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Biografía

Eugenio Díaz Castro

Nueva Granada

1803–1865

18 min de lectura26 documentos
Nacimiento1803
Fallecimiento1865
RolesHacendado · Novelista costumbrista
Lugar principalColombia
Período históricoNueva Granada1831–1862
03

La biografía

Eugenio Díaz Castro (1803-1865) fue el hacendado de Soacha que en diciembre de 1858 entró en la tertulia de José María Vergara y Vergara vestido de ruana y alpargatas, con una novela inédita bajo el brazo, y salió de allí convertido —sin saberlo aún— en autor de una de las dos obras narrativas más leídas del siglo XIX colombiano. Esa novela era Manuela, y su lugar en la historia literaria del país solo lo disputa María, de Jorge Isaacs, publicada casi una década después. Reducirlo a esa escena inaugural, o a la etiqueta de costumbrista pintoresco con que suele despacharlo el manual escolar, es perder de vista lo que realmente lo vuelve central: fue el primer novelista neogranadino que narró el mundo rural desde adentro, en el momento exacto en que las reformas liberales de mediados de siglo proclamaban libertades que la hacienda y el gamonalismo hacían imposibles. Su ficha en el archivo colombiano es la de un hombre que llegó tarde al mundo de las letras, escribió desde una posición de clase ambigua —labriego letrado, terrateniente de origen humilde— y produjo, casi de casualidad, el documento literario más denso sobre la Nueva Granada rural que legó el siglo.

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Línea de vida

  1. 1803

    Nacimiento en Soacha

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    Nació en Soacha, en la sabana de Bogotá, en el seno de una familia sin renombre patricio. Su infancia y juventud transcurrieron entre la hacienda y el trabajo agrícola, sin acceso a colegios mayores ni formación universitaria formal.

  2. 1858

    Visita a la tertulia de Vergara y Vergara con el manuscrito de Manuela

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    En diciembre de 1858, vestido de ruana y alpargatas, visitó la tertulia de José María Vergara y Vergara en Bogotá llevando bajo el brazo el manuscrito inédito de Manuela. El episodio lo introdujo en el círculo letrado que ese mismo mes, el 24 de diciembre, lanzó el primer número de la revista El Mosaico.

  3. 1858

    Inicio de la publicación por entregas de Manuela en El Mosaico

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    Manuela comenzó a publicarse por entregas en la revista El Mosaico entre 1858 y 1859, convirtiéndose en la primera novela neogranadina que narró el mundo rural desde adentro con densidad etnográfica y crítica social explícita.

  4. 1859

    Conclusión de la publicación de Manuela y consolidación de su lugar en el canon

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    Completada la publicación por entregas en El Mosaico, Manuela quedó establecida como obra de referencia del costumbrismo colombiano. En ella, Díaz Castro retrató arrendatarios sujetos a trabajo no remunerado, hacendados calificados de 'feudales liberales' y peones que describían su situación como triple esclavitud, documentando las contradicciones del orden agrario neogranadino en plena era de reformas liberales.

  5. 1865

    Muerte

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    Murió en 1865, dos años antes de la publicación de María de Jorge Isaacs (1867), la única novela del siglo XIX colombiano que comparte con Manuela el título de obra narrativa más popular de la centuria.

El hombre de Soacha

Nació en 1803 y murió en 1865: sesenta y dos años que atraviesan la crisis final del orden colonial, las guerras de independencia, la primera república, las reformas liberales de medio siglo y la antesala del radicalismo. De su infancia y juventud queda poco más que el marco: Soacha, la sabana de Bogotá, una familia sin renombre patricio, una vida transcurrida entre la hacienda y el trabajo agrícola. No hubo colegios mayores, ni giras europeas, ni cátedras universitarias. Cuando irrumpió en el círculo letrado de Bogotá tenía ya cincuenta y cinco años, una edad en que la generación de Vergara y Vergara —nacido en 1831— estaba apenas fundando revistas.

Esa asimetría explica en buena parte la escena de la ruana y las alpargatas. No era pose folclórica: era la indumentaria campesina de un hombre que había vivido efectivamente entre peones, arrendatarios y gamonales de la tierra caliente cundinamarquesa. La leyenda literaria colombiana ha querido leer ese detalle como pintoresquismo de anécdota, pero conviene invertir el orden: Díaz Castro no bajó disfrazado de la sabana para representar al pueblo ante los letrados, sino que subió con lo que tenía puesto porque no había en su biografía otra vestimenta cultural disponible. La distancia entre su ruana y las levitas de la tertulia era la misma distancia social que su novela iba a poner por escrito.

Fue hacendado, sí, pero un hacendado de origen humilde: la categoría no equivale, en su caso, al patriciado terrateniente de la sabana. Ese lugar intermedio —arriba del peón, abajo del gran propietario, letrado sin credenciales, propietario sin blasón— es la posición desde la que escribió, y explica la textura peculiar de su mirada. Conocía por dentro la hacienda como sistema económico y como orden de dominación; no la contemplaba desde el salón bogotano ni desde la retórica corográfica.

La tertulia de Vergara y el primer número de El Mosaico

El 24 de diciembre de 1858 apareció en Bogotá el primer número de El Mosaico, revista definida por sus fundadores como una "Miscelánea de literatura, ciencias, música". Ese mismo mes, Díaz Castro visitó por primera vez la tertulia que se reunía en casa de José María Vergara y Vergara —alma, editor e impulsor central de la empresa— y le entregó el manuscrito de Manuela. La coincidencia temporal ha alimentado la versión más citada del episodio: que la novela apareció por entregas desde el número inaugural. Lo verificable es que Manuela se publicó por entregas en El Mosaico entre 1858 y 1859, y que la llegada del manuscrito coincidió con el nacimiento mismo de la publicación.

La tertulia reunía a publicistas de la élite bogotana afines tanto al liberalismo como al conservatismo: Ricardo Carrasquilla, José Manuel Marroquín, José David Guarín, Rafael Pombo, Soledad Acosta de Samper, Manuel María Madiedo, Lorenzo María Lleras. El objetivo declarado era doble: la discusión literaria y la conformación de una bibliografía nacional, entendida como el conjunto de obras impresas que dieran forma a un pasado común. Se trataba de llevar a la imprenta a los escritores colombianos contemporáneos y de recuperar textos dispersos de la Colonia y la primera mitad del siglo XIX. La revista, publicada entre 1858 y 1872, se convirtió en el principal órgano del costumbrismo neogranadino y en un espacio de convergencia bipartidista donde liberales y conservadores compartían páginas alrededor de un interés común: retratar lo nacional.

En ese paisaje, la irrupción de Díaz Castro tuvo el peso de una legitimación mutua. La tertulia bogotana necesitaba autores capaces de acreditar el proyecto de literatura nacional auténtica; Díaz Castro necesitaba un canal de publicación que su biografía por sí sola no le habría abierto. La operación no fue la absorción de un subalterno por una élite homogénea, sino la negociación entre dos periferias distintas del campo letrado: una tertulia joven que apenas comenzaba a fundar su autoridad cultural, y un hacendado maduro que traía consigo un capital que la tertulia no tenía: el conocimiento directo del país rural.

Manuela: la novela y su forma

Manuela cuenta la historia de Demóstenes, un joven citadino que acaba de regresar de un viaje por los Estados Unidos y se detiene, en calidad de observador etnográfico, en un pueblo sin nombre situado a medio camino entre el río Magdalena y la sabana de Bogotá. Ese pueblucho innominado —el detalle importa: no es Soacha ni Tocaima ni ningún lugar identificable, sino un punto genérico de la geografía cundinamarquesa— funciona como escenario para el despliegue de un universo social que la literatura colombiana no había puesto por escrito con esa densidad: arrendatarios sujetos a trabajo no remunerado, peones que se declaran a sí mismos esclavos, hacendados a los que la novela llama "feudales liberales", gamonales cuya ley es el control sobre la tierra, indígenas cuyo carácter reservado se explica como estrategia de supervivencia acumulada durante siglos.

La forma es la del costumbrismo: cuadros yuxtapuestos, tipos sociales representados con detalle etnográfico, escenas de la vida cotidiana rural. Pero el material que la novela vierte en ese molde desborda el género. Cuando un peón describe su situación como una triple esclavitud —esclavo del gamonal porque este libera a sus hijas del trabajo, y dos veces esclavo del hacendado— y, ante la pregunta de si considera justa su condición, responde que el miedo tiene muchos recursos para hacer daño, la novela ha entrado en un terreno que el cuadro de costumbres tradicional no frecuentaba. Ha nombrado, con palabras de personaje, el mecanismo de sujeción que sostenía el orden agrario neogranadino.

Otro tanto ocurre con la caracterización de los hacendados. Llamarlos "feudales liberales" es un hallazgo conceptual: señala la contradicción entre los principios laissez-faire que el liberalismo de mediados de siglo proclamaba en el papel y las prácticas efectivamente feudales que gobernaban la relación cotidiana entre terrateniente, arrendatario y peón. En las haciendas de la región cundinamarquesa, los arrendatarios estaban obligados por regla del administrador a realizar trabajo no remunerado como condición de su tenencia; cultivaban sus propias parcelas de subsistencia dentro del territorio de la hacienda, pero sujetos a restricciones sobre qué podían sembrar, con prohibición expresa de plantar café, cultivo que amenazaba con volverlos económicamente autónomos. Los lotes de pan coger cedidos a los trabajadores residentes funcionaban como equivalente salarial en lugar de salario monetario, práctica que el terrateniente consideraba el mejor sistema de producción dada la débil presión del mercado. Todo eso, que la historiografía económica reconstruiría décadas más tarde a partir de archivos notariales, está en Manuela como escena, diálogo y descripción.

La novela también documenta el mundo material de las familias campesinas del altiplano: las chozas —las casas de teja y tapia eran exclusivas de haciendas y familias pudientes—, los fogones de piedra casi al aire libre, la cocina con leña, los cultivos comercializables reducidos a panela, aguardiente y tabaco mientras la mayor parte de las tierras permanecía sin cultivar, en largos barbechos y pastos naturales. No es paisaje decorativo: es descripción de una estructura productiva.

El costumbrismo como campo de disputa

Para entender qué hizo Díaz Castro con el género que lo acogió, hay que ver de qué género se trataba. El costumbrismo neogranadino no era una escuela estilística neutral, sino un proyecto literario y político con genealogía identificable. Manuel Ancízar había contribuido a instalar el interés por él a través de sus artículos en El Neogranadino, donde sostuvo que la novela y el cuento eran el mejor instrumento de análisis psicológico de las sociedades. La idea prendió entre los jóvenes escritores y produjo un movimiento amplio de retratos de lo local: el artesano empobrecido, el indio aculturado, el contrabandista, el arriero, el hacendado, el cura de pueblo.

Ese movimiento fue adoptado tanto por liberales como por conservadores, pero con énfasis distintos. Los liberales tendían a valorar los personajes indígenas como símbolo de resistencia y liberación, y a usar el cuadro de costumbres para desdeñar el pasado colonial y los antiguos hábitos. Los conservadores ponían el acento en la cristianización y el triunfo del catolicismo, y empleaban el mismo género para criticar las ilusiones modernas y las reformas liberales. Coincidían en algo: en usar el costumbrismo para contraponer lo nacional a la influencia francesa e inglesa y para dar a conocer el país en el extranjero con el propósito de atraer inmigrantes.

El Mosaico fue el espacio donde esas dos tendencias convivieron. La revista no era ideológicamente neutral —su gravitación hacia el catolicismo cultural y la crítica al radicalismo liberal era visible—, pero tampoco funcionaba como órgano de partido. Publicaba a liberales y conservadores en el mismo número, y sus objetivos declarados eran literarios y bibliográficos antes que doctrinarios. Esa arquitectura editorial explica por qué la crítica social de Manuela pudo aparecer sin aparente expurgo. Vergara y Vergara publicó los pasajes sobre "feudales liberales" y sobre la triple esclavitud del peón sin que la carga política de esas formulaciones lo llevara a censurarlas.

La operación de canonización no fue, entonces, la supresión de una denuncia. Fue algo más sutil y más eficaz: la reencuadración estética que volvió esa denuncia legible como cuadro de costumbres sin exigir consecuencias políticas. El género procesó la crítica como pintoresquismo. Lo que en otro marco habría sido pieza de argumento reformista quedó archivado como retrato de lo nacional. Ese es el mecanismo por el cual la sociedad letrada colombiana del siglo XIX absorbió a Díaz Castro: no lo silenció, lo convirtió en patrimonio.

La Nueva Granada de 1848-1865: el país que Díaz Castro vio de cerca

La vida productiva de Díaz Castro como autor coincide con el periodo más convulso del reformismo liberal neogranadino. La revolución francesa de febrero de 1848 tuvo repercusiones inmediatas en Bogotá, sobre todo entre la juventud universitaria y la clase artesanal, e impulsó el reformismo liberal radical y la difusión del socialismo utópico y romántico francés. En 1847, el ministro de Hacienda Florentino González había impulsado una reducción brusca de tarifas aduaneras, adoptando el liberalismo económico internacional; la medida generó resistencia entre los artesanos, que se organizaron en Sociedades Democráticas para oponerse al librecambismo. Sus miembros se identificaban con el color rojo —"rojos", "cachiporros"— y en 1849 influyeron de manera decisiva en la elección presidencial de José Hilario López, el 7 de marzo de ese año.

El gobierno de López expidió las reformas que redibujaron el país: la abolición de la esclavitud, promulgada el 1 de enero de 1852, y la abolición de la pena de muerte para los delitos políticos, entre otras. En 1849 se creó también, mediante la Ley 29, la Comisión Corográfica, dirigida por el coronel-ingeniero italiano Agustín Codazzi (1792-1859) y activa entre 1850 y 1859: el primer intento científico institucional de alcance global emprendido por el Estado colombiano, orientado al levantamiento del mapa de la República y al estudio de sus provincias. Manuel Ancízar recorrió las del norte en 1850 y 1851, y publicó en 1853 la Peregrinación de Alpha, producto directo de la Comisión.

La Constitución de 1853 declaró la separación entre la Iglesia y el Estado, medida central de la política anticlerical de los liberales radicales. Frente a las Sociedades Democráticas, los sectores tradicionalistas habían fundado ya desde 1838 Sociedades Católicas, y la Iglesia promovió posteriormente organizaciones populares como la Sociedad Popular, lo que alarmó a los gobernantes liberales, que veían en ello un intento explícito de captar a las masas urbanas. La conflictividad culminó en la guerra civil de 1860-1862, que enfrentó al gobierno de Mariano Ospina Rodríguez con los liberales radicales dirigidos por Tomás Cipriano de Mosquera y concluyó con la victoria de estos, la redacción de una nueva Constitución federalista y anticlerical y la prohibición de la reelección tras un periodo de dos años.

Ese es el país en cuyo interior escribe Díaz Castro Manuela. Un país donde la retórica de la libertad y la igualdad se despliega en las plazas de Bogotá mientras en las haciendas del Tequendama los peones siguen atados por miedo y deuda, y donde la Comisión Corográfica intenta conocer el territorio desde el Estado al mismo tiempo que la novela de un hacendado de Soacha lo conoce desde dentro. La coincidencia no es menor: en el mismo decenio en que Codazzi levanta mapas y Ancízar produce etnografía política, Díaz Castro ofrece un conocimiento rural desde abajo y desde adentro que ni el mapa ni el cuadro de costumbres urbano pueden cubrir. Su lugar en la historia intelectual colombiana se explica, en parte, por ese vacío que llena.

La denuncia dentro del cuadro

Vale detenerse en la textura política de Manuela, porque en ella se juega la especificidad de Díaz Castro dentro del costumbrismo. La crítica colombiana ha caracterizado a menudo el género como nostálgico y raramente crítico desde el punto de vista social, aunque estudios más recientes subrayan las agendas partidistas —liberal contra conservadora— que lo atraviesan. Díaz Castro no encaja del todo en ninguna de las dos caracterizaciones. No es nostálgico: la novela no idealiza el mundo rural que retrata, ni lo propone como pasado perdido. Y su crítica social no funciona como munición partidista fácil, porque golpea precisamente a los hacendados liberales, es decir, a un sector que en la retórica de la época se presentaba como fuerza de progreso.

La denuncia opera en tres frentes visibles. Primero, la contradicción liberal: los hacendados que profesan doctrinas de libre mercado y libertad individual son, en su relación con arrendatarios y peones, señores de tipo feudal cuya única ley es el control sobre la tierra. La independencia, señala la novela por boca de sus personajes y de su narrador, no mejoró la condición de la mayoría de la población. Para los indígenas, el nuevo régimen republicano perpetuó la situación de opresión que habían padecido bajo españoles y criollos coloniales; los tiranos republicanos vinieron a sumarse a la lista, no a reemplazarla.

Segundo, la naturalización del carácter. Díaz Castro rechaza la explicación racial —la idea, tan grata a cierta etnografía decimonónica, de que los indígenas eran "por naturaleza" reservados y maliciosos— y la reemplaza por una explicación histórica: esos rasgos son estrategia de supervivencia acumulada frente a siglos de vejaciones. Es una operación intelectual notable para un autor sin formación académica formal, y sitúa a Díaz Castro más cerca de las intuiciones tempranas de una sociología histórica que de la tradición del pintoresquismo.

Tercero, el diagnóstico del miedo como mecanismo de dominación. La respuesta del peón —el miedo tiene muchos recursos para hacer daño— condensa una teoría del poder rural que la historiografía sobre gamonalismo tardaría décadas en formular con esa nitidez. No es la ley, no es la costumbre, no es la deuda: es el miedo, articulado con la dependencia económica de la tierra y con la ausencia de alternativa, lo que sostiene la obediencia. La novela lo pone en boca de un personaje sin abstraerlo, y por eso funciona: el argumento no llega como tesis del narrador sino como palabra del sujeto sujetado.

Que este material haya aparecido en las páginas de El Mosaico, revista dirigida por un letrado de sensibilidad conservadora y católica, es una de las paradojas productivas del campo literario neogranadino. Vergara y Vergara probablemente leía la crítica a los "feudales liberales" como munición útil contra el radicalismo del liberalismo laicista, y la denuncia de la continuidad de la opresión indígena tras la independencia como argumento coherente con la desconfianza conservadora hacia la mitología republicana. La denuncia estructural quedaba, en esa lectura, encapsulada en un uso partidista específico. Pero el texto excedía esas apropiaciones: seguía diciendo, para cualquier lector atento, cosas incómodas sobre el orden social entero, no solo sobre la doctrina liberal.

La red intelectual

El nombre de Díaz Castro aparece en la historia literaria colombiana anudado al de un puñado de figuras específicas de la Bogotá letrada de mediados de siglo. José María Vergara y Vergara (1831-1872) fue el más importante: no solo publicó Manuela en su revista, sino que actuó como puerta de entrada de Díaz Castro al mundo letrado. Vergara era, además, uno de los pocos historiadores de la literatura nacional de su tiempo, y su tarea de construcción de una bibliografía colombiana daría a Díaz Castro, póstumamente, la consagración de figurar en las primeras listas de novelistas del país.

Alrededor de la tertulia y la revista gravitaban Ricardo Carrasquilla, José Manuel Marroquín —el mismo que llegaría a la presidencia de la República en 1900—, José David Guarín, Rafael Pombo, Soledad Acosta de Samper, Manuel María Madiedo y Lorenzo María Lleras, entre otros. Con ellos Díaz Castro compartió páginas y probablemente tertulias, aunque su asimetría de edad, formación y posición social lo mantuvo siempre en una relación oblicua con el grupo. No era su pariente cultural: era su documento vivo.

En un círculo más amplio, la escena en que Díaz Castro escribe está poblada por figuras que él no frecuentó directamente pero cuya obra dialoga con la suya. Manuel Ancízar (1812-1882), con sus artículos en El Neogranadino y su Peregrinación de Alpha, había establecido el modelo de escritura corográfica como observación etnográfica de la vida cotidiana; ese modelo alimentaba los imaginarios de los funcionarios del gobierno nacional sobre las localidades, y las élites locales sabían que esos imaginarios podían tener efectos concretos sobre las decisiones de política pública hacia sus regiones. La escritura de Ancízar era etnografía política; la de Díaz Castro, novela política encubierta como cuadro de costumbres. Salvador Camacho Roldán y los hermanos Samper, ensayistas de la segunda mitad del siglo, retomarían más tarde el análisis de los problemas de la sociedad, la cultura, el progreso y el atraso en un registro discursivo, no ficcional. Todos ellos forman parte del mismo campo intelectual: el de una generación empeñada en explicarse el país y en producir, desde distintos géneros, el conocimiento nacional que la joven república todavía no tenía.

La Comisión Corográfica misma —con Codazzi al frente, Manuel María Paz como uno de sus dibujantes, y Ancízar como su cronista mayor— es el marco institucional dentro del cual la aparición de Manuela se vuelve legible como acontecimiento cultural. El Estado intentaba conocer el territorio desde arriba, con instrumentos de la ciencia moderna europea. Díaz Castro lo conocía desde dentro, sin instrumentos formales, y lo puso por escrito en clave de ficción. Los dos proyectos son contemporáneos, y su simultaneidad no es casual: pertenecen al mismo momento de constitución del conocimiento nacional en la Nueva Granada.

Muerte, pervivencia y disputa

Díaz Castro murió en 1865, dos años antes de que Jorge Isaacs publicara María (1867) y consagrara así el otro polo del canon novelístico del siglo XIX colombiano. La comparación entre las dos novelas es un lugar común, y en él se dibuja tanto la centralidad de Díaz Castro como los límites de su recepción. Ambas obras sitúan a protagonistas citadinos —Demóstenes en Manuela, Efraín en María— en medio de la vida campesina, y la crítica ha visto en ese gesto compartido un rasgo esencial de las nuevas repúblicas, cuya cultura letrada urbana buscaba en el mundo rural la sustancia de lo nacional. Pero María es sentimental y elegíaca, y su carga política —la relación con la esclavitud, con la hacienda del Cauca, con el orden social— aparece filtrada por el registro romántico; Manuela es documental y crítica, y su carga política está en la superficie del texto. La primera se convirtió en objeto de culto lector y consagración escolar; la segunda quedó como referencia obligada pero menos amada, más citada por historiadores que releída por lectores.

Álvaro Tirado Mejía, entre otros historiadores colombianos del siglo XX, utilizó Manuela como fuente literaria para ilustrar aspectos de la sociedad colombiana del XIX, al modo en que la historiografía europea usa a Balzac o Dickens para sus respectivos contextos. La equiparación es reveladora: Díaz Castro produjo un texto que la disciplina histórica reconoce como documento, no solo como obra literaria. Esa condición doble —novela y archivo— es su forma de pervivencia más sólida.

Su lugar en la historia intelectual colombiana ha sido disputado. Para una lectura escolar durante mucho tiempo dominante, Díaz Castro fue el costumbrista menor de un canon presidido por Isaacs; para lecturas más recientes, es el primer novelista social del país, adelantado por medio siglo al realismo crítico latinoamericano. Ambas caracterizaciones tienen algo de razón y algo de exceso. Costumbrista lo fue, en el sentido preciso de que trabajó dentro del molde formal del género; menor no lo es, si se atiende al alcance de lo que ese molde alcanzó a contener en sus manos. Novelista social del país lo fue también, en la medida en que su libro documenta con rigor una estructura de dominación; adelantado no en el sentido teleológico de haber anunciado nada, sino en el más modesto de haber puesto por escrito, en 1858-1859, cosas que el pensamiento social colombiano necesitaría décadas en formular por otros caminos.

Lo que queda, al final, es la imagen que abre esta ficha invertida en su significado. El hacendado de Soacha con ruana y alpargatas que entra en la tertulia de Vergara y Vergara en diciembre de 1858 no es el rústico que la anécdota literaria ha querido conservar: es un hombre que trae consigo el país que la Bogotá letrada apenas empezaba a intentar conocer. Su novela no fue un rescate benévolo de la élite hacia la periferia rural, sino la escena en que dos periferias del campo intelectual neogranadino —una revista naciente sin autoridad todavía consolidada y un autor tardío sin credenciales académicas— se necesitaron y se legitimaron mutuamente. De esa negociación salió Manuela, y con ella el documento literario más denso sobre el mundo rural de la Nueva Granada de mediados del siglo XIX. Que la operación haya requerido, para ser posible, la reencuadración de la denuncia como pintoresquismo es la ironía productiva del episodio. Que la denuncia haya sobrevivido a esa reencuadración, y siga legible hoy en el texto que Díaz Castro dejó, es la razón por la que su nombre pertenece al archivo vivo de la historia colombiana.

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Conexiones del archivo

Red histórica

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Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

26 documentos · 34 fragmentos
01Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · Páginas 67, 772 citas
[1]

lectores con artículos y crónicas que hablaban más bien de la importancia de retratar el paisaje y las costumbres locales. Ancízar advirtió que no había mejor análisis psicológico, para comprender a las sociedades, que la novela y el cuento, en la medida en que la imaginación resultaba el mejor aliado para construir…

p. 77
[2]

Bolívar a Santander, del 13 de junio de 1821”, en Cartas Santander-Bolívar, 1813-1825. Vol. 3º, Fundación Francisco de Paula Santander, Bogotá, 1988, p. 114. 73 Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos xvi - xx acaso las expresiones más folclóricas no venían de la provincia y de la tierra caliente. Las dos…

p. 67
02Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · Páginas 123, 1292 citas
[3]

de la obra «En familia», de José Manuel Marroquin. Ala izquierda, monumento a Jorge Isaacs, en Cali, con la figuracién de Maria en primer término. El encuentro de Manuela y Deméstenes se des- cribe asi: «Vio que era una joven lavandera que di- vertia su soledad soltando sus pensamientos y su voz mientras concluia su…

p. 123
[4]

contertulios. De ella nace la publicacién del mismo nombre y el hoy tesoro inapreciable del «Museo de cuadros de costumbres», uno de cuyos mayores impulsores, editor, alma y genio fue José Maria Vergara y Vergara (1831-1872), figura de las mas queridas por aquellos dias, tanto por la activi- dad, las ideas y…

p. 129
03Historia del Periodismo ColombianoAntonio Cacua Prada · 1983 · Página 1091 cita
[5]

Díaz, Eustacio Santamaría, José Caicedo' Rojas, Ricardo Carrasquilla, Rafael Pombo, Lorenzo María Lleras, Manuel María Madiedo, José Manuel Marroquín, Dotares Calvo de Piñeres, Januario Salgar, José David Guarín y Doña Soledad Acosta de Samper. Organizaron 81 agencias en todo el país y 17 en el exterior. "EL MOSAICO"…

p. 109
04Pensar el siglo XIX. Cultura, biopolítica y modernidad en ColombiaSantiago Castro-Gómez (ed.) · 2004 · Páginas 211, 2192 citas
[6]

inmensos de esta tierra tan rica y tan hermosa, son totalmente desconocidos en la actualidad. Los recuerdos tan originales, tan poéticos de los primitivos habitantes de América se van oscureciendo día por día; la varonil constancia de los compañeros de Colón, los preciosos episodios de la Conquista son casi de todo el…

p. 219
[8]

y Pintura (1847), la Academia de Santo Tomás de Aquino (1857), que fue fomentada por los religiosos dominicos, u n a Sociedad Protectora del Teatro y u n a Sociedad de Lectura que tuvieron u n a existencia efímera. Pero si no se cuenta con trabajos acerca de este tipo de asociaciones constituidas de u n a manera…

p. 211
05Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · Página 521 cita
[7]

estaba conformada por publicistas de la élite bogotana, afines a los nacientes partidos liberal y conservador, y tuvo como uno de sus objetivos prin- cipales las discusiones literarias y la conformación de una biblioteca nacional en la que se publicaran tanto las obras de los autores contemporáneos como las que habían…

p. 52
06Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · Página 251 cita
[9]

al respecto, las cuales han sido retomadas por otras personas en diferentes formas.²⁶ Como frecuentemente se hace con Balzac para ilustrar aspectos de la vida burguesa, o con Charles Dickens para hacerlo sobre las miserias de la población en Inglaterra, acudí a un fragmento de Manuela, una novela costumbrista del…

p. 25
07El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · Página 2191 cita
[10]

cuadros de la vida suramericana (1869), sus Biografías de hombres ilustres o notables relativas a la época del descubrimiento, conquista y coloni- zación de la parte de América denominada actualmente EE. UU. de Colombia (1883), la Biografía del general Joaquín Acosta (1905) y la Biografía del general Antonio Nariño…

p. 219
08Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · Páginas 207, 3602 citas
[11]

first town the commission encountered on its way to the northeast provinces, upset local EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:31:09 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. P olitical Ethno graphy 189 elites for its suggestion that this…

p. 207
[16]

by Eugenio Díaz Castro,” 73n28. 59. Escobar, “ Manuela, by Eugenio Díaz Castro,” 7. 60. Doris Sommer dismissed costumbrismo, citing how Eduardo Camacho Guizado, among others, characterized the genre as “almost always nostalgic and hardly ever socially critical.” Sommer, Foundational Fictions, 369n8. Camacho Guizado,…

p. 360
09Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoriaAna María Gómez Londoño (editora), Carl Henrik Langebaek Rueda, Jorge Augusto Gamboa Mendoza, Michael J. Francis, Marta Clemencia Herrera Ángel, François Correa Rubio, Óscar Guarín Martínez, Hermann Trimborn, Luis Fernando Restrepo, Mercedes López Rodríguez, Carlos Andrés Durán · 2005 · Página 1531 cita
[12]

de mediados del siglo XIX (Acosta Peñaloza 63-8; Colmenares, Convenciones 27 y ss.). Este sentimiento fue compartido tanto por liberales como conservadores, aun- que el relieve puesto en los protagonistas de la historia variara. Para los liberales resultaron más atractivos los personajes indígenas que representaban…

p. 153
10Motivo por el cual: artículos de costumbres IJosé Manuel Marroquín y otros autores · 2015 · Página 121 cita
[13]

los escritores liberales para desdeñar el pasado colonial y los antiguos hábitos; y a los con - servadores, para vapulear las ilusiones modernas, el menosprecio de los liberales por la tradición y las reformas con las que alimenta - ron la fundación de las repúblicas. Para ambos, sin embargo, fueron útiles para…

p. 12
11Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · Página 751 cita
[14]

za- guanes en La s Nieves o Santa Dárbara, o en las piaras de cerdos que, con los perros callejeros, se alimentaban y retozaban en los ve rtedero s del río San Francisco o en los muladares de Las Cruces. M un do cercano a los sabores y olores, y al poder de los cinco senti- dos evocados en los cuadros de costumbres.…

p. 75
12The Work of Recognition: Caribbean Colombia and the Postemancipation Struggle for CitizenshipJason McGraw · 2014 · Página 1321 cita
[15]

the writings of José María Samper, Felipe Pérez, José Manuel Marroquín, and many others. The influence of Cuervo’s portrait reached even into governmental labor and commercial policies. 54 Those who followed Cuervo’s literary pursuits found outlets for their writing in numerous weekly newspapers and book anthologies,…

p. 132
13Catolicismo, cambio social y búsqueda de paz en Colombia. Historia y MemoriaWilliam Elvis Plata Quezada (Editor), Ana María Bidegain Greising, Angélica Villamizar Beltrán, Antonio José Echeverry Pérez, Eduardo Díaz Ardila, Eliécer Soto Ardila, Héctor Alfonso Torres Rojas, Hernando Pinilla Rey, Isabel Corpas De Posada, Javier Alejandro Acevedo Guerrero, Joselín Aranda Cano, Lizeth Torres Rodríguez, Miguel Arturo Fajardo Rojas, Natalia Alejandra Mora Navarro, Osmir Ramírez Trillos, Sofía Brizuela Molina, Sor María Sampayo Flórez · 2022 · Páginas 62, 742 citas
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196. 135 Ibídem, 56. 136 Citado en Gerardo Molina, Las Ideas socialistas en Colombia (Bogotá: Tercer Mundo, 1987), 161. 137 Ibídem, 174. Catolicismo y Cambio Social y búsqueda de paz en Colombia. Historia y Memoria 74 Aunque Díaz Castro compartía algunas de las apreciaciones realizadas por los blancos y mestizos de la…

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vivían en chozas; las casas de teja y tapia eran exclusivas para haciendas y casas de familias pudientes de pueblos y ciudades. Estas familias campesinas 93 Juan Carlos Jurado, “Pobreza y nación en Colombia, siglo XIX”, HIB. Revista de Historia Iberoamericana 2 (2010): 49. 94 Ibídem, 50. 95 Marco Palacios y Frank…

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14Civilization and Violence: Regimes of Representation in Nineteenth-Century ColombiaCristina Rojas · 2002 · Páginas 174, 1812 citas
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is no chain as strong as the land.... They blindly obey my orders whatever they are. If we could rent the air, as we rent the land which gives peones their living, can you imagine how much respect we would receive from these animals? (p. 44). Peones considered their situation close to slavery. As one says: “I am slave…

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in this case, puritan habits of the owner. The arrendatarios grew their own food crops, but not coffee; the latter was planted under the administrator’s direction. One source of difficulty was the administrator’s rule that obliged the arrendata- rios to do unpaid work on the hacienda. Another source of difficulty was…

p. 174
15El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · Página 2781 cita
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vencedor» 184. Los años comprendidos entre 1850 y 1870, que verán surgir en la Nueva Granada una frondosa literatura política de carácter radical romántico y utópico, están marcados por 184 En Ángel y Rufino J. Cuervo, Vida de Rufino Cuervo y noticias de su época, ed. cit., vol. i, pág. 54. 279 Eí ndicersdita…

p. 278
16Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Páginas 130, 1622 citas
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í a llevado al poder, pero pon í an el acento en el cambio y' el progreso m á s que en el mantenimiento del orden y la tradici ó n. El cambio m á s brusco de este gobierno fue la adopci ó n ines perada del liberalismo econ ó mico internacional. Aunque é ste hab í a sido un deseo de casi todos los dirigentes, rebajar…

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indios y esclavos, fueron pasivos. A mediados de siglo Joaqu í n Acosta public ó unas Consideraciones sobre la historia del descubrimiento de la Nueva Granada (1846), que describ í an las culturas precolombinas. En la segunda mitad del siglo conserva dores como Jos é Manuel Groot hicieron una historia favorable de la…

p. 162
17La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · Página 1141 cita
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su autoridad algunos jefes y personeros notables. Principalmente, el impacto de la ideología liberal se re - gistra en la organización social a través de dos asociaciones de tipo secundario, la Sociedad Democrática y la Escuela Republicana, que se convierten en activos disórganos. Las Sociedades Democráticas, en…

p. 114
18A History of Colombian Economic Thought: The Economic Ideas that Built Modern ColombiaAndrés Álvarez, Jimena Hurtado · 2024 · Página 711 cita
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letter, you addressed to this news - paper an article that appeared in number 225 on November 26, and in which you make an effort to accredit the selfish and disastrous doctrine advocated by Juan Bautista Say and his entire school, which includes the simple formula of let do; or what is the same: let them steal, let…

p. 71
19Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de ColombiaRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); con colaboración de Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Fernán González, Margarita González, Alfredo Iriarte, entre otros · 1988 · Páginas 48, 1082 citas
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ya anotadas, se constituia como el aglutinante ideoldgico ante el re- formismo liberal, en el que veia una amenaza no sdlo desde el punto de vista de la economia, sino desde el punto de vista de la critica a la influencia terrenal de la Iglesia. En este sentido, la politica anti- clerical propuesta y llevada a cabo…

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Hilario Lopez. Por su parte, los tradi- cionalistas ya habian fundado, en 1838, las Socie- dades Catodlicas; y un grupo de jévenes intelectuales de izquierdas fund6 la llamada Escuela Republi- cana, simpatizante del socialismo utdopico y del ra- dicalismo. 1305 1306 A la izquierda, el filésofo espanol Jaime Balmes en…

p. 108
20Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Página 1391 cita
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en 1854. Inclusive las mujeres integraron una Sociedad del Niño Jesús. Hasta el presidente López simpatizaba secretamente con la Sociedad Democrática de Artesanos de Bogotá y asistió a una de sus sesiones. Presidencias de López y Obando Sin embargo, fue en la elección del 7 de marzo de 1849, en la cual el Congreso…

p. 139
21Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · Página 1391 cita
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práctico y espíritu de trabajo”. 28 El gobierno de Ospina estaba desgarrado por las disidencias regionales y demostraba dificultad para gobernar con eficiencia a todo un país desde la remota Bogotá. La comunicación era lenta, las leyes de la capital se ignoraban, y era en las regiones lejanas donde las élites…

p. 139
22Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · Página 501 cita
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agrícola que salía al mercado, especial- mente panela, aguardiente y tabaco. Pero la presión del mercado sobre la producción de la hacien- da no era lo suficientemente fuerte como para exigir una mayor especialización, por lo que el uso de parte de la tierra monopoli- zada en lotes de pan coger, como equivalente…

p. 50
23Gran Enciclopedia de Colombia: Geografía 1Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Eufrasio Bernal Duffo, Melania Kowalewska (Textos complementarios) · 2007 · Página 161 cita
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Roberto Dudley (1573-1649), quien en 1595 viajé a las Indias Occidentales y exploré las bocas del rio Orinoco. En 1605 se radicd en Florencia, donde edité y publicé mapas y trabajos geograficos. Esta l4mina del Nuevo Reino de Granada pertenece a la famosa obra Del arcano del Mare, gravada por el florentino Francesco…

p. 16
24La botánica en Colombia, hechos notables en su desarrolloSantiago Díaz Piedrahita · 2016 · Página 1261 cita
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mitad del siglo xix se produce una reforma universitaria, y como resultado de la misma se establece un Instituto de Ciencias Naturales, Físi - cas y Matemáticas a cuyo cuidado quedan el Observatorio Astronómico, el Jardín Botánico —de poco desarrollo—, el Laboratorio Químico Nacional y el Museo de Historia Natural de…

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25Peregrinación de AlphaManuel Ancízar · 2016 · Página 11 cita
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peregrinación de alpha M an U el anc ÍZ ar viajes M an U el anc ÍZ ar peregrinación de alpha viajes Ancízar, Manuel, 1812-1882, autor Peregrinación de Alpha [recurso electrónico] / Manuel Ancízar; [presentación, Verónica Uribe Hanabergh]. – Bogotá: Ministerio de Cultura: Biblioteca Nacional de Colombia, 2016. 1…

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26Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · Página 9271 cita
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para usos industriales 72,183 100 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 73.3 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 26.7 0.0 TOTAL 641,081,498 100 24.0 9.8 3.3 2.1 11.4 1.4 21.8 0.7 0.8 0.8 1.3 5.2 4.0 13.0 0.4 Primer Censo Industrial de Colombia, 1945. Comentarios, pág. 128* - 129*. 929 § Bibliografía 1036 (A-1) «Alpha» [Manuel Ancízar].…

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