Daniel Rendón Herrera
Seguridad Democrática
La biografía
Nacido hacia mediados de los años sesenta en Amalfi, Antioquia, Daniel Rendón Herrera —conocido como Don Mario— fue el hombre que hizo del final de las Autodefensas Unidas de Colombia el comienzo de otra cosa. Mando medio en la órbita de los Castaño desde los años noventa, nunca se desmovilizó en Santa Fe de Ralito, heredó en 2007 el vacío dejado por la muerte de Vicente Castaño y, entre 2008 y su captura en abril de 2009, presidió la fundación de las Autodefensas Gaitanistas de Colombia, la organización que con el tiempo sería conocida como Clan del Golfo. La Seguridad Democrática, al negociar el desarme de las AUC sin desmantelar sus economías, no cerró el ciclo paramilitar: lo reconfiguró bajo otras siglas. Y él fue el operador que capitalizó esa reconfiguración.
Línea de vida
- 1990
Indagaciones en el Guaviare
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Desde comienzos de los años noventa, Rendón Herrera recorrió el Guaviare por encargo de Vicente Castaño para cartografiar la cadena productiva del narcotráfico: cultivos, laboratorios, intermediarios y rutas. Este trabajo de campo preparatorio estuvo relacionado con la posterior incursión paramilitar a Mapiripán.
- 1997
Vínculo con la masacre de Mapiripán
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Las indagaciones previas de Rendón Herrera en el Guaviare están documentalmente relacionadas con la incursión paramilitar a Mapiripán (julio de 1997). La operación combinó objetivos contrainsurgentes con el interés en controlar las rentas del narcotráfico en la región, dualidad que caracterizó su trayectoria.
- 2003
Ausencia deliberada de la desmovilización de las AUC
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Mientras entre 2003 y 2006 más de 31.000 combatientes de las AUC se desmovilizaron en Santa Fe de Ralito y otros escenarios, Rendón Herrera no entregó armas ni firmó actas, no fue postulado a Justicia y Paz y permaneció activo. Su ausencia fue el síntoma más elocuente de las grietas del proceso.
- 2004
Despojo de tierras en el Meta con el Bloque Centauros
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La Fiscalía estableció que más de 23.274 hectáreas en El Dorado, San Martín y Puerto Concordia (Meta) fueron tomadas por hombres de Miguel Arroyave y el narcoparamilitar Daniel Rendón Herrera. De ese total, 18.000 hectáreas correspondían a baldíos del Estado titulados fraudulentamente a nombre de testaferros.
- 2007
Asunción del liderazgo paramilitar posdesmovilización
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Tras la desaparición y presunta muerte de Vicente Castaño, probablemente asesinado por sus socios en 2007, el mando paramilitar posdesmovilización recayó indiscutiblemente en Rendón Herrera, quien estaba mejor posicionado para llenar el vacío por su trayectoria discreta y sus redes activas.
- 2008
Fundación de las Autodefensas Gaitanistas de Colombia
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El 8 de enero de 2008 se celebró en la finca Las Guacamayas, en Necoclí (Antioquia), la primera asamblea constitutiva de las AGC. Rendón Herrera compartió el Estado Mayor con Juan de Dios Úsuga David (Giovanni) y Dairo Antonio Úsuga David (Otoniel). En octubre de 2008 la organización decretó un paro armado que paralizó el comercio en Córdoba, Urabá, el Bajo Cauca y la Costa Caribe.
- 2009
Captura en Necoclí y oferta de desmovilización
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El 16 de abril de 2009 la Policía Nacional capturó a Rendón Herrera en zona rural de Necoclí, en el corregimiento El Totumo, sin combate mayor. El 18 de abril ofreció a las autoridades desmovilizar 6.000 efectivos. Tras su captura, el liderazgo de las AGC recayó en los hermanos Úsuga, quienes expandieron el grupo a nueve departamentos y 79 municipios con aproximadamente 1.120 miembros.
- 2010
Declaraciones sobre falsos positivos y el coronel Cabuya
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En declaraciones recogidas por el portal Verdad Abierta, Rendón Herrera afirmó que el coronel Cabuya le exigía personas para presentarlas como guerrilleros muertos en combate, llegando a demandar 'tres muchachos y tres fusiles' bajo amenaza de captura. El episodio ilustra la relación capilar entre paramilitarismo y política de resultados operacionales de la Seguridad Democrática.
Un antioqueño en la órbita de los Castaño
La biografía política de Daniel Rendón Herrera empieza, como la de tantos hombres de su generación en el norte de Antioquia, en la sombra alargada de los hermanos Castaño Gil. No fue jefe fundador, no era ideólogo, no aparecía en los comunicados. Fue, desde temprano, algo más útil: un hombre de confianza de Vicente Castaño, encargado de tareas discretas que exigían olfato de campo y estómago para el negocio.
La primera de esas tareas que quedó documentada lo llevó lejos de Urabá. Desde comienzos de los años noventa, Rendón Herrera recorrió el Guaviare estudiando el funcionamiento de la cadena productiva del narcotráfico: los cultivos, los laboratorios, los intermediarios, las rutas. Se trataba, en apariencia, de un ejercicio de inteligencia comercial; en la práctica, era el trabajo preparatorio para la incursión paramilitar en una región dominada entonces por las FARC. En la misma primera mitad de la década, los Castaño enviaron a los Llanos a José Uber Coca Cevallos, alias Camilo o Tocineta, con la misión de evaluar las condiciones para instalar allí una estructura paramilitar de envergadura. El movimiento respondía, al menos formalmente, a los pedidos de ganaderos llaneros acosados por la guerrilla, pero también, sin ambigüedad, al interés por controlar la cadena productiva de la coca en la región.
La incursión resultante quedaría inscrita en la memoria del país con un nombre: Mapiripán. La masacre de julio de 1997 se justificó públicamente como una operación antisubversiva, coherente con el discurso de Carlos Castaño. Pero el trabajo de campo previo de Rendón Herrera, esa cartografía paciente de la economía cocalera del Guaviare, indica que el objetivo real era doble: quebrar la retaguardia de las FARC y, simultáneamente, apropiarse de sus rentas. La contrainsurgencia y el narcotráfico no eran dos motivaciones en tensión sino dos caras de la misma operación. Don Mario no inventó esa dualidad; la aprendió de Vicente Castaño y la ejerció, durante quince años, con una eficacia que terminaría desbordando a sus maestros.
Su nombre reaparece, años después, en un teatro distinto pero con la misma lógica. La Fiscalía estableció que más de 23.274 hectáreas de tierra en el Meta, en los municipios de El Dorado, San Martín y Puerto Concordia, fueron tomadas por hombres de Miguel Arroyave, jefe del Bloque Centauros, y del entonces llamado narcoparamilitar Daniel Rendón Herrera. De ese total, 18.000 hectáreas correspondían a baldíos del Estado titulados fraudulentamente a nombre de testaferros, amigos y familiares de los cabecillas. El dato desmiente cualquier lectura de Don Mario como simple sicario o cuadro subalterno: para el momento de la desmovilización era ya un socio directo del despojo agrario en gran escala, con capacidad para operar en los Llanos con el mismo cuadro mental con que había leído el Guaviare una década antes.
El hombre que no se desmovilizó
Cuando entre 2003 y 2006 las AUC se desmovilizaron —31.521 combatientes según la Oficina del Alto Comisionado para la Paz, o 31.671 si se incluyen redes de apoyo logístico—, Daniel Rendón Herrera no entregó armas ni firmó actas. No aparece en la reunión exploratoria de la hacienda Jaraquiel, donde sí figuran Salvatore Mancuso, Carlos Castaño y su hermano Freddy Rendón Herrera. No estuvo entre los jefes concentrados en Santa Fe de Ralito. No fue postulado a Justicia y Paz. Mientras el Bloque Cacique Nutibara inauguraba la desmovilización en noviembre de 2003, mientras el Bloque Bananero de Ever Veloza se desarmaba en 2004 y el Bloque Élmer Cárdenas, al mando de su propio hermano, hacía lo propio en 2006, Don Mario simplemente se quedó.
Esa ausencia no fue un descuido del proceso: fue su síntoma más elocuente. La desmovilización estaba diseñada para negociar con quienes se presentaran como comandantes de bloques identificables; los mandos medios con vínculos directos al negocio del narcotráfico, sin una estructura pública que rendir, tenían la opción de permanecer invisibles. Y Rendón Herrera, que había construido su capital político y económico precisamente en las junturas discretas entre paramilitarismo y cocaína, escogió esa opción con lucidez.
Mientras tanto, el proceso mostraba sus grietas. Las AUC entregaron poco más de dieciocho mil armas cortas y largas para un pie de fuerza que superaba los treinta mil combatientes: el Gobierno presentó la cifra como internacionalmente satisfactoria, aunque la proporción hablaba por sí sola. Durante las negociaciones, el supuesto cese de hostilidades decretado por las autodefensas nunca se cumplió: los grupos paramilitares siguieron cometiendo crímenes contra la población civil, documentados por el CINEP y por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. En Urabá, las desmovilizaciones del Bloque Bananero en 2004 y del Bloque Élmer Cárdenas en 2006 dejaron una dificultad estructural: la permanencia de demandas locales de seguridad y la incapacidad del Estado para reemplazar el orden social que los paramilitares habían construido. Los grupos armados posdesmovilización que emergieron entre 2005 y 2009 se nutrieron de excombatientes con redes activas, aprovecharon ese vacío institucional y mantuvieron el vínculo con las economías ilegales que nunca habían sido intervenidas, particularmente el narcotráfico.
Ese ecosistema, hecho de combatientes sueltos, corredores intactos y un orden local todavía tributario del viejo mando paramilitar, era el terreno que mejor conocía Don Mario. No tuvo que inventar nada; solo tuvo que quedarse.
En mayo de 2007, la revista Semana publicó grabaciones telefónicas que mostraban a jefes paramilitares presos controlando redes criminales, ordenando asesinatos y manejando cargamentos de cocaína desde sus lugares de detención. En un contexto en que el Gobierno de Álvaro Uribe Vélez utilizaba la amenaza de extradición como recurso de presión sobre los desmovilizados, esas revelaciones aceleraron la ruptura. En mayo de 2008, Carlos Mario Jiménez, alias Macaco, fue extraditado a Estados Unidos, y con él, en pocos meses, catorce líderes paramilitares. Los defensores de derechos humanos advirtieron entonces lo que después se confirmaría: los tribunales estadounidenses procesarían a los extraditados por narcotráfico, pero difícilmente por crímenes de lesa humanidad, y las audiencias de Justicia y Paz, ya frágiles por problemas logísticos, se harían aún más difíciles de sostener a distancia. Los vínculos con fuerzas de seguridad colombianas, funcionarios públicos y financiadores privados quedaron protegidos por el mismo mecanismo que se presentaba como castigo.
Ese año, además, algo aún más decisivo había ocurrido para el destino personal de Rendón Herrera: Vicente Castaño, su patrón durante casi dos décadas, fue probablemente asesinado por sus socios en 2007. El liderazgo paramilitar posdesmovilización quedaba, por primera vez en más de una década, vacante. Y quien estaba mejor situado para llenarlo era precisamente el hombre que nunca había firmado nada.
La fundación de las Gaitanistas
El 8 de enero de 2008, según el testimonio de Carlos Moreno Tuberquia ante la Comisión de la Verdad, se celebró en la finca Las Guacamayas, en Necoclí, Antioquia, la primera asamblea constitutiva de las Autodefensas Gaitanistas de Colombia. Allí quedó conformado el Estado Mayor. Los tres nombres que compartieron el mando eran conocidos: Daniel Rendón Herrera; Juan de Dios Úsuga David, alias Giovanni; y su hermano Dairo Antonio Úsuga David, alias Otoniel. Los Úsuga eran excombatientes del Ejército Popular de Liberación y luego de las ACCU y AUC, con arraigo profundo en Urabá y Córdoba.
La denominación gaitanista era pseudopolítica: una etiqueta destinada a inscribir a la nueva organización en una tradición de justicia social que ninguna de sus prácticas honraba. El público más amplio pronto la llamaría de otra forma, Clan Úsuga primero, Clan del Golfo después, y las autoridades y algunos medios recurrirían a nombres genéricos como banda criminal posdesmovilización. Pero lo importante no era la marca sino la continuidad material: la disciplina y el adiestramiento militar de las AGC se sustentaron en la experiencia previa de sus fundadores en el EPL y las AUC; la base de combatientes se nutrió de excombatientes y excompañeros que habían quedado sin apoyo del Estado tras la desmovilización; los corredores de coca, las relaciones con comerciantes locales, las estructuras de extorsión, el conocimiento del terreno, todo eso ya existía. Las AGC no se fundaron sobre un vacío: se fundaron sobre los cimientos vivos del paramilitarismo que oficialmente había dejado de existir.
El Urabá antioqueño, base histórica del grupo, era el escenario ideal para esa reconstitución. Corredor estratégico para el tráfico de narcóticos, entrada de armas y contrabando por el Golfo, disputado desde siempre por su ubicación privilegiada entre el interior del país, el Caribe y el Darién chocoano, la región nunca había dejado de ser rentable. Y los grupos paramilitares habían hecho más allí que operar militarmente: se habían insertado en la sociedad local, estabilizado un orden social y llegado a ser aceptados como garantes de seguridad. Esa legitimación previa, tejida en la connivencia entre terratenientes vulnerables a la guerrilla, comerciantes acosados por la extorsión y una autoridad estatal ausente o cómplice, sobrevivió a la firma de la desmovilización. Don Mario la heredó intacta.
Entre los socios que le permitieron sostener la operación figuraban Jhon Freddy Manco Torres, alias El Indio, exmiembro de la estructura financiera del Bloque Élmer Cárdenas, y Camilo Torres Martínez, alias Fritanga, oriundo de Unguía. La composición del círculo dice bastante: cuadros de las estructuras financieras y logísticas del viejo paramilitarismo, no nuevos protagonistas, no una generación distinta.
En octubre de 2008, la organización realizó una demostración pública de fuerza. Decretó un paro armado que paralizó el comercio en Puerto Libertador y Tierralta, en Córdoba, en varios municipios de Urabá, en el Bajo Cauca antioqueño y en tramos de la Costa Caribe. Se hizo con panfletos amenazantes distribuidos en tiendas, terminales y veredas. El mensaje era doble: hacia el Estado, que la desmovilización no había terminado nada; hacia la sociedad regional, que había un nuevo interlocutor con capacidad de imponer el ritmo de la vida cotidiana. Fue el acto fundacional público de las AGC, aunque su asamblea formal hubiera ocurrido nueve meses antes.
El coronel Cabuya y la extorsión mutua
En el mismo periodo, Don Mario mantenía relaciones con oficiales del Ejército en el Urabá que iluminan, desde abajo, cómo funcionaba en la práctica la Seguridad Democrática. En declaraciones recogidas años después, Rendón Herrera afirmó que el coronel apellidado Cabuya lo trataba con presión y extorsión, exigiéndole personas para presentarlas como guerrilleros muertos en combate. La justificación, según el testimonio, era simple: el oficial quería demostrar que su batallón era el que más resultados operacionales entregaba.
En una ocasión, Cabuya envió un mensaje a través de un intermediario llamado Julián exigiendo la entrega de tres muchachos y tres fusiles, bajo amenaza de captura si no obedecía. Rendón Herrera afirmó haber rechazado la orden. Aun así, según su versión, Julián entregó los fusiles al coronel, y este consiguió por otra vía tres personas que terminaron como víctimas de falsos positivos.
El episodio, cierto en sus detalles o no, describe con precisión un tipo de relación cuya existencia ha quedado establecida en múltiples investigaciones judiciales: homicidio agravado, privación ilegal de la libertad, concierto para delinquir, desaparición forzada, falsedad ideológica en documento público, homicidio en persona protegida, fabricación y tráfico de armas de las Fuerzas Militares. La política de resultados operacionales de la Seguridad Democrática abrió, en zonas como Urabá, un mercado macabro en el que paramilitares y militares podían intercambiar cuerpos, armas y silencios. Que Don Mario apareciera en él no como brazo armado dócil sino como proveedor extorsionado sugiere una relación entre paramilitarismo y Estado más capilar y más sucia de lo que el discurso oficial de la época estaba dispuesto a reconocer.
Captura, oferta y traspaso
El 15 de abril de 2009, tras meses de operaciones de inteligencia concentradas en el Urabá y el Golfo, la Policía Nacional capturó a Daniel Rendón Herrera en zona rural de Necoclí, en el corazón mismo del territorio que había convertido en su feudo. Fue localizado en una finca del corregimiento El Totumo, tras un cerco que combinó vigilancia electrónica sobre su círculo cercano y trabajo humano con informantes locales. La operación, en la que participaron unidades élites de la Policía y contó con apoyo aéreo, se saldó sin combate mayor: el hombre que había reconstituido el paramilitarismo posdesmovilización fue detenido casi en silencio, en pijama, en el corredor rural que él mismo había blindado durante años. El Gobierno la anunció como uno de los mayores golpes contra el paramilitarismo posdesmovilización, y algo de razón había en esa presentación: retiraba de circulación al hombre que había reconstituido la estructura. Pero era ya una operación tardía. Las AGC llevaban catorce meses formalmente constituidas y años operando de facto, con presencia consolidada en al menos cuatro departamentos y un anillo financiero que ninguna captura individual podía desmontar.
Tres días después de la detención, desde su lugar de reclusión y por intermedio de sus abogados, Rendón Herrera ofreció a las autoridades desmovilizar 6.000 efectivos. La cifra habla por sí sola: revela la escala real de la organización que oficialmente no existía y desmiente la lectura, difundida por algunos voceros del Gobierno, según la cual las AGC eran una simple banda criminal residual. La propuesta sugiere, además, que su comandante todavía se pensaba en los términos del proceso AUC, dispuesto a negociar una entrega colectiva a cambio de beneficios jurídicos, como si la desmovilización de 2003-2006 admitiera un segundo capítulo. La oferta fue rechazada de plano. El Gobierno de Álvaro Uribe Vélez había cerrado esa ventana con las extradiciones de 2008 y no tenía interés político ni marco legal para abrir otra: reconocer la magnitud de las AGC habría sido admitir, por vía indirecta, que el proceso emblemático de la Seguridad Democrática había dejado un remanente equivalente a un ejército irregular. Don Mario sería procesado por la vía penal ordinaria, y en 2010, ya bajo el gobierno de Juan Manuel Santos, extraditado a Estados Unidos por narcotráfico.
Su ausencia no interrumpió nada. Tras la captura el grupo pasó bajo las órdenes de Juan de Dios Úsuga, aunque Dairo Antonio también compartía el mando desde la fundación. Bajo esa conducción, que la prensa pronto llamaría Clan Úsuga, la organización amplió su área de operaciones de la región de Urabá a nueve departamentos y 79 municipios, con aproximadamente 1.120 miembros según cifras policiales, cifra que era ya solo el núcleo armado visible. Las AGC iniciaron desde 2008 un proceso sostenido de expansión territorial que les permitió copar rutas estratégicas más allá de Urabá y Córdoba: norte de Bolívar, La Mojana, Montes de María, Bajo Cauca antioqueño. Con el Bajo Cauca bajo su control, la organización proyectó combatientes y recursos hacia Norte de Santander, con cruces hacia Venezuela, y hacia los Llanos Orientales, el mismo escenario donde el propio Don Mario había hecho, quince años antes, la cartografía cocalera del Guaviare. El corredor Sur de Bolívar–Nudo de Paramillo–Bajo Cauca, cruzado por presencia en pueblos como San Marcos en Sucre, se consolidó como columna vertebral del negocio.
En paralelo, la organización libró guerras propias. Se enfrentó con los Paisas en Urabá, Córdoba, Medellín y el Bajo Cauca; disputó territorios en toda la región Caribe; absorbió, negoció con o destruyó estructuras rivales según el caso. Ninguna de esas guerras tuvo ya el ropaje contrainsurgente que había definido a las AUC. Eran guerras por rutas, plazas y rentas, guerras de mercado ilegal con capacidad militar propia, aunque la denominación gaitanista siguiera funcionando como fachada.
Los Rendón Herrera: una familia y sus caminos
La historia de Daniel Rendón Herrera es inseparable de la de sus hermanos, aunque los tres tomaron rutas distintas dentro del mismo universo. Freddy Rendón Herrera, alias El Alemán, fue comandante del Bloque Élmer Cárdenas de las AUC, la estructura que consolidó el control paramilitar sobre el Urabá antioqueño y chocoano y sobre corredores del Darién hacia Panamá. Bajo su mando, el bloque operó en municipios como Turbo, Apartadó, Necoclí, Acandí y Unguía, disputó plazas al Bloque Bananero y estructuró una economía de guerra apoyada en la extorsión al comercio bananero, la ganadería y las rutas de tráfico por el Golfo. A comienzos de 2003 estuvo al mando del Frente Héroes de Boyacá, cuyo personal y armamento fue cedido en parte a las Autodefensas Bloque Cundinamarca, lideradas por alias El Águila, por solicitud conjunta suya y de Salvatore Mancuso en el marco de los contactos iniciales con el Gobierno de Uribe. El Alemán participó en la reunión exploratoria de la hacienda Jaraquiel, se desmovilizó con el Bloque Élmer Cárdenas en 2006 y fue postulado a Justicia y Paz. En ese marco reconoció responsabilidad en el reclutamiento de menores, en masacres cometidas en zonas rurales del Urabá y en la financiación política a candidatos locales afines. Fue entrevistado en la Cárcel de Itagüí el 25 de junio de 2014, en el marco del esclarecimiento del reclutamiento de menores por parte de grupos paramilitares, y su testimonio ha sido una de las fuentes centrales para reconstruir la relación entre el Bloque Élmer Cárdenas, empresarios de la región y funcionarios civiles.
Un tercer hermano, John Jairo Rendón Herrera, alias Germán Monsalve, lideró el movimiento político Clamor Campesino Caribe, encargado de sellar pactos con políticos comprometidos con la causa contrainsurgente en las zonas de injerencia de los bloques paramilitares. La orden de consolidar esas alianzas provino de Vicente Castaño a El Alemán, y la ejecución quedó en manos de John Jairo, que operó como articulador político y financiero del proyecto en Urabá y en el Caribe: identificaba candidatos afines, canalizaba recursos y aseguraba la contraparte territorial de los acuerdos. Fue capturado y postulado también a los procesos judiciales derivados del andamiaje parapolítico, y sus declaraciones aportaron elementos sobre la logística financiera del bloque comandado por su hermano.
Los tres hermanos habitaron el mismo mundo, pero cada uno escogió una superficie distinta. Freddy aceptó el marco de Justicia y Paz y se hizo visible en tribunales, cárceles y versiones libres; John Jairo trabajó la infraestructura política del proyecto, en los pactos con alcaldes, concejales y congresistas; Daniel, el que operaba en la penumbra del negocio, se negó a acogerse a cualquier negociación y reconstituyó por su cuenta la estructura armada. Sus destinos revelan que el paramilitarismo, aun al final, seguía funcionando como una red de opciones múltiples: se podía ser jefe visible de bloque, operador político o comandante clandestino de la reconstitución, y las tres figuras convivían en una misma familia.
La huella: lo que Don Mario dejó
Cuando Daniel Rendón Herrera fue extraditado a Estados Unidos en 2010, tenía apenas dos años de comandancia formal al frente de las Autodefensas Gaitanistas de Colombia. Aparentemente, era poco tiempo para inscribirse en la historia larga del paramilitarismo colombiano. En realidad, era todo el tiempo que hacía falta.
Lo que dejó no fue una organización personal sino un modelo. Las AGC, Clan del Golfo en la denominación que se impuso con los años, se consolidaron como la estructura armada ilegal más extendida del país en las dos décadas siguientes. Bajo el mando de los hermanos Úsuga primero, y de Otoniel en solitario tras la muerte de Giovanni en un operativo policial en 2012, la organización se proyectó a la costa Pacífica, disputó el control del Catatumbo, se instaló en zonas del sur del país y estableció presencia en más de 200 municipios en los cálculos oficiales más amplios. Consolidó rutas de exportación de cocaína hacia Centroamérica y el Caribe, integró minería ilegal de oro en el Bajo Cauca y el Chocó a su portafolio económico, y desarrolló una capacidad de paro armado —replicada en 2016, 2022 y en años sucesivos— que ninguna otra estructura ilegal posdesmovilización ha igualado.
Cuando Otoniel fue capturado en Necoclí en octubre de 2021, en un operativo con despliegue militar comparable al de las mayores acciones contra jefes de las FARC, y extraditado a Estados Unidos en mayo de 2022, la estructura tampoco colapsó. Nuevos comandantes tomaron el relevo: Jobanis de Jesús Ávila Villadiego, alias Chiquito Malo, y otros mandos regionales asumieron el vacío. El paro armado que las AGC decretaron en mayo de 2022, en respuesta a la extradición de Otoniel, paralizó más de una decena de departamentos durante cuatro días y confirmó que la organización había dejado de depender de una cabeza singular. El diseño heredado de Don Mario —mando colegiado, base regional en Urabá, control de rutas hacia el Caribe y hacia Centroamérica, ropaje pseudopolítico, integración con excombatientes de estructuras previas— probó una durabilidad que ninguna administración ha logrado revertir.
Su trayectoria arroja, además, una lectura incómoda sobre la Seguridad Democrática. La política de sometimiento de las AUC entre 2003 y 2006, negociada bajo la conducción del Alto Comisionado para la Paz Luis Carlos Restrepo, cerró un ciclo formal —el de las autodefensas concebidas como proyecto contrainsurgente unificado— sin desmantelar las economías que las habían sostenido. Los combatientes desmovilizados quedaron, en su mayoría, sin reinserción efectiva, en las mismas regiones donde antes operaban, con las mismas redes y las mismas necesidades económicas. Los corredores del narcotráfico siguieron rindiendo. El Estado no llegó a llenar el vacío del orden social paramilitar en Urabá ni en los Llanos ni en el Bajo Cauca. Las extradiciones masivas de 2008, presentadas como sanción, interrumpieron los procesos de Justicia y Paz y protegieron redes de complicidad política y militar cuyo esclarecimiento apenas comenzaba.
Sobre esa combinación, Don Mario levantó las AGC. Economías intactas. Cuadros sin reinserción. Vacío institucional. Extradiciones que cortaron la verdad judicial. Cuatro condiciones sumadas y un solo operador dispuesto a esperar el momento.
Sería reduccionista, sin embargo, atribuirlo todo al fracaso institucional. La muerte probable de Vicente Castaño en 2007, la disponibilidad concreta de los hermanos Úsuga como socios armados, el conocimiento acumulado del propio Rendón Herrera sobre la economía cocalera desde los años noventa, la relación previa con figuras como El Indio y Fritanga: todas fueron contingencias personales y organizacionales que él supo capitalizar. La oferta de desmovilizar 6.000 efectivos hecha desde su captura sugiere incluso que él mismo se pensaba dentro de un marco negociable, no como parte inevitable de una historia mayor. Su papel fue el de un agente lúcido en un ecosistema propicio, no el de un instrumento pasivo del fracaso ajeno.
Daniel Rendón Herrera cumple hoy una condena en Estados Unidos por delitos de narcotráfico. En Colombia, la organización que fundó opera con más presencia territorial que la que él alcanzó a comandar, con capacidad para negociar de igual a igual con el Estado en las llamadas mesas de paz total abiertas por el Gobierno de Gustavo Petro. Las víctimas del despojo del Meta esperan restitución. Las víctimas de los falsos positivos del Urabá esperan verdad. El país sigue discutiendo si lo que ocurrió entre 2003 y 2009 fue una desmovilización, una reconfiguración o una simple transacción. En su núcleo, el paramilitarismo colombiano no fue nunca un ciclo militar sino un ciclo económico, y los ciclos económicos, mientras la demanda persiste y el Estado no llega, no se desmovilizan.
Conexiones del archivo
Red histórica
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
24 documentos · 33 fragmentos01Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo I. De la violencia a las resistencias ante el Bloque Centauros de las AUCCentro Nacional de Memoria Histórica · 2021 · Páginas 120, 4092 citas
[1]acuerdo con Teófilo Vásquez, puede consultarse a los autores María Teresa Uribe en su texto Urabá, ¿región o territorio? (Uribe, 1992) y a Manuel Alberto Alonso para abordar los procesos de colonización contrainsurgente promovidos por los paramilitares (Vásquez, 1999). 49- Vicente Castaño tuvo una influencia…
p. 120
[3]hectáreas de tierra en el Meta que fueron despojadas por paramilitares del bloque Centauros. El ente acusador señaló que los predios, la mayoría de ellos baldíos, fueron tomados por los hombres de Miguel Arroyave y el extraditado narcopara- militar Daniel Rendón Herrera, alias Don Mario. El señalado ‘fortín’, que…
p. 409
02Justicia y Paz ¿Verdad judicial o verdad histórica?Iván Orozco Abad, María Victoria Uribe, Gina Cabarcas, Luis Carlos Sánchez Díaz · 2012 · Páginas 173, 2672 citas
[2]en estas dos etapas. En la década de los (", la guerrilla se desenvolvía sin dema- siadas di fi cultades en los Llanos Orientales. Los grupos de autode- fensa que hacían presencia allí solamente eran capaces de repeler el avance insurgente en territorios muy especí fi cos, entre otras razones, porque no operaban de…
p. 173
[19]excomandan- te del Bloque Élmer Cárdenas. Para dar cuenta del impacto que tuvieron las extradiciones en el cubrimiento del proceso de Justicia y Paz, a continuación daremos cuenta de cómo el énfasis que le dieron los medios a la voz del victimario determinó lo que se decía sobre el proceso y su &'* Verdad Abierta,…
p. 267
03No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 4861 cita
[4]defeccionaron del proceso de desarme cuando el Gobierno quiso trasladar a los jefes paramilitares a una cárcel. Pero Vicente Castaño probablemente también fue asesinado por sus socios en 2007. Luego, el mando lo tomó Daniel Rendón, conocido como Don Mario, quien mantuvo un ejército ilegal en el Urabá antioqueño y en…
p. 486
04Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUC. Región Caribe, Departamento de Antioquia, Departamento de ChocóÁlvaro Villarraga Sarmiento, Alberto Santos Peñuela, Priscila Zúñiga Jiménez, Margarita Jaimes Velásquez, Lukas Rodríguez Lizcano, Gisela Andrea Aguirre García, Camilo Villamizar Hernández · 2014 · Página 1641 cita
[5]la desaparición y presunta muerte de Vicente Castaño, el liderato recayó indiscutiblemente en Don Mario hasta su captu - ra en 2009 (El Tiempo, 2009, abril 16), cuando ofreció a las auto - ridades desmovilizar 6.000 efectivos (El Tiempo, 2009, abril 18). “Después de la captura de Don Mario a principios de 2009, la…
p. 164
05Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Antioquia, sur de Córdoba y Bajo Atrato chocoanoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Páginas 175, 1782 citas
[6]puros excombatientes y excompañeros que habían sido de nosotros, volvieron a ser compañeros nuestros porque ya ellos quedaron sin apoyo del Estado» 487. Daniel Rendón Herrera –alias Don Mario– capturado en el 2009, Juan de Dios Úsuga –alias Giovanny– y Dairo Antonio Úsuga –alias Otoniel– tomaron el mando de la…
p. 178
[11]pública 480, detuvo y asesinó a una familia de campesinos que se dirigía a cosechar cacao en la vereda Mulatos. Al medio día, en la vereda La Resbalosa, municipio de Tierralta, Córdoba, asesinaron a otra familia en su propia casa. Las víctimas fueron torturadas y asesinadas sin usar armas de fuego, de las ocho…
p. 175
06El Bloque Mineros de las AUC. Violencia contrainsurgente, economías criminales y depredación sexualJuan Esteban Jaramillo Giraldo, José Manuel Hernández, Dairo Correa Gutiérrez · 2022 · Página 3851 cita
[7]la cooptación de otras estructuras mediante alianzas: Paralelamente, las AGC entablaron su propia e intensa guerra que se ex- pandió en varias regiones con ‘los Paisas’; chocaron en Urabá, Córdoba y Medellín y extendieron las disputas al Bajo Cauca y a varias zonas de la región Caribe. Es de recordar que cuando se…
p. 385
07Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo II. El Frente Capital y el declive del Bloque Centauros de las AUCDaniel Ricardo Martínez Bernal (coordinador), Lorena Camacho Muete, Esteban Caviedes Alfonso, Laura Bibiana Escobar García, José María Gutiérrez Sierra, Daniela Moreno Arriola, Daniel Augusto Serrano Corredor, Juan Manuel Villarraga Beltrán · 2021 · Página 501 cita
[8]delitos de homicidio agravado, privación ilegal de la libertad, concierto para delinquir, desaparición forzada, falsedad ideológica en documento público, homicidio en persona protegida, fabricación y tráfico de armas de las Fuerzas Milita- res, entre otros. Así lo expresó alias Don Mario, en el portal Verdad Abierta:…
p. 50
08Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · Página 2431 cita
[9]sitúan dentro del Parque Nacional Natural Nudo de Paramillo, por ejemplo, Ituango, Dabeiba y Peque—, las minas antipersonales y el miedo 163. El Urabá antioqueño, como eje de salida de narcóticos y entrada de armas y contrabando, ha sido una zona en disputa territorial entre grupos ilegales. Buena parte de los…
p. 243
09Exilio colombiano. Huellas del conflicto armado más allá de las fronterasCentro Nacional de Memoria Histórica, Juan Manuel Zarama Santacruz, Randolf Laverde Tamayo, Juan Pablo Luque · 2018 · Página 1531 cita
[10]el banano, por ejemplo, y economías ilegales como el narcotráfico, el contrabando de armas y la trata y tráfico de personas. Durante décadas se ha planteado la construcción de una carretera que atraviese el Tapón del Darién y un nuevo puerto para facilitar la comunicación con el Pacífico; sin embargo, se han quedado…
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10Grupos Armados Posdesmovilización (2006 - 2015). Trayectorias, rupturas y continuidadesTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera Ramírez, Carlos Andrés Hoyos, Javier Benavides Torres, Jefferson Corredor Uyaban, Mateo Morales · 2016 · Página 2741 cita
[12]norte y del eje bananero del Urabá trascendió la dimensión estric- tamente militar y económica al insertarse de manera efectiva en la sociedad local: estabilizaron un orden social y se convirtieron en los garantes de la seguridad y las apuestas de desarrollo, lo que derivó en la legitimación de su autoridad. En este…
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11El derecho a la justicia como garantía de no repetición. Volumen 1. Graves violaciones de derechos humanos: luchas sociales y cambios normativos e institucionales 1985-2012Centro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · Página 1092 citas
[13]paramilitares) que iniciaron con la desmovilización del Bloque Cacique Nutibara en noviembre de 2003 y terminaron con la del Blo- que Élmer Cárdenas en noviembre de 2006, arrojaron la ci- fra de 31. 521 paramilitares desmovilizados (O fi cina del Alto Comisionado para la Paz, 2006). Sin embargo, tanto el cese de…
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[14]paramilitares) que iniciaron con la desmovilización del Bloque Cacique Nutibara en noviembre de 2003 y terminaron con la del Blo- que Élmer Cárdenas en noviembre de 2006, arrojaron la ci- fra de 31. 521 paramilitares desmovilizados (O fi cina del Alto Comisionado para la Paz, 2006). Sin embargo, tanto el cese de…
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12Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · Páginas 333, 3372 citas
[15]Nutibara, que dejó muchas dudas en relación con el número de desmovilizados y su vinculación real con este grupo armado ilegal, el proceso sufrió una grave parálisis. Después se produjo la desmovilización del Bloque Ba nanero liderado por Ever Veloza, pero, según el relato de monseñor Vidal, fue gracias a la decisión…
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[16]un cese al fuego unilateral, que este grupo d«e líderes de las auc aceptó mediante una carta dirigida al presidente Uribe, en la cual se acogían a esta exigencia a partir del 1 de diciembre de 2002. De inmediato el Gobierno nombró, pocas semanas más tarde, el 23 de diciembre, una Comisión Exploratoria de Paz que,…
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13Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · Página 3551 cita
[17]terms of this process, formal talks began in May 2004. The government set up a zone consisting of 368 square kilometers in Santa Fe de Ralito, Cordoba, to relocate demobilized paramilitaries 261 Colombia: A Country Study and conduct the talks, and an Organization of American States (OAS) mission came to verify this…
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14Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander. Tomo II. Bloque Central Bolívar: violencia pública y resistencias no violentasAlberto Santos Peñuela (coordinador del informe y correlator), Luis Miguel Buitrago Roa, Juan Guillermo Jaramillo Acuña, Nicolás Otero González, Rodrigo Torrejano Jiménez · 2021 · Página 3611 cita
[18]la ley por seguir delinquiendo e, incluso, fueron extraditados a los Esta- dos Unidos; algunos otros no se desmovilizaron y tampoco cumplieron penas de privación de la libertad; y unos últimos fueron asesinados por diferentes razones. La idea en esta sección es revisar el panorama de lo que pasó con los comandantes…
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15«¡Déjennos en paz!» La población civil, víctima del conflicto armado interno de ColombiaAmnistía Internacional · 2008 · Página 341 cita
[20]Justicia. De este modo, la dimensión real de las violaciones de derechos humanos cometidas a lo largo de los años por los paramilitares, así como el papel fundamental desempeñado por las fuerzas de seguridad, funcionarios públicos y destacadas personalidades de la política y del mundo empresarial en estos delitos,…
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16Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · Páginas 166, 1742 citas
[21]ridades colombianas” (Reyes, 2011, p. 373). Del mismo modo que la extradi- ción siempre ha sido temida por los narcotraficantes colombianos, grupos defensores de derechos humanos y de la oposición criticaron estas extradi- ciones porque, como se acaba de ver, reducen la posibilidad de hacer justicia sobre crímenes de…
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[22]colombianas” (Reyes, 2011, p. 373). Del mismo modo que la extradi ción siempre ha sido temida por los narcotraficantcs colombianos, grupos defensores de derechos humanos y de la oposición criticaron estas extradi ciones porque, como se acaba de ver, reducen la posibilidad de hacer justicia sobre crímenes de lesa…
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17Gobernar en medio de la violencia. Estado y paramilitarismo en ColombiaJacobo Grajales · 2017 · Página 2341 cita
[23]internacional como un recurso para reforzar su poderío frente a los paramilitares. La amenaza de la extradición no fue el único recurso con el que contaba el Gobierno para hacer presión sobre los paramilitares. Desde cuando los jefes paramilitares depusieron las armas, fueron con fi nados en centros de reclusión. A…
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18Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 1701 cita
[24]de esmeralderos a emerger y cuestionar su poder. El segundo factor fue el descubrimiento en Maripí de importantes vetas para la explotación. Estos nuevos yacimientos estaban, justamente, en manos de algunos de quienes quisieron ocupar el espacio dejado por Carranza, como Horacio Triana, Diosdé González y los hermanos…
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19Autodefensas de Cundinamarca. Olvido estatal y violencia paramilitar en las provincias de Rionegro y Bajo MagdalenaCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Rodrigo Arturo Triana Sarmiento, León Felipe Rodríguez Hernández, César Nicolás Peña Aragón · 2020 · Página 1671 cita
[25]personal y armamento fue en parte cedido a El Águila en 2003 por solicitud de Salvatore Mancuso y Fredy Rendón Herrera El Alemán cuando ya se surtían las negocia- ciones con el gobierno de Álvaro Uribe Vélez (Tribunal Superior de Bogotá, 2014). La presencia del BEC es recordada así por un exparamilitar que previo a su…
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20Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. PacíficoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 1201 cita
[26]20 de julio de 2013. 420 Corte Constitucional, Sentencia SU394/16, 28 de julio de 2016. 421 Según informes del Incoder, en el año 2000 existían dentro del territorio colectivo de Curvaradó 3.636 hectáreas de cultivos de palma africana, mientras que en el área correspondiente a la cuenca del Jiguamiandó, la extensión…
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21Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo IILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · Página 1091 cita
[27]políticos que lanzaran a futuro en las diferentes zonas de injerencia de los bloques; el movimiento se denominó Clamor Campesino Caribe (CCC). Aunque la orden de consolidar alianzas políticas y apoyarlas se la dio Vicente Casta- ño a El Alemán, CCC estuvo liderado por su hermano John Jairo Rendón Herrera, el cual…
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22Una guerra sin edad. Informe nacional de reclutamiento y utilización de niños, niñas y adolescentes en el conflicto armado colombianoCentro Nacional de Memoria Histórica; Katherine López Rojas (coord.); Andrés Felipe Aponte; Carolina Lozano Rodríguez; Linda Lorena Sánchez Avendaño · 2017 · Página 2251 cita
[28]llamó la profesora: ¡Se trajo una granada, señor!, y yo ¡Uy Chirri!, ¿Cómo te llevas una granada pa´ allá? ¡No, no, es que a mí no me gusta el estudio! (…) Yo creo que tenía por ahí, yo creo que él llegó por ahí de diez y seis años. Yo digo que por ahí de diez y siete yo lo mandé a la escuela, pero duró por ahí seis…
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23Desmovilización y reintegración paramilitar. Panorama posacuerdos con las AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · Páginas 269, 3284 citas
[29]septiembre de 2014, “ Detienen a ocho personas señaladas de pertenecer al ‘Clan Úsuga’ en Sucre” y Revista Noche y Niebla N° 50, julio a diciem - bre de 2014, página 104. 103- Información recibida en visitas realizadas por la CNRR-Área DDR a zonas de Sin - celejo, Coveñas y Tolú en 2010. 329 CAPÍTULO IV. PRESENCIA DE…
p. 328
[30]septiembre de 2014, “ Detienen a ocho personas señaladas de pertenecer al ‘Clan Úsuga’ en Sucre” y Revista Noche y Niebla N° 50, julio a diciem - bre de 2014, página 104. 103- Información recibida en visitas realizadas por la CNRR-Área DDR a zonas de Sin - celejo, Coveñas y Tolú en 2010. 329 CAPÍTULO IV. PRESENCIA DE…
p. 328
[32]III. CARACTERÍSTICAS Y DINÁMICAS DE LOS GRUPOS POSDESMOVILIZACIÓN Con las entregas y las capturas de sus jefes Los Rastrojos, di - vididos y debilitados, dejaron de ser el grupo de mayor capaci - dad de expansión para seguir cediendo posiciones a favor de Los Urabeños (AGC), quienes continuaron incursionando en nuevos…
p. 269
[33]III. CARACTERÍSTICAS Y DINÁMICAS DE LOS GRUPOS POSDESMOVILIZACIÓN Con las entregas y las capturas de sus jefes Los Rastrojos, di - vididos y debilitados, dejaron de ser el grupo de mayor capaci - dad de expansión para seguir cediendo posiciones a favor de Los Urabeños (AGC), quienes continuaron incursionando en nuevos…
p. 269
24Nororiente y Magdalena Medio, Llanos Orientales, Suroccidente y Bogotá DC. Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento (coordinador), Alberto Santos Peñuela, Lukas Rodríguez Lizcano, Luisa Fernanda Hernández Mercado, Juanita Esguerra Rezk · Página 321 cita
[31]Barranquilla), Antioquia, sur de Cesar y Magdalena Medio santandereano; y las regiones de explotación minera e hidrocarburos –incluyendo extorsiones a comunida - des mineras y empresas privadas que extraen los recursos de manera legal e ilegal–, dada su importancia para el financia - miento de estos grupos. Los…
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