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Idea · República Liberal

Etnobotánica

La etnobotánica —el estudio sistemático de las relaciones entre los pueblos y las plantas que conocen, nombran, cultivan, curan y ritualizan— es en Colombia un campo tardío en su bautizo disciplinar y antiguo en su práctica, con raíces en la Expedición Botánica de 1783 y su institucionalización plena durante la República Liberal de los años treinta y cuarenta del siglo XX.

4.105 palabras39 documentos56 fragmentos citados
Etnobotánica

Trayectoria de una idea

  1. 1783

    Expedición Botánica: primer archivo científico del saber vegetal colombiano

  2. 1860

    Florentino Vezga y la 'botánica indígena': primer gesto etnobotánico explícito

  3. 1930

    República Liberal: institucionalización del saber botánico y etnográfico

  4. 1941

    Llegada de Richard Evans Schultes y la etnobotánica amazónica colombiana

  5. 1947

    Pérez Arbeláez revalúa el saber alimenticio local frente al importado

03

La lectura

La etnobotánica colombiana no nació de un decreto ni de una cátedra: se fue construyendo en la tensión entre el pliego del herbario y el saber vivo del payé, entre la retícula linneana y el conocimiento de las mujeres recolectoras que enseñaron a los europeos las recetas del trópico. Su genealogía arranca en 1783 con Mutis y la Expedición Botánica, que produjo el primer gran archivo científico del país al precio de silenciar las epistemologías indígenas que le daban sustento. Un siglo después, Florentino Vezga anticipó el giro al dedicar la primera parte de su Memoria a la 'botánica indígena', reconociendo en el saber terapéutico de los indios una fuente legítima de conocimiento científico. Fue la República Liberal de los años treinta la que dotó al campo de instituciones duraderas: el Instituto Botánico, el Herbario Nacional, la red académica de la Escuela Normal Superior y la integración formal de la Amazonía al Estado colombiano crearon la constelación donde la etnobotánica pudo acuñarse como disciplina. La llegada de Schultes en 1941 y el trabajo de Pérez Arbeláez completaron ese momento fundacional, instalando definitivamente el diálogo —asimétrico, conflictivo, pero ya irreversible— entre el conocimiento indígena y la ciencia occidental en el corazón de la vida intelectual colombiana.

La etnobotánica —el estudio sistemático de las relaciones entre los pueblos y las plantas que conocen, nombran, cultivan, curan y ritualizan— es en Colombia un campo tardío en su bautizo disciplinar y antiguo en su práctica. Se instala como nombre y como programa hacia mediados del siglo XX, cuando el norteamericano Richard Evans Schultes recorre el Vaupés y el Putumayo, cuando Enrique Pérez Arbeláez levanta el Herbario Nacional y el Instituto Botánico de la Universidad Nacional, y cuando el silvicultor Silvio Yepes promueve fascículos apadrinados por la Sociedad Colombiana de Etnología. Antes de ese bautizo, sin embargo, el saber estaba: en los payés amazónicos que custodiaban el conocimiento del yajé, en los ingas que llevaban plantas medicinales por rutas entre selva y cordillera, en las mujeres que enseñaron a los europeos coloniales las recetas del clima tropical, en los curanderos del Caribe que anotaban en cuadernos personales lo aprendido de un indígena en las selvas de Barranca. La etnobotánica colombiana es, entonces, un campo donde convergen tres genealogías: la ilustrada, iniciada por José Celestino Mutis en 1783; la republicana decimonónica, encarnada en José Jerónimo Triana y Florentino Vezga; y la institucionalizadora del Estado liberal de los años treinta, que convierte el conocimiento botánico indígena en materia de política científica sin llegar a reconocerlo plenamente como episteme autónoma.

Un campo entre el herbario y el chamán

Nombrar el sujeto exige tenderle sus dos polos. En un extremo, la planta prensada, seca, clasificada por rangos linneanos, guardada en el pliego del herbario y catalogada por familia, género y especie. En el otro, el saber vivo del payé o de la mujer recolectora, que reconoce en el bosque asociaciones, ciclos lunares, indicaciones terapéuticas y relaciones rituales que ningún pliego captura. La etnobotánica se ubica en la tensión entre ambos: recoge la voz indígena y la traduce al vocabulario científico occidental, con las pérdidas y las apropiaciones que esa traducción implica.

En Colombia, esa tensión tiene una historia larga. Cuando Mutis desembarcó en 1761 como médico del virrey Pedro Messía de la Cerda, encontró un territorio ya cartografiado por siglos de conocimiento indígena y afrodescendiente sobre plantas. La mujer nativa había cumplido, desde el primer siglo colonial, un papel determinante en la transmisión a los europeos de hábitos alimenticios adaptados al clima, recetas higiénicas y usos de drogas contra las enfermedades tropicales. Los misioneros dejaron testimonios: Joseph Gumilla, jesuita, publicó El Orinoco Ilustrado documentando la vida social y las costumbres de las naciones del Orinoco en el siglo XVIII. Sobre ese sustrato caería, primero, la retícula linneana, y después —ya en el siglo XX— el aparato institucional del Estado liberal.

El campo, así definido, no es una disciplina neutral. Cada operación etnobotánica decide qué planta se cataloga, con qué nombre se registra, qué usos se traducen al lenguaje farmacológico, qué comunidad se cita como fuente o se silencia. La República Liberal (1930-1946) es el momento en que el Estado colombiano toma explícitamente en sus manos esas decisiones.

Los orígenes ilustrados: Mutis, Mariquita y la sombra de Linneo

La genealogía institucional del campo empieza el 1 de abril de 1783, cuando la Corona pone la Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada bajo la dirección de José Celestino Mutis. Lo acompañan Eloy Valenzuela como subdirector y Antonio García del Campo como pintor. La sede en Mariquita se convertirá en el laboratorio más ambicioso del proyecto científico borbónico en América. La empresa se inscribe en la política ilustrada de la monarquía: fortalecer el control territorial y fomentar el desarrollo económico de las colonias mediante el conocimiento sistemático de sus recursos. La quina —febrífugo cuyas propiedades comerciales y medicinales interesaban tanto a la Corona como a los médicos europeos— fue uno de los grandes motores de la Expedición.

La escala del proyecto neogranadino sorprende incluso en la comparación imperial. Las expediciones análogas de México y Perú incluyeron dos dibujantes cada una; la de Mutis llegó a contar con diecinueve. Ese ejército de pintores, muchos de ellos criollos formados en el taller, produjo el corpus iconográfico que hoy conocemos como la Flora de la Real Expedición. La correspondencia de Mutis con Carl von Linné —quien le dedicó varias plantas, entre ellas la mutisia— le abrió a la ciencia neogranadina las puertas de Uppsala y de la Academia de Estocolmo.

Pero el proyecto tenía sus zonas ciegas y sus conflictos. Mutis introdujo en la Nueva Granada la enseñanza del sistema copernicano y chocó con los dominicos, en un enfrentamiento que definió el clima intelectual de la capital. Más significativo aún para nuestra historia: la episteme clásica que animaba la Expedición privilegió la clasificación taxonómica occidental sobre cualquier otra forma de organizar el conocimiento natural. Los saberes indígenas sobre las mismas plantas —usos rituales, asociaciones ecológicas, denominaciones vernáculas— no fueron incorporados como fuente epistémica reconocida. El territorio se representó como espacio rico en recursos susceptibles de aprovechamiento científico, valoración que descalificaba las formas de uso preexistentes. La Expedición produjo el primer archivo científico del país y, a la vez, el primer gran acto de captura epistémica del saber botánico americano.

La historiografía botánica colombiana, encabezada por Santiago Díaz Piedrahita, identifica a Mutis y su Expedición como el primer momento estelar de la botánica en Colombia. De esa matriz saldría, décadas después, una élite criolla ilustrada cuyas figuras —Francisco José de Caldas entre ellas— tendieron el puente hacia la Independencia.

El siglo XIX: Triana, Vezga y el rescate de la botánica indígena

El segundo momento estelar, según la misma periodización, es la Comisión Corográfica dirigida por Agustín Codazzi en los primeros años de la segunda mitad del siglo XIX. Allí figura José Jerónimo Triana, botánico que continuó el trabajo de inventario iniciado por la Expedición; allí también gravita Manuel Ancízar, encargado de leer el territorio y la sociedad en clave republicana. Triana llevará plantas colombianas a Europa y producirá una obra que dialoga en pie de igualdad con la botánica sistemática internacional.

Pero el episodio decisivo para la prehistoria de la etnobotánica colombiana ocurre en 1860-1861, cuando la Sociedad de Naturalistas publica los dos únicos números de su boletín, Contribuciones de Colombia a las ciencias y a las artes. Allí aparece la Memoria sobre la historia del estudio de la botánica en la Nueva Granada de Florentino Vezga, considerada la primera obra sobre historia de la ciencia en Colombia. Vezga hizo algo que Mutis no había hecho: dedicó la primera parte de su Memoria a la botánica indígena, con el propósito explícito de rescatar y atraer la atención de los científicos hacia los conocimientos terapéuticos de los indios, aplicando a la medicina tradicional el mismo criterio de indagación que había orientado a la Comisión Corográfica. La segunda parte, dedicada a la obra de la Expedición Botánica, ofrecía al pequeño núcleo de científicos del país su carta de identificación con una tradición.

El gesto de Vezga es fundacional. Anuncia lo que un siglo más tarde llamaremos etnobotánica: la mirada científica sobre el saber vegetal de las comunidades. Que la Sociedad de Naturalistas no pasara de dos números sugiere, sin embargo, la fragilidad institucional del proyecto. La segunda mitad del siglo XIX vería, bajo el impulso del Liberalismo Radical y del positivismo, la incorporación de Colombia al movimiento científico moderno, y con ella trabajos de interés antropológico. Ancízar propuso dotar al Museo Nacional de un carácter etnológico mediante cráneos, momias, armas y artefactos indígenas clasificados por razas y tribus. Es el vocabulario del siglo —darwinismo social, positivismo, taxonomía racial— aplicado a la representación del país.

Mientras tanto, en las regiones, otra genealogía corría en paralelo. Científicos viajeros como Richard Spruce recorrían el Amazonas dejando escritos llenos de referencias a usos y nombres indígenas de plantas, a payés, a mitología y a lo que ellos llamaban supersticiones. Esos textos, fuentes pioneras de la etnobotánica regional, constituían un corpus internacional independiente de las instituciones bogotanas.

La República Liberal: institucionalizar el saber

La bisagra decisiva se activa en 1930, cuando la crisis económica mundial y las tensiones internas ponen fin a más de cuatro décadas de hegemonía conservadora. Los gobiernos liberales de Enrique Olaya Herrera (1930-1934), Alfonso López Pumarejo (1934-1938 y 1942-1945) y Eduardo Santos (1938-1942) despliegan un proyecto reformista que atraviesa la Constitución, la agraria, la tributaria, la educativa y la cultural.

La Revolución en Marcha de López Pumarejo condensa el programa. La reforma constitucional de 1936 ajusta el país a un esquema político nuevo y desmonta varios privilegios existentes. La reforma universitaria abre la Universidad Nacional a la participación de la mujer en sus cuerpos de dirección y construye la Ciudad Universitaria como nuevo campus, integrando facultades hasta entonces dispersas bajo distintos ministerios. La Facultad de Ciencias de la Educación, creada bajo Olaya Herrera, forma la primera generación de profesores de enseñanza media que llevarán la renovación pedagógica al país. La Campaña de Cultura Aldeana y Rural, promulgada por la Ley 12 de 1934, extiende hacia el campo la ofensiva cultural liberal.

En ese ambiente se produce el segundo hecho decisivo para el campo: la llegada de una comunidad académica europea que modernizará las ciencias sociales colombianas. La Escuela Normal Superior se convierte en su plataforma. En torno al etnólogo francés Paul Rivet —entonces director del Museo del Hombre en París— se forma una red de discípulos colombianos, con la geografía en manos del alemán Ernesto Guhl y del español Pablo Vila, y la filología bajo Pedro Urbano González de la Calle. Antropología, geografía, historia y filología alcanzan por esa vía nuevos estándares.

De esa red saldrá Gregorio Hernández de Alba, formado como etnólogo en París bajo la tutela del propio Rivet entre 1939 y 1941. Antes había contribuido a la creación del Servicio de Arqueología en 1938 y ya desde 1935 mantenía correspondencia con el Museo Nacional de Antropología de México; a su regreso tejerá vínculos con el Smithsonian y con Yale, donde escribe sobre etnología y arqueología del sur andino colombiano. La institucionalización del campo etnográfico se completa cuando, a partir de 1945, María Rosa de Recasens y Virginia de Pineda se incorporan al Museo para organizar la Exposición Etnográfica Nacional con el volumen de objetos acumulados en las expediciones del período.

Paralelamente, la botánica encuentra su tercer momento estelar. Enrique Pérez Arbeláez —sacerdote jesuita, botánico, ecólogo— funda el Instituto Botánico de la Universidad Nacional en la década de los treinta —institución que más tarde se rebautizará Instituto de Ciencias Naturales—, dirige el Herbario Nacional Colombiano e impulsa la publicación de la Flora de la Expedición Botánica. Las ideas del Jardín Botánico de Bogotá se esbozan en esos mismos años. Pérez Arbeláez es también reconocido como fundador de la ecología en Colombia. En 1947 lanzará una crítica luminosa: cuestiona los prejuicios contra la carne de monte y pregunta por qué se considera salvajismo consumir fauna nativa que otras culturas aprovechan con normalidad. Es un gesto que revalúa —desde el propio Estado, desde la propia academia— el saber alimenticio local frente al importado.

La estación agrícola de Palmira se convierte en laboratorio del ideal liberal: experimentación científica al servicio de la autosuficiencia económica y social, articulando entusiasmo científico, depresión mundial y populismo político. Los gobiernos liberales extienden la administración estatal a los territorios nacionales mediante reformas administrativas, subsidios, obras públicas, campañas de salud y promoción de la colonización. Olaya Herrera creó la Intendencia de Amazonas por la Ley 10 del 8 de octubre de 1930, gesto que integra formalmente al territorio nacional la región donde la etnobotánica encontrará su corpus más rico.

Todo este conjunto —Herbario, Instituto Botánico, Academia, primeras ideas del Jardín Botánico, red de la Normal Superior, Servicio de Arqueología, museo etnográfico— responde a una necesidad compartida. El Estado liberal quiere pensar el país con instrumentos modernos. La etnobotánica, aunque todavía no lleva ese nombre, encuentra en esa constelación el lugar donde podrá acuñarse.

Schultes, el Amazonas y el bejuco del alma

En 1941 llega a Colombia Richard Evans Schultes (1915-2001), botánico de Harvard cuyo trabajo de campo redefinirá el mapa etnobotánico de la Amazonía noroccidental. Schultes recorrerá durante años el Vaupés y el Putumayo-Sibundoy, regiones habitadas por comunidades tukano, witoto y otras familias lingüísticas, en un territorio que su propio libro describirá como las cuatro comisarías amazónicas originales con 250.682 kilómetros cuadrados de extensión.

Su obra sobre la región, El bejuco del alma —cuya edición colombiana publicaron el Ministerio de Cultura y la Biblioteca Nacional de Colombia en 2018—, documenta a los médicos tradicionales, sus plantas y sus rituales. Con Robert Raffauf, Schultes recogió datos de dos fuentes diferenciadas: los payés como especialistas rituales, y la gente en general, incluyendo plantas frecuentemente conocidas y recolectadas por las mujeres. La distinción es metodológicamente decisiva: reconoce que el saber botánico indígena no es monolítico, que se distribuye por género y por función ritual, y que la etnobotánica seria debe registrar esas capas.

El payé es la piedra angular de la vida y la cultura aborígenes en la Amazonía noroccidental, reconocimiento datado hace más de un siglo y medio. Schultes se inscribe en una tradición internacional —Spruce y otros viajeros del siglo XIX— y a la vez la refunda con herramientas modernas: química de alcaloides, taxonomía linneana rigurosa, fotografía de campo, colaboración con farmacólogos.

Sus discípulos ampliarán el trabajo. M. L. Bristol realiza etnobotánica en el valle de Sibundoy, publicando al menos dos artículos —1966 y 1969— sobre las drogas de Datura arbórea de esa región. El yajé, psicotrópico ritual cuya producción tradicional permanece en manos de indígenas y mestizos conocedores del Putumayo-Caquetá, se documenta como sustancia que ha circulado históricamente desde las tierras bajas hacia las ciudades andinas por redes de intercambio de saberes.

Los estudios de Schultes documentan un catálogo de aplicaciones prácticas del saber indígena: de la madera del guaja se extrae suero contra la mordedura de serpiente y picadura de insectos; del chuchuguache, un remedio contra el reumatismo; la palma seje produce un aceite empleado en el tratamiento de la tuberculosis; de la raíz del barbasco se obtiene un insecticida; del zapotilla, la materia prima del chicle. Es un inventario que borra la frontera entre botánica y economía, entre saber ritual y potencial industrial.

La operación tiene, sin embargo, sus ambigüedades. Schultes trabaja con financiación y horizonte imperial estadounidense: durante la Segunda Guerra Mundial buscó fuentes alternativas de caucho para el esfuerzo bélico, en una zona donde el mismo recurso había producido tres décadas antes uno de los genocidios más terribles del país. Su ciencia es ejemplar y su sensibilidad por las comunidades notable, pero su presencia responde también a una lógica geopolítica que instrumentaliza el saber indígena a escala continental.

La red: payés, ingas, curanderos, comerciantes

Reconstruir la etnobotánica colombiana solo desde arriba —Estado, universidades, expediciones extranjeras— sería reproducir el sesgo institucional del propio archivo. El campo existe porque hay comunidades que lo sostienen, y esas comunidades tienen historias, rutas y protocolos propios que anteceden y desbordan cualquier registro académico.

Los payés de la Amazonía noroccidental son los custodios de un conocimiento farmacológico y ritual que la etnobotánica moderna vino a registrar sin haberlo producido. Su autoridad, reconocida como piedra angular de la vida aborigen desde hace más de siglo y medio, articula lo botánico con lo cosmológico: la planta cura porque abre un mundo, no solo porque contiene un principio activo. El payé no es un farmacólogo empírico al que le falta laboratorio; es una figura que integra diagnóstico, canto, dieta ritual, geografía sagrada y farmacopea en un solo gesto de conocimiento. Traducir ese saber no es lo mismo que extractarlo: los estudios que redujeron el yajé a su contenido de alcaloides indólicos perdieron precisamente aquello que hacía del bejuco un instrumento cultural y no una molécula. Entre los tukano, los witoto, los kubeo y otras familias del Vaupés y el Caquetá, la formación de un payé implica años de aprendizaje, dietas restrictivas, transmisión oral de linaje y reconocimiento comunitario que ninguna credencial universitaria replica.

Los ingas son, en esta red, un caso singular. Pueblo del Putumayo con tradición itinerante como comerciantes, han sido reconocidos históricamente como dinamizadores de la circulación de plantas medicinales y saberes botánicos entre la Amazonía y el interior andino. Cuando el yajé aparece en Bogotá, cuando plantas del Sibundoy llegan a Pasto, Popayán o la costa, es por rutas ingas. Su itinerancia hizo del comercio herbolario un oficio y una identidad: el inga que llega a un pueblo andino con hierbas del piedemonte no es solo un vendedor, es el nodo visible de una geografía de saberes que conecta cordillera y selva por caminos anteriores al mapa republicano. La botánica sibundoy es citada, junto a la astronomía kogui y las formas parlamentarias kunas, entre las realizaciones de culturas indígenas colombianas divulgadas en obras de antropología popular como parte del bagaje científico americano.

En el Chocó, las comunidades afrocolombianas del Baudó articulan su saber sobre plantas medicinales en preparados llamados balsámicas o botellas, cuya elaboración —documentada en la etnografía de Carlos Andrés Meza— guarda estrecha relación con el manejo del bosque, el reconocimiento de intrincadas asociaciones de plantas, los ciclos lunares y las actividades cotidianas. La botella es a la vez fármaco, receta secreta y objeto material: mezcla de raíces, cortezas y aguardiente que condensa el conocimiento acumulado sobre un ecosistema específico. Su preparación pertenece a linajes familiares y a redes de intercambio que corren por los ríos del Pacífico con la misma lógica de circulación que las rutas ingas tienen en el piedemonte amazónico.

En el Caribe, un curandero relata haber aprendido el conocimiento herbolario directamente de un indígena en las selvas de Barranca, quien le mostró las plantas y sus usos; el curandero registró ese aprendizaje en un cuaderno personal que llama el mapa. La imagen —el mapa herbolario personal, transmitido de indígena a mestizo, guardado como saber cifrado— condensa la textura viva del campo: el cuaderno como herbario portátil, la memoria como archivo, el maestro indígena anónimo como fuente última de una tradición que llegará a los pacientes urbanos sin que ninguna institución medie.

Y en toda la historia colonial y republicana, la mujer nativa cumplió un papel determinante en la transmisión del conocimiento botánico y medicinal: hábitos alimenticios adaptados al clima, recetas higiénicas, uso de drogas para enfermedades tropicales. En las expediciones etnobotánicas del siglo XX, como reconocen Schultes y Raffauf, ciertas plantas son a menudo conocidas y recolectadas por las mujeres, lo que las convierte en informantes principales de una porción no menor del corpus. Que ese aporte haya quedado casi siempre bajo denominaciones colectivas —"la gente", "los informantes locales"— y no bajo nombres propios es una de las asimetrías que la propia historiografía del campo empieza apenas a corregir.

Estas redes preceden a la República Liberal, la atraviesan sin depender de ella y la desbordan hacia adelante. La institucionalización estatal captura fragmentos de ese saber; nunca lo absorbe entero.

El caucho, la quina y la economía del saber

La etnobotánica colombiana no puede leerse fuera de la historia económica de sus plantas útiles. El interés por el saber vegetal indígena crece cuando ese saber promete convertirse en renta.

La quina fue el primer motor. Su corteza febrífuga, conocida y usada por comunidades andinas mucho antes de la Conquista, movilizó a Mutis y a la Corona en el siglo XVIII, y volvió a activarse en el neo-borbonismo republicano del siglo XIX.

El caucho produjo el episodio más brutal. La explotación cauchera en el Putumayo comenzó hacia 1886, con figuras como Crisóstomo Hernández y Benjamín Larrañaga entrando a una región habitada por witotos, andoques y boras, comunidades que ya poseían el conocimiento práctico de la extracción del látex mediante incisiones con cuchillo o machete. Los primeros caucheros externos llegaron a un territorio donde el saber ya circulaba; su llegada inauguraría décadas de esclavitud, tortura y exterminio contra las comunidades. El Decreto 473 de 1899 reconoció oficialmente que los explotadores destruían los árboles sin precauciones de reproducción, amenazando la renovabilidad del recurso: una de las primeras admisiones estatales colombianas de la irracionalidad extractiva.

A escala global, el caso del caucho tuvo consecuencias duraderas. Semillas de Hevea brasiliensis fueron trasladadas desde la Amazonía brasileña al Real Jardín Botánico de Kew en Londres y de allí a Sri Lanka, sentando las bases de la producción cauchera asiática que quebraría a la Amazonía sudamericana. La etnobotánica, vista desde este ángulo, aparece también como infraestructura del comercio imperial.

Otros productos completan el catálogo: el barbasco como insecticida, la palma seje como fuente de aceite antituberculoso, el zapotilla como base del chicle, diversas palmas fibrosas. Y una preocupación creciente: el aprovechamiento fragmentario de un enorme potencial. Pérez Arbeláez, desde 1947, cuestionaba el desprecio por lo local frente a lo importado o lo europeo. Décadas después, a partir de 1968, surgiría Colciencias como organismo estatal, en un contexto donde ya se ensayaban esfuerzos de investigación agrícola en granjas experimentales, escuelas de agronomía y centros como Cenicafé, con logros específicos como el desarrollo de un café resistente a la broca, además de investigaciones en pastos, yuca y caña.

Toda esta economía política del saber vegetal es el trasfondo material de la etnobotánica. No se registran plantas indígenas por amor puro a la ciencia: se registran porque prometen quina, caucho, insecticida, aceite, alimento, medicina. La República Liberal, con su vocación desarrollista, aceleró esa lógica al dotarla de aparato institucional.

La huella: publicaciones, herbarios, disciplina

Después de 1946, con el fin del segundo López y el desplazamiento hacia gobiernos más conservadores, el proyecto liberal pierde impulso, pero las instituciones que fundó sobreviven y se consolidan.

Silvio Yepes se convierte en el principal cultor de la etnobotánica en Colombia, promoviendo la publicación de varios fascículos apadrinados por la Sociedad Colombiana de Etnología: es el momento en que la etnobotánica se enuncia como campo disciplinar con nombre propio en el país.

Después, Henry Bernal y Jaime Correa inician la publicación de la serie Especies vegetales promisorias de los países del Convenio Andrés Bello, recopilación sistemática de datos sobre plantas útiles que retoma, con vocabulario moderno, la vieja obsesión de Mutis por las propiedades comerciales de la flora americana.

Santiago Díaz Piedrahita dirige las publicaciones de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales y el Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional. Es él quien fija la periodización canónica del campo: Mutis y la Expedición Botánica como primer momento estelar, Triana y la Comisión Corográfica como segundo, Pérez Arbeláez y la creación del Herbario Nacional como tercero.

El Primer Simposio Colombiano de Etnobotánica se celebra el 4 de septiembre de 1987 en Santa Marta, organizado por Colciencias, la Corporación de Araracuara y la Universidad Tecnológica del Magdalena. En sus memorias figura una ponencia sobre plantas útiles frutales en relación con el bienestar de la humanidad. Cuando el mismo autor publica en 1990, en el Instituto Caro y Cuervo, el tomo Alimentación y alimentos de la Historia de la cultura material en la América equinoccial, el campo tiene ya voz consolidada y línea de investigación reconocible.

El catálogo de gramíneas colombianas de Giraldo-Cañas registra nombres vulgares en castellano y en al menos quince lenguas indígenas nativas colombianas: gesto pequeño y precioso, que en la disciplina de la sistemática botánica reconoce oficialmente la dimensión etnobotánica del inventario florístico nacional.

Balance

Queda, al final, una asimetría persistente. Los tres momentos estelares que Díaz Piedrahita fijó para la botánica colombiana —Mutis, Triana, Pérez Arbeláez— nombran nombres criollos y europeos, no payés ni recolectoras. Y sin embargo, ninguno de esos momentos habría producido un solo pliego útil sin la geografía de saberes que los antecedió. El archivo institucional se construyó sobre una masa de conocimiento que apenas se dejó firmar. Esa es la operación específica que la República Liberal perfeccionó: no inventó la subordinación epistémica del saber indígena a la taxonomía occidental —ya venía de Mutis—, pero le dio aparato, presupuesto y continuidad. Herbario, Instituto Botánico, Academia, Servicio de Arqueología, Normal Superior: un andamiaje que sirvió tanto para registrar como para filtrar.

Lo que sigue vivo, sin embargo, se sostiene en otra parte. En los payés que forman aprendices en dietas rituales al margen de cualquier universidad. En las mujeres del Baudó que preparan botellas cuya receta no cabe en ningún catálogo. En los ingas que todavía bajan del piedemonte con hierbas cuya ruta comercial es más vieja que la República. En los curanderos costeños que anotan en cuadernos personales lo que aprendieron de un indígena sin nombre. La etnobotánica colombiana, como disciplina firmada, es un capítulo tardío de una historia que la desborda por los cuatro costados.

Ahí está su tensión productiva y su límite. El campo existe porque tradujo, y traducir es siempre perder algo. Lo que queda entre el pliego seco y el canto del payé es la distancia que ningún archivo termina de cerrar.

04

En el archivo

1 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01José Celestino Mutis — fundador de la genealogía ilustrada de la botánica colombiana; su Expedición de 1783 constituye el primer momento estelar del campo y el primer gran archivo del saber vegetal del país
  2. 02Enrique Pérez Arbeláez — tercer momento estelar de la botánica colombiana; fundador del Instituto Botánico de la Universidad Nacional, director del Herbario Nacional e impulsor de la ecología y del Jardín Botánico de Bogotá durante la República Liberal
  3. 03Richard Evans Schultes — botánico de Harvard que desde 1941 recorre el Vaupés y el Putumayo, definiendo el corpus etnobotánico amazónico colombiano y reconociendo la diversidad interna del saber indígena
  4. 04Florentino Vezga — autor de la primera obra sobre historia de la ciencia en Colombia (1860-1861), cuya sección sobre 'botánica indígena' constituye el primer gesto explícitamente etnobotánico en la historia intelectual del país
  5. 05José Jerónimo Triana — segundo momento estelar de la botánica colombiana; participante de la Comisión Corográfica que continuó el inventario botánico de la Expedición y proyectó la ciencia colombiana al debate internacional
  6. 06República Liberal (1930-1946) — marco político-institucional que convierte el conocimiento botánico indígena en materia de política científica mediante la creación del Instituto Botánico, el Herbario Nacional, el Servicio de Arqueología y la red de la Escuela Normal Superior
06

Documentos y fragmentos citados

39 documentos · 56 fragmentos

01Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 88, 91, 2043 citas
[1]

alemanes en la Nueva Granada, y por sugerencia, entre otros, del visitador Juan Francisco Gutiérrez de Piñe- res, se dio nacimiento a la Expedicion Botánica, que el primero de abril de 1783 se puso bajo la dirección de Mutis, la subdirección de Eloy Va- lenzuela (1756-1834) y la plaza de pintor de Antonio García del…

p. 91
[12]

(1818-1819). tado a través de la aplicación de las llamadas cien- cias útiles, la conciencia de habitar un territorio distinto de la metrópoli y la apropiación de una ideología diferente a aquella que sustentaba el ab- solutismo monárquico, crearon las condiciones para madurar el proceso de Independencia, el cual de…

p. 88
[25]

López Pumarejo ante el presidente del Congreso, Laureano Gó- mez. Desde ese momento, López dejó claro su pro- pósito de adelantar la Revolución en Marcha. Senado de la República y sancionada por el presi- dente el día 30 del mismo mes y año, y aparecer en el Diario Oficial del 21 de enero de 1937, sólo empezó a regir…

p. 204
02Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 2041 cita
[2]

Pedro Messía de la Cerda. Lo impulsaba, fundamentalmente, el de- seo de desentrañar las propiedades de la quina y establecer sus auténticas propiedades médicas. El impacto del trópico fue grande, pues a cada paso se encontraba con una novedad botá- nica o zoológica. Al año de su llegada, sentó las bases de su…

p. 204
03Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 282 citas
[3]

que uno de los principales ilustrados españoles fue José Celestino Mutis, sacerdote y botánico autodidacta que se había instalado en 1761 en la Nueva Granada. A su alrededor se inició la formación de una nueva imagen de nuestro territorio, la de un espacio enormemente rico en recursos naturales que podrían ser…

p. 28
[4]

de los principales ilustrados españoles fue José Celestino Mutis, sacerdote y botánico autodidacta que se había instalado en 1761 en la Nueva Granada. A su alrededor se inició la formación de una nueva imagen de nuestro territorio, la de un espacio enormemente rico en recursos naturales que podrían ser utilizados…

p. 28
04Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 1201 cita
[5]

o r el tem a, poco se hizo al respecto, acaso p o rq u e los gastos m ilitares absorbían g ran p arte d e los recursos fiscales. A p a rtir d e la décad a d e los años 1790, los criollos ilu strad o s com enzaron a c u lp ar cada vez m ás al régim en español p o r no tom ar m ed id as ad e cu ad a s para m ejorar las…

p. 120
05Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 1841 cita
[6]

the plaza and museum. In a deliberate fashion, the city has been building parks and outdoor public spaces for tourists and citizens alike. 168 22. Casa Mutis CGM, 2008 Place: Mariquita, Colombia This is the house where José Celestino Mutis lived while in Colombia. It was also the headquarters of the botanical…

p. 184
06La botánica en Colombia, hechos notables en su desarrolloSantiago Díaz Piedrahita · 2016 · p. 1, 12, 2013 citas
[7]

altitudinal de la vegetación. Lo cierto es que Caldas había deducido este hecho antes de la venida del Barón, al igual que dedujo y dio por descubiertos muchos otros, merced a su capacidad de observación y a sus razonamientos» (pág. 112). Díaz Piedrahita identifica tres momentos «estelares» en su descripción de la…

p. 12
[48]

campo de la etnobotánica ha tenido su principal cultor en Silvio Yepes, quien además de algunos artículos sobre el tema, promovió la publicación de varios fascículos apadrinados por la Sociedad Colombiana de Etnología. Henry Bernal y Jaime Correa han iniciado la publicación de la serie titulada Especies vegetales…

p. 201
[54]

SANTIAGO DÍAZ PIEDRAHITA botánica l A b OT á NI c A EN c O l O mb IA, HE c HOS NOTA bl ES EN S u DESARRO ll O SANTIAGO DÍAZ PIEDRAHITA l A b OT á NI c A EN c O l O mb IA, HE c HOS NOTA bl ES EN S u DESARRO ll O botánica Díaz Piedrahita, Santiago, 1944-2016, autor La botánica en Colombia [recurso electrónico] /…

p. 1
07Pensar el siglo XIX. Cultura, biopolítica y modernidad en ColombiaSantiago Castro-Gómez (ed.) · 2004 · p. 1781 cita
[8]

taxonómica de la naturaleza, era una estructura del conocimiento que daba más prioridad al orden, a través de la mediday la composición de series jerárquicas. Conocer significaba discriminar, y esta disaiminación tenía lugar a través de la separación de interminables parecidos en dos grupos: de u n a parte, las…

p. 178
08Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · p. 601 cita
[9]

alumnos lo que ya se discutía en el resto de Europa: la Revolutionibus orbium coelestium de Copérnico, que sostenía que la tierra es otro planeta girando alrededor del sol, y no al revés, como querían las Sagradas Escrituras. La orden de los dominicos se fue lanza en ristre contra Mutis. No pudieron expulsarlo como…

p. 60
09Memorias para la historia de la medicina en Santafé de BogotáPedro María Ibáñez · 2017 · p. 801 cita
[10]

primero que enseñó entre no- sotros el sistema de Copérnico, mirado como herejía por los frailes de la Colonia, los que no admitían que la tierra tuviera movimiento alguno. Sostuvo correspondencia con Linné, y este sabio le de- dicó varias plantas, conocida una con el nombre de mutisia, e hizo circular en el mundo…

p. 80
10Manual de arte del siglo XIX en ColombiaBeatriz González Aranda · 2017 · p. 361 cita
[11]

laborioso e instruido en la ciencia natural» 15. Cuando a Mutis le roban el descubrimiento de los árboles de quina, es a Suecia y no a España donde acude en busca de auxilio. La extensa biblioteca de Mutis, que abarcaba todos los aspectos de la cultura, historia, literatura, geografía, matemá- ticas y botánica,…

p. 36
11Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 162, 2942 citas
[13]

indios y esclavos, fueron pasivos. A mediados de siglo Joaqu í n Acosta public ó unas Consideraciones sobre la historia del descubrimiento de la Nueva Granada (1846), que describ í an las culturas precolombinas. En la segunda mitad del siglo conserva dores como Jos é Manuel Groot hicieron una historia favorable de la…

p. 162
[52]

n de la propiedad llevaron a que los productores se desentendieran de la selecci ó n de las plantas, que hab í a dado a la agricultura ind í gena su fuerza, pues los grandes propietarios con fiaban en la importaci ó n de variedades y tecnolog í as m á s que en hallazgos locales. Sin embargo, el desarrollo de la…

p. 294
12Historia de Colombia. La Gran Colombia II. Tomo 10Juan Salvat, Roberto García Rojas (directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico) · p. 1141 cita
[14]

de clasificaci6n zooldgica y botanica. La Sociedad de Naturalistas publicé dos nu- meros de su boletin: Contribuciones de Colombia a las ciencias y a las artes (1860-1861). En el co- trespondiente al primer ano se incluy6 la que habria de ser la primera obra sobre la historia de la ciencia en Colombia: Memoria sobre…

p. 114
13Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · p. 1121 cita
[15]

cm. Colección Museo Nacional de Colombia, reg. 1109 Foto: ©Museo Nacional de Colombia / Juan Ramírez 113 Amada Carolina Pérez Benavides producciones naturales, que se enviarían al museo con el fin de examinar su uso 24; mientras que otros como el publicista Manuel Ancízar proponían darle “el carácter de etnolójico,…

p. 112
14Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 401 cita
[16]

Mutis, Alexander Von Humboldt, Agustín Codazzi y muchos otros más, que recorrieron nuestras tierras anotando todo lo que sus ojos maravillados descubrían. A través de ellos llegaron a estas partes las ideas de la Ilustración. Y es conocida la influencia de estas ideas, tanto en las gestas de nuestra independencia…

p. 40
15The Ideal of the Practical: Colombia's Struggle to Form a Technical EliteFrank Safford · 1976 · p. 2901 cita
[17]

out-of- the-way places as Chire and Pore, in the Casanare region, and Carnicerías, in the upper reaches of the Magdalena River, were also represented. The viceregally sponsored Papel Periódico, which was more rhetorical and less seriously scientific than the Semanario, had at least 147 subscribers in its first year,…

p. 290
16Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 1681 cita
[18]

puso al frente de la Comisión Científica Nacional, que dirigió hasta su muerte, ocurrida en Bogotá, en 1923. Es muy importante su libro "Geología del sur de Antioquia". 168 Padre Enrique Pérez Arbeláez, director del Herbario Nacional Colombiano, fundador del Instituto Botánico en la Universidad Nacional, impulsador de…

p. 168
17Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IIErnesto Guhl · 2018 · p. 32, 4742 citas
[19]

permitieron entender en pocos años las condiciones natu- rales y la transformación del territorio colombiano. Esta premisa se convirtió en el objetivo principal de una de sus excelsas obras: dar a conocer el país a todos sus habitantes, en el trabajo que había denominado «Geografía extensa de Colombia», del cual nos…

p. 32
[37]

bia, a pesar de la buena demanda de este producto en el mercado internacional. Otras plantas proporcionan medi- camentos: de la madera del guaja se extrae un suero contra la mordedura de serpiente y la picadura de insectos; de la madera de chuchuguache, un remedio contra el reuma- tismo; la palma seje produce un…

p. 474
18El poder de la carne. Historias de ganaderías en la primera mitad del siglo XX en ColombiaAlberto G. Flórez-Malagón (ed.), Luis Guillermo Baptiste, Ingrid Johanna Bolívar, Stefania Gallini, Shawn Van Ausdal · 2008 · p. 3581 cita
[20]

capturada, celebrada y consumida en todos los ámbitos rurales colombianos, desafiante ante las prédicas legales y moralistas de autoridades ambientales o ambientalistas urbanas que creen que ayudan a preservar el ecosistema prefiriendo el churrasco y el baby-beif. El desprecio por la carne de monte fue de hecho…

p. 358
19Making the Green Revolution: Agriculture and Conflict in ColombiaTimothy W. Lorek · 2023 · p. 971 cita
[21]

the founding of the Palmira station. Valle del Cauca, Informe relativo. EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:30:17 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 98 Developing Paradise Mexico and Roosevelt’s New Deal, the global agrarian 1930s…

p. 97
20Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 277, 280, 3203 citas
[22]

unidad acad é mica. Cada una de las escuelas fue colocada baj ó la ' direcci ó n del ministerio correspondiente. En esa forma funcionaron sus diferentes facultades hasta que se produjo la reforma de 1935, J. LA REFORMA DE 1935 Pasada la Primera Guerra Mundial, el pa í s entr ó en una nueva? etapa de desarrollo econ ó…

p. 320
[29]

Rafael Beinal Jim é nez, uno de los m á s activos promotores de la reforma educativa que se iniciaba. La doctora Radke introdujo en la forma ci ó n del personal femenino la pedagog í a de Froebel y Montessori y jd í o gran impulso a los jardines infantiles. US REFORJAS LIBERALES I. ’ l ll É l movimiento de reforma tom…

p. 277
[33]

como resultado del plebiscito de 1958 los gobiernos del Frente Nacional aplicaron a educaci ó n e) 10% de los ingresos,' porcentaje que fue aumentado eri los posteriores presupuestos nacionales. La reforma adelantada en la d é cada de 1930-1940 fue cohe rente con el esp í ritu reformista de los gobiernos liberales.…

p. 280
21Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 63, 672 citas
[23]

a su devenir histórico, ponían en serio peligro la estabilidad nacional. Los ímpetus reformistas del Gobierno, alimentados por una retórica llena de promesas, no podían sino escandalizar a los sectores tradicionales, que de por sí ya estaban horrorizados por lo que hacían otros liberales en distintos lugares del…

p. 63
[30]

lingüística, etc., que hasta el momento habían estado en manos de simples aficionados, los cuales, en sus ratos libres, sin el bagaje académico apropiado, se convertían en “antropólogos”, “historiadores”… Los estudiantes de la Normal, por el contrario, cursaban todo un programa académico, familiarizándose con las…

p. 67
22La biblioteca aldeana de Colombia y el ideario de la República Liberal, 1934-1947. Bibliotecas y cultura en AntioquiaHernán Alonso Muñoz Vélez · 2014 · p. 25, 49, 663 citas
[24]

pago de la deuda externa”. 90 A pesar de lo anterior y teniendo en cuenta las limitaciones del erario públi - co, el Gobierno propuso algunas alternativas para luchar contra el analfabetismo, lo cual estaba directamente vinculado con los aspectos culturales de la nación. La 88 Latorre Rueda, “1930-1934. Olaya Herrera:…

p. 49
[26]

la mayor parte de la población el acceso a los servicios educativos ofrecidos por el Estado. En esta campaña alfabetizadora, se buscaría la igualdad de condiciones para hombres y mujeres, garantizándole a estas últimas el acceso a todos los niveles de la educación. De igual manera, el Estado utilizaría la escuela y la…

p. 25
[32]

anterior, crea dentro de su normativa la Campaña de Cultura Aldeana y Rural. Ley 12 de 1934, Diario Oficial No. 22765 del 20 de diciembre de 1934. 24 Tirado Mejía, “López Pumarejo: la Revolución en Marcha”, p. 305. 56 La biblioteca aldeana de Colombia y el ideario de la República Liberal, 1934-1947 Olaya Herrera se…

p. 66
23Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 3541 cita
[27]

mente las labores y con injerencia en los cuerpos de dirección de los dife- rentes estamentos universitarios: la Universidad abrió sus puertas a la mu- jer. Pero además, López dedicó todos sus esfuerzos a dotar a la Universidad de un campus, de una sede espaciosa que le permitiera futuros desarrollos. De allí la…

p. 354
24La MANE y el movimiento estudiantil en Colombia. Agendas, luchas y desafíosAndrés Felipe Mora Cortés (compilador), Mauricio Archila Neira, Laura Isabel Buitrago Rodríguez, José Abelardo Díaz Jaramillo, Paulina Andrea Farfán Trujillo, Paola Alejandra Galindo García, Martha Lucía Gutiérrez Bonilla, Andrea Lopera Lombana, Jairo Andrés Rivera Henker · 2020 · p. 311 cita
[28]

la Segunda Guerra Mundial (1939) alimentaron los enfrentamientos bipartidistas en Colombia, que habían adquirido una mayor profundidad precisamente por los intentos de modernización de la estructura económica y educativa impulsada por el liberalismo y que recibieron la oposición del conservatismo político y religioso.…

p. 31
25Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 111 cita
[31]

Herrera and his successor Alfonso López Pumarejo broke with the long tradition of neglect to demonstrate through their administrative reforms, financial subsidies, public works, health campaigns, and promotion of colonization a genuine commit- ment to extending effective national rule to the wilderness regions. Olaya…

p. 11
26El bejuco del alma. Los médicos tradicionales de la Amazonía colombiana, sus plantas y sus ritualesRichard Evans Schultes, Robert F. Raffauf · 2018 · p. 1, 64, 723 citas
[34]

RICHARD EVANS SCHULTES EL b E j UC o DEL AL m A antropología RICHARD EVANS SCHULTES EL b E j UC o DEL AL m A antropología Schultes, Richard Evans, 1915-2001, autor El bejuco del alma / Richard Evans Schultes, Robert F. Raffauf; presentación, Fernando Urbina; traducción, Carlos Alberto Uribe Tobón. – Bogotá: Ministerio…

p. 1
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Ama- zonas y Vaupés. Ahora incluye seis departamentos, por cuanto la comisaría más grande, Vaupés, se dividió en tres para crear dos nuevas entidades: Guainía y Guaviare. Las cuatro comisarías originales, en las cuales se basa este libro, abarcan una extensión de 250. 682 kilómetros cuadrados. Hay pocos centros de…

p. 72
[38]

a menudo, pero no siempre, conocidas y recolectadas por las mujeres. Nuestra investigación incluye datos de ambas fuentes: de los payés y de la gente en general. 65 Eff índice lnff offso Se ha afirmado con razón que el payé y su autoridad son la «piedra angular» de la vida y la cultura aborígenes en la Amazonía…

p. 64
27El río: exploraciones y descubrimientos en la selva amazónicaWade Davis · 2017 · p. 9101 cita
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25 (6): 151 - 159, 1977. Para información adicional sobre el árbol del Águila Mala, véanse Lockwood, T. E., «The Ethnobotany of Brugmansia», Journal of Ethnopharmacology 1: 147 - 164, 1979: Bristol, M. L., «Notes on the Species of Tree Datura», Botanical Museum leaflets 21 (8): 229 - 248, 1966; Bristol, M. L., «Tree…

p. 910
28Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 1301 cita
[39]

los indígenas tenían sobre la naturaleza ameri- cana. El aparente exterminio de las estructuras sociales y económicas de las comunidades nativas no niega la sim- biosis étnica y cultural que se produjo. Los españoles fue- ron poseyendo paulatinamente la tradición nativa, que les proporcionaba el conocimiento de la…

p. 130
29Vivir sabroso. Luchas y movimientos afroatrateños en Bojayá, Chocó, ColombiaNatalia Quiceno Toro · p. 1311 cita
[40]

momento en el que la mujer da a luz. Mujer de Bellavista -BTCBMTÃNJDBTFTUÃODPNQVFTUBTQPSQMBOUBTPSBÎDFT&OBMHVOPTTJUJPTTFEJDFRVF hay algunas que contienen partes de animales de monte. En las tierras chocoanas DJSDVMBONVDIBTIJTUPSJBTTPCSFMBTCPUFMMBTNVKFSFTRVFTJOTBCFSUPNBSPOVOBQBSB la frialdad y salieron corriendo…

p. 131
30Historia doble de la Costa. Tomo 1: Mompox y LobaOrlando Fals Borda · 2002 · p. 651 cita
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bien la cabalonga, respondo. Silencio absoluto. "Mi conocimiento es más sobre yerbas y lo que más puedo es contra las culebras. Este arte me lo enseñó un indio en las selvas de Barranca, mostrándome las matas y diciéndome para qué servía cada una. Fui apuntando todo en un cuaderno que aún conservo y al que llamo 'el…

p. 65
31La alteridad radical que cura. Neochamanismos yajeceros en ColombiaAlhena Caicedo-Fernández · 2015 · p. 1011 cita
[42]

de las selvas de la región del Putumayo-Caquetá, ya que la producción del psicotrópico aún está en ma- nos de indígenas y mestizos conocedores de los procedimientos tradicionales de elaboración de la bebida. 56 El yajé, al igual que otras plantas, ha circulado históricamente desde las tierras bajas del…

p. 101
32Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · p. 191 cita
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materiales que se habían publicado en ese periodo y también evaluar nuestro volumen a la luz de los muchos comentarios que han suscitado su contenido y formato. La edición de ese año pretendió llegar a un público amplio y desligado del lenguaje codificado de la antropo- logía académica. Y respondió a la carencia de…

p. 19
33El Orinoco ilustradoJoseph Gumilla · 2016 · p. 11 cita
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el orinoco ilustrado J ose PH G u M illa viajes J ose PH G u M illa el orinoco ilustrado viajes Gumilla, Joseph, 1686-1750, autor El Orinoco ilustrado [recurso electrónico] / Joseph Gumilla; presentación, Ramón Cote Baraibar. – Bogotá: Ministerio de Cultura: Biblioteca Nacional de Colombia, 2016. 1 recurso en línea:…

p. 1
34La invención de El Dorado. Museos arqueológicos, imágenes cartográficas y redes de conocimiento en Colombia (1935-1955)Daniel García Roldán · 2022 · p. 40, 101, 1863 citas
[45]

por instituciones internacionales y excavaciones arqueológicas promovidas por el Estado colombiano. Más adelante contribuyó a la creación del Servicio de Arqueología (1938) y tuvo la oportunidad de formarse como etnólogo en París (1939-1941), bajo la tutela de Paul Rivet, para ese entonces director del Museo del…

p. 40
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y prácticas en la transformación de la sociedad. Al contrario, el segundo sentido en que se emplea esta expresión tiene que ver con la creación de representaciones más o menos estables del patrimonio arqueológico, que se fraguaron entre finales de la década de 1940 y comienzos de la siguiente. En ese caso, se trata de…

p. 101
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las expediciones pusieron en juego, también se debe reconocer que a partir de ellas llegaron grandes contingentes de objetos al Museo, que era necesario almacenar y exhibir adecuadamente. Esto explica que, a partir de 1945, María Rosa de Recasens y Virginia de Pineda 27 entraran a apoyar a Ochoa y a Jiménez para…

p. 186
35La tierra de los tesoros tristesSimón Posada Tamayo · 2022 · p. 201 cita
[49]

desde esta perspectiva, los frutos de América fueron expropiados durante la Conquista. Los cultivos de caucho en Asia, por ejemplo, son uno de los casos más infames de biopiratería que sufrió el continente, y por el que nunca se va a recibir una compensación justa: 70.000 semillas de Hevea brasiliensis fueron llevadas…

p. 20
36Aproximaciones a la historia del Derecho en ColombiaLuis Freddyur Tovar, Beatriz Eugenia Salamanca Charria, Carlos Andrés Delvasto Perdomo, Carlos Andrés Echeverry Restrepo, Francesco Zappalá Sastoque, Iván Alberto Díaz Gutiérrez · 2014 · p. 2531 cita
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por aceptar la ejecución de conductas humanas con impacto irreversible en la renovabilidad de las especies forestales. Por último, cabe señalar otro Decreto que avisa de las amena - zas a la renovabilidad del recurso forestal: el Decreto 473 de 1899 35. En sus Considerandos, la norma de marras, afirmaba: 1. Que ha…

p. 253
37Putumayo: la vorágine de las caucherías. Memoria y testimonio. Primera parteAugusto Javier Gómez López (relator y compilador); Centro Nacional de Memoria Histórica · p. 1711 cita
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informantes calculaban 1886, aproximadamente. Entre los primeros “conquistadores” estaban Crisóstomo Hernández y Ben- jamín Larrañaga quienes entraron en la región en busca de cau- cho de menor calidad, producido allí, conocido como “sernambí” o “ jebe débil” (caucho poco resistente). Las riberas de estos dos ríos y…

p. 171
38Manual introductorio. Biblioteca Básica de Cocinas Tradicionales de ColombiaGermán Patiño Ossa, Antonio Montaña, Lácydes Moreno Blanco · p. 95, 1882 citas
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bienestar de la humanidad en el ramo de plantas útiles: los frutales”. En Colciencias ‒ Corporación de Araracuara ‒ Universidad Tecnológica del Magdalena (eds.). Memorias del Primer simposio colombiano de etnobotánica, 4 de septiembre de 1987. Santa Marta: Universidad Tecnológica del Magdalena, pp. 159 - 174. ——…

p. 188
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á s i c a d e c o c i n a s t r a d i c i o n a l e s d e c o l o m B i a m i n i s t e r i o d e c u l t u r a Cuando a comienzos de 2012 el naturalista bogotano Santiago Díaz Piedrahita ganó el Premio Iberoamericano de Botánica José Celestino Mutis, en España, el jurado se refirió a “su excepcional trayectoria…

p. 95
39Las gramíneas en Colombia: riqueza, distribución, endemismo, invasión, migración, usos y taxonomías popularesDiego Giraldo-Cañas · 2013 · p. 881 cita
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inglés) y 15 indígenas nativas colombianas, representantes de las 69 lenguas presentes en Colombia [65 indígenas, dos criollas y dos europeas, véase Landaburu (1999)]. El castellano fue la lengua con el mayor número de nombres vulgares, correspondientes a 816 nombres, los cuales son asignables a 268 especies; le…

p. 88