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Idea transversal

Bolivarianismo

El bolivarianismo es el conjunto de usos, cultos y proyectos que, a lo largo de la historia política de Colombia, han invocado la figura de Simón Bolívar como fuente de legitimidad. No es una doctrina fija sino un significante plástico que distintos actores —conservadores, militares, guerrilleros, populistas— han llenado de contenido según su momento, inclinándose de manera constante hacia proyectos de concentración del poder en nombre de la unidad nacional.

4.026 palabras39 documentos41 fragmentos citados
Bolivarianismo

Trayectoria de una idea

  1. 1826

    Origen de la facción bolivariana

  2. 1828

    Dictadura y conspiración septembrina

  3. 1830

    Violencia simbólica y culto de la imagen

  4. 1886

    Captura conservadora: la Regeneración glorifica a Bolívar

  5. 1910

    Centenario de independencia como ritual bolivariano

  6. 1929

    Remodelación de la Plaza de Bolívar de Bogotá

  7. 1953

    Bolivarianismo militar: Rojas Pinilla y 'la era del hombre común'

  8. 1974

    El M-19 roba la espada de Bolívar

03

La lectura

El bolivarianismo colombiano nació herido: surgió como facción derrotada tras el fracaso del proyecto vitalicio de 1826-1828 y como cofradía de leales a un muerto, antes de convertirse en algo más ambicioso. Su núcleo persistente —la fusión de autoridad centralizada, soberanía popular y fuerza armada— lo hizo disponible para actores ideológicamente opuestos: los regeneradores conservadores de 1886 lo usaron para legitimar la alianza entre Iglesia y Estado, los militares del siglo XX lo convirtieron en argumento para la intervención castrense, y la guerrilla urbana del M-19 lo disputó desde la izquierda robando la espada del Libertador. Esa plasticidad no fue neutralidad: cada apropiación inclinó el símbolo hacia la concentración del poder en nombre de la unidad nacional, distorsionando en mayor o menor medida el pensamiento constitucional original de Bolívar. El culto a su imagen —de los retratos apuñalados de 1830 a la estatuaria ecuestre difundida desde Caracas y a la Plaza de Bogotá remodelada en 1929— construyó el andamiaje devocional sobre el que todas esas apropiaciones se apoyaron. Comprender el bolivarianismo colombiano exige, por tanto, seguir sus mutaciones sin confundirlas y reconocer al mismo tiempo el núcleo que las hace posibles y las limita.

El bolivarianismo es, en la historia política de Colombia, el conjunto de usos, cultos y proyectos que han invocado la figura de Simón Bolívar como fuente de legitimidad. No es una doctrina fija ni un programa cerrado, sino un significante que distintos actores han llenado de contenido según su momento: los adictos al Libertador durante su ocaso en 1830, los regeneradores que redactaron la Constitución de 1886, el régimen militar de Gustavo Rojas Pinilla en los años cincuenta, la guerrilla urbana del M-19 en los setenta, las FARC-EP en los noventa y el chavismo transfronterizo del cambio de siglo. En cada uno de esos momentos, invocar a Bolívar significó reclamar la fusión de autoridad centralizada, soberanía popular y fuerza armada que él mismo encarnó en vida; por eso el bolivarianismo, aun siendo plástico, no fue nunca un símbolo neutro: su terreno se inclinaba, de manera constante, hacia proyectos de concentración del poder en nombre de la unidad nacional. Comprenderlo exige seguir sus mutaciones sin confundirlas, y reconocer al mismo tiempo el núcleo que las hace posibles.

Una palabra en disputa desde el origen

Bolívar murió en Santa Marta en diciembre de 1830, dejando a la Nueva Granada en un estado de fragmentación que sus adversarios y sus adeptos leerían de modos opuestos. El propio nombre "bolivariano" no designó, en vida del Libertador, una doctrina codificada, sino una lealtad de facción frente a los partidarios de Francisco de Paula Santander. La oposición venía de atrás. La Constitución de Cúcuta de 1821 había instaurado un régimen centralista para la Gran Colombia —entonces integrada con Venezuela y Quito— y dejó atrás el federalismo temprano de Camilo Torres, pero mantuvo las tensiones latentes. No hubo bandos definidos hasta 1826.

Aquel año, Bolívar promovió un proyecto inspirado en la constitución boliviana que había redactado para el nuevo país andino: presidencialismo vitalicio, con facultades cuasi monárquicas, y un tercer cuerpo legislativo, el senado hereditario. La propuesta encendió al sector santanderista, que vio en ella la traición a los principios republicanos de 1821. La Convención de Ocaña, en 1828, fue el intento fallido de dirimir la disputa: los bolivarianos se retiraron dejándola sin quórum, los santanderistas se declararon sujetos a la Constitución de Cúcuta, y el vacío abrió la puerta a que Bolívar asumiera plenos poderes. Anulada la Constitución y establecida la dictadura ese mismo año, sus enemigos intentaron asesinarlo en septiembre en la conspiración septembrina de Bogotá.

Ese episodio marca el tono de lo que vendrá. Entre los conspiradores septembrinos figuraba Mariano Ospina Rodríguez, entonces situado en el campo santanderista, cuya posterior deriva hacia posiciones conservadoras ilustra la fluidez de las filiaciones partidistas del período. La frontera entre bolivarianos y santanderistas no era una línea ideológica limpia: era una relación de fuerzas que las personas cruzaban. Muerto Bolívar, el partido bolivariano continuó activo y se resistió a reconocer la autoridad del presidente Joaquín Mosquera. Santander gobernó luego con apoyo de los legalistas y con un estilo abiertamente sectario: no le interesó conciliar con quienes habían apoyado la dictadura, y aunque expresó su hostilidad más en palabras que en acciones —cuidándose de no violar directamente los derechos políticos de sus opositores—, dejó instalado un clima de resentimiento. Cuando José Ignacio de Márquez ascendió al poder en 1837, se apoyó en una coalición de antiguos bolivarianos y santanderistas moderados. La herencia del conflicto de 1826-1830 sobrevivió como un sedimento de divisiones que pesó sobre la política neogranadina de las décadas siguientes.

Lo primero que hay que decir del bolivarianismo colombiano, entonces, es que nace herido. Nace como facción derrotada tras el fracaso del proyecto vitalicio, como cofradía de leales a un muerto, y solo con el tiempo se convertirá en algo más ambicioso.

El culto de la imagen

Antes de ser doctrina, el bolivarianismo fue imagen, y esa imagen tuvo su propia cronología. Empezó por la violencia simbólica. En 1830, todavía en vida del Libertador o en los meses inmediatamente posteriores a su muerte, se fusilaron en Bogotá dos retratos de Bolívar; en respuesta, adeptos suyos apuñalaron un retrato de Santander. Un retrato no era decoración: era el cuerpo político del prócer, y agredirlo equivalía a agredir a su comunidad.

Ese estatuto se consolidó a lo largo del siglo XIX. En hogares de distintas clases sociales y en espacios públicos, las imágenes de los héroes de la patria —y sobre todo la de Bolívar— fueron promovidas junto a las imágenes religiosas, como símbolos de libertad, nuevos comienzos y justicia. El culto cívico no equiparaba estrictamente al Libertador con los santos, pero se benefició de la gramática devocional que la vida católica había instalado en la vida cotidiana. Carmelo Fernández, veterano de la batalla de El Santuario, ilustró expediciones cartográficas y esbozó paisajes nacionales en las décadas de 1840 y 1850: su trabajo fijó en imágenes reconocibles una geografía de la nación que aún no existía como experiencia común, y en esa operación el santoral cívico encontró su escenario visual. La pintura estatal antecedía y preparaba a los ciudadanos que la habitarían.

De la pintura se pasó a la estatuaria, y la estatuaria vino en gran medida del ciclo venezolano. En 1851, Carlos Castelli propuso en Caracas una estatua ecuestre de bronce de Bolívar, encargada al escultor italiano Pietro Tenerani; inaugurada en 1852, se convirtió en el modelo iconográfico que se difundió por Sudamérica. Décadas después, ya en pleno siglo XX, la Plaza de Bolívar de Bogotá —corazón simbólico del Estado colombiano— fue remodelada en 1929: el pedestal original de Mario Lambardi, considerado "del peor gusto e inadecuado", fue retirado y reemplazado por uno diseñado por el pintor Roberto Pizano; las obras concluyeron el 6 de julio y la inauguración se celebró en la noche del 19 de julio de 1929. Que la fecha escogida fuera la víspera del aniversario patrio no es casual: la plaza fue reconfigurada para que sirviera de escenario ritual a una república que ya había convertido a su Libertador en padre único.

Detrás de todo ese aparato había un archivo iconográfico más antiguo. Grabados ingleses y franceses de 1819 representaban a Bolívar como "Jefe Supremo de la República y Capitán General de Venezuela y Nueva Granada", orlado con la alegoría de América; esa asociación entre el militar y el continente circuló como imagen antes de que las academias locales la fijaran en óleos. Y en la aldea vasca de Bolívar, origen remoto de sus antepasados, funcionan hoy un museo, una nutrida biblioteca bolivariana en Vitoria y una Sociedad dedicada a su historia: el lugar de Europa donde más se le quiere. La imagen, sin embargo, nunca fue plenamente dócil. En los mejores retratos, Bolívar desconcierta los esquemas del héroe convencional; contrasta con los tipos estereotipados del estilo de Luis García Hevia, y esa tensión entre la complejidad del personaje histórico y las convenciones del retrato académico es también la tensión entre el hombre y el símbolo.

La captura conservadora: Núñez, Caro y la Regeneración

El primer intento sistemático de convertir el bolivarianismo en programa de Estado ocurrió en las últimas dos décadas del siglo XIX, cuando Rafael Núñez y Miguel Antonio Caro rehicieron el país. Núñez fue elegido presidente en cuatro ocasiones —1880, 1884, 1886 y 1892—, aunque no ejerció el cargo en su último período y murió en Cartagena en 1894. Caro, vicepresidente en aquel último mandato, asumió el control efectivo del gobierno tras la muerte de Núñez y gobernó desde Bogotá mientras el jefe titular prefería la Costa. Los dos, en distinto registro, presentaron la Regeneración como una racionalización del Estado colombiano adaptado a sus condiciones naturales e históricas, en contraposición a las "utopías" del federalismo liberal del Olimpo Radical.

Ese proyecto necesitaba una genealogía y la encontró en Bolívar. Los regeneradores glorificaron al Libertador como portaestandarte de la nacionalidad e inspirador de la Constitución de 1886, presentándolo como fundamento legitimador de la "república autoritaria". Bolívar, invocado como símbolo de unidad frente a la fragmentación federalista, sirvió para narrar el centralismo, el presidencialismo fuerte y la alianza con la Iglesia católica como recuperación de un cauce nacional interrumpido. La Constitución de 1886, en gran medida obra de Caro, estableció una relación estrecha entre la Iglesia y el Estado, presentando a la Iglesia como parte esencial del orden nacional y pilar del proyecto regeneracionista. La escritura misma del texto constitucional, con su preámbulo invocando a Dios como fuente suprema de toda autoridad, ratificaba que la Regeneración no era solo administración: era una teología política.

La operación historiográfica corrió en paralelo. La construcción del relato nacional tendió, desde 1886, a narrar la historia colombiana desde los orígenes del Estado centralista, presentando la independencia y sus figuras como antecedentes del orden nacido en ese año. El primer centenario de la independencia, celebrado el 20 de julio de 1910 en Bogotá y replicado en otras regiones, fue la coronación de esa narrativa: los próceres fueron presentados como padres fundadores, la historia de la independencia se convirtió en historia común del Estado, y la celebración se expandió como ritual unificador. Ese diseño no era ingenuo: coincidía con la necesidad del Estado centralista de 1886 de fabricarse un pasado a la altura de sus pretensiones.

Pero la Regeneración también tuvo su envés. El clientelismo regeneracionista fue más voraz y excluyente que el del período federal, precisamente porque aumentaron los recursos fiscales disponibles para el Estado centralizado; el aparato tenía más para repartir y a más gente que castigar. Las políticas conservadoras de Caro marginaron sistemáticamente a los liberales de los cargos de gobierno, generando tensiones que se acumularon durante los años noventa. Cuando la Regeneración cerró su ciclo, había convertido a Bolívar en fundamento del orden autoritario colombiano, y las apropiaciones que vendrían tendrían que dialogar con esa herencia, aceptarla o disputarla, pero no ignorarla.

El bolivarianismo militar y la era del hombre común

Entre la Regeneración y mediados del siglo XX, el Estado colombiano se militarizó lentamente. Bajo el gobierno de Rafael Reyes, y tras los conflictos de 1895 y la Guerra de los Mil Días, se impulsó la profesionalización de las Fuerzas Armadas, superando la formación puramente empírica de los oficiales. La Constitución de 1886 había ordenado que el país contara con un ejército único no deliberante, aunque las guerras retrasaron la concreción efectiva de ese mandato. Cuando el ejército profesional finalmente se consolidó, encontró en el legado bolivariano una fuente natural de identidad institucional: en el pensamiento del Libertador —o al menos en la lectura que se le hizo—, las Fuerzas Armadas ocupaban simbólicamente el lugar del rey, como contrapeso asociativo y estabilizador frente a las tendencias disgregadoras de la sociedad. El ejército, según esa lectura, era el pueblo capaz de actuar, en contraste con el pueblo "invertebrado" de las provincias; constituía así una soberanía alterna que pesaba sobre el juego político.

Esa concepción encontró expresión abierta en el gobierno de Gustavo Rojas Pinilla, quien tomó el poder en 1953 y lo ejerció hasta 1957. Rojas invocó el legado de Simón Bolívar para legitimar su régimen, exaltando virtudes que el propio discurso oficial enumeraba con precisión: "lealtad, honestidad, modestia, fortaleza y moderación". Ese repertorio moral se combinó con una doctrina social y religiosa católica invocada para inspirar unidad nacional. El régimen articuló entonces un programa que llamó "la era del hombre común", un populismo militar orientado a vincular los intereses de las clases bajas y el ejército, y a abrir oportunidades económicas, sociales, políticas y educativas para la mayoría desfavorecida. El argumento justificador era claro: las fuerzas políticas tradicionales habían demostrado ser incapaces de gobernar, y la élite había antepuesto el beneficio personal al interés nacional. Ante ese fracaso, el ejército —depositario del legado bolivariano— tomaba el relevo.

Aquel movimiento debe leerse en el marco continental. El culto tradicional a Bolívar fue empleado, a lo largo del siglo XX, como ideología conveniente por varios dictadores militares latinoamericanos: Juan Vicente Gómez y Eleazar López Contreras en Venezuela, entre otros, invocaron su autoridad para legitimar sus regímenes, con distintos grados de fidelidad al pensamiento original del Libertador. Sus versiones representaron una culminación del uso castrense del bolivarianismo, respetando parcialmente el pensamiento básico de Bolívar pero distorsionando su significado en aspectos decisivos. Los populistas autoritarios y militaristas bolivarianos del siglo XX terminaron inventando, de hecho, un "Bolívar populista", atributo nuevo que se apartaba del pensamiento constitucional original al servicio de sus regímenes.

Rojas Pinilla cayó en 1957, empujado por un Frente Nacional que restauró el condominio bipartidista, pero el trasfondo de su bolivarianismo militar no desapareció con él. El repertorio quedó disponible, y encontraría nuevos herederos —paradójicamente, en las antípodas ideológicas.

La revolución se apropia del símbolo: el M-19

El 17 de enero de 1974, un grupo hasta entonces desconocido penetró en la Quinta de Bolívar en Bogotá y sustrajo la espada del Libertador. Fue la primera acción pública del Movimiento 19 de Abril, el M-19, y no había manera más elocuente de anunciarse. Días antes, la organización había lanzado en periódicos una campaña publicitaria con avisos enigmáticos que hablaban de "gusanos y parásitos" seguidos de la mención "M-19"; nadie sabía qué era eso. La respuesta llegó cuando los comandos se llevaron el arma y dejaron, según el relato que ellos mismos fabricaron, un mensaje: la espada pasaba a la lucha revolucionaria.

El gesto condensaba una operación política y semántica. El nombre M-19 conmemoraba el fraude electoral del 19 de abril de 1970, cuando —según sus fundadores— se le arrebató la victoria a Gustavo Rojas Pinilla y a la ANAPO, que había perdido por un estrecho margen en circunstancias que sus seguidores consideraron fraudulentas. Uno de los núcleos fundadores del M-19 provenía de militantes anapistas que rechazaban el robo de 1970. Jaime Bateman Cayón, el estratega decisivo, buscó a figuras como Andrés Almarales tras el fraude para construir el nuevo movimiento. El M-19 nació en las ciudades, en universidades y entre una clase media ilustrada e intelectual, a diferencia de las FARC, cuyo origen estaba en el campo. Bateman había sido, de hecho, expulsado de las FARC por intentar convencer a la dirección de trasladar la guerrilla desde el monte hacia las urbes, donde consideraba que tendría mayor impacto.

Su elección del símbolo bolivariano fue programática. Bateman optó por lo que llamó una "estrategia bolivariana" —formar un ejército popular siguiendo el modelo del Ejército Libertador que derrotó a los españoles— como alternativa al foquismo guerrillero asociado al Che Guevara que practicaban otras insurgencias latinoamericanas. En vez de un pequeño foco rural que catalizara la insurrección, un ejército con vocación de masas urbana; en vez de la referencia cubana, la referencia venezolano-colombiana de la Independencia. Robar la espada no era, entonces, un happening: era la afirmación de que la izquierda armada disputaba a la derecha colombiana la herencia del Libertador. Si los conservadores llevaban un siglo diciendo que Bolívar era suyo, el M-19 respondía que la espada solo tenía sentido si volvía a la lucha por la liberación.

El giro fue extraordinario. Por primera vez en la historia colombiana, el bolivarianismo dejaba de ser patrimonio del orden y se convertía en bandera de la subversión. El símbolo, tantas veces movilizado para justificar la concentración del poder, ahora se invocaba para atacarlo. Pero la novedad no debe ocultar la continuidad: también Bateman apelaba a la fusión de pueblo y ejército, a la autoridad centralizada de una comandancia, y a la unidad nacional frente a las élites disgregadoras. El campo simbólico se ampliaba; el terreno seguía inclinándose en la misma dirección.

Las FARC y el imaginario patriótico

Las FARC llegaron tarde al bolivarianismo, y precisamente por eso su apropiación dice tanto. Nacidas en los años sesenta como brazo armado del Partido Comunista, ancladas en la tradición marxista-leninista y en la memoria de las autodefensas campesinas del sur del Tolima, tuvieron durante décadas un imaginario más internacionalista que patriótico. El cambio se produjo en la VII Conferencia de 1982, cuando se añadió a la sigla la denominación EP —Ejército del Pueblo—, simbolizando el paso de una estrategia de resistencia defensiva a una orientación ofensiva hacia la toma del poder político. La organización empezaba a pensarse como fuerza nacional.

Fue desde comienzos de los años noventa, sin embargo, cuando las FARC-EP desarrollaron con especial intensidad el imaginario patriótico bolivariano. La bandera colombiana empezó a aparecer profusamente en su escudo, en su indumentaria y en sus actos públicos. Los frentes fueron bautizados no solo con un número sino también con el nombre de un héroe de la "gesta libertadora", incorporando el santoral independentista a la estructura organizativa. La estructura destinada fundamentalmente a operar en espacios urbanos recibió el nombre de Milicias Bolivarianas. El himno de la organización y sus cantos incluían referencias a Simón Bolívar, quien pasó a ocupar un lugar central en el imaginario político de la guerrilla. Pablo Catatumbo se convirtió en el principal estudioso de las ideas bolivarianas dentro de las FARC y, en algún aspecto del liderazgo, sucedió a Jacobo Arenas —quien había sido el principal ideólogo hasta su muerte en 1990.

Sobre ese giro se fundó el Movimiento Bolivariano por una Nueva Colombia, una organización de carácter absolutamente clandestino cuya fecha exacta de constitución no fue nunca anunciada públicamente. Simultáneamente, las FARC crearon el Partido Comunista Colombiano Clandestino, con estructura y funciones similares. Ambas fueron pensadas como brazos políticos capaces de operar donde el aparato armado no llegaba, pero su carácter clandestino acentuó justo lo contrario de lo que aparentaban: una orientación cerrada y vertical, cada vez más táctica y menos estratégica, y más alejada de la "línea de masas", especialmente en territorios poco consolidados. La creación de estas dos instancias recargó la estructura organizacional con capas intermedias entre la cúpula y la base, y generó tensiones propias del crecimiento acelerado de militantes sin formación política ni ideológica.

El bolivarianismo de las FARC funcionó, entonces, con una doble cara. Hacia afuera, permitía presentar la lucha armada como continuación de la gesta libertadora y como afirmación de la soberanía nacional frente a la injerencia externa, especialmente estadounidense. Hacia adentro, sirvió para articular una identidad organizativa amplia en un momento de expansión territorial y militar sin precedentes. Que el símbolo funcionara en ambas dimensiones —propagandística e interna— muestra la eficacia que Bolívar seguía teniendo, incluso para una organización que hasta poco antes lo ignoraba, como cemento de comunidades políticas armadas.

La onda transfronteriza: Chávez y la Gran Colombia recuperada

El eje final del bolivarianismo colombiano contemporáneo se juega fuera de las fronteras, en la Venezuela de Hugo Chávez, pero repercute con intensidad hacia adentro. El primer contacto entre las FARC y Chávez probablemente ocurrió en 1992, cuando el entonces coronel golpista fue apresado tras el fracaso de su intentona militar contra Carlos Andrés Pérez. Años después, una comunicación interna de la guerrilla —fechada el 31 de julio de 2004 y cursada entre Rodrigo Granda, alias Ricardo, y Raúl Reyes— refería que Ramón Morales, asesor de seguridad de Chávez, habría garantizado la recepción de cien millones de pesos colombianos enviados por las FARC al MBR-200 durante el encarcelamiento de su líder. El origen del documento obliga a manejarlo con cautela, pero traza en trazo grueso una geografía posible del vínculo.

El chavismo institucionalizó, ya en el poder desde 1999, una versión del bolivarianismo leída por sus críticos como apropiación distorsionada del legado del Libertador: el régimen venezolano del siglo XXI invocó a Bolívar para obtener legitimidad política, explotando su vertiente autoritaria y construyendo un "Bolívar populista" ajeno a sus ideas constitucionales originales. La operación no era enteramente nueva —había antecedentes en Gómez y López Contreras—, pero adquirió una escala y un aparato de Estado que ningún gobierno anterior había desplegado. Y esta vez, además, tenía vocación transnacional. La coexistencia de las FARC-EP en Colombia, los movimientos indígenas en Ecuador y el régimen chavista en Venezuela fue percibida como una geografía de resistencia compartida frente a la influencia estadounidense en el norte de Sudamérica, aunque no implicara coordinación explícita entre esos actores. Caracas empujó precios más altos del petróleo desde la OPEP y adoptó una política exterior independiente, y el triángulo Colombia-Ecuador-Venezuela emergió, para los críticos del imperialismo, como un nuevo epicentro regional.

El proyecto encontró apoyos intelectuales dentro de Colombia. Orlando Fals Borda —el sociólogo fundador de la investigación-acción participativa— publicó una obra sobre lo que llamó "La Gran Colombia bolivariana", reinterpretando el legado del Libertador como fundamento de proyectos de integración regional. Fals Borda atribuía a Bolívar una visión sociogeográfica de las cuencas hidrográficas por encima de las fronteras formales, y se apoyaba en una carta de 1821 en la que el Libertador imaginaba una república organizada en departamentos que rebasaban los límites del uti possidetis. A partir de ese precedente, propuso la creación de corporaciones ambientales binacionales autónomas en las cuencas compartidas entre Colombia y sus vecinos.

Que un intelectual de izquierdas del calado de Fals Borda hallara en Bolívar el fundamento de un proyecto de integración regional muestra hasta qué punto el símbolo seguía disponible para operaciones ideológicas de todo signo. También indica algo más profundo: el bolivarianismo transfronterizo de comienzos del siglo XXI no fue una invención chavista, sino la reactivación de un potencial político que la geografía del Libertador siempre contuvo.

Un símbolo con terreno inclinado

Recorrer las apropiaciones del bolivarianismo colombiano —el culto post-mortem de 1830, la Regeneración de 1886, el populismo militar de 1953, la espada robada de 1974, las milicias bolivarianas de los noventa, el chavismo transfronterizo de los 2000— podría sugerir que se trata de un significante puramente vacío, moldeable según las necesidades de quien lo invoca. Esa lectura es cierta a medias. Bolívar sirvió, en efecto, a Núñez y a Bateman, a Caro y a Marulanda, a Rojas Pinilla y a Chávez, y esa capacidad de servir a proyectos ideológicamente opuestos revela una plasticidad extraordinaria del símbolo.

Pero la plasticidad no es infinita. Cada apropiación exitosa —y solo las exitosas dejan huella— explotó el mismo núcleo del legado: la legitimación de la concentración del poder en nombre de la unidad nacional frente a élites o fuerzas disgregadoras. La Regeneración presentó el centralismo autoritario como recuperación de la unidad bolivariana frente al caos federal; Rojas Pinilla presentó la intervención militar como recuperación de la autoridad frente al fracaso de los partidos; el M-19 presentó la insurrección como recuperación del proyecto libertador frente a la traición de las élites; las FARC-EP presentaron la guerra popular como recuperación de la soberanía nacional frente a la injerencia extranjera; el chavismo presentó su régimen como recuperación de la Gran Colombia frente al imperialismo. En todos los casos, invocar a Bolívar significó reclamar una fusión de autoridad, pueblo y fuerza armada que ninguna otra figura de la historia colombiana podía sostener con la misma legitimidad.

Importa también reparar en quiénes hicieron el bolivarianismo. La lista es elocuente: presidentes, cardenales, generales, comandantes guerrilleros, intelectuales orgánicos. El bolivarianismo colombiano fue, en primera instancia, un instrumento de las élites dirigentes para disciplinar a sectores subalternos bajo un proyecto de orden nacional. El origen urbano e intelectual del M-19 y el carácter vertical y clandestino del Movimiento Bolivariano de las FARC no rompen con esa lógica: la confirman desde el lado de la insurgencia. La disputa simbólica en torno a Bolívar fue, más que una apropiación desde abajo, una lucha intraélite por el control de los recursos legitimadores del Estado.

Y sin embargo, el sustrato devocional que atravesó los dos siglos —los retratos apuñalados de 1830, las estatuas ecuestres, la Plaza de Bolívar remodelada en 1929, el centenario de 1910, la espada robada en 1974— indica que el bolivarianismo funcionó también como religión cívica de la nación, transversal a las clases sociales. Los proyectos políticos que lo invocaron fueron episódicos: aprovecharon una devoción más profunda y más duradera que ellos mismos. Cuando en 2010 el país conmemoró el bicentenario de la independencia, ninguna de las apropiaciones anteriores había agotado el símbolo. Bolívar seguía disponible para el próximo relato que la política colombiana necesitara contarse, y esa disponibilidad tiene algo de melancólico: Colombia ha invocado repetidamente al Libertador porque no ha encontrado, en ningún otro lugar de su historia, una figura capaz de suturar sus divisiones, y ha tomado prestado, de una gesta que no terminó bien, el lenguaje para pensar la unidad que aún no ha logrado construir.

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En el archivo

65 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

01Independencia1810–183137
  1. 1810Independencia (1810–1831)Época
  2. 1810Soberanía popularFicha
  3. 1813El vuelco llanero: de Boves realista a Páez republicanoHecho
  4. 1815La Reconquista española y el Régimen del Terror (1815–1819)Hecho
  5. 1815Pardos, Haití y la dimensión afro de la independencia (1815–1821)Hecho
  6. 1816La Campaña Libertadora de 1819Hecho
  7. 1816Pablo MorilloFicha
  8. 1817Ejecuciones de Piar (1817) y Padilla (1828): el techo racial de la repúblicaHecho
  9. 1819Arte e iconografía de la Independencia colombianaPregunta
  10. 1819Campaña Libertadora y Batalla de Boyacá (1819)Hecho
  11. 1819Constitución de Cúcuta y fundación de la Gran ColombiaHecho
  12. 1819Francisco Antonio ZeaFicha
  13. 1819La Legión Británica y los oficiales europeos en la independencia de ColombiaPregunta
  14. 1819Simón BolívarFicha
  15. 1820Empréstitos de Zea en Londres y quiebra especulativa de 1825Hecho
  16. 1820José Antonio PáezFicha
  17. 1820La prensa y la Gran ColombiaPregunta
  18. 1821Francisco de Paula SantanderFicha
  19. 1821Gran ColombiaFicha
  20. 1821Mariano MontillaFicha
  21. 1821Pedro GualFicha
  22. 1822Campañas del Sur: Pasto, Quito y Ayacucho (1822–1824)Hecho
  23. 1822Manuela SáenzFicha
  24. 1822Reconocimiento internacional de la Gran Colombia (1822–1825)Hecho
  25. 1825Antonio José de SucreFicha
  26. 1825Las reformas santanderistas y el benthamismo (1825–1828)Hecho
  27. 1825Reconocimiento diplomáticoFicha
  28. 1825Vicente AzueroFicha
  29. 1826El fracaso del proyecto bolivariano: Gran Colombia y Congreso de PanamáPregunta
  30. 1826La Cosiata, la Convención de Ocaña y la crisis de la Gran Colombia (1826–1828)Hecho
  31. 1826Prohibición bolivariana de Bentham y guerra cultural sobre el currículo (1828)Hecho
  32. 1828Conspiración Septembrina de 1828Hecho
  33. 1828La fractura Bolívar-Santander y el origen del bipartidismo colombianoPregunta
  34. 1828PardocraciaFicha
  35. 1829Disolución de la Gran ColombiaHecho
  36. 1830La Gran ColombiaPregunta
  37. 1830Rafael UrdanetaFicha
02Nueva Granada1831–18625
  1. 1831Fundación de la República de la Nueva Granada y administración Santander (1832–1837)Hecho
  2. 1839Guerra de los SupremosHecho
  3. 1839José Ignacio de MárquezFicha
  4. 1843Pedro Alcántara HerránFicha
  5. 1847El golpe de José María Melo y la revolución de los artesanos (1854)Hecho
03Estados Unidos de Colombia1863–18852
  1. 1867Caída de Mosquera y consolidación civilista (1867)Hecho
  2. 1875Culto bolivarianoFicha
04Regeneración1886–19291
  1. 1903PanamericanismoFicha
05Crisis y narcotráfico1974–19904
  1. 1974Jaime Bateman CayónFicha
  2. 1979El M-19Pregunta
  3. 1983Iván Marino OspinaFicha
  4. 1985Guerrilla urbanaFicha
06Constitución de 19911991–20021
  1. 1993Pedagogías paramilitares de adoctrinamiento y giro bolivariano de las FARC (1993–2002)Hecho
07Seguridad Democrática2002–20161
  1. 2006Hugo ChávezFicha
08Posconflicto2016–presente1
  1. 2016Crisis migratoria venezolana hacia Colombia (2016–2022)Hecho
09Transversal12
  1. 1820CaracasFicha
  2. 1821CúcutaFicha
  3. 1822Argentina en la historia de ColombiaFicha
  4. 1823Doctrina MonroeFicha
  5. 1823Estados UnidosFicha
  6. 1830La frontera colombo-venezolanaPregunta
  7. 1840José María ObandoFicha
  8. 1845Tomás Cipriano de MosqueraFicha
  9. 1886ColombiaFicha
  10. 1886El panteón heroico colombianoPregunta
  11. 1959Fidel CastroFicha
  12. 2022Gustavo PetroFicha
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Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Simón Bolívar — figura fundacional cuya imagen, pensamiento y legado constituyen el núcleo del bolivarianismo en todas sus versiones
  2. 02Francisco de Paula Santander — antagonista original cuya disputa con Bolívar (1826-1830) dio origen al bolivarianismo como facción política diferenciada
  3. 03Rafael Núñez — presidente que, junto con Miguel Antonio Caro, realizó la primera captura sistemática del bolivarianismo como programa de Estado en la Regeneración y la Constitución de 1886
  4. 04Miguel Antonio Caro — principal redactor de la Constitución de 1886 y artífice de la apropiación conservadora del símbolo bolivariano como fundamento de la 'república autoritaria'
  5. 05Gustavo Rojas Pinilla — dictador militar (1953-1957) que articuló la versión populista y castrense del bolivarianismo bajo el lema 'la era del hombre común'
  6. 06Regeneración — proyecto político-constitucional que convirtió a Bolívar en legitimador del centralismo, el presidencialismo fuerte y la alianza Iglesia-Estado
  7. 07Centralismo — tendencia estructural hacia la que el bolivarianismo se inclinó de manera constante en sus distintas versiones históricas
  8. 08Caudillismo — forma de ejercicio del poder asociada al modelo bolivariano y reproducida por sus herederos militares y populistas en el siglo XX
  9. 09Plaza de Bolívar, Bogotá — espacio simbólico central del culto bolivariano en Colombia, remodelado en 1929 para servir de escenario ritual del Estado centralista
  10. 10Hugo Chávez — líder venezolano que proyectó el bolivarianismo más allá de las fronteras colombianas en el cambio de siglo, creando una versión transfronteriza del concepto
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Documentos y fragmentos citados

39 documentos · 41 fragmentos

01Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 1421 cita
[1]

bolivarianos La Constitución de Cúcuta, de 1821, que incluía a Venezuela y Quito, instauró un régimen centra- Camilo Torres, líder fede- ralista. Centralismo y fe- deralismo fueron el origen de los partidos políticos. lista que, sin embargo, no encontró mayor oposición ni generó bandos definidos hasta 1826, cuando el…

p. 142
02Uniting States: Voluntary Union in World PoliticsJoseph M. Parent · 2011 · p. 61 cita
[2]

happen, and he tried the same tired remedies, expecting better outcomes. Four years before, he was the adored liberator of South America—now Bolívar’s charisma was spent; everything he touched turned hostile or futile. Another of his former ocers, José María Córdova, took up arms against him; Bolívar earned not a…

p. 6
03Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 1271 cita
[3]

rita de los pol í ticos, incluso para romper las reglas acordadas por los representantes del “ pueblo ”. En 1811, Antonio Nari ñ o dio el primer golpe de Estado, al derribar, a nombre del bien com ú n, con el apoyo de los militares, el gobierno de Jorge Tadeo Lozano. Entre 1811 y 1815 los dirigentes criollos,…

p. 127
04Los López en la historia de ColombiaÓscar Alarcón Núñez · 2022 · p. 211 cita
[4]

así como, por muchos años, se consideró que el centralismo era conservador y el federalismo era liberal, pero no hay que olvidar que fue una Constituyente de estirpe conservadora, en 1858, la que promovió por primera vez el federalismo en Colombia. Y, tratándose del tema económico, la apertura, tan condenada hoy día…

p. 21
05Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · p. 4081 cita
[5]

c i ó n d e lnuevo P r e s i d e n t e,al ac u a l no s esometió B o l í v a rpor haber renuncia do d e f i n i t ivamente ae s a i n v e s t i d u r a. Los amigos de B o l í v a rpostularonentoncesaEusebio María Canabal,quien debía e n f r e n t a r s econ Joaquín Mosquera, apoyado,asuv e z,por l o sdenominados l i b…

p. 408
06Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · p. 651 cita
[6]

the acts of repression inflicted on him and his followers by Bolívar's dictator- Page 23 ship, and his political style was clearly what came to be known in Colombia as "sectarian," or highly partisan behavior. Faithful to his own legalistic bent, Santander was careful not to violate directly the political rights of…

p. 65
07Estudios interdisciplinarios de las élites en ColombiaCatalina Acosta Oidor, Alexander Gamba Trimiño, Verónica Salazar Baena · 2023 · p. 1011 cita
[7]

adeptos de Bolívar apuñalaron un retra - to de Santander. A su vez, en 1830 se fusilaron dos retratos de Bolívar en Bogotá. Estas tensiones continuaron después de la muerte de los repre - sentados” (Robledo Páez, 2018, p. 89). Lo anterior ayuda a comprender la dimensión funcional de las imágenes de héroes nacionales…

p. 101
08The Struggle for Power in Post-Independence Colombia and VenezuelaMatthew Brown · 2012 · p. 171, 2592 citas
[8]

on August 3, 1851, and Castelli proposed “a magnificent bronze equestrian statue of the type that very few cities in Old Europe can claim, a statue which the people would claim as their own.” 14 His fundraising was Figure 9.1 Statue of Bolívar in Central Caracas Source: Photo by author (2011). T H E EN D O F B O L I…

p. 171
[40]

15–19, 171–5 Ayacucho, battle of, 31–3, 37, 71 Ayala, José María, 135 Ayton, Joseph, 104, 107–11 Azuero, Vicente, 43, 80, 91, 101 Balls, 45, 49, 52 Banco Colonial Británico, Venezuela, 139–40, 148, 175 Banco Nacional, Venezuela, 140, 148 Banditry, 78, 162 Barbosa, 85, 87, 131 Barrot, Adolph, 95, 110–13 Bentham,…

p. 259
09Bogotá un museo a cielo abierto. Guía de esculturas y monumentos conmemorativos en el espacio públicop. 201 cita
[9]

con sus respectivos muros, candelabros, balaustradas y escalinatas. El pedestal de Lambardi fue retirado por ser considerado “del peor gusto e inadecuado” y se reemplazó por uno nuevo diseñado por el pintor Roberto Pizano a solicitud del Alcalde de la ciudad, José María Piedrahíta, 7 trabajo que no cambió la…

p. 20
10Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 1001 cita
[10]

nation. Something similar happened with historiography. The construction of the state and its consolidation required the writing of its history from its origins, inheritances, and great patriotic deeds. This task had already been clearly realized when the celebration of the first centennial of independence took place.…

p. 100
11Manual de arte del siglo XIX en ColombiaBeatriz González Aranda · 2017 · p. 851 cita
[11]

en la derecha un cetro. América, al lado de dos figuras indígenas, coronadas de plumas, sostiene una lanza en la mano izquierda y tiene sobre la espalda el carcaj. Con la mano derecha señala el mar. Cercano, en la parte baja, se observa un cocodrilo. Es indudable que estas alegorías de los continentes se conocían en…

p. 85
12Historia abierta del arte colombianoMarta Traba · 2016 · p. 841 cita
[12]

de las relaciones de clase sostenidas durante la Colonia; quien previene, sin embargo, acerca de los males que ocurrirán con la ceguera de las clases dirigentes, una vez que tomen el poder; quien en 1828, ya profundamente desilusionado acerca de la aceptación de sus teorías políticas y abocado a la desmembración de la…

p. 84
13Con nombre propioDaniel Samper Pizano · 2017 · p. 271 cita
[13]

tercer Simón en tierra vasca y las influencias que pudo allí pescar, no hay en cambio ninguna sobre la devoción con que reclama sus orígenes el País Vasco. La Sociedad que estudia su historia, la nutrida biblioteca boliva- riana que reposa en la ciudad de Vitoria y el museo que divulga la imagen del Libertador en la…

p. 27
14Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 561 cita
[14]

as libe rt ades individuales y e nton ces decayó el núm ero y vitalidad iconoclasta de periódicos y publicaciones. Los pasquines y perió- dicos irresponsables que florecieron durante el federali smo fue- r on sustituidos por pub li caciones o btu sas y tan sectarias. N úñ cz y Ca ro, d os hombr es provenient es de la…

p. 56
15De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 441 cita
[15]

civil [...] y la sociedad religiosas". El documen- to también señala cómo la Iglesia Católica es «[una] parte esencial del orden nacio- MICHAEL J. LAROSA La Constitución de J 886 fue, en gran medida, obra de Miguel Antonio Caro. el principal pensador conservador de la época. Firme defensor de la Iglesia y la fe…

p. 44
16De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 441 cita
[16]

sociedad religiosas". El documen- to también señala cómo la Iglesia Católica es «[una] parte esencial del orden nacio- MICHAEL J. LAROSA La Constitución de J 886 fue, en gran medida, obra de Miguel Antonio Caro. el principal pensador conservador de la época. Firme defensor de la Iglesia y la fe católica, publicó un…

p. 44
17Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · p. 5681 cita
[17]

varios ensayos periodísticos, el señor Núñez advir- tió que la Regeneración era un movimiento que tendía hacia la racionalización del Estado y la vida política: «Si mal no comprendemos y apreciamos la situación, es la ver- dad que estamos saliendo de la época de la imaginación para 569 Eíndnice r ístasóe ld te…

p. 568
18Colombia and the United States: The Making of an Inter-American Alliance, 1939–1960Bradley Lynn Coleman · 2008 · p. 1731 cita
[18]

Rojas invoked Catholic religious and social doctrine to inspire unity. Honoring the legacy of Simón Bolívar, the military government also extolled the ideas of “loyalty, honesty, modesty, strength, and moderation.”31 Together, these virtues would help Colombia move beyond la Violencia, toward some higher, albeit…

p. 173
19Simón Bolívar: A LifeJohn Lynch · 2007 · p. 3311 cita
[19]

a ‘revolutionary Bolivarian’. Authoritarian populists, or neo-caudillos, or Bolivarian militarists, whatever their designa- tion, invoke Bolívar no less ardently than did previous rulers, though it is doubtful whether he would have responded to their calls. The traditional cult of Bolívar had been used as a convenient…

p. 331
20Repúblicas en armas: Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 4171 cita
[20]

esto éste desempeña un papel capital en la construcción nacional. Pero lejos de limitarse a su función estabilizadora, la institución militar construye una soberanía alterna, que pesa de manera permanente sobre el juego político, con la complicidad del gobierno. Bolívar considera a las Fuerzas Armadas como el pueblo…

p. 417
21Repúblicas en armas. Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 4171 cita
[21]

esto éste desempeña un papel capital en la construcción nacional. Pero lejos de limitarse a su función estabilizadora, la institución militar construye una soberanía alterna, que pesa de manera permanente sobre el juego político, con la complicidad del gobierno. Bolívar considera a las Fuerzas Armadas como el pueblo…

p. 417
22Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · p. 331 cita
[22]

la institución castrense. Ya desde la Constitución de 1886 se había establecido que Colombia contaría con un ejército único no deliberante, pero las guerras de 1895 y de los EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:21:44 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to…

p. 33
23Leer es resistirMario Mendoza · 2022 · p. 531 cita
[23]

fue protagonista de una historia que da para un magnífico guion de un thriller cinematográfico. * En los años setenta surgió el grupo guerrillero M-19. El golpe con el cual se dio a conocer este movimiento fue el robo de la espada de Bolívar en enero de 1974. Hay que recordar que, a diferencia de las FARC, cuyo origen…

p. 53
24Siembra vientos y recogerás tempestades. La historia del M-19, sus protagonistas y sus destinosPatricia Lara S. · 2002 · p. 411 cita
[24]

en Piedecuesta, otro en San Gil y tres en Bucaramanga. Entonces viajé a Cali. Todavía corría el año 1973. Allá se realizó la primera conferencia en la que yo participé. Asistimos unas veinti cinco personas. Constituimos la primera dirección del movimiento. La integraban Jaime Bateman, Iván Ospina, Alvaro Fayad, Hélmer…

p. 41
25More Terrible Than Death: Drugs, Violence, and America's War in ColombiaRobin Kirk · 2003 · p. 911 cita
[25]

and slums. Some, among them the group's founder, Jaime Bateman Cayon, had begun their guerrilla ca- reers in the FARC. Bateman's memories of growing up in the shadow of United Fruit Company factories fed his rebellion. Colombians could not swim in company pools or shop in company stores, even as they harvested the…

p. 91
26El Palacio de Justicia: una tragedia colombianaAna Carrigan · 2009 · p. 381 cita
[26]

Rojas y el presidente saliente, Carlos Lleras Res- trepo. Pero cuando se reanudó el contco, la ANAPO había perdido la elección por un estrecho margen y el general se había retirado de la contienda. Envió mensajes que llamaban a sus partidarios a mantener la calma; mientras él regresaba a la comodidad de sus…

p. 38
279 de marzo de 1990Rafael Pardo Rueda · 2020 · p. 1491 cita
[27]

lo que le dio toda la fortaleza a Uribe desde el año 2000 hasta hoy. Cuando Uribe recibió el país en el año 2000 estaba muy complicada la situación de orden público y la mejoró muchísimo en sus ocho años y ha vivido de esos réditos a lo largo de los años. El momento político que nos tocó a nosotros no era así, razón…

p. 149
28Una vida, muchas vidasGustavo Petro Urrego · 2021 · p. 401 cita
[28]

Ejército Libertador, como se le llamó, fue el que derrotó a los españoles e hizo triunfar la República en Latinoamérica. Dos siglos después, este debate se repitió bajo las banderas progresistas de toda América Latina. ¿Era mejor tomar el camino de Bolívar, como lo hicieron los sandinistas, y formar un ejército?¿ O el…

p. 40
29Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013Mario Aguilera Peña · 2013 · p. 2241 cita
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se bau- tizara cada Frente no solo con un número, sino también con el nombre de un héroe de la “gesta libertadora”. Desde comienzos de los noventa, el imaginario patriótico se de- sarrolla de manera relevante: por un lado, se aprecia la utilización profusa de la bandera colombiana en el escudo de las farc, en la…

p. 224
30Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 1261 cita
[30]

partido” [sic.] organizaron primero el Partido Comunista Colombiano Clandestino (PCCC), y, poco después, el Movimiento Bolivariano por una Nueva Colombia, (MB). Así, la estructura organizacional de las FARC pareció recargarse de instancias entre la cúpula y la base y empezó a sopor- tar las tensiones propias del…

p. 126
31Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · p. 1031 cita
[31]

historiadores y analistas del fenómeno guerrillero en Colombia. Lo cierto es que, más allá de si el nacimiento de las FARC estaba o no inscrito en la lógica del desarrollo histórico. El PCC y el cerco militar contra Marquetalia le sirvió a la incipiente organización guerrillera para crear un poderoso mito fundacional.…

p. 103
32Memorias dispersasHumberto De La Calle Lombana · 2021 · p. 1831 cita
[32]

ahora a examinar las relaciones entre Venezuela y las FARC. Como se dijo, suele pensarse que ellas comenzaron con el coronel Hugo Chávez. No es cierto. Es muy probable que el primer contacto entre las FARC y Chávez ocurriera en 1992. Cuando el coronel golpista fue apresado, la guerrilla le prestó apoyo con la donación…

p. 183
33War in Colombia: Made in U.S.A.Teresa Gutierrez, Sara Flounders, Rebeca Toledo, Andy McInerney (eds.) · 2003 · p. 1901 cita
[33]

El Salvador and at least 50,000 in Nicaragua. In the late 1990s and into the new millennium, the geogra- phy of resistance to the U.S. empire has shifted to northern South America namely Colombia, the Eastern highlands of Ecuador and Venezuela. In Colombia, the combined guerrilla forces control or influence a wide…

p. 190
34El socialismo raizal y la Gran Colombia bolivarianaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 441 cita
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la Gran Colombia bolivariana /// Orlando Fals Borda 44 guerra y la ocupación desordenada y explotación ilegal de la tierra. Colombia carga con buena parte de la culpa porque todas esas aguas se originan en los Andes colombianos. No sería difícil pensar en corporaciones ambientales binacionales autónomas en esos…

p. 44
35Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 6311 cita
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carec í a de los presupuestos culturales m á s elementales para aceptar y cultivar una ciencia rigurosa. En la. cuna universitaria de la Rep ú blica, en el Colegio Mayor de Nuestra Se ñ ora del Rosario, se segu í a comentando el tomismo con un fer vor y fanatismo tan anacr ó nicos que daban la justificada impre si ó n…

p. 631
36Historia y nación. Tentativas de la escritura de la historia en ColombiaAlexander Betancourt Mendieta · 2020 · p. 1, 32 citas
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relatos históricos en este clima de ideas se expresaron en los modos en los que representaron la realidad. La moralización debía estar acompañada de “una imaginación viva y una ardiente fantasía” para que el historiador pudiera conmover los sentimientos. El relato “fiel de los hechos” debía tener un tono dramático que…

p. 3
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79 Capítulo III Los revisionismos históricos: el momento de los años treinta Un autor no especializado se dirige a un público no especializado, con la intención de divulgar ciertos hechos que la historia oficial, historia contada por los vencedores, esconde o miente. Eduardo Galeano en (1971) Las venas abiertas de…

p. 1
37Idola ForiCarlos Arturo Torres · 2016 · p. 2041 cita
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Cánovas, y como él apóstoles de la inflexibilidad de un principio y del fana- tismo de una convicción honrada, son al propio tiempo hombres de acción y teóricos de la autoridad. Es el chi- leno viviente espíritu y verbo de la resistencia oligárquica 205 Iíndi Fnce al espíritu radical, al favor del eterno sofisma…

p. 204
38Historia de Colombia. La Colombia más Antigua. Tomo 1Gonzalo Hernández de Alba (dir.); Camilo Domínguez O., José L. Lorenzo, Amancio Fernández, Gonzalo Correal y otros · p. 181 cita
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se manifestó en la empresa construc- xl tora de la nacionalidad, que fue su fruto inmediato; se hizo patente en la lucha por defender nuestras fronteras y conservar la integridad del territorio; se mostró en los enfrentamientos partidistas y en la sangría de las guerras civiles; se tradujo en más de una inestabilidad…

p. 18
39The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 6441 cita
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Bolívar, Gustavo, 586 Bolívar, Simón, 57; in fiction, 91 (as a par- rot), 532 (as a visionary); followers of, 118–19, 323, 340; image of evoked in politi- cal discourse, 368, 373, 552; opposition to, 113–17, 323; as “president for life,” 329; “war to the death” proclaimed by, 328–30 bombings, 6, 318, 507, 529, 531;…

p. 644