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Idea transversal

Enclave bananero

El enclave bananero fue el dispositivo económico, territorial y jurídico mediante el cual la United Fruit Company organizó, entre finales del siglo XIX y mediados del XX, la producción y exportación de banano desde la Zona Bananera del Magdalena, monopolizando tierra, ferrocarril, puertos, crédito y fuerza de trabajo hasta constituirse en un Estado dentro del Estado en el Caribe colombiano.

3.726 palabras37 documentos44 fragmentos citados
Enclave bananero

Trayectoria de una idea

  1. 1899

    Fundación de la United Fruit Company

  2. 1912

    Eliminación de competidores y consolidación del monopolio

  3. 1921

    Control del 59% de la tierra productiva e improductiva

  4. 1925

    Fundación de la Unión Sindical de Trabajadores del Magdalena (USTM)

  5. 1928

    Huelga bananera y masacre de Ciénaga

  6. 1929

    Denuncia parlamentaria de Jorge Eliécer Gaitán

  7. 1960

    Traslado del enclave hacia Urabá

03

La lectura

El enclave bananero no fue simplemente una empresa agrícola extranjera: fue una arquitectura de poder que desplazó al Estado colombiano como regulador efectivo del territorio en la Zona Bananera del Magdalena, combinando el monopolio de la tierra, el ferrocarril, el transporte marítimo y los comisariatos con un sistema de contratistas que le permitía evadir la legislación laboral del país donde operaba. Su singularidad frente a otros enclaves centroamericanos radicó en su dependencia de plantadores locales para al menos la mitad de la producción, lo que creó redes de interdependencia que matizaron su dominio absoluto sin eliminar su carácter extractivo y expoliador. La huelga de 1928 y su represión —con la masacre de Ciénaga como momento culminante— revelaron la alianza estructural entre el capital extranjero y el Estado colombiano frente a los trabajadores, y destruyeron en un solo golpe el sindicato más organizado del país y el núcleo más avanzado del socialismo estructurado. La denuncia de Gaitán convirtió ese episodio en una herida permanente de la memoria política colombiana, y el traslado posterior del enclave hacia Urabá demostró que el patrón de conflictividad agraria y laboral que había generado no era un accidente histórico sino una forma duradera de organizar el territorio periférico en función de la exportación.

El enclave bananero

El enclave bananero fue el dispositivo económico, territorial y jurídico mediante el cual la United Fruit Company organizó, entre finales del siglo XIX y mediados del XX, la producción y exportación de banano desde una franja del Caribe colombiano. Más que una empresa agrícola, fue una arquitectura de poder: monopolizó tierra, ferrocarril, puertos, crédito, comisariatos y fuerza de trabajo en la Zona Bananera del Magdalena, y en esa concentración desplazó al Estado colombiano como regulador efectivo del territorio. Su historia va del auge en torno a Santa Marta y Ciénaga entre 1899 y 1928 —cerrado con la masacre del 6 de diciembre de ese año— al declive posterior a la Segunda Guerra Mundial y al traslado, en los años sesenta, hacia el Urabá antioqueño, donde el enclave dejó de operar como estructura directa pero heredó un patrón de conflictividad por la tierra que se prolongaría durante décadas. Comprender el enclave no es solo comprender una empresa extranjera: es entender una forma particular de soberanía delegada en zonas periféricas de Colombia, y una de las matrices largas del conflicto agrario y laboral del siglo XX.

Anatomía de un Estado dentro del Estado

El enclave fue, en primer lugar, una geografía. Se extendía por la franja plana comprendida entre Ciénaga y Fundación, en el departamento del Magdalena, articulada al puerto de Santa Marta por una línea férrea propia y por una red de canales de riego que atravesaba haciendas, campamentos y comisariatos. En 1921, la United Fruit Company era dueña del 59% de la tierra productiva e improductiva de la región bananera del Magdalena. Esa cifra —abrumadora incluso en términos latinoamericanos— condensa la lógica del enclave: no bastaba con producir banano; había que controlar el suelo cultivable y el que no lo era, para impedir la entrada de competidores y disciplinar la oferta de trabajo.

La compañía combinó ese acaparamiento con un monopolio logístico. Controlaba el ferrocarril que conectaba las plantaciones con el puerto y también el transporte marítimo hacia los mercados de Nueva Orleans y Boston. La consecuencia práctica fue la asfixia de sus competidores. La Sevilla Banana Company desapareció después de 1912; la Atlantic Fruit Company estaba casi extinta en 1915. Tarifas, prioridades de embarque y condiciones de acceso al ferrocarril forzaron a esas empresas a vender sus acciones o a quebrar. Hacia el final de los años veinte, la UFC obtenía una ganancia del 100% por cada racimo vendido y ocupaba en la zona a cerca de 30.000 trabajadores.

Dentro de ese perímetro, la compañía funcionaba como un Estado dentro del Estado. Construyó una ciudadela en Santa Marta y erigió, dispersos por la zona, hospitales, viviendas, escuelas, iglesias y zonas de entretenimiento propios. Pagaba mediante vales canjeables únicamente en sus comisariatos, donde se denunciaban prácticas fraudulentas como el uso de pesas desniveladas. El salario nominal en las plantaciones superaba al del mercado laboral regional —tanto que los hacendados cafeteros de Cundinamarca se quejaban de la migración de peones hacia el Magdalena—, pero el precio de los bienes en los comisariatos absorbía rápidamente esa diferencia. La compañía cerraba así el ciclo: pagaba con vales que solo ella aceptaba, en tiendas que solo ella regentaba, con productos cuyo precio ella misma fijaba.

El dominio, sin embargo, no era absoluto, y ese matiz importa. A diferencia de los enclaves centroamericanos —Guatemala, Costa Rica, Honduras—, donde la UFC concentró casi toda la producción, en el Magdalena dependía de plantadores locales para al menos la mitad del banano exportado. Ese sistema de subcontratación con productores nacionales de distintas escalas creó una red de interdependencia que impidió la concentración total y abrió, con el tiempo, un margen —estrecho pero real— para la negociación política y sindical. El enclave del Magdalena fue, por eso, más ambivalente que su leyenda: un dispositivo de dominación que necesitaba de aliados locales para funcionar, y esa necesidad fue también su punto de fisura.

Origen: del interés norteamericano a la Zona Bananera

La historia empresarial del enclave se remonta al último tercio del siglo XIX, cuando Minor C. Keith —constructor de ferrocarriles en Centroamérica— y Andrew Preston, comerciante de Boston, articularon el negocio del banano en el Caribe. La fusión de sus intereses en la United Fruit Company, en 1899, dio forma al gigante que extendería sus tentáculos por el Caribe y Centroamérica. En Colombia, la compañía encontró terreno preparado: un Caribe con puertos consolidados —Cartagena, Barranquilla y Santa Marta—, un litoral servido por carreteras y canales, y una élite regional interesada en articularse al comercio exterior. José Gnecco, entre otros hacendados samarios, fue parte de la generación local que negoció con la UFC condiciones de venta de tierras, arrendamientos y cultivos por contrato.

La región fue, además, resultado de una integración territorial más amplia. El río Magdalena funcionaba como arteria central entre el interior andino y el Caribe, y el ferrocarril reforzó ese eje. Barranquilla había obtenido una ventaja competitiva sobre Santa Marta y Cartagena gracias a un tramo ferroviario hacia Sabanilla construido hacia 1870, que resolvió el problema de la barra de arena que obstruía la navegación al mar. Santa Marta, con menor peso comercial general, encontró en el banano su vocación específica, y la UFC encontró en Santa Marta un puerto disponible para configurarlo a su medida.

El auge coincidió con un país saliendo de la Guerra de los Mil Días y del trauma de la separación de Panamá en 1903. Rafael Uribe Uribe, entre los pocos políticos que atendieron con seriedad la cuestión bananera antes de su asesinato en 1914, advirtió sobre la magnitud de la concesión implícita en los términos que Colombia otorgaba al capital extranjero. La escasa densidad demográfica de los departamentos del Caribe generaba, además, restricciones estructurales: obras públicas, exploración petrolera y navegación fluvial competían por una oferta laboral limitada, lo que encarecía la mano de obra. El enclave se construyó en un país débil, con soberanía territorial precaria y con un modelo económico exportador que confundía la presencia de capital extranjero con desarrollo.

Trabajo, tierra y la formación de un movimiento

La expansión bananera reorganizó el trabajo en la región de un modo particular. La UFC combinó dos mecanismos: la expropiación de campesinos-colonos que realizaban actividades independientes al margen de la plantación, convirtiendo a algunos en asalariados, y un sistema de contratistas que enganchaban trabajadores por temporada, lo que permitía utilizar el trabajo parcial de los mismos colonos como reserva de fuerza laboral. La consecuencia sociológica fue decisiva: en la zona bananera del Magdalena no había una separación tajante entre proletariado agrícola y campesinado, sino una relación estrecha y móvil entre unos y otros. Un mismo hombre podía ser colono en su parcela, jornalero temporal en la plantación y peón desalojado en el ciclo siguiente.

Esa imbricación explica una característica central de la conflictividad regional: la protesta mezcló siempre presión salarial con lucha por la tierra. El sistema de contratistas tenía, además, una función jurídica precisa: al no reconocer trabajadores directos, la UFC evadía la legislación laboral colombiana vigente —seguros, pago semanal, servicios sanitarios, vivienda— y transfería la responsabilidad a intermediarios formalmente independientes. La demanda central de los trabajadores, cuando estalló el conflicto, no fue una petición de mejoras extraordinarias: fue que la compañía reconociera que tenía empleados directos y cumpliera con la ley del país donde operaba.

El sindicato que canalizó esa demanda fue la Unión Sindical de Trabajadores del Magdalena (USTM), fundada en 1925. Agrupaba tanto a asalariados como a colonos, reflejo de la estructura social del enclave. En sus orígenes tuvo influencia anarco-sindicalista y luego, con la organización del Partido Socialista Revolucionario (PSR), pasó a militar en una órbita más claramente marxista. Su figura central fue Raúl Eduardo Mahecha, dirigente que llegó al Magdalena tras haber organizado a los trabajadores del petróleo en Barrancabermeja frente a la Tropical Oil Company; una parte importante de los asalariados que él organizó —cerca de 32.146— eran precisamente obreros desplazados desde ese otro enclave.

La escena colombiana en 1928 no era anecdótica: los trabajadores de los enclaves extranjeros —petróleo y banano—, junto con los de ferrocarriles, puertos y transporte fluvial, constituían el núcleo del naciente movimiento obrero del país. La zona bananera concentraba, además, el sindicato mejor organizado de Colombia y lo más avanzado del socialismo estructurado. La huelga que estallaría en noviembre de ese año no fue un episodio marginal ni una explosión espontánea: fue el choque frontal entre la principal empresa extranjera del país y su movimiento obrero más consolidado.

La huelga y la masacre

Tras una reunión plenaria de delegados iniciada el 6 de octubre de 1928, la USTM declaró la huelga general el 11 de noviembre. El pliego de peticiones exigía, entre otros puntos, la abolición de los contratos indirectos mediante los cuales la compañía evadía el seguro colectivo obligatorio, la supresión del pago en vales redimibles en los almacenes de la empresa y mejoras en condiciones de vivienda, servicios médicos y sanidad. El número de huelguistas llegó a 30.000, incluyendo a quienes trabajaban para productores nacionales de banano articulados al sistema de subcontratación de la UFC.

El gobierno del presidente Miguel Abadía Méndez respondió con la lógica que había marcado la relación del Estado colombiano con los enclaves extranjeros: apoyo incondicional a la empresa, criminalización del conflicto. En octubre de 1928 —antes incluso de que estallara la huelga— el Congreso había aprobado una ley altamente represiva que prohibía la formación de organizaciones populares y sindicales de oposición, impedía la difusión de ideas socialistas y establecía mecanismos de condena rápida. Varios jerarcas católicos enviaron telegramas de felicitación a los congresistas que la aprobaron. Esa legislación anticipó, en sus rasgos esenciales, lo que décadas después se conocería como doctrina del enemigo interno.

Sobre la decisión de intervención militar pesó, además, una presión externa. Circulaba en la época la información de que Estados Unidos enviaría tropas si el gobierno colombiano no reprimía enérgicamente la huelga. Esa amenaza operaba sobre un país que aún no había digerido la separación de Panamá y en el que Theodore Roosevelt había declarado que consideraba a Colombia parte de sus costas y que Estados Unidos debía prohibir cualquier alianza colombiana con potencias europeas o asiáticas. La soberanía colombiana en materia de política interna se disputaba, en 1928, bajo la sombra de la Enmienda Platt y del Big Stick.

En ese cuadro se organizó el desenlace. Los trabajadores fueron convocados a concentrarse en la plaza de Ciénaga la tarde del 5 de diciembre de 1928 con el pretexto de recibir al gobernador y firmar un pacto con la United Fruit Company. Era un engaño. En la madrugada del 6 de diciembre, tras declararse el estado de sitio en el Magdalena, unos 300 soldados con ametralladoras se desplazaron desde el cuartel de Ciénaga hacia la estación ferroviaria, donde permanecía concentrada la multitud, y abrieron fuego. Al mando estaba el general Carlos Cortés Vargas. Un corresponsal calculó hasta el 13 de diciembre 100 muertos y 238 heridos; la cifra real ha sido objeto de disputa desde entonces.

Ese mismo día se libró una segunda acción en el campamento de la empresa en Sevilla. Los huelguistas habían quemado el almacén y otros edificios, e intentaron incendiar a empleados estadounidenses y colombianos que resistían. En la batalla resultante murieron al menos 29 personas, incluido Erasmo Coronel, el más activo de los delegados obreros en las negociaciones previas. La represión no terminó en el disparo. Por indicación de funcionarios y agentes de la compañía frutera, Cortés Vargas ordenó consejos de guerra verbales contra los sobrevivientes presos. De más de 700 detenidos, fueron juzgados 136 —mujeres, maquinistas que se habían negado a transportar cadáveres al mar, periodistas, profesores— con penas de hasta 25 años de prisión. La casa sindical, la imprenta y la cooperativa de Ciénaga fueron saqueadas por los militares.

El gobierno justificó la represión invocando una inminente revolución comunista, argumento que convenció a parte de la opinión pública. Los efectos sobre el movimiento obrero fueron catastróficos: la mayor concentración de trabajadores organizados del país y el núcleo del socialismo estructurado quedaron destruidos o gravemente debilitados. La huelga bananera, que había representado la irrupción del movimiento obrero moderno en Colombia, se convirtió también en el episodio que lo desarticuló por más de una década.

La denuncia parlamentaria de Jorge Eliécer Gaitán, en los meses siguientes, fijó en la memoria pública el hecho: la compañía se había negado a negociar; los trabajadores habían sido concentrados engañosamente con el pretexto de firmar un acuerdo; los salarios establecidos después de la masacre eran inferiores a los que se pagaban antes de la huelga. La intervención de Gaitán no revirtió las decisiones estatales, pero instaló el episodio como una herida abierta en la conciencia política nacional, y contribuyó a construir la figura del propio Gaitán como voz de un país que empezaba a rebelarse contra sus élites.

Declive, retirada y traslado a Urabá

La zona bananera del Magdalena entró en un largo declive tras 1928. Los años treinta trajeron la Depresión y una reorganización del mercado internacional; la Segunda Guerra Mundial interrumpió durante cinco años las exportaciones de banano colombiano hacia los mercados aliados. Cuando la guerra terminó, la UFC había perdido su monopolio en la región de Santa Marta y decidió retirarse de la producción directa, vendiendo o alquilando muchos de sus terrenos a cultivadores colombianos.

Esa decisión tuvo consecuencias sociales profundas. La compañía había sido, para bien y para mal, el gran empleador y el gran adversario del movimiento obrero. Al retirarse de la producción, sin liquidar del todo su presencia, la UFC socavó la unidad de un sindicalismo ya diezmado por la represión de 1928. Los sindicatos se fraccionaron, sus miembros mermaron y las condiciones de vida de los trabajadores declinaron. La empresa mantuvo, a través de su filial la Frutera de Sevilla, el control sobre la comercialización, pero delegó en productores locales el riesgo de la producción.

La Frutera de Sevilla ocupaba un área de 50.000 hectáreas entre los ríos Fundación y Córdoba, con distrito de riego y red ferroviaria interna. A principios de los años sesenta, la United Fruit Company abandonó totalmente la zona de Santa Marta. La Frutera trasladó sus operaciones al Urabá antioqueño, buscando mayor productividad y salarios más bajos. Parte de las tierras del Magdalena fue vendida a grandes empresarios que ya explotaban las plantaciones bajo contratos de arrendamiento; otra parte fue donada al Instituto Colombiano de la Reforma Agraria (INCORA) para redistribución entre campesinos aparceros.

La retirada, sin embargo, no cerró el conflicto. Los títulos originales eran poco claros, la demarcación de tierras generaba confusiones y se instaló un patrón continuo de desalojos e invasiones que se prolongó hasta finales de los años sesenta. La UFC dejaba tras de sí un territorio jurídicamente confuso, socialmente fragmentado y económicamente en declive. En los años setenta, el auge bananero del Gran Magdalena declinaría del todo, en parte por la competencia de la propia Frutera de Sevilla desde Urabá y en parte por la irrupción del auge marimbero, que reorganizó la economía ilegal de la región.

Urabá: el enclave que se traslada y se transforma

El desplazamiento a Urabá no fue solo una migración empresarial: fue la reconfiguración del enclave como forma. El eje bananero de la región —integrado por Turbo, Carepa, Apartadó, Chigorodó y Mutatá— se consolidó como zona de producción articulada al mercado internacional. Pero Urabá no era una tabla rasa. La región cargaba un viejo conflicto jurídico de titulaciones sucesivas que dificultaba la legalización de las formas tradicionales de apropiación, y su percepción como "territorio vacío" contrastaba con la presencia previa de comunidades campesinas, indígenas y afrocolombianas. El proceso de apropiación enfrentó a inversionistas foráneos, colonos asentados y pobladores previos, generando tensiones que se manifestaron con mayor claridad a partir de los años sesenta.

Urabá heredó, transformada, la conflictividad del Magdalena. La disputa por la tierra —que en la zona bananera del Caribe había sido el trasfondo permanente de la disputa laboral— pasó a primer plano. La región se convirtió, con los años, en uno de los territorios más violentos del conflicto armado colombiano. En las décadas de los ochenta y noventa, guerrillas, paramilitares, empresarios bananeros y ejército convergieron en un tejido de violencia donde la producción de banano coexistió con el desplazamiento forzado y el despojo.

El episodio judicial estadounidense contra Chiquita Brands International —sucesora de la United Fruit Company tras la fusión con AMK Corporation en 1970 y el rebautizo de 1990— cerró simbólicamente ese arco. En 2007, la compañía compareció ante una corte federal de Washington, presentada por el Departamento de Justicia de Estados Unidos, y confesó haber financiado a las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) entre 1997 y 2004. El financiamiento a grupos paramilitares en las zonas bananeras completaba, casi ochenta años después de Ciénaga, la lógica original del enclave: la producción de banano en Colombia había estado ligada, en sus dos grandes ciclos, a la delegación privada de funciones de coerción que el Estado no ejercía o ejercía a favor de la empresa.

La red: personas, instituciones, ideas

El enclave bananero se sostuvo en una red de actores que conviene nombrar. Del lado empresarial, Keith y Preston aportaron el capital y el modelo, y las élites samarias —los Gnecco entre otras familias— proveyeron la articulación local. Del lado estatal, el presidente Abadía Méndez y el general Cortés Vargas encarnaron la respuesta militar de 1928; la ley represiva de octubre de ese año, aprobada por el Congreso, dio el marco jurídico. Del lado del trabajo, Raúl Eduardo Mahecha y Erasmo Coronel condensaron el liderazgo sindical de la USTM, y Alberto Castrillón, dirigente socialista involucrado en la coordinación de la huelga, terminaría también entre los procesados por los consejos de guerra.

Rafael Uribe Uribe, antes de su muerte en 1914, había alertado sobre el problema del capital extranjero; Gaitán, tras 1928, convirtió la denuncia de la masacre en pieza fundacional de su carrera política. Y Gabriel García Márquez, nacido en Aracataca en 1927 —en el corazón mismo de la zona bananera y en vísperas de la masacre—, integró el episodio en el imaginario literario nacional y mundial. En Cien años de soledad, la representación de la masacre —con vagones cargados de cadáveres arrojados al mar— excede los registros históricos verificables. La crítica ha discutido si esa magnificación fue deliberada o si respondió a los códigos del realismo mágico y a la textura de la memoria colectiva. En cualquier caso, la novela hizo de Ciénaga un episodio de resonancia universal, y contribuyó a que la masacre se instalara en la conciencia latinoamericana como emblema de la violencia del capital extranjero.

Las ideas que atravesaron el enclave fueron también plurales. El anarco-sindicalismo y luego el socialismo del PSR proveyeron el marco ideológico de la USTM. La retórica anticomunista del Estado y de la jerarquía eclesiástica configuró la contraparte. Y el argumento de la soberanía —invocado por Uribe Uribe, por Gaitán, por sectores nacionalistas— quedó en tensión con la realidad de un país que, en el terreno práctico, aceptaba delegar funciones estatales en compañías extranjeras a cambio de la ilusión del progreso.

Huella

La huella del enclave bananero opera en varios registros. Está la huella material: la Zona Bananera del Magdalena como región definida, los pueblos que crecieron a la sombra de la plantación, el ferrocarril desmantelado, las tierras redistribuidas parcialmente por el INCORA, los conflictos de titulación aún sin resolver. Está la huella demográfica y cultural: Aracataca, Ciénaga, Fundación, Sevilla, poblaciones cuyas identidades se moldearon en la relación con la empresa. En Ciénaga se erigió una estatua en memoria de los "mártires de las bananeras", y sus habitantes identifican al municipio como "un pueblo sobreviviente de la masacre".

Está la huella política. La represión de 1928 marca, para varios lectores del siglo XX colombiano, el inicio de un patrón de estigmatización, persecución y eliminación de actores sociales que se repite a lo largo del conflicto colombiano. La legislación de octubre de 1928 —con su prohibición de organizaciones sindicales de oposición y su tipificación de la difusión de ideas socialistas— anticipó las formas jurídicas que la doctrina del enemigo interno adoptaría décadas después. La conexión no es lineal, pero tampoco es forzada: entre la Ley Heroica y el Estatuto de Seguridad de finales de los setenta hay un aire de familia difícil de negar.

Está la huella cultural. Además de Cien años de soledad, la masacre y el enclave han sido reelaborados por el arte contemporáneo colombiano. La instalación Musa paradisiaca —cuyo título retoma el nombre científico del banano— inscribe en la narrativa histórica los silencios y las amnesias oficiales, y propone una representación que va más allá de la recuperación factual: pone en escena la imposibilidad de reconstruir esa historia en el presente y las temporalidades que sostienen o revierten su expulsión de la historia oficial. Esa operación estética recoge algo que los archivos y las cifras no alcanzan a decir: que el enclave no es solo un capítulo cerrado del pasado sino una estructura de la memoria colombiana, un episodio irresuelto.

Y está, finalmente, la huella conceptual. El enclave bananero es un caso de estudio de la relación entre Estado, capital extranjero y territorio en la periferia latinoamericana. A diferencia de las "repúblicas bananeras" centroamericanas, el modelo colombiano se caracterizó por una dependencia parcial de la UFC respecto de productores locales, lo que abrió márgenes de negociación con élites reformistas nacionales pero no impidió la brutalidad del desenlace de 1928. Esa combinación —dominio empresarial extranjero, interdependencia con élites locales, delegación estatal de la coerción, movilización obrero-campesina reprimida militarmente— definió una matriz que se reproduciría, con variaciones, en otros enclaves de la historia colombiana.

Comprender el enclave bananero es comprender una manera específica en que Colombia se relacionó con el mercado mundial en el siglo XX: cediendo soberanía a cambio de exportaciones, criminalizando la protesta cuando esa cesión producía costos sociales, y trasladando el conflicto de una región a otra sin resolverlo. La zona bananera del Magdalena se apagó como enclave hacia 1970; la conflictividad que engendró migró a Urabá y allí se transformó, se hizo más violenta, se articuló con el conflicto armado. La sucesora de la UFC terminó confesando, en un tribunal de Washington, haber financiado a grupos paramilitares en las mismas regiones donde su ancestro corporativo había pedido, ochenta años antes, la intervención del ejército colombiano contra sus trabajadores. Entre Ciénaga y Urabá se extiende una línea de continuidad que la historia colombiana no ha terminado de saldar.

04

En el archivo

72 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

01Colonia1600–17801
  1. 1600Colonia (1600–1780)Época
02Regeneración1886–192924
  1. 1886La RegeneraciónÉpoca
  2. 1899United Fruit CompanyFicha
  3. 1900Economía de enclaveFicha
  4. 1900Hegemonía conservadoraFicha
  5. 1900Sindicalismo agrarioFicha
  6. 1905Industrialización antioqueña y concesiones petroleras (1905–1919)Hecho
  7. 1907El escándalo del caucho del PutumayoHecho
  8. 1907Julio César AranaFicha
  9. 1911Roger CasementFicha
  10. 1914El respice polumPregunta
  11. 1918Emergencia del movimiento obrero y socialista en Colombia (1918–1927)Hecho
  12. 1920Mujeres y orígenes del movimiento social colombianoPregunta
  13. 1922La dependencia económica de Colombia, 1903–1934Pregunta
  14. 1924Huelgas petroleras de la Tropical Oil en Barrancabermeja (1924-1927)Hecho
  15. 1925Danza de los MillonesFicha
  16. 1927María CanoFicha
  17. 1928Carlos Cortés VargasFicha
  18. 1928La Ley Heroica (Ley 69 de 1928)Hecho
  19. 1928La masacre de las bananeras (1928)Pregunta
  20. 1928La masacre de las bananeras: mito literario y vacío judicialPregunta
  21. 1928Masacre de las BananerasHecho
  22. 1928Miguel Abadía MéndezFicha
  23. 1929Levantamiento bolchevique del Líbano y Chucurí (1929)Hecho
  24. 1930Fin de la Hegemonía Conservadora y ascenso de Olaya Herrera (1930)Hecho
03República Liberal1930–19469
  1. 1926Bolchevización del PSR y fundación del Partido Comunista ColombianoHecho
  2. 1930Emergencia de Gaitán y del gaitanismo popular (1930–1942)Hecho
  3. 1930Internacional ComunistaFicha
  4. 1930República Liberal (1930–1946)Época
  5. 1931Ley 80 de 1931 y la soberanía delegada en los enclaves petrolerosHecho
  6. 1935Infraestructura y fragmentación territorial en la República LiberalPregunta
  7. 1936La síntesis socialista que no cristalizó (1925-1948)Pregunta
  8. 1936Modernización liberalFicha
  9. 1938Gerardo Molina RamírezFicha
04La Violencia1946–19573
  1. 1948Huelga de la USO de 1948 y creación de Ecopetrol (1948–1951)Hecho
  2. 1948Movilización popularFicha
  3. 1950Repertorio de protestaFicha
05Frente Nacional1958–19742
  1. 1967Decretos 157 y 158 de 1967: concesiones extraordinarias a Texas Petroleum en el PutumayoHecho
  2. 1967Realismo mágicoFicha
06Crisis y narcotráfico1974–19903
  1. 1974Jaime Bateman CayónFicha
  2. 1985Andrés Almarales MangaFicha
  3. 1990Bernardo Jaramillo OssaFicha
07Constitución de 19911991–20022
  1. 1995Capital transnacionalFicha
  2. 1998El exterminio del sindicalismo colombiano (1986-2010)Pregunta
08Seguridad Democrática2002–20162
  1. 2003Éver Veloza GarcíaFicha
  2. 2006Agroindustria en ColombiaFicha
09Posconflicto2016–presente2
  1. 2016Dairo Antonio Úsuga David, alias OtonielFicha
  2. 2017Paro Cívico de Buenaventura de 2017Hecho
10Transversal23
  1. 1510UrabáFicha
  2. 1533Caribe colombianoFicha
  3. 1550ExtractivismoFicha
  4. 1600Costa CaribeFicha
  5. 1820Capital extranjeroFicha
  6. 1850Representación del territorio colombiano en el siglo XIXPregunta
  7. 1862AmbalemaFicha
  8. 1886La Regeneración como matriz penal-excepcional de larga duraciónPregunta
  9. 1900BarranquillaFicha
  10. 1903La pérdida de Panamá (1903)Pregunta
  11. 1922BarrancabermejaFicha
  12. 1928AracatacaFicha
  13. 1928CiénagaFicha
  14. 1928SindicalismoFicha
  15. 1928Zona BananeraFicha
  16. 1950San Vicente de ChucuríFicha
  17. 1967Gabriel García MárquezFicha
  18. 1980ApartadóFicha
  19. 1985La cuestión agraria como sustrato del conflicto colombianoPregunta
  20. 1988SegoviaFicha
  21. 1990Bajo CaucaFicha
  22. 1996Gloria Cuartas MontoyaFicha
  23. 1997San José de ApartadóFicha
05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01United Fruit Company — empresa que materializó y operó el enclave bananero en el Magdalena colombiano
  2. 02Raúl Eduardo Mahecha — dirigente sindical que organizó a los trabajadores del enclave y lideró la huelga de 1928
  3. 03Jorge Eliécer Gaitán — político que denunció parlamentariamente la masacre de Ciénaga y fijó el episodio en la memoria pública nacional
  4. 04Carlos Cortés Vargas — general que ordenó la represión militar de la huelga bananera el 6 de diciembre de 1928
  5. 05Ciénaga (Magdalena) — epicentro territorial de la masacre y símbolo de la violencia del enclave contra sus trabajadores
  6. 06Zona Bananera del Magdalena — espacio geográfico donde se consolidó el enclave entre Ciénaga y Fundación
  7. 07Sindicalismo — movimiento que el enclave generó y luego destruyó, constituyendo el núcleo del movimiento obrero colombiano de la época
  8. 08Latifundio y despojo — procesos estructurales que el enclave aceleró mediante la expropiación de campesinos-colonos y el acaparamiento del 59% de la tierra regional
06

Documentos y fragmentos citados

37 documentos · 44 fragmentos

01Colonización y protesta campesina en Colombia (1850-1950)Catherine LeGrand · 2016 · p. 72, 2102 citas
[1]

EL ESCENARIO 22 importancia. En ese momento el centro geográfico del cultivo se desplazó una vez más hacia occidente. Aunque se siguió cultivando en las laderas del occi- dente de Cundinamarca, su principal expansión en el siglo xx se produjo en la Cordillera Central, en Antioquia, Caldas, el norte de Tolima y de…

p. 72
[10]

en los trabajadores tanto urbanos como rurales. Antes de la Primera Guerra Mundial, los artesanos c9nstituían el volumen principal de la llamada «clase trabajadora» en Colombia. Su organización se limitaba asocie- dades de ayuda mutua, constituidas generalmente bajo los auspicios paternales de la Iglesia católica. El…

p. 210
02Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 1221 cita
[2]

de estos delitos. En el Magdalena funcionaba la United Fruit Company, un enclave agrícola que ocupaba extensos terrenos entre las poblaciones de Ciénaga y Fundación para el negocio del cultivo y la exportación del banano. En 1928, la Yunai obtenía una ganancia de 100% por cada racimo que vendía, contaba con unos…

p. 122
03Colombia and World War I and Its Aftermath, 1914–1921Jane M. Rausch · 2014 · p. 501 cita
[3]

its dominance by forcing out the other companies and transforming campesi- no (peasant) impresarios into salaried workers. In 1908 the French firm Inmobilière et Agricole de Colombie extended its cultivations toward Aracataca. A year later Manuel Dávila P. founded the Santa Marta Fruit Company; in 1910 Ulpiano A.…

p. 50
04Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · p. 691 cita
[4]

(aunque con un solo aparato) y se entregaron cinco proyectos de ley sobre aspectos varios, incluido uno para hacer más efectivo el servicio militar obligatorio. Ciénaga y Líbano Los dos hechos históricos que sintetizan la fuerte y constante movilización obrera, popular y campesina y la respuesta militar del Estado en…

p. 69
05At the Margins of the Global Market: Making Commodities, Workers, and Crisis in Rural ColombiaPhillip A. Hough · 2022 · p. 1591 cita
[5]

that threatened com- pany pro fi ts and domestic government legitimacy, the banana companies used both carrots and sticks. On the one hand, the wages offered to enclave workers were typically higher than those available to them in their local labor markets. And because the banana enclaves were geographically isolated…

p. 159
06El río: exploraciones y descubrimientos en la selva amazónicaWade Davis · 2017 · p. 751 cita
[6]

menos lo mismo: casas pintadas con cal, plazas polvorientas, puentes grises sobre ríos de agua sucia. Pero justo bajo la superficie hay una historia de traición y de muerte. A principios de la década de 1920, la United Fruit Company trajo el banano, y con el tren y el telégrafo, los caminos, los correos, las esta-…

p. 75
07Marijuana Boom: The Rise and Fall of Colombia's First Drug ParadiseLina Britto · 2020 · p. 781 cita
[7]

the rest of Colombia. 44 The system that United Fruit Company developed to manage diverse modes of production—from cultivation in the company’s own plantations to subcontracting with small, medium, and large growers—existed in no other United Fruit Company district (except for Ecuador decades later). 45 The company…

p. 78
08Historia de Colombia. La República de Colombia IISalvat Editores (Juan Salvat, Roberto García Rojas, directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico); con colaboraciones de Arturo Alape, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Marco Palacios, Álvaro Tirado Mejía, entre otros · 1986 · p. 641 cita
[8]

sus actividades independientes al margen de la plantacion bananera, actuaban como una reserva de fuerza laboral. El sistema de contra- tistas implementado por la U.F.C., contratistas que a su vez enganchaban trabajadores, permitid el uso del trabajo parcial de estos campesinos. Y ademas, en la medida que la compajiia…

p. 64
09Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 361 cita
[9]

petróleo en Barrancabermeja (1924 y 1927) y en la zona bananera del Magdalena (1928) permiten hacerse una idea acerca de la situación del proleta- riado, de sus reivindicaciones, del papel desempeñado por los intelec- tuales y de la actitud de las élites. Esas grandes manifestaciones obreras, mucho más ambiciosas que…

p. 36
10Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 192, 1982 citas
[11]

de la costa caribe y del interior del país, en busca de mejores condiciones econó- micas. Muchos de ellos se emplearon en el ferro- carril y en el puerto o se convirtieron en colonos de las propiedades públicas y se dedicaron a culti- var yuca, plátano, maíz, arroz, caña de azúcar y ta- baco, que se destinaban a…

p. 198
[15]

naciente clase obrera colom- biana no tenía un componente de trabajadores in- dustriales fuertes; para 1930 sólo 15.000 obreros laboraban en fábricas; la mayoría de ellos, las dos terceras partes, eran mujeres; las formas de orga- nización sindical tuvieron carácter esporádico. Los sectores que presentaron mayor grado…

p. 192
11Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · p. 1551 cita
[12]

Entre las zonas pobladas del extenso territorio colombiano, los departamentos de la costa sobresalían por contar con la más baja densidad dem o gráfica. Las restricciones en la oferta de trabajo podrían explicar el temprano surgi miento de una mano de obra asalariada en la región, com o lo ha expuesto Fais Borda. Tal…

p. 155
12El marxismo en ColombiaOrlando Fals Borda, Gerardo Molina, Carlos Uribe Celis, Ricardo Sánchez, Klaus Meschkat, Gonzalo Cataño, Fernando D'Janon, Gabriel Misas, Darío Fajardo, Eduardo Pizarro · 1984 · p. 1461 cita
[13]

ú nica ciudad en el curso medio del Magdalena, Barrancabermeja. Tal como los trabaja dores y peque ñ os campesinos de la zona bananera, estaban sometidos a condiciones extremadamente duras de explotaci ó n y enfrentados adem á s a sociedades extranjeras que en forma casi invariable contaron con el apoyo incondicional…

p. 146
13El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 3871 cita
[14]

el ferrocarril de Girardot tiene que rebajar en un 25% los fletes al café; un año después se llega a un acuerdo similar. 33 En muchas comarcas los hacendados toman por su cuenta el man- tenimiento y en algunos casos la apertura de caminos de herradura. En Cundinamarca, por ejemplo, reconstruyen el puente de madera…

p. 387
14Historia del sindicalismo en Colombia, 1850-2013Miguel Urrutia Montoya · 2016 · p. 63, 652 citas
[16]

La huelga se comenzó a preparar el6 de octubre de 1928 cuan- do se llevó a cabo una reunión plenaria de delegados de los ~breros con el ~~jeto da redactar una serie de peticiones para presentar a la compama. Como de costumbre, ésta rehusó negociar a pesar de que había sido presionada por el Gobernador local para que…

p. 63
[21]

horas. El almacén de la compañía y otros edifi- cios fueron quemados hasta los cimientos, y los huelguistas intentaron quemar vivos a los empleados estadounidenses y colombianos que estaban resistiendo en la única casa que quedaba. Antes de que esto ocurriera, sin embargo, Uegó el Ejército, y en la batalla que siguió…

p. 65
15María Cano, la Virgen RojaBeatriz Helena Robledo · 2017 · p. 2501 cita
[17]

que a los obreros se les hizo maliciosamente concentrar en la ciudad de Ciénaga, en la tarde del 5 de diciembre, diciéndoles que era para recibir al gobernador, pues se iba en aquella ciudad a firmar el pacto con la United, que había aceptado algunos puntos. Aparece bien claro que los obreros sí quisieron transigir y…

p. 250
1630 hechos que cambiaron la historia de ColombiaRafael Pardo Rueda · 2022 · p. 1761 cita
[18]

premeditaba, como lo demostraré, asesinar a la gente que estaba dormida en los carros del ferrocarril; necesitaba pintar ante Bogotá una situación tan grave que le permitiera explicar su premeditado asesinato. Ni más ni menos que la misma actitud que se observa en los telegramas de la United. Es decir, de la compañía…

p. 176
17The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 5031 cita
[19]

did not repress the insurrection energetically, the United States would send troops Strikers or Revolutionaries? 481 and the national army would be in a bad position. On the 5th of Decem- ber, 1928, in the city of Ciénaga, we learned that the national government, together with the powerful, imperialist company, was…

p. 503
18Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 4391 cita
[20]

regalamos el minuto que falta. Al final de su grito ocurrió algo que no produjo espanto, sino una especie de alucinación. El capitán dio la orden de fuego y catorce nidos de ametralladoras le respondieron en el acto. Pero todo parecía una farsa. Era como si las ametralladoras hubieran estado cargadas con engañifas de…

p. 439
19No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 421 cita
[22]

los manifestantes. Tila Uribe relató así lo que vino después: «Durante 120 días se desató la persecución por todas las zonas, se oían las descargas del Ejército que disparaba contra todo en cualquier parte, mataba sin preguntar nada; aquello era un horrible desfile de muertos. La casa sindical, la imprenta y la…

p. 42
20Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 2881 cita
[23]

y de ahí se proseguiría el ataque hacia la capi- tal, Bogotá. La huelga, tentativa revolucionaria o simple lenguaje tremendista, se ha- bía jugado a favor y en el terreno que quería el gobierno; su política repre- siva se justificaba, y así lo propaló y convenció a muchas gentes, en la in- minente revolución comunista…

p. 288
21El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 392 citas
[24]

en octubre de 1928, y que marcó la pauta en la concretización de un marco teórico altamente represivo. Colombia se adelantaba al Ministerio de la Defensa estadounidense —el Pentágono— en la formulación de doctrinas para combatir a lo que muchos años después se cono- cería como “enemigo interno”. Su eje central era…

p. 39
[25]

en octubre de 1928, y que marcó la pauta en la concretización de un marco teórico altamente represivo. Colombia se adelantaba al Ministerio de la Defensa estadounidense —el Pentágono— en la formulación de doctrinas para combatir a lo que muchos años después se cono- cería como “enemigo interno”. Su eje central era…

p. 39
22Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 471 cita
[26]

se valieron de mecanismos como el uso de la fuerza policial al servicio de hacendados, en razón del carácter local que esta fuerza mantuvo hasta su nacionalización, en 1960 70. Contrario a lo definido por la Corte, El gobernador de Cundinamarca, por ejemplo, ordenó a las autoridades de Sumapaz que actuaran bajo el…

p. 47
23Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 551 cita
[27]

para encontrar «enemigos internos» en los actores sociales. La historia nacional también demuestra que la guerra suele desbordar los límites humanitarios y que al final se tejerán ilícitas alianzas estratégicas que la reconfiguran en guerra sucia. Surge, entonces, un patrón de estigmatización, persecución, eliminación…

p. 55
24Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 2482 citas
[28]

con Estados Unidos una serie de reparaciones pecuniarias, así que el gobierno de Vicente Concha negoció con la casa Pearson, de Inglaterra, algunas concesiones petrolíferas, pero las empresas norteamericanas, en particular la Standard Oil, debían esperar y presionar, a su manera, para que se solucionara de alguna…

p. 248
[29]

con Estados Unidos una serie de reparaciones pecuniarias, así que el gobierno de Vicente Concha negoció con la casa Pearson, de Inglaterra, algunas concesiones petrolíferas, pero las empresas norteamericanas, en particular la Standard Oil, debían esperar y presionar, a su manera, para que se solucionara de alguna…

p. 248
25Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 2191 cita
[30]

condiciones impuestas por la guerra obligaron a la compañía a suspender totalmente las exportaciones de ba- nano desde Colombia, por cinco años. Después de la segunda guerra mun- dial, la United Fruit Company perdió su monopolio en la región de Santa Marta y se retiró de la producción, vendiendo o alquilando muchos de…

p. 219
26The Agrarian Question and the Peasant Movement in Colombia: Struggles of the National Peasant Association, 1967-1981Leon Zamosc · 1986 · p. 611 cita
[31]

pattern of continuing evictions and new invasions was still going on toward the end of the 1960s. 19 Another unsolved conflict, also on the Atlantic coastline, was that of the possessions of the Frutera de Sevilla Company (a subsidiary of the United Fruit Company) in the banana zone of the department of Mag- dalena.…

p. 61
27Tierra y carbón en la vorágine del Gran Magdalena. Los casos de las parcelaciones de El Toco, El Platanal y Santa FeYamile Salinas Abdala, María Paula Hoyos, Ana María Cristancho · 2018 · p. 261 cita
[32]

Barranqui- lla, 2015, 13 de julio, radicado 2008-83160, Sentencia condenatoria contra Ferney Alberto Argumedo Torres). El auge de la marihuana coincidió con la reactivación de la in- dustria bananera en el Gran Magdalena hasta su declive a finales de los setenta por la competencia de la Frutera Sevilla, filial de…

p. 26
28Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo ILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · 2022 · p. 361 cita
[33]

presenta el mayor dinamismo económico y sobre la cual se ha proyectado, desde la segunda mitad del siglo XX, la construcción de infraestructuras portuarias y de comunicación entre el norte y sur del continente, tales como la vía panamericana y el puente interoceánico para la conexión entre el litoral Pacífico y el mar…

p. 36
29Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 431 cita
[34]

intereses de las empresas. Los beneficios del sector exportador-importador fueron evidentes, y, entre los indirecto s, debe mencionar se la valorización y concen- tración de las tierras beneficiadas. La era del ferrocarril resaltó la importancia del río Magdalena 43 4 Mar co Palacios qu e, una vez más, fue la arter ia…

p. 43
30Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 1152 citas
[35]

sal se embarca a tra- Zona central: de Santa Marta al golfo de Morrosquillo La zona central se extiende desde Santa Marta, capital del departamento del Magdalena, hasta el límite entre los departamentos de Sucre y Córdo- ba, en la parte meridional del golfo de Morrosqui- llo. Dentro de la zona están comprendidos los…

p. 115
[36]

sal se embarca a tra- Zona central: de Santa Marta al golfo de Morrosquillo La zona central se extiende desde Santa Marta, capital del departamento del Magdalena, hasta el límite entre los departamentos de Sucre y Córdo- ba, en la parte meridional del golfo de Morrosqui- llo. Dentro de la zona están comprendidos los…

p. 115
31La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo ICentro Nacional de Memoria Histórica, Lukas Rodríguez Lizcano · 2022 · p. 30, 332 citas
[37]

entre la costa Caribe y la capital del país (Velázquez, 2011). La llegada del tren a los municipios daba cierta noción de “modernidad”. En ese momento la población fue estremecida por un silbato de resonan- cias pavorosas y una descomunal respiración acezante. Las semanas pre- cedentes se había visto a las cuadrillas…

p. 30
[40]

actualidad, en particular la forma de relacionamientos entre la población y los poseedores de tierra y las formas en las que aún se trata a la clase trabajadora del departamento. Pero del paso de la United por la zona bananera no solo quedan esos regis- tros arquitectónicos. También, como lo anuncia la primera frase…

p. 33
32Mujeres que hacen historia. Tierra, cuerpo y política en el Caribe colombianoGrupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación · 2011 · p. 1321 cita
[38]

maleza, la opro- biosa cerca que separaba el mundo de sus protegidos del resto de la población se conserva intacta. Pero del paso de la United por la zona bananera no sólo quedan esos registros arquitectónicos. También, como lo anuncia la pri- mera frase que abre el testimonio de Margarita, queda una huella traumática…

p. 132
33The Flight of the Condor: Stories of Violence and War from ColombiaJennifer Gabrielle Edwards (ed.) · 2007 · p. 161 cita
[39]

with a mix of horror and admiration and their prolonged battles against their enemies—the pájaros, the army, and the National Police—became legendary. Some Colombians, faced with an implausible reality, re- placed it with fantasy and its fictions and went so far as to embark on pilgrimages to where guerrillas were…

p. 16
34Violence and Resistance, Art and Politics in ColombiaStephen Zepke, Nicolás Alvarado Castillo · 2023 · p. 921 cita
[41]

with the latent excess that cannot be trapped by official nar - ratives, claiming a truth that declares the impossibility of recovering and reconstructing it in the present. Instead of bodies to be buried and names to be remembered, the instal - lation duplicates the gesture of their disappearance with the material…

p. 92
35Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · p. 791 cita
[42]

cultivadas en los distritos de Sevilla y Riofrio y controlaba el transporte y comercializaci6n del ba- nano, dejando asi abonada la semilla de un con- flicto multifacético con las élites locales y con los trabajadores asalariados, que culminaria en la ma- tanza del 6 de diciembre de 1928. Si se observan los sistemas…

p. 79
36La economía de los paramilitares: Redes de corrupción, negocios y políticaMauricio Romero Vidal (coordinador y editor), Ariel Fernando Ávila Martínez, Vilma Liliana Franco R., Ángela Olaya, Hernán Pedraza Saravia, Bernardo Pérez Salazar, Juan Diego Restrepo E., Diana Torres · 2011 · p. 1361 cita
[43]

María Teresa Uribe, la lucha por la tierra, que se manifestó más claramente a partir la década de los sesenta, tiene su origen en la idea asumida por gobiernos y migrantes sobre dicha región como un "territorio vacío", pero más que una tierra baldía era una tierra 273 7. García, Clara Inés, Urabá. Región, actores y…

p. 136
37Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo IILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · p. 1571 cita
[44]

para… y yo lo que en ese tiempo entendía era para que cuidaran, la guerrilla se quería entrar a formar el desorden, ese desorden que ellos estaban formando, pero lo quería formar era la guerri- lla, que es lo que siempre (...). Que querían irse apoderando poco a poco de toda esa zona. 158 ESTRATEGIAS DE GUERRA Y…

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