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Idea transversal

Frontera interna

La frontera interna es el dispositivo histórico mediante el cual el Estado colombiano y los grupos económicos dominantes han declarado disponibles —como baldíos, vacíos o colonizables— territorios ya habitados, produciendo ciclos de colonización, despojo, extractivismo y conflicto armado desde el siglo XIX hasta hoy.

5.002 palabras64 documentos70 fragmentos citados
Frontera interna

Trayectoria de una idea

  1. 1789

    Memorial fundacional de la colonización antioqueña

  2. 1827

    Inicio de las adjudicaciones republicanas de baldíos

  3. 1850

    Reformas liberales y disolución de resguardos indígenas

  4. 1874

    Ley 61: reconocimiento jurídico del colono cultivador

  5. 1900

    Balance del siglo XIX: 1.872.707 hectáreas adjudicadas

  6. 1924

    Publicación de La vorágine: denuncia literaria del extractivismo amazónico

  7. 1936

    Ley 200 y reforma agraria liberal

  8. 1948

    La Violencia y la exportación del conflicto agrario a la frontera

  9. 1955

    Colonización armada desde el Tolima hacia el piedemonte oriental

  10. 1970

    Censo Agropecuario: el latifundio absorbe la nueva frontera

  11. 1993

    Ley 70: reconocimiento de la propiedad colectiva de comunidades negras

03

La lectura

La frontera interna colombiana no es una geografía sino una operación de poder: el acto repetido, desde la Colonia hasta hoy, de declarar vacío lo que está habitado y disponible lo que tiene dueños. Su historia es la de una paradoja persistente: el Estado llega a esas regiones no para proteger a quienes las abren, sino para formalizar la apropiación de quienes llegan después. La 'ley de tres pasos' —colono, contratista, terrateniente— resume un siglo y medio de política agraria más fielmente que cualquier decreto. Las bonanzas extractivas —quina, caucho, coca— repiten la misma gramática: demanda externa, trabajo forzado o precario, devastación del ecosistema, abandono. Y cuando el conflicto armado encontró en esas zonas su base social, no fue por azar: la ausencia de justicia, la concentración de la tierra y la violencia del despojo habían preparado el terreno. Reconocer la frontera interna como concepto es reconocer que el mapa de la guerra colombiana y el mapa del latifundio son, en lo esencial, el mismo mapa.

En Colombia, la frontera interna nombra el territorio que el Estado y los grupos económicos dominantes han declarado disponible: baldío, vacío, salvaje, colonizable. No es una línea que separe naciones sino un dispositivo que produce espacios legibles para la tributación, la titulación y la extracción, allí donde ya vivían pueblos indígenas, cimarrones o campesinos sin papel de dominio. La historia de esa frontera —de las adjudicaciones republicanas del siglo XIX a las cocaleras del Guaviare— explica por qué el conflicto armado, las bonanzas extractivas y la deforestación han terminado dibujándose una y otra vez sobre los mismos mapas: los Llanos, la Amazonía, el Chocó, el Magdalena Medio, el piedemonte de la cordillera Oriental. Lo que se corre no es la civilización sobre lo salvaje; lo que se corre es una manera de gobernar el territorio.

El concepto y su genealogía

La categoría de frontera como motor de historia entró al pensamiento americano por Frederick Jackson Turner, cuya lectura del Oeste estadounidense hizo escuela. Pero su traslado a América hispana fue temprano y crítico. En 1923, el peruano Victor Andrés Belaúnde concluyó que en América española la frontera turneriana era rara: los Andes ofrecían obstáculos insuperables entre las tierras pobladas y la cuenca amazónica, muy distintos a las suaves Allegheny que en Estados Unidos permitieron el goteo continuo hacia el oeste. La geografía imponía otra política: aquí la frontera no fue un horizonte de pequeños propietarios sino un problema de acceso, cordillera y selva.

En la historiografía colombiana el concepto ganó densidad por dos vías. James J. Parsons, con su obra sobre la colonización antioqueña publicada hacia 1949, fijó un modelo —el del avance minero y campesino hacia el sur sobre la cordillera Central— que se volvió lente casi obligatorio para leer el siglo XIX regional. Hermes Tovar Pinzón, más adelante, introdujo una distinción decisiva: frontera cerrada, la de las tierras comunitarias indígenas en zonas de antiguo asentamiento, y frontera abierta, la de los baldíos donde blancos y libres pobres empujaban por tierra. En ambas, la fuerza motriz era la misma presión social: hombres sin tierra buscando tierras sin hombres, primero bajo la lógica borbónica de encuadrar población en el Estado, luego bajo la lógica republicana de la adjudicación.

De ese cruce —Turner leído desde Belaúnde, Parsons leído desde Tovar— nace el uso colombiano del término. La palabra frontera aquí no evoca praderas sino selva, piedemonte, ciénaga; no colono con arado sino colono con hacha y machete; no homestead sino baldío.

Los baldíos como matriz jurídica

La república heredó del imperio la ficción de que el territorio no titulado pertenecía a la nación, y de esa ficción hizo su principal recurso fiscal y político. Entre 1827 y 1900 se adjudicaron cerca de 1.872.707 hectáreas de baldíos en 1.132 títulos, y el patrón fue inequívoco: en el primer tramo, hasta 1869, los predios de más de 5.000 hectáreas acumularon alrededor del 75% del área adjudicada; en el tramo siguiente, hasta 1900, esa proporción bajó a cerca del 48%. La caída no fue casual. La Ley 61 de 1874 admitió sin ambages que el cultivador podía adjudicarse el baldío que trabajaba, y ese giro —del sistema de colonización organizada por empresarios al reconocimiento del colono suelto— mejoró la posición jurídica de quien había abierto monte con sus manos.

Aun así, entre la ley y el título mediaba lo que la práctica registró como una ley de tres pasos. El colono tumbaba monte, sembraba y levantaba el rancho; un contratista o finquero le compraba las mejoras a precio de hambre; un gran terrateniente absorbía después el terreno ya habilitado. Al final del ciclo, quien más había puesto —trabajo, salud, familia— salía con la menor parte, y la gran propiedad se ensanchaba a costos monetarios extraordinariamente bajos. Ese circuito, más que la letra de la norma, explica la persistencia latifundista.

La República liberal de los años treinta intentó romperlo. Entre 1930 y 1946 las adjudicaciones inferiores a 20 hectáreas subieron al 13% del área total, y las medianas —hasta 1.000 hectáreas— al 55%, corrigiendo el sesgo hacia las grandes extensiones. La Ley 200 de 1936, columna del reformismo de López Pumarejo, buscó darle sustento a la función social de la propiedad. Pero, como observó Alejandro Reyes Posada en 1976, buena parte de los títulos de fincas superiores a 500 hectáreas que circularon después de esa ley eran sentencias judiciales de pertenencia obtenidas ante jueces civiles: la formalización siguió su curso, ahora por la puerta del estrado.

El Censo Nacional Agropecuario de 1970-71 mostró que el patrón no se había roto. Entre 1960 y 1970, las explotaciones de más de 500 hectáreas aumentaron su superficie en unos 3,6 millones de hectáreas, absorbiendo la porción mayor del crecimiento de la frontera agrícola; en el mismo período, las explotaciones de menos de 10 hectáreas perdieron netos cerca de 170.000 hectáreas. La aritmética del baldío, contada durante siglo y medio, arroja la misma dirección: la frontera abre, el latifundio cierra.

Toda esta historia dejó archivo. La Correspondencia de Baldíos de Colombia, entre 1830 y 1930, reúne las comunicaciones sobre tierras de dominio público que subían desde las localidades rurales al gobierno nacional: solicitudes de concesión, informes de agrimensores, peticiones de colonos que describen —a veces con letra torpe, casi siempre con precisión geográfica— sus condiciones de vida. Es el reverso documental de la ley: la voz del que abrió monte llegando, muchas veces sin éxito, a la mesa donde se firmaba el título.

La colonización antioqueña y la fábrica del café

Ningún proceso ha marcado tanto el imaginario colombiano de la frontera interna como la colonización antioqueña. Su punto de partida fue humilde: un memorial de 1789 ya documenta el impulso, y a lo largo del siglo XIX el movimiento se autogeneró en oleadas, con altibajos, sobre las laderas de la cordillera Central y las orientales de la cordillera Occidental, al sur de Medellín. Los protagonistas fueron mineros desilusionados —el oro dejaba menos de lo prometido— y agricultores que buscaban mejores tierras.

Entre ellos, los mazamorreros. Mineros independientes, en su mayoría descendientes de esclavos o mestizos, con quizá una tercera parte mujeres, trabajaban sin capital ni maquinaria, con batea y paciencia; se estima que extrajeron cerca de una cuarta parte del oro exportado desde Antioquia durante el siglo XIX. Ese sector, forjado en la autonomía del trabajo minero, encontró en la colonización una salida cuando la mina rendía poco.

La burguesía comercial de Medellín no observó de lejos. Compañías colonizadoras y constructoras de caminos actuaron como palancas del proceso; los comerciantes promovieron el café como cultivo comercial en las laderas recién abiertas, apostando por un producto que ligara la nueva frontera al comercio de exportación. Ese cálculo cimentó lo que después se llamaría el eje cafetero, y su carga simbólica fue tan poderosa que la versión antioqueña —arriero, hacha, familia, iglesia, cafetal— terminó eclipsando otras.

Porque no todo el occidente colonizado fue antioqueño. En el Quindío, algunos estudios describen un patrón más igualitario, con colonos venidos de varias regiones. Trabajos revisionistas sobre Risaralda, Quindío y el Valle del Cauca han insistido en esta heterogeneidad, cuestionando la preponderancia antioqueña; su circulación, sin embargo, ha sido restringida, y no han logrado desplazar del centro del relato al modelo fijado por Parsons. La colonización antioqueña quedó como el mito historiográfico dominante, no porque haya sido la única, sino porque su literatura fue la primera y la más leída.

La gran expropiación silenciosa: resguardos, comunidades y desamortización

La producción de la frontera exigía otra operación previa: desmontar las formas colectivas de propiedad. La disolución de los resguardos indígenas fue gradual y calculada. Su enajenación libre se demoró hasta 1832, con prohibición de venta por diez años; solo con las reformas liberales de 1850, bajo el gobierno de José Hilario López, indígenas y ciudadanos pudieron poseer y enajenar sin restricción esas tierras. La consecuencia fue previsible: parcelas comunitarias que habían sostenido pueblos enteros pasaron —por presión, deuda, engaño o compra a bajo precio— a manos de vecinos con más recursos.

La resistencia no faltó. Los paeces del alto Cauca opusieron a las disposiciones desamortizadoras un repertorio completo: protestas violentas, dilaciones legales, resistencia pasiva y negociación, para conservar tierras comunitarias y recursos naturales. Esa combinación —usar el derecho estatal, boicotear su aplicación y sostener el uso comunal— sería la matriz de largas luchas indígenas posteriores.

Detrás del andamiaje jurídico latía una concepción más antigua: la de que los territorios de indios y de negros eran, en el fondo, baldíos disponibles para el desarrollo. Ese legado colonial atravesó la República y se prolongó en la práctica administrativa, en la cartografía y en las políticas de titulación. Solo con la Constitución de 1991 —artículo transitorio 55— y la Ley 70 de 1993 se reconoció que la propiedad en territorios de grupos indígenas y de comunidades negras es comunitaria, inalienable, inembargable e imprescriptible: no se puede vender, gravar, expropiar ni someter a limitaciones de dominio. Pero el mismo Estado se reservó el subsuelo, sobre el que ejerce derecho de explotación —hidrocarburos, minerales— ignorando o esquivando otros derechos reconocidos en la Carta y en convenios internacionales.

La contradicción es visible en el norte del Cauca, donde la reglamentación de las entidades territoriales indígenas y los territorios de comunidades negras ha generado conflictos entre unos y otros, sobre tierras que las comunidades negras trabajaban desde el derrumbe de las haciendas esclavistas en el siglo XIX. En esos pleitos, líderes negros han invocado títulos coloniales, argumentando que anteceden y superan a los republicanos, apelando a la obligación constitucional de clarificarlos. La frontera interna se revela así en su doble filo: es el mecanismo que despojó y es también, ahora, el terreno donde los despojados reclaman.

Las bonanzas seriales: quina, caucho y el modelo de enclave

Antes de que la frontera fuera coca, fue quina, caucho, tagua, pieles, plumas, zarzaparrilla, maderas finas. Las regiones marginales —Amazonía, Orinoquia, Chocó, Magdalena Medio— se integraron a los circuitos económicos nacionales e internacionales por la vía del enclave extractivo: rachas breves, altísima demanda externa, mano de obra coaccionada, escasa infraestructura duradera, desmantelamiento del ecosistema. Tras el Dorado vinieron las maderas y las quinas; luego el caucho; hoy las esmeraldas, el oro, el petróleo, el carbón, la marihuana, la coca, la amapola, los agrocombustibles. El listado cambia; la lógica no.

En la Amazonía, la fase más brutal fue la del caucho. La Casa Arana, empresa peruana que operaba entre el Putumayo y el Caquetá desde comienzos del siglo XX, sometió a los pueblos indígenas a una violencia sistemática: despojo, expulsión, esclavitud, tortura, asesinato, exterminio. Sus agentes obligaban a los indígenas a trabajar sin descanso, les robaban cosechas, mujeres e hijos, los azotaban hasta dejarles los huesos al aire y los quemaban con parafina para diversión de los empleados. El pueblo Murui —Uitoto— fue una de las víctimas mayores; su huida hacia el río Caquetá, donde hizo las paces con los Koreguaje, es apenas uno entre muchos casos de recomposición territorial y étnica forzada por el hambre de caucho.

Contra ese sistema alzó la voz José Eustasio Rivera. Denunció ante el Congreso colombiano las prácticas esclavistas de los caucheros transnacionales; encontró indiferencia parlamentaria. De esa frustración nació la decisión de traducir la denuncia a novela. La vorágine, publicada en 1924, es a la vez diario de poeta, crónica de viaje, libro de aventuras, novela terrígena y alegato: por eso su carga política ha resistido un siglo de lecturas cambiantes.

La literatura de la selva, sin embargo, no siempre acompañó la denuncia. Como lo señaló Juan Friede, la destrucción de la quina, el caucho y las maderas preciosas fue narrada en la prosa oficial y en buena parte de la ficción no como criminal despilfarro del patrimonio nacional, sino como heroica lucha del hombre con la naturaleza, encubriendo las condiciones económicas y políticas impuestas desde las sierras y las costas. Ese marco discursivo —"vencer la selva"— orientó la política de los gobiernos y sigue haciéndolo. La derrota biológica del hombre frente a un medio hostil, tópico repetido en novela y ensayo, ocultó lo que era una derrota humana ante un régimen de explotación.

Algo análogo ocurrió con el Chocó. Desde el período colonial, la región fue percibida y explotada como enclave aurífero de la Corona, con mano de obra indígena forzada y luego africana esclavizada. La producción narrativa posterior —de la crónica al informe oficial— fabricó espacios en blanco: la región como espacio de exploración, como espacio "desarrollizable" y como espacio para la deradicación de sus habitantes. Esas imágenes, con notable continuidad desde la Colonia hasta hoy, legitimaron el desarraigo y el saqueo, y siguen operando en las formulaciones contemporáneas de ordenamiento territorial.

La Violencia y la exportación del conflicto agrario

La Violencia —fechada convencionalmente entre 1948 y 1958— fue el gran laboratorio donde el problema no resuelto de la tierra estalló en guerra civil. Sus cifras siguen en debate. El libro fundacional de Germán Guzmán, Orlando Fals Borda y Eduardo Umaña Luna, La violencia en Colombia (1962), estableció 134.820 muertes para el período y elevó la estimación a unas 200.000 sumando heridos y desplazados que murieron después; un estudio econométrico de 2019 recalcula el rango entre 39.142 y 57.737 víctimas mortales. Los desplazados fueron, según las estimaciones tradicionales, más de dos millones —cifra también cuestionada, pero aún referencia común.

Lo cierto es que la guerra rehizo el mapa rural. Los campesinos perdieron al menos 393.648 parcelas, concentradas en Valle del Cauca, Tolima, Cundinamarca, Caldas y Santander —zonas donde ya venían chocando hacendados y colonos—. Ese despojo alimentó dos rutas simultáneas: la migración a las grandes ciudades —Bogotá, Cali, Medellín se hincharon en pocos años— y la colonización espontánea de tierras más allá de la frontera agrícola, en el piedemonte oriental, el Magdalena Medio, el sur de Córdoba y otras periferias. La frontera interna funcionó como válvula de escape del conflicto agrario. No lo resolvió: lo desplazó.

En el oriente tolimense, particularmente en Villarrica, grupos armados campesinos mantuvieron su estructura de autodefensa pese a la amnistía ofrecida por el general Gustavo Rojas Pinilla. A mediados de 1955, el gobierno declaró la zona bajo operaciones militares —zonas rojas— y aplicó una política de tierra arrasada, con bombardeos y ametrallamientos que forzaron el éxodo. Parte de esos campesinos marchó hacia zonas de colonización como el Ariari. En 1953, otra oleada de expulsados por el Ejército abrió camino desde el Caquetá hacia la Sierra de La Macarena, y el Partido Comunista Colombiano organizó columnas de marcha para acompañar y encuadrar esas colonizaciones.

Nicolás Buenaventura, intelectual del PCC, formuló temprano la trenza entre destierro, colonización y organización armada. En 1962 escribió que la colonización y la lucha de autodefensa armada se habían entrelazado multitud de veces, anticipando en treinta años el concepto —acuñado formalmente hacia 1992— de colonización armada. Con las FARC, surgidas en ese contexto y proyectadas al oriente y al sur, la frontera interna se volvió, de manera más nítida, escenario por antonomasia de guerrillas y contraguerrillas, marcada por la ausencia, parcialidad o incompetencia de la administración de justicia y la policía.

Coca, ganadería y el conflicto contemporáneo

Desde los años ochenta, la economía de la coca reorganizó la frontera. En zonas de colonización reciente —Caquetá, Putumayo, Guaviare, sur de Meta, Catatumbo—, las guerrillas, y en particular las FARC, encontraron una oportunidad al controlar el eslabón competitivo del narcotráfico correspondiente a la producción campesina de hoja, pasta y base. En esas áreas actuaron como reguladores de derechos de propiedad, de transacciones y de precios: administraban una economía real donde el Estado, si aparecía, lo hacía en forma de fumigación o de operación militar.

El fenómeno tuvo bases sociales. Los colonos pobres —muchos hijos o nietos de los desplazados de La Violencia y de las oleadas de estrechez agraria de los años sesenta y setenta— vieron en la coca una salida a la asfixia económica de una frontera donde la vía era mala, el crédito no llegaba y el mercado legal era una promesa lejana. Las colonizaciones dirigidas del Frente Nacional no lograron reducir la concentración de la tierra en el interior del país, y las periferias —muchas veces sin acompañamiento estatal efectivo— se convirtieron en el reverso de esa reforma fallida.

En paralelo, la política de titulación de baldíos consolidó, sobre todo en los Llanos Orientales, una clase ganadera que resultó fundamental en el auge del paramilitarismo. La frontera de la ganadería extensiva y la frontera del narcotráfico terminaron superpuestas, y sobre ellas se libró la guerra más cruda del cambio de siglo. La deforestación fue el subproducto material más visible: departamentos como Caquetá y Putumayo perdieron grandes extensiones de bosque convertidas en fincas, en un proceso donde colonización espontánea, colonización forzada por la violencia y ganaderización se retroalimentaron.

Un rasgo se repite: la llamada "ausencia del Estado" es paradójica. En estas regiones, el Estado ha estado presente históricamente en su faceta extractiva —caucheras, petroleras, madereras, mineras— y ha invertido en la infraestructura que sirve a esos flujos. La inaccesibilidad que padecen los habitantes es efecto, en buena medida, de una lógica de inversión que privilegia el enclave sobre el territorio. La frontera aparece así como zona de abandono no porque el Estado no la mire, sino porque la mira mal.

Cartografía de las regiones

La frontera interna no es un único lugar. Sus cinco grandes regiones —Llanos, Amazonía, Chocó, Guajira e islas— representan más de la mitad del territorio colombiano y han concentrado, en cambio, una fracción menor de su población. Cada una tiene su historia particular, aunque comparten la matriz general.

Los Llanos Orientales fueron colonización tardía de piedemonte, escenario primero de las columnas comunistas del Sumapaz y del Ariari, luego de la ganadería expansiva, después del petróleo del Meta y Casanare, y finalmente del auge paramilitar. Los grandes hatos, las cabeceras aisladas y las trochas se combinaron con oleadas migratorias venidas de Boyacá, Cundinamarca y el Tolima, produciendo una sociedad campesina de frontera que a comienzos del siglo XXI se encontraría atrapada entre guerrilla, paramilitares y multinacionales de hidrocarburos. Puerto López, Puerto Gaitán, San Martín, Granada, Vistahermosa: los topónimos van marcando, hacia el oriente, la línea de una colonización que se comió, década a década, la sabana y el bosque de galería. En Casanare, la llegada del oleoducto y de las torres de Cusiana y Cupiagua a comienzos de los noventa aceleró la transformación: municipios como Aguazul, Tauramena y Yopal pasaron en pocos años de economía ganadera y arrocera a economía de regalías, con todos los efectos —inflación local, urbanización acelerada, captura clientelar de rentas— que ese cambio arrastra. Sarare, más al norte, sumó a esa historia el peso del petróleo del Arauca y de la guerrilla del ELN, con su capacidad de negociación —y de sabotaje— sobre la infraestructura del oleoducto Caño Limón-Coveñas.

La Amazonía colombiana comenzó a ser colonizada desde finales del siglo XIX bajo la lógica extractiva del caucho y la quina; en el siglo XX recibió, en oleadas, a colonos venidos de otras regiones, y en las últimas décadas su piedemonte —Caquetá, Putumayo, Guaviare— se volvió eje de la economía cocalera. La relación de Colombia con sus territorios amazónicos presenta rasgos esenciales de un vínculo colonial metrópoli-colonia: el uso extractivo se ha narrado como conquista civilizadora y la voz de los pueblos indígenas ha sido, muchas veces, la última en llegar a las decisiones. La misión capuchina en el Caquetá y Putumayo, la comisaría especial de antaño y la actual departamentalización tardía dibujan una administración pensada más para custodiar recursos que para reconocer habitantes. Florencia, fundada como capital en el corazón del Caquetá, y San Vicente del Caguán, que sería después sede de los diálogos con las FARC entre 1998 y 2002, son piezas de un mismo tablero donde el Estado llega, se retira y vuelve, pero rara vez se queda. En el Putumayo, Puerto Asís y La Hormiga cargan la marca de las fumigaciones aéreas con glifosato desde los años noventa y del plan de erradicación que, más que reducir el área sembrada, la desplazó selva adentro. En Guaviare, San José y El Retorno crecieron sobre el mapa cocalero de los ochenta y noventa, con una demografía que se hinchó y desinfló al ritmo de la bonanza y de las ofensivas militares.

El Chocó cargó desde la Colonia el estigma del enclave. Su historia como región percibida y explotada por su oro, y luego por sus maderas y su biodiversidad, es la de una frontera que nunca fue integrada plenamente a las unidades administrativas del interior, moldeada por los polos económicos de Cartagena y Antioquia. Quibdó, capital departamental sobre el río Atrato, ha sido a la vez centro administrativo y ciudad receptora de desplazados de la propia región y del sur del departamento. La región de Urabá, en esa franja donde Antioquia toca al mar y al Chocó, ha sido escenario de disputas por la tierra y de violencias sucesivas —bananeras en los años sesenta y setenta con la llegada de las multinacionales, guerrilleras del EPL y las FARC en los ochenta, paramilitares en los noventa con las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá comandadas por los hermanos Castaño— sobre una geografía que hasta hoy pesa poco en el poder central. Apartadó, Turbo, Chigorodó y Carepa condensan esa historia de bonanza bananera, sindicalismo golpeado, paramilitarismo y despojo. Más al sur, en el Baudó y el San Juan, los pueblos afrocolombianos e indígenas emberá han sostenido, con el apoyo intermitente de la Diócesis de Quibdó y de organizaciones étnicas como el Consejo Comunitario Mayor del Alto San Juan (ACADESAN), procesos de titulación colectiva que la Ley 70 hizo posibles pero que la minería ilegal y el control armado han recortado en la práctica.

Las periferias antioqueñas —Bajo Cauca, Magdalena Medio, Nordeste— fueron percibidas por las élites como espacios "incultos y bárbaros", apetecibles para la explotación de recursos: oro, petróleo, ganadería. Recibieron pobladores de distintas partes del país impulsados por esas actividades, y a la vez fueron consideradas territorios para explotar más que para gobernar. Segovia y Remedios en el Nordeste, con su tradición minera que arranca en la Colonia y se prolonga en las concesiones de la Frontino Gold Mines desde finales del siglo XIX, dan cuenta de esa geografía donde el subsuelo pesa más que la superficie. Caucasia y Tarazá en el Bajo Cauca articulan la ruta del oro aluvial del río Cauca con la del narcotráfico que baja desde el norte, en una economía combinada donde dragas, retroexcavadoras y laboratorios coexisten. Los ríos Nechí y Porce, tributarios del Cauca, marcan la línea donde la minería mecanizada ha transformado el paisaje en un ajedrez de pozos y escombreras visibles desde el aire.

El Magdalena Medio, entre Antioquia, Santander, Bolívar y Cesar, condensa buena parte de las tensiones nacionales: petróleo desde comienzos del siglo XX —Barrancabermeja como capital de la industria y del sindicalismo, con la refinería de Ecopetrol y la Unión Sindical Obrera como referentes de la lucha laboral colombiana desde los años veinte—, colonización campesina de posguerra en los municipios de la ribera del río, guerrilla del ELN, del EPL y de las FARC operando desde los sesenta y setenta, y epicentro del paramilitarismo desde los años ochenta con las Autodefensas de Puerto Boyacá, primera experiencia orgánica de paramilitarismo agrario en el país, sostenida por ganaderos, esmeralderos, mandos militares y capitales del narcotráfico. Puerto Berrío, Cimitarra, Yondó, San Vicente de Chucurí y Aguachica son piezas de ese tablero. Sumapaz, al sur de Cundinamarca, fue matriz temprana de organización agraria y refugio de las autodefensas campesinas comunistas, con Juan de la Cruz Varela como figura articuladora entre agrarismo, comunismo y resistencia armada; sus veredas de El Duda y La Uribe fueron marcadas después por las operaciones militares de mediados del siglo XX y por la posterior presencia de las FARC. La Serranía de San Lucas, entre el sur de Bolívar y el nordeste antioqueño, sumó la minería aurífera artesanal a la ecuación, aportando otro frente donde economía informal, guerrilla y paramilitares se disputaron el control; Santa Rosa del Sur, Simití y San Pablo condensan esa mezcla de campamentos mineros, cultivos de coca y control armado alternado.

Al norte, la Sierra Nevada de Santa Marta y sus estribaciones sobre Magdalena, Cesar y La Guajira dibujan otra frontera. Las bonanzas se sucedieron con la puntualidad de un calendario: marihuana en los setenta —la bonanza marimbera de la Sierra—, coca y palma africana después, minas de carbón a cielo abierto en el sur de La Guajira con El Cerrejón desde los ochenta. Los pueblos indígenas de la Sierra —kogui, arhuaco, wiwa y kankuamo— han sostenido, desde la Línea Negra que delimita su territorio ancestral, una defensa territorial que ha pasado por asesinatos selectivos, desplazamientos forzados y, más recientemente, procesos de restitución. La península de La Guajira, con Riohacha, Uribia y Manaure, articula la economía wayuu del contrabando —viejo como la República— con las regalías carboníferas y con las carencias estructurales de agua y salud que se hicieron visibles en las últimas décadas.

Sobre todos estos escenarios opera un mapa mental persistente. Las categorías de baldío, tierra sin dueño, zona de colonización y zona roja se han sucedido y superpuesto, pero funcionan sobre el mismo sustrato: los territorios donde el Estado central prefiere delegar en la iniciativa privada, en la Iglesia misionera o en la fuerza pública el trabajo de producir gobierno.

Los nombres que fijan la trama

Detrás de esta historia hay una constelación de autores y actores que le dieron forma conceptual y política. Frederick Jackson Turner nombró el problema desde el Oeste estadounidense y dejó a la historiografía americana un marco que costaría décadas discutir sin repetir. Contra ese marco leyó Victor Andrés Belaúnde, para quien la geografía andina imponía otra pregunta: no la del pequeño propietario que avanza hacia el horizonte, sino la del acceso bloqueado por cordillera y selva. Sin esa corrección temprana, el uso latinoamericano del concepto sería un calco poco útil.

James Parsons se movió en otro registro. Su libro sobre la colonización antioqueña, publicado hacia 1949, no solo describió un proceso: fabricó una imagen —arriero, hacha, cafetal— que se instaló en el sentido común historiográfico y todavía manda. Alejandro López, ingeniero, economista y ensayista antioqueño de comienzos del siglo XX, había preparado desde otro flanco el terreno para pensar la relación entre tierra, trabajo y sociedad en la frontera, con una lucidez sobre la cuestión agraria que la política oficial rara vez aprovechó.

Catherine LeGrand entró más tarde al debate y desde otro ángulo. Su investigación sobre los baldíos y el conflicto agrario entre 1850 y 1936 documentó con detalle la ley de tres pasos y la lógica jurídica que privilegió al gran propietario sobre el colono; sin ese trabajo, la persistencia latifundista quedaría explicada solo por la mala voluntad de los legisladores, cuando en realidad respondía a un dispositivo articulado de precios, contratos y sentencias. Hermes Tovar Pinzón, por su parte, le dio a la discusión el par conceptual —frontera cerrada y frontera abierta— sin el cual el debate no cierra, y que permite leer en una misma clave los pleitos por resguardos y las adjudicaciones de baldíos.

En otro plano, más biográfico que teórico, la frontera dejó marcas en la política nacional. Rafael Reyes hizo fortuna en la quina del sur antes de llegar a la Presidencia y conoció de primera mano la economía de enclave que sus gobiernos luego administrarían. Rafael Uribe Uribe encarnó, en el liberalismo de fin de siglo, el impulso por ampliar la ciudadanía rural y llevar el Estado a las periferias, aunque su asesinato en 1914 cerró prematuramente esa apuesta. José Eustasio Rivera dio a la denuncia del caucho forma literaria duradera con La vorágine, y ese gesto —traducir a novela lo que el Congreso no quería oír— es uno de los pocos casos en que la literatura colombiana empujó, sin conseguirlo del todo, una decisión política.

Más cerca del presente, Alfredo Molano recorrió, escuchó y escribió las voces de los colonos, desplazados, cocaleros y guerrilleros que habitaron la frontera contemporánea, construyendo un archivo oral y narrativo indispensable para leer la Amazonía y el piedemonte. Nicolás Buenaventura, casi sin querer, formuló en 1962 el concepto que treinta años después ordenaría la mirada sobre el vínculo entre colonización y autodefensa: escribió sobre lo que estaba pasando, y lo que pasaba terminó parecido a lo que él había descrito.

Herencia y presente

La frontera interna sigue viva porque los procesos que la fabricaron no han terminado. La adjudicación de baldíos continúa siendo campo de disputa; la titulación colectiva a comunidades negras avanza a paso irregular; los resguardos indígenas se topan con la explotación del subsuelo autorizada desde Bogotá. Las bonanzas se suceden: hoy son coca, oro ilegal, agrocombustibles, ganadería extensiva; mañana serán otras. La deforestación crece justamente sobre los territorios que la memoria histórica ya conocía: el piedemonte amazónico, el Magdalena Medio, el sur de Córdoba, el Catatumbo.

En el Putumayo, dirigentes indígenas y campesinos vuelven una y otra vez al período cauchero cuando se les pregunta por la violencia del presente. Nombran a la Casa Arana, hablan de los abuelos que huyeron por los ríos, ponen esa historia sobre la mesa antes de contar la de las fumigaciones, la de los desplazamientos por los combates entre FARC y paramilitares, la de las multinacionales petroleras en el Bajo Putumayo. Ese hilo tirado desde principios del siglo XX hasta hoy no es un recurso retórico: es una manera de leer lo que pasa. La violencia sobre los cuerpos y los territorios no comenzó con la coca, ni con las FARC, ni con los paramilitares. Comenzó cuando se decidió que estas tierras eran vacías, disponibles, colonizables.

Ese decreto —no un acto único, sino una operación repetida durante casi dos siglos por leyes, mapas, sermones, novelas, censos y campañas militares— es la frontera interna. Su superación no está en un nuevo empujón civilizatorio sobre lo que queda, sino en el reconocimiento de que allí ya había, y hay, historia, derecho y sujeto. Mientras esa premisa no se instale en el centro de la política colombiana, el mapa del próximo conflicto seguirá pareciéndose demasiado al del anterior.

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En el archivo

81 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

01Prehispánicoantes de 14992
  1. 1400Sacrificio de la gavia muisca y captura ritual de jóvenes llanerosHecho
  2. 1539TundamaFicha
02Colonia1600–17806
  1. 1615Juan de BorjaFicha
  2. 1715Las misiones jesuitas del Orinoco (1715–1742)Hecho
  3. 1745Derrota del palenque de El Castigo y fundación de San Miguel de Patía (1745–1749)Hecho
  4. 1750Rochelas del Caribe interior neogranadino (1750–1780)Hecho
  5. 1774Campañas de poblamiento forzado de Antonio de la Torre y Miranda (1774–1780)Hecho
  6. 1776Antonio de la Torre y MirandaFicha
03Pre-independencia1780–18091
  1. 1793Bautizadores negros esclavizados en las minas del Chocó (c. 1793)Hecho
04Nueva Granada1831–18626
  1. 1850Agustín CodazziFicha
  2. 1850Cartografía nacionalFicha
  3. 1850Comisión CorográficaFicha
  4. 1850Geografía políticaFicha
  5. 1850La Comisión Corográfica (1850–1859)Hecho
  6. 1854La Comisión Corográfica (1850-1859)Pregunta
05Estados Unidos de Colombia1863–18852
  1. 1863Artículo 78 de Rionegro y el régimen de territorios nacionales (1863)Hecho
  2. 1874Ley 66 de 1874 y delegación misional del gobierno de indígenasHecho
06Regeneración1886–19295
  1. 1902El Convenio de Misiones de 1902Hecho
  2. 1907El escándalo del caucho del PutumayoHecho
  3. 1907Julio César AranaFicha
  4. 1909Walter Ernest HardenburgFicha
  5. 1924José Eustasio RiveraFicha
07República Liberal1930–19463
  1. 1932El conflicto colombo-peruano por Leticia (1932–1934)Hecho
  2. 1932Frontera amazónicaFicha
  3. 1932Soberanía amazónicaFicha
08Frente Nacional1958–19743
  1. 1959Ley 2 de 1959 y las Reservas Forestales nacionalesHecho
  2. 1962El Instituto Lingüístico de Verano en territorios indígenas colombianos (1962-1980)Hecho
  3. 1967Decretos 157 y 158 de 1967: concesiones extraordinarias a Texas Petroleum en el PutumayoHecho
09Crisis y narcotráfico1974–19902
  1. 1983Paro cívicoFicha
  2. 1984Génesis del paramilitarismo en el Magdalena Medio (1984–1989)Hecho
10Constitución de 19911991–20022
  1. 1995Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio (PDPMM)Hecho
  2. 1997MapiripánFicha
11Transversal48
  1. 500San AgustínFicha
  2. 1510DariénFicha
  3. 1510UrabáFicha
  4. 1537Cordillera OrientalFicha
  5. 1612NeivaFicha
  6. 1767Fronteras coloniales y marginalidad periférica en ColombiaPregunta
  7. 1800ChocóFicha
  8. 1800Río MagdalenaFicha
  9. 1800Valle del PatíaFicha
  10. 1819CasanareFicha
  11. 1819Llanos OrientalesFicha
  12. 1840VillavicencioFicha
  13. 1850Colonización antioqueñaFicha
  14. 1886La DoradaFicha
  15. 1900Frontera porosaFicha
  16. 1900Las periferias colombianas y la exclusión territorial deliberadaPregunta
  17. 1900MocoaFicha
  18. 1900PutumayoFicha
  19. 1900TumacoFicha
  20. 1902El Concordato de 1887 y el Convenio de Misiones de 1902Pregunta
  21. 1905CatatumboFicha
  22. 1907BrasilFicha
  23. 1910AmazoníaFicha
  24. 1913VichadaFicha
  25. 1928Presencia diferenciada del Estado en las periferias colombianasPregunta
  26. 1930SibundoyFicha
  27. 1932AmazonasFicha
  28. 1932LeticiaFicha
  29. 1950CaquetáFicha
  30. 1950OrinoquíaFicha
  31. 1950San Vicente de ChucuríFicha
  32. 1952YacopíFicha
  33. 1954Fuerte Militar de TolemaidaFicha
  34. 1959MetaFicha
  35. 1960FlorenciaFicha
  36. 1970Magdalena MedioFicha
  37. 1970TierraltaFicha
  38. 1975El CaguánFicha
  39. 1990Bajo CaucaFicha
  40. 1990Víctor CarranzaFicha
  41. 1991GuaviareFicha
  42. 1991Soberanía territorialFicha
  43. 1991VaupésFicha
  44. 1993AtratoFicha
  45. 1993Pacífico colombianoFicha
  46. 1995Alto SinúFicha
  47. 1997San José de ApartadóFicha
  48. 1998MitúFicha
05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Frederick Jackson Turner: historiador estadounidense cuya tesis sobre la frontera como motor de la historia americana fue el punto de partida crítico para el concepto colombiano de frontera interna, cuestionado tempranamente por Victor Andrés Belaúnde en 1923.
  2. 02James J. Parsons: geógrafo e historiador cuya obra sobre la colonización antioqueña (c. 1949) fijó el modelo historiográfico dominante de la frontera interna colombiana, centrado en el avance minero-campesino sobre la cordillera Central.
  3. 03Hermes Tovar Pinzón: historiador colombiano que introdujo la distinción entre 'frontera cerrada' y 'frontera abierta', enriqueciendo conceptualmente el análisis de los procesos de colonización y despojo en Colombia.
  4. 04Llanos Orientales y Amazonía: regiones de frontera interna por antonomasia, escenarios de colonización espontánea, extractivismo serial (quina, caucho, coca), conflicto armado y presencia de las FARC desde los años cincuenta.
  5. 05Baldíos: figura jurídica heredada del período colonial que convirtió el territorio no titulado en recurso fiscal y político de la nación, matriz legal de todos los procesos de adjudicación, despojo y concentración latifundista documentados en la historia agraria colombiana.
  6. 06La Violencia: guerra civil (1948-1958) que actuó como gran detonador de la colonización de fronteras internas, desplazando a más de dos millones de personas hacia el piedemonte oriental, el Magdalena Medio y otras regiones periféricas, y sembrando las condiciones para el conflicto armado posterior.
  7. 07Colonización antioqueña: proceso colonizador iniciado en las postrimerías del siglo XVIII que avanzó sobre la cordillera Central y Occidental al sur de Medellín, protagonizado por mineros, mazamorreros y agricultores, y promovido por la burguesía comercial medellinense interesada en el café de exportación.
  8. 08Extractivismo: lógica económica dominante en las regiones de frontera interna, expresada en bonanzas seriales —quina, caucho, oro, petróleo, coca— que integraron las regiones marginales a los circuitos globales mediante trabajo coercitivo y sin dejar infraestructura duradera.
06

Documentos y fragmentos citados

64 documentos · 70 fragmentos

01Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 1411 cita
[1]

an international border, found little value in applying the North American’s ex- panded definition to the development of their own nations. An exception was Peruvian Victor Andrés Belaúnde. In a short essay written in 1923, Belaúnde considered how the thesis might apply to South America and concluded that the…

p. 141
02Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · p. 4871 cita
[2]

(1995), pp. 21 - 75; Betancourt y García. (1990), pp. 23 - 55; Betancourt y García (1994), pp. 12 1 - 149; Campo (1980), pp. 17 - 54. 4 Palacio (1983); L ópez Toro (1970); M achado (1988). C hristie (1986), p. 36, discute la hi pótesis de Parsons sobre la colon ización antioqueña, pero considera q u e sus planteam…

p. 487
03La colonización antioqueña en el occidente de ColombiaJames J. Parsons · 1997 · p. 11 cita
[3]

Título original: The Antioqueño Colonization in Western Colombia Traducción: Emilio Robledo La colonización antioqueña en el occidente de Colombia JAMES J. PARSONS BANCO DE LA REPÚBLICA 1 EL ÁNCORA EDITORES Cuarta edición en español: Banco de la República El Áncora Editores Bogotá, 1997 ISBN 958-9506-05-4 Portada:…

p. 1
04Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 241 cita
[4]

resto del pa í s. Por ello mismo, esta é tica particular los hac í a m á s inclinados al trabajo y a la b ú squeda de nuevas formas de riqueza mediante el trabajo personal. La colonizaci ó n interna de la provincia de Antioquia, en la segunda mitad del siglo xix, avanz ó inicialmente sobre la Cordi llera Central. Los…

p. 24
05Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 1041 cita
[5]

e cu ltu ra hispana y no tan dócil como los indígenas. La presión de blancos pobres y de libres p o r ob ten er tierra halló su ex presión en dos tipos de colonización, q u e H erm es T ovar Pinzón ha llam ado la "frontera cerrada" y la "frontera abierta". La p rim era consistía en las tierras co m unitarias indígenas…

p. 104
06El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 631 cita
[6]

orígenes la FNCC ha organizado los intereses cafeteros a nom- bre de la sociedad y del Estado, los ha representado en el mundo, y desde 1932 ha propuesto el discurso central del "café en Colombia'', calcado de la conciencia cafetera de los hacendados de fines del siglo XIX y comienzos del xx:: permanecer en el mercado…

p. 63
07Colonización y protesta campesina en Colombia (1850-1950)Catherine LeGrand · 2016 · p. 631 cita
[7]

distintas en años recientes y en nuevas regiones fronterizas. Contribuyó, por ejemplo, a La Violencia, esa guerra civil anárquica que costó 200 000 vidas en los años cincuenta, y dio pábulo a los movimientos guerrilleros que actúan hoy en las zonas fronterizas de Colombia. La interpretación del desarrollo de la…

p. 63
08Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 4551 cita
[8]

Cauca, y en el estado del Tolima —la parte de la hoya alta del Magdalena segregada de Cundinamarca en 1861 — avanzaba hacia el sur por la media falda orien- tal de la cordillera del Quindío. * Esta colonización se efectuaba al principio más o menos en las condiciones y con las formas coloniales y granadinas — con…

p. 455
09Tierras y conflictos rurales: Historia, políticas agrarias y protagonistasRocío Londoño (coord.), Carolina Castro, Álvaro Delgado, Jaime Landinez · 2016 · p. 481 cita
[9]

uno por cien- to al 7 por ciento. 49 Asignación de tierras y evolución de la propiedad agraria en Colombia En resumen: el reconocimiento de los derechos de propiedad a los cultivadores de tierras baldías se expresó en el crecimiento de las adjudicaciones de menos de 500 hectáreas y el decreci- miento relativo de las…

p. 48
10El Desarrollo de la Agricultura en ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1982 · p. 1141 cita
[10]

se ha descrito en el primer capítulo de este trabajo, los pastizales fueron abiertos en gran medida por colonos, en la forma de aparcerías de relativo corto plazo. Según Fals Borda, los campesinos colonos espontáneos llamaron a esta institución la "ley de tres pasos": el colono tumbaba el monte, habilitaba la tierra…

p. 114
11Tierras. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoAlejandro Reyes Posada · 2018 · p. 211 cita
[11]

títulos de las fincas superiores a 500 hectáreas eran sentencias judiciales de pertenencia obtenidas ante los jueces civiles en los años que siguieron a la Ley 200 de 1936 (Reyes Posada, 1976). Las adjudicaciones de baldíos durante el periodo liberal de 1930-1946 tendieron a corregir el sesgo a favor de las grandes…

p. 21
12La crisis agraria en Colombia, 1950-1980Santiago Perry · 1983 · p. 911 cita
[12]

la creciente presencia del capital monopólico internacional, usurero y comprador, configuran los rasgos característicos del semifeudalismo colombiano. 93 Cuadro No. 2. 1 CONCENTRACION DE LA TIERRA EN COLOMBIA 1960 - 1970 0-10 has + 500 has TOTAL 1960 SUPER (miles # EXPLOT. has) 2.403.7 1 1.052 27.337.8 925. 750 6.902…

p. 91
13Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 1071 cita
[13]

general del problema de- be tener en cuenta el hecho de que las primeras disposiciones legales afectaron muy poco la estructura de la tenencia de la tierra. En efecto, la verdadera disolución de la propiedad comunal y su distribución entre los indios tributarios fue demorada hasta 1832; aun entonces, se les prohibió a…

p. 107
14Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · p. 3481 cita
[14]

de maíz que conformaban la base de su dieta, estos trabajadores comprendían alrededor de cuatro quintas partes de los 15 mil mineros del oro que hubo en' Antioquia en los años de máximo empleo en el siglo XIX. Los' mazamorreros desarrollaron técnicas mineras y una cultura altamente móvil con el fin de aprovechar los…

p. 348
15Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 2001 cita
[15]

Central, en donde se encontraron con las grandes migraciones rumbo al corredor antioqueño que ya llevaba en proceso más de cien años. La movilización de los antioqueños se había iniciado muchas décadas antes de la Independencia, huyendo de la hambruna, las sequías y la sobrepoblación de las zonas montañosas de los…

p. 200
16La colonización antioqueña: una empresa de caminosEduardo Santa · 2016 · p. 691 cita
[16]

la vista del investigador a medida que se va inter- nando en el interesante mundo de los archivos locales. Un memorial dirigido al gobernador de la Provincia, con fecha de 27 de agosto de 1789, es muy elocuente y preciso sobre este particular. Dice así, en su parte pertinente: Nosotros, los suscritos vecinos de la…

p. 69
17La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 1311 cita
[17]

la presión refor- mista del grupo de comerciantes medellinenses establecidos en compañías colonizadoras y constructoras de caminos, como los que en 1835 eran dueños del extenso territorio de Caramanta (J. Parsons, 1949, pp. 85-95). A estos comer- ciantes, empr e sarios y contratistas les interesaba el fomento de…

p. 131
18Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 3091 cita
[18]

Después de la primera fase de la colonización siguió un proceso autogenerado, consistente en que la parcela primeramente desmontada servía por un tiempo para albergar y dar trabajo a la familia, pero luego, al crecer esta, se tornaba insuficiente y algunos hijos se marchaban cada vez más hacia el sur a constituir su…

p. 309
19Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 1142 citas
[19]

apropiación de la tierra por parte de nuevos terratenientes se iba haciendo relativamente más moderada, como sucedió en las regiones de Caldas y Quindío, con excepción del valle de Risa- ralda que es también ocupado en grandes extensiones. Uno de los enfrentamientos más espectaculares entre los colo- nos y los grandes…

p. 114
[20]

apropiación de la tierra por parte de nuevos terratenientes se iba haciendo relativamente más moderada, como sucedió en las regiones de Caldas y Quindío, con excepción del valle de Risa- ralda que es también ocupado en grandes extensiones. Uno de los enfrentamientos más espectaculares entre los colo- nos y los grandes…

p. 114
20Coffee in Colombia, 1850-1970: An Economic, Social and Political HistoryMarco Palacios · 1980 · p. 1801 cita
[21]

/ Aranzazu La Dorada.f r N • ••••/ Manzanares -'pL./ac (. - • - C A L D A S,-.Pavas H o n d a ^ J ' N e i r a. • • • • • j MAN IZ ALES /.'/.Chinchina O T A "->?• A. P E R E I R A..•) Filandia # "•••/ Toro f Quimbaya. m.Salento / O b La Union / V A L/L E • Circasia / _ n andoiARMENIA / ' U • " •Calarca JQUINDIO/'. • •…

p. 180
21Autodefensas de Cundinamarca. Olvido estatal y violencia paramilitar en las provincias de Rionegro y Bajo MagdalenaCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Rodrigo Arturo Triana Sarmiento, León Felipe Rodríguez Hernández, César Nicolás Peña Aragón · 2020 · p. 351 cita
[22]

las FARC, sí articuló formas organiza- tivas agrarias, legales e ilegales, constituidas en los años precedentes. En este sentido, la base construida por el movimiento comunista en los núcleos agra- rios cafeteros de Cundinamarca posibilitó la conformación de las estructuras guerrilleras en la década de 1960. 1.…

p. 35
22No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 721 cita
[23]

el libro La Violencia en Colombia 149 se establece que entre 1948 y 1958 murieron 134.820 personas, entre civiles y armados, a causa de este conflicto (la mayoría en el Tolima, Valle, Antioquia y Caldas) y eleva la cifra a 200.000 a partir de una estimación de personas heridas que luego murieron, o que fueron…

p. 72
23Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 641 cita
[24]

forma fraudulenta a precios irrisorios. El total de parcelas perdidas es de 393.648 123. La pérdida de parcelas se concentra en la zona donde más muertes ocurrieron, y donde también, en décadas anteriores, se habían presentado conflictos entre hacendados y colonos campesinos, en particular en el Valle del Cauca,…

p. 64
24Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 3721 cita
[25]

y de sus intereses particulares. Comenzaban a articularse las bases de un mercado nacional a la par con el proceso de uni- ficación política y cultural. Este pro- ceso, sin embargo, ha ocupado el siglo entero sin agotarse y ha sido desigual, espontáneo, discontinuo y con carac- terísticas diferenciales. Distintas…

p. 372
25Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 2311 cita
[26]

misma guerrilla: ganar la confianza de los campesinos, conocer palmo a palmo el t erreno (desde la to- pografía hasta la configuración social de los vecindarios), aligerar el equipo, disminuir el tamaño de las unidade s y hacer la guerra psicológica. De 1960 a 1963 fu eron liquidadas 57 cuadrillas y 20 231 232 Marco…

p. 231
26La violencia en Colombia: Estudio de un Proceso SocialGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 1962 · p. 3171 cita
[27]

Orientales 15. A los seis meses de cumplir con su misión, la Oficina Nacional de Rehabilitación y Socorro había auxiliado a 11.622 exilados en Bogotá y 20.949 en otras pobla- ciones y ciudades, y habían regresado a sus hogares bajo el am- paro de las Fuerzas Armadas, 4.722 personas 16. Otra fuente 11 Colección Guzmán,…

p. 317
27Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · p. 3941 cita
[28]

1985), 85. 33. Malcolm Deas, "El rompecabezas de la paz," El Tiempo, Lecturas Dominicales, April 19, 1986. 34. Arturo Alape, La Paz, la violencia: Testigos de excepción (Bogotá, 1985), p. 367. 35. Ricardo Santamaría and Gabriel Silva, Proceso político en Colombia (Bogotá, 1984), 69. 36. Zabala, "La toma del Palacio de…

p. 394
28Pueblos arrasados: Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión (relatores) · 2015 · p. 521 cita
[29]

hablaba hasta que acabara. Él era muy buena gente (…) era chiquitico, pero era bravo de la lengua” (CNMH, entrevista con abuela, 2012). 1.4. Colonización, continuidad de la Violencia, e influencia del movimiento comunista En este contexto, el municipio de Villarrica, ubicado al oriente del departamento del Tolima,…

p. 52
29Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 481 cita
[30]

que llegaban hasta en pencas de mata de fique y daban plazos para abandonar los territorios. Estas acciones fueron resultado de una combinación de miedo, ánimo de venganza y fanatismo religioso, que fueron instrumentalizados desde la dirección del Partido Conservador. Bajo esta lógica de violencia, varios lugares en…

p. 48
30Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 50, 582 citas
[31]

“país en el medio” que, contrariado con el teatro del Caguán, acogió con entusiasmo la Política de Seguridad De- mocrática del presidente Uribe y cambió los balances previos (Palacios, 2006). Un tópico del conflicto colombiano señala la proclividad de los colonos a involucrarse, como quedó demostrado en esa amalgama…

p. 58
[54]

clientelismo, colonizaciones inte riores y contrabando) que contribuyeron a mantener y enredar el conflicto. A mediados de 1980 se había formado el tejido apropiado para que el despe gue de la economía de la droga implicara grandes dosis de violencia; ofrecía oportunidades a las farc, el m -19, el e pl y el e l n, a…

p. 50
31El desplazamiento en Colombia. Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez · 2005 · p. 3321 cita
[32]

de poder, es decir, las zonas de colonización y las zonas de frontera co- C ODHES 332 lombiana, han tenido una economía propia centrada en la extracción de recursos. En el departamento del Caquetá, y las zonas del piedemonte llanero, el Sarare, el Ariari y el Magdalena medio, por ejemplo, dicha economía estuvo muy…

p. 332
32El desplazamiento en Colombia: Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez (editoras) · 2005 · p. 3321 cita
[33]

de poder, es decir, las zonas de colonización y las zonas de frontera co- C ODHES 332 lombiana, han tenido una economía propia centrada en la extracción de recursos. En el departamento del Caquetá, y las zonas del piedemonte llanero, el Sarare, el Ariari y el Magdalena medio, por ejemplo, dicha economía estuvo muy…

p. 332
33Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 1711 cita
[34]

su marginalidad. Para permitir y justificar la violencia se acuerdan derechos y reglas fuera de las leyes estatales. Hoy, los habitantes del Putumayo se remiten a este periodo histórico para explicar el por qué de la “barbarie” que según sus dirigentes, caracteriza la violencia en el departamen- to (Plan de Desarrollo…

p. 171
34Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 6411 cita
[35]

cualquiera de las localidades de la región. La lógica de la inversión del Estado en infraestructura logra crear un efecto de “inaccesibilidad” para sus habitantes que se percibe, paradójicamente, como ausencia del Estado. Extracción y explotación El aprovechamiento de las legendarias riquezas de estas regiones ha…

p. 641
35Gobernar en medio de la violencia. Estado y paramilitarismo en ColombiaJacobo Grajales · 2017 · p. 1231 cita
[36]

ya fue destacada (véase el capítulo 1). Desde la época colonial, cuando la región se constituyó como un refugio para esclavos fugitivos y comunidades indígenas, este territorio permaneció como una zona de frontera y jamás fue integrado efectivamente a la unidad administrativa de la Nueva Granada. No obstante, su…

p. 123
36La invención de El Dorado. Museos arqueológicos, imágenes cartográficas y redes de conocimiento en Colombia (1935-1955)Daniel García Roldán · 2022 · p. 1831 cita
[37]

clara visión de los problemas”, ya que el paisaje lúgubre que recreaban como demostración de una derrota “biológica” de un medio hostil sobre el hombre producían un encubrimiento “de las adversas condiciones económicas y políticas que allí fueron implantadas por gobiernos de las sie - rras y las costas” 16. En la…

p. 183
37La guerra vino de afuera. El Bloque Pacífico en el sur del Chocó: una herida que aún no cierraCentro Nacional de Memoria Histórica, Laura Bibiana Escobar García, Laura Catalina Tovar Bohórquez, Esteban de Jesús Caviedes Alfonso · 2022 · p. 391 cita
[38]

HÉROES DEL CHOCÓ 39 Las condiciones geográficas y climáticas se articulan con dinámicas pro- ductivas que han configurado las formas de poblamiento del Chocó. Desde el periodo colonial, se ha percibido al departamento como una despensa de recursos extractivos como el platino y el oro. Desde esta visión, se han ex-…

p. 39
38Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Antioquia, sur de Córdoba y Bajo Atrato chocoanoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 411 cita
[39]

un buen vivir. Para las poblaciones que coexisten en Antioquia, habitar territorios con determi- nadas características geográficas y climáticas ha tenido consecuencias. En las tierras frías y templadas del centro –según la historiadora Diana Henao–, ubicadas hacia el oriente y el norte del Valle de Aburrá, el Estado y…

p. 41
39Colombia: Territorial Rule and the Llanos FrontierJane M. Rausch · 1999 · p. 5, 232 citas
[40]

includes some 253,000 square kilometers of Colombian territory and stretches on into Venezuela for another 300,000 square kilometers. South of the Guaviare River is the second region, Amazonia. Its 420,875 square kilometers of tropical rain forest extend to the borders of Peru, Ecuador, and Brazil. Third, stretching…

p. 23
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these percentages had changed little: of a total of EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 7:55:30 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. Page 7 Map 1. Colombia: intendancies and comisar í as, 1931 – 1946 Source: Vila, Nueva Geograf í a de…

p. 5
40Afrodescendant Resistance to Deracination in Colombia: Massacre at Bellavista-Bojayá-ChocóAurora Vergara-Figueroa · 2018 · p. 1111 cita
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rather than as a society with a different culture and history, facilitates practices of deracination. I present some of the main dimensions of the process of ‘marginalization’ of this region by describing some of the colonial narratives that refer to it. I split the his- torical formation of these blank spaces into…

p. 111
41Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 431 cita
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ejerció un rosario de violencias sobre las comunidades indígenas de Putumayo, Vaupés y Caquetá, que incluyeron despojo, expulsión, explotación, asesinato, tortura y exterminio 55. Un pueblo muy afectado fue el Murui (Uitoto) que huyó y subió por el río Caquetá hacia tierra koreguaje, pueblo con el que hicieron las…

p. 43
42Caquetá: conflicto y memoriaHarley Enrique Gutiérrez Ñustez, Rubén Darío Polo Sierra, Cristian E Paredes González · 2013 · p. 61 cita
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con parafina para que los empleados disfruten con su desesperada agonía. Hoy en día los pueblos indígenas Uitoto, Coreguaje, Inga y los que llegaron en los últimos años, Emberá Chamí y Paeces, recuperan y fortalecen las costumbres ancestrales en sus territorios, como una forma de resistencia para dejar en el pasado la…

p. 6
43Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · p. 1721 cita
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Congreso a los caucheros imperialistas — trasnaciona- les— que practicaban aún el esclavismo. Pero quedó todavía más indignado frente a la indiferencia de los parlamentarios y legisladores colombianos, encerrados en la alta sabana de Bogotá, mientras los límites —la realidad— se desparramaba incontrolable hacia los…

p. 172
44Hacer memoria para recuperar el ser kamëntšá: raspachines víctimas y lecciones de la madre tierra para pervivirGrupo de Memoria Kamëntšá; William Caicedo Jamioy; Víctor Andrés Chasoy; Clementina Chicunque Chindoy; Wbeimar Arturo Jacanamejoy Chicunque; Judy Jaqueline Jacanamejoy Chicunque; Arturo Jacanamejoy Mavisoy; Jacinta del Rosario Jamioy; Aida Yuleni Juagibioy; Laura Guzmán Peñuela; Tania Helena Gómez Alarcón · 2020 · p. 231 cita
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frontera con el Putumayo. Fue así como se debilita- ron algunas de sus estructuras, al tiempo que otras aumentaron su influencia (Gómez et al., 2017). Entre 2012 y 2016, se produjo un desescalamiento de los hechos violentos por parte de las FARC debido a las negociaciones del proceso de paz con el gobierno de Juan…

p. 23
45Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 1041 cita
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de personas, la explotación feudal de las poblaciones bora y uitoto, los sangrientos calabozos de tortura. En un arranque de furia se fue para Nueva York en abril de 1928, con la esperanza de que una traducción al inglés de La vorágine pudiera amplificar su denuncia. También creía que, distanciándose de Colombia,…

p. 104
46Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 5091 cita
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y conflicto La extrema pobreza en muchas regiones campesinas y sectores urbanos, así como la exagerada concentración de tierras en nuestro país, alimentaron el alto número de personas que se aventuraron a colonizar el piedemonte amazónico desde mediados del siglo XX. Dicha ocupación ha consistido en un largo proceso…

p. 509
47Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. AmazoníaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 481 cita
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con las amazónicas 86 y desarro- llaron «ganaderías vacunas y cultivos de plátano y hortalizas» 87, dando comienzo a la reconfiguración territorial y productiva. Un colono campesino le contó a la Comisión su origen y el de su familia: «[Soy] un hijo de colonos por parte de mi padre, quien nació aquí en Florencia,…

p. 48
48Los retos de la Colombia contemporánea. Miradas disciplinares diversas en las ciencias socialesMauricio Nieto Olarte (edición académica y compilación), Luis Javier Orjuela, Alix Catalina Rojas, Carlos Felipe Cantor, Juan Carlos Rodríguez, Andrés Guhl, Sandra Borda G., Mateo Morales, Ángela Iranzo Dosdad, Alejandro Castillejo Cuéllar, Juan Ricardo Aparicio, Alhena Caicedo, Pablo Jaramillo, Carlos A. Manrique, Laura Quintana · 2017 · p. 772 citas
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y demo - gráficos se articulan para transformar los bosques. En el caso de la frontera agrícola, la situación en la Amazon í a es ilustrativa de esta dinámica. Al mirar el mapa de Colombia en Google Earth, la zona amazónica aparece de un verde oscuro (bosque), pero a medida que uno se acerca a la cordillera oriental,…

p. 77
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y demo - gráficos se articulan para transformar los bosques. En el caso de la frontera agrícola, la situación en la Amazon í a es ilustrativa de esta dinámica. Al mirar el mapa de Colombia en Google Earth, la zona amazónica aparece de un verde oscuro (bosque), pero a medida que uno se acerca a la cordillera oriental,…

p. 77
49Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Ensayo introductorioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 461 cita
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Departamentos en los que la ANUC tenía una fuerza muy importante. En aplicación de la Ley 135 de 1961 el Incora dirigió durante los años sesenta la colonización del piedemonte oriental de la cordillera Oriental, el Magdalena Medio, la altillanura entre el oriente del Meta y Vichada, el sur de Córdoba y en varias…

p. 46
50Pueblos arrasados. Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2015 · p. 511 cita
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comu- Barrancabermeja (Santander), Franco en Urrao (Antioquia), Juan de la Cruz Varela en la región del Sumapaz y en el Tolima José María Oviedo Arboleda y Leopoldo García. Todos ellos pactaron la paz y regresaron a la actividad agrícola (Colombia Nunca Más, 2011). 51 Procesos de colonización y semillas del…

p. 51
51Narcotráfico en Colombia: Economía y ViolenciaGustavo Duncan, Ricardo Vargas, Ricardo Rocha, Andrés López · 2005 · p. 561 cita
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de coca y laboratorios de procesamiento de pasta y base. Los individuos que no están amparados por el poder de organizaciones fuertes son más vulnerables a la depredación de un grupo guerrillero, y de hecho, necesitan su presencia para que actúen como una tercera parte encargada de la regulación de los derechos de…

p. 56
52La guerra escondida. Minas Antipersonal y Remanentes Explosivos en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica, Fundación Prolongar · 2017 · p. 541 cita
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54 La guerra escondida pios de San Vicente del Caguán y Puerto Rico), terminando en el suroccidente de Cundinamarca (mapa 5). Aparte de estos corredores existen otras zonas que han sido regiones en disputa por parte de las guerrillas, los grupos parami- litares y las Fuerzas Armadas. Estas zonas de disputa…

p. 54
53Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo I. De la violencia a las resistencias ante el Bloque Centauros de las AUCCentro Nacional de Memoria Histórica · 2021 · p. 351 cita
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políticas de titulación de baldíos y, en general, las iniciativas de desa- rrollo impulsadas por el Estado en la configuración de la clase ganadera que fue fundamental en el auge del paramilitarismo en los Llanos Orientales. Esta sección también revela que en esos años la colonización en los Llanos Orientales estuvo…

p. 35
54Estado crítico de la propiedad colectivaDelgado Castaño, P. · 2018 · p. 52 citas
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provincias sureñas de Popayán y Pasto, de alta concentración poblacional indígena, donde el aislamiento brindado por las formidables barreras cordilleranas, elevados cañones y caudalosos ríos, permitió que los resguardos tuvieran una tregua. Los principales pueblos indígenas del alto Cauca estrecharon lazos de unión…

p. 5
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provincias sureñas de Popayán y Pasto, de alta concentración poblacional indígena, donde el aislamiento brindado por las formidables barreras cordilleranas, elevados cañones y caudalosos ríos, permitió que los resguardos tuvieran una tregua. Los principales pueblos indígenas del alto Cauca estrecharon lazos de unión…

p. 5
55Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 5511 cita
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551 catalogado de estafador y de colaborador de los grupos armados solo por el hecho de comerciar sus productos en determinados lugares. En Colombia, la concepción de los territorios indígenas y negros ha estado vinculada mayoritariamente a tres elementos que se pueden rastrear en la narrativa de dominación colonial:…

p. 551
56Sus armas no lograrán extinguir nuestra palabra. Informe de riesgos de extinción en 6 Pueblos Indígenas de ColombiaObservatorio por la Autonomía y los Derechos de los Pueblos Indígenas en Colombia (Observatorio ADPI); José Aristizabal G.; Lina María González Correa · 2014 · p. 231 cita
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más que todo los límites. La tierra es lo palpable, lo que se puede ver, coger, sembrar, donde hacemos casa, echamos semilla, eso es la tierra. El territorio es un todo, el conjunto de tierra que incluye bosque, río, quebrada, personas, todo” (Actualización Plan de Salvaguarda étnica del pueblo Awá: 60). En ese orden…

p. 23
57Bojayá: La guerra sin límitesGrupo de Memoria Histórica, Martha Nubia Bello Albarracín, Pilar Riaño Alcalá, Gonzalo Sánchez G. · 2010 · p. 1541 cita
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2009. Sobre el despojo de tierras, ver: Machado, Absalón, et al. 2009. El Despojo de Tierras y Territorios: aproximación conceptual. Bogotá D.C.: Línea de Investigación Tierra y Conflicto, Área de Memoria Histórica, Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación - CNRR -. Instituto de Estudios Políticos y Relaciones…

p. 154
58Movimientos sociales, Estado y democracia en ColombiaMauricio Archila, Mauricio Pardo (Editores) · 2001 · p. 4331 cita
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relaciones laborales paraestatales que allí se establecen. La postmodernidad cogió al país sumido en el desorden te- rritorial. La precariedad administrativa del territorio dificulta la gestión pública y ciudadana, permitiendo la colisión de fun- ciones y competencias. La sociedad colombiana se enfrenta a la…

p. 433
59Gente negra en Colombia. Dinámicas sociopolíticas en Cali y el PacíficoOlivier Barbary, Fernando Urrea · 2004 · p. 3871 cita
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las tierras que explo- tan libremente desde el derrumbe de las haciendas esclavistas en el siglo XIX, por grupos indígenas, en medio de un desinterés de los representantes del Esta- do por defender los derechos de la gente negra. Así, con la reglamentación de las Entidades Territoriales Indígenas (Ley 160 de 1993 que…

p. 387
60A lomo de mula. Viajes al corazón de las FarcAlfredo Molano · 2016 · p. 1022 citas
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eran campesinos rasos, para mi sorpresa se levantó un personaje y muy solemne pidió la palabra no para aclararme a mí su punto de vista, sino para hacer una sonora declaración pública. Dijo así: “Lo que pasa, doctor, es que sobre estas tierras hay un título colonial que está por encima de todos los demás que, sin ser…

p. 102
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eran campesinos rasos, para mi sorpresa se levantó un personaje y muy solemne pidió la palabra no para aclararme a mí su punto de vista, sino para hacer una sonora declaración pública. Dijo así: “Lo que pasa, doctor, es que sobre estas tierras hay un título colonial que está por encima de todos los demás que, sin ser…

p. 102
61Colombia's Forgotten Frontier: A Literary Geography of the PutumayoLesley Wylie · 2013 · p. 721 cita
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372). 59 Mary B. Campbell, The Witness and the Other World: Exotic European Travel Writing 400–1600 (Ithaca, NY: Cornell University Press, 1988), p. 166. See also Percy G. Adams, Travel Literature and the Evolution of the Novel (Lexington: University Press of Kentucky, 1983). 60 La vorágine will be discussed in detail…

p. 72
62Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 2011 cita
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e incendiaria, la obra de Vargas Vila alcanzó gran popularidad, pero apenas sobrevive hoy como referencia de una singularidad sobredimensionada. La novela del siglo XX El siglo XX significa para Colombia la consolida- ción de su novelística a nivel internacional y el desprendimiento del género de sus lastres román-…

p. 201
63Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · p. 2791 cita
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de una sociedad mayoritaria que tenía como obligación propagar la civilización y el progreso, se correspondían, también en este caso, con la puesta en marcha de la práctica misional sustentada, además, en la experiencia colonial como espacio legitimador de dicha práctica. Así los frailes agustinos, franciscanos y…

p. 279
64Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 201 cita
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presencia. La ecuación entre el número de hombres y las tierras roturadas ayuda a comprender fenómenos económicos importantes. Entre otros, el de la desarticulación del espacio económico o el de las estructuras de tenencia de la tierra. Además, si nos atenemos a las magnitudes del espacio efectivamente explotado…

p. 20