Idea transversal
Opinión pública
La opinión pública en Colombia es una categoría histórica con dueños sucesivos y exclusiones sistemáticas: nació como invención letrada criolla a fines del siglo XVIII, fue instrumento de facciones partidistas a lo largo del XIX, campo de batalla entre prensa y Estado en el XX, y hoy es un artefacto mediado por encuestas, redes y algoritmos.
Trayectoria de una idea
- 1791
Fundación del Papel Periódico de Santafé
- 1793
Impresión de los Derechos del Hombre por Nariño
- 1821
Libertad de imprenta en la Constitución de Cúcuta
- 1827
Confrontación electoral entre bolivarismo y santanderismo
- 1832
Ampliación del cuerpo electoral y opinión colectiva
- 1886
La Regeneración restringe la esfera pública
- 1887
Fundación de El Espectador y consolidación de la prensa partidista
- 1948
El 9 de abril y la irrupción plebeya
- 1953
Censura y represión de prensa bajo Rojas Pinilla
La lectura
La opinión pública en Colombia nació como privilegio de una élite criolla ilustrada que se leía a sí misma en Santafé de Bogotá a fines del siglo XVIII, y su historia posterior es la de una categoría en permanente disputa: quién la define, quién la porta y quién queda excluido de ella. Durante el siglo XIX quedó anclada en la prensa partidista hasta volverse casi sinónimo de ella, con políticos-periodistas que fundaban periódicos como se fundan ejércitos y lectores que se identificaban con su diario antes que con su nación. La Regeneración de 1886 institucionalizó su restricción en tres pisos simultáneos —censura de prensa, estado de sitio y educación confesional—, convirtiendo el control de la palabra pública en pieza central del orden conservador. El gaitanismo de los años cuarenta representó la primera irrupción masiva de sectores populares en ese espacio históricamente vedado, y su violenta clausura el 9 de abril de 1948 mostró hasta qué punto las élites temían la democratización real del concepto. A lo largo de toda esta trayectoria, la tensión fundacional no se resolvió: entre la opinión pública como instrumento de legitimación del poder y como fuerza autónoma capaz de cuestionarlo, Colombia eligió, una y otra vez, la primera opción.
La opinión pública en Colombia
La opinión pública en Colombia no es un espejo de lo que piensa la sociedad: es una categoría con historia, con dueños sucesivos y con exclusiones. Nació a fines del siglo XVIII como invención letrada de un puñado de criollos ilustrados que se leían entre sí en Santafé; fue instrumento de facciones a lo largo del XIX, campo de batalla entre prensa partidista y Estado en el XX, y hoy es un artefacto mediado por encuestas, redes y algoritmos. Quien controló su definición y sus canales determinó, en cada época, quién contaba como "el público" y qué demandas merecían ser escuchadas. Lo que sigue reconstruye esa trayectoria: el momento en que unos pocos empezaron a hablar en nombre de todos, las veces en que los excluidos lograron forzar su entrada al espacio público, y las mediaciones —imprenta, partido, radio, sondeo— que en cada tramo redefinieron el concepto.
La invención letrada: del Papel Periódico a los Derechos del Hombre
La imprenta llegó tarde a Bogotá, cerca de doscientos años después de la fundación de la ciudad, traída por los jesuitas, que durante mucho tiempo solo publicaron novenas y textos devocionales. Cuando por fin apareció una prensa de verdadera vocación pública, el hecho tuvo la forma de un semanario dirigido por un cubano: el Papel Periódico de la ciudad de Santafé de Bogotá, fundado en 1791 por Manuel del Socorro Rodríguez y sostenido hasta 1797 a lo largo de 270 números.
Con él se instala en el virreinato una novedad conceptual antes que técnica: la idea de que existe un cuerpo de lectores —los "granadinos"— al que se puede informar simultáneamente sobre el comercio, los nombramientos coloniales, las noticias de España y Europa, y las novedades de la ciencia y las letras. Sus colaboradores eran lo más selecto de la ilustración neogranadina: José Celestino Mutis, Francisco Antonio Zea, Sinforoso Mutis, Francisco José de Caldas, Pedro Fermín de Vargas. Publicaron ensayos de botánica, física, medicina, filosofía y literatura, y promovieron sociedades de amigos del país que buscaban ampliar el espacio de lo público. Ese "público" era, sin equívoco, letrado, urbano, propietario y masculino —unas pocas decenas de familias distribuidas entre Santafé, Cartagena, Popayán y Mompox—, pero en el gesto mismo de dirigirse a él como comunidad estaba el embrión de una idea decisiva: la de un cuerpo político con voz propia, distinguible del monarca y de sus funcionarios.
El otro polo fundacional es Antonio Nariño. El 13 de diciembre de 1793, en su Imprenta Patriótica de Santa Fe, imprimió el folleto de los Derechos del Hombre y del Ciudadano proclamados por la Asamblea Constituyente francesa. Las autoridades virreinales lo consideraron altamente sedicioso, alertaron a Quito, Caracas y otras ciudades, y el virrey comunicó el asunto a todos los gobernadores del virreinato. Nariño fue condenado a diez años de cárcel, extrañamiento perpetuo de América y confiscación de todos sus bienes, aunque la reclusión efectiva solo empezó en 1796, cuando ingresó a los calabozos de Cádiz. Al inventariar su biblioteca, las autoridades hallaron una colección clandestina extensa: clásicos griegos y latinos, historia, filosofía, teología, matemáticas, medicina, ciencias naturales, tratados de leyes y derecho, y escritos de los enciclopedistas franceses.
El episodio Nariño revela la lógica que gobernaría, durante décadas, la relación entre poder y opinión: los textos peligrosos no se debaten, se persiguen; el "público" al que se teme es exactamente el mismo que se pretende ilustrar. Con el Semanario del Nuevo Reino de Granada de Caldas (1808-1810), esa esfera pública letrada llegó a su umbral: había ya, entre las élites criollas de las distintas regiones, un sentimiento de comunidad compartida sostenido por la circulación de impresos. Cuando estalló la crisis de 1810, ese tejido delgado —lector, epistolar, tertuliano— fue el que dio forma a la primera generación de repúblicas.
La primera república y la palabra pública
Desde el inicio del proceso independentista, la "opinión pública" apareció en boca de los líderes patriotas con una doble cara. Por un lado, era una fuerza que —se decía en 1810 y 1811— pronto no podría contenerse; por otro, el pueblo real, el "pueblo bajo", era pensado por ciertos dirigentes como un instrumento manejable en favor de la causa. La contradicción no era retórica: reflejaba con exactitud la posición de una élite que necesitaba movilizar para vencer y a la vez temía lo que había movilizado.
En septiembre de 1811 se reunió en Santafé un congreso con representantes de las provincias liberadas del control realista, que acordó principios federalistas; Camilo Torres redactó una constitución para las Provincias Unidas de la Nueva Granada, inspirada en la estadounidense, terminada el 27 de noviembre de ese año. Cundinamarca, bajo la influencia de Nariño, no se adhirió. La disputa entre federalistas y centralistas no fue solo una discusión constitucional: fue la primera pelea, dentro de la República en gestación, sobre cuál era la opinión pública legítima y quién tenía derecho a hablar en nombre de ella.
Consolidada la independencia, la Constitución de Cúcuta de 1821 —primera carta fundamental de la República de Colombia— consagró en su artículo 156 la libertad de imprenta: se podía escribir, imprimir y publicar libremente, sin censura previa, con responsabilidad posterior por los abusos. La fórmula, heredada del liberalismo atlántico, quedaría por más de un siglo como el marco formal del debate público, sobreviviendo a golpes, guerras civiles y estados de sitio.
Bolívar y Santander: la opinión como problema de gobierno
Ningún actor de la primera mitad del siglo XIX pensó tan lúcidamente el problema de la opinión pública como Simón Bolívar. Reconoció explícitamente que sin el auxilio de la opinión la fuerza física tenía un efecto precario, y en los últimos años de la Gran Colombia intentó gestionarla activamente. Frente a una representación pública adversaria que contraponía "el aparato encantador de una libertad imaginaria" a su causa, buscó disipar las apariencias de tiranía y modular la percepción popular. Para los comicios provinciales de 1830 giró instrucciones a los prefectos departamentales para que los colegios electorales redactaran instrucciones escritas que expresaran "las voluntades públicas", y declaró bajo juramento querer oír y cumplir la voluntad de los pueblos.
El gesto era, a la vez, sincero y estratégico: reconocía que en la nueva política republicana no bastaba con el mando, hacía falta el consentimiento; pero también inauguraba una tradición —que llegaría hasta el siglo XXI— en la que el gobernante convoca a la opinión pública para legitimarse por encima de las instituciones representativas ordinarias.
Las elecciones de 1827 habían enfrentado ya dos modelos de gobierno opuestos encarnados en Bolívar y Santander, con una confrontación electoral que buscó movilizar la opinión sin ánimo de consenso y desembocó en crisis política. En 1832, con el fin de la Gran Colombia y el ascenso del liberalismo santanderista, se eliminaron los requisitos económicos para ser elector, ampliando la participación política. La construcción de la opinión colectiva en el proceso electoral republicano temprano puede leerse en tres hitos: 1825, el arranque de una participación colectiva ajustada a intereses generales; 1827, la confrontación entre modelos sin voluntad de consenso; 1832, la ampliación institucional del cuerpo electoral. En veinte años, el concepto había pasado de la tertulia ilustrada al mecanismo electoral.
La prensa como partido: el largo siglo XIX
Si el siglo XVIII inventó la opinión pública en Colombia y las primeras décadas del XIX la instalaron como categoría política, el resto de la centuria la ancló, sin retorno, en la prensa. La prensa fue el medio de comunicación por excelencia y el principal vehículo de formación política; los dos —periodismo y política— eran, en rigor, inconcebibles el uno sin el otro.
Los grandes protagonistas del siglo entendieron su oficio como una prolongación natural del debate público impreso. Antonio Nariño había fundado La Bagatela ya en 1811; a lo largo de las décadas siguientes, José María Samper dirigió El Tiempo (1855-1872), Miguel Antonio Caro El Tradicionista (1871-1872) —órgano del catolicismo militante y del proyecto conservador—, y Rafael Núñez La Luz (1881-1882), desde donde forjó la doctrina de la Regeneración. Julio Arboleda, José Eusebio Caro y otros hombres de partido consideraron el periodismo su principal vehículo de formación política. No eran periodistas que a veces hicieran política: eran políticos cuya arma primera era el periódico.
Ese entrelazamiento definiría por más de un siglo la estructura de la opinión pública colombiana. Cada facción tuvo su cabecera; cada cabecera fue un dispositivo de identidad partidista. El Espectador, fundado por Fidel Cano en Medellín el 22 de marzo de 1887 como tabloide bisemanal, se convirtió en trinchera liberal frente al catolicismo regenerador; fue cerrado en 1904 y reinició actividades en 1911. La prensa articuló debates económicos e ideológicos —la polémica sobre el librecambismo la libraron artesanos y liberales desde sus periódicos—, y en el siglo XX el patrón se prolongó sin ruptura: varios presidentes fueron antes directores, propietarios o redactores de periódicos. Eduardo Santos y Carlos Lleras Restrepo pasaron por El Tiempo; Alberto Lleras Camargo trabajó en El Tiempo, El Liberal y Semana; Laureano Gómez dirigió El Siglo; Enrique Olaya Herrera y Alfonso López Michelsen también combinaron la política y la prensa. Los grandes diarios de la primera mitad del siglo XX tuvieron un carácter marcadamente familiar y partidista: El Tiempo de la familia Santos, El Espectador de la familia Cano, ambos liberales.
Esta vocación tuvo un lado saludable: promovió la confrontación de ideas y sostuvo una esfera pública viva, con lectores politizados y un espesor argumentativo notable. Pero tuvo también un lado oscuro que se haría catastrófico a mediados del siglo XX: cuando las lealtades partidistas interfieren la imparcialidad informativa, sobre todo en épocas electorales, la prensa deja de ser mediadora del debate para convertirse en combustible del enfrentamiento. Los diarios liberales y conservadores contribuyeron al clima de violencia bipartidista con campañas editoriales que no eran solo reflejo del conflicto: eran factor activo en su escalada.
La Regeneración y el arte de restringir
La Constitución de 1886, coronación del proyecto regenerador de Núñez y Miguel Antonio Caro, redefinió por completo los términos de la vida pública. Suprimió del capítulo de derechos las libertades de expresión, pensamiento y movimiento, y mantuvo la libertad de prensa solo formalmente y "en tiempo de paz". Reconoció a los no católicos el derecho a no ser molestados por sus creencias —una concesión mínima en un texto que reafirmaba la centralidad de la religión—, y consagró un sistema centralista, religioso y autoritario, acogiendo abiertamente la idea de que "las repúblicas deben ser autoritarias". Rigió por más de cien años.
Su instrumento operativo fue el estado de sitio, mecanismo que permitía a los gobiernos ejercer poderes extraordinarios, hostigar a la oposición, cerrar periódicos y confinar o desterrar a los enemigos más visibles. La tradición del estado de excepción tiene un hito fundacional en la dictadura de Bolívar entre 1828 y 1830; la Regeneración lo institucionalizó como recurso ordinario, y de allí pasaría al presidencialismo del siglo XX. La intolerancia del régimen hacia sus críticos no era paranoia: reflejaba el reconocimiento de la fuerza potencial de la oposición, sobre todo frente a las heterodoxias fiscales del núñismo.
El Concordato de 1887 completó el dispositivo por otro flanco. Estableció que la educación e instrucción pública en universidades, colegios, escuelas y demás centros se organizaría y dirigiría en conformidad con los dogmas y la moral de la Religión Católica. Durante la larga hegemonía conservadora se impusieron como textos escolares los manuales de los jesuitas José Félix de Restrepo, Faustino Segura y José María Ruano; se dice que este último prohibió la lectura de José Asunción Silva, Guillermo Valencia y Luis Carlos López. La opinión pública se restringía así en tres pisos simultáneos: la censura de prensa, el estado de sitio y la formación confesional de las nuevas generaciones.
El 9 de abril y la irrupción plebeya
El siglo XX colombiano vivió, en el segundo cuarto, un momento en que el guion se quebró. Durante la República Liberal (1930-1946) el monopolio sobre la opinión pública siguió siendo ejercido por liberales y conservadores: los movimientos alternativos —el UNIR del propio Gaitán en los años treinta, la APEN, la LAP— no lograron perdurar, salvo el partido comunista, que sobrevivió como fuerza minoritaria. Pero desde dentro del liberalismo, Jorge Eliécer Gaitán fue construyendo algo distinto.
Gaitán no era exactamente un líder de izquierda independiente: representaba el ala izquierdista del Partido Liberal. Su fuerza, sin embargo, venía de otra parte. Con una estructura de base muy potente y una elocuencia capaz de movilizar multitudes, el gaitanismo estaba quebrando el esquema liberal-conservador tradicional al incorporar al espacio público a sectores populares excluidos: artesanos, pequeños comerciantes, obreros urbanos, campesinos. Por primera vez desde la Independencia, el "público" al que apelaba un dirigente de primera línea desbordaba a las élites letradas. La universalización del sufragio masculino para mayores de veintiún años —eliminando los requisitos de alfabetización y renta— coincidió con el ascenso liberal, sobre todo en las ciudades, y volvió esa apelación aún más peligrosa para el orden establecido.
El 9 de abril de 1948, Gaitán fue asesinado en el centro de Bogotá. La reacción fue inmediata y desmesurada. Las masas populares vivieron el crimen como la destrucción de su esperanza de acceder al poder político; el centro de la capital ardió. El sistema de tranvías quedó gravemente dañado, iglesias y archivos eclesiásticos fueron incendiados, negocios asociados al conservatismo fueron saqueados. La violencia se extendió más allá de Bogotá: hubo conmoción en Manizales, Cartago quedó bajo ocupación militar, Buenaventura fue saqueada, Puerto Tejada sufrió graves disturbios.
El Bogotazo cambió la lógica del espacio público colombiano. Por un lado, mostró que existía una opinión pública plebeya que las élites no habían visto o habían decidido no ver, y que era capaz de ocupar la ciudad. Por otro, el terror que esa irrupción produjo en las clases dirigentes selló el destino de la vía populista: entre los grandes líderes populistas latinoamericanos de la época —Cárdenas, Perón, Vargas, Haya de la Torre—, Gaitán fue el único asesinado, y su muerte bloqueó estructuralmente esa alternativa en Colombia.
Tras el 9 de abril, el espacio público se convirtió en terreno peligroso. Ese mismo año, el periodista Enrique Santos Montejo, "Calibán", advirtió desde El Tiempo que las campañas de prensa que sostenían que los conservadores eran asesinos o los liberales bandoleros eran causa directa de la violencia, y propuso "descargar de explosivos las palabras". La advertencia llegaba tarde. La violencia bipartidista dejaría más de doscientas mil muertes a lo largo de las dos décadas siguientes, y transformaría por completo el sistema político. El presidente conservador Mariano Ospina Pérez recurrió crecientemente al ejército para establecer el control, y el país entró en un ciclo en que la palabra pública y la bala se retroalimentaban.
Rojas Pinilla, el Frente Nacional y la clausura del espacio
El gobierno de Gustavo Rojas Pinilla (1953-1958) llevó al extremo la vieja combinación de estado de sitio y control de prensa. Se ejerció represión y censura sobre El Tiempo, El Espectador y El Siglo —los tres grandes diarios, liberales los dos primeros, conservador el tercero—, y en su mensaje de año nuevo de 1955 Rojas declaró que el estado de sitio no sería levantado mientras él estuviera en el poder y que no habría elecciones, todo en nombre de la paz. El Partido Liberal, que inicialmente había mirado con simpatía al régimen, se distanció sobre todo tras la aprobación de la reelección de Rojas por cuatro años, la matanza de estudiantes y el deterioro general de las libertades.
La caída de Rojas en 1957 y el pacto del Frente Nacional entre liberales y conservadores restauraron formalmente la libertad de prensa, pero al costo de una profunda restricción del pluralismo real. Durante el Frente Nacional, el Estado inhibió las expresiones del conflicto social y excluyó de la política a las clases subordinadas, consolidando el dominio de las élites bipartidistas. Entre 1958 y 1990, Colombia estuvo bajo alguna forma de estado de sitio más del ochenta por ciento del tiempo. La opinión pública que sobrevivía era, otra vez, la de los grandes diarios y las dos colectividades tradicionales; la que quedaba fuera se refugió en el sindicalismo, la universidad y, en algunos casos, en la guerrilla.
1991: la reinvención constitucional
Hacia fines de los años ochenta, la combinación de narcotráfico, guerrillas, violencia paramilitar y agotamiento del Frente Nacional produjo una crisis de legitimidad tan grave que hizo posible lo que parecía imposible: convocar una asamblea constituyente por fuera de los procedimientos previstos. La Asamblea Nacional Constituyente de 1991 fue convocada por el presidente César Gaviria en ejercicio de facultades del estado de sitio —el artículo 121 de la Constitución de 1886—, en una paradoja fundacional: la nueva Constitución nació del mismo instrumento de excepción que se proponía limitar. Fue convocada, además, siguiendo las oleadas de una opinión pública agobiada por la violencia y la corrupción, en un movimiento que había cristalizado en la iniciativa estudiantil de la séptima papeleta.
La composición de la Asamblea fue plural. Incluyó al Partido Liberal, fuerzas conservadoras, movimientos surgidos de guerrillas desmovilizadas —el M-19 sobre todo— y representantes indígenas. La Constitución de 1991 amplió la competencia política al eliminar restricciones heredadas del Frente Nacional, introdujo mecanismos de participación ciudadana directa —tutela, iniciativa popular, acciones populares—, restringió los poderes presidenciales en estados de excepción y creó la Corte Constitucional como guardiana de la supremacía constitucional.
De todas esas innovaciones, la Corte Constitucional y la acción de tutela fueron las más importantes en materia de acceso a la justicia y protección de derechos fundamentales. La Corte adoptó decisiones de alto impacto sobre la vida política, económica y social durante los años noventa y las siguientes décadas, y se consolidó como una de las instituciones de mayor confianza ciudadana. Al revisar la ley estatutaria de partidos políticos —cincuenta y cuatro artículos que regularon propaganda, sondeos de opinión, acceso a medios y derechos especiales de la oposición—, declaró inconstitucionales varios artículos restrictivos y garantizó el acceso a la televisión para partidos minoritarios, abriendo estructuralmente el campo de la comunicación política.
El efecto sobre la opinión pública fue ambivalente. Por un lado, el ciudadano común accedió, mediante la tutela, a un mecanismo directo para hacer valer sus derechos; por otro, la descentralización política y administrativa profundizada por la nueva Constitución fue aprovechada por organizaciones criminales —narcotraficantes en particular— para capturar instituciones locales y competir electoralmente. El poder de los grandes electores departamentales y nacionales se desplazó hacia operadores locales con mayor liquidez, y los proyectos criminales en expansión encontraron en esa fragmentación un terreno propicio. La misma reforma que había democratizado el espacio público lo hizo también más vulnerable.
Encuestas, "Estado de opinión" y voto de opinión
En el nuevo siglo, la opinión pública colombiana entró en una fase de tecnificación acelerada. Las encuestas de aprobación presidencial se volvieron el termómetro cotidiano de la política. Durante el primer mandato de Álvaro Uribe (2002-2006), la aprobación se mantuvo por encima del setenta por ciento; a mediados del segundo (2006-2010) se ubicó entre los ochenta medios y los noventa bajos, lo que llevó a analistas a afirmar que Uribe tenía el mayor nivel de apoyo de cualquier presidente en las Américas. Esas cifras coexistieron con múltiples factores que en otros países latinoamericanos habrían sido considerados un clima inhóspito, generando una paradoja entre los indicadores de opinión y el contexto político.
La medición tenía, sin embargo, sus propios sesgos estructurales. Las encuestas telefónicas por líneas fijas excluían a quienes no tenían teléfono y sobrerrepresentaban los estratos altos, cinco y seis, distorsionando el peso real de los sectores populares en la muestra. El caso de la consulta interna del Polo Democrático entre María Emma Mejía y Samuel Moreno se citó como ejemplo de error monumental atribuible, al menos parcialmente, a ese sesgo de cobertura. La opinión pública tecnificada reproducía, con nuevas herramientas, la vieja asimetría del siglo XVIII: quienes tenían acceso a los medios de mediación eran los que "contaban".
Sobre ese sustrato apareció, en el discurso del Centro Democrático, el concepto de "Estado de opinión". Voces críticas —la de Humberto de la Calle entre ellas— señalaron que su función real era pasar por encima de la institucionalidad representativa clásica, lo que se manifestaba en ataques a las cortes cuando estas tomaban decisiones contrarias a los intereses del gobierno. El "Estado de opinión" no reflejaría la voluntad del pueblo sino la del gobernante poderoso: el líder populista no escucha al pueblo, construye lo que el pueblo "debe querer" en función de su propio proyecto. Es una lógica de retroversión —el gobernante fabrica los anhelos que luego dice recoger—, y sus mecanismos privilegian las formas directas de consulta por encima del voto representativo.
El plebiscito por la paz del 2 de octubre de 2016 sobre los Acuerdos de La Habana ofreció el caso paradigmático. Analistas señalaron que allí el voto de opinión pesaría más que el voto clientelista, dado que no había favores ni lealtades partidistas que intercambiar. El resultado —victoria estrecha del No— desmintió las encuestas y reveló hasta qué punto la campaña había operado por vías nuevas: el coordinador de la campaña por el No reconoció el uso de medias verdades y noticias falsas para confundir a la opinión pública. La distinción entre voto de opinión racional y voto clientelista, presentada como fortaleza del ejercicio democrático, no había impedido su manipulación por medios distintos a los tradicionales.
Los medios frente al conflicto
En paralelo, el papel de los grandes medios en la cobertura del conflicto armado se volvió objeto de escrutinio. La opinión pública, en democracia, actúa como escrutinio cotidiano que condiciona el avance, desgaste o cambio de las políticas gubernamentales, y en un país con conflicto interno esa función se vuelve central: el Estado depende de un apoyo externo circunstancial y está expuesto a críticas nacionales e internacionales cuando los resultados tardan, mientras que las FARC, al financiarse con negocios ilegales, parecían menos condicionadas por esa presión —una asimetría que, si el conflicto se prolongaba, podía favorecer a la insurgencia.
El periodista Javier Darío Restrepo señaló que la cobertura mediática del conflicto tiende a provocar pasividad y resignación en las audiencias, presentando la violencia de un modo que inhibe la movilización ciudadana. La selectividad de la representación quedó ilustrada por dos episodios contemporáneos: la marcha del 4 de febrero de 2008 contra las FARC recibió cobertura internacional masiva; una manifestación de unas setecientas personas desplazadas por fuerzas estatales y paramilitares, reunidas en el puente entre Flandes y Girardot, pasó prácticamente sin cobertura. Los medios no son un espejo neutral del país; escogen, sistemáticamente, qué públicos hacen visibles.
Balance de una categoría
La historia de la opinión pública en Colombia es, vista de lejos, la de un ensanchamiento gradual e incompleto del cuerpo de los que cuentan. Empezó con unas decenas de criollos ilustrados leyéndose el Papel Periódico; se ensanchó al conjunto de los ciudadanos varones alfabetizados en el siglo XIX; incorporó al pueblo urbano en 1948 con el gaitanismo, aunque al costo de un asesinato y una violencia de dos décadas; se abrió constitucionalmente en 1991, aunque los mismos mecanismos que la abrieron sirvieron a proyectos criminales para colonizar el sistema; y en el siglo XXI se mide por sondeo, se disputa en redes y se manipula con noticias falsas.
En cada tramo, el concepto sirvió a las élites dominantes para legitimarse: Bolívar lo invocaba para gobernar, la Regeneración lo restringía en nombre del orden, los partidos tradicionales lo monopolizaron por más de un siglo, el "Estado de opinión" contemporáneo lo esgrime contra las instituciones representativas. Y sin embargo, cada tanto, algo se rompió: Nariño imprimió los Derechos del Hombre y la biblioteca clandestina fue inventariada; el pueblo bogotano incendió el centro el 9 de abril; los estudiantes lograron una constituyente que nadie preveía; los ciudadanos rechazaron un acuerdo de paz que las encuestas daban por aprobado. La opinión pública nunca fue lo que las élites decían que era, ni lo que los sondeos medían, ni lo que los medios amplificaban: fue también, siempre, lo que se filtraba entre los sesgos del dispositivo. Su historia futura dependerá de si Colombia consigue por fin construir un espacio en el que los que hoy siguen fuera —los desplazados del puente entre Flandes y Girardot, los que no tienen teléfono, los que nunca escribieron en un periódico— dejen de ser objetos de encuesta y se conviertan en ciudadanos con voz.
En el archivo
69 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
01Pre-independencia1780–180916
- 1780Pre-independencia neogranadina (1780–1809)Época
- 1785Ilustración criollaFicha
- 1789La impresión y persecución de los Derechos del Hombre en la Nueva Granada (1793-1794)Hecho
- 1791El Papel Periódico de la Ciudad de Santafé de Bogotá (1791–1797)Hecho
- 1791Manuel del Socorro RodríguezFicha
- 1793Antonio NariñoFicha
- 1793Atlántico revolucionarioFicha
- 1793Derechos del HombreFicha
- 1793La traducción de los Derechos del Hombre y el proceso a Nariño (1793–1795)Hecho
- 1794José de EzpeletaFicha
- 1794Productividad política inversa de la coerción borbónica en la Nueva GranadaPregunta
- 1795Juan Eloy Valenzuela y MantillaFicha
- 1795Patriotismo criolloFicha
- 1795Sociabilidad letradaFicha
- 1808Semanario del Nuevo Reino de Granada (1808–1810)Hecho
- 1810Antonio Amar y BorbónFicha
02Independencia1810–18319
- 1810José Acevedo y GómezFicha
- 1810Patria Boba: federalismo, centralismo y primeras repúblicas (1810–1816)Hecho
- 1810Soberanía popularFicha
- 1811Manuel Rodríguez ToricesFicha
- 1816José Fernández MadridFicha
- 1820La prensa y la Gran ColombiaPregunta
- 1825Reconocimiento diplomáticoFicha
- 1825Vicente AzueroFicha
- 1826Prohibición bolivariana de Bentham y guerra cultural sobre el currículo (1828)Hecho
03Nueva Granada1831–18629
- 1841Introducción del daguerrotipo y la litografía moderna en la Nueva Granada (1841-1848)Hecho
- 1848Costumbrismo y república letrada del medio siglo (1848–1862)Hecho
- 1848Josefa Acevedo de GómezFicha
- 1849El Alacrán (1849): sátira, socialismo utópico y libertad de prensa en la Nueva GranadaHecho
- 1850Manuel AncízarFicha
- 1850Publicación por entregas de la Peregrinación de Alpha en El Neogranadino (1850-1852)Hecho
- 1850Sociedades DemocráticasFicha
- 1855CostumbrismoFicha
- 1858Eugenio Díaz CastroFicha
04Estados Unidos de Colombia1863–18856
05Regeneración1886–19294
06República Liberal1930–19464
07La Violencia1946–19573
08Crisis y narcotráfico1974–19904
09Constitución de 19911991–20023
10Seguridad Democrática2002–20163
11Posconflicto2016–presente3
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01Antonio Nariño: impresor y difusor clandestino de los Derechos del Hombre (1793), fundador de La Bagatela (1811); su persecución y condena ejemplifican la represión estatal de la opinión disidente en la colonia tardía y la primera república
- 02Manuel del Socorro Rodríguez: director del Papel Periódico de Santafé (1791-1797), primer articulador de una comunidad lectora neogranadina y fundador de la esfera pública letrada en el virreinato
- 03Prensa partidista: principal canal de formación y disputa de la opinión pública colombiana desde el siglo XIX hasta mediados del XX; figuras como Núñez, Caro, Samper, Santos y Lleras Camargo ejercieron simultáneamente el periodismo y la política
- 04Jorge Eliécer Gaitán: primer dirigente de primera línea que apeló a sectores populares excluidos —artesanos, obreros, campesinos— como sujetos legítimos de la opinión pública, desbordando el monopolio letrado y bipartidista
- 05Constitución de 1886 y estado de sitio: marco institucional que restringió sistemáticamente la libertad de expresión y permitió a los gobiernos cerrar periódicos y hostigar a la oposición, condicionando el ejercicio de la opinión pública durante más de un siglo
- 06Simón Bolívar: primer gobernante republicano que teorizó explícitamente la opinión pública como condición de legitimidad del poder, intentando gestionarla mediante instrucciones escritas de los colegios electorales en 1830
Personas
Lugares
Ideas
- Centralismo26 piezas compartidas
- Bipartidismo21 piezas compartidas
- Hegemonía conservadora21 piezas compartidas
- Mito fundacional21 piezas compartidas
- Reformas borbónicas21 piezas compartidas
- Élites regionales17 piezas compartidas
- Federalismo16 piezas compartidas
- Soberanía16 piezas compartidas
- Caudillismo15 piezas compartidas
Documentos y fragmentos citados
49 documentos · 58 fragmentos
01Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 5551 cita
[1]percusi ó n por el impulso que ella dio al periodismo que por la can tidad o calidad de libros que en ella se imprimieron. El primer peri ó dico bogotano 90 fue de ef í mera duraci ó n pues no lleg ó sino a tres n ú meros; se trata de la Gaceta de Santa] é (1785). El primero de importancia fue el Papel peri ó dico de…
p. 555
02Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 2791 cita
[2]ilustración neograna- dina: Mutis, Zea, Matiz, Caldas, Ulloa, entre otros, además del mismo Rodríguez. El segundo periódico de importancia y el primero fundado y dirigido por particulares, Jorge Tadeo Lozano y su primo el presbítero José Luis de Azuola, tiene una orientación más específica y recibe sólo colaboraciones…
p. 279
03Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 1691 cita
[3]en duda el viejo orden social y político, sino también los preceptos de la fe que regían hasta entonces, para establecer métodos de investigación más objetivos y, si pudiera decirse, científicos. Parale- lamente al racionalismo de Descar- tes se instaura, principalmente en Inglaterra, el empirismo, cuyos mayores…
p. 169
04Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 1721 cita
[4]252-258. 107 Archivo General de la Nación, Empleados Públicos de Cundina- marca, tomo i, folios 179-278. 173 Híndicíe rf ae oíre vidíríete ft Ciailqíe su eco llega a la era republicana para ser combinado con una pedagogía para la producción de ciudadanos. La prensa de fines del siglo xviii también conver- gió en los…
p. 172
05Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 1361 cita
[5]sentim iento incipiente de id en tid a d n eo g ran ad in a antes de finalizar el periodo colonial. El m u ch as veces citado Imagined Com m unities, de Benedict A nderson, sostiene q u e los periódicos del p eriodo colonial tardío, publicados en la N u e Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de…
p. 136
06Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · p. 136, 2922 citas
[6]llegó a las autoridades que entraron en pánico y asociaron la publicación de ese documento a una conspiración anti-hispánica en marcha, sobre la cual veían indicios en otras ciudades a través de pasquines, que como lo mostró posteriormente García Márquez en su novela sobre “La Violencia”, La mala hora, no sólo son de…
p. 292
[39]medias y falsas noticias para confundir a la opinión pública, como lo aseveró de forma explícita el coordinador de la campaña por el No a los Acuerdos de la Habana, posteriormente ajustados por los firmantes en el nuevo Acuerdo del teatro Colón, firmado el 24 de noviembre de 2016. 20 _______________ 1 Ver Grupo de…
p. 136
07Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · p. 141 cita
[7]circular el escrito, que tradujo de la lengua de Voltaire. El impacto y la indignación que el suceso produjo en las autoridades se revelaron en su reacción: Nariño fue condenado a diez años de cárcel, extrañamiento perpetuo de América y confiscación de todos sus bienes. Esto último permitió conocer cuánta avidez…
p. 14
08La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 1031 cita
[8]que habría de alcanzarse s i guiendo las leyes eternas de la naturaleza y la razón. Es esta concepción integral de la transformación de la sa - ciedad humana, con sus implicaciones revolucionarias, la que anima a pensadores como Rousseau a escribir tratados como el Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los…
p. 103
09Historia del Periodismo ColombianoAntonio Cacua Prada · 1983 · p. 8, 3262 citas
[9]sea pequeña o grande, en latín ni en romance, sin que primeramente tenga para ello nuestra licencia y especial mando o de las personas siguientes.. (aquí la lista de los arzobispos). D os hechos contemporáneos cambian la faz del mundo; el descubrimiento de A m é rica y la invención de la imprenta. Nacen a un mismo…
p. 8
[11]y soberano. En la Constitución de 1821 (Cúcuta) — la primera Carta fundamental de la República de Colombia, pues las anteriores habían sido Constituciones locales como las de Cundí- namarca, Tunja, Antioquia, Cartagena, Mariquita, etcétera—, se consignó la siguiente disposición* que consagra, como las anteriores, la…
p. 326
10La elección de la República. Historia del sufragio en Colombia entre 1809 y 1838Nhora Patricia Palacios Trujillo · 2022 · p. 3591 cita
[10]uno o varios individuos como el o los candidatos adecuados para desempeñar los altos cargos públicos de la república. En la elaboración de la opinión colectiva, es necesario distinguir tres etapas: la primera se sitúa en las elecciones de 1825, a partir de las cuales los integrantes del cuerpo electoral comenzaron a…
p. 359
11Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · p. 4961 cita
[12]el Libertador que sin el auxilio de la opinión pública la fuerza física tendría un precario efecto, y por ello tomó medidas contra la representación pública que contraponía “el aparato encantador de una libertad imaginaria” a un partido “armado de cadenas para esclavizar a los pueblos”, con lo cual no bastaba “ser…
p. 496
12Cuadros de la vida privada de algunos granadinosJosefa Acevedo de Gómez · 2017 · p. 2581 cita
[13]se necesita lo daremos nosotros sacrificando toda nuestra fortuna en el altar de la patria. Los empleados españoles serán menos respetados cuando levantemos el velo que cubre sus abusos e iniquidades. El pueblo bajo es siempre un instrumento que nosotros ma- nejaremos en bien y provecho de la causa de la libertad, y…
p. 258
13Gran Bretaña y la Independencia de Venezuela y ColombiaD. A. G. Waddell · 1983 · p. 1521 cita
[14]paña en contra de Lozano y los federalistas, que culminó con la renuncia del presidente, y la nominación de Nariño en el cargo de mando supremo. Pero por ese entonces ya se había reunido un nuevo con greso en Santa Fe, el 15 de septiembre de 1811, al que habían asistido representantes de todas las provincias que se…
p. 152
14El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · p. 141 cita
[15]Nariño con La Bagatela (1811), pasando por Sergio Arboleda y su periódico La Voz Nacional (1884 - 1885), Rafael Núñez y su periódico La Luz (1881 - 1882), Miguel Antonio Caro con El Tradicionista (1871 - 1872), o José María Samper desde El Tiempo (1855 - 1872), cada uno de ellos, por nom- brar algunas de las figuras…
p. 14
15Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 104, 1072 citas
[16]estoy clesto que slconocieran mí mala pa la; yw EA yb nose prog) wurasla sí gulera ¿que tenemos de E ge que es 1 holepropagar la lastruccion y fixsr laoplolan pública papeles y dos! Men o coros y menzando d rogarsobrelas mesa, amaia dl £45 a Y Mm América de lengua espa- ñola. Sólo aparecieron 38 números, junto con sus…
p. 104
[17]el se- dico de tendencia li- Alejandro Galvis Galvis. manario Voz (inicial- beral y fuertemente dl TU ou mente Voz de la De- atacado por la Iglesia mocracía y luego Voz católica en tiempos de la Violencia política, al Proletaria); sin embargo han existido diferen- punto de que en 1949 los obispos de Santan- tes…
p. 107
16Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 168, 3032 citas
[18]y el mundo de la pol í tica, le plan teaban a los grupos dominantes un proyecto capitalista apoyado en una poblaci ó n obrera educada y emancipada del control autorita rio de terratenientes y curas. Entre los presidentes de Colombia de 1910 a 1990 hubo m á s periodistas que grandes propietarios de tie rras e…
p. 303
[23]p í tulo sobre derechos del hombre y el ciudadano — desaparecieron las libertades de expresi ó n, imprenta, pensamiento y movimiento,, ¡ aunque se mantuvo la libertad de prensa “ en tiempo de paz ” y se concedi ó a los no cat ó licos el derecho a “ no ser molestados ” por ’ sus creencias — y lo reemplaz ó con f ó…
p. 168
17Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · p. 122, 1242 citas
[19]lo marca desde el siglo pasado, que sigue vigente hoy y que incide sobre su con- ducta informativa. Esta vocación político-partidista tie- ne un lado saludable en la medida en que los diarios promueven la confron- tación de ideas y procuran llevarles a los ciudadanos la necesidad particular en política. Su aspecto…
p. 124
[21]fórmula informativa de Time al país, cuya presentación gráfica también acogió: fue la primera revista de síntesis semanal, y se des- tacó por el brillante estilo de sus re- dactores y por sus magníficas crónicas políticas, así como por las caricaturas de Jorge Franklin. Del lado conser- vador fueron notables Diario de…
p. 122
18La violencia en Colombia: Estudio de un Proceso SocialGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 1962 · p. 371 cita
[20]resistencia civil. La prensa liberal recrimina al gobernador tildándolo de débil e inoperante. El periodista "Ca- libán", de El Tiempo, con cabeza fría escribe en la "Danza de las Horas" que la causa de la violencia "es necesario buscarla también en las campañas de prensa que la estimulan sostenien- do todos los días…
p. 37
19A History of Colombian Economic Thought: The Economic Ideas that Built Modern ColombiaAndrés Álvarez, Jimena Hurtado · 2024 · p. 711 cita
[22]letter, you addressed to this news - paper an article that appeared in number 225 on November 26, and in which you make an effort to accredit the selfish and disastrous doctrine advocated by Juan Bautista Say and his entire school, which includes the simple formula of let do; or what is the same: let them steal, let…
p. 71
20Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 511 cita
[24]de protesta social fue recibida con recelo, desconfianza, miedo y, como al final de la década de 1920, las respuestas primordiales volvieron a ser poli- civas, penales, militares. En un país cuyas clases dirigentes se precian de legalistas y civilistas, las situaciones extremas de la época de la Violencia pusieron en…
p. 51
21Coffee and Conflict in Colombia, 1886-1910Charles W. Bergquist · 1986 · p. 571 cita
[25]many of the Conservatives backing Nunez must have felt they were entitled to take any steps necessary to secure their continued exclu- sive enjoyment of the honors and perquisites of public office. Moreover, many leading Nationalists sincerely believed theirs was a sacred mission to rescue Colombia from the dangers…
p. 57
22Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · p. 1621 cita
[26]cordato de 1887: “En las universidades y en los colegios, en las escuelas y en los demás centros de enseñanza, la educación e instrucción pública se organizará y dirigirá en conformidad con los dogmas y la moral de la Religión Católica” (tomado de José David Cortés Guerrero, “Regeneración, intransigencia y régimen de…
p. 162
23Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · p. 652 citas
[27]despectivo respecto de los grupos armados, denominándolos “guerrillas rodadas”, mientras que utilizaba un vocabulario po- pulista en favor de la ciudadanía (Presidencia, 1954) entregando mercados, ofre- ciendo derechos a las mujeres e instando a la ciudadanía a apoyar al ejército con visión patriótica, de libertad y…
p. 65
[28]despectivo respecto de los grupos armados, denominándolos “guerrillas rodadas”, mientras que utilizaba un vocabulario po- pulista en favor de la ciudadanía (Presidencia, 1954) entregando mercados, ofre- ciendo derechos a las mujeres e instando a la ciudadanía a apoyar al ejército con visión patriótica, de libertad y…
p. 65
24Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 1211 cita
[29]odio fra- tricida haya desaparecido y podamos de nuevo transitar el camino de la paz y recobrar nuestro prestigio de nación culta y cristiana», lo cual en el contex- to de violencia que se padecía, equi- valía de cierta manera a una condi- ción imposible. Luego, en el mensaje de año nuevo que dirigió al país en 1955,…
p. 121
25Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 1151 cita
[30]in 1950, but he was murdered in the center of Bogot á on April 9, 1948, a day that changed the history of the nation, much as the assassination of President Kennedy in 1963 changed U.S. society. The marginalized working class, people who felt that government, laws, and society were stacked against them, were stunned…
p. 115
26Diez propuestas para el estudio de la historia reciente de Colombia con énfasis en el conflicto armadoFrancisco Acevedo, Mauricio Bello, Blanca Cepeda, Wencith Guzmán, Jacqueline Mendoza, Nixon Mora, Roque Moreno, William Peña, Jorge Ramírez, Maira Soto, María Cristina Téllez · 2022 · p. 2191 cita
[31]presidente y los partidos lo tenían claro. “No había encuestas, pero la movilización popular era elocuente. El gaitanismo era un movimiento muy organizado, con estructura de base muy potente que estaba rompiendo el esquema liberal-conservador”, afirma. Jursich indica que el político se acercaba a la izquierda en…
p. 219
27Global Capitalism, Democracy, and Civil-Military Relations in ColombiaWilliam Avilés · 2006 · p. 401 cita
[32]economic elites that dominated both polit- ical parties (Pearce 1990, 44). His candidacy expressed the frustration of mil- lions of Colombians disappointed with the failed reformist efforts of the López-Pumarejo government. In April 1948 Gaitan was assassinated in the streets of Bogotá. His death set off an incredible…
p. 40
28Of Beasts and Beauty: Gender, Race, and Identity in ColombiaMichael Edward Stanfield · 2013 · p. 1161 cita
[33]on the cover. The violence sparked by “el nueve de abril” (April 9) made the streets and the public sphere, which had shaped Gaitán into a popular icon, dangerous terrain to tread.36 Once the Cali daily El Relator restarted printing its newspaper on April 12, reports tracked and interpreted the violent fallout of…
p. 116
29Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 4881 cita
[34]1933) de Jorge Eliécer Gaitán, la Asocia- ción Patriótica de Empresarios Nacionales (Apen, 1931- 35) de inspiración derechista, la Liga de Acción Política (Lap, 1934-35) de orientación socialista. Ninguna de estas fuerzas logró perdurar -excepto el partido comunista- ni alterar el monopolio que sobre la opinión…
p. 488
30Siembra vientos y recogerás tempestades. La historia del M-19, sus protagonistas y sus destinosPatricia Lara S. · 2002 · p. 291 cita
[35]llegó también la re vuelta. Mientras tanto, varios jefes liberales fueron a Palacio para hablar con el presidente sobre la difícil situa ción. Ospina continuó en el mando. Los liberales aceptaron colabo rar con él. Varios días permaneció la multitud ebria, sin que nadie la dirigiera. Se diluyó la revuelta en las…
p. 29
31Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 281 cita
[36]de corto alcance, como la que se dio en el primer n1andato de López Pumarejo. Durante el Frente Nacional, el Estado inhibió toda expre- sión del conflicto social y excluyó de la política a las clases subordina- das. Otra consecuencia de la guerra civil fue que bloqueó el camino al populismo en Colombia con la…
p. 28
32Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · p. 191, 1942 citas
[37]del Estado colombiano está limitado por la difícil situación de unas finanzas públicas agotadas por la guerra, y depende en buena medida de un circunstancial apoyo externo, los ingresos de los grupos al margen de la ley parecen no tener límite, ya que dependen de negocios ilegales sumamente rentables, que además…
p. 194
[38]medida en que tarden los resultados esperados o se multipliquen los tropiezos de la política gubernamental, se acentuarán las críticas tanto en el país como por fuera de éste. A las FARC les bastaría entonces con esperar el desgaste del gobierno. Y el siguiente gobernante podría verse obligado a volver a la mesa de…
p. 191
33Justicia y Paz ¿Verdad judicial o verdad histórica?Iván Orozco Abad, María Victoria Uribe, Gina Cabarcas, Luis Carlos Sánchez Díaz · 2012 · p. 2121 cita
[40]con fl icto y de la violencia. Eso provoca pasividad y resignación en las audiencias” &". && “La gran encuesta de la parapolítica”, Semana,, de mayo del ())%, disponible en: http://www.semana.com/wf_InfoArticulo.aspx?IdArt= &)")() Revisado el &$ de julio de ()&(. &(Alejandro Santos, en: Cuadernos del Con fl icto:…
p. 212
34Revolutionary Social Change in Colombia: The Origin and Direction of the FARC-EPJames J. Brittain · 2010 · p. 40, 562 citas
[41]how roughly 700 people of various ethnicities and racial backgrounds – all of whom had been displaced by state and paramilitary forces – from Cauca, Chocó, Cundinamarca, Huila, and Tolima joined together at a bridge linking Flandes, Tolima and Girardot, Cundinamarca. The collec- tive then symbolically dropped…
p. 56
[43]representation of faith in the government and military, while provid- ing the international community with an apparent picture of stability. The polls are conducted across Colombia, and produce a quantitative measure of endorsement for state policies and programs. During President Uribe’s first term (2002–06), they…
p. 40
35Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 3301 cita
[42]más de medio sig lo transitando esta espiral de cri men-mo vimiento de opinión-represión-crimen. Pero, ya vi- mos, la repr esión no ha funcionado y ello obedece en alguna me- dida a que la población no confia en sus jueces y menos aún en sus po li cías. Si alguna conclusión se deriva de este último medio sig lo, es el…
p. 330
36Álvaro Uribe: El Caballo de Troya del NeoliberalismoJuan Manuel López Caballero · 2009 · p. 2081 cita
[44]es exactamente la posición de fi nitiva respecto a él (se puede considerar el tope de su potencial); en cambio la votación por el segundo en principio solo puede aumentar (no se sabe si quienes no le dan su apoyo es porque tenían la decisión de no darle su voto, o porque no lo conocen; luego lo que la encuesta expresa…
p. 208
37Costos económicos y sociales del conflicto en Colombia: ¿cómo construir un posconflicto sostenible?María Alejandra Arias, Adriana Camacho, Ana María Ibáñez, Daniel Mejía, Catherine Rodríguez · 2014 · p. 1121 cita
[45]de riesgo país por parte de los inversionistas extranjeros (véase la gráfica 10). 20 Para una explicación de economía política de este fenómeno, véase Fergusson et al. (2012). 21 La favorabilidad del presidente Santos en las encuestas podría ser la contraparte de la opinión pública del hecho de que los eventos más…
p. 112
38Paz en Colombia: perspectivas, desafíos, opcionesMartha Nussbaum, Sara Victoria Alvarado (ed.), Eduardo A. Rueda Barrera (ed.), Pablo Gentili (ed.) · 2016 · p. 1201 cita
[46]porque no se va a escoger una persona o un partido político, sino opinar sobre un Acuerdo que tendrá incidencia en el futuro de nuestra socie- dad. Segundo, allí no se trata de escoger entre los odios de este dirigente contra aquel otro, ni tampoco decidir sobre las frustraciones de este o aquel gobernante. No. Se…
p. 120
39Paz en Colombia: perspectivas, desafíos, opcionesSara Victoria Alvarado, Eduardo A. Rueda Barrera, Pablo Gentili (editores) · 2016 · p. 1201 cita
[47]porque no se va a escoger una persona o un partido político, sino opinar sobre un Acuerdo que tendrá incidencia en el futuro de nuestra socie- dad. Segundo, allí no se trata de escoger entre los odios de este dirigente contra aquel otro, ni tampoco decidir sobre las frustraciones de este o aquel gobernante. No. Se…
p. 120
40Memorias dispersasHumberto De La Calle Lombana · 2021 · p. 981 cita
[48]pueblo, pero sin pueblo. No es que el gobernante oiga la voz de su pueblo, sino que adelanta una especie de retroversión consistente en idear, no lo que el pueblo quiere, sino lo que debe querer en función de la patria. Es como el psiquiatra que, para poder curar al enfermo, inocula la enfermedad que él ha creado. Un…
p. 98
41The Face of Peace: Government Pedagogy amid Disinformation in ColombiaGwen Burnyeat · 2022 · p. 681 cita
[49]in status and visibility within the government ecosystem. It got its own office, a sprawl of rooms spread over the third floor of the DAPRE build- ing. The OACP came into being as an institution through the peace process, and its people helped shape the outcome of the negotiations. The 2014 Presidential Elections The…
p. 68
42Colombia: The Politics of Reforming the StateEduardo Posada-Carbó (editor) · 1998 · p. 991 cita
[50]the 1991 Constitution 77 The key decision about political parties is the judicial review of the statutory law which, in 54 articles, regulated aspects such as registra- tion of parties, presentation and selection of candidates, public and private finance, disclosure of accounts of parties and campaigns, propa- ganda…
p. 99
43Desafíos de la gobernabilidad democrática. Reformas político-institucionales y movimientos sociales en la región andinaMartín Tanaka, Francine Jácome · 2010 · p. 491 cita
[51]a los ciudadanos. La Constitución de 1991 consolidó el proceso de descentrali- zación política y administrativa que comenzó en el año de 1986 con la refor- ma que permitió la elección popular de alcaldes. Al igual, creó mecanismos de participación directa, como la iniciativa popular, y de comunicación directa con la…
p. 49
44El derecho a la justicia como garantía de no repetición. Volumen 1. Graves violaciones de derechos humanos: luchas sociales y cambios normativos e institucionales 1985-2012Centro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · p. 812 citas
[52]la Acción de Tutela La creación de la Corte Constitucional y la previsión de la ac- ción de tutela son dos de las innovaciones institucionales más im- portantes de la Constitución de 1991, marcando de fi nitivamente el acceso a la justicia de las víctimas de violaciones a los derechos humanos en los años siguientes en…
p. 81
[53]la Acción de Tutela La creación de la Corte Constitucional y la previsión de la ac- ción de tutela son dos de las innovaciones institucionales más im- portantes de la Constitución de 1991, marcando de fi nitivamente el acceso a la justicia de las víctimas de violaciones a los derechos humanos en los años siguientes en…
p. 81
45El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · p. 1121 cita
[54]idea de que solamente así se podría construir un sistema político moderno y le gítimo.96 Fue entonces cuando se acabaron por fin todas las restric ciones institucionales a la competencia política establecidas durante el Frente Nacional (paradójicamente, este era el momento más alto de votación para los partidos…
p. 112
46Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · p. 1931 cita
[55]el país. A pesar de lo corto del tiempo, su coordinador, Ricardo Santamaría, sostiene que hubo mucho interés, el cual se vio reflejado, por ejemplo, en el Una de las mayores paradojas de la Constitución de 1991 fue que esta nació con base en la controvertida figura del “estado de sitio”. En efecto, el presidente…
p. 193
47Más que plata o plomo. El poder político del narcotráfico en Colombia y MéxicoGustavo Duncan · 2014 · p. 2761 cita
[56]público. La coyuntura para estas transformaciones era favorable. Las agencias de desarrollo internacionales como el Banco Mundial y el FMI apoyaban la idea de la descentralización como mecanismo de desarrollo. Asimismo, dentro de la agenda de negociación de guerrillas como el M -19 y el EPL — que se desmovilizaron a…
p. 276
48La economía de los paramilitares: Redes de corrupción, negocios y políticaMauricio Romero Vidal (coordinador y editor), Ariel Fernando Ávila Martínez, Vilma Liliana Franco R., Ángela Olaya, Hernán Pedraza Saravia, Bernardo Pérez Salazar, Juan Diego Restrepo E., Diana Torres · 2011 · p. 481 cita
[57]reiterado de promesas por parte de la clase política, propició a partir de entonces la extensa difusión y entronización de la práctica compra de votos por medio de distintas modalidades. En ese escenario, es comprensible que los operadores electorales -locales resultaran fácilmente subordinados a los proyectos con…
p. 48
49Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 2791 cita
[58]par al pueblo en las decisiones publi- cas, y se reconoció un cuerpo electoral notablemente restringido Con sóle algunas excepciones; com Suiza, se afirmó un sistema parlamentario 1es- petuoso de las libertades populares, pero no preocupado por asegurar el pleno poder del pueblo, y en el cual el referendo tuvo muy…
p. 279