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Hecho histórico · Regeneración · 1886–1929

Masacre de las Bananeras

En la madrugada del 6 de diciembre de 1928, el general Carlos Cortés Vargas ordenó abrir fuego contra una multitud de huelguistas de la United Fruit Company concentrados en la plaza de la estación del ferrocarril de Ciénaga, poniendo fin violento a una huelga general de más de tres semanas. La masacre expuso la arquitectura del enclave bananero, erosionó la legitimidad del régimen conservador y abrió el camino al fin de la Hegemonía Conservadora en 1930.

Masacre de las Bananeras
6 de diciembre de 1928
01

Ficha del acontecimiento

Síntesis

Cuándo
6 de diciembre de 1928
Dónde
Ciénaga, Sierra Nevada de Santa Marta, Magdalena, Bogotá, Santa Marta, Nueva York, Guatemala
Protagonistas
Cortés Vargas, Miguel Abadía Méndez, Jorge Eliécer Gaitán, Raúl Eduardo Mahecha, United Fruit Company, Unión Sindical de Trabajadores del Magdalena (USTM), Partido Socialista Revolucionario (PSR), Ignacio Rengifo
02

Lectura causal

Causas, hecho y consecuencias

Causas

  1. El modelo de enclave bananero de la United Fruit Company, que para 1921 controlaba el 59% de la tierra productiva e improductiva de la región, monopolizaba el ferrocarril y el transporte marítimo, pagaba salarios en vales canjeables solo en sus propios comisariatos y utilizaba un sistema de contratistas intermediarios para evadir el seguro colectivo obligatorio establecido por la legislación colombiana.
  2. La negativa absoluta de la UFC a negociar el pliego de peticiones presentado por la USTM el 6 de octubre de 1928, que exigía en lo fundamental el cumplimiento de la legislación laboral colombiana vigente: contratos directos, seguro colectivo, abolición del pago en vales, mejora de viviendas y servicios sanitarios.
  3. La decisión del gobierno de Miguel Abadía Méndez de leer el conflicto laboral en clave de orden público y no de arbitraje, militarizando la zona con tres batallones desde Barranquilla bajo el mando de Cortés Vargas antes de intentar mediación alguna.
  4. La aprobación en octubre de 1928 de la Ley Heroica, legislación de excepción que prohibía organizaciones sindicales de oposición y habilitaba consejos de guerra verbales, proveyendo el marco jurídico para la represión; la propia legación estadounidense en Bogotá señaló que el gobierno colombiano había exagerado la amenaza comunista para obtener respaldo a dicha ley.
  5. La presión —real o instrumentalizada— de una posible intervención de marines estadounidenses si el gobierno colombiano no resolvía la huelga por su cuenta, argumento que aceleró la decisión de reprimir militarmente.
6 de diciembre de 1928Masacre de las Bananeras

Consecuencias

  1. Muerte de un número indeterminado de huelguistas en la noche del 5 al 6 de diciembre de 1928: Cortés Vargas reportó 47 muertos; El Espectador calculó 100 muertos y 238 heridos; Mahecha habló de mil víctimas. La brecha entre cifras refleja una operación deliberada de ocultamiento, que incluyó el procesamiento de maquinistas ferroviarios por negarse a transportar cadáveres.
  2. Persecución militar de 120 días: saqueo de la casa sindical, la imprenta y la cooperativa de la USTM en Ciénaga; arresto de más de 700 sobrevivientes; juzgamiento de 136 personas en consejos de guerra verbales con penas de hasta 25 años, aplicando la Ley Heroica.
  3. Destrucción del sindicalismo organizado en la zona bananera: la USTM quedó descabezada y el Partido Socialista Revolucionario entró en crisis interna profunda, con la expulsión posterior de Mahecha y Erasmo Valencia.
  4. Erosión de la legitimidad de la Hegemonía Conservadora: la denuncia parlamentaria de los hechos por Jorge Eliécer Gaitán y la indignación pública contribuyeron al desgaste del régimen de Abadía Méndez, que caería en 1930 con el triunfo liberal de Enrique Olaya Herrera.
  5. Conversión de la masacre en símbolo duradero de la violencia del capital extranjero y la subordinación del Estado colombiano a sus intereses, referencia central de la memoria obrera y de la narrativa política de izquierda durante el siglo XX, inmortalizada además en la literatura universal por Gabriel García Márquez en Cien años de soledad.
03

La clave interpretativa

Por qué importa

La Masacre de las Bananeras es el momento en que el Estado colombiano disparó contra sus propios trabajadores para proteger los intereses de una empresa extranjera, haciendo visible en un solo acto las tres tensiones estructurales del país exportador de los años veinte: la soberanía cedida al enclave, la debilidad de los derechos laborales frente al capital transnacional y la respuesta represiva como sustituto de la política social. Su importancia no es solo simbólica: el episodio aceleró el fin de la Hegemonía Conservadora, marcó la trayectoria política de Gaitán y dejó instalada en la memoria colectiva colombiana la ecuación entre inversión extranjera, militarismo y muerte obrera, ecuación que reaparecería en distintas formas a lo largo del siglo.
04

Desarrollo histórico

La historia completa

La Masacre de las Bananeras

En la madrugada del 6 de diciembre de 1928, en la plaza de la estación del ferrocarril de Ciénaga, el general Carlos Cortés Vargas ordenó abrir fuego contra una multitud de huelguistas de la United Fruit Company que llevaba concentrada desde la tarde anterior con la promesa de un pacto que nunca se firmó. Aquella descarga —precedida por tres semanas de huelga general y seguida por 120 días de persecución militar— fue el desenlace violento del ciclo obrero-exportador de los años veinte y el punto en que se hizo visible, en toda su crudeza, la arquitectura del enclave bananero: una compañía extranjera con poderes de Estado, un gobierno colombiano que respondió con militarización antes que con arbitraje, y un movimiento sindical que había alcanzado, con la Unión Sindical de Trabajadores del Magdalena, la organización más numerosa del país. La masacre no clausuró solamente una huelga: erosionó la legitimidad del régimen conservador que la ordenó y, junto con la crisis económica que se abría paso desde Nueva York, abrió el camino a la caída de la hegemonía en 1930.

El enclave: la United Fruit entre Ciénaga y Fundación

La zona bananera del Magdalena, tendida entre Ciénaga y Fundación al pie de la Sierra Nevada, había sido convertida por la United Fruit Company en un enclave agrícola de dimensiones singulares. Para 1921, la compañía era dueña del 59% de la tierra productiva e improductiva de la región. Ese acaparamiento no fue casual ni exclusivamente comercial: se apoyó en el control simultáneo del ferrocarril que atravesaba la zona y del transporte marítimo que sacaba la fruta por el puerto de Santa Marta, un dominio de las vías que le permitió estrangular a sus competidores. La Sevilla Banana Company desapareció por completo después de 1912; la Atlantic Fruit Company estaba al borde de la extinción hacia 1915. Cuando llegó 1928, la UFC obtenía una ganancia del 100% por cada racimo vendido y empleaba a unos 30.000 trabajadores.

El caso colombiano tenía, sin embargo, un matiz respecto a otras "repúblicas bananeras" del Caribe. A diferencia de Guatemala, Costa Rica u Honduras, la UFC en Colombia dependía de plantadores locales para al menos la mitad de su producción total. Esa red de interdependencia impedía la omnipotencia absoluta —había productores nacionales con voz, aunque subordinados a los precios que fijaba la compañía— y explica en parte por qué, cuando estalló la huelga, los pequeños propietarios bananeros del Magdalena se sumaron o simpatizaron con los trabajadores: también ellos sufrían las imposiciones de la empresa.

La UFC había construido una ciudadela propia dentro de Santa Marta, con sus propios servicios, y fue caracterizada en la época como un "Estado dentro del Estado" colombiano. La expresión no era retórica. La compañía tenía su ferrocarril, su puerto, sus almacenes y su propio circuito monetario: pagaba a los trabajadores mediante vales canjeables únicamente en los comisariatos de la empresa, en los que —denunciaban trabajadores y comerciantes— se les defraudaba con pesas desniveladas. Los salarios reales estaban por debajo del dólar diario, y ese dinero volvía casi de inmediato a las cajas de la propia UFC a través del comisariato. El comercio local quedaba desplazado; los ganaderos, los pequeños tenderos y los propietarios de fincas medianas vivían bajo la sombra de un actor único.

Sobre ese entramado se montó el mecanismo laboral más decisivo: la contratación indirecta. La UFC no contrataba trabajadores; contrataba contratistas, que a su vez contrataban trabajadores. La treta —así la llamaron las voces obreras de la época— permitía a la compañía evadir el seguro colectivo obligatorio que la legislación colombiana ya establecía, y con él todo el andamiaje de responsabilidades del empleador directo. Los trabajadores atendían plantaciones de la UFC, cargaban trenes de la UFC, cobraban en vales de la UFC, pero jurídicamente no eran de la UFC. Ese vacío formal era el corazón del negocio.

La USTM y la organización de un sindicato de 32.000

En 1925 nació la Unión Sindical de Trabajadores del Magdalena, que agrupó tanto a los asalariados de la zona bananera como a los colonos, los campesinos que habían sido expropiados o cercados por la expansión de la compañía. Esa doble base explica una particularidad de la huelga de 1928: no era solo un conflicto salarial, era también una disputa por la tierra, porque la línea entre el obrero de plantación y el colono desalojado se había vuelto tenue en aquella región. La USTM tuvo en sus orígenes una fuerte influencia anarco-sindicalista, a la que se sumaría la del Partido Socialista Revolucionario, la fuerza obrera de referencia en la Colombia de la segunda mitad de los años veinte.

El principal organizador fue Raúl Eduardo Mahecha, cuadro sindical de itinerario denso. Había trabajado entre braceros y estibadores del río Magdalena y, sobre todo, había sido el organizador de los obreros de la Tropical Oil Company en Barrancabermeja entre 1923 y 1927. Allí, en octubre de 1924, había dirigido una huelga que comenzó con más de cincuenta obreros y en dos días se hizo total. Cuando llegó al Magdalena bananero, Mahecha traía una red de militantes petroleros —muchos de ellos desplazados por la Tropical— y un método probado. Bajo su dirección, la USTM alcanzó a organizar a 32.146 asalariados, cifra que la convertía en el sindicato más numeroso del país y en el núcleo más denso del socialismo obrero colombiano.

La preparación del movimiento comenzó formalmente el 6 de octubre de 1928, con una reunión plenaria de delegados obreros para redactar el pliego de peticiones. El pliego era, en buena medida, una demanda de cumplimiento de la ley colombiana vigente: que la compañía firmara contratos directos con los trabajadores en lugar de escudarse tras contratistas; que pagara el seguro colectivo; que aboliera el pago en vales redimibles en el comisariato; que mejorara las viviendas y los servicios sanitarios; que reconociera jornadas y descansos conformes a la legislación. La lista mezclaba, como siempre en el enclave, reivindicaciones salariales con exigencias de reconocimiento jurídico. Su carga simbólica era enorme: pedir el cumplimiento de la ley del país en un territorio donde la ley del país no llegaba.

La UFC se negó a negociar. El 11 de noviembre de 1928, en una nueva reunión de la USTM, se declaró la huelga general.

Noviembre: una huelga que paraliza el enclave

Durante las últimas tres semanas de noviembre, la zona bananera se detuvo. Los 30.000 trabajadores de la UFC —según el cálculo de El Espectador— cesaron labores en las plantaciones que iban de Ciénaga a Fundación, pasando por Sevilla y Aracataca. La huelga desbordó el marco puramente obrero. Los comerciantes locales se sumaron porque el monopolio del comisariato asfixiaba sus negocios; los ganaderos ofrecieron su solidaridad; los pequeños propietarios bananeros, resentidos por los precios impuestos por la compañía, se plegaron al movimiento. Era, en esas semanas, algo más que una huelga: era la impugnación colectiva de un modelo territorial.

El gobierno de Miguel Abadía Méndez leyó el conflicto en clave de orden público y no de negociación laboral. El ministro de Guerra, Ignacio Rengifo, designó al general Carlos Cortés Vargas para "dominar la situación" en el Magdalena y dispuso el desplazamiento de tres batallones desde Barranquilla. La militarización precedió a cualquier intento serio de mediación. En paralelo, Cortés Vargas manejó una carta que resultaría decisiva en su justificación posterior: la amenaza —o la conveniente sugerencia— de una inminente intervención de marines estadounidenses si el gobierno colombiano no resolvía la huelga por su cuenta. Esa amenaza, cierta o inflada, funcionó como argumento para acelerar la decisión.

La Ley Heroica: el marco represivo del régimen

Toda esa maquinaria se venía preparando desde antes. En 1928, el Congreso colombiano había discutido durante meses —los periódicos se llenaron del debate entre febrero y octubre— una legislación excepcional destinada a "conjurar la amenaza comunista": la llamada Ley Heroica, aprobada en octubre de ese año. Su eje era prohibir las organizaciones populares y sindicales de oposición, impedir la difusión de ideas socialistas y establecer mecanismos para condenar con rapidez a quienes incurrieran en los delitos que definía.

La ley fue impulsada por el ministro Rengifo, con el respaldo de dirigentes conservadores como Antonio José Uribe, quienes sostenían que los comunistas estaban a punto de someter a la nación a una "conflagración social de dimensiones aterradoras". La jerarquía católica saludó la iniciativa: varios prelados, entre ellos el arzobispo de Cartagena, enviaron telegramas de felicitación al Congreso. La oposición, formada por liberales y un número considerable de conservadores, calificó la ley de autoritaria.

Un documento diplomático de octubre de 1928 desmontó la coartada. La legación estadounidense en Bogotá señaló, en informe interno, que el gobierno colombiano había exagerado los daños causados por la agitación social con el propósito específico de obtener respaldo para la Ley Heroica. El dato es central: no era el capital norteamericano el que reclamaba histeria anticomunista al Estado colombiano; era el Estado colombiano el que la fabricaba, en parte, para sus propios fines de orden interno. Cuando la huelga estalló en noviembre, el aparato represivo ya estaba jurídicamente afilado. La masacre se produciría bajo el paraguas de una legislación de excepción aprobada semanas antes por razones que la propia diplomacia estadounidense consideraba infladas.

La noche del 5 al 6 de diciembre: Ciénaga

En la tarde del 5 de diciembre, los trabajadores fueron concentrados en Ciénaga con el anuncio de que el gobernador firmaría un pacto con la United Fruit Company que habría aceptado algunos puntos del pliego. La concentración era, así, un acto de confianza —o de expectativa negociadora— más que una acción de fuerza. Ese mismo 5 de diciembre, el Ejecutivo declaró turbado el orden público en la zona bananera y suspendió las garantías constitucionales. El escenario jurídico para la represión quedó armado.

A la 1:14 de la madrugada del 6 de diciembre, unos 300 soldados armados con ametralladoras salieron del cuartel de Ciénaga hacia la plaza de la estación del ferrocarril, donde permanecían los huelguistas. Cortés Vargas dio la orden de fuego. La descarga fue múltiple —García Márquez, décadas después, escribiría en registro literario que "catorce nidos de ametralladoras respondieron"—, dirigida contra una multitud que quedó momentáneamente inmóvil por lo inesperado del ataque.

El número exacto de muertos nunca se pudo establecer con precisión, y esa disputa numérica es también parte del hecho. Cortés Vargas reportó oficialmente 47 muertos. El Espectador calculó 100 muertos y 238 heridos hasta el 13 de diciembre. Mahecha, desde el sindicato, habló de mil muertes. La brecha entre las cifras —47, 100, 1.000— revela menos una imprecisión estadística que la naturaleza del hecho: hubo cuerpos que no se contaron, testigos que fueron perseguidos, y una historiografía posterior que ha ampliado y estrechado el rango según la fuente. La carnicería fue suficiente como para que, semanas después, un joven Aníbal Barrios declarara ante juez en Ciénaga —el 15 de julio de 1929— haber encontrado cadáveres en las calles mientras buscaba a su padre, y haber sido, él mismo, blanco de una descarga militar.

La violencia no terminó esa noche. Hubo una segunda batalla, en el campamento de la propia empresa, donde murió el líder socialista Erasmo Coronel al frente de un grupo de huelguistas; en ese choque murieron veintinueve personas.

Los 120 días: consejos de guerra y persecución

Lo que siguió al 6 de diciembre fue, según el testimonio de Tila Uribe, una persecución de 120 días. Los militares saquearon la casa sindical, la imprenta y la cooperativa que la USTM había construido en Ciénaga —los tres pilares materiales del movimiento obrero organizado en la región—. Más de 700 sobrevivientes fueron apresados. De ellos, 136 fueron juzgados en consejos de guerra verbales establecidos por el propio Cortés Vargas, por indicación de funcionarios y agentes de la United Fruit Company. Entre los procesados hubo mujeres, periodistas, profesores y maquinistas del ferrocarril —estos últimos juzgados, notablemente, por negarse a transportar cadáveres para arrojarlos al mar—. Las penas alcanzaron los 25 años.

El detalle de los maquinistas es revelador. Que los ferroviarios fueran procesados por negarse a trasladar cuerpos indica que hubo una operación logística de disposición de víctimas, aunque los métodos precisos —el mar, las fosas comunes— quedaron opacos precisamente porque los trabajadores del ferrocarril, columna vertebral del transporte en el enclave, resistieron. Los consejos de guerra verbales, procedimiento sumario habilitado por el estado de sitio, aplicaron la lógica de la Ley Heroica: castigar rápido, castigar ejemplarmente, disolver la organización obrera antes de que pudiera reagruparse.

El golpe fue devastador para el sindicalismo colombiano. La USTM quedó descabezada. El Partido Socialista Revolucionario, la referencia política de la huelga, entró en una crisis interna profunda de la que no se recuperaría: Raúl Mahecha y Erasmo Valencia, dos de sus figuras centrales, terminarían siendo expulsados del partido. El núcleo organizado del socialismo colombiano de los años veinte, forjado a golpe de huelgas en Barrancabermeja, Líbano, Girardot y ahora en Ciénaga, quedó desarticulado.

Las causas: enclave, ley y anticomunismo

Convendría, llegados aquí, ordenar las capas de causa que produjeron el 6 de diciembre.

En el fondo estaba el modelo de enclave. Una compañía extranjera que controlaba tierra, ferrocarril, puerto, moneda interna (los vales), tribunales de facto (los contratistas) y hasta la topografía urbana (la ciudadela en Santa Marta) no podía ser desafiada dentro de sus propios términos: cualquier pliego de peticiones que exigiera cumplir la ley colombiana era, para la UFC, una amenaza existencial al modelo. La contratación indirecta no era un abuso lateral; era la clave que sostenía toda la arquitectura. Reconocer al trabajador como empleado directo implicaba pagar seguro colectivo, asumir responsabilidades sanitarias, aceptar la jurisdicción laboral del Estado colombiano. Aceptar el pliego equivalía a desmontar el enclave. Por eso la compañía se negó a negociar.

En el nivel intermedio estaba la agencia obrera. La USTM había construido, con Mahecha a la cabeza, una capacidad organizativa que ningún otro sector productivo del país tenía. Que 32.000 trabajadores pudieran declarar y sostener una huelga durante casi un mes, con apoyo de comerciantes, ganaderos y pequeños propietarios, era el resultado de años de trabajo sindical trenzado con el Magdalena Medio petrolero. Sin esa acumulación, no hay huelga; sin la huelga, no hay masacre. La violencia estatal fue, en parte, la respuesta desproporcionada de un régimen que no supo —ni quiso— absorber institucionalmente la fuerza obrera que había crecido bajo su ventana.

En la superficie estaba la lógica represiva del conservatismo tardío. El gobierno de Abadía Méndez, con Rengifo como su ministro más influyente, había optado antes de la huelga por un marco anticomunista de excepción —la Ley Heroica— cuya justificación era, según constató la propia legación estadounidense, deliberadamente exagerada. Ese marco no fue creado por la UFC ni impuesto desde Washington; fue impulsado por el conservatismo colombiano como herramienta de disciplinamiento social, y encontró en la huelga bananera su primera aplicación en gran escala. La amenaza —cierta o inflada— de invasión de marines fue utilizada por Cortés Vargas como coartada para actuar con premura, pero la decisión de militarizar antes de negociar era anterior a cualquier presión externa concreta.

Ninguna de estas capas explica la masacre por sí sola. El enclave no basta: hubo enclaves en toda Centroamérica sin desenlaces exactamente iguales. La agencia obrera no basta: hubo huelgas obreras en Colombia sin masacres de esta escala. El anticomunismo conservador no basta: la Ley Heroica podría haber quedado como letra sin sangre. La articulación específica —una compañía monopólica incapaz de ceder, un sindicato masivo capaz de detenerla, un régimen ideológicamente preparado para leer la protesta como subversión— es lo que produjo, en aquella madrugada del 6 de diciembre, la orden de fuego.

La política doméstica y la presión externa

Hay una tensión que este relato no puede eludir. Suele contarse la masacre como episodio de subordinación pura al capital norteamericano, y en parte lo fue: la UFC pidió y obtuvo protección militar, y participó a través de sus agentes en los consejos de guerra que juzgaron a los sobrevivientes. Pero la evidencia diplomática complica esa imagen. Fue el gobierno colombiano el que exageró la amenaza para obtener la Ley Heroica, y fue la propia legación estadounidense la que lo hizo notar en su correspondencia interna.

A esto se suma un dato económico ilustrativo: a principios de 1928, los prestamistas estadounidenses habían cortado el crédito a Colombia, en parte como protesta contra legislación colombiana que protegía las reservas petroleras nacionales. El mismo año de la masacre, había fricciones sustantivas entre el gobierno de Abadía Méndez y intereses económicos norteamericanos. La imagen de un Estado colombiano puramente sometido no encaja con este pulso paralelo.

La lectura más precisa es otra: la represión de la huelga fue el punto de convergencia entre dos lógicas relativamente autónomas —la lógica extractiva del enclave, que exigía blindarse ante cualquier legalización de la relación laboral; y la lógica anticomunista del conservatismo, que buscaba disciplinar al conjunto del movimiento obrero colombiano—. Cortés Vargas actuó por Rengifo, no por la UFC directamente; y actuó bajo un marco jurídico —la Ley Heroica, el estado de sitio— fabricado por y para el propio régimen. Que ese marco sirviera de manera excelente a los intereses de la compañía no lo convierte en un producto suyo.

1929: el debate parlamentario y la voz de Gaitán

Elegido representante a la Cámara en 1928, Jorge Eliécer Gaitán llegó al Congreso justo a tiempo para convertir la masacre en su primer gran caso. Investigó los hechos, recogió testimonios y llevó al recinto parlamentario una denuncia sistemática contra el gobierno de Abadía Méndez. El 15 de julio de 1929 se rendían aún testimonios de sobrevivientes ante juez en Ciénaga —el del joven Aníbal Barrios entre ellos— y Gaitán supo articular ese material en un debate que se convirtió en el fundamento de su figura de líder popular. Aquellos discursos marcaron un giro en el estilo de la oposición liberal: ya no era denuncia esporádica, era la constatación pública de un modelo político en crisis.

El Espectador, por su parte, había desafiado desde diciembre la versión oficial: cuestionó la existencia real de la revolución comunista que Abadía Méndez y Rengifo esgrimían como amenaza conjurada, y publicó sus propias cifras de víctimas. La opinión pública urbana empezó a mirar al gobierno con otros ojos. La política represiva de Rengifo, que en la coyuntura inmediata pareció justificarse ante los sectores más conservadores —su ascendiente dentro del gabinete se consolidó tras diciembre—, se convertiría a mediano plazo en la marca del régimen.

El desplome de la hegemonía

La masacre no fue el único factor que derrumbó al conservatismo, pero fue uno de los más visibles. La coyuntura de 1929-1930 lo cercó por múltiples flancos.

En lo económico, la llamada "prosperidad a debe" —los más de 160 millones de dólares en préstamos externos que Colombia había recibido entre 1925 y 1928, destinados a obras públicas, ferrocarriles, sistemas eléctricos y edificios oficiales— se secó. Los créditos ya se habían interrumpido en 1928 por las tensiones petroleras, y la crisis internacional que se abrió con el crash bursátil de octubre de 1929 rubricó el fin del flujo. Los precios del café, que habían llegado a 28,5 centavos de dólar por libra en 1926, cayeron a 23 centavos en septiembre de 1929 y a 16 en noviembre; en la crisis tocarían los 10,5 centavos. Colombia perdió un 23% en sus términos de intercambio entre los quinquenios 1925-1929 y 1930-1934. El ingreso nacional pasó de 75,2 a 54,3 millones de dólares entre 1929 y 1930: una contracción del 28%. El régimen que había legitimado su gestión en el dinamismo económico se quedó sin dinamismo.

En lo político, el conservatismo llegó dividido a las elecciones de 1930, con al menos dos candidatos presidenciales que contaron con apoyos distintos incluso dentro de la jerarquía eclesiástica. El liberalismo capitalizó la fractura y ganó la presidencia, poniendo fin a la hegemonía conservadora que se remontaba a 1886.

En lo simbólico, la masacre había minado la autoridad moral del régimen. La imagen de un ejército disparando en la madrugada contra trabajadores que exigían el cumplimiento de la ley colombiana, en defensa de una compañía extranjera, era difícil de sostener incluso para los propios cuadros conservadores más moderados. Los debates de Gaitán, la cobertura de El Espectador, los testimonios que se acumulaban en los expedientes de Ciénaga construyeron una narrativa pública que el gobierno no logró contrarrestar.

La confluencia importa. La crisis económica sola no habría tumbado al conservatismo; venía manejando dificultades desde antes. La masacre sola tampoco: hubo represiones anteriores que no derivaron en cambio de régimen. Pero la superposición de una violencia estatal indefendible, una economía en desplome y una división interna del partido de gobierno resultó letal. La hegemonía cayó en 1930 sobre el suelo que había preparado el 6 de diciembre de 1928.

La huella

En Ciénaga permanece hoy una estatua a los "mártires de las bananeras". Los pobladores de la zona bananera se reconocen, generación tras generación, como habitantes de un "pueblo sobreviviente" —así lo dice el testimonio de Margarita, hija y nieta de la región—. La memoria de la masacre se transmite por vías paralelas: la piedra del monumento, el relato oral de las familias, la escena literaria que García Márquez situaría en el corazón de Cien años de soledad, los expedientes judiciales que aún guardan las declaraciones de Aníbal Barrios y otros sobrevivientes.

Que Ciénaga sea, además, uno de los municipios donde más masacres se han producido en las décadas recientes añade una capa incómoda a esa memoria. No hay una línea causal directa entre 1928 y las violencias contemporáneas, pero la persistencia del territorio como escenario de violencia repetida obliga a leer aquel diciembre no como un episodio clausurado sino como el primer capítulo de una historia larga sobre el poder, la tierra y la vida en el Caribe colombiano.

Lo que se decidió aquella madrugada, en la plaza de la estación de Ciénaga, fue más que el destino inmediato de treinta mil trabajadores. Se decidió qué tipo de Estado tendría Colombia frente a sus propios ciudadanos organizados; se decidió qué precio estaba dispuesto a pagar el capital extranjero por la mano de obra que empleaba en el país; y se decidió, aunque nadie podía saberlo entonces, que el ciclo obrero-exportador de los años veinte terminaría no en una negociación sino en una masacre. Ese desenlace —y el silencio administrativo que intentó taparlo, y la voz parlamentaria que se negó a permitirlo— define, todavía hoy, uno de los umbrales fundacionales de la política colombiana del siglo XX.

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La época alrededor

Este hecho no ocurrió solo

07

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

42 documentos · 50 fragmentos
01Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · p. 691 cita
[1](aunque con un solo aparato) y se entregaron cinco proyectos de ley sobre aspectos varios, incluido uno para hacer más efectivo el servicio militar obligatorio. Ciénaga y Líbano Los dos hechos históricos que sintetizan la fuerte y constante movilización obrera, popular y campesina y la respuesta militar del Estado en…p. 69
02Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 122, 1272 citas
[2]de estos delitos. En el Magdalena funcionaba la United Fruit Company, un enclave agrícola que ocupaba extensos terrenos entre las poblaciones de Ciénaga y Fundación para el negocio del cultivo y la exportación del banano. En 1928, la Yunai obtenía una ganancia de 100% por cada racimo que vendía, contaba con unos…p. 122
[22]se enfrentó a los ataques y calificativos definidos por la IC, reconoció errores, defendió a sus compañeros y criticó duramente su injerencia y el sometimiento del partido a esta; incluso, fue electa suplente en el Comité Central Ejecutivo, y ella pidió que se retirara su nombre. Otros dirigentes como Raúl Mahecha y…p. 127
03Colombia and World War I and Its Aftermath, 1914–1921Jane M. Rausch · 2014 · p. 501 cita
[3]its dominance by forcing out the other companies and transforming campesi- no (peasant) impresarios into salaried workers. In 1908 the French firm Inmobilière et Agricole de Colombie extended its cultivations toward Aracataca. A year later Manuel Dávila P. founded the Santa Marta Fruit Company; in 1910 Ulpiano A.…p. 50
04Colonización y protesta campesina en Colombia (1850-1950)Catherine LeGrand · 2016 · p. 721 cita
[4]EL ESCENARIO 22 importancia. En ese momento el centro geográfico del cultivo se desplazó una vez más hacia occidente. Aunque se siguió cultivando en las laderas del occi- dente de Cundinamarca, su principal expansión en el siglo xx se produjo en la Cordillera Central, en Antioquia, Caldas, el norte de Tolima y de…p. 72
05El río: exploraciones y descubrimientos en la selva amazónicaWade Davis · 2017 · p. 751 cita
[5]menos lo mismo: casas pintadas con cal, plazas polvorientas, puentes grises sobre ríos de agua sucia. Pero justo bajo la superficie hay una historia de traición y de muerte. A principios de la década de 1920, la United Fruit Company trajo el banano, y con el tren y el telégrafo, los caminos, los correos, las esta-…p. 75
06At the Margins of the Global Market: Making Commodities, Workers, and Crisis in Rural ColombiaPhillip A. Hough · 2022 · p. 1591 cita
[6]that threatened com- pany pro fi ts and domestic government legitimacy, the banana companies used both carrots and sticks. On the one hand, the wages offered to enclave workers were typically higher than those available to them in their local labor markets. And because the banana enclaves were geographically isolated…p. 159
07Marijuana Boom: The Rise and Fall of Colombia's First Drug ParadiseLina Britto · 2020 · p. 781 cita
[7]the rest of Colombia. 44 The system that United Fruit Company developed to manage diverse modes of production—from cultivation in the company’s own plantations to subcontracting with small, medium, and large growers—existed in no other United Fruit Company district (except for Ecuador decades later). 45 The company…p. 78
08Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · p. 791 cita
[8]cultivadas en los distritos de Sevilla y Riofrio y controlaba el transporte y comercializaci6n del ba- nano, dejando asi abonada la semilla de un con- flicto multifacético con las élites locales y con los trabajadores asalariados, que culminaria en la ma- tanza del 6 de diciembre de 1928. Si se observan los sistemas…p. 79
09Historia de Colombia. La República de Colombia IISalvat Editores (Juan Salvat, Roberto García Rojas, directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico); con colaboraciones de Arturo Alape, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Marco Palacios, Álvaro Tirado Mejía, entre otros · 1986 · p. 641 cita
[9]sus actividades independientes al margen de la plantacion bananera, actuaban como una reserva de fuerza laboral. El sistema de contra- tistas implementado por la U.F.C., contratistas que a su vez enganchaban trabajadores, permitid el uso del trabajo parcial de estos campesinos. Y ademas, en la medida que la compajiia…p. 64
10Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 361 cita
[10]petróleo en Barrancabermeja (1924 y 1927) y en la zona bananera del Magdalena (1928) permiten hacerse una idea acerca de la situación del proleta- riado, de sus reivindicaciones, del papel desempeñado por los intelec- tuales y de la actitud de las élites. Esas grandes manifestaciones obreras, mucho más ambiciosas que…p. 36
11Historia del sindicalismo en Colombia, 1850-2013Miguel Urrutia Montoya · 2016 · p. 63, 652 citas
[11]La huelga se comenzó a preparar el6 de octubre de 1928 cuan- do se llevó a cabo una reunión plenaria de delegados de los ~breros con el ~~jeto da redactar una serie de peticiones para presentar a la compama. Como de costumbre, ésta rehusó negociar a pesar de que había sido presionada por el Gobernador local para que…p. 63
[28]horas. El almacén de la compañía y otros edifi- cios fueron quemados hasta los cimientos, y los huelguistas intentaron quemar vivos a los empleados estadounidenses y colombianos que estaban resistiendo en la única casa que quedaba. Antes de que esto ocurriera, sin embargo, Uegó el Ejército, y en la batalla que siguió…p. 65
12The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 487, 5032 citas
[12]it is established that banana workers across the Santa Marta region did in fact strike in 1928, and that strikers were massacred when General Carlos Cortés Vargas ordered soldiers to fire on a large crowd at Ciénaga on December 6, the ques- tion remains: “How many?” Labor organizer Raúl Mahecha reported a thousand…p. 487
[26]did not repress the insurrection energetically, the United States would send troops Strikers or Revolutionaries? 481 and the national army would be in a bad position. On the 5th of Decem- ber, 1928, in the city of Ciénaga, we learned that the national government, together with the powerful, imperialist company, was…p. 503
13María Cano, la Virgen RojaBeatriz Helena Robledo · 2017 · p. 220, 2502 citas
[13]no cortar banano. Los comerciantes locales se habían unido a la huelga, debido al monopolio que tenía la Compañía con el comisariato. Los trabajadores recibían de la empresa vales que sólo podían hacerse efectivos en su comisariato, lo cual los tenía perjudicados. Por esto, decidieron apoyar a los trabajadores con…p. 220
[27]que a los obreros se les hizo maliciosamente concentrar en la ciudad de Ciénaga, en la tarde del 5 de diciembre, diciéndoles que era para recibir al gobernador, pues se iba en aquella ciudad a firmar el pacto con la United, que había aceptado algunos puntos. Aparece bien claro que los obreros sí quisieron transigir y…p. 250
14Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · p. 1081 cita
[14]labor con- ditions, foreign enclave ownership of land, control of a specific commodity (in this case, bananas), and the dynamics of a port city, privy to foreign ideas and forces, was Santa Marta on the north coast. There, in 1928, thousands of banana workers, fed up with abusive treatment by foreign management,…p. 108
15¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 791 cita
[15]una jornada laboral que era de doce horas o más, el acceso a servicios de seguridad social -atención en salud y pensión en 155 ¿Otra historia de Colombia? caso de retiro o incapacidad-, el derecho a organizar sindicatos y sociedades de ayuda mutua, más el aumento de los salarios. Los movimientos campesinos también…p. 79
16Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 1981 cita
[16]de la costa caribe y del interior del país, en busca de mejores condiciones econó- micas. Muchos de ellos se emplearon en el ferro- carril y en el puerto o se convirtieron en colonos de las propiedades públicas y se dedicaron a culti- var yuca, plátano, maíz, arroz, caña de azúcar y ta- baco, que se destinaban a…p. 198
17Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 1201 cita
[17]lo s políticos que lo s costos marginales de cada voto en esas circunscripciones eran demasiado elevados en comparación con las ciudades y distritos rurales tr adicionales. Los principales focos de descont e nto pueden seguir se en la actividad de tres fogosos agitadores y organizadores revoluciol\a- rio s: Raúl…p. 120
18Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 2221 cita
[18]entre el trabajo y el capital pueden M ü m ó nicas. -Si ¿ 30 EL DESARROLLO DEL MOVIMIENTO SINDICAL La primer gran huelga se hizo contra la Tropical Oil Com Las condiciones de trabajo en el Magdalena medio eran desastroS En 1923, 40.81 % de los trabajadores empleados se enfermaron,-s,y! 1.51% muri ó. En ese medio…p. 222
19Una Colombia que nos quedaLinsu Fonseca · 2007 · p. 731 cita
[19]exactamente a un congreso sindical sino a un encuentro abierto y revolucionario de organizaciones”.2 Agrega que el Partido se alimentaba del gran espíritu de lucha obrera que floreció en esa segunda década del siglo XX. Una época mar cada por un incipiente proceso de industrialización en el país, la confor mación de…p. 73
20El marxismo en ColombiaOrlando Fals Borda, Gerardo Molina, Carlos Uribe Celis, Ricardo Sánchez, Klaus Meschkat, Gonzalo Cataño, Fernando D'Janon, Gabriel Misas, Darío Fajardo, Eduardo Pizarro · 1984 · p. 146, 1542 citas
[20]con base territorial y composici ó n social popular ” 3. 3 Ignacio Torres Giraldo, Los Inconformes, Tomo 4, Bogot á 1974, p. 7/8 Aqu í aparece como soluci ó n de emergencia precisamente aquello en que descansaban la fuerza y la capacidad movilizadora del nuevo partido: su í ntima relaci ó n con las agrupaciones…p. 154
[47]ú nica ciudad en el curso medio del Magdalena, Barrancabermeja. Tal como los trabaja dores y peque ñ os campesinos de la zona bananera, estaban sometidos a condiciones extremadamente duras de explotaci ó n y enfrentados adem á s a sociedades extranjeras que en forma casi invariable contaron con el apoyo incondicional…p. 146
21Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 471 cita
[21]se valieron de mecanismos como el uso de la fuerza policial al servicio de hacendados, en razón del carácter local que esta fuerza mantuvo hasta su nacionalización, en 1960 70. Contrario a lo definido por la Corte, El gobernador de Cundinamarca, por ejemplo, ordenó a las autoridades de Sumapaz que actuaran bajo el…p. 47
22Mujeres que hacen historia. Tierra, cuerpo y política en el Caribe colombianoGrupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación · 2011 · p. 1321 cita
[23]maleza, la opro- biosa cerca que separaba el mundo de sus protegidos del resto de la población se conserva intacta. Pero del paso de la United por la zona bananera no sólo quedan esos registros arquitectónicos. También, como lo anuncia la pri- mera frase que abre el testimonio de Margarita, queda una huella traumática…p. 132
23Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 2071 cita
[24]frontación que se avecinaba. Lo anterior ignora un factor indis- pensable: la actitud del gobierno. Cuando la Unión Sindical de Traba- jadores del Magdalena escribió el plie- go de peticiones, no solamente le en- vió copias a la United Fruit sino al pre- sidente de. la República, al Congreso y al Ministerio de…p. 207
24La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo ICentro Nacional de Memoria Histórica, Lukas Rodríguez Lizcano · 2022 · p. 331 cita
[25]actualidad, en particular la forma de relacionamientos entre la población y los poseedores de tierra y las formas en las que aún se trata a la clase trabajadora del departamento. Pero del paso de la United por la zona bananera no solo quedan esos regis- tros arquitectónicos. También, como lo anuncia la primera frase…p. 33
25Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 4391 cita
[29]regalamos el minuto que falta. Al final de su grito ocurrió algo que no produjo espanto, sino una especie de alucinación. El capitán dio la orden de fuego y catorce nidos de ametralladoras le respondieron en el acto. Pero todo parecía una farsa. Era como si las ametralladoras hubieran estado cargadas con engañifas de…p. 439
2630 hechos que cambiaron la historia de ColombiaRafael Pardo Rueda · 2022 · p. 1841 cita
[30]ingenua nos dice el horror de aquella infamia. Oíd esta declaración rendida por un niño de 15 años ante juez competente. Ciénaga, julio 15 de 1929 Como a las tres de la madrugada me encontraba yo por la calle en busca de mi padre, señor Pedro Barrios Bosch, y al ser informado de que a él lo habían matado en la…p. 184
27No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 421 cita
[31]los manifestantes. Tila Uribe relató así lo que vino después: «Durante 120 días se desató la persecución por todas las zonas, se oían las descargas del Ejército que disparaba contra todo en cualquier parte, mataba sin preguntar nada; aquello era un horrible desfile de muertos. La casa sindical, la imprenta y la…p. 42
28El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 392 citas
[32]en octubre de 1928, y que marcó la pauta en la concretización de un marco teórico altamente represivo. Colombia se adelantaba al Ministerio de la Defensa estadounidense —el Pentágono— en la formulación de doctrinas para combatir a lo que muchos años después se cono- cería como “enemigo interno”. Su eje central era…p. 39
[33]en octubre de 1928, y que marcó la pauta en la concretización de un marco teórico altamente represivo. Colombia se adelantaba al Ministerio de la Defensa estadounidense —el Pentágono— en la formulación de doctrinas para combatir a lo que muchos años después se cono- cería como “enemigo interno”. Su eje central era…p. 39
29Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · p. 183, 1872 citas
[34]partici- pated in the work of the CCC. By early 1928 members of the group were building bombs for use in bringing down the hated Conservative regime. At the same time Conservative Party leaders like Antonio José Uribe and Ignacio Rengifo were calling for new legislation that would give them a free hand in striking at…p. 183
[39]at attention and saluting President Abadía. Behind the general lies a row of human corpses; behind Abadía lies a pile of ducks. “I killed a hundred!” says Cortés. “That’s nothing,” replies Abadía, “I killed two hundred!” 36 Economic fears accompanied widespread unhappiness over Abadía’s insen- sitivity to the problems…p. 187
30Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 273, 2882 citas
[35]de las luchas sociales. Esta convicción se derivaba de una concepción paternalista de las relacio- nes sociales y de la confianza en un or- den inmutable, garantizado por las creencias religiosas que debían com- partir los colombianos, sin importar el lote que les hubiera cabido en el re- parto de los bienes…p. 273
[36]y de ahí se proseguiría el ataque hacia la capi- tal, Bogotá. La huelga, tentativa revolucionaria o simple lenguaje tremendista, se ha- bía jugado a favor y en el terreno que quería el gobierno; su política repre- siva se justificaba, y así lo propaló y convenció a muchas gentes, en la in- minente revolución comunista…p. 288
31Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 3131 cita
[37]germen prometedor de una ma- rina de guerra. Nada podía hacerse militarmente en aquellas lejanías in- comunicadas, como no fuese por ges- tión diplomática. De ésta se echó mano mientras el país ardía de ira, pa- triotismo herido y frustración. La Pedrera fue devuelta a Colombia el 23 de octubre de 1911, merced a la…p. 313
32Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · p. 2601 cita
[38]H. Freeman Matheus decía en 1928: " La legación ha expresado en el pasado su opinión de que el gobierno ha exagerado mucho dichos daños en favor de sus propios propósitos, y que el objeto inmediato de los pasajes pertinentes del mensaje [del gobierno] parecen estar dirigidos a obtener apoyo para la famosa Ley Heroica…p. 260
33Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 3721 cita
[40]Con el agravan- ~ te de que en Colombia comenzó antes, pues los intereses 1 norteamericanos, preocupados por los intentos oficiales ' de control de las explotaciones petroleras, decidieron cor- tar los créditos internacionales. El New York Times atribu- yó esa política oficial al "deseo de la administración del…p. 372
34Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 1961 cita
[41]calificación Magna cum laude. Gaitán regresó al país en 1928, fue elegido representante a la Cámara y desde allí investigó los suce- sos de la masacre de trabajadores de la United Fruit; sus denuncias se convir- tieron en abierto debate contra el go- bierno de Abadía Méndez y fueron el fundamento para su figura de…p. 196
35Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · p. 1321 cita
[42]on the vulnerability of the Colombian labor movement to ruling-class initiatives during the resurgence and reorganization of world capitalism in the wake of the Second World War. The fourth reflects on the relationship of this whole social process to the phenomenon of the Violence. The Advent of the Liberal Republic…p. 132
36De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 801 cita
[43]de la demanda mundial de produc- tos agrícolas, entre ellos de café. En 1925, la industria colombiana empleaba a 65.100 trabajadores; en 1931, ese número había disminuido a 42.402 trabajadores. Esta 1930: LOS CONSERVADORES SE DIVIDEN, LLEGAN LOS LIBERALES posterior al 9 de abril de 1948, cuando la Iglesia Católica se…p. 80
37De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 801 cita
[44]reflejaba la rápida caída de la demanda mundial de produc- tos agrícolas, entre ellos de café. En 1925, la industria colombiana empleaba a 65.100 trabajadores; en 1931, ese número había disminuido a 42.402 trabajadores. Esta 1930: LOS CONSERVADORES SE DIVIDEN, LLEGAN LOS LIBERALES posterior al 9 de abril de 1948,…p. 80
38Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 1231 cita
[45]no se iniciase tna investigación respecto de Los erí- menes cometidos y mientras nose ex pidiera una ler electoral. El afán de colaboración enarbolado poros “civi listas”, según Gerardo Molina, escon- día el deseo de codirigir el desarrollo económico al que asistía el país, forta- tecido por capitales extranjeros; no…p. 123
39Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 3711 cita
[46]a 10,5 centavos de dólar por libra, apenas una fracción de su nivel de bonanza (28,5 centavos en 1926). La crisis internacional, que se desencadenó de manera abierta a partir de octubre de 1929, arrastró también los precios de los productos industriales, que constituían el grueso de las compras externas del país. No…p. 371
40Nueva Historia de Colombia, Vol. V: Economía, Café, IndustriaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jesús Antonio Bejarano Ávila, Jorge Orlando Melo, Bernardo Tovar Zambrano, José Antonio Ocampo Gaviria, Juan Manuel Santos Calderón, Charles Bergquist, Alberto Mayor Mora, José Olinto Rueda Plata, Carlos Esteban Posada Posada, Juan José Echavarría Soto, Juan Felipe Gaviria Gutiérrez, Guillermo Eduardo Perry Rubio · p. 791 cita
[48]tre 1925 y 1928 el país recibió un poco más de ciento sesenta millones de dó- lares en préstamos de largo plazo, y con ellos financió diversos programas de obras públicas en los órdenes na- cional, departamental y municipal, respaldó el otorgamiento de crédito bancario doméstico y logró hacer im- 78 Capítulo 3 79…p. 79
41Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · p. 3611 cita
[49]temas de cable aéreo para sacar el café de la Cordillera Central y bajarlo a los ríos Magdalena y Cauca. A partir de 1919 entró en servicio el trans porte aéreo con el fin de unir a las principales ciudades colombianas. La ·construcción en gran escala de sistemas de transporte y de otros prQYec tos financiados con…p. 361
42Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 1531 cita
[50]múltiples proyectos de infraestructura para abaratar costos de exportación e integrar las regiones. Abrió un programa de obras públicas que tendría fuertes incidencias en la hasta entonces inmóvil mano de obra rural, en los índices de inflación y en movilizaciones sociales y conflictos obreros. Los departamentos y…p. 153