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Ensayo · Transversal · —

Modernización agraria y científica en Colombia (1850–1953)

Entre la disolución de los resguardos y las expediciones amazónicas de posguerra, Colombia desplegó un ciclo de intervención estatal y científica sobre sus ecosistemas que se presentó como modernización neutra. La pregunta es si ese conjunto de dispositivos —régimen liberal de baldíos, imperialismo ecológico ganadero, ingeniería hídrica, botánica metropolitana— fue técnica de perfeccionamiento territorial o tecnología de territorialización cuyos efectos ambientales y sociales eran consecuencias legibles del propio diseño.

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Modernización agraria y científica en Colombia (1850–1953)
Actualizado 03 de agosto de 2026
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Orientación para entrar

La respuesta en breve

La tesis

El conjunto de dispositivos analizados constituyó una tecnología de territorialización antes que una modernización neutra: el régimen liberal de baldíos codificó jurídicamente la destrucción de ecosistemas al equiparar dominio útil con desmonte y pastoreo; la modernización ganadera con cebú y pastos africanos ejecutó una reforma ecológica más profunda que cualquier redistribución de títulos; la introducción de trucha arcoíris y la apertura del canal de Morrohermoso operaron con la misma lógica sectorial que ignoraba ecologías y economías locales preexistentes. Sus efectos —concentración latifundista, deforestación, desplazamiento de ictiofauna nativa, reconfiguración hídrica— no fueron externalidades accidentales sino consecuencias legibles de definiciones operativas sobre qué significaba 'poner en producción' un territorio. La resistencia campesina e indígena y la paradoja etnobotánica de Schultes matizan la omnipotencia del dispositivo sin disolver su asimetría estructural.

La tensión

La historiografía se divide en torno a tres ejes de tensión real. Primero, si la concentración latifundista fue resultado de un diseño estatal deliberado o de la apropiación oportunista por 'hombres de empresa' de una legislación ambigua que también habilitaba colonización campesina: los datos de Galindo (1873-74) y la 'ley de tres pasos' apuntan a consecuencia sistémica, pero la ausencia de un actor central orquestador complica la tesis del diseño. Segundo, si la modernización ganadera (cebú, pastos africanos, alambre) debe leerse como imperialismo ecológico —reforma de ecosistemas más eficaz que cualquier reforma agraria— o como respuesta racional a ventajas comparativas tropicales sin intención territorizalizadora: el salto de 6,8 a 12,0 millones de cabezas en la Zona Norte entre 1950 y 1976 y la sustitución casi total de cobertura nativa en el Sinú sostienen la primera lectura, pero sus promotores operaron con lógica de mercado, no de política ambiental. Tercero, si la ciencia botánica de Schultes en el Vaupés (1941-1953), financiada por el esfuerzo bélico estadounidense para asegurar caucho, fue vehículo de geopolítica imperial o corpus etnobotánico que paradójicamente revalorizó el saber indígena amazónico: ambas lecturas son simultáneamente verdaderas, lo que obliga a rechazar tanto la celebración acrítica del científico como su reducción a agente del imperialismo.

Temas
Régimen de baldíos y concentración latifundistaImperialismo ecológico y modernización ganaderaTerritorialización estatal e introducción de especiesExpediciones botánicas y geopolítica amazónicaIngeniería hídrica y conflictos agrariosResistencia campesina e indígena a la desamortización
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Ensayo completo

La lectura

¿Fue la modernización agraria y científica en Colombia (1850–1953) una técnica neutra o una tecnología de territorialización?

Entre la abolición formal del régimen colonial de tierras y la primera dictadura militar del siglo XX, Colombia ensayó un ciclo largo de intervención estatal y científica sobre sus ecosistemas que se presentó a sí mismo como modernización neutra: legislar baldíos, introducir razas y pastos más productivos, abrir canales, cartografiar selvas, sembrar peces en lagunas altoandinas. Un siglo después, la pregunta pertinente es si aquel conjunto de dispositivos —régimen liberal de propiedad, imperialismo ecológico ganadero, ingeniería hídrica, expediciones botánicas metropolitanas— fue un ejercicio técnico de perfeccionamiento del territorio o una tecnología de territorialización cuyos efectos ambientales y sociales no fueron externalidades desafortunadas sino consecuencias legibles del propio diseño.

La lógica estructural tendía a la concentración de la tierra y a la sustitución de ecosistemas, pero no fue monolítica ni omnipotente, y sus contradicciones abrieron intersticios —desde la resistencia paez hasta la etnobotánica de Richard Evans Schultes— que conviene incorporar sin disolver la asimetría de fondo.

Que un Estado codifique en normas y presupuestos la transformación de sus paisajes no es asunto administrativo. Determina qué economías locales se consideran obstáculo, qué ecosistemas se leen como productivos, qué saberes valen como conocimiento y cuáles pasan a folclor. En Colombia, la fase 1850-1953 concentró decisiones fundacionales: la desamortización de los resguardos desde 1850, la política de baldíos consolidada por las Leyes 61 de 1874 y 48 de 1882, la Ley 200 de 1936 de la Revolución en Marcha, la modernización ganadera con Bos indicus y pastos africanos, las expediciones amazónicas de Schultes durante la Segunda Guerra Mundial. Detrás de cada dispositivo hay una definición operativa de qué es "poner en producción" un territorio, y esa definición decide, décadas antes que cualquier ministerio de ambiente, qué bosques se queman, qué lagunas se resiembran, qué ríos se desvían.

La cuestión no es retrospectivamente moral. Es analítica: si estas intervenciones fueron neutras, sus efectos ambientales serían accidentes que una mejor técnica habría corregido; si fueron dispositivos de territorialización, sus efectos son la obra misma, y toda política ambiental posterior que ignore esa genealogía parte de un diagnóstico falso.

Hay al menos cinco vertientes en tensión que conviene sopesar antes de pronunciarse. La primera sostiene que el régimen liberal de propiedad rural, al equiparar productividad con desmonte y pastoreo, codificó jurídicamente la destrucción de ecosistemas altoandinos y de tierras cálidas. No fue una omisión de la ley; fue su definición operativa de dominio útil. Quien tumbaba monte y metía ganado adquiría derechos; quien conservaba selva o resguardo comunal, no.

La segunda lee la introducción de la trucha arcoíris en altiplanos como algo más que política pesquera. En lagunas como Tota y La Cocha —territorios de comunidades indígenas y campesinas con ictiofauna nativa y tecnologías propias de pesca— la siembra de un salmónido depredador metropolitano funcionó como acto simbólico y material de territorialización estatal: reemplazar ecología local por especie de valor exportador bajo el lenguaje del progreso.

La tercera ve en la modernización ganadera —cebú, pastos africanos, alambre de púas, deforestación sistemática— una variante tropical del imperialismo ecológico: no una reforma agraria fallida sino una reforma ecológica exitosa que reorganizó suelos, biomasas y regímenes hídricos más profundamente que cualquier redistribución de títulos.

La cuarta interroga la ciencia botánica norteamericana en la Amazonía, particularmente la larga presencia de Schultes entre 1941 y 1953. Financiada en su origen por el esfuerzo bélico estadounidense para asegurar caucho durante la Segunda Guerra Mundial, esa expedición fue, en su lógica geopolítica, un dispositivo de reconocimiento territorial en una región donde el Estado colombiano casi no existía. Y sin embargo produjo un corpus etnobotánico que revalorizó el conocimiento indígena sobre yajé, plantas medicinales y ecología amazónica.

La quinta pone el foco en decisiones aparentemente menores —la apertura del canal de Morrohermoso hacia 1938 en la Mojana— para mostrar que la ingeniería hídrica local, tomada por lógicas sectoriales relativamente autónomas del régimen de propiedad, reconfiguró equilibrios ecológicos y conflictos agrarios por décadas.

Cada una de estas lecturas tiene su mejor argumento contrario. La codificación liberal de la destrucción puede leerse como incentivo de mercado exportador que el Estado no diseñó y del que los "hombres de empresa" se aprovecharon dentro de una legislación ambigua. La trucha, como política pesquera pragmática. La modernización ganadera, como respuesta racional a la ventaja comparativa tropical. Schultes, como científico que operó al margen de la geopolítica. Morrohermoso, como respuesta a una necesidad real de navegación.

El régimen colonial de haciendas nació de las composiciones de tierras entre 1590 y 1620, cuando la Corona tituló al mejor postor las tierras realengas y fijó un sistema social que vinculaba al campesinado como mano de obra sin derechos sobre la tierra. La república decimonónica no rompió con esa estructura: la reprodujo con nuevos lenguajes. Los baldíos se destinaron a pagar bonos de deuda pública, compensar servicios militares, financiar colonización empresarial y construcción de vías, adjudicar tierras a inmigrantes y provincias, y —solo residualmente— permitir la ocupación por colonos.

Los datos son inequívocos. Entre 1827 y 1900 se registraron 1.132 títulos de adjudicación de baldíos; los que superaron las 5.000 hectáreas fueron apenas 75 —el 6,62%— y concentraron la mayor parte del área adjudicada. Cuando en 1873-74 Aníbal Galindo publicó en el Diario Oficial que se habían emitido títulos por 3.318.500 hectáreas frente a adjudicaciones materiales por 1.159.592, usó esas cifras como acta de acusación contra la administración de baldíos: apenas una fracción de la superficie titulada correspondía a ocupantes y cultivadores efectivos. Las Leyes 61 de 1874 y 48 de 1882, formalmente pensadas para otorgar derechos a quienes establecieran habitación y labranza, impusieron requisitos —gastos de deslinde, precios mínimos, adquisición mediante bonos territoriales— que sesgaron el sistema hacia los grandes propietarios.

La disolución de los resguardos indígenas desde 1850 completó el cuadro. Miguel Samper, protagonista del liberalismo radical, reconoció que aquella medida destruyó la economía colectiva campesina y convirtió a los indígenas en arrendatarios o en fuerza de trabajo proletaria. La misma legislación estimulaba simultáneamente la inversión capitalista en frontera y la colonización campesina, sin que ningún actor central orquestara unitariamente la contradicción: en la práctica, el auge exportador desde mediados del siglo XIX coincidió con el alza de concesiones y de precios de la tierra, y el resultado agregado fue la concentración latifundista.

Lo que ocurría sobre el terreno tenía nombre técnico entre los propios protagonistas: la "ley de tres pasos". El colono tumbaba el monte y habilitaba la tierra; vendía sus mejoras a bajo precio a un contratista o finquero; un gran terrateniente absorbía las tierras ya habilitadas, por título o para montar hacienda nueva. La destrucción del bosque se pagaba con trabajo campesino barato y se capitalizaba en propiedad concentrada. En el Sinú, entre comienzos del siglo XX y 1930, la expansión del latifundio se hizo con cercamiento progresivo de baldíos y tierras comunales, uso del ganado para arrasar cultivos de parceleros, amenazas y despliegue coercitivo de la Fuerza Pública. La hacienda Berástegui llegó a doce mil hectáreas, ligada a capitales extranjeros dedicados al azúcar y eventualmente al petróleo. En el Patía, los nuevos hacendados abrieron potreros mediante rondas de quemas —círculos de tierra pelada para contener el fuego y luego candela— que destruyeron nidos, silenciaron aves y fueron identificados por los propios habitantes como la primera transformación ambiental profunda de la región. El alambre de púas, llegado con la carretera Panamericana, cerró el proceso: restringió el acceso de la población negra a tierras usadas comunalmente y consolidó los potreros como frontera privada.

La modernización ganadera del siglo XX radicalizó esta lógica. El cebú alcanzaba su desarrollo a los dos años frente a los cuatro del criollo, y tres siglos de mecanismos adaptativos previos facilitaron su expansión en el neotrópico. La hacienda Jesús del Río, entre 1915 y 1938, comercializó ganado cebú en más de setenta poblaciones de doce departamentos, con Medellín, Bucaramanga, Arjona, Honda y Barranquilla como plazas principales. En la Zona Norte —Córdoba, Urabá, Sinú, San Jorge, Atrato, Bajo Cauca— la población ganadera pasó de 6,8 millones de cabezas en 1950 a 12,0 millones en 1976, el crecimiento más alto del país, con una capacidad de carga que subió de 0,86 a 1,05 cabezas por hectárea, concentrada en un Valle del Sinú sembrado en un 75% con pastos mejorados. La reforma agraria como redistribución no ocurrió; la reforma ecológica —sustitución de bosques y sabanas nativas por potreros de pastos africanos alambrados y poblados de cebú— sí.

La Ley 200 de 1936, promovida por Alfonso López Pumarejo, se recuerda por la letra que insinuaba redistribución y se olvida por lo que hizo: estimular productividad y modernización rural, y desplazar la presión hacia la adjudicación de baldíos y la colonización de nuevos territorios. La política liberal, incluso en su fase más reformista, prefirió abrir frontera antes que tocar la propiedad consolidada.

La resistencia fue temprana y persistente, y conviene no romantizarla ni minimizarla. Los paeces del alto Cauca opusieron a la desamortización una combinación de protesta violenta, dilaciones legales, resistencia pasiva y alianzas con líderes liberales regionales. Las Cámaras Provinciales de Neiva, Riohacha, Cartagena y Chocó intervinieron ante el gobierno nacional sobre las leyes de desamortización. En los años treinta, la zona cafetera de Cundinamarca y Tolima se volvió epicentro: 75 de las 153 agremiaciones campesinas con personería jurídica hasta 1939 se concentraban allí, protagonizadas por arrendatarios de hacienda que a cambio de una parcela debían trabajar los cafetales del propietario. La UNIR de Jorge Eliécer Gaitán pagó cara la articulación: el 4 de febrero de 1934 la guardia de Cundinamarca disolvió a bala una manifestación campesina en Fusagasugá; el 14 de agosto del mismo año otra masacre ocurrió en la hacienda Tolima de Ibagué, motivada por la negativa de colonos a aceptar avalúos arbitrarios de mejoras. En el Sumapaz, el Partido Agrario Nacional de Erasmo Valencia eligió concejales en Fusagasugá, Pasca, San Bernardo y Pandi en octubre de 1935, y llevó a Valencia a la Asamblea de Cundinamarca para 1935-1936, donde propuso —entre otras medidas— la prohibición del concierto de personas en el departamento. Que estas resistencias existieran y a veces triunfaran localmente no contradice la lógica estructural; matiza su omnipotencia y explica por qué la concentración, siendo tendencia dominante, no fue absoluta.

En el altiplano cundiboyacense, la ecología prehispánica ofrecía un contrapunto elocuente al lenguaje de la modernización. En 1597, los indígenas de Bogotá tenían pesquerías por "zanjas y corrales"; en 1605, los de Fontibón declaraban poseer "hoyos y pesquería" heredados de sus antepasados en el río Fontibón. El vocabulario muisca de las gramáticas coloniales registraba términos técnicos —chupcua para pesquería o pantano, iaia para red, tijisua para anzuelo— y Puerto Alegre había señalado en 1571 la captura del pez capitán con anzuelos y redes. La dieta indígena combinaba arracacha, cubios, hibias, ullucos, achira, maíz, frijol, ahuyama y pescado. Milenios de conocimiento del medio produjeron tecnologías de siembra y pesca ajustadas a los ecosistemas altoandinos. Cuando el siglo XX introdujo trucha arcoíris en Tota y La Cocha, no llenó un vacío: reemplazó una ecología. Investigaciones posteriores como las de Peña-Rodríguez y colegas en 2011 confirmarían, con evidencia genética y taxonómica, que la presencia de Grundulus bogotensis en la Cocha responde a introducción antrópica; el capitán y otros peces nativos quedaron desplazados por un salmónido depredador cuya ventaja no era ecológica sino comercial. La trucha vino con el mismo lenguaje que el cebú y los pastos africanos: mejorar, tecnificar, modernizar.

En la Mojana, la apertura del canal de Morrohermoso hacia 1938 muestra otra vertiente del mismo dispositivo. Se buscó reabrir la boca de Caribona para que la corriente del Cauca llegara hacia Sucre y Majagual, atendiendo demandas de agua y navegación. La obstrucción se atribuyó, entre otras causas, a los sedimentos vertidos por las dragas mineras estadounidenses y antioqueñas en Caucasia, Nechí y El Bagre. La decisión no contempló las consecuencias sobre las fincas de caña y trapiches de Sucre, que habían florecido gracias al tapón de Caribona: eran los mayores productores de panela en la Costa, y su suerte quedó librada al azar de las crecientes. En el Bajo Sinú, el Proyecto Córdoba N.1 del Incora contempló luego adecuar 30.000 hectáreas, con La Doctrina como piloto en Lorica, operando desde 1969 con drenaje a 3.875 hectáreas y riego a 2.000. El patrón se repite: la ingeniería hídrica opera con lógicas sectoriales propias, atiende demandas puntuales de sectores con voz, y ni el régimen de propiedad ni las economías locales preexistentes entran en el cálculo.

El caso Schultes complica la fórmula sin desmentirla. A finales de los años cuarenta y comienzos de los cincuenta, el Vaupés era prácticamente desconocido para el mundo exterior. Tras el Concordato de 1887 y la Ley 89 de 1890, el proyecto evangelizador misionero se había consolidado como lo más parecido a una presencia estatal en la Amazonía colombiana. Richard Evans Schultes llegó a esa región en el marco de una expedición estadounidense concebida en clave de guerra: asegurar caucho para el esfuerzo aliado. Su permanencia se prolongó más allá del conflicto y produjo un corpus etnobotánico monumental sobre plantas medicinales, alucinógenos rituales y saberes indígenas amazónicos. El bejuco del alma, escrito con Robert Raffauf y reeditado en Colombia en 2018 por el Ministerio de Cultura y la Biblioteca Nacional con presentación de Fernando Urbina y traducción de Carlos Alberto Uribe Tobón, documenta con detalle la relación de los pueblos del Vaupés con el yajé —Banisteriopsis caapi—, planta que en la mitología registrada por el antropólogo Stephen Hugh-Jones es comparada con un cordón umbilical que vincula a los humanos con el pasado mítico.

Schultes operó dentro de la maquinaria de reconocimiento territorial —geopolítica de guerra, ausencia de Estado colombiano, presencia misionera— y aun así el resultado científico revalorizó el saber indígena en términos que la propia ciencia metropolitana no había concedido antes. Que las culturas amazónicas habían sido devastadas por la explotación cauchera y por décadas de evangelización no es un dato accesorio: es el contexto en que la etnobotánica se hizo posible, con informantes que sobrevivían al colapso demográfico y cultural del ciclo cauchero previo. El dispositivo produjo, en este caso, un excedente no calculado.

Leídas en conjunto, las cinco vertientes muestran un patrón coherente. La modernización agraria y científica en Colombia entre 1850 y 1953 no fue una técnica neutra con efectos ambientales desafortunados: fue una tecnología de territorialización cuya lógica interna —definir productividad como desmonte, ganadería y monocultivo exportador; asignar propiedad al que transformaba el ecosistema; introducir especies y variedades cuyo valor era comercial antes que ecológico; abrir infraestructura hídrica sin cálculo redistributivo; cartografiar selvas en clave geopolítica— produjo los resultados ambientales y sociales que observamos como su obra, no como su daño colateral.

El régimen liberal de baldíos codificó jurídicamente la destrucción de ecosistemas altoandinos y tropicales al hacer del desmonte la prueba misma de dominio útil. La "ley de tres pasos" no fue un abuso del sistema: fue el sistema funcionando. La modernización ganadera con cebú, pastos africanos y alambre de púas reorganizó los suelos y las biomasas de la Zona Norte con una profundidad que ninguna reforma agraria alcanzó, y lo hizo con incentivos de mercado que la legislación amplificaba en lugar de contener. La ingeniería hídrica de Morrohermoso y de los distritos de riego del Sinú ilustra que la lógica sectorial de la técnica puede reconfigurar ecosistemas y economías locales sin que medie un plan integral, precisamente porque el plan integral —una política territorial que integrara agua, tierra, ecosistemas y pobladores— nunca existió.

La introducción de la trucha, aunque de escala menor, encaja en el mismo patrón simbólico y material. Y la expedición Schultes, siendo la vertiente más ambigua, confirma la regla por su excepción: incluso el dispositivo que abrió un espacio de revaloración del saber indígena lo hizo desde una infraestructura geopolítica —guerra mundial, financiación metropolitana, ausencia de Estado colombiano, aparato misionero— que era, ella misma, parte del proyecto de territorialización.

La asimetría de fondo no significa monolitismo. Los paeces resistieron desamortización con dilaciones que ganaron décadas. Los colonos del Sumapaz y de Cundinamarca-Tolima llevaron a Erasmo Valencia a una diputación y a Gaitán a articular un movimiento nacional. Las comunidades del Sinú aprendieron a leer las alambradas como frontera de guerra. Los pueblos del Vaupés convirtieron a un botánico norteamericano en cronista de su saber. La agencia local moduló resultados, ralentizó procesos, forzó pactos parciales. Sin ella, la concentración habría sido aún mayor y la sustitución ecológica aún más completa. Reconocerlo no diluye la asimetría; la vuelve legible como campo de fuerzas.

Toda política ambiental o agraria contemporánea que trate la deforestación del Sinú, la degradación del Patía, la sustitución de ictiofauna en Tota o el conflicto por baldíos en la Amazonía como problemas técnicos aislados de esa genealogía opera con un mapa recortado. Quedan flancos que este marco no cierra: el peso relativo del marco jurídico, los precios internacionales, la coerción local y la fragmentación de las comunidades desamortizadas en la concentración latifundista sigue siendo objeto de análisis regional, y el caso Cauca no se comporta como el Sinú, ni ninguno como Cundinamarca. La obra de Schultes revalorizó saberes indígenas pero también alimentó formas de apropiación farmacéutica y de turismo del yajé cuyos costos se trasladaron a las comunidades del Vaupés en décadas posteriores. La cadena precisa entre la alteración de Morrohermoso, la sedimentación del bajo Cauca y las inundaciones recurrentes del siglo XXI exige integrar minería aluvial, cambio climático y canalización posterior. Las masacres de Fusagasugá e Ibagué en 1934 sugieren que la modulación de la resistencia fue costosa y limitada; el éxito electoral del PAN en el Sumapaz, que hubo momentos de captura institucional real. Cuánto de la ecología colombiana contemporánea sigue siendo obra viva de aquel siglo es una pregunta abierta. Los potreros del Sinú, las lagunas altoandinas con trucha, las tierras concentradas del Magdalena Medio, la Amazonía cartografiada por otros antes que por el Estado colombiano: el objeto no ha terminado de suceder, y por eso la historia ambiental tampoco ha terminado de responder.

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Archivo documental

Documentos usados en esta lectura

44 documentos · 56 fragmentos de referencia
01Tierras. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoAlejandro Reyes Posada · 2018 · p. 171 fragmento
[1]

CNMH, 2016, página 47), pues ya se apreciaba entre 1590 y 1620, como resul- tado de la política de composiciones de tierras al mejor postor, que la Corona española empleó para titular las tierras llamadas realengas, o del rey de España, y que originó el régimen de las haciendas, concebidas como un sistema social,…

p. 17
02La tierra en ColombiaEstanislao Zuleta, Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) · 1973 · p. 1, 842 fragmentos
[2]

ESTANISLAO ZULETA ASOCIACION NACIONAL DE USUARIOS CAMPESINOS LA TIERRA EN COLOMBIA 6 CUADERNOS LA OVEJA NEGRA LA EN COLOMBIA ESTANISLAO ZULETA ASOCIACION NACIONAL DE USUARIOS CAMPESINOS LA TIERRA EN COLOMBIA EDITORIAL LA OVEJA NEGRA Primera edición: jimio de 1973. Editorial La Oveja Negra Ltda. Corrección: Walter…

p. 1
[20]

los arrendatarios y jornaleros de las grandes fincas de la región. Al comenzar la década del treinta el'movimiento campesino había adquirido una gran importancia po lítica; de su seno habían surgido un gran número de revolucionarios y todos los grandes luchadores de la época.tuvieron alguna relación con él movimeinto…

p. 84
03La colonización antioqueña: una empresa de caminosEduardo Santa · 2016 · p. 751 fragmento
[3]

poner a funcionar la Nueva República. 3. Adjudicación de tierras baldías a los inmigrantes eu- ropeos y norteamericanos que quisieran venir a la Nueva República, en su condición de agricultores o artesanos, y con el fin de estimular el poblamiento de una nación diez- mada por la guerra. 4. Adjudicación de baldíos a…

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04Tierras y conflictos rurales: Historia, políticas agrarias y protagonistasRocío Londoño (coord.), Carolina Castro, Álvaro Delgado, Jaime Landinez · 2016 · p. 44, 482 fragmentos
[4]

uno por cien- to al 7 por ciento. 49 Asignación de tierras y evolución de la propiedad agraria en Colombia En resumen: el reconocimiento de los derechos de propiedad a los cultivadores de tierras baldías se expresó en el crecimiento de las adjudicaciones de menos de 500 hectáreas y el decreci- miento relativo de las…

p. 48
[7]

discusión pública alrededor del manejo de los baldíos en el último tercio del siglo XIX, da cuenta el economista liberal Aní- bal Galindo, partidario de privilegiar a los colonos en la adjudica- ción de baldíos y quien, siendo el jefe de la Sección de Estadística en 1873-74, publicó en el Diario Oficial unas cifras…

p. 44
05Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 182, 1982 fragmentos
[5]

haciendo legalmente difícil la adquisición de tierras. La política agraria, por lo tanto, estuvo en- caminada a desincentivar la fuga de la barata mano de obra rural. La adquisición de baldíos por parte de individuos de escasos medios fue obstaculizada por una ley de 1868 que establecía como requisito de compra una…

p. 198
[10]

Para un resumen, véase Sanford Mosk, "Latín America and the World Economy", Inter-American Economic Affairs, rr (1948), pp. 53-82, en especial p. 70. LIBERALIS!v!O Y CA~BIO AGRARIO, 1845-1890 CUADRO 16. Estimativos de valores de la tierra para diversos años y regiones, 1822-1874 Año 1822-1823 1826 1829-1840 1835…

p. 182
06Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 4551 fragmento
[6]

Cauca, y en el estado del Tolima —la parte de la hoya alta del Magdalena segregada de Cundinamarca en 1861 — avanzaba hacia el sur por la media falda orien- tal de la cordillera del Quindío. * Esta colonización se efectuaba al principio más o menos en las condiciones y con las formas coloniales y granadinas — con…

p. 455
07Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · p. 2381 fragmento
[8]

pasó a ser arrendatario, la tierra fue destinada a cría o cebas de ganado y el consumo de víveres perdió gran parte de las fuentes que lo alimentaban. Todo esto como resultado de la teoría de la libertad planteada sin previo estudio de los hechos sociales». Y continúa don Miguel Samper, con noble y elevado acento: «No…

p. 238
08Colonización y protesta campesina en Colombia (1850-1950)Catherine LeGrand · 2016 · p. 891 fragmento
[9]

Consecuentemente, estos eran los rasgos propios de la Colombia de esa época: fronteras altamente esparcidas, una economía exportadora que se desa- rrollaba en las vertientes de las montañas y en las tierras bajas, y una política de tierras que estimulaba tanto la inversión capitalista como la colonización campesina en…

p. 89
09Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · p. 1181 fragmento
[11]

by the large estates but by peasant producers, the government endeavored to facilitate colonization of the public domain by peasant settlers in order to expand food production. The uncertain status of landownership, however, frustrated the endeavor, leading the Supreme Court to define what was private property and…

p. 118
10Coffee in Colombia, 1850-1970: An Economic, Social and Political HistoryMarco Palacios · 1980 · p. 301 fragmento
[12]

level of agricultural productivity. This will be seen more clearly in chapter 11. The fascinating part of the above process is how the 'left' and the 'right' adapted the principles to their arguments, and how there existed wide divergencies between written law and social practice. In chapters 8 and 9 I explain some of…

p. 30
11El Desarrollo de la Agricultura en ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1982 · p. 114, 1202 fragmentos
[13]

se ha descrito en el primer capítulo de este trabajo, los pastizales fueron abiertos en gran medida por colonos, en la forma de aparcerías de relativo corto plazo. Según Fals Borda, los campesinos colonos espontáneos llamaron a esta institución la "ley de tres pasos": el colono tumbaba el monte, habilitaba la tierra…

p. 114
[27]

que a la conquista de importantes regiones al Norte de Antioquia y en el departamento de Córdoba. Dentro de esta 118 región están comprendidas las zonas de Urabá, los Valles de los Ríos San Jorge, Atrato, Sinú y Bajo Cauca. La población estimada para la zona pasó de 6.8 millones de cabezas en 1950 a 12.0 millones en…

p. 120
12Resistencia en el San JorgeOrlando Fals Borda · 2002 · p. 185, 3352 fragmentos
[14]

en nuestra región entre 1865 y 1930, ligándolos a la pérdida de las tie- rras campesinas e indígenas. He tratado, por lo mismo, de combinar aquí la teoría con la descripción, más que en los otros capítulos. El deta- lle conceptual y teórico se encuentra en los capítulos 1 a 4 de esta pri- mera parte (canal B). Durante…

p. 185
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Caribeña, que llevaba al caño Mojana y al San Jorge, por los sedimentos de las minas de oro dejados por las dragas de estadounidenses y antioqueños río arriba en Caucasia, Nechí y El Bagre (¿o sería por la vieja maldi- ción del padre Torres?). El párroco pensó, junto con la mayoría del pueblo, que había que abrir de…

p. 335
13Estado crítico de la propiedad colectivaDelgado Castaño, P. · 2018 · p. 52 fragmentos
[15]

provincias sureñas de Popayán y Pasto, de alta concentración poblacional indígena, donde el aislamiento brindado por las formidables barreras cordilleranas, elevados cañones y caudalosos ríos, permitió que los resguardos tuvieran una tregua. Los principales pueblos indígenas del alto Cauca estrecharon lazos de unión…

p. 5
[16]

provincias sureñas de Popayán y Pasto, de alta concentración poblacional indígena, donde el aislamiento brindado por las formidables barreras cordilleranas, elevados cañones y caudalosos ríos, permitió que los resguardos tuvieran una tregua. Los principales pueblos indígenas del alto Cauca estrecharon lazos de unión…

p. 5
14A las puertas de El UbérrimoIván Cepeda, Jorge Rojas · 2008 · p. 231 fragmento
[17]

rraleja irrumpieron movimientos campesinos que reclamaban "la tierra para el que la trabaja", que ocuparon algunas haciendas y enfrentaron a las autoridades judiciales, militares y de policía que actuaban en defensa de los intereses de los dueños de las tierras, o mejor, de quienes ostenta- ban la propiedad sobre las…

p. 23
15Historia doble de la Costa. Tomo 4: Retorno a la tierraOrlando Fals Borda · 2002 · p. 147, 1532 fragmentos
[18]

en gran medida a intereses capitalistas extranjeros, así en la producción de azúcar como en la eventual búsqueda de petróleo. Allí hubo de todo: opulencia y miseria; acumulación y explotación; injusticias y aberraciones; el cepo junto a un Cristo y una fábrica de "ron burguero". También allí se cumplió inexora- ble la…

p. 153
[43]

la "mayoría" (casa principal) para orar al Señor con el pastor Juan Jarret después de herir con sus rulas la corteza de la cauchera castilloa y de cuidar centenares de cerdos cruzados con Berkshire en nuevos tipos de chiqueros técnicos. El alimento principal de los animales era el aceitoso corozo del noli que crecía…

p. 147
16Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 4101 fragmento
[19]

a comienzos de los años treinta y, ante todo, lograron articularse con los nuevos movimientos políticos, lo que amplificó considerablemente el impacto de sus luchas. El epicentro de los conflictos fue la zona cafetera de Cundinamarca y Tolima. En efecto, si se mide tomando como punto de referencia los sindicatos…

p. 410
17No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 451 fragmento
[21]

las tierras improductivas, sus alcances estaban diri- gidos a estimular la productividad y la modernización rural, pero no a «adelantar una reforma agraria redistributiva» 50, lo que permitió con el tiempo perpetuar el modelo de acumulación de tierra. La aplicación de esta Ley 200, como ocurrió a lo largo del siglo…

p. 45
18Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 279, 2822 fragmentos
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disolvió a bala una manifestación de campesinos uniristas presidida por Gaitán en Fusagasugá el 4 de febrero de 1934, dejando un saldo de varios campesinos asesinados. Otra masacre de campesinos tuvo lugar el 14 de agosto de 1934 en la hacienda Tolima, en la jurisdicción de Ibagué, en cuyos trabajadores influía la…

p. 279
[23]

entrado en una franca lu- cha de clases, provocada no por los de abajo sino por las agudas contradiccio- nes que precipitan la agonía de la plu- tocracia de arriba» (13 de abril de 1935). En el mismo editorial, Valencia llama a campesinos y obreros a cerrar filas contra los terratenientes. Como la UNIR, el PAN tenía…

p. 282
19El poder de la carne. Historias de ganaderías en la primera mitad del siglo XX en ColombiaAlberto G. Flórez-Malagón (ed.), Luis Guillermo Baptiste, Ingrid Johanna Bolívar, Stefania Gallini, Shawn Van Ausdal · 2008 · p. 3451 fragmento
[24]

cada municipio colombiano con la historia minoica en su plaza taurina. Esros son eventos paradójicos de la historia, pues la especie habría sido domesticada en el noreste africano (frontera entre Sudán y Egipto) hace unos 7.000 a 9.000 años tras un largo proceso de selección en las sabanas y desiertos, un hecho que…

p. 345
20Patía, de la tierra de nadie a las grandes haciendasCarlos Daniel Quiñonez Rodríguez, Carlos Enrique Osorio Garcés · 2024 · p. 132, 1712 fragmentos
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cabo por los nuevos hacendados durante el desarrollo del modelo hacendario. Su objetivo era introducir el mayor número de cabezas de ganado para sus negocios. Respecto a esto, la hija de un inmigrante y colonizador manifiesta: P a t í a, d e l a t i e r r a d e n a d i e a l a s g r a n d e s h a c i e n d a s 172 Lo…

p. 171
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se mencionó en párrafos anteriores, se dice que fue la principal herramienta de modernización y conflicto espacial para la cultura comunal y libre desarrollada durante siglos por el patiano. En relación con su introducción, una entrevistada comenta: El alambre de púas llega con la carretera Panamericana, traído por…

p. 132
21Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · p. 6091 fragmento
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al criollo 5 \ Así mismo, el cebú es un ganado precoz que a los dos años logra su desarrollo, mientras el criollo sólo lo alcanzaba a los cuatro años. Durante el período 1915 - 1938, el ganado de Jesús del Río se comercializó en más de 70 poblaciones de Colombia, siendo los mayores mercados Medellin, Bucaraman ga,…

p. 609
22El río: exploraciones y descubrimientos en la selva amazónicaWade Davis · 2017 · p. 8431 fragmento
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celebraciones promueven el espíritu de reciprocidad e intercambio en que se basa todo el sistema social, y por medio del ritual unen a los vivos con los antepasados míticos y el princi- pio de los tiempos. * Durante más de tres horas el avión avanzó sobre la selva. No había poblaciones, ni caminos, ni accidentes…

p. 843
23Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. AmazoníaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 451 fragmento
[29]

entre 1932 y 1933. Al final de la guerra la Casa Arana se retiró al Perú. Sin embargo, la retirada de la Casa Arana –e incluso de otras caucheras que años más tarde cesarían actividades debido al auge del caucho producido en el Sudeste Asiático–, no significó el fin del suplicio para los pueblos indígenas, pues ya se…

p. 45
24El bejuco del alma. Los médicos tradicionales de la Amazonía colombiana, sus plantas y sus ritualesRichard Evans Schultes, Robert F. Raffauf · 2018 · p. 1, 332 fragmentos
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RICHARD EVANS SCHULTES EL b E j UC o DEL AL m A antropología RICHARD EVANS SCHULTES EL b E j UC o DEL AL m A antropología Schultes, Richard Evans, 1915-2001, autor El bejuco del alma / Richard Evans Schultes, Robert F. Raffauf; presentación, Fernando Urbina; traducción, Carlos Alberto Uribe Tobón. – Bogotá: Ministerio…

p. 1
[31]

riamente a un apéndice con forma serpentina: el cordón umbilical que nos liga con el origen, la madre. El yajé crece a partir de esquejes, por lo que se piensa que es un bejuco continuo que se extiende hasta el 34 Rffíndic Eedlo Sínsapro principio de los tiempos… y se lo compara con un cor- dón umbilical que vincula a…

p. 33
25En las regiones de Colombia. La Universidad del Rosario piensa el paísJuan Felipe Córdoba Restrepo, Claudia Dulce Romero, Natali Maldonado Pineda · 2021 · p. 11 fragmento
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55 Por los caminos de la Amazonía Germán Zuluaga Ramírez* 2021. Siglo del Hombre Editores. All rights reserved. May not be reproduced in any form without permission from the publisher, except fair uses permitted under U.S. or applicable copyright law. EBSCO Publishing: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025…

p. 1
26Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · p. 2061 fragmento
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el suelo es muy antiguo. Se explicaría así la presencia de los macús en regiones alejadas de los ríos del Vaupés. Vistos y tratados como «sirvientes» de la mayo- ría de los tucanos orientales, los macúes practican algo de agricultura y pesca aunque su especialidad es cazar selva adentro 22. De acuerdo con Lathrap,…

p. 206
27La tierra en disputa. Memorias de despojo y resistencia campesina en la costa Caribe (1960-2010)Absalón Machado, Donny Meertens · 2010 · p. 34, 3962 fragmentos
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Tierras -INAT (s.f.), Breve reseña de los distritos de riego, documento interno. 245 Ibídem Grupo de Memoria Histórica de la cnrr 398 nivel mínimo de operación. No se podía suministrar agua, pero era un problema de supervivencia de la gente. A nosotros como Estado nos tocó tomar decisiones porque con el problema del…

p. 396
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armados que han aparecido y desapare- cido en la región, pero cuya presencia los ha perpetuado en la memoria de la colectividad. El Departamento de Córdoba recibió durante muchas décadas un flujo importante de colonizadores antioqueños y de la costa Caribe, quienes le dieron una configuración socio-demográfica un poco…

p. 34
28Colombia: Territorial Rule and the Llanos FrontierJane M. Rausch · 1999 · p. 771 fragmento
[36]

the Fondo de Fomento Municipal, created in 1940 to help municipios resolve their most pressing needs, that proved to have the greatest impact on the territories. 11 Economic Minister Carlos Lleras Restrepo announced the formation of the Fondo de Fomento Municipal in a radio speech broadcast in March EBSCOhost: eBook…

p. 77
29Peregrinación de AlphaManuel Ancízar · 2016 · p. 3631 fragmento
[37]

indican los lechos horizontales de guijarros y are - nas, visibles en algunos derrubios de las próximas colinas. Al extremo sur tiene un desagüe natural, origen del Upía, susceptible de ser ahondado con poco trabajo, para dejar en seco mucha parte de las márgenes, de que podrían apro - vecharse los estancieros ya…

p. 363
30Mercados, poblamiento e integración étnica entre los Muiscas, Siglo XVICarl Henrik Langebaek · 1987 · p. 701 fragmento
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1942: 19) aunque para ninguno de esos sitios su cronología es conocida con precisión. Por otra parte, resulta interesante que en las gramáticas figuren los términos chupcua como equivalente a pesquería o pantano, iaia traducido como "red para pescar" y tijisua como "anzuelo" (Uricoechea, 1871: 190 y Acosta Ortegón,…

p. 70
31Los muiscas. La historia milenaria de un pueblo chibchaCarl Henrik Langebaek · 2019 · p. 2301 fragmento
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tenían peces en “zanjas y corrales”, como si tuvieran en “hoyos y pesquería”. arqueólogos, por su parte, han desarrollado sus propias s para reconstruir la lista de alimentos disponibles para los sin estar apegados a lo que escribieron los conquistadores. no mucho tiempo tenían como su principal evidencia para…

p. 230
32Libro rojo de peces dulceacuícolas de Colombia 2012José Iván Mojica, José Saulo Usma, Ricardo Álvarez-León, Carlos A. Lasso (Eds.) · 2012 · p. 1321 fragmento
[40]

4922; MLS 117, 133, 171, 191, 195; MPUJ 1989, 1990, 2692-95, 2513-14, 2580-82, 2695-2720. Comentarios Peña-Rodríguez et al. (2011) sostienen que el uso de los caracteres diagnósticos de Román-Valencia et al. (2003, 2010), no corroboran el estatus taxonómico de G. co- chae como especie válida por lo cual ésta debe…

p. 132
33Lista de los Peces Fósiles y Actuales de Colombia: Nombres Científicos Válidos, Distribución Geográfica, Diagnosis de Referencia & Nombres Comunes e IndígenasRicardo Álvarez-León, Ramón Hernando Orozco-Rey, María Eurídice Páramo-Fonseca, Daniel Restrepo-Santamaría · 2013 · p. 2321 fragmento
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J. S. Usma-Oviedo & R. Alvarez-León (eds.) El libro rojo de los peces dulceacuícolas de Colombia. La Serie de Libros Rojos de Especies Amenazadas de Colombia. ICN-UNC / IIRBAvH / MINAMBIENTE / CI-Colombia, 285 p. Lehmann-Albornoz, P. & J. S. Usma-Oviedo. 2002. Hyphesso- brycon poeciliodes (LJHQPDQQ…

p. 232
34"Patrones" y campesinos: tierra, poder y violencia en el Valle del Cauca (1960 – 2012)Absalón Machado Cartagena, John Jairo Rincón García · 2014 · p. 411 fragmento
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vertiente occidental recibió la mayor in fl uencia antioqueña durante el siglo XIX con un poblamiento disperso en la zona de ladera, que evitó el choque con los propietarios de la zona plana. Sin embargo, la colonización no estuvo exenta de con fl ictos entre colonos y propietarios. En esta región fue famoso el con fl…

p. 41
35Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Antioquia, sur de Córdoba y Bajo Atrato chocoanoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 441 fragmento
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económicas que se dieron desde finales del siglo XIX; la más conocida es la del café, que se concentró en los pueblos del Suroeste antioqueño. En otras subregiones ocurrieron: la explotación del fruto de la palma de tagua, también llamado el «marfil vegetal», que se usaba para la elaboración de botones y artículos…

p. 44
36Gente negra en Colombia. Dinámicas sociopolíticas en Cali y el PacíficoOlivier Barbary, Fernando Urrea · 2004 · p. 3631 fragmento
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el municipio de Palmira y otros aledaños, luego sucesivas expansiones durante 40 años hasta consolidarse com- pletamente en la zona del sur del valle geográfico del río Cauca hacia finales de los años 60; b) la terminación del ferrocarril del Pacífico ---que conectó el valle geográfico con el Océano Pacífico--, en el…

p. 363
37Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 3721 fragmento
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y de sus intereses particulares. Comenzaban a articularse las bases de un mercado nacional a la par con el proceso de uni- ficación política y cultural. Este pro- ceso, sin embargo, ha ocupado el siglo entero sin agotarse y ha sido desigual, espontáneo, discontinuo y con carac- terísticas diferenciales. Distintas…

p. 372
38La tierra no basta. Colonización, baldíos, conflicto y organizaciones sociales en el CaquetáCentro Nacional de Memoria Histórica, Erika Andrea Ramírez Jiménez · 2017 · p. 381 fragmento
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hablo de garantías para la colonización, debo signifi- carle que el artículo 2 del contrato celebrado entre el señor mi- nistro de Obras Públicas y los señores Cano, Cuello y compañía y Pedro Antonio Pizarro, sobre mejoramiento y conservación de las vías que conducen al Caquetá, etc., firmado en Bogotá 15 Sobre las…

p. 38
39Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · p. 1721 fragmento
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Congreso a los caucheros imperialistas — trasnaciona- les— que practicaban aún el esclavismo. Pero quedó todavía más indignado frente a la indiferencia de los parlamentarios y legisladores colombianos, encerrados en la alta sabana de Bogotá, mientras los límites —la realidad— se desparramaba incontrolable hacia los…

p. 172
40Colombia's Forgotten Frontier: A Literary Geography of the PutumayoLesley Wylie · 2013 · p. 621 fragmento
[50]

to Miguel), bewails the incursions of Peruvians into the region, and calls upon Colombians to explore and colonize their national territory, figuring the Putumayo as a vital limb of the nation: Nuestras regiones del Caquetá y del Putumayo […] serán nuéstras únicamente en el nombre, y no en el hecho, en tanto que…

p. 62
41Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 24, 342 fragmentos
[51]

Casanare in Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos Orientales 24 1893 and assigned it to the care of the Augustinian Recoletos, also known as Candelarios. After Arauca was designated as a separate apostolic prefecture in 1916, the vicariate was left with some forty-five thousand square…

p. 34
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the vicariate was left with some forty-five thousand square kilometers un- der the rule of Bishop Santos Ballesteros, who resided in Támara. It was divided into five districts—Támara, Nunchía, Moreno, Orocué, and Chámeza—each served by two missionaries, who visited the towns within their districts four to six times a…

p. 24
42¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 191 fragmento
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la po sibilidad de valorar el legado productivo de nuestra historia. Aquel proceso se remonta, por lo menos, a los últimos cuatro mil años, cuando, según el profesor Carl Langebaek, existen evidencias arqueológicas del aprovechamiento de plantas como complemento de la caza. En ese proceso tan prolongado en el tiempo,…

p. 19
43Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 221 fragmento
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pi ñ a, guayaba, aguacate, tomate, guan á bana, granadilla, curaba, uchuva), verduras y tub é rculos (ahuyama, achira, cubios, arracachas, hibias y ullucos o chuguas), legumbres y semillas (frijol y quinoa) y anima les dom é sticos, ofrec í an una alimentaci ó n adecuada, sin las ham brunas peri ó dicas comunes en…

p. 22
44Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 41 fragmento
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© Marco Forero, 2016 © Editorial Planeta Colombiana S. A., 2016 Calle 73 N.° 7-60, Bogotá Diseño de cubierta: Departamento de diseño Grupo Planeta Primera edición: abril de 2016 ISBN 13: 978-958-42-4984-5 Desarrollo e-pub: Hipertexto Ltda. Este libro no podrá ser reproducido, ni total ni parcialmente, sin el previo…

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