Manuel María Paz
Nueva Granada
1820–1902
La biografía
Manuel María Paz Delgado (Almaguer, hacia 1820 – 1902) fue el hombre que le dio cara a la Nueva Granada. Contratado en 1853 como ayudante de Agustín Codazzi en la Comisión Corográfica, dibujó buena parte de las acuarelas de tipos humanos, trajes y paisajes con que aquella empresa científica intentó fijar visualmente un país recién liberado de la esclavitud y todavía fragmentado por la herencia colonial. Su nombre suele aparecer como pie de página de Codazzi o de Manuel Ancízar, cuando en realidad la misma mano que trazó los mapas provinciales del segundo tramo de la Comisión levantó los cuerpos, los oficios y los rostros que hoy circulan como imagen canónica del siglo XIX colombiano. Comprender a Paz es comprender el pliegue exacto en que se tocaban, en la Nueva Granada, la cartografía y el retrato, la soberanía territorial y la etnografía de Estado.
Línea de vida
- 1820
Nacimiento en Almaguer
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Nació en Almaguer, viejo pueblo del sur del Cauca, hacia 1820. Su formación siguió el patrón del soldado-dibujante: la carrera militar como escuela técnica donde se combinaban dibujo topográfico, matemáticas aplicadas e ingeniería de fortificaciones.
- 1853
Contratación como ayudante de Codazzi
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Fue contratado por Agustín Codazzi como ayudante de la Comisión Corográfica a partir del 1 de mayo de 1853. Su vinculación fue conflictiva por la oposición del presidente José María Obando, pero Codazzi insistió y lo incorporó al equipo. El contrato lo obligaba a seguir al director en todos sus trabajos hasta fines de 1859, hacer láminas de trajes y paisajes, ayudar en la construcción de mapas, escribirlos y poner en limpio las descripciones e itinerarios.
- 1853
Inicio del segundo gran ciclo de recorridos corográficos
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Según los relatos internos de la Comisión, Paz participó desde el cuarto hasta el noveno recorrido, asumiendo el ciclo más maduro del proyecto. Recorrió el sur del Cauca, Popayán, Pasto, Barbacoas, el Chocó del Pacífico, Antioquia, los llanos del Casanare y el eje del Magdalena.
- 1855
Producción de acuarelas costumbristas y mapas provinciales
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Durante los recorridos intermedios, Paz ejecutó las acuarelas de tipos humanos —el boga del Magdalena, el minero del Chocó, el indio del Casanare, la mujer del mercado popayanejo— y trazó los mapas provinciales del segundo tramo de la Comisión, aportando la línea del río, el sombreado de la cordillera, la posición del pueblo y la caligrafía del topónimo.
- 1859
Cierre de la Comisión y fin del contrato
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El contrato de Paz terminaba a fines de 1859, el mismo año en que Codazzi murió de fiebre amarilla en la localidad de Espíritu Santo (hoy Codazzi). Con la muerte del director se cerró simultáneamente el ciclo de la Comisión y el papel institucional de Paz dentro de ella.
- 1902
Muerte
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Manuel María Paz falleció en 1902, habiendo sobrevivido más de cuatro décadas al cierre de la Comisión Corográfica, aunque el material disponible no detalla su actividad posterior a 1859.
- 1986
Publicación del corpus visual de la Comisión
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Las acuarelas de Paz, junto con las de Carmelo Fernández y Enrique Price, fueron reunidas en la publicación Acuarelas de la Comisión Corográfica: Colombia 1850–1859, editada por Litografía Arco en Bogotá en 1986, consolidando el corpus visual como imagen canónica del siglo XIX colombiano.
El almaguereño que llegó a la Comisión
Paz nació en Almaguer, viejo pueblo del sur del Cauca, hacia 1820, y su formación inicial siguió el patrón habitual de los hombres útiles de su generación: la carrera militar como escuela técnica. En los ejércitos que se estaban rehaciendo tras la Independencia, la promoción por mérito personal se había impuesto sobre las consideraciones familiares, y ello permitió que jóvenes de origen provinciano accedieran a saberes —dibujo topográfico, matemáticas aplicadas, ingeniería de fortificaciones— que combinaban la utilidad castrense con el ejercicio artístico. Ese perfil híbrido, el del soldado-dibujante, era una figura reconocible del período: José María Espinosa, veterano de la Independencia, lo encarnó dedicándose después a los retratos de próceres y a las batallas al óleo; Carmelo Fernández, otro de los grandes dibujantes de la Comisión, había publicado en 1845 en El Promotor de Caracas sus Lecciones de dibujo topográfico y enseñado matemáticas en la Academia Militar caraqueña antes de sumarse a las expediciones granadinas. Paz pertenecía a esa misma cepa: hombres para los que dibujar un fuerte, un tipo humano y un mapa eran variaciones de una sola destreza.
Cuando Codazzi lo incorporó en 1853, Paz llegaba con el oficio ya hecho. Su vinculación, sin embargo, no fue automática. El presidente José María Obando, que había asumido el poder el 1 de abril de 1853 con el respaldo de los draconianos frente a la candidatura del panameño Tomás Herrera preferida por los gólgotas, mantenía predilecciones y vetos personales que dificultaron la contratación. El material contractual y la memoria de la Comisión registran una incorporación conflictiva por la oposición del gobierno, resuelta solo por la insistencia del director italiano —militar de graduación, ingeniero de prestigio, con la carta política suficiente para imponerse—. El detalle importa: Paz entra al proyecto no como funcionario neutro, sino como una apuesta de Codazzi, quien lo eligió con conocimiento de causa y arriesgó capital político para tenerlo.
El contrato, firmado ese mismo año, estipulaba con precisión burocrática lo que se esperaba de él: seguir con el jefe de la Comisión en todos sus trabajos desde el 1 de mayo hasta fines de 1859; hacer las láminas de trajes y paisajes que Codazzi le indicara; ayudar en la construcción de los mapas; escribirlos y poner en limpio las descripciones y los itinerarios. Leído con atención, el documento dice dos cosas simultáneas y aparentemente contradictorias. Por un lado, subordina a Paz a la voluntad científica del director: las láminas son "indicadas", los mapas se "ayudan" a construir, las descripciones se ponen "en limpio". Por otro, concentra en una sola mano tareas que hoy tenderíamos a separar: la línea cartográfica, el cuerpo del habitante representado y la caligrafía del texto científico. En la práctica, Paz era el pulso final del que dependía el aspecto tangible del archivo corográfico.
La empresa a la que se sumó
Para pesar bien su papel hay que entender qué era la Comisión Corográfica y qué momento del país intentaba capturar. Establecida por la Ley 29 de 1849 durante la administración de José Hilario López —elegido tras la tormentosa sesión del Congreso del 7 de marzo de aquel año—, la Comisión respondía a un impulso mayor: el de un Estado liberal que abolía la esclavitud en 1851, suprimía monopolios, tocaba las estructuras eclesiásticas y buscaba, en el mismo movimiento, saber exactamente qué territorio y qué población gobernaba. Fue el primer intento científico institucional de alcance global en Colombia, la primera vez que el Estado asumió la responsabilidad de dotar con fondos y garantizar la permanencia de una empresa de conocimiento territorial.
Codazzi, coronel-ingeniero italiano nacido en 1792, ya había hecho el mismo trabajo en Venezuela y llegó a la Nueva Granada con el prestigio del hombre que había puesto a Venezuela sobre el mapa. Sus labores comenzaron en 1850 y se extendieron hasta 1859, año de su propia muerte por fiebre amarilla en la localidad de Espíritu Santo —hoy Codazzi—, agotado por las exploraciones. En esos nueve años el equipo recorrió buena parte del territorio nacional, con la notoria excepción de la vasta zona amazónica, casi equivalente en superficie al resto de la República. La empresa no fue serena: se desplegó en medio de la guerra civil de 1851, provocada por los conservadores contra las reformas de López y encabezada por Julio Arboleda en el Cauca, Eusebio Borrero en Antioquia y Pastor Ospina Rodríguez en Cundinamarca; y luego atravesó las turbulencias del gobierno de Obando, que caería el 21 de abril de 1854. La Comisión trabajaba, literalmente, entre ejércitos.
Paz llegó cuando la empresa ya estaba en marcha. Los relatos internos ubican su incorporación en el cuarto recorrido y sostienen que participó hasta el noveno, lo que significa que asumió el segundo gran ciclo de trabajos, el más maduro. Antes de él, Carmelo Fernández había sido el dibujante principal; Manuel Ancízar había levantado la crónica del norte publicada como Peregrinación de Alpha; el naturalista José Jerónimo Triana se había ocupado de la botánica y el geógrafo Felipe Pérez terminaría compilando y ordenando los materiales geográficos. Paz entró en un equipo con jerarquías y estilos ya establecidos, y su tarea fue heredar y continuar el registro visual que Fernández había inaugurado.
Los recorridos y las acuarelas
Del cuarto al noveno recorrido, Paz atravesó el país que le tocaba: el sur del Cauca que conocía de nacimiento, Popayán, Pasto, Barbacoas, el Chocó del Pacífico, Antioquia, los llanos del Casanare, el eje del Magdalena. La ruta no era un capricho estético sino la lógica misma de la Comisión: completar el levantamiento cartográfico de las provincias, describir sus recursos, censar sus poblaciones, registrar sus grupos humanos. Paz cargaba con papel, colores, instrumentos, y con el doble mandato de fijar el terreno en escala y de fijar a sus habitantes en tipo.
Sus acuarelas —hoy reunidas, junto con las de Fernández y Enrique Price, en el corpus editado en 1986 por Litografía Arco en Bogotá bajo el título Acuarelas de la Comisión Corográfica: Colombia 1850–1859— son piezas de pequeño formato, ejecutadas con la técnica que la Comisión adoptó como medio predominante. La elección de la acuarela no era obvia. Codazzi había invitado a Enrique Price a sumarse al equipo a finales de 1851, justo cuando este acababa de entregar el estudio fotográfico que había administrado en ausencia de Bennet; la Comisión contaba, pues, con hombres que dominaban la fotografía, tecnología que ya circulaba en Bogotá. Que se optara por la acuarela y no por el daguerrotipo dice algo sobre el estatuto del registro documental a mediados de siglo: la fotografía todavía no había ganado su autoridad como testimonio incuestionable, y el dibujo coloreado permitía, además, algo que la placa fotográfica no ofrecía —la composición deliberada, la síntesis de rasgos, la organización pedagógica de la escena.
Y aquí está el corazón del trabajo de Paz. Sus láminas no son instantáneas ni transcripciones inocentes de lo visto. Son escenas construidas, organizadas por el artista según convenciones que la propia Comisión estaba definiendo sobre la marcha: un tipo humano en primer plano, con su traje característico y su instrumento de oficio; un paisaje al fondo que ancla al personaje en una geografía; una composición pensada para leerse como muestra de una región y de un grupo. El boga del Magdalena, el minero del Chocó, el indio del Casanare, la mujer del mercado popayanejo: cada lámina es una tesis visual sobre lo que constituye la Nueva Granada como suma de sus partes.
Hay que decirlo sin retórica: Paz estaba haciendo costumbrismo de Estado. En los mismos años, Ramón Torres Méndez —maestro indiscutido del género en Colombia, nacido en 1809— venía produciendo desde 1848 sus series de láminas costumbristas en dibujos y acuarelas de pequeño formato, alrededor de 30 por 20 centímetros, que aparecían grabadas en la prensa nacional y extranjera. En la vertiente literaria, José María Vergara y Vergara fundaría El Mosaico el 24 de diciembre de 1858 y organizaría después el Museo de cuadros de costumbres, con Ricardo Silva y otros. Paz trabajaba en paralelo a ese movimiento, con procedimientos análogos —el tipo popular en su quehacer habitual, la mirada que oscila entre la ternura y la distancia— pero con una diferencia decisiva de destino: mientras Torres Méndez circulaba como arte impreso y ganaba visibilidad pública, las láminas de Paz iban a un archivo científico, subordinadas a un mandato cartográfico. El mismo gesto, distinto régimen de circulación.
Cartografía y escritura: la otra mitad del oficio
Sobredimensionar las acuarelas sería, sin embargo, traicionar al Paz completo. El contrato lo obligaba, con igual peso, a construir mapas y a poner en limpio las descripciones e itinerarios. En la práctica, Paz era el copista técnico y el dibujante cartográfico del equipo: quien pasaba a limpio los bosquejos de campo, quien trazaba las versiones finales de los mapas provinciales, quien caligrafiaba los itinerarios que iban al lomo del proyecto.
Este trabajo se inscribía en una tradición ya vieja. Francisco José de Caldas había publicado en el Semanario de 1809 sus ensayos geográficos y dibujado mapas del territorio; José Manuel Restrepo lo había acompañado en ese esfuerzo, complementando la cartografía de los ingenieros españoles del período colonial. Joaquín Acosta había publicado en 1847 un nuevo Mapa de la República de Nueva Granada dedicado al barón de Humboldt, y en 1848 su Compendio histórico del Descubrimiento y Colonización de la Nueva Granada en París, empeñado en dar a conocer el país en el exterior. La Comisión Corográfica venía a coronar y superar esa tradición individual: en vez de mapas de autor, un levantamiento institucional; en vez de esfuerzos parciales, la promesa de una carta general de la República. Codazzi hacía en la Nueva Granada lo que había hecho antes en Venezuela, con la ambición reconocida de un rigor cartográfico sin precedentes.
Paz ejecutaba materialmente esa ambición. Los mapas provinciales del segundo tramo llevan su pulso: la línea del río, el sombreado de la cordillera, la posición del pueblo, la caligrafía del topónimo. Es imposible separar en esos documentos la mano del ingeniero-director de la mano del dibujante-copista; funcionan como obra colectiva en el sentido más literal, y Paz aporta la superficie visible.
Su función escrituraria completa el cuadro. Poner en limpio los itinerarios y descripciones significaba manejar el archivo textual de la Comisión, saber leer las notas apresuradas de campo, transformarlas en prosa administrativa presentable, mantener la coherencia entre el mapa y su explicación. Los Apuntes de viaje de Santiago Pérez —publicados en El Neogranadino y El Tiempo de Bogotá en 1853, con anotaciones sobre la pobreza y la desatención de las poblaciones negras del Chocó tras la abolición— dan una idea del tipo de texto que Paz veía pasar por sus manos, y también del tono etnográfico con que la Comisión se aproximaba a los grupos que dibujaba.
La red: Codazzi, Ancízar, Price, Triana y los demás
Paz no operó en solitario ni fue una figura excéntrica dentro del equipo. Su red inmediata era la Comisión misma, con Codazzi como director indiscutido y con un grupo variable de colaboradores. Manuel Ancízar, escritor y diplomático, había firmado la Peregrinación de Alpha con la crónica del norte y marcaba el tono literario del proyecto. José Jerónimo Triana, botánico de formación, se encargaba del inventario vegetal y produciría después su gran obra sobre la flora colombiana. Felipe Pérez ordenaría los materiales geográficos en la compilación posterior. Santiago Pérez Manosalva —futuro presidente— firmaba las crónicas de viaje que se publicaban en la prensa. Enrique Price, hijo del músico Jorge Price y él mismo hombre de imagen y de sonido, había aportado su ojo desde 1851, antes de que Paz llegara.
Con Codazzi, Paz mantuvo la relación asimétrica que fija todo contrato de subordinación: el italiano era el jefe, dictaba qué se dibujaba y en qué escala, definía las rutas y jerarquizaba los materiales. Pero al leer el contrato con calma se descubre que la asimetría era menos absoluta de lo que sugiere el lenguaje jerárquico. Codazzi había peleado por tenerlo contra las predilecciones presidenciales; lo había elegido porque el trabajo requería a alguien de esa mano y con ese temple; y le confió, en los últimos años del proyecto, una parte sustantiva del registro visual que la Comisión iba a dejar como su legado más duradero. Cuando Codazzi murió en 1859, en el mismo año en que el contrato de Paz terminaba, se cerró simultáneamente el ciclo de la Comisión y el papel institucional de Paz dentro de ella.
Fuera del equipo, la red se ensanchaba hacia la cultura letrada bogotana y hacia los patrones políticos y militares que hacían viables las expediciones. Tomás Cipriano de Mosquera —expresidente, general, cartógrafo aficionado él mismo— era una figura de referencia obligada para cualquier proyecto geográfico del período. Los liberales draconianos y gólgotas, cuya división había cruzado el gobierno de Obando, seguían disputándose el sentido del Estado que la Comisión estaba retratando. Y detrás de todo, las guerras civiles —1851, 1854, y las que vendrían— fijaban el marco material dentro del cual el trabajo científico avanzaba a tramos.
Después de la Comisión
En 1859 se cerró el contrato, murió Codazzi y quedó pendiente lo más difícil: ordenar el archivo y publicar los resultados. Paz sobrevivió al director por más de cuatro décadas. Su vida posterior, aunque menos documentada que su etapa corográfica, muestra que siguió trabajando dentro del mismo campo: fue durante décadas una figura activa de la producción cartográfica y visual del país, y su nombre reaparece asociado a los esfuerzos por dar salida pública a los materiales acumulados. La compilación geográfica que preparó Felipe Pérez en los años inmediatamente siguientes y las cartas generales que se publicarían en la década de 1860 dependieron, en buena medida, del archivo material que Paz había ayudado a producir y que estaba en condiciones de continuar.
También en su obra posterior siguió el doble oficio: mapas y acuarelas, geografía y tipo humano. Falleció en 1902, ya en el umbral del siglo nuevo, después de haber vivido lo bastante para ver a la Nueva Granada convertirse sucesivamente en Confederación Granadina, Estados Unidos de Colombia y República de Colombia; para ver la Regeneración de Núñez y la Guerra de los Mil Días; para asistir a la transformación completa del país cuyo mapa había ayudado a levantar en su juventud.
La cuestión de la jerarquía
Hay una pregunta que la trayectoria de Paz vuelve inevitable: ¿por qué su nombre pesa tan poco en la memoria pública frente al de Codazzi, o incluso al de Ancízar? La respuesta fácil sería que fue un ayudante y no un director, un ejecutor y no un cerebro. Pero esa respuesta reproduce, sin examinarla, la jerarquía misma que el siglo XIX construyó y que conviene interrogar.
La cultura letrada decimonónica de la Nueva Granada reservaba la autoría intelectual a quien firmaba el texto o la idea rectora. El director científico —extranjero, ingeniero, oficial de grado— encarnaba la razón del proyecto; el dibujante, aun cuando fuera él quien materialmente produjera el objeto que la posteridad iba a leer como obra, quedaba en la penumbra del trabajo técnico. Era una jerarquía epistemológica, no solo administrativa: el saber técnico-artístico no contaba como producción intelectual autónoma, por más que sin él la producción intelectual autónoma no tuviera cuerpo tangible.
A esta jerarquía se sumó otra, la de los circuitos de circulación. Torres Méndez publicaba en prensa nacional y extranjera, sus láminas se grababan, se vendían, se coleccionaban como piezas artísticas. Las acuarelas de Paz iban al archivo de la Comisión, quedaban en carpetas oficiales, esperaban decenios para ser reeditadas. Cuando por fin salieron a circulación amplia con el volumen de Litografía Arco en 1986, ya pertenecían al patrimonio, no al mercado del arte vivo, y su recepción se orientó hacia el documento histórico más que hacia la obra visual. La doble condena —jerarquía disciplinaria y régimen de archivo— produjo el efecto acumulativo de la invisibilidad.
Reconocer esto no equivale a inventar un Paz genial que la historia hubiera injustamente olvidado. El material contractual es claro en un punto: las láminas eran "indicadas por Codazzi", y Paz operaba dentro de un mandato que limitaba estructuralmente su autonomía creativa. No fue un artista libre eligiendo qué pintar; fue un dibujante de proyecto trabajando bajo dirección científica. Pero dentro de ese margen —y el margen era considerable, pues nadie dictaba centímetro a centímetro el gesto de la mano— Paz ejerció una agencia visual insustituible. Escogió los ángulos, resolvió las composiciones, encontró el color, decidió el énfasis. La misma mano que trazaba el contorno de la provincia trazaba el rostro del habitante de esa provincia, y en esa coincidencia material se jugaba algo más grande que la simple ilustración: se estaba fabricando la imagen operativa de una nación.
La huella
Lo que queda de Paz es, primero, el archivo mismo: las acuarelas de la Comisión, hoy patrimonio de la Biblioteca Nacional y reproducidas en el volumen de 1986, siguen siendo la fuente visual dominante para imaginar la Nueva Granada del medio siglo XIX. Cada vez que un libro escolar, una exposición o un documental necesita mostrar cómo se vestía un boga, cómo mineraba un chocoano, cómo cargaba un indio del Casanare o cómo iba al mercado una campesina del Cauca, es a esas láminas a las que acude, aun cuando el crédito recaiga sobre "la Comisión Corográfica" en abstracto o sobre Codazzi como emblema.
Queda, en segundo lugar, la contribución cartográfica: los mapas provinciales del segundo tramo, la base material sobre la que Felipe Pérez y otros construirían las compilaciones geográficas posteriores, la línea que fijó por primera vez con criterio científico la forma de la República. Paz aportó a esto el pulso ejecutor y la caligrafía técnica; sin ese pulso, los levantamientos de Codazzi habrían quedado en libretas de campo.
Queda, por último, algo menos tangible pero no menos importante: el modelo de trabajo del artista-cartógrafo al servicio del Estado, que Paz encarnó con una duración y una consistencia difíciles de igualar en su generación. Ese modelo tendría descendencia en la ilustración científica, en la cartografía militar, en la fotografía documental de fin de siglo, en las expediciones oficiales del siglo XX. Paz pertenece a la genealogía de quienes hicieron visible al país para el país mismo.
Su nombre no encabezó ni encabeza los relatos canónicos del siglo XIX colombiano. Codazzi tiene un municipio y un mausoleo; Ancízar tiene un lugar seguro en la historia literaria; Triana da nombre a un género botánico. Paz tiene, en cambio, las láminas: cientos de rostros que la República mira todavía cuando quiere mirarse a sí misma en su siglo fundacional. Es una forma extraña de permanencia, casi anónima, pero radical. El país que hoy circula como imagen de mediados del XIX es, en no pequeña medida, el país que Manuel María Paz decidió pintar entre 1853 y 1859, mientras Codazzi le dictaba el itinerario y él componía, en silencio, la escena.
Conexiones del archivo
Red histórica
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
22 documentos · 27 fragmentos01La botánica en Colombia, hechos notables en su desarrolloSantiago Díaz Piedrahita · 2016 · Página 1261 cita
[1]mitad del siglo xix se produce una reforma universitaria, y como resultado de la misma se establece un Instituto de Ciencias Naturales, Físi - cas y Matemáticas a cuyo cuidado quedan el Observatorio Astronómico, el Jardín Botánico —de poco desarrollo—, el Laboratorio Químico Nacional y el Museo de Historia Natural de…
p. 126
02Gran Enciclopedia de Colombia: Geografía 1Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Eufrasio Bernal Duffo, Melania Kowalewska (Textos complementarios) · 2007 · Página 161 cita
[2]Roberto Dudley (1573-1649), quien en 1595 viajé a las Indias Occidentales y exploré las bocas del rio Orinoco. En 1605 se radicd en Florencia, donde edité y publicé mapas y trabajos geograficos. Esta l4mina del Nuevo Reino de Granada pertenece a la famosa obra Del arcano del Mare, gravada por el florentino Francesco…
p. 16
03¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · Página 621 cita
[3]país a colaborar en la gu erra de independencia. Ahora, en tiempo de paz, Codazzi recorría el país acompañado de jóvenes neogranadinos para el levantamiento de mapas y la redacción de tratados de botánica, geografía, mineralogía y descripción de grupos humanos. Bajo esta empresa se desa rrollaron los primeros mapas…
p. 62
04Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Página 1471 cita
[4]] general José Hilario López (1798-1869) fue elegido presidente de la Nueva Gra- nada, tras una tormentosa sesión del Congreso el 7 de marzo de 1849, para el período 1848- 1853. Durante su mandato, y bajo la coordinación del secretario de Hacienda, Manuel Murillo Toro (1816-1880), se concretaron bue- na parte de las…
p. 147
05Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · Páginas 79, 832 citas
[5]que tanto bien hizo a la nación bajo la orienta- ción del italiano Agustín Codazzi; se firmó el contrato definitivo para la construcción del fe- rrocarril de Panamá. Como se indicó en otro lugar, el partido conservador, teniendo de fondo el disgusto por la autoderrota del 7 de marzo, decidió iniciar un movimiento…
p. 79
[26]describe Cordovez Moure, testigo directo del arribo del caudillo caucano, la entrada que éste hizo acompañado de algunos jinetes: "En medio de éstos venía uno montado en mula trotona, cubierta la cabeza con som- brero alón de paja, pobremente vestido, con botas altas, que denotaban luengos años de ser- vicio, cara…
p. 83
06Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · Páginas 21, 1292 citas
[6]tidos conservador y liberal, y unos afos de agitadas controversias politicas, econdémicas y religiosas, pues se consideraba necesario luchar con denuedo para acabar de manera definitiva con el orden co- lonial. Pero también favorecié la cultura, con la or- ganizacion de la Comisién Corografica, dirigida por el coronel…
p. 21
[22]contertulios. De ella nace la publicacién del mismo nombre y el hoy tesoro inapreciable del «Museo de cuadros de costumbres», uno de cuyos mayores impulsores, editor, alma y genio fue José Maria Vergara y Vergara (1831-1872), figura de las mas queridas por aquellos dias, tanto por la activi- dad, las ideas y…
p. 129
07Historia de Colombia. La Gran Colombia II. Tomo 10Juan Salvat, Roberto García Rojas (directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico) · Página 1041 cita
[7]econdémico, lo social y lo cultural, y ante un Estado en formacion, no bastaba con pregonar tales posibilidades, reno- vando solamente un discurso ideolégico acerca del valor que podrian llegar a tener la ciencia y la téc- nica modernas para el engrandecimiento nacional. Codazzi, Ancizar, Triana, Pérez y Paz…
p. 104
08Manual de arte del siglo XIX en ColombiaBeatriz González Aranda · 2017 · Páginas 275, 3002 citas
[8]mismo año. 301 M ín d ic erc icd stadó oto cí Códóuyt El pintor desde el cuarto hasta el noveno recorrido Como se ha visto, su vinculación a la Comisión fue con- flictiva, debido a la oposición y predilecciones del presi- dente de la República José María Obando. Sin embargo, triunfó Codazzi, quien logró contratarlo en…
p. 300
[13]se ajustan más a Fernández que al pintor y litógrafo Celestino Martí- nez: el dibujo topográfico, la perspectiva y otras materias 276 B índic Gercst c Adíraí afines habían sido practicadas por el primero desde sus inicios como militar. Tres años antes (1845), Fernández había anunciado en El Promotor, de Caracas, su…
p. 275
09Historias del arte en Colombia. Identidades, materialidades, migraciones y geografíasOlga Isabel Acosta Luna, Natalia Lozada Mendieta, Juanita Solano Roa · Página 3581 cita
[9]aproximadamente nueve meses, hasta que Bennet regresó a Colombia y asumió nuevamente su papel como dueño del gabinete fotográfico⁸. A finales de 1851, justo después de entregar el estudio fotográfico, Codazzi invitó a Price a unirse a la Comisión Corográfica. Aunque resulta comprensible que la acuarela haya sido el…
p. 358
10Civilization and Violence: Regimes of Representation in Nineteenth-Century ColombiaCristina Rojas · 2002 · Página 2361 cita
[10]“La Miseria en Bogotá,” 95. 73. Acuarelas de la Comisión Corográfica: Colombia 1850 – 1859 (Bogo- tá: Litografía Arco, 1986). 74. “Los Democráticos” (Bogotá, August 6, 1854), reprinted in Carmen Escobar, La Revolución Liberal y la Protesta del Artesanado (Bogotá: Fun- dación Universitaria Autónoma de Colombia, 1990),…
p. 236
11Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · Página 4181 cita
[11]adoro la libertad, dice el poeta que seguidamente se esfuerza por librarse de su sentimiento de culpa añadiendo /n o basta a mi conciencia no ser yo quien te niega ese tesoro. En los escritos de la Comisión Corográfica lo que quedó inscrito (Restrepo, 1984) fue una visión de la situación social del negro poco después…
p. 418
12Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · Página 831 cita
[12]espacio cerrado, no se trata de una escena callejera que es pintada para luego ser pasada al grabado, sino de una composición pensada como un ejercicio estético. Si tomáramos solo la imagen del grabado del campesino, podríamos pensar que se trata de un reflejo de la realidad cotidiana, pero al verla a la luz de la…
p. 83
13Memorias de un abanderadoJosé María Espinosa · 2016 · Página 2442 citas
[14]de mi trabajo. Él me instó a que desistiese de esta idea que me haría truncar mi carrera, pero yo le dije que ya veía libre a mi patria, por la cual había hecho sacrificios y peleado para defenderla, y que otros debían continuar sirviéndola. Y en efecto, llevé a cabo mi propósito consagrándome desde entonces a mi…
p. 244
[15]de mi trabajo. Él me instó a que desistiese de esta idea que me haría truncar mi carrera, pero yo le dije que ya veía libre a mi patria, por la cual había hecho sacrificios y peleado para defenderla, y que otros debían continuar sirviéndola. Y en efecto, llevé a cabo mi propósito consagrándome desde entonces a mi…
p. 244
14Repúblicas en armas. Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · Página 1871 cita
[16]obtenida gracias a la pertenencia al mundo de los patricios, de la parte más sana de la sanior pars. Pero esta lógica que le cierra la carrera a eventuales hombres nuevos, parece cada vez más débil después del comienzo de las operaciones. Las cualidades personales y las técnicas le sacan ventaja a las consideraciones…
p. 187
15Repúblicas en armas: Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · Página 1871 cita
[17]obtenida gracias a la pertenencia al mundo de los patricios, de la parte más sana de la sanior pars. Pero esta lógica que le cierra la carrera a eventuales hombres nuevos, parece cada vez más débil después del comienzo de las operaciones. Las cualidades personales y las técnicas le sacan ventaja a las consideraciones…
p. 187
16Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Página 1621 cita
[18]indios y esclavos, fueron pasivos. A mediados de siglo Joaqu í n Acosta public ó unas Consideraciones sobre la historia del descubrimiento de la Nueva Granada (1846), que describ í an las culturas precolombinas. En la segunda mitad del siglo conserva dores como Jos é Manuel Groot hicieron una historia favorable de la…
p. 162
17La colonización antioqueña: una empresa de caminosEduardo Santa · 2016 · Página 1861 cita
[19]llevarlos a cuestas. 85 Manuel Pombo, op. cit., págs. 76-77. 187 Lí ndidceaínelc ícbedrsptí Por supuesto, no fue este el caso del coronel Codazzi, tan esforzado y valeroso como ningún otro explorador y científico, que siempre daba ejemplo a sus acompañantes, aun a los más baquianos, de templanza de ánimo y de resis-…
p. 186
18Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · Páginas 71, 802 citas
[20]apenas se escucha- ba mentar en el exterior y nadie sabía a qué territorio se refería en concreto, si incluía también a Venezuela y a Ecuador o si era el mismo que antes se conocía como Nueva Granada. Los primeros diplomáticos colombianos se pusieron en marcha para precisar informaciones geográficas y animar a fu-…
p. 71
[23]y mucho tono. 20 El paternalismo político se quedaba sin piso porque la ciudad crecía y se expandía, al punto que sus habitantes dejaban de conocerse y se volvían extraños entre sí. De ahí que en varios cuadros de costumbres renaciera el género de la picaresca, netamente urbano. Uno de los primeros pícaros ci- tadinos…
p. 80
19Historia de Colombia. La República de Colombia IISalvat Editores (Juan Salvat, Roberto García Rojas, directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico); con colaboraciones de Arturo Alape, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Marco Palacios, Álvaro Tirado Mejía, entre otros · 1986 · Página 1101 cita
[21]encargo), pues de esa €poca, y de anos posteriores, se conservan buenas muestras de su talento como caricaturista y dibujante. En este campo, como ya senalamos, reside la grandeza del pintor, intérprete avisado y tierno, burlén a veces, de la sociedad en que le tocé vivir. Ramé6n Torres Méndez (1809-1885) EI maestro…
p. 110
20Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · Página 1751 cita
[24]Paz, or “peace initiative,” in the 1980s. The sculpture is a clear reminder of the direct link between art and politics in Colombia. An exemplary and unique visual record of Colombia’s tropical flora, fauna, and topographical beauty is seen in the drawings of a Spanish physi- cian, José Celestino Mutis, who arrived in…
p. 175
21Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · Página 1761 cita
[25]Llanos, en 1557 Asensio de Salinas a Victoria, en 1560 Luis Lancheros a Trinidad de los Muzos y Francisco Martínez de Ospina a Remedios, y en 1561 Antonio de Toledo fundó a La Palma. 1 BIBLIOGRAFÍA Abreviaturas ACHSC: Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura (Bogotá) AEA: Anuario de Estudios Americanos…
p. 176
22Historia doble de la Costa. Tomo 2: El Presidente NietoOrlando Fals Borda · 2002 · Página 2081 cita
[27]43. 53, 55. Sobre la crisis de la Sociedad Democrática de Cartagena en 1849- 1850: La Democracia (Cartagena), No. 3, 20 de abril, 1849 y No. 5, 10 de mayo. 1849; El Porvenir (Cartagena). No. 25, 5 de marzo, 1850 y No. 29, 15 de abril, 1850. (Colección de la Biblioteca Nacional). Viaje de Obando a la Costa, almuerzo en…
p. 208