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Idea · Posconflicto

Reincorporación

Proceso político, económico, social y jurídico por el cual combatientes armados regresan a la vida civil en Colombia; práctica ensayada desde el siglo XIX que alcanzó su formulación conceptual más ambiciosa en el Acuerdo Final de 2016 con las FARC-EP, donde reemplazó deliberadamente al modelo DDR clásico.

3.751 palabras44 documentos60 fragmentos citados
Reincorporación

Trayectoria de una idea

  1. 1953

    Amnistías de Rojas Pinilla

  2. 1982

    Ley 35 de 1982 y Plan Nacional de Rehabilitación

  3. 1990

    Desmovilizaciones de 1990–1991 y la Constituyente

  4. 2003

    Acuerdo de Santa Fe de Ralito y desmovilización paramilitar

  5. 2005

    Ley de Justicia y Paz (Ley 975 de 2005)

  6. 2016

    Acuerdo Final con las FARC-EP y nuevo modelo de reincorporación

  7. 2021

    Violencia contra excombatientes y rearme en el posacuerdo

03

La lectura

La reincorporación es, en la historia colombiana, el nombre de una promesa que el país ha formulado y roto con una regularidad que ya constituye patrón. Desde las amnistías de Rojas Pinilla hasta los albergues fallidos de Bogotá y los asesinatos de excombatientes en el posacuerdo, cada ciclo ha reproducido la misma estructura: un pacto que abre una puerta, una institucionalidad insuficiente para sostenerla y una violencia que la cierra antes de que quienes cruzaron puedan asentarse. El Acuerdo de 2016 intentó romper ese ciclo con una apuesta conceptual inédita: llamar reincorporación —y no reinserción ni reintegración— al proceso, reconociendo en el término la naturaleza colectiva y política del regreso, no solo su dimensión asistencial. Que más de 300 excombatientes hayan sido asesinados en los primeros cinco años de implementación y que grupos disidentes hayan rearmado territorios donde el Acuerdo había comenzado a arraigar muestra que la innovación conceptual no bastó para blindar a quienes apostaron por la paz. La reincorporación sigue siendo, en Colombia, un proceso abierto cuyo desenlace depende menos de los textos firmados que de la voluntad política de proteger a quienes los firmaron.

En el vocabulario colombiano de la paz, reincorporación es una palabra nueva con historia larga. Nombra el proceso —político, económico, social y jurídico— por el cual quienes empuñaron las armas contra el Estado o al margen de él regresan a la vida civil, y designa a la vez la institución encargada de acompañarlo y el conjunto de disputas que ese regreso desata en el territorio. La palabra se acuñó en su sentido actual en el Acuerdo Final firmado en 2016 entre el Gobierno colombiano y las FARC-EP, donde reemplazó deliberadamente al viejo término reinserción y se despegó del molde internacional del DDR (desarme, desmovilización y reintegración). Pero lo que designa es una práctica que Colombia ensaya desde el siglo XIX: la de fabricar mecanismos para que quienes hicieron la guerra puedan dejarla sin ser exterminados y sin volver a ella. Que ese ensayo haya fracasado tantas veces —y que su resultado casi invariable haya sido el asesinato de los desmovilizados y la reaparición del conflicto bajo otras siglas— es el trasfondo sobre el que se lee cualquier página nueva de la reincorporación.

La palabra y lo que carga

Distinguir es aquí una obligación técnica antes que estilística. Desmovilización nombra el acto puntual: dejar la organización armada, entregar la lista, someterse a los procedimientos. Desarme es la dejación de las armas, un momento con ceremonia y con caletas. Reinserción fue durante décadas el nombre del acompañamiento posterior, entendido como asistencia individual de sobrevivencia: estipendio mensual, un curso, un proyecto productivo, la promesa de una vivienda. Reintegración modernizó ese esquema en los años 2000 bajo el molde de la ONU. Reincorporación, en cambio, es la apuesta conceptual de La Habana: un proceso colectivo, territorial, de largo aliento, definido —según reza el propio texto pactado— "de acuerdo con los intereses" de la organización que dejó las armas, y por tanto irreductible al estipendio individual.

Detrás de la elección del término hay una lectura histórica. Las FARC-EP se negaron a entrar en el molde DDR porque ese molde había sido, en Colombia, la maquinaria de una derrota gestionada: se reintegraba al vencido, no al firmante de un pacto político. Reincorporar, en la gramática del Acuerdo, es reconocer que los excombatientes vuelven no a la sociedad como individuos aislados sino como colectivo con proyecto, y que el país al que vuelven debe ser también transformado. Esa ambición conceptual —discutible en su alcance, ineludible en su registro— es lo que hace del término algo más que un tecnicismo administrativo.

La tradición larga: del cambio de uniforme al indulto contrainsurgente

En el siglo XIX colombiano las guerras civiles eran breves y sus combatientes conservaban por lo general los vínculos económicos, familiares y comunitarios que sostenían su vida civil. Los generales eran también políticos y los políticos también generales; el final de una guerra se resolvía como un cambio de uniforme o de posición en el escenario público. No había, en rigor, reincorporación: había circulación. La exclusión no se instalaba como sentimiento duradero porque el vencido de hoy podía ser el vencedor de mañana y las redes que lo sostenían no se rompían del todo.

Ese circuito relativamente elástico se agotó con el siglo XX y con la aparición de guerras más largas, más ideológicas y más territoriales. El primer gran experimento colombiano de reintegración masiva fue el de Gustavo Rojas Pinilla entre 1953 y 1957: amnistías e indultos para los guerrilleros liberales alzados en armas, con el propósito de cerrar el ciclo abierto en 1948. El 13 de junio de 1954, en medio del descontento por la muerte de estudiantes en protestas, Rojas extendió el indulto a presos por delitos atribuibles a "extralimitación en el apoyo o adhesión al gobierno", un guiño conciliatorio dirigido a los laureanistas. Fue una pacificación con letra chica: algunas guerrillas liberales suspendieron acciones pero no entregaron las armas, y las autodefensas campesinas vinculadas al Partido Comunista conservaron su estructura, profundizando la división entre unos combatientes que colaboraron con el gobierno militar y otros que se replegaron. Aquellos replegados serían, una década más tarde, la matriz de las FARC.

El segundo gran ensayo lo condujo Belisario Betancur. La Ley 35 de 1982 abrió una amnistía amplia, incondicional y automática para presos políticos y para quienes depusieran las armas, y benefició en su mayoría a integrantes del M-19. Con ella nació una arquitectura nueva: el Plan Nacional de Rehabilitación (PNR), creado en 1983 para atender lo que el gobierno llamaba las "condiciones objetivas" del conflicto, y la Ley 45 de 1985 de indulto. Entre 1982 y 1984 se acumularon los acuerdos: con el M-19 desde finales de 1982, con las FARC desde marzo de 1984, con el EPL también desde marzo de ese año. El ELN se quedó fuera. Los pactos duraron poco, pero dejaron dos legados que atraviesan hasta hoy la política de la reincorporación: la idea de que las causas del conflicto son atendibles con inversión estatal focalizada y la constatación de que un cese sin monopolio efectivo de la fuerza es un cese que se rompe.

La cosecha llegó bajo Virgilio Barco y César Gaviria. Entre 1990 y 1991 se desmovilizaron el M-19, el EPL, el PRT y el movimiento indígena Quintín Lame, empujados en buena parte por la perspectiva de participar en la Asamblea Nacional Constituyente. Fue el momento fundacional de la reinserción moderna, y también el momento en que se selló una paradoja duradera: líderes del M-19 que habían participado en la toma del Palacio de Justicia de 1985 fueron amnistiados y accedieron a cargos públicos —incluso a candidaturas presidenciales—, mientras militares que cumplieron órdenes de recuperar el edificio quedaron respondiendo judicialmente. Esa asimetría alimentó desde entonces una animadversión política que reaparece cada vez que se discute un nuevo pacto.

El giro contrainsurgente vino con Álvaro Uribe. Su gobierno creó, adscrito al Ministerio de Defensa, el Programa de Atención Humanitaria al Desmovilizado (PAHD), y redefinió la desmovilización individual como estrategia de guerra: restar combatientes a los grupos, obtener inteligencia, cooptar el ciclo histórico de rearme. Ese componente coexistía —y a menudo predominaba— sobre los objetivos de paz del DDR. La reincorporación, en esa fase, dejó de ser un puente hacia la ciudadanía para volverse un instrumento del combate.

Ralito y la Ley de Justicia y Paz: el molde paramilitar

El 15 de julio de 2003, en Santa Fe de Ralito (Córdoba), el Gobierno de Uribe y las Autodefensas Unidas de Colombia firmaron el acuerdo que abrió la desmovilización paramilitar. El compromiso era ambicioso: desarticular la totalidad de la estructura antes del 31 de diciembre de 2005, en un proceso gradual, para restablecer el monopolio estatal de la fuerza. Terminó registrándose a más de 31.000 personas como exparamilitares desmovilizados. La inteligencia militar había estimado en cerca de 15.000 los integrantes reales de las AUC; el resto fue una masa de personas cercanas, familiares y allegados incorporados a un registro poroso en medio de una política sin criterios claros. Se sumaron combatientes que nunca lo fueron; se restaron delitos que sí lo eran.

La entrega de armas replicó esa lógica. El Bloque Mineros, por ejemplo, no entregó lo que portaba: hubo diferencias considerables entre las armas presentadas en la ceremonia y las que en efecto tenía la estructura, con fusiles M14 nuevos redistribuidos a otras zonas del país antes del acto. Las mejores armas fueron a las caletas; las que aparecieron en la tarima fueron las peores.

El aparato jurídico para procesar todo esto fue la Ley 975 de 2005, conocida como Ley de Justicia y Paz. Su innovación consistía en romper con el esquema tradicional colombiano —amnistía o indulto para delitos políticos y conexos— que resultaba insuficiente frente a crímenes de lesa humanidad. Colombia había firmado tratados internacionales que le impedían perdonar y olvidar sin más; la ley intentó tender un puente entre la reincorporación de responsables de crímenes atroces y los derechos de las víctimas a la verdad, la justicia y la reparación. En las audiencias que se abrieron desde entonces salieron a la luz masacres, desapariciones y complicidades, aunque los propios comparecientes actuaron con miedo a reconocer sus vínculos con las Fuerzas Militares, la Policía y sectores económicos y políticos, lo que puso techo a la verdad revelada.

El programa de reintegración quedó a cargo del Ministerio del Interior y de Justicia, en coordinación con el Alto Comisionado para la Paz, y contempló la continuidad de la desmovilización individual de exguerrilleros. La experiencia de terreno fue accidentada. Los albergues para desmovilizados en Bogotá y otras ciudades fueron un fracaso rotundo: en marzo de 2005, sesenta desmovilizados marcharon encapuchados por la capital acusando al Gobierno de traición, tras dos años en el programa sin salida clara al momento de abandonar los albergues. La coexistencia urbana de miles de desplazados —víctimas— y miles de desmovilizados —victimarios en muchos casos— en escenarios como Bogotá adquirió dimensiones de crisis humanitaria por la incompatibilidad de trayectorias, expectativas y relaciones con el Estado de ambas poblaciones.

Los proyectos productivos y los créditos de vivienda quedaron, en palabras de un exintegrante del Frente José Pablo Díaz del Bloque Norte, "a medias" y "mediocres": el Fondo Nacional del Ahorro le prestaba trece millones de pesos, insuficientes para comprar una casa. En Urabá, entre 2005 y 2012, la Agencia Colombiana para la Reintegración (ACR) desembolsó 561 proyectos productivos —528 asociativos y 33 unipersonales—, casi todos de emprendimiento y solo 22 de fortalecimiento, en sectores como la poscosecha de banano y el cultivo de cacao. En el Valle de Aburrá se financiaron 202 proyectos, 154 de emprendimiento y 48 de fortalecimiento. Cada cifra encierra una historia de negocios que arrancaron sin músculo, sin mercados, sin acompañamiento sostenido. En el proyecto de pesca del Bloque Élmer Cárdenas, la ONU condicionó su financiamiento a que no fuera identificado como propiedad de la estructura paramilitar, dejando en evidencia lo delgada que era la línea entre reincorporación y perpetuación de las redes.

El resultado macro se sabe: mientras se cerraban las AUC como marca, emergieron los grupos armados ilegales posdesmovilización —Los Machos, Los Rastrojos, Las Águilas Negras, los Urabeños—, alimentados en parte por el rearme de población desmovilizada entre 2006 y 2015. La ley que los enmarcaba en el limbo administrativo era la 1424 de 2010, que estableció disposiciones de justicia transicional y beneficios jurídicos para quienes no encajaban en Justicia y Paz. El caso más ilustrativo del fracaso del molde llegó en 2011 con el sometimiento del ERPAC: de 269 miembros presentados solo 21 quedaron a disposición de la justicia; los demás fueron dejados en libertad por falta de previsión y preparación jurídica. La inteligencia militar estimaba que el grupo tenía unos 1.100 integrantes, así que los presentados eran apenas cerca del 25% del total.

La Habana: la reincorporación reinventada

Cuando en 2012 se abrieron las conversaciones de La Habana, entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC-EP —con Sergio Jaramillo y Humberto de la Calle al frente de la negociación gubernamental, y con Iván Márquez y Pablo Catatumbo entre los delegados guerrilleros—, el aprendizaje acumulado pesó tanto como las cifras. Las FARC llegaron con una posición explícita: el DDR clásico, tal como se había practicado en Colombia y en el mundo, quedaba descartado. Su argumento era doble: ese molde estaba pensado para grupos derrotados militarmente, no para pactos políticos entre partes; y su lógica de estipendios individuales de sobrevivencia atomizaba a los excombatientes y los dejaba a merced de la violencia territorial que había arrasado con desmovilizados de otras experiencias, en particular con el genocidio de la Unión Patriótica en los años ochenta y noventa.

El diseño que salió de la mesa retomó ese piso. La reincorporación se acordó "de acuerdo con los intereses" de las FARC-EP —fórmula que quedó literal en el texto del Acuerdo— y se estructuró como un proceso colectivo, territorial y de largo plazo. En septiembre de 2015, negociadores del gobierno y de las FARC firmaron un documento con los parámetros legales de la Jurisdicción Especial para la Paz, componente sin el cual la reincorporación no era pensable: no se pactaba solo un regreso a la vida civil, se pactaba también un régimen de justicia que juzgaría los crímenes cometidos por unos y otros. El 25 de enero de 2016 el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó por unanimidad de sus quince miembros —con el apoyo confirmado de China y Rusia— la creación de una misión especial de monitoreo y verificación del cese al fuego y la dejación de armas, blindando internacionalmente el proceso.

El Acuerdo se firmó primero en Cartagena y se sometió a plebiscito el 2 de octubre de 2016. Ganó el No. El rechazo fue particularmente pronunciado en el Eje cafetero: 60,13% en Quindío, 57,9% en Caldas y 55,69% en Risaralda. La refrendación por vía legislativa, a finales de noviembre de ese año, permitió proceder con la implementación —el Acto Legislativo n.º 1 de 2016 abrió el procedimiento constitucional especial que hizo posible traducir el texto en normas—, pero la deslegitimación política del pacto que produjo el plebiscito nunca terminó de cerrarse y marcaría a fuego los años siguientes.

Para las fases iniciales se dispusieron 24 Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación (ETCR), sucesores de las Zonas Veredales. Nombres como Mesetas en el Meta, Icononzo en el Tolima, Pondores en La Guajira, Llano Grande en Antioquia, Miravalle en Caquetá, Colinas en Guaviare o Agua Bonita también en Caquetá entraron al léxico colombiano como los lugares donde miles de excombatientes empezaron el tránsito. Allí se construyeron viviendas provisionales, se abrieron escuelas, se instalaron proyectos productivos colectivos —café, ganadería, textiles, turismo, cerveza artesanal— y se organizó la vida cotidiana bajo el acompañamiento de la Agencia para la Reincorporación y la Normalización (ARN, sucesora de la ACR, con Andrés Stapper entre sus directores) y de la Consejería Presidencial para la Estabilización y la Consolidación, que Emilio Archila ocupó bajo el gobierno de Iván Duque.

En paralelo se levantó el Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición (SIVJRNR), tríada compuesta por la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), la Comisión de la Verdad (CEV) y la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD). Hacia octubre de 2020, la JEP tenía sometidas a su competencia a más de 12.600 personas y había abierto siete macrocasos con más de 308.000 víctimas acreditadas. La UBPD trabaja desde una perspectiva extrajudicial y humanitaria en la búsqueda de los desaparecidos del conflicto. La CEV entregó su informe final. La reincorporación, en esta arquitectura, no es solo un asunto administrativo de excombatientes: es una pieza dentro de un sistema que reconoce como sujetos del conflicto tanto a las víctimas civiles como a quienes participaron directamente como combatientes y a sus familias y entornos. El principio inscrito en el punto 5 del Acuerdo Final —poner a las víctimas por encima de los victimarios— parecía elemental, pero generó tensiones profundas en la negociación y en la política que le siguió.

El territorio que no se pactó

Lo que ocurrió después de la firma es la historia que la palabra reincorporación lleva encima. Desde noviembre de 2016 hasta finales de 2021 fueron asesinados más de 300 excombatientes de las FARC-EP; a octubre de ese año, la ONU registraba casi 292. Cada nombre en esa lista pertenecía a un firmante del Acuerdo, alguien que había depositado el arma en una caleta certificada y regresaba a la vida civil bajo la protección formal del Estado colombiano y de la comunidad internacional.

Las causas se acumulan en un patrón preciso. Las disidencias de las FARC-EP —antiguos integrantes que rechazaron el Acuerdo o que volvieron a la clandestinidad después de firmarlo— persiguen y asesinan a los excombatientes firmantes por tres razones sistemáticas: porque estos se oponen al reclutamiento forzado en los territorios que las disidencias buscan controlar; porque participan en programas de sustitución de cultivos como el PNIS que obstaculizan las rentas del narcotráfico; y porque denuncian públicamente reclutamientos, extorsiones y violaciones. A ellas se suman las acciones del Clan del Golfo —identificado por la Fiscalía como responsable del 11,86% de los asesinatos de líderes sociales— y de otros grupos armados organizados residuales, del ELN y de estructuras sicariales locales.

En la Orinoquía, hacia 2018, antiguos integrantes de los bloques Oriental y Sur de las FARC que no se reincorporaron decidieron volver a la clandestinidad y retomar las armas. El efecto fue inmediato: incertidumbre entre la población, reactivación de los cultivos de coca, reversión de los avances del primer período posacuerdo. En la región amazónica —Putumayo, Caquetá, Guaviare— entre 2016 y 2020 fueron asesinados 113 líderes sociales, muchos de ellos promotores o firmantes del PNIS e impulsores de la sustitución. En el norte del Cauca, desde 2017, la coexistencia del EPL, las Águilas Negras, disidencias de las FARC-EP y el ELN produjo amenazas y declaratorias de objetivo militar contra líderes indígenas, y limitó dramáticamente la organización política de la región. En el sur del Tolima, el Huila y el Tequendama, en cambio, comunidades y firmantes avanzaron en procesos de reconciliación y producción colectiva de café, aunque el Partido Comunes y organizaciones de derechos humanos denunciaron falta de garantías estatales frente a ajustes de cuentas entre grupos ligados a las antiguas FARC-EP.

El mapa es elocuente: los asesinatos de excombatientes y líderes se concentran en zonas con cultivos de coca y procesos de sustitución, allí donde los programas del Acuerdo perdieron fuerza y donde exintegrantes retomaron las armas. La correlación con la débil consolidación de la presencia estatal es visible. Pero la fórmula "vacío estatal" solo explica una parte. La otra parte está en la agencia depredadora de actores armados con intereses económicos propios —coca, oro, extorsión, reclutamiento— que persiguen activamente a los excombatientes firmantes precisamente porque su estabilización amenaza esas rentas. La reincorporación fracasa en la intersección de dos lógicas: la desprotección estructural del Estado en territorios con economías ilegales consolidadas y la voluntad de grupos armados de que esa reincorporación no cuaje. Más presencia estatal sin desmantelamiento de las economías sería insuficiente; desmantelar las economías sin presencia estatal, imposible.

La impunidad completa el círculo. De 302 casos investigados por la Fiscalía, apenas 117 fueron esclarecidos. El asesinato de excombatientes y firmantes no es una excepción anómala en la historia colombiana: ha sido una regla en todos los procesos de desmovilización de las últimas décadas, casi siempre sin conocerse la autoría intelectual ni los responsables materiales. Para algunos, el exilio ha funcionado como forma de salir del entorno peligroso: familiares y guerrilleros amenazados —incluida al menos una hija de militante del M-19— han recurrido a esa salida. Los conflictos agrarios no resueltos y la no incorporación de "terceros civiles" —empresarios, políticos, funcionarios que financiaron o auspiciaron actores armados— a la justicia transicional operan como causas estructurales de esa persistencia.

Lo íntimo del regreso

Bajo las cifras opera una vida cotidiana. Los excombatientes en proceso de reincorporación tienden a mantener sus vínculos con antiguos compañeros más que a construir relaciones nuevas, un patrón vinculado a la desconfianza hacia actores externos y al peso identitario del pasado armado. Entre los firmantes de las FARC-EP se han creado redes de solidaridad y sentido colectivo que funcionan como alternativa: cooperativas, escuelas propias, iniciativas culturales, comunidades organizadas en torno a los antiguos ETCR reconvertidos en veredas.

La subjetividad paramilitar dejó otras huellas. Excombatientes de las ACPB y las ACMM reportan como principales fallas del proceso la falta de oportunidades laborales y las dificultades para acceder a la salud y a la educación, y muestran una tendencia a permanecer vinculados a los territorios donde operaron. Algunos justifican la existencia de los grupos armados a los que pertenecieron, argumentando que su presencia garantizaba el orden, y perciben que la desmovilización dejó a las comunidades desprotegidas frente al retorno de las guerrillas —lectura que ellos atribuyen también a civiles, aunque proviene del propio relato del desmovilizado. En el diagnóstico que algunos hacen aparece una palabra reveladora: hablan de "apaciguamientos", sugiriendo un riesgo latente de que el conflicto no esté verdaderamente resuelto sino aplazado.

La huella y la disputa

La reincorporación pactada en La Habana es, medida contra sus antecedentes, una ruptura genuina. Reconoció que el excombatiente vuelve como colectivo y no como individuo suelto; que el territorio importa tanto como el sujeto; que la reincorporación es inseparable de la justicia transicional; que las víctimas están en el centro. Ese diseño se aparta del indulto decimonónico que reintegraba combatientes a sus redes clientelares, del PNR que buscaba comprar la paz con inversión focalizada, del PAHD que convirtió la desmovilización en herramienta contrainsurgente, del molde de Justicia y Paz que quedó atrapado entre miles de expedientes y silencios estructurales.

Pero la ruptura conceptual choca con la persistencia de lo real. Los incumplimientos estatales —proyectos productivos financiados por debajo de lo necesario, protección insuficiente en zonas de riesgo, lentitud en la reforma rural integral, desmonte de instancias creadas por el Acuerdo bajo administraciones posteriores— han operado en el mismo sentido histórico que las desprotecciones anteriores. La violencia contra firmantes ha reproducido el patrón que precisamente el modelo colectivo y territorial pretendía romper. Y los "terceros civiles" no fueron incorporados como sujetos de comparecencia obligatoria en la justicia transicional, dejando intactos vínculos que fueron consustanciales al conflicto.

El balance no admite una lectura única. La reincorporación post-2016 ha producido cooperativas viables, generaciones de excombatientes graduadas de la universidad, procesos de reconciliación en veredas donde la guerra parecía imposible de superar, participación política de las FARC como partido —hoy Comunes— con representación garantizada en el Congreso. También ha producido casi trescientos muertos, disidencias que crecen, territorios donde el Acuerdo es letra desconocida, y la sensación amarga de que el país no logró romper con su ciclo histórico. Analistas como Alejo Vargas y León Valencia han documentado ambas dimensiones sin resolverlas en una fórmula: el Acuerdo funciona en la medida en que se implementa, y no se implementa en la medida en que la implementación toca poderes que el Acuerdo no logró neutralizar.

En este archivo vivo, reincorporación nombra entonces tres cosas a la vez: una tradición larga de pactos de salida de la guerra que Colombia ha ensayado desde el siglo XIX con resultados desiguales; una institucionalidad concreta —la ARN, los ETCR, el SIVJRNR, el Partido Comunes— construida a partir de 2016; y una promesa política sobre qué tipo de sociedad puede hacerse después de la guerra. La primera acepción es historia. La segunda es Estado. La tercera sigue en disputa, decidida cada mañana en las veredas del Cauca, del Caquetá, del Meta, donde alguien que firmó un papel en 2016 sale a trabajar sin saber si volverá.

04

En el archivo

1 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Juan Manuel Santos — presidente que negoció y firmó el Acuerdo Final de 2016 que redefinió conceptualmente la reincorporación
  2. 02Rodrigo Londoño 'Timochenko' — comandante de las FARC-EP que lideró la organización durante la negociación y firma del Acuerdo
  3. 03Iván Márquez — delegado de las FARC-EP en La Habana y figura central en el diseño del modelo de reincorporación colectiva
  4. 04Humberto de la Calle — jefe negociador del gobierno colombiano en La Habana
  5. 05Gustavo Rojas Pinilla — primer gobernante colombiano del siglo XX en implementar amnistías masivas como mecanismo de reincorporación
  6. 06Acuerdo Final — texto que acuñó el término reincorporación en su sentido actual y estableció su arquitectura institucional
  7. 07Ley de Justicia y Paz — marco jurídico que intentó articular reincorporación de responsables de crímenes atroces con derechos de las víctimas
  8. 08Unión Patriótica — genocidio de excombatientes reincorporados en los años ochenta y noventa que marcó la memoria histórica del proceso con las FARC-EP
  9. 09DDR — modelo internacional de desarme, desmovilización y reintegración que las FARC-EP rechazaron explícitamente al negociar el Acuerdo
  10. 10La Habana — sede de las negociaciones que produjeron el Acuerdo Final y el nuevo concepto de reincorporación
  11. 11Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación (ETCR) — infraestructura territorial creada para las fases iniciales de la reincorporación colectiva de las FARC-EP
06

Documentos y fragmentos citados

44 documentos · 60 fragmentos

01Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · p. 311, 3192 citas
[1]

ha emprendido este balance, cuyos alcances políticos son indiscutibles. Y precisamente para que se entienda mejor el alcance de los procesos sobre los cuales se reflexiona aquí, quisiera comenzar haciendo memoria sobre los grandes hitos históricos en el abordaje del tema: LOS CONTEXTOS Y LOS SUJETOS DE LA REINSERCIÓN…

p. 311
[23]

otros más en los que algunos dirigentes fallaron en su compromiso de liderar los procesos, y de imprimirle autoridad y dirección a los mismos, dadas las posiciones de reconocimiento social y político que traían desde la guerra. El abandono por parte de los dirigentes es un reclamo muy corriente y doloroso para los…

p. 319
02Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 2441 cita
[2]

y 9 de junio de 1954 se cumplieron una serie de manifestaciones estudiantiles en contra del régimen —las primeras protestas urbanas que se presentaban desde el 9 de abril-, cuyo resultado fue la muerte del estu- diante Uriel Gutiérrez y doce compañeros más, lo que desató el descontento de ciertos sectores de la…

p. 244
03Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 1011 cita
[3]

como lo habían hecho muchos de los dirigentes de las guerrillas liberales que se habían dejado atraer por la euforia de los primeros meses del gobierno militar, cuando se anunciaba la suspensión de toda forma de persecución basada en razones políticas, y cuando se ofrecieron indultos y amnistías a los guerrilleros que…

p. 101
04Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · p. 211 cita
[4]

in many locales. Virtual civil war ensues following assassination of Gaitán on April 9, 1948. Crowds attack Presidential Palace and devastate downtown Bogotá. Liberal insurrection then spreads to provincial capitals and countryside. Liberals withdraw from government and abstain from presidential election of 1950,…

p. 21
05Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 135, 1442 citas
[5]

poco tiempo aduciendo cuestiones de salud; lo sucedió el connotado político liberal Otto Morales Benítez. El presidente se dedicó a sacar en el Congreso una ley de amnistía" amplia, in condicional y automática para todos los presos políticos y para quienes de pusieran las armas. Una vez aprobada, (Ley 35 de 1982),…

p. 135
[6]

país, culminara en la reconci- liación nacional. El impacto inicial fue de sorpresa en la opinión pública, en la élite del poder y en la misma guerrilla, pues en tres meses el gobierno ha- bía arrebatado la “bandera de la paz” al M -19. Cómo conducir un proceso político diametralmente opuesto al énfasis…

p. 144
06Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 2001 cita
[7]

M -19 eran, de hecho, guerrillas urbanas comprometidas, no muy diferentes a los Tupamaros, de Uruguay o a los Montoneros, de Argentina. En Año Nuevo de 1979, habiendo construido un túnel secreto debajo de una base militar, se robaron más de cinco mil armas del Ejército colombiano. Un año después, se tomaron la…

p. 200
07Violent Democratization: Social Movements, Elites, and Politics in Colombia's Rural War Zones, 1984-2008Leah Anne Carroll · 2011 · p. 261 cita
[8]

democratizing reforms on the table and also demonstrating a new willingness to concede material gains to peasants and workers in war zones. 30 This first round of the peace process succeeded in achieving truces of two to three years in duration with three of the four guerrilla groups (all but the ELN) but no permanent…

p. 26
08Testigos olvidados. Periodismo y paz en ColombiaAndrés Felipe De Pablos, Luisa Fernanda Gómez · 2017 · p. 12 citas
[9]

63 III. Bienvenidos al futuro (1990-1994) En los últimos días del gobierno de Virgilio Barco ya se habían iniciado diálogos de paz con las guerrillas, y Quintín PRT EPL Lame. Por esta razón, desde la hora cero del gobierno de César Gaviria, se buscó recobrar esos diálogos y reiniciar procesos de desmovilización y…

p. 1
[10]

63 III. Bienvenidos al futuro (1990-1994) En los últimos días del gobierno de Virgilio Barco ya se habían iniciado diálogos de paz con las guerrillas, y Quintín PRT EPL Lame. Por esta razón, desde la hora cero del gobierno de César Gaviria, se buscó recobrar esos diálogos y reiniciar procesos de desmovilización y…

p. 1
09Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Frontera nororientalComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 94, 1962 citas
[11]

crea una nueva institucionalidad: para profun- dizar la democracia, se crean mecanismos para hacer valer los derechos, una Corte y una Defensoría para velar por ellos; y para ampliar los procesos de descentralización administrativa y generar mecanismos de control y fiscalización política» 267. Precisamente la…

p. 94
[37]

otro que lo ponga a matar, no van a haber hombres ni para la guerrilla, ni para el Gobierno» 695. Por eso, cuando se establecieron las Zonas Veredales de Transición y Normalización (ZVTN) en Tibú, Norte de Santander, y en Arauquita, Arauca, hubo expectativa porque los miembros de las FARC-EP dejaban sus armas para…

p. 196
10Guerrilla Marketing: Counterinsurgency and Capitalism in ColombiaAlexander L. Fattal · 2018 · p. 71 cita
[12]

develop through the act of making war, often unpacking Charles Tilly's adage that " war made the state, and the state made war." 21 Yet state making in Colombia was tied not only to waging war but also to the attempts to achieve a state of affairs that might resemble peace. Through the de- cades in which the…

p. 7
11Conversaciones de honor: Memorias MilitaresMartín Nova · 2020 · p. 601 cita
[13]

los guerrilleros indultados y haciendo política. Mensaje duro para quienes vienen atrás en la tropa y para la juventud. El mensaje que se pudiera concretar en eso es que quienes idearon, planearon, condujeron y dirigieron, algunos sin participar físicamente por razones de ausencia, en el asalto mismo, salen…

p. 60
12Colombia, así en la guerra como en la pazJorge Giraldo Ramírez · 2018 · p. 411 cita
[14]

los derechos humanos y los crímenes de guerra, y la desmovilización se demuestre con los hechos y no solo sobre el papel» (20 de junio de 2003). Después de una fase exploratoria, el 15 de julio de 2003, se firmó un acuerdo que tenía como objetivo «el logro de la paz nacional a través del fortalecimiento de la…

p. 41
13La guerra vino de afuera. El Bloque Pacífico en el sur del Chocó: una herida que aún no cierraCentro Nacional de Memoria Histórica, Laura Bibiana Escobar García, Laura Catalina Tovar Bohórquez, Esteban de Jesús Caviedes Alfonso · 2022 · p. 3091 cita
[15]

en Santafé de Ralito. Diciembre Desmovilización del Bloque Calima (exclusión de Gordolindo). Noviembre AUC declara cese de hostilidades. Enero Inicio negociación política. Reconfiguración del Bloque Pacífico. 2002 2003 2004 310 LA GUERRA VINO DE AFUERA EL BLOQUE PACÍFICO EN EL SUR DEL CHOCÓ: UNA HERIDA QUE AÚN NO…

p. 309
14Guerras RecicladasMaría Teresa Ronderos · 2014 · p. 4381 cita
[16]

Negociar con los paramilitares, documento del International Crisis Group, 16 de septiembre de 2003. 11 Memorias de las reuniones de comandantes y con el Alto Comisionado de Paz, 11 y 12 de noviembre de 2002. Primera parte: Reunión de Comandantes. 12 Como lo publicó VerdadAbierta.com en La Impunidad ronda crímenes del…

p. 438
15Desmovilización y reintegración paramilitar. Panorama posacuerdos con las AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 33, 1624 citas
[17]

diseño de un nuevo programa de reintegración a la vida civil, destinado a los exintegrantes de grupos paramilitares y a la con - tinuación de la “desmovilización individual” de exguerrilleros. Su ejecución quedó a cargo del Ministerio del Interior y de Justicia, en coordinación para varios asuntos con el Alto Comi -…

p. 33
[18]

diseño de un nuevo programa de reintegración a la vida civil, destinado a los exintegrantes de grupos paramilitares y a la con - tinuación de la “desmovilización individual” de exguerrilleros. Su ejecución quedó a cargo del Ministerio del Interior y de Justicia, en coordinación para varios asuntos con el Alto Comi -…

p. 33
[58]

Pájaro, y Darío Uribe Figueroa, alias Puntocom, rindieron indagatoria en el Palacio de Justicia de la capital del Meta. A todos ellos, un juez de control de garantías les impuso medida de aseguramiento y fueron enviados a la cárcel La Picota, para garantizar su seguri - dad durante el juicio. De las 269 personas que…

p. 162
[59]

Pájaro, y Darío Uribe Figueroa, alias Puntocom, rindieron indagatoria en el Palacio de Justicia de la capital del Meta. A todos ellos, un juez de control de garantías les impuso medida de aseguramiento y fueron enviados a la cárcel La Picota, para garantizar su seguri - dad durante el juicio. De las 269 personas que…

p. 162
16Justicia y Paz ¿Verdad judicial o verdad histórica?Iván Orozco Abad, María Victoria Uribe, Gina Cabarcas, Luis Carlos Sánchez Díaz · 2012 · p. 201 cita
[19]

y Paz (SIJYP) y que ha tenido efectos A ntes del #$$# las leyes que regularon el desarme y la desmovi- lización de los grupos armados ilegales fueron la ley %&' de &((), prorrogada por la ley *%' de &(((y, posteriormente, por la)'# del #$$# que modi fi ca las anteriores. Esta última solo contempla- ba la amnistía y el…

p. 20
17El Bloque Mineros de las AUC. Violencia contrainsurgente, economías criminales y depredación sexualJuan Esteban Jaramillo Giraldo, José Manuel Hernández, Dairo Correa Gutiérrez · 2022 · p. 3591 cita
[20]

octubre) 358 EL BLOQUE MINEROS DE LAS AUC Las más desgastadas las dejaban para la entrega y las buenas o mejores las enviaban a otras partes del país: (…) ahí hubo un complot bien grande, me imagino que en todos los blo- ques, ahí cogimos las armas más trajinadas… (…) Y como armas también buenas, pero sí quedó fusil……

p. 359
18Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 6051 cita
[21]

que tomaron sus procesos en el marco de la Ley de Justicia y Paz 1155. Los crímenes y violaciones cometidos por las AUC han sido expuestos en el marco de las audiencias de Justicia y Paz. La diferencia funda - mental con los procesos que ha llevado a cabo la Comisión radica en la posibilidad que han tenido los…

p. 605
19Grupos Armados Posdesmovilización (2006 - 2015). Trayectorias, rupturas y continuidadesTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera Ramírez, Carlos Andrés Hoyos, Javier Benavides Torres, Jefferson Corredor Uyaban, Mateo Morales · 2016 · p. 671 cita
[22]

ahí a ver qué pescan, creo que lo mejor para los desmovilizados es involucrarlos en seguridad privada o con el Estado (Semana, 2005, junio 5, “Habla Vicente Castaño”). Era claro que las desmovilizaciones individuales se habían convertido en una estrategia de guerra, ya que su objetivo era restarle gente a los grupos…

p. 67
20Doble discurso, múltiples crímenes. Análisis temático de las ACMM y las ACPBCentro Nacional de Memoria Histórica, Camilo Ernesto Villamizar Hernández (coordinador) · 2021 · p. 549, 5524 citas
[24]

Un desmovilizado de las ACPB ilustra este punto: Porque se puede presentar en eventualidad que la guerrilla dice: la guerrilla fue desplazada de Puerto Boyacá, entonces queremos volver a nuestro sitio de origen. Y mi pregunta es si llegan unos guerrilleros acá, ¿ustedes todavía tienen el corazón paramilitar, o ellos…

p. 552
[25]

Un desmovilizado de las ACPB ilustra este punto: Porque se puede presentar en eventualidad que la guerrilla dice: la guerrilla fue desplazada de Puerto Boyacá, entonces queremos volver a nuestro sitio de origen. Y mi pregunta es si llegan unos guerrilleros acá, ¿ustedes todavía tienen el corazón paramilitar, o ellos…

p. 552
[55]

el fin justifica los medios y, por ello, algunos excombatientes están convencidos de que la desmovilización afectó directamente a las comunidades, ahora desprotegidas en términos de seguridad y “buena conducta”, así como con respecto a la amenaza de retorno de las guerrillas: “Aquí mataban a veces a cuatro o cinco…

p. 549
[56]

el fin justifica los medios y, por ello, algunos excombatientes están convencidos de que la desmovilización afectó directamente a las comunidades, ahora desprotegidas en términos de seguridad y “buena conducta”, así como con respecto a la amenaza de retorno de las guerrillas: “Aquí mataban a veces a cuatro o cinco…

p. 549
21La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo IICentro Nacional de Memoria Histórica · 2022 · p. 5051 cita
[26]

vida, salud y aquí estoy, pero de lo resto, no estoy agradecido con ellos. (CNMH, MNJCV, 2017, 15 de mayo) En esa misma vía, un exintegrante del Frente José Pablo Díaz del Bloque Norte manifiesta que ha estado comprometido en su en proceso de reintegra- ción pero que lamentablemente existen fallas, particularmente en…

p. 505
22Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUC. Región Caribe, Departamento de Antioquia, Departamento de ChocóÁlvaro Villarraga Sarmiento, Alberto Santos Peñuela, Priscila Zúñiga Jiménez, Margarita Jaimes Velásquez, Lukas Rodríguez Lizcano, Gisela Andrea Aguirre García, Camilo Villamizar Hernández · 2014 · p. 7, 1282 citas
[27]

de ellos en Caucasia. De 2005 a 2012, en el Urabá se ha desembolsado 561 proyectos productivos, 528 asociativos y 33 unipersonales, la mayoría de ellos para emprendimiento y solo 22 para fortalecimiento, en el sector agrícola de la poscosecha de banano y cultivo de cacao. 115- Entrevista a un desmovilizado del Bloque…

p. 128
[60]

4.5 Reintegración indígena V. REARME 5.1 Origen, estructura y localización a. Los Machos, ACUN, Renacer o Las Águilas Negras b. Los Rastrojos: RCP y SACC c. Bacrim de Urabá, Las Águilas Negras, AGC o Los Urabeños VI. COMBATES Y ALIANZAS ENTRE GRUPOS ILEGALES VII. ACCIONES VIOLENTAS CONTRA LA POBLACIÓN CIVIL a.…

p. 7
23Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo IILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · p. 3711 cita
[28]

orillas del Golfo de Urabá, a un proyecto de pesca que incluía la compra de lanchas, congeladores y la adecuación de puertos de madera. La iniciativa se proyectó como una estrategia de protección del medio ambiente y de sostenibilidad ambiental con el acompañamiento de la ONU. Aunque 372 ESTRATEGIAS DE GUERRA Y…

p. 371
24Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Eje CafeteroComisión de la Verdad · 2022 · p. 1401 cita
[29]

de falsos positivos». presentación 141 Posacuerdo: transición y riesgos de una paz inestable (2017—2022) 142 fiflćflff fl. fifl E l 2 de octubre del 2016, tras una semana de haberse firmado el Acuerdo de Paz con las FARC-EP en Cartagena, el plebiscito en el que se le preguntó a la ciudadanía «¿apoya usted el Acuerdo…

p. 140
25No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 562, 5652 citas
[30]

defendiendo el Acuerdo de Paz y en medio del proceso de renegociación con los voceros del no, se empezaron a barajar diferentes estrategias para refrendar el nuevo Acuerdo. En medio del debate jurídico la opción más viable fue buscar la refrendación vía legislativa. Finalizando el mismo mes de noviembre de 1628…

p. 562
[42]

en 2017 asesi- naron 207 personas; en 2018 a 298; en 2019 a 279; en 2020 a 310, y en 2021 a 168. Otro de los hechos que más alarmas generan es el asesinato de excombatientes de las FARC-EP, según la ONU, a octubre de 2021 casi 292 de ellos habían sido asesinados tras dejar las armas 1638. Para el expresidente César…

p. 565
26Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 2841 cita
[31]

sostenidos durante dos a ñ os con recursos p ú blicos, as í como a que las farc siguieran present á ndose ante la opini ó n, con algo de prepotencia, como un movimiento que hizo una guerra justa, que era la respuesta inevitable a la opresi ó n del sistema, lo que justificaba que las v í ctimas de estas d é cadas de…

p. 284
27Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · p. 891 cita
[32]

la que, por primera vez, resulta posible pensar en su desactivación por la vía militar debido a que tras décadas de violencia, y sin atisbo de victoria por ningún lado, tanto Gobierno como guerrilla, racionalmente, llegan a un punto crítico (ripe moment) por el que mantener el conflicto abierto es mutuamente…

p. 89
28At the Margins of the Global Market: Making Commodities, Workers, and Crisis in Rural ColombiaPhillip A. Hough · 2022 · p. 3051 cita
[33]

a backchannel contact with FARC leaders early on that resulted in ongoing secret preliminary talks with FARC leaders in Havana, Cuba in February 2012. By August, Santos and the FARC signed onto a formal document outlining the conditions of a formal peace process, the rules by which the negotiations would operate, and…

p. 305
29The Face of Peace: Government Pedagogy amid Disinformation in ColombiaGwen Burnyeat · 2022 · p. 2061 cita
[34]

usually held as the antithesis of rationality in the liberal imagination of the Santos government and in the Weberian state- thinking that shaped it. This chapter follows Rebeca’s work during two moments. First, her over- seeing of the Llano Grande Zone from January to August 2017, representing the government to the…

p. 206
30Paz en Colombia: perspectivas, desafíos, opcionesSara Victoria Alvarado, Eduardo A. Rueda Barrera, Pablo Gentili (editores) · 2016 · p. 99, 1952 citas
[35]

en la Mesa. Paz en Colombia: Pers P e C tivas, desafíos, o PC iones 100 l a comple J idad de la reincorporación en lo pol Í tico, lo económico Y lo social Aunque los términos de lo pactado en materia de reincorporación de las FARC-EP a la vida civil indican que éste de un asunto que corresponde en primera instancia a…

p. 99
[39]

eso no quieren que se acaben las Farc. 197 * Doctor en Derecho por la Universidad Nacional de Colombia. Magister en Ciencia Polí- tica por la Universidad Católica de Lovaina. Profesor emérito y exrector de la Universidad Nacional de Colombia. mÁ s all Á del sÍ al a c U erdo f inal Víctor Manuel Moncayo C.* L AS…

p. 195
31Paz en Colombia: perspectivas, desafíos, opcionesMartha Nussbaum, Sara Victoria Alvarado (ed.), Eduardo A. Rueda Barrera (ed.), Pablo Gentili (ed.) · 2016 · p. 99, 1952 citas
[36]

en la Mesa. Paz en Colombia: Pers P e C tivas, desafíos, o PC iones 100 l a comple J idad de la reincorporación en lo pol Í tico, lo económico Y lo social Aunque los términos de lo pactado en materia de reincorporación de las FARC-EP a la vida civil indican que éste de un asunto que corresponde en primera instancia a…

p. 99
[40]

eso no quieren que se acaben las Farc. 197 * Doctor en Derecho por la Universidad Nacional de Colombia. Magister en Ciencia Polí- tica por la Universidad Católica de Lovaina. Profesor emérito y exrector de la Universidad Nacional de Colombia. mÁ s all Á del sÍ al a c U erdo f inal Víctor Manuel Moncayo C.* L AS…

p. 195
32La batalla por la pazJuan Manuel Santos · 2019 · p. 4011 cita
[38]

en Brasilia. Al día siguiente, cuando Putin regresaba a Rusia, su avión pasó, con minutos de diferencia, por las mismas coordenadas que el avión de Malaysia Airlines que hacía la ruta entre Ámsterdam y Kuala Lumpur y que fue derribado por un misil disparado desde suelo ucraniano —las autoridades rusas especularon…

p. 401
33La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 200, 2052 citas
[41]

poder proteger sus vidas. El Acuerdo de Paz más reciente fue negociado en La Habana, Cuba, en 2012, y firmado finalmente en el Teatro Colón en Bogotá, en noviembre de 2016, entre las FARC-EP y el gobierno del presidente Juan Manuel Santos (dos periodos, 2010-2018), y constituye el marco de transición política más…

p. 200
[48]

Entrevista 562-VI-00001. Hija de militante del M-19, exiliada en México desde 1999. la colombia fuera de colombia 206 El exilio de excombatientes Para algunos excombatientes, el exilio ha sido una forma de salir del conflicto armado, dejar atrás esa experiencia y huir de un entorno amenazante en el que podrían ser…

p. 205
34Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Valle y norte del CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1841 cita
[43]

hechos de violencia sistemática buscan limitar la organización y participación política, impedir la garantía de los derechos humanos y entorpecer los procesos de implementación del acuerdo, restitución de tierras, defensa del medio ambiente y sustitución de cultivos de uso ilícito. Un dirigente indígena del norte del…

p. 184
35Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 8011 cita
[44]

Ilícitos (PNIS). Las disidencias perciben a los desmovilizados como un obstáculo para sus intereses 2780. La tercera causa de la persecución de las disidencias a los excombatientes es que varios firmantes del Acuerdo de Paz se oponen al reclutamiento forzado o a volver a tomar las armas, lo que hace que las…

p. 801
36Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1891 cita
[45]

calidad de vida, protección del medio ambiente e incluso la disminución de la producción de cultivos ilícitos 773. Sin embargo, para 2018, muchos veían con preocupación cómo perdían fuerza los programas del acuerdo y los mismos se reducían a la construcción de vías. En realidad, la idea de transformación integral de…

p. 189
37Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. AmazoníaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1681 cita
[46]

sus- titución de cultivos, pactada en el Acuerdo, la resiembra llega solamente al 0.8%» 455 y, en los casos de erradicación forzada, la resiembra se incrementa al 50%, según cifras de Indepaz. Respecto a las víctimas del conflicto, la violencia en contra de líderes y lideresas que trabajaron en el propósito de la paz…

p. 168
38Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 2051 cita
[47]

ajustes de cuentas entre viejos grupos, más o menos vinculados a las antiguas FARC-EP, y en confusas circunstancias donde el Partido Comunes, conformado por antiguos miembros de las FARC-EP, y organizaciones de Derechos Humanos han denunciado la falta de garantías y protección por parte de Estado. No obstante, las…

p. 205
39Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Ensayo introductorioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 891 cita
[49]

sicarios que ni siquiera saben quién los contrató y el 30% son disidencias de las FARC, ELN, Clan del Golfo, etcétera.” La Vanguardia, «¿Quién está detrás de los asesinatos de líderes sociales?». 148 En ese periodo la Fiscalía abrió procesos investigativos a 302 casos de asesinato de liderazgos sociales. De ellos,…

p. 89
40JEP - Patricia Linares y los logros del Sistema Integral en 2020.htmlp. 11 cita
[50]

JEP - Patricia Linares y los logros del Sistema Integral en 2020 Fuente oficial: Jurisdicción Especial para la Paz (JEP). URL: https://www.jep.gov.co/Sala-de-Prensa/Paginas/Destacan-logros-del-Sistema-Integral-de-Verdad%2C-Justicia%2C-Reparaci%C3%B3n-y-no-Repetici%C3%B3n-de-Colombia.aspx Fecha de consulta: 2026-08-10.…

p. 1
41Sujetos victimizados y daños causados: Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoLina Rondón Daza, Liliana Cortés Gamba · 2018 · p. 361 cita
[51]

personas en razón de su religión, opiniones o creencias, a las personas en situación de discapacidad, a los pueblos indígenas, a las comunidades campe- sinas, a las poblaciones afrocolombianas, negras, palenqueras y raizales, al pueblo Rrom, a la población LGBT, a las personas desplazadas y exiliadas, a los defensores…

p. 36
42¿Un nuevo ciclo de la guerra en Colombia?Francisco Gutiérrez Sanín · 2020 · p. 781 cita
[52]

Aunque les daba voz y una interfaz institucional, lo que estuvo muy bien, paraba en seco cualquier veleidad con respecto de la sustitución gradual, un principio por el que distintas organizaciones agrarias habían roto más de una lanza a través de lustros de movilizaciones y que había sido aceptado también por…

p. 78
43El derecho a la justicia como garantía de no repetición. Volumen 1. Graves violaciones de derechos humanos: luchas sociales y cambios normativos e institucionales 1985-2012Centro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · p. 1962 citas
[53]

de descongestión judicial, Congreso de Colombia, Diario O fi cial No. 47. 768 de 12 de julio de 2010, disponible en http://www.secretariasenado.gov.co/senado/ basedoc/ley_ 1395 _ 2010.html Colombia, (2010), Ley 1407 de 2010 (agosto 17), Por la cual se expide el Código Penal Militar, Congreso de Colombia, dis- ponible…

p. 196
[54]

de descongestión judicial, Congreso de Colombia, Diario O fi cial No. 47. 768 de 12 de julio de 2010, disponible en http://www.secretariasenado.gov.co/senado/ basedoc/ley_ 1395 _ 2010.html Colombia, (2010), Ley 1407 de 2010 (agosto 17), Por la cual se expide el Código Penal Militar, Congreso de Colombia, dis- ponible…

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44Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 3541 cita
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y honesto sin intereses más nada que el de Colombia. [Así] podremos sacar este país adelante, o sea, no veo otra solución […]. » Pero todos tenemos que poner porque de pronto también coge la cátedra y decir de que sea de derecha o de izquierda. Es que el universo produce diverso, o sea, no todos somos iguales, en la…

p. 354