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Biografía

Dairo Antonio Úsuga David, alias Otoniel

Posconflicto

N. 1971

19 min de lectura29 documentos
Nacimiento1971, Necoclí, Urabá antioqueño
FallecimientoSin fecha registrada
RolesCombatiente del Ejército Popular de Liberación (EPL) · Integrante y oficial de operaciones especiales de las ACCU
Lugar principalColombia
Período históricoPosconflicto2016–presente
03

La biografía

Cuando la policía colombiana lo capturó el 23 de octubre de 2021 en una selva del Urabá antioqueño, Dairo Antonio Úsuga David era descrito por el gobierno de Iván Duque como el narcotraficante más buscado del país desde Pablo Escobar. La comparación halagaba al capturado y ocultaba lo esencial: Otoniel no era el heredero de Escobar sino el de Carlos y Vicente Castaño. Su detención no cerraba el capítulo del narcotráfico colombiano —siguió abierto—; cerraba a medias, y sólo en apariencia, un ciclo de treinta años en los que un mismo hombre atravesó tres etapas sucesivas del conflicto armado sin cambiar sustancialmente de oficio: guerrillero del EPL, paramilitar de las ACCU y de las AUC, y comandante de las Autodefensas Gaitanistas de Colombia, la principal estructura armada surgida tras la desmovilización paramilitar de 2006. Esa continuidad orgánica —tres organizaciones distintas, un mismo operador, los mismos territorios, las mismas economías— vuelve a Otoniel una figura biográficamente indispensable para entender por qué el Estado colombiano no logró cerrar el ciclo de guerra ni con la desmovilización de las AUC entre 2003 y 2006, ni con el Acuerdo de Paz firmado con las FARC en 2016. Su vida no explica el fenómeno; lo condensa.

02

Línea de vida

  1. 1991

    Ingreso al EPL en Urabá

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    Siendo adolescente, Dairo Antonio Úsuga David se incorporó al Ejército Popular de Liberación (EPL), la guerrilla maoísta que operaba en Urabá y Córdoba, en los años previos a la desmovilización formal de la organización en 1991.

  2. 1996

    Tránsito a las ACCU: el reclutamiento masivo

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    Según su propio testimonio ante la Comisión de la Verdad, cerca de 400 combatientes exguerrilleros del EPL, entre ellos Otoniel, se incorporaron a las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU) en tres momentos distintos. Otoniel pasó a comandar operaciones contra el Frente 5 de las FARC-EP en Urabá e integró grupos de operaciones especiales de las autodefensas.

  3. 2008

    Fundación de las AGC en la finca Las Guacamayas

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    El 8 de enero de 2008, en la finca Las Guacamayas (Necoclí, Antioquia), se realizó la primera asamblea de las Autodefensas Gaitanistas de Colombia y se conformó su primer Estado Mayor. Otoniel, su hermano Juan de Dios Úsuga (Giovanni) y Daniel Rendón Herrera (Don Mario) estuvieron entre sus figuras de mando fundadoras.

  4. 2009

    Ascenso tras la captura de Don Mario

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    Tras la captura de Daniel Rendón Herrera (Don Mario) en 2009, el grupo pasó a estar bajo las órdenes de Juan de Dios Úsuga (Giovanni). La estructura amplió su área de operaciones de Urabá a nueve departamentos y 79 municipios, con aproximadamente 1.120 miembros.

  5. 2012

    Asunción del mando supremo del Clan del Golfo

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    Tras la muerte de su hermano Giovanni el 1 de enero de 2012 en Acandí, Chocó, Otoniel quedó como comandante en jefe de la principal estructura armada posdesmovilización del país. Bajo su mando, el Clan del Golfo inició una expansión nacional que incluyó la absorción de Los Machos en el norte del Valle, la entrada a Buenaventura (octubre de 2012) y un acuerdo con la Oficina de Envigado para operar en Medellín.

  6. 2014

    Consolidación como grupo posdesmovilización más fuerte del país

    Leer contexto

    En 2014, los Urabeños/AGC/Clan del Golfo se consolidaron como el grupo posdesmovilización AUC más fuerte y extendido a nivel nacional, con presencia registrada en Sucre, Córdoba, Bolívar, Antioquia y otros departamentos, controlando rutas de narcotráfico, minería ilegal y poder político regional.

  7. 2017

    Expansión al Pacífico: alianza con disidencia de Gentil Duarte en Nariño

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    En 2017, el Clan del Golfo llegó a Nariño mediante una alianza con la disidencia de Gentil Duarte, controlando puntos estratégicos de minería ilegal y procesamiento de pasta de coca en la zona del Pacífico norte, y creando la estructura denominada Cordillera Sur.

  8. 2021

    Captura en el Urabá antioqueño

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    El 23 de octubre de 2021, Dairo Antonio Úsuga David fue capturado por la policía colombiana en una selva del Urabá antioqueño. El gobierno de Iván Duque lo presentó como el narcotraficante más buscado del país desde Pablo Escobar.

  9. 2022

    Extradición a Estados Unidos

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    En 2022, Otoniel fue extraditado a Estados Unidos para enfrentar cargos de narcotráfico, siguiendo el patrón de extradición de jefes paramilitares iniciado en 2008 con la extradición de los principales comandantes de las AUC.

Un hombre de Urabá

Otoniel nació en 1971 en Necoclí, municipio del Urabá antioqueño, la franja que se estira entre el golfo de Urabá y la serranía del Darién. Es una geografía que no se puede entender sin la historia económica que la produjo. Desde los años sesenta, la expansión bananera había convertido a Urabá en un imán de migración laboral: trabajadores del interior del país llegaban a las plantaciones, se instalaban en campamentos y, en el curso de una generación, configuraron una clase obrera proletarizada que polarizó socialmente la región, con especial intensidad en Apartadó. Los plantadores por un lado, los trabajadores por otro, y sobre esa fractura se montó desde temprano una vida sindical y política que hizo de Urabá uno de los territorios más ideológicamente disputados del país.

Fue en esa región donde el niño Dairo Antonio, uno más entre los hijos de una familia campesina pobre, creció bajo la sombra permanente del fusil. Sus hermanos siguieron caminos que en aquel Urabá estaban entrelazados con los del propio conflicto: Juan de Dios, mayor que él, se le adelantó en la vida armada; una hermana, Nini Johana Úsuga David, alias La Negra, terminaría décadas después extraditada también por narcotráfico. El apellido Úsuga, en la región, dejaría de ser un apellido para convertirse en una marca. Pero eso vendría mucho más tarde. En los años ochenta, en Necoclí, era simplemente el apellido de una familia rural que sobrevivía como podía entre el bananal, la ganadería menor y la política en armas.

En esa geografía se instaló, entre otras insurgencias, el Ejército Popular de Liberación (EPL), la guerrilla maoísta más pequeña y débil del catálogo armado colombiano, ya erosionada desde los años setenta por las divisiones internas del Partido Comunista de Colombia-Marxista Leninista. Otoniel entró al EPL siendo un adolescente, cuando la organización se aproximaba a su desmovilización, formalizada en 1991. De aquella desmovilización nació el partido Esperanza, Paz y Libertad, y de la fractura entre quienes se desmovilizaron y quienes no —la llamada disidencia del EPL— nació, en 1992, una estructura decisiva para la biografía de Úsuga: los Comandos Populares, formados por exguerrilleros que se organizaron para autodefensa contra los ataques de la disidencia y de las FARC contra los militantes del partido Esperanza. Fue el primer eslabón de la larga cadena en la que un excombatiente de guerrilla podía terminar, sin cambiar de barrio ni de enemigos, del lado paramilitar.

De guerrillero a paramilitar: el tránsito de 1996

Otoniel contó ante la Comisión de la Verdad que en 1996 cerca de cuatrocientos combatientes exguerrilleros del EPL se incorporaron a las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU) en tres momentos distintos. Él fue uno de ellos. La cifra proviene de su propio testimonio, pero el fenómeno del que da cuenta está sobradamente documentado: la incorporación masiva de exguerrilleros del EPL a las ACCU fue un factor determinante del control territorial que Carlos y Vicente Castaño consolidaron en Córdoba y Urabá en la segunda mitad de los noventa. Los exguerrilleros aportaban conocimiento del terreno, redes locales y experiencia militar, y muchos pasaron a integrar los grupos de operaciones especiales de las autodefensas. El tránsito, según relató Otoniel, contó con el visto bueno de las autoridades colombianas, aunque los términos exactos de ese respaldo permanecen sin documentar.

Los hermanos Castaño habían incursionado en Urabá y Córdoba aprovechando una combinación precisa: la debilidad del gobierno, el respaldo tácito de élites políticas y económicas regionales opuestas a las reformas democratizadoras del momento y el debilitamiento previo de la guerrilla local. Esa incursión desplazó el eje del paramilitarismo colombiano del Magdalena Medio —donde había nacido en los años ochenta— hacia Urabá, y con ello reconfiguró el mapa nacional del fenómeno. Otoniel operó en ese contexto. Comandó operaciones de las ACCU contra el Frente 5 de las FARC-EP en Urabá y posteriormente fue trasladado a otra región para continuar operaciones paramilitares. En algún punto de esos años, un excombatiente del EPL que había peleado contra el paramilitarismo pasó a ser uno de sus oficiales de confianza.

El fenómeno del tránsito de guerrilleros a paramilitares no era nuevo en Urabá. Ya en los ochenta, algunos narcotraficantes habían intentado seducir a comandantes de frentes guerrilleros y a mandos medios ofreciéndoles integrarse a proyectos armados afines. Lo nuevo en 1996 fue la escala del reciclaje y su carácter organizado. Cuatrocientos hombres cambiando de bando de una vez —con conocimiento del territorio y de las comunidades— no era una deserción: era una absorción estratégica. En paralelo, las ACCU también recibieron desertores de los frentes 58 y 18 de las FARC-EP, y con esa nueva composición se expandieron desde Urabá hacia el sur, hacia el departamento del Chocó y su costa Pacífica, plataforma que sirvió a los Castaño para el posicionamiento nacional de las autodefensas y su fusión, en 1997, en las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC).

Urabá pagó un precio brutal por esa consolidación. La región concentró en Antioquia el 38,6 % del reclutamiento de menores por paramilitares, y sus municipios —Turbo, Apartadó, Necoclí, Carepa, Chigorodó— quedaron atravesados por una economía de guerra en la que las masacres, los desplazamientos forzados y el despojo de tierras alimentaron un proceso de acumulación en manos de hacendados, paramilitares y narcotraficantes que reconfiguró la propiedad rural durante una generación.

La desmovilización que no cerró nada

Entre noviembre de 2003 y noviembre de 2006, el gobierno de Álvaro Uribe Vélez desmovilizó a las AUC. Se entregaron entre treinta mil y treinta y un mil quinientos combatientes. El proceso arrancó con el Bloque Cacique Nutibara en Medellín y terminó con el Bloque Élmer Cárdenas en Urabá. La Ley 975 de 2005, conocida como Ley de Justicia y Paz, ofreció penas máximas de ocho años a cambio de verdad, colaboración con la justicia y reparación a las víctimas con capitales propios. Sobre el papel, era una fórmula de justicia transicional.

En la práctica, fue una desmovilización a medias. El supuesto cese de hostilidades no se cumplió: los grupos continuaron perpetrando crímenes contra la población civil durante el propio proceso. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos constató que varias comunas de Medellín conservaban una fuerte presencia y control paramilitar pese a la supuesta desmovilización del Bloque Cacique Nutibara. Las tasas de homicidio en las zonas de influencia mostraron un comportamiento heterogéneo —bajaron en algunos territorios, subieron en otros—; en la zona del Bloque Bananero, en Urabá, aumentaron un 56 % entre 2004 y 2005. En julio de 2008, el gobierno extraditó a Estados Unidos a los principales jefes paramilitares que no colaboraban con la justicia y seguían delinquiendo, entre ellos Diego Murillo Bejarano, alias Don Berna, por requerimientos de narcotráfico. La medida, presentada como respuesta a los incumplimientos, tuvo el efecto colateral de trasladar la verdad de esos comandantes a una jurisdicción que sólo se interesaba por los cargos de tráfico, no por las masacres.

Es en ese vacío —desmovilización incompleta, jefes extraditados, estructuras económicas intactas, redes políticas regionales sin desmontar— donde emergió el rearme. Y es en ese rearme donde Otoniel, que no se acogió al proceso, pasó del segundo escalón al primero.

La fundación del Clan: enero de 2008

El 8 de enero de 2008, en la finca Las Guacamayas, en Necoclí, se realizó la primera asamblea de una nueva organización: las Autodefensas Gaitanistas de Colombia. Allí se conformó su primer Estado Mayor. Entre las figuras de mando estaban Daniel Rendón Herrera, alias Don Mario —hermano del extraditado Freddy Rendón Herrera, alias El Alemán, excomandante del Bloque Élmer Cárdenas—, Juan de Dios Úsuga David, alias Giovanni, y su hermano Dairo Antonio, alias Otoniel. Los tres traían experiencia militar acumulada entre el EPL y las AUC. El grupo se conoció inicialmente como Héroes de Castaño, en homenaje a la casa fundadora del paramilitarismo colombiano moderno, y al expandirse hacia el Bajo Cauca antioqueño, el Nordeste antioqueño y el sur de Córdoba, la población comenzó a llamarlo también Águilas Negras. El nombre AGC fue la etiqueta que la propia organización eligió para sí misma; el Estado y la prensa terminaron llamándola indistintamente Urabeños, Clan Úsuga y Clan del Golfo, en función del momento y del énfasis.

La reivindicación del apellido gaitanista no era casual. Anclaba simbólicamente al grupo en una tradición popular y no en una tradición contrainsurgente. Era una operación de blanqueo ideológico que reciclaba el nombre de Jorge Eliécer Gaitán —el líder liberal asesinado en 1948— para vestir con lenguaje político una estructura cuya arquitectura era, sin excepción, la del paramilitarismo clásico: control territorial, extorsión, alianzas con élites locales y renta narcotraficante. Tras la desaparición y presunta muerte de Vicente Castaño, el liderazgo del proyecto recayó en Don Mario.

Don Mario cayó en 2009. Documentación policial de la época indicaba que el grupo pasó entonces a estar bajo las órdenes de Juan de Dios Úsuga, alias Giovanni, y que había ampliado su área de operaciones de Urabá a nueve departamentos y setenta y nueve municipios, con aproximadamente mil ciento veinte miembros. En apenas un año y medio, lo que había nacido en una finca de Necoclí ya era una estructura nacional. Cuando Giovanni fue abatido por la policía el 1 de enero de 2012 en Acandí, Chocó —en un operativo enmarcado en la Navidad y el fin de año, con toda la carga simbólica que eso tenía—, su hermano Dairo Antonio quedó al mando. Otoniel tenía cuarenta años y, tras dieciséis años como combatiente de segunda línea, se convertía en el comandante en jefe de la principal estructura armada del país surgida del paramilitarismo.

La consolidación nacional (2012-2016)

La muerte de Giovanni marcó también el cierre de una etapa personal. Otoniel había operado a la sombra de su hermano mayor desde que ambos entraron al EPL; el mando le llegó por herencia sangrienta, en un país donde la sucesión al frente de las estructuras armadas se decidía en emboscadas. A partir de entonces, y hasta su captura casi diez años después, Dairo Antonio Úsuga David viviría con el nombre puesto por su hermano —Otoniel— como una segunda piel, sin domicilio fijo, moviéndose entre caletas, con un séquito reducido de escoltas de confianza y una salud que se fue deteriorando: sordera parcial en un oído, problemas de espalda, una úlcera crónica. La leyenda del capo con harenes y fiestas que circuló en algunos medios contrasta con la descripción de sus custodios y con la de la propia Fiscalía tras su captura: la de un hombre austero, desconfiado, casi monástico en su rutina de supervivencia. La imagen es coherente con su trayectoria. Nunca había sido un patrón en el sentido escobariano del término; era un cuadro paramilitar, un jefe de operaciones convertido en comandante en jefe.

Bajo su mando, el Clan del Golfo se convirtió entre 2012 y 2016 en el grupo posdesmovilización más fuerte y extendido a nivel nacional. La expansión combinó tres movimientos simultáneos: absorción de estructuras rivales debilitadas, ocupación de vacíos territoriales y diversificación económica.

En el norte del Valle del Cauca, la mayoría de los integrantes de Los Machos —una de las estructuras herederas de la escisión narcotraficante del norte del Valle— fueron absorbidos por los Urabeños. Se manejó la hipótesis de que Héctor Mario Urdinola, alias Chicho, ante el debilitamiento de su grupo, facilitó la integración, posiblemente entregando también rutas del narcotráfico. En Buenaventura, el grupo hizo presencia a partir de octubre de 2012, desplazando o coexistiendo con Los Rastrojos y Los Machos en el puerto más importante del Pacífico colombiano. En Medellín aprovechó la crisis interna de la Oficina de Envigado, agudizada por las detenciones sucesivas de sus jefes: se llegó a un acuerdo entre ambas estructuras que permitió a los Urabeños entrar a la ciudad sin librar una guerra frontal.

Hacia 2014, el grupo tenía presencia registrada en Sucre, Córdoba, Bolívar, Antioquia y varios departamentos más. En San Marcos custodiaba rutas de narcotráfico que conectaban el sur de Bolívar con el Nudo de Paramillo y con el Bajo Cauca antioqueño, articulando corredores que atravesaban los Montes de María y La Mojana. La geografía del Clan del Golfo replicaba, casi en calco, la geografía histórica del paramilitarismo de las AUC: los mismos corredores, las mismas costas, las mismas fronteras.

La diversificación económica fue tan importante como la territorial. Los grupos armados posdesmovilización, entre ellos las AGC, fortalecieron el control de actividades mineras en sus zonas de influencia. En Antioquia, Chocó, Córdoba, Bolívar, Valle y Cauca, el oro comenzó a desplazar a la coca como fuente de financiación. La minería ilegal ofrecía márgenes competitivos, blanqueo más fácil y menos exposición internacional que el narcotráfico. Al mismo tiempo, el grupo perfeccionó una economía de gobernanza criminal que iba más allá del delito: intervino en la definición de candidaturas locales, financió campañas electorales y estableció acuerdos con gobernantes para capturar rentas a través de la contratación pública. La parapolítica, que en los años del uribismo había sido el escándalo que reveló la penetración paramilitar del Congreso, siguió apareciendo bajo formas nuevas en el nivel municipal y departamental, y el Clan del Golfo fue uno de sus actores centrales.

Esa arquitectura —militar, económica y política a la vez— no era la de una banda criminal. Era la de un régimen paralelo de facto en amplias zonas del país. Y su comandante era Otoniel.

El posacuerdo: el vacío que llenó

En noviembre de 2016, el gobierno de Juan Manuel Santos firmó el Acuerdo Final con las FARC-EP. La guerrilla más antigua del continente inició su desarme y su tránsito hacia la política electoral. Se abrió, en teoría, un ciclo de paz. Lo que se abrió, en la práctica, fue un mapa de territorios sin actor armado dominante, con economías ilegales consolidadas, comunidades sin presencia estatal efectiva y todo un catálogo de estructuras armadas dispuestas a llenar el vacío. El Clan del Golfo, bajo el mando de Otoniel, fue el principal beneficiario.

En 2017, el grupo llegó a Nariño mediante una alianza con la disidencia de Miguel Botache Santillana, alias Gentil Duarte, y controló puntos estratégicos de minería ilegal y procesamiento de pasta de coca en la zona del Pacífico norte. Creó una estructura propia, denominada Cordillera Sur, que le dio proyección sobre uno de los corredores narcotraficantes más importantes del país, el que conecta el suroccidente colombiano con la costa pacífica y de allí hacia México y Centroamérica. En el sur de Bolívar y el Magdalena Medio, disputó territorios con Los Caparros —una escisión disidente del propio Clan—, las Águilas Negras, grupos posFARC y el ELN, en torno al control de la ganadería, el narcotráfico, la minería y la industria de hidrocarburos. En el Bajo Cauca antioqueño se libró una de las guerras más intensas del posacuerdo, con el Clan del Golfo y Los Caparros como protagonistas centrales, junto al ELN y disidencias de las FARC, por el control del territorio, los cultivos ilícitos, la explotación aurífera y las rutas del tráfico. Desde principios de 2019, esa confrontación produjo desplazamientos masivos y asesinatos cotidianos.

El posacuerdo trajo también una intensificación del asesinato de líderes sociales y defensores de derechos humanos que sacudió al país. Los homicidios ocurrieron con particular concentración en los mismos territorios donde el Clan del Golfo, Los Caparros y el ELN disputaban rentas legales —megaproyectos mineros, ganadería, palma de aceite— e ilegales. La correlación geográfica es indiscutible; la atribución causal directa a la disputa por macroproyectos o al despojo de tierras es más difícil de sostener con precisión, pero la coincidencia entre los mapas del asesinato y los mapas del control armado no admite discusión.

El nuevo ciclo de violencia posacuerdo respondió a una combinación de factores: el auge de las economías ilícitas, el insuficiente respaldo del gobierno a la implementación del acuerdo de paz, los bloqueos por parte de fuerzas políticas y económicas poderosas y el fortalecimiento de grupos armados como el Clan del Golfo. Ninguno de esos factores era nuevo. Todos eran expresiones estructurales que la desmovilización de las AUC de 2003-2006 y el acuerdo con las FARC de 2016 dejaron sin resolver: territorios sin institucionalidad, economías ilegales consolidadas, élites regionales dispuestas a pactar con quien controlara el orden local. Otoniel operaba en ese escenario porque el escenario existía. Su figura condensaba el problema; no lo causaba.

La Operación Agamenón y la caza

El Estado colombiano lo supo tarde y actuó todavía más tarde. Aproximadamente en febrero de 2015 se puso en marcha la Operación Agamenón, una ofensiva conjunta de la Policía, el Ejército y la Fiscalía diseñada específicamente para capturar a Otoniel y desmantelar a los Urabeños. En abril de ese año, la BBC ya informaba del megaoperativo, con lo que la persecución había ganado dimensión internacional. Un año después, en febrero de 2016, El Colombiano publicó un balance devastador: la Operación Agamenón cumplía doce meses sin haber logrado ninguno de sus dos objetivos centrales. Ni Otoniel capturado, ni los Urabeños desmantelados.

La operación se transformó en Agamenón II y se prolongó durante años. Otoniel se movió por la selva del nudo de Paramillo, entre Antioquia, Córdoba y Chocó, en un perímetro que conocía desde sus tiempos del EPL. Los operativos se sucedieron con captura de mandos medios, decomiso de armamento y presión sobre los anillos de seguridad, pero el comandante permaneció esquivo. En octubre de 2021, tras seis años de persecución sostenida, un operativo militar lo capturó en una zona rural del Urabá antioqueño. El presidente Iván Duque, en un despliegue mediático cuidadosamente coreografiado, comparó la captura con la muerte de Pablo Escobar en 1993. La comparación era desmesurada, pero políticamente rentable: convertía a Otoniel en el trofeo de un gobierno acorralado por la crisis social y por su propia gestión del posacuerdo.

La extradición y el precio de la verdad

Antes de ser extraditado, Otoniel había comenzado a hablar. Se presentó ante la Jurisdicción Especial para la Paz y ante la Comisión de la Verdad. Empezó a entregar información sobre sus años en el EPL, sobre el tránsito a las ACCU, sobre las operaciones de las AUC, sobre la fundación de las AGC en 2008. Su testimonio prometía ser una de las contribuciones más completas a la verdad histórica del paramilitarismo colombiano en su fase reciente, porque él, y prácticamente sólo él, había vivido las tres etapas del ciclo desde adentro.

El 4 de mayo de 2022, el gobierno de Iván Duque lo extraditó a Estados Unidos. En Nueva York enfrenta cargos exclusivamente de narcotráfico. Ni una imputación por masacres, ni por desplazamiento forzado, ni por reclutamiento de menores, ni por asesinato de líderes sociales, ni por despojo de tierras. La justicia norteamericana no se ocupa de esas dimensiones del conflicto colombiano; nunca lo ha hecho. Y cuando extradita a un paramilitar, el país que lo entrega renuncia a los procesos internos que pudieran depurar responsabilidades.

Es una historia repetida. En julio de 2008, cuando el gobierno de Álvaro Uribe extraditó a Salvatore Mancuso, a Diego Murillo Bejarano, a Hebert Veloza y a los otros principales jefes paramilitares, la denuncia fue idéntica: los responsables de miles de crímenes cometidos en Colombia terminaron respondiendo únicamente por sus rutas cocaineras ante fiscales estadounidenses, y sus víctimas colombianas se quedaron sin verdad. Catorce años después, el gobierno de Iván Duque hizo exactamente lo mismo con Otoniel.

El propio Juan Manuel Santos —que firmó, según sus palabras, "tal vez" más extradiciones que cualquier presidente colombiano en la historia, más de mil cuatrocientas— reconoció en sus memorias, citando a Rafael Pardo, que la figura se había ido deformando: se extraditaba cada vez más a mandos medios que a verdaderos capos, y las penas recibidas en Estados Unidos eran, comparadas con las de otros delincuentes, irrisorias. El negocio del narcotráfico, admitió Santos, ha seguido con su estela de muertes y corrupción a pesar del volumen de extradiciones. La Comisión de la Verdad, en el mismo sentido, señaló que la extradición genera una desigualdad procesal que sacrifica los derechos de las víctimas colombianas a la verdad en el altar de la cooperación antinarcóticos con Washington. Ambas críticas convergen en el mismo punto: el instrumento ha demostrado ser insuficiente contra el narcotráfico y contraproducente para la justicia transicional.

En el caso de Otoniel, esa doble ineficacia se hizo grotesca. Un hombre que había pasado por el EPL, por las ACCU, por las AUC y por el Clan del Golfo; que había sido testigo directo de treinta años de continuidad paramilitar; que empezaba a hablar ante la justicia transicional colombiana, fue enviado a Nueva York a responder por kilos de cocaína.

La huella

La huella de Otoniel no se mide en la figura individual sino en lo que su trayectoria revela. Su biografía es la biografía del ciclo que el Estado colombiano no supo cerrar. Cerrar el ciclo paramilitar habría exigido en 2006 —y habría vuelto a exigir en 2016— algo que no se hizo: desmantelar las condiciones estructurales que permiten el rearme. Territorios sin institucionalidad estatal efectiva. Economías ilegales consolidadas: coca, oro, extorsión, rutas. Élites políticas y económicas regionales dispuestas a pactar con el actor armado que garantice orden. Redes de exfuncionarios, exmilitares y contratistas que sirven de intermediarios entre el mundo legal y el ilegal.

Mientras esas condiciones se mantuvieron, cualquier desmovilización estaba condenada a producir su propio rearme. Un excombatiente del EPL en 1991 podía terminar en las ACCU en 1996 porque el territorio de Urabá lo demandaba. Un excombatiente de las AUC en 2006 podía terminar fundando las AGC en 2008 porque las estructuras económicas y políticas del paramilitarismo estaban intactas. Un excombatiente de las FARC en 2017 podía terminar en una disidencia o en un acuerdo con el Clan del Golfo porque el Acuerdo de Paz no había alterado las condiciones que hacían del narcotráfico y la minería ilegal las principales economías rurales de amplias zonas del país. La figura de Otoniel no es la excepción: es la regla.

Su detención en 2021 y su extradición en 2022 no significaron el fin del Clan del Golfo. La estructura sobrevivió al arresto de su comandante como había sobrevivido al abatimiento de Giovanni en 2012 y a la caída de Don Mario en 2009. En mayo de 2022, para protestar por la extradición, el grupo decretó un paro armado que paralizó durante cuatro días amplias zonas de Antioquia, Chocó, Córdoba, Sucre, Bolívar y otros departamentos, con presencia efectiva en ocho departamentos y una demostración de fuerza que confirmó lo obvio: la organización era mucho más que su jefe.

En una audiencia ante la JEP, poco antes de ser subido al avión que lo llevó a Brooklyn, Otoniel dijo que quería contar lo que había visto en treinta años de guerra. No pudo. El día en que aterrizó en Nueva York, el Clan del Golfo emitía comunicados en aproximadamente ciento sesenta municipios colombianos y los sicarios seguían disparando en el Bajo Cauca. La biografía de Dairo Antonio Úsuga David terminó, en cierto sentido, en un tribunal federal del distrito sur. La del país que lo hizo posible sigue abierta.

04

Conexiones del archivo

Red histórica

05

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

29 documentos · 40 fragmentos
01No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 3041 cita
[1]

o sea, nos vistieron diferente, nos maquillaron para ir a entregarnos allá, porque el armamento bueno que trajimos fue unos fusiles nuevos AK-47 y ame- tralladoras, todo eso se quedó en la casa Castaño. Ni siquiera los uniformes eran los que traíamos, porque traíamos uniformes verdes y camuflados bien hechos... éramos…

p. 304
02Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Páginas 567, 9122 citas
[2]

y a la implementación de acuerdos de paz (segunda parte de este tomo). 1795 Aranguren Romero, «Construcción de un combatiente», 253. hasta la guerra tiene límites 568 interferir en su posibilidad de asumir nuevos quehaceres diferentes a los de la guerra después de una desmovilización 1796. Un ejemplo de lo anterior…

p. 567
[10]

con que paramilitares, en connivencia con miembros de la fuerza pública, perpetraron masacres en el nordeste y en el Urabá antioqueño en los años ochenta; 3) el trabajo manco- munado de agentes del Estado, narcotraficantes y paramilitares para lograr la muerte de Pablo Escobar en 1993; 4) el tránsito que…

p. 912
03Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Antioquia, sur de Córdoba y Bajo Atrato chocoanoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Páginas 116, 1782 citas
[3]

por el entonces gobernador de Antioquia Álvaro Uribe 290. Antiguos 284 En marzo de 2022, representantes de Sintrainagro entregaron a la Jurisdicción Especial para la Paz un informe sobre los actos de violencia contra sus integrantes entre enero de 1986 y 1 de diciembre del 2016, año de la firma del Acuerdo de paz con…

p. 116
[11]

puros excombatientes y excompañeros que habían sido de nosotros, volvieron a ser compañeros nuestros porque ya ellos quedaron sin apoyo del Estado» 487. Daniel Rendón Herrera –alias Don Mario– capturado en el 2009, Juan de Dios Úsuga –alias Giovanny– y Dairo Antonio Úsuga –alias Otoniel– tomaron el mando de la…

p. 178
04La guerra vino de afuera. El Bloque Pacífico en el sur del Chocó: una herida que aún no cierraCentro Nacional de Memoria Histórica, Laura Bibiana Escobar García, Laura Catalina Tovar Bohórquez, Esteban de Jesús Caviedes Alfonso · 2022 · Página 681 cita
[4]

ya entrada la década de los noventa, sirvieron como plataforma para el posicionamiento, a nivel nacional, de los hermanos Castaño, las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU) y las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC); y en la dimensión regional, de los grupos paramilitares en el sur del Chocó y su costa…

p. 68
05Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo ILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · 2022 · Página 1481 cita
[5]

y desapariciones perpe- CAPÍTULO 1. CONTEXTO Y ANTECEDENTES DEL SURGIMIENTO DEL PARAMILITARISMO EN EL URABÁ ANTIOQUEÑO, SUR DE CÓRDOBA, BAJO ATRATO Y DARIÉN 149 trados tanto por sectores de derecha como de izquierda, llevó a que algunos integrantes de esta organización conformaran una estructura de autodefensa para…

p. 148
06Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 901 cita
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pesos hasta entonces recibidos como pago del 60 % del precio de venta 183. Carlos Castaño también mencionó que la guerrilla existía «hasta llegar a Montería». Omitió decir que esa guerrilla era el EPL, quizás la insurgencia más pequeña y débil de las existentes en el país en ese momento. Vale recordar que el EPL había…

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07At the Margins of the Global Market: Making Commodities, Workers, and Crisis in Rural ColombiaPhillip A. Hough · 2022 · Página 1861 cita
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grasslands of Northern Urabá (Arboletes, Necoclí, San Juan de Urabá, and San Pedro de Urabá). With the exception of a mountainous jungle region just south of the banana zone of Urabá, the region had become highly urbanized. 88 Urabá ’ s rapidly changing geography directly impacted conditions for workers on the…

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08Violent Democratization: Social Movements, Elites, and Politics in Colombia's Rural War Zones, 1984-2008Leah Anne Carroll · 2011 · Página 731 cita
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for any of several more reform- ist Liberal factions, which were almost exclusively urban. 4 However, this central social antagonism between banana workers and plantation owners was especially sharp in Apartadó, making it the best case study of violent democratization in the region. Apartadó was the un- 56 Violent…

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09Análisis cuantitativo del paramilitarismo en Colombia. Hallazgos del Mecanismo no Judicial de Contribución a la VerdadÁlvaro Villarraga Sarmiento, Alberto Santos Peñuela, Lukas Rodríguez Lizcano, Bruce David Ochoa Ochoa, Gustavo Adolfo Narváez Rodríguez, Jonathan Peter Stucky Rodríguez, Anascas del Río Moncada · 2019 · Página 1361 cita
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específicamente por las ACCU, que luego, en las fases expansivas de su accionar, exportaron a sus integrantes a otras regiones del país. De las 158 menciones, 61 ubican el he- cho en la región de Urabá, lo que corresponde al 38,6 por ciento, mientras que solo en el Urabá antioqueño registran 48 hechos que corresponden…

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10Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUC. Región Caribe, Departamento de Antioquia, Departamento de ChocóÁlvaro Villarraga Sarmiento, Alberto Santos Peñuela, Priscila Zúñiga Jiménez, Margarita Jaimes Velásquez, Lukas Rodríguez Lizcano, Gisela Andrea Aguirre García, Camilo Villamizar Hernández · 2014 · Página 1641 cita
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la desaparición y presunta muerte de Vicente Castaño, el liderato recayó indiscutiblemente en Don Mario hasta su captu - ra en 2009 (El Tiempo, 2009, abril 16), cuando ofreció a las auto - ridades desmovilizar 6.000 efectivos (El Tiempo, 2009, abril 18). “Después de la captura de Don Mario a principios de 2009, la…

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11El Bloque Mineros de las AUC. Violencia contrainsurgente, economías criminales y depredación sexualJuan Esteban Jaramillo Giraldo, José Manuel Hernández, Dairo Correa Gutiérrez · 2022 · Páginas 382, 3882 citas
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Defensoría del Pueblo “Las Águilas Negras en su incursión al Bajo Cauca también fueron conocidos por la población como “Los Urabeños”. Estaba integrado por sujetos que tenían un mayor nivel de vinculación a lo que algunos medios y académicos han denominado La Casa Castaño y el proyecto paramilitar que se incubó desde…

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al auge de los precios internacionales del oro y a las políticas de erradicación de cultivos de coca, los GAPD fortale- cieron las actividades mineras en sus zonas de influencia, controlando los en- tables mineros ya existentes y abriendo nuevas zonas de explotación aurífera, en coordinación con varios frentes de las…

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12Desmovilización y reintegración paramilitar. Panorama posacuerdos con las AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · Páginas 277, 3284 citas
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se trataba solamente del acceso a rentas, sino tam - bién de la intimidación, amenaza y desplazamientos contra ciertos sectores sociales y sus liderazgos. Actuaciones que de nuevo suge - rían que este fenómeno más allá de sus motivaciones centrales en economías ilegales, a la vez persistía en violaciones a los…

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se trataba solamente del acceso a rentas, sino tam - bién de la intimidación, amenaza y desplazamientos contra ciertos sectores sociales y sus liderazgos. Actuaciones que de nuevo suge - rían que este fenómeno más allá de sus motivaciones centrales en economías ilegales, a la vez persistía en violaciones a los…

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septiembre de 2014, “ Detienen a ocho personas señaladas de pertenecer al ‘Clan Úsuga’ en Sucre” y Revista Noche y Niebla N° 50, julio a diciem - bre de 2014, página 104. 103- Información recibida en visitas realizadas por la CNRR-Área DDR a zonas de Sin - celejo, Coveñas y Tolú en 2010. 329 CAPÍTULO IV. PRESENCIA DE…

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septiembre de 2014, “ Detienen a ocho personas señaladas de pertenecer al ‘Clan Úsuga’ en Sucre” y Revista Noche y Niebla N° 50, julio a diciem - bre de 2014, página 104. 103- Información recibida en visitas realizadas por la CNRR-Área DDR a zonas de Sin - celejo, Coveñas y Tolú en 2010. 329 CAPÍTULO IV. PRESENCIA DE…

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13Nororiente y Magdalena Medio, Llanos Orientales, Suroccidente y Bogotá DC. Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento (coordinador), Alberto Santos Peñuela, Lukas Rodríguez Lizcano, Luisa Fernanda Hernández Mercado, Juanita Esguerra Rezk · Página 1571 cita
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el extraditado narcotraficante Diego Montoya, alias Don Diego, con el objetivo de controlar zonas estratégicas para las actividades de narcotráfico en el norte del Valle. Hasta el final de 2011 tendría tres redes criminales en los municipios de Zarzal, Roldanillo y La Victoria (Valle), dedicadas especial - mente al…

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14Buenaventura: un puerto sin comunidadConstanza Millán Echeverría, Ludivia Serrato Martínez, Oscar Pérez, Clara Castro, Danelly Estupiñán, Adriel Ruiz · 2015 · Página 1221 cita
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su propia vida que consignaron en sus versiones (…) y el exterminio de la casi totalidad de los miembros urbanos del Frente Pacífico, asignados al puerto de Bue- naventura” (CSJ, Sala de Casación Penal, SU-30.097, páginas. 1-2). Con la desmovilización del Bloque Calima se fortalecieron los ejércitos privados de los…

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15Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Páginas 344, 4802 citas
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Clan del Golfo). La búsqueda de representación política a nivel nacional por parte de los narcotra - ficantes es uno de los factores de persistencia que ha causado el cruce del narcotráfico con el conflicto armado. La parapolítica fue una expresión de ello y, hasta la actuali - dad, algunos casos relacionados con ella…

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de la DEA. la impunidad como factor de persistencia del conflicto armado 481 En el conflicto armado, que ahora no se despega del mundo de la droga y su secuencia ilícita, la extradición sigue cumpliendo su papel de ajuste. El último capítulo lo protagonizó Dairo Antonio Úsuga, alias Otoniel, máximo jefe de la…

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16Medellín: memorias de una guerra urbanaMarta Inés Villa Martínez, Ana María Jaramillo Arbeláez, Jorge Giraldo Ramírez, Manuel Alberto Alonso Espinal, Sandra Arenas Grisales, Pablo Bedoya Molina, Luz María Londoño Fernández · 2017 · Página 1581 cita
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cia de la Alcaldía de Medellín, quien actuó de manera independiente. Esta comisión logró un cese de los enfrentamientos entre estos bandos, pero esto no significó el fin de las acciones armadas de la disputa. Pocos meses después se reiniciaron los enfrentamientos, con el agravante del ingreso de un actor armado…

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17Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Magdalena MedioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 1601 cita
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Golfo, Los Caparros, las Águilas Negras y la incursión de grupos pos FARC o disidencias. Estos grupos pelean también por el usufructo de actividades económicas legales e ilega- les, entre las cuales destacan la ganadería extensiva, el cultivo de palma, el narcotráfico, la minería y la industria de hidrocarburos, esta…

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18Mi cuerpo es la verdad. Experiencias de mujeres y personas LGBTIQ+ en el conflicto armadoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 1901 cita
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desplazamientos de veredas. Hubo un momento e n que tuvimos que usar las instalaciones de la iglesia para albergar a los desplazados. Una vereda completa que desplazaron. De ahí a principios de 2019 se puso la cosa más difícil todavía, porque ya todos los días mataban a alguien en el pueblo; entonces comenzaron a…

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19Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Ensayo introductorioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Páginas 81, 842 citas
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atropellos por parte de las fuerzas militares, como empadronamientos (restricción de la entrada de víveres a las comunidades), daños a viviendas, ocupa- ciones de bienes civiles, toques de queda, disparos indiscriminados y activación de explosivos contra la población civil, incluyendo menores de edad. Las autoridades…

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grupos han provocado la fragmentación de estas nuevas organiza- ciones paramilitares 124. Por su parte, en lugar de sostener operaciones masivas en grandes porciones del territorio, las fuerzas militares se concentran en la utilización de nuevas tecnologías, inteligencia y los objetivos de alto valor, recurriendo a…

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20La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 2001 cita
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poder proteger sus vidas. El Acuerdo de Paz más reciente fue negociado en La Habana, Cuba, en 2012, y firmado finalmente en el Teatro Colón en Bogotá, en noviembre de 2016, entre las FARC-EP y el gobierno del presidente Juan Manuel Santos (dos periodos, 2010-2018), y constituye el marco de transición política más…

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21Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Nariño y sur de CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 1721 cita
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FARC 490. El Clan del Golfo llegó a la región en 2017 gracias a una alianza con la disidencia de Gentil Duarte –presuntamente asesinado en Venezuela en el 2022–. Esta disiden- cia venía expandiéndose desde Cauca hacia Nariño y buscaba reintegrar el Bloque Occidental de las FARC-EP bajo el nombre de Comando Coordinador…

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22Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. AmazoníaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 1781 cita
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Clan del Golfo y los Puntilleros, grupo paramilitar heredero del Bloque Libertadores del Vichada de las AUC. 494 Fundación Paz y Reconciliación, «Plomo es lo que hay». 495 Servindi, «Colombia: Pueblo Nükak crea Consejo de Autoridades Tradicionales», Servindi. 496 «Comisión de la Verdad - La verdad indígena de la…

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23Grupos Armados Posdesmovilización (2006 - 2015). Trayectorias, rupturas y continuidadesTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera Ramírez, Carlos Andrés Hoyos, Javier Benavides Torres, Jefferson Corredor Uyaban, Mateo Morales · 2016 · Página 3381 cita
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funcionario Defensoría del Pueblo, Valencia, Córdoba, 2015. CNMH, Taller de memoria con jóvenes, Cúcuta, Norte de Santan- der, 2015. CNMH, Taller de memoria con padres de familia y profesores, Liceo Villanueva, Valencia, Córdoba, 2015. CNMH, Taller de memoria con jóvenes, Barrancabermeja, San- tander, 2015. Sentencias…

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24Una conversación pendienteJuan Manuel Santos, Ingrid Betancourt, Juan Carlos Torres · 2021 · Página 761 cita
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los narcotraficantes sobre el Estado, y en ese sentido sí fue una traición del país al legado de Galán, que tenía eso como símbolo. Pero viéndolo hoy retrospectivamente, la extradición misma, ¿sirvió o no sirvió? ¿Era eficaz o no era eficaz? Un libro reciente de Rafael Pardo, La guerra sin fin, dice algo que es…

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25Doble discurso, múltiples crímenes. Análisis temático de las ACMM y las ACPBCentro Nacional de Memoria Histórica, Camilo Ernesto Villamizar Hernández (coordinador) · 2021 · Página 3272 citas
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y que le suminis- tró, por ejemplo, parte de las regalías.  “Gremiales y empresariales”, que realizaron aportes a grupos parami- litares ya sea como inversión en seguridad o por extorsión en sectores industriales, financieros y comerciales.  “Fuentes proscritas”, aquellas que provienen de actividades ilegales como…

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y que le suminis- tró, por ejemplo, parte de las regalías.  “Gremiales y empresariales”, que realizaron aportes a grupos parami- litares ya sea como inversión en seguridad o por extorsión en sectores industriales, financieros y comerciales.  “Fuentes proscritas”, aquellas que provienen de actividades ilegales como…

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26Guerras RecicladasMaría Teresa Ronderos · 2014 · Página 2411 cita
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Luego de una negociación con el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, se desmovilizaron cerca de 30 000 paramilitares y sus jefes. La base del acuerdo de sometimiento que se plasmó en la Ley de Justicia y Paz era que los paramilitares contribuirían con la verdad de lo sucedido, colaborarían con la justicia y repararían a…

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27El derecho a la justicia como garantía de no repetición. Volumen 1. Graves violaciones de derechos humanos: luchas sociales y cambios normativos e institucionales 1985-2012Centro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · Página 1092 citas
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paramilitares) que iniciaron con la desmovilización del Bloque Cacique Nutibara en noviembre de 2003 y terminaron con la del Blo- que Élmer Cárdenas en noviembre de 2006, arrojaron la ci- fra de 31. 521 paramilitares desmovilizados (O fi cina del Alto Comisionado para la Paz, 2006). Sin embargo, tanto el cese de…

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paramilitares) que iniciaron con la desmovilización del Bloque Cacique Nutibara en noviembre de 2003 y terminaron con la del Blo- que Élmer Cárdenas en noviembre de 2006, arrojaron la ci- fra de 31. 521 paramilitares desmovilizados (O fi cina del Alto Comisionado para la Paz, 2006). Sin embargo, tanto el cese de…

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28Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · Página 1462 citas
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beneficios de las negociaciones de paz con los paramilitares. Esta se emitió el 22 de junio de 2005 por medio del Congreso de la República de Colombia, denominada Ley 975 de 2005 43 de Justicia y Paz, en la que se le dieron herramientas a la reincorporación de miembros de grupos armados organizados al margen de la…

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beneficios de las negociaciones de paz con los paramilitares. Esta se emitió el 22 de junio de 2005 por medio del Congreso de la República de Colombia, denominada Ley 975 de 2005 43 de Justicia y Paz, en la que se le dieron herramientas a la reincorporación de miembros de grupos armados organizados al margen de la…

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29Los retos de la justicia transicional en Colombia. Percepciones, opiniones y experiencias 2008. Panorama cualitativo y cuantitativo nacional, con énfasis en cuatro regionesIris Marín Ortiz · 2009 · Página 501 cita
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apoyan, activas en el marco de la 28. Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación, Disidentes, rearmados y emergentes: ¿bandas criminales o tercera generación paramilitar?, www.cnrr.org.co., págs, 7 y 8. aplicación de la Ley de justicia y paz. En segundo término, se puede estar gestando una alianza pragmática…

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