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Hecho histórico · Nueva Granada · 1831–1862

Epidemia de cólera de 1849 en el Caribe neogranadino

En el segundo semestre de 1849, un brote de cólera morbo recorrió los puertos y las riberas del bajo Magdalena, matando a unas 2.400 personas en Cartagena —cerca de la cuarta parte de su población—, a 1.300 en Barranquilla, a 790 en Mompox y a miles más en poblaciones ribereñas, acelerando la reconfiguración del eje comercial caribeño neogranadino.

Epidemia de cólera de 1849 en el Caribe neogranadino
Segundo semestre de 1849
01

Ficha del acontecimiento

Síntesis

Cuándo
Segundo semestre de 1849
Dónde
Barranquilla, Mompox, Ciénaga, Costa Caribe, Nueva Granada, Cartagena de Indias, Santa Marta, San Estanislao, Cerro de San Antonio, Sitionuevo, Remolino, Río Magdalena
Protagonistas
José Hilario López, Juan José Nieto, José María Obando, Orlando Fals Borda, El Neogranadino (periódico de Bogotá), El Impulso (periódico de Cartagena), Facultad de Medicina de París, Gobierno de la Nueva Granada
02

Lectura causal

Causas, hecho y consecuencias

Causas

  1. Condiciones estructurales del bajo Magdalena: densidad urbana sin infraestructura sanitaria, disposición inadecuada de excretas, contaminación de fuentes de agua, humedales próximos a los asentamientos y circulación intensa de personas y mercancías por vía fluvial y marítima.
  2. Introducción del vibrión desde las Antillas, particularmente desde Cuba donde el cólera era epidémico en 1849, a través del tráfico marítimo con los puertos del litoral neogranadino.
  3. Fragilidad institucional del aparato sanitario neogranadino: cuarentenas insuficientemente aplicadas, escasez de médicos y hospitales, e incapacidad para modificar las prácticas cotidianas de manejo de agua y residuos.
  4. Décadas previas de deterioro demográfico y material en Cartagena y Mompox —resultado de guerras, epidemias recurrentes y emigración de élites— que dejaron a ambas ciudades con poblaciones menguadas y sin recursos para resistir un shock sanitario de esta magnitud.
Segundo semestre de 1849Epidemia de cólera de 1849 en el Caribe neogranadino

Consecuencias

  1. Muerte de aproximadamente la cuarta parte de la población de Cartagena (2.400 personas), completando en pocos meses un proceso de vaciamiento que la guerra de Independencia y la emigración habían venido operando durante tres décadas.
  2. Golpe demográfico sobre Mompox (790 muertos) que consolidó su desplazamiento de los circuitos mercantiles del Magdalena en favor de Magangué y, en última instancia, de Barranquilla.
  3. Aceleración del desplazamiento del eje económico costeño desde Cartagena hacia Barranquilla, cuya posición fluvial sobre el Magdalena la colocaba en ventaja estructural a medida que se consolidaba la navegación a vapor desde 1850.
  4. Evidencia de la debilidad sistémica del Estado neogranadino en materia sanitaria: la respuesta institucional —instrucciones populares, cuarentenas, prensa— fue reconocible como moderna pero incapaz de mitigar los efectos del brote en las parroquias populares y los caseríos ribereños.
  5. Registro cuantitativo del desastre en El Neogranadino del 28 de septiembre de 1849, que fijó cifras por localidad y dibujó con precisión la cuenca epidemiológica del brote a lo largo de la ribera baja del Magdalena.
03

La clave interpretativa

Por qué importa

La epidemia de 1849 es el shock demográfico y sanitario más severo del siglo XIX neogranadino en el litoral Caribe, y constituye un factor material subestimado en la historia económica de la región: la contracción abrupta de Cartagena y Mompox no fue solo consecuencia de la geografía o la política liberal, sino también de miles de muertes que vaciaron casas, talleres y redes comerciales. Entender la bifurcación urbana Cartagena-Barranquilla sin contar este episodio es explicar el resultado sin su causa más inmediata.
04

Desarrollo histórico

La historia completa

La epidemia de cólera de 1849 en el Caribe neogranadino

En el segundo semestre de 1849, un brote de cólera morbo recorrió los puertos y las riberas del bajo Magdalena y dejó una huella demográfica que ninguna otra crisis sanitaria del siglo XIX neogranadino igualaría en el litoral. En Cartagena de Indias mató a unas 2.400 personas —cerca de la cuarta parte de sus habitantes—; en Barranquilla, a 1.300; en Mompox, a 790; y en un rosario de poblaciones ribereñas —San Estanislao, Cerro de San Antonio, Sitionuevo, Ciénaga, Santa Marta, Remolino— sumó otros millares. La epidemia coincidió con el primer año del gobierno reformista de José Hilario López y golpeó una región cuyo eje portuario ya se estaba desplazando: aceleró de forma abrupta la contracción de la Cartagena amurallada, castigó a Mompox en un momento de fragilidad estructural y encontró a Barranquilla, pese a sus propios muertos, en una posición fluvial que la navegación a vapor comenzaba a revalorizar. La reconfiguración del Caribe neogranadino que se consolidaría en las décadas siguientes no fue solo un asunto de geografía, capital o política liberal: tuvo también una escala material —cuerpos, tumbas, casas vacías— que 1849 puso de golpe sobre la mesa.

Cuando el vibrión llegó al Caribe neogranadino, Cartagena arrastraba ya tres décadas largas de retroceso. En 1809, en vísperas del ciclo revolucionario, la ciudad tenía alrededor de 18.000 habitantes. El sitio de Pablo Morillo en 1815 le costó más de un tercio de su población, y la posguerra no revirtió la sangría: hacia mediados del siglo XIX apenas rondaba los 10.000, cifra que se mantendría deprimida al menos hasta 1861. Ese descenso no fue un accidente, sino el resultado acumulado de guerras, pestes recurrentes, deserciones y, sobre todo, la emigración sostenida de sus clases más activas hacia Santa Marta, Panamá y Barranquilla, y hacia los pueblos tabacaleros del interior costeño —El Carmen, Corozal— donde el cultivo para exportación estaba en ascenso. Viajeros extranjeros describían una ciudad donde saltaban a la vista los "cojos, tuertos, leprosos y enfermos de todas clases", imagen de deterioro sanitario que hablaba tanto del abandono material como del vaciamiento humano.

El vacío dejado por la vieja élite cartagenera —la que había sostenido el comercio colonial y financiado las causas patrióticas— fue ocupado en parte por comerciantes extranjeros llegados en las circunstancias del sitio de 1815: italianos como los Bonolis, los Capurros, los Capellas y los Bernines, y el norteamericano Glen, que habían vendido comida seca a precios exorbitantes durante el asedio y que, con esos capitales, se incorporaron como nuevos ricos a la burguesía regional. Durante la guerra civil de 1840 reforzaron con sus recursos a la facción costeña. Junto a ellos, familias como los Nieto —de las que emergería Juan José Nieto— fueron llenando política y socialmente el espacio dejado por la clase dirigente desaparecida. Era una recomposición incompleta, sobre una ciudad demográficamente exhausta.

Mompox, aguas arriba, atravesaba un declive paralelo pero de raíces propias. Su siglo XVII y buena parte del XVIII habían sido de esplendor: emplazada sobre el brazo principal del Magdalena, gravaba cuanto subía o bajaba, con bodegas repletas de velas, vino, herramientas, algodón, tabaco y corteza de cinchona, y orfebres hábiles que trabajaban el oro traído de Simití. La guerra de Independencia le costó su élite dinámica y sus líderes intermedios de ascendencia africana, y el declive demográfico posterior fue pronunciado: tras la Independencia las mujeres mayores de dieciséis años superaban en número a los hombres, resultado que se aviene con las bajas masculinas de la guerra. La elevación de Mompox a capital de la Provincia del mismo nombre, con jurisdicción sobre un territorio que llegaba hasta Simití y Ocaña, no bastó para revertirlo. El obispo de Cartagena Juan Hermenegildo de León, que la visitó en aquellos años, constató un estado de "atraso y decadencia generales". Mompox seguía siendo la escala obligada de la ruta fluvial y el lugar donde se construían la mayoría de champanes y se contrataban las bogas, pero esa centralidad se debía más a la ausencia de un competidor consolidado que a un dinamismo propio.

Barranquilla era una ciudad de formación más reciente y de élite menos asentada. Su ventaja no residía en instituciones ni en tradición mercantil, sino en su localización en la margen occidental del río Magdalena, que la enlazaba directamente con el interior andino y el Caribe. En 1849 aún no había resuelto el problema de la barra de arena que obstruía la salida al mar —la solución ferroviaria hacia Sabanilla llegaría en 1870—, pero desde 1850, con la abolición de los monopolios y la consolidación de la navegación a vapor por el Magdalena, la ventaja geográfica empezaría a traducirse en ventaja comercial efectiva. Sus almacenes se caracterizaban por una gran diversidad de artículos y una escasa división del trabajo, propia de un puerto en formación cuyo comercio, ya en esos años, sufría interrupciones recurrentes tanto por epidemias como por levantamientos armados.

Sobre este mapa asimétrico —Cartagena en retroceso, Mompox en decadencia, Barranquilla en germen— cayó el cólera. El terreno epidemiológico no le era ajeno. Las tierras bajas del bajo Magdalena eran percibidas por los contemporáneos como una de las zonas de supervivencia más dura del territorio: Mompox pasaba por ser el lugar más caluroso de las Indias, y sus humedales, la vegetación en descomposición y la humedad extrema se asociaban a pestilencias endémicas. La distribución poblacional del país lo confirmaba: los grandes núcleos humanos se concentraban en el altiplano cundiboyacense y Santander, mientras que el Magdalena Medio permanecía escasamente poblado salvo en puntos excepcionales del cauce. La disposición inadecuada de excretas, la contaminación del suelo, calles sin drenaje, la presencia de cerdos y gallinazos en el espacio urbano eran problemas que la propia prensa y las autoridades reconocían como antesala previsible de las enfermedades. En 1849, esa antesala estaba tendida.

El cólera morbo asiático había recorrido en oleadas el mundo atlántico desde la década de 1830. Cuando el gobierno neogranadino supo que Cuba estaba siendo azotada epidémicamente, el Poder Ejecutivo encargó a los gobernadores de las provincias marítimas una vigilancia estricta sobre los buques procedentes de las Antillas, que debían someterse a cuarentena rigurosa. La medida se apoyaba en una tradición reciente de intervenciones sanitarias del Estado: entre 1813 y 1833 se habían publicado varias obras científicas sobre enfermedades epidémicas, y en 1831 la Facultad de Medicina había hecho circular una memoria sobre el tratamiento de la fiebre gástrica epidémica. Ante la amenaza del cólera, el gobierno hizo imprimir y distribuir una Instrucción popular para preservarse del contagio del cólera, traducida al castellano directamente de un texto de la Facultad de Medicina de París.

Nada de eso bastó. La cuarentena, cuando funcionaba, tropezaba con la porosidad natural de los puertos caribeños y con el tráfico ininterrumpido de champanes y goletas menores. La instrucción popular, difundida en un país de baja alfabetización, chocaba con prácticas urbanas —el manejo de aguas, la conservación de alimentos, la ausencia de drenajes— que ninguna orden gubernativa podía transformar de un semestre para otro. El aparato sanitario del Estado neogranadino intentó gestionar el shock desde arriba, pero carecía de la capacidad coordinada para mitigar sus efectos donde más golpearían: en las parroquias populares de las ciudades portuarias y en los caseríos ribereños del bajo Magdalena.

Cuando el brote se declaró, la respuesta se descentralizó a los gobernadores provinciales y a las juntas locales. El gobernador de la Provincia de Cartagena, entonces José María Obando —una de las figuras políticas mayores del liberalismo neogranadino, que ese mismo año se movía entre responsabilidades civiles y militares—, siguió el curso de la epidemia y programó un viaje a Barranquilla para el 12 de julio, aprovechando lo que se leyó como una remisión inicial de la enfermedad. Juan José Nieto, que empezaba a consolidarse como voz política y periodística del Caribe, utilizó El Impulso para comunicar a la ciudadanía de Cartagena que la epidemia había cedido, incluyendo en las parroquias más golpeadas. Era una tregua engañosa: el conteo de muertos, entonces estimado en 600, todavía debía cuadruplicarse.

La reconstrucción cuantitativa del brote descansa en el balance publicado por El Neogranadino de Bogotá el 28 de septiembre de 1849, cuando la epidemia ya cedía y era posible sumar. Las cifras eran contundentes: 2.400 muertos estimados en Cartagena, 1.300 en Barranquilla, 790 en Mompox, 550 en San Estanislao, 505 en Cerro de San Antonio, 470 en Sitionuevo, 404 en Ciénaga, 320 en Santa Marta y 200 en Remolino, entre otras localidades. Sumadas, superaban los 7.000 muertos, y el listado no era exhaustivo: cubría los núcleos con registro civil o eclesiástico suficiente, no la miríada de caseríos y hatos ribereños que también fueron alcanzados.

Dentro de Cartagena, el mapa del contagio siguió la geografía de la desigualdad urbana. Santo Toribio y la Trinidad —esta última en el arrabal de Getsemaní, extramuros, tradicionalmente el barrio de artesanos, bogas y trabajadores del puerto— fueron las parroquias más castigadas; la densidad humana, la escasez de agua limpia y la ausencia de infraestructura sanitaria multiplicaron allí la letalidad. Los 2.400 muertos representaban cerca de la cuarta parte de la población de la ciudad, y el hecho de que la epidemia se cebara en los sectores populares completó, en pocos meses, un proceso de vaciamiento que la guerra y la emigración habían venido operando durante tres décadas.

En cifras absolutas, Barranquilla perdió menos que Cartagena, pero sus 1.300 muertos resultaron proporcionalmente devastadores en un núcleo urbano todavía pequeño, cuyo crecimiento demográfico —notable entre 1851 y 1870— habría de operar sobre una base recortada por el brote. Mompox sufrió sus 790 muertos sobre una población ya menguada por el declive posindependencia; sumado al desequilibrio demográfico de género y a la pérdida previa de élite comercial, el golpe consolidó su expulsión de los circuitos mercantiles del Magdalena en favor de Magangué y, en última instancia, de la propia Barranquilla. El listado de las poblaciones intermedias —San Estanislao, Sitionuevo, Cerro de San Antonio, Ciénaga, Remolino— dibuja con precisión la cuenca sanitaria del brote: la ribera baja del Magdalena y su desembocadura, con Santa Marta como extremo oriental y Cartagena como extremo occidental, formaron un continuo epidemiológico donde el cólera avanzó siguiendo, previsiblemente, las rutas del comercio fluvial y cabotero.

El desfase entre las declaraciones locales de remisión y el conteo final es uno de los datos más elocuentes del episodio. Cuando Nieto anunció en El Impulso que la epidemia había cedido, el balance parcial era de 600 muertos; el balance final ascendió a 2.400 en la sola Cartagena. Como es característico del cólera en zonas endémicamente insalubres, el brote tuvo curvas irregulares con remisiones aparentes seguidas de rebrotes. El viaje que Obando programó a Barranquilla para el 12 de julio, sobre la base de esa remisión aparente, ilustra cómo la información sanitaria disponible engañaba incluso a los funcionarios mejor situados.

Explicar el desastre exige distinguir planos. En el plano estructural, el bajo Magdalena reunía condiciones que hacían previsible que cualquier vibrión introducido en la región prosperara: densidad urbana sin infraestructura sanitaria, disposición inadecuada de excretas y basuras, contaminación de fuentes de agua, humedales próximos a los asentamientos, calor y humedad sostenidos, y una circulación intensa de personas y mercancías entre puertos y caseríos ribereños. La percepción contemporánea de que el litoral y la cuenca del Magdalena eran ambientes hostiles a la salud humana —hasta el punto de que la propia "raza europea" requería aclimatación prolongada— tenía una base empírica: paludismo, fiebre amarilla, disentería y fiebres tropicales eran endémicas o recurrentes, y la mortalidad infantil era probablemente mayor en las zonas bajas que en el altiplano. Sobre ese piso epidemiológico, un patógeno de transmisión hídrica como el cólera encontró condiciones óptimas.

En el plano coyuntural, el detonante fue el tráfico marítimo con las Antillas, y particularmente con Cuba, donde el cólera era epidémico en 1849. La cuarentena decretada por el Ejecutivo neogranadino sobre buques procedentes de las Antillas reconocía explícitamente ese vector, pero su aplicación fue insuficiente. Una vez desembarcado el vibrión en algún punto del litoral —Cartagena, Santa Marta o Sabanilla son candidatos verosímiles—, la cadena fluvial del Magdalena hizo el resto: bogas, champanes, pasajeros y mercancías subiendo y bajando el río llevaron la enfermedad a Mompox y a los caseríos intermedios en cuestión de semanas.

En el plano institucional, la respuesta estatal fue diligente en el papel y frágil en la práctica. La Instrucción popular traducida de la Facultad de Medicina de París, las cuarentenas encomendadas a los gobernadores, la circulación de información sanitaria por la prensa —El Impulso en Cartagena, El Neogranadino en Bogotá— configuraron una respuesta reconocible como moderna. Pero el aparato sanitario carecía de médicos suficientes, de hospitales adecuados, de infraestructura urbana básica y, sobre todo, de capacidad para intervenir en las prácticas cotidianas de manejo de agua y residuos. La desigualdad de resultados entre ciudades no refleja tanto la fortaleza o debilidad relativa de sus juntas locales como la debilidad sistémica de un aparato central que aún no existía como tal.

Queda un plano de causalidad social que suele quedar fuera de las crónicas. La letalidad del cólera se concentró en las parroquias populares —Santo Toribio, la Trinidad— y en las poblaciones ribereñas de mayoría afrodescendiente y mestiza, dedicadas al comercio fluvial, la pesca y los oficios portuarios. Fueron esas comunidades, no las élites urbanas, las que aportaron el grueso de los 7.000 muertos contabilizados. La epidemia no fue igualadora: siguió los surcos de la desigualdad social y los profundizó.

Las consecuencias directas del brote se dejaron sentir de inmediato en el tejido demográfico, económico y social del Caribe. La pérdida de una cuarta parte de la población de Cartagena significaba, en un cuerpo urbano ya reducido a 10.000 habitantes, la desaparición de una franja completa de trabajadores, artesanos, bogas y pequeños comerciantes. Barranquilla, con 1.300 muertos, perdió proporcionalmente aún más si se mide contra su base demográfica de la época, aunque los detalles de esa base son imprecisos para ese año.

El comercio se paralizó durante meses. Los almacenes barranquilleros, caracterizados por su diversidad de artículos y su escasa división del trabajo, dependían de una circulación constante que las cuarentenas locales y la mortalidad de bogas y jornaleros interrumpieron. En Cartagena, cuya actividad comercial ya estaba debilitada por el declive acumulado, el brote añadió un semestre de virtual paralización. La ausencia de instituciones bancarias formales significaba que los comerciantes del Caribe operaban con crédito informal respaldado en bienes raíces y haciendas: una parálisis prolongada podía comprometer esas cadenas.

En Mompox, el impacto se sumó a un declive de largo plazo. Los 790 muertos representaban una fracción sustancial de una población ya menguada, y golpearon a un núcleo cuya centralidad en la construcción de champanes y en la contratación de bogas dependía precisamente de la disponibilidad de mano de obra especializada. Perder cientos de esos trabajadores en pocos meses no era un contratiempo pasajero, sino un daño estructural a la única función económica que aún justificaba la posición de Mompox en el circuito fluvial.

La respuesta pública se agotó en el propio brote. Nieto usó El Impulso para comunicar la remisión y calmar a la ciudadanía; Obando reanudó su agenda oficial con el viaje a Barranquilla; El Neogranadino publicó el balance de septiembre y, con él, el episodio pasó del campo de la emergencia sanitaria al de la contabilidad póstuma. No hubo, en el plano nacional, una reflexión sistemática que se tradujera en reforma de la infraestructura sanitaria de las ciudades costeñas. Las reformas liberales del gobierno de López y del que le seguiría se concentraron en la abolición de la esclavitud, la liberalización del comercio, la separación Iglesia-Estado, la descentralización fiscal: prioridades importantes que, sin embargo, dejaban intacto el sustrato material sobre el que el próximo brote —y habría otros en el siglo— encontraría idénticas condiciones.

El efecto más duradero del cólera de 1849 no se leyó en cifras del semestre siguiente, sino en la trayectoria de las décadas que vinieron. La bifurcación entre Cartagena y Barranquilla dominaría el Caribe neogranadino y colombiano hasta bien entrado el siglo XX, y tuvo causas anteriores e independientes de la epidemia. Pesaban la geografía fluvial de Barranquilla, la consolidación de la navegación a vapor por el Magdalena desde 1850, la emigración previa de las clases activas cartageneras hacia el nuevo puerto y la persistente rivalidad de Santa Marta con Cartagena por el comercio trasatlántico. El cólera no creó esa asimetría; la aceleró de forma decisiva.

Cartagena, que hacia mediados de siglo tenía aproximadamente 10.000 habitantes, seguía teniendo aproximadamente esa misma cifra en 1861, cuando atravesaba uno de sus períodos de mayor depresión económica y demográfica del siglo XIX. En una década crucial, mientras el país en su conjunto crecía a una tasa demográfica anual del orden del 1,6-1,8%, y mientras Barranquilla iniciaba su despegue, Cartagena permanecía estancada. Que no aparezca con dato censal fiable entre 1851 y 1864 en las series comparativas es en sí mismo un síntoma de esa marginación. El cólera había hecho, en un semestre, lo que la guerra y la emigración habían hecho en tres décadas: consolidar un umbral de despoblación del que la ciudad tardaría en salir.

Barranquilla, pese a haber perdido 1.300 personas, absorbió el vacío. Su población creció de forma notable entre 1851 y 1870, aprovechando cuatro convergencias: la posición fluvial sobre el Magdalena, la abolición de los monopolios de navegación, la expansión del vapor y la emigración sostenida de los cartageneros más activos que ya venían llegando y que, tras el brote, encontraron aún más razones para quedarse. La solución de la barra de arena mediante el tramo ferroviario a Sabanilla en 1870 completó el proceso, pero en 1849 el destino portuario del Caribe colombiano ya se había inclinado. El desplazamiento tardaría décadas en cuajar en oficinas consulares, aranceles y estadísticas de tonelaje; sobre el terreno —muelles, bodegas, casas comerciales, familias mudándose— la epidemia de 1849 fue el punto en que la balanza dejó de oscilar.

Mompox fue, en muchos sentidos, el gran perdedor silencioso. No volvió a recuperar la centralidad que había tenido en el circuito fluvial. La burguesía comercial regional siguió fomentando ferias locales —Mompox, Magangué, Tacasuán, Calamar— pero el eje se desplazó hacia Magangué, mejor situado en la nueva geografía del vapor. Cuando la ciudad sufrió, más adelante, otros golpes como el incendio de 1854, encontró un tejido ya debilitado por la doble sangría de la Independencia y del cólera. Su patrimonio orfebre, sus artesanos, su función de escala fluvial, sobrevivieron como huellas antes que como economías vivas.

El listado de poblaciones intermedias —San Estanislao, Sitionuevo, Cerro de San Antonio, Ciénaga, Remolino— sufrió una alteración menos visible pero no menor. En caseríos de pocos miles de habitantes, la pérdida de 400 o 500 personas en un semestre significaba una descomposición del tejido productivo local que difícilmente se recupera. Estas poblaciones, muchas de mayoría afrodescendiente, funcionaban como eslabones del comercio fluvial y de la pesca; su debilitamiento redistribuyó actividad hacia los nodos mayores y contribuyó a la concentración creciente en Barranquilla y su hinterland.

En el plano institucional, el episodio dejó una lección que se tradujo lentamente en política pública. La higiene urbana, el manejo de aguas, la disposición de excretas, la vigilancia epidemiológica seguirían siendo problemas irresueltos en las ciudades del Caribe durante buena parte del siglo XIX, y el país tendría que enfrentar nuevos brotes —de cólera, de fiebre amarilla, de otras enfermedades— con los mismos instrumentos frágiles: cuarentenas irregulares, instrucciones traducidas de manuales franceses, prensa como vehículo principal de alerta. Solo hacia finales del siglo, con la profesionalización de la medicina y el impulso higienista, empezaría a construirse algo parecido a una infraestructura sanitaria moderna. Para entonces, la bifurcación portuaria consumada en el medio siglo ya era irreversible.

La historiografía económica del siglo XIX colombiano ha explicado el ascenso de Barranquilla y el declive de Cartagena a partir de tres grandes factores: la geografía fluvial, la navegación a vapor y las políticas comerciales del liberalismo. Los tres son ciertos y los tres resultan insuficientes sin un cuarto plano: el material. La epidemia de 1849, que no fue un episodio sanitario aislado sino un shock demográfico de dimensiones históricas, hizo por la bifurcación del eje portuario caribeño lo que ninguna decisión política podía hacer con esa rapidez. Reponer ese factor no contradice las explicaciones estructurales: las completa.

El episodio conserva vigencia por otra razón. La epidemia expuso, en 1849, la asimetría entre un Estado central capaz de traducir manuales de París y decretar cuarentenas, y unas ciudades que carecían de la infraestructura básica para sobrevivir a un brote hídrico. Esa asimetría —entre la capacidad normativa del centro y la capacidad material de los territorios— no fue peculiaridad del cólera ni del liberalismo neogranadino: atravesó todo el siglo XIX colombiano y reapareció, con otros ropajes, en cada crisis sanitaria posterior. El problema no era la ausencia de saber médico ni de voluntad estatal, sino la debilidad sistémica del vínculo entre uno y otro.

Los 7.000 muertos que dejó el brote entre Cartagena y Remolino se cuentan en cuartos de manzana vaciados en Santo Toribio y la Trinidad, familias extinguidas en Mompox, tripulaciones de champanes que no volvieron a subir el río, viudas en el Cerro de San Antonio, huérfanos a cargo de parroquias sobrepasadas. La reconfiguración portuaria del Caribe colombiano se hizo, entre otros factores, sobre esos cuerpos.

05

La época alrededor

Este hecho no ocurrió solo

07

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

25 documentos · 31 fragmentos
01Historia doble de la Costa. Tomo 2: El Presidente NietoOrlando Fals Borda · 2002 · p. 128, 165, 1993 citas
[1]pudo Nieto comunicar en El Impulso a la ciu- dadanía que la epidemia había cedido, hasta en las parroquias de Santo Toribio y la Trinidad que habían sido las más afecta- das. El gobernador Obando programó así un viaje a Barranqui- lla, para el 12 de julio; y la gente volvió a hablar de juegos, de los toros, de los…p. 199
[2]y activas se estaban yendo o se habían ido a otros sitios de mayor movimiento (Santa Marta, Panamá y Barranquilla) y a los pueblos de las sabanas de Bolívar, especialmente El Carmen y Corozal donde empeza- ba a intensificarse la antigua siembra de tabaco para exporta- ción. La crisis se palpaba en la pobreza y miseria…p. 165
[5]el asedio que los españoles hicieron a Cartagena en 1815. La especulación empezó con la venta de comida seca que había quedado en manos de comerciantes extranjeros (algunos italianos como los Bonolis, Capurros, Capellas y Bernines, y el norteamericano Glen), puesta a pre- cios exorbitantes. Estos agiotistas se sumaron…p. 128
02Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · p. 418, 6332 citas
[3]e s m e rc a n tile s, p o r lo q u e lo s c o m e rc ia n te s c o n fre c u e n c ia se a tra s a b a n e n sus re g is tro s c o n ta b le s. L a C á m a ra de C o m e rc io de C a rta g e n a n o m b r ó en 1917 u n a c o m is ió n, en ca be za d a p o r C a rlo s d e l C a s tillo de la E., p a ra q u e c o n ju…p. 633
[12]r a e lmonto de l af a c t u r a. E l acceso a lCauca l o hacíanat r a v é sd e lr í oAt r a t oh a s t aQuibdóyN ó v i t a,internándoseporCalimayDagua, h a s t a C a l i.También u t i l i z a b a n l ar u t ad e lMagdalena h a s t a Honda. Losb i e n e sr a í c e syl a shaciendaserani n v e r s i o n e…p. 418
03Historia de Colombia. La Independencia II. Tomo 8Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); Ricardo Martín (dir. de la obra); German Arciniegas y otros colaboradores · 1988 · p. 281 cita
[4]dia a los nativos lares. Como es de suponer, cuando finalmente el ge- neral Morillo y sus tropas penetraron en la ciudad, 859 lo que encontraron fue el mas macabro de los es- pectaculos: cadaveres, ruina, miseria, muerte por todas partes. Don Lino de Pombo, testigo presencial del asedio, y otros coeténeos, como el…p. 28
04Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · 2004 · p. 2371 cita
[6]women over sixteen years of age outnumbered men (respectively, . and . women per . men). 120 Mompox remained a trade and contraband center, the major stopover on the route between the coast and the interior, and the place where most champanes were built and most bogas contracted. It also comprised many…p. 237
05Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · p. 2371 cita
[7]women over sixteen years of age outnumbered men (respectively, . and . women per . men). 120 Mompox remained a trade and contraband center, the major stopover on the route between the coast and the interior, and the place where most champanes were built and most bogas contracted. It also comprised many…p. 237
06Resistencia en el San JorgeOrlando Fals Borda · 2002 · p. 2381 cita
[8]muy diferente de como ocurrió en Europa en siglos pasados. Por lo tanto, podemos ver el proceso de acumulación origi- naria de capital también como descomposición de la clase domi- nante desde otro punto de vista, proceso que tuvo —como en el del campesinado— sus lados patológicos y de desorganización social (cf.…p. 238
07Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 330, 3342 citas
[9]que aguantaban la travesía viajaron hasta Bogotá. La mayoría se llevaron sus riquezas —además de sus títulos y su linaje— a Mompox, un asentamiento ideal por su ubicación: suficientemente lejos del mar, pero con la cercanía justa para que los mercaderes y comerciantes, los contrabandistas y especuladores pudieran…p. 334
[19]de los poblados que nacieron en ese período —una ola de conquistas que condujo a la fundación de Barrancabermeja y Cali en 1536, de Popayán en 1537, de Tunja en 1539 y de Santa Fe de Antioquia en 1541—, en sus primeros años Mompox sobrevivió a duras penas. Para aquellos acostumbrados a las comodidades de España —los…p. 330
08Memorias para la historia de la medicina en Santafé de BogotáPedro María Ibáñez · 2017 · p. 1191 cita
[10]epidémicamente la Isla de Cuba, encargó a los Gobernadores de las Provincias ma- rítimas gran vigilancia sobre los buques que arribasen de las Antillas, los que debían sujetarse a rigurosa cuarente- na; y oficialmente hizo imprimir una Instrucción popular para preservarse del contagio del cólera, escrita por comi-…p. 119
09El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · p. 551 cita
[11]que se mueven por las calles bajo el sol tropical. Por la noche se les deja en libertad y vagan de un lado para otro; dada su sobriedad, se contentan con hallar un poco de alimento. Las visitas a nuestros compatriotas acabaron por po- nernos en situación de conocer más en detalle sus res- pectivos negocios. En…p. 55
10Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 153, 2062 citas
[13]651.714 768.847 27 37 Totales 786.983 1.129.174 1.570.859 1.812.582 2.105.622 100 100 FUENTES: El presente cuadro se ha levantado siguiendo la división territorial establecida por la Ley 25 de junio de 1824, que creó para la actual Colombia 4 departamentos y 15 provincias así: depto. de Boyacá, constituido por las…p. 153
[17]bastante altas cuando se comparan con las cifras contemporáneas de otros países. La alta natalidad dependía en parte de la ausencia casi total de medidas de control de los nacimientos, y en parte de una elevada frecuencia de las uniones tempranas. No existen estudios que permitan comparar estos aspectos entre…p. 206
11Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 591 cita
[14]means, therefore, that Cundinamarca was the most populated department that made up the fledgling independent nation- state, since it held close to 50 percent of the total population. Table 2.1 shows how during the two hundred years of the Colombian republic, the population multiplied roughly forty- two- fold. This…p. 59
12Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 1691 cita
[15]Cúcuta. No fue posible incluir a Cartagena por falta de estimativos de población confiables antes de 1912. Ospina Vásquez, quien no tenía información cuantitativa a su disposición, escribe, refiriéndose a los puertos, que "con el aumento del comercio internacional, comen- zando en 1850, aumentó también la importancia…p. 169
13Peregrinación de AlphaManuel Ancízar · 2016 · p. 4881 cita
[16]en embrión la agricul - tura y aún por nacer las artes que de ella se derivan, pero también se infiere a priori que los medios de existencia deben superabundar. Si para comprobar esto consultamos las tablas del movimiento de población en 1850, hallamos que en efecto las supervivencias excedieron a las defuncio - nes…p. 488
14Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 2101 cita
[18]en el actual territorio de Colombia, se concentraba en el altiplano cundiboyacense y en Santander, en tanto que, por ejemplo, en el Magdalena Medio donde históricamente se han dado las condiciones más duras para la supervi- vencia del Hombre, se encontraba poco menos que deshabitada, con algunos lugares de carácter…p. 210
15Notas de viaje sobre Venezuela y ColombiaMiguel Cané · 2016 · p. 551 cita
[20]pesar de los inconvenientes del polvo impalpable que se levanta en nubes. Todo el mundo anda en coche cuando se ve obligado a salir y la gente del pueblo tiene por vehículo un burrito microscópico, sobre el cual el jinete va sentado, con los pies apoyados sobre el pescuezo y animándolo con un pequeño palo cuya punta,…p. 55
16Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 5611 cita
[21]ven asomar las primeras acciones que sugieren que toma forma una razón biopolítica. Se la identifica por las inquietudes que causaban ciertas enfermedades que podían afectar aspectos comerciales y económicos, determinados rasgos de los habitantes y sus formas de vida, las características de las ciudades y de su…p. 561
17Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 2961 cita
[22]del agua, iba a la par con las solicitudes de los habitantes que im- ploraban por unas ciudades más limpias para evitar las enfermedades y sobre todo las epidemias. Las descripciones existentes de las ciudades siempre recalcan la suciedad. La lluvia, los gallinazos y los cerdos no sólo eran una parte del paisaje…p. 296
18Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 43, 872 citas
[23]intereses de las empresas. Los beneficios del sector exportador-importador fueron evidentes, y, entre los indirecto s, debe mencionar se la valorización y concen- tración de las tierras beneficiadas. La era del ferrocarril resaltó la importancia del río Magdalena 43 4 Mar co Palacios qu e, una vez más, fue la arter ia…p. 43
[26]colombiana en función del nexo inte rnacional, también c ontribuye ron a integrar lo s corr edores d e tran s portes por los que circulaban proporcional- mente menos pas aj eros de primera clase, como antes, y, de un modo ostensible, ganado y t ra bajadores estacional es y migr atorios en busca de o po rtunid ad es.…p. 87
19Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 2001 cita
[24]la exportación los hicieron viables para los inversionistas: la navegación a vapor y los ferrocarriles. Respecto del primer sistema, ya en el decenio de 1820 fue aprobado por el gobierno de Bolívar y Santander un privilegio para que el empresario alemán, nacionalizado colombiano, Juan Bernardo Elbers adelantara la…p. 200
20Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · p. 3791 cita
[25]los obreros, cuando hablaba de la formación de los 'círculos de miseria' en 1948: "De las colinas que eran su refugio natural, descendieron los humillados y ofendidos... Hacia el sur, hacia el occidente, bien lejos del área céntrica y de los barrios residenciales, se agrupaban los menesterales [sic], los artesanos,…p. 379
21Crónicas de BogotáPedro María Ibáñez · 2014 · p. 571 cita
[27]que venía de remota antigüedad, pues desde tiempos muy lejanos era usado en la China y en la India. A más del aisla- miento, única medida verdaderamente científica, los galenos de la época aplicaban la siguiente terapéutica empírica, que se publicó, y que consistía en cortar el pelo, tisanas nitradas, abrigo, media…p. 57
22Historia económica y social de Colombia IIGermán Colmenares · 1999 · p. 2601 cita
[28]Para 1696, se temía un invierno riguroso y la renovada pérdida de las cosechas debido a una plaga de langostas 20. Al año siguiente, los panade- ros achicaron el pan y tuvieron que abastecerse de harina de fuera, pues no la había en Popayán. No habían transcurí:ido otros dos años, cuando las sementeras se perdieron…p. 260
23Pensar el siglo XIX. Cultura, biopolítica y modernidad en ColombiaSantiago Castro-Gómez (ed.) · 2004 · p. 701 cita
[29]de Alba en ausencia obligada del Virrey, el gobierno central estipula lo siguiente: Que ninguno, por su propio dictamen, haga la inoculación sin consultar previamente o tomar consejo del Médico que sea de su satisfacción; entendiéndose por tales médicos los que están admitidos y reconocidos por la autoridad pública,…p. 70
24Repúblicas en armas. Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 2931 cita
[30]que estas pestes afectan a los militares. Un desertor patriota informa que los cinco hospitales de Páez están llenos de «enfermos con calenturas y llagas». 22 16 La naturaleza de estas enfermedades es difícil de precisar. Los actores nos ofrecen pocas claves. Rebecca Earle, en un paciente trabajo sobre el ejército…p. 293
25Repúblicas en armas: Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 2931 cita
[31]que estas pestes afectan a los militares. Un desertor patriota informa que los cinco hospitales de Páez están llenos de «enfermos con calenturas y llagas». 22 16 La naturaleza de estas enfermedades es difícil de precisar. Los actores nos ofrecen pocas claves. Rebecca Earle, en un paciente trabajo sobre el ejército…p. 293