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Idea transversal

Higienismo

Corriente médico-social que, entre las últimas décadas del siglo XIX y mediados del XX, convirtió la salud del cuerpo individual y colectivo en asunto de Estado en Colombia, articulando urbanismo, eugenesia, pedagogía, temperancia moral e ingeniería sanitaria bajo un mismo proyecto de modernización y control biopolítico.

4.337 palabras28 documentos39 fragmentos citados
Higienismo

Trayectoria de una idea

  1. 1828

    Primer texto higienista colombiano

  2. 1852

    Primera publicación científico-médica del país

  3. 1918

    Debate sobre la degeneración racial en el Tercer Congreso Nacional de Médicos

  4. 1927

    Reorganización del Departamento Nacional de Higiene y participación en la Primera Conferencia Panamericana de Eugenesia

  5. 1938

    Creación del Ministerio del Trabajo, Higiene y Previsión Social

  6. 1948

    Prohibición de la chicha y creación del Instituto Colombiano de Seguros Sociales

  7. 1974

    Consolidación del Sistema Nacional de Salud

03

La lectura

El higienismo colombiano nació como traducción —literalmente, en el 'Epítome' de Merizalde de 1828— y creció como proyecto de élites que encontraron en el lenguaje médico-preventivo una forma científicamente legitimada de intervenir sobre los cuerpos populares, los espacios urbanos y la composición racial de la nación. Su arco histórico va del consultorio al ministerio: de la observación clínica francesa del siglo XIX a la arquitectura institucional de la salud pública del XX, pasando por el debate eugenésico de 1918, las campañas contra la chicha y los manuales de urbanidad. Fue un concepto poroso que absorbió urbanismo, pedagogía, temperancia, eugenesia e ingeniería sanitaria sin perder coherencia, porque todos esos campos compartían una misma premisa: que el cuerpo del ciudadano —especialmente el del ciudadano pobre, mestizo o indígena— era un problema que el Estado debía corregir. Su legado más duradero no fue el acueducto ni el ministerio, sino una manera de mirar a las clases populares como portadoras de hábitos atávicos que la modernidad tenía la obligación de sanear.

El higienismo en Colombia

El higienismo fue la corriente médico-social que, entre las últimas décadas del siglo XIX y mediados del XX, convirtió la salud del cuerpo —el individual y el de la nación— en asunto de Estado en Colombia. Bajo su bandera se levantaron acueductos y alcantarillados, se demolieron barrios, se prohibieron bebidas, se persiguieron oficios, se redactaron manuales de urbanidad y se importaron modelos de laboratorio. Fue, a la vez, una ciencia, una moral y un dispositivo de poder: definió qué costumbres eran modernas y cuáles atávicas, qué cuerpos eran productivos y cuáles degenerados, qué regiones merecían el nombre de civilizadas y cuáles debían ser saneadas. Reconvertido hacia 1950 en salud pública institucionalizada, dejó tras de sí una arquitectura sanitaria estatal, una geografía urbana transformada y una manera duradera de mirar a las clases populares —especialmente a las de origen indígena y mestizo— como un problema por corregir.

Qué fue el higienismo

En su acepción más estrecha, el higienismo designa una escuela médica del siglo XIX que hizo de la prevención —y no del tratamiento— el centro de la práctica sanitaria: el agua limpia, el aire renovado, la vivienda ventilada, la calle sin miasmas y el cuerpo sometido a rutinas de aseo eran, para sus adeptos, más eficaces que cualquier fármaco frente a las epidemias que asolaban las ciudades. Pero en Colombia la palabra rebasó pronto ese perímetro clínico. Bajo su paraguas cupieron el urbanismo, la eugenesia, la pedagogía, la temperancia moral, la ingeniería sanitaria, la nutrición y la política de población. Higienista fue el médico que examinaba un paciente en la Facultad, pero también el ingeniero que proyectaba un alcantarillado, el sacerdote que combatía la chicha desde el púlpito, el pedagogo que enseñaba a lavarse las manos y el legislador que discutía la inmigración europea como remedio racial.

El higienismo cambiaba de rostro según el interlocutor. A las élites colombianas del cambio de siglo les ofreció un lenguaje científico —y por tanto legítimo, moderno, indiscutible— para intervenir a la vez sobre la ciudad, la fábrica, la escuela y el hogar. Al Estado en formación le entregó una herramienta para hacer lo que hasta entonces le había costado: llegar hasta el cuerpo de sus ciudadanos, contarlos, vacunarlos, medirlos, corregir sus hábitos, delimitar sus barrios. La higiene funcionó como disciplina al servicio del Estado para forjar vínculos con la población y controlar el cuerpo de los ciudadanos en el marco de la consolidación nacional. No fue accidente que sus décadas de mayor esplendor coincidieran con la Regeneración, con la República Conservadora y con la Revolución en Marcha: cada uno de esos proyectos, con signos ideológicos distintos, encontró en el higienismo un instrumento afín.

Los orígenes: la escuela francesa y el epítome de Merizalde

Antes del higienismo institucional hubo una prehistoria de manuales, cátedras y traducciones. En 1828, el doctor José Félix Merizalde publicó en Bogotá el Epítome de los elementos de higiene, obra extractada del profesor francés Tourtelle y adaptada al país, que el cuerpo universitario adoptó como texto de enseñanza. Aquel libro modesto —extractado, no original— es una pista fundamental: la higiene llegó a Colombia en francés y como traducción. Y no fue un episodio aislado. Ante la supresión de las universidades locales a mediados del siglo XIX, la juventud colombiana se formó en Europa —especialmente en Francia e Inglaterra— y al regresar introdujo nuevas ideas científicas, filosóficas y técnicas con las que aspiraba a renovar las condiciones culturales y sociales del país. De esa migración intelectual salieron las generaciones que impondrían el paradigma médico francés.

Entre 1867 y 1905, la escuela médica francesa fue predominante en Colombia. Su marca distintiva era la observación clínica directa: el médico veía, escuchaba, palpaba al paciente y a partir de esa aproximación sensorial —el famoso ojo clínico— construía el diagnóstico. Ese modelo educó a varias promociones de facultativos y les dio, junto con la técnica, un modo de estar en la sociedad: el médico como notable, como consejero de gobierno, como higienista público. El 17 de abril de 1852 apareció La Lanceta, primera publicación científico-médica del país, señal de que el gremio empezaba a hablarse a sí mismo y a la nación con voz propia.

Sobre ese piso francés se montó el higienismo colombiano de la segunda mitad del XIX. Sus premisas —que el ambiente enferma, que la ciudad debe transformarse, que las costumbres populares son un riesgo sanitario— se instalaron en el sentido común de las élites profesionales antes de que existiera un aparato estatal capaz de aplicarlas. Cuando ese aparato empezó a construirse, hacia 1900, tuvo doctrina lista.

La construcción del aparato: juntas, departamentos, ministerios

El higienismo colombiano se institucionalizó lentamente. Las primeras juntas locales de higiene y las primeras direcciones nacionales se acumularon sin plan de conjunto. Dependían ora del Ministerio de Instrucción, ora del de Gobierno. En 1927 el Ministerio de Instrucción adoptó el nombre de Ministerio de Educación, y dentro de él se reorganizó el Departamento Nacional de Higiene y Asistencia Pública: la salud seguía siendo, tácitamente, un apéndice de la pedagogía y la beneficencia.

El giro decisivo llegó con el primer gobierno de Alfonso López Pumarejo (1934-1938). Bajo el signo de la Revolución en Marcha, el Estado colombiano modernizó la salud pública y la seguridad social. La ley 96 de 1938 creó el Ministerio del Trabajo, Higiene y Previsión Social. Respondía a la vez a las concepciones reformistas del gobierno y a reivindicaciones acumuladas por sectores trabajadores en las décadas anteriores. El nombre mismo del nuevo ministerio es un mapa del momento: trabajo, higiene y previsión social ocupaban un mismo edificio conceptual, en el que la fuerza laboral se pensaba como cuerpo colectivo al que había que cuidar, vigilar y asegurar.

Diez años más tarde, en 1948, se creó el Instituto Colombiano de Seguros Sociales, encargado de ofrecer apoyo médico y pensión de retiro a trabajadores de la gran industria y del sector público. Su límite era estructural: nunca llegó a cubrir a más del 20% de los trabajadores. Esa cifra —repetida sin variación durante décadas— es la mejor síntesis del alcance real del proyecto: una arquitectura moderna montada sobre una economía en la que la mayoría trabajaba fuera del sector formal y quedaba, por tanto, fuera del sistema.

Aun así, a partir del período 1958-1974 se consolidó una concepción de la salud vinculada al desarrollo. Los recursos del sector se veían como inversión, no como gasto. Esa lectura, típicamente cepalina, generó una intención planificadora que en los años setenta cristalizaría en el Sistema Nacional de Salud. Para entonces, el higienismo como discurso había perdido su nombre; pero su premisa —que el Estado debe intervenir metódicamente sobre el cuerpo de la población para producir ciudadanos productivos— se había vuelto ortodoxia técnica.

La reforma de la ciudad: aire, agua, mercado

El primer campo de batalla del higienismo colombiano fue la ciudad. Entre las últimas décadas del siglo XIX y la primera mitad del XX, Bogotá se transformó bajo la mirada higienista de manera profunda: la investigación de Luis Carlos Colón Llamas y las actas de la Sociedad de Mejoras y Ornato de Bogotá entre 1927 y 1930 documentan una preocupación sistemática por la calidad del aire, por la topografía, por el paso de los ríos y por todo aquello que —según la doctrina de la época— pudiera propagar enfermedad.

El diagnóstico higienista de Bogotá era jerárquico y direccional. El sector pobre ubicado en la parte alta oriental de la ciudad, sin servicios sanitarios, fue identificado como foco de contaminación que amenazaba también a los sectores bajos: los agentes infecciosos, se decía, llegarían arrastrados por el viento y las lluvias hasta las casas acomodadas. Los barrios populares del oriente se convirtieron así en objeto permanente de intervención, demolición y desplazamiento, no por lo que sus habitantes padecieran, sino por lo que se temía que trasmitieran hacia abajo.

Sobre esa base se acometieron obras. El acueducto y el alcantarillado de Bogotá avanzaron paulatinamente, retrasados por la construcción simultánea de fábricas y vertederos de aguas negras en las principales fuentes hídricas —una contradicción típica del desarrollo colombiano: se saneaba con una mano lo que la otra ensuciaba, mientras la mortalidad infantil se mantenía alta. En 1921 se construyó el nuevo Mercado Central, exhibido como signo de modernidad urbana. Plazas de mercado, teatros, avenidas y espacios públicos redibujaron el centro de las ciudades colombianas, mientras la ciudadanía acomodada empezaba a demandar, en periódicos y peticiones, mayor limpieza urbana.

Pero el higienismo urbano fue mucho más que ingeniería. Fue también una reforma de las costumbres. A principios del siglo XX surgieron en Bogotá manuales y códigos de urbanidad concebidos como instrumentos indispensables para la formación del ciudadano moderno, cuyo objetivo declarado era eliminar los atavismos rurales de los espacios urbanos regulando el uso de ropas, modales e higiene. El proyecto no era solo estético: se trataba de producir un habitante urbano que se lavara diariamente, se vistiera de determinado modo, hablara con cierta corrección y renunciara a las prácticas heredadas del campo. El Manual de Urbanidad de Manuel Antonio Carreño, adoptado en Colombia como texto escolar y familiar, prescribía normas detalladas de aseo corporal —baño, lavado de manos, limpieza dental, cuidado de las uñas— como parte de la formación del ciudadano culto. La higiene, allí, se hacía sinónimo de civilización.

La raza como problema: Jiménez López y el debate de 1918

Ninguna escena revela mejor el alma del higienismo colombiano que el Tercer Congreso Nacional de Médicos celebrado en 1918. Allí el médico conservador Miguel Jiménez López presentó una tesis destinada a fijar el marco del debate público durante décadas: Nuestras razas decaen. Su argumento se apoyaba en datos que se pretendían objetivos: la baja estatura del pueblo colombiano, un recuento reducido de glóbulos rojos, una temperatura corporal inferior a la normal. Y se remataba con una interpretación histórica: la mezcla, en la colonia, entre españoles aventureros inmorales e indígenas ya degenerados antes de la colonización había producido, según él, una nación biológicamente disminuida.

La tesis prendió porque nombraba, en clave científica, una ansiedad de época. El psiquiatra e intelectual liberal Luis López de Mesa respaldó la idea de la decadencia racial y, junto con Marco Fidel Suárez, esperaba que la sangre colombiana pudiera regenerarse mediante inmigración proveniente del norte. Que un conservador y un liberal, un psiquiatra y un ex presidente, coincidieran en el diagnóstico y en el remedio dice mucho sobre el consenso racial de las élites colombianas del primer tercio del siglo XX: la mezcla mestiza e indígena era, para ellos, el problema, y la sangre europea del norte —anglosajona, alemana— la solución.

De ese diagnóstico salieron los remedios propuestos: campañas eugenésicas, profilácticas y de higiene corporal y mental, lucha sistemática contra el alcoholismo y la prostitución. Sus promotores creían, con literalidad hoy incómoda, que con esas campañas podría llegar a conformarse la raza perfecta. La Primera Conferencia Panamericana de eugenesia y homicultura se celebró en La Habana el 21 de diciembre de 1927 y formuló recomendaciones a los gobiernos comprometidos; Colombia participó como país anfitrión en una nueva conferencia panamericana en 1938, prolongando la misma línea.

El higienismo, aquí, deja ver su costura ideológica sin adorno: no es solo una ciencia de la salud, es una teoría de la nación. Los cuerpos que hay que sanear son los cuerpos indios y mestizos; los hábitos que hay que corregir son los hábitos populares; la meta, aunque casi nunca se enuncie con esa crudeza, es una Colombia más blanca. La educación física escolar, implantada a principios del siglo XX, se justificó explícitamente como discurso político de la modernidad orientado al mejoramiento de la higiene y la raza. Pedagogos como Gabriel Anzola y el propio Miguel Jiménez López propusieron que una pedagogía activa —juegos, gimnasia, excursiones— podría transformar a los niños de seres primitivos en un modelo autónomo de civismo y urbanidad. Debajo del vocabulario benigno de la pedagogía moderna latía el proyecto biopolítico.

La cruzada contra la chicha

Ninguna política higienista colombiana tuvo alcance mayor —ni mostró con más claridad la fusión de ciencia, moral, raza y economía— que la campaña contra la chicha. Bebida ritual y cotidiana de los muiscas desde antes de la conquista, la chicha se había mantenido como consumo popular masivo, sobre todo en los altiplanos cundiboyacenses. Combatirla fue empresa de casi medio siglo.

Rafael Uribe Uribe inició a comienzos del siglo XX la lucha antialcohólica en Colombia, haciendo eco de las campañas mundiales de temperancia. Pero el discurso pronto se colombianizó: incorporó elementos del positivismo y del darwinismo social, asociando el alcoholismo con la degeneración de la raza. La chicha, por su origen indígena y su consumo por los sectores más pobres, quedó identificada como el mal por excelencia: era, a la vez, alcohol, atavismo y evidencia de una biología dañada.

Vale recordar el precedente colonial que la retórica prohibicionista prefirió olvidar. Las políticas de la Corona contra el aguardiente habían fracasado: el consumo continuó extendiéndose y los productores —vinculados a sectores poderosos— satisficieron la demanda. Ante ese fracaso, la Corona optó por el estanco, es decir, la legalización regulada, mediante Real Cédula del 23 de septiembre de 1700. Con la chicha, tres siglos después, la lógica fue distinta: no había productores poderosos a los que defender, sino chicheros populares a los que reprimir. La prohibición pudo aplicarse porque atacaba a los sin voz.

Las campañas tuvieron desde el inicio un claro sello de clase. Los círculos moralizadores de los años treinta —empresarios antioqueños, autoridades eclesiásticas, higienistas oficiales— convergieron en la lucha, aunque con distintos énfasis. Un vocero antioqueño de 1934 formuló con inusual franqueza lo que estaba en juego: la preocupación central, dijo, era el control del tiempo libre de los obreros más que la disciplina dentro de las fábricas. La disciplina fabril podía imponerse con reglamentos internos y capataces; lo que escapaba al empresario era lo que el obrero hacía el domingo, en la chichería, con sus amigos, con su cuerpo. Contra eso se dirigió la cruzada.

La articulación con la eugenesia fue explícita. En el marco de las jornadas de higiene corporal y mental se organizaron campañas de educación contra el alcoholismo, el chichismo, la prostitución y la drogadicción, todas ellas parte del mismo proyecto de conformar, en palabras de sus promotores, la raza perfecta. Y la articulación con intereses económicos, aunque menos publicitada, fue igual de firme: en 1943 la Asociación de Ganaderos propuso sustituir la chicha por leche como estrategia de supresión del consumo popular, presentando a la leche como el alimento perfecto para los niños. La propuesta, acogida por comités departamentales, párrocos, alcaldes y maestros, mostró cómo el higienismo podía coincidir con la promoción de una industria específica: sanear al pueblo y ampliar el mercado de la ganadería resultaban, en la retórica del momento, la misma tarea. La Asociación propició incluso la invitación al país de expertos internacionales, entre ellos profesores norteamericanos, para dar respaldo técnico a la sustitución.

El desenlace llegó tras los eventos del 9 de abril de 1948. El gobierno colombiano prohibió la elaboración y consumo de chicha en toda la República, atribuyendo parcialmente los sucesos del Bogotazo al consumo excesivo de la bebida popular. El discurso oficial culpó a la clase trabajadora de carecer de educación, disciplina, sobriedad y organización familiar, y usó el consumo de chicha como evidencia de graves fallas morales. La revuelta de una capital fue leída, así, como problema de higiene racial. En 1956, una crónica periodística describía a los habitantes de pueblos sabaneros cercanos a Bogotá —de definido ancestro chibcha— por sus costumbres: consumo de bebidas autóctonas, juego de tejo, violencia política bajo el alcohol. La modernización de la ciudad, sugería el texto, chocaba con esa herencia. El lenguaje racial persistía, apenas atenuado, en pleno proceso urbanizador.

Enfermedad tropical, capital exportador y la Rockefeller

Mientras las élites urbanas discutían la degeneración racial, en las tierras calientes se libraba otra guerra higienista con lógica muy distinta: la de las enfermedades tropicales que amenazaban la economía exportadora. Anquilostomiasis, malaria, fiebre amarilla, lepra: cada una tenía nombre técnico, mapa regional y consecuencias económicas contables.

En 1919 la Fundación Rockefeller firmó un acuerdo con Colombia para iniciar una campaña de erradicación de la uncinariasis, causa de la anemia tropical. En 1925 su primera Comisión Sanitaria llegó a Villavicencio, donde trató a cientos de enfermos con sales de timol, aunque la falta de materiales de construcción retrasó la edificación de alcantarillas y letrinas. En 1931 el Departamento Nacional de Higiene abrió una oficina en Villavicencio dirigida por el Dr. Gustavo Ruiz Mora, que mejoró las condiciones sanitarias del matadero, vacunó niños contra la viruela y amplió el Hospital Montfort, el cual atendía anualmente a unos 200 pacientes internos y 800 ambulatorios. Cifras diminutas para un territorio tan vasto; y, sin embargo, en el contexto llanero de la época, representaban una presencia estatal inédita.

La Rockefeller no eligió al azar dónde intervenir: sus campañas se concentraron en zonas de agricultura de exportación y en corredores de comercio. La malaria y la anquilostomiasis debilitaban a los trabajadores rurales, y trabajadores debilitados producían menos café, menos banano, menos oro. Luis Cuervo Márquez documentó en 1915 que en las regiones cafeteras de Cundinamarca —Fusagasugá, Sasaima, Viotá, Pandi— más del 50% de los trabajadores empleados en la recolección padecían uncinaria. En las minas del Pato, cerca de Zaragoza, Antioquia, el 67% de los trabajadores tenía malaria en 1937; esa cifra se redujo posteriormente al 6-7% gracias a medidas preventivas tomadas por ingenieros extranjeros. La higiene tropical fue, en buena medida, higiene del capital.

Los testimonios de época dejan ver la mirada con la que se acercaba el aparato higienista a las poblaciones periféricas. El ministro Alberto Lleras Camargo observó en febrero de 1936, durante una visita al Meta, que los llaneros —con dieta de café, aguardiente y carne y sin acceso a medicamentos ni a conocimientos básicos de higiene— eran extremadamente vulnerables a epidemias de anemia tropical y paludismo. La descripción es certera; pero la solución que ese diagnóstico movilizaba era casi siempre la misma: llevar al llanero la higiene, no preguntarse por qué el Estado había estado ausente. La fiebre amarilla, por su parte, había penetrado en localidades santandereanas —Sardinata, Gramalote, Salazar, Arboleda— en 1883-1884, con un foco aparente en Maracaibo y el ferrocarril como principal transmisor; el brote inauguró un ciclo endemo-epidémico con un segundo pico entre 1890 y 1894. El ferrocarril, símbolo del progreso, fue también vector de enfermedad: la modernidad enfermaba lo que pretendía sanar.

Más allá del control epidemiológico, la Fundación Rockefeller dejó infraestructura: participó activamente en el desarrollo de laboratorios de patología, en el establecimiento de dispensarios, en la atención en zonas de agricultura de exportación y en la generalización del uso de información estadística para describir la situación higiénica de las poblaciones. Su presencia culminó, junto con otros agentes, en la creación en 1944 de la Facultad de Medicina y la Escuela de Salud Pública de la Universidad del Valle y de la Escuela Nacional de Enfermería. Con ellas se selló el desplazamiento del modelo francés por el norteamericano: de la observación clínica se pasó a la experimentación sobre el origen y transmisión de patologías, apoyada en análisis de laboratorio y orientada hacia la especialización.

Bejarano, la carne y la contradicción del higienismo

Dentro del propio campo higienista hubo voces que empezaron a corroer, desde dentro, sus premisas raciales. Jorge Bejarano fue la más lúcida. Su obra desplazó el eje: en lugar de leer las enfermedades como manifestaciones de una biología deficiente, las leyó como manifestaciones de una estructura social deficiente. Bejarano constató que la carne tendía a asumir precios muy altos en Colombia, convirtiéndose en artículo de lujo en la canasta de obreros y habitantes de la ciudad. Detrás de la debilidad física del pueblo colombiano, sostenía, no había un vicio de sangre sino un problema de dieta, de ingreso, de política agraria.

Bejarano criticó, con impaciencia y con datos, la resistencia colombiana a adoptar medidas higiénicas modernas: la refrigeración de carne —descubierta en Francia en 1873 y no aplicada en Colombia—, la letrina rural, el cloro, los mataderos higiénicos, los sanatorios para tuberculosos. Colombia, dijo con sarcasmo, era el único lugar donde se cuestionaba la aplicación del sistema de refrigeración. El higienismo tenía razón en sus técnicas y se equivocaba en su diagnóstico social; el problema no eran los cuerpos de los pobres, era su alimento, su agua, su vivienda.

Décadas después, hacia 1963, una encuesta del Instituto Nacional de Nutrición dio a la intuición de Bejarano respaldo estadístico. El colombiano promedio comía por debajo de los umbrales recomendados por la FAO, en calorías y en proteínas, y muy por debajo en proteínas de origen animal. Aquella baja estatura y aquel bajo recuento de glóbulos rojos que Jiménez López había atribuido en 1918 a la degeneración racial tenían, en efecto, una explicación más simple y más incómoda: el pueblo colombiano estaba, sencillamente, mal alimentado.

Esta corriente crítica no derrotó al higienismo racial —convivió con él, a menudo dentro de las mismas instituciones—, pero introdujo una grieta duradera. El diagnóstico se desplazaba de la sangre al plato, del linaje al salario, del atavismo a la política agraria; y en ese desplazamiento se preparaba el vocabulario de la siguiente etapa, la del desarrollo, con sus poblaciones que alimentar, capacitar e integrar al mercado.

La red: personas, lugares, textos

El higienismo colombiano fue, ante todo, una red. Su fuerza vino menos de cada nombre aislado que de las conexiones entre ellos. Miguel Jiménez López, el conservador que abrió el debate racial en 1918, y Luis López de Mesa, el psiquiatra liberal que lo secundó, encarnaron un consenso ideológico que atravesaba las fronteras de partido: el diagnóstico racial funcionaba a la vez para godos y para radicales. Rafael Uribe Uribe fue el precursor político de la lucha antialcohólica; Jorge Bejarano la prolongó, la depuró de racismo y la ancló en política pública. La misma bandera pasó de mano en mano y cambió de significado por el camino.

Alrededor de esos nombres se movía una comunidad profesional pequeña pero influyente —Pablo García Medina, Josué Gómez, Roberto Franco, Laurentino Muñoz— que ocupaba simultáneamente cátedras universitarias, cargos ministeriales y columnas de prensa. Esa triple sede es la clave: la misma persona diagnosticaba, gobernaba y persuadía. En el poder ejecutivo, Rafael Reyes en el primer decenio del siglo XX y Alfonso López Pumarejo en los años treinta les prestaron la palanca del Estado.

Los lugares no fueron escenario neutro sino argumento. Bogotá, con sus obras hidráulicas y sus manuales de urbanidad, ofreció el modelo del ciudadano civilizado. Medellín, con su empresariado eclesialmente comprometido en la moralización obrera, aportó el ensamble entre fábrica, parroquia e higiene. Los puertos —Barranquilla, Cartagena, Buenaventura— y el Valle del Cauca fueron laboratorios de higiene tropical al servicio del comercio exterior. La Costa Caribe, con su lepra y su fiebre amarilla, fue territorio de campaña sanitaria de largo aliento. Las zonas bananeras del Magdalena y las minas antioqueñas mostraron sin disfraz que el higienismo también trabajaba para el capital extranjero. Y dentro de la propia Bogotá, sectores como Las Cruces, Egipto y el Paseo Bolívar concentraron a la vez intervención sanitaria, reforma urbanística y estigma moral: eran, para las élites, la prueba viva de que la ciudad seguía siendo insalubre por dentro.

Los textos cerraron el circuito y le dieron continuidad. Del Epítome de Merizalde en 1828 a La Lanceta de 1852, de los manuales de moral, higiene, urbanidad y economía doméstica —como los Elementos de educación de Lucio Milcíades Torres— al Manual de Carreño, del debate de 1918 a los informes técnicos de la Rockefeller, se formó en cinco generaciones una biblioteca higienista que penetró desde las escuelas primarias hasta los ministerios. Cada generación heredaba a la anterior un vocabulario ya legitimado y le añadía el suyo sin discutir los cimientos.

La huella

Del higienismo colombiano quedaron cosas contradictorias que conviven hoy sin haberse resuelto. Quedó una infraestructura sanitaria estatal —acueductos, alcantarillados, hospitales, laboratorios, escuelas de salud pública— que hizo posible la caída de la mortalidad y el aumento de la esperanza de vida a lo largo del siglo XX. Quedó la costumbre estatal de intervenir sobre el cuerpo de la población mediante campañas de vacunación, educación nutricional y saneamiento básico. Quedó una tradición de médicos-intelectuales acostumbrados a mirar la salud como cuestión social y política, no solo clínica.

Pero también quedaron cosas más incómodas. Quedó una geografía urbana marcada por la asociación entre pobreza y contagio: los barrios populares de las ciudades colombianas siguen siendo mirados, en la imaginación de las élites, como focos de peligro sanitario y moral. Quedó una tradición prohibicionista, inaugurada con la chicha en 1948, que ha reaparecido con distinto ropaje para perseguir otras sustancias asociadas a los sectores populares. Quedó un lenguaje —civilizado, moderno, culto, sano, ordenado, limpio— cuyos opuestos siguen apuntando, casi sin excepción, a lo indígena, lo campesino, lo negro, lo mestizo. Y quedó una arquitectura de la salud pública que, aunque despojada del vocabulario racial, heredó del higienismo la premisa de que la salud es cuestión de gobierno y no de derecho: en 1948 el seguro social nació limitado al 20% de los trabajadores, y esa lógica excluyente marcó al sistema durante décadas.

Leído desde el presente, el higienismo colombiano fue un dispositivo de poder que, con el vocabulario prestigioso de la ciencia, articuló la moral católica, la ingeniería urbana, la ansiedad racial de las élites y las necesidades del capital exportador en un mismo proyecto de gobierno de los cuerpos. No fue monolítico —dentro suyo pelearon Jiménez López y Bejarano, la eugenesia y la nutrición, la Iglesia y el laboratorio— ni fue omnipotente: la debilidad crónica del aparato sanitario colombiano, incapaz de cubrir a la mayoría de sus trabajadores, muestra que fue más aspiración de las élites médicas que poder efectivo sobre el territorio. Pero fue la manera en que la Colombia moderna aprendió a mirar a los suyos y a decidir cuáles cuerpos merecían cuidado, cuáles corrección y cuáles simplemente desaparición. La historia sanitaria del país no puede contarse sin él; y su lengua, transfigurada, aún se oye.

04

En el archivo

37 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

01Colonia1600–17802
  1. 1680Limpieza de sangreFicha
  2. 1700Sociedad de castasFicha
02Pre-independencia1780–18092
  1. 1789Reformismo judicial borbónico en Nueva GranadaPregunta
  2. 1803Expedición Balmis en la Nueva Granada (1803-1805)Hecho
03Nueva Granada1831–18622
  1. 1849Epidemia de cólera de 1849 en el Caribe neogranadinoHecho
  2. 1850Comisión CorográficaFicha
04Estados Unidos de Colombia1863–18852
  1. 1870Civilización-barbarieFicha
  2. 1871Discursos raciales y civilizatorios en Colombia (1871–1875)Hecho
05Regeneración1886–19297
  1. 1886BlanqueamientoFicha
  2. 1886Identidad regionalFicha
  3. 1905La excepción colombiana: ¿por qué Colombia no fue tierra de inmigrantes entre 1880 y 1930?Pregunta
  4. 1913Expedición de Konrad Theodor Preuss a San Agustín (1913-1914)Hecho
  5. 1914Agustín Nieto CaballeroFicha
  6. 1920Betsabé EspinosaFicha
  7. 1920Huelga de las obreras textiles de Bello (1920)Hecho
06República Liberal1930–19469
  1. 1934Campaña de Cultura Aldeana (1934–1936)Hecho
  2. 1935Karl BrunnerFicha
  3. 1935Luis López de MesaFicha
  4. 1936Leopoldo RotherFicha
  5. 1938Antropología nacionalFicha
  6. 1938EtnobotánicaFicha
  7. 1938José Antonio Osorio LizarazoFicha
  8. 1940Débora Arango PérezFicha
  9. 1941El Instituto Etnológico Nacional y la ciencia de la República LiberalPregunta
07Frente Nacional1958–19742
  1. 1962Virginia Gutiérrez de PinedaFicha
  2. 1975La transición demográfica colombiana, 1965-1993Pregunta
08Crisis y narcotráfico1974–19902
  1. 1979La 'limpieza social' urbana en Colombia (1979–1990)Hecho
  2. 1987Héctor Abad GómezFicha
09Constitución de 19911991–20021
  1. 1995Limpieza social y orden moral paramilitar en ciudades colombianas (1995–2002)Hecho
10Seguridad Democrática2002–20162
  1. 2002ProhibicionismoFicha
  2. 2006Racismo estructuralFicha
11Transversal5
  1. 1675MedellínFicha
  2. 1700MestizajeFicha
  3. 1900BarranquillaFicha
  4. 1902BelloFicha
  5. 1995Limpieza socialFicha
05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Miguel Jiménez López — médico conservador que en 1918 articuló el higienismo con la eugenesia racial mediante la tesis 'Nuestras razas decaen'
  2. 02Luis López de Mesa — psiquiatra e intelectual liberal que respaldó la tesis de la decadencia racial y propuso la inmigración del norte como remedio regenerador
  3. 03Alfonso López Pumarejo — presidente cuya 'Revolución en Marcha' (1934-1938) institucionalizó el higienismo en el Ministerio del Trabajo, Higiene y Previsión Social mediante la ley 96 de 1938
  4. 04Rafael Uribe Uribe — político liberal que inició a comienzos del siglo XX la lucha antialcohólica en Colombia, articulando temperancia con discurso higienista y darwinismo social
  5. 05Bogotá — principal escenario de la transformación urbana higienista, con intervenciones sobre acueducto, alcantarillado, mercados, barrios populares del oriente y reforma de costumbres ciudadanas
  6. 06Eugenesia — corriente con la que el higienismo colombiano se fusionó desde 1918, compartiendo el diagnóstico de degeneración racial y los remedios de campañas profilácticas, inmigración selectiva y control de hábitos populares
  7. 07Fundación Rockefeller — organización que en 1919 firmó un acuerdo con Colombia para erradicar la anquilostomiasis y en 1925 envió su primera Comisión Sanitaria, introduciendo el modelo médico norteamericano de laboratorio y especialización que desplazó al paradigma francés
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Documentos y fragmentos citados

28 documentos · 39 fragmentos

01Hacer la guerra y matar la política. Líderes políticos asesinados en Norte de SantanderCarlos Andrés Pallares Rincón · 2014 · p. 134, 1432 citas
[1]

escuela francesa dominante durante el periodo 1867-1905, y cuyo énfasis era la observación y palpación directa del paciente, prácti- 133 Centro Nacional de Memoria Histórica. Entrevista al médico ortopedista y traumatólogo José María Rodríguez García, op. cit. 136 Hacer la guerra y matar la política. Líderes políticos…

p. 134
[10]

salud, cuyo rasgo distintivo es la vinculación entre salud y desarrollo, en la cual los recursos desti- nados al sector son vistos como una inversión y no como un gasto, lo cual implicaba una intención planificadora en su manejo en el período 1958-1974 145. Esa intención planificadora e inversionista del Estado generó…

p. 143
02Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · p. 981 cita
[2]

titulo profesional para ejercer. Por esta misma ley se suprimen las universidades, las cuales, de hecho, ya estaban bastante desmoronadas para esa época. Todo eso conduce a que la juventud co- lombiana, ansiosa de conocimiento, dirigiese sus ojos hacia Europa, y en especial a Francia y a In- glaterra, en donde se…

p. 98
03Memorias para la historia de la medicina en Santafé de BogotáPedro María Ibáñez · 2017 · p. 1061 cita
[3]

y método curativo de la disentería idiopática, y que descubre la disentería mecánica, desconocida hasta hoy en la historia de la medicina, sobre la cual haremos una apreciación más adelante. En 1828 publicó don Manuel María Quijano dos es- tudios científicos: el primero sobre el Contraveneno de la víbora, y el segundo…

p. 106
04La hegemonía conservadoraRubén Sierra Mejía (editor) · 2018 · p. 437, 4522 citas
[4]

Libro 8, Actas de las sesiones del 16 de marzo, 30 de marzo, 1º de junio, 10 de agosto, 26 de octubre, 9 de noviembre y 26 de octubre de 1927. Libro 8, Actas de las sesiones del 9 de mayo, 18 de julio y 28 de noviembre de 1928. Libro 14, Actas de las sesiones del 6 de febrero, 20 de febrero, 6 de marzo, 17 de abril,…

p. 437
[11]

estará la ciudad amenazada por las epidemias, ya que ni el barrido de las calles, ni la desinfección domiciliaria pueden llevarse á cabo faltando el principal factor requerido para las labores de la higiene (adb, 1910, fl. 289). Otros factores geográficos estudiados en relación con la salubridad fueron la topografía…

p. 452
05Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 548, 561, 5643 citas
[5]

Topo. (222-223): 58-65. Zulaika, Joseba 1990 Violencia vasca: m etáfora y sacram ento. Madrid: Editorial Ner I c u e r p o, g é n e r o y s e x u a l id a d e s La disposición del gobierno de la vida: acercamiento a la práctica biopolítica en Colombia1 Z a n d r a P e d r a z a 2 E ste artículo da cuenta de la forma…

p. 548
[31]

el desarrollo de laboratorios de patología, el establecimiento de dispensarios y la atención en zonas particularmente importantes para la agricultura de exportación. Asimismo, se generalizó el uso de información estadística para la identificación y descripción de la situación higiénica de diversas poblaciones del…

p. 564
[38]

ven asomar las primeras acciones que sugieren que toma forma una razón biopolítica. Se la identifica por las inquietudes que causaban ciertas enfermedades que podían afectar aspectos comerciales y económicos, determinados rasgos de los habitantes y sus formas de vida, las características de las ciudades y de su…

p. 561
06Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 2761 cita
[6]

una epidemia de fiebre amarilla en Santander. También se organizaron campañas contra las enfermedades de Capítulo 13 277 siempre: fiebre tifoidea, disentería, rabia, viruela, peste, lepra, tubercu- losis, enfermedades venéreas, etc. En 1927 el Ministerio de Instrucción adopta el nombre de Ministerio de Educación y…

p. 276
07Colombia: Territorial Rule and the Llanos FrontierJane M. Rausch · 1999 · p. 130, 3392 citas
[7]

in alarming proportions, and diseases of the liver and spleen were common. In 1919 the Rockefeller Foundation signed an agreement with Colombia to begin a campaign to eradicate hookworm, the cause of tropical anemia, and in 1925 its first Sanitary Commission arrived in Villavicencio. The commissioners treated hundreds…

p. 339
[27]

of 69,825 pesos. The effect of these developments can be seen in Meta, where the education budget increased from 3,850 pesos in 1935 to 10,960 pesos in 1937, and the number of public schools grew from two to twelve to complement the sixteen run by the Montfort Fathers. The government built four new school buildings,…

p. 130
08Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 1721 cita
[8]

atribuidas por el artículo 14 del decretoley 1050 de 1968, dirige, mondin y controla las dependencias adscritas a ai despacio, i 4. Pirección Conoral Administrativa. Propoñe planes de acción para trazar lmi políticas un materia actministraliva; vigila el cumplimimto de lan normas ael minis: tralives de obligatoria…

p. 172
09Homofobia y agresiones verbales: La sanción por transgredir la masculinidad hegemónica. Colombia 1936-1980Walter Alonso Bustamante Tejada · 2008 · p. 461 cita
[9]

i s m i nuci6n 1 2 Coinciden diferentes historiadores en afirmar, unos con mayor �nfasis que otros, que en " las primeras d�cadas del siglo x x Colombia conoce por primera vez desde Ia lndependencia, cierto grade de estabilidad polltica y social ". M. Arrubla y otros, op. cit., p. 1 86. 4 6 HOM OFOBIA Y AGRESIONES…

p. 46
10Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 841 cita
[12]

de higiene, siendo vistos como un signo de modernidad y urbanización. La plaza principal fue la del Mercado de Medellín. En Bo- gotá se construyó el nuevo Mercado Central (1921) y en los años siguientes se construyeron los de Las Cruces y Las Nieves. En el país se destacan las plazas de Lorica, Honda, Pamplona y…

p. 84
11Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 1471 cita
[13]

alcantarillados fueron desarrollados de forma paulatina, esto debido a la construcción de fábricas o vertederos de aguas negras en las principales fuentes hídricas de la ciudad y a la alta mortalidad infantil que esto causó, de manera que el cambio que necesitó la ciudad no solo fue de infraestructura, sino de hábitos…

p. 147
12El poder de la carne. Historias de ganaderías en la primera mitad del siglo XX en ColombiaAlberto G. Flórez-Malagón (ed.), Luis Guillermo Baptiste, Ingrid Johanna Bolívar, Stefania Gallini, Shawn Van Ausdal · 2008 · p. 231, 254, 2573 citas
[14]

malestar creciente que generaban algunas prácticas de consumo o venta de carne. En un periódico publicado en Cartagena en 1915 se comenta: Hace tiempo venimos notando la frecuencia con que se ven por esas calles de Dios carreras atcsta.das de cueros de res, los cuales si no están en mal estado por lo menos dejan a su…

p. 231
[18]

inscrita en un marco más amplio. Preguntarse por el consumo de carne es, desde esta perspectiva, preguntarse por la salubridad y por la práctica de la medicina en el país; es tratar a las enfermedades como "manifestaciones específicas de la estructura social" y no tanto como "formas parológicas" 87 • Un editorial de…

p. 254
[36]

la Revista de la Facultad de Medicina. Al ministro de Higiene no le extrañaba la oposi- ción de los concejales al concepto médico sobre la importancia de refrigerar la carne. Bejarano comentó que el sistema de refrigeración ("descubierto en 1873 en Francia"): "solamente (es) discutido y puesto en tela de juicio en…

p. 257
13Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 2961 cita
[15]

del agua, iba a la par con las solicitudes de los habitantes que im- ploraban por unas ciudades más limpias para evitar las enfermedades y sobre todo las epidemias. Las descripciones existentes de las ciudades siempre recalcan la suciedad. La lluvia, los gallinazos y los cerdos no sólo eran una parte del paisaje…

p. 296
14Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoriaAna María Gómez Londoño (editora), Carl Henrik Langebaek Rueda, Jorge Augusto Gamboa Mendoza, Michael J. Francis, Marta Clemencia Herrera Ángel, François Correa Rubio, Óscar Guarín Martínez, Hermann Trimborn, Luis Fernando Restrepo, Mercedes López Rodríguez, Carlos Andrés Durán · 2005 · p. 1801 cita
[16]

fue el Teatro Municipal de Bogotá, entre mayo y octubre de 1920, con la “famosa discusión de las razas”. Desde 1918, Miguel Jiménez López, médico conservador de Boyacá, abrió la polémica en el Tercer Congreso Nacional de Médicos con la tesis “Nuestras razas decaen”. Decadencia sustentada en “la inferioridad…

p. 180
15Pensar el siglo XIX. Cultura, biopolítica y modernidad en ColombiaSantiago Castro-Gómez (ed.) · 2004 · p. 305, 3212 citas
[17]

Linotipos de El Espectador.. (1920b) Nuestras razas decaen: Algunos signos de degeneración colectiva en Colombia y en los países similares. Bogotá: Imprenta y Litografía de J u a n Casis.. (1929) LaiiwrágraciónarnarillaalaAmérica. Bogotá: Minerva.. (1933) "Las bases de la reforma educacional en Colombia". Revista…

p. 321
[19]

de Jesús". Además de la adecuación de tecnologías de normalización en centros asistenciales, tales como largos tratamientos psiquiátricos (algunos de ellos incluían tratamientos de eléctromedicina, tratamientos eléctricos coadyuvantes y hasta tratamientos homeopáticos), se llevaron a cabo jornadas de educación en…

p. 305
16Estudios interdisciplinarios de las élites en ColombiaCatalina Acosta Oidor, Alexander Gamba Trimiño, Verónica Salazar Baena · 2023 · p. 2051 cita
[20]

estudio, por lo que a inicios del siglo xx en Colombia esta comenzó a ser vista como la etapa más importante del desarrollo humano. En este caso, algunos pedagogos como Gabriel Anzola y el médico Miguel Jiménez López propusieron que la implementación de una pe - dagogía activa (juegos, gimnasia y excursiones) podría…

p. 205
17Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · p. 1701 cita
[21]

que los obreros, especialmente varones, socializaran su inconformidad con el orden laboral. Por ello las campañas anti-alcohólicas y moralizantes tenían desde el principio un claro sello de clase (18). 2. Las Campañas Moralizadoras Desde comienzos de siglo cuando Rafael Uribe Uribe, haciendo eco de las campañas…

p. 170
18Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IIErnesto Guhl · 2018 · p. 118, 1252 citas
[22]

Gobierno Nacional vio en el consumo excesivo de una chicha antihigiénicamente preparada, una de las causas de los acontecimientos del 9 de abril de 1948: 119 Cínídice: iírstaóí oa rt uaíuhelge fhípcjen Víntday cc. Gaíuhelge mtdeye El 9 de abril de 1948, sobre el cual se ha escrito mu- cho pero se ha investigado poco,…

p. 118
[37]

una encuesta realizada por el Instituto Nacional de Nutrición, el consumo diario promedio por persona es de 1. 812 calorías y 46, 1 gramos de proteínas, de los cuales sólo el 18, 7 % eran de origen animal. Este consumo está muy por debajo de los requerimientos estimados por la Organización de las Naciones Unidas para…

p. 125
19Blancos, no blancos, casi blancos. Cuerpo, color y belleza en Colombia, segunda mitad del siglo XXPietro Pisano · 2019 · p. 1631 cita
[23]

concluyeron, su adopción, haría de ellos personas más limpias y modernas (C-1804, 1951: 4). Los habitantes de pueblos sabaneros como Fontibón, Bosa, Usaquén, Usme, Engativá y Suba, fueron indicados como otro peligro para la modernidad que Bogotá quería alcanzar. Todos “de definido ancestro chibcha”, eran habitados,…

p. 163
20Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 2791 cita
[24]

y aquellos que hayan podido tomar leche continuamente además de estar mejor nutridos serán los consumidores de mañana. ¿A quién se le va a vender la leche mañana si los niños de hoy no la toman porque no es buena o porque por una u otra razón quien debiera dársela no se la da? (BG, 1943, No. 4). Pero la propuesta se…

p. 279
21Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 139, 1422 citas
[25]

en el caso de la hoja de coca: como se verá más adelante, cuando la coca aún no había sido afectada por el prohibicio- nismo internacional, en Colombia se realizó una campaña agresiva, aunque fracasada, para su erradicación. Alcohol y prohibición en la Colonia A diferencia de lo que ocurre, por ejemplo, con México,…

p. 139
[26]

1697. La prohibición no tuvo éxito: el consumo continuó extendién- dose y los productores satisficieron la demanda incentivados por las grandes ganancias que obtenían. Se dijo incluso que el aguardiente “se fabricaba en los trapiches o ingenios de azúcar que están en la gente más poderosa y válida del Reyno”. 12 En…

p. 142
22El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · p. 1861 cita
[28]

«el paludismo domina en todas sus formas y la fiebre amarilla penetró en el año 1884 sin perdonar a casi ninguno de sus habitantes. Hoy (1897) no se refiere ningún caso gracias a la inmunidad que confirió la primera epidemia». La epide- mia no venía de Cúcuta que la padeció en 1883, su foco parecía ser Maracaibo,…

p. 186
23El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 2611 cita
[29]

comienza en Chía, "donde ya le sirven a uno dos sopas". Otro hacendado sabanero escribió en 1946 que los indios son "hipócritas, taimados y maliciosos, sus descendientes han venido siendo los mejores políticos colombianos". C. Pardo Umafía, Haciendas de la Sabana: su historia, sus leyendas y tradiciones, pp. 18-19.…

p. 261
24La colonización antioqueña en el occidente de ColombiaJames J. Parsons · 1997 · p. 831 cita
[30]

1965 se reportaron 3.700 casos de tuberculosis en Antio- quia y Caldas y 25.000 casos de enfermedades venéreas, o sea el40% del total para Colombia. Este fenómeno es en gran parte atribuible a la proliferación de la prostitución entre los antioqueños. Cada pueblo tiene su barrio de tolerancia con la debida…

p. 83
25Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850–1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 2771 cita
[32]

in its contents, but not in tone, which is straightforward, practical, and meticulous; in , the Código de máximas y preceptos de moral, virtud y urbanidad para instrucción, uso y prove- cho de mis adoradas hijas, by Manuel María Zaldúa, here the religious motivations overrun the practical advice; in , by the…

p. 277
26Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850-1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 2771 cita
[33]

in its contents, but not in tone, which is straightforward, practical, and meticulous; in , the Código de máximas y preceptos de moral, virtud y urbanidad para instrucción, uso y prove- cho de mis adoradas hijas, by Manuel María Zaldúa, here the religious motivations overrun the practical advice; in , by the…

p. 277
27Nociones de urbanidad y buenas manerasManuel Antonio Carreño, Rufino Cuervo y Barreto · 2016 · p. 1, 602 citas
[34]

MANUEL A. CARREÑO y RUFINO CUERVO y BARRETO NOCIONE s d E URBANI d A d y BUENA s MANERA s urbanidad MANUEL A. CARREÑO y RUFINO CUERVO y BARRETO NOCIONE s d E URBANI d A d y BUENA s MANERA s urbanidad Carreño, Manuel Antonio, 1812-1874, autor Nociones de urbanidad y buenas maneras [recurso electrónico] / Manuel Antonio…

p. 1
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operación por lo menos una vez en el día, y además, en todos aquellos casos extraordinarios en que la necesidad así lo exija. Acostumbrémonos a usar con alguna frecuencia y aun diariamente el baño de ducha o de tina, sin el cual difícilmente podemos estar debida- mente aseados y gozar de buena salud. vii. Como los…

p. 60
28Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 2911 cita
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ó n m é dica segu í a siendo excepcional para la mayo r í a de la poblaci ó n. Para ofrecer apoyo m é dico (y una pensi ó n de retiro) a los tra bajadores de la gran industria y el sector p ú blico, se cre ó en 1948 el Instituto Colombiano de Seguros Sociales. Sin embargo, nunca logr ó atender a m á s de 20% de los…

p. 291