Apartadó
“Apartadó nació como corregimiento de frontera en una llanura aluvial que el resto del país ignoró durante siglos, y se convirtió en municipio precisamente cuando el capital bananero transnacional llegó a redefinir el sentido de esa geografía.”
En el corazón del Urabá antioqueño, sobre la llanura aluvial que se extiende entre la serranía de Abibe y el golfo de Urabá, Apartadó es la capital indisputada del Eje Bananero colombiano: el municipio concentra cerca del treinta por ciento de las plantaciones de banano de exportación de la región, la mayoría de los bancos y del comercio, y una de las densidades urbanas más altas de la subregión. Su peso en la historia de Colombia excede, sin embargo, su condición de enclave agroexportador. Apartadó es el lugar donde el capital bananero, la colonización antioqueña, la organización sindical más combativa del país y la guerra sucia de los años ochenta y noventa se cruzaron con una intensidad que no tiene equivalente. Aquí se ensayaron, casi al mismo tiempo, el proletariado bananero, el genocidio de la Unión Patriótica, la incursión de las autodefensas de los hermanos Castaño, la primera comunidad de paz del país y la peor masacre urbana perpetrada por las FARC-EP en un barrio de invasión. Cada uno de esos episodios dejó cicatriz visible en el municipio, y ninguno se entiende sin los otros.
Un municipio en la frontera
Apartadó está situado en el nordeste del departamento de Antioquia, en la subregión de Urabá, sobre el eje que corre paralelo al golfo entre Turbo al norte y Chigorodó al sur. Junto con Carepa y Mutatá completa el llamado Eje Bananero, la franja de tierras planas y fértiles donde se concentra el cultivo del banano para exportación. La topografía es la de una llanura aluvial cortada por ríos cortos y caudalosos que bajan de la serranía de Abibe —Apartadó, Churidó, Vijao— hacia el golfo, y esa geografía de humedales, esteros y bosques tropicales fue durante siglos la razón de su marginalidad: territorio de frontera entre los polos coloniales de Cartagena y Antioquia, refugio de esclavos fugitivos y comunidades indígenas, nunca plenamente integrado a la administración de la Nueva Granada.
Esa condición fronteriza no desapareció con la República. Bien entrado el siglo XX, el Urabá seguía siendo, para el resto del país, una región remota, insalubre y prácticamente inaccesible por tierra. La bisagra que la conectó con el interior antioqueño —la carretera al mar, impulsada en la primera mitad del siglo por promotores como Gonzalo Mejía— fue también la que trajo a los colonos que fundaron los caseríos y, más tarde, a los ingenieros que trazaron las primeras plantaciones. Apartadó existió como corregimiento de Turbo antes de convertirse, en 1968, en municipio autónomo, justo cuando la economía del banano comenzaba a redefinir el sentido económico y demográfico de la región entera.
Poblamiento y colonización
La formación del actual núcleo urbano de Apartadó se remonta a comienzos del siglo XX, en el arco temporal en que la colonización antioqueña —que había desbordado el altiplano central hacia el sur del país en el siglo XIX— empujó también hacia el occidente selvático. Los primeros pobladores llegaron a lo largo de las trochas y los ríos, buscando tierras baldías, madera y pesca. Se instalaron en corregimientos que hoy siguen ordenando el municipio: Vijao, Churidó, San José de Apartadó en las estribaciones de la Abibe. Fue una colonización lenta, dispersa, sin títulos formales, hecha por familias que abrieron finca a machete sobre selvas que nadie había cartografiado.
Todo cambió en la década de los sesenta con la instalación en Urabá de la United Fruit Company bajo el nombre de Compañía Frutera de Sevilla, que años después se llamaría Chiquita. La empresa había operado durante décadas en la zona bananera del Magdalena, en el Caribe, y trasladó sus operaciones al Urabá en busca de mayor productividad y salarios más bajos, aunque intentó mantener el control sobre la comercialización de la fruta caribeña. La llegada de la Frutera fue el detonante de una transformación que en menos de una generación convirtió a un territorio de colonos dispersos en un enclave agroindustrial con vocación exportadora. En los años cincuenta, todo el Eje Bananero apenas sumaba unos quince mil setecientos habitantes; para 1985 la cifra superaba los ciento cincuenta mil, con alrededor de treinta y cinco mil trabajadores de tiempo completo en más de veinte mil hectáreas de plantaciones.
Apartadó fue el centro geográfico y comercial de esa explosión. Su municipalización en 1968 —separándose de Turbo— reconocía formalmente lo que ya era una realidad económica: allí estaban los bancos, allí se concentraba el comercio, allí se instalaban las oficinas regionales de las empresas comercializadoras y de Augura, el gremio de los bananeros. La base fiscal del municipio era, en términos regionales, robusta, y le daba al ejecutivo local un presupuesto considerable para atender la infraestructura básica de una población que crecía a un ritmo que ninguna administración podía absorber sin fricciones.
El crecimiento fue desigual desde el principio. Los altos precios internacionales del banano impulsaron la legalización de la tenencia de la tierra, y el Incora inició la adjudicación de baldíos. En más de un caso, sin embargo, ese proceso desconoció a los poseedores previos —campesinos y colonos que habían abierto la selva años antes— y facilitó que inversionistas privados adquirieran a bajo costo, mediante maniobras especulativas y de acaparamiento, los suelos más fértiles del eje proyectado para la expansión bananera. La concentración de tierras que caracterizó al Urabá desde los años setenta no fue un accidente: fue el resultado de una política de adjudicación permeable a los intereses del capital emergente. De ella salieron, simultáneamente, los grandes propietarios de plantaciones y una masa creciente de campesinos sin tierra que engrosaría, primero, la fuerza de trabajo de las fincas y, después, los cinturones de invasión de la cabecera municipal.
La economía bananera
Hacia mediados de los años setenta, el Eje Bananero producía ya volúmenes que colocaban a Colombia entre los principales exportadores mundiales de la fruta, y Apartadó era su capital operativa. La estructura del negocio combinaba la presencia de comercializadoras internacionales —la Frutera de Sevilla, transformada más tarde en Chiquita, junto con otras firmas— con un tejido de productores locales agrupados en Augura. Ese arreglo generó una industria con capacidad exportadora y con capacidad de presión política: Augura apoyó inversiones sociales en la región —canchas deportivas, parques, escuelas, clínicas—, financiadas en buena parte con recursos departamentales y nacionales, para atender demandas de trabajadores y comunidades, pero se opuso con firmeza a los impuestos locales a la propiedad y a los gravámenes sobre las exportaciones de banano. La riqueza que producía la región se contabilizaba en dólares en Medellín, en Nueva York, en los puertos del golfo; el municipio recibía las externalidades sociales del auge sin capturar más que una fracción de su renta.
El modelo, además, era intensivo en mano de obra y estacional en sus picos de trabajo. La fruta, una vez cortada, no espera: hay que empacarla y embarcarla en cuestión de horas o se pierde. Esa característica biológica del banano, aparentemente técnica, se volvería determinante en la historia política del municipio. Un paro en el día del corte no era una molestia: era una pérdida inmediata y cuantificable. Los sindicatos que aprendieran a moverse en ese calendario tendrían, por primera vez en la historia del país, un instrumento de presión con dientes reales.
El sindicalismo y sus enemigos
El sindicalismo bananero de Urabá se organizó tarde en términos comparados con otras industrias, pero cuando lo hizo, creció con velocidad inusual. En 1980 se fundó Sintagro, sindicato afiliado al Partido Comunista Marxista-Leninista, la organización política vinculada al Ejército Popular de Liberación (EPL). Operaba de manera clandestina, en un ambiente donde la afiliación pública podía costar el trabajo o la vida, y su implantación en las fincas fue rápida. Paralelamente creció Sintrabanano, ligado al Partido Comunista Colombiano y a la órbita política de las FARC. Los dos sindicatos coexistían con proyectos políticos rivales, pero compartían un mismo repertorio de lucha: la huelga programada en el día del corte, cuando la pérdida patronal era máxima.
Esa combinación de politización de izquierda, clandestinidad y eficacia económica hizo del sindicalismo bananero un actor incómodo para los propietarios de las plantaciones y para las comercializadoras. La respuesta empresarial osciló entre la negociación —cuando la coyuntura obligaba— y la denuncia de que los dirigentes sindicales eran, en realidad, guerrilleros infiltrados. Esa retórica de incriminación se convirtió, con los años, en la justificación pública de una campaña de exterminio.
Sintagro y Sintrabanano se unieron después para formar Sintrainagro, el sindicato agrario que aún hoy agrupa a los trabajadores del banano. Las personerías jurídicas de los dos sindicatos originarios fueron suspendidas a finales de 1988, como consecuencia del paro nacional del 19 de octubre de ese año convocado por las centrales obreras. La fusión ocurrió en un contexto de escalada: los paramilitares, en connivencia con propietarios de fincas, ya habían comenzado a asesinar sistemáticamente a dirigentes y afiliados sindicales, y lo seguirían haciendo bajo la acusación de ser guerrilleros —repertorio que combinaba la eliminación física del liderazgo obrero con la deslegitimación pública del movimiento entero.
El caso emblemático de esa violencia sobre los trabajadores fue la masacre de las fincas Honduras y La Negra. El 4 de marzo de 1988, un grupo de aproximadamente treinta paramilitares encapuchados llegó a la finca Honduras, en el corregimiento de Currulao del vecino municipio de Turbo, y asesinó a diecisiete trabajadores sindicalizados en Sintagro; de inmediato se trasladaron a la finca La Negra, donde mataron a otros cuatro. La acción, atribuida a estructuras vinculadas a los hermanos Castaño, inauguró un patrón que se repetiría con variantes durante la década siguiente en fincas de Turbo, Apartadó, Carepa y Chigorodó.
Guerrilla, tregua y toma de tierras
La presencia guerrillera en Urabá antecedió a la eclosión bananera y se transformó con ella. Las FARC habían establecido en la región el Frente 5, y desde los años setenta operaban con cierta continuidad territorial. En 1978, un grupo de aproximadamente veinte guerrilleros de ese frente, encabezado por Naín Piñeros y Bernardo Gutiérrez, se escindió y pasó a engrosar las filas del EPL. Los motivos de la ruptura, según relataron los propios protagonistas años después, incluyeron el rechazo a lo que consideraban ajusticiamientos caprichosos, el trato irrespetuoso a la población civil y la percepción de que las FARC se habían convertido en aparato de protección de terratenientes en algunas zonas del país. Esa escisión, aparentemente episódica, sembró la coexistencia rival de dos proyectos insurgentes en el mismo territorio: una convivencia que en los años noventa se convertiría en guerra abierta.
Entre 1984 y 1985, en el marco de la tregua pactada entre el gobierno de Belisario Betancur y las guerrillas, el PC-ML impulsó tomas de tierra en Apartadó como respuesta al hacinamiento de los trabajadores bananeros en la cabecera municipal. Miles de campesinos y obreros invadieron predios en el municipio y sus alrededores; algunos de esos asentamientos se consolidaron con el tiempo como barrios enteros, entre ellos el que llegaría a llamarse La Chinita. La tregua fue también el marco en que se ensayó la Unión Patriótica, el proyecto político-electoral impulsado por las FARC y el Partido Comunista para incorporar a la izquierda a la vida democrática legal. En Urabá, la UP encontró un electorado natural entre los trabajadores bananeros y los colonos.
Fue precisamente entonces cuando comenzó el exterminio.
El exterminio de la Unión Patriótica
Desde 1986, los paramilitares vinculados a los hermanos Fidel, Carlos y Vicente Castaño Gil —al menos los dos primeros originarios de Amalfi, en el nordeste antioqueño— comenzaron a asesinar sistemáticamente a miembros de la UP, sindicalistas y aliados políticos en Córdoba y en Urabá. La justificación que ellos mismos ofrecieron fue simple: consideraban a los militantes de la UP como agentes de las FARC disfrazados de civiles. La consecuencia, entre 1984 y 2000, fue una campaña de exterminio que dejó al menos cuatro mil ciento cincuenta y tres personas asesinadas o desaparecidas en todo el país, muchas de ellas concentradas en el Eje Bananero.
En Apartadó, la eliminación fue casi total. Concejales, dirigentes sindicales, líderes barriales, promotores agrarios, candidatos locales: la clase política y sindical que había emergido al calor de la tregua fue borrada del mapa en pocos años. Las unidades militares con presencia en Urabá, incluyendo la brigada dirigida entre 1995 y 1998 por el general Rito Alejo del Río —condenado en 2012 por sus vínculos con el paramilitarismo—, tuvieron relaciones documentadas con los grupos armados que perpetraron esos crímenes.
En diciembre de 2012, en el proceso de Justicia y Paz contra Éver Veloza, alias HH, exjefe paramilitar del Bloque Bananero de las AUC, los jueces reconocieron que el exterminio de la UP constituye un genocidio político. En septiembre de 2016, el presidente Juan Manuel Santos reconoció públicamente la responsabilidad del Estado colombiano en ese exterminio, admitiendo que las instituciones no tomaron medidas suficientes para impedir los asesinatos y atentados. Esos reconocimientos institucionales llegaron cuando la generación política aniquilada ya no estaba viva para escucharlos.
El efecto de la campaña de exterminio en el imaginario político regional fue duradero. En Apartadó y en el Urabá entero, la percepción de que los movimientos y partidos políticos alternativos ya no son viables ni seguros se instaló como una forma de sentido común, generando autocensura y un abandono generalizado de la participación política por fuera de los partidos tradicionales. Fue un genocidio con eficacia política sostenida en el tiempo.
Los Castaño, las ACCU y el Bloque Bananero
La consolidación paramilitar en Urabá fue obra de una familia y de una organización. Los hermanos Castaño Gil crearon en el sur de Córdoba, desde mediados y finales de los años ochenta, un aparato armado que combinó objetivos antisubversivos con la apropiación de tierras para lavar dinero y asegurar territorios para la cadena productiva de la coca. Fidel Castaño acumuló riqueza como narcotraficante vinculado al Cartel de Medellín, y Carlos colaboró con Pablo Escobar en distintos momentos, sin que existiera un acuerdo formal del Cartel como institución con el proyecto paramilitar.
En marzo de 1995, Carlos Castaño, Vicente Castaño y Carlos Mauricio García, alias Rodrigo o Doble Cero, formalizaron —o reorganizaron— la estructura armada que operaría en la región bajo el nombre de Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU). Ese mismo año, el Bloque Bananero de las ACCU, con base en Urabá y bajo el mando de un comandante identificado con el alias H.H., avanzó hacia el sur a través de los pueblos y las plantaciones bananeras de la orilla oriental del golfo. Su expansión respondía en parte a los reclamos de élites políticas y económicas regionales, que veían en los paramilitares una respuesta al secuestro, la extorsión y el asesinato selectivo de administradores y capataces por parte de las guerrillas. Las ACCU se convertirían, pocos años después, en la columna vertebral sobre la que se construyó la federación nacional de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC).
La disputa por el control de Apartadó y su entorno rural se libró en múltiples registros al mismo tiempo: sobre la tierra, sobre las fincas, sobre los barrios de invasión, sobre las oficinas de los sindicatos, sobre las carreteras que conectaban el golfo con Medellín. Las ACCU despojaron a comunidades campesinas como la de las Tulapas, modificaron sus formas de relacionarse con el territorio y acapararon tierras tras sus incursiones. El Urabá antioqueño era, además, un corredor estratégico para el tráfico de narcóticos y el ingreso de armas: esa condición geográfica agregó a la disputa política y agraria una dimensión propiamente narcocriminal que hizo del municipio una encrucijada de intereses casi imposibles de desanudar.
La Chinita y la guerra intraizquierdista
El otro frente de la guerra en Apartadó no enfrentaba al capital contra el trabajo, sino a dos proyectos guerrilleros entre sí. En marzo de 1991, el EPL se desmovilizó en el marco de un proceso de paz con el gobierno de César Gaviria y sus excombatientes se organizaron en el movimiento político Esperanza, Paz y Libertad. Las FARC, que habían visto con recelo esa negociación y consideraban traición la reincorporación de sus antiguos rivales del PC-ML, iniciaron una persecución sistemática contra los desmovilizados —los llamados Esperanzados— en un proceso que algunos observadores describieron como espejo macabro del exterminio de la Unión Patriótica.
Apartadó fue el escenario principal de esa guerra. El 23 de enero de 1994, un comando de las FARC-EP ingresó al barrio La Chinita, una invasión promovida por antiguos militantes del PC-ML para dar vivienda a trabajadores bananeros y que albergaba al menos cinco mil familias de influencia del EPL desmovilizado. En el ataque, los guerrilleros asesinaron a treinta y cinco personas, entre ellas una mujer y dos niños. La masacre fue descrita como la peor de las ocurridas en Urabá durante ese período. En septiembre de 2016, las FARC-EP reconocieron el hecho como crimen de guerra; Iván Márquez admitió que una estructura miliciana lo perpetró, pero no reconoció la autoría intelectual de los jefes guerrilleros, atribuyendo la orden a un error de mando medio.
La respuesta de los desmovilizados del EPL, viéndose en riesgo fatal, fue rearmarse. Bajo el nombre de Comandos Populares, un sector de los Esperanzados retomó las armas y se alió con la organización de los Castaño, integrándose a los aparatos paramilitares que se expandían por la región. Más tarde, muchos de ellos se sumarían a las Cooperativas de Vigilancia y Seguridad Privada (Convivir), figura legal creada en los años noventa que fue crucial en la expansión del paramilitarismo. La violencia de los años noventa en Apartadó dejó así un ciclo perverso: guerrilla contra guerrilla desmovilizada, desmovilizados rearmados aliados a paramilitares, paramilitares tolerados por sectores del Estado y financiados por empresarios, guerrillas que a su turno hostigaban a los cultivadores competidores y recibían pagos de empresas bananeras —Chiquita entre ellas, a través en su momento de un exmilitar estadounidense que fue gerente de la compañía— al menos hasta 1997.
Ningún actor tuvo el monopolio del horror. Las FARC asesinaron a administradores de fincas, a capataces, a civiles de La Chinita; los paramilitares aniquilaron a la UP, a los sindicalistas, a comunidades enteras; los Comandos Populares hicieron parte del engranaje paramilitar. La lógica extractiva del enclave bananero —la concentración de tierras, la proletarización masiva, el despojo de colonos, la resistencia sindical y su represión— proveyó el combustible estructural del conflicto, mientras la forma que tomó la violencia fue moldeada por la contingencia de actores armados en competencia y por la eficacia con la que ciertas élites regionales usaron a los paramilitares para cerrar el espacio político abierto por la tregua Betancur.
La resistencia civil
En medio de esa guerra, y precisamente porque ningún actor armado ofrecía protección real, nacieron en Apartadó experiencias de resistencia civil que se volverían referencia internacional. En 1985, en el corregimiento de San José de Apartadó, en las estribaciones de la serranía de Abibe, el líder campesino Bartolo Cataño fundó la cooperativa Balsamar, una organización de producción comunitaria que llegó a contar con la participación de veintidós asentamientos y que constituyó, durante años, la principal experiencia asociativa campesina de la zona alta del municipio.
Sobre esa base organizativa se levantó, en 1997, la Comunidad de Paz de San José de Apartadó, uno de los primeros experimentos del país de neutralidad activa frente al conflicto armado. La comunidad declaró su rechazo a colaborar con todos los actores armados, incluida la fuerza pública, y fundamentó su posición en el principio de distinción entre civiles y combatientes del Derecho Internacional Humanitario. La decisión les costó caro: sus miembros fueron víctimas de asesinatos, desplazamientos y estigmatización por parte de todos los bandos. La experiencia, sin embargo, sobrevivió y se convirtió en modelo para otras comunidades de paz y zonas humanitarias que surgirían en el Chocó y en el resto del Urabá.
En 2003, organizaciones comunitarias del Atrato —FISCH, Cocomacia, OREWA, Ascoba—, acompañadas por las diócesis de Quibdó y Apartadó y por la Defensoría del Pueblo, organizaron la peregrinación fluvial Atratiando: por un buen trato en el Atrato, que navegó quinientos kilómetros desde Quibdó hasta Turbo para recuperar la movilidad comunitaria por el río en un territorio bloqueado por los actores armados. Apartadó, sede diocesana y núcleo urbano regional, funcionó como uno de los polos de esa iniciativa. La ciudad que había sido capital del terror era también, al mismo tiempo, capital de las alternativas cívicas al terror.
Alcaldía bajo fuego: Gloria Cuartas
Ningún nombre condensa mejor la doble condición de Apartadó en los años noventa que el de Gloria Cuartas, alcaldesa del municipio entre 1995 y 1997. Cuartas asumió el cargo en el peor momento del conflicto, cuando el Bloque Bananero de las ACCU avanzaba sobre la región, las FARC-EP hostigaban desde el rural y los Comandos Populares operaban en connivencia con los paramilitares. Durante su alcaldía, funcionarios, concejales, líderes comunitarios y ciudadanos comunes eran asesinados con regularidad; la alcaldesa misma vivió bajo amenaza permanente y su gestión se convirtió en una batalla diaria por sostener la institucionalidad civil en un municipio donde el poder efectivo estaba disputado entre organizaciones armadas.
Cuartas se convirtió en símbolo internacional de la resistencia cívica al conflicto. Recibió reconocimientos de la UNESCO y de organizaciones de derechos humanos, y su nombre quedó asociado a una forma de gobierno local sostenida en la denuncia pública, la defensa de la neutralidad de la población civil y el rechazo abierto a los pactos con los actores armados. Su alcaldía marcó también el momento en que la crisis de Apartadó dejó de ser un asunto estrictamente regional y pasó a ocupar la atención de los organismos internacionales.
Después de las AUC
La desmovilización de las AUC entre 2003 y 2006, negociada con el gobierno de Álvaro Uribe, incluyó al Bloque Bananero. Diego Fernando Murillo, alias Don Berna, figura central del paramilitarismo antioqueño y con presencia en el Urabá, fue uno de los jefes que se acogieron al proceso; Éver Veloza, alias HH, comandante del Bloque Bananero, se sometió a Justicia y Paz y sus declaraciones —incluyendo la que motivó el reconocimiento judicial del genocidio de la UP en 2012— aportaron parte del acervo probatorio sobre lo ocurrido en la región.
La desmovilización, sin embargo, no cerró el ciclo. Estructuras sucesoras —lo que las autoridades comenzaron a llamar bandas criminales— retomaron parte del control territorial que dejaban las AUC, y el Urabá siguió siendo corredor estratégico para el narcotráfico y el contrabando. La reparación de las víctimas, la restitución de las tierras despojadas y el esclarecimiento judicial de miles de crímenes avanzaron con lentitud desigual. Los procesos de restitución, en particular, chocaron con la resistencia de los actuales tenedores de los predios despojados durante décadas y con la persistencia de amenazas contra los líderes reclamantes.
Huella
Apartadó llegó al siglo XXI convertido en uno de los municipios más significativos de Colombia por razones que ninguna administración habría elegido publicitar. Aquí se probó, en versión concentrada, casi todo lo que definió el conflicto armado colombiano: la economía de enclave agroexportador, la organización sindical bajo condiciones de clandestinidad, la tregua fallida de los años ochenta, el genocidio político contra la UP, la irrupción paramilitar con financiación empresarial y complicidad militar, la guerra intraizquierdista entre FARC y EPL desmovilizado, la masacre urbana como método, el desplazamiento forzado, el despojo territorial, la resistencia civil organizada, la desmovilización paramilitar y sus reciclajes posteriores.
La ciudad que hoy se recorre —con su comercio activo, sus barrios que crecieron como invasión y hoy son cabecera consolidada, sus fincas bananeras que siguen exportando fruta a Europa y a Estados Unidos— convive con las huellas de esos treinta años de guerra. En el Centro Nacional de Memoria Histórica, en los procesos de Justicia y Paz, en las sentencias de restitución de tierras, en los informes de la Comisión de la Verdad y en los testimonios de las víctimas, Apartadó aparece una y otra vez como caso paradigmático. No porque lo que ocurrió allí sea único —cosas parecidas pasaron en el Magdalena Medio, en el Catatumbo, en el sur de Bolívar—, sino porque en Apartadó todos los hilos del conflicto se anudaron en un mismo lugar y en un mismo tiempo, con una intensidad que hace del municipio, más que un caso entre otros, el laboratorio donde puede leerse, en corte transversal, la historia entera del país durante el último medio siglo.
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Documentos y fragmentos citados
33 documentos · 47 fragmentos01Gobernar en medio de la violencia. Estado y paramilitarismo en ColombiaJacobo Grajales · 2017 · p. 73, 1232 citas
[1]ya fue destacada (véase el capítulo 1). Desde la época colonial, cuando la región se constituyó como un refugio para esclavos fugitivos y comunidades indígenas, este territorio permaneció como una zona de frontera y jamás fue integrado efectivamente a la unidad administrativa de la Nueva Granada. No obstante, su…
p. 123
[16]y, además, le exigían a uno el pago de la vacuna (extorsión). ¡La madre! Yo es por eso que nunca dejé sindicatos en mi empresa, así me fue bien. 12 Con el progreso de la producción de banano se desplegó la violencia contra los sindicatos. No se trataba solo de una serie de actos violentos contra los líderes de las…
p. 73
02El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 1842 citas
[2]los ojos ante el resultado de una investigación interna que lo vinculaba con narcotraficantes, según el “Oficio 002-BR4-01-746”. El general Navas Rubio fue destituido en 1992, pero a raíz de la “fuga” del narcotraficante Pablo Escobar Gaviria de la cárcel, pues era el director general de prisiones. “Tierra arrasada”…
p. 184
[3]los ojos ante el resultado de una investigación interna que lo vinculaba con narcotraficantes, según el “Oficio 002-BR4-01-746”. El general Navas Rubio fue destituido en 1992, pero a raíz de la “fuga” del narcotraficante Pablo Escobar Gaviria de la cárcel, pues era el director general de prisiones. “Tierra arrasada”…
p. 184
03Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 5621 cita
[4]expresado otras comunidades de la Costa Caribe, Santander del Norte, Risaralda y Tolima, todos las cuales realizaron marchas en sus regiones como parte de la m inga. Estas movilizaciones han ampliado e intensificado sus articulaciones con otros procesos como el ya mencionado de la Asociación Nacional de Zonas de…
p. 562
04Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo ILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · 2022 · p. 36, 482 citas
[5]la dinámica poblacional de la región (Botero, 1990, p. 19-29). Los altos precios internacionales del banano aumentaron el interés por la le- galización de la tenencia de la tierra y la adquisición de predios para vincularse a este negocio, ya que uno de los requisitos solicitados era contar con títulos de propiedad.…
p. 48
[6]presenta el mayor dinamismo económico y sobre la cual se ha proyectado, desde la segunda mitad del siglo XX, la construcción de infraestructuras portuarias y de comunicación entre el norte y sur del continente, tales como la vía panamericana y el puente interoceánico para la conexión entre el litoral Pacífico y el mar…
p. 36
05Violent Democratization: Social Movements, Elites, and Politics in Colombia's Rural War Zones, 1984-2008Leah Anne Carroll · 2011 · p. 73, 812 citas
[7]for any of several more reform- ist Liberal factions, which were almost exclusively urban. 4 However, this central social antagonism between banana workers and plantation owners was especially sharp in Apartadó, making it the best case study of violent democratization in the region. Apartadó was the un- 56 Violent…
p. 73
[12]1985–86 (disunity with FARC) FARC) A dissident faction remains an armed No cease-fire 1987–88 (unity with FARC) insurgency, thereafter called EPL dissidence. Banana 1980: Sintagro Sintagro grows quickly, declandestinizes Stable membership; Sintrainagro has stable membership. workers’ becomes PCML- joins Sintabanano to…
p. 81
06At the Margins of the Global Market: Making Commodities, Workers, and Crisis in Rural ColombiaPhillip A. Hough · 2022 · p. 183, 2182 citas
[8]s population jumped some 15,700 residents in the 1950s to over 150,463 by 1985, with some 35,000 working full-time on just over 20,000 ha of banana plantations. 79 Given this explosive concentration of labor, Augura had to develop innovative ways to maintain control of the region and block what was becoming the…
p. 183
[11]and invested in schooling for the children of bananas workers. 53 This said, Augura it is careful to avoid any signi fi cant redistributionary efforts such as major taxes on exports that could dull its competitive edge relative to other competitors in the market. Thus, it has supported efforts to use departmental and…
p. 218
07Tierra y carbón en la vorágine del Gran Magdalena. Los casos de las parcelaciones de El Toco, El Platanal y Santa FeYamile Salinas Abdala, María Paula Hoyos, Ana María Cristancho · 2018 · p. 261 cita
[9]Barranqui- lla, 2015, 13 de julio, radicado 2008-83160, Sentencia condenatoria contra Ferney Alberto Argumedo Torres). El auge de la marihuana coincidió con la reactivación de la in- dustria bananera en el Gran Magdalena hasta su declive a finales de los setenta por la competencia de la Frutera Sevilla, filial de…
p. 26
08The Agrarian Question and the Peasant Movement in Colombia: Struggles of the National Peasant Association, 1967-1981Leon Zamosc · 1986 · p. 611 cita
[10]pattern of continuing evictions and new invasions was still going on toward the end of the 1960s. 19 Another unsolved conflict, also on the Atlantic coastline, was that of the possessions of the Frutera de Sevilla Company (a subsidiary of the United Fruit Company) in the banana zone of the department of Mag- dalena.…
p. 61
09Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Antioquia, sur de Córdoba y Bajo Atrato chocoanoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 86, 1012 citas
[13]de Paula Vélez, en San Pedro de Urabá y Voltígeros, en Carepa. En las décadas de 1980 y 1990, estas unidades militares tuvieron vínculos con grupos paramilitares de Córdoba y Urabá 247. Las huelgas y paros masivos, especialmente el paro nacional del 19 de octubre de 1988, convocado por las centrales obreras, tuvieron…
p. 101
[30](Acdegam) en 1982 187 y las autodefensas de la Casa Castaño en Córdoba y Urabá a mediados de la década de 1980. Otros grupos de seguridad privada ilegal se armaron en el suroeste, norte, nordeste, Bajo Cauca y Oriente antioqueño. La primera generación paramilitar del norte de Antioquia y el sur de Córdoba siguió el…
p. 86
10No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 201, 3012 citas
[14]política durante la tregua le había permitido un crecimiento exponencial entre la clase obrera del banano. Los sindicatos se hicieron fuertes y las huelgas frecuentes. Se realizaban justo en los días de corte de la fruta y así, si no había un pronto arreglo con los patrones, esta se pudría y las pérdidas eran…
p. 201
[38]barrio obrero conocido como La Chinita, en Apartadó, el 23 de enero de 1994 900. El barrio era una invasión promovida por los antiguos militantes del PCML, para otorgarles viviendas a trabajadores de las empacadoras de banano que vivían en con- diciones infrahumanas en barracas junto a las plantaciones. En La Chinita…
p. 301
11La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo IICentro Nacional de Memoria Histórica · 2022 · p. 2661 cita
[15]Por lo tanto, el sindicato de las empresas ubicadas en estos lugares de vocación productiva bananera quedó en medio del control de los paramilitares que operaban en la región. Como forma de ejercer dicho control, en connivencia con los grandes propietarios, se procuró suprimir todo tipo de organizaciones sindicales…
p. 266
12Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013Mario Aguilera Peña · 2013 · p. 1001 cita
[17]ejército y farc”, El Bogotano, mayo 8 de 1976; “Las farc y el eln vuelven a atacar”, El Bogotano, mayo 21 de 1976; “Ultimátum de las farc. Al paredón rehenes. Los guerrilleros exigen libertad de políticos acusados de ser enlaces urbanos”, El Bogotano, mayo 31 de 1976. 102 Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de…
p. 100
13More Terrible Than Death: Drugs, Violence, and America's War in ColombiaRobin Kirk · 2003 · p. 1941 cita
[18]police to install the American equipment used to capture Escobar's cell phone conversations. Diego Fernando Murillo, known as "Don Berna" and one of Castano's main allies, frequently visited the headquarters occupied by DEA and CIA teams. The "devil's table," it appeared, had plenty of room for the American officials…
p. 194
14Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 660, 7872 citas
[19]las FARC-EP. Entrevista 646-PR-02640. Hombre, excombatiente de las FARC-EP. hasta la guerra tiene límites 788 de esos desmovilizados los nombró escoltas. Escoltas del DAS, y entonces ¿qué pasa? Algunos de ellos trabajaron con la fuerza pública» 2720. En la guerra, Caraballo había sostenido en un medio de difusión del…
p. 787
[27]los Comandos Populares, se dio una disputa entre las FARC-EP y las disidencias de esta guerrilla que fue aprovechada por los parami- litares 2178. A medida que se reconfiguraba el mapa de grupos armados en la zona, las 2175 Base consolidada del proyecto conjunto JEP-CEV-HRDAG de integración de datos y estimaciones…
p. 660
15Guerras RecicladasMaría Teresa Ronderos · 2014 · p. 2631 cita
[20]Esperanza, Paz y Libertad, con sus familias. Los hombres armados masacraron a 35 personas, entre ellos una mujer y dos niños. Fue la peor de las 18 masacres que, según una investigación del Centro de Memoria Histórica, hubo en el Urabá en esos años, cuando la disidencia del EPL que no se había desmovilizado se unió a…
p. 263
16Plan Colombia: U.S. Ally Atrocities and Community ActivismJohn Lindsay-Poland · 2018 · p. 57, 612 citas
[21]to growers at the time. The farc, for its part, harassed competing banana growers. The payments to farc, often made by a former U.S. military pi lot who was a Chiquita man ag er in Colom - bia, continued through at least 1997. 26 These changes on the armed Left coincided with the growth of paramili - tary death squads…
p. 61
[46]in 1970 and constructed a house and worked the land. Cataño and other leaders worked with women, children, farmwork - ers, and small business owners to complete the road to San José, drawing sand from the river, sharing food, and sharing the work. When Apartadó’s military mayor reneged on a promise to provide trucks…
p. 57
171989María Elvira Samper · 2019 · p. 481 cita
[22]y desmoralizar a comunidades enteras. Entre 1984 y 2000, la campaña exterminio adelantada por narcoparamilitares con la complicidad de agentes del Estado, deja por lo menos 4.153 personas asesinadas o desaparecidas, sin contar a las víctimas de tipos de violencia no letal. En diciembre de 2012, dentro del proceso de…
p. 48
18Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 248, 2664 citas
[23]viable a los partidos tradicionales Liberal y Conservador. Durante un breve período de tiempo, miles de colombianos militaron en el nuevo partido, y un número considerable de ellos vivía en los fortines de la guerrilla en Córdoba y Urabá. Una de las tragedias de la reciente historia de Colombia es que casi todos los…
p. 248
[24]viable a los partidos tradicionales Liberal y Conservador. Durante un breve período de tiempo, miles de colombianos militaron en el nuevo partido, y un número considerable de ellos vivía en los fortines de la guerrilla en Córdoba y Urabá. Una de las tragedias de la reciente historia de Colombia es que casi todos los…
p. 248
[35](alias 88 Glenda Martínez, Salvatore, 111. 89 Glenda Martínez, Salvatore, 109-110. 266 James D. Henderson H. H.), comandante del Bloque Bananero de las ACCU con base en Urabá, se trasladaron hacia el sur a través de pueblos y aldeas dispersos en medio de las plantaciones de banano a lo largo de la orilla oriental del…
p. 266
[36](alias 88 Glenda Martínez, Salvatore, 111. 89 Glenda Martínez, Salvatore, 109-110. 266 James D. Henderson H. H.), comandante del Bloque Bananero de las ACCU con base en Urabá, se trasladaron hacia el sur a través de pueblos y aldeas dispersos en medio de las plantaciones de banano a lo largo de la orilla oriental del…
p. 266
19Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo IILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · p. 247, 2532 citas
[25]tam- bién empieza como a perder ese… ese rol propio de defender libremente al trabajador. Entonces se presentaron muchos vacíos. (CNMH-DAV, exmili- tante de Esperanza, Paz y Libertad, Apartadó, 2017, 3 de diciembre) Otro daño político derivado de la desaparición de la UP fue la instalación en el imaginario y en el…
p. 247
[42]bien gente de afuera. Gente de afuera que… que ha tenido la visión de que, por ejemplo, pasará por aquí la [carretera] Panamericana, pasará lo de la doble calzada, y ahora son beneficiarios de grandes proyectos con eso. (CNMH-DAV, mujer de 50 años, líder de víctimas, Chigorodó, 2017) Algo similar sucedió en la zona de…
p. 253
20Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · p. 3351 cita
[26]climbed to 3,510 million pesos. 12 As had occurred in the 1940s, so also in the second half of the 1980s good economic conditions coincided with a recrudescence of violence. Taken together the growth of paramilitary gangs, the proliferation of sicarios, the systematic elimination of leaders of the leftist political…
p. 335
21Paramilitarismo. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera · 2018 · p. 771 cita
[28]luego en las AUC. A comienzos de los años noventa, la desmovilización del EPL, y de los grupos armados del Clan Castaño en el contexto de la Asamblea Nacional Constituyente, parecían representar el princi- pio del viraje hacia el fin de la violencia política en la región. Sin embargo, a pesar de este panorama…
p. 77
22Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 5951 cita
[29]el presidente de la República condenó los hechos… El 21 de febrero de 1988, a escasas tres semanas de celebrarse la primera elección popular de alcaldes, se inauguró “el año de las masacres”, con el ataque de un grupo de paramilitares en el caserío de Piñalito, Vistahermosa, en el Meta, donde asesinaron a 14…
p. 595
23La maldita tierra. Guerrilla, paramilitares, mineras y conflicto armado en el departamento de CesarCésar Molinares Dueñas, Nathan Jaccard · 2016 · p. 431 cita
[31]enviados a Cesar por el ganadero cordobés Sal- vatore Mancuso, cumplían órdenes de René Ríos, alias Santiago Tobón y del exguerrillero Baltazar Mesa Durango (Verdadabier- ta.com, 22 de agosto de 2013, “La historia del “Juan Andrés Ál- varez””). En 1996 el paramilitarismo iniciaba una expansión sin precedentes bajo la…
p. 43
24The Para-State: An Ethnography of Colombia's Death SquadsAldo Civico · 2016 · p. 1141 cita
[32]for being a guerrilla nest, a pueblo guerrillero. Their spectacular violence was an act of purification and reeducation. The violence was performed by paramilitary groups, which had turned into powerful and well-organized regional armies. Their development and expansion were the result of the leadership and initiative…
p. 114
25Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo I. De la violencia a las resistencias ante el Bloque Centauros de las AUCCentro Nacional de Memoria Histórica · 2021 · p. 1181 cita
[33]De acuerdo con el CNMH (2018) la inserción de la familia Castaño a comienzos de los ochenta en el sur de Cór- doba no se interpreta únicamente a razón de objetivos antisubversivos, sino como parte de una etapa de la larga colonización empresarial antioqueña, con la diferencia de que “a los tradicionales hacendados…
p. 118
26Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUC. Región Caribe, Departamento de Antioquia, Departamento de ChocóÁlvaro Villarraga Sarmiento, Alberto Santos Peñuela, Priscila Zúñiga Jiménez, Margarita Jaimes Velásquez, Lukas Rodríguez Lizcano, Gisela Andrea Aguirre García, Camilo Villamizar Hernández · 2014 · p. 241 cita
[34]por Fidel Castaño en el sur de Córdoba y Urabá, en los últimos años ochenta, de manera que su despliegue se relaciona con la compra de tierras e instalación de infraestructura del nego - cio ilegal de la coca por parte de reconocidos miembros del Car - tel de Medellín y por los propios Castaño, con la fuerte ofensiva…
p. 24
27La guerra vino de afuera. El Bloque Pacífico en el sur del Chocó: una herida que aún no cierraCentro Nacional de Memoria Histórica, Laura Bibiana Escobar García, Laura Catalina Tovar Bohórquez, Esteban de Jesús Caviedes Alfonso · 2022 · p. 681 cita
[37]ya entrada la década de los noventa, sirvieron como plataforma para el posicionamiento, a nivel nacional, de los hermanos Castaño, las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU) y las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC); y en la dimensión regional, de los grupos paramilitares en el sur del Chocó y su costa…
p. 68
28Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · p. 2431 cita
[39]sitúan dentro del Parque Nacional Natural Nudo de Paramillo, por ejemplo, Ituango, Dabeiba y Peque—, las minas antipersonales y el miedo 163. El Urabá antioqueño, como eje de salida de narcóticos y entrada de armas y contrabando, ha sido una zona en disputa territorial entre grupos ilegales. Buena parte de los…
p. 243
29Exilio colombiano. Huellas del conflicto armado más allá de las fronterasCentro Nacional de Memoria Histórica, Juan Manuel Zarama Santacruz, Randolf Laverde Tamayo, Juan Pablo Luque · 2018 · p. 1531 cita
[40]el banano, por ejemplo, y economías ilegales como el narcotráfico, el contrabando de armas y la trata y tráfico de personas. Durante décadas se ha planteado la construcción de una carretera que atraviese el Tapón del Darién y un nuevo puerto para facilitar la comunicación con el Pacífico; sin embargo, se han quedado…
p. 153
30Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 1691 cita
[41]se expandió hacia las regiones vecinas como el Urabá chocoano y antioqueño, el bajo Cauca y el Nordeste antioqueño (CNMH, 2010-c, página 97). En tanto se concretaban grandes proyectos de infraestructura como la carretera Panamericana 208, las ACCU vieron la necesidad 208 Carlos Páez, líder reclamante de la ONG Tierra…
p. 169
31Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 288, 3102 citas
[43]participar en la guerra, ni convivir o colaborar con ningún actor armado de ninguna tendencia, constituyéndose en comunidades de paz 866. De sde allí, han apostado por reconstruir el tejido social que la violencia afecta y han desarrollado iniciativas que recurren a lo comunitario, a la solidaridad, a la cooperación y…
p. 288
[47]se recuperaría, en parte, la precaria economía de los asentamientos ribereños. En 2003, las comunidades, sus organizaciones más representativas como el Foro Interétnico Solidarida d Chocó (FISCH), el Consejo Comunitario Mayor de la Asociación Campesina Integral del Atrato (C ocomacia), la Asociación de Cabildos,…
p. 310
32Peacebuilding in Colombia: From the Lens of Community and PolicyJoan C. Lopez, Beth Fisher-Yoshida · 2024 · p. 1601 cita
[44]army is involved. Communities are in vulnerable and inescapable positions in the mid - dle of the armed groups, therefore, declaring a position of active neutrality, i.e., claiming that they do not support any of the armed groups including the Colom - bian army, renders their work as an act of peacebuilding.…
p. 160
33Regiones y conflicto armado. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoClara Inés García · 2018 · p. 2151 cita
[45]modelos de explotación y ocupación territorial (específicamente los de la palma aceitera asociados a paras y testaferros). 1997 en ade- lante Comunidad de paz - zonas huma- nitarias A su regreso estas se organizaron en experiencias de resistencia civil conocidas como las Comuni- dades de Paz y las Zonas Humanitarias,…
p. 215