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Biografía

Joaquín Acosta

Nueva Granada

1800–1852

16 min de lectura21 documentos
Nacimiento1800
Fallecimiento1852
RolesGeneral del Ejército de la República de Nueva Granada · Geógrafo y cartógrafo
Lugar principalColombia
Período históricoNueva Granada1831–1862
03

La biografía

Joaquín Acosta (Bogotá, 1800 – 1852) fue el militar que, hacia el final de su vida, se convirtió en el primer letrado neogranadino en ensamblar un programa deliberado para hacer legible el país ante Europa. Entre 1846 y 1849, con base en París y con la República como sujeto, publicó las Consideraciones sobre la historia del descubrimiento de la Nueva Granada (1846), un nuevo Mapa de la República de Nueva Granada dedicado al barón de Humboldt (1847) y el Compendio histórico del Descubrimiento y Colonización de la Nueva Granada en el siglo decimosexto (1848), al que sumó una reedición vinculada al Semanario de Caldas y trabajos de traducción asociados a Jean-Baptiste Boussingault. En ese puñado de años, un general de la República hizo por la representación exterior del país lo que ninguna institución había logrado: dotarlo simultáneamente de un mapa, de una historia escrita a partir de las crónicas y de una genealogía intelectual que lo conectaba con la ciencia europea del momento. Ese esfuerzo fue parcial, dependió de la validación de Humboldt y quedó metodológicamente rebasado dos años después por la Comisión Corográfica de Codazzi; nada de eso atenúa su carácter fundacional: fija el momento exacto en que la Nueva Granada intentó existir en el archivo y en la carta antes que en la épica.

02

Línea de vida

  1. 1800

    Nacimiento en Bogotá

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    Nació en Bogotá en 1800, en el seno de la generación que viviría la Independencia en su adolescencia y heredaría la República como problema político e intelectual.

  2. 1846

    Publicación de las Consideraciones sobre la historia del descubrimiento de la Nueva Granada

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    Publicó las Consideraciones sobre la historia del descubrimiento de la Nueva Granada, texto en el que describía las culturas precolombinas del territorio y que funcionó como ensayo preparatorio del Compendio mayor.

  3. 1847

    Publicación del Mapa de la República de Nueva Granada dedicado a Humboldt

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    Publicó en París un nuevo Mapa de la República de Nueva Granada dedicado al barón Alexander von Humboldt, operación de posicionamiento intelectual que anclaba el trabajo cartográfico neogranadino a la cadena de prestigio científico europeo y buscaba hacer legible el territorio ante las academias y cancillerías del continente.

  4. 1848

    Publicación del Compendio histórico en París

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    Publicó en París el Compendio histórico del Descubrimiento y Colonización de la Nueva Granada en el siglo decimosexto, primer trabajo de síntesis comparativa de las crónicas sobre los pueblos indígenas del territorio neogranadino, acompañado de un mapa. Concebido como primer tomo de una enciclopedia que no llegó a completarse, la obra surgió tras el rechazo del historiador William Prescott, a quien Acosta había ofrecido sus documentos para que escribiera la historia del país.

  5. 1849

    Publicaciones vinculadas al Semanario de Caldas y a Boussingault

    Leer contexto

    Hacia 1849 completó su serie parisina con una reedición vinculada al Semanario de Caldas y trabajos de traducción asociados a Jean-Baptiste Boussingault, cerrando el circuito de su programa editorial destinado a dar a conocer la Nueva Granada en Europa.

  6. 1852

    Muerte en Bogotá

    Leer contexto

    Murió en Bogotá en 1852, antes de cumplir cincuenta y dos años y sin haber completado el proyecto enciclopédico que el Compendio inauguraba. Su hija Soledad Acosta de Samper escribiría posteriormente la Biografía del General Joaquín Acosta, fuente primaria fundamental sobre su vida y obra.

Un letrado con grado militar

Acosta pertenece a esa primera generación pos-bolivariana que hereda la República como problema más que como triunfo. Nació en Bogotá en 1800, alcanzó el grado de general —título con el que firmaría todas sus obras y bajo el cual lo recuerda la biografía escrita por su hija— y murió en 1852, antes de cumplir cincuenta y dos años. Su arco vital corre casi paralelo al de la República. Adolescencia bajo el ciclo de la Independencia; madurez bajo Santander y los gobiernos civilistas; muerte en las vísperas del vendaval de mediados de siglo. La Biografía del General Joaquín Acosta, escrita por Soledad Acosta de Samper, documenta sus estudios y actividades, y fija también la imagen bajo la que llegó al siglo XX: la del militar-sabio, patriota y hombre de gabinete.

Esa imagen admite matices desde su propia formación. Los estudios que Acosta emprendió en el exterior no fueron exclusivamente científicos. Tomó lecciones de esgrima y de elocuencia, y mostró tanto o más interés en la política y las humanidades que en las ciencias naturales. La estampa del naturalista puro —heredera implícita de Mutis, de Caldas, de los expedicionarios— no le cuadra: fue más bien un hombre culto de la República, formado en el molde neogranadino donde el letrado no se especializaba porque la República lo necesitaba en todos los frentes. Militar, diplomático de facto, editor de mapas, comparador de crónicas, traductor: Acosta encarna ese perfil híbrido antes de que la especialización disciplinaria se instalara en el país.

Esa hibridez explica al mismo tiempo el alcance y los límites de su obra. Le dio la movilidad institucional para publicar en París, la agenda para incluir cartografía e historia en un solo programa, la red para dedicar un mapa a Humboldt y ofrecerle documentos a Prescott. Pero también dejó su trabajo a mitad de camino entre la erudición de aficionado y el rigor metodológico que reclamaba la nueva ciencia. La Comisión Corográfica, dirigida por Agustín Codazzi desde 1850, vendría a producir las primeras cartas del territorio colombiano con criterio verdaderamente científico, y lo haría con un aparato técnico del que Acosta, trabajando en solitario, no disponía.

El mapa de 1847 y la genealogía del territorio

La cartografía neogranadina de la primera mitad del siglo XIX no partía de la nada. En el Semanario del Nuevo Reino de Granada, en 1809, Francisco José de Caldas, Joaquín Camacho y José Manuel Restrepo habían publicado ensayos sobre la geografía del Nuevo Reino y sus provincias, y tanto Caldas como Restrepo dibujaron mapas del territorio que complementaban los de los ingenieros españoles del período colonial. En 1822, ya con la República en marcha, Alexander von Humboldt elaboró un mapa general de Colombia basado en observaciones e indagaciones astronómicas —que incorporaba además trabajos de Boussingault, Mariano Rivero y Désiré Roulin— y que se convirtió en el más conocido del país hasta entonces.

En ese linaje se inserta el Mapa de la República de Nueva Granada que Acosta publicó en 1847. La dedicatoria al barón de Humboldt no es un adorno cortés: es una operación de posicionamiento intelectual. Al colocar su nombre bajo el patronazgo simbólico del sabio prusiano —cuyo Cosmos aparecía en 1845 y consolidaba su condición de árbitro europeo de la geografía americana—, Acosta anclaba su mapa a la única cadena de prestigio que permitía a un trabajo hecho en Bogotá circular en las bibliotecas y salones europeos. Sin esa validación metropolitana, el mapa habría quedado como una curiosidad provincial más.

El gesto revela la estructura profunda del problema que Acosta intentaba resolver. La Nueva Granada era literalmente ilegible desde el exterior: su nombre generaba confusión sobre qué territorio abarcaba —¿Colombia?, ¿la antigua Gran Colombia?, ¿la República heredera?—, y sin una imagen cartográfica de circulación reconocible el país no figuraba en las academias, las cancillerías y los mercados editoriales de Europa. Producir un mapa dedicado a Humboldt equivalía a decir: este territorio es este, tiene estos contornos, y se inserta en la ciencia que ustedes reconocen.

El mapa de 1847 no llegaba solo. Formaba parte de una serie coordinada de publicaciones destinadas a la imprenta con el propósito de dar a conocer el país en el exterior, cuya suma sería el Compendio del año siguiente. Y quedaría rápidamente rebasado: hacia 1850, con la Comisión Corográfica ya en marcha bajo Codazzi —el ingeniero italiano que moriría en 1859 víctima de la fiebre amarilla en la población de Espíritu Santo, luego rebautizada Codazzi—, el Estado emprendía por primera vez el levantamiento sistemático del mapa de la República con un equipo estable en el que figuraron Manuel Ancízar, Manuel María Paz, José Jerónimo Triana y Felipe Pérez. Nueve años de trabajo, mapas geográficos, descripciones de botánica, mineralogía y grupos humanos: un salto de escala institucional que puso el trabajo individual de Acosta en una perspectiva histórica precisa. No fue superado porque estuviera mal hecho, sino porque la República había pasado del gesto de un letrado al programa de un Estado.

Las crónicas, Prescott y el Compendio de 1848

En 1846, Acosta publicó Consideraciones sobre la historia del descubrimiento de la Nueva Granada, donde describía las culturas precolombinas del territorio. Ese texto fue el ensayo previo a la obra mayor: el Compendio histórico del Descubrimiento y Colonización de la Nueva Granada en el siglo decimosexto, publicado en París en 1848 y concebido como primer tomo de una suerte de enciclopedia que no llegó a completarse.

La génesis del Compendio es reveladora del lugar subordinado que ocupaba el pasado neogranadino en la geografía intelectual atlántica. Acosta había reunido durante sus viajes a Europa, y a partir de contactos académicos, un conjunto sustancial de documentos y crónicas sobre la conquista de la Nueva Granada. Con ese archivo se dirigió inicialmente a William Prescott, el historiador estadounidense que había consagrado obras magistrales a la conquista de México y del Perú, y le ofreció los materiales para que escribiera la historia de la Nueva Granada. Prescott declinó. Es un episodio de una elocuencia fría, casi silenciosa: el rechazo no llegó envuelto en desprecio ni en polémica, sino en el gesto cortés de un historiador consagrado que reconoce, sin decirlo, que el tema no le interesa lo bastante. México y Perú tenían imperios espectaculares, cronistas famosos, civilizaciones ya canonizadas en Europa; la Nueva Granada ofrecía chibchas dispersos, una conquista sin Moctezuma ni Atahualpa y unas crónicas de segundo orden en la jerarquía atlántica. Prescott no rechazaba a Acosta: rechazaba el rango historiográfico del asunto. Y esa frialdad protocolaria —un no que no necesita justificarse— dejaba en claro que si la historia de la Nueva Granada iba a escribirse, tendría que escribirla un neogranadino. Acosta asumió él mismo la escritura.

El resultado fue el primer trabajo de síntesis comparativa de las crónicas sobre los pueblos indígenas del territorio neogranadino. Su procedimiento consistía en recoger la información que los cronistas del siglo XVI habían transmitido sobre esos pueblos y compararla entre sí para intentar, en su propia expresión, "separar en ellas el grano de la paja". Ese método comparativo es su aportación metodológica genuina: la conciencia de que las crónicas no podían leerse como transcripción de los hechos sino como versiones que había que confrontar entre sí para aproximarse a lo que podía sostenerse.

Pero el propio Compendio muestra los límites de su aplicación. No siempre logró depurar; en varios puntos transmitió elementos de las crónicas con menos crítica de la que su método prometía. Fue, en ese sentido, un libro fundacional por su ambición de síntesis y su procedimiento comparativo, no por la solidez uniforme de su ejecución. Lo que hizo, y hizo por primera vez, fue reunir en un solo volumen impreso en París, en francés y español, un cuadro coherente del descubrimiento y la colonización del territorio, con las culturas precolombinas incluidas como sujeto histórico. Antes de él, esa información estaba dispersa en crónicas que casi nadie en Europa —y muy pocos en el propio país— había cruzado.

El Compendio iba acompañado de un mapa de la Nueva Granada, en un dispositivo editorial deliberado: historia y territorio ofrecidos simultáneamente al lector europeo. La nación necesitaba, al mismo tiempo, un pasado documentado y un contorno legible; uno sin el otro dejaba la operación a medias.

La red atlántica: Humboldt, Boussingault, la Misión Científica

Ninguna de las publicaciones de Acosta se entiende fuera de la red científica atlántica que había vinculado a la Nueva Granada con Europa desde finales del siglo XVIII. Esa red tenía en Bogotá un antecedente ilustre: José Celestino Mutis, que había sostenido correspondencia con Linneo —quien le dedicó al menos una planta, la mutisia, y difundió sus trabajos en las academias del norte europeo, abriéndole las puertas de la Universidad de Uppsala y de la Academia de Estocolmo— y que recibió a Humboldt y Bonpland en Bogotá durante dos meses. En ese encuentro, Mutis sugirió mejoras al mapa preliminar del río Magdalena que Humboldt incorporó de inmediato, en una escena que ilustra con precisión el modo en que circulaba entonces el conocimiento: intercambio directo, corrección técnica en tiempo real, amistad intelectual como infraestructura.

La generación de Acosta hereda esa red pero la encuentra transformada. Humboldt ya no visita: publica. Vistas de las cordilleras y monumentos de los pueblos indígenas de América (1810) y Cosmos (1845) habían consolidado un pensamiento paisajista sobre el trópico americano —sus pisos térmicos, sus contrastes con Europa— que hacía disponible al territorio neogranadino para apropiaciones nacionalistas y para el interés científico de nuevos viajeros. La dedicatoria del mapa de 1847 al barón es también, en ese sentido, una toma de posición dentro de la red: Acosta se coloca del lado de Humboldt y le pide, implícitamente, la sanción que la República necesita para existir en Europa.

El otro nombre decisivo es Jean-Baptiste Boussingault, químico francés que había integrado la Misión Científica llegada a la Nueva Granada tras la Independencia junto con Mariano Rivero, el médico Désiré Roulin y los naturalistas Jacques Bourdon y Justin-Marie Goudot, y que con el tiempo llegaría a dirigir la Academia de Ciencias de París. La conexión con Boussingault, que reaparece en las publicaciones parisinas de Acosta hacia 1849, cerraba el circuito: un francés que había trabajado el terreno neogranadino y que ocupaba una posición central en la ciencia europea era el interlocutor ideal para el general que buscaba llevar los materiales del país a París.

Ese circuito tiene una lógica que hay que nombrar sin ilusiones. El conocimiento neogranadino solo circulaba en Europa cuando lograba engancharse a figuras de prestigio ya consagradas. La iniciativa local necesitaba de la validación metropolitana para hacerse audible: sin la dedicatoria a Humboldt, sin la asociación con Boussingault, sin el intento de que Prescott escribiera la historia, el archivo de Acosta habría quedado en Bogotá. Esa dependencia no es un defecto suyo, sino la estructura del campo intelectual en el que operaba. Y su lucidez consistió, precisamente, en aceptar esa estructura y usarla.

Precariedad institucional y financiación privada

Que uno de los primeros diplomáticos culturales del país fuera un general dice mucho sobre las condiciones de la República. El Estado no tenía todavía una institucionalidad científica y cultural que pudiera cumplir esa función, y le tocó a un militar con formación humanística asumirla por su cuenta y a su costa. Un general con francés e inglés, con acceso a Humboldt y a Boussingault, valía por una legación entera.

La contrapartida de esa lógica es la precariedad. Sin sueldo estable dedicado a esa función, sin instituciones que archivaran de manera continua sus resultados, la representación exterior culta dependía de la iniciativa personal y del bolsillo del representante. El Compendio que no continuó en los tomos previstos, el mapa que quedó como pieza suelta, el proyecto enciclopédico incompleto son síntomas de esa condición: los programas duraban lo que duraba la energía y la financiación privada del hombre que los sostenía. Acosta murió antes de completar el suyo, y con él se apagó la operación.

El campo intelectual de mediados de siglo

El campo intelectual neogranadino en el que Acosta interviene privilegiaba la geografía y la historia como disciplinas centrales, y no era casual: en un país fragmentado regionalmente por la herencia colonial y por las guerras, describir el territorio y narrar el pasado eran operaciones directamente vinculadas al proyecto de construcción nacional. Conocer y unir eran verbos gemelos.

El Semanario de 1809 había abierto esa vía con los ensayos y mapas de Caldas y Restrepo. Décadas más tarde, Acosta publicaba sus Consideraciones (1846) y su Compendio (1848). En 1850 se iniciaba la Comisión Corográfica, que trabajaría hasta 1859 y produciría los primeros mapas del territorio colombiano con criterio verdaderamente científico, junto con descripciones de botánica, mineralogía y grupos humanos. Esta secuencia —Semanario, Acosta, Comisión Corográfica— no forma una cadena de causalidad estricta, pero sí un arco reconocible: cada eslabón amplía el anterior en escala, en método y en respaldo institucional.

En ese arco, la posición de Acosta es intermedia y transicional. No pertenece del todo al mundo del Semanario, con su erudición ilustrada y su carácter provinciano; tampoco al de la Comisión Corográfica, con su equipo profesional, su financiación estatal y su ambición sistemática. Acosta trabaja en el intervalo: publica solo, con recursos limitados, aprovechando redes personales, pero su horizonte ya no es el del Semanario. Piensa la publicación en París, la circulación internacional, la validación europea. Ocupa el lugar de un puente entre dos modos de producir conocimiento sobre el país.

La red de eruditos y coleccionistas neogranadinos activos hacia 1848-1860 —Ezequiel Uricoechea, José María Vergara y Vergara, José María Quijano Otero, este último con la mayor colección de libros antiguos entre los tres— completaba ese campo. Vergara y Vergara dirigiría El Mosaico, revista que publicaría avances de investigación bibliográfica y que consolidaría en los años sesenta una cultura impresa capaz de discutir el patrimonio documental del país. Acosta, muerto en 1852, no alcanzó a ver esa consolidación, pero fue su precursor: hizo, solo, lo que después haría toda una generación.

La herencia: Soledad Acosta de Samper

El legado más profundo de Acosta no fue institucional sino familiar, y esa transmisión tiene un nombre: Soledad Acosta de Samper (1833-1913), hija del general y de una madre inglesa. Formada primero en Halifax, Canadá, con su abuela materna, y luego en París, fluida en inglés y francés, se casaría con José María Samper y desarrollaría una obra vastísima que la sitúa como una de las figuras centrales de la prensa y la literatura colombianas del siglo XIX y como una de las primeras voces por la igualdad de género en el país. Su obra merece entrada propia y aquí solo interesa por su punto de contacto con la del padre.

Ese punto es doble. Por un lado, Soledad aprovechó los materiales y las lecturas heredados del general para sus novelas históricas ambientadas en el período colonial: el archivo reunido para el Compendio se prolongó, por vías inesperadas, en la ficción de la hija. Por otro, escribió la Biografía del General Joaquín Acosta, fuente primaria fundamental sobre la vida y actividades del general —sus intereses científicos, políticos y humanísticos, sus formaciones, sus contactos— y, a la vez, acto de continuidad intergeneracional. Al escribir la vida de su padre, Soledad hizo dos cosas: preservó el archivo material y simbólico que él había reunido, y desplazó el proyecto de la historiografía patriótica del militar-letrado hacia la literatura crítica de la escritora profesional.

La biografía tiene, además, una función estratégica que no debe pasarse por alto. Escrita por la hija, canoniza al padre bajo una imagen coherente y elevada; construye retrospectivamente la figura del general-sabio y organiza los materiales en un relato de vida que el propio Acosta no dejó escrito. Toda la historiografía posterior sobre el personaje ha trabajado con ese armazón, y solo lecturas más recientes empiezan a desmontarlo para ver dónde el militar aficionado a las humanidades ha sido convertido en enciclopedista trópico por la piedad filial. Que la fuente principal sea también un acto de amor y de reivindicación no la invalida; obliga, en cambio, a leerla como fuente y como construcción a la vez.

Ese desplazamiento es quizás el resultado más duradero del programa de Acosta. Su cartografía fue superada por Codazzi; su historiografía fue matizada, corregida y ampliada por generaciones posteriores; su labor diplomática cultural fue asumida por instituciones que después se profesionalizaron. Pero la transmisión intergeneracional a Soledad —el modelo del letrado comprometido con la memoria nacional, ejercido esta vez desde una posición de género y desde la literatura— sí perduró, y perduró convertido en algo distinto de lo que él había concebido.

Huella y disputa

La huella de Joaquín Acosta admite lecturas contrapuestas que hay que sostener juntas. Fue el fundador de la representación exterior culta del país: nadie antes que él intentó articular mapa, historia, reedición de Caldas y conexiones europeas dentro de una operación coherente. Ningún otro autor neogranadino de la primera mitad del siglo XIX asumió tanto en tan pocos años ni con tanta claridad estratégica sobre para quién estaba produciendo.

Fue, al mismo tiempo, un letrado aficionado con formación híbrida —esgrima, elocuencia, humanidades, algo de ciencia— cuyo rigor metodológico quedó rebasado casi de inmediato por la Comisión Corográfica y por la profesionalización historiográfica posterior. Su Compendio transmitió elementos de las crónicas con menos crítica de la que su propio método comparativo prometía; su mapa fue superado por los levantamientos científicos de Codazzi apenas dos años después de su publicación. La leyenda del sabio integral, del padre científico de la nación, no le hace justicia porque no describe lo que efectivamente hizo.

Lo que efectivamente hizo fue más modesto en el detalle y más importante en el conjunto: demostrar, con obras impresas y en circulación europea, que la Nueva Granada tenía un pasado documentable y una geografía cartografiable. Antes de él, esa demostración no existía. Después de él, la República podía apoyar sus proyectos científicos —empezando por la Comisión Corográfica— sobre la evidencia previa de que el trabajo era posible y tenía interlocutores europeos. En el paso del militar-patriota al letrado científico de la República, Acosta ocupa el lugar exacto de la transición: todavía general, ya escritor; todavía autodidacta en muchos frentes, ya autor de París; todavía dependiente de la validación de Humboldt, ya productor de una obra propia.

Su muerte en 1852, a los cincuenta y dos años, lo dejó fuera del gran despliegue de la Comisión Corográfica y de las guerras civiles de mediados de siglo. Le tocó, en cambio, ese momento breve y decisivo en que la República intentó por primera vez fabricarse un pasado y un territorio impresos. Que la operación quedara incompleta no la vuelve menor: la sitúa donde corresponde, como el primer intento serio de hacerse visible ante Europa por escrito, con todas las asimetrías y todas las promesas que ese primer intento arrastraba.

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Conexiones del archivo

Red histórica

05

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

21 documentos · 26 fragmentos
01Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · Páginas 71, 892 citas
[1]

apenas se escucha- ba mentar en el exterior y nadie sabía a qué territorio se refería en concreto, si incluía también a Venezuela y a Ecuador o si era el mismo que antes se conocía como Nueva Granada. Los primeros diplomáticos colombianos se pusieron en marcha para precisar informaciones geográficas y animar a fu-…

p. 71
[21]

Flor María Rodríguez-Arenas, “Josefa Ace- vedo de Gómez, modelos iniciales de la escritura femenina en el siglo xix en Colombia: El soldado y Angelina”, op. cit., pp. 109-132. Por otra parte, Josefa Acevedo de Gómez dejó inéditos otros escritos que se publicaron póstumamente: la Biografía del doctor Diego Fernández…

p. 89
02The Ideal of the Practical: Colombia's Struggle to Form a Technical EliteFrank Safford · 1976 · Página 3081 cita
[2]

Enri- que Morales R. and Abelardo Ramos, spent a year on an extended study tour in the United States and became con- verts to the "American school" of en- gineering (Luis Orjuela, "José Maria Davison," Anales de Ingeniería 12, no. 140 [November 1901]: 98-99; 13, no. 158 [April 1906]: 292). 34. James S. Easby-Smith,…

p. 308
03Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Página 1621 cita
[3]

indios y esclavos, fueron pasivos. A mediados de siglo Joaqu í n Acosta public ó unas Consideraciones sobre la historia del descubrimiento de la Nueva Granada (1846), que describ í an las culturas precolombinas. En la segunda mitad del siglo conserva dores como Jos é Manuel Groot hicieron una historia favorable de la…

p. 162
04Gran Enciclopedia de Colombia: Geografía 1Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Eufrasio Bernal Duffo, Melania Kowalewska (Textos complementarios) · 2007 · Páginas 12, 162 citas
[4]

ca- paz de transformarlo a su voluntad. El determinismo geografico cede el paso al ll 12 | Gran Enciclopedia de Colombia Mapa general de Colombia formado segin las observaciones e indagaciones astronémicas de Alexander von Humboldt, 1822. Este mapa, el mas conocido de Colombia hasta entonces, fue elaborado para…

p. 12
[6]

Roberto Dudley (1573-1649), quien en 1595 viajé a las Indias Occidentales y exploré las bocas del rio Orinoco. En 1605 se radicd en Florencia, donde edité y publicé mapas y trabajos geograficos. Esta l4mina del Nuevo Reino de Granada pertenece a la famosa obra Del arcano del Mare, gravada por el florentino Francesco…

p. 16
05Manual de arte del siglo XIX en ColombiaBeatriz González Aranda · 2017 · Página 2941 cita
[5]

de manera real más allá de la capital y participar en esa empresa de reconocimiento del terri- torio colombiano. La cátedra de paisaje que dictó indica que tenía expe- riencia en este género. El paisaje en Colombia había tenido una corta e interesante trayectoria. Los libros que Alexander von Humboldt había publicado…

p. 294
06¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · Página 621 cita
[7]

país a colaborar en la gu erra de independencia. Ahora, en tiempo de paz, Codazzi recorría el país acompañado de jóvenes neogranadinos para el levantamiento de mapas y la redacción de tratados de botánica, geografía, mineralogía y descripción de grupos humanos. Bajo esta empresa se desa rrollaron los primeros mapas…

p. 62
07Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoriaAna María Gómez Londoño (editora), Carl Henrik Langebaek Rueda, Jorge Augusto Gamboa Mendoza, Michael J. Francis, Marta Clemencia Herrera Ángel, François Correa Rubio, Óscar Guarín Martínez, Hermann Trimborn, Luis Fernando Restrepo, Mercedes López Rodríguez, Carlos Andrés Durán · 2005 · Página 1491 cita
[8]

antigua de la Nueva Granada a partir de la comparación entre las distintas crónicas sobre la conquista para poder “separar en ellas el grano de la paja” (Acosta, Historia 13). Su intención inicial fue que William Prescott, un renombrado historiador estadounidense que había escrito sen- das obras sobre la historia de…

p. 149
08Historia y nación. Tentativas de la escritura de la historia en ColombiaAlexander Betancourt Mendieta · 2020 · Páginas 8, 152 citas
[9]

a la corrección de los detalles la posibilidad de una labor crítica de su empresa historiográfica […]. Aun para sus contradictores, la de José Manuel Restrepo ha constituido hasta ahora un repertorio fijo e Historia inalterable de los hechos, susceptible solo de reacomodarse en una interpretación diferente. Esta es…

p. 8
[10]

los españoles en Chile” (1844)”, en Caracas, Ministerio de Educación, 1957, pp. 160-161 (Obras Obras completas, completas,). XIX Rafael Gómez, “José Manuel Restrepo, fundador de la República y padre de la historia moderna” (1963), op. cit,, pp. 4-14., p. 15. Ibid. Quizás por eso, el de José Manuel Restrepo solo vio la…

p. 15
09Historia de Colombia. La Gran Colombia II. Tomo 10Juan Salvat, Roberto García Rojas (directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico) · Páginas 89, 1042 citas
[11]

asombro de Humboldt. Dicha Mi- sion estuvo encabezada por Mariano Rivero, inge- niero de minas y quimico de origen peruano, e in- tegrada por el quimico Jean Baptiste Boussingault (quien luego seria director de la Academia de Ciencias de Paris), por el médico Desiré Roulin y por los natu- Talistas Jacques Bourdon y…

p. 89
[19]

econdémico, lo social y lo cultural, y ante un Estado en formacion, no bastaba con pregonar tales posibilidades, reno- vando solamente un discurso ideolégico acerca del valor que podrian llegar a tener la ciencia y la téc- nica modernas para el engrandecimiento nacional. Codazzi, Ancizar, Triana, Pérez y Paz…

p. 104
10Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · Página 1381 cita
[12]

dio más tiempo para ir a presentar sus respetos al hombre por el que había desviado su camino: José Celestino Mutis. La visita se alargó por dos meses. Mutis deleitaba a Humboldt con sus historias de Guatavita y las leyendas de El Dorado; con el recuento acerca de las dificultades técnicas de la extracción de sal en…

p. 138
11Memorias para la historia de la medicina en Santafé de BogotáPedro María Ibáñez · 2017 · Página 801 cita
[13]

primero que enseñó entre no- sotros el sistema de Copérnico, mirado como herejía por los frailes de la Colonia, los que no admitían que la tierra tuviera movimiento alguno. Sostuvo correspondencia con Linné, y este sabio le de- dicó varias plantas, conocida una con el nombre de mutisia, e hizo circular en el mundo…

p. 80
12Historias del arte en Colombia. Identidades, materialidades, migraciones y geografíasOlga Isabel Acosta Luna, Natalia Lozada Mendieta, Juanita Solano Roa · Página 5661 cita
[14]

Otero. El paisaje en Colombia: en busca de una existencia autónoma Con el paso de Alexander von Humboldt por América (1801-1804), así como la publicación de Vistas de las cordilleras y los monumentos de los pueblos de América (1810) y Cosmos: Ensayo de una descripción física del mundo (1845), se gestó un pensamiento…

p. 566
13The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · Páginas 353, 5412 citas
[15]

map— published later in Paris, with credit given to Caldas. Our extract is substantially incomplete for excluding the accompanying drawings —in a record that married scientific observation with literary ambition and the artistic effort of drawing and painting the landscape. As with the hundreds of color plates…

p. 541
[25]

will be sufficient to oblige us to violate our offer, however extraordinary and extreme the occasion you may give to provoke our wrath. Spaniards and Canary Islanders, you will die, though you be neutral, un- less you actively espouse the cause of America’s liberation. Americans, you will live, even if you have…

p. 353
14Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · Página 921 cita
[16]

use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. Gran Colombian Print Culture 74 As Vice President Santander expanded the public education sys- tem, men like Acevedo developed schoolbooks that would teach children about the wisdom of independence leaders and the tyr- anny of Spain. Acevedo reformulated Caldas’s…

p. 92
15Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de ColombiaRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); con colaboración de Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Fernán González, Margarita González, Alfredo Iriarte, entre otros · 1988 · Página 211 cita
[17]

Nueva Granada, le entregaron en Nueva York el 12 de mayo de 1832 las respec- tivas comunicaciones. De la del obispo José Maria Esteves, presidente de la Convencion, es pertinente copiar el siguiente parrafo: «Vuestro patriotismo, vuestros padecimientos por la libertad y el empeno que habéis tomado en sostenerla, aun…

p. 21
16La colonización antioqueña: una empresa de caminosEduardo Santa · 2016 · Página 1861 cita
[18]

llevarlos a cuestas. 85 Manuel Pombo, op. cit., págs. 76-77. 187 Lí ndidceaínelc ícbedrsptí Por supuesto, no fue este el caso del coronel Codazzi, tan esforzado y valeroso como ningún otro explorador y científico, que siempre daba ejemplo a sus acompañantes, aun a los más baquianos, de templanza de ánimo y de resis-…

p. 186
17Civilization and Violence: Regimes of Representation in Nineteenth-Century ColombiaCristina Rojas · 2002 · Página 1141 cita
[20]

P E R The experience of Soledad Acosta de Samper, a creole woman mem- ber of the literati, differed from that of Candelario Obeso. Her voice, as that of a white woman, lay on the border between creole men, non- creole women, and subaltern men. Her writing reflects the dilemmas and ambiguities of being subordinated…

p. 114
18Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · Página 401 cita
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el papel de los sexos, «deshaciendo la obra de la Providencia y haciendo desatinos por enmendar a Dios la plana». Durante el período conocido en la historia del país como «la hegemonía conserva- dora» de 1886 a 1930 no se presen- taron cambios en el estatus político de la mujer. Voces de mujeres y en favor de la mujer…

p. 40
19Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · Página 2251 cita
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Márquez, cinco pueden considerarse representativos de la producción literaria del país desde los inicios de la República, en el siglo XIX: el poeta José Eusebio Caro; la escritora Soledad Acosta de Samper, una de las primeras defensoras de la igualdad de género en Colombia; y el poeta José Asunción Silva; el novelista…

p. 225
20Narradoras en ColombiaCarmiña Navia Velasco · 2021 · Página 411 cita
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(Gómez Jaime, 1884, p. 120). Es como si la otra tradición perdiera su peligro y su amenaza al ser reinsertada en el tronco correcto. Igualmente, Frinea redefine su belleza en otros términos: en las primeras páginas, el orgullo que asoma en sus ojos, se convierte en las últimas, en morada de paz y de arrobo ante el…

p. 41
21Pensar el siglo XIX. Cultura, biopolítica y modernidad en ColombiaSantiago Castro-Gómez (ed.) · 2004 · Página 2241 cita
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a la nación en 1852 10. Se trataba de Ezequiel Uricoechea (1884-1880), quien traía de Europa, además de su libro sobre las Antigüedades neogranadinas (1854), otros proyectos como la edición de u n a mapoteca colombiana (1860) y la creación de u n a colección filológica sobre las lenguas aborígenes; José María Vergara…

p. 224