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Hecho histórico · Independencia · 1810–1831

Ejecuciones de Piar (1817) y Padilla (1828): el techo racial de la república

La república naciente ejecutó a los dos oficiales afrodescendientes de mayor rango en sus ejércitos: Manuel Piar, fusilado en Angostura en 1817 tras vencer en San Félix, y José Padilla, fusilado y ahorcado en Bogotá en 1828 tras forzar la rendición de Maracaibo. Ambos fueron eliminados bajo la acusación de promover una 'guerra de razas', dispositivo que convirtió la insubordinación política en amenaza existencial y fijó el techo racial de la república sin necesidad de inscribirlo en sus leyes.

Ejecuciones de Piar (1817) y Padilla (1828): el techo racial de la república
16 de octubre de 1817 – 2 de octubre de 1828
01

Ficha del acontecimiento

Síntesis

Cuándo
16 de octubre de 1817 – 2 de octubre de 1828
Dónde
Angostura (Ciudad Bolívar), Venezuela, San Félix, Venezuela, Maracaibo, Venezuela, Cartagena de Indias, Nueva Granada, Bogotá, Nueva Granada, Getsemaní, Cartagena, Mompox, Nueva Granada, Riohacha, Nueva Granada, Ciénaga, Nueva Granada, Bucaramanga, Nueva Granada, Ocaña, Nueva Granada
Protagonistas
Manuel Carlos Piar (general pardo venezolano, vencedor de San Félix, fusilado en 1817), José Prudencio Padilla (almirante mulato riohachero, vencedor de Maracaibo, fusilado en 1828), Simón Bolívar (Libertador, ordenó ambos procesos y ejecuciones), Rafael Urdaneta (presidió el consejo de guerra contra Piar; participó en la represión post-septembrina), Mariano Montilla (general venezolano blanco, rival de Padilla en Cartagena, promovió la acusación de pardocracia), Francisco de Paula Santander (vicepresidente, aliado político de Padilla, salvado del fusilamiento), Daniel Florencio O'Leary (secretario de Bolívar, recomendó no juzgar a Padilla en Cartagena), Francisco Antonio Zea (miembro del Consejo de Estado provisional instalado tras la muerte de Piar), Ignacio Muñoz (testigo clave en el proceso contra Padilla, prestó declaración acusatoria en junio de 1828), Joaquín María Tatis (comandante cuyo incidente en el cuartel de artillería detonó la crisis de marzo de 1828), Juan de Francisco Martín (participó en las gestiones de negociación entre Padilla y Montilla)
02

Lectura causal

Causas, hecho y consecuencias

Causas

  1. Acumulación de mando militar autónomo y redes clientelares propias por parte de oficiales pardos (Piar tras San Félix, Padilla tras Maracaibo), lo que los convirtió en rivales políticos reales dentro del ejército patriota.
  2. Tensión estructural entre la retórica igualitaria de la república y la persistencia de jerarquías raciales coloniales que impedían a los oficiales afrodescendientes ejercer poder en igualdad de condiciones con la élite criolla blanca.
  3. Uso político de la acusación de 'guerra de razas' o 'pardocracia' como dispositivo para transformar la insubordinación ordinaria en amenaza existencial: el espectro de Haití operaba como argumento de cierre que deslegitimaba cualquier movilización parda.
  4. Rivalidad personal e institucional entre Padilla y Montilla, con dimensión racial y social explícita, que llevó a Montilla a construir sistemáticamente ante Bolívar la imagen de una conspiración de los pardos en el Caribe.
  5. Contexto de la Convención de Ocaña (1828) y la pugna entre bolivarianos y santanderistas, que convirtió el apoyo liberal a Padilla en argumento adicional para su eliminación.
  6. Herencia de los códigos coloniales de honor que excluían a los hombres de ascendencia africana de la ciudadanía plena, y que la república reprodujo sin desmontar, facilitando el descrédito público de ambos oficiales.
16 de octubre de 1817 – 2 de octubre de 1828Ejecuciones de Piar (1817) y Padilla (1828): el techo racial de la república

Consecuencias

  1. Establecimiento de un precedente explícito: los generales pardos con base social propia y mando autónomo serían eliminados, sin importar sus servicios militares, si su poder resultaba incómodo para la élite criolla dirigente.
  2. Consolidación del poder centralizado de Bolívar tras la muerte de Piar: en noviembre de 1817 instaló en Angostura un Consejo de Estado presidido por él mismo, armando la institucionalidad republicana sobre la tumba de su rival más prominente.
  3. Fijación del 'techo racial republicano': la república declaró formalmente la igualdad ciudadana pero ejecutó a sus líderes afrodescendientes más poderosos, instaurando una norma no escrita que estructuró las jerarquías militares y políticas del siglo XIX.
  4. La acusación de pardocracia quedó disponible como arma política reutilizable: Montilla la empleó contra Padilla en 1828, los bolivarianos la usaron para deslegitimar a los liberales que lo defendían en Ocaña, y el lenguaje del 'peligro pardo' persistió en el discurso conservador neogranadino.
  5. Desmovilización política de las comunidades afrodescendientes del Caribe: el fracaso y la ejecución de Padilla señalaron los límites de la movilización racial explícita dentro del marco republicano, inhibiendo liderazgos similares en décadas posteriores.
  6. Exposición de la contradicción fundacional de la Gran Colombia: la república necesitó los brazos y la sangre afrodescendientes para vencer militarmente, pero eliminó sistemáticamente a sus líderes autónomos en cuanto estos reclamaron el poder que sus victorias les habían ganado.
03

La clave interpretativa

Por qué importa

Las ejecuciones de Piar y Padilla no fueron episodios aislados de disciplina militar: fueron el momento en que la república estableció, mediante la violencia de Estado, que la igualdad proclamada en sus textos fundacionales tenía un límite racial operativo. Leídas juntas, revelan un mecanismo articulado —la acusación de pardocracia como dispositivo de eliminación preventiva— que convirtió el mérito militar afrodescendiente en amenaza existencial cada vez que se traducía en poder autónomo. Ese mecanismo no requirió leyes raciales explícitas: bastó con la repetición del patrón para que el techo quedara fijado, anticipando la retórica del 'peligro pardo' que recorrió el siglo XIX colombiano y venezolano.
04

Desarrollo histórico

La historia completa

Ejecuciones de Manuel Piar (1817) y José Padilla (1828)

Entre el 16 de octubre de 1817 y el 2 de octubre de 1828, la república naciente ejecutó a los dos oficiales afrodescendientes de mayor rango en sus ejércitos. Manuel Carlos Piar cayó ante un pelotón en la plaza mayor de Angostura, condenado por un consejo de guerra que lo halló culpable, entre otras cosas, de promover la guerra de razas. Once años más tarde, José Prudencio Padilla fue fusilado y luego colgado en la plaza mayor de Bogotá, tras un proceso donde se lo acusó de sedición y de complicidad en la conspiración septembrina, aunque estaba preso cuando ocurrió el atentado. Ambos habían sido decisivos para la independencia: el uno como vencedor de San Félix y arquitecto de la campaña de Guayana; el otro como el hombre que forzó la rendición de Maracaibo y cerró la guerra en el Caribe. Ambos eran pardos. Ambos habían acumulado mando militar autónomo y ascendiente sobre poblaciones afrodescendientes. Y ambos fueron eliminados por el mismo aparato republicano al que habían servido, bajo una acusación —la de preparar una pardocracia al estilo haitiano— que en cada caso operó menos como descripción de los hechos que como dispositivo para transformar una insubordinación política ordinaria en una amenaza existencial que solo la muerte podía conjurar. Las dos ejecuciones, leídas juntas, dibujan el techo racial que la república fundó sin necesidad de inscribirlo en sus leyes.

El mundo del que salieron Piar y Padilla

La independencia venezolana y neogranadina se libró en una sociedad donde los pardos —descendientes libres de la mezcla africana, indígena y europea— constituían aproximadamente la mitad de la población en Venezuela y una proporción decisiva en las provincias costeras del Caribe neogranadino. Ese peso demográfico se había traducido, desde el siglo XVIII, en instituciones milicianas de gente de color libre que servían a la Corona en plazas como Cartagena de Indias, y en arrabales como el de Getsemaní, poblado por artesanos, marineros y jornaleros pardos cuyo estatus, sin dejar de ser subordinado, se había fortalecido con el servicio de armas.

De ese mundo salieron los dos oficiales. Manuel Piar, de origen pardo, ingresó a la lucha patriota en fecha temprana y llegó a figurar entre los oficiales más senior de su condición racial dentro del ejército venezolano, en tensión constante con la élite criolla blanca que dominaba la oficialidad superior. José Prudencio Padilla nació en Riohacha, hijo de un pescador pobre, mulato y sin abolengos, con educación formal precaria y acostumbrado desde niño al trabajo manual; a los catorce años se embarcó en un navío de la Marina Real Española, donde aprendió el oficio de mar que luego pondría al servicio de la república.

Los dos hombres cargaban, además del talento militar, una experiencia social distinta a la de los oficiales criollos. La guerra los encumbró: los pardos entraron al ejército patriota en masa, y algunos, por mérito propio, escalaron a rangos que en la sociedad colonial les habrían estado vedados. Esa movilidad, sin embargo, no disolvió las jerarquías. Las divisiones entre patriotas radicales y sus adversarios de élite reflejaban un desacuerdo profundo sobre el alcance de los cambios raciales y sociales que la revolución debía producir, y la cuestión de si oficiales como Piar y Padilla recibirían el mismo trato honorable que sus pares blancos permaneció abierta, latente, disponible para estallar cuando el poder militar de un pardo empezara a incomodar.

Piar hizo su nombre en la campaña de Guayana. Hacia 1816 y 1817 ostentaba el título de General de División de los Ejércitos de Venezuela y en Jefe del Centro, y el 11 de abril de 1817 obtuvo en San Félix una victoria decisiva sobre las fuerzas realistas que abrió a los patriotas el control del Orinoco. Padilla, por su parte, se formó como marino y combatió en la campaña del Magdalena: participó el 10 de noviembre de 1820 en el combate de la Ciénaga junto al capitán Maza y bajo las órdenes del general José María Carreño, acción que precedió a la caída de Cartagena en manos patriotas. Su gran hora llegó en mayo de 1823, cuando condujo una escuadra de veleros de bajo calado hacia el lago de Maracaibo y dos meses después venció a los navíos realistas del comodoro Ángel Laborde, victoria naval que forzó la capitulación del general Francisco Tomás Morales y selló la independencia militar de Venezuela.

Los servicios eran, en ambos casos, insustituibles. Pero San Félix y Maracaibo produjeron algo más que gloria: produjeron autonomía. Y con la autonomía llegó el problema.

Piar en Angostura: la primera decapitación

Tras la victoria de San Félix, Piar alcanzó una prominencia que trastornó los equilibrios internos del ejército patriota oriental. En un contexto donde ya se disputaban el poder al menos tres polos —la clientela del general Santiago Mariño, la red que se articulaba en torno a Bolívar y la que Piar comenzó a construir premiando ascensos a sus subordinados leales—, el vencedor de Guayana se convirtió, en frase que resume su situación política, en el hombre por derribar. No era solo su rango, ni solo su victoria: era la combinación de mando militar efectivo, ascendiente sobre tropas donde los pardos abundaban, y una trayectoria que incluía un episodio anterior en el mar durante los primeros tiempos de la campaña venezolana, cuando Piar y el general José Félix Ribas habrían intentado despojar al Libertador de su mando, acción atribuida más a la envidia que a cargos fundados, pero que quedó como antecedente de deslealtad.

El 30 de junio de 1817, Bolívar concedió a Piar un pasaporte para que se marchara adonde quisiera. Era la salida negociada: apártate y vive. Piar no aceptó. La decisión de arrestarlo vino después, y con ella la maquinaria del consejo de guerra. En octubre, tras un proceso conducido por el general Rafael Urdaneta como presidente del tribunal, Piar fue condenado por deserción, insubordinación, conspiración contra el orden social y —el cargo más grave, el que en adelante marcaría el patrón— fomento de la guerra de colores. El 16 de octubre fue fusilado en la plaza mayor de Angostura.

Bolívar no asistió a la ejecución, pero la ordenó y la justificó públicamente. El acto tenía un doble destinatario. Hacia adentro del ejército, avisaba a cualquier general con base propia que la insubordinación se pagaba con la vida, sin importar los servicios prestados. Hacia la sociedad pluriétnica que el ejército reflejaba, comunicaba que la república no toleraría la movilización racial explícita, aunque su retórica igualitaria admitiera formalmente a los pardos como ciudadanos. Semanas más tarde, en noviembre de 1817, Bolívar estableció en Angostura un provisional Consejo de Estado presidido por él mismo, con Francisco Antonio Zea, Luis Brión y Manuel Cedeño como miembros. La institucionalidad naciente de la república se armó, así, sobre la tumba fresca de su general más incómodo.

Angostura, tomada en 1817, se convirtió en la base político-militar donde germinó el Estado republicano. En 1819, el Congreso allí instalado eligió a Bolívar presidente y sentó las bases para la unificación con Nueva Granada en la Gran Colombia. La república que nacía declaraba, en la misma respiración, la identificación entre el ejército y la patria liberada: el pueblo era, forzosamente, el pueblo bajo las armas. Y ese pueblo armado tenía ya un precedente sobre lo que le ocurría a los generales pardos que construían mando propio.

Padilla en Cartagena: la construcción del enemigo

Los años que separaron a Piar de Padilla fueron los de la consolidación republicana bajo Bolívar y de la lenta erosión del pacto entre los distintos sectores que habían hecho la independencia. Padilla, tras Maracaibo, quedó como figura pública mayor en el Caribe neogranadino, con base natural en Cartagena, donde su ascendiente sobre los pardos de la ciudad y de la costa —marineros, artesanos, veteranos de guerra— era considerable. Frente a él se levantaba el general Mariano Montilla, venezolano blanco de la élite, comandante militar y gobernador de la plaza, con quien Padilla mantenía una rivalidad que combinaba el conflicto de mando con la distancia social y racial. Montilla sembró sistemáticamente durante años la imagen de una conspiración de los pardos ante Bolívar, alimentando en Bucaramanga el clima de sospecha que luego se descargaría sobre su rival.

El detonante ocurrió a comienzos de 1828, en el contexto de la convocatoria a la Convención de Ocaña, donde bolivarianos y santanderistas medirían fuerzas para reformar la constitución. El miércoles 5 de marzo de 1828, en el cuartel de artillería de Cartagena, durante la lista de las seis de la mañana, el comandante Joaquín María Tatis vitoreó a Bolívar y condenó a muerte al vicepresidente Francisco de Paula Santander. Padilla informó del incidente al comandante Montes declarando que no podía consentirlo. Un episodio previo en el bar Matosi había envenenado ya la relación con los oficiales del bando bolivariano, y en los días siguientes Padilla asumió funciones de mando en la ciudad. Hubo gestiones de negociación con Montilla, en las que participaron Juan de Francisco Martín e Ignacio Muñoz. Y hubo, sobre todo, arengas en Getsemaní.

Fue allí, en el arrabal pardo, donde Padilla cruzó la línea que sus enemigos esperaban. Declaró que Montilla buscaba destruir las leyes y la Convención, afirmó que el general "debía morir" y sostuvo que la Constitución Boliviana no ofrecía ventajas a la "segunda clase" —la clase de colores— que había combatido por la libertad. Esa última frase, pronunciada ante una multitud parda, fue el acto que Montilla necesitaba. Bastó con reproducirla, ampliarla y enmarcarla para convertir una defensa política de las instituciones liberales en un intento de levantamiento racial.

El movimiento, sin embargo, fracasó como acción militar. Cuando Montilla retiró sus fuerzas y luego las reintrodujo en la ciudad, las tropas —soldados de tierra y marineros reclutados forzosamente, con escasa lealtad personal a Padilla— lo siguieron sin resistencia. Padilla no encontró la base popular movilizada que sus arengas presuponían. Se retiró a Mompox, desde donde envió una representación a la Convención de Ocaña, y luego se dirigió hacia Ocaña mismo; pero terminó arrestado en Cartagena, adonde Montilla había restablecido su control.

Desde Bucaramanga, Bolívar reaccionó con una gravedad que revelaba el peso simbólico del asunto. En cartas del 24 y 31 de marzo, del 9 y del 15 de abril de 1828, escribió que Cartagena le pesaba "en el corazón como el único peligro que nos amenaza en el día", y ordenó juzgar a Padilla conforme al decreto de conspiradores —lo que equivalía, en la práctica, a una condena a muerte anticipada. Daniel Florencio O'Leary, secretario y confidente del Libertador, recomendó no juzgarlo en Cartagena: argumentaba que Padilla había sido abandonado por el pueblo y el ejército cuando actuó ilegalmente, pero que un proceso en su propia plaza podía convertirlo en víctima y despertar simpatías peligrosas. El razonamiento revela lo que estaba en juego: no bastaba con eliminarlo; había que hacerlo sin producir un mártir.

En junio de 1828, Ignacio Muñoz prestó declaración jurada en Cartagena acusando a Padilla de liderar, junto con varios delegados a la Convención, una amplia conspiración armada para impedir la adopción de la Constitución Boliviana y separar a Nueva Granada de la Gran Colombia. El escenario procesal quedaba montado. Faltaba el pretexto final.

La conspiración septembrina y el fusilamiento

Ese pretexto llegó la noche del 25 de septiembre de 1828, cuando un grupo de conjurados intentó asesinar a Bolívar en el palacio de San Carlos, en Bogotá. Bolívar huyó por una ventana, Manuela Sáenz ganó tiempo, y la conjuración fracasó. En la madrugada del 26, el general Urdaneta ordenó la detención de alrededor de sesenta personas, entre ellas Santander. Padilla estaba ya preso en Bogotá, transferido meses antes desde Cartagena, y no había participado en el atentado ni tenido conocimiento de él.

La represión posterior barrió el tablero. En los testimonios del proceso no apareció evidencia de valor que justificara la sentencia de muerte contra Padilla, pero la maquinaria estaba en marcha desde marzo. Bolívar había ordenado juzgarlo por rebeldía en Cartagena; el atentado del 25 de septiembre no creó su condena, la aceleró. El papel del propio Santander no quedó plenamente aclarado: se comprobó que estaba al corriente de los planes, pero no pudo probarse que fuera el instigador. Estanislao Vergara, miembro del Consejo de Estado, opinó que si hubiera quedado probada la participación activa habría votado por su muerte, pero como no se justificaba esa circunstancia recomendó la clemencia, argumentando que el Libertador ganaría consideración e influjo perdonándole. A Santander lo salvó, además de la falta de pruebas concluyentes, su condición de vicepresidente y su red política. A Padilla no lo salvó nada.

El 2 de octubre de 1828, Padilla fue conducido a la plaza mayor de Bogotá. Fue fusilado y ahorcado, con la doble ceremonia que la república reservaba para los traidores como escarmiento público. La distancia entre el atentado y su ejecución fue de una semana. Fue ejecutado, en rigor, no por lo que había hecho en septiembre —nada—, sino por lo que había dicho en marzo en Getsemaní, y sobre todo por lo que representaba: un almirante pardo con base social propia en el Caribe, aliado a la oposición liberal, capaz de invocar la igualdad de la "segunda clase" ante una multitud.

Honor, raza y ciudadanía: la mecánica del descrédito

El proceso contra Padilla no operó solo en los tribunales militares. Corrió también en paralelo por otro registro, más antiguo y menos visible: el de los códigos coloniales de honor, que la república había heredado sin desmontar. Un panfletista anónimo atacó a Padilla utilizando el lenguaje del honor colonial —su separación de la esposa adúltera y su cohabitación con Anita Romero, considerada inmoral por no estar sancionada por matrimonio— para excluirlo del cuerpo de patresfamilias respetables que encarnaban la ciudadanía plena. El ataque no mencionaba explícitamente su raza, pero no tenía por qué hacerlo: los conceptos coloniales de honor excluían de suyo a los hombres de ascendencia africana, considerados manchados por la esclavitud y la ilegitimidad de origen, y la crítica a la unión libre de Padilla activaba automáticamente esa exclusión.

Padilla lo entendió y lo denunció. Cuando Anita Romero fue excluida de un baile en casa del comerciante Juan de Francisco Martín, Padilla interpretó públicamente esa exclusión como motivada por la raza más que por la ilegitimidad de la unión, y protestó con la vehemencia de quien reconoce el mecanismo. Anita, hija del artesano pardo Pedro Romero —figura pionera de la Primera Independencia de Cartagena—, no era una mujer cualquiera: pertenecía a una familia que había hecho la revolución en la costa, y ofenderla equivalía a impugnar el linaje republicano de todo un sector social.

El dispositivo racial funcionaba, así, en dos niveles simultáneos. En el formal, la acusación de guerra de razas transformaba la insubordinación política en amenaza existencial y justificaba la respuesta letal del Estado. En el informal, la exclusión por vía del honor colonial negaba al pardo eminente la ciudadanía plena sin necesidad de decretar nada. Cuando Padilla anunció que usaría su espada para defender la igualdad y la integración plena de la clase parda, sus detractores encontraron la formulación que necesitaban: el propio protagonista había enunciado el escenario que autoridades coloniales y republicanas venían prediciendo, y ya solo faltaba acusarlo de querer convertir a Nueva Granada en otra Haití.

La analogía con la Revolución Haitiana operaba, en la Colombia de 1828, como un imaginario político disponible que servía para clausurar cualquier discusión sobre desigualdad racial. Los pardos, se repetía con naturalidad escalofriante, "necesitan poco estímulo para matar blancos". Ese lenguaje estaba ahí, listo para ser activado. Montilla lo activó sistemáticamente. Bolívar, en su correspondencia privada, expresó con frecuencia temores sobre la acción política afrodescendiente en términos ofensivos y dramáticos. Y José Manuel Restrepo, historiador oficial y ex ministro, anotaría en su diario, con alivio, que el desenlace del conflicto con Padilla "no puede haber sido más feliz" porque evitó que se "pusiera al frente de los pardos porque él es un negro". La frase, escrita en la intimidad del diario, expresa con crudeza lo que la retórica pública tenía que decir con más pulcritud: la ejecución de Padilla resolvía un problema racial disfrazado de problema de orden.

Ocaña y la política del miedo

Los dos procesos se inscriben, cada uno, en la coyuntura constitucional de su tiempo. Piar cayó cuando Bolívar apenas construía la institucionalidad de Angostura y necesitaba imponer su primacía sobre los otros generales del oriente. Padilla cayó cuando la Convención de Ocaña —convocada para reformar la Constitución de Cúcuta— entraba en su fase decisiva y el bloque bolivariano medía fuerzas con el santanderista.

En Ocaña, los liberales pro-Santander defendieron a Padilla y apoyaron unánimemente la admisión de Antonio Baena, diputado pardo por Cartagena cuya credencial fue cuestionada por no cumplir las calificaciones de propiedad exigidas. Esa defensa tuvo un costo político alto: los bolivarianos utilizaron el respaldo liberal a Padilla para tacharlo de promotor del desorden social y para deslegitimar, por contagio, a los liberales que lo apoyaban, desplazándolos del papel de defensores de las instituciones republicanas. La acusación de movilización racial funcionó como arma en la disputa constitucional: cada vez que un liberal defendía a Padilla, se le podía imputar simpatía con la pardocracia; cada vez que un pardo defendía sus derechos, se lo podía acusar de preparar la guerra de castas.

La Convención fracasó. El grupo bolivariano más cercano al Libertador —José María del Castillo y Rada, Juan de Francisco Martín y otros— se retiró de las sesiones, provocando su disolución. El 27 de agosto de 1828, Bolívar promulgó el Decreto Orgánico y asumió la Dictadura. Un mes después vino el atentado del 25 de septiembre; en octubre, la ejecución de Padilla. La secuencia no es casual: la eliminación del almirante fue una pieza del cierre autoritario que siguió al fracaso de Ocaña, y la retórica de la pardocracia sirvió simultáneamente para justificar la eliminación de un rival político y para deslegitimar a la oposición liberal que lo había defendido.

Juan de Francisco Martín, que había participado en Cartagena como interlocutor entre Padilla y Montilla, fue premiado con el nombramiento como Prefecto del Departamento del Magdalena. La geometría del poder quedaba ordenada: los bolivarianos blancos ascendían, los liberales quedaban marcados, los pardos activistas quedaban sin cabeza.

Las dos ejecuciones como dispositivo

Leídos en paralelo, los procesos de Piar y Padilla revelan un mismo mecanismo con variaciones. En ambos casos, un oficial pardo alcanzó, por servicios militares extraordinarios, un rango y una autonomía que lo situaron en tensión con el mando central. En ambos, esa autonomía se combinó con base social propia entre poblaciones afrodescendientes —los soldados de la campaña de Guayana en Piar, los pardos costeños y los marineros del Caribe en Padilla. En ambos hubo una insubordinación real y verificable: Piar construyó redes clientelares rivales tras San Félix; Padilla asumió mando en Cartagena y declaró que Montilla debía morir. En ambos, la insubordinación fue procesada bajo la acusación de guerra de razas o de fomento del odio de castas, y castigada con la muerte tras consejo de guerra.

Reducir las dos ejecuciones a incidentes disciplinarios oscurece lo que las emparenta. Reducirlas a puro racismo instrumental oscurece que las insubordinaciones eran auténticas. Lo específico del dispositivo consistió en que la condición racial de Piar y de Padilla transformó rivalidades políticas de tipo ordinario —el general que desafía al comandante, el oficial que se subleva contra la autoridad civil— en conspiraciones raciales de dimensión apocalíptica. Un general blanco insubordinado podía negociar, exiliarse, ser degradado, esperar el indulto. Páez, que se sublevó contra Bogotá en 1826, fue perdonado y confirmado en su mando. Santander, que estaba al corriente del atentado de septiembre, fue desterrado. Piar y Padilla fueron fusilados.

La diferencia no se explica por la gravedad de los actos, sino por lo que cada actor representaba en el imaginario racial de la república. Un blanco insubordinado era un problema político; un pardo insubordinado era, potencialmente, el comienzo del apocalipsis haitiano. La acusación de pardocracia funcionó como acusación performativa: no describía una conspiración existente, la producía como amenaza al enunciarla, y una vez producida legitimaba la respuesta letal. Cuando Padilla dijo en Getsemaní que la clase de color merecía ventajas que la Carta Boliviana no daba, no estaba conspirando para exterminar blancos; estaba haciendo política republicana con un lenguaje que la república formalmente autorizaba. Pero al hacerlo activaba el fantasma que sus enemigos habían venido construyendo, y ese fantasma —una vez activado— tenía vida propia. Restrepo, en su diario, no celebra la derrota de una conspiración; celebra que un negro no haya llegado a ponerse al frente de los pardos. La distinción es todo.

Consecuencias: martirologio, silencio y techo

La ejecución de Padilla no clausuró el problema, aunque lo desplazó. La rehabilitación de su memoria fue decretada por el gobierno de Domingo Caicedo en octubre de 1828 —una rectificación asombrosamente rápida— y ratificada por la Convención Constituyente de 1831, que rehabilitó también los grados y honores de Santander y nombró a este presidente de la República con José María Obando como vicepresidente. La medida despertó protestas de varios sectores antes de ser aprobada, lo que indica cuán viva permanecía la disputa sobre el significado del almirante.

Los Veteranos Defensores de la Libertad de Cartagena tomaron la figura de Padilla y la convirtieron en emblema de martirologio republicano contra la tiranía. La conmemoración de su gloria sirvió para conectar la igualdad racial con la retórica antiaristocrática de la Revolución, y para reclamar el protagonismo político y militar pardo en la fundación de la república. Frente a la construcción conservadora que dominaba la historiografía oficial —la de Restrepo, que calificaba a los pardos activistas de Cartagena de "terribles" y describía a su corriente como "partido demagógico"—, los Veteranos ofrecieron una lectura alternativa donde la represión de pardos liberales y veteranos de guerra era el signo mismo de la tiranía.

En el terreno de la política institucional, algunas trayectorias siguieron abiertas. Mauricio José Romero, pardo de nacimiento e hijo del mulato Pedro Romero, fue vicepresidente de la Convención Constituyente de 1832 que erigió el Estado de la Nueva Granada y segundo firmante de su primera Carta Constitucional. Juan José Nieto, pardo mulato de modestos orígenes, permaneció fiel a los ideales liberales, alcanzó el grado de general en la guerra de los Supremos entre 1839 y 1842, y llegó a gobernador de la provincia de Cartagena y luego a presidente del estado soberano de Bolívar. El liderazgo afrodescendiente no fue eliminado; en el Caribe, especialmente, encontró vías institucionales.

Pero las condiciones cambiaron. La legislación de bonificaciones en propiedad nacional para veteranos benefició principalmente a oficiales de alto rango, y la mayoría de los veteranos caribeños neogranadinos —muchos de ellos pardos, con servicios en la marina y en los batallones costeros— no calificó. La combinación entre eliminación selectiva de los líderes pardos más autónomos y exclusión material del grueso de la tropa parda fue devastadora para la construcción de un liderazgo afrodescendiente estable a escala nacional. Padilla podía ser reivindicado como mártir, pero no podía ser reemplazado.

Por qué siguen importando

Las ejecuciones de Piar y Padilla no fueron episodios laterales de la fundación republicana: fueron actos constitutivos. Definieron, con más eficacia que cualquier ley, el techo por debajo del cual la ciudadanía plena estaba disponible para los afrodescendientes y por encima del cual dejaba de estarlo. Fijaron el precedente de que la movilización explícita del componente racial de la lucha política —incluso cuando esa movilización se articulaba en el lenguaje republicano de la igualdad— sería tratada como sedición contra el orden social y castigada con la muerte. Y establecieron el mecanismo retórico, la acusación de pardocracia, que atravesaría todo el siglo XIX colombiano cada vez que un líder popular con base afrodescendiente amenazara con desbordar los cauces institucionales.

La república igualitaria en el papel exigió, para sostener esa igualdad formal sin realizarla, la eliminación periódica de quienes la tomaban en serio. Ese es el pacto silencioso que Piar y Padilla revelan al pagarlo con la vida. Que uno fuera fusilado por un régimen aún en formación y el otro por una república ya consolidada, con Bolívar como Libertador y como dictador, muestra que el dispositivo era estructural, no circunstancial. Los actores cambiaban; el mecanismo permanecía.

Angostura en octubre de 1817 y Bogotá en octubre de 1828 quedaron unidos, así, por una línea que no aparece en los mapas de la campaña ni en los cronogramas de las convenciones constituyentes, pero que estructura la historia política colombiana con más fuerza que muchas de las líneas visibles. Fue la línea que decidió, sobre los cadáveres de dos almirantes y generales pardos, qué clase de república se estaba haciendo. La respuesta, escrita a fuego en las plazas mayores de dos capitales, fue que se estaba haciendo una república donde los brazos afrodescendientes eran indispensables para la guerra y las cabezas afrodescendientes eran intolerables para el poder.

05

La época alrededor

Este hecho no ocurrió solo

07

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

15 documentos · 54 fragmentos
01Simón Bolívar: A LifeJohn Lynch · 2007 · p. 125, 167, 261, 354, 3745 citas
[1]and did not wish to disturb things; he was simply speaking of assigning Bolívar democratic institutions and creating a political authority alongside his military authority. Bolívar regarded the report as mealy-mouthed and he exploded. He was no longer operating from weakness, he said, as in Cartagena, Güiria and…p. 125
[2]races were hardly better. In Venezuela the pardos, or mulattos, were the most numerous sector of society, about half of the population, and they came out of the war relatively stronger than other sectors. During the war in Venezuela population growth was reversed, declining from around 800,000 on the eve of…p. 167
[29]that he has no party at all.’ O’Leary advised against putting Padilla on trial in Cartagena, for although he had been abandoned by the people and the army when his actions were unlawful, he might be regarded with sympathy if he were to become a victim. 31 O’Leary had a point. Conditions were not on Padilla’s side.…p. 261
[35]Prudencio 147–8, 229, 234–5, 241, 242 Páez, José Antonio and Bolívar 203, 243, 262, 300–1 and Carabobo 139–40 land policy 114, 147, 150, 157–8 in llanos 98, 113–14, 125–7, 133 on race 149 rebellion of 218, 219, 220–5, 233, 285, 295, 298 secession 266–9, 272 Paine, Thomas 32, 36 Palacios, Carlos 16, 17–18, 20–1…p. 374
[46]306–9. 45. Blanco and Azpurúa, Documentos para la historia de la vida pública del Libertador, XII, 705–20. 46. Mosquera, Memoria sobre la vida del General Simón Bolívar, 567. 47. Campbell to Dudley, Bogotá, 14 June 1828, National Archives, PRO, FO 18/53. 48. See Chapter 9. 49. Organic Decree, 27 August 1828, Decretos…p. 354
02Repúblicas en armas: Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 244, 252, 282, 2854 citas
[3]de las mesnadas. Este reconocimiento es objeto de un pacto encaminado a detener a los rivales en ascenso; justo después del Congreso de Cariaco, se forman las redes «Piar» y «Bolívar» contra la clientela de Mariño. 122 242 132 En cuanto a las líneas de fuerza que estructuran el juego clientelista, la disciplina…p. 244
[7]Monagas, Villa del Norte. 7 de mayo de 1816, BA. V, 450. 99. Ibid.. p. 451. 100. RESTREPO, Historia de la Revolución, op. cit., III. p. 264. 101. Marino a Monagas, Villa del Norte, 7 de mayo, 1816, AGI, Estado, Caracas, leg. 69, fol. 9. 102. Mariño a Rojas, 7 de mayo, 1816, ibid., fol. 13. 103. Su firma en 1821, antes…p. 252
[38]soldados, «de siete años arriba no dexasen vivo a nadie». Este capuchino «en sus modales y palabras parecia mas bien Capitan de vandoleros que religioso de San Francisco». Despues de lo cual, «otro sacerdote, el doctor don Juan Antonio Roxas que estaba presente, horrorizado de oir tan atroz consejo para disipar…p. 285
[41]llaneros repelidos por la política vejatoria del nuevo gobierno español. El Gran Vuelco de los llanos, que adoptan el bando republicano después de haber combatido con energía por el rey, es la llave militar con la que Bolívar va a abrir la caja fuerte granadina. 116 Porque la creación de las primeras instituciones…p. 282
03Repúblicas en armas. Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 244, 252, 282, 2854 citas
[4]de las mesnadas. Este reconocimiento es objeto de un pacto encaminado a detener a los rivales en ascenso; justo después del Congreso de Cariaco, se forman las redes «Piar» y «Bolívar» contra la clientela de Mariño. 122 242 132 En cuanto a las líneas de fuerza que estructuran el juego clientelista, la disciplina…p. 244
[8]Monagas, Villa del Norte. 7 de mayo de 1816, BA. V, 450. 99. Ibid.. p. 451. 100. RESTREPO, Historia de la Revolución, op. cit., III. p. 264. 101. Marino a Monagas, Villa del Norte, 7 de mayo, 1816, AGI, Estado, Caracas, leg. 69, fol. 9. 102. Mariño a Rojas, 7 de mayo, 1816, ibid., fol. 13. 103. Su firma en 1821, antes…p. 252
[37]soldados, «de siete años arriba no dexasen vivo a nadie». Este capuchino «en sus modales y palabras parecia mas bien Capitan de vandoleros que religioso de San Francisco». Despues de lo cual, «otro sacerdote, el doctor don Juan Antonio Roxas que estaba presente, horrorizado de oir tan atroz consejo para disipar…p. 285
[42]llaneros repelidos por la política vejatoria del nuevo gobierno español. El Gran Vuelco de los llanos, que adoptan el bando republicano después de haber combatido con energía por el rey, es la llave militar con la que Bolívar va a abrir la caja fuerte granadina. 116 Porque la creación de las primeras instituciones…p. 282
04La independencia de Colombia: olvidos y ficcionesAlfonso Múnera · 2021 · p. 125, 148, 152, 164 y 2 más6 citas
[5]de su propio grupo bolivariano y de su misma élite gran colombiana, lo dejara retratado como a cualquier burócrata de los tiempos de hoy, haciendo uso de su posición en el gobierno para enriquecerse de manera fraudulenta. Y no solo eso: teniendo que huir prácticamente de Cartagena ante las expresiones de odio del…p. 152
[12]dio precisamente cuando Montilla, su peor enemigo, residía a muchos kilómetros de distancia de Cartagena y nada tendría, en apariencia, que ver con su escritura. Salvo que se podría interpretar también como una respuesta a tantos desaires y persecuciones de este último. Nada grave vuelve a suceder entre los dos,…p. 148
[15]a sus muchos méritos, y, dicho sea de paso, estuvo también arriesgando su vida durante 18 años, antes de que el Libertador tomara la desgraciada decisión de fusilarlo y ahorcarlo en la plaza mayor de Bogotá. 192 Mariano Montilla, op. cit., t. II, p. 824. 193 En “Narración del General Mariano Montilla”, éste cuenta que…p. 125
[17]Bolívar, de no precipitarse el último de sus conflictos con Montilla, cuyo comienzo estuvo en la trifulca del bar Matosi. El terrible problema, en el que quizá no puso mientes Padilla, fue el de que, en medio de las gravísimas circunstancias por las que atravesaba Bolívar –el desmoronamiento de sus ambiciones, su…p. 164
[28]allá a todo rigor para salvarnos de estos malvados”. 293 Y cinco días más tarde, lo escribió con mayor claridad: “… con motivo del inicuo atentando que acaba de cometer allí el general Padilla en contra de la autoridad; y aunque me escribe ahora de Ocaña excusándose, yo lo he mandado juzgar conforme al decreto de…p. 168
[30]un hecho que hoy nadie duda que, en el atentado de la noche del 25 de septiembre, no solo no tuvo parte (Padilla), sino que no supo lo que pasaba ni la causa, hasta que su prisión fue invadida”. Y en relación con los sucesos de Cartagena, es también muy claro en decir que en los acontecimientos de marzo en Cartagena,…p. 175
05Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · p. 41, 572 citas
[6]de su trayectoria. Razones ten- dría cuando en Lima, en cierto momento, le dijo a Sucre: "...yo soy el hombre de las dificul- tades". En los inicios de la campaña de Venezuela, bajo órdenes de Miranda, el Libertador sufre una estruendosa derrota al perder la plaza de Puerto Cabello, que defendía. Luego, al presen-…p. 41
[48]todo lo relacionado con la conjuración septem- brina contra el Libertador y la secuela que su represión causó en el espíritu de los antiboliva- rianos, ahora y antes del Callao, con presencia en la gestión ejecutiva, Caicedo consideró del caso rehabilitar al general Santander en sus gra- dos y honores, como también la…p. 57
06Notas de viaje: Colombia y Estados Unidos de AméricaSalvador Camacho Roldán · 2017 · p. 3081 cita
[9]de Venezuela envenenados con el re- cuerdo de las crueldades de Boves y Morales. La huma- nidad recobró sus derechos cinco meses más tarde en el tratado de regularizaron de la guerra celebrado entre Bo- lívar y Morillo. Despejado así el Magdalena, Santa Marta y Carta- gena, ocupadas aún por fuerzas españolas…p. 308
07Gran Bretaña y la Independencia de Venezuela y ColombiaD. A. G. Waddell · 1983 · p. 225, 2402 citas
[10]se tomó Maracaibo. A fines de ese año había logrado ocupar Coro y dos provincias andinas, Mèri da y Trujillo. Esto se produjo en lós momentos en que se desencadenaron disturbios en Santa Marta, los llanos y Cumaná. Durante un breve período los partidarios de la república fueron dominados por el pánico. Pero no se…p. 240
[44]la supremacía política que Bolívar, que, sólo seis meses antes, había hecho prevalecer en el Congreso de Angostura. Pero no menos impor tante fue el hecho que esa supremacía se extendió hacia Nueva Granada, lo que le permitió implementar su acariciado plan, 225 la unificación de Nueva Granada con Venezuela,…p. 225
08El marxismo en ColombiaOrlando Fals Borda, Gerardo Molina, Carlos Uribe Celis, Ricardo Sánchez, Klaus Meschkat, Gonzalo Cataño, Fernando D'Janon, Gabriel Misas, Darío Fajardo, Eduardo Pizarro · 1984 · p. 651 cita
[11]y Vallenllla. Bol í var al enterarse de esta hechura de su rival Marino la desconoci ó y tiempo despu é s de la muerte de Piar, en noviembre del 17, estableci ó en Angostura un provi sional "Consejo de Estado ” que Ducoudray-Hols- teln llama Inexactamente “ Consejo Supremo de la Naci ó n ” — nombre que Marx recoge —.…p. 65
09Myths of Harmony: Race and Republicanism during the Age of Revolution, Colombia, 1795–1831Marixa Lasso · 2007 · p. 128, 132, 136, 155 y 2 más6 citas
[13]get rid of him, accusing him of favoring radicals and stirring up the "zambos of Getzemani," who were no\ / requesting his appointment as com' mander general of Cartagena.T6 This was a sore isstre: Padilla enjoyed more popularity and at least as much military glory as Montilla, a white Venezuelan. As in the First…p. 128
[21]speaking to the people in Get- semani, although he emphasized the implications of the constitutional debates for pardos.toT According to witnesses' accounts' he declared that "after the people had sacrificed themselves for the cause of liberty, Mon' tilla aimed to destroy the laws and constitution, and to dissolve the…p. 136
[26]desenlace de tales sucesos no puede haber sido mds feliz, y nos ha evitado que Padilla se pusiera al frente de los pardos porque 6l es un negro (Jos6 Manuel Re. strepo, Diarto polittco y militar, r: 375); Sim6n Bolivar to General Pedro Bricefro M6ndez, Sativi, Mar. 24, rBzB, in O'Leary, Munortas, z9: rB9. rrz. Sim6n…p. 189
[27]was used by both the Bolivarians and, following their de{eat, the represenrarives of the new Santanderian government. In rBz8, the Bolivarian governor of Cartagena, Mariano Montilla, effectively used this tacric ro delegitimize Padilla's arrempt to become a local champion of the sel{,proclaimed liberals of the pro.…p. 155
[34]culture of the times. Regardless of the witnesses' veracity, they had to build on the available political imaginary. Both pardos and whites used the language of race war to express social and political tensions. One witness reported having overheard someone in a grotrp of five to six persons, "whose clothes reveal…p. 132
[36]commem. oration of Padilla's glory had enormous symbolic meaning: Padilla represented pardos' political protagonism in building the fatherland, a role that the Veteranos sought to continue. He also symbolized the connection betwe en racial equality and rhe anriaristocraric republican rhetoric of the Revolution. The…p. 159
10Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · 2004 · p. 21, 213, 217, 227 y 3 más7 citas
[14]Moreover, by announcing that he would use his sword to defend the equal rights and full integration of the pardo class at all levels, Padilla formu- lated the very scenario that, since the late s, colonial and early inde- pendent authorities had predicted would transform Caribbean New Gra- nada into another Haiti.…p. 217
[19]Montilla to secretario de estado, in [Corrales], Efemérides, :. . Ibid., :–; Padilla to director de la comisión,  March ; ‘‘Ape- lación a la razón,’’ in Torres, El Almirante, ; José Montes to Montilla, n.d., in Montilla, General, :–. For a version of the events that hypothesizes the direct…p. 326
[22]sent from Mom- pox, and suggested the steps he took in Ocaña. Finally, in June  Muñoz made a sworn declaration in Cartagena that provided the major evidence against Padilla until his entanglement in the attempted murder of Bolívar. Muñoz accused Padilla of being the leader, together with several delegates to the…p. 227
[24]for Montilla in the election to the Ocaña convention had their suffrage not been restricted by the congress. Thus, not surprisingly, in February  few resisted his The Pardo and Liberal Challenges  demand that they sign the anti-Santander Exposición to the convention, which protested the violent draft without…p. 230
[31]an open let- ter published by an anonymous paterfamilias who vilified the mulatto gen- eral’s separation from his adulterous wife and his ‘‘immoral’’ cohabitation with Anita Romero, a daughter of deceased pardo artisan Pedro Romero, a pioneer of Cartagena’s First Independence. Astutely, the letter writer, by focusing…p. 213
[49]figures, the most well known and the one Colom- bians generally mention to illustrate absence of racism in the nation, is the light pardo (mulatto) Juan José Nieto (–), a merchant, self-taught writer, and politician of modest origins who remained faithful to the Liberal ideals of liberty and federalism until his…p. 21
[53]roll . . Maingot, ‘‘Social Structure, Social Status,’’ . For a general discussion of the nineteenth-century Colombian army, see Tirado, Aspectos sociales. Only veter- ans who had joined the patriot army before February  and had at least two years of service could claim a bonus in national property, a…p. 323
11Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · p. 192, 344, 347, 349 y 2 más6 citas
[16]de las elecciones, y en contra de la influencia política del general Bolívar y del ejército, en las que llevaba la voz cantante el general José Padilla. Según la versión 174 Estanislao Vergara, miembro del Consejo de Estado, informó al Libertador que la conmutación de la pena había sido como echar “un dado [a la…p. 483
[18]manos”. 178 El comandante general y los oficiales que firmaron habrían comenzado a perseguir a los que no firmaron, estos se acogieron a la protección del general Padilla, quien se deci - dió a ampararlos públicamente por ser un hombre “constante en mis principios liberales”. En ese momento también se amenazaba a los…p. 486
[39]a los pardos indica que en esta provincia los obstáculos sociales a la incorporación inmediata de los pardos al cuerpo ciudadano fue menor que en otras de fuerte presencia de negros esclavos, como Popayán. Mauricio José Romero —diputado por la provincia de Cartagena ante la Conven - ción Constituyente de 1832 que…p. 349
[43]mentos que encomendó a colaboradores cercanos: Manuel Palacio (Estado y Hacienda), Pedro Briceño Méndez (Marina y Guerra) y Diego Bautista Urbaneja (Interior y Justicia). La legitimidad que este Congreso había dado a las acciones guerrilleras de los insurgentes fue de inmediato reconocida por el general José Antonio…p. 192
[51]de Cartagena, puerto de entrada de negros esclavos para el reino y ade - más escenario de zambajes y mulatajes, se toleró un sitio de poblamiento con un estatus superior al de los palenques y las rochelas. Se trataba del arrabal de Getsemaní, situado fuera de la muralla de la ciudad, en el que se toleraba el…p. 347
[52]miembro de un noble cuerpo al que perte - nece. Por esas relaciones estáis obligados a someteros y respetar las leyes que os protegen con tanta generosidad, a obedecer a los magistrados, en quienes deposita la República la autoridad de hacerlas observar y cumplir; y en fin, a llenar los deberes de los verdaderos…p. 344
12Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · p. 21, 213, 217, 227 y 3 más7 citas
[20]Montilla to secretario de estado, in [Corrales], Efemérides, :. . Ibid., :–; Padilla to director de la comisión,  March ; ‘‘Ape- lación a la razón,’’ in Torres, El Almirante, ; José Montes to Montilla, n.d., in Montilla, General, :–. For a version of the events that hypothesizes the direct…p. 326
[23]sent from Mom- pox, and suggested the steps he took in Ocaña. Finally, in June  Muñoz made a sworn declaration in Cartagena that provided the major evidence against Padilla until his entanglement in the attempted murder of Bolívar. Muñoz accused Padilla of being the leader, together with several delegates to the…p. 227
[25]for Montilla in the election to the Ocaña convention had their suffrage not been restricted by the congress. Thus, not surprisingly, in February  few resisted his The Pardo and Liberal Challenges  demand that they sign the anti-Santander Exposición to the convention, which protested the violent draft without…p. 230
[32]an open let- ter published by an anonymous paterfamilias who vilified the mulatto gen- eral’s separation from his adulterous wife and his ‘‘immoral’’ cohabitation with Anita Romero, a daughter of deceased pardo artisan Pedro Romero, a pioneer of Cartagena’s First Independence. Astutely, the letter writer, by focusing…p. 213
[33]Moreover, by announcing that he would use his sword to defend the equal rights and full integration of the pardo class at all levels, Padilla formu- lated the very scenario that, since the late s, colonial and early inde- pendent authorities had predicted would transform Caribbean New Gra- nada into another Haiti.…p. 217
[50]figures, the most well known and the one Colom- bians generally mention to illustrate absence of racism in the nation, is the light pardo (mulatto) Juan José Nieto (–), a merchant, self-taught writer, and politician of modest origins who remained faithful to the Liberal ideals of liberty and federalism until his…p. 21
[54]roll . . Maingot, ‘‘Social Structure, Social Status,’’ . For a general discussion of the nineteenth-century Colombian army, see Tirado, Aspectos sociales. Only veter- ans who had joined the patriot army before February  and had at least two years of service could claim a bonus in national property, a…p. 323
13Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 2341 cita
[40]toma Carta- A o. od ele del terror. 1816 Los patriotas de Cartagena son pasados por las armas. Cuatro expediciones realistas reconquis- tan Nueva Granada. Nariño vuelve prisionero a Cádiz. El presidente Torres es reemplazado por José Fernández Madrid. El español Warleta toma Medellín y Miguel de la Torre, Santafé.…p. 234
14Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · p. 4061 cita
[45]l l(1985),p. 147. 2 3 Noticia Biográfica, p. 2. 2 4 B u s h n e l l (1985),p. 65. 2 5 Ibid., p. 152. 2 6 P o rd i v e r s a sr a z o n e se s t a ss o c i e d a d e sf r a c a s a r o ne n s uo b j e t i v o. Ibid., p p. 177 - 185. [3 2 8 ] En 1828 f u e e l e g i d o a l aConvención de Ocaña, en l aque formó p a r t…p. 406
15La Gran Colombia y la Gran Holanda, 1815-1830. Una relación entre sueño y realidadSytze van der Veen · 2018 · p. 2451 cita
[47]España, de quienes sospechaba que aplicaban una táctica taimada: apostaban a que el régimen de Santander degenerara en un caos total, para que España pudiera adue - ñarse otra vez de Colombia sin esfuerzo. En la madrugada del 26 de septiembre se produjeron varias detencio - nes, pues los principales conspiradores eran…p. 245