Idea · República Liberal
Soberanía amazónica
Proceso histórico por el cual el Estado colombiano intentó convertir en jurisdicción efectiva los territorios amazónicos que reclamaba desde el siglo XIX pero donde su presencia era, en la práctica, inexistente. Entre el tratado Vásquez Cobo-Martins de 1907 y el Protocolo de Río de Janeiro de 1934, Colombia pasó de la ficción cartográfica a un primer proyecto sistemático de construcción estatal en la selva.
Trayectoria de una idea
- 1907
Tratado Vásquez Cobo-Martins: primeras líneas sobre la selva
- 1922
Tratado Salomón-Lozano: el trapecio a cambio del Napo
- 1928
Tratado García Ortiz-Mangabeira: cierre del marco cartográfico
- 1931
Creación de la Intendencia del Amazonas y Ley 10 de 1930
- 1932
Invasión de Leticia: el susto que fabricó Estado
- 1934
Protocolo de Río de Janeiro: soberanía recuperada y reformas militares
- 1936
Revolución en Marcha y colonización amazónica
La lectura
La soberanía amazónica no fue un legado colonial ni un dato geográfico: fue una construcción laboriosamente tardía, siempre incompleta, que Colombia intentó fabricar sobre un territorio que sus mapas reclamaban pero donde su presencia era nominal. Durante décadas, la ficción cartográfica de los tratados coexistió con la soberanía real de la Casa Arana, que ejerció control territorial, extracción de tributo y aplicación de castigo sobre pueblos indígenas del Putumayo con una eficacia que el Estado colombiano nunca igualó. La invasión peruana de Leticia en 1932 fue la consecuencia lógica de esa brecha: una empresa peruana había ocupado el terreno durante veinticinco años mientras Bogotá negociaba tratados. El susto de la guerra transformó la retórica liberal sobre el 'criminal abandono conservador' en políticas concretas —intendencias, misiones navales extranjeras, aviones comprados a Alemania, títulos de baldíos—, pero el proyecto quedó inconcluso: la Amazonía siguió siendo periferia extractiva, y sus habitantes contemporáneos todavía rastrean en el ciclo cauchero el origen del patrón de violencia que define su historia.
La soberanía colombiana sobre la Amazonía es una construcción histórica tardía, no un dato heredado de la geografía o de la Colonia. Nombra el proceso por el cual el Estado colombiano intentó convertir en jurisdicción efectiva las 423.473 hectáreas de selva —el 37% del territorio nacional, el 30% de la Amazonía sudamericana— que sus mapas reclamaban desde el siglo XIX pero donde su presencia era, en la práctica, inexistente. Ese proceso se juega entre dos fechas: el tratado Vásquez Cobo-Martins de 1907, que empezó a fijar líneas sobre la selva, y el Protocolo de Río de Janeiro de 1934, que devolvió Leticia a Colombia tras la única guerra internacional del siglo XX colombiano. En medio, un ciclo cauchero devastador demostró que las fronteras trazadas en Bogotá no valían nada en el Putumayo, y la República Liberal —Enrique Olaya Herrera, Alfonso López Pumarejo, Eduardo Santos— transformó el susto de la invasión de 1932 en el primer proyecto sistemático para fabricar Estado donde solo había misioneros, caucheros y ríos. Que ese proyecto quedara inconcluso, y que la Amazonía siguiera siendo periferia extractiva, es tan parte de la historia como los tratados que la fundaron.
La ficción cartográfica: tratados sin Estado
Cuando el general Alfredo Vásquez Cobo firmó en 1907 el tratado con Brasil que lleva su nombre y el del canciller brasileño, Colombia obtuvo sobre el papel una frontera nororiental que corría desde la piedra del Cocuy hasta la desembocadura del Apaporis en el Caquetá. El acuerdo del 24 de abril de 1907 dejaba deliberadamente sin resolver el tramo más al sur, remitiendo por una cláusula el diferendo pendiente a lo que en su momento estableciera el viejo tratado de San Ildefonso. Diplomacia prudente, casi tímida: se fijaba lo que se podía y se posponía lo demás.
El problema es que ni siquiera lo fijado tenía respaldo terrestre. Mientras los diplomáticos negociaban en las capitales, en el Putumayo operaba desde 1907 la Casa Arana —al año siguiente registrada en Londres como The Peruvian Amazon Company Ltd.—, que se consideraba "dueña absoluta" de las selvas, los indígenas y el comercio de los ríos Caraparaná, Igaraparaná y Campuyá, todos ellos afluentes del Putumayo, todos ellos en territorio que Colombia reclamaba como suyo. La compañía movía siete lanchas de vapor de entre cuarenta y ciento veinte toneladas de registro que hacían cuatro viajes anuales hasta Iquitos. Sus agentes iban armados con el material necesario para reducir tribus enteras a una obediencia sostenida por el terror. Los tratados colombianos hablaban de fronteras; la Casa Arana ejercía soberanía real.
Quince años después, en 1922, el país cerró con Perú el otro pleito. El tratado Salomón-Lozano, firmado el 24 de marzo por el canciller peruano Alberto Salomón Osorio y el negociador colombiano Fabio Lozano Torrijos, buscaba dar por terminado el largo litigio amazónico. Colombia cedió a Perú las extensas regiones comprendidas entre los ríos Putumayo y Napo, que según la tradición jurídica le habrían pertenecido durante la Colonia; a cambio, obtuvo el trapecio amazónico —una franja estrecha que le daba salida al río Amazonas y el puerto de Leticia—. Un intercambio que Colombia aceptó como triunfo (ganaba costa fluvial sobre el gran río) y que Perú firmó sin convicción. La insatisfacción peruana con esos términos quedaría latente durante una década, hasta estallar en 1932.
El marco cartográfico se completó en 1928 con el tratado García Ortiz-Mangabeira, que prolongó la frontera con Brasil desde la desembocadura del Apaporis hacia el sur, cerrando así el trazado iniciado en 1907. Al terminar la década de 1920, Colombia tenía sobre el papel todas sus fronteras amazónicas definidas. En la selva, sin embargo, la guarnición nacional más cercana a Leticia estaba en Caucaya, en el Putumayo, a mil millas de distancia. Los reportes desde el trapecio tardaban entre diez días y seis semanas en llegar a Bogotá. Los tratados existían; el Estado, no.
El ciclo cauchero: soberanía por interposición
Antes del susto militar de Leticia, la Amazonía colombiana había sido escenario de una economía extractiva que reveló, como ninguna otra, la naturaleza puramente nominal de la soberanía nacional. El ciclo del caucho, en su fase más intensa entre finales del siglo XIX y las primeras dos décadas del XX, entregó la selva del Putumayo a la administración privada de la Casa Arana y a la administración espiritual de las misiones católicas. Ambas ejercieron funciones estatales que el Estado no cumplía: control territorial, extracción de tributo, aplicación de castigo, mediación con las poblaciones indígenas.
La violencia con que ese régimen operó fue de una escala que solo la palabra genocidio empieza a nombrar. Asesinatos, torturas, esclavización por deuda, violaciones sexuales sistemáticas, uso de indígenas como blancos de tiro y, en algunos relatos, la quema de personas vivas. El sistema de endeudamiento —heredero de la mita colonial y adaptado a la lógica del capitalismo cauchero— era el mecanismo central: los trabajadores indígenas solo obtenían su libertad, aunque el patrón perdiera la deuda, cuando ya estaban enfermos de muerte. La denuncia internacional que Roger Casement llevó al Foreign Office británico dio dimensión pública al horror, pero no lo detuvo.
Los efectos demográficos y territoriales de esa violencia reconfiguraron el mapa humano de la región. El pueblo Murui (Uitoto) fue desplazado de sus territorios en el Putumayo hacia tierras koreguaje del río Caquetá, huyendo de las caucherías; los Murui hicieron las paces con un pueblo con el que antes tenían enemistad, comprimidos por una violencia mayor. La cauchería no solo mató: reubicó, mezcló, hizo desaparecer aldeas enteras. Cuando finalmente la Casa Arana se replegó al Perú al final de la guerra de 1932-1933, dejó una región despoblada, traumatizada y bajo la tutela sustituta de las misiones católicas, que operaban con el respaldo del Concordato de 1887 y de la Ley 89 de 1890, encargadas por el Estado colombiano de "civilizar" a los indígenas. Los habitantes actuales del Putumayo todavía se remiten a ese periodo cauchero para explicar el patrón histórico de "barbarie" que atraviesa su departamento.
Esta es la primera lección de la soberanía amazónica: cuando el Estado no está, otros están. La frontera del Putumayo no fue disputada por Perú porque estuviera vacía —lo estaba discursivamente, no realmente—; fue disputada porque la ficción cartográfica colombiana chocaba con la presencia efectiva de una empresa peruana que había ocupado el terreno mientras Bogotá negociaba tratados. La invasión de 1932 sería, en cierto sentido, la consecuencia lógica de una situación de facto que llevaba veinticinco años consolidándose.
Leticia, 1932: el susto que fabricó Estado
El 1 de septiembre de 1932, un grupo de aproximadamente 250 peruanos —civiles armados, no fuerzas regulares— tomó la ciudad de Leticia, izó la bandera peruana y apresó a las autoridades colombianas encabezadas por el intendente Alfredo Villamil Fajardo. Una operación menor en escala y ejecución, pero de proporciones simbólicas devastadoras. Colombia acababa de ser invadida en un territorio que había obtenido apenas diez años antes por tratado, y no tenía cómo responder.
El contexto peruano ayuda a entender la audacia. En Lima gobernaba Luis Sánchez Cerro, cuyo régimen populista y nacionalista había cultivado en la región de Loreto un resentimiento activo contra el tratado Salomón-Lozano. La toma de Leticia parece haber sido, más que una operación militar del Estado peruano, una iniciativa de habitantes loretanos —comerciantes, caucheros, veteranos— envalentonados por el clima nacionalista, aunque las circunstancias exactas nunca quedaron completamente esclarecidas. Sánchez Cerro no ordenó la invasión, pero tampoco la desautorizó de inmediato: cuando Bogotá exigió la devolución del puerto, Lima respondió con retórica militar, y lo que había empezado como aventura de frontera escaló a guerra abierta.
El presidente Enrique Olaya Herrera, que había asumido en 1930 como primer liberal después de casi medio siglo de hegemonía conservadora, tuvo que enfrentar una realidad militar humillante. La guarnición más cercana estaba a mil millas. El ejército colombiano no tenía cómo proyectar fuerza hacia la Amazonía. Los métodos disponibles para llevar tropas a la frontera eran "más imaginarios que efectivos". Para transportar soldados y suministros hubo que recurrir por primera vez en la historia del país a aviones comerciales: los de la SCADTA, Sociedad Colombo-Alemana de Transportes Aéreos, fundada trece años antes por pilotos colombianos y alemanes, aportaron los aparatos que las Fuerzas Militares no tenían. La ruta principal para llevar la expedición fue el río Amazonas mismo: desde Pará, en Brasil, hasta Leticia hay unas 1.700 millas de navegación fluvial, una operación logística de complejidad extrema para un país sin experiencia en guerra internacional desde la Guerra de los Mil Días.
Colombia armó como pudo una fuerza expedicionaria bajo el mando del propio Alfredo Vásquez Cobo —el mismo general que había firmado el tratado de fronteras en 1907, ahora convertido en jefe militar de la operación de recuperación—. Se combatió en Tarapacá, en Güepí, en varios puntos del Putumayo, donde los peruanos habían mantenido presencia efectiva desde 1917 controlando el tramo entre la frontera con Brasil y ese asentamiento estratégico. La guerra fue de baja intensidad medida en batallas grandes, pero de enorme costo político y financiero para Colombia. El gobierno de Olaya Herrera recolectó oro y joyas de la población civil, incluyendo argollas matrimoniales, para financiar el esfuerzo bélico; el episodio se recuerda con frecuencia como donación patriótica encabezada por la Primera Dama, aunque parte de la evidencia lo describe en términos menos épicos, como confiscación forzosa.
Sánchez Cerro fue asesinado el 30 de abril de 1933; su sucesor, Óscar R. Benavides, tenía relaciones personales antiguas con Olaya Herrera y buscó una salida negociada. El armisticio se pactó el 24 de octubre de 1933. Las negociaciones diplomáticas culminaron en el Protocolo de Río de Janeiro, firmado el 24 de mayo de 1934, que devolvió plenamente Leticia a Colombia y preservó el trapecio amazónico como salida colombiana al Amazonas. En términos jurídicos, Colombia ganó. En términos militares, había demostrado que no podía defender lo suyo.
La República Liberal: fabricar presencia
El susto de Leticia catalizó lo que ya estaba en marcha. Antes de la invasión, Olaya Herrera había creado en 1931 la Intendencia del Amazonas y había impulsado, mediante la Ley 10 del 8 de octubre de 1930, una reorganización financiera de las intendencias y comisarías del país. La política de integración territorial no fue inventada por la guerra; la guerra la volvió urgente, la dotó de argumento nacionalista y la acompañó de dinero. Los liberales caracterizaron en su retórica pública la situación de Caquetá, Putumayo y Amazonas como resultado del "criminal abandono de las administraciones conservadoras" —una fórmula partidista útil que también describía, con precisión razonable, medio siglo de desinterés desde Bogotá.
Las reformas militares fueron las primeras y más visibles. Olaya Herrera depuró el cuerpo de oficiales, apartando a conservadores considerados ineptos e incorporando oficiales más jóvenes de simpatías liberales. Se compraron a Alemania aviones trimotor Junkers JU-52 para dar cuerpo a una fuerza aérea que hasta entonces no existía en sentido estricto. En 1936, ya bajo el gobierno de Alfonso López Pumarejo, se abrieron escuelas especiales de infantería, caballería y artillería, sentando las bases institucionales de un ejército moderno. Como Colombia carecía de marinos preparados para tripular sus propios buques de guerra —realidad grotesca para un país con dos océanos y ríos navegables continentales—, en 1934 se contrató una misión naval inglesa dirigida por el contralmirante Basil O. Bell-Salter, con 25 oficiales de la Real Armada británica; la misión llegaría a contar con 250 miembros. Se importaba, literalmente, la capacidad de tener marina.
En paralelo corrió el esfuerzo administrativo y colonizador. Entre 1932 y 1946, bajo los tres gobiernos liberales sucesivos —Olaya Herrera, López Pumarejo y Eduardo Santos—, se adjudicaron en Colombia 13.523 títulos de baldíos que sumaron 654.334 hectáreas. Al Caquetá le correspondieron 823 adjudicaciones, el 6,1% del total nacional, sobre 36.189 hectáreas, el 5,5% de la superficie adjudicada. La cifra parece modesta, y lo es: pero comparada con el periodo anterior —entre 1903 y 1931 solo se habían registrado 23 adjudicaciones en el Caquetá, apenas el 0,1% del total histórico del departamento— representa un salto de dos órdenes de magnitud. El Estado liberal empezó, por primera vez, a titular tierra en la Amazonía occidental de forma sistemática.
López Pumarejo, en su primer gobierno (1934-1938), incorporó estas iniciativas al programa mayor de la Revolución en Marcha, cuya reforma agraria —la Ley 200 de 1936— buscaba modernizar la estructura de la tierra en todo el país. La reforma fue vetada por sectores de élites regionales tanto conservadoras como liberales, y sus alcances quedaron limitados; el gobierno siguiente, el de Eduardo Santos (1938-1942), frenó buena parte de su impulso. La colonización campesina de la Amazonía, medida en términos históricos, siguió siendo marginal: entre 1930 y 1946, apenas el 0,80% de los colonos históricos se vincularon al Putumayo y el 2,90% al Caquetá. La República Liberal empujó, pero no volcó.
Las políticas se completaron con subsidios financieros a intendencias y comisarías, obras públicas incipientes, campañas de salud y promoción de la colonización dirigida. La retórica oficial pintaba una integración nacional en marcha; la realidad sobre el terreno seguía dependiendo, en enorme medida, de las mismas misiones católicas que operaban desde 1887 bajo el Concordato. Tras la retirada de la Casa Arana al Perú en 1933, las misiones —capuchinas en el Putumayo, entre otras órdenes en distintos tramos— siguieron siendo el sustituto más cercano al Estado. El proyecto de "civilización" de los indígenas que la Ley 89 de 1890 había puesto en sus manos continuó ejerciéndose, con lo que las comunidades del Putumayo salieron de un régimen de opresión —el cauchero— para entrar en otro —el misional—, sin que en medio hubiera aparecido con claridad el Estado laico liberal que los discursos de Bogotá pregonaban.
La geografía racializada y el revés de la nación
Detrás de la fragilidad estructural de la soberanía amazónica hay una capa más profunda que ni tratados ni guerras alcanzan a modificar por sí solos: la imaginación geográfica de las élites colombianas. Como ha mostrado Alfonso Múnera, las élites criollas construyeron desde antes de la Independencia una división racializada del territorio nacional: los Andes, asociados con la civilización y con la raza blanca; las tierras bajas —costas, llanos y selvas—, asociadas con la barbarie y con las razas negra e indígena. Esa geografía moral perduró a lo largo del siglo XIX y no fue desmontada por la República Liberal.
En esa cartografía imaginaria, el Putumayo y la Amazonía en general eran, en la formulación de Margarita Serje, "el revés de la nación": el espacio donde se proyectaban los deseos —de riqueza extractiva, de conquista fronteriza— y los miedos —de otredad racial, de disolución civilizatoria— del centro andino. La literatura de viajes de finales del siglo XIX y comienzos del XX describía el Putumayo con términos paradójicos: cuna de sueños de prosperidad no explotada y de pesadillas raciales y políticas. La región se pensaba a la vez como promesa y como amenaza, como frontera abierta y como abismo. Lo que rara vez se pensaba era como parte plena del país.
José Eustasio Rivera, que conoció esas selvas como miembro de la comisión de límites con Venezuela, concibió La vorágine (1924) precisamente como vehículo literario para hacer trascender su denuncia de las prácticas esclavistas de los caucheros, ante lo que percibió como la indiferencia de los parlamentarios colombianos encerrados en Bogotá. Rivera constató en primera persona que los legisladores eran ajenos a la realidad de los llanos del Orinoco y de las selvas del Amazonas, territorios sin deslindes precisos con Venezuela, Brasil o Perú. Su novela quiso obligar al país a mirar; el país miró la novela y siguió sin mirar la selva.
Esta capa cultural explica por qué las reformas liberales, aunque reales, no lograron transformar el fondo. El proyecto de fabricar Estado en la Amazonía chocaba con una estructura de sentido en la que la Amazonía no era propiamente el Estado. La adjudicación de baldíos, la creación de intendencias, la contratación de misiones navales inglesas eran gestos administrativos sobre un territorio que la imaginación nacional seguía viendo como periferia constitutiva. Y lo que no está en la imaginación de las élites tiende a no estar en sus presupuestos.
La red del conflicto
La soberanía amazónica se tejió, más que por doctrina, por la interacción de figuras concretas cuyas trayectorias vale la pena nombrar. Alfredo Vásquez Cobo hizo de bisagra: firmó el tratado de fronteras con Brasil en 1907 y comandó la expedición militar de recuperación de Leticia en 1932-1933, encarnando en una sola vida el arco entre la ficción cartográfica y la guerra que la puso a prueba. Fabio Lozano Torrijos, que negoció el tratado de 1922 con Perú, quedó luego en el centro de la controversia doméstica sobre si el acuerdo había sido ganancia o cesión. Julio César Arana, patriarca de la Casa Arana, fue el actor no estatal más poderoso de la selva durante veinte años y encarnó la contradicción de que el capital privado peruano administrara territorio nominalmente colombiano.
Del lado peruano, Sánchez Cerro y Benavides representaron los dos rostros del nacionalismo limeño frente a Colombia: el envalentonamiento retórico y la negociación pragmática. Del lado colombiano, la trilogía liberal —Olaya Herrera, López Pumarejo, Santos— repartió papeles: Olaya como el reformador que empezó y sostuvo la guerra, López como el radical que integró la Amazonía en un proyecto mayor de modernización, Santos como el moderado que frenó los excesos. Gabriel Turbay actuó en distintas coyunturas diplomáticas del conflicto. Laureano Gómez, desde la oposición conservadora, aportó una crítica nacionalista que a veces confluía con las tesis liberales sobre la debilidad territorial y a veces las combatía por razones partidistas.
Y en la periferia de la escena, actores sin nombre público: los soldados que subieron por el Amazonas, los colonos que titularon predios de menos de cien hectáreas en el Caquetá, los indígenas Murui que huyeron de las caucherías hacia el Caquetá, los oficiales ingleses de la misión naval Bell-Salter que le enseñaron a Colombia a tener marina. La soberanía amazónica, como toda soberanía real, no la ejercen los tratados: la ejercen —o no— cuerpos concretos sobre territorios concretos.
La huella: soberanía inconclusa
Lo construido entre 1930 y 1946 no fue nada, pero tampoco fue suficiente. La República Liberal transformó la Amazonía de periferia jurídicamente reclamada pero prácticamente ausente en una región con intendencias, con guarniciones desplegadas —aunque frágiles—, con títulos de baldíos, con incipientes obras públicas y con una retórica nacionalista que la incorporaba al imaginario del país. El Protocolo de Río de Janeiro de 1934 quedó como fecha fundacional de esa soberanía: Colombia recuperó Leticia y con ella la certeza de que el trapecio amazónico le pertenecía.
Pero el andamiaje quedó frágil. Las bonanzas extractivas siguientes —pieles en los años cuarenta, petróleo desde los cincuenta, maderas, coca desde los setenta— se sucedieron sobre un territorio donde el Estado seguía llegando después que las empresas, después que los colonos, después que la violencia. La guerrilla de las FARC hizo del Caquetá, el Putumayo y el Guaviare uno de sus corredores centrales durante la segunda mitad del siglo XX; la debilidad histórica del Estado en esos territorios explica parte de su capacidad de asentamiento y de la legitimidad local que llegó a alcanzar. Los paramilitares llegaron después, y con ellos otra ronda de desplazamientos indígenas.
El episodio que quizás mejor sintetiza la continuidad del problema ocurrió el 1 de marzo de 2008, cuando el ejército colombiano abatió al comandante de las FARC Raúl Reyes en la ribera sur del río Putumayo, a una milla dentro de territorio ecuatoriano. La operación desató una crisis diplomática con Ecuador y Venezuela y volvió a plantear —tres cuartos de siglo después del susto de Leticia— si Colombia controla realmente sus fronteras amazónicas o simplemente actúa a través de ellas. El desplazamiento continuo de indígenas colombianos al sur del Putumayo hacia Ecuador, huyendo de paramilitares o de las FARC, revela una frontera que a nivel de terreno sigue siendo porosa, más línea imaginaria que realidad institucional.
La soberanía amazónica que la República Liberal empezó a construir en los años treinta permanece como proyecto inconcluso. Los tratados están firmados desde 1907, 1922, 1928 y 1934; las intendencias existen desde 1931; los mapas escolares muestran la Amazonía colombiana en verde compacto. Pero la relación entre esos gestos de Estado y la presencia efectiva sobre 423.473 kilómetros cuadrados de selva sigue siendo, un siglo después del Salomón-Lozano, más aspiración que hecho. Las comunidades indígenas que sobrevivieron al ciclo cauchero, las misiones que reemplazaron al Estado, los colonos que titularon baldíos, los soldados que se movieron en aviones de SCADTA, los guerrilleros que hicieron de la selva territorio propio, los pescadores que cruzan la frontera sin registrarla: todos ellos son, en su conjunto y en sus disputas, la historia real de una soberanía que sigue construyéndose.
Que Colombia sea un país amazónico no es entonces un dato: es un proyecto que empezó en 1907, se aceleró con el susto de 1932, tomó cuerpo institucional entre 1930 y 1946 y aún no ha terminado de fabricarse. La República Liberal fue el momento en que ese proyecto dejó de ser retórico y se volvió administrativo. Que no haya cuajado del todo no invalida lo que hizo; lo sitúa en su justa proporción, como el primer intento serio, y estructuralmente insuficiente, de convertir en Estado lo que hasta entonces solo había sido, en las cartografías, un color verde sobre el mapa.
En el archivo
1 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01Enrique Olaya Herrera
- 02Alfonso López Pumarejo
- 03Eduardo Santos
- 04Alfredo Vásquez Cobo
- 05Fabio Lozano Torrijos
- 06Alberto Salomón Osorio
- 07Julio César Arana
- 08Leticia
- 09Putumayo
- 10Caquetá
- 11Amazonía
- 12Perú
Personas
Lugares
Ideas
Documentos y fragmentos citados
31 documentos · 40 fragmentos
01Gran Enciclopedia de Colombia: Geografía 1Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Eufrasio Bernal Duffo, Melania Kowalewska (Textos complementarios) · 2007 · p. 451 cita
[1]Mira. La boca de la quebrada Pipala. El origen principal del rio Carchi, Alumbre 0 Jativa. La boca de la quebrada El Morro. El cerro La Quinta. El cerro Troya. El origen de la quebrada Pun. La boca de la quebrada La Industria. La cumbre del cerro de Pax. EI meridiano de la boca del tio Cuhimbé. Longitud aproximada en…
p. 45
02Nueva Geopolítica de ColombiaJulio Londoño Londoño · 1965 · p. 661 cita
[2]feopolític»—i Lo desconocido del territorio, así como las dificultades de los transportes para llegar -a sitios que en las cartas geográfi- cas habían sido marcados de manera irregular y muchas veces antojadiza, la ejecución del trazado se fue demorando hasta el momento de la independencia de los países americanos en…
p. 66
03Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 172 citas
[3]popular cada cuatro años. Su denominación como República de Co- lombia fue propuesta por el general Simón Bolí- var durante el congreso de Angostura en 1819, como homenaje al descubridor Cristóbal Colón. Desde esa fecha hasta 1831 la República de Co- lombia comprendía todo el territorio que abarca- ba el antiguo…
p. 17
[4]popular cada cuatro años. Su denominación como República de Co- lombia fue propuesta por el general Simón Bolí- var durante el congreso de Angostura en 1819, como homenaje al descubridor Cristóbal Colón. Desde esa fecha hasta 1831 la República de Co- lombia comprendía todo el territorio que abarca- ba el antiguo…
p. 17
04Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 316, 3232 citas
[5]nes se agregaron a los viejos Caudron, los Wild suizos. Cerrada de nuevo en 1928, reabierta en 1929 con oficialidad francesa, la Escuela registra oscilacio- nes similares a las que el ejército y la Armada hubieron de sufrir en un am- biente político de indiferencia por las necesidades de la defensa nacional y la…
p. 316
[25]primera potencia naval de la época, y la más rica en tradición ma- rinera, de cuyos astilleros salieran el Crofton Hall en Glasgow y los des- tructores Douro y Tejo (Duero y Tajo) en Lisboa, con los cuales nacía, bajo los nombres de Cúcuta, Antio- quia y Caldas, nuestra moderna ar- mada. Fue así cómo se contrató en…
p. 323
05Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 1121 cita
[6]se hu- biera mantenido la frontera de 1830, o sea la de la ribera norte del río Ama- zonas. El tratado de 1922 por lo me- nos salvó ese pequeño trozo de fron- tera. El Perú, sin embargo, no quedó sa- tisfecho con el tratado Lozano-Salo- món de 1922, y ello condujo más tarde a la invasión por el Perú del trapecio…
p. 112
06Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · p. 781 cita
[7]oficiales estaban más al servicio de la política que concentrados en su oficio y el gobierno civil no era lo suficien- temente diestro en los asuntos de defensa, como para trabajar en estrecha cola- boración con el sector castrense a la hora de proyectar los planes estratégicos necesarios para cubrir todo el teatro de…
p. 78
07Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 781 cita
[8]el río Apaporas; contintia por el Apaporls hasta su confluencia con re Caquetá y continúa por el curan de es unos 18 kilómetros, hasta un sit cerca de la iso de Inambú, punto Temitorio de Colombia Trestado:de Crayaguil embrrCielponit o Peri del 13 destine de 1629 Firmas del presatrote del Meri, Autors Curtifrnez ae la…
p. 78
08Petróleo, coca, despojo territorial y organización social en PutumayoEdinso Culma Vargas, Juliana Guerra Rudas, Rocío Londoño Botero · 2015 · p. 281 cita
[9]región en las últimas dos décadas del siglo XX. Igual ocurre al revi- sar estudios académicos e institucionales que, de una parte, se concentran en una configuración territorial a partir de la eco- nomía ilegal de la coca y su relación con los grupos armados y el narcotráfico (Ramírez, 2001; Observatorio de Derechos…
p. 28
09Putumayo: la vorágine de las caucherías. Memoria y testimonio. Primera parteAugusto Javier Gómez López (relator y compilador); Centro Nacional de Memoria Histórica · p. 49, 1452 citas
[10]se hallaban aprovi- sionados “del armamento necesario para reducir a los indígenas a una obediencia basada en el terror”, que “puso en sus manos a tribus enteras a las que tenía gran interés en aterrorizar”. 145 Fragmentos para una historia económica y sociocultural de las caucherías en el Putumayo Fuentes…
p. 145
[12]ríos Putumayo, San Miguel de Sucumbíos, Cuyabeno, Caquetá y Caguán: abundan- cia de datos históricos, etnográficos, geográficos, botánicos y filológicos de las regiones visitadas. Bogotá: Imprenta Nacional. Reyes, Rafael. (1986). Memorias 1850-1885. Bogotá: Fondo Cultural Cafetero. Weinstein, Bárbara. (1993) A…
p. 49
10Putumayo: la vorágine de las caucherías. Memoria y testimonio. Segunda parteAugusto Javier Gómez López (relator y compilador); Centro Nacional de Memoria Histórica · p. 5141 cita
[11]enero de 514 Putumayo: la vorágine de las caucherías. Memoria y testimonio 1910 – Señor Gerente de las Rentas Departamentales – Popayán. – Tengo el honor de rendir a usted el informe que me solicitó en su atento oficio de 18 de diciembre último: 1º. Hace tres años que los señores Arana y Compañía quienes desde el año…
p. 514
11Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 431 cita
[13]ejerció un rosario de violencias sobre las comunidades indígenas de Putumayo, Vaupés y Caquetá, que incluyeron despojo, expulsión, explotación, asesinato, tortura y exterminio 55. Un pueblo muy afectado fue el Murui (Uitoto) que huyó y subió por el río Caquetá hacia tierra koreguaje, pueblo con el que hicieron las…
p. 43
12Caquetá: conflicto y memoriaHarley Enrique Gutiérrez Ñustez, Rubén Darío Polo Sierra, Cristian E Paredes González · 2013 · p. 61 cita
[14]con parafina para que los empleados disfruten con su desesperada agonía. Hoy en día los pueblos indígenas Uitoto, Coreguaje, Inga y los que llegaron en los últimos años, Emberá Chamí y Paeces, recuperan y fortalecen las costumbres ancestrales en sus territorios, como una forma de resistencia para dejar en el pasado la…
p. 6
13Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. AmazoníaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 45, 482 citas
[15]entre 1932 y 1933. Al final de la guerra la Casa Arana se retiró al Perú. Sin embargo, la retirada de la Casa Arana –e incluso de otras caucheras que años más tarde cesarían actividades debido al auge del caucho producido en el Sudeste Asiático–, no significó el fin del suplicio para los pueblos indígenas, pues ya se…
p. 45
[33]con las amazónicas 86 y desarro- llaron «ganaderías vacunas y cultivos de plátano y hortalizas» 87, dando comienzo a la reconfiguración territorial y productiva. Un colono campesino le contó a la Comisión su origen y el de su familia: «[Soy] un hijo de colonos por parte de mi padre, quien nació aquí en Florencia,…
p. 48
14Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 171, 1782 citas
[16]su marginalidad. Para permitir y justificar la violencia se acuerdan derechos y reglas fuera de las leyes estatales. Hoy, los habitantes del Putumayo se remiten a este periodo histórico para explicar el por qué de la “barbarie” que según sus dirigentes, caracteriza la violencia en el departamen- to (Plan de Desarrollo…
p. 171
[34]5,15% Tolima: 4,9% Cundinamarca: 5,15% Otros: 4,9% Otros: 4,12% Caquetá: 2,4% Cauca: 3,78% Cundinamarca: 2,4% Caldas: 3,09% Meta 1,6% Quindío: 2,41% Huila 0,8% Boyacá: 2,41% Período de vinculación Período Putumayo Caquetá 1930 - 1946 0,80% 2,90% 1947 - 1967 23,20% 34,60% 1968 - 1977 19,20% 34,60% 1978 - 1986 37,60%…
p. 178
15Colombia amargaGermán Castro Caycedo · 2015 · p. 491 cita
[17]se internan en la selva, solamente con algunas porciones de fariña (arepa extraída de la yuca brava), que ellos mismos producen. Para procurarse algunas monedas, los indios deben venderle la fariña a un par de comerciantes que trafican allí amparados por los caucheros. Uno de éstos llegó como guardián al penal,…
p. 49
16Colombia's Forgotten Frontier: A Literary Geography of the PutumayoLesley Wylie · 2013 · p. 4, 452 citas
[18]beyond documented the potential of this ‘empty’ frontier zone for exploitation and development and surrounding nations scrambled for control of its wealth of tropical products. As mentioned in the introduction, Serje has argued that Colombia’s wild natural expanses, including the Putumayo, have often been conceived of…
p. 45
[38]region floundered by the late 1910s, Peru’s and Colombia’s continued to grow. By 1917 the Peruvians were reported to control the portion of the Putumayo from the Brazilian border to the strategic settlement of Güeppí,19 later the site of a key battle during the 1932/33 Peruvian-Colombian war which broke out over the…
p. 4
17Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 331 cita
[19]bélico y unos aviones capturados. El 25 de junio, tras la retirada peruana, la guerra terminó y Leticia quedó en manos de la Liga de Naciones. El 24 de octubre de 1933 se pactó un armisticio y se iniciaron negociaciones diplomáticas; el conflicto terminó con la firma del tratado de paz a través del Protocolo de Río de…
p. 33
18Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · p. 731 cita
[20]dólar por libra en septiembre de 1929 se bajó a 16 centavos en sólo dos meses. Los peores precios, sin embargo, se darán entre 1932 y 1935, siendo cercanos a los 10 centavos (Informe de Gerencia, p. 177). Ver José A. Ocampo y Santiago Montenegro, Crisis Mundial, Protección e Industrialización, Bogotá: Cerec, 1984,…
p. 73
19Colombia: Territorial Rule and the Llanos FrontierJane M. Rausch · 1999 · p. 1, 41, 913 citas
[21]funds for basic economic reforms, received pledges of ten million pesos to buy war bonds. 37 Energized by the outpouring of popular support, Olaya Herrera mobilized the army to confront the Peruvians, but the difficulties of fighting a war in remote Amazonas were soon apparent. Reports from Leticia took Page 41…
p. 91
[23]Pumarejo's high profile diplomacy made him Olaya's heir apparent for the presidency in 1934. 45 The army, for its part, had proven itself in battle by defeating a Peruvian force twice its size, but the war alerted the public to Colombia's military weakness. Olaya moved to purge inept Conservative officers, replacing…
p. 41
[27]Page 1 PART I — TERRITORIAL RULE DURING THE LIBERAL REPUBLIC 1999. University Press of Florida. All rights reserved. May not be reproduced in any form without permission from the publisher, except fair uses permitted under U.S. or applicable copyright law. EBSCO Publishing: eBook Collection (EBSCOhost) printed on…
p. 1
20Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 3181 cita
[22]ser el canal más largo del mundo. En 1932 esa selva de La vorágine, en la parte colombiana, se extendía, como ahora, hasta un barranco sobre el Amazonas, Leticia, único pedazo de tierra firme que por el sur del terri- torio nacional cierra el mapa. Es otra entrada al mar, al Océano, tal como la tuvo Ecuador, como la…
p. 318
21Antología de crónicas periodísticasAlfredo Molano Bravo · 2018 · p. 2381 cita
[24]los años 30 o 31, no recuerdo bien. Pero me acuerdo que un tiempito después de volver, cuando ya la tierra estaba cogiendo otra vez cara, Olaya nos llamó para la guerra del Perú. Nosotros obedecimos porque Laureano se puso de parte del Gobierno y nos mandó a la guerra. Estuve entonces en el batallón Juanambú y cuando…
p. 238
22Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 11, 202 citas
[26]of the efforts of some dedicated individuals, however, ~LEGEND~ SCALE kilometers 0 100 200 400 Intendancies Comisarías Amazon Frontier Capitals National Capital N C a r i b b e a n S e a Panama Venezuela GUAJIRA Uribá MAGADLENA BOLÍVAR ATLÁNTICO SANTANDER NORTE de SANTANDER ANTIOQUIA CHOCO CALDAS BOYACÁ ARAUCA Arauca…
p. 20
[28]Herrera and his successor Alfonso López Pumarejo broke with the long tradition of neglect to demonstrate through their administrative reforms, financial subsidies, public works, health campaigns, and promotion of colonization a genuine commit- ment to extending effective national rule to the wilderness regions. Olaya…
p. 11
23Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · p. 121 cita
[29]bota 0 trapecio ama Al conformarse la Gran Colombia (1821-1830), el territorio del actual de- partamento del Amazonas form parte de los departamentos del Azuay (que se extendia ademas por todos los territorios anexados posteriormente por el Pert al ntre 1831 y If nacional del Caqueta; en 1857 formo parte del estado…
p. 12
24Tierras y conflictos rurales: Historia, políticas agrarias y protagonistasRocío Londoño (coord.), Carolina Castro, Álvaro Delgado, Jaime Landinez · 2016 · p. 761 cita
[30](15,3 por ciento); Tolima (6,8 por ciento); Caquetá (5,4 por ciento); Cesar (5,4 por ciento); Chocó (5,1 por ciento); y Córdoba (5 por ciento). El mayor porcentaje de títulos se distribuyó así: Valle del Cauca (23,2 por ciento); Caldas (11 por ciento); Tolima (8 por ciento); Cundinamarca (6,4 por ciento) y Caquetá…
p. 76
25La tierra no basta. Colonización, baldíos, conflicto y organizaciones sociales en el CaquetáCentro Nacional de Memoria Histórica, Erika Andrea Ramírez Jiménez · 2017 · p. 1061 cita
[31]de menos de 100 hectáreas obtuvieron el 69,51 % del área adjudicada. Cabe decir que estos períodos estuvieron marcados por crisis agrarias y conflictos en el espacio interandino y en las nuevas fronteras de colonización. En la siguiente gráfica podemos ver la superficie adjudicada por períodos entre 1903 y 2012. 39…
p. 106
26No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 351 cita
[32]para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición se pone como ejemplo que la luz eléctrica llegó primero al ingenio La Manuelita que a Cali, y que este tuvo primero una red ferroviaria hacia Buenaventura que hacia la ciudad. 13 Tomo Colombia adentro. Relatos territoriales del conflicto armado,…
p. 35
27Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · p. 391 cita
[35]élites criollas resaltando el papel que estos cumplieron en la creación de imágenes particulares sobre las regiones y sus pobladores y en la valoración de sus geografías y de sus razas. Para Múnera, la aparición temprana de los discursos criollos sobre la geografía humana elaborados por autores como José Ignacio de…
p. 39
28Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · p. 1721 cita
[36]Congreso a los caucheros imperialistas — trasnaciona- les— que practicaban aún el esclavismo. Pero quedó todavía más indignado frente a la indiferencia de los parlamentarios y legisladores colombianos, encerrados en la alta sabana de Bogotá, mientras los límites —la realidad— se desparramaba incontrolable hacia los…
p. 172
29Histories of Perplexity: Colombia, 1970s–2010sLina Britto, A. Ricardo López-Pedreros · 2024 · p. 1611 cita
[37]and producing a more holistic understanding of our past and present. Since Independence, nature, and the ways in which it has been perceived, has shaped the for - mation of the territorial administrative units of government that comprise our national geography. This chapter proposes a view of state building in…
p. 161
30At the Margins of the Global Market: Making Commodities, Workers, and Crisis in Rural ColombiaPhillip A. Hough · 2022 · p. 2301 cita
[39]close this chapter with an analysis of the FARC ’ s counter-hegemonic social compact vis-à- vis cocalero farmers and workers as well as the social contradictions of the coca labor regime in the Caguán. Agrarian Development and the Rise of Fedegán ’ s Despotic Cattle Regime in the Caguán, 1963 – 1978 The Caguán region…
p. 230
31Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Ensayo introductorioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 271 cita
[40]la guerra insurgente-contrainsurgente, cuyo objetivo central es la búsqueda y elimi- nación del enemigo, al que se asimilan las poblaciones y territorios en los nacieron y se insertaron las guerrillas o aquellos que se oponen a la lógica de acumulación de riqueza y poder hegemónicos. La paradoja es que la inserción de…
p. 27