Levantamiento bolchevique del Líbano y Chucurí (1929)
En julio y agosto de 1929, el Partido Socialista Revolucionario protagonizó los primeros ensayos organizados de insurrección marxista en Colombia: un alzamiento armado en El Líbano (Tolima) liderado por el zapatero Pedro Narváez y un intento paralelo en San Vicente de Chucurí (Santander), ambos sofocados en días por milicias locales y el ejército conservador de Abadía Méndez.
Ficha del acontecimiento
Síntesis
- Cuándo
- 29 de julio de 1929
- Dónde
- Magdalena Medio, Barrancabermeja, Bogotá, Buenaventura, La Dorada, El Líbano (Tolima), San Vicente de Chucurí (Santander), Ciénaga (Magdalena), Puerto Berrío
- Protagonistas
- Pedro Narváez (jefe del alzamiento de El Líbano), Partido Socialista Revolucionario (PSR), Comité Central Conspirativo (CCC), Ignacio Torres Giraldo (núcleo marxista dirigente del PSR), Tomás Uribe Márquez (secretario general del PSR), Raúl Eduardo Mahecha (principal agitador y organizador del PSR), María Cano (agitadora y oradora del PSR), Miguel Abadía Méndez (presidente de Colombia, gobierno represor), Ignacio Rengifo (impulsor de la Ley Heroica), Leandro Cuberos Niño (cabeza intelectual del plan nacional insurreccional), Marco Sáenz (capitán conservador que dispersó a los insurgentes en El Líbano), Juan Bautista Echeverri (liberal que codirigió la milicia contra los insurgentes en El Líbano)
Lectura causal
Causas, hecho y consecuencias
Causas
- Agotamiento y endurecimiento represivo de la Hegemonía Conservadora, expresado en el decreto 707 de 1927 y la Ley Heroica de octubre de 1928, que cerraron la vía legal a la organización popular y sindical.
- Formación de una capa social —artesanos amenazados por la importación, colonos cafeteros sin títulos, trabajadores de enclaves extranjeros— sin representación en los partidos tradicionales y receptiva a la retórica socialista del PSR.
- Crisis económica de 1928-1929: corte del crédito externo estadounidense, despido masivo de trabajadores de obras públicas y caída del precio del café de 30 a 16-17 centavos de dólar por libra, que agudizó el malestar rural en el norte del Tolima y el Magdalena Medio.
- Radicalización del PSR tras la masacre de las bananeras (diciembre de 1928), que convenció a su dirección de que la vía legal estaba cerrada y aceleró la apuesta por la insurrección armada.
- Existencia previa, desde la década de 1910, de núcleos colombianos organizados en torno a ideales marxistas y de una red clandestina (Correos Rojos) capaz de articular focos regionales con una dirección nacional.
- Alianza táctica entre el PSR y sectores del liberalismo insurreccionalista tradicional, encarnada en la figura del general Leandro Cuberos Niño, que dotó al plan de una dimensión nacional.
Consecuencias
- Derrota militar inmediata de ambos alzamientos en cuestión de días, con dispersión de los insurgentes, detenciones y represión estatal, lo que desarticuló temporalmente la red clandestina del PSR.
- Exposición de la fragilidad logística del Comité Central Conspirativo: la contraorden de aplazamiento no llegó a El Líbano, revelando que los Correos Rojos eran insuficientes para conducir operaciones militares con precisión.
- Legitimación retroactiva de la Ley Heroica y del arsenal represivo conservador: el gobierno de Abadía Méndez utilizó los alzamientos como prueba de la amenaza comunista que había justificado la legislación de 1927-1928.
- Contribución a la crisis terminal de la Hegemonía Conservadora: los levantamientos, sumados a la masacre de las bananeras y a la crisis económica, aceleraron el desprestigio del régimen y prefiguraron la transición al gobierno liberal de 1930.
- Inscripción en la genealogía endógena del conflicto armado colombiano: los alzamientos de 1929 establecieron un precedente de insurrección marxista con agencia doméstica, anterior a cualquier influencia sistemática del Comintern sobre Colombia.
La clave interpretativa
Por qué importa
Los alzamientos de El Líbano y Chucurí refutan el mito de que el marxismo-leninismo llegó tarde a Colombia como fenómeno externo: en 1929, artesanos y colonos se levantaron en su nombre con un plan insurreccional de alcance nacional, antes de que el Comintern orientara sistemáticamente a los partidos latinoamericanos. Constituyen el primer ensayo organizado de insurrección marxista en el país y muestran que la violencia política de izquierda tiene raíces domésticas profundas, lo que obliga a revisar las narrativas que sitúan el origen del conflicto armado colombiano en influencias externas de mediados del siglo XX.
Desarrollo histórico
La historia completa
Levantamiento bolchevique del Líbano y Chucurí (1929)
En la madrugada del 29 de julio de 1929, más de doscientos hombres armados atacaron la cabecera municipal de El Líbano, en el norte cafetero del Tolima, portando linternas cubiertas con papel seda rojo para reconocerse en la oscuridad. Los dirigía Pedro Narváez, un zapatero que empleaba a veinticinco trabajadores en su taller y que en el corregimiento de Murillo hizo izar una bandera roja con tres ochos y obligó a las autoridades depuestas a rendirle honores. En las mismas semanas, un intento paralelo se organizaba en San Vicente de Chucurí, en el Magdalena Medio santandereano. Ambos alzamientos fueron obra del Partido Socialista Revolucionario y ambos fracasaron en cuestión de días, sofocados por milicias locales y por el ejército del gobierno de Miguel Abadía Méndez. Constituyen, sin embargo, los primeros ensayos organizados de insurrección marxista en territorio colombiano: la primera vez que una dirección política de izquierda armó a artesanos y colonos en dos regiones distintas con un plan insurreccional de alcance nacional, y la primera vez que el Estado conservador respondió con el arsenal jurídico y militar que había construido en los dos años previos. Refutan de paso el lugar común según el cual el marxismo-leninismo llegó tarde a Colombia y como injerto externo: en 1929, cuando el Comintern apenas empezaba a orientar de manera sistemática a los partidos latinoamericanos, ya había en Líbano y Chucurí campesinos y zapateros dispuestos a levantarse en su nombre.
El mundo del que brotan los alzamientos
El Partido Socialista Revolucionario había nacido apenas tres años antes, en el Tercer Congreso Obrero reunido en Bogotá el 21 de noviembre de 1926. Lo fundó la mayoría marxista del congreso, contra la resistencia de una minoría que se oponía a la creación misma del partido. Su núcleo dirigente lo formaban Ignacio Torres Giraldo, que cristalizó el proyecto político, y Tomás Uribe Márquez, secretario general, a quien se atribuye haber sido el primero en Colombia en concebir un partido que sirviera a la vez a los trabajadores urbanos y a los campesinos. El PSR simpatizaba con la Internacional Comunista pero no adhería a sus tesis: rechazaba el modelo cerrado de partido leninista de cuadros y prefería una organización más amplia, capaz de acoger a obreros, artesanos, pequeños productores y jornaleros agrícolas. La apertura no era casualidad. En un país donde el proletariado industrial apenas existía, los revolucionarios colombianos entendieron pronto que no podían contar exclusivamente con una clase obrera que no había terminado de formarse; buscaron la unidad de todos los explotados y oprimidos. La consecuencia práctica fue que sus tres principales agitadores —Raúl Eduardo Mahecha, María Cano e Ignacio Torres Giraldo— trabajaron indistintamente en enclaves petroleros, ferrocarriles, puertos, plantaciones bananeras y regiones cafeteras.
Mahecha había pasado de los braceros y estibadores del Magdalena a los obreros de la Tropical Oil en Barrancabermeja entre 1923 y 1927, y de allí a la Zona Bananera, donde organizó la huelga que terminó en la masacre de diciembre de 1928. Su pedagogía era terrenal: él mismo la describía como el uso de "mucha astucia y mucho conocimiento de la sicología del nativo colombiano", valiéndose de cuentos de aparecidos y hadas para "resbalarle dos o tres palabras venenosas" al oyente. Torres Giraldo dirigía el periódico La Humanidad y agitaba en el Ferrocarril del Pacífico y en Buenaventura. María Cano, bautizada por los obreros como "la flor del trabajo" y "la flor roja y revolucionaria de Colombia", había iniciado su carrera política hacia 1925 y realizado al menos seis giras nacionales electrizando a multitudes con su retórica apasionada. Los tres tejieron una red que no era estrictamente sindical: era también simbólica y emocional, capaz de bautizar seculares matrimonios, de convertir a una modista antioqueña en oradora nacional, de introducir la palabra "socialismo" en veredas donde la única autoridad reconocida eran el cura y el gamonal.
Sobre esa red se montó, entre 1927 y 1929, un aparato clandestino. El Comité Central Conspirativo —conocido como CCC— organizó los llamados Correos Rojos: una red de comunicaciones con postas entre La Dorada, Puerto Berrío y estaciones intermedias, que exigía coordinación de muchos militantes y que debía enlazar los focos regionales del partido con la dirección nacional. En una Asamblea Socialista de fecha imprecisa, la dirección discutió la huelga de la Zona Bananera —que se consideraba necesaria aunque las condiciones no estuvieran maduras— y aspectos de esa organización clandestina, con La Dorada como nodo neurálgico. El detalle importa: los ríos y las líneas férreas eran la única infraestructura capaz de sostener un movimiento de escala nacional en un país cuyas cordilleras aislaban cada región de las otras. El CCC apostó por esa geografía, y apostó mal.
El contexto en que la red operaba se había vuelto asfixiante. El gobierno conservador de Abadía Méndez había respondido al ascenso de la agitación laboral con un arsenal legal cada vez más severo. En 1927 promulgó el decreto 707, llamado de Alta Policía, que suscitó las primeras protestas orgánicas del PSR. En octubre de 1928, tras un debate parlamentario que se había extendido desde febrero, el Congreso aprobó la llamada Ley Heroica, cuyo eje central era prohibir las organizaciones populares y sindicales de oposición, impedir la difusión de ideas socialistas y establecer condenas rápidas para los implicados. La impulsó en el Congreso Ignacio Rengifo, que argumentaba la inminencia de una revuelta comunista; lo secundó Antonio José Uribe. Liberales y un sector de conservadores la calificaron de excesiva; varios jerarcas de la Iglesia, en cambio, enviaron telegramas de felicitación, y el arzobispo de Cartagena celebró el "triunfo alcanzado por el partido del orden social". La ley se aprobó el mismo mes en que estalló la huelga bananera contra la United Fruit Company, y dos meses antes de que el general Carlos Cortés Vargas, designado por Rengifo, diera la orden de fuego contra los huelguistas en la plaza de la estación de Ciénaga en la noche del 5 al 6 de diciembre de 1928.
La represión de las bananeras dejó una marca duradera en la memoria del PSR y en la estructura misma de su militancia. Tras la masacre, según el testimonio de Tila Uribe, Cortés Vargas dispuso consejos de guerra verbales contra los sobrevivientes; de más de setecientos presos, ciento treinta y seis habrían sido juzgados —otras versiones hablan de cincuenta y cuatro—, incluyendo mujeres, maquinistas que se negaron a transportar cadáveres al mar, periodistas y profesores, con penas de hasta veinticinco años. El ejército prolongó por unos ciento veinte días una persecución que incluyó el saqueo de la casa sindical, la imprenta y la cooperativa de Ciénaga. Mahecha fue juzgado y encarcelado. La violencia estatal, más que desarmar al PSR, terminó de convencerlo de que la vía legal estaba cerrada.
A ese cierre político se sumó una crisis económica que multiplicó la explosividad. A comienzos de 1928, los prestamistas estadounidenses cortaron el crédito a Colombia por dos razones: los informes de despilfarro de los fondos ya girados y una protesta contra la legislación colombiana que protegía las reservas petroleras. El corte del crédito provocó recortes drásticos en las obras públicas y el despido de miles de trabajadores. El precio internacional del café, que rondaba los treinta centavos de dólar por libra un año antes, cayó a veintitrés centavos a comienzos de 1929 y siguió descendiendo. El norte del Tolima, uno de los frentes de colonización cafetera más dinámicos, resintió esa caída de inmediato. En Sumapaz, en el norte del Valle, en otras regiones de Cundinamarca y en el propio Tolima, los colonos empezaron a invadir latifundios y los arrendatarios a negarse a pagar las obligaciones contraídas con las haciendas, alegando propiedad sobre las parcelas que habían desmontado. Los sindicatos agrarios cercanos al PSR lideraban huelgas en Líbano, Ciénaga, Barrancabermeja y Girardot. El malestar rural crecía en el mismo pulso en que crecía la disposición del PSR a jugarse la carta insurreccional.
El plan nacional y su desmoronamiento
El proyecto de 1929 no era una asonada local: era un levantamiento coordinado de alcance nacional, articulado por el CCC en varios focos regionales y vinculado a un movimiento cuya cabeza intelectual habría sido el general Leandro Cuberos Niño, veterano de las guerras civiles decimonónicas. Esa alianza entre el PSR y sectores del liberalismo insurreccionalista tradicional revela hasta qué punto la izquierda colombiana de los años veinte se movía todavía en un terreno donde las viejas prácticas de la conspiración liberal se cruzaban con la nueva retórica soviética. El CCC había planeado el alzamiento para junio o julio, pero en algún momento la dirección decidió aplazarlo. Las razones son varias y probablemente convergentes. La Internacional Comunista había dado instrucciones de suspender las revueltas planeadas para junio; casi al mismo tiempo, los revolucionarios venezolanos con quienes se coordinaban aplazaron su propio movimiento. El PSR aceptó postergar el golpe y emitió una contraorden que debía recorrer los mismos Correos Rojos que habían servido para prepararlo.
Aquí falló todo. La contraorden llegó a algunos focos pero no a otros. En El Líbano, los conjurados no se enteraron a tiempo. La cadena de comunicaciones del CCC, que había parecido suficiente para transmitir consignas de agitación, se reveló incapaz de conducir con precisión una orden militar en un plazo corto. Los insurgentes de Líbano se levantaron el 29 de julio ignorando que el plan nacional había sido aplazado.
El grupo de Narváez se acantonó en el sitio llamado El Agrado, en la parte occidental de la cabecera, y desde allí lanzó el ataque en la madrugada. Las cifras oscilan entre doscientos y trescientos hombres. Portaban linternas con papel seda rojo, hicieron estallar bombas en la cabecera y en el corregimiento de Dosquebradas, mataron a seis personas y tomaron temporalmente el corregimiento de Murillo, donde durante el día los campesinos izaron la bandera roja con tres ochos y obligaron a las autoridades depuestas a rendirle honores. Hubo choques violentos también en los corregimientos de Convenio y Santa Teresa. Pero la resistencia local fue rápida y eficaz: una milicia ciudadana comandada por el capitán conservador Marco Sáenz y el liberal Juan Bautista Echeverri —una alianza bipartidista contra los "bolcheviques" que marca los límites sociales del PSR en la región— dispersó a los atacantes. El grupo de Narváez, replegado hacia el occidente, se disolvió en las estribaciones.
En El Líbano, el marxismo tenía una peculiaridad que lo distingue de casi cualquier otro foco del PSR: sus organizadores eran artesanos que consideraban que ninguno de los dos partidos tradicionales representaba al pequeño empresario. Narváez había denunciado ante el Congreso nacional que la enorme cantidad de calzado extranjero estaba arruinando la producción doméstica. Su radicalización no venía del contacto con una gran industria fabril inexistente, sino de la ruina inminente de su oficio bajo la presión de la importación. Los "bolcheviques" del Líbano organizaban bautismos seculares en el llamado Altar de la Fraternidad Universal, sustituían el rito católico por ceremonias civiles y politizaban las vidas privadas con una liturgia paralela. Esa politización simbólica era intensa y auténtica; también era, en términos militares, insuficiente. La ceremonia no fabrica soldados.
El intento paralelo de San Vicente de Chucurí, en el Magdalena Medio santandereano, seguía la misma matriz en un escenario social distinto. Allí el PSR tenía presencia gracias al trabajo de Mahecha con los obreros petroleros de Barrancabermeja durante los años previos, y la zona rural estaba dominada por colonos y pequeños propietarios en pugna con las grandes haciendas y con los intereses de la compañía extranjera. El levantamiento en Chucurí fue rápidamente desarticulado. Los combates de Santander no se conocen con la misma precisión que los del Tolima, pero la operación formaba parte del mismo plan nacional del CCC y corrió una suerte análoga: aislamiento, dispersión, represión inmediata.
Ninguno de los dos alzamientos alcanzó a durar más de un puñado de días. En El Líbano, más de doscientos revolucionarios pusieron en jaque a las autoridades locales durante aproximadamente cuarenta y ocho horas antes de ser dispersados. La facilidad con que el Estado los sofocó no debe leerse como demostración de una superioridad militar aplastante —las fuerzas movilizadas eran modestas—, sino como consecuencia directa del aislamiento: los focos que se levantaron actuaron sin saber que el resto del país no se levantaría con ellos, sin refuerzos previstos, sin la coordinación logística que un plan nacional habría exigido incluso en su versión más elemental. La represión, cuando llegó, remató lo que la propia falla organizativa del PSR ya había condenado.
Lo que empujó a la insurrección
Distinguir las causas de fondo de los detonantes ayuda a entender por qué 1929 fue el año del intento y no otro. En el fondo actuaban varios procesos convergentes. Uno era el agotamiento de la Hegemonía Conservadora, cuyo decaimiento ya era previsible para observadores contemporáneos y que se manifestaba en un endurecimiento represivo que a menudo señala la fase terminal de un régimen. Otro era la formación de una capa social —artesanos amenazados por la importación, colonos cafeteros sin títulos, trabajadores de enclaves extranjeros— que no cabía ni en la maquinaria clientelar liberal ni en la conservadora, y que empezaba a buscar representación política propia. Un tercero era la existencia, desde los años diez, de núcleos colombianos organizados en torno a ideas marxistas: la afirmación de que el marxismo colombiano fue una importación tardía y ajena no se sostiene contra el hecho de que la organización política local con ese ideario había comenzado antes incluso de la Revolución Rusa. El PSR heredó esa tradición y la profesionalizó.
Sobre este fondo actuaron detonantes precisos. La masacre de las bananeras en diciembre de 1928 fue el más importante: convirtió al PSR de un partido de agitación en un partido con muertos propios, y demostró que el régimen conservador estaba dispuesto a usar la fuerza militar contra una huelga que en muchos de sus puntos solo exigía el cumplimiento de la legislación laboral vigente —abolición del sistema de contratistas, seguro colectivo, servicios médicos, vales redimibles fuera de los almacenes de la compañía—. La Ley Heroica, aprobada dos meses antes, había puesto en el papel la criminalización de la organización obrera; las bananeras la aplicaron en la práctica antes de que la tinta estuviera seca. El corte del crédito estadounidense y el desplome del precio del café, ambos consumados a lo largo de 1928 y comienzos de 1929, hicieron el resto: desempleo urbano, ruina en las zonas cafeteras jóvenes como el norte del Tolima, presión creciente sobre los colonos endeudados. La región donde estalló Líbano no era una elección arbitraria: era una de las zonas donde la crisis y la agitación agraria coincidían con la presencia orgánica del PSR.
Falta un factor causal que rara vez se enuncia con claridad. Los revolucionarios colombianos no cometieron el error doctrinario de esperar a que existiera un proletariado industrial clásico: entendieron que su base debía ser más amplia, y a esa apertura debieron su capacidad real de movilizar campesinos y artesanos. Pero esa misma apertura tenía un costo. Sin un núcleo obrero disciplinado y sin experiencia militar previa —el PSR nunca había construido milicias, ni escuelas de cuadros militares, ni depósitos de armas dignos de ese nombre—, la organización dependía enteramente de la eficacia de su red de comunicaciones y del entusiasmo de sus bases. Cuando la primera falló y el segundo se encontró aislado, el resultado era previsible.
Después de la derrota
Las consecuencias inmediatas fueron predominantemente represivas. Los alzamientos se usaron como prueba retrospectiva de que la Ley Heroica había sido necesaria: los conservadores que la habían impulsado —Rengifo, Antonio José Uribe— pudieron señalar los hechos de Líbano y Chucurí como confirmación de la inminencia comunista que habían denunciado en el Congreso. Narváez fue capturado. Los participantes fueron juzgados. El patrón punitivo ensayado en las bananeras —consejos de guerra verbales, penas largas, extensión de la persecución a mujeres y a militantes indirectos— se convirtió en el modo estándar de responder a la protesta social organizada. La militarización de la justicia que algunos magistrados habían denunciado en 1928 pasó a formar parte del repertorio institucional del Estado colombiano frente a la izquierda, y volvería a aparecer en momentos posteriores del siglo bajo formas jurídicas distintas pero funcionalmente equivalentes.
En el corto plazo, sin embargo, la Hegemonía Conservadora estaba ya herida. La masacre de las bananeras había agudizado la agitación social y los problemas del gobierno de Abadía Méndez; los alzamientos de 1929 la profundizaron. La caída del café y el desempleo alimentaban una insatisfacción que ya no cabía en el molde bipartidista tradicional. En 1930 el liberalismo recuperó la presidencia con Enrique Olaya Herrera, y con ello se abrió la República Liberal. Los alzamientos del PSR no causaron directamente esa transición, pero contribuyeron a corroer el suelo sobre el que se sostenía el régimen conservador.
Las consecuencias internas al PSR fueron más traumáticas que las externas. El fracaso de la insurrección abrió una crisis orgánica profunda y coincidió con un giro en la política de la Internacional Comunista, que había juzgado como "aventureras" tanto la huelga de las bananeras como el proyecto insurreccional coordinado con los generales liberales, y que también criticaría la campaña presidencial de 1930. Un alto dirigente de la Komintern para América Latina —probablemente Vittorio Codovilla— señaló las dificultades de seleccionar cuadros dirigentes adecuados en Colombia. La solución que impuso la Internacional fue la bolchevización.
Entre el 5 y el 17 de julio de 1930, un pleno ampliado del PSR revisó la organización y su historia reciente. El 13 de julio se cambió el nombre del partido por el de Partido Comunista de Colombia. Se eligió un nuevo Comité Central Ejecutivo. El nuevo secretario general fue Guillermo Hernández Rodríguez, conocido por el seudónimo Guillén y descrito en la época como el "consentido del Komintern". La bolchevización implicó expulsiones: Raúl Mahecha —el organizador de las bananeras, el hombre que había pasado años con los obreros petroleros y los braceros del Magdalena— fue expulsado. Erasmo Valencia, otro dirigente de larga trayectoria, corrió la misma suerte. María Cano fue atacada, reconoció errores, resultó electa como suplente del Comité Central Ejecutivo y pidió que retiraran su nombre. Torres Giraldo terminaría escribiendo, décadas después, la biografía de María Cano —publicada en 1972— y una obra historiográfica extensa sobre las luchas sociales colombianas, entre ellas Los inconformes, aparecida póstumamente en 1978. Él mismo murió en 1968 en Cali, en la pobreza y el aislamiento político.
La ironía del proceso fue nítida. El PSR había fracasado militarmente en 1929 en parte porque su estructura era demasiado abierta y demasiado dependiente de una red de agitación simbólica sin correlato militar. La Internacional respondió imponiendo una bolchevización que purgó precisamente a los cuadros con mayor arraigo popular —Mahecha, Valencia, la propia Cano marginada— en favor de figuras alineadas con Moscú pero sin la experiencia de haber organizado a los braceros del Magdalena o a los artesanos del Tolima. El propio Hernández Rodríguez sería expulsado pocos años después. El PCC nació, entonces, en medio de una aguda crisis orgánica, y esa inestabilidad marcaría sus primeros años.
Precedente
Los alzamientos de Líbano y Chucurí ocupan un lugar particular en la historia política colombiana. Muestran, en primer lugar, que el marxismo colombiano no fue un injerto foráneo tardío: hacia 1929 había en el norte del Tolima y en el Magdalena Medio santandereano militantes dispuestos a levantarse en armas bajo banderas rojas con tres ochos, y esos militantes eran zapateros, colonos y campesinos con agravios propios y anclados en la economía local. La radicalización venía de la ruina del artesanado por la importación, del cierre de la frontera agraria, de la caída del precio del café, del cierre autoritario del régimen conservador. La retórica bolchevique era el idioma en que esas realidades encontraron nombre.
Muestran también la distancia entre agitación simbólica y organización militar. El PSR sabía electrizar multitudes, bautizar seculares y construir redes de correos clandestinos, pero no había construido el aparato militar que un proyecto insurreccional exige. La contraorden que no llegó a Líbano no fue un accidente aislado: fue la manifestación de un problema estructural del partido, que se resolvería más tarde en dirección leninista pero al costo de perder a los cuadros con arraigo popular real.
Muestran, finalmente, la solidez del bipartidismo rural incluso frente a movimientos radicales bien organizados. En Líbano, la milicia que dispersó a los insurgentes estaba comandada por un conservador y un liberal actuando conjuntamente. Sin romper la mediación bipartidista sobre las masas rurales, ningún proyecto insurreccional de base campesina podía sostenerse. El PSR había construido conciencia de clase en focos importantes, pero no había resquebrajado la lealtad partidista tradicional que organizaba la vida política de la mayoría de los colombianos.
Los alzamientos fueron sofocados en días. Sus protagonistas fueron juzgados, expulsados o marginados. El partido que los organizó cambió de nombre menos de un año después. Y sin embargo, el hecho mismo de que hubieran ocurrido —de que artesanos y colonos colombianos hubieran cruzado en 1929 el umbral que separa la protesta social de la insurrección armada bajo bandera roja— quedó como precedente. Cuando cuatro décadas más tarde otras insurgencias reclamaron una genealogía revolucionaria en Colombia, Líbano y Chucurí estaban ahí, en el fondo de la memoria, como los primeros ensayos endógenos de una tradición que ni la represión ni la bolchevización lograron borrar.
La época alrededor
Este hecho no ocurrió solo
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
01Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 207, 2442 citas
[1]proyecto anarcosindicalista fue rápidamente criticado por distintos sectores obreros e intelectuales que se habían adherido inicialmente a la CON. En ese ambiente comienza a surgir nuevamente la idea de la cons- trucción de un partido independiente de la clase obrera. Al calor de resonantes éxitos huel- guísticos como…p. 244
[40]frontación que se avecinaba. Lo anterior ignora un factor indis- pensable: la actitud del gobierno. Cuando la Unión Sindical de Traba- jadores del Magdalena escribió el plie- go de peticiones, no solamente le en- vió copias a la United Fruit sino al pre- sidente de. la República, al Congreso y al Ministerio de…p. 207
02Historia de Colombia. La República de Colombia IISalvat Editores (Juan Salvat, Roberto García Rojas, directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico); con colaboraciones de Arturo Alape, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Marco Palacios, Álvaro Tirado Mejía, entre otros · 1986 · p. 501 cita
[2]Estos nicleos compuestos por obre- ros, artesanose intelectuales se lanzan a la tarea de organizar el naciente movimiento laboral a través de congresos obreros. En el segundo de estos con- gresos, en julio de 1925, surgié la Confederacién Obrera Nacional, con un marcado tinte anarcosin- dicalista. Un afio més tarde,…p. 50
03Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · p. 62, 692 citas
[3]contrario, decidió que el avance intelectual y doctrinario no radicaba más en el liberalismo y optó por pasar al socialismo, aunque años después regresó a las toldas liberales. Los socialistas, por su lado, continuaban concretando ideas. Hacia 1924, en un nuevo congreso, orientaron su perfil hacia un compromiso más…p. 62
[22](aunque con un solo aparato) y se entregaron cinco proyectos de ley sobre aspectos varios, incluido uno para hacer más efectivo el servicio militar obligatorio. Ciénaga y Líbano Los dos hechos históricos que sintetizan la fuerte y constante movilización obrera, popular y campesina y la respuesta militar del Estado en…p. 69
04El marxismo en ColombiaOrlando Fals Borda, Gerardo Molina, Carlos Uribe Celis, Ricardo Sánchez, Klaus Meschkat, Gonzalo Cataño, Fernando D'Janon, Gabriel Misas, Darío Fajardo, Eduardo Pizarro · 1984 · p. 154, 1582 citas
[4]con base territorial y composici ó n social popular ” 3. 3 Ignacio Torres Giraldo, Los Inconformes, Tomo 4, Bogot á 1974, p. 7/8 Aqu í aparece como soluci ó n de emergencia precisamente aquello en que descansaban la fuerza y la capacidad movilizadora del nuevo partido: su í ntima relaci ó n con las agrupaciones…p. 154
[6]como de la necesidad, para anticipar el estallido, de agudizar los conflictos que surgieran. En consecuencia, es s ó lo de esta praxis que podr á n extraerse las flaquezas y los puntos fuertes de su concepci ó n revolucionaria. Cabe a este prop ó sito subrayar algunas cuestiones. 1. Al no tener un an á lisis de clases…p. 158
05Diez propuestas para el estudio de la historia reciente de Colombia con énfasis en el conflicto armadoFrancisco Acevedo, Mauricio Bello, Blanca Cepeda, Wencith Guzmán, Jacqueline Mendoza, Nixon Mora, Roque Moreno, William Peña, Jorge Ramírez, Maira Soto, María Cristina Téllez · 2022 · p. 331 cita
[5]Centro Educativo Agualasal 31 Texto 2. Artesanos antes que obreros. En un comienzo, el número de obreros frente a los artesanos era bastante bajo. Por lo tanto, el artesano, un trabajador manual calificado y dueño de su taller o lugar de trabajo, fue el principal encargado de dirigir las luchas y los movimientos…p. 33
06Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 269, 2732 citas
[7]comu- nidades desarrollaron el trabajo de educación y organización dirigentes indígenas socialistas como José Gon- zalo Sánchez y Eutiquio Timoté. Tomás Uribe Márquez (1886-1936), secretario general del partido socialista revolucionario fundado en 1926. "El fue el primero en concebir en Colombia la modalidad de un…p. 269
[41]oriente del país y en otro tipo de latifundio y en virtud de la acción de corrientes de coloni- zación en Cundinamarca y el Tolima, se abrían para la población agraria mayores posibilidades de acción polí- tica por fuera de los marcos del bipar- tidismo. Al mismo resultado contri- buían la presencia de una numerosa…p. 273
07Una Colombia que nos quedaLinsu Fonseca · 2007 · p. 731 cita
[8]exactamente a un congreso sindical sino a un encuentro abierto y revolucionario de organizaciones”.2 Agrega que el Partido se alimentaba del gran espíritu de lucha obrera que floreció en esa segunda década del siglo XX. Una época mar cada por un incipiente proceso de industrialización en el país, la confor mación de…p. 73
08Revolutionary Social Change in Colombia: The Origin and Direction of the FARC-EPJames J. Brittain · 2010 · p. 4, 192 citas
[9]earlier, as left-wing workers’ collectives began to mobilize around Marxist ideals during the 1910s (Osterling, 1989: 184–5). 9 Interestingly, Colombians were rallying behind Marxism well before the Russian Revolution of 1917 or the landing of any external communist (Decker and Duran, 1982: 80–1; Urru- tia, 1969: 55,…p. 4
[45]demonstrate a lack of knowledge or underes- timation of the PCC’s programmatic formula, and strategic understanding of Colombia’s dual economy. 3 Following the PCC’s formal accreditation in 1930, the Party immediately called for “social transformation, unionism, and the education of the working class” and quickly…p. 19
09Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 1201 cita
[10]lo s políticos que lo s costos marginales de cada voto en esas circunscripciones eran demasiado elevados en comparación con las ciudades y distritos rurales tr adicionales. Los principales focos de descont e nto pueden seguir se en la actividad de tres fogosos agitadores y organizadores revoluciol\a- rio s: Raúl…p. 120
10Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · p. 237, 2472 citas
[11]forma perfectamente cálida, no usaba de figuras, iba al grano. El usaba un lenguaje para que todo el mundo lo ESTRELLA ROJA khalil.rojo.col@gmail.com 237 entendiera a pesar de que él era abogado". Mahecha mismo describía así su 'pedagogía': "Se necesita mucha astucia y mucho conocimiento de la sicología del nativo…p. 237
[31]socialismo se concentraba en los planes insurreccionales, el pueblo bogotano salía a las calles a protestar contra el grupo que controlaba la política local. En parte por ello se explica que los liberales 'civilistas' hubieran sido los dirigentes de un movimiento que en otras circunstancias hubiera seguido al…p. 247
11Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · p. 4121 cita
[12]de periodistas liberales de Mede lIín,Marla Cano se preocupó muy pronto por los sufrimientos de los po bres. Para fines de los años veintes se había convertido en símbolo de los obreros rebeldes y en una oradora capaz de electrizar a las multitudes de trabajadores que acudían a escuchar su apasionada retórica y las…p. 412
12Estudios interdisciplinarios de las élites en ColombiaCatalina Acosta Oidor, Alexander Gamba Trimiño, Verónica Salazar Baena · 2023 · p. 139, 1472 citas
[13]la familia de María Cano en Medellín y posteriormente en Palmira. Durante este, redactó una prolífica obra de análisis político-social, gran parte aún inédita, que incluye Los inconformes (Torres Giraldo, 1978) —estudio historiográfi - co pionero sobre las luchas sociales en Colombia—, las Cinco cuestio - nes…p. 147
[43]época, nombre despectivo para golpistas, “aventureros pequeñoburgueses”. 3 Similar a la anterior, nombre despectivo para quienes impulsaban alzamientos guerrilleros y derivado del nombre del revolucionario mexicano Pancho Villa. 139 Capítulo 5. Trayectorias de una fallida élite política de izquierda Ignacio Torres…p. 139
13Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 421 cita
[14]las clases medias y al- tas. A través de eventos que les hacían Capítulo 1 43 posible entrar como reinas a espacios para ellas vedados, como el mundo del trabajo remunerado y el mundo uni- versitario, se las nombraba «Flor del Trabajo» o «Reina de los Estudian- tes», para recaudar fondos de ayuda para las casas del…p. 42
14Historia doble de la Costa. Tomo 4: Retorno a la tierraOrlando Fals Borda · 2002 · p. 2071 cita
[15]que, distinto al toro, arremete y pega con los ojos abiertos". En otros pueblos y ciudades (Cartagena, Barranquilla, Cereté, San Carlos, Neiva) se crearon casi simultáneamente sociedades de obreros y obreras similares a las de Montería en cuyos estatutos se abogaba "por la emancipación de la mujer organizando socieda-…p. 207
15María Cano, la Virgen RojaBeatriz Helena Robledo · 2017 · p. 206, 2422 citas
[16]comunicaciones que se hacían en forma de postas; de aquí a La Dorada, de ahí a Puerto Berrío, con estaciones intermedias de recibo, ramificaciones de reparto, puntualidad, itinerarios, contactos; que los “Correos Rojos” tuviéramos donde llegar, dormir secretamente […] Es decir, eso significaba una cantidad de trabajo,…p. 206
[32]algunos campesinos que la visitaron cuando ella ya estaba retirada de la actividad política, aprovechando un viaje a Medellín. Le contaron que el 28 a la medianoche, campesinos armados avanzaron sobre el Líbano. El mejor equipado era el grupo dirigido por Narváez, que se acantonó en la parte occidental, en el sitio…p. 242
16Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 2731 cita
[17]de las luchas sociales. Esta convicción se derivaba de una concepción paternalista de las relacio- nes sociales y de la confianza en un or- den inmutable, garantizado por las creencias religiosas que debían com- partir los colombianos, sin importar el lote que les hubiera cabido en el re- parto de los bienes…p. 273
17Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · p. 183, 1872 citas
[18]partici- pated in the work of the CCC. By early 1928 members of the group were building bombs for use in bringing down the hated Conservative regime. At the same time Conservative Party leaders like Antonio José Uribe and Ignacio Rengifo were calling for new legislation that would give them a free hand in striking at…p. 183
[23]at attention and saluting President Abadía. Behind the general lies a row of human corpses; behind Abadía lies a pile of ducks. “I killed a hundred!” says Cortés. “That’s nothing,” replies Abadía, “I killed two hundred!” 36 Economic fears accompanied widespread unhappiness over Abadía’s insen- sitivity to the problems…p. 187
18El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 39, 1294 citas
[19]en octubre de 1928, y que marcó la pauta en la concretización de un marco teórico altamente represivo. Colombia se adelantaba al Ministerio de la Defensa estadounidense —el Pentágono— en la formulación de doctrinas para combatir a lo que muchos años después se cono- cería como “enemigo interno”. Su eje central era…p. 39
[20]en octubre de 1928, y que marcó la pauta en la concretización de un marco teórico altamente represivo. Colombia se adelantaba al Ministerio de la Defensa estadounidense —el Pentágono— en la formulación de doctrinas para combatir a lo que muchos años después se cono- cería como “enemigo interno”. Su eje central era…p. 39
[37]penas podían llegar hasta 24 años de cárcel para quienes en los “centros o lugares urbanos causen o participen en perturbaciones del orden público, o alteren el pacífico desarrollo de las actividades sociales [...]”. Estas condenas, que generalmente eran proferidas por los comandantes de brigada, carecían del recurso…p. 129
[38]penas podían llegar hasta 24 años de cárcel para quienes en los “centros o lugares urbanos causen o participen en perturbaciones del orden público, o alteren el pacífico desarrollo de las actividades sociales [...]”. Estas condenas, que generalmente eran proferidas por los comandantes de brigada, carecían del recurso…p. 129
19Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 3721 cita
[21]Con el agravan- ~ te de que en Colombia comenzó antes, pues los intereses 1 norteamericanos, preocupados por los intentos oficiales ' de control de las explotaciones petroleras, decidieron cor- tar los créditos internacionales. El New York Times atribu- yó esa política oficial al "deseo de la administración del…p. 372
20Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 1531 cita
[24]múltiples proyectos de infraestructura para abaratar costos de exportación e integrar las regiones. Abrió un programa de obras públicas que tendría fuertes incidencias en la hasta entonces inmóvil mano de obra rural, en los índices de inflación y en movilizaciones sociales y conflictos obreros. Los departamentos y…p. 153
21La violencia en Colombia: Estudio de un Proceso SocialGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 1962 · p. 561 cita
[25]o figuraba entre los "muertos". Y luego venía la discusión y tras esta, la revuelta, que no tardaba en generalizarse. Se vivían mo- mentos dramáticos. Cuando nada ocurría durante el desarrollo de los comicios, la tromba de violencia se desataba al conocerse los resultados, por lo general adulterados en forma…p. 56
22Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 361 cita
[26]petróleo en Barrancabermeja (1924 y 1927) y en la zona bananera del Magdalena (1928) permiten hacerse una idea acerca de la situación del proleta- riado, de sus reivindicaciones, del papel desempeñado por los intelec- tuales y de la actitud de las élites. Esas grandes manifestaciones obreras, mucho más ambiciosas que…p. 36
23When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames D. Henderson · 1985 · p. 823 citas
[27]they had watched the socialists spread their message and win converts all along the river and llano) up into the coffee latifundia of eastern Tolima} through the Indian lands of Ortega and Coyaima} and even into the antioquefio settlements of the northern cordillera. Informants warned that the most dangerous…p. 82
[28]they had watched the socialists spread their message and win converts all along the river and llano) up into the coffee latifundia of eastern Tolima} through the Indian lands of Ortega and Coyaima} and even into the antioquefio settlements of the northern cordillera. Informants warned that the most dangerous…p. 82
[29]they had watched the socialists spread their message and win converts all along the river and llano) up into the coffee latifundia of eastern Tolima} through the Indian lands of Ortega and Coyaima} and even into the antioquefio settlements of the northern cordillera. Informants warned that the most dangerous…p. 82
24When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames David Henderson · 1985 · p. 711 cita
[30]plan showing how all private property in the municipio would be distributed to the poor. The uprising began as planned} before dawn on the morning of July 29} 1929. AImed with Mauser and Gras rifles 87 and canying lanterns shielded with red paper for the purpose of mutual identification} the socialists began their…p. 71
25Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 1081 cita
[33]201. 76 Uno de estos levantamientos ocurrió en El Líbano. El PSR había dado, siguiendo las instrucciones de la Internacional, la orden de suspender las revueltas planeadas para junio de 1929; sin embargo, en El Líbano y en otros sitios las instrucciones no llegaron a tiempo, y los levantamientos se hicieron de todos…p. 108
26Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 471 cita
[34]se valieron de mecanismos como el uso de la fuerza policial al servicio de hacendados, en razón del carácter local que esta fuerza mantuvo hasta su nacionalización, en 1960 70. Contrario a lo definido por la Corte, El gobernador de Cundinamarca, por ejemplo, ordenó a las autoridades de Sumapaz que actuaran bajo el…p. 47
27No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 421 cita
[35]los manifestantes. Tila Uribe relató así lo que vino después: «Durante 120 días se desató la persecución por todas las zonas, se oían las descargas del Ejército que disparaba contra todo en cualquier parte, mataba sin preguntar nada; aquello era un horrible desfile de muertos. La casa sindical, la imprenta y la…p. 42
28Historia del sindicalismo en Colombia, 1850-2013Miguel Urrutia Montoya · 2016 · p. 651 cita
[36]horas. El almacén de la compañía y otros edifi- cios fueron quemados hasta los cimientos, y los huelguistas intentaron quemar vivos a los empleados estadounidenses y colombianos que estaban resistiendo en la única casa que quedaba. Antes de que esto ocurriera, sin embargo, Uegó el Ejército, y en la batalla que siguió…p. 65
2925 años de luchas sociales en Colombia 1975-2000Mauricio Archila Neira, Álvaro Delgado G., Martha Cecilia García V., Esmeralda Prada M. · 2002 · p. 1791 cita
[39]dete- nidos fueron torturados y llevados a consejos verbales de guerra 26. Algu- nos magistrados sentaron su voz de protesta contra el recorte de las li- bertades públicas y la militarización de la justicia 26. n El gobemador del Allanlico dijo que el reclor de la univetsitlad de su departamento. de leodencia mamsla.…p. 179
30Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 1271 cita
[42]se enfrentó a los ataques y calificativos definidos por la IC, reconoció errores, defendió a sus compañeros y criticó duramente su injerencia y el sometimiento del partido a esta; incluso, fue electa suplente en el Comité Central Ejecutivo, y ella pidió que se retirara su nombre. Otros dirigentes como Raúl Mahecha y…p. 127
31Historia y nación. Tentativas de la escritura de la historia en ColombiaAlexander Betancourt Mendieta · 2020 · p. 181 cita
[44]las dificultades que tuvieron para actuar en el ámbito político colombiano; aunque, participaron de la “crisis del sistema conservador”, como lo demostró la creciente actividad huelguística en los años veinte y treinta. 50 El incipiente peso de los movimientos políticos de izquierda permitió que estos se replegaran al…p. 18
32Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 3631 cita
[46]nacional. Esta obligación se denominó “prueba diabólica”, puesto que para muchos propietarios era practicamente imposible cumplirla. “Estas sentencias —indica Albert Hirschman— hicieron temblar los cimientos del orden establecido. Acuciados por sus necesidades, los arrendatarios no fueron nada remisos para aprovechar…p. 363
33¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 791 cita
[47]una jornada laboral que era de doce horas o más, el acceso a servicios de seguridad social -atención en salud y pensión en 155 ¿Otra historia de Colombia? caso de retiro o incapacidad-, el derecho a organizar sindicatos y sociedades de ayuda mutua, más el aumento de los salarios. Los movimientos campesinos también…p. 79