión de los cultivos de coca sucede a partir del 2002, año que coincide con el fortalecimiento de la presencia de las FARC-EP a partir de la entrada de la columna Daniel Aldana. Desde la década de los…p. 165
11Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. AmazoníaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1681 cita
[13]sus- titución de cultivos, pactada en el Acuerdo, la resiembra llega solamente al 0.8%» 455 y, en los casos de erradicación forzada, la resiembra se incrementa al 50%, según cifras de Indepaz. Respecto a las víctimas del conflicto, la violencia en contra de líderes y lideresas que trabajaron en el propósito de la paz…p. 168
12Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1891 cita
[14]calidad de vida, protección del medio ambiente e incluso la disminución de la producción de cultivos ilícitos 773. Sin embargo, para 2018, muchos veían con preocupación cómo perdían fuerza los programas del acuerdo y los mismos se reducían a la construcción de vías. En realidad, la idea de transformación integral de…p. 189
13Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Valle y norte del CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1841 cita
[15]hechos de violencia sistemática buscan limitar la organización y participación política, impedir la garantía de los derechos humanos y entorpecer los procesos de implementación del acuerdo, restitución de tierras, defensa del medio ambiente y sustitución de cultivos de uso ilícito. Un dirigente indígena del norte del…p. 184
14Diez propuestas para el estudio de la historia reciente de Colombia con énfasis en el conflicto armadoFrancisco Acevedo, Mauricio Bello, Blanca Cepeda, Wencith Guzmán, Jacqueline Mendoza, Nixon Mora, Roque Moreno, William Peña, Jorge Ramírez, Maira Soto, María Cristina Téllez · 2022 · p. 226, 2582 citas
[16]matri- cular a los niños. Todo eso le ocurrió a Martha* con sus cuatro hijos, a quien por seguridad le cambiamos el nombre. En 2018, salieron desplazados de su finca, en una zona rural de Tibú, por los enfren - tamientos del ELN y EPL. Llegaron a Cúcuta y con su marido buscaron trabajo por meses sin tener éxito, hasta…p. 258
[22]• Plantear nuevas acciones de lucha contra la corrupci ó n asociada al narcotr á fico El consumo con un enfoque de salud pública • Se abordar á con un enfoque de derechos humanos y salud p ú blica Instituto Técnico Jorge Gaitán Duran 225 Pol í tica de Desarrollo Agrario Integral – Hacia un nuevo campo colombiano:…p. 226
15Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 8011 cita
[17]Ilícitos (PNIS). Las disidencias perciben a los desmovilizados como un obstáculo para sus intereses 2780. La tercera causa de la persecución de las disidencias a los excombatientes es que varios firmantes del Acuerdo de Paz se oponen al reclutamiento forzado o a volver a tomar las armas, lo que hace que las…p. 801
16La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 2001 cita
[19]poder proteger sus vidas. El Acuerdo de Paz más reciente fue negociado en La Habana, Cuba, en 2012, y firmado finalmente en el Teatro Colón en Bogotá, en noviembre de 2016, entre las FARC-EP y el gobierno del presidente Juan Manuel Santos (dos periodos, 2010-2018), y constituye el marco de transición política más…p. 200
17Cuatro crisis que marcaron a Colombia: Memorias del fraude bancario de 1982, el apagón de 1992, la debacle financiera de 1999 y las negociaciones con el ELN en 2018Juan Camilo Restrepo · 2022 · p. 1761 cita
[20]que se encuentren en las cárceles colombianas. • El Gobierno se compromete con la pronta aplicación de la Ley 1820 de 2016 y el Decreto 277 de 2017 en cuanto se refiere a la despenalización de la protesta social y con poner en marcha un mecanismo de control para que no se obstaculice el flujo normal de víveres y…p. 176
18Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 7051 cita
[21]con tierra insuficiente. En el Acuerdo de Paz se estableció como meta asignar 3 millones de hectáreas a campesinos y campesinas sin acceso material a tierra o a pueblos étnicos, dentro o fuera de la frontera agraria, y sin exigencias claras en materia de bienes y servicios. Sin embargo, este compromiso ha sido…p. 705
19Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Ensayo introductorioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1031 cita
[23]subrepresentación de los territorios que han estado históricamente en la periferia y que tienen los indicadores más altos de pobreza multidimensional. Este modelo de ordenamiento territorial debe reconocer además las grandes des- igualdades que han caracterizado históricamente la configuración territorial colom- biana…p. 103
20Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · p. 3451 cita
[24]paz. Este giro hacia la negociación política para poner fin al conflicto armado abre grandes oportunidades al país para resolver, por vías democráticas, sus conflictos sociales acumulados. Es previsible que aumente la expresión abierta de conflictos, sobre todo en el campo, pues las élites regionales han aprovechado…p. 345
21Participating in Peace: Violence, Development and Dialogue in ColombiaJefferson Jaramillo-Marín, Luz Mery López-Lizarazo, Adriel Ruiz-Galvan, Matthew Louis Bishop, Juan Mario Díaz-Arévalo, Juan Miguel Kanai, Melanie Lombard, Simon Rushton, Anastasia Shesterinina, Henry Staples, Helen Louise Turton · 2023 · p. 371 cita
[25]‘progress’ was expected to reach deep into forgotten places. In the president’s early speeches, he used the rhetorical idea of ‘locomotive’ sectors, which tellingly points to a system of infrastructure- enabled geographical expansion of the Colombian economy predicated on strategic activities linked to transnational…p. 37
22Colombia, así en la guerra como en la pazJorge Giraldo Ramírez · 2018 · p. 521 cita
[26]últimos quince años, en los que se desarmaron más de sesenta mil paramilitares y guerrilleros, reflejan la penosa y lenta evolución de las capacidades estatales colombianas. Los territorios abandonados por los competidores del Estado no han sido plenamente ocupados por la fuerza pública ni por las instituciones…p. 52
23Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 941 cita
[28]comunica con el Ecuador, y la vía alterna que comunica Ipiales y Tumaco con el océano Pacifico, y mantiene conexión por la vía Pasto-Mocoa con el departamento del Putumayo. Además, este corredor ha sido de gran interés para el desarrollo de economías asociadas a la explotación maderera, la extracción petrolera,…p. 94
24Petróleo, coca, despojo territorial y organización social en PutumayoEdinso Culma Vargas, Juliana Guerra Rudas, Rocío Londoño Botero · 2015 · p. 141 cita
[29]y de propiedad colectiva que existen en el país, tales como áreas protegidas (PNN, reservas foresta- les, entre otras), resguardos indígenas, consejos comunitarios de comunidades afrodescendientes y zonas de reserva campesinas. Así mismo, para analizar los problemas de la distribución de la propiedad rural y los…p. 14
25The Face of Peace: Government Pedagogy amid Disinformation in ColombiaGwen Burnyeat · 2022 · p. 2671 cita
[30]groups about the latest killings of social leaders and FARC ex- combatants. In ReD’s UK chapter, we discussed the unfolding situation in seminars and public dialogues with the urgency of the present. I began to realize I was writing one piece of the anthrohistorical puzzle (Coronil 2019) that could help us understand…p. 267
26Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1631 cita
[31]a cabo. Obviamente, esto se produjo en el contexto de un avance determinante durante esta década, resultado de la Constitución, en la aplicación de los derechos territoriales 337 Congreso de la República de Colombia, Ley 1448 de 2011. 164 fiflćflTh fl. ć fiThfl ć étnicos y del establecimiento de un marco de derechos…p. 163
27Una conversación pendienteJuan Manuel Santos, Ingrid Betancourt, Juan Carlos Torres · 2021 · p. 4141 cita
[32]más incluidos en la democracia. La reforma política y la reforma electoral, y las normas que abren el espacio para una reforma rural integral y un régimen de tierras más justo, están por aprobarse, y se deben aprobar. O sea que ahí hay una hoja de ruta avanzada para el nuevo gobierno, a la que habría que añadirle la…p. 414