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Ensayo · Nueva Granada · 1831–1862

La invención cartográfica y literaria de Colombia como 'país de regiones'

Entre 1850 y 1859, la Comisión Corográfica y el costumbrismo de El Mosaico no describieron un país fragmentado: lo produjeron, naturalizando una jerarquía andina-civilizada frente a unas periferias bárbaras y borrando redes prehispánicas y pueblos que desbordaban ese esquema.

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La invención cartográfica y literaria de Colombia como 'país de regiones'
Actualizado 30 de julio de 2026
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Orientación para entrar

La respuesta en breve

La tesis

El discurso corográfico-costumbrista no inventó la fragmentación geográfica de Colombia —las cordilleras, los valles y las selvas existían antes de Codazzi—, pero sí la naturalizó: convirtió una contingencia histórica en dato geográfico inmutable, cristalizando una jerarquía que oponía el altiplano andino civilizado a las tierras calientes bárbaras. La Comisión Corográfica (1850-1859) y El Mosaico (desde 1858) operaron como dispositivos performativos complementarios: la primera articuló clima, raza y actividad productiva en tipos regionales jerárquicos; el segundo los tradujo al registro sensible del cuadro de costumbres. Ambos dejaron fuera, por decisión y no por ignorancia, la mitad oriental del país y las redes prehispánicas de intercambio de larga distancia que conectaban Sabana, Magdalena, Caribe y Llanos. Ese borrado cognitivo tiene un costo político rastreable: la vulnerabilidad geopolítica que culminó en la pérdida de Panamá en 1903 y en la ratificación de fronteras amazónicas desfavorables en el tratado Lozano-Salomón del 24 de marzo de 1922.

La tensión

Una primera lectura ve la Comisión Corográfica como culminación de la ciencia ilustrada —heredera de Mutis, del Semanario de Caldas (1809) y de la idea humboldtiana de unidad dentro de la multiplicidad—, y sus tipos regionales como síntesis empírica de diferencias reales de clima, altitud y densidad poblacional, no como fabricación. Una segunda lectura, más incómoda, sostiene que la Corográfica fue un dispositivo performativo al servicio del proyecto liberal centralista: articuló la oposición caldiana entre geografía andina civilizada y tierras calientes bárbaras en una gramática racial-territorial que excedió sus pretensiones documentales, y que El Mosaico reforzó literariamente sin proponérselo de manera explícita. Un tercer polo, más estructural, argumenta que la fragmentación era condición preexistente —cordilleras, valles profundos, lealtades provinciales anteriores a la República, inestabilidad continua de la división territorial por razones tributarias y electorales— y que Codazzi y Vergara y Vergara simplemente la codificaron. El nudo irresoluble es que el contrato de Codazzi excluía por escrito la zona del Caquetá desde antes del primer viaje, lo que muestra que el vacío del mapa fue una decisión estatal previa, no un descubrimiento; mientras que la evidencia arqueológica —el sitio de El Venado con 14,4 hectáreas en nueve zonas de agrupación, el intercambio muisca de mantas, sal y oro con comunidades del Magdalena y el Caribe— demuestra que lo declarado vacío estaba habitado por redes de larga distancia que la gramática corográfica no tenía categorías para ver.

Temas
Comisión CorográficaCostumbrismo colombianoCartografía republicana y soberanía territorialJerarquía racial-territorial y discurso civilizatorioRedes prehispánicas y borrado territorialFragmentación regional y vulnerabilidad geopolítica
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Ensayo completo

La lectura

La invención cartográfica y literaria de Colombia como "país de regiones"

Entre 1850 y 1876, en el intervalo que separa la abolición de la esclavitud del auge del radicalismo liberal, la Nueva Granada se dio a sí misma dos espejos simultáneos. Uno era técnico: la Comisión Corográfica dirigida por el coronel italiano Agustín Codazzi, empresa estatal encargada de levantar el mapa general de la República y describir sus provincias una a una. El otro era literario: los cuadros de costumbres publicados en El Neogranadino, en la Peregrinación de Alpha de Manuel Ancízar y, desde diciembre de 1858, en El Mosaico de José María Vergara y Vergara. Ambos aparatos —el cartográfico y el costumbrista— produjeron, más que describieron, la imagen de un país partido en regiones jerárquicas sobre un supuesto vasto vacío por civilizar. ¿Cuándo, cómo y para quién esa multiplicidad geográfica se convirtió en el sentido común de un país fragmentado, con un centro andino civilizado y unas periferias bárbaras invisibles al proyecto nacional? Colombia es un país de regiones —lo es, geomorfológicamente hablando, de manera espectacular—, pero esa obviedad no explica su cristalización discursiva. La respuesta obliga a leer juntos los mapas de Codazzi y las viñetas de El Mosaico, y a rastrear el costo político de esa operación hasta 1903.

Está en juego el estatuto de una obviedad. Que Colombia es Andes, Caribe, Pacífico, Orinoquia y Amazonía; que Antioquia es blanca y laboriosa, el Cauca negro y decadente, Boyacá indígena y silenciosa, los Llanos vacíos y bárbaros: todas estas nociones circulan hoy como si emanaran del relieve y del clima. Preguntar si son construcciones discursivas de mediados del siglo XIX no es un ejercicio deconstructivo por deporte; es interrogar el mapa mental sobre el que se han tomado, durante siglo y medio, decisiones de inversión pública, trazado de vías, distribución fiscal, política agraria y hasta reconocimiento étnico.

El asunto pesa además por una razón geopolítica concreta. Colombia perdió, entre 1830 y 1922, extensiones enormes de territorio: la Costa de Mosquitos, vastas franjas amazónicas ratificadas en el tratado Lozano-Salomón del 24 de marzo de 1922, y —el trauma matriz— Panamá en 1903. Intelectuales de finales del XIX y comienzos del XX, entre ellos el propio José Jerónimo Triana, describieron el Caquetá y el Putumayo como regiones que pertenecían a Colombia solo en el nombre. Si el mapa mental del país fue producido de tal modo que las periferias resultaron cognitivamente prescindibles, entonces el discurso corográfico-costumbrista tiene una responsabilidad rastreable en esas pérdidas. Se trata de una arqueología de por qué al Estado colombiano le costó, y le sigue costando, imaginarse íntegro.

Hay dos maneras adultas de responder a esta pregunta, y ambas conviven en el archivo. La primera lee la Comisión Corográfica como culminación tardía de la ciencia ilustrada: heredera de la Expedición Botánica de Mutis, del Semanario de Caldas en 1809, de los mapas de Joaquín Acosta publicados en París en 1847 y —sobre todo— de la idea humboldtiana de una unidad dentro de la multiplicidad de paisajes interrelacionados. Bajo esta lectura, Codazzi, Ancízar, Manuel María Paz y Triana habrían hecho lo que hacía un naturalista serio a mediados del siglo XIX: registrar con las herramientas disponibles —astronomía, botánica, dibujo del natural, estadística— un país que existía antes que ellos. Sus tipos regionales serían síntesis empírica, no fabricación; sus jerarquías, observación de diferencias reales de clima, altitud y densidad poblacional.

La segunda lectura, más incómoda, invierte el signo. Sostiene que la Corográfica fue un dispositivo performativo: no describió una nación, la produjo. Y que lo hizo articulando —en el mismo gesto— variación climática, composición racial y actividades productivas en una gramática jerárquica cuyo núcleo era una tesis de origen caldiano: la geografía andina como espacio de civilización y progreso, las tierras calientes (costas, llanos, selvas) como geografías de barbarie y atraso. El Mosaico, iniciado el 24 de diciembre de 1858 y animado por Vergara y Vergara, habría hecho el trabajo literario complementario: traducir esa jerarquía técnica al registro sensible del cuadro de costumbres, donde el paisaje del Quindío se describe con lirismo y el negro chocoano aparece como problema social poscolonial en los Apuntes de viaje de Santiago Pérez, publicados en 1853 tras el recorrido por el Chocó, Buenaventura, Túquerres y Pasto.

Entre estas dos lecturas hay un tercer polo, más prosaico y decisivo. Sostiene que la fragmentación regional era una condición estructural que ni Codazzi ni Vergara podían haber inventado ni podían haber deshecho: cordilleras que corren en tres brazos, valles profundos entre ellas, selvas densas que aíslan al Pacífico y a la Amazonía, un río Magdalena que fue durante siglos la única arteria practicable entre el interior y el Caribe, densidades de población concentradas en altiplanos donde se escapaba del calor y de las enfermedades tropicales, lealtades provinciales que precedían a la República. La inestabilidad de la división territorial —los cambios continuos de provincias, distritos y departamentos a lo largo de la historia republicana— respondía a conveniencias políticas, tributarias y electorales, no a diseños discursivos. Bajo esta óptica, la Comisión y El Mosaico codificaron una fragmentación que ya estaba ahí; no la fabricaron.

Cómo se articulan estos tres polos es la pregunta seria. Y la respuesta que el material sostiene con más fuerza es que el discurso corográfico-costumbrista no creó la fragmentación —eso hubiera sido imposible— pero sí la naturalizó: la convirtió de contingencia histórica en dato geográfico, cristalizando una jerarquía que legitimó su reproducción durante más de un siglo.

La Comisión Corográfica fue creada por la Ley n.º 29 de 1849, durante la administración de José Hilario López, e inició labores en 1850 bajo la dirección de Codazzi. Operó hasta 1859, año en que el coronel murió de fiebre amarilla en la población de Espíritu Santo, después rebautizada Codazzi en su homenaje. A su alrededor trabajaron Ancízar como secretario durante tres años, Paz como dibujante, Triana como botánico y Pérez como cronista de la expedición al suroccidente. El mandato era doble: levantar el mapa científico de la República y estudiar sus provincias región por región. Fue el primer intento científico institucional de alcance global que asumió el Estado colombiano, con financiamiento y garantía de permanencia sostenidos por gobiernos de signo distinto durante casi una década.

Ese respaldo transpartidario es significativo: liberales y conservadores coincidieron en la necesidad del inventario. Pero coincidieron también en sus silencios. El contrato de Codazzi contenía un anexo que estipulaba que en la zona del Caquetá —equivalente en extensión a casi el resto de la República, correspondiente hoy a Amazonas, Vaupés, Guainía, Vichada, Putumayo, Arauca y parte del actual Caquetá— la Comisión solo penetraría hasta los puntos donde hubiera autoridad granadina. La mitad oriental del país fue excluida por escrito, desde el inicio, del inventario nacional. El vacío del mapa no fue un descubrimiento de la Comisión; fue una decisión previa a su primer viaje. Esa decisión fija el problema con precisión quirúrgica: el Estado bogotano encargó una cartografía que reproducía en su método el mismo desinterés estructural que había caracterizado a la administración colonial hacia esas periferias. Codazzi no habría podido ver lo que su contrato le prohibía mirar.

La contraparte literaria operó con la misma economía selectiva pero con mayor densidad afectiva. La Peregrinación de Alpha, publicada por entregas en El Neogranadino desde el 11 de enero de 1850 bajo el seudónimo Alpha, no fue solo diario de la Comisión: fue el género fundacional que enseñó a los lectores neogranadinos a mirar su propio territorio. Ancízar mezcló el inventario de recursos naturales con una sensibilidad poética del paisaje: los ríos, los cerros, las salinas, las poblaciones aparecen simultáneamente como potencial económico y como experiencia estética. Esa doble codificación —el país como bodega y como cuadro— es el hallazgo formal del texto y su herencia más duradera. Sus artículos sobre la importancia de retratar paisaje y costumbres locales despertaron entre los jóvenes escritores el interés por el costumbrismo, un género que ya circulaba en Hispanoamérica desde publicaciones como El Argos en 1837 pero que en la Nueva Granada encontró en El Neogranadino primero, y luego en El Mosaico, su vehículo de mayor alcance.

El Mosaico nació de una escena que se ha vuelto emblemática. En diciembre de 1858, Eugenio Díaz Castro, hacendado cundinamarqués, visitó la tertulia de Vergara y Vergara llevando el manuscrito inédito de Manuela. De ese encuentro salió la publicación, subtitulada Miscelánea de literatura, ciencias, música. Vergara y Vergara, después fundador de la Academia Colombiana y autor de la Historia de la literatura en Nueva Granada, describió el paisaje del Quindío en un registro que combinaba observación detallada y lirismo romántico. El costumbrismo que allí se consolidó fue útil por igual a liberales —que lo emplearon para desdeñar el pasado colonial— y a conservadores —que lo usaron para criticar las reformas modernas—, pero unos y otros coincidieron en contraponer lo nacional a la influencia francesa e inglesa y en atraer inmigrantes al país. Ramón Torres Méndez, maestro del costumbrismo pictórico, produjo desde 1848 dibujos a lápiz y acuarelas de pequeño formato durante repetidos viajes por Antioquia, que se grabaron en la prensa nacional y extranjera y fijaron la imagen visual del país que las clases letradas exportaron a Europa.

Aquí es donde la convergencia entre cartografía y costumbrismo se vuelve verificable. Los tipos humanos que la Comisión dibujó —el boga del Magdalena, el indio boyacense, el llanero, el minero antioqueño, el negro del Chocó— fueron articulados en una gramática que ligaba clima, raza y actividad productiva. En la segunda mitad del siglo XIX y primeras décadas del XX circulaba, con fuerza de sentido común científico, la convicción de que el trópico envilecía el cuerpo y ablandaba el carácter de quienes lo habitaban. Sobre ese lecho conceptual —anclado en la oposición caldiana entre altiplano civilizado y tierra caliente bárbara— la Comisión distribuyó las regiones. Y El Mosaico, sin necesidad de proponérselo explícitamente, poblaba esa distribución con figuras, tonos y anécdotas que la hacían legible como paisaje humano natural. Pérez, en sus Apuntes de viaje de 1853, describió a los negros libres del Chocó, Buenaventura, Túquerres y Pasto —recién liberados por la abolición de 1851, que coincidió cronológicamente con el inicio de la Comisión— señalando su pobreza y falta de educación como rasgos observables. La coincidencia entre la abolición y el inventario no es menor: la Comisión describió a las poblaciones negras en el mismo momento en que la República debía integrarlas, y las describió como problema y no como sujeto pleno del proyecto nacional.

La eficacia de un dispositivo de nombrar se mide por lo que deja fuera. Y lo que Codazzi y Vergara dejaron fuera no era vacío: era memoria. La Comisión y El Mosaico omitieron dos capas del territorio que la evidencia arqueológica y económica hoy permite reconstruir. La primera es la red prehispánica de intercambio de larga distancia. Los muiscas del altiplano cundiboyacense —cuya economía del siglo XV combinaba agricultura, producción de mantas, explotación de esmeraldas, carbón, sal y cobre— intercambiaban textiles de algodón y sal de las minas de Zipaquirá con comunidades de la hoya del Magdalena, recibiendo a cambio oro y conchas de mar. La presencia de oro en la orfebrería muisca, obtenido en zonas muy lejanas, indica un amplio intercambio interregional; las mantas funcionaban como el bien más generalizado, aunque su heterogeneidad impidió que constituyeran un patrón monetario propio. El sitio arqueológico de El Venado, en los Andes orientales, muestra un crecimiento sostenido desde el periodo Herrera hasta el muisca tardío, cuando alcanzó 14,4 hectáreas distribuidas en nueve zonas de agrupación de casas. Esas cifras no describen sociedades aisladas en un altiplano cerrado, sino nodos de una red que conectaba Sabana, Magdalena, Caribe y probablemente Llanos.

Que esa red haya sido invisible para la Corográfica no es un accidente de época: es coherente con la manera en que el territorio republicano leyó su propia base física. El Macizo Colombiano, el nudo de Almaguer donde nacen simultáneamente los ríos Magdalena, Cauca, Patía y Caquetá, es la evidencia geomorfológica de esa conectividad: un solo punto del territorio drena hacia el Atlántico, el Pacífico y el Amazonas. Los análisis geográficos que trazan límites teóricos entre regiones naturales separan esquemáticamente lo que el Macizo une. Corredores y áreas de contacto —cambiantes en el tiempo— fueron la regla, no la excepción, del poblamiento prehispánico. La imagen de un país fragmentado en cinco grandes bloques es proyección tardía sobre un territorio que las sociedades anteriores a la Conquista habían habitado como continuum modulado.

La segunda capa es la propia fábrica del territorio republicano. Las cordilleras han dominado la topografía desde antes de la Conquista, con la variación altitudinal produciendo cambios de aproximadamente 1 °C por cada 200 metros de ascenso y con ello pisos térmicos que diferenciaron formaciones vegetales y agriculturas. Pero esa base física fue leída, a partir de 1850, con una gramática que oponía altiplano a tierra caliente en clave civilizatoria, no meramente ecológica. La ocupación de las vertientes andinas por la expansión cafetera entre 1870 y 1930 —que unificó el espacio y creó un mercado nacional incipiente— demostraría, décadas después, que la fragmentación no era destino sino inversión: donde el capital fue, el territorio se integró. Al finalizar el siglo XIX, sin embargo, gran parte de los centros de población del interior dependían del transporte a lomo de mula o a pie, y la ausencia de red efectiva de transporte fue un obstáculo sustancial para la cohesión estatal.

La Comisión y el costumbrismo de El Mosaico funcionaron entonces como un dispositivo conjunto de producción de nación. No inventaron la fragmentación —era condición estructural anterior— pero la codificaron en una gramática que la naturalizó, la jerarquizó y la volvió sentido común geográfico. Esa codificación tuvo tres consecuencias verificables.

La primera: fijó un centro andino civilizatorio y unas periferias bárbaras, herencia caldiana que la Comisión consolidó y El Mosaico difundió, y que sirvió por igual al proyecto liberal centralista de mediados de siglo y al conservador de la Regeneración posterior. La aparente neutralidad científica de los mapas y la aparente inocencia lírica de los cuadros de costumbres reforzaron mutuamente su efecto: lo que el mapa distinguía por altitud y clima, la prosa lo poblaba con tipos humanos; lo que la prosa describía como carácter regional, el mapa lo fijaba con coordenadas. La reforma universitaria de mediados del XIX, que creó el Instituto de Ciencias Naturales, Físicas y Matemáticas con el Observatorio Astronómico, el Jardín Botánico, el Laboratorio Químico y el Museo de Historia Natural de Bogotá bajo su cuidado, dio a esa producción de saber territorial una infraestructura institucional que perduraría.

La segunda: legitimó una economía de la atención estatal. La exclusión de la Amazonía y de los Llanos del propio contrato de Codazzi es la prueba dura de que el discurso corográfico no fue causa primera de la desatención bogotana hacia esas regiones, sino su racionalización. Cuando Triana, décadas después, describió al Caquetá y al Putumayo como colombianos solo en el nombre, no denunciaba un olvido reciente: nombraba una omisión inscrita en el mandato fundacional de la primera empresa científica de la República. Las pérdidas territoriales del siglo XIX y comienzos del XX no se explican solo por debilidad militar; se explican también porque en el mapa mental que las élites bogotanas manejaban, esos territorios ocupaban un lugar cognitivamente periférico que hacía menos urgente defenderlos.

La tercera: invisibilizó las redes de larga duración que conectaban Sabana, Magdalena, Llanos y Caribe. La ruta muisca de la sal, del oro y de las mantas —que había operado durante siglos como circuito real de integración interregional— no aparece en el archivo corográfico porque no encajaba en la matriz clima/raza/producción con que la Comisión pensaba el territorio, ni en el repertorio del cuadro de costumbres, que privilegiaba lo pintoresco sincrónico sobre lo estructural histórico. El resultado fue una nación imaginada sin memoria de sus propias conectividades anteriores, condenada a redescubrirlas —cuando lo hace— como novedades arqueológicas y no como sustrato vivo.

Con matices decisivos: la Comisión también dejó huellas de lo que desbordaba su proyecto. Las láminas de Paz, los apuntes de Pérez sobre el Chocó, las descripciones de Ancízar del suroccidente registraron rostros, oficios, paisajes y voces que la gramática dominante quería reducir a tipos pero que, en el detalle del dibujo o la anécdota, exceden la clasificación. El archivo corográfico es hoy fuente indispensable justamente porque contiene más de lo que quiso decir. Y el costumbrismo, en la medida en que fue género transnacional útil a liberales y conservadores para contraponer lo nacional a la influencia extranjera, tuvo una función integradora ambivalente: contribuyó a construir un imaginario compartido de país incluso mientras jerarquizaba a sus habitantes.

Pero ninguna de esas huellas de exceso invalida la operación de conjunto. La eficacia del dispositivo no dependió de que fuera unánime o coherente; dependió de que fijó un marco de inteligibilidad —regiones jerárquicas, centro andino, periferia bárbara, vacío por civilizar— dentro del cual la política nacional siguió pensándose durante más de un siglo. La Confederación Granadina de 1858, que dividió la república en ocho estados federales, y las reconfiguraciones territoriales sucesivas hasta 1886 se debatieron dentro de una imagen del país que la Corográfica había estabilizado.

Quedan flancos abiertos, y conviene nombrarlos con precisión antes que cerrarlos con retórica. El primero es la cronología de la publicación y difusión de los materiales de la Comisión. Codazzi murió con la obra cartográfica incompleta, y la circulación posterior de sus mapas, láminas y descripciones se prolongó durante décadas en un proceso editorial fragmentado que aún no ha sido reconstruido con detalle. La hipótesis —verificable— es que esa demora debilitó la imaginación territorial del Estado precisamente en el momento en que más la habría necesitado: los años previos a la separación de Panamá, cuando el mapa oficial de la República seguía siendo, en buena medida, promesa editorial más que documento circulante. Una arqueología editorial de los materiales corográficos entre 1859 y 1903 permitiría medir esa hipótesis contra el archivo.

El segundo flanco es la relación entre las cartografías virreinales y la corográfica republicana. La política borbónica ilustrada, con Mutis como figura central desde su llegada a la Nueva Granada en 1761, impulsó el conocimiento científico del territorio como instrumento de control. El Semanario de Caldas y los mapas de Acosta median entre esa herencia y la Comisión de 1850. Aquí la pregunta se afila: la novedad de Codazzi no está en las herramientas que hereda casi intactas del proyecto borbónico, sino en el destinatario. Mutis levantaba un inventario para la corona; Codazzi lo levantaba para una república que aún debía convencerse de existir. La continuidad técnica encubre así una ruptura política: el mismo saber-para-gobernar cambia de sujeto, y con el sujeto cambia el efecto. El territorio deja de ser posesión que se describe para volverse nación que se produce mientras se describe.

Y ahí, en ese desplazamiento del sujeto que mira, se juega todo lo demás. Que el "país de regiones" es una gramática histórica —producida en un tiempo, por unos hombres con nombres propios— significa que no es paisaje ni destino. Significa que otras jerarquías del territorio fueron pensables en 1850 y siguen siéndolo. La red muisca antes que el eje andino colonial; las conectividades del Macizo antes que los cinco bloques escolares; una Amazonía dentro del contrato de Codazzi y no excluida por escrito de su primer viaje. El costo de haber tomado el camino que se tomó está inscrito en el mapa del país actual. Qué costaría, ahora, tomar los otros es la pregunta que la Corográfica y El Mosaico dejaron —y siguen dejando— abierta.

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Archivo documental

Documentos usados en esta lectura

40 documentos · 60 fragmentos de referencia
01Manual de arte del siglo XIX en ColombiaBeatriz González Aranda · 2017 · p. 244, 2522 fragmentos
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Albert Museum, Londres) de Millet, cada uno de los oficios representados muestra a sus actores en posición de trabajo, en la sencillez y humildad de sus atuen- dos, y en la necesidad de ser rescatados y dignificados por la mano del artista. Verónica Uribe Hanabergh 245 § vii. La Comisión Corográfica Hay un acuerdo con…

p. 244
[7]

Se estableció por algún tiempo en Venezuela (1840 - 1846) donde ejerció la docencia y formó parte del Liceo Venezolano, fundado para propagar las luces y fomentar el cultivo de la literatura y las bellas artes. Allí se relacionó con la élite intelectual de Caracas. A su regreso a la Nueva Gra- nada, en 1846, era…

p. 252
02La botánica en Colombia, hechos notables en su desarrolloSantiago Díaz Piedrahita · 2016 · p. 54, 1262 fragmentos
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mitad del siglo xix se produce una reforma universitaria, y como resultado de la misma se establece un Instituto de Ciencias Naturales, Físi - cas y Matemáticas a cuyo cuidado quedan el Observatorio Astronómico, el Jardín Botánico —de poco desarrollo—, el Laboratorio Químico Nacional y el Museo de Historia Natural de…

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parte a la riqueza de la flora colombiana. Colombia es uno de los países mejor dotados en cuanto a recursos natura - les, y dentro de dichos recursos sobresale una de las floras más ricas y variadas del universo. Se debe esta riqueza flo - rística, entre otros factores, a la posición equinoccial del territorio…

p. 54
03Gran Enciclopedia de Colombia: Geografía 1Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Eufrasio Bernal Duffo, Melania Kowalewska (Textos complementarios) · 2007 · p. 161 fragmento
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Roberto Dudley (1573-1649), quien en 1595 viajé a las Indias Occidentales y exploré las bocas del rio Orinoco. En 1605 se radicd en Florencia, donde edité y publicé mapas y trabajos geograficos. Esta l4mina del Nuevo Reino de Granada pertenece a la famosa obra Del arcano del Mare, gravada por el florentino Francesco…

p. 16
04Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · p. 336, 3952 fragmentos
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gover- nor’s offices, legislative sessions, and on-the-ground field work by surveyors allowed folks across the political and ethnic spectrum to invent the miserable indigena as a holdover from the colonial period, one who either refused the benefits of modernity or who had been exploited by those claiming to bring…

p. 336
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objects to Liberal creation of new provinces, 202–5; and Regener- ation government, 302–3; response to Peregrinación de Alpha, 189–90; role in federalism-centralism question, 5, 220, 251; in Soatá, 186; view of Church disen- tailment, 263, 266, 269, 272–73, 274, 276, 279–80, 281; view of constitutionalism, 216; view…

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05La colonización antioqueña: una empresa de caminosEduardo Santa · 2016 · p. 160, 1862 fragmentos
[5]

llevarlos a cuestas. 85 Manuel Pombo, op. cit., págs. 76-77. 187 Lí ndidceaínelc ícbedrsptí Por supuesto, no fue este el caso del coronel Codazzi, tan esforzado y valeroso como ningún otro explorador y científico, que siempre daba ejemplo a sus acompañantes, aun a los más baquianos, de templanza de ánimo y de resis-…

p. 186
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cuadros de costumbres, variedades y viajes, Bogotá: Banco Popular. 161 Lí ndidceaínelc ícbedrsptí belleza incomparable, hagamos aquí una especie de pausa refrescante y cedámosle al poeta la palabra, para que nos cuente cosas admirables de esa naturaleza virgen, que fue el escenario de la colonización. Porque…

p. 160
06Historia de Colombia. La Gran Colombia II. Tomo 10Juan Salvat, Roberto García Rojas (directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico) · p. 104, 1102 fragmentos
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econdémico, lo social y lo cultural, y ante un Estado en formacion, no bastaba con pregonar tales posibilidades, reno- vando solamente un discurso ideolégico acerca del valor que podrian llegar a tener la ciencia y la téc- nica modernas para el engrandecimiento nacional. Codazzi, Ancizar, Triana, Pérez y Paz…

p. 104
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de las plantas, una perspec- tiva que ciertamente adquirié durante sus viajes por el Cauca y el Ecuador y, sobre todo, cuando insistid en la urgencia de realizar una expedicion «geogra- fica 0 econdémica», con la cooperacién simultanea de astronomos, botanicos, mineralogistas, zodlo- gos, economistas y unos cuantos…

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07Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 282 fragmentos
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que uno de los principales ilustrados españoles fue José Celestino Mutis, sacerdote y botánico autodidacta que se había instalado en 1761 en la Nueva Granada. A su alrededor se inició la formación de una nueva imagen de nuestro territorio, la de un espacio enormemente rico en recursos naturales que podrían ser…

p. 28
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de los principales ilustrados españoles fue José Celestino Mutis, sacerdote y botánico autodidacta que se había instalado en 1761 en la Nueva Granada. A su alrededor se inició la formación de una nueva imagen de nuestro territorio, la de un espacio enormemente rico en recursos naturales que podrían ser utilizados…

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08Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 15, 1622 fragmentos
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indios y esclavos, fueron pasivos. A mediados de siglo Joaqu í n Acosta public ó unas Consideraciones sobre la historia del descubrimiento de la Nueva Granada (1846), que describ í an las culturas precolombinas. En la segunda mitad del siglo conserva dores como Jos é Manuel Groot hicieron una historia favorable de la…

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s 150 kil ó metros sobre una tarima al hombro de decenas de cargueros) era una proe za de ingenier í a. Las v í as de comunicaci ó n — los mejores caminos de mu í as y los ferrocarriles — redujeron poco a poco los costos del transporte y permitieron un comercio interregional m á s activo, as í como la exportaci ó n de…

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09Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · p. 71, 772 fragmentos
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apenas se escucha- ba mentar en el exterior y nadie sabía a qué territorio se refería en concreto, si incluía también a Venezuela y a Ecuador o si era el mismo que antes se conocía como Nueva Granada. Los primeros diplomáticos colombianos se pusieron en marcha para precisar informaciones geográficas y animar a fu-…

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lectores con artículos y crónicas que hablaban más bien de la importancia de retratar el paisaje y las costumbres locales. Ancízar advirtió que no había mejor análisis psicológico, para comprender a las sociedades, que la novela y el cuento, en la medida en que la imaginación resultaba el mejor aliado para construir…

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10Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · p. 801 fragmento
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la osadía. De acuerdo con Alfonso Múnera: 58 Caldas, “El influjo”, 143. 81 Amada Carolina Pérez Benavides Caldas interpretó el territorio y los habitantes del virreinato desde una postura meto- dológica que le permitió identificar y hacer comprensible la geografía de los Andes como el área de la civilización y el…

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11Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · p. 21, 1292 fragmentos
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contertulios. De ella nace la publicacién del mismo nombre y el hoy tesoro inapreciable del «Museo de cuadros de costumbres», uno de cuyos mayores impulsores, editor, alma y genio fue José Maria Vergara y Vergara (1831-1872), figura de las mas queridas por aquellos dias, tanto por la activi- dad, las ideas y…

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tidos conservador y liberal, y unos afos de agitadas controversias politicas, econdémicas y religiosas, pues se consideraba necesario luchar con denuedo para acabar de manera definitiva con el orden co- lonial. Pero también favorecié la cultura, con la or- ganizacion de la Comisién Corografica, dirigida por el coronel…

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12Historia del Periodismo ColombianoAntonio Cacua Prada · 1983 · p. 1091 fragmento
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Díaz, Eustacio Santamaría, José Caicedo' Rojas, Ricardo Carrasquilla, Rafael Pombo, Lorenzo María Lleras, Manuel María Madiedo, José Manuel Marroquín, Dotares Calvo de Piñeres, Januario Salgar, José David Guarín y Doña Soledad Acosta de Samper. Organizaron 81 agencias en todo el país y 17 en el exterior. "EL MOSAICO"…

p. 109
13Pensar el siglo XIX. Cultura, biopolítica y modernidad en ColombiaSantiago Castro-Gómez (ed.) · 2004 · p. 236, 2462 fragmentos
[17]

del Mosaico en 1866. El costumbrismo no es el primer género literario nacional: es un género literario t r a n s n a c i o n a l, q u e s e e x p a n d e e n t o d a Hispanoamérica en el momento en que se están formando las naciones. Estrechamente relacionados con la literatura de viajes y con la pintura costumbrista,…

p. 236
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es de todas nuestras cosas lo único que encierra verdaderamente el alma y aire de la patria. El granadino que oiga hablar español en Esmirna o Jerusalén sentirá un vivo placer, pero se dirá ¿esa voz es granadina, americana o española? Mas si oyese preludiar un bambuco, gritara, corriendo hacia el músico: ¡es mi…

p. 246
14Peregrinación de AlphaManuel Ancízar · 2016 · p. 121 fragmento
[18]

cantón en los distritos de temperatura cálida. Maderas preciosas, resinas aromáticas, bálsamos y plan - tas medicinales de sorprendente eficacia se encuentran 2 González, Beatriz, Manual de arte del siglo xix en Colombia, Bogotá: Ediciones Uniandes, 2013, pág. 170. 13 Píndnicersti 13 a cada paso, y a menudo al…

p. 12
15Historia de Colombia. La República de Colombia IISalvat Editores (Juan Salvat, Roberto García Rojas, directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico); con colaboraciones de Arturo Alape, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Marco Palacios, Álvaro Tirado Mejía, entre otros · 1986 · p. 1101 fragmento
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encargo), pues de esa €poca, y de anos posteriores, se conservan buenas muestras de su talento como caricaturista y dibujante. En este campo, como ya senalamos, reside la grandeza del pintor, intérprete avisado y tierno, burlén a veces, de la sociedad en que le tocé vivir. Ramé6n Torres Méndez (1809-1885) EI maestro…

p. 110
16Motivo por el cual: artículos de costumbres IJosé Manuel Marroquín y otros autores · 2015 · p. 1, 122 fragmentos
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JOSÉ MANUEL MARROQUÍN Y OTROS AUTORES MOT iv O p OR EL c UAL: ARTÍ c ULOS d E c OSTUM b RES i J OSÉ M ANUEL M ARROQUÍN Y OTROS AUTORES MOT iv O p OR EL c UAL: ARTÍ c ULOS d E c OSTUM b RES i Catalogación en la publicación – Biblioteca Nacional de Colombia Marroquín, José Manuel, 1827-1908 Motivo por el cual [recurso…

p. 1
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los escritores liberales para desdeñar el pasado colonial y los antiguos hábitos; y a los con - servadores, para vapulear las ilusiones modernas, el menosprecio de los liberales por la tradición y las reformas con las que alimenta - ron la fundación de las repúblicas. Para ambos, sin embargo, fueron útiles para…

p. 12
17Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 10, 132 fragmentos
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y determinar grandes principios homogeneizadores desde la distancia. Ello es evidente en el acápite “ Aspecto del país” de la Comisión,4 donde además está presente la idea de Von Humboldt sobre la unidad dentro de la multiplicidad en paisajes interrelacionados (Sánchez 1999: 6).5 La visión paisajística incidía en la…

p. 13
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una visión amplia que supera la perspectiva de lugar, desde la óptica de ser parte de un algo mayor. Así, las regiones no introducen cualquier tipo de división: una clasificación regional teórica e ideal no plantea la existencia de un número infinito de espacios regionales que se sobreponen sin sentido. Las regiones…

p. 10
18Etnización de la negridad: La invención de las 'comunidades negras' como grupo étnico en ColombiaEduardo Restrepo · 2013 · p. 1891 fragmento
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feminización de sus poblaciones. Tropicalismo y geografía de las razas En la segunda mitad del siglo XIX y primeras décadas del XX, en los escritos de los letrados, corógrafos y expertos se puede trazar una correlación entre lo tropical y ciertas características en los individuos o colectividades que lo habitan. Los…

p. 189
19Civilization and Violence: Regimes of Representation in Nineteenth-Century ColombiaCristina Rojas · 2002 · p. 1501 fragmento
[27]

Catalans whose lands were freed from feudalism and encomiendas, resulting in a more equitable distribution of property, has few things in common with the polite Cundinamarqués of the capital, and even less in common with descen- dants of the Chibchas, mixed with Spanish blood, who were ruled in the semi-feudal…

p. 150
20Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 4181 fragmento
[28]

adoro la libertad, dice el poeta que seguidamente se esfuerza por librarse de su sentimiento de culpa añadiendo /n o basta a mi conciencia no ser yo quien te niega ese tesoro. En los escritos de la Comisión Corográfica lo que quedó inscrito (Restrepo, 1984) fue una visión de la situación social del negro poco después…

p. 418
21Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 2381 fragmento
[29]

Codazzi: Geografía física y política de la o o con ra en C: a Nueva Granada. José Jerónimo Triana: Flora co- a liderada nuel Ibáñez y Are -——lombiana. El Congre- da y ontra la 1as li- so crea por ley el es- tado de Antioquia. + 1857 Se crean los esta- dos de Cauca, Cun- dinamarca, Bogotá, Bolívar, Magdalena y -…

p. 238
22¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 621 fragmento
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país a colaborar en la gu erra de independencia. Ahora, en tiempo de paz, Codazzi recorría el país acompañado de jóvenes neogranadinos para el levantamiento de mapas y la redacción de tratados de botánica, geografía, mineralogía y descripción de grupos humanos. Bajo esta empresa se desa rrollaron los primeros mapas…

p. 62
23Nueva Geopolítica de ColombiaJulio Londoño Londoño · 1965 · p. 36, 1462 fragmentos
[33]

a esta norma que nos ha trazado la naturaleza, la fa- cilidad para la vida del país sería enorme; todo sería sencillo y lógico. Pero la naturaleza anda por un lado y el hombre por otro. Viene así un desorden del cual se cree salir variando la anterior división y haciendo otra que se acomode a las nuevas ideas po-…

p. 36
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veci- nos, sino naciones muy alejadas de nosotros. Así nos despren- dimos, casi sin saberlo, de la Cosata de Mosquitos; así llegamos a ser dueños solamente de una insignificante porción de esa in- mensa tierra del futuro que se llama Hilea Amazónica; y final- mente, Panamá se perdió más por la ignorancia y el…

p. 146
24Guns, Drugs, and Development in ColombiaJennifer S. Holmes, Sheila Amin Gutiérrez de Piñeres, Kevin M. Curtin · 2008 · p. 29, 332 fragmentos
[34]

Terri- torial Division Law” of June 25, 1824 (Ireland 1938). There were nine origi- nal departments (then called sovereign states) in what is today the north of Colombia and Panama (Antioquia, Bolívar, Cauca, Cundinamarca, Magda- lena, Panama, Santander, and Tolima; see Figure 2.4). When Simón Bolívar died, in 1830,…

p. 33
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v e l o P m e n t i n C o l o m B i a how this pattern of population density has persisted into the modern era (Safford and Palacios 2002). The regions with greater concentrations of popu- lation are those with either a more temperate climate or with greater access to lands outside Colombia. Therefore, the Andean…

p. 29
25Economías prehispánicas de ColombiaAlberto Gómez Gutiérrez, Ignacio Briceño Balcázar, Jaime Eduardo Bernal Villegas, Carlos Eduardo López Castaño, Martha Cecilia Cano Echeverri, Francisco Javier Aceituno Bocanegra, Nicolás Loaiza Díaz, Andrea M. Cuéllar, María Alicia Uribe Villegas, Marcos Martinón-Torres, Santiago Giraldo, Daniela Castellanos Montes, Marianne Cardale de Schrimpff, Carl Henrik Langebaek, María Antonieta Corcione Nieto, Catalina Zorro, Luisa Mendoza, Marcela Bernal, Lucero Aristizábal, Leonor Herrera · p. 782 fragmentos
[35]

reflejaron en grandes áreas, con manifestaciones locales en todos los niveles (Flórez, 2003; IGAC, 1977; IGAC, 2005). Aunque en la escala amplia se puedan trazar límites teóricos que separan esquemáticamente regiones naturales, es necesario plantear que siempre han existido conexiones directas entre ellas y las…

p. 78
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reflejaron en grandes áreas, con manifestaciones locales en todos los niveles (Flórez, 2003; IGAC, 1977; IGAC, 2005). Aunque en la escala amplia se puedan trazar límites teóricos que separan esquemáticamente regiones naturales, es necesario plantear que siempre han existido conexiones directas entre ellas y las…

p. 78
26Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 14, 232 fragmentos
[37]

ciertas regiones y con un valor suficien tem ente alto para justificar los costos del transporte. Los m uiscas, por ejemplo, intercam biaban textiles de algodón y sal (escasa en casi todas las dem ás regio nes) por oro y conchas de m ar, con las com unidades de la hoya del M agdalena. Del m ism o m odo, los indígenas…

p. 23
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casi todo el territorio. T em pe ra tu ra constante y lluvia ab u n d a n te producen una vigorosa vegetación. Esto es cierto en las tierras bajas y en las m ontañas que, por lo general, ofrecen u n tono v erd e esm eralda que contrasta con la desolada aridez de la vertiente occidental de los A ndes peruanos. H…

p. 14
27Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 121 fragmento
[38]

las relaciones comerciales afianzaban redes de intercambio cultural más profundas. un aspecto importante de la sociedad muisca fue el desarrollo y la complejidad que se desprendieron de una economía natural no monetaria, y que se desplegó al tener un escenario de vastas redes comerciales y cercanías culturales y…

p. 12
28Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 36, 432 fragmentos
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un aspecto fundamental que explica el establecimiento de comunidades independientes, puesto que este tipo de vínculos aseguraba la pertenencia de un individuo a una comunidad y con esto su acceso a los recursos del territorio que controlaban (Lleras, 1986). Posiblemente se dieron enfrentamientos bélicos para obte- ner…

p. 36
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que cumpliera adecuadamente las funciones que se le atribuyen, como patrón de medida del valor, medio de intercambio o alma- cén de valor. Sin embargo, existieron ciertas mercancías que se intercambiaron con mayor frecuencia y que pudieron servir como patrón para medir valores. Esta característica se le ha atribuido…

p. 43
29Antes de Colombia. Los primeros 14.000 añosCarl Henrik Langebaek · 2021 · p. 235, 3762 fragmentos
[41]

triángulo o en línea. Gracias a investigaciones realizadas en diversas partes de los Andes orientales se sabe que las viviendas muiscas medían entre unos 5 y 6 metros de diámetro, si bien existió una enorme diversidad de estructuras, sobre todo en los periodos más tardíos. El Venado, durante la última parte del…

p. 235
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de población. Estudios llevados a cabo por José Luis Socarras han confirmado que el maíz fue importante no solo en la segunda ocupación, sino también en la primera. Los estudios de José Vicente Rodríguez en el sitio de Santa Helena han encontraron que la segunda ocupación no se interrumpió hace 650 años, es decir,…

p. 376
30Colombia: Territorial Rule and the Llanos FrontierJane M. Rausch · 1999 · p. 1, 232 fragmentos
[44]

Page 1 PART I — TERRITORIAL RULE DURING THE LIBERAL REPUBLIC 1999. University Press of Florida. All rights reserved. May not be reproduced in any form without permission from the publisher, except fair uses permitted under U.S. or applicable copyright law. EBSCO Publishing: eBook Collection (EBSCOhost) printed on…

p. 1
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includes some 253,000 square kilometers of Colombian territory and stretches on into Venezuela for another 300,000 square kilometers. South of the Guaviare River is the second region, Amazonia. Its 420,875 square kilometers of tropical rain forest extend to the borders of Peru, Ecuador, and Brazil. Third, stretching…

p. 23
31Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 3161 fragmento
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nes se agregaron a los viejos Caudron, los Wild suizos. Cerrada de nuevo en 1928, reabierta en 1929 con oficialidad francesa, la Escuela registra oscilacio- nes similares a las que el ejército y la Armada hubieron de sufrir en un am- biente político de indiferencia por las necesidades de la defensa nacional y la…

p. 316
32Colombia's Forgotten Frontier: A Literary Geography of the PutumayoLesley Wylie · 2013 · p. 621 fragmento
[47]

to Miguel), bewails the incursions of Peruvians into the region, and calls upon Colombians to explore and colonize their national territory, figuring the Putumayo as a vital limb of the nation: Nuestras regiones del Caquetá y del Putumayo […] serán nuéstras únicamente en el nombre, y no en el hecho, en tanto que…

p. 62
33Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 781 fragmento
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el río Apaporas; contintia por el Apaporls hasta su confluencia con re Caquetá y continúa por el curan de es unos 18 kilómetros, hasta un sit cerca de la iso de Inambú, punto Temitorio de Colombia Trestado:de Crayaguil embrrCielponit o Peri del 13 destine de 1629 Firmas del presatrote del Meri, Autors Curtifrnez ae la…

p. 78
34La tierra no basta. Colonización, baldíos, conflicto y organizaciones sociales en el CaquetáCentro Nacional de Memoria Histórica, Erika Andrea Ramírez Jiménez · 2017 · p. 341 fragmento
[49]

Cubeos, entre otros. Pero es- tos pueblos fueron objeto de un sistemático proceso de extermi- 35 1 De los Andes a la selva: la conquista de la Manigua. Geografía de la colonización en el Caquetá nio y reducción. La inserción del espacio amazónico en la nación comenzó con las exploraciones e incursiones de los…

p. 34
35Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 1322 fragmentos
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distintas condiciones climáticas y formas de vegetación. Arriba, vista del valle del Patía 120 La diversidad regional olombia es uno de los paí- ses del mundo con mayor diversidad regional, debi- do a lo complejo de su es- tructura geomorfológica, a su posi- ción intertropical matizada por los climas de alta montaña,…

p. 132
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distintas condiciones climáticas y formas de vegetación. Arriba, vista del valle del Patía 120 La diversidad regional olombia es uno de los paí- ses del mundo con mayor diversidad regional, debi- do a lo complejo de su es- tructura geomorfológica, a su posi- ción intertropical matizada por los climas de alta montaña,…

p. 132
36The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 261 fragmento
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Colombia’s unique interrelation of climate, elevation, and topography creates sharply distinct regional and cultural dif- ferentiation. One way to sketch a simplified map of regions and subregions is to trace five broad areas: 1. Colombia’s Caribbean: This is bisected by the Magdalena River; it extends westward to…

p. 26
37Historia de Colombia. La Colombia más Antigua. Tomo 1Gonzalo Hernández de Alba (dir.); Camilo Domínguez O., José L. Lorenzo, Amancio Fernández, Gonzalo Correal y otros · p. 331 fragmento
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en- tre América del Sur y América Central. Todos estos elementos de ubicación deben ser tenidos en cuenta para comprender su pasado, su presente y su futuro. El factor altitudinal Si para comprender las características climáti- cas de las regiones de la planicie es necesario tener en cuenta la ubicación planetaria,…

p. 33
38Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · p. 4411 fragmento
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en el Nuevo Reino de Granada. En ella se establecen todas las instituciones coloniales: encomiendas, mercedes, grandes latifundios de las comu- nidades religiosas, etcétera. Esa circunstancia histórica, perfectamente explicable, como lo ha demostrado don Miguel Samper en los párrafos reproducidos antes, pro- ducirá…

p. 441
39Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 3941 fragmento
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los caminos no eran caminos y el viajero de los ríos debía disputar el espacio del champán con las cargas de tabaco de Ambalema y los géneros im- portados de Londres, viajar constituía no sólo un «mal necesario» sino un auténtico suplicio. Cuando por al- gún milagro inexplicable conseguía llegar a su destino, 395…

p. 394
40Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · p. 1581 fragmento
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as the armed forces or the National Bank of the Republic. To some degree, the regions were woven to- gether through overarching instruments of governance and public administra- tion. The obstacles presented by geography, however, were formidable, and geography, as discussed earlier, has imprinted a unique identity on…

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