Bucaramanga
“Bucaramanga es una ciudad cuya centralidad nunca fue natural: fue fundada en 1622 como poblado menor, perdió su capitalidad durante veinticinco años por decisión del federalismo radical y la recuperó en 1886 por decreto de la Regeneración…”
En el flanco occidental de la cordillera Oriental, sobre una meseta que se descuelga en escarpes hacia el río de Oro, Bucaramanga es la capital de Santander y el centro articulador del nororiente colombiano. Fundada en 1622, su peso histórico no proviene de la herencia colonial —fue durante casi dos siglos un poblado menor— sino de una modernización mercantil tardía que la elevó, entre mediados del siglo XIX y mediados del XX, a nodo de una región propia, la que hoy encadena a Ocaña, Cúcuta, Barrancabermeja, Pamplona y San Gil-Socorro. Ciudad de amplias avenidas y parques frondosos, esa fisonomía apacible esconde una biografía menos amable: veinticinco años de capitalidad perdida, guerras civiles que estallaron en sus alrededores, una élite comercial que prefirió la propiedad raíz a la industria, y una centralidad regional que se sostiene sobre la fragilidad estructural de un territorio quebrado por cañones y páramos.
Una ciudad sobre la meseta
Bucaramanga se levanta sobre un escalón geográfico privilegiado en un departamento que la topografía ha tratado con severidad. Santander se divide entre dos mundos físicos: al occidente, la planicie relativamente amable del valle del Magdalena Medio, con vegetación selvática y territorio abordable; al oriente, la cordillera Oriental despliega páramos que superan los 3.000 metros y cañones profundos que fragmentan el territorio en compartimentos casi incomunicados. Los ríos que atraviesan el departamento —el Sogamoso, el Suárez, el Opón, el Chicamocha— no son navegables: sus flujos estacionales, sus pendientes pronunciadas y sus tajos rocosos los vuelven obstáculos antes que vías. Un ramal cordillerano cuyo eje pasa por Juan Rodríguez, coronado por rocas de sedimento calizo, define la espina orográfica que dificulta el tránsito de sur a norte.
Ese relieve explica por qué ninguna ciudad santandereana pudo imponerse como capital natural. La región se compartimentó desde temprano en subregiones con lógicas propias: Guanentá al sur, con su vieja vocación textil algodonera; el Socorro y San Gil, corazón político y agrícola; Pamplona y su altiplano, mirando hacia Venezuela; el Magdalena Medio y su puerto ribereño, orientado hacia el río. Bucaramanga, en el centro-norte del departamento, sobre la meseta que domina el valle del río de Oro y bajo la cornisa donde hoy se alza el Cerro del Santísimo, ganaría la partida no por hegemonía natural sino porque su emplazamiento resultó, con el tiempo, el punto donde tender caminos —y más tarde carreteras— fue menos costoso. El precio de esa ventaja fue depender siempre de decisiones ajenas, ancladas en los vaivenes de la política nacional.
Las cumbres que enmarcan la región dibujan un horizonte de páramos altos —el Alto de La Colorada a 4.441 metros, el de La Rusia a 4.320, el de Cachirí más al norte— y una cobertura vegetal que combina selva alta ombrófila, bosque andino, bosque altoandino, sabanas intraandinas y matorrales espinosos intracordilleranos. En esas alturas frías, campesinos siembran papa y cebolla, crían ovejas y cuidan las fuentes de agua que abastecen a la propia Bucaramanga: la ciudad depende, para su vida cotidiana, de un ecosistema de páramo cuya conservación es también una infraestructura urbana. El agua baja por acueductos rudimentarios y canales que aprovechan la pendiente; cuando falla, en años secos, se hace visible el cordón umbilical que ata la meseta a las cumbres.
La meseta misma tiene sus fragilidades. Los escarpes que la limitan al norte y al oriente —esa cornisa que desciende hacia el río de Oro— son terrenos inestables, arcillas expansivas y taludes que ceden bajo las lluvias fuertes. Barrios enteros de la periferia norte se han levantado sobre esas laderas de riesgo, y la ciudad convive con episodios recurrentes de remoción en masa. La misma geografía que la protegió del calor del valle y le regaló un clima templado le impone, como contraparte, una expansión urbana difícil, encajonada entre precipicios y bajo la amenaza constante del deslizamiento.
Fundación y siglos de estancamiento
La fundación se produjo en 1622, en el marco tardío de la ocupación española de la meseta que los indígenas guanes habían habitado. Durante buena parte del período colonial, el poblado fue una realidad menor frente a las villas del sur santandereano, particularmente el Socorro y San Gil, que concentraban la actividad económica en torno al algodón, los textiles y la producción agropecuaria. La región de Guanentá había desarrollado desde finales del siglo XVII una industria textil algodonera con cierto grado de especialización y división del trabajo: el algodón hilado llegó allí a funcionar como moneda de cambio, señal de una economía articulada y monetizada mucho antes de que Bucaramanga tuviera peso propio.
En el arco de la Independencia, la ciudad aparece brevemente en el registro histórico por un episodio de excepcional envergadura política. Entre abril y junio de 1828, Simón Bolívar, en calidad de Libertador presidente, residió y despachó desde Bucaramanga: desde allí, entre el 28 de abril y el 2 de junio, dirigió al menos tres cartas al general José Antonio Páez, en el momento en que la Convención de Ocaña había fracasado y el proyecto grancolombiano se resquebrajaba. Cinco semanas de correspondencia y espera que dejaron a la ciudad como punto de observación de un desmoronamiento continental.
En términos institucionales, sin embargo, seguía siendo subalterna. En 1810, con la fragmentación de la soberanía en los primeros meses de la transformación política, se registraron rivalidades entre ciudades subalternas y sus capitales provinciales —Girón contra Pamplona, Sogamoso contra Tunja— que ilustran la lógica de un territorio donde cada villa competía por ascender en la jerarquía. Bucaramanga, entonces subordinada a Girón dentro de la Provincia de Pamplona, participaba de esa disputa a escala menor. Durante el período de las Provincias Unidas de Nueva Granada, desde 1811, las provincias se reconocían libres, independientes y soberanas: los conflictos de competencias entre estados, entre ciudades al interior de cada estado y entre el gobierno confederal y los estados fueron el ambiente en el que se forjaron las tempranas pretensiones de las capitales regionales.
La capitalidad disputada
El siglo XIX fue, para Bucaramanga, un pulso constante por el rango. El 12 de abril de 1861, en el auge del federalismo radical, se creó el Estado Soberano de Santander y la capital fue trasladada de Bucaramanga a El Socorro. La decisión no era caprichosa. El Socorro era el corazón demográfico y político del liberalismo radical santandereano, la villa de las revueltas comuneras; su primacía respondía a un equilibrio interno del partido que gobernaba el estado. Durante veinticinco años, entre 1861 y 1886, Bucaramanga fue capital destituida. Ese cuarto de siglo la marcó: tuvo que sostener su gravitación económica y comercial sin las palancas administrativas del gobierno estatal, aprendiendo a competir por medios distintos a los del favor oficial.
La restitución llegó el 7 de septiembre de 1886, mediante decreto que devolvió a Bucaramanga su condición de capital de Santander. La decisión coincidió con el tránsito nacional del federalismo al centralismo consagrado en la Constitución de ese año: la Regeneración de Rafael Núñez reorganizaba el país y, al hacerlo, reordenaba también sus capitales departamentales. El regreso al rango no fue, entonces, resultado de una superioridad económica endógena que se hubiera impuesto sobre el Socorro; fue el efecto de una decisión constitucional externa que aprovechó el reflujo del liberalismo radical —justamente el que había sostenido al Socorro— para reacomodar el mapa administrativo.
Ese origen político-constitucional de su capitalidad moderna es una clave para entender la ciudad: su centralidad no fue nunca natural, siempre fue decretada y sostenida. A partir de 1886, Bucaramanga se dedicó a construir la base económica y demográfica que justificara retrospectivamente ese rango. Le costaría décadas.
La modernización mercantil y los alemanes
Entre las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del XX, Bucaramanga se transformó en plaza comercial de peso regional. Su articulación con el comercio exterior se hizo, en gran medida, a través de la presencia de comerciantes extranjeros, y particularmente de alemanes, que desempeñaron un papel visible en los negocios de importación y exportación. En los Santanderes eran más visibles que los ingleses; vendían a precios competitivos, incluyendo mercancías inglesas que redistribuían a través de sus redes, y quedaron asociados con el ambiente comercial que conectaba a la región con Barranquilla y, por su intermedio, con el Atlántico.
La colonia alemana —cuya figura más recordada en la mitología regional es Geo von Lengerke, el ingeniero y aventurero que abrió caminos y montó tabacaleras en el nororiente santandereano— dejó una impronta en la memoria de la ciudad y en su tejido comercial. Fueron ellos quienes conectaron a los productores locales de tabaco, café, quinas y cueros con los mercados europeos, y quienes trajeron a la meseta pautas de consumo, arquitectura y sociabilidad que la élite local adoptó. Casas comerciales con nombres germánicos, clubes, salones de baile, catálogos de importación: la ciudad se acostumbró a mirar hacia Hamburgo y Bremen tanto como hacia Bogotá.
Esa presencia extranjera tiene, sin embargo, una lectura menos amable. Los alemanes ocuparon el nicho del comercio exterior no como catalizadores de una modernización local vigorosa, sino porque la élite empresarial santandereana rehuyó sistemáticamente ese lugar. Los capitales locales prefirieron la propiedad raíz urbana, la infraestructura vial y de transportes, y el sector financiero, y no efectuaron grandes inversiones en industria manufacturera. La consecuencia estructural de esa preferencia fue duradera: Bucaramanga no se transformó en polo industrial autónomo, y su inserción en el circuito atlántico quedó mediada por agentes externos. La colonia alemana fue, en ese sentido, tanto un síntoma de la debilidad inversora del empresariado local como un factor de su reproducción.
Las regiones de Bucaramanga y Pamplona se especializaron, en paralelo, en la agricultura y la producción de textiles, exportando parte de esa producción hacia los campamentos mineros del occidente colombiano, los puertos del Magdalena y la costa atlántica. La ciudad funcionaba, entonces, como caja de resonancia comercial de una región productora, más que como productora ella misma.
Guerras, sangre en la plaza y hegemonías
La violencia política nacional del siglo XIX y comienzos del XX tuvo en Santander uno de sus escenarios más agudos, y Bucaramanga fue lugar de sus expresiones. El departamento había sido, durante todo el XIX, un fortín del liberalismo radical, y fue precisamente allí donde estalló, en 1899, la Guerra de los Mil Días. En su etapa inicial, el conflicto se concentró en Santander antes de extenderse al resto del país: la facción belicista del Partido Liberal encontró en la región su base humana y logística, en un contexto de divisiones internas que fracturaban tanto al liberalismo como al conservatismo. La ciudad quedó en la retaguardia, sirviendo de línea de aprovisionamiento a una guerra que durante tres años arrasó los caminos y las haciendas del departamento.
Antes de esa conflagración, en 1879, los desórdenes bipartidistas habían dejado en la ciudad un episodio menos recordado, pero muy revelador de su carácter y de su relación con la política nacional. Entre los notables asesinados figuraron dos ciudadanos alemanes y un terrateniente conservador. La muerte de los dos alemanes provocó una respuesta desproporcionada del gobierno prusiano: una fragata fue enviada a Barranquilla y el gobierno colombiano fue obligado a ofrecer una ceremonia de desagravio a la bandera alemana en la plaza principal de Bucaramanga, con veintiuna salvas de cañón. El desenlace fue elocuente: la ceremonia fue saboteada incluso por el propio notablato de la ciudad. La élite bumanguesa, cuyos negocios estaban entretejidos con los de la colonia alemana, se negó a asumir públicamente la humillación. El embajador norteamericano reportó el episodio en un informe que registró detalles sobre la ley y el orden en aquella sociedad.
El regreso de la violencia bipartidista en 1930 encontró en Santander uno de sus primeros escenarios. Entre el 29 y el 30 de diciembre de ese año, quince conservadores fueron masacrados en Capitanejo, en el sur del departamento, por partidas liberales. El episodio se produjo en el contexto del fin de cincuenta años de hegemonía conservadora y del ascenso del liberalismo al poder nacional con Enrique Olaya Herrera. La transición generó tensiones agudas en las regiones: en Santander, el directorio conservador rechazó al gobernador Alejandro Galvis Galvis —dueño del Vanguardia Liberal, periódico que se convertiría en pilar de la prensa regional— y arguyó que en cincuenta años no se había visto un alcalde liberal en la región, lo que hacía la reacción conservadora especialmente intensa. El sectarismo del momento fue alimentado desde arriba por dirigentes como Laureano Gómez y por sectores del clero que convirtieron los púlpitos en tribunas contra el liberalismo, en un ambiente cruzado por la influencia del franquismo y del fascismo europeos. La ciudad, cabeza departamental, absorbió esas tensiones como capital de una región en la que el nuevo orden liberal se implantaba sobre un tejido conservador con hondas raíces.
Prensa, letras y semilla intelectual
Que un gobernador fuera dueño de un diario y que ese diario se convirtiera en pilar regional dice mucho del modo en que la prensa bumanguesa se pensó desde el principio: no como oficio marginal, sino como herramienta de poder y de reconocimiento. La trayectoria política y militar de la ciudad corre en paralelo, y a veces se enreda, con una vida periodística y letrada que empezó muy temprano y que dio a Bucaramanga una segunda capa de identidad, hecha de imprenta y de tinta.
Bucaramanga contó con actividad periodística desde temprano en el siglo XIX. Los Debates apareció en 1858; la Gaceta Oficial, en 1860. Esa prensa acompañaba las disputas del período federal y anticipaba el papel que las publicaciones tendrían en la conformación de una opinión pública regional. En 1896, el cronista José Joaquín García publicó las Crónicas de Bucaramanga, uno de los primeros esfuerzos sistemáticos por escribir la historia de la ciudad desde adentro. Ya avanzado el siglo XX, publicaciones como Monigotes —registrada en 1933— dan cuenta de una vida periodística que atravesó distintos géneros y coyunturas.
De esa cultura letrada bumanguesa salieron figuras notables. Custodio García Rovira, el joven prócer nacido en la ciudad y fusilado por la Reconquista española en 1816, presidente efímero de las Provincias Unidas, dio nombre a uno de los parques centrales, corazón simbólico del centro histórico. El poeta modernista Aurelio Martínez Mutis extendió el prestigio literario de la ciudad ya entrado el siglo XX. La toponimia urbana —el Parque Santander, el barrio La Concordia, las calles trazadas con generosidad— conserva la memoria de esa vida cívica lentamente acumulada.
Red de ciudades y economía departamental
La articulación regional de Bucaramanga se hizo sobre una geografía obstinadamente hostil. A principios de los años sesenta del siglo XX, la comunicación entre Barrancabermeja y Bucaramanga —una distancia relativamente corta en línea recta— tomaba mínimo seis horas por San Vicente de Chucurí, a través de una carretera destapada plagada de derrumbes y zonas pantanosas. Barrancabermeja, sede de la refinería más importante del país, era en ese momento una región muy aislada, sin conexión vial directa hacia varios destinos importantes; el transporte fluvial de pasajeros se hacía en chalupas por el Magdalena. Entre Puerto Berrío y Medellín, en el flanco occidental del río, ni siquiera existía carretera directa: la vía férrea era el único medio. Ese cuadro dibuja una región nororiental cuya integración fue costosísima y tardía, y cuya cabeza tuvo que consolidarse en medio de rutas malas y viajes largos.
Pese a esas dificultades, la ciudad terminó imponiéndose como nodo de una región propia que articula a Ocaña y Cúcuta al norte, Pamplona al oriente, San Gil y el Socorro al sur, y Barrancabermeja al occidente sobre el Magdalena. Esa región de influencia es una realidad económica y funcional diferenciada de las órbitas de Bogotá, Medellín, Barranquilla o Cali: los intercambios de bienes, servicios y personas dentro de ella gravitan sobre la meseta bumanguesa. La accidentada geografía departamental, con sus profundos cañones y sus ríos indomables, condicionó durante décadas el desarrollo de las vías de comunicación, pero también fijó a Bucaramanga como punto obligado de convergencia. El viajero que va de Bogotá a Cúcuta pasa por ella; el que baja del páramo al Magdalena, también; el que sube de San Gil hacia el norte, la encuentra en el camino. La ciudad cobra, sin proponérselo, una renta de posición.
Ya en el siglo XXI, la ciudad y su entorno viven de una economía diversificada sin llegar a ser potencia: fábricas de alimentos y bebidas, talleres metalmecánicos, cementeras, textiles y la principal industria de cigarrillos del país conviven con un sector de servicios en expansión. Hacia 2005, Santander aportaba el 6,39 % del PIB nacional en pesos constantes de 1994 y la industria pesaba cerca del 21 % en la estructura departamental. Traducido a impresión de calle: una economía viva, con chimeneas, camiones y bodegas, pero que no compite en escala con Bogotá, Medellín o Cali. Bucaramanga sigue siendo, en el sistema urbano colombiano, una ciudad intermedia.
Situarla en ese sistema exige medirla con las que le hacen sombra. El país cuenta hoy diez aglomeraciones metropolitanas —Bogotá, Medellín, Barranquilla, Cali, Cúcuta, Pereira, Manizales, Armenia, Valledupar y Bucaramanga— rodeadas por más de 56 ciudades menores que gravitan a su alrededor. En ese conjunto se cocinó el 57,4 % del crecimiento poblacional intercensal hacia 2005: más de la mitad de los colombianos que engrosaron las cifras del país lo hicieron en esas manchas metropolitanas y su orla, no en el resto del territorio. Bucaramanga pertenece al club, pero dentro del club hay clases. En 2015, Bogotá concentraba el 16,6 % de la población nacional —ocho millones de habitantes— y generaba el 25,7 % del PIB, mientras las otras tres grandes ciudades sumaban apenas el 13 % de los habitantes. La distancia entre la capital y las intermedias no ha dejado de ampliarse. Esa macrocefalia, común a varios países latinoamericanos, drena talento, servicios especializados y capital hacia el centro, y erosiona por goteo la posición de plazas como Bucaramanga, Pereira o Cartagena. La centralidad regional bumanguesa, ganada a pulso durante siglo y medio, se sostiene hoy contra esa gravedad.
El conflicto armado y el nororiente
La cercanía de Bucaramanga a dos zonas críticas del conflicto armado colombiano —el Magdalena Medio y la región del Catatumbo— la convirtió, hacia fines del siglo XX y comienzos del XXI, en pieza de un ajedrez violento. Santander es lugar de tránsito obligado entre los cultivos de uso ilícito del Magdalena Medio y del Catatumbo y la comercialización de drogas hacia el interior del país, las costas y las fronteras del oriente. Esa condición geográfica la hizo objeto de disputa entre guerrillas, paramilitares y, después de las desmovilizaciones, grupos armados posdesmovilización.
El Bloque Central Bolívar de las Autodefensas Unidas de Colombia, comandado por alias Macaco, operó en Santander y el Magdalena Medio. Hacia finales de 2001 consolidó el control paramilitar sobre Barrancabermeja a través del Frente Fidel Castaño, que había armado allí un sistema de dominio por comunas. A comienzos de 2002, tras la captura de Héctor Julio Carvajalino —alias Miguel Ángel—, el comandante de zona cedió al mismo frente la jurisdicción del Área Metropolitana de Bucaramanga; como coordinador general fue enviado Rodolfo Useda Castaño, alias RR. La proyección de aquel esquema barranqueño sobre la meseta marcaría a la ciudad durante los años siguientes. Macaco terminó extraditado a Estados Unidos, y desde una prisión en Virginia continuaba en 2011 su proceso de Justicia y Paz, con obstáculos considerables para el esclarecimiento de la verdad.
Tras la desmovilización de las AUC en 2006, los grupos armados ilegales posdesmovilización mantuvieron impacto en los municipios del área metropolitana, especialmente en Piedecuesta y Girón, donde los homicidios aumentaron un 18 % y un 5 %, respectivamente, en 2012 frente a 2011. La ciudad de amplias avenidas y parques cuidados cargaba en su periferia una realidad más oscura, herencia de su condición de nodo estratégico en las rutas ilegales del nororiente.
Huella y disputa
La biografía bumanguesa se organiza en torno a una serie de umbrales: la fundación tardía de 1622, la estancia bolivariana de 1828, la destitución de 1861, la restitución de 1886, la ceremonia de las veintiuna salvas en 1879, la Guerra de los Mil Días en 1899, la masacre de Capitanejo en 1930, el ciclo paramilitar de 2001-2002. Cada uno de esos umbrales dejó una capa sobre la meseta, y la ciudad de hoy es la suma de esas capas, no la superación de ninguna. Su Área Metropolitana —con Floridablanca, Girón y Piedecuesta— la proyecta como conurbación de más de un millón de habitantes, con un tejido urbano que se derrama por la meseta y trepa las laderas circundantes.
Las tensiones que la constituyen no se han disuelto. Generación tras generación, la élite comercial siguió prefiriendo la propiedad raíz y las finanzas a la apuesta industrial de largo aliento: el resultado es una ciudad de bodegas y edificios de renta, más que de fábricas de gran calado. La geografía que la aisló también le fija los límites de su expansión, entre escarpes que caen al río de Oro y páramos que la coronan; cada nuevo barrio tiene que negociar con el terreno. La macrocefalia bogotana le disputa cada vez más los servicios especializados y el talento profesional que sus universidades forman. El conflicto armado, aunque replegado, dejó en su periferia metropolitana huellas que la seguridad urbana del centro no alcanza a borrar.
En sus parques —el García Rovira, el Santander—, en las crónicas de José Joaquín García, en la sombra tutelar de Geo von Lengerke y en la insistencia con que sus periódicos han escrito su propia historia desde 1858, se lee el trazo de una capital cuya centralidad fue siempre construida y siempre disputada, y cuyo lugar en el mapa colombiano depende, todavía hoy, del esfuerzo por defenderlo contra las corrientes de un país que tiende a olvidar a sus ciudades intermedias.
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Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
24 documentos · 29 fragmentos01Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 1851 cita
[1]atractivos naturales del departamento destaca el Cañón del Chicamocha. En la capital, Bucara- manga, y su entorno se han desarrolla- do en los útltimos tiempos industrias de alimentos y de bebidas, cigarrillos (la primera del país), textiles, metal- mecánicas y de cemento. La capital de Santander, Bucaramanga, ciudad…
p. 185
02Peregrinación de AlphaManuel Ancízar · 2016 · p. 4611 cita
[2]Magdalena. El poderoso ramal de la cordillera, cuyo eje pasa por Juan Rodríguez manteniéndose en la dirección general sur-norte hasta subdividirse allá en territorio de Ocaña, presenta sus cumbres coronadas por rocas de sedimento calizo, homogéneas en cuanto su naturaleza lo permite, pero dislocadas e interrumpida…
p. 461
03Café y ferrocarriles en Colombia: los trenes santandereanos (1869-1990)Juan Santiago Correa Restrepo · 2012 · p. 16, 232 citas
[3]cuenta con un importante nú- mero de ríos como el Sogamoso, el Suárez, el Opón y el Chicamo- cha, entre otros, con fuertes flujos hídricos estacionales, profundos cañones y altas pendientes, lo que impide que sean navegables en toda su extensión. La parte occidental del departamento hace parte del valle na- tural que…
p. 23
[5]de Pamplona, Guanentá y el sur de la de García Rovira, con los conservadores. El 12 de abril de 1861 el Estado de Santander se convirtió en el Estado Introducción Soberano de Santander y se trasladó por 25 años la capital de Bu- caramanga a El Socorro. Sólo hasta el decreto del 7 de septiembre de 1886, la primera…
p. 16
04Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IIErnesto Guhl · 2018 · p. 1051 cita
[4] Región de Barranquilla 1. Guajira 2. Santa Marta 3. Cartagena 4. Fundación 5. Valledupar 6. Lorica 7. Sincelejo 8. Magangué 9. El Banco 10. Montería Región de Medellín 11. Turbo…
p. 105
05Repúblicas en armas: Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 1821 cita
[6]a la influencia norteamericana como a la fragmentación de la soberanía en el curso de los primeros meses de transformación política. Cada estado participante es soberano; posee una representación elegida y un ejecutivo. Las provincias se reconocen «libres, independientes y soberanas, [y tienen] una forma de gobierno…
p. 182
06Repúblicas en armas. Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 1821 cita
[7]a la influencia norteamericana como a la fragmentación de la soberanía en el curso de los primeros meses de transformación política. Cada estado participante es soberano; posee una representación elegida y un ejecutivo. Las provincias se reconocen «libres, independientes y soberanas, [y tienen] una forma de gobierno…
p. 182
07Historia de Colombia. La Independencia II. Tomo 8Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); Ricardo Martín (dir. de la obra); German Arciniegas y otros colaboradores · 1988 · p. 341 cita
[8]compuesto por representantes de las provincias de Antioquia, Cartagena, Casanare, Chocéd, Cundinamarca, Neiva, Pamplona, Socorro y Tunja, adopté el sistema fe- deral y comisioné a su presidente, el doctor Camilo Torres, para redactar una constitucién basada en la de los Estados Unidos de América. El acta o pac- to de…
p. 34
08Diez propuestas para el estudio de la historia reciente de Colombia con énfasis en el conflicto armadoFrancisco Acevedo, Mauricio Bello, Blanca Cepeda, Wencith Guzmán, Jacqueline Mendoza, Nixon Mora, Roque Moreno, William Peña, Jorge Ramírez, Maira Soto, María Cristina Téllez · 2022 · p. 291 cita
[9]de paz para la Nación. Aquí algunos puntos fundamen- tales por lo menos para despertar ese interés en conocer más ampliamente ese hecho. ¿Dónde estalló? Estalló en el departamento de Santander y aunque el llamamiento a las armas era a nivel nacional, el conflicto se centró en su etapa inicial en esta región,…
p. 29
09Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · p. 218, 2542 citas
[10]llegada de empresarios extran jeros, con los que tenían no sólo afinidad ideológica de corte liberal, sino también la concepción modernizadora que ofrecían las asociaciones masónicas de las cuales hacían parte. F u e n t e s La Paz (1880): Popayán. La Voz del Cauca (1873): Popayán. Notaría Primera de Cali (1879 y…
p. 218
[12]a t e g i a de l ad i v e r s i f i c a c i ó n de su i n v e r s i ó n para minimizar l o s r i e s g o s y aprovechar e ls e n t i d o de l a soportunidades, i n v i r t i e n d o en propiedad r a í z,sobre todo de c a r á c t e r urbano, y en l aampliación y modernización de l ai n f r a e s t r u c t u r av i a ly…
p. 254
10Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 1661 cita
[11]de impor- tación quedaba en gran parte en ma- nos colombianas, y después de medio siglo de vida republicana independien- te no se distingue un grupo fuerte de comerciantes ingleses que se defina como tal, sino algunos apellidos ingle- ses ya «neogranadinizados». Fueron menos visibles que los alemanes. Los ingleses…
p. 166
11Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 1591 cita
[13]Colonia. Jui- cios Civiles de Santander, tomo 6, folio 1: cuentas de un empresa- rio o intermediario de esa clase; pero desde antes la separación de las operaciones de hilado y tejido se había marcado de tal manera, que se llegó al punto de que fuera de tan común giro y aceptación el algodón hilado, que hiciera las…
p. 159
12Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 801 cita
[14]regiones de B ucaram anga y Pam plona, los altiplanos orientales se especializaron en la ag ricu ltu ra y la producción de tex tiles. La m ayoría de la producción era para el auto co n su m o regional, a u n q u e se exportaban pro d u cto s a los cam pam entos m ineros de la región occidental, a los puertos del M…
p. 80
13Catolicismo, cambio social y búsqueda de paz en Colombia. Historia y MemoriaWilliam Elvis Plata Quezada (Editor), Ana María Bidegain Greising, Angélica Villamizar Beltrán, Antonio José Echeverry Pérez, Eduardo Díaz Ardila, Eliécer Soto Ardila, Héctor Alfonso Torres Rojas, Hernando Pinilla Rey, Isabel Corpas De Posada, Javier Alejandro Acevedo Guerrero, Joselín Aranda Cano, Lizeth Torres Rodríguez, Miguel Arturo Fajardo Rojas, Natalia Alejandra Mora Navarro, Osmir Ramírez Trillos, Sofía Brizuela Molina, Sor María Sampayo Flórez · 2022 · p. 2021 cita
[15]chalupas para el trasporte fluvial de pasajeros. La comunicación de Barrancabermeja con Bucaramanga tomaba mínimo seis horas por San Vicente de Chucurí, con una carretera destapada y con frecuentes derrumbes y zonas pantanosas. De la zona de Puerto Berrío a Medellín no existía carretera directa, sino solamente la vía…
p. 202
14Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · p. 6991 cita
[16]completas, tomo V. Bucaramanga: FICA, 2008. Bolívar, Simón. “Carta del Libertador presidente al general Francisco de Paula Santander. Ibarra, 8 de octubre de 1826”. En Obras completas, tomo V. Bucaramanga: FICA, 2008. Bolívar, Simón. “Carta del Libertador presidente al general Francisco de Paula Santander. Pasto, 14…
p. 699
15Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 2022 citas
[17]de su ruina. De ahí la ferocidad desplegada por ellos durante los de- sórdenes que ocasionaron tres muertes entre los notables (dos ciudadanos alemanes y un terrateniente conservador). Los ciu- dadanos alemanes demostraron tener un peso de oro: el gobier- 68 Mario Acevedo Díaz, La culebra pico de oro, Bogotá,…
p. 202
[18]de su ruina. De ahí la ferocidad desplegada por ellos durante los de- sórdenes que ocasionaron tres muertes entre los notables (dos ciudadanos alemanes y un terrateniente conservador). Los ciu- dadanos alemanes demostraron tener un peso de oro: el gobier- 68 Mario Acevedo Díaz, La culebra pico de oro, Bogotá,…
p. 202
16No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 491 cita
[19]ideología de ultraderecha tenía audiencia y el anticomunismo, arraigo. Si bien en Bogotá los partidos mantenían las formas, en medio de una gran polarización política, en las regiones los episodios de violencia pasaron de ser esporádicos a reiterados. Probablemente uno de los episodios que marcaron el regreso de la…
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17Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 3031 cita
[20]creen ver que se menoscaban sus pri- vilegios y quienes, en cambio, no ven que se atiendan sus necesidades. Entre la guerra civil... Los ministros y gobernadores del nue- vo régimen son bien recibidos en Bo- gotá. No es lo mismo en los departa- mentos: los gobernadores son recha- zados por los conservadores o los li-…
p. 303
18Historia del Periodismo ColombianoAntonio Cacua Prada · 1983 · p. 573, 5762 citas
[21]C O M U N ERO S, Socorro (1943), 152 LOS C R EP U SC U LO S DE ESPAÑ A Y EU RO· PA,Bogotá (1809), 16,17,19 LOS D EB A TES, Bucaramanga (1858), 62 LOS D EC IR E S,B ogotá (1834), 40 LOS M IS E R A B L E S, Bogotá (1963), 169 LOS N UEVO S, Bogotá (1925), 216 LOS P R IN C IPIO S, Bogotá (1852),58 LOS P R IN C IPIO S,…
p. 576
[22]C E T A G R A F IC A, Bogotá (1915), 135,208 G A C ET A HISTO RICA,Cúcuta (1936), 190 G A C E T A L IT ER A R IA,B ogotá (1964), 239 G A C ET A O F IC IA L, Bogotá (1950), 48, 52 G A C ET A O F IC IA L.Bucaramanga (1860), 62 G A C ET A R E PU B LIC A N A, Bogotá (1909), 119,127 G A C E T A U N IV E R S ID A D N AC IO…
p. 573
19Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 361 cita
[23]análisis. En especial para el desarrollo de análisis estadísticos que permitan observar el peso y relación de las ciudades en los datos de violencia y victimización del conflicto armado 39. Estas ciudades se ordenan a partir de diez aglomeraciones urbanas de carácter metropolitano (Bogotá, Medellín, Barranquilla,…
p. 36
20Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · p. 2021 cita
[24]205 agen- Ramas de la economia Agropecuaria, silvicultura, caza y pesca 12,42 Mineria 1,42 Electricidad, gas y agua 1,88 Industria 20,95 Construccién 646 Comercio 7,91 ‘es RG Se Transporte 6,34 Intermediacién financiera y conexos 2,89 Inmobiliaria y alquiler de vivienda 8,58 Administracién publica 6,40 Enseflanza 3,37…
p. 202
21Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 281 cita
[25]ciudades inter- medias como Pereira, Bucaramanga, Cartagena y otras, indicaba un reparto de las oportunidades de crecimiento industrial y de los servicios en muchas regiones del país que, sin embargo, se va concentrando a favor de la capital. En 2015, Bogotá alberga el 16, 6 % de la población, con 8 millones de…
p. 28
22Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander. Tomo I. Bloque Central Bolívar: origen y consolidaciónCentro Nacional de Memoria Histórica, Alberto Santos Peñuela · 2021 · p. 3651 cita
[26]unas 14 personas, dos por cada comuna. (CNMH, MNJCV, 2015o) Este proceso de control y establecimiento de Barrancabermeja estaba con- solidado para finales de 2001. No obstante, en el mes de noviembre fue cap- turado Esteban en la ciudad de Bucaramanga en un procedimiento realizado por el DAS. A partir de ese momento,…
p. 365
23Nororiente y Magdalena Medio, Llanos Orientales, Suroccidente y Bogotá DC. Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento (coordinador), Alberto Santos Peñuela, Lukas Rodríguez Lizcano, Luisa Fernanda Hernández Mercado, Juanita Esguerra Rezk · p. 56, 802 citas
[27]- ño, Magdalena Medio y Bajo Cauca), están en etapa de versiones libres. Los dos primeros a cargo de la Unidad de Justicia y Paz de Medellín, Julián Bolívar con audiencia conjunta de imputación el 9 de febrero de 2011 y Ernesto Báez en audiencia de formulación de cargos que fue aplazada el 26 de abril de 2010. Por su…
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[28]el primero en el país “libre de coca”, para lo cual debían erradicarse 432 hectá - reas, pero tal meta no se consiguió (Vanguardia Liberal, julio 28 de 2012). Además, Santander es lugar de tránsito obligado entre cultivos de uso ilícito del Magdalena Medio y El Catatumbo y la comer - cialización ilegal de la droga en…
p. 80
24Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Magdalena MedioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 381 cita
[29]aguas en la búsqueda de sus seres queridos. A medida que la guerra ha desescalado, las tamboras han vuelto a sonar, otra vez hay fiestas patronales y regresaron los festivales, los bailes cantados y los cantos bailados, reconstruyendo los vínculos entre las gentes. En las montañas santandereanas, en medio de la…
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