Amazonía
“La Amazonía colombiana es, ante todo, una paradoja geopolítica: el territorio más extenso del país ha sido históricamente el menos gobernado por él.”
La Amazonía colombiana ocupa entre 403.401 y 423.473 kilómetros cuadrados —según se apliquen criterios biogeográficos o político-administrativos—, poco más de un tercio del territorio nacional y cerca del treinta por ciento del área amazónica sudamericana. En ese vasto pliegue de selva húmeda, ríos negros y suelos lateríticos viven, según el censo de 2018, algo menos de un millón de personas repartidas en seis departamentos: Caquetá, Putumayo, Guaviare, Amazonas, Vaupés y Guainía. La cifra dice poco por sí sola; lo que importa es la distancia entre esa extensión y esa población, y la historia que ese vacío demográfico ha permitido escribir. Porque la Amazonía no es una periferia natural de Colombia: es un territorio construido a golpe de expedición, misión, concesión cauchera, tratado internacional, colonización campesina y bonanza cocalera, un espacio donde la soberanía se ha ejercido siempre por interpuesta persona —religiosa, empresarial, armada— más que por integración efectiva.
La región y sus contornos
La Amazonía colombiana no es una unidad geológica homogénea. Al nororiente, en el Vaupés, aflora el Escudo Guayanés, con suelos rocosos y arenosos altamente permeables; hacia el oeste, sur y suroeste se despliega la llanura amazónica propiamente dicha, dominada por suelos lateríticos —arcillosos, ricos en óxidos de hierro que les dan su color rojo característico— formados por una hidrólisis intensa que las altas temperaturas y las lluvias permanentes aceleran. Bajo la aparente exuberancia, la fertilidad química del suelo es escasa: la vida se sostiene sobre una delgada capa de detritos vegetales que aporta el humus indispensable, y cuando esa película se rompe con la tumba y la quema, la selva no vuelve fácilmente. Es una geografía que castiga la agricultura extensiva y premia la itinerancia, la chagra rotativa y el conocimiento fino del ciclo del bosque.
La región está delimitada al norte por los ríos Guaviare y Guayabera. Al interior la surcan afluentes del Amazonas que han sido, más que las trochas terrestres, las verdaderas carreteras de la historia: el Putumayo y el Caquetá bajando desde el piedemonte andino, el Vaupés y el Apaporis atravesando el escudo, y en el extremo sur el propio Amazonas rozando el trapecio de Leticia. En sus aguas viven el pirarucú y el valentón, las toninas o bufeos, los manatíes y unos caimanes cuya cacería intensa los ha reducido a poblaciones marginales. La fauna, como la selva, se defiende mal de la escopeta y del anzuelo industrial.
El clima tropical húmedo no es continuo: cada tanto, cuando el invierno austral empuja masas de aire frío subtropical hacia el norte, la temperatura amazónica puede caer a quince o dieciocho grados en el fenómeno llamado friaje, un recordatorio de que la selva conversa con la Patagonia. Sobre ese sustrato ecológico se despliega una densidad cultural que ninguna otra región colombiana iguala: cincuenta y tres lenguas originarias repartidas en dieciséis familias lingüísticas. La familia tukano agrupa a tukanos, guananos, taiwanos, kubeos, karapanos, desanos, barasanos, makunas, sionas y koreguajes; la witoto reúne a witotos, boras, muinanes, andokes y mirañas; a ellas se suman lenguas arawak y otras familias menores. Ninguna otra frontera del país reúne tal condensación de mundos.
Antes de que se llamara Colombia
Los pueblos que hoy viven en la Amazonía colombiana no llegaron con los españoles ni descienden de ellos. Los grupos de lenguas caribe, en particular, participaron entre hace tres mil quinientos y dos mil años en un vasto movimiento migratorio que, desde las costas de Venezuela y el norte de lo que hoy es Colombia, empujó hacia el interior siguiendo las cuencas del Orinoco y del Amazonas. Cuando los primeros europeos remontaron los afluentes andinos en busca de El Dorado y del "país de la canela", encontraron un mosaico ya antiguo de sociedades ribereñas y de interfluvio, con economías de chagra, pesca y recolección, y con redes de intercambio que unían el piedemonte con el corazón de la selva.
Las expediciones de la primera mitad del siglo XVI fundaron los enclaves que servirían de cabeceras para la penetración posterior: Mocoa, la ciudad de Ecija sobre el San Miguel, el poblado Espíritu Santo del Caguán a orillas del río Guayas cerca del actual Puerto Rico. Ninguno se convirtió en núcleo urbano de peso; casi todos oscilaron entre el abandono y la reocupación. Lo importante no fue lo que fundaron, sino los caminos que abrieron: por esas trochas volverían, en oleadas sucesivas, los misioneros del período colonial y los caucheros del republicano tardío. La primera huella que la Amazonía recibió del Estado —primero imperial, luego nacional— fue así una huella tenue, apenas la sombra de una expedición que pasaba en busca de otra cosa.
La escasa presencia civil y militar de la corona dejó el trabajo a las órdenes religiosas. El agustino Requejada cruzó la región del Caquetá hacia 1542 y 1543; un jesuita mantuvo misión en Mocoa entre 1650 y 1661, y otros agustinos volvieron a esa misma localidad entre 1793 y 1803. Los mercedarios, saliendo desde el Tejar de Quito, organizaron los pueblos de Ramón Nonato y Nuestra Señora de la Asunción y evangelizaron a los indígenas yurías del bajo Caquetá. En el río Negro, hacia 1657, los jesuitas lusitanos promovieron la reducción y el traslado de numerosos pobladores nativos, en un movimiento paralelo al de los sertanistas y traficantes de esclavos que penetraban desde el Brasil. La geografía misma de la Nueva Granada, con sus tres cordilleras compartimentando el territorio, dejaba el oriente en manos de quien pudiera llegar allá; y los que llegaban con más constancia eran los misioneros. Esa delegación tácita de la soberanía en el clero —una fórmula que se prolongaría casi sin interrupción hasta bien entrado el siglo XX— quedó inscrita desde entonces en el ADN administrativo de la región.
Del sueño de la Gran Colombia al ciclo del caucho
Cuando Bolívar propuso en el Congreso de Angostura, en 1819, el nombre de República de Colombia para el país que englobaría el antiguo Virreinato de la Nueva Granada, la nueva nación se extendía nominalmente desde el alto Amazonas hasta el norte de Veraguas. Sobre el mapa la Amazonía era colombiana; sobre el terreno, era otra cosa. Tras la disolución de la Gran Colombia en 1831, la región que hoy forma el departamento del Amazonas pasó sucesivamente por los departamentos del Azuay y Boyacá, el territorio nacional del Caquetá, el estado federal en 1857 y el departamento del Cauca desde 1886. Cada reajuste administrativo era un gesto cartográfico más que un ejercicio efectivo de gobierno: ni impuestos ni escuelas ni jueces bajaban por los ríos.
Lo que sí bajó, con el correr del siglo XIX, fueron los ciclos extractivos. Primero la quina, cuya corteza rica en quinina se cotizaba en los mercados europeos como remedio contra la malaria. La extracción tradicional consistía en descortezar parcialmente el árbol para permitir su regeneración, pero el auge exportador de finales del siglo XIX impuso una tala rasa: los bosques de quina se agotaron localmente hasta la extinción del recurso, siguiendo un patrón que se repetiría casi idéntico con cada bonanza posterior. La política estatal de tierras baldías y bosques nacionales, en el marco del auge agroexportador de fin de siglo, facilitó el acceso de comerciantes y empresarios a los recursos amazónicos sin que el Estado se hiciera presente en el territorio por otros medios.
Al ciclo de la quina siguió, con solapamiento parcial, el del caucho, y con él llegó la fase más brutal de la historia amazónica colombiana. Desde su base en Iquitos —una aldea de mil quinientos habitantes que entre 1885 y 1907 se transformó en puerto cosmopolita— Julio César Arana montó la Casa Arana, la Peruvian Amazon Company, que extendió su red de puestos, embarcaderos y "secciones" por las cuencas del Putumayo y el Caquetá. Los pueblos indígenas de la región, en particular los Murui —conocidos también como uitotos—, junto con boras, muinanes, andokes y mirañas, quedaron sometidos a un sistema que combinaba esclavitud por deuda, tortura, asesinato y despojo. Las deudas, por añadidura, se heredaban: los hijos nacían debiendo a la compañía las obligaciones de sus padres, lo que institucionalizaba una servidumbre transgeneracional.
Los Murui huyeron aguas arriba por el Caquetá, internándose en territorio koreguaje con quienes sostenían una enemistad antigua, y allí, entre los sobrevivientes, se pactó la paz que la violencia de los caucheros había vuelto imprescindible. Fue una de las muchas reconfiguraciones interétnicas que la industria del caucho impuso a la geografía humana amazónica: alianzas que no habrían existido sin el terror externo. La escala de la catástrofe demográfica fue tal que, más de un siglo después, los pueblos afectados siguen contando su historia contemporánea a partir de aquel corte.
Y sin embargo, el Estado colombiano no estaba propiamente ausente durante el ciclo cauchero: estaba delegado. La Casa Arana operaba en un territorio que Bogotá reivindicaba como propio pero que no gobernaba; los misioneros —capuchinos sobre todo en el Putumayo desde finales del siglo XIX— ejercían la función de "vanguardia civilizadora" que la República les había asignado; y los pocos funcionarios civiles enviados desde el interior descubrían, al llegar, que el poder efectivo pertenecía a los patrones caucheros y a los prefectos apostólicos. En 1913, una queja del delegado apostólico bastó para retirar del cargo al general Joaquín Escandón: dato menor que ilustra bien la jerarquía real de las autoridades en la región.
La frontera se define con las armas
La ambigüedad territorial de la Amazonía no podía sostenerse indefinidamente en un continente donde los Estados vecinos también reclamaban porciones. Brasil, Perú, Ecuador y Venezuela pujaban por trazar líneas favorables, y la definición de las fronteras se convirtió en el gran asunto amazónico de la primera mitad del siglo XX. El tratado Vásquez Cobo-Martins, firmado en 1907, ajustó los límites con Brasil siguiendo la línea que en 1869 había propuesto el plenipotenciario brasileño Nascentes de Azambuja. Con Perú, un tratado suscrito en Guayaquil en 1829 nunca alcanzó vigencia efectiva, y la disputa se prolongó hasta que el 24 de marzo de 1922 el tratado Lozano-Salomón definió los límites: Colombia cedía extensas zonas entre los ríos Putumayo y Napo, y a cambio obtenía —esta era la gran ganancia— acceso al Amazonas por el trapecio de Leticia.
La aritmética del tratado no dejó satisfecha a la opinión peruana, particularmente en la Loreto amazónica. En septiembre de 1932, azuzados por el nacionalismo que exaltaba el gobierno populista de Sánchez Cerro, un grupo de habitantes de la región de Loreto invadió Leticia. Fue el conflicto amazónico, y encontró a Colombia con el pie cambiado: los aviones de escuela eran obsoletos, la armada fluvial precaria, y la indiferencia política hacia las necesidades de defensa nacional se hizo visible de golpe. El país descubrió que la soberanía sobre la Amazonía existía en los tratados pero no en el equipamiento militar. La campaña, sostenida a duras penas bajo la presidencia de Enrique Olaya Herrera, se resolvió por la vía diplomática: un armisticio pactado el 24 de octubre de 1933 dio paso, tras la intervención de la Liga de Naciones, al Protocolo de Río de Janeiro suscrito el 24 de mayo de 1934, que ratificó la plena soberanía colombiana sobre Leticia.
El episodio dejó una lección incómoda: la Amazonía había sido, en palabras que resumen bien el período, "tierra de todos y tierra de nadie", donde cada país limítrofe reivindicaba porciones sin que ninguno gobernara efectivamente. Solo en la década de 1940-1950, tras negociaciones interminables y una guerra, quedarían definitivamente trazados los límites con Venezuela, Brasil, Perú y Ecuador. La frontera se dibujó con la tinta del derecho internacional; el territorio, por dentro, siguió gobernándose por delegación.
Comisarías, misiones y el Estado por interpósita mano
La respuesta administrativa del Estado a la debilidad revelada por el conflicto amazónico fue crear una arquitectura territorial específica: los territorios nacionales, divididos en intendencias y comisarías, con un régimen distinto al de los departamentos. La Comisaría del Amazonas se creó en 1928, y en 1931 fue elevada a intendencia; la Ley 4ª de 1934 la reorganizó bajo la capital de Leticia. La Comisaría del Vaupés existía desde el Decreto 1131 de 1910, segregada del antiguo territorio del Caquetá, y de ella se irían desprendiendo con el tiempo las comisarías del Guaviare (Ley 18 de 1963) y de Guainía (Ley 55 de 1977). Hacia mediados del siglo XX, las comisarías de Amazonas, Putumayo, Vaupés y Vichada sumaban unos 406.264 kilómetros cuadrados —el 35,7% del territorio nacional— habitados por apenas 66.204 personas, el 0,44% de la población del país. La desproporción entre superficie y población definía la administración: gobernar semejantes vacíos costaba caro y no daba votos.
La solución, característica del régimen republicano en la región, consistió en delegar. Los territorios nacionales fueron considerados "territorios de misiones", y la educación en ellos siguió reglamentada por un convenio con las órdenes religiosas renovado en 1952 durante el gobierno de Laureano Gómez y sostenido durante todo el Frente Nacional: la Nación contrataba, a través del nuncio del Vaticano, al vicariato y al prefecto apostólico correspondientes, y a ellos les entregaba la dirección, vigilancia e inspección de las escuelas y el nombramiento de los maestros. Pero las funciones eclesiásticas iban mucho más allá de la instrucción: el prefecto apostólico era jefe superior de policía en los pueblos "en proceso de reducción", máxima autoridad en materia de baldíos e inmigración, y su firma pesaba más que la del funcionario civil.
En la Comisaría del Vaupés, la Resolución 075 de 1956 llevó esta arquitectura a un extremo revelador: ningún indígena podía ser contratado para trabajos —típicamente por caucheros que seguían operando en los años cincuenta y sesenta— sin permiso del prefecto apostólico o del sacerdote delegado. La medida quiso protegerlos, y en parte los protegió, pero también concentró en manos de los misioneros capuchinos el control efectivo sobre la fuerza laboral indígena, generando conflictos con los empresarios del caucho que dependían de esa mano de obra. La Iglesia era, en la práctica, la administración pública de la Amazonía; el Estado ponía la ley y ella la aplicaba.
Solo la Constitución de 1991, cuatro décadas después, cerraría este régimen singular al elevar a la categoría de departamentos a los antiguos territorios nacionales de frontera, entre ellos Amazonas —con capital en Leticia y 109.665 kilómetros cuadrados— y Vaupés —con capital en Mitú y 65.269 kilómetros cuadrados—. La delegación eclesiástica cedió su lugar, al menos en la letra, a la administración departamental ordinaria.
Los colonos: la frontera avanza sola
Mientras Bogotá negociaba tratados y firmaba convenios con nuncios, otra fuerza construía la frontera amazónica sin instrucciones estatales: la colonización campesina. Desde finales del siglo XIX y a lo largo de todo el XX, oleadas sucesivas de campesinos desplazados por la violencia y por la concentración de tierras en el interior del país fueron bajando por el piedemonte hacia Caquetá, Putumayo, Guaviare y el suroccidente del Meta. La lógica era brutal en su simplicidad: quien no cabía en la parcela andina se iba a tumbar monte más al sur. En 1953, colonos expulsados por el Ejército desde el Caquetá abrieron trochas hasta la Sierra de La Macarena; poco después, campesinos organizados por el Partido Comunista formaron "columnas de marcha" hacia nuevos frentes de colonización, en lo que dio en llamarse "colonización armada".
El patrón, una vez instalado, se reprodujo indefinidamente. El colono llegaba, tumbaba selva, abría potrero, sembraba, y a los pocos años aparecía un comprador de mejoras —ganadero, comerciante, testaferro— que concentraba las tierras para ganadería extensiva. Al colono le quedaban dos opciones: internarse más adentro o regresar de donde había venido. Estudios del Incora en los años sesenta permitieron ver ya con claridad que la colonización amazónica no resolvía la concentración de la tierra: la trasladaba. La frontera avanzaba selva adentro, y detrás quedaba el mismo latifundio del que se huía. Hacia 2002, los cálculos del IGAC y de Corpoica estimaban la deforestación anual en 221.000 hectáreas y el avance de la frontera agropecuaria entre 5 y 10% en los quince años anteriores. La selva pagaba las cuentas de la cuestión agraria nacional.
A ese motor estructural de la colonización se sumaron, desde mediados del siglo XX, sucesivas bonanzas: pieles, maderas, petróleo —que llegó al Putumayo hacia 1950-1960— y, desde finales de los setenta, la que reorganizaría toda la región: la coca. Introducida al Putumayo hacia el final de esa década, la hoja convirtió el período 1977-1987 en una etapa de nuevo auge migratorio hacia Caquetá, Putumayo y Guaviare, con llegada masiva de población de todo el país. La coca no fue una anomalía en la historia amazónica: fue un ciclo extractivo más, con el mismo patrón que la quina y el caucho —bonanza rápida, acumulación externa, degradación local— solo que ahora sobre un cultivo ilegal y con una demanda estructuralmente insaciable.
Coca, guerrilla y la soberanía por delegación armada
La coca coincidió con la consolidación de las FARC-EP en la región. Desde mediados de los años sesenta, la guerrilla, con influencia del Partido Comunista Colombiano, se había insertado en las dinámicas de colonización, y hacia los años ochenta el auge de los cultivos ilícitos reforzó su presencia hasta hacerla predominante en amplias zonas del Caquetá, el Guaviare, el Meta amazónico y el Putumayo. Las FARC no fueron un actor añadido al paisaje: se convirtieron, en muchos municipios, en la administración efectiva.
En zonas como el Caguán, ejercieron funciones de regulación que en otros lugares corresponderían al Estado: obligaban a los narcotraficantes a pagar precios de mercado por la pasta base, sancionaban el uso de básculas adulteradas, controlaban la acumulación de tierras redistribuyendo posesiones a nuevos colonos, cobraban gravámenes a la actividad cocalera y, con ellos, sostenían formas rudimentarias de orden social. No eran benefactoras —también reclutaban, imponían, mataban y sembraron minas antipersonal que siguen mutilando campesinos e indígenas—, pero llenaban un vacío institucional que ningún alcalde ni ningún juez alcanzaba a ocupar. En el Putumayo involucraron a comunidades indígenas en la producción de pasta a cambio de apoyo económico, imponiendo horarios de pesca y de tránsito por sus territorios.
La ecuación entre colonización, coca y guerrilla —con el Estado como actor lejano y esporádico— se sostuvo por décadas y tuvo un costo humano altísimo. Entre 1989 y 1994, en las zonas de colonización amazónica, 1.115 personas fueron asesinadas por motivos políticos, los índices más altos de la región; la mayoría de las víctimas eran colonos, pequeños campesinos e indígenas, sometidos al desplazamiento forzado o al asesinato en el marco de la revalorización especulativa de las tierras. Las hectáreas sembradas con coca en el país pasaron de 34.000 en 1988 a 50.900 en 1995 y a 136.200 en el año 2000. El salto de finales de los noventa preparó el terreno para lo que vendría después: el Plan Colombia, con Putumayo como foco central en los primeros años dos mil, llevó a la región una atención estatal que fue predominantemente militar antes que civil, y que reprodujo así, por otros medios, el viejo patrón de una presencia intermitente y focalizada.
Tras el Acuerdo de Paz de 2016, nuevos grupos armados —el Frente Carolina Ramírez, los llamados Comandos de la Frontera— llegaron a llenar el hueco dejado por las FARC en el Putumayo, obligando a la población a vender la pasta a un único comercializador, en una forma renovada del monopolio extractivo. La delegación armada de la soberanía cambia de manos, pero la lógica de fondo permanece.
La otra historia: pueblos que resistieron y siguen resistiendo
Sería mutilada una crónica de la Amazonía colombiana contada solo desde los actores externos —exploradores, misioneros, caucheros, tratados, colonos, guerrillas—. Los pueblos indígenas amazónicos han sido, a lo largo de estos cinco siglos, objeto de una violencia sistemática: exterminio en las expediciones coloniales, reducción por las órdenes religiosas, esclavización por la Casa Arana, ruptura de sus economías por el conflicto armado y el narcotráfico. Pero también han sido, y son, sujetos con agencia. Han resistido por medio del fortalecimiento de sus costumbres ancestrales, la transmisión oral de sus leyes de origen, la preservación del conocimiento sobre plantas medicinales y ecosistemas —desarrollado por observación sistemática y sostenido por memoria generacional— y el desempeño de roles culturales específicos como maloqueros, taitas y payés. Reconfiguraron alianzas ante la catástrofe, como cuando los Murui huidos del caucho hicieron las paces con los Koreguaje. Y, tras 1991, usaron el reconocimiento constitucional del carácter pluriétnico y multicultural de Colombia y de los derechos territoriales indígenas para disputar el ordenamiento del territorio.
La Constitución de ese año no cerró la historia: la abrió a nuevas tensiones. El reordenamiento territorial que ordenó implicó reorganizar los espacios políticos y culturales en que se desarrollaba la relación entre indígenas y colonos, y planteó desde el comienzo el problema de cómo compatibilizar los resguardos con los intereses de la colonización campesina consolidada. A esas figuras se sumaron los parques nacionales naturales, las reservas biológicas integrales y las zonas de reserva campesina, en un mosaico complejo que la administración pública amazónica todavía está aprendiendo a manejar. En 2018 la Unesco declaró la Serranía de Chiribiquete Patrimonio Mixto Natural y Cultural de la Humanidad, decisión que reconoce tanto la excepcionalidad ecológica del lugar como la profundidad temporal de la ocupación humana en la Amazonía colombiana.
Herencias
Puerto Asís, Mocoa, Florencia, San José del Guaviare, Mitú, La Pedrera, Araracuara, La Chorrera, El Encanto, Leticia: nombres de puertos, viejos enclaves misionales, antiguos puestos caucheros y capitales de departamento, cada uno una capa distinta de la misma sedimentación. La Casa Arana funcionaba desde La Chorrera y El Encanto; los capuchinos administraban desde Sibundoy y Mocoa; el Ejército y la aviación se desplegaron en 1932 sobre Leticia y Tarapacá; los colonos abrieron el piedemonte alrededor de Florencia y Puerto Asís; las FARC dominaron largamente el Caguán con centro en San Vicente; el Plan Colombia bajó al Putumayo con base en Larandia y Tres Esquinas. La geografía amazónica es un palimpsesto donde cada capa fue escrita por un actor distinto, casi ninguno de ellos el propio Estado colombiano actuando en directo.
En el plano internacional, la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica, creada en 1978, y el Pacto de Leticia por la Amazonía, suscrito en 2019, han buscado dar marco regional a la protección de la selva. En el interior, la creación del Inderena en 1968 y su posterior sustitución por el Ministerio de Ambiente y el Sistema de Parques Nacionales han construido, con dificultad, una institucionalidad ambiental que solo tardíamente empezó a considerar la Amazonía como algo más que un stock de recursos por extraer. La percepción histórica de la región —tanto desde el Estado como desde buena parte del pensamiento académico— osciló durante casi todo el siglo XX entre dos reduccionismos: la Amazonía como zona de extracción de recursos —quina, caucho, petróleo, coca— y la Amazonía como frontera geopolítica con interés estratégico-militar. En ambos casos, la existencia de sus poblaciones tradicionales, indígenas y colonas, quedaba desconocida o subordinada.
Lo que la larga historia territorial de la Amazonía colombiana enseña no es que el Estado esté ausente de la selva: es que ha estado allí por delegación. Delegación en la Casa Arana y en los patrones caucheros del cambio de siglo, delegación en los capuchinos y demás órdenes religiosas hasta bien entrado el Frente Nacional, delegación en los colonos que abrieron la frontera agraria sin plan estatal, delegación de facto en las FARC durante las décadas de la coca y ahora en los grupos armados post-Acuerdo. Solo cuando la integridad territorial se ha visto amenazada —Leticia en 1932, la fijación de fronteras en los años cuarenta—, o cuando un ciclo extractivo internacional ha exigido regulación —el caucho ante las denuncias de Roger Casement y la campaña internacional que su informe desató, la coca bajo la presión estadounidense—, Bogotá ha intervenido con intensidad. En los intervalos, el gobierno del territorio ha sido de otros.
Ese patrón no es una anomalía superable con más funcionarios: es la forma histórica que ha tomado la relación entre el centro colombiano y su periferia amazónica. Reconocerlo no exculpa al Estado ni condena a la región a repetirse; al contrario, es la condición para pensar de otra manera la construcción de soberanía en un territorio que hoy, con seis departamentos, casi un millón de habitantes, cincuenta y tres lenguas, tratados internacionales suscritos, parques nacionales y resguardos indígenas, ya no puede seguir gobernándose por interpuesta persona. La Amazonía dejó hace mucho de ser una periferia natural. Es, y siempre fue, un espacio construido; queda por ver quién termina de construirlo.
El territorio en el archivo
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Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
61 documentos · 82 fragmentos01Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 171, 1782 citas
[1]su marginalidad. Para permitir y justificar la violencia se acuerdan derechos y reglas fuera de las leyes estatales. Hoy, los habitantes del Putumayo se remiten a este periodo histórico para explicar el por qué de la “barbarie” que según sus dirigentes, caracteriza la violencia en el departamen- to (Plan de Desarrollo…
p. 171
[67]5,15% Tolima: 4,9% Cundinamarca: 5,15% Otros: 4,9% Otros: 4,12% Caquetá: 2,4% Cauca: 3,78% Cundinamarca: 2,4% Caldas: 3,09% Meta 1,6% Quindío: 2,41% Huila 0,8% Boyacá: 2,41% Período de vinculación Período Putumayo Caquetá 1930 - 1946 0,80% 2,90% 1947 - 1967 23,20% 34,60% 1968 - 1977 19,20% 34,60% 1978 - 1986 37,60%…
p. 178
02Gran Enciclopedia de Colombia: Geografía 1Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Eufrasio Bernal Duffo, Melania Kowalewska (Textos complementarios) · 2007 · p. 114, 1442 citas
[2]»/ NonTR DE SANTANDER anaes et Pais 1 Carers ea Conta y foc alle et Arata Sa fae { 1 amar de Tmaco-Boemaventra Tesi cunpnygmarch 04 D.C TOLIMA Regiones naturales., er —— Mos y quebradas $$. Lite separtamentat Amazonia E Colombia, con una extension de 403.401 km?, que 1 gran region comprende todo el suroriente de…
p. 114
[8]enero y junio y hacia el sur entre julio y diciembre, se caracteriza por un alto contenido de vapor de agua, que casi alcanza los niveles de saturacién, y una temperatura superficial mas 0 menos constante, Un cao en la Pai 143 Rio Iscuandé, en Narifio. Acuarela d Dositeo Can januel al, 1856. con variaciones que no…
p. 144
03Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IIErnesto Guhl · 2018 · p. 346, 3522 citas
[3]Como tipo de suelos característicos de esta zona se considera el laterítico, bajo cuyo nombre se agrupan frecuentemente muy distintos suelos rojos del trópico. Como laterítico típico se considera aquel suelo con un gran contenido de arcilla plástica con oxidrato, sin —o muy escaso— ácido salicílico, pero generalmente…
p. 346
[13]tipo de paredes compactas; y las otras, denominadas «malocas», que habita el indio y con paredes intermedias, son chozas de palma de una longitud de unos 15 m, anchura de 10 y altura de 8 m, constituyen viviendas colectivas y alrededor de las cuales los indios tienen plantaciones de plátano, yuca y piña. Población…
p. 352
04Colombia: Territorial Rule and the Llanos FrontierJane M. Rausch · 1999 · p. 1, 5, 233 citas
[4]includes some 253,000 square kilometers of Colombian territory and stretches on into Venezuela for another 300,000 square kilometers. South of the Guaviare River is the second region, Amazonia. Its 420,875 square kilometers of tropical rain forest extend to the borders of Peru, Ecuador, and Brazil. Third, stretching…
p. 23
[53]these percentages had changed little: of a total of EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 7:55:30 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. Page 7 Map 1. Colombia: intendancies and comisar í as, 1931 – 1946 Source: Vila, Nueva Geograf í a de…
p. 5
[57]Page 1 PART I — TERRITORIAL RULE DURING THE LIBERAL REPUBLIC 1999. University Press of Florida. All rights reserved. May not be reproduced in any form without permission from the publisher, except fair uses permitted under U.S. or applicable copyright law. EBSCO Publishing: eBook Collection (EBSCOhost) printed on…
p. 1
05El bejuco del alma. Los médicos tradicionales de la Amazonía colombiana, sus plantas y sus ritualesRichard Evans Schultes, Robert F. Raffauf · 2018 · p. 46, 722 citas
[5]Ama- zonas y Vaupés. Ahora incluye seis departamentos, por cuanto la comisaría más grande, Vaupés, se dividió en tres para crear dos nuevas entidades: Guainía y Guaviare. Las cuatro comisarías originales, en las cuales se basa este libro, abarcan una extensión de 250. 682 kilómetros cuadrados. Hay pocos centros de…
p. 72
[80]de 2018, la Unesco, tras largos años, terminó por decla- rar como Patrimonio de la Humanidad al Parque Nacio- nal Natural Serranía de Chiribiquete, en su modalidad de Patrimonio Mixto Natural y Cultural. Schultes fue el primer no indígena, de quien tengamos noticia cierta, en consignar anotaciones en un diario de…
p. 46
06Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. AmazoníaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 381 cita
[6]53 lenguas originarias, pertene- cientes a dieciséis familias lingüísticas, y en las prácticas culturales que perviven en buena parte de las comunidades, donde los miembros desempeñan papeles específicos y fundamentales para la supervivencia de sus pueblos: cazadores, maloqueros, madres de comida, taitas, médicos…
p. 38
07Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · p. 172, 2652 citas
[7]corporal como las pociones y los polvos que les facilitan ir más allá de lo obvio, las gentes del Amazonas han seguido los pasos propios del método científico. Han probado lianas, mace- rado raíces, tostado hojas y hervido brebajes. Conocidos los efectos, han repetido meticulosas observaciones de sí 173 Hfiífinfiídi…
p. 172
[26]manejo de las escue- las públicas localizadas dentro de su territorio. Por otra, se 266 Jfiínd Aicerfi s Nítfi S. ad Fiídadnfitt autorizó a las misiones la formación de haciendas en terre- nos baldíos cedidos a ellas por la nación. Se impartieron claras instrucciones para que los candidatos escogidos para ocupar los…
p. 265
08Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 17, 1544 citas
[9]llegar a los grandes mamíferos. Las aguas de los numerosos ríos que surcan las montañas y las planicies son igualmente ricas en vida acuática, tanto vegetal como animal; hay desde enormes peces, como el pirarucú y el valen- tón o lechero, que pueden llegar a pesar varias 142 arrobas, hasta minúsculos peces…
p. 154
[10]llegar a los grandes mamíferos. Las aguas de los numerosos ríos que surcan las montañas y las planicies son igualmente ricas en vida acuática, tanto vegetal como animal; hay desde enormes peces, como el pirarucú y el valen- tón o lechero, que pueden llegar a pesar varias 142 arrobas, hasta minúsculos peces…
p. 154
[41]popular cada cuatro años. Su denominación como República de Co- lombia fue propuesta por el general Simón Bolí- var durante el congreso de Angostura en 1819, como homenaje al descubridor Cristóbal Colón. Desde esa fecha hasta 1831 la República de Co- lombia comprendía todo el territorio que abarca- ba el antiguo…
p. 17
[42]popular cada cuatro años. Su denominación como República de Co- lombia fue propuesta por el general Simón Bolí- var durante el congreso de Angostura en 1819, como homenaje al descubridor Cristóbal Colón. Desde esa fecha hasta 1831 la República de Co- lombia comprendía todo el territorio que abarca- ba el antiguo…
p. 17
09Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 671 cita
[11]Quindío 539.904 471.910 67.994 12 Chocó 534.826 243.194 291.632 31 Casanare 420.504 295.434 125.070 19 Caquetá 401.849 258.280 143.569 16 Putumayo 348.182 174.539 173.643 13 Arauca 262.174 172.634 89.540 7 Vichada 107.808 25.833 81.975 4 Guaviare 82.767 45.991 36.776 4 Amazonas 76.589 37.047 39.542 2 San Andrés y…
p. 67
10Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 1341 cita
[12]el tronco inicial, costa de Venezuela y norte de Co- lombia) y Caribe meridionales (algunos idiomas — RE i Grupos indígenas precolombinos Indígenas en la selva, óleo de la pintora del río Xingú y alto Ama- zonas colombiano, como el Carijona, el Hianakoto y el Umaua). En total, su- man 50 lenguas conocidas y está…
p. 134
11La tierra no basta. Colonización, baldíos, conflicto y organizaciones sociales en el CaquetáCentro Nacional de Memoria Histórica, Erika Andrea Ramírez Jiménez · 2017 · p. 341 cita
[14]Cubeos, entre otros. Pero es- tos pueblos fueron objeto de un sistemático proceso de extermi- 35 1 De los Andes a la selva: la conquista de la Manigua. Geografía de la colonización en el Caquetá nio y reducción. La inserción del espacio amazónico en la nación comenzó con las exploraciones e incursiones de los…
p. 34
12Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 431 cita
[15]ejerció un rosario de violencias sobre las comunidades indígenas de Putumayo, Vaupés y Caquetá, que incluyeron despojo, expulsión, explotación, asesinato, tortura y exterminio 55. Un pueblo muy afectado fue el Murui (Uitoto) que huyó y subió por el río Caquetá hacia tierra koreguaje, pueblo con el que hicieron las…
p. 43
13Caquetá: conflicto y memoriaHarley Enrique Gutiérrez Ñustez, Rubén Darío Polo Sierra, Cristian E Paredes González · 2013 · p. 61 cita
[16]con parafina para que los empleados disfruten con su desesperada agonía. Hoy en día los pueblos indígenas Uitoto, Coreguaje, Inga y los que llegaron en los últimos años, Emberá Chamí y Paeces, recuperan y fortalecen las costumbres ancestrales en sus territorios, como una forma de resistencia para dejar en el pasado la…
p. 6
14Colombia amargaGermán Castro Caycedo · 2015 · p. 491 cita
[17]se internan en la selva, solamente con algunas porciones de fariña (arepa extraída de la yuca brava), que ellos mismos producen. Para procurarse algunas monedas, los indios deben venderle la fariña a un par de comerciantes que trafican allí amparados por los caucheros. Uno de éstos llegó como guardián al penal,…
p. 49
15Historia de Colombia - La Colombia más Antigua IIRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), Juan Salvat, Roberto García Rojas (dirs.) · 1988 · p. 881 cita
[18]controlar algu- nos aspectos del intercambio. Los witotos desig- naron las hachas obtenidas a través del tráfico de hombres con el nombre de «hachas miedosas», y aún se recuerda, en algunas localidades, los cami- nos que recorrían aquellos traficantes de hombres llevando encadenados a los indios que iban con destino a…
p. 88
16Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 101, 5092 citas
[19]tarea de reducción de indígenas, la Comisaría, vía sus resoluciones, les daba nuevas funciones en el ejercicio de protección de los mismos, permitiendo así la concentración del poder de los misioneros.11 En este sentido, les es otorgada la potestad de determinar quienes podían trabajar y qué caucheros podían…
p. 101
[59]y conflicto La extrema pobreza en muchas regiones campesinas y sectores urbanos, así como la exagerada concentración de tierras en nuestro país, alimentaron el alto número de personas que se aventuraron a colonizar el piedemonte amazónico desde mediados del siglo XX. Dicha ocupación ha consistido en un largo proceso…
p. 509
17Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 981 cita
[20]Putumayo, al imponerles hora- rios de pesca y tránsito, y con la siembra de minas antipersonal. Esta guerrilla, además, involucró indígenas en la producción de pasta de coca, a cambio de apoyo económico. Este macroterritorio étnico permaneció bajo el control de las FARC-EP hasta la firma del Acuerdo de Paz. A partir…
p. 98
18En las regiones de Colombia. La Universidad del Rosario piensa el paísJuan Felipe Córdoba Restrepo, Claudia Dulce Romero, Natali Maldonado Pineda · 2021 · p. 231 cita
[21]Los recientes llamados al reconocimiento y compromiso por la diversidad biológica y cultural dan buena cuenta de ello. Son muchas las personas y organizaciones no gubernamentales que están dedicando su quehacer a la causa indígena. Diversos movimientos y fondos multilaterales quieren apoyar la defensa integral de la…
p. 23
19Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · p. 2791 cita
[22]de una sociedad mayoritaria que tenía como obligación propagar la civilización y el progreso, se correspondían, también en este caso, con la puesta en marcha de la práctica misional sustentada, además, en la experiencia colonial como espacio legitimador de dicha práctica. Así los frailes agustinos, franciscanos y…
p. 279
20Putumayo: la vorágine de las caucherías. Memoria y testimonio. Primera parteAugusto Javier Gómez López (relator y compilador); Centro Nacional de Memoria Histórica · p. 49, 2422 citas
[23]de Sibundoy durante la mayor parte de los siglos coloniales”. Asimismo, dan cuenta de la “misión de un padre jesuita en Mocoa entre los años de 1650 y 1661”; en cuanto a los Mercedarios manifiestan que “saliendo desde el Tejar, Quito, organizaron los pueblos de Ramón Nonato y Nuestra Señora de la Asunción y…
p. 242
[35]ríos Putumayo, San Miguel de Sucumbíos, Cuyabeno, Caquetá y Caguán: abundan- cia de datos históricos, etnográficos, geográficos, botánicos y filológicos de las regiones visitadas. Bogotá: Imprenta Nacional. Reyes, Rafael. (1986). Memorias 1850-1885. Bogotá: Fondo Cultural Cafetero. Weinstein, Bárbara. (1993) A…
p. 49
21Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 391 cita
[24]que las había originado, con mayo res posibilidades de abastecimientos y de mano de obra. Así, de las veinte ciudades que fueron fundadas entre 1537 y 1550, solamente dos fueron abandonadas más tarde. A partir de 1550, la Audiencia estimuló la funda ción de centros mineros y entre 1550 y 1560 se cuentan once…
p. 39
22Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 611 cita
[25]uy dilu id a hasta fines del p eriodo colonial. En el occidente, establecieron un dom inio in equívoco en las com arcas de Pasto y en los alrededores de Popayán, Cali y Buga. M ás al norte controlaron algunos p u n to s m ineros en los actuales A ntioquia y C aldas, pero m uy poco en sus alrededores. En el siglo xvi,…
p. 61
23Petróleo, coca, despojo territorial y organización social en PutumayoEdinso Culma Vargas, Juliana Guerra Rudas, Rocío Londoño Botero · 2015 · p. 28, 942 citas
[27]región en las últimas dos décadas del siglo XX. Igual ocurre al revi- sar estudios académicos e institucionales que, de una parte, se concentran en una configuración territorial a partir de la eco- nomía ilegal de la coca y su relación con los grupos armados y el narcotráfico (Ramírez, 2001; Observatorio de Derechos…
p. 28
[29]departamento, predomina la mediana propiedad: los predios de 21-100 hectáreas representan el 59,3 por ciento de la superficie adjudicada. Conclusión Lo anterior es un panorama general sobre el proceso de con- figuración territorial de la región de Putumayo durante el siglo XX, mediante las actividades económicas…
p. 94
24Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 6411 cita
[28]cualquiera de las localidades de la región. La lógica de la inversión del Estado en infraestructura logra crear un efecto de “inaccesibilidad” para sus habitantes que se percibe, paradójicamente, como ausencia del Estado. Extracción y explotación El aprovechamiento de las legendarias riquezas de estas regiones ha…
p. 641
25El desplazamiento en Colombia. Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez · 2005 · p. 3321 cita
[30]de poder, es decir, las zonas de colonización y las zonas de frontera co- C ODHES 332 lombiana, han tenido una economía propia centrada en la extracción de recursos. En el departamento del Caquetá, y las zonas del piedemonte llanero, el Sarare, el Ariari y el Magdalena medio, por ejemplo, dicha economía estuvo muy…
p. 332
26La alteridad radical que cura. Neochamanismos yajeceros en ColombiaAlhena Caicedo-Fernández · 2015 · p. 1691 cita
[31]en Bogotá, años después, fue descubrir que don Pacho era ahora el taita Pacho, y que contaba con una red de amistades e intermediarios que lo invitaban regularmente a la ciudad en calidad de médico tradicional yajecero. El contacto cultural con los "blancos" y la evangelización misionera en el Putumayo, aunque…
p. 169
27Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 911 cita
[32]política de uso de los bosques y continúa la cesión de baldíos para la construcción de obras públicas (ferrocarriles, caminos y puertos para la navegación a vapor). La cesión de tierras a militares y la entrega de predios para el fomento de la inmigración extranjera pasaron a ser marginales. De cierta manera, en este…
p. 91
28Los retos de la Colombia contemporánea. Miradas disciplinares diversas en las ciencias socialesMauricio Nieto Olarte (edición académica y compilación), Luis Javier Orjuela, Alix Catalina Rojas, Carlos Felipe Cantor, Juan Carlos Rodríguez, Andrés Guhl, Sandra Borda G., Mateo Morales, Ángela Iranzo Dosdad, Alejandro Castillejo Cuéllar, Juan Ricardo Aparicio, Alhena Caicedo, Pablo Jaramillo, Carlos A. Manrique, Laura Quintana · 2017 · p. 67, 774 citas
[33]y más recientemente de petróleo y carbón, así como el cultivo de café y tabaco sugieren un modelo de desarrollo sustentado en el extractivismo y en la producción de materias primas. El caso del extractivismo vegetal es ilustrativo de cómo no existe una conciencia de los límites de los recursos o de la existencia del…
p. 67
[34]y más recientemente de petróleo y carbón, así como el cultivo de café y tabaco sugieren un modelo de desarrollo sustentado en el extractivismo y en la producción de materias primas. El caso del extractivismo vegetal es ilustrativo de cómo no existe una conciencia de los límites de los recursos o de la existencia del…
p. 67
[60]y demo - gráficos se articulan para transformar los bosques. En el caso de la frontera agrícola, la situación en la Amazon í a es ilustrativa de esta dinámica. Al mirar el mapa de Colombia en Google Earth, la zona amazónica aparece de un verde oscuro (bosque), pero a medida que uno se acerca a la cordillera oriental,…
p. 77
[61]y demo - gráficos se articulan para transformar los bosques. En el caso de la frontera agrícola, la situación en la Amazon í a es ilustrativa de esta dinámica. Al mirar el mapa de Colombia en Google Earth, la zona amazónica aparece de un verde oscuro (bosque), pero a medida que uno se acerca a la cordillera oriental,…
p. 77
29El río: exploraciones y descubrimientos en la selva amazónicaWade Davis · 2017 · p. 416, 4222 citas
[36]un siglo. Ni siquiera la muerte liberaba al cauchero, pues sus obligaciones pasaban por ley a sus hijos, que heredaban las deudas de sus padres; las madres desesperadas arrojaban 417 Eí ndi a las hijas a la prostitución. Era, de hecho, una forma de servidumbre bajo la cual el capataz esclavizaba no sólo al hombre,…
p. 416
[37]sádico le cortó las orejas a un hombre, lo ató a un árbol y lo obligó a ver cómo que- maba viva a su esposa. José Fonseca, el agente principal en Último Retiro, celebró la Pascua de 1906 matando a tiros a ciento cincuenta indios desde su cabaña. A los heridos los amontonaron en una pila grotesca, les regaron gaso-…
p. 422
30La invención de El Dorado. Museos arqueológicos, imágenes cartográficas y redes de conocimiento en Colombia (1935-1955)Daniel García Roldán · 2022 · p. 1831 cita
[38]clara visión de los problemas”, ya que el paisaje lúgubre que recreaban como demostración de una derrota “biológica” de un medio hostil sobre el hombre producían un encubrimiento “de las adversas condiciones económicas y políticas que allí fueron implantadas por gobiernos de las sie - rras y las costas” 16. En la…
p. 183
31Cumbia! Scenes of a Migrant Latin American Music GenreHéctor Fernández L'Hoeste, Pablo Vila (eds.) · 2013 · p. 1811 cita
[39]the Incas never fully conquered the hundreds of native communities in the Upper Amazon, outside interest in the area dur- ing the late nineteenth century systematically exterminated dozens of tribes, especially as indigenous slave labor proved vital to developing entrepreneur- ial efforts. Bora, Shipibo, Yagua, and…
p. 181
32El desplazamiento en Colombia: Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez (editoras) · 2005 · p. 3321 cita
[40]de poder, es decir, las zonas de colonización y las zonas de frontera co- C ODHES 332 lombiana, han tenido una economía propia centrada en la extracción de recursos. En el departamento del Caquetá, y las zonas del piedemonte llanero, el Sarare, el Ariari y el Magdalena medio, por ejemplo, dicha economía estuvo muy…
p. 332
33Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · p. 12, 2342 citas
[43]bota 0 trapecio ama Al conformarse la Gran Colombia (1821-1830), el territorio del actual de- partamento del Amazonas form parte de los departamentos del Azuay (que se extendia ademas por todos los territorios anexados posteriormente por el Pert al ntre 1831 y If nacional del Caqueta; en 1857 formo parte del estado…
p. 12
[56]este, pasé a pertenecer al esta- do federal y luego (en 1 al departamento del Cauca. El decreto 1131 de 1910 creo la Comi-saria del Vaupés, segregada del antiguo territorio del Caqueta; las leyes 18 de 1963 y 55 de 1977 segregaron del Vaupés las comisarias del Guaviare y Guainia, con lo cual la comisaria del Vaupés…
p. 234
34Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 1141 cita
[44]reconocimien- to que le hizo el Perú sobre la línea Apoporis-Tabatinga como la línea di- visoria entre los dos países. En el año de 1907 se definió parte de la frontera, siguiendo la línea que había sugerido en 1869 el plenipoten- ciario del Brasil Nascentes de Azam- buja. Ello se consagró en un tratado Capítulo 4 113…
p. 114
35Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 781 cita
[45]el río Apaporas; contintia por el Apaporls hasta su confluencia con re Caquetá y continúa por el curan de es unos 18 kilómetros, hasta un sit cerca de la iso de Inambú, punto Temitorio de Colombia Trestado:de Crayaguil embrrCielponit o Peri del 13 destine de 1629 Firmas del presatrote del Meri, Autors Curtifrnez ae la…
p. 78
36Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 3161 cita
[46]nes se agregaron a los viejos Caudron, los Wild suizos. Cerrada de nuevo en 1928, reabierta en 1929 con oficialidad francesa, la Escuela registra oscilacio- nes similares a las que el ejército y la Armada hubieron de sufrir en un am- biente político de indiferencia por las necesidades de la defensa nacional y la…
p. 316
37Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 331 cita
[47]bélico y unos aviones capturados. El 25 de junio, tras la retirada peruana, la guerra terminó y Leticia quedó en manos de la Liga de Naciones. El 24 de octubre de 1933 se pactó un armisticio y se iniciaron negociaciones diplomáticas; el conflicto terminó con la firma del tratado de paz a través del Protocolo de Río de…
p. 33
38Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · p. 781 cita
[48]oficiales estaban más al servicio de la política que concentrados en su oficio y el gobierno civil no era lo suficien- temente diestro en los asuntos de defensa, como para trabajar en estrecha cola- boración con el sector castrense a la hora de proyectar los planes estratégicos necesarios para cubrir todo el teatro de…
p. 78
39Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · p. 731 cita
[49]dólar por libra en septiembre de 1929 se bajó a 16 centavos en sólo dos meses. Los peores precios, sin embargo, se darán entre 1932 y 1935, siendo cercanos a los 10 centavos (Informe de Gerencia, p. 177). Ver José A. Ocampo y Santiago Montenegro, Crisis Mundial, Protección e Industrialización, Bogotá: Cerec, 1984,…
p. 73
40Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 3181 cita
[50]ser el canal más largo del mundo. En 1932 esa selva de La vorágine, en la parte colombiana, se extendía, como ahora, hasta un barranco sobre el Amazonas, Leticia, único pedazo de tierra firme que por el sur del terri- torio nacional cierra el mapa. Es otra entrada al mar, al Océano, tal como la tuvo Ecuador, como la…
p. 318
41Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 4191 cita
[51]Washington permission to construct a canal across the isthmus and to gain effective authority over the territory surround- ing the canal, President Theodore Roosevelt took advantage of both the insurrection and the Colombian government's weakness in the aftermath of the War of the Thousand Days to intervene. Having…
p. 419
42Historia de Colombia. La Colombia más Antigua. Tomo 1Gonzalo Hernández de Alba (dir.); Camilo Domínguez O., José L. Lorenzo, Amancio Fernández, Gonzalo Correal y otros · p. 621 cita
[52]a una intensa colo- nización, creándose muchísimos pueblos nuevos y construyéndose numerosas carreteras. Además, la población autóctona, nacida en el Llano, se está equilibrando con la foránea y busca caminos para seguir sus propios rumbos, Un indio muinane, de la Región Amazónica, ingiriendo coca. En esta región,…
p. 62
43Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 1551 cita
[54]políticos y menos técnicos pudieron hacerse respetar mejor por los gobiernos departamen- tales y desempeñar algo mejor su pa- pel de vigilancia y control de la ad- ministración educativa. Los territorios de misiones Los FER abarcaron los veintidós de- partamentos con que contaba Colom- bia y el distrito especial de…
p. 155
44Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 201 cita
[55]of the efforts of some dedicated individuals, however, ~LEGEND~ SCALE kilometers 0 100 200 400 Intendancies Comisarías Amazon Frontier Capitals National Capital N C a r i b b e a n S e a Panama Venezuela GUAJIRA Uribá MAGADLENA BOLÍVAR ATLÁNTICO SANTANDER NORTE de SANTANDER ANTIOQUIA CHOCO CALDAS BOYACÁ ARAUCA Arauca…
p. 20
45Nueva Geopolítica de ColombiaJulio Londoño Londoño · 1965 · p. 431 cita
[58]620..670 18.97 Norte de Santander 21.490 421..230 19.60 Santander 32.070 872.640 27.21 Tolima 22.900 882.650 38.39 Valle del Cauca 20.940 1.823.230 87.06 Sub-Total 608.935 14.591..080 39.39 — 4 2 — Intendencias Arauca 25.650 Caquetá 102.990 San Andrés y Providencia 55 Sub-Total 128.695 Comisarías Amazonas 124.500…
p. 43
46Colonización y protesta campesina en Colombia (1850-1950)Catherine LeGrand · 2016 · p. 631 cita
[62]distintas en años recientes y en nuevas regiones fronterizas. Contribuyó, por ejemplo, a La Violencia, esa guerra civil anárquica que costó 200 000 vidas en los años cincuenta, y dio pábulo a los movimientos guerrilleros que actúan hoy en las zonas fronterizas de Colombia. La interpretación del desarrollo de la…
p. 63
47Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · p. 661 cita
[63]total del país vive en la gran región oriental de la Amazonía y la Orinoquía. La colonización es conflictiva porque los grupos iniciales de campesinos que desmontan la selva o los bosques de galería llaneros son desplazados por los grandes compradores de mejoras, que concentran la propiedad para la ganadería extensiva…
p. 66
48Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 50, 582 citas
[64]“país en el medio” que, contrariado con el teatro del Caguán, acogió con entusiasmo la Política de Seguridad De- mocrática del presidente Uribe y cambió los balances previos (Palacios, 2006). Un tópico del conflicto colombiano señala la proclividad de los colonos a involucrarse, como quedó demostrado en esa amalgama…
p. 58
[74]clientelismo, colonizaciones inte riores y contrabando) que contribuyeron a mantener y enredar el conflicto. A mediados de 1980 se había formado el tejido apropiado para que el despe gue de la economía de la droga implicara grandes dosis de violencia; ofrecía oportunidades a las farc, el m -19, el e pl y el e l n, a…
p. 50
49Violent Democratization: Social Movements, Elites, and Politics in Colombia's Rural War Zones, 1984-2008Leah Anne Carroll · 2011 · p. 1441 cita
[65]two main e ff ects. Much of the M-19 in the department accepted amnesty and demo- bilized, and the remainder, along with the much smaller EPL, was defeated militarily and had virtually no presence in the department after 1985. This created a near-monolithic Left in Caquetá, as the FARC was the only guer- rilla group,…
p. 144
50At the Margins of the Global Market: Making Commodities, Workers, and Crisis in Rural ColombiaPhillip A. Hough · 2022 · p. 2461 cita
[66]continuous evictions and land invasions. As we shall see, it was not until the entrance of coca production into the region that the balance of local power began to shift in favor of the settlers and the FARC. The Emergence of Coca Production in the Caguán Colombia ’ s involvement in the production of illegal narcotics…
p. 246
51Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 611 cita
[68]la renta que cobraban por concepto de protec- ción a las multinacionales e impedir su influencia política entre el cam- pesinado. Entre 1989 y 1994, 1.115 personas fueron asesinadas por motivos políticos (los índices más altos de la región). La mayoría de las víctimas eran colonos, pequeños campesinos e indígenas,…
p. 61
52Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013Mario Aguilera Peña · 2013 · p. 1541 cita
[69]amenazas de los narcotraficantes, promovieron nuevos procesos de colonización, 95 tendieron a con- trolar la acumulación de tierras en un solo propietario, o replan- tearon las magnitudes de las posesiones existentes, para que estas les fueran entregadas a nuevos colonos. Los recortes de tierras para entregar…
p. 154
53Borderland Battles: Violence, Crime, and Governance at the Edges of Colombia's WarAnnette Idler · 2019 · p. 1161 cita
[70]groups to consolidate power, become preponderant, and forge stable long- term arrangements. They are among the regions where Plan Colombia’s influence on the conflict dynamics was particularly intense. The hos- tility between paramilitaries and insurgents inflicted brutal violence on civilians. As a major coca…
p. 116
54La masacre de El Tigre. Un silencio que encontró su vozGonzalo Sánchez G., Martha Nubia Bello Albarracín, Andrés Cancimance López · 2011 · p. 161 cita
[71]en una de las obligaciones funda- 16 La masacre de El Tigre, Putumayo mentales del Estado colombiano, cuando por acción u omisión ha contribuido al sufrimiento de los ciudadanos y ciudadanas (GMH, 2009a). En la cuarta parte, proponemos unas recomendaciones en tor- no a la Verdad, la Justicia y la Reparación, con el…
p. 16
55No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1641 cita
[72]durante más de 30 años en Caquetá, relató así la manera como se inició la compra de producción al campesino: 480 En realidad lo firmó el designado Germán Zea, lo que implicó que se declarara inconstitucional. 481 Cable, UN Mission Geneva to State Department, «Discussions with Colombian narcotics officials», febrero de…
p. 164
56Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1261 cita
[73]previas a la implementación en 1999 del sistema de Monitoreo de Cultivos de Coca coordinado por UNODC, su fuente son estudios realizados por Estados Unidos. 262 Uribe, «Evolución de los cultivos de coca en Colombia: 1986-2017». Razón Pública. tercer ciclo de afectaciones (1991-2020) 127 Miles de hectáreas sembradas…
p. 126
57Histories of Perplexity: Colombia, 1970s–2010sLina Britto, A. Ricardo López-Pedreros · 2024 · p. 153, 1752 citas
[75]of becoming national parks and receiving special protection. 30 Articles 13 and 14. The law also established the possibility of designating “inte - gral biological reserves,” a provision likely inspired by the Macarena Biological Reserve where tourism was prohibited, and declared snow-covered mountains as national…
p. 175
[82]- tional representation. There are antecedents dating back nearly a century, such as the National Federation of Coffee Growers and the Society of Farmers of Colombia. 38 Luis Carlos Agudelo Patiño, “Campesinos sin tierra, tierra sin campesinos: Territorio, conflicto y resistencia campesina en Colombia,” Revista NERA…
p. 153
58Movimientos sociales, Estado y democracia en ColombiaMauricio Archila, Mauricio Pardo (Editores) · 2001 · p. 156, 1752 citas
[76]de reordenamiento territorial ordenado por la nue- va Constitución implica una completa reorganización de los es- pacios políticos y culturales en que tradicionalmente se ha de- sarrollado la relación entre estos grupos. Será necesaria la definición de mecanismos para asegurar la participación de los colonos en la…
p. 175
[77]contenido específico: 1) el reconocimiento del carácter pluriétnico y multicultural de la sociedad colombiana, con el cual se reafirma la concepción li- beral, hegemónica, de la autodeterminación de los individuos con voluntad política en la Constitución de la nación colombia- na y, 2) la incorporación explícita de…
p. 156
59Rugidos entre los Andes: una historia del jaguar en la región andina (1820-1910)José Arturo Jiménez Viña · 2015 · p. 1451 cita
[78]se debía uidar. El contexto en el cual se produce este proceso es bastante particular. Viene antecedido por el fenómeno de las tigrilladas en las selvas de los países de la cuenca amazónica, la cual produjo hacia mediados del siglo XX escalofriantes números de caza y comercio de pieles de felinos 399. Por ende, las…
p. 145
60Reconocimiento de los Servicios Ambientales: Una Oportunidad para la Gestión de los Recursos Naturales en ColombiaSergio Camilo Ortega (editor) · 2008 · p. 1711 cita
[79]principalmente. Sin embargo, se presentan altas tasas de degradación de los recursos que hace necesaria la aplicación de nuevos esquemas para su manejo. Por ejemplo, la tasa anual de deforestación estimada de 221.000 ha, según los datos disponibles más recientes (IGAC-CORPOICA, 2002), el avance de la frontera…
p. 171
61Retos para enfrentar el cambio climático en ColombiaGloria Amparo Rodríguez · 2020 · p. 181 cita
[81]reco - nozca la relevancia geopolítica de esta región a nivel nacional e internacional (Comisión Económica para América Latina y el Caribe, 2013). 6 Retos para enfrentar el cambio climático en Colombia Atendiendo al papel que desempeña la región amazónica para enfrentar el cambio climático, sumado a los incendios…
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