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Una historia del territorio

Ocaña

Ocaña debe su lugar en la historia colombiana menos a su tamaño que a su posición: situada en la transición entre la cordillera oriental y los valles del Catatumbo, ha funcionado durante cuatro siglos y medio como el umbral obligado entre el…

17 min de lectura36 fuentes

En un recodo de la cordillera oriental, donde las estribaciones de los Andes descienden hacia los valles cálidos del Catatumbo antes de perderse en la frontera con Venezuela, se levanta Ocaña: cabecera municipal del norte de Norte de Santander, segunda ciudad del departamento, y uno de esos lugares cuya importancia en la historia colombiana ha sido siempre desproporcionada respecto de su tamaño. La memoria nacional la fijó en abril de 1828, cuando en su recinto se reunió la Gran Convención que debía reformar la Constitución de Cúcuta y que terminó consagrando la ruptura definitiva entre Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander. Reducirla a ese episodio sería empobrecerla. Ocaña es, antes y después de la Convención, una ciudad-bisagra: nodo obligado entre el Magdalena, el interior neogranadino, el Caribe y Venezuela; plaza de guerra recurrente desde la Reconquista hasta el conflicto contemporáneo; hoy corredor de las economías ilegales que atraviesan la región del Catatumbo. Su historia es la de una encrucijada que el Estado colombiano nunca terminó de integrar y que, precisamente por ese vacío, ha servido de escenario a las crisis del poder central.

La ciudad y su sitio

Ocaña pertenece a la subregión Occidente de Norte de Santander y forma parte de la región del Catatumbo, esa franja del nororiente colombiano atravesada por el río del mismo nombre, hecha de cadenas montañosas, valles tropicales y una larga extensión de frontera con Venezuela. Su posición no es la de un fondo de valle ni la de una cumbre andina: se sitúa en la transición, en el punto donde el interior montañoso empieza a abrirse hacia las tierras bajas del norte. Esa condición geográfica —transición, umbral, paso— es la clave silenciosa de casi todo lo que le ha ocurrido.

Desde tiempos coloniales, la ciudad quedó conectada al río Magdalena por un camino de catorce leguas que la unía con Puerto Nacional, articulándola con la principal arteria fluvial del país. Hacia el oriente, la comunicaba con Pamplona y Cúcuta y, más allá, con Maracaibo y el sistema comercial venezolano. Hacia el norte, con las llanuras del Cesar y con Santa Marta. Hacia el sur, con el interior de la Nueva Granada. Ocaña no es un destino: es un paso. Y esa función de paso —cuando ha sido reconocida por el poder y cuando no— ha determinado su vida material y política a lo largo de cuatro siglos y medio.

La condición de bisagra tiene un correlato administrativo curioso. Durante buena parte del período colonial y republicano temprano, Ocaña perteneció administrativamente a la provincia costeña de Mompox, pese a hallarse geográficamente en la faja oriental. Esa disonancia —una ciudad de montaña adscrita a una provincia de río— llegó al punto de que, en al menos un cómputo estadístico de mediados del siglo XIX, el cantón de Ocaña fue excluido del recuento demográfico de la provincia de Mompox, aparentemente por razones geográficas. La ciudad, en la práctica, no cabía del todo en ninguna jurisdicción: pertenecía a varias sin ser plenamente de ninguna. Solo en la división administrativa del Estado Soberano de Santander de 1868 figuraría como cabecera de una provincia con su propio nombre.

Los orígenes: fundación en el Valle de Hacaritama

Ocaña fue fundada en 1570 por Francisco Fernández de Contreras, en el Valle de Hacaritama, siguiendo el patrón que la Corona española había impuesto para poblar y controlar el Nuevo Mundo. La fundación de ciudades no era, en la América española, un gesto espontáneo ni el resultado de la deriva demográfica de un grupo de colonos: era el instrumento deliberado con el que el Estado español extendía su dominio sobre los territorios conquistados. El mismo procedimiento que había asegurado la Reconquista peninsular se trasplantó al Nuevo Mundo, y de él salieron las veinte ciudades fundadas en la Nueva Granada entre 1537 y 1550 —de las cuales, notablemente, solo dos fueron abandonadas después— y las que, como Ocaña, se sumaron en las décadas siguientes.

El acto de fundar obedecía a un plan de acción premeditado. Había un fundador que fijaba el emplazamiento, señalaba el lugar de la plaza, de la iglesia y de la casa municipal, diseñaba las calles y distribuía solares entre los primeros vecinos. Y le daba nombre. Fernández de Contreras cumplió ese guion en el Valle de Hacaritama, cuyo topónimo indígena sobreviviría como referencia local pero cedería en los papeles al nombre castellano de la ciudad. El núcleo urbano así fundado no era una simple concentración de casas: era una concentración de fuerza destinada a subordinar el entorno indígena, y el nexo por el cual la civilización urbana mediterránea se enganchaba al nuevo continente. Sus privilegios municipales constituían el primer núcleo de poder político.

La permanencia de Ocaña —a diferencia de otras fundaciones que se trasladaron o desaparecieron ante la resistencia indígena— es en sí misma un dato histórico. Cuatro siglos y medio después del acto fundacional, la ciudad sigue en pie, con el trazado colonial reconocible bajo las capas de crecimiento republicano y contemporáneo. Es una de esas fundaciones que se sostuvieron sin espectacularidad y sin abandono, gracias a una combinación de sitio defendible, tierras de labor en el valle y —sobre todo— posición sobre una ruta.

De ciudad colonial a plaza republicana

Durante los siglos coloniales, Ocaña vivió a la sombra de plazas mayores: Pamplona hacia el sur, Mompox hacia el noroeste, Santa Marta y Cartagena hacia el norte. Su vida material dependió de la agricultura de su comarca y del comercio de tránsito que la ruta al Magdalena le permitía. En el conjunto del nororiente neogranadino, la producción de tabaco y de textiles artesanales fue la actividad económica que reactivó las villas de la región hacia finales del siglo XVIII y comienzos del XIX. Ese comercio se canalizaba hacia dos destinos: Venezuela, por el oriente, y el río Magdalena, por el occidente. El cacao de Pamplona y Cúcuta salía hacia Maracaibo, San Bartolomé y Cartagena; los textiles del Socorro se distribuían hacia Santa Fe, Cartagena, Antioquia, Santa Marta y Riohacha por los puertos de Opón y Pedregal sobre el Magdalena. Ocaña, situada entre esos dos sistemas, participó del movimiento sin protagonizarlo.

La Independencia rompió el equilibrio colonial y le impuso a la ciudad una función que ya no abandonaría: la de plaza militar. Su posición fue reconocida, con lucidez, como la de una primera línea de fortificación interior entre la costa caribeña y el interior de la Nueva Granada. Cualquier ejército que quisiera ir del interior a Cartagena o de Cartagena al interior tenía que pasar por allí o cerca de allí. En 1815, cuando Cartagena resistía el asedio de las fuerzas realistas, el Gobierno de las Provincias Unidas escogió a Ocaña para acopiar los refuerzos que debían auxiliar a la ciudad sitiada. Ese mismo año, con la balanza volteada, el general Pablo Morillo tomó a Ocaña como primera posición ocupada para invadir el interior de la Nueva Granada en la campaña de la Reconquista española: la lógica geográfica funcionaba en ambos sentidos.

La función militar se prolongó a lo largo del siglo XIX. En 1841, el general Carmona instaló allí la base de operaciones de una campaña que las crónicas calificaron de desgraciada. En 1842, el general Pedro Alcántara Herrán la usó como base para reocupar las provincias de la Costa. En cada guerra civil colombiana, Ocaña reaparecía como pieza obligada del tablero: útil tanto para enviar auxilios a la costa como para preparar los ejércitos destinados a recuperarla. Esa reiteración no era una casualidad; era la traducción militar de su posición geográfica.

Mientras tanto, la vida civil de la ciudad se acomodaba con dificultad a un mapa administrativo cambiante. Adscrita a la provincia costeña de Mompox aunque geográficamente perteneciera al oriente, Ocaña heredó esa asimetría cuando Mompox fue elevada a capital provincial tras la Independencia, con jurisdicción sobre un vasto territorio que incluía a Simití y a la propia Ocaña. La elevación de rango de Mompox no logró revertir su decadencia demográfica y económica, y la conexión administrativa entre las dos ciudades funcionó menos como una integración real que como una ficción cartográfica. Los intentos de sustituir el arduo transporte por bogas y champanes en el Magdalena con navegación a vapor fracasaron en el período republicano temprano: el vapor Unión, de la casa Montoya y Compañía, se perdió en acción de guerra en 1840, frustrando la iniciativa más prometedora. La ruta seguía siendo lo que había sido en la Colonia, y Ocaña seguía siendo su nodo de montaña.

La Convención de 1828

En la primavera de 1828, la ciudad recibió una asignación que la sacaría por unos meses de la penumbra provincial y la instalaría, para siempre, en el vocabulario político colombiano. La Gran Convención se reunió en Ocaña con el mandato de reformar la Constitución de Cúcuta de 1821 y decidir el rumbo de la República de Colombia —la llamada Gran Colombia—, entonces en plena crisis. Detrás del debate constitucional latía una pugna que estructuraba la vida política del país: la de los partidarios de Simón Bolívar contra los de Francisco de Paula Santander.

Bolívar quería imponer un proyecto constitucional inspirado en la Constitución boliviana que él mismo había redactado, con un presidente vitalicio facultado para designar a su sucesor. Los santanderistas defendían la Constitución de 1821 y la lógica del gobierno civil, con periodos presidenciales limitados y controles legislativos efectivos. Santander encabezó en persona la facción opositora, y a Ocaña llegaron diputados como Luis Vargas Tejada, cuya postura antibolivariana era ya clara en esos meses. Del lado bolivariano, figuras como Juan de Francisco Martín y José María del Castillo y Rada defendieron el proyecto del Libertador con toda la fuerza institucional de que disponían.

El choque fue inevitable, y el desenlace, revelador. Al comprender que no lograrían imponer su proyecto por votación, los diputados bolivarianos se retiraron de las sesiones. El retiro deliberado quebró el cuórum y forzó la disolución de la Convención. Los santanderistas, atrapados en un recinto vaciado, se declararon sujetos a la Constitución de 1821 —el único orden legal que reconocían—, pero ya no tenían capacidad de decidir nada. En agosto de ese año, Bolívar asumió la dictadura, respaldado explícitamente por los mismos diputados que se habían retirado de Ocaña. El experimento constitucional había fracasado, y la pugna que había estallado en la sala se trasladaría al plano de la conspiración y del enfrentamiento militar.

La Convención de Ocaña marca, así, uno de los puntos de no retorno de la Gran Colombia. Aunque las líneas ideológicas de aquel momento no se corresponderían con estabilidad a la posterior división entre liberales y conservadores, y aunque atribuirle a Ocaña la paternidad directa de los partidos colombianos sería forzar la evidencia, la fractura política que allí se consumó agudizó tensiones que contribuirían a la desintegración de la República de Colombia. La separación de Venezuela y la de Ecuador vendrían después, y Bolívar moriría en Santa Marta en 1830 sin haber recuperado la unidad de su obra.

Para la ciudad, el episodio dejó una doble herencia. Por un lado, el nombre: "Ocaña" quedó, en la memoria nacional, como sinónimo de un fracaso constitucional y como marca del momento en que Bolívar y Santander se separaron sin regreso. Por otro, una asimetría persistente entre esa densidad simbólica y la modesta realidad material de la ciudad: la Convención pasó, los diputados se fueron, y Ocaña volvió a ser lo que había sido antes —una plaza mediana en una ruta entre montañas—, ahora con un peso simbólico que no correspondía a su peso económico ni administrativo.

La sociedad ocañera del siglo XIX

Bajo la superficie de los acontecimientos políticos y militares, la ciudad tenía una vida propia que los cronistas contemporáneos empezaron a registrar. La fisonomía social de la región mezclaba castas y culturas de manera fundamentalmente diversa: por un lado, la componente de sangre africana, ruidosa y parlante; por otro, la del indio, reconcentrada, paciente, aparentemente inerte. La convivencia no era una fusión armónica sino una superposición de mundos, y la cultura material lo reflejaba. Un cronista notaba que las habitaciones ocañeras carecían del altar recargado de arrayán, flores e imagen de la Virgen que se consideraba costumbre del "reinoso" —el habitante de la meseta cundiboyacense—, quien solía acompañarlo con alguna litografía profana. La ciudad tenía sus propias formas devocionales.

La más notable de esas formas fue la devoción a la Virgen de Torcoroma. Según la tradición recogida por los cronistas, la imagen apareció cuando un labriego derribó un árbol junto al arroyo Torcoroma, tributario del río San Alberto, y descubrió la figura mariana dentro de la corteza del tronco. El hallazgo dio origen a un culto que arraigó con fuerza en el campo y en la ciudad. Entre campesinos y gente llana, la Virgen recibió el nombre popular de "Misiá Torcoroma", tratamiento a un tiempo reverencial y familiar, muy característico de la religiosidad popular colombiana, donde lo sagrado no se separa del mundo cotidiano sino que se instala en él con nombres domésticos.

Esta cultura local —la mezcla de castas, las devociones propias, la ausencia del altar reinoso, el trato familiar a la Virgen— construyó una identidad ocañera con relativa autonomía respecto de los grandes relatos que la historiografía nacional imprimió sobre la ciudad. Mientras la memoria oficial retenía la Convención de 1828, la ciudad seguía viviendo su propia vida, hecha de cosechas de tabaco, arrieros que subían y bajaban el camino al Magdalena, procesiones en honor de Misiá Torcoroma y el rumor de una frontera cercana con Venezuela.

Provincia y estado: la ciudad en las reorganizaciones republicanas

A lo largo del siglo XIX, Ocaña experimentó las sucesivas reorganizaciones territoriales del Estado colombiano con una constancia que revela hasta qué punto su posición geográfica desafiaba los intentos de encasillamiento administrativo. Adscrita primero a la provincia costeña de Mompox, incorporada más tarde al Estado Soberano de Santander en la división de 1868 —figurando entonces como cabecera de la provincia de su nombre—, terminaría, ya en el siglo XX, en el actual departamento de Norte de Santander, cuando la separación entre los dos Santanderes reconoció la especificidad del oriente fronterizo.

Ese vaivén administrativo no es un detalle burocrático. Cada reorganización buscó darle una lógica a un territorio que naturalmente se resistía a las divisiones limpias. Ocaña era demasiado montañosa para ser costeña, demasiado nortina para ser plenamente santandereana, demasiado colombiana para ser venezolana y demasiado fronteriza para no estar en diálogo permanente con Maracaibo. Todas sus adscripciones sucesivas trataron de resolver esa ambigüedad, y ninguna la resolvió del todo. Es significativo que, entre los pocos estudios históricos específicos que la ciudad ha inspirado, se cuente uno emparejado con Pamplona —los Estudios históricos sobre Pamplona y Ocaña de Luis E. Páez Courvel, publicados en Bogotá en 1950—, como si ambas ciudades no pudieran pensarse por separado sino como los dos polos de un mismo eje regional del nororiente.

Mientras las capitales cambiaban de nombre en los papeles, la vida material de la ciudad seguía obedeciendo a las mismas coordenadas: el camino a Puerto Nacional y al Magdalena hacia el occidente, la ruta a Cúcuta y Maracaibo hacia el oriente, las estribaciones del Catatumbo hacia el norte. El tabaco, el cacao vecino de Pamplona y Cúcuta, y los textiles del Socorro seguían circulando por esos ejes. La modernización de la navegación fluvial en el Magdalena, cuando finalmente se consolidó, benefició a los puertos ribereños pero mantuvo a Ocaña en su papel de nodo terrestre intermedio. El ferrocarril, cuando llegó al oriente colombiano, tampoco la privilegió. La ciudad quedó, decisión tras decisión, como estaba: importante por su sitio, no por la inversión que el Estado quisiera hacer en ella.

El aporte a la vida nacional: los ocañeros

Pese a su tamaño mediano, Ocaña dio a la vida nacional algunas figuras cuya trayectoria refleja la particular relación de la ciudad con la política y las letras colombianas. José Eusebio Caro, nacido en Ocaña en 1817, es el caso más ilustre. Poeta romántico y polemista político, cofundador del Partido Conservador junto a Mariano Ospina Rodríguez a mediados del siglo XIX, Caro representó desde el nororiente montañoso una sensibilidad católica, hispanista y contraria al radicalismo liberal que sería definitoria en la vida política del país durante décadas. Que uno de los padres fundadores del conservatismo colombiano proviniera de Ocaña —una ciudad marcada, apenas una década antes de su nacimiento, por el fracaso bolivariano de la Convención— es una de esas coincidencias que la geografía y la historia disponen sin premeditación aparente.

La ciudad se convirtió, con Caro y otros, en un semillero modesto pero constante de figuras políticas y culturales que participaron en las contiendas nacionales sin que su origen provinciano se olvidara. La memoria local ha cultivado esa filiación como uno de los rasgos de su identidad: Ocaña no es solo la ciudad de la Convención; es también, para sus propios habitantes, la ciudad que produjo hombres que llevaron su nombre a Bogotá.

Los tiempos recientes: violencia, frontera, economías ilegales

En las últimas décadas del siglo XX y en lo que va del XXI, la posición estratégica de Ocaña —esa condición de bisagra que durante siglos definió su vida material y militar— se ha traducido en un papel oscuro dentro de las economías ilegales colombianas. La ciudad es un nodo de tránsito que conecta el centro del país, especialmente el sur del departamento de Bolívar, con el Caribe y con la frontera venezolana. Por sus rutas circulan mercancías legales, pero también mercancías cuya legalidad la geografía disuelve: gasolina de contrabando, precursores químicos para el procesamiento de coca, cocaína procesada en los laboratorios del Catatumbo.

En este panorama han operado grupos armados ilegales de varias generaciones: las FARC, el ELN, el EPL y grupos posdesmovilización surgidos del paramilitarismo. La distribución exacta de sus zonas de control y sus actividades ha variado con el tiempo, con una nitidez que rara vez coincide con la que la vida real las separaba. Lo que sí es claro es que el negocio del narcotráfico y el contrabando de gasolina a gran escala han funcionado bajo la influencia de esos actores. La figura del narco-intermediario alias "Megateo", cuya muerte en 2015 se consideró un hito en la disputa por las rutas, ilustra el grado de organización que estas economías alcanzaron en la región.

La violencia política acompañó a la violencia económica. Entre 2004 y 2010, Norte de Santander registró numerosos actos violentos contra líderes locales: amenazas, secuestros, asesinatos, perpetrados por guerrillas y por paramilitares. Ocaña quedó marcada en ese registro. El 3 de julio de 2004, el alcalde Luis Alfonso Díaz Barbosa fue amenazado por grupos paramilitares. El 21 de diciembre del mismo año, el ex alcalde Luis Alfonso Lemus Pava, militante del Partido Liberal Colombiano, fue asesinado por grupos paramilitares en Pailitas. Eran los meses en que la política local se ejercía bajo la sombra de las armas, y en que la condición de frontera se traducía en una fragilidad concreta de la vida civil.

Hacia 2014, la subregión Occidente de Norte de Santander —a la que pertenece Ocaña, junto con municipios como Convención, San Calixto y Teorama— seguía registrando presencia de estructuras armadas surgidas del paramilitarismo desmovilizado: Los Urabeños, Los Rastrojos y rezagos de Las Águilas Negras. La corrupción de funcionarios en distintos niveles facilitaba el flujo del contrabando, la gasolina y las drogas. Y la subregión del Catatumbo, en la que Ocaña se inscribe, mantenía condiciones de bajo desarrollo, escasa inversión estatal y aislamiento geográfico que reforzaban el ciclo.

Todo eso ha ocurrido, con variaciones, sobre las mismas rutas que en el siglo XVI los conquistadores identificaron como paso obligado, que en el XIX permitieron a Morillo invadir el interior y a Herrán reconquistar la Costa, y que en el XX cargaron tabaco, cacao y textiles. La geografía es un guion tenaz. Cuando el Estado no la administra, otros lo hacen.

La ciudad como huella y como escenario

La huella de Ocaña en la historia colombiana es doble, y las dos caras están en tensión. Por un lado, la ciudad es el escenario de la Convención de 1828: un episodio breve, cuya densidad simbólica desbordó por mucho su duración, y que fijó a Ocaña en la enseñanza escolar como el lugar donde Bolívar y Santander se separaron. Ese peso simbólico ha sido, durante casi dos siglos, la principal razón por la que un colombiano medio conoce el nombre de la ciudad.

Por otro lado, la huella verdadera de Ocaña —la que atraviesa cuatro siglos y medio— está en su función de bisagra: la ciudad como paso obligado entre sistemas geográficos y económicos que el Estado colombiano ha administrado de forma intermitente y siempre incompleta. Fundada en 1570 como pieza del sistema de dominación colonial, plaza militar recurrente en las guerras del siglo XIX, ciudad-puente entre Mompox y Cúcuta, entre el Magdalena y Maracaibo, entre el Catatumbo y el interior, Ocaña ha sido lo que su sitio le ha exigido ser. Y su gente ha construido, sobre ese sitio, una cultura propia —hecha de castas mezcladas, de devociones locales, de tabaco y camino, de Misiá Torcoroma— que la historiografía nacional apenas registra pero que ha sostenido la continuidad de la ciudad más eficazmente que ningún decreto administrativo.

La lección que Ocaña ofrece al lector de la historia colombiana no está en la Convención, aunque la Convención sea lo primero que le venga a la memoria. Está en la relación entre geografía y Estado. Ciudades como Ocaña muestran que la posición estratégica, cuando no es acompañada por integración institucional e inversión sostenida, no se traduce necesariamente en prosperidad: puede traducirse, con la misma lógica implacable, en escenario de guerra, en corredor de contrabando, en territorio disponible para las crisis del centro. El vacío que el Estado ha dejado allí a lo largo de los siglos ha sido llenado por otros —por los ejércitos en las guerras civiles, por los grupos armados en el conflicto reciente— con una eficacia que interroga a quienes, desde Bogotá, siguen mirando el mapa nacional como si las cabeceras montañosas del nororiente fueran una periferia inerte. Ocaña no es periferia inerte: es una encrucijada, y las encrucijadas, cuando quedan sin dueño, se convierten en escenario.

Conexiones

El territorio en el archivo

Dónde aparece y con qué se relaciona

Fuentes

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

29 documentos · 36 fragmentos
01
Notas de viaje: Colombia y Estados Unidos de AméricaSalvador Camacho Roldán · 2017 · p. 184
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pensar en escoger el pun- to del interior que mejor le convenga. Además, el territorio de Ocaña tiene una importan- cia estratégica para los casos de guerra exterior, de guerra civil, que a nadie se le podrá escapar; por decirlo así, es la primera línea de fortificación interior, y el lugar destinado a servir de campo…

p. 184
02
Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · p. 458
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quedando atrás de todo el mundo…». A mediados del siglo pasado, las distintas vías de comu- nicación al río Magdalena eran las siguientes: el camino del Carare, que unía el pequeño río del mismo nombre con la ciudad de Vélez y tenía una extensión de 20 leguas; el de Barrancabermeja, que unía el puerto de idéntico nom-…

p. 458
03
Borderland Battles: Violence, Crime, and Governance at the Edges of Colombia's WarAnnette Idler · 2019 · p. 235
1 cita
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from the border by road, the border’s influence remains strong. Many locals are in- volved in smuggling gasoline and supplies, especially food. Ocaña is a strategic trafficking transit point that connects central Colombia, especially the south of Bolívar, with the Caribbean and the border to Venezuela. Multiple groups…

p. 235
04
Participating in Peace: Violence, Development and Dialogue in ColombiaJefferson Jaramillo-Marín, Luz Mery López-Lizarazo, Adriel Ruiz-Galvan, Matthew Louis Bishop, Juan Mario Díaz-Arévalo, Juan Miguel Kanai, Melanie Lombard, Simon Rushton, Anastasia Shesterinina, Henry Staples, Helen Louise Turton · 2023 · p. 73
1 cita
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uneven development stems from – and intersects with – the centralist tendencies of the Colombian state (González, 2014). Located approximately 16 hours from Bogotá by road, Catatumbo is even far from Cucutá, the capital of Norte de Santander, the department to which the region’s municipalities belong. However, while…

p. 73
05
Nororiente y Magdalena Medio, Llanos Orientales, Suroccidente y Bogotá DC. Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento (coordinador), Alberto Santos Peñuela, Lukas Rodríguez Lizcano, Luisa Fernanda Hernández Mercado, Juanita Esguerra Rezk · p. 58
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Derecho local. II. EL PROCESO DE DDR EN NORTE DE SANTANDER 2.1 Contexto 2008-2009. La frontera: entre las econo - mías ilícitas y el conflicto ininterrumpido 2.1.1 Norte de Santander: la importancia de la frontera El departamento de Norte de Santander limita al norte y oriente con la República Bolivariana de…

p. 58
06
Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · p. 172
1 cita
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con el norte. Lim a al norte y al oriente con la Republi Boyaca y Santander y al occidente con Santander y Ce: 172 | Gran Enciclopedia de Cobertura vegetal Selva alta ombréfita siempre verde |Cardonales Bosque ombrifito subandino Bosque andino Bosque altoandino (= JPéramos [EB Bosques imundables de rios de aguas…

p. 172
07
Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 219
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y a los nativos ameri- canos se les tratará como infieles y se les aplicará el mismo procedimiento, hasta las últimas consecuencias: derrota y expulsión para los moros y dominación o exterminio para los indíge- nas americanos. En ambos casos se requiere poblar de fieles castellanos las tierras recuperadas o «des-…

p. 219
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y a los nativos ameri- canos se les tratará como infieles y se les aplicará el mismo procedimiento, hasta las últimas consecuencias: derrota y expulsión para los moros y dominación o exterminio para los indíge- nas americanos. En ambos casos se requiere poblar de fieles castellanos las tierras recuperadas o «des-…

p. 219
08
Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 24, 39
2 citas
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civiliza ciones extrañas, el europeo sentía la necesidad de agruparse para subordi narlas y al mismo tiempo para preservar su «ser europeo». La afirmación de ciertos valores culturales sólo podía darse en ese contexto urbano, pues vivir en «república» equivalía a «... llevar una vida urbana bien arreglada y…

p. 24
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que las había originado, con mayo res posibilidades de abastecimientos y de mano de obra. Así, de las veinte ciudades que fueron fundadas entre 1537 y 1550, solamente dos fueron abandonadas más tarde. A partir de 1550, la Audiencia estimuló la funda ción de centros mineros y entre 1550 y 1560 se cuentan once…

p. 39
09
Historia de Colombia. Descubrimiento y Conquista IGermán Arciniegas, Mauricio Obregón, Jorge Morales, Roberto Pineda Camacho, Javier Ocampo López, et al. · p. 95, 101
2 citas
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presencia del Estado español. Ellos daban cuenta de la realidad urbana a gobernadores, audiencia y virreyes, que eran sus superiores en la escala burocrática. El ilustre historiador Haring, que ha investigado mucho sobre la naturaleza de las ciudades hispa- noamericanas y su evolución colonial, dice que aquéllas…

p. 95
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evitar que- 335 Patio principal de la mencionada casa del virrey. Este tipo de patio central e interior es de clara procedencia española, concretamente del sur de España. y resultó muy adecuado pare el clima caluroso del virreinato. rellas con fundaciones vecinas. Realmente son es- casas las ciudades que permanecieron…

p. 101
10
Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · p. 184
1 cita
[12]

Clements: The Conquest of New Granada (Londres, 1949). 192. Mantilla Tascón, Antonio: “Los viajes de Julián Gutiérrez al Golfo de Urabá”, en AEA, II (Sevilla, 1945). 193. Medina, José Toribio: El descubrimiento del Océano Pacífico... 2 vols. (Santiago de Chile, 1913-14). 194. Otero D’Costa, Enrique: Gonzalo Ximenes de…

p. 184
11
Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 359
1 cita
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Ocaña, que formaba parte administrativamente de la provincia —costeña— de Mompox, pero geográficamente de la faja oriental. 412 Excluyendo el cantón de Ocaña, como se dijo. 413 Incluyendo los cantones de Tumaco y Barbacoas, de la provincia de Pasto. 360 Línd Odince Vrdsíta El antioqueño contaba un poco más de 190.…

p. 359
12
Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · p. 237
1 cita
[15]

women over sixteen years of age outnumbered men (respectively, . and . women per . men). 120 Mompox remained a trade and contraband center, the major stopover on the route between the coast and the interior, and the place where most champanes were built and most bogas contracted. It also comprised many…

p. 237
13
Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · 2004 · p. 237
1 cita
[16]

women over sixteen years of age outnumbered men (respectively, . and . women per . men). 120 Mompox remained a trade and contraband center, the major stopover on the route between the coast and the interior, and the place where most champanes were built and most bogas contracted. It also comprised many…

p. 237
14
Café y ferrocarriles en Colombia: los trenes santandereanos (1869-1990)Juan Santiago Correa Restrepo · 2012 · p. 16
1 cita
[17]

de Pamplona, Guanentá y el sur de la de García Rovira, con los conservadores. El 12 de abril de 1861 el Estado de Santander se convirtió en el Estado Introducción Soberano de Santander y se trasladó por 25 años la capital de Bu- caramanga a El Socorro. Sólo hasta el decreto del 7 de septiembre de 1886, la primera…

p. 16
15
Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 132
1 cita
[18]

y lanares, o al contado, y del Socorro recoge lienzos, bayetas, colchas y otras piezas útiles. El Socorro. Remite a todo el reino algodones en rama “con pepita y sin ella”, lienzos, paños de manos, colchas y otras piezas útiles. A Santa Fe y Popayán se envían por tierra, a Cartagena, Antioquia, Santa Marta y Riohacha…

p. 132
16
Rugidos entre los Andes: una historia del jaguar en la región andina (1820-1910)José Arturo Jiménez Viña · 2015 · p. 79
1 cita
[19]

medio de un esquema de sub-regiones, presentamos un bosquejo de como estos lugares de “frontera” asociados a poblaciones de jaguares fueron ocupados a lo largo de nuestro periodo de estudio. 218 Esteban Payán, Comunicación personal. 18 de marzo de 2014 80 Figura No. 9 Mapa de fundaciones en la Región Andina (Siglo…

p. 79
17
Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 214, 234
2 citas
[20]

toma Carta- A o. od ele del terror. 1816 Los patriotas de Cartagena son pasados por las armas. Cuatro expediciones realistas reconquis- tan Nueva Granada. Nariño vuelve prisionero a Cádiz. El presidente Torres es reemplazado por José Fernández Madrid. El español Warleta toma Medellín y Miguel de la Torre, Santafé.…

p. 234
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1857 José Joaquín Ortiz publicó una compilación de sus traba- jos bajo el título Poesías de Caro i Var- gas Tejada. Cultivó también el drama ESA AAA Biografías Luis Vargas Tejada, poeta y drama- turgo de los albores de la República, vivió una vida intensa y legendaria. RENATA neoclásico y los temas indigenistas. Su…

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La elección de la República. Historia del sufragio en Colombia entre 1809 y 1838Nhora Patricia Palacios Trujillo · 2022 · p. 416
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1828, n.º 338. 54 “Carta de Bolívar al señor: Fernando Peñalver”. 55 “Exposición de los motivos que tuvieron los diputados que suscriben para separarse de la Gran Convención”, pp. 13-14. 56 Ibid., p. 5. La elección de la República 392 indiferente ante los problemas de la sociedad, que tampoco podían conocer, y sin…

p. 416
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Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 142
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bolivarianos La Constitución de Cúcuta, de 1821, que incluía a Venezuela y Quito, instauró un régimen centra- Camilo Torres, líder fede- ralista. Centralismo y fe- deralismo fueron el origen de los partidos políticos. lista que, sin embargo, no encontró mayor oposición ni generó bandos definidos hasta 1826, cuando el…

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Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 115
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blame to Vice President San- tander, a man who had dropped out of law study to fight for indepen- dence but as chief executive surrounded himself with ardent young lawyers as helpers and advisers. What the country needed, in Boli- var's view, was a stronger executive, a less assertive legislature, and a partial…

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Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · p. 406
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l l(1985),p. 147. 2 3 Noticia Biográfica, p. 2. 2 4 B u s h n e l l (1985),p. 65. 2 5 Ibid., p. 152. 2 6 P o rd i v e r s a sr a z o n e se s t a ss o c i e d a d e sf r a c a s a r o ne n s uo b j e t i v o. Ibid., p p. 177 - 185. [3 2 8 ] En 1828 f u e e l e g i d o a l aConvención de Ocaña, en l aque formó p a r t…

p. 406
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El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · p. 423
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donde se le nombró protector vitalicio del Perú, así como las muchas lisonjas y testimonios de aplauso, y el ilimitado poder que ejerció durante cinco años. Sólo tras largos ti- tubeos logró evadirse de aquella seducción. Partió enton- ces a Bogotá, donde se hicieron magníficos preparativos para tributarle un digno…

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Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de ColombiaRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); con colaboración de Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Fernán González, Margarita González, Alfredo Iriarte, entre otros · 1988 · p. 99
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de integracion politica de la Gran Colombia, con la unién de Venezuela, Nueva Granada y Quito. Los centralistas defendieron la integracion en una republica unitaria e indivisible, con un gobierno fuerte, adaptable a la realidad americana, de carac- ter discolo y anarquico, y con una administracion centralista para el…

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Los López en la historia de ColombiaÓscar Alarcón Núñez · 2022 · p. 21
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así como, por muchos años, se consideró que el centralismo era conservador y el federalismo era liberal, pero no hay que olvidar que fue una Constituyente de estirpe conservadora, en 1858, la que promovió por primera vez el federalismo en Colombia. Y, tratándose del tema económico, la apertura, tan condenada hoy día…

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Historia de Colombia. La Gran Colombia I. Tomo 9Salvat Editores (Dirección: Juan Salvat, Roberto García Rojas; Director científico: Gonzalo Hernández de Alba) · 1988 · p. 57
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se apresuré a despachar con caracter urgente a su edecan Daniel Florencio O'Leary con instrucciones precisas, a fin de que calmara al general Paez mientras él mismo se dirigia a Caracas. Cabe senalar en este punto que el general José Antonio Paez ya habia propuesto al Libertador que imitara a Napoleon y estableciera…

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Peregrinación de AlphaManuel Ancízar · 2016 · p. 495, 506
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modales y la entonación del habla del pueblo llano. Las habitaciones abiertas a todo viento, con esterillas sirviendo de muebles, las paredes sin el indispensable altar recargado de arrayán y flores en que el reinoso coloca devotamente una imagen de la Vir - gen, rodeada de viñetas arrancadas a las piezas de bretaña y…

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puso a derribar un árbol grande inme - diato al arroyo nombrado Torcoroma, tributario del río San Alberto. Cayó el tronco, y al dividirlo saltó la cor - teza mostrando en su parte interior la imagen de María en medio relieve: el labriego se quedó absorto, y más cuando el perro que le acompañaba tomó a su cargo…

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Desmovilización y reintegración paramilitar. Panorama posacuerdos con las AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 348
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el llamado Ejército Parami - litar de Norte de Santander… (CNMH-DAV, 2014-d, Santos Peñuela, Alberto, páginas 160-161). Para el año 2014 en Norte de Santander continuaba la presen - cia de grupos posdesmovilización. Los Urabeños, Los Rastrojos, conocidos también como Frente Héroes del Norte, y rezagos de Las Águilas…

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el llamado Ejército Parami - litar de Norte de Santander… (CNMH-DAV, 2014-d, Santos Peñuela, Alberto, páginas 160-161). Para el año 2014 en Norte de Santander continuaba la presen - cia de grupos posdesmovilización. Los Urabeños, Los Rastrojos, conocidos también como Frente Héroes del Norte, y rezagos de Las Águilas…

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Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Frontera nororientalComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 42
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con Boyacá y Santander y al occidente con Santander y Cesar. De 38 El Espectador, «Arauca en la encrucijada: violencia, pobreza, desempleo y corrupción». Mapa 4. Subregión del Sarare Fuente: DANE, 2021; Comisión de la Verdad, 2022. el territorio 43 sus 40 municipios, diez limitan directamente con Venezuela, lo que…

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Hacer la guerra y matar la política. Líderes políticos asesinados en Norte de SantanderCarlos Andrés Pallares Rincón · 2014 · p. 59, 60
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Calixto San Calixto, 3 de enero de 2004 Guerrilla-­‐FARC Amenaza Movimiento Convergencia Ciudadana Silvio Vergel Arévalo Ex Alcalde de Ábrego Ábrego, 18 de Marzo de 2004 Guerrilla-­‐ELN Asesinato Partido Conservador Colombiano Carlos Salvador Bernal Ex candidato a la Alcaldía de Cúcuta Cúcuta, 1 de abril de 2004…

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Candidato Alcaldía La Playa La Playa, 5 de julio del 2007 Guerrilla No Identificada Secuestro Partido Conservador Colombiano Raymond Hernández Vargas Concejal de Cúcuta Cúcuta, 10 de septiembre de 2008 Grupo Armado No Identificado Atentado Coalición Yurgen Pallares Candidato a la Alcaldía de Convención Convención, 14…

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