Idea · Frente Nacional
Migración rural-urbana
Entre 1938 y 1985, Colombia pasó de tener menos de un tercio de su población en ciudades a dos tercios, en un proceso impulsado por La Violencia bipartidista, la industrialización parcial y el fracaso de la reforma agraria, que transformó radicalmente la estructura social y territorial del país.
Trayectoria de una idea
- 1938
Punto de partida: Colombia rural
- 1948
La Violencia como detonante del éxodo rural
- 1951
Aceleración urbana: 40% de población en ciudades
- 1961
Ley 135: reforma agraria que no redistribuyó tierra
- 1964
Punto de inflexión: mayoría urbana por primera vez
- 1967
Creación de la ANUC: intento de organizar al campesinado
- 1972
Acuerdo de Chicoral: freno definitivo a la reforma agraria
- 1985
Colombia urbanizada: dos tercios en ciudades
La lectura
La migración rural-urbana colombiana no fue un proceso espontáneo de modernización sino el resultado de fuerzas violentas, estructurales y políticas que actuaron simultáneamente durante cuatro décadas. La Violencia bipartidista expulsó a cientos de miles de campesinos de sus tierras antes de que las ciudades estuvieran preparadas para recibirlos, generando una urbanización prematura que el Frente Nacional heredó sin resolver sus causas de fondo. El fracaso deliberado de la reforma agraria —documentado en cifras que muestran que menos del 1% de la tierra fue redistribuida entre 1962 y 1978— convirtió la migración en válvula de escape de un conflicto rural que el pacto bipartidista no quiso o no supo desactivar en el campo. El giro hacia la política urbana del gobierno Pastrana, con el sistema UPAC y la construcción como motor económico, institucionalizó la apuesta por la ciudad como terreno de la modernización y la legitimación política, relegando definitivamente la democratización agraria. El resultado fue una Colombia de grandes ciudades con cinturones de informalidad y marginalidad, un campo concentrado en pocas manos y una deuda social acumulada que los ciclos posteriores de desplazamiento forzado no harían sino profundizar.
La migración rural-urbana durante el Frente Nacional
Entre 1948 y 1985, Colombia dejó de ser un país de campesinos para convertirse en un país de ciudades. En 1938 apenas veintinueve de cada cien colombianos vivían en cabeceras municipales; en 1985 lo hacían sesenta y siete. Ese vuelco —silencioso en sus cifras, ruidoso en sus consecuencias— se concentró en las décadas del Frente Nacional (1958-1974) y produjo la Colombia contemporánea: cuatro grandes ciudades cabeceras regionales, un mercado laboral atravesado por la informalidad, un cinturón de barrios de invasión alrededor de las capitales y un campo vaciado donde la reforma agraria nunca terminó de hacerse. La migración rural-urbana no fue un accidente de la modernización colombiana; fue el mecanismo mismo por el cual el pacto bipartidista trasladó a las ciudades un conflicto rural que no supo, o no quiso, resolver en el campo.
Un país que se voltea sobre sí mismo
Las cifras cuentan una historia inequívoca. En 1938 Colombia tenía cerca de 8,7 millones de habitantes y algo menos de un tercio vivía en áreas urbanas. Trece años después, la población había crecido a 11,5 millones y la proporción urbana llegaba al 40%. En 1964, con 17,5 millones de habitantes, por primera vez la mayoría de los colombianos residía en ciudades. Para 1973 el país tenía 22,9 millones; para 1985, 27,9 millones y dos tercios de su gente en cabeceras.
El ritmo fue vertiginoso. La mayoría de las ciudades colombianas duplicaron su población entre 1951 y 1964; Bogotá, Cali, Medellín, Bucaramanga y Manizales lo hicieron en apenas una década. Las cuatro grandes —Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla— pasaron de albergar el 8% de la población nacional en 1938 al 15,7% en 1951, al 22,8% en 1964, al 27% en 1985 y al 32,6% en 1993. Entre 1951 y 1964, los grandes centros urbanos absorbieron alrededor de dos millones de migrantes, y aproximadamente la mitad del crecimiento urbano total correspondió al aporte migratorio: el otro tanto lo puso la transición demográfica —caída rápida de la mortalidad frente a una fecundidad todavía alta— que operaba en el conjunto del país.
Colombia se urbanizaba a la velocidad de sus vecinos latinoamericanos, pero con una prisa desproporcionada respecto a los indicadores mundiales. Se urbanizaba antes de industrializarse plenamente. Se urbanizaba, sobre todo, por razones que las ciudades no habían pedido.
La Violencia como primer motor: 1946-1958
El origen inmediato del éxodo rural masivo tiene un nombre propio: La Violencia. Entre 1946 —o 1948, según se tome como fecha inaugural el ascenso conservador o el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán— y 1958, el enfrentamiento bipartidista entre liberales y conservadores devastó buena parte del territorio nacional. Se habla de más de 200.000 muertos y del desplazamiento de más de dos millones de personas dentro del país; las cifras han sido discutidas, pero fijan un orden de magnitud: fue el mayor movimiento poblacional forzado del siglo XX colombiano hasta entonces. Otras estimaciones contemporáneas rebajaban a 800.000 el número de personas que cambiaron de residencia por causa de la violencia y calculaban en 150.000 los colombianos emigrados a Venezuela hasta 1961.
El epicentro del desplazamiento fueron las zonas cafeteras y las tierras de ladera del Viejo Caldas, Tolima, Valle del Cauca, Boyacá, Cundinamarca y los Santanderes: allí donde el conflicto por la tierra se solapó con la disputa partidista, expulsando a campesinos de sus parcelas y produciendo una concentración de la propiedad cuyos mecanismos precisos —ventas forzadas, apropiaciones, intervenciones notariales— quedaron documentados de manera fragmentaria pero cuyo resultado agregado fue nítido: menos campesinos con tierra, más tierra en pocas manos.
Los desplazados llegaron principalmente a Bogotá e Ibagué, y desde allí se difundieron hacia Medellín, Cali y las capitales departamentales. La Oficina Nacional de Rehabilitación y Socorro, creada al final del régimen militar, auxilió en sus primeros seis meses a 11.622 exiliados en Bogotá y 20.949 en otras poblaciones, y logró que 4.722 personas regresaran a sus hogares bajo amparo de las Fuerzas Armadas: cifras minúsculas frente a la magnitud del fenómeno. El migrante forzado se alojaba primero con familiares y se establecía después en zonas periféricas o de invasión, insertándose como vendedor ambulante, obrero de construcción o empleada doméstica. Una parte del campesinado desplazado no fue a las ciudades: se organizó en autodefensas y guerrillas apoyadas por el Partido Comunista, dando origen a las colonizaciones armadas del sur del Tolima y del Sumapaz que, una década después, se transformarían en las FARC.
Las décadas de 1950 y 1960 constituyeron así el primer gran ciclo de transformación urbana colombiana por recepción de población desplazada, un ciclo que anticipa —en escala, no en naturaleza— los que vendrían con el narcotráfico en los ochenta y con el conflicto armado en los dos mil.
Industria que atrae, campo que expulsa
El desplazamiento violento no habría producido por sí solo una urbanización de esta magnitud sin una economía urbana capaz de recibir —así fuera precariamente— a los recién llegados. Desde los años treinta, Colombia venía consolidando un aparato industrial concentrado en Bogotá y Medellín. La periodización canónica del proceso distingue cuatro fases: afianzamiento industrial en Bogotá y Medellín (1930-1950); diversificación e integración urbana (1950-1958); conformación del triángulo de oro Bogotá-Medellín-Cali (1958-1968); y diferenciación de productos, exportación de manufacturas y consolidación de Bogotá como centro económico dominante (1968-1978). En ese arco quedaron establecidas las cuatro cabezas regionales urbanas —Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla— como polos de atracción del país.
La industrialización sustitutiva de importaciones, impulsada por la CEPAL y adoptada por sucesivos gobiernos, demandó mano de obra en textiles, alimentos, bebidas, cemento, química básica y ensamble. Pero el capitalismo colombiano mostró desde temprano una limitación estructural: fue incapaz de proletarizar plenamente a los migrantes rurales al modo del capitalismo europeo del siglo XIX. Las fábricas no absorbieron a la mayoría de los recién llegados. Lo que se produjo, en cambio, fue una amalgama de proletariado formal, sector informal masivo y marginalidad urbana persistente. Convertirse en vendedor ambulante, traficar mercancías, conseguir un puesto en una plaza de mercado o entrar como dependiente en un almacén fueron los pasos concretos de la inserción económica del migrante, más frecuentes que la contratación fabril.
A esta insuficiencia industrial se sumó, en los sesenta y setenta, una segunda ola de expulsión rural de raíz distinta a La Violencia: la modernización agraria capitalista. En la costa atlántica, la mecanización del arroz y del algodón después de 1960 desplazó a miles de pequeños propietarios que, en lugar de migrar a las grandes ciudades, ocuparon la periferia de las haciendas o baldíos cercanos. En el Valle del Cauca, los ingenios azucareros habían iniciado desde los años veinte una concentración acelerada de la tierra plana que expulsó a terrazgueros y minifundistas; la crisis del café en las zonas de ladera, agravada por la plaga de la broca en 1974 y por el endeudamiento campesino, empujó a muchos a entregar o vender sus parcelas y engrosar la fuerza de trabajo de la industria azucarera o a migrar a Cali. En el Chocó, mujeres afrodescendientes emigraron a Medellín para insertarse, mediante redes de parentesco y amistad que configuraron enclaves étnicos, en el procesamiento y venta callejera de comida y en el servicio doméstico.
La migración rural-urbana colombiana no tuvo, entonces, una sola causa. Confluyeron La Violencia bipartidista, la transición demográfica, la atracción industrial parcial, la modernización agraria capitalista y la crisis de las economías campesinas. El Frente Nacional heredó ese proceso en marcha y decidió qué hacer con él.
El pacto bipartidista y la cuestión agraria
El Frente Nacional, acordado en Sitges y Benidorm en 1957 y vigente entre 1958 y 1974, distribuyó por partes iguales la administración del Estado entre liberales y conservadores y alternó la presidencia entre las dos colectividades cada cuatro años. Fue diseñado para desactivar La Violencia, y en ese objetivo estricto tuvo éxito: los muertos bajaron. Pero el acuerdo pactó también, aunque sin decirlo, qué problemas se abordarían y cuáles no. La cuestión agraria quedó del lado ambiguo: se la reconoció retóricamente y se la neutralizó institucionalmente.
Bajo Alberto Lleras Camargo (1958-1962), primer presidente del Frente Nacional, se aprobó la Ley 135 de 1961, conocida como Ley de Reforma Social Agraria, que creó el Instituto Colombiano de la Reforma Agraria (INCORA). La ley disponía la expropiación de latifundios improductivos, la adjudicación de tierras a campesinos sin tierra o con tierra insuficiente, y la titulación de baldíos. Fue impulsada por Carlos Lleras Restrepo, entonces figura central del liberalismo, con una doble motivación: redistribuir la tierra y contener la posibilidad de una revolución campesina. El temor a que Colombia siguiera el camino cubano operaba como argumento en el debate público y como cálculo político privado.
El resultado, medido en hectáreas, fue el fracaso. Al final de 1970 apenas el 2% de la tierra agrícola nacional había sido expropiada bajo la Ley 135, y solo una fracción mínima de ese porcentaje había sido efectivamente entregada a campesinos. En 1971 menos del 1% de las tierras sujetas a expropiación habían sido distribuidas, y la mayoría de lo adjudicado correspondía a baldíos públicos, no a latifundios privados. Entre 1962 y 1978, menos del 1% de la superficie total del país fue afectada por la reforma. En el municipio vallecaucano de Jamundí se propuso afectar 25.000 hectáreas de 67 propietarios para beneficiar a mil familias; el resultado final fue la entrega de 500 hectáreas —la finca La Berta— a 120 familias.
Lo que sí ocurrió fue lo contrario. Entre 1960 y 1970, la concentración de la propiedad rural aumentó: las explotaciones menores de 10 hectáreas disminuyeron en número y superficie; las de 20 a 50 hectáreas crecieron; las mayores de 50 hectáreas se expandieron de manera notoria. El propio Ministerio de Agricultura reconoció entre 1961 y 1969 la necesidad de no acelerar la migración rural-urbana, pero no implementó ningún mecanismo concreto de agilización de la reforma ni de compra y expropiación de latifundios. La reforma agraria fue, en la práctica, una reforma legal sin aplicación real.
El giro urbano: Lleras Restrepo y Pastrana
Carlos Lleras Restrepo, ya presidente entre 1966 y 1970, intentó recuperar el impulso reformista fortaleciendo el INCORA y creando en 1967 la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) con la idea de convertir al campesinado organizado en aliado del Estado y en presión desde abajo para acelerar las adjudicaciones. La ANUC llegó a movilizar decenas de miles de campesinos y a impulsar tomas de tierras a comienzos de los setenta. Pero el esfuerzo no cristalizó en política redistributiva efectiva, y el gobierno siguiente clausuró la ventana.
Misael Pastrana Borrero (1970-1974), último presidente del Frente Nacional, marcó el giro decisivo. Su Plan de Desarrollo Las Cuatro Estrategias se inspiró en las ideas del economista canadiense Lauchlin Currie, asesor de larga data del Estado colombiano, quien proponía acelerar la modernización económica reubicando mano de obra rural en sectores urbanos de mayor productividad. En esa lectura, la pobreza rural no se resolvía repartiendo tierra sino trasladando población al campo urbano donde la productividad —y por tanto el ingreso— era mayor.
El plan Pastrana hizo de la vivienda urbana su eje central. Se creó el sistema UPAC (Unidad de Poder Adquisitivo Constante) para canalizar ahorro hacia crédito hipotecario indexado, se estimuló la construcción como motor de la formación bruta de capital fijo —la edificación y la vivienda urbana llegaron a representar más de la tercera parte de la formación bruta de capital fijo de la construcción— y se articuló un circuito entre corporaciones de ahorro y vivienda, constructoras privadas y demanda urbana subsidiada. Al mismo tiempo, el gobierno se distanció del enfoque redistributivo agrario. El Acuerdo de Chicoral, negociado en 1972 entre gremios agrarios y sectores políticos, marcó el punto de inflexión en el freno a la reforma: los mecanismos de expropiación se debilitaron y se privilegió la seguridad jurídica sobre la gran propiedad rural y el estímulo a la agricultura capitalista.
El giro fue coherente y explícito. La reforma urbana cumplió para Pastrana la función político-ideológica que la reforma agraria había cumplido —o intentado cumplir— para Lleras Camargo y Lleras Restrepo: recomponer un electorado popular, esta vez urbano, en un contexto donde la Alianza Nacional Popular (ANAPO) del general Gustavo Rojas Pinilla había estado a punto de ganar las elecciones de 1970 en medio de acusaciones creíbles de fraude. La ciudad, no el campo, sería el terreno de la modernización y de la legitimación bipartidista. El impulso a la vivienda urbana de Pastrana fue la contracara de la contrarreforma agraria: mientras se cerraba la vía redistributiva rural, se abría la vía inmobiliaria urbana.
La válvula de escape: colonizar las fronteras
Entre el campo expulsor y la ciudad receptora, el Frente Nacional ensayó una tercera vía: la colonización dirigida de fronteras internas. La Ley 20 de 1959, Plan Nacional de Rehabilitación y Socorro para Víctimas de la Violencia, fue el primer embrión del programa: asignó a la Caja de Crédito Agrario la organización de colonias oficiales en tierras baldías, seleccionó vastas zonas estatales en Caquetá y Meta y sentó las bases institucionales de las décadas siguientes. Bajo su amparo, aproximadamente tres mil personas adquirieron parcelas en baldíos y el programa financió puestos de salud, escuelas y bodegas para cosechas.
La Ley 135 de 1961 profundizó la línea: el INCORA asumió la colonización adjudicando baldíos, ofreciendo asistencia técnica, crédito a pequeños productores, mejoramiento de vivienda, salud, educación, organización del mercadeo y adecuación de vías en regiones periféricas. Entre 1961 y 1973, el INCORA adjudicó 85.830 hectáreas en la intendencia de Arauca. Los Llanos Orientales fueron el destino más visible: entre 1951 y 1984 su población pasó de 115.050 a entre 730.192 y 797.527 habitantes según el censo de 1984, con Meta como principal receptor de más de 400.000 nuevos habitantes provenientes de Nariño, Tolima, Boyacá, Cundinamarca, Santander y Norte de Santander.
El programa tropezó con dos obstáculos estructurales. Primero, muchas de las zonas baldías seleccionadas para colonización dirigida en Caquetá y Meta ya estaban ocupadas por colonizadores espontáneos de oleadas anteriores —campesinos huidos de La Violencia que se habían adelantado al Estado—, lo que obligó a buscar nuevas tierras cada vez más alejadas de las cabeceras y de las vías. Segundo, la conectividad no acompañó la adjudicación: en Arauca, por ejemplo, los desplazamientos hacia el centro del país tomaban días y la comunicación era predominantemente fluvial, condición insuficiente para el éxito comercial de las cosechas.
La colonización dirigida operó, en la práctica, como una válvula de escape a la migración urbana y también como una externalización del conflicto. El Estado desplazó el problema —la insuficiencia de tierra y la presión demográfica sobre el campo minifundista— hacia una periferia donde el control institucional era débil o inexistente. Las tierras colonizadas quedaron fuera del alcance efectivo del Estado, y allí donde el INCORA no llegó, llegaron —o se consolidaron— otros actores: guerrillas, ganaderos expansionistas, y en los ochenta, cultivos ilícitos. La gestión de la expulsión campesina por vía de la colonización sentó, sin proponérselo, las condiciones territoriales de los conflictos posteriores.
Llegar a la ciudad: inquilinatos, invasiones, informalidad
En las ciudades, el recibimiento fue tan desordenado como intenso. Los primeros migrantes ocuparon inquilinatos en las grandes casonas de las zonas centrales que las élites habían empezado a abandonar hacia los barrios del norte —en Bogotá, Chapinero y luego el norte propiamente; en Medellín, El Poblado y Laureles; en Cali, San Fernando y el sur. Luego, cuando el centro se saturó, la ciudad creció hacia los bordes: primero como arrabales, después como barrios de invasión.
La escena de la invasión es conocida y se repitió con variantes en las cuatro grandes ciudades: en una sola noche se clavaban palos, se instalaban plásticos y láminas de cinc, se montaban decenas de ranchos antes de que llegara la policía. Al amanecer había un barrio embrionario, sin techo firme, sin luz, sin agua. Los servicios básicos —transporte, agua, electricidad, alcantarillado— iban siempre un paso atrás de la construcción, generando un déficit crónico que ninguna administración municipal logró cerrar. Ciudad Bolívar en Bogotá, Aguablanca en Cali, las comunas nororientales de Medellín, y sectores como Usme, Bosa, Soacha o Kennedy en la sabana bogotana se llenaron de familias campesinas convertidas en pobladores urbanos por decisión ajena. Todavía en 2005, el 76% de los hogares de Ciudad Bolívar vivía en pobreza y el 25% en pobreza extrema.
El caso de Ciudad Kennedy —bautizada así tras la visita de John F. Kennedy a Bogotá en 1961 en el marco de la Alianza para el Progreso— ilustra la brecha entre la planificación y el proceso real. Concebida en los sesenta para alojar unas 80.000 personas en su primera fase, y diseñada como emblema del urbanismo moderno con influencia de arquitectos como Rogelio Salmona en el debate general sobre la vivienda popular en Colombia, la ciudadela terminó desbordada por el crecimiento circundante y hoy es un sector de más de un millón de habitantes. Ha sido calificada por unos como desatino urbanístico y por otros como esfuerzo genuino de planificación superado por una escala imposible de anticipar; ambas lecturas dicen algo cierto sobre los límites de la política urbana del Frente Nacional.
La inserción laboral del migrante siguió la lógica de la industrialización insuficiente. Los que llegaban entre 1951 y 1964 eran en su mayoría personas en edad de trabajar, con bajos niveles educativos y sin calificación para ocupaciones urbanas. La labranza, la siembra, el ordeño y la pesca fueron reemplazados por el trabajo en restaurantes, casas de familia y talleres, y por la venta ambulante de tinto, arepas, frutas y —décadas más tarde— minutos de celular. Las mujeres se concentraron en el servicio doméstico y en el comercio callejero de alimentos; los hombres, en la construcción, el transporte informal, la vigilancia y el rebusque. Fue una modernización con industrialización limitada, que generó desde la proletarización parcial hasta el marginalismo urbano estructural, y que instaló la informalidad como rasgo permanente del mercado laboral colombiano —no como fase transitoria hacia el pleno empleo asalariado, sino como su alternativa duradera.
Camilo, Fals Borda y la mirada sobre lo urbano
Mientras el país cambiaba de piel, una generación intelectual intentaba nombrarlo. Orlando Fals Borda había fundado en 1959, junto con el sacerdote Camilo Torres Restrepo, la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional: la primera del país. Desde allí, y luego desde la investigación acción participativa que él mismo teorizó y practicó en la costa atlántica, sostuvo una tesis exigente: el desplazamiento rural, la formación de barrios populares y la conciencia política que iba naciendo entre los migrantes no eran fenómenos separados sino tramos de un mismo proceso. Investigar significaba, para Fals Borda, meterse en el barro con la gente que se investigaba; conocer y transformar eran el mismo verbo.
Camilo Torres empujó la misma intuición hacia el extremo. Trabajó con población marginal en Tunjuelito y otros barrios del sur de Bogotá, vio de cerca las condiciones de vida de los invasores, formuló su Plataforma para un Movimiento de Unidad Popular, renunció al sacerdocio en 1965 y, unos meses después, se incorporó al ELN. Murió en combate en febrero de 1966, en Patio Cemento, Santander. La ciudad de los invasores fue para él la prueba material de un país que no había hecho su reforma social: no un problema de urbanismo, sino la forma visible de una injusticia agraria no resuelta.
En el polo opuesto operaba Lauchlin Currie, canadiense, asesor de sucesivos gobiernos colombianos desde la misión del Banco Mundial de 1949 y arquitecto intelectual de Las Cuatro Estrategias. Currie pensaba lo mismo al revés. La urbanización acelerada, lejos de ser síntoma de una injusticia, era la palanca objetiva de la modernización: si el productor rural producía menos que el obrero urbano, mover gente del campo a la ciudad era ganancia neta para el país, y el papel del Estado consistía en facilitar ese traslado con vivienda, crédito hipotecario y construcción, no en frenarlo con expropiaciones que espantaran la inversión.
Entre esas dos posiciones se dirimió la política pública de la década. Fals Borda —y Camilo antes de irse al monte— pedían reformar el campo para retener población y devolverle dignidad al campesinado. Currie pedía modernizar la ciudad para recibir mejor a quienes bajaban de él. No eran matices de un mismo diagnóstico: eran diagnósticos incompatibles sobre qué era Colombia y qué debía llegar a ser. Pastrana escogió a Currie. La contrarreforma de Chicoral y el UPAC fueron la traducción administrativa de esa elección. La Colombia urbana que hoy conocemos es, en buena medida, la que resultó de darle la razón a uno de los dos.
La ciudad devuelve el conflicto: paros cívicos y descontento
Hacia mediados de los setenta, la ciudad receptora empezó a devolver el conflicto que había absorbido. El Frente Nacional agravó fallas estructurales del sistema político al intensificar el clientelismo y repartir cargos entre miembros de familia, subalternos políticos y cuadros partidistas, lo que aseguró la mala calidad de la administración pública y aumentó la corrupción. Los pobladores urbanos —los antiguos migrantes ya asentados y su descendencia— chocaron con esa administración incapaz de proveer servicios, empleo y vivienda a la escala requerida.
El segundo semestre de 1977 fue el punto de ebullición. Durante el gobierno de Alfonso López Michelsen (1974-1978), primer presidente elegido tras el fin formal del Frente Nacional pero heredero directo de su lógica, se acumularon conflictos sindicales, huelgas sectoriales, alza inflacionaria y desempleo. El Paro Cívico Nacional del 14 de septiembre de 1977, convocado por las centrales obreras —incluida la Confederación General de Trabajadores (CGT), vinculada al Partido Comunista—, movilizó a millones de trabajadores y pobladores urbanos y dejó un saldo de muertos y detenidos que marcó una nueva relación entre Estado y ciudad. En Antioquia convergieron movilizaciones urbanas en Medellín, Bello e Itagüí con agitación rural en el oriente antioqueño, donde el Movimiento Cívico del Oriente Antioqueño —nacido a fines de los sesenta uniendo campesinos, ganaderos, estudiantes, comerciantes, iglesia y organizaciones comunitarias— sería duramente reprimido en los ochenta.
La protesta cívica de los setenta y ochenta fue la proyección política de la migración masiva de los cincuenta y sesenta. Los desplazados por La Violencia, y sus hijos nacidos en los barrios de invasión, se convirtieron en el sujeto político de una conflictividad urbana que el pacto bipartidista no había previsto y que no supo canalizar. La izquierda urbana, los movimientos cívicos regionales, y más tarde grupos como el M-19 y la expansión urbana de la guerrilla, encontraron en ese descontento acumulado su base social. El Frente Nacional había pactado silenciar el conflicto rural; el conflicto reapareció en la ciudad, con otras palabras.
Herencia: la Colombia urbana como sujeto histórico
Cuando terminó el Frente Nacional en 1974, Colombia era mayoritariamente urbana pero seguía discutiéndose como país agrario. Cuando llegó Virgilio Barco a la presidencia en 1986, tras haber sido alcalde de Bogotá entre 1966 y 1969 —experiencia que lo había familiarizado con el tamaño del problema urbano—, el país tenía dos tercios de su población en ciudades y una agenda pendiente que ningún gobierno había resuelto: la vivienda popular, el empleo urbano, la integración de los barrios de invasión al tejido de la ciudad formal, la reforma agraria nunca hecha.
La migración rural-urbana del período 1948-1985 dejó una Colombia con cuatro rasgos permanentes. Primero, una geografía humana concentrada: Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla como cabezas regionales que absorben un tercio de la población nacional y una proporción mayor del PIB. Segundo, un mercado laboral estructuralmente informal, donde la mitad o más de la ocupación urbana ocurre fuera de la relación salarial formal, herencia directa de la incapacidad del capitalismo colombiano para proletarizar a los migrantes rurales. Tercero, un cinturón periurbano de barrios populares —los que empezaron como invasiones en los sesenta y setenta— que hoy son parte integral de las ciudades pero cargan aún con déficits de servicios, seguridad y oportunidad. Cuarto, un campo con propiedad concentrada, reforma agraria pendiente, y una frontera agrícola —Caquetá, Meta, Putumayo, Arauca— donde la ausencia del Estado colonizador dejó espacio a las guerrillas, al narcotráfico y al paramilitarismo.
Ninguna de estas herencias fue diseñada por el Frente Nacional en sentido estricto. Todas fueron administradas por él. La transición demográfica, la industrialización sustitutiva y La Violencia habrían producido un éxodo rural masivo con o sin pacto bipartidista; en eso el proceso fue estructural y autónomo. Pero la decisión de no redistribuir la tierra —Ley 135 vaciada, Acuerdo de Chicoral, INCORA neutralizado—, la decisión de apostar por la vivienda urbana como sustituto de la reforma agraria —Plan Pastrana, ideas de Currie, sistema UPAC—, y la decisión de canalizar la presión sobre la tierra hacia la colonización de fronteras internas fueron opciones políticas del Frente Nacional, no consecuencias fatales de la modernización. En el margen que separa lo inevitable de lo elegido se jugó el destino urbano de Colombia.
Los campesinos que subieron a los buses en las estaciones de Chiquinquirá, Armenia, Pasto o Quibdó entre 1950 y 1975 no sabían que estaban fundando la Colombia contemporánea. Levantaron ranchos en una noche, aprendieron oficios que sus padres no conocían, criaron hijos que ya eran urbanos, votaron o dejaron de votar, protestaron cuando el Estado no llegó. Fueron el sujeto histórico principal del período, más que cualquier presidente o cualquier ley. La migración rural-urbana no fue algo que le pasó a Colombia durante el Frente Nacional: fue Colombia haciéndose otro país, mientras el pacto bipartidista decidía qué mirar y qué no.
En el archivo
1 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01La Violencia bipartidista (1946-1958) como primer motor del desplazamiento masivo campo-ciudad
- 02Frente Nacional (1958-1974): marco político que gestionó la urbanización priorizando la reforma urbana sobre la reforma agraria
- 03Lauchlin Currie: economista cuyas ideas inspiraron el Plan 'Las Cuatro Estrategias' de Pastrana, que convirtió la urbanización en política de Estado
- 04Carlos Lleras Restrepo: impulsor de la Ley 135 de 1961 y la ANUC, con motivaciones redistributivas y de control del conflicto campesino
- 05Informalidad urbana: resultado estructural de la incapacidad del capitalismo colombiano de proletarizar plenamente a los migrantes rurales
- 06Reforma agraria: su fracaso práctico entre 1961 y 1978 aceleró los flujos migratorios campo-ciudad al no retener población rural con acceso a tierra
- 07Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla: cuatro cabezas regionales urbanas que absorbieron la mayor parte de los flujos migratorios
- 08Desplazamiento forzado: la migración rural-urbana del Frente Nacional constituyó el primer gran ciclo, antecediendo los de los años ochenta y dos mil
Personas
Lugares
Ideas
Documentos y fragmentos citados
48 documentos · 52 fragmentos
01Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · p. 571 cita
[1]y 7'851.000 diez años más tarde. El censo de 1938 arrojaba una población de 8'701.816 y el de 1951, 11'584.172 (36). A pesar del rápido crecimiento poblacional, que ubicaba a Colombia en cuarto lugar en América Latina después de Brasil, México y Argentina, ésta tenía grandes extensiones prácticamente desocupadas. De…
p. 57
02Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · p. 561 cita
[2]of population growth dur- ing the first half of the twentieth century to reach 2.2 percent. These positive demographic shifts, together with difficulties of implementing family planning given the conservative Catholic beliefs that dominated society, resulted in a demographic explosion in the 1960s and 1970s. During…
p. 56
03Medellín: memorias de una guerra urbanaMarta Inés Villa Martínez, Ana María Jaramillo Arbeláez, Jorge Giraldo Ramírez, Manuel Alberto Alonso Espinal, Sandra Arenas Grisales, Pablo Bedoya Molina, Luz María Londoño Fernández · 2017 · p. 501 cita
[3]1.1. El marchitamiento de la primavera de Medellín: 1965-1981 Aunque la urbanización de la población colombiana fue rápida y prema- tura respecto a indicadores mundiales, y a veces se le atribuyeron efectos perversos sobre la vida citadina, “Colombia vivió un proceso de urbaniza- ción típico, similar en su velocidad y…
p. 50
04Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 4371 cita
[4]ciudades 12 ciudades” Urbano Rural Total población 1912 5.073 220 378 nd. nd. 1918 5.855 273 473 nd. n.d. 1938 8.702 708 1.021 2.692 6.010 1951 11.548 1.484 2.100 4.468 7.080 1964 17.485 3.491 4.767 9.093 8.391 1973 22915 5641 7.394 13.580 9.335 1985 27.867 7.614 9.937 18.735 9.132 Crecimiento intercensal (%) 1912-38…
p. 437
05Nueva Historia de Colombia, Vol. V: Economía, Café, IndustriaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jesús Antonio Bejarano Ávila, Jorge Orlando Melo, Bernardo Tovar Zambrano, José Antonio Ocampo Gaviria, Juan Manuel Santos Calderón, Charles Bergquist, Alberto Mayor Mora, José Olinto Rueda Plata, Carlos Esteban Posada Posada, Juan José Echavarría Soto, Juan Felipe Gaviria Gutiérrez, Guillermo Eduardo Perry Rubio · p. 3801 cita
[5]vertiginoso proceso de urbanización. Al elevado y progresivo crecimiento vegetativo de las ciudades se sumaban las masivas corrientes mi- gratorias de las áreas rurales y pueblos pequeños. La mayoría de las ciudades vieron duplicar su población en los trece años comprendidos entre 1951 y 1964 y algunas como Bogotá,…
p. 380
06Nueva Geopolítica de ColombiaJulio Londoño Londoño · 1965 · p. 1141 cita
[6]tenden- cia de las tasas de la región que han sido moderadas a princi- pios del siglo y más pronunciadas después. La tasa de crecimien- to que en la actualidad ostenta Colombia (2.9%) puede cata- logarse entre las más altas de América. Sin embargo, no debe sorprender una tasa de este orden de magnitud ya que los cén-…
p. 114
07Autodefensas de Cundinamarca. Olvido estatal y violencia paramilitar en las provincias de Rionegro y Bajo MagdalenaCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Rodrigo Arturo Triana Sarmiento, León Felipe Rodríguez Hernández, César Nicolás Peña Aragón · 2020 · p. 351 cita
[7]las FARC, sí articuló formas organiza- tivas agrarias, legales e ilegales, constituidas en los años precedentes. En este sentido, la base construida por el movimiento comunista en los núcleos agra- rios cafeteros de Cundinamarca posibilitó la conformación de las estructuras guerrilleras en la década de 1960. 1.…
p. 35
08Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · p. 1731 cita
[8]vereda, establecían estrictas líneas de demarcación política cuya transgresión tenía consecuencias fatales. Una corbata, una camisa o una puerta roja eran una invitación a la muerte; como también cargar una cédula de identidad que llevara el registro de determinadas elecciones. Y formas atroces de mutilación, de…
p. 173
09Presencia de las mujeres en la violencia del Tolima 1948 - 1964. Casos en los municipios de Chaparral, Planadas y RoviraMyriam Moreno Patiño · 2019 · p. 261 cita
[9]que llegó bastante población desplazada y amnistiada por políticas gubernamentales. Muchos de ellos llegaban a donde familiares, pero al poco tiempo, se ubican en zonas periféricas o sitios de invasión para trabajar como vendedores ambulantes, en construcción, servicio doméstico u otros oficios ocasionales. 1.3…
p. 26
10La violencia en Colombia: Estudio de un Proceso SocialGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 1962 · p. 3171 cita
[10]Orientales 15. A los seis meses de cumplir con su misión, la Oficina Nacional de Rehabilitación y Socorro había auxiliado a 11.622 exilados en Bogotá y 20.949 en otras pobla- ciones y ciudades, y habían regresado a sus hogares bajo el am- paro de las Fuerzas Armadas, 4.722 personas 16. Otra fuente 11 Colección Guzmán,…
p. 317
11El desplazamiento en Colombia. Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez · 2005 · p. 951 cita
[11]reside en los centros urbanos. Esta tendencia se articula, en nuestro caso, con la existencia de un conflicto armado cuasipermanente que ha llevado, en las dos últimas décadas, a 3´200.000 personas a buscar asilo en las ciudades grandes e intermedias (Codhes, 2004). La guerra y los desplazamientos forzados han sido,…
p. 95
12El desplazamiento en Colombia: Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez (editoras) · 2005 · p. 951 cita
[12]reside en los centros urbanos. Esta tendencia se articula, en nuestro caso, con la existencia de un conflicto armado cuasipermanente que ha llevado, en las dos últimas décadas, a 3´200.000 personas a buscar asilo en las ciudades grandes e intermedias (Codhes, 2004). La guerra y los desplazamientos forzados han sido,…
p. 95
13Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 591 cita
[13]campesino. 60 fiflćflTh fl. ć fiThfl ć quedaba desheredado y que no podía acudir ante las autoridades, me decidí a buscar al Partido Comunista» 113. Es así como la respuesta de algunos campesinos gaitanistas a la violencia generali- zada fue emplear tácticas de autodefensa, apoyados por el PCC. En el partido pronto…
p. 59
14Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Ensayo introductorioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 491 cita
[14]estuvo estrechamente vinculado a las dinámicas de la guerra. Al impacto de la industrialización se sumó el desplazamiento forzado como uno de los factores que definió los ritmos, tamaños y dinámicas específicas del crecimiento y transformación de las ciudades. Los primeros ciclos fundacionales 72 no garantizaron la…
p. 49
15Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 901 cita
[15]Los analistas han caracterizado el crecimiento de las ciudades en función del proceso de indus- trialización de la siguiente forma: 1930-1950, afianzamiento de la industria y de los centros más Conjunto residencial Los Sauces, del arquitec- to Alfonso García Gal- vis, 1981. importantes (Bogotá y Medellín); 1950-1958,…
p. 90
16El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 4781 cita
[16]capitalistas. Veamos brevemente el dato demo- gráfico primero. EMIGRANTES Y PROPIETARIOS En condiciones de movilidad geográfica y disponibilidad de tierras, las migraciones pueden consolidar economías campesinas en los polos geo- gráficos: el de "expulsión" y el del nuevo asentamiento. Es el caso de las colonizaciones…
p. 478
17Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 502 citas
[17]pasos indispensables en el ascenso social y en la conformación J ulio C arrizosa u maña 50 C olombia C ompleja de un patrimonio propio. La facilidad del comercio frente a la industria, la capacidad coercitiva del comerciante y las historias de rápidos enriquecimientos, forman parte del conocimiento popular y de las…
p. 50
[18]los primeros pasos indispensables en el ascenso social y en la conformación J ulio C arrizosa u maña 50 C olombia C ompleja de un patrimonio propio. La facilidad del comercio frente a la industria, la capacidad coercitiva del comerciante y las historias de rápidos enriquecimientos, forman parte del conocimiento…
p. 50
18Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 2491 cita
[19]puertas de crédito para la producción agraria, viéndose obligadas a acelerar los flujos migratorios campo-ciudad y a intensificar la ocupación de nuevos territorios. Machado indica que el grado de concentración de la propiedad aumentó entre 1960 y 1970 a pesar de la prolija legislación agraria promulgada alrededor de…
p. 249
19Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Valle y norte del CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 491 cita
[20]través de créditos y muchos campesinos no lograron acceder a ellos o no fueron capaces de pagarlos porque los cultivos no produjeron la rentabilidad esperada. La situación empeoró en 1974, cuando la plaga de la broca echó a perder los granos. Los campesinos se vieron obligados a entregar sus tierras a los bancos,…
p. 49
20Revolutionary Social Change in Colombia: The Origin and Direction of the FARC-EPJames J. Brittain · 2010 · p. 831 cita
[21]130,000 people (Lindqvist, 1979: 102; see also INCORA, 1972). Scholars analytically studying Law 135 came to a different conclusion. They discovered that these numbers were not just greatly misleading, they contradicted the real conditions. Tad Szulc (1964: 245) noted that in its first year, the achievements of Law…
p. 83
21Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 301 cita
[22]hecho de que esta región se encuentra de Santander y del inte- rior del país una cadena de 1nontaúas y llanuras y a la baja densi- dad de población aún más el de la guerra Los términos la distribución de tierra eran tan ambiguos que el Ministerio Agricultura tuvo la determinar tierras podían ser Se llegó a este…
p. 30
22¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 831 cita
[23]y 1975; la mayoría de ellas entre 1970 y 1973, cuando el movimiento 130 INFORME GENERAL Centro Nacional de Memoria Histórica el representante a la cámara Israel Santamaría, el senador Carlos Toledo Plata y un grupo de guerrilleros urbanos encabezados por Jaime Bateman Cayón, escindidos de las FARC, en 1974 conformaron…
p. 83
23Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. AmazoníaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 621 cita
[24]colonización cultural y territorial, que implicaron formas de violencia tanto físicas como simbólicas. 128 Becerra, «Las relaciones entre misioneros», 17. presentación 63 De la crisis de la economía campesina a la economía de la cocaína (1972—1980) 64 fiflćflThffan nexosfl. nThnflon P ara la década del 70, la promesa…
p. 62
24Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 5031 cita
[25]Bogotá: IEPRI-Debate, 2014, 278-279. 994 Esta ley revivió la aparcería que había sido implementada con la Ley 100 de 1944. 995 Entrevista 139-VI-00039. Exfuncionario Incora, abogado, víctima. 996 Entrevista 200-PR-00847. Hombre, exfuncionario, Puerto Asís. 504 fiflffffflhalz g osrlescmflrnlcsz protagonismo en los…
p. 503
25La crisis agraria en Colombia, 1950-1980Santiago Perry · 1983 · p. 1021 cita
[26]agricultura. Esta es la mane ra racional como la Alianza está atacando el problema de la agricultura" (8). La adaptación tropical de estas opiniones corrió a cargo de los cipayos colombianos. El INCORA sostenía: " La Ley de Re forma Social Agraria no fue el producto de la improvisación, sino el resultado del análisis…
p. 102
26La tierra en ColombiaEstanislao Zuleta, Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) · 1973 · p. 1381 cita
[27]hecho que al definir la política agropecuaria del gobierno se insistiese por parte del Ministerio de Agricultu ra, entre julio de 1961 a julio de 1969 que “a corto plazo, debe propenderse por no acele rar la tasa de migración del sector rural al ur bano, para evitar la intensificación de los pro - blemas en este…
p. 138
27"Patrones" y campesinos: tierra, poder y violencia en el Valle del Cauca (1960 – 2012)Absalón Machado Cartagena, John Jairo Rincón García · 2014 · p. 1721 cita
[28]evitar la terminación de esos contratos como lo había dispuesto la ley 135 de 1961, para evitar la expulsión de estos trabajadores por parte de los propietarios. 172 “Patrones” y campesinos: tierra, poder y violencia en el Valle del Cauca (1960 – 2012) previstos para los municipios de Jamundí, Palmira, Pradera, Flo-…
p. 172
28Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 571 cita
[29]El llanto del arpa», 25. 125 Molano, Fragmentos de la historia del conflicto armado, 38. 126 Medina Gallego, FARC-EP y ELN. 127 Entrevista 150-PR-03306. Compareciente. Bloque Sur FARC, Columna Teófilo Forero. 58 fiflćflThffifffj fjfl. flffflfj Tercera oleada: colonización dirigida o institucional Un tercer tipo de…
p. 57
29Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 85, 1002 citas
[30]excess population from the Departments of Santander, Norte de Santander, and Boyacá was the piedmont region on the eastern side of the Andes, or, in other words, the territories of Caquetá, Arauca, and the Depart- ment of Meta. Lleras Camargo accepted Lebret’s recommendations and began to implement them. 30 The first…
p. 100
[33]chief planning office for the territories. Throughout its existence DAINCO played a significant role in progress of the territories until the adop- tion of the Constitution of 1991 transformed them all into departments. 23 Population Increase and Agrarian Reform Perhaps the major problem facing the National Front was…
p. 85
30Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Frontera nororientalComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 511 cita
[31]El proceso de colonización fue asumido por el Incora 66. Entre 1961 y 1973 se adjudicaron en la intendencia de Arauca 85.830 hectáreas 67, con el propósito de incor- porarlas a la producción agropecuaria nacional 68. Aparte de brindar asistencia técnica y créditos a los pequeños productores campesinos, la ley incluía…
p. 51
31Colonización y protesta campesina en Colombia (1850-1950)Catherine LeGrand · 2016 · p. 3071 cita
[32]resul- tados afines en las vecindades de Santa Marta a comienzos de los años sesenta. Centenares de antiguos trabajadores de las bananeras, al encontrarse sin trabajo, iniciaron actividades de colonización tanto en baldíos como en haciendas ociosas de la región. Los terratenientes acudieron a la respuesta clásica,…
p. 307
32Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 1871 cita
[34]through significant rural-rural migration that extended into the "empty lands" {tierras baldias), where many settlements were estab- lished outside state control. A diverse geography and resultant regionalism thus exacerbate the lack of communal feelings among the masses and provide little basis for national cohesion…
p. 187
33Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 581 cita
[35]mismo tiempo se abrieron huecos, se clavaron palos, se instalaron plásticos. A las seis de la mañana, estaban montados treinta ranchos. Sus palos y sus paredes de plástico. Ya habíamos hecho posesión y para cuando llegaron los policías ya estaban prendiendo las ollas y repartiendo los primeros tintos. Y aunque nos…
p. 58
34Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 1371 cita
[36]su perímetro urbano a inicios del siglo XX. La capital extendió sus tentáculos urbanos tan rápidamente que los servicios básicos como el transporte, el agua, la electricidad y otros servicios, fueron un paso atrás de la construcción de nuevos complejos de vivienda, e incluso de barrios enteros. Esta situación…
p. 137
35Pueblos arrasados. Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2015 · p. 1391 cita
[37]per- sonas que llegaron de El Castillo a estas y otras ciudades, la vida urbana implicó importantes —y muchas veces desafortunados— cambios, aunque también nuevos retos y oportunidades. La prin- cipal transformación vivida estuvo relacionada con el reemplazo de las actividades cotidianas en la medida en que las…
p. 139
36The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 2371 cita
[38]basic services and urban infrastruc- ture. Like other neighborhoods that receive desplazados in Bogotá, such as Usme, Soacha, Tunjuelito, Bosa, or Kennedy, or Aguablanca in Cali and the comunas of Medellín, Ciudad Bolívar remains poorer than the rest of the city. In 2005, census takers categorized 76 percent of its…
p. 237
37Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · p. 2031 cita
[39]avances de la in- fluencia urbana. En las ciudades la nueva arquitectura popular se desa- rrolló en condiciones muy distintas a las de la arquitectura tradicional, con premura y bajo presiones muy fuertes de índole social, económica e institu- cional. Los barrios y las viviendas ina- cabadas se establecieron como los…
p. 203
38Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 2151 cita
[40]rural violence and prior to family planning. The National University of Colombia at Bogot á was designed in 1936 as a large park, with space for experimentation with agronomy and agriculture, animal husbandry, and other sciences important to Colombia at that time. The modernist feel of the campus is attributed to a…
p. 215
39Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 2471 cita
[41]dito Territorial y el Banco Central Hipotecario siguieron haciendo barrios obreros y linanciando vivienda de clase media y, sobre todo a partir de 1995, ■.i- entregaron subsidios de vivienda a m á s de un mill ó n de familias y continu ó el esfuerzo de convertir las ciudades llenas de tugurios de 1960 en ciudades con…
p. 247
40Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 2551 cita
[42]las ciu- dades, y concretamente hacia los sec- tores marginados urbanos, recompo- ner los contenidos policlasistas del electorado de los partidos tradiciona- les. Se trata de ofrecer una alternativa dentro del bipartidismo a la capacidad de cooptación popular y urbana de- mostrada por la ANAPO. El general Rojas pasaba…
p. 255
41Estado crítico de la propiedad rural y de las políticas agrarias en ColombiaDelgado Castaño, P. · 2018 · p. 72 citas
[43]del personal dedicado a la industria y la agricultura que para el momento poseía, en criterio del estudio, un rendimiento inadecuado. Esta última recomendación, al igual que muchas otras encontradas en estudios promovidos por los organismos multilaterales, tenía por finalidad la institucionalización a nivel nacional…
p. 7
[44]del personal dedicado a la industria y la agricultura que para el momento poseía, en criterio del estudio, un rendimiento inadecuado. Esta última recomendación, al igual que muchas otras encontradas en estudios promovidos por los organismos multilaterales, tenía por finalidad la institucionalización a nivel nacional…
p. 7
42Gran Enciclopedia de Colombia - Economía 2José Antonio Ocampo (Dirección Académica); Patricia Correa, Luis Nelson Beltrán, Roberto Steiner S. y otros (autores de capítulos) · 2007 · p. 2631 cita
[45]promedio de la edificacion y las obras civiles en el periodo 1975-1990: 3,84 y 2,04 por ciento, respectivamente), sino también el patron de la distribucion del ingreso, en la medida en que la produccion del sector es fuertemente intensiva en ~ ~ 1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005p trabajo. Desde una perspectiva…
p. 263
43Panorámica afrocolombiana. Estudios sociales en el PacíficoMauricio Pardo Rojas, Claudia Mosquera, María Clemencia Ramírez · 2004 · p. 1941 cita
[46]Las ventas callejeras tam- bién son actividades típicamente femeninas, desempeñadas por madres solteras chocoanas y pobres [Wade, 1997:243; Urrea y Quintín, 2000]. La falta de entrenamiento y experiencia limita las posibilidades laborales de las migrantes rurales en sectores como la industria manufacturera o el…
p. 194
44Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 362 citas
[47]5 Los colombianos tienen la capacidad de dejar atrás rápidamente la violencia civil, y eso fue lo que hicieron con la Violencia. Con cada día que desaparecía de la memoria, las deficiencias del acuerdo de poder compartido resultaban más evidentes. El sistema político colombiano adolecía de muchos defectos, y el Frente…
p. 36
[48]5 Los colombianos tienen la capacidad de dejar atrás rápidamente la violencia civil, y eso fue lo que hicieron con la Violencia. Con cada día que desaparecía de la memoria, las deficiencias del acuerdo de poder compartido resultaban más evidentes. El sistema político colombiano adolecía de muchos defectos, y el Frente…
p. 36
45Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 1271 cita
[49]y pugnas con las autoridades, y pedreas contra periódicos y almacenes. Los enfrentamientos entre el sindicalismo y los empresarios y su compleja relación con los gobiernos —que siempre buscaron mantener el control de las grandes confederaciones obreras— llevaron a la fragmentación de los movimientos sindicales, y…
p. 127
46Huellas y rostros de la desaparición forzada (1970-2010)Federico Andreu-Guzmán (relator); Carlos Miguel Ortiz (coordinador); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2014 · p. 331 cita
[50]grupo gue- rrillero Ejército de Liberación Nacional (ELN). Omaira había sido una de las creadoras de las estructuras urbanas del ELN en la ciudad de Medellín 43. Años después, el ELN bautizaría a uno de sus frentes con el nombre de “Omaira Montoya Henao”. 3. Antecedentes El segundo semestre de 1977, el país vivía un…
p. 33
47Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Antioquia, sur de Córdoba y Bajo Atrato chocoanoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 811 cita
[51]realizados en abril de 1969 y enero de 1970. Las protestas lograron unir a las comunidades alrededor de la defensa del terri- torio a todos los sectores sociales de estos municipios: campesinos, ganaderos, estudiantes, comerciantes, los políticos locales, la Iglesia Católica, docentes, orga- nizaciones comunitarias…
p. 81
48Movimientos sociales, Estado y democracia en ColombiaMauricio Archila, Mauricio Pardo (Editores) · 2001 · p. 1201 cita
[52]Mundo, 1995, pp. 251-301.. "¿Utopía armada? Oposición política y movimientos so- ciales durante el Frente Nacional", Controversia, N 2 168, mayo 1996, pp. 25-53.. "Protesta social y Estado en el Frente Nacional", Contro- versia, N 2 170, mayo 1997, pp. 9-55.. "Protestas cívico-regionales durante el Frente Nacional.…
p. 120