Semanario del Nuevo Reino de Granada (1808–1810)
Publicación científica fundada y editada por Francisco José de Caldas en Santafé, el Semanario del Nuevo Reino de Granada fue el dispositivo intelectual donde la ilustración criolla neogranadina forjó un programa de inventario territorial y un vocabulario identitario común que dotó a las élites criollas de un mapa mental del país en vísperas de la Independencia, al tiempo que consolidó una geografía racializada que asoció los Andes con la civilización y las tierras bajas con la barbarie.
Ficha del acontecimiento
Síntesis
- Cuándo
- Enero de 1808 – 1810
- Dónde
- Nueva Granada, Popayán, Quito, Socorro, Valle del Cauca, Santafé de Bogotá, Cartagena de Indias
- Protagonistas
- Francisco José de Caldas (editor y figura central), José Celestino Mutis (director de la Real Expedición Botánica, mentor institucional), Jorge Tadeo Lozano (colaborador, memorias sobre serpientes), José María Salazar (colaborador, memoria sobre Cundinamarca), José Fernández Madrid (colaborador científico), Rodríguez Torices (colaborador en la redacción), Antonio Caballero y Góngora (arzobispo-virrey promotor de la ciencia útil que precedió al Semanario), Alexander von Humboldt (autor cuyos textos fueron incorporados al Semanario)
Lectura causal
Causas, hecho y consecuencias
Causas
- Las reformas borbónicas y la Real Expedición Botánica habían formado una generación criolla con herramientas científicas e institucionales para describir y reclamar el territorio propio, creando las condiciones para un proyecto editorial de inventario nacional.
- El descontento acumulado de las élites criollas frente a los obstáculos coloniales al comercio exterior y las comunicaciones internas se canalizó en una crítica técnica —la denuncia del desconocimiento geográfico como causa de pobreza y letargo— que el Semanario convirtió en programa impreso.
- La crisis imperial de 1808, provocada por la invasión napoleónica y el vacío de soberanía derivado de la prisión de Fernando VII, actuó como detonante político que resignificó el saber acumulado por el Semanario, transformando el inventario científico en argumento de legitimidad criolla.
- La existencia previa de una red de tertulias, colegios y corresponsales entre provincias —Santafé, Popayán, Antioquia, Socorro, Cartagena— proveyó al Semanario de una infraestructura social y un público capaz de reconocerse en el proyecto colectivo de conocer el territorio.
Consecuencias
- El Semanario dotó a los criollos que protagonizaron el 20 de julio de 1810 de un vocabulario común sobre el país, sus recursos y quién estaba llamado a gobernarlo, contribuyendo a la constitución de una conciencia criolla neogranadina como sujeto político.
- La geografía racializada elaborada por Caldas y otros redactores —que identificó los Andes con la civilización y la raza blanca, y las costas, llanos y selvas con la barbarie y las razas negra e indígena— se mantuvo como discurso hegemónico a lo largo del siglo XIX y bien entrado el XX.
- A partir de la década de 1820, los escritos de Caldas en el Semanario fueron descontextualizados, editados y reimpresos para legitimar la República colombiana independiente, transformando su figura en la del genio patriótico que propugnaba la libre circulación de mercancías y conocimiento técnico.
- El programa fisiocrático del Semanario —que privilegiaba la agricultura, la habilitación de ríos como vías de circulación y el inventario de recursos naturales— estableció un modelo de desarrollo territorial que influyó en los debates económicos de la temprana república.
- El Semanario consolidó el concepto de utilidad social de la ciencia como ruptura con la cultura colonial escolástica, sentando las bases de una tradición intelectual que articulaba ciencia, territorio y nación en el pensamiento colombiano.
La clave interpretativa
Por qué importa
El Semanario del Nuevo Reino de Granada es la pieza donde mejor se puede leer la paradoja fundacional de la Independencia neogranadina: una élite criolla que, al inventariar su territorio con rigor ilustrado, construyó simultáneamente un proyecto emancipador y un sistema de exclusión racial que subordinó a negros e indígenas a las regiones consideradas bárbaras. Su importancia no reside solo en haber sido tribuna de la ciencia criolla, sino en haber producido el mapa mental —geográfico, racial y económico— con el que la nueva república se pensó a sí misma durante más de un siglo.
Desarrollo histórico
La historia completa
El Semanario del Nuevo Reino de Granada
En enero de 1808, en la imprenta de Santafé, empezó a circular un pliego semanal que Francisco José de Caldas editaba con la ambición de inventariar un reino entero. Se llamó Semanario del Nuevo Reino de Granada, duró hasta 1810 y ocupa en la historia de Colombia un lugar singular: fue la publicación donde la ilustración criolla, en su forma más madura, dejó de ser tertulia y correspondencia privada para convertirse en programa impreso. En sus páginas se midieron altitudes, se describieron provincias, se propusieron ríos como canales de riqueza y se ensayó, casi sin advertirlo, un modo de mirar el territorio que dividió al país en Andes civilizados y tierras bajas bárbaras. Cuando dos años y medio después estalló la Junta del 20 de julio de 1810, el sujeto político que la protagonizó —el "nosotros" criollo neogranadino— tenía ya un mapa mental, y ese mapa se había dibujado, en buena parte, en el Semanario.
El mundo del que brota: prensa, ciencia y tertulia en la Nueva Granada tardía
El Semanario no nació en el vacío. Fue el tercer eslabón de una tradición de prensa ilustrada iniciada diecisiete años antes con el Papel Periódico de la Ciudad de Santafé de Bogotá, fundado y dirigido por el cubano Manuel del Socorro Rodríguez, que había llegado al virreinato como amigo personal y asistente del virrey Ezpeleta y a quien este nombró bibliotecario real. El Papel Periódico circuló entre el 9 de febrero de 1791 y el 6 de enero de 1797 —los mismos seis años que duró el mando de Ezpeleta—, publicó cerca de 265 números y alcanzó al menos 147 suscriptores en su primer año, muchos de ellos funcionarios reales. Allí escribieron Mutis, Zea, Matiz, Caldas, Ulloa y otros, sobre botánica, física, medicina, filosofía y literatura, junto a noticias de comercio y de Europa. Su tono era retórico y moralizante, en la línea de las sociedades de amigos del país; se ocupaba de la pobreza, los hospicios y los hospitales, y aludía a los granadinos como una audiencia común. Ese último gesto —dirigirse a un público criollo capaz de reconocerse en el impreso— sería su herencia más duradera.
El segundo eslabón fue el Correo Curioso, erudito, económico y mercantil de la ciudad de Santafé de Bogotá, aparecido en 1801 y sostenido durante 46 números. Lo dirigieron Jorge Tadeo Lozano y su primo, el presbítero José Luis de Azuola, y fue el primer periódico neogranadino fundado por particulares. Al desprenderse del patrocinio virreinal, el Correo Curioso estrechó su foco: solo aceptaba prosa sobre los temas anunciados en el título. Esa doble tendencia —autonomía respecto de la Corona y especialización creciente en las ciencias útiles— desemboca directamente en el Semanario, más científico que retórico, más técnico que moral, editado por un hombre que había hecho de la medición astronómica y geodésica su forma de estar en el mundo.
A esa genealogía impresa se sumaba otra, institucional. La Real Expedición Botánica, puesta bajo la dirección de José Celestino Mutis el 1 de abril de 1783 —con Eloy Valenzuela como subdirector y García del Campo como pintor—, había construido en Santafé, a lo largo de un cuarto de siglo, un aparato científico de envergadura: pintores formados, herbarios, colecciones de minerales y maderas, corresponsales linneanos en Upsala y Estocolmo. Mutis, dedicatario de la mutisia por Linneo, gozaba de un capital simbólico que ningún otro naturalista americano igualaba. Fue él quien comisionó a Caldas para recorrer los bosques del Ecuador y quien luego lo hizo regresar a Santafé para encargarse del Observatorio Astronómico. La Expedición no era un lujo virreinal: el arzobispo-virrey Antonio Caballero y Góngora, su promotor, la había concebido como parte de un plan de explotación racional de las riquezas del reino y de reforma cultural de los establecimientos de enseñanza. Un pueblo con tantas riquezas por explotar, escribía, no podía dedicarse solo a las sutilezas especulativas de la escolástica. Esa consigna —conocimiento útil contra filología muerta— es la que el Semanario recogió, catorce años después de la muerte del virrey, en cabeza de sus discípulos.
A ello hay que añadir las tertulias, y en particular la Tertulia del Buen Gusto en Santa Fe, donde jóvenes patricios ensayaban ejercicios literarios y comentaban libros llegados de Francia. Los colegios universitarios —el Rosario, San Bartolomé— habían formado a una generación que se conocía entre sí, se escribía entre provincias y compartía una misma inquietud: la de un país cuyos recursos parecían desperdiciados por ignorancia. Cuando en 1808 el Semanario empezó a circular, esa red ya existía; el impreso semanal fue el nodo visible de una infraestructura mucho más honda.
El director y su proyecto
Francisco José de Caldas era payanés. Había estudiado filosofía con José Félix Restrepo en el seminario de Popayán antes de obtener el título de derecho en el Colegio del Rosario. Durante años trabajó en un aislamiento casi total en los alrededores de Popayán y Quito, midiendo altitudes, estudiando la quina, haciendo observaciones astronómicas con instrumentos que él mismo construía. Su método era abiertamente empirista: rechazaba la autoridad escolástica y exigía que cualquier afirmación —incluso las de Newton, Buffon o Montesquieu— fuera confirmada por la razón y la experiencia antes de aceptarse. Esa exigencia, aplicada con severidad a los grandes nombres europeos, revela algo más que un método: la conciencia de que un americano podía leer críticamente a los ilustrados de París y Edimburgo desde el balcón de los Andes.
En 1805 se vinculó como astrónomo a la Expedición Botánica y fue nombrado director del Observatorio Astronómico de Santafé. Tres años después, en el que él mismo consideraría el año más importante de su vida, lanzó el Semanario. No era una revista personal: colaboraron José Fernández Madrid como escritor científico, el joven Rodríguez Torices en la redacción, y aportaron memorias figuras como Jorge Tadeo Lozano, José María Salazar y Diego Martín Tanco, entre otros hombres que muy pronto —y no por azar— serían protagonistas del 20 de julio.
El programa que Caldas dibujó era ambicioso hasta la osadía. En sus páginas propuso una expedición geográfico-económica que reuniera astrónomos, botánicos, mineralogistas, zoólogos, economistas y dibujantes para investigar sistemáticamente el territorio del virreinato. Argumentaba con una fórmula que se volvería célebre: el desconocimiento geográfico genera humillación, letargo y pobreza. Un mapa detallado, un inventario exhaustivo de los recursos, una descripción de las provincias y sus habitantes: esa era, para Caldas, la condición previa de cualquier prosperidad. La ciencia no era ornamento; era el instrumento con el que un reino debía tomarse a sí mismo en serio.
La materia del Semanario: fisiocracia, ríos, provincias
Lo que en efecto se publicó respondió a ese programa con notable coherencia. Aparecieron memorias sobre agricultura y técnicas de cultivo, sobre plantas útiles, sobre recursos naturales aprovechables. La brújula intelectual era fisiocrática: los redactores compartían la convicción de que la agricultura constituía la base de toda civilización y prosperidad, y de que había que estimularla en primera instancia, mejorando técnicas y diversificando la producción. La minería, tan central en la economía colonial neogranadina, no ocupaba el centro del proyecto —aunque tampoco se la impugnaba explícitamente. Lo que interesaba era el suelo, la planta, el río.
El río, sobre todo. Caldas afirmó en el Semanario que la Nueva Granada contaba con un número prodigioso de ríos que debían servir como canales naturales para hacer circular las riquezas del reino desde el centro hasta las extremidades. La imagen —un cuerpo cuyos vasos son afluentes— condensa la fisiocracia entera: si la naturaleza ha dispuesto las condiciones, basta con habilitarlas para que la circulación de mercancías cumpla su función civilizatoria. Que esa habilitación exigiera obras que la Corona no había emprendido en tres siglos no impedía escribirla como si fuera evidente.
El Semanario fue también un atlas fragmentario. José María Salazar publicó, en los números 27 a 32 del segundo año, una memoria sobre Cundinamarca en la que refutó al viajero Leblond, que había descrito la región como el país más miserable del mundo, de escasos recursos naturales. Salazar reivindicó tanto la belleza y riqueza natural como la cultura y las instituciones sociales de los indígenas. Lozano publicó sobre serpientes; otros redactores describieron la provincia de Pamplona. Se incorporaron, en dos entregas, el Quadro físico de las regiones ecuatoriales de Alexander von Humboldt y su Estadística de México, gesto que integró la producción científica europea de inventario territorial al proyecto criollo local —y que colocó al Semanario, en esos precisos números, en diálogo con la vanguardia del saber geográfico atlántico.
Aparecieron también memorias médicas y ambientales sobre enfermedades endémicas, como los cotos, y cuadros físicos que articulaban clima, altitud y salud. La utilidad social de la ciencia —fórmula que en la Nueva Granada emergía como ruptura respecto de una cultura colonial de orientación religiosa, jurídica y filológica— era el hilo que unía botánica, hidrografía, medicina y estadística.
La cronología: 1808–1810
El Semanario comenzó a publicarse en enero de 1808, meses antes de que la crisis peninsular alterara por completo el horizonte político del reino. Cuando en la primavera de ese año Napoleón ocupó la península ibérica y tomó prisioneros a los monarcas españoles, el virreinato quedó inmerso en una crisis de soberanía cuyos ecos llegaron con demora pero con fuerza. La abdicación de Fernando VII, la prisión de la familia real, la ocupación francesa —hechos que en Madrid, Sevilla y Cádiz precipitaron juntas locales y una guerra de resistencia— pusieron en circulación la tesis de que, en ausencia del monarca, la soberanía revertía al pueblo. Ese argumento, incubado en los cabildos americanos, transformó el sentido de cualquier discusión sobre el reino y sus recursos.
El Semanario, sin embargo, no se convirtió en tribuna política explícita. Siguió publicando memorias científicas y económicas mientras la Junta Central peninsular convocaba en 1809 a elegir un diputado por el virreinato para las Cortes, y mientras el virrey Antonio Amar y Borbón oscilaba entre la fidelidad a la metrópoli agónica y la desconfianza hacia las juntas locales. Es en ese intervalo —entre el impreso técnico y la conmoción política— donde el Semanario cumplió su función más silenciosa y más eficaz: dotar a los criollos que en 1810 tomarían el cabildo santafereño de un vocabulario común sobre lo que era el país, lo que valía en él y quién estaba llamado a gobernarlo.
Las cifras materiales confirman su alcance modesto pero significativo. El Semanario llegó por suscripción a lugares tan apartados como Chire y Pore en el Casanare, y Carnicerías en el alto Magdalena. La lista de suscriptores nunca fue holgada: la insuficiencia para cubrir los costos de papel, imprenta y remesa fue la causa declarada de las dificultades de sostenimiento. El Papel Periódico, patrocinado por el virreinato, había contado con al menos 147 suscriptores en su primer año; el Semanario, sin ese respaldo institucional, se movió en cifras más precarias. Y sin embargo, la circulación fue suficiente para tejer, entre Santafé, Popayán, Antioquia, Socorro, Cartagena y el valle del Cauca, la sensación compartida de que existía una empresa intelectual común.
Las causas del giro identitario
Que un semanario de memorias científicas y descripciones provinciales terminara operando como matriz de una conciencia criolla requiere explicación. La respuesta descansa en varios niveles.
La primera causa es estructural y viene de lejos. La élite criolla ilustrada de finales del siglo XVIII había sido formada, paradójicamente, por las propias reformas de la Corona: expediciones científicas, cátedras renovadas, sociedades económicas, tertulias, sociedades de amigos del país. La Corona, al modernizar los cuadros administrativos y científicos del imperio, había producido en América una generación con herramientas para cuestionar el orden colonial. Los mismos temas que agitaban a los ilustrados españoles del reinado de Carlos III —rechazo a la escolástica, entusiasmo por la ciencia moderna, fe en la educación como remedio a los males sociales— circulaban entre los criollos neogranadinos, que leían a Jovellanos y Campomanes sin equipararse a ellos pero adaptando su repertorio a un territorio propio.
La segunda causa fue el descontento acumulado. Desde la década de 1790, los criollos ilustrados venían culpando al régimen español de obstaculizar el desarrollo del comercio exterior y de las comunicaciones internas. La rebelión de los Comuneros de 1781 había resonado en la crisis de fin de siglo y volvía a resonar hacia 1808. Cuando Caldas escribió que el desconocimiento geográfico generaba pobreza, o cuando denunció la falta de caminos y ríos habilitados, no formulaba una queja neutra: nombraba, en clave técnica, un descontento que también era político. Que el Semanario nunca lo explicitara no anula el efecto; en algunos contextos, la crítica técnica es más eficaz que la política.
La tercera causa fue la crisis imperial de 1808. La invasión napoleónica actuó como detonante: el vacío de soberanía obligó a los criollos a preguntarse quién representaba al pueblo del virreinato, y la propia Junta Central peninsular convocó a elecciones cuyo sistema —basado en cabildos y estamentos— reproducía las jerarquías del Antiguo Régimen. En ese momento el saber acumulado por el Semanario dejó de ser inventario administrativo: se volvió argumento. Si el virreinato tenía ríos prodigiosos, recursos inmensos, provincias descritas por sus propios sabios, entonces los criollos ilustrados tenían legitimidad para hablar en su nombre.
La cuarta causa, más discreta, fue institucional. El Semanario no fue obra de un genio solitario sino de un nodo: Caldas dirigía, pero detrás estaban la Expedición Botánica, el Observatorio, los colegios, las tertulias, la correspondencia interprovincial. Esa red convirtió al impreso en algo distinto de una revista de aficionados: en la voz autorizada de una intelligentsia criolla que se reconocía a sí misma como cuerpo.
La geografía racializada y sus límites
Aquí es donde el Semanario muestra su cara más incómoda. Al mismo tiempo que fabricaba una identidad criolla ilustrada capaz de imaginarse como sujeto legítimo, inscribía en su gramática una división del territorio con consecuencias racialmente jerarquizantes que se prolongarían durante más de un siglo.
Caldas fue, según ha sostenido Alfonso Múnera, quizá el creador en el contexto neogranadino del discurso hegemónico que identificaba los Andes y sus valles y mesetas como el territorio ideal de la civilización y el progreso, y las costas, tierras calientes, llanos y selvas como geografías de barbarie y atraso. La operación era doble: al describir el clima y la geografía se describía también, por implicación, a sus habitantes. Los Andes eran templados, productivos, poblados por blancos y por indígenas civilizables; las tierras bajas eran cálidas, húmedas, pobladas por negros libres y esclavos, indios de selva y castas. En el lenguaje climista que varios redactores del Semanario —Caldas, Ulloa, entre otros— manejaban con soltura, el entorno geográfico condicionaba las capacidades morales e intelectuales de las poblaciones. Los lugares pantanosos, la alimentación local, el consumo de chicha convertían a los indígenas, según Ulloa, en seres estúpidos, apáticos y holgazanes. No era una tesis marginal: era el aparato conceptual con el que la ilustración criolla explicaba lo que veía.
La consecuencia no era inocente. Si la civilización tenía un piso térmico y una latitud, entonces el sujeto legítimo del proyecto emancipador quedaba geográficamente localizado —en las mesetas, en los valles interandinos, en Santafé, Popayán, Tunja, Antioquia— y racialmente delimitado. Los habitantes de Cartagena, del Chocó, de los llanos del Casanare, del bajo Magdalena, quedaban del otro lado de una línea que no era administrativa sino climática y por eso natural, es decir, más difícil de discutir. La emancipación que los criollos empezarían a articular en 1810 nació con ese sesgo dentro.
Y sin embargo, sería una simplificación presentar al Semanario como un proyecto ideológico cerrado de exclusión racial. La publicación fue, en este punto, un espacio de tensiones. José María Salazar, en su memoria sobre Cundinamarca, refutó a Leblond precisamente en la clave contraria: defendió la riqueza natural de la región y reivindicó las instituciones sociales indígenas, negándose a suscribir la denigración del territorio y de sus habitantes originarios. El propio empirismo declarado de Caldas —esa exigencia de confirmar por la razón y la experiencia incluso a Buffon, autor de una teoría racial de la degeneración americana— abría una fisura por donde el climismo podía ser interrogado. La exclusión no fue, en 1808–1810, un programa deliberado; fue el efecto estructural de aplicar categorías climistas y fisiocráticas a un territorio pluriétnico sin herramientas conceptuales para pensar la diferencia sin jerarquía.
Lo decisivo es que ese efecto se produjo. Y que se produjo con la autoridad de la ciencia moderna, no con la del prejuicio popular. Al hablar el idioma de la geografía, la altitud, el clima, la agricultura y la estadística, el Semanario naturalizó lo que hasta entonces había sido una simple diferencia colonial entre castas. La jerarquía dejó de ser jurídica —como en el régimen de castas del Antiguo Régimen— y pasó a ser natural, es decir, verificable en la temperatura y en el suelo. Ese desplazamiento sería una de las herencias más pesadas del proyecto criollo.
Las consecuencias inmediatas: hacia el 20 de julio
Cuando el 20 de julio de 1810 estalló en Santafé la Junta que depuso al virrey Amar y Borbón, muchos de los hombres que la dirigieron habían escrito en el Semanario o se habían formado en su órbita. Camilo Torres Tenorio, Joaquín Camacho, Jorge Tadeo Lozano, Antonio Nariño desde otro flanco, José María Salazar, Diego Martín Tanco: la lista de firmantes del acta y la lista de colaboradores y lectores del Semanario se superponen en un grado que no puede ser casual. La conciencia criolla que estalló ese día tenía dos años y medio de gestación impresa.
Esa conciencia trajo también sus límites. La representación política que se ensayó a partir de julio de 1810 —la que discutiría durante los años siguientes entre centralistas y federalistas, entre Santafé y las provincias— fue una representación de criollos ilustrados que hablaban por un pueblo en cuya definición ni negros libres, ni esclavos, ni indígenas de tierras bajas, ni castas urbanas entraban como sujetos plenos. La geografía racializada del Semanario prefiguró, en ese sentido, la composición social del sujeto emancipador. Cuando la Primera República fracasó, entre 1815 y 1816, y las fuerzas realistas ejecutaron a Caldas —fusilado en 1816—, junto con Torres, Lozano, Camacho, Salazar y otros, el proyecto quedó decapitado, pero el mapa mental sobrevivió.
Las consecuencias de largo plazo: la reinvención del Semanario republicano
A partir de la década de 1820, los escritos de Caldas en el Semanario fueron descontextualizados, editados y reimpresos en repetidas ocasiones. En el proceso, la figura del payanés se transformó: el astrónomo empirista, el redactor de memorias fisiocráticas, el editor de una revista de inventario territorial que operaba todavía dentro de los marcos del reformismo borbónico, fue reconfigurado como genio patriótico que había propugnado la libre circulación de mercancías y de conocimiento técnico al servicio de la libertad americana. La operación no fue neutral. Sirvió para legitimar la temprana República de Colombia y para dotarla de una prehistoria intelectual heroica.
El costo fue doble. Por un lado, se aplanó la textura del Semanario de 1808–1810: se borraron sus ambigüedades, sus lealtades formalmente monárquicas, su carácter de proyecto de reforma imperial más que de manifiesto separatista, sus tensiones internas entre climismo y defensa de los pueblos. Por otro, se consolidó como programa lo que había sido tendencia: la geografía racializada de Caldas se volvió el sentido común hegemónico del siglo XIX y de buena parte del XX. La oposición entre Andes civilizados y tierras bajas bárbaras, entre altiplano templado y costa cálida, entre interior productivo y periferia atrasada, se convirtió en la manera espontánea en que las élites centrales pensaron el país. Cada vez que en el siglo XIX un gobernante centralista habló de "civilizar" el litoral, los llanos o el sur del país, estaba usando, sin saberlo o sabiéndolo, categorías que Caldas y sus colaboradores habían fabricado en el Semanario.
El Semanario que la tradición patriótica invocó no era, entonces, del todo el que había circulado entre 1808 y 1810. El primero era un impreso ilustrado, técnico, de suscripción modesta, con memorias sobre serpientes y sobre cotos, con un director que aún se decía súbdito. El segundo era una construcción retrospectiva, útil para dar a la República una genealogía y para naturalizar sus fronteras internas. Ambos, sin embargo, comparten un rasgo: en los dos, la lengua de la ciencia sirvió para constituir un sujeto político y para definir, por implicación, quién quedaba fuera de él.
Por qué sigue importando
El Semanario del Nuevo Reino de Granada dura, en su primera etapa, apenas dos años y medio. Su tiraje fue modesto, su circulación irregular, sus finanzas siempre precarias. Y sin embargo, pocas publicaciones en la historia colombiana han cargado con tantas consecuencias.
Importa, primero, porque ilustra un fenómeno más amplio: cómo la prensa ilustrada tardocolonial, con sus modestos números de suscripción y sus limitaciones bajo la autoridad virreinal, contribuyó a producir el sentimiento de comunidad compartida entre élites criollas de diversas regiones sin el cual la independencia habría sido inconcebible. Importa, segundo, porque muestra que en la Nueva Granada la conciencia nacional no nació como grito político sino como inventario técnico: mediciones de altitud, descripciones de provincias, memorias sobre plantas útiles. El país fue imaginado, antes que como república, como territorio a conocer.
Pero importa sobre todo porque su caso obliga a leer con seriedad la relación entre ilustración y jerarquía. No fue por descuido ni por hipocresía que los criollos del Semanario excluyeron a buena parte de los habitantes del virreinato del sujeto político que estaban construyendo. Fue por coherencia con las categorías científicas que manejaban: el climismo, la fisiocracia, la geografía comparada al modo de Humboldt no eran neutrales, y aplicadas a un territorio étnicamente diverso producían jerarquía. La modernidad ilustrada trajo a la Nueva Granada, junto con sus promesas emancipadoras, un aparato conceptual con el que las viejas divisiones coloniales pudieron reformularse en términos naturales, y por eso más duraderos.
Doscientos años después, cuando en Colombia se discute la geografía de la desigualdad, la centralidad andina, el olvido histórico del Pacífico, del Caribe, de la Amazonia, de los llanos, se está discutiendo, sin saberlo siempre, con un mapa mental cuyo dibujo empezó en los pliegos que Caldas editaba semana a semana entre enero de 1808 y comienzos de 1810. Un mapa hecho por hombres notables, empíricos, valientes, muchos de los cuales pagarían con la vida su compromiso con la causa emancipadora, y que aun así —o precisamente por eso— dejaron a la nación por venir un legado dividido: la exigencia de conocerse a sí misma, y los límites racialmente inscritos de ese conocimiento.
La época alrededor
Este hecho no ocurrió solo
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
01Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 279, 2822 citas
[1]ilustración neograna- dina: Mutis, Zea, Matiz, Caldas, Ulloa, entre otros, además del mismo Rodríguez. El segundo periódico de importancia y el primero fundado y dirigido por particulares, Jorge Tadeo Lozano y su primo el presbítero José Luis de Azuola, tiene una orientación más específica y recibe sólo colaboraciones…p. 279
[40]a la literatura y a las ciencias naturales. Aunque en esta tertulia se tratan cuestiones científicas y temas de historia, se trata de una reunión de carácter mundano que agrupa a jóvenes patricios y cuyo fin principal es la diversión, pasar «la velada entretenidos en ejercicios literarios». Allí, tras una buena…p. 282
02Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 1951 cita
[2]un viaje a Quito. El alemán quedó sorprendido de la precisión de los instrumentos del caucano, pero rechazó su pro- puesta de acompañarlo en el viaje que proyectaba por América. Tras perma- necer tres años y medio de estudio e investigación en Ecuador, en 1804 Caldas publicó Viaje de Quito a las costas del océano…p. 195
03Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · p. 48, 522 citas
[3]coastlines, and territories. At the time of his writing, Caldas lamented that geographic knowledge about his place of birth was in its infancy. He argued no expense should be spared to ensure the production of a stately, dignified, detailed map, a “magic painting” that would attract the brightest minds and foment…p. 48
[38]8:31:09 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. Gran Colombian Print Culture 34 under the Spanish Crown to legitimate a centralized Colombian political economy that could most effectively extricate natural wealth. They went further by criticizing any attempts by…p. 52
04The Ideal of the Practical: Colombia's Struggle to Form a Technical EliteFrank Safford · 1976 · p. 104, 2902 citas
[4]out-of- the-way places as Chire and Pore, in the Casanare region, and Carnicerías, in the upper reaches of the Magdalena River, were also represented. The viceregally sponsored Papel Periódico, which was more rhetorical and less seriously scientific than the Semanario, had at least 147 subscribers in its first year,…p. 290
[7]Anillo, an engineer and mathematician sent from Spain as the vice-royalty's director of public works. 22 The most notable of the upper-class creole scientists who appeared at this time was Francisco José de Caldas of Popayán, who, despite the fact that he worked for a long time in virtually total isolation, managed to…p. 104
05Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · p. 27, 322 citas
[5]una negociación de paz, a proponer una capitulación? Muchos individuos -conti- nuaba-, de los más comprometidos, me propo- nían un cuarto partido, si merece llamarse tal la miserable resolución de quedarme en la capi- tal, llamar al enemigo y aplacarlo, rindiéndole armas a discreción. Por más increíble que esto…p. 27
[6]dedica en espe- cial a las actividades literarias. Esto le facilitó tener vínculos con los granadinos que alimenta- ban aspiraciones independentistas, sobre todo en la Tertulia del Buen Gusto. También tuvo oportunidad de practicar el periodismo político, tan común en la época: participó en la redacción del Semanario…p. 32
06Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · p. 60, 632 citas
[8]podía y acaso porque tampoco le interesaba; su rebeldía era en esencia contra el método escolástico, contra sus colegas, que sentían exce- siva confianza por los textos de los científicos de ese momento (Newton, Buffon, Montesquieu), sin demostrar antes si lo que se decía en esos textos se confirmaba en la…p. 63
[29]alumnos lo que ya se discutía en el resto de Europa: la Revolutionibus orbium coelestium de Copérnico, que sostenía que la tierra es otro planeta girando alrededor del sol, y no al revés, como querían las Sagradas Escrituras. La orden de los dominicos se fue lanza en ristre contra Mutis. No pudieron expulsarlo como…p. 60
07Pensar el siglo XIX. Cultura, biopolítica y modernidad en ColombiaSantiago Castro-Gómez (ed.) · 2004 · p. 36, 39, 543 citas
[9]situación más feliz en los confines de la zona tórrida ¿pueden contar como nosotros con el número prodigioso de ríos, de estos canales cavados por las manos de la naturaleza por donde algún día deben correr nuestras riquezas desde el centro hasta las extremidades? (Caldas, 1942a [1808]: 23). Definitivamente, la…p. 39
[11](1942) "Relación territorial de la provincia de Pamplona". En: Semanario del Nuevo Reino de Granada. 3 volúmenes. Bogotá: Editorial Kelly, 2.. (1810) (Memoria 2) Sobre las causas, y curación de los cotos. Bogotá: Colección Biblioteca Nacional. Fernández Madrid, José. (1810) (Memoria 6) Sobre la naturaleza, causas y…p. 54
[12]en actividades agrícolas (Ulloa, 1808: 286). Ulloa coincidía con los demás criollos ilustrados que argumentaban desde u n a posición climista, que los lugares pantanosos en los cuales vivían, los frutos de los cuales se alimentaban y el uso de la chicha convertía a los indígenas en seres estúpidos, apáticos y…p. 36
08Historia de Colombia. La Gran Colombia II. Tomo 10Juan Salvat, Roberto García Rojas (directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico) · p. 1101 cita
[10]de las plantas, una perspec- tiva que ciertamente adquirié durante sus viajes por el Cauca y el Ecuador y, sobre todo, cuando insistid en la urgencia de realizar una expedicion «geogra- fica 0 econdémica», con la cooperacién simultanea de astronomos, botanicos, mineralogistas, zodlo- gos, economistas y unos cuantos…p. 110
09El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · p. 538, 543, 5593 citas
[13]el progreso de la sociedad. En el pensamiento neogranadino aparecía el concepto de «utilidad social de la ciencia», que había 370 Vida y escritos, ed. cit., págs. 143 y 144. 544 Jíndi Jícídneer Ucnsi sido completamente ajeno a la cultura colonial, cultura de contenido religioso esencialmente, jurídica y filológi- ca,…p. 543
[14]su pensamiento. Sarrailh revalúa el «españolismo» de Jovellanos y otros contempo- ráneos suyos, su amor a España, su sincero catolicismo, y analiza el conflicto intelectual que en ellos se produjo al querer ser fieles a la tradición nacional y al propio tiempo renovar la cultura española en todos sus aspectos desde la…p. 538
[15]Sema- nario del Nuevo Reino de Granada, Biblioteca Popular de Cultura Colombiana, Bogotá, 1942, vol. ii, pág. 137. 386 Plan, f. 295 r. El subrayado es nuestro. 560 Jíndi Jícídneer Ucnsi Parece que de propósito se ha olvidado la naturaleza, y contentándose con algunas expresiones generales, se fue introduciendo un…p. 559
10Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · p. 39, 802 citas
[16]la osadía. De acuerdo con Alfonso Múnera: 58 Caldas, “El influjo”, 143. 81 Amada Carolina Pérez Benavides Caldas interpretó el territorio y los habitantes del virreinato desde una postura meto- dológica que le permitió identificar y hacer comprensible la geografía de los Andes como el área de la civilización y el…p. 80
[17]élites criollas resaltando el papel que estos cumplieron en la creación de imágenes particulares sobre las regiones y sus pobladores y en la valoración de sus geografías y de sus razas. Para Múnera, la aparición temprana de los discursos criollos sobre la geografía humana elaborados por autores como José Ignacio de…p. 39
11Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 549, 5552 citas
[18]percusi ó n por el impulso que ella dio al periodismo que por la can tidad o calidad de libros que en ella se imprimieron. El primer peri ó dico bogotano 90 fue de ef í mera duraci ó n pues no lleg ó sino a tres n ú meros; se trata de la Gaceta de Santa] é (1785). El primero de importancia fue el Papel peri ó dico de…p. 555
[39]franc é s cuyas obras, que penetran lentamente y a menudo de contrabando, influir á n de manera decisiva s ó lo en la generaci ó n siguiente, la que har á la Independencia. En la etapa comprendida entre 1760 y 1800 la intelligentsia criolla se encuentra preocupada por los mismos temas, los mismos problemas y…p. 549
12Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · p. 1101 cita
[19]febrero de 1791 con la aparición del Papel Periódico de la Ciudad de Santa Fe de Bogotá, que fundó y dirigió Ma- nuel del Socorro Rodríguez. Don Ma- nuel, nacido en La Habana, Cuba, ha- bía llegado dos años antes al Nuevo Reino de Granada en calidad de ami- Primera página del "Papel periódico de la Ciudad de Santafé…p. 110
13Historia del Periodismo ColombianoAntonio Cacua Prada · 1983 · p. 16, 192 citas
[20]dida. El 2 de diciembre del mismo año se reanudó pero ya en el taller denominado: "Imprenta. Patriótica", que funcionaba en la Plazuela de la Iglesia de San Carlos, cuyo 13 propietario era don A n to n io Nariño. A llí se sacaron los últimos seis números del "PAPEL PERIODICO." El impresor de esta tercera tipografía,…p. 16
[41]Sin embargo, en el "ALTERNATIVO" correspondiente al 27 de no viembre de 1809, última entrega, se lee esta prevención: "S i el número de los señores suscriptores no fuere suficiente para cubrir los indispensables costos del papel, imprenta y remesa, es imposible que se pueda continuar. Dichos costos son mucho más…p. 19
14El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · p. 1881 cita
[21]resultaba siempre, si se sabía dar con las personas apropia- das, un vivo intercambio de ideas sobre lo leído. Esta vida cultural es tanto más notable por cuanto que hasta 1738 no se estableció en Bogotá la primera imprenta, llevada allí por los jesuitas, y hasta 1789 no apareció el pri- mer periódico colombiano 57.…p. 188
15Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 1721 cita
[22]252-258. 107 Archivo General de la Nación, Empleados Públicos de Cundina- marca, tomo i, folios 179-278. 173 Híndicíe rf ae oíre vidíríete ft Ciailqíe su eco llega a la era republicana para ser combinado con una pedagogía para la producción de ciudadanos. La prensa de fines del siglo xviii también conver- gió en los…p. 172
16Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 120, 128, 1363 citas
[23]sentim iento incipiente de id en tid a d n eo g ran ad in a antes de finalizar el periodo colonial. El m u ch as veces citado Imagined Com m unities, de Benedict A nderson, sostiene q u e los periódicos del p eriodo colonial tardío, publicados en la N u e Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de…p. 136
[30]o r el tem a, poco se hizo al respecto, acaso p o rq u e los gastos m ilitares absorbían g ran p arte d e los recursos fiscales. A p a rtir d e la décad a d e los años 1790, los criollos ilu strad o s com enzaron a c u lp ar cada vez m ás al régim en español p o r no tom ar m ed id as ad e cu ad a s para m ejorar las…p. 120
[36]u e el gobierno real tuviera u n a cara m ás criolla. Esto distaba m u cho del grito de in d ependencia, pero re p resen ta b a un paso hacia u n sentim iento nacionalista. En los años siguientes, ni el p u eblo neogranadino ni sus gober nantes españoles o lv id aro n la rebelión d e los C om uneros. Los sucesos de…p. 128
17Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 91, 1062 citas
[24]alemanes en la Nueva Granada, y por sugerencia, entre otros, del visitador Juan Francisco Gutiérrez de Piñe- res, se dio nacimiento a la Expedicion Botánica, que el primero de abril de 1783 se puso bajo la dirección de Mutis, la subdirección de Eloy Va- lenzuela (1756-1834) y la plaza de pintor de Antonio García del…p. 91
[31]los distintos grupos sociales de la Nueva Granada. En realidad, fue la coyuntura nacida de la inva- sión napoléonica a España la que incitó a los criollos a llenar el vacío de poder dejado por los Borbones, con la teoría en virtud de la cual, cuando faltaba el monarca, la sobe- ranía que éste ejercía a nombre del…p. 106
18Manual de arte del siglo XIX en ColombiaBeatriz González Aranda · 2017 · p. 481 cita
[25]innovación y experimen- tación. La desarrolló únicamente con los recursos que obtuvo de sus distintas disciplinas: médico, mineralogista y profesor. Tuvo un solo pintor de santos, monjas y más adelante, virreyes, Pablo Antonio García del Campo, y alguno que otro ocasional. Este período duró desde 1760 hasta 1783. La…p. 48
19La botánica en Colombia, hechos notables en su desarrolloSantiago Díaz Piedrahita · 2016 · p. 1101 cita
[26]hoy es universal en Europa. La historia, sus usos económicos, médicos, dietéticos se presentarán en nuestro idioma en utilidad del común. De este modo se ha reunido la comodidad de los sabios y del vulgo. Acordándonos que Nommen genericum ut pote non necessario significans arbitrarium ideo dare potest; que el 111 Lfi…p. 110
20Memorias para la historia de la medicina en Santafé de BogotáPedro María Ibáñez · 2017 · p. 69, 802 citas
[27]primero que enseñó entre no- sotros el sistema de Copérnico, mirado como herejía por los frailes de la Colonia, los que no admitían que la tierra tuviera movimiento alguno. Sostuvo correspondencia con Linné, y este sabio le de- dicó varias plantas, conocida una con el nombre de mutisia, e hizo circular en el mundo…p. 80
[28]España, y trabaja en la Fauna cundinamarquesa; Caldas había sido comisionado por el Director para recorrer y es- tudiar los bosques del Ecuador, y regresaba cargado de ricos despojos de esta campaña científica a encargarse del Ob- servatorio; Juan Bautista Aguiar y Benedicto Domínguez se habían distinguido por su…p. 69
21Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 311 cita
[32]mundo cambió para millones de personas que habitaban la América española. En este capítulo se examinan dichas transformaciones ideológicas, políticas, económicas y territoriales para el caso de Colombia, 6 las cuales estaban inextricablemente ligadas a los cambios que ocurrían simultáneamente en el contexto del mundo…p. 31
22Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · p. 221 cita
[33]history is liberating, and new interpretations offer us the opportunity to reconsider our reading, our understanding, our sense of a nation’s history. NOTES 1. Alberto Flores Galindo, In Search of an Inca: Identity and Utopia in the Andes (New York: Cambridge University Press, 2010), 248. 2. Ibid. 3. Gabriel García…p. 22
23La elección de la República. Historia del sufragio en Colombia entre 1809 y 1838Nhora Patricia Palacios Trujillo · 2022 · p. 62, 652 citas
[34]un derecho exclusivo del rey; solo en su presencia se podía llevar a cabo dicha reunión. Pero ante el vacío de poder como resultado de la abdicación al trono por parte de Fernando VII, el pueblo estaba en la obligación de convocar a la institución encargada de su representación para proteger al reino de sus invasores,…p. 62
[35]Reino, por medio de sus correspondientes diputados. 8 7 “Carta de D. Camilo Torres a D. Ignacio Tenorio, oidor de Quito”. Santafé, 29 de mayo de 1809. http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/historia/julio20/sec2.htm 8 “Decreto de la Junta Central en que manda se elija un diputado para las Cortes”. El Alter- nativo…p. 65
24¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 481 cita
[37]en las que se representó la flora de la Nueva Granada. Pero, ya se dijo, además de estimular la formación intelectual de los criollos, los monarcas españoles también deseaban forta lecer su autoridad sobre sus reinos en América, de ahí el apodo de "déspotas ilustrados" con el que se conocería posteriormente a estos…p. 48