Enrique Pérez Arbeláez
República Liberal
1896–1972
La biografía
Enrique Pérez Arbeláez (Medellín, 1896 – Bogotá, 1972) fue el sacerdote jesuita y botánico que en la década de 1930 fundó el Instituto Botánico de la Universidad Nacional de Colombia, impulsó la creación del Jardín Botánico de Bogotá y logró que la Flora de la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada, dormida desde la muerte de José Celestino Mutis, empezara al fin a imprimirse. Su nombre condensa un momento singular: aquel en que la República Liberal necesitó una institucionalidad científica nacional, y una tradición botánica de raíz mutisiana encontró, en un cura formado en Berlín, al operador capaz de traducir esa demanda política en edificios, herbarios, láminas y cátedras. Pesa en la historia de Colombia porque las instituciones que dejó siguen en pie y porque, con ellas, quedó fijada una idea: que conocer el país pasa por inventariar su flora.
Línea de vida
- 1896
Nacimiento en Medellín
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Nació en Medellín en 1896, diez años después de la Constitución de 1886 que consagró el monopolio católico sobre la cultura y la educación colombianas. Ingresó a la Compañía de Jesús y recibió la formación escolástica característica de la orden en la Colombia de la Regeneración.
- 1920
Formación botánica en Berlín
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Fue enviado a Europa para completar estudios científicos que Colombia no podía ofrecerle. Se formó en botánica en Berlín bajo la influencia de Adolf Engler y Hermann Harms, dos de los sistemáticos más influyentes del momento, asimilando el sistema de clasificación Engler que le permitiría articular la flora tropical colombiana con los estándares del mundo científico internacional.
- 1930
Regreso a Colombia en el umbral de la República Liberal
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Retornó al país hacia finales de los años veinte, cuando la hegemonía conservadora se acercaba a su fin. En 1930, la elección de Enrique Olaya Herrera puso fin a los cuarenta y cuatro años de gobierno conservador iniciados en 1886, abriendo el ciclo de la República Liberal. Pérez Arbeláez, con alrededor de treinta y cuatro años, poseía la formación exacta que el nuevo Estado requeriría.
- 1936
Fundación del Instituto Botánico de la Universidad Nacional
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Durante la década de los treinta, en el marco de las reformas impulsadas por la República Liberal, fundó el Instituto Botánico de la Universidad Nacional de Colombia —que con el tiempo se transformaría en el Instituto de Ciencias Naturales—. Organizó alrededor de él el Herbario Nacional Colombiano, infraestructura de referencia que permitió por primera vez identificar, describir y publicar especies en Bogotá sin depender de herbarios europeos.
- 1936
Primeras ideas y concepción del Jardín Botánico de Bogotá
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En la misma década de los treinta se esbozaron las primeras ideas de un Jardín Botánico para Bogotá, siendo Pérez Arbeláez señalado con insistencia como su creador en un sentido que abarca la concepción intelectual del proyecto. El jardín debía servir como complemento vivo del herbario y como espacio pedagógico para la democratización del conocimiento sobre la flora nacional.
- 1940
Articulación de redes científicas internacionales
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Durante los años cuarenta colaboró con Richard Evans Schultes, etnobotánico de Harvard que exploró el Vaupés y el Putumayo y utilizó el Instituto Botánico como base de operaciones colombiana. Esta colaboración incorporó la botánica colombiana en las redes académicas norteamericanas y validó internacionalmente el trabajo institucional construido desde los treinta.
- 1954
Publicación del primer tomo de la Flora de la Expedición Botánica
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El proyecto de publicar la Flora de la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada —las láminas monumentales producidas por diecinueve dibujantes entre 1783 y comienzos del siglo XIX, enviadas a España en 1817 y dormidas por más de un siglo— se materializó en 1954 con el primer tomo publicado conjuntamente por los gobiernos español y colombiano. La gestión que lo hizo posible arrancó de décadas anteriores y Pérez Arbeláez fue uno de sus propulsores más constantes.
- 1972
Muerte en Bogotá
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Murió en Bogotá en 1972, dejando como legado el Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional, el Jardín Botánico de Bogotá, el Herbario Nacional Colombiano y una obra escrita —entre la que destaca Colombia: bosquejo de su geografía tropical— que durante décadas fue referencia obligada para el conocimiento del territorio nacional.
La semblanza
Pérez Arbeláez fue una figura anómala en el paisaje colombiano de su tiempo. Jesuita en un país donde el hábito significaba, casi por definición, alineación con el conservatismo, terminó convertido en interlocutor útil de los gobiernos liberales que la Iglesia execraba desde el púlpito. Botánico riguroso en una república que había producido, en abundancia, abogados y poetas más que naturalistas. Discípulo indirecto de la escuela alemana de Adolf Engler —el gran taxónomo del Real Jardín Botánico de Berlín— en un ambiente universitario donde el Colegio Mayor del Rosario todavía comentaba a Santo Tomás con fervor y fanatismo anacrónico.
De esa triple singularidad —sacerdote entre liberales, científico entre juristas, europeo formado entre tomistas— salió su eficacia. Cuando en 1936 el gobierno de Alfonso López Pumarejo empujaba la Revolución en Marcha y la Iglesia respondía llamando desde los púlpitos a retirar a los niños de las escuelas públicas, Pérez Arbeláez ocupaba el estrecho corredor en el que un cura podía hacer ciencia moderna sin escandalizar del todo a su clero y podía servirle a un Estado laicizante sin renunciar a la sotana. Ese corredor, angosto y personal, terminó siendo el pasaje por el cual la botánica colombiana entró al siglo XX.
Los orígenes: Medellín, Berlín y la sotana
Nació en Medellín en 1896, diez años después de la Constitución de 1886 que consagró el monopolio católico sobre la cultura y la educación colombianas. Su formación inicial fue la que la Compañía de Jesús ofrecía en la Colombia de la Regeneración: sólida en letras y en filosofía escolástica, débil —y esa debilidad era ya reconocida por los propios conservadores— en ciencias naturales y exactas. Ingresó a la orden y, como era costumbre entre los jesuitas destinados a la enseñanza científica, fue enviado a Europa para completar los estudios que Colombia no podía darle.
La escala decisiva fue Berlín, donde se formó en botánica en los años veinte bajo la sombra tutelar de Engler y de Hermann Harms, dos de los sistemáticos más influyentes del momento. La escuela berlinesa no era un detalle biográfico: era una clave epistemológica. Ofrecía un sistema de clasificación global —el llamado sistema Engler— con el cual la flora tropical colombiana podía ser encajada, comparada y publicada según los estándares del mundo científico. Volver a Colombia con esa gramática significaba poder hablarle de igual a igual a los grandes herbarios europeos que, desde el envío de los materiales de Mutis a Madrid en 1817, conservaban buena parte del patrimonio botánico neogranadino.
Regresó al país hacia finales de los años veinte, cuando la hegemonía conservadora se acercaba a su desenlace. En 1930, la elección de Enrique Olaya Herrera puso fin a los cuarenta y cuatro años de gobierno conservador iniciados en 1886 y abrió el ciclo que la historiografía llama República Liberal. Pérez Arbeláez, de treinta y cuatro años, tenía la formación exacta que el nuevo Estado, aún sin saberlo del todo, iba a requerir.
La trayectoria: fundar en los treinta
El gobierno de Olaya Herrera priorizó los problemas políticos y económicos —la crisis del 29, la guerra con el Perú, la reorganización fiscal— y dejó las reformas sociales y educativas en un segundo plano. Fue durante ese primer cuatrienio, sin embargo, cuando empezaron a esbozarse las piezas de una institucionalidad científica de nuevo tipo. El Instituto Botánico de la Universidad Nacional de Colombia se creó en esa década, con Pérez Arbeláez como fundador; y las primeras ideas de un Jardín Botánico para Bogotá se dibujaron por los mismos años, sin que quepa pensar en coincidencias. Instituto Botánico, Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales y proyecto de Jardín Botánico compartían origen y propósito: dotar al país de la infraestructura material —herbarios, laboratorios, publicaciones, personal— sin la cual el discurso sobre el conocimiento del territorio se quedaba en retórica.
La segunda ola llegó con López Pumarejo, presidente desde 1934. Su gabinete de intelectuales jóvenes —Alberto Lleras con veintiocho años, Plinio Mendoza Neira, Antonio Rocha, Jorge Soto del Corral, Darío Echandía, todos menores de treinta y ocho— empujó la Revolución en Marcha con sus tres reformas emblemáticas: la tributaria, la agraria y la democratización de la educación. En ese clima, un sacerdote-botánico con doctorado alemán resultaba doblemente útil: aportaba el prestigio de la ciencia europea y neutralizaba, por su condición eclesiástica, la acusación de que toda iniciativa lopista era laica, materialista y sin Dios, como repetía Laureano Gómez desde las páginas de El Siglo, fundado en 1936 precisamente para atacar al liberalismo.
El Instituto Botánico —que con el tiempo se transformaría en el Instituto de Ciencias Naturales— fue el eje. Alrededor de él Pérez Arbeláez organizó el Herbario Nacional Colombiano, la pieza técnica sin la cual ninguna botánica seria era posible. Un herbario no es un depósito de plantas secas: es un archivo comparativo, una infraestructura de referencia que permite identificar una especie, describirla, publicarla y ubicarla en un sistema. Antes de los años treinta, los botánicos colombianos —cuando los había— tenían que viajar a Madrid, a Kew o al propio Berlín para consultar los tipos de sus propias plantas. Después del Instituto, el trabajo empezaba a poder hacerse en Bogotá.
El Jardín Botánico fue el complemento vivo del herbario, aunque su fundación definitiva tardaría décadas en cuajar y otras manos completarían lo que Pérez Arbeláez había esbozado. Las primeras ideas datan de esa misma década de los treinta y él es señalado con insistencia como su creador, en un sentido que abarca la concepción intelectual más que el acto administrativo. Un jardín botánico servía a un doble propósito: exhibía al público la riqueza vegetal del país —función pedagógica, republicana, coherente con el proyecto liberal de democratización de la cultura— y proveía material vivo para la investigación aplicada, tan necesaria en una economía que empezaba a diversificarse.
La tercera fundación fue editorial y simbólica a la vez: el impulso definitivo a la publicación de la Flora de la Real Expedición Botánica. Los materiales de Mutis —las láminas monumentales que diecinueve dibujantes produjeron entre 1783 y comienzos del siglo XIX— habían sido enviados a España en 1817 y llevaban más de un siglo en Madrid sin publicarse. Diecinueve dibujantes, frente a los dos que tuvieron las expediciones paralelas del Perú y de México: la desproporción hablaba de una empresa de otra escala, cuya iconografía era única en el mundo hispanoamericano. Sacar esa obra a la luz era, además de un deber científico, un acto de fundación cultural. El proyecto acabó materializándose en 1954 con el primer tomo publicado conjuntamente por los gobiernos español y colombiano, pero la gestión que lo hizo posible arrancó de las décadas anteriores, y Pérez Arbeláez fue uno de sus propulsores más constantes.
Durante el gobierno de Eduardo Santos (1938-1942) —la llamada pausa liberal, menos reformista que el lopismo— la institucionalidad cultural se consolidó por otras vías: se creó el Instituto de Fomento Industrial, se inauguró el nuevo edificio de la Biblioteca Nacional, y en 1940 llegaron los intelectuales españoles exiliados de la Guerra Civil, que enriquecieron los ambientes universitarios. Pérez Arbeláez trabajaba en ese contexto: sin ser un funcionario liberal, ni mucho menos un militante, era una pieza reconocible del engranaje modernizador que atravesaba a los distintos gobiernos del ciclo.
Colombia como bosque: la obra escrita
Pérez Arbeláez no fue solo administrador científico. Escribió —y su libro mayor es la prueba— con la ambición de un naturalista total. Concibió una obra titulada Geografía extensa de Colombia, cuyo objetivo, según él mismo, era dar a conocer el país a todos sus habitantes. De ese proyecto enciclopédico quedó publicado el primer volumen, Colombia: bosquejo de su geografía tropical, que se convirtió en referencia obligada durante décadas y que puede leerse como un manifiesto tardío del programa mutisiano: describir el territorio nacional a partir de su naturaleza, y hacer de esa descripción la base de una conciencia de país.
El Bosquejo inventariaba pisos térmicos, cinturones vegetales, tipos de bosque. Recogía la vieja intuición de Humboldt sobre un bosque por encima del bosque —la imagen con que el prusiano había descrito la palma de cera andina, Ceroxylon andicola, elevándose sobre el follaje oscuro de las dicotiledóneas— y la traducía a un lenguaje ordenador. Enumeraba las aproximadamente mil cuatrocientas especies de helechos y plantas afines registradas en Colombia. Describía los bosques de robles, de yarumos, de Cinchona —la quina— y de Podocarpus taxifolia, el pino indígena que sobrevive en franjas cada vez más estrechas de la cordillera. Al hacerlo, hacía ciencia y hacía patria: dos operaciones que en la tradición colombiana, desde Caldas, habían aprendido a coincidir.
Esa tradición era conocida y él la reclamaba. En 1860, Florentino Vezga había publicado en el boletín de la Sociedad de Naturalistas su Memoria sobre la historia del estudio de la botánica en la Nueva Granada, cuya segunda parte, dedicada a la Expedición de Mutis, cumplía la función de dar al pequeño núcleo de científicos colombianos su identificación con una tradición científica propia. Pérez Arbeláez hereda y extiende ese gesto: cada libro suyo, cada lámina de Mutis rescatada, cada especie descrita en el Instituto, era una manera de fundar hacia atrás una genealogía que legitimara el trabajo del presente. La botánica colombiana, para él, no empezaba en los treinta: los treinta eran solo el momento en que una línea que venía de 1783 —de aquel abril en que la Expedición fue puesta bajo la dirección de Mutis— encontraba al fin la infraestructura estatal que le correspondía.
Su red: maestros, discípulos, corresponsales
Ninguna institución la funda un hombre solo. Pérez Arbeláez tejió, a lo largo de cuatro décadas, una red que atravesaba idiomas, generaciones y hemisferios.
Hacia atrás miraba a Berlín: a Engler y a Harms, cuya sistemática seguía usando y cuyos herbarios eran los de referencia para la flora tropical suramericana. Miraba también a Mutis —muerto en Bogotá en 1808— como al patriarca imaginario, y a la cadena de discípulos que había sostenido su memoria: Vezga en el siglo XIX, y antes Caldas, cuya aspiración a una empresa investigativa combinada de astronomía, botánica y mineralogía había sido herencia directa del espíritu de la Expedición.
Hacia los lados, en su propia generación, se cruzó con los cuadros que fueron dando forma a la ciencia colombiana durante la República Liberal y los años inmediatamente posteriores. Armando Dugand, botánico costeño de formación autodidacta y una de las mayores autoridades en la flora amazónica y caribeña colombiana. Lorenzo Uribe Uribe, jesuita como él, especialista en pasifloráceas, continuador de la línea del Instituto. Jesús Idrobo, discípulo directo, que después dirigiría el Instituto de Ciencias Naturales. Y desde el norte, Richard Evans Schultes, el etnobotánico de Harvard que en los años cuarenta empezó sus larguísimas exploraciones por el Vaupés y el Putumayo, y que hizo del Instituto Botánico su base de operaciones colombiana. La colaboración con Schultes era doblemente significativa: incorporaba a la botánica colombiana en las redes académicas norteamericanas y validaba internacionalmente el trabajo que Pérez Arbeláez había montado.
En paralelo se movía otra red, la de los geógrafos y naturalistas europeos exiliados. Ernesto Guhl, alemán formado en la Universidad de Berlín entre 1931 y 1933 y luego en el Instituto Geográfico y Geopolítico de la Academia de Ciencias Políticas de Alemania hasta 1937, se autoexilió en Escandinavia ante la disyuntiva de servir al nazismo y llegó a Colombia al desatarse la Segunda Guerra Mundial tras el ataque nazi a Polonia en 1939. Guhl y Pérez Arbeláez compartían formación berlinesa y encontraban en Colombia un campo abierto: uno hizo la geografía humana del país, el otro la botánica. Los dos representaban ese momento en que la Europa que se destruía enviaba a América Latina a algunos de sus mejores científicos, y la República Liberal —y el país que la sucedió— tuvo la lucidez, más por circunstancias que por diseño, de recibirlos.
Con la Iglesia, la relación fue más ambigua. Como jesuita, Pérez Arbeláez pertenecía a la orden que la tradición conservadora consideraba emblema de la instrucción cristiana. Pero su ciencia era la de Engler, no la de Santo Tomás, y su trabajo se hacía en la Universidad Nacional, laica por definición, y al servicio de gobiernos que la Iglesia atacaba. En un país donde todavía en 1955 la Iglesia colombiana consideraba que el liberalismo estaba condenado por defender la libertad de enseñanza, la escuela laica, el matrimonio civil, el divorcio, la libertad de cultos y la separación entre Iglesia y Estado, esa doble pertenencia no podía ser cómoda. Pérez Arbeláez la sostuvo con la discreción de quien sabe que su libertad de maniobra depende de no forzar los términos del acuerdo tácito.
La Iglesia, el Estado y el pasillo estrecho
Para entender por qué la figura de Pérez Arbeláez fue tan útil, hay que mirar la magnitud del enfrentamiento del que él era, en cierto modo, la excepción tolerada.
La Constitución de 1886 y el Concordato de 1887 habían otorgado a la Iglesia católica una protección monopólica que impedía el desarrollo de una cultura y una ética laicas. Sobre esa base, cuarenta y cuatro años de hegemonía conservadora habían moldeado un país donde el matrimonio, la escuela, el cementerio y la moral pública eran competencias eclesiásticas. La Revolución en Marcha de López Pumarejo consagró en respuesta principios que la Iglesia consideraba directamente hostiles: la primacía del interés social sobre la propiedad privada, la intervención del Estado en la economía, la promoción de la educación laica.
La reacción fue frontal. Desde los púlpitos se llamó a los padres de familia a retirar a sus hijos de las escuelas públicas. Laureano Gómez rebautizó al Ministerio de Educación como Ministerio de Corrupción Nacional por promover una escuela laica, materialista y sin Dios. La Ley 12 de 1934 y la Campaña de Cultura Aldeana y Rural intentaron llevar la escuela a los campos, y encontraron en la parroquia rural a su adversario más eficaz. Los inspectores y maestros de las escuelas públicas eran, además, un frente de disputa entre el gobierno nacional y los ejecutivos regionales —el propio director de educación de Boyacá se quejaba de que ese pulso impedía a la educación popular avanzar al ritmo que Bogotá exigía.
En ese fuego cruzado, la ciencia natural podía convertirse en un pasillo estrecho pero transitable. La botánica no discutía dogmas: describía plantas. Un cura que clasificaba especies según Engler no negaba el Génesis, sencillamente se ocupaba de otra cosa. Y un Estado liberal que fundaba un Instituto Botánico dirigido por un jesuita podía presentar su política científica como modernización sin dar a la Iglesia el pretexto del ataque directo. Pérez Arbeláez encarnó ese arreglo. Su sotana blindaba al Instituto de las acusaciones de laicismo militante; su formación berlinesa blindaba al gobierno de las acusaciones de amateurismo. Era, en el sentido más literal, un intermediario.
Esta lectura ayuda a explicar algo que las cronologías por sí solas dejan oscuro: por qué las grandes fundaciones científicas de la República Liberal no fueron obra de laicos anticlericales, sino en buena parte de figuras religiosas moderadas capaces de operar en los dos registros. La laicización real del país tuvo que esperar al Frente Nacional, cuando los gobernantes liberales, ya sin la urgencia de los treinta, avanzaron en ella sin encontrar mayor oposición del estamento conservador. Los treinta y los cuarenta necesitaron mediadores. Pérez Arbeláez fue uno de los más eficaces.
La biodiversidad como argumento
Detrás del trabajo institucional había una idea de país. Colombia, decía en sus escritos, no era un territorio cualquiera: era uno de los espacios biológicamente más ricos del planeta. Las mil cuatrocientas especies de helechos, los cinturones altitudinales de vegetación, los bosques de palma de cera que crecían por encima del dosel, la variedad microscópica que aún no había empezado a inventariarse: todo eso constituía, para él, no un dato pintoresco sino una responsabilidad y un argumento.
Una responsabilidad, porque el país no la estaba honrando. La extracción de quina en la Amazonía había llevado a extinciones locales por sobreexplotación, y el caso ilustraba una ausencia estructural de conciencia sobre los límites de los recursos y sobre el vínculo entre el bienestar de la población y la salud de los ecosistemas. El extractivismo vegetal seguía siendo, a mediados y finales del siglo XX, una de las actividades productivas más importantes de la Amazonía colombiana, y su lógica no había cambiado. La introducción de especies exóticas —eucaliptos, pinos, acacias, kikuyo— transformaba paisajes enteros: la sabana de Bogotá, escenario cotidiano de Pérez Arbeláez, se llenaba de árboles ajenos mientras la vegetación nativa retrocedía.
Y un argumento, porque la biodiversidad servía para fundamentar la existencia misma de un aparato científico nacional. Un país modesto en su naturaleza podía externalizar su botánica a los grandes herbarios europeos; un país excepcional necesitaba los suyos. Cada especie descrita en Bogotá era una pieza más en la demostración de que Colombia era digna de tener un Instituto de Ciencias Naturales propio, un Jardín Botánico propio, una Academia propia. La biodiversidad era, además del objeto de estudio, la razón misma del estudio.
Esa lógica preparaba, sin que Pérez Arbeláez alcanzara a verlo del todo, la política ambiental que vendría después. A partir de 1959 los bosques empezaron a ser identificados como unidades espaciales de desarrollo estatal; entre 1960 y 1990 se creó la mayoría de los parques nacionales colombianos, fortaleciendo la definición espacial y la gestión del territorio natural dentro del proceso de construcción estatal. El Instituto Botánico y el Jardín Botánico habían sido, décadas antes, las primeras piezas de esa arquitectura. No parques todavía, pero sí la conciencia de que el territorio biológico era una dimensión del Estado.
Los años finales y la huella
Pérez Arbeláez siguió activo hasta bien entrados los años sesenta. Al terminar la República Liberal en 1946 —con el retorno conservador al poder y el comienzo de la Violencia— sus instituciones no se desmontaron: habían adquirido, en poco más de una década, la solidez suficiente para atravesar los cambios políticos. Ese es quizás el mejor indicio de que su trabajo no había sido meramente circunstancial. Un edificio construido para durar solo mientras dura el gobierno que lo levantó se derrumba con él; el Instituto Botánico sobrevivió, se transformó en Instituto de Ciencias Naturales, y bajo ese nombre sigue funcionando en la Universidad Nacional.
La publicación de la Flora de la Real Expedición Botánica se materializó en 1954, cuando Pérez Arbeláez tenía cincuenta y ocho años y la política colombiana estaba en manos militares. El primer tomo salió como empresa conjunta hispano-colombiana. La obra siguió apareciendo, volumen tras volumen, durante décadas —proyecto editorial de una lentitud proporcional a la de su gestación—, y cada tomo publicado era, en cierto modo, un homenaje diferido al hombre que había insistido, cuando nadie parecía muy interesado, en que aquellas láminas de dibujantes anónimos del siglo XVIII merecían ver la luz.
Murió en Bogotá en 1972, a los setenta y seis años. Para entonces, Colombia había cambiado tanto que sus fundaciones parecían haber estado siempre ahí. El Instituto de Ciencias Naturales formaba biólogos, el Jardín Botánico —que en 1955 fue formalmente establecido y llevaría luego, en justicia, su nombre— crecía en el occidente de Bogotá, y la Flora seguía imprimiéndose. La generación de sus discípulos había tomado el relevo. La antropología, en cambio, había vivido su primera generación profesional durante la República Liberal y luego prácticamente había desaparecido durante un tiempo: la botánica corrió con más suerte, en parte por el cuidado con que Pérez Arbeláez había asegurado la reproducción institucional de su propio campo.
Su huella se disputa poco, quizás porque casi no ha sido reclamada. No fue un intelectual público como López de Mesa ni un polemista como Gómez; no dejó frases célebres; no hay retrato suyo en el imaginario popular. Su presencia es indirecta, mediada por instituciones. El colombiano que visita el Jardín Botánico José Celestino Mutis, el estudiante que consulta el Herbario Nacional, el investigador que abre un tomo de la Flora de la Real Expedición Botánica están tratando con Pérez Arbeláez sin saberlo. Esa forma de sobrevivencia —anónima, estructural, incorporada al funcionamiento cotidiano de un país— es probablemente la que él habría preferido.
Queda, sin embargo, una lectura más difícil. Pérez Arbeláez fue posible porque la República Liberal necesitaba un cura moderno, y su obra sirvió también para que el Estado colombiano pudiera modernizarse sin librar del todo la batalla laica que Uruguay o México ya habían librado. Su eficacia como mediador fue, en parte, la eficacia de un aplazamiento. Colombia hizo su ciencia natural sin hacer del todo su modernidad cultural, y eso tuvo costos que se pagaron después, en otras batallas y otras décadas. Reconocerlo no rebaja el mérito del hombre que dejó tres instituciones donde no había ninguna. Solo lo sitúa en la escala real de un país que, entonces como ahora, avanza por líneas oblicuas y con protagonistas que nunca son del todo lo que parecen.
Conexiones del archivo
Red histórica
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
31 documentos · 39 fragmentos01Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · Página 1681 cita
[1]puso al frente de la Comisión Científica Nacional, que dirigió hasta su muerte, ocurrida en Bogotá, en 1923. Es muy importante su libro "Geología del sur de Antioquia". 168 Padre Enrique Pérez Arbeláez, director del Herbario Nacional Colombiano, fundador del Instituto Botánico en la Universidad Nacional, impulsador de…
p. 168
02Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IIErnesto Guhl · 2018 · Páginas 32, 6572 citas
[2]permitieron entender en pocos años las condiciones natu- rales y la transformación del territorio colombiano. Esta premisa se convirtió en el objetivo principal de una de sus excelsas obras: dar a conocer el país a todos sus habitantes, en el trabajo que había denominado «Geografía extensa de Colombia», del cual nos…
p. 32
[36]cio estudiado 127. Ernesto Guhl, más joven que Vila, estudió Humani- dades y Geografía en la Universidad de Berlín, entre 1931 y 1933, y en el Instituto Geográfico y Geopolítico de la Academia de Ciencias Políticas de Alemania, entre 1933 y 1937. Debido a sus ideas democráticas, ante la disyuntiva de servir al nazismo…
p. 657
03Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · Página 4841 cita
[3]época de la Violencia, que va de 1946 a 1957; después, el Frente Nacional, de 1958 a 1982 y, por último, el proceso de negociación, apertura política y reforma institucional que se viene desarrollando desde 1982. Cada uno de ellos se desenvuelve en el contexto de unos hechos y situaciones específicas, tiene unas…
p. 484
04Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · Página 201 cita
[4]primero, el derrumbe conservador que lleva a la Presidencia de la República a un li bera l, después de más de me- dio sigl o, y, segundo, golpeó la depresión económi ca mundial des- pués de la "da nza de los millones" de los años 1920. Abre una época de fortalecimiento estatal y movilización social y política. Crecen…
p. 20
05La biblioteca aldeana de Colombia y el ideario de la República Liberal, 1934-1947. Bibliotecas y cultura en AntioquiaHernán Alonso Muñoz Vélez · 2014 · Página 661 cita
[5]anterior, crea dentro de su normativa la Campaña de Cultura Aldeana y Rural. Ley 12 de 1934, Diario Oficial No. 22765 del 20 de diciembre de 1934. 24 Tirado Mejía, “López Pumarejo: la Revolución en Marcha”, p. 305. 56 La biblioteca aldeana de Colombia y el ideario de la República Liberal, 1934-1947 Olaya Herrera se…
p. 66
06Historia del sindicalismo en Colombia, 1850-2013Miguel Urrutia Montoya · 2016 · Página 721 cita
[6]crecimiento económico. Con este objeto trajo a su Gobierno un programa completo de reforma social y un nuevo grupo de intelectuales y administradores para que lo ejecutaran. Su primer gabinete no incluía ninguno de los grandes líderes del Partido Liberal. Estaba compuesto de jóvenes in- telectuales como Alberto…
p. 72
07Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · Página 971 cita
[7]Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:21:44 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. COLOMBIA SIGLO XX 98 mayoría en el Senado, actuaban con conocimiento de causa: expulsados de las alcaldías municipales durante el gobierno de Olaya Herrera y enfrentados a un…
p. 97
08Homofobia y agresiones verbales: La sanción por transgredir la masculinidad hegemónica. Colombia 1936-1980Walter Alonso Bustamante Tejada · 2008 · Página 491 cita
[8]" i n teres social " se puso por encima de Ia propiedad p rivada y con ese ca mbia e l Estado pudo i nterve n i r y exprop i a r i n dustrias publ icas y p rivadas para controlar Ia riqueza y proteger a los trabajadores y su derecho 1 8 Ante estas tra nsformaciones en el orden ed ucativo-religioso, Ia Iglesia llam6…
p. 49
09Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Páginas 204, 2942 citas
[9]ó o no, pero el periodo siguiente fue el de mayor desarrollo de la gran propiedad y estas normas impulsaron la intensa colonizaci ó n, que convirti ó inmensos territorios bald í os y de selva, sobre todo en las zonas bajas, en los Llanos Orientales, el Caquet á, el Magdalena Medio o Urab á, en propiedades privadas…
p. 204
[38]n de la propiedad llevaron a que los productores se desentendieran de la selecci ó n de las plantas, que hab í a dado a la agricultura ind í gena su fuerza, pues los grandes propietarios con fiaban en la importaci ó n de variedades y tecnolog í as m á s que en hallazgos locales. Sin embargo, el desarrollo de la…
p. 294
10Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · Página 3581 cita
[10]a ciudadanos Se inaugura tarjeta de identidad nacional Se crea la Orquesta Sinfónica Nacional Año Política Sociedad y economía Cultura y ciencia Reforma agraria (Ley 200) Se publica El Siglo (periódico) Propiedad privada puede ser limitada si hay necesidad social Se crea la Federación Médica 1938 Eduardo Santos,…
p. 358
11Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Página 911 cita
[11]alemanes en la Nueva Granada, y por sugerencia, entre otros, del visitador Juan Francisco Gutiérrez de Piñe- res, se dio nacimiento a la Expedicion Botánica, que el primero de abril de 1783 se puso bajo la dirección de Mutis, la subdirección de Eloy Va- lenzuela (1756-1834) y la plaza de pintor de Antonio García del…
p. 91
12Manual de arte del siglo XIX en ColombiaBeatriz González Aranda · 2017 · Página 481 cita
[12]innovación y experimen- tación. La desarrolló únicamente con los recursos que obtuvo de sus distintas disciplinas: médico, mineralogista y profesor. Tuvo un solo pintor de santos, monjas y más adelante, virreyes, Pablo Antonio García del Campo, y alguno que otro ocasional. Este período duró desde 1760 hasta 1783. La…
p. 48
13Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · Página 1201 cita
[13]o r el tem a, poco se hizo al respecto, acaso p o rq u e los gastos m ilitares absorbían g ran p arte d e los recursos fiscales. A p a rtir d e la décad a d e los años 1790, los criollos ilu strad o s com enzaron a c u lp ar cada vez m ás al régim en español p o r no tom ar m ed id as ad e cu ad a s para m ejorar las…
p. 120
14Memorias para la historia de la medicina en Santafé de BogotáPedro María Ibáñez · 2017 · Página 801 cita
[14]primero que enseñó entre no- sotros el sistema de Copérnico, mirado como herejía por los frailes de la Colonia, los que no admitían que la tierra tuviera movimiento alguno. Sostuvo correspondencia con Linné, y este sabio le de- dicó varias plantas, conocida una con el nombre de mutisia, e hizo circular en el mundo…
p. 80
15Pensar el siglo XIX. Cultura, biopolítica y modernidad en ColombiaSantiago Castro-Gómez (ed.) · 2004 · Página 1781 cita
[15]taxonómica de la naturaleza, era una estructura del conocimiento que daba más prioridad al orden, a través de la mediday la composición de series jerárquicas. Conocer significaba discriminar, y esta disaiminación tenía lugar a través de la separación de interminables parecidos en dos grupos: de u n a parte, las…
p. 178
16Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · Página 1081 cita
[16]en el país “para el adelantamiento de su agricultura, artes y comercio, que son las fuentes productoras de la felicidad de los pueblos” 15. El museo y la escuela cumplirían la labor de difusión de las ciencias: el primero se encargaría de las asignaturas de carácter teórico y la segunda de las de carácter práctico 16.…
p. 108
17Historia de Colombia. La Gran Colombia II. Tomo 10Juan Salvat, Roberto García Rojas (directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico) · Páginas 110, 1142 citas
[17]de clasificaci6n zooldgica y botanica. La Sociedad de Naturalistas publicé dos nu- meros de su boletin: Contribuciones de Colombia a las ciencias y a las artes (1860-1861). En el co- trespondiente al primer ano se incluy6 la que habria de ser la primera obra sobre la historia de la ciencia en Colombia: Memoria sobre…
p. 114
[18]de las plantas, una perspec- tiva que ciertamente adquirié durante sus viajes por el Cauca y el Ecuador y, sobre todo, cuando insistid en la urgencia de realizar una expedicion «geogra- fica 0 econdémica», con la cooperacién simultanea de astronomos, botanicos, mineralogistas, zodlo- gos, economistas y unos cuantos…
p. 110
18The Ideal of the Practical: Colombia's Struggle to Form a Technical EliteFrank Safford · 1976 · Página 3701 cita
[19]century, 241; for upper class, 75-79, 115, 153-154; voluntarist efforts and, 63-69 Industrial expositions, 66-67 Industrial training. See Industrial edu- cation Institute of Natural, Physical, and Mathematical Sciences, Bogotá, 125, 127 Instituto Caldas, 65, 68 Iron manufacture, 191-192 Irurita, José Rafael, 105…
p. 370
19Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · Páginas 40, 442 citas
[20]Mutis, Alexander Von Humboldt, Agustín Codazzi y muchos otros más, que recorrieron nuestras tierras anotando todo lo que sus ojos maravillados descubrían. A través de ellos llegaron a estas partes las ideas de la Ilustración. Y es conocida la influencia de estas ideas, tanto en las gestas de nuestra independencia…
p. 40
[23]la antropología prácticamente desapareció (Friedemann y Arocha 1979). Solo hasta ahora parece notarse un renovado interés por la lingüística debido a la necesidad de contrarrestar la consolidación que, infortunadamente, ha logrado en el país el Instituto Lingüístico de Verano. Pero hay otros hechos más que abonarle a…
p. 44
20La invención de El Dorado. Museos arqueológicos, imágenes cartográficas y redes de conocimiento en Colombia (1935-1955)Daniel García Roldán · 2022 · Página 471 cita
[21]colecciones 19. Por lo demás, su interés en la orfe - brería data de años atrás, pues tal como se muestra en el extenso artículo que publicó junto con Henri Arsandaux y Georges Crequi-Montfort en el Boletín de americanistas de 1919 [20 ], ya era una autoridad en el asunto para ese momento. Esto nos lleva a…
p. 47
21Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · Página 3161 cita
[22]coming into the states through public education. The state direc- tor complained that as a result popular education was not mov- ing forward as quickly as the national executive power desired. 76 This administrative struggle for control over who got to appoint people to public school posts did not provoke a violent…
p. 316
22Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · Página 902 citas
[24]especies de líquenes y 1.400 de helechos y plantas afines. Probablemente nunca se pueda conocer cuántas especies de insectos existen aquí, menos aún tener una evaluación de la magnitud de la presencia de otras formas de vida como hongos, bacterias, virus y unicelulares generados a partir del instante en que, mientras…
p. 90
[25]1.400 de helechos y plantas afines. Probablemente nunca se pueda conocer cuántas especies de insectos existen aquí, menos aún tener una evaluación de la magnitud de la presencia de otras formas de vida como hongos, bacterias, virus y unicelulares generados a partir del instante en que, mientras el territorio era parte…
p. 90
23Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IErnesto Guhl · 2016 · Página 3811 cita
[26]numerosos ro- bles (Quercus), yarumos, cinchonas y algunos pinos indí- genas (Podocarpus taxifolia). Tan rico en variedades como las anteriores, el cinturón de la palma de cera se persona- liza en las grandes alturas por densos bosques de Ceroxylon andicola que, por su enorme altura, sobresale por entre el 107 Parece…
p. 381
24Los retos de la Colombia contemporánea. Miradas disciplinares diversas en las ciencias socialesMauricio Nieto Olarte (edición académica y compilación), Luis Javier Orjuela, Alix Catalina Rojas, Carlos Felipe Cantor, Juan Carlos Rodríguez, Andrés Guhl, Sandra Borda G., Mateo Morales, Ángela Iranzo Dosdad, Alejandro Castillejo Cuéllar, Juan Ricardo Aparicio, Alhena Caicedo, Pablo Jaramillo, Carlos A. Manrique, Laura Quintana · 2017 · Páginas 67, 704 citas
[27]y más recientemente de petróleo y carbón, así como el cultivo de café y tabaco sugieren un modelo de desarrollo sustentado en el extractivismo y en la producción de materias primas. El caso del extractivismo vegetal es ilustrativo de cómo no existe una conciencia de los límites de los recursos o de la existencia del…
p. 67
[28]y más recientemente de petróleo y carbón, así como el cultivo de café y tabaco sugieren un modelo de desarrollo sustentado en el extractivismo y en la producción de materias primas. El caso del extractivismo vegetal es ilustrativo de cómo no existe una conciencia de los límites de los recursos o de la existencia del…
p. 67
[29]lo tanto desdeñados por esa visión progresista. En este proceso de euro - peización y modernización de los sistemas productivos se transforma la natu - raleza del territorio. Hoy en día es imposible pensar en la sabana de Bogotá sin los eucaliptos que sirven en muchas partes de cercas vivas o que están en gran - des…
p. 70
[30]lo tanto desdeñados por esa visión progresista. En este proceso de euro - peización y modernización de los sistemas productivos se transforma la natu - raleza del territorio. Hoy en día es imposible pensar en la sabana de Bogotá sin los eucaliptos que sirven en muchas partes de cercas vivas o que están en gran - des…
p. 70
25Histories of Perplexity: Colombia, 1970s–2010sLina Britto, A. Ricardo López-Pedreros · 2024 · Página 1611 cita
[31]and producing a more holistic understanding of our past and present. Since Independence, nature, and the ways in which it has been perceived, has shaped the for - mation of the territorial administrative units of government that comprise our national geography. This chapter proposes a view of state building in…
p. 161
26Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · Página 4011 cita
[32]casi continua de gobiernos conservadores en nuestra historia, que no alcanzó a ser contrarrestada por las dos efímeras repúblicas liberales, y la protección monopólica que la Constitu- ción de 1886 y el Concordato del año siguiente le dieron a la Iglesia católica, impidieron entre nosotros la presencia de una cultura…
p. 401
27La Religión en ColombiaCarlos Arboleda Mora · 2010 · Página 1501 cita
[33]y catolicismo integral en Colombia. La reforma religiosa de López Pumarejo” en Historia crítica. N. 19, enero-junio 2000. pp- 68-106. http://www.lablaa.org/blaa- virtual/letra-r/rhcritica/arias2.htm#_ftn14 235 Conferencias Episcopales de Colombia, t. I (1908-1953), Bogotá, Secretariado Permanente del Epis- copado,…
p. 150
28Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · Página 791 cita
[34]que se identificaba. Cada partido, más aún, cada tendencia partidista, poseía su propio periódico. López contaba con El Liberal, 86. Citado en Tirado, Álvaro, Velásquez, Magdala, La reforma constitucional de 1936, Bogotá, Fundación Friedrich Naumann, Oveja Negra, 1982, pp. 223-224. 87. Anales de la Cámara de…
p. 79
29Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · Página 6311 cita
[35]carec í a de los presupuestos culturales m á s elementales para aceptar y cultivar una ciencia rigurosa. En la. cuna universitaria de la Rep ú blica, en el Colegio Mayor de Nuestra Se ñ ora del Rosario, se segu í a comentando el tomismo con un fer vor y fanatismo tan anacr ó nicos que daban la justificada impre si ó n…
p. 631
30Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · Página 711 cita
[37]apenas se escucha- ba mentar en el exterior y nadie sabía a qué territorio se refería en concreto, si incluía también a Venezuela y a Ecuador o si era el mismo que antes se conocía como Nueva Granada. Los primeros diplomáticos colombianos se pusieron en marcha para precisar informaciones geográficas y animar a fu-…
p. 71
31Colombia: Territorial Rule and the Llanos FrontierJane M. Rausch · 1999 · Página 441 cita
[39]ó, San Andr é s, and Guajira, a trip that initiated the extraordinary labors that he would continue during the L ó pez Pumarejo administration to promote and develop the territories. 61 Conclusion Overshadowed by the "Revolution on March" program of reforms embraced by L ó pez Pumarejo, the impact of Olaya Herrera's…
p. 44