Santa Fe de Ralito
“Santa Fe de Ralito es un corregimiento ganadero enclavado en las estribaciones del Nudo de Paramillo, en el municipio de Tierralta, cuya condición de periferia institucional lo convirtió paradójicamente en el centro de dos de los episodios más…”
En un corregimiento del municipio de Tierralta, en el sur del departamento de Córdoba, entre potreros ganaderos y estribaciones del Nudo de Paramillo, el gobierno de Álvaro Uribe Vélez y las Autodefensas Unidas de Colombia sostuvieron entre 2003 y 2006 la negociación que condujo a la desmovilización de más de treinta mil combatientes paramilitares. El caserío, hasta entonces conocido apenas en la geografía departamental, se convirtió en sede oficial de una mesa de paz, en zona de concentración de 368 kilómetros cuadrados verificada por la Organización de los Estados Americanos, y en el nombre con el que la historia colombiana identifica al proceso de desarme paramilitar. La elección del lugar no fue neutral: Ralito era ya, para 2001, un vértice de la hegemonía territorial de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá, un pedazo del país donde los hermanos Castaño llevaban más de una década operando desde fincas propias. Negociar allí fue, en los hechos, negociar en casa del contrario.
Un caserío en el vértice del Paramillo
Santa Fe de Ralito es un corregimiento del municipio de Tierralta, en la subregión del alto Sinú cordobés. Su geografía inmediata pertenece a la zona montañosa formada por las estribaciones del cerro de Paramillo y las serranías de Abibe y San Jerónimo: un territorio de aislamiento pronunciado, sin vías interiores robustas, con acceso condicionado por los cauces del Sinú y el San Jorge, encajado entre Antioquia, Córdoba, Chocó y Bolívar.
Esa localización, que en la cartografía institucional aparece como periferia, es un centro desde el punto de vista de los corredores armados. El Nudo de Paramillo funciona como una estrella de rutas fluviales y terrestres que enlaza cuatro departamentos y comunica el interior andino con el Caribe y el Pacífico. Un excomandante de las AUC usó esa misma palabra —estrella— para explicar por qué la ausencia de vías internas y de presencia estatal efectiva, lejos de ser un obstáculo, se convirtió en la ventaja estructural que permitió a los grupos armados controlar el territorio y, con él, las economías ilegales que financiaron su crecimiento.
Alrededor de este núcleo geográfico se ordenaron durante décadas los factores del conflicto en Córdoba: los ríos Sinú y San Jorge como corredores; la hidroeléctrica de Urrá y la mina de Cerromatoso como fuentes de renta y disputa; el oleoducto de Coveñas como infraestructura estratégica; y el propio Paramillo como fortaleza natural. En ese mapa, Ralito era un caserío ganadero. Después fue capital.
Los Castaño y la construcción de una retaguardia
La consolidación paramilitar del sur de Córdoba se remonta al final de la década de 1980. En Tierralta y en Valencia, los hermanos Castaño Gil —Fidel, Carlos y Vicente— fueron adquiriendo el conjunto de fincas que se convertiría en el centro de control de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá. La compra de tierras coincidió con la instalación de infraestructura cocalera por miembros del Cartel de Medellín y por los propios Castaño, en un contexto de ofensiva militar contra el Ejército Popular de Liberación y de respaldo activo de las élites ganaderas locales, resentidas por la acción guerrillera contra sus intereses.
Sobre ese sustrato nacieron, en 1995, las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá, ACCU. Su liderazgo principal recayó en Fidel Castaño, con la participación de Carlos y Vicente. Dos años después, en 1997, jefes de nueve organizaciones paramilitares de distintos puntos del país se reunieron en la misma región para conformar las Autodefensas Unidas de Colombia, un movimiento político-militar antisubversivo con dirección única y estado mayor conjunto. Las ACCU fueron la columna vertebral sobre la que se levantó ese proyecto nacional.
Durante la segunda mitad de los años noventa, la confrontación con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia se desplazó hacia la Serranía del Abibe, en el propio Nudo de Paramillo, con combates en zonas montañosas de Valencia, Montelíbano y Tierralta. La estabilización paramilitar en el Paramillo permitió sostener económicamente a bloques como Héroes de Tolová, Córdoba o Sinú, Mineros y Bananero, gracias a las rentas de las economías ilegales y a las ventajas logísticas para su comercialización. Para 1996, el Bloque Sinú de Salvatore Mancuso había estrechado vínculos con los Castaño e integrado su estructura a las ACCU. Cuando Carlos Castaño le encomendó a Mancuso la creación del Bloque Norte de las AUC, este utilizó las Convivir como bisagra legal entre la institucionalidad y la autodefensa ilegal, y entre 1997 y 1999 dirigió además el Bloque Catatumbo en la región del río del mismo nombre.
La estrategia mediática de Carlos Castaño —entrevistas, apariciones televisivas, libros— completó el cuadro: para el cambio de siglo, la comandancia paramilitar había instalado en amplios sectores de la opinión pública un discurso contrainsurgente que legitimaba su expansión. Ralito, entretanto, quedaba dentro de un territorio donde ganadería, guerra y autodefensa nombraban lo mismo.
El Pacto de 2001: la política antes de la paz
El 23 de julio de 2001, dos años antes de que existiera una mesa de negociación con el Estado, en Santa Fe de Ralito se firmó un documento que la Corte Suprema de Justicia describiría después como una alianza entre jefes paramilitares y la clase dirigente social y política orientada a "refundar el país" y "construir una nueva Colombia". A esa reunión asistieron más de cincuenta políticos entre senadores, congresistas, alcaldes y gobernadores, junto a concejales y ganaderos, provenientes de Sucre, Córdoba, Cesar y Magdalena. Otros recuentos hablan genéricamente de decenas de participantes.
El Pacto de Ralito de 2001 no fue un pacto de paz sino de poder. Investigaciones posteriores lo caracterizarían como un proyecto político financiado desde el narcotráfico, iniciado en la región Caribe con la intención de expandirse al conjunto del Estado colombiano. La caracterización no cuenta con la misma solidez probatoria en todos los frentes, pero el hecho central —la existencia de un acuerdo escrito entre comandantes armados y funcionarios electos para reordenar la representación política de cuatro departamentos— quedó documentado y, con el tiempo, judicializado. Tras la firma, algunos políticos suscribientes recibirían apoyo electoral y accederían a cargos públicos, mientras las estructuras paramilitares mantendrían vínculos con contratos y recursos en la región.
Ese pacto contravino explícitamente los intereses de Carlos Castaño, que ya se había distanciado de los propósitos del Bloque Norte y de las facciones más vinculadas al narcotráfico dentro de la comandancia. La sombra política de Ralito precedió por dos años a su sombra jurídica. Cuando en 2003 la mesa de negociación se instaló allí, no se estaba escogiendo un lugar neutral: se estaba formalizando, con el sello del Estado, un territorio donde las AUC ya habían firmado un contrato con quienes debían representarlo.
De Jaraquiel al Acuerdo: la fase exploratoria
El proceso propiamente negociador comenzó a definirse en los últimos días de 2002. El 1 de diciembre, las AUC anunciaron por carta al presidente Álvaro Uribe Vélez un cese de hostilidades unilateral, y cuatro días después, el 5 de diciembre, el Bloque Central Bolívar y el Bloque Vencedores de Arauca declararon el suyo de manera separada, con lo que quedaba en evidencia desde el inicio una arquitectura fragmentada en la contraparte armada. El 23 de diciembre de ese año, el gobierno nombró la Comisión Exploratoria de Paz.
La primera reunión sustantiva se realizó en la hacienda Jaraquiel, en los límites entre Córdoba y Urabá, con la presencia, entre otros, de Salvatore Mancuso, Carlos Castaño y Freddy Rendón. Allí el Alto Comisionado para la Paz, Luis Carlos Restrepo, marcó el umbral que gobernaría toda la conversación posterior: descartó la amnistía y planteó que los paramilitares debían acogerse a un modelo de justicia transicional. Esa formulación —que años después se traduciría en la Ley de Justicia y Paz— fijaba un piso jurídico que ningún interlocutor podía desconocer.
El 25 de junio de 2003, la Comisión Exploratoria entregó un documento con diez recomendaciones, entre ellas continuar el proceso, mantener y verificar el cese de hostilidades y exigir el abandono de las actividades ilícitas. Tres semanas más tarde, el 15 de julio de 2003, se firmó en Santa Fe de Ralito el Acuerdo para contribuir a la paz de Colombia. Por el gobierno firmó Luis Carlos Restrepo. Por las AUC lo suscribieron Hernán Hernández, Ramiro Vanoy, Luis Cifuentes, Francisco Tabares, Adolfo Paz —nombre público de Diego Fernando Murillo, Don Berna—, Jorge Pirata, Vicente Castaño, Carlos Castaño y Salvatore Mancuso. Como facilitadores de la Iglesia Católica firmaron Monseñor Germán García, Monseñor Julio César Vidal y el Padre Leónidas Moreno, con el apoyo sustantivo de obispos de la región que habían tejido durante meses la confianza entre bloques dispares.
El compromiso central del Acuerdo era claro en la forma: las AUC desmovilizarían la totalidad de sus miembros en un proceso gradual que debía culminar a más tardar el 31 de diciembre de 2005. Pero incluso en el acto fundacional se hizo visible la primera fisura: el Bloque Central Bolívar no aparecía entre los firmantes. La fractura con su comandancia general persistiría durante toda la fase exploratoria y obligaría a un acta adicional a finales de ese mismo año.
La zona de ubicación: 368 kilómetros cuadrados de excepción
El primer acto simbólico del proceso se realizó lejos de Ralito. En noviembre de 2003, en el municipio de La Ceja, Antioquia, se desmovilizaron 868 miembros del Bloque Cacique Nutibara, y allí funcionó la primera zona de ubicación para paramilitares desmovilizados. Solo después, en 2004, el gobierno estableció en Santa Fe de Ralito una zona de concentración de 368 kilómetros cuadrados destinada a reubicar a los jefes paramilitares durante los diálogos. La negociación oficial entre el gobierno Uribe y los comandantes concentrados en Ralito arrancó a mediados de ese año.
La verificación internacional recayó en la Misión de Apoyo al Proceso de Paz de la OEA, cuya presencia en terreno fue el principal instrumento externo de seguimiento a las desmovilizaciones. En paralelo, la Oficina del Alto Comisionado para la Paz asumió el registro y publicación de las cifras oficiales, que al cierre del proceso arrojarían el saldo consolidado de 31.521 combatientes desmovilizados.
El primer acto de trascendencia nacional que realizaron los jefes paramilitares una vez instalados en la zona fue una visita al Congreso de la República, en Bogotá, con la presencia de Salvatore Mancuso entre otros. La visita fue gestionada por la parlamentaria cordobesa Zulema Jattin Corrales, recién posesionada como presidenta de la Cámara de Representantes. La escena —comandantes con orden de captura pisando el hemiciclo del Legislativo bajo cobertura del proceso de paz— condensaba el estatus híbrido que Ralito les había otorgado: no eran prisioneros, no eran clandestinos, y todavía no eran ciudadanos comunes.
La zona funcionó como un régimen de excepción territorial. Mientras algunos comandantes se instalaban allí, otros —como el llamado Chepe Barrera— se resistieron a la concentración y permanecieron en sus territorios de origen. Las estructuras que sí acudieron no siempre obedecieron a una lógica unificada: la configuración interna de las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio por frentes, definida entre 2000 y 2002, había producido tensiones de mando que después favorecerían la separación de algunos integrantes del proceso. El paramilitarismo llegaba a Ralito como una federación en crisis, no como un ejército disciplinado.
Whisky, fosas y facturación en euros
Lo que ocurrió puertas adentro de la zona durante los meses de negociación se conoció fragmentariamente, sobre todo a través de reportajes de la revista Semana. Los comandantes de las AUC operaban en Ralito con escaso o nulo control efectivo. Ingresaban whisky, organizaban fiestas con modelos, actrices y prostitutas traídas de Medellín, Barranquilla y Bogotá, y mantenían actividades al margen de cualquier supervisión institucional. La zona de concentración, formalmente destinada a preparar la desmovilización, funcionaba como un espacio de sociabilidad interna del alto mando paramilitar y como una plataforma desde la que varios jefes continuaron ejerciendo mando sobre sus estructuras armadas todavía activas.
El cese de hostilidades declarado en diciembre de 2002 no se cumplió. Los grupos paramilitares continuaron perpetrando crímenes contra la población civil durante todo el proceso de negociación y desmovilización. Cuando la zona fue clausurada, las autoridades encontraron fosas comunes en el propio lugar. La cronología exacta de esos crímenes no está establecida con precisión, pero el hallazgo posterior de los cuerpos deja constancia material del carácter de la sede: el mismo territorio que albergaba la mesa albergaba también los cementerios clandestinos de la guerra que decía terminarse.
A esa continuidad criminal se sumó una segunda tensión que amenazó con desbordar la negociación: el narcotráfico. Algunos de los presentes en la mesa habrían comprado su posición como comandantes, según reveló el propio proceso. El gobierno aceptó la situación con la exigencia —no siempre respetada— de que no se diera cabida a nuevos comandantes. Uno de los mellizos Mejía, reconocido narcotraficante en lista de extraditables, fue revelado por los medios como presente en la mesa. Su hermano Víctor Mejía se desmovilizó con el Bloque Vencedores de Arauca, lo que obligó al gobierno a emitir comunicados explicativos.
Al mismo tiempo, narcotraficantes del norte del Valle —Don Diego y Jabón— rebautizaron sus organizaciones sicarias, Los Machos y Los Rastrojos, como "Autodefensas Campesinas del Valle" y "Rondas Campesinas Populares" para intentar ingresar al proceso y capturar los beneficios de la Ley de Justicia y Paz. Ralito se había convertido, sin proponérselo del todo, en una franquicia jurídica: el reconocimiento estatal de la condición paramilitar abría una puerta a la reducción de penas que múltiples estructuras del crimen organizado quisieron cruzar.
Esa deriva provocó la ruptura interna más significativa del proceso. Carlos Castaño rechazó el llamado Plan Birmania y expresó públicamente sus objeciones contra Iván Roberto Duque, alias Ernesto Báez, y contra Carlos Mario Jiménez, alias Macaco, por sus nexos con el narcotráfico. La controversia entre Castaño y sus compañeros del Estado Mayor de las AUC no se reconoció oficialmente, pero la negativa al Plan Birmania fue uno de los detonantes de su renuncia a la comandancia. Castaño Gil terminó perdiendo el poder en las AUC a manos de la facción narcoparamilitar que asumió la conducción efectiva de varios bloques. El proceso siguió adelante sin él.
Las desmovilizaciones: cifra y ceremonia
Entre noviembre de 2004 y diciembre de 2005, más de veinte grupos de las AUC con más de trece mil combatientes se desmovilizaron en el marco del proceso iniciado en Ralito. Sumados a los cerca de mil miembros del Bloque Cacique Nutibara desmovilizados en La Ceja en noviembre de 2003, y a los desarmes posteriores que se extendieron hasta noviembre de 2006 con el Bloque Élmer Cárdenas, el proceso consolidó 38 desarmes colectivos y una cifra final que las distintas fuentes ubican entre 31.521 y 31.671 personas, incluyendo combatientes y miembros de redes de apoyo logístico. Las AUC entregaron 18.051 armas cortas y largas, cifra considerada satisfactoria según los estándares internacionales de desarme.
Las cifras no cerraron el debate sobre la naturaleza de las ceremonias. Fuentes críticas denunciaron la presencia en los actos de personas que no pertenecían realmente a las estructuras armadas —delincuentes comunes, vagabundos y desempleados reclutados para la ocasión— y la entrega de armas viejas o inservibles. Estas denuncias, provenientes de sectores con posición crítica frente al proceso, no fueron corroboradas de manera sistemática por verificación independiente, pero se instalaron como sombra sobre la contabilidad oficial. La discusión sobre cuántos de los treinta mil desmovilizados eran combatientes reales, cuántos operaban en redes logísticas y cuántos fueron sumados para inflar la cifra ha acompañado desde entonces cualquier lectura del legado de Ralito.
En paralelo a los desarmes colectivos, la mesa avanzó hacia la formulación jurídica que enmarcaría el reintegro y la sanción penal de los comandantes: la Ley de Justicia y Paz, sancionada en 2005, materializó el modelo de justicia transicional que Luis Carlos Restrepo había anticipado en Jaraquiel. La ley ofreció penas alternativas reducidas a cambio de verdad, reparación y no repetición, y estableció el régimen bajo el cual los jefes desmovilizados en Ralito serían procesados. El gobierno del entonces ministro del Interior y de Justicia Sabas Pretelt de la Vega defendió el modelo en el Congreso; el exministro y comisionado Álvaro Leyva Durán había desempeñado durante años roles de facilitación con distintos sectores; y voces como la del entonces defensor del pueblo Eduardo Cifuentes marcaron los límites del proceso desde la institucionalidad. La Iglesia Católica, con Monseñor Julio César Vidal Ortiz entre las figuras más visibles, sostuvo su papel de facilitadora hasta el cierre.
La documentación y el escándalo
En 2006, mientras se completaban las últimas desmovilizaciones, la relación entre paramilitarismo y política —anticipada por el pacto secreto de 2001— irrumpió en el debate público. La documentación hallada en Ralito reveló vínculos de decenas de políticos, empresarios y militares, especialmente de la región Caribe, con pagos, apoyos electorales y contratos paramilitares. Su contenido se conoció parcialmente a través de la revista Semana y detonó lo que se conocería como el escándalo de la parapolítica.
La Corte Suprema de Justicia asumió las investigaciones. En una de sus sentencias, la Sala Penal caracterizó el acuerdo concretado en Ralito entre jefes de las autodefensas y la clase dirigente social y política como una estrategia orientada a la captura del poder público, más que al desmonte del paramilitarismo. El proceso de parapolítica llevaría a prisión a decenas de congresistas, alcaldes y gobernadores en los años siguientes.
Ese escándalo constituyó la tercera ocasión en que la justicia colombiana tuvo enfrente el entramado institucional del paramilitarismo. Las dos anteriores —el descubrimiento del MAS, "Muerte a Secuestradores", en los años ochenta, y la contabilidad de las ACCU hallada en el parqueadero Padilla en los noventa— se habían saldado con impunidad, en parte por la violencia dirigida contra jueces e investigadores. La tercera, alimentada por los documentos de Ralito, fue la primera en producir condenas masivas contra la clase política, aunque las estructuras armadas ya se habían desmovilizado y sus comandantes gozaban de los beneficios de Justicia y Paz.
La parapolítica reveló además una asimetría estructural del proceso. Las alianzas entre políticos y comandantes armados se desarrollaron en paralelo al desarme y no fueron integradas formalmente en la agenda de la negociación. Ralito trató a los paramilitares como actores armados a los que había que quitarles las armas, no como una red civil-militar que había capturado porciones significativas del poder político regional. La desmovilización armada convivió con la subsistencia política del proyecto, y esa convivencia fue el punto ciego del modelo.
Extradición y cierre del ciclo
En mayo de 2008, el gobierno Uribe extraditó a los Estados Unidos a catorce jefes paramilitares acogidos a Justicia y Paz, entre ellos Salvatore Mancuso, Diego Fernando Murillo Bejarano —Don Berna—, Rodrigo Tovar Pupo —Jorge 40— y Carlos Mario Jiménez —Macaco—. La decisión, motivada por los incumplimientos en la entrega de bienes y verdad, cerró abruptamente la etapa colombiana del proceso: los comandantes empezaron a responder ante cortes federales estadounidenses por delitos de narcotráfico, y sus versiones libres ante la justicia transicional colombiana quedaron interrumpidas o mediadas por videoconferencias.
Para entonces, Santa Fe de Ralito había vuelto a ser lo que era antes: un corregimiento de Tierralta rodeado por potreros, con la memoria física de fosas comunes en su suelo y la memoria institucional de una mesa de negociación en su nombre. La zona de concentración se había clausurado. Los 368 kilómetros cuadrados de excepción territorial fueron devueltos a su régimen ordinario, aunque las dinámicas armadas del Nudo de Paramillo continuaron con nuevos actores —bandas criminales, disidencias, mineros ilegales— que ocuparon parcialmente los vacíos dejados por la desmovilización.
Ralito como lugar y como concepto
Santa Fe de Ralito es hoy dos cosas a la vez, y esa duplicidad explica su peso en la historia reciente de Colombia. Es un corregimiento del municipio de Tierralta, en un departamento donde el conflicto armado se ordenó durante décadas alrededor de los ríos Sinú y San Jorge, la hidroeléctrica de Urrá, la mina de Cerromatoso, el oleoducto de Coveñas y el Nudo de Paramillo. Y es un concepto: el nombre bajo el cual se archiva una negociación que produjo la mayor desmovilización de una estructura ilegal en la historia del país y, al mismo tiempo, dejó al descubierto la captura política que esa estructura había ejercido sobre porciones enteras del Estado.
La elección del lugar concentra en sí misma la aritmética del proceso. El gobierno logró imponer un modelo de justicia transicional sin amnistía, obtener el desarme formal de más de treinta mil combatientes, articular una verificación internacional a través de la OEA y, tres años después, extraditar a los principales jefes. No fue poco. Pero lo hizo negociando dentro de un territorio construido durante veinte años como retaguardia paramilitar, sobre las mismas fincas donde los Castaño habían montado su cuartel general, en el mismo corregimiento donde en 2001 se había firmado un pacto político con la clase dirigente regional. Ralito, como sede, fue la materialización de una hegemonía territorial preexistente que ningún acto administrativo podía borrar. El Estado obtuvo desarmes; no obtuvo control del territorio ni control efectivo sobre la conducta criminal de los negociadores mientras negociaban.
Esa ecuación —desmovilización formal en un espacio ocupado de facto, justicia transicional sobre estructuras que continuaban delinquiendo, negociación con actores armados en el mismo lugar donde años antes se había firmado un pacto secreto con quienes debían legislar contra ellos— es la que hace de Ralito algo más que una sede. Es el punto donde se vuelven visibles, al mismo tiempo, la capacidad del Estado colombiano para imponer marcos jurídicos exigentes en el papel y su incapacidad, en 2003 como en 2001, para disputarle el territorio a los grupos armados con los que negociaba.
En el imaginario nacional, el nombre del corregimiento se pronuncia hoy con esa ambivalencia. Ralito fue paz —cifras de desarme, ceremonias, ley aprobada, extradiciones— y Ralito fue impunidad —fosas comunes, fiestas, parapolítica, comandantes que compraron su asiento en la mesa—. Ambos significados son ciertos, y ambos siguen circulando cuando el país discute cómo se negocia con actores armados, dónde se instalan las mesas, qué garantías se ofrecen y a costa de qué se firma la paz.
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Documentos y fragmentos citados
41 documentos · 51 fragmentos01Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 721 cita
[1]con los bloques Héroes de Tolová, Córdoba o Sinú, Mineros y Bananero. El nudo de paramillo fue clave para la estabilización del paramilitarismo debido a la presencia de economías ilegales en la zona y a las ventajas para su comer- cialización entre Antioquia, Córdoba, Chocó y Bolívar, lo que permitió la financiación…
p. 72
02Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 1302 citas
[2]y la complejidad relativa de ecosistemas y sociedades. Capítulo V l os sistemas ambientales territoriales 131 C olombia C ompleja 1. e l C aribe rural Entre la ciudad de Cartagena, el golfo de Urabá y las estribaciones de la cordillera se extienden las ciénagas, sabanas y lomeríos del Caribe, surcadas ellas por los…
p. 130
[3]ecosistemas y sociedades. Capítulo V l os sistemas ambientales territoriales 131 C olombia C ompleja 1. e l C aribe rural Entre la ciudad de Cartagena, el golfo de Urabá y las estribaciones de la cordillera se extienden las ciénagas, sabanas y lomeríos del Caribe, surcadas ellas por los ríos Cauca, San Jorge, Sinú y…
p. 130
03No es un mal menor. Niñas, niños y adolescentes en el conflicto armadoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1571 cita
[4]Córdoba, bajo el mando de Fidel, Vicente y Carlos Castaño, entre 1983 y 1994 se crearon grupos paramilitares como los Tangueros, las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU) y, posteriormente, en 1997, las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Su centro de control estaba ubicado en un conjunto de fincas…
p. 157
04Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1041 cita
[5]de Córdoba y Urabá (ACCU). Las masacres reaparecieron con una matanza en San Pelayo, subregión del bajo Sinú, el 19 mayo de 1997. Para entonces, las Convivir y las masacres se habían extendido a otros departamentos del Caribe, auspiciadas por las ACCU. El encargado de esta tarea fue Salvatore Mancuso Gómez. En su…
p. 104
05Grupos Armados Posdesmovilización (2006 - 2015). Trayectorias, rupturas y continuidadesTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera Ramírez, Carlos Andrés Hoyos, Javier Benavides Torres, Jefferson Corredor Uyaban, Mateo Morales · 2016 · p. 239, 2432 citas
[6](Comisión de Superación de la Violencia, 1992). Esta oleada de violencia paramilitar disminuyó en el sur de Córdoba luego de que Fidel Castaño se sometiera a la justicia 81 En la misma entrevista realizada por Alejandro Reyes, Fidel Castaño ilustraba muy claramente la lógica de la guerra que libraron durante esos…
p. 239
[8]de la coca en un momento en el que el cultivo se había generalizado y estaba controlado por el grupo guerrillero; y ii) consolidar un corredor estratégico que comunicara el bajo Cauca, parte del Magdalena Medio e, incluso, el Catatumbo, con las salidas al mar por el Golfo de Urabá y la zona costanera de Córdoba. Como…
p. 243
06Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUC. Región Caribe, Departamento de Antioquia, Departamento de ChocóÁlvaro Villarraga Sarmiento, Alberto Santos Peñuela, Priscila Zúñiga Jiménez, Margarita Jaimes Velásquez, Lukas Rodríguez Lizcano, Gisela Andrea Aguirre García, Camilo Villamizar Hernández · 2014 · p. 241 cita
[7]por Fidel Castaño en el sur de Córdoba y Urabá, en los últimos años ochenta, de manera que su despliegue se relaciona con la compra de tierras e instalación de infraestructura del nego - cio ilegal de la coca por parte de reconocidos miembros del Car - tel de Medellín y por los propios Castaño, con la fuerte ofensiva…
p. 24
07El desplazamiento en Colombia: Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez (editoras) · 2005 · p. 2531 cita
[9]legitimación estatal de la hegemonía paramilitar a nivel nacional, que por obvias razones tiene su “zona de diálogo” en Santafé de Ralito, un corregimiento del mu- nicipio de Tierralta. Un proceso bastante cuestionado a nivel nacional e internacional dada la impunidad rampante. Buena parte de estas dinámicas de tipo…
p. 253
08El desplazamiento en Colombia. Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez · 2005 · p. 2531 cita
[10]legitimación estatal de la hegemonía paramilitar a nivel nacional, que por obvias razones tiene su “zona de diálogo” en Santafé de Ralito, un corregimiento del mu- nicipio de Tierralta. Un proceso bastante cuestionado a nivel nacional e internacional dada la impunidad rampante. Buena parte de estas dinámicas de tipo…
p. 253
09Historia de Colombia. La Colombia más Antigua. Tomo 1Gonzalo Hernández de Alba (dir.); Camilo Domínguez O., José L. Lorenzo, Amancio Fernández, Gonzalo Correal y otros · p. 351 cita
[11]en la tenencia de la tierra. Esta misma economía se practica también en la región sinuana, en Córdoba, aunque en ella las zo- nas inundables son menores, excepto en las cié- nagas de Betancí, en Ciénaga Grande y en Tinajo- nes. El río Sinú, que nace en el parque natural del cerro de Paramillo, es la arteria de la…
p. 35
10Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 942 citas
[12]de comunicación y los ejes de poblamiento fundamentales desde el período precolombino. Tiene dos partes consti- tuyentes que se diferencian mucho entre sí: el alto Sinú, montañoso, y el bajo Sinú, río de plani- cie. El primero arranca desde los múltiples afluen- A | Los ríos colombianos El Cauca recorre de sur a norte…
p. 94
[13]de comunicación y los ejes de poblamiento fundamentales desde el período precolombino. Tiene dos partes consti- tuyentes que se diferencian mucho entre sí: el alto Sinú, montañoso, y el bajo Sinú, río de plani- cie. El primero arranca desde los múltiples afluen- A | Los ríos colombianos El Cauca recorre de sur a norte…
p. 94
11¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 1071 cita
[14]de 1997), 9A. 160 INFORME GENERAL Centro Nacional de Memoria Histórica En 1995 se fundaron las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá –ACCU –, y en 1997 se dieron cita en un lugar de la región los jefes de nueve organizaciones paramilitares de distintos puntos de la geografía nacional para conformar las…
p. 107
12La maldita tierra. Guerrilla, paramilitares, mineras y conflicto armado en el departamento de CesarCésar Molinares Dueñas, Nathan Jaccard · 2016 · p. 431 cita
[15]enviados a Cesar por el ganadero cordobés Sal- vatore Mancuso, cumplían órdenes de René Ríos, alias Santiago Tobón y del exguerrillero Baltazar Mesa Durango (Verdadabier- ta.com, 22 de agosto de 2013, “La historia del “Juan Andrés Ál- varez””). En 1996 el paramilitarismo iniciaba una expansión sin precedentes bajo la…
p. 43
13Tierras. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoAlejandro Reyes Posada · 2018 · p. 571 cita
[16]cultivos de coca en el Guaviare, el sur del Meta y Caquetá. Más tarde llegaron al Valle del Cauca, el Cauca y otras áreas del Tolima, así como a algunas 58 Tierras Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento histórico regiones de la costa Caribe, como los alrededores de la Sierra Ne- vada de Santa Marta y…
p. 57
14Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · p. 22, 1472 citas
[17]liderado por Pablo Escobar, y orientado a forzar al Gobierno a suspender la extradición de narcotraficantes a Estados Unidos. El sucesor de Barco, César Gaviria, ofreció como alternativa a la confrontación terrorista la política de sometimiento a la justicia y aceptó prohibir la extradición en la reforma…
p. 147
[49]resumió en sus propias palabras: “No podemos tener más un país amenazado por guerrillas o defendido por grupos paramilitares. Necesitamos control central” 2. Los rápidos éxitos logrados en la seguridad ciudadana, que fueron evidentes en el mayor control en las carreteras, la disminución del secuestro, la casi…
p. 22
15Violencia paramilitar en la Altillanura: Autodefensas Campesinas de Meta y VichadaÁlvaro Villarraga Sarmiento (Director general); Centro Nacional de Memoria Histórica · p. 1041 cita
[18]grupos armados bien constituidos 24. Sin embargo, el alcance de estas acciones se limitaba a sus zonas de influencia. Esta característica cambió con la aparición de las ACCU (Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá) en la región de los Llanos Orientales. En 1996 las ACCU, surgidas en 1994, emprendieron la ins-…
p. 104
16Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander. Tomo I. Bloque Central Bolívar: origen y consolidaciónCentro Nacional de Memoria Histórica, Alberto Santos Peñuela · 2021 · p. 1391 cita
[19]el sur del Cesar, San Vicente de Chucurí y el valle del río Cimitarra. La consolidación de las ACCU bajo una estrategia similar ya había facilitado cierta hegemonía paramilitar en zonas limítrofes entre los departamentos de Antioquia, Sucre y el sur de Bolívar. Esto permitió establecer una especie de perímetro sobre…
p. 139
17Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 2722 citas
[20]Pontificia Universitaria Javeriana, 2009), 423-466. 272 James D. Henderson campañas, el BCB estableció asimismo un bloque en el extremo sur del país, en Putumayo, donde, con extrema brutalidad, sus fuerzas acabaron con el dominio que tenían las FARC sobre 15 000 hectáreas de cultivos de coca del departamento. Esto…
p. 272
[21]Pontificia Universitaria Javeriana, 2009), 423-466. 272 James D. Henderson campañas, el BCB estableció asimismo un bloque en el extremo sur del país, en Putumayo, donde, con extrema brutalidad, sus fuerzas acabaron con el dominio que tenían las FARC sobre 15 000 hectáreas de cultivos de coca del departamento. Esto…
p. 272
18Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 2271 cita
[22]violencia. 675 Entrevista 762 - VI - 00002. Lideresa social, mujer afrodescendiente, víctima d e desplazamiento forzado. 676 Entrevista 109 - VI - 00017. Periodista, testigo de homicidio. 677 Entrevista 811 - VI - 00004. Defensor de Derechos Humanos, víctima de amenaza y atentado al derecho a la vida. 227 El 23 de…
p. 227
19Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · p. 1441 cita
[23]significativos de las AUC junto con más de 50 políticos entre senadores, congresistas, alcaldes y gobernadores cuyo último propósito no era otro que el refundar el Estado. El nombre viene del corregimiento de Santa Fe de Ralito, en Tierralta, Córdoba, y donde toman especial relevancia muchos nombres de la política…
p. 144
20La tierra en disputa. Memorias de despojo y resistencia campesina en la costa Caribe (1960-2010)Absalón Machado, Donny Meertens · 2010 · p. 891 cita
[24]una gran bancada en el Congreso que les permitiera ventilar sus intereses en los órganos de decisión de la Nación. Para tal efecto, les fue útil la proliferación de partidos políticos promovida por la Constitución de 1991. De hecho, para el momento en que las AUC estaban unificadas, ya existían varios movimientos…
p. 89
21No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 5081 cita
[25]decenas de políticos, empresarios, militares, especialmente de la región Caribe, relacionados con pagos, apoyos electorales y contratos. El contenido se conoció parcialmente a través de la Revista Semana en septiembre de ese año y se convirtió en un escándalo político nacional. Esta era la tercera vez que la justicia…
p. 508
22Paramilitarismo. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera · 2018 · p. 851 cita
[26]fue una estructura militar, sino “un movimiento social y político de carácter regional” (CNMH, 2012c, página 33). Mientras en el sur de Córdoba, los comandantes Salvatore Man- cuso y Don Berna, influyeron en la elección de alcaldes y conceja- les de manera sostenida y visible desde las elecciones de 2000. El…
p. 85
23Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · p. 1321 cita
[27]parecían tareas convergentes. Se politizaba la criminalidad de los paramilitares, asociándola al delito de sedición, y por consiguiente se la hacía negociable; mientras se criminalizaba a la insurgencia como “amenaza terrorista”, y su agenda se convertía en no negociable. En suma, se pueden destacar los siguientes…
p. 132
24Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · p. 333, 3372 citas
[28]un cese al fuego unilateral, que este grupo d«e líderes de las auc aceptó mediante una carta dirigida al presidente Uribe, en la cual se acogían a esta exigencia a partir del 1 de diciembre de 2002. De inmediato el Gobierno nombró, pocas semanas más tarde, el 23 de diciembre, una Comisión Exploratoria de Paz que,…
p. 333
[50]Nutibara, que dejó muchas dudas en relación con el número de desmovilizados y su vinculación real con este grupo armado ilegal, el proceso sufrió una grave parálisis. Después se produjo la desmovilización del Bloque Ba nanero liderado por Ever Veloza, pero, según el relato de monseñor Vidal, fue gracias a la decisión…
p. 337
25Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 7801 cita
[29]a partir del 1° de diciembre, solicitaron el reconocimiento político, la suspensión de acciones judiciales en contra de sus voceros y seguridad para las regiones donde ejercían sus actividades. Para ese momento, herencia del gobierno de Pastrana, ya estaban en conversaciones confidenciales con Restrepo, a quienes sus…
p. 780
26Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander. Tomo II. Bloque Central Bolívar: violencia pública y resistencias no violentasAlberto Santos Peñuela (coordinador del informe y correlator), Luis Miguel Buitrago Roa, Juan Guillermo Jaramillo Acuña, Nicolás Otero González, Rodrigo Torrejano Jiménez · 2021 · p. 3341 cita
[30]Paz de Colombia, manifestaron su disposición a iniciar diá- logos con el Gobierno y establecieron un cese de hostilidades a partir del 1 de diciembre de 2002. En esta declaración, ninguno de los comandantes del BCB 334 BLOQUE CENTRAL BOLÍVAR SUR DE BOLÍVAR BLOQUE CENTRAL BOLÍVAR SUR DE BOLÍVAR apareció como firmante…
p. 334
27La guerra vino de afuera. El Bloque Pacífico en el sur del Chocó: una herida que aún no cierraCentro Nacional de Memoria Histórica, Laura Bibiana Escobar García, Laura Catalina Tovar Bohórquez, Esteban de Jesús Caviedes Alfonso · 2022 · p. 3091 cita
[31]en Santafé de Ralito. Diciembre Desmovilización del Bloque Calima (exclusión de Gordolindo). Noviembre AUC declara cese de hostilidades. Enero Inicio negociación política. Reconfiguración del Bloque Pacífico. 2002 2003 2004 310 LA GUERRA VINO DE AFUERA EL BLOQUE PACÍFICO EN EL SUR DEL CHOCÓ: UNA HERIDA QUE AÚN NO…
p. 309
28Colombia, así en la guerra como en la pazJorge Giraldo Ramírez · 2018 · p. 411 cita
[32]los derechos humanos y los crímenes de guerra, y la desmovilización se demuestre con los hechos y no solo sobre el papel» (20 de junio de 2003). Después de una fase exploratoria, el 15 de julio de 2003, se firmó un acuerdo que tenía como objetivo «el logro de la paz nacional a través del fortalecimiento de la…
p. 41
29Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo II. El Frente Capital y el declive del Bloque Centauros de las AUCDaniel Ricardo Martínez Bernal (coordinador), Lorena Camacho Muete, Esteban Caviedes Alfonso, Laura Bibiana Escobar García, José María Gutiérrez Sierra, Daniela Moreno Arriola, Daniel Augusto Serrano Corredor, Juan Manuel Villarraga Beltrán · 2021 · p. 1691 cita
[33]a la paz de Colombia”, que firmaron el Gobierno nacional y las AUC el 15 de julio de 2003. En este documento quedó de manifiesto que las AUC se comprometían a desmovilizar la totalidad de sus filas, fijaban fechas para un cese de hostilidades con el Gobierno y coordinaban todo lo necesario para su desarme,…
p. 169
30Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo IILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · p. 126, 4032 citas
[34]una Colombia en paz con opor- tunidades y garantías para todos. Por el Gobierno Nacional: LUIS CARLOS RESTREPO Alto Comisionado para la Paz Por las Autodefensas Unidas de Colombia AUC: HERNAN HERNÁNDEZ RAMIRO VANOY LUIS CIFUENTES FRANCISCO TABARES ADOLFO PAZ JORGE PIRATA VICENTE CASTAÑO CARLOS CASTAÑO SALVATORE…
p. 403
[48]negativa rotunda a respaldar la iniciativa y sumó a su rechazo las objeciones que ya venía haciendo contra los entonces máximos líderes del Blo- que Norte, Iván Roberto Duque, alias Ernesto Báez, y Carlos Mario Jiménez, alias Macaco, por sus nexos con la producción ilícita de droga (UPI español, 2007, 3 de febrero).…
p. 126
31Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 3551 cita
[35]terms of this process, formal talks began in May 2004. The government set up a zone consisting of 368 square kilometers in Santa Fe de Ralito, Cordoba, to relocate demobilized paramilitaries 261 Colombia: A Country Study and conduct the talks, and an Organization of American States (OAS) mission came to verify this…
p. 355
32A las puertas de El UbérrimoIván Cepeda, Jorge Rojas · 2008 · p. 99, 1032 citas
[36]los 25 alcaldes de la Ctlsta Atlálltica ql/e.!ilerol/ e1eJ~idos COI/ apo)'¡) de I¡Isgmpos paramilitares: "Mal/~;é 25 de los 28 ttllllliapios de Córdoba", ase.~lIró Mal/- Cl/SO. Revista Sematla, "Salvatore A1allCIIso viI/CIlla a más políticos Ctltl las al/t¡Id¡;fclIsas", 16 de ma)'o de 2007. 102 A LA~ PUERTAS DE EL…
p. 99
[41]personas que están dentro de la zona, es un asunto que 1I0sotros hemos man~ado con el mayor Cl/idado para evitar 11/1 escándalo público qlle nos haga daño" 183 El Tiempo, "Hijo de Orlando Benítez está decepcionado porque Justicia absolvió a 'don Berna"', 15 deJullio de 2007. 184 Luego de clausurada la zona de…
p. 103
33Guerras RecicladasMaría Teresa Ronderos · 2014 · p. 4221 cita
[37]Montería, ovacionaron al comandante». 30 Años después, ante un tribunal de Justicia y Paz, Duque, quien como se recordará había sido secretario de Acdegam en los tiempos del paramilitarismo de Henry Pérez y Gonzalo Rodríguez Gacha en Puerto Boyacá, y era entonces el segundo al mando del BCB de “Macaco”, aseguró que el…
p. 422
34La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo IICentro Nacional de Memoria Histórica · 2022 · p. 455, 4622 citas
[38]quien también se desmovilizó, llegó a ser diputado del Magdalena, lo que da cuenta de la fuerte incidencia de este grupo de autodefensas en la política de la región (Verdad Abierta, 2008). El proceso de desmovilización de las Autodefensas del Sur de Magdalena estuvo marcado por la resistencia de su comandante Chepe…
p. 462
[51]que sin duda im- pactó en las diferencias en tiempos y características de la desmovilización de cada una. Esto también permite explicar por qué en las diferentes desmovili- zaciones se destacaron los perfiles de varios de los jefes paramilitares, como lo fue el de Jorge Cuarenta; figura central en el proceso de…
p. 455
35Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 971 cita
[39]y como se había acordado en las negociaciones entre el Go- bierno nacional y los jefes de las AUC, en noviembre de 2003 fue creada la primera zona de ubicación para la población paramilitar desmovilizada, en el municipio de La Ceja, en la región del orien- te antioqueño. Como primer acto simbólico de desmovilización,…
p. 97
36Isaza, el clan paramilitar. Las Autodefensas Campesinas del Magdalena MedioCentro Nacional de Memoria Histórica, Camilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque, César Nicolás Peña Aragón · 2020 · p. 6121 cita
[40]anun- 43 Aunque firmó como Víctor el nombre real es Arnubio. 612 ISAZA, EL CLAN PARAMILITAR LAS AUTODEFENSAS CAMPESINAS DEL MAGDALENA MEDIO cios de una posible desmovilización: “Bueno, eso como tal, comenzaron los acuerdos en Ralito. Entonces, uno se comenzó a enterar porque le comentaban los comandantes: “No, que El…
p. 612
37El derecho a la justicia como garantía de no repetición. Volumen 1. Graves violaciones de derechos humanos: luchas sociales y cambios normativos e institucionales 1985-2012Centro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · p. 1092 citas
[42]paramilitares) que iniciaron con la desmovilización del Bloque Cacique Nutibara en noviembre de 2003 y terminaron con la del Blo- que Élmer Cárdenas en noviembre de 2006, arrojaron la ci- fra de 31. 521 paramilitares desmovilizados (O fi cina del Alto Comisionado para la Paz, 2006). Sin embargo, tanto el cese de…
p. 109
[43]paramilitares) que iniciaron con la desmovilización del Bloque Cacique Nutibara en noviembre de 2003 y terminaron con la del Blo- que Élmer Cárdenas en noviembre de 2006, arrojaron la ci- fra de 31. 521 paramilitares desmovilizados (O fi cina del Alto Comisionado para la Paz, 2006). Sin embargo, tanto el cese de…
p. 109
38Álvaro Uribe Vélez: El Narcotraficante Nº 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 1921 cita
[44]delincuentes políticos, o sediciosos. Y así quedo establecido en la Ley de Justicia y Paz elaborada por el gobierno tiempo después. Acto se-guido, vendría el apoyo a sus compinches políticos para las elecciones al congreso en el 2002; la “elección” (de Uribe) parapresidente ese mismo año, y para las elecciones…
p. 192
39Alvaro Uribe Velez El Narcotraficante # 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 1921 cita
[45]delincuentes políticos, o sediciosos. Y así quedo establecido en la Ley de Justicia y Paz elaborada por el gobierno tiempo después. Acto se-guido, vendría el apoyo a sus compinches políticos para las elecciones al congreso en el 2002; la “elección” (de Uribe) parapresidente ese mismo año, y para las elecciones…
p. 192
40Narcotráfico en Colombia: Economía y ViolenciaGustavo Duncan, Ricardo Vargas, Ricardo Rocha, Andrés López · 2005 · p. 2231 cita
[46]presentes en las negociacio- nes habían comprado su posición 29. El gobierno nacional optó por aceptar la situación, pero exigió que no se diese cabida a nuevos comandantes. Los paramilitares no respondieron, pero al momento de escribir este texto es claro que algunos narcotraficantes siguen buscando su ingreso a la…
p. 223
41Justicia y Paz ¿Verdad judicial o verdad histórica?Iván Orozco Abad, María Victoria Uribe, Gina Cabarcas, Luis Carlos Sánchez Díaz · 2012 · p. 2181 cita
[47]los medios de comunicación reve- laron que uno de los mellizos Mejía, reconocido narcotra fi cante y extraditable, estaba en la mesa de negociaciones (,. El editorial de El Colombiano, alrededor del destape, estableció: “El proceso de desmovilización que viene realizándose con las autodefensas ha propiciado una…
p. 218