Idea transversal
Clientelismo
El clientelismo es el mecanismo histórico mediante el cual Colombia fue gobernada durante casi dos siglos: un sistema de intercambio asimétrico en el que las clases dominantes distribuyeron bienes y servicios escasos entre sectores subalternos que, a cambio, sostuvieron con su voto y lealtad partidista la reproducción de esas mismas élites.
Trayectoria de una idea
- 1600
Raíces coloniales: encomienda y hacienda
- 1850
Consolidación del gamonalismo bipartidista
- 1948
La Violencia y la coerción clientelista
- 1957
Plebiscito del Frente Nacional
- 1958
El Frente Nacional y la 'milimetría' burocrática
- 1986
Descentralización y mutación del clientelismo
La lectura
El clientelismo colombiano no nació como corrupción sino como arquitectura: la forma que tomó el Estado en un territorio donde la encomienda, la hacienda y el gamonalismo construyeron, antes que instituciones modernas, cadenas verticales de dependencia y favor. Su persistencia a través de la independencia, las guerras civiles del siglo XIX, La Violencia y el Frente Nacional revela que no fue un residuo del pasado sino el mecanismo activo mediante el cual se gobernó el país. La 'milimetría' frentenacionalista lo elevó de práctica regional a sistema nacional, convirtiendo a los partidos en federaciones de caudillos cuya única moneda era el cargo y el contrato. La descentralización de 1986 y la Constitución de 1991 cambiaron su escala y sus actores —incorporando alcaldes electos, nuevos intermediarios y eventualmente actores armados— sin alterar su lógica estructural: bienes escasos distribuidos a cambio de lealtad política. Comprender el clientelismo colombiano es, en última instancia, comprender por qué el Estado llegó a tantos colombianos no como derecho sino como dádiva.
El clientelismo es la forma histórica que tomó el Estado en Colombia. No una desviación ni una tara cultural, sino el mecanismo mediante el cual el país fue gobernado durante casi dos siglos: un sistema de intercambio asimétrico en el que las clases dominantes distribuyeron bienes y servicios escasos —tierra, empleo, contratos, protección, acceso a la burocracia— entre sectores subalternos que, a cambio, sostuvieron con su voto y su lealtad partidista la reproducción de esas mismas élites. Del gamonal hacendatario del siglo XIX al congresista que hoy negocia cupos indicativos con un ministro, la lógica es la misma; cambiaron la forma, los actores intermedios y la escala de los recursos en disputa. Comprender el clientelismo colombiano no es catalogar un vicio: es describir la arquitectura interna del poder republicano.
La anatomía del intercambio
En su definición más despojada, el clientelismo es una forma de negociación política: las clases dominantes reparten recursos escasos entre grupos sociales que, a cambio, las apoyan y las perpetúan en el poder mediante elecciones y respaldo político. Lo distintivo no es la existencia del intercambio —toda política lo incluye— sino su asimetría estructural y su operación en cadenas verticales que atraviesan la sociedad de arriba abajo. En los pisos altos circulan poder, prestigio, conexiones, contratos y posiciones burocráticas. En los medios, cuadros partidistas, cargos de segundo orden y recursos materiales para hacer política. En las bases —donde el sistema toca al ciudadano común— se intercambian obras comunitarias, servicios básicos, empleos, favores individuales.
Ese diseño convierte al clientelismo en un sistema de seguridad social deformado: donde el Estado no llega con derechos universales, llega el partido con dádivas condicionadas. Los partidos operan como intermediarios entre la burocracia y las clientelas, y el sistema sobrevive precisamente por lo que no resuelve —el atraso, el desempleo, el desarrollo desigual de las regiones. Cada carencia produce una demanda, cada demanda un intermediario, cada intermediario una lealtad.
La pieza que hace funcionar la cadena es el broker, figura que conecta puntos sociales previamente inconexos: individuos, coaliciones, empresas, aparatos estatales. En Colombia tiene nombre propio —gamonal, cacique, jefe político, en la costa a veces "doctor"— y una función precisa: articular el mundo local con el aparato nacional, traduciendo votos en presupuesto y presupuesto en votos. Puede operar por consenso, por prestigio, por control económico o, cuando el sistema es desafiado, por coerción. El broker coercitivo, que opera con lógicas ajenas al burócrata weberiano, es una posibilidad estructural, no una anomalía. Ahí está la razón de que el clientelismo colombiano haya podido absorber al paramilitar y al narcotraficante como nuevos intermediarios sin cambiar de naturaleza.
Raíces coloniales y hacendatarias
El linaje del sistema se remonta a la encomienda. Aunque en teoría no implicaba propiedad de la tierra, funcionó en la práctica como mecanismo de dominación económica y social sobre las poblaciones indígenas, obligadas a tributar y a prestar servicios sin reciprocidad efectiva. De ahí, en muchos casos, se derivó a la servidumbre y la esclavitud. Cuando la encomienda se debilitó en el siglo XVII, el flujo de mano de obra y la titulación de tierras a los antiguos encomenderos consolidaron una institución más resistente y más pervasiva: la hacienda.
La hacienda no fue solo una unidad económica. Reguló las relaciones sociales en sentido amplio, y sus propietarios garantizaron diseños institucionales funcionales a sus intereses frente al naciente Estado nación, aplazando indefinidamente las demandas de los sectores populares. En Cundinamarca y Boyacá, corazón de la antigua encomienda, del resguardo y de la mita, se consolidaron durante el siglo XVII las haciendas familiares y patrimoniales que en el XIX serían el eje de la organización social, económica y política, y de las cuales surgirían los caudillos colombianos. No fue accidente: esa misma región fue zona de concentración del poder político nacional y escenario de la mayor parte de las guerras civiles del XIX.
La clase hacendada expandió propiedades, tejió redes de patronazgo, adquirió títulos de nobleza y participó en el reclutamiento militar. Esos elementos —tierra, red, prestigio, armas— aparecen vinculados a su papel en la independencia y en las políticas republicanas tempranas. El gamonal es el heredero de esa historia: jefe político local o regional, equivalente colombiano del cacique en otros países latinoamericanos, gestor del voto rural y árbitro del acceso a los recursos.
En la costa Caribe, las facciones políticas locales se articularon en torno a gamonales cuya base era el interés económico y el enfrentamiento personal; de cómo se coaligaban dependía la articulación local y regional de los futuros partidos, y también su carácter policlasista. En la colonización cafetera de Antioquia, el occidente y el sur, el proceso estuvo enmarcado por la violencia física, el favoritismo político, el soborno y las ambiciones políticas: gamonales y tinterillos despojaron a colonos de tierras que estos habían desmontado con hacha y machete, reduciéndolos a la condición de siervos. En el Patía, en cambio, inmigrantes sin poder ni dinero lograron acumular riqueza y convertirse gradualmente en gamonales, transformando el espacio regional. El gamonalismo no fue solo un instrumento de la vieja élite: fue también un canal de ascenso para nuevos actores dispuestos a jugar con sus reglas.
Bipartidismo, identidad y suma cero
Sobre esa base hacendataria se montó, desde mediados del siglo XIX, el bipartidismo. Liberales y conservadores dividieron al país en dos identidades hereditarias que se transmitieron por familia, por vereda, por parroquia. Las diferencias reales entre ambos partidos fueron pocas y bien delimitadas: el papel de la Iglesia Católica —los conservadores respaldaban sus privilegios legales y económicos y su control sobre el currículo de la educación pública; los liberales se oponían—, el libre comercio frente al proteccionismo, el centralismo frente al federalismo. Pero por debajo de esas disputas programáticas operaba un mecanismo más fuerte y más silencioso: las redes clientelares verticales de privilegio y patronazgo, el principal —y en muchas regiones rurales remotas, el único— canal que conectaba esas zonas con la política nacional.
El resultado fue una identificación intensa, casi antropológica, de las clases bajas y rurales con los partidos. Ser liberal o conservador no era una preferencia ideológica: era una condición heredada que definía a quién se le compraba, con quién se casaban los hijos, en qué velorio se rezaba. Los caciques, los gamonales y los curas daban tono a la controversia partidista desde el siglo XIX en el mundo rural colombiano, y las redes que articulaban eran la única correa de transmisión entre pueblo y capital.
Para los pequeños agricultores cafeteros —figura clave de la Colombia moderna—, la afiliación partidista reportaba beneficios muy concretos: aliados estratégicamente situados en la lucha por acumular capital y conseguir tierra, un campo de relaciones jerárquicas favorable a sus intereses en una estructura local completamente dominada por la política partidista, la posibilidad de evitar el reclutamiento militar, la resolución favorable de disputas legales. La fidelidad no era irracional; era rentable. Y en un sistema de suma cero, en el que el control del aparato burocrático dependía de qué facción ganara la elección o la guerra, mantenerse al margen o en el bando perdedor implicaba riesgos serios. Quienes quedaban excluidos podían recurrir a la violencia para obtener poder, como enseñan los episodios repetidos del siglo XIX y de La Violencia.
La lucha por el poder local no se limitaba a la competencia electoral legítima. Combinaba conflictos violentos y fraude —desde los enfrentamientos entre facciones conservadoras en Trujillo hasta el incidente armado en la Asamblea de Ibagué— y, durante La Violencia de los años cuarenta y cincuenta, incorporó la coerción abierta para forzar cambios de afiliación: pobladores enteros fueron obligados a firmar actas de renuncia al Partido Liberal y de adhesión al Partido Conservador, y a esos conversos forzados se les llamó "recalzados". El clientelismo, el poder de los gamonales, el fraude electoral y el control mediante redes de patronazgo operaron durante décadas bajo la fachada democrática colombiana, sostenidos por la identificación partidista rural y por la exclusión sistemática de amplios sectores de la política nacional.
El Frente Nacional y la milimetría
En 1958, tras años de violencia bipartidista y la dictadura de Rojas Pinilla, liberales y conservadores pactaron el Frente Nacional. El acuerdo, sometido a plebiscito el 1 de diciembre de 1957 y aprobado abrumadoramente, fue incorporado a la Constitución como reforma constitucional. Su diseño fue simple y radical: dividir por mitades iguales las curules en corporaciones públicas, el gabinete ministerial, las instancias de gobierno y la administración pública, alternando la presidencia entre los dos partidos cada cuatro años, durante dieciséis años.
El Frente Nacional cumplió su objetivo declarado —pacificar la relación entre los dos partidos y reducir la violencia bipartidista— pero al precio de convertir al clientelismo en la única lógica operativa del sistema. Al eliminar la competencia ideológica —ya no había liberales enfrentados a conservadores, sino coaliciones administrando conjuntamente el Estado—, las diferencias programáticas se borraron y el reparto de cargos y presupuesto se convirtió en el mecanismo central de cohesión y reproducción partidista. Los partidos dejaron de ser proyectos y pasaron a ser federaciones de caudillos locales cuya fortaleza radicaba en el control de electores y en el uso del presupuesto como instrumento de manipulación electoral. El gamonalismo y el clientelismo obnubilaron por completo la contienda programática.
La generación gobernante del Frente Nacional —los Lleras y los López en el liberalismo, los Ospina y los Gómez en el conservatismo, familias políticas que continuarían dominando el país por décadas— tuvo como valor central lo que se llamó "milimetría": la repartición burocrática exacta, el equilibrio perfecto entre los dos partidos en cada capa del aparato estatal, desde el Ministerio de Hacienda hasta la última alcaldía. Alberto Lleras Camargo, Laureano Gómez y Álvaro Gómez Hurtado encarnaron distintas fases de ese diseño; Julio César Turbay Ayala, ya en los años setenta, sería su virtuoso tardío, el gestor por excelencia de la maquinaria clientelar liberal.
Las candidaturas y los cargos públicos se repartieron entre miembros de familia, subalternos políticos y cuadros partidistas de poca monta, lo que aseguró la mala calidad de la administración pública y disparó la corrupción y la venalidad. El Congreso, mientras tanto, fue progresivamente despojado de sus funciones: desde 1968 entregó voluntariamente facultades extraordinarias al Ejecutivo y quedó desprovisto de sus poderes, en especial los presupuestales. La política se contrajo hacia el reparto, y el reparto hacia sí mismo.
El costo político fue enorme. El Frente Nacional anuló la competencia ideológica y negó los derechos de nuevos grupos y movimientos: el poder institucional estaba previamente acordado y distribuido entre los dos partidos tradicionales, y para quienes no cabían en ese pacto —izquierdas, cristianas y laicas, movimientos regionales, disidencias— el espacio institucional era mínimo. No fue una exclusión hermética, pero sí sistemática. Décadas después, el propio Juan Manuel Santos caracterizaría al Frente Nacional como un "mal necesario" —"un mal menor, pero un mal"—, reconociendo sus secuelas.
Andrés Dávila Ladrón de Guevara y Francisco Leal Buitrago, entre otros analistas, documentaron cómo en ese período el clientelismo dejó de ser un rasgo residual de la política tradicional para convertirse en el eje de un sistema institucional entero. Lo que había sido gamonalismo rural en el siglo XIX era ahora clientelismo burocrático nacional, con cadenas que iban del ministerio al municipio.
La descentralización y la mutación de mercado
En 1986 comenzó una segunda gran transformación. Se introdujo la elección popular de alcaldes, y la Constitución de 1991 —redactada por una Asamblea Nacional Constituyente que tuvo tres copresidentes, Álvaro Gómez Hurtado, Antonio Navarro Wolf y Horacio Serpa Uribe, con participación decisiva del M-19 y la Unión Patriótica— profundizó el proceso, ampliando las transferencias de recursos hacia municipios y departamentos y consolidando la descentralización política y administrativa. Bajo Ernesto Samper Pizano, y después, esos flujos siguieron creciendo. Las transferencias totales a entidades territoriales pasaron de representar el 1,9 % del PIB en 1982 a casi el 6 % en 2002, con el incremento municipal como el más significativo: de 0,5 % a 3,1 % del PIB.
La reforma fue impulsada por una coincidencia de fuerzas. El Banco Mundial y el FMI la apoyaron como mecanismo de desarrollo. Las guerrillas del M-19 y el EPL incluyeron la ampliación de la democracia local entre sus demandas de negociación. Sectores reformistas del bipartidismo la vieron como salida al agotamiento del centralismo del Frente Nacional. Y en efecto, la Constitución de 1991 —que reemplazó a la de 1886, con más de cien años de vigencia y un fuerte carácter centralista— alimentó esperanzas de transformación reales: introdujo la acción de tutela como mecanismo de protección de derechos fundamentales, convenció a los colombianos de que tenían derechos y obligó a la burocracia, especialmente en salud, a atender a todos los ciudadanos. Dio lugar a una Corte Constitucional cuyas primeras sentencias desarrollaron nuevas visiones de los derechos sociales y transformaron a fondo la visión del Estado. Restringió severamente los poderes de excepción del Ejecutivo, en respuesta al hecho de que entre 1958 y 1990 alguna forma de estado de sitio había estado vigente más del 80 % del tiempo.
Pero al mismo tiempo, la descentralización produjo un efecto no anticipado —o insuficientemente anticipado— sobre el clientelismo. Los recursos municipales, súbitamente cuantiosos, se convirtieron en botín accesible. Los antiguos encadenamientos verticales del Frente Nacional, en los que el congresista bogotano repartía puestos ministeriales a sus alfiles regionales, se fragmentaron y se recompusieron en una escala nueva: la del municipio y el departamento con presupuesto propio.
El instrumento característico de esa nueva fase fue el "cupo indicativo", conocido popularmente como "mermelada". Su mecanismo es preciso. El congresista negocia con el gobierno la inclusión de proyectos específicos en el presupuesto de inversión regionalizada. El alcalde o gobernador aliado contrata las obras, frecuentemente mediante licitaciones arregladas —cuya evidencia más limpia son los procesos con un único proponente. El contratista ganador paga al congresista una comisión de entre el 10 y el 20 % del valor del contrato. En casos documentados, un contrato de 50.000 millones de pesos generó una comisión de aproximadamente 10.000 millones, destinados en parte al enriquecimiento personal y en parte a la financiación de campañas.
La operación es clandestina y opaca. La negociación entre ministros, congresistas, mandatarios locales y contratistas no sigue procedimientos públicos: no existe registro oficial de quién pidió qué, cuánto se asignó ni cómo se ejecutó. Esa opacidad diluye responsabilidades y hace prácticamente imposible identificar y sancionar a los responsables de la malversación de la inversión pública. Los congresistas aliados al gobierno tienden a ser los principales beneficiarios, en una negociación que vincula el apoyo legislativo al Ejecutivo con el acceso a recursos regionales susceptibles de ser desviados. Los senadores conocidos como "los Ñoños" construyeron poder electoral regional apoyándose en este mecanismo, financiando campañas y comprando votos mediante comisiones sobre contratos gestionados a través de aliados locales.
El clientelismo, en esa mutación, dejó de ser un asunto de puestos y favores personales para convertirse en un mercado: un sistema de precios sombra sobre la contratación pública, con tarifas conocidas por los actores del gremio y sin más regulación que el poder relativo del broker de turno. Francisco Gutiérrez Sanín, entre otros, ha documentado esta economía política del clientelismo contemporáneo, en la que la línea entre gestión legítima de recursos regionales y corrupción sistemática es, para efectos prácticos, inexistente.
Clientelismo armado y captura del Estado local
La descentralización coincidió, en el tiempo y en la geografía, con la expansión de guerrillas y paramilitares. La combinación fue explosiva. Entre 1988 y 2006 se consolidó lo que se ha llamado "clientelismo armado": la articulación entre actores armados ilegales y redes clientelares tradicionales para influir en elecciones y controlar la política local.
El mecanismo tuvo varios registros. En su forma más brutal, los paramilitares ejercieron control electoral directo mediante presencia armada en mesas de votación, quema de urnas, prohibición de votar por candidatos específicos, amenazas explícitas a votantes. En el sur de Bolívar, actores armados secuestraron a más de treinta aspirantes a cargos de elección popular exigiéndoles renunciar, con el objetivo declarado de impedir la realización de elecciones populares de alcaldes y concejales. En municipios del Cesar con fuerte presencia paramilitar, candidatos ajenos a los intereses de las AUC fueron sometidos a intimidación intensa, incluyendo el asesinato de colaboradores y la quema de urnas. En otras zonas, la hegemonía paramilitar era tan consolidada que no se requerían acciones armadas visibles para garantizar los resultados.
En su forma más elaborada, el paramilitarismo constituyó una alianza entre sectores del narcotráfico, hacendados y políticos, con cooperación o tolerancia de la fuerza pública, para controlar tierras y administraciones locales y regionales, y apropiarse de flujos del gasto público y de la representación política en concejos municipales, asambleas departamentales y el Congreso Nacional. En 2003, el grupo liderado por alias Jorge 40 —cuyo teatro de operaciones cubría el Gran Magdalena— constituyó una red clientelar que le permitió beneficiarse de la contratación estatal en salud, manejo de basuras y otros servicios. Las estructuras paramilitares de esa región operaron durante aproximadamente veinticinco años al servicio de élites políticas, económicas y narcotraficantes, y constituyeron el antecedente directo de lo que después se llamaría "parapolítica".
El fenómeno no fue producto exclusivo de la irrupción armada. Las redes clientelares en Córdoba, Sucre, el Cesar o el Magdalena preexistían al paramilitarismo: habían sido configuradas durante el periodo del clientelismo moderno (1970-1988) sobre la base de casas políticas regionales heredadas del Frente Nacional. Lo que hicieron los actores armados fue articularse sobre esas estructuras, ofreciendo a ciertas élites políticas locales un músculo coercitivo del que carecían y capturando, a cambio, cuotas de poder institucional, contratación y representación. El paramilitarismo pasó de suplir funciones de seguridad para el Estado colombiano a cooptarlo y saquearlo sistemáticamente, en un tránsito que fue del control militar al control político, social y económico.
Contra el sistema: la Unión Patriótica
La medida de la resistencia del clientelismo a la competencia real la dio la Unión Patriótica. Nacida a mediados de los ochenta como brazo político de un proceso de paz con las FARC, la UP obtuvo mayorías en concejos municipales y ganó alcaldías. Al hacerlo, descompuso los encadenamientos clientelares constituidos durante el pos-Frente Nacional: transformó las relaciones administrativas, afectó la capacidad de las redes tradicionales para acceder y redistribuir recursos de manera discrecional, cambió el sentido de la política local.
Lo que ocurrió después es una de las claves para entender el clientelismo colombiano. En Remedios, Antioquia, el primer periodo de Carlos Rojo como alcalde bajo la UP se caracterizó por obras públicas visibles —recuperación y construcción de vías, escuelas, infraestructura cultural—, aumento del personal municipal, apertura al diálogo y ausencia de las prácticas corruptas que definían a la administración municipal tradicional. Fue, en escala pequeña, la demostración de que otra gestión local era posible. Y por eso, entre otras razones, fue exterminada. Los grupos armados prohibieron manifestaciones a candidatos de la UP, asesinaron a miembros de sus equipos de campaña, quemaron urnas para impedir resultados adversos. En algunos municipios, los paramilitares intimidaron físicamente a los votantes dentro de los cubículos electorales, sin que la Registraduría pudiera impedirlo.
El caso de la UP muestra que el intercambio asimétrico del clientelismo descansaba, en última instancia, sobre la amenaza de violencia física. Donde las redes clientelares tradicionales fueron desafiadas por una fuerza política real y electoralmente competitiva, el sistema no se transformó: recurrió a la coerción armada para preservarse. La descentralización de 1986-1991, pensada como apertura democrática, terminó también documentando los límites brutales de esa apertura.
Una infraestructura, no una patología
La lectura habitual del clientelismo lo trata como un residuo del atraso, una imperfección que la modernización terminará por corregir. La historia colombiana sugiere lo contrario. El sistema sobrevivió al paso del país agrario al urbano, al del café al petróleo, al del bipartidismo cerrado a la Constitución multipartidista de 1991. Mutó de gamonalismo hacendatario a clientelismo burocrático nacional, y de ahí a clientelismo de mercado sobre la contratación pública descentralizada. En sus formas más recientes incorporó al paramilitar y al narcotraficante como nuevos intermediarios, sin alterar la lógica básica del intercambio ni el orden oligárquico que sostiene.
Esa persistencia obliga a matizar la lectura desmitificadora. El clientelismo no es solo un instrumento de las élites. En regiones periféricas donde la democracia procedimental era precaria y donde no existía capitalismo moderno en sentido pleno, fue el canal a través del cual se definía el acceso a la burocracia pública y a los servicios del Estado. Para el pequeño cafetero de comienzos del siglo XX, la afiliación partidista era el seguro contra el reclutamiento y el despojo. Para el habitante de un corregimiento sin acueducto en los años ochenta, el broker local era, literalmente, quien podía traer el tubo. La demanda popular sostuvo el sistema tanto como su imposición desde arriba: en un país donde el Estado formal no llegaba, la red clientelar era la única forma disponible de Estado.
Comprenderlo así permite dimensionar por qué las reformas institucionales —la elección popular de alcaldes, la Constitución de 1991, la tutela, la Corte Constitucional— transformaron mucho pero no desmontaron el clientelismo. Ampliaron derechos, restringieron poderes de excepción, generaron una jurisprudencia protectora sin precedentes. Pero también incrementaron los recursos manejados por gobiernos locales sin construir controles equivalentes, lo que produjo nuevas oportunidades tanto para la política democrática como para el clientelismo armado, la mermelada y la captura del Estado por actores ilegales. El resultado fue mixto, y sigue siéndolo.
Autores como Francisco Leal Buitrago, Mario Latorre Rueda, Andrés Dávila Ladrón de Guevara y Francisco Gutiérrez Sanín han insistido, desde ángulos distintos, en que el clientelismo colombiano no es un residuo sino una estructura: la infraestructura que ha permitido al país sostener elecciones periódicas, alternancia formal en el poder y estabilidad institucional relativa sin resolver las asimetrías profundas de propiedad, ingreso y acceso a derechos que definen su sociedad. Lo que en otros países se resolvió mediante reformas agrarias, ampliaciones sustantivas de ciudadanía o construcción de partidos programáticos, en Colombia se administró mediante clientelismo. Esa es la razón de su persistencia y también, probablemente, de la dificultad histórica del país para producir alternativas políticas duraderas por fuera del bipartidismo y de sus herederos.
El clientelismo no es, entonces, el problema de Colombia. Es la forma que ha tomado la administración de sus problemas. Y por eso, comprender su historia —de la encomienda a la mermelada, del gamonal boyacense al senador de los cupos indicativos— es comprender, en buena medida, cómo funciona el Estado colombiano.
En el archivo
70 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
01Colonia1600–17801
02Estados Unidos de Colombia1863–18851
03Regeneración1886–19293
04República Liberal1930–19466
05La Violencia1946–19578
- 1948Mariano Ospina PérezFicha
- 1950Sectarismo bipartidistaFicha
- 1950Violencia bipartidistaFicha
- 1952Roberto Urdaneta ArbeláezFicha
- 1953Tercera fuerzaFicha
- 1956Pactos de Benidorm y Sitges: gestación del Frente NacionalHecho
- 1958Urbanización colombiana de 1948–1985Pregunta
- 1962La Violencia (1946-1965)Pregunta
06Frente Nacional1958–197413
- 1958Acción ComunalFicha
- 1958Alternancia bipartidistaFicha
- 1958Diego Montaña CuéllarFicha
- 1958El Frente NacionalÉpoca
- 1958Frente NacionalFicha
- 1958Nadaísmo y arte moderno en Colombia (1958–1972)Hecho
- 1969Domingo Laín SáenzFicha
- 1970ANAPO (Alianza Nacional Popular)Ficha
- 1970Fraude electoralFicha
- 1970Las elecciones presidenciales del 19 de abril de 1970 y el supuesto fraudeHecho
- 1970Misael Pastrana BorreroFicha
- 1972División de la ANUC en líneas Sincelejo y Armenia (1972)Hecho
- 1974Cierre formal del Frente Nacional y elecciones presidenciales de 1974Hecho
07Crisis y narcotráfico1974–19909
- 1978Julio César Turbay AyalaFicha
- 1983Paro cívicoFicha
- 1984Rodrigo Lara BonillaFicha
- 1986Alcaldesas y concejalas de la Unión Patriótica en municipios de frontera (1986–1990)Hecho
- 1986Descentralización y elección popular de alcaldes (1986–1988)Hecho
- 1988La elección popular de alcaldes y la descentralización (1986-1988)Pregunta
- 1989Luis Carlos GalánFicha
- 1989Magnicidios y crisis del bipartidismo (1989–1990)Hecho
- 1991Diana Turbay QuinteroFicha
08Constitución de 19911991–20023
09Seguridad Democrática2002–20164
10Posconflicto2016–presente2
11Transversal—19
- 1550Origen colonial de la debilidad estatal colombianaPregunta
- 1849BipartidismoFicha
- 1850CaudillismoFicha
- 1850Élites regionalesFicha
- 1850MaganguéFicha
- 1886Pacto de élitesFicha
- 1900GamonalismoFicha
- 1900Reclutamiento forzadoFicha
- 1927MaicaoFicha
- 1948La excepcionalidad colombiana ante el ciclo populista latinoamericanoPregunta
- 1958Democracia restringidaFicha
- 1974Alfonso López MichelsenFicha
- 1990El movimiento campesino colombiano y la política agrariaPregunta
- 1990Impunidad estructuralFicha
- 1990Norte del ValleFicha
- 1991DescentralizaciónFicha
- 1991Horacio SerpaFicha
- 1991Rafael Pardo RuedaFicha
- 1995Clientelismo armadoFicha
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01Gamonalismo: forma local y rural del clientelismo, encarnada en el gamonal o cacique, jefe político que articulaba redes de patronazgo desde el siglo XIX
- 02Frente Nacional (1958-1974): acuerdo consociacional que intensificó el clientelismo preexistente al eliminar la competencia ideológica y hacer del reparto burocrático el único mecanismo de cohesión partidista
- 03Bipartidismo: estructura política que proporcionó el marco organizativo dentro del cual operaron las redes clientelares verticales durante casi dos siglos
- 04Encomienda y Hacienda: instituciones coloniales y republicanas que constituyeron el sustrato económico y social del clientelismo colombiano
- 05Francisco Leal Buitrago y Andrés Dávila Ladrón de Guevara: analistas que documentaron cómo el clientelismo se convirtió en el eje de un sistema institucional entero durante y después del Frente Nacional
- 06Julio César Turbay Ayala: figura emblemática de la maquinaria clientelar liberal en los años setenta, considerado virtuoso tardío del sistema frentenacionalista
- 07Descentralización: reforma iniciada en 1986 que transformó la escala y los actores del clientelismo al ampliar los flujos de recursos hacia municipios y departamentos
Personas
Lugares
Ideas
Documentos y fragmentos citados
65 documentos · 72 fragmentos
01The Agrarian Question and the Peasant Movement in Colombia: Struggles of the National Peasant Association, 1967-1981Leon Zamosc · 1986 · p. 2351 cita
[1]"Colombia," pp. 102—124. 22. The Colombian term gamonal is roughly equivalent to cacique in other Latin Amer- ican countries; it means a political boss at the local or regional level. On the pattern of bipartisan politics during the nineteenth century, see P. Oquist, Violence, pp. 59-62. 23. For a general discussion…
p. 235
02Patía, de la tierra de nadie a las grandes haciendasCarlos Daniel Quiñonez Rodríguez, Carlos Enrique Osorio Garcés · 2024 · p. 1371 cita
[2]bastante considerable, en comparación con la tercera década del siglo XX. Con ello se puede decir que es evidente el cambio significativo que estos inmigrantes y posteriores hacendados hicieron con el espacio. Inmigrantes, colonos, terratenientes y gamonales Es fascinante conocer cómo una persona logró acumular poder…
p. 137
03Historia doble de la Costa. Tomo 2: El Presidente NietoOrlando Fals Borda · 2002 · p. 1361 cita
[3]apartan entre sí con fuertes resenti- mientos personales que llevan a convocar lealtades familiares. Cristalizan facciones políticas a nivel de comunidad en la región costeña, identificadas no tanto con las ideologías partidistas (que se definirían después por la burguesía educada) ni con determinada clase social,…
p. 136
04La tierra en ColombiaEstanislao Zuleta, Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) · 1973 · p. 211 cita
[4]nera, la encomienda es la piedra de toque para ex plicar él origen del neofeudalismo americano en el cual el señor prácticamente no tiene deberes y sí to dos los derechos y el indio carece de derechos y es tá abrumado con todos los deberes; entre el español encomendero y el indio encomendado, no existió mutua…
p. 21
05La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 831 cita
[5]parte del i m pulso de las conquistadores provenía del no muy celestial afán de rique- za y del ansia de poder. Su ideal de hombría era el soldado, y aun los religiosos y místicos resultaron ser “caballeros a lo divino”. Aunque hablaban mucho de la justo, demostra- ron tener solo un sentido abstracto de la justicia y…
p. 83
06Nuestra vida ha sido nuestra lucha. Resistencia y Memoria en el Cauca indígenaDaniel Ricardo Peñaranda Supelano (coordinador), Graciela Bolaños, Víctor Daniel Bonilla, Jorge Caballero Fula, Myriam Amparo Espinoza, Vianney Judith García, Jorge Hernández Lara, Pablo Tattay, Libia Tattay Bolaños · 2012 · p. 461 cita
[6]vida ha sido nuestra lucha Resistencia y Memoria en el Cauca indígena Las haciendas surgieron en el siglo XVII a causa del nuevo fl ujo de la mano de obra, el debilitamiento de la encomienda y la titulación de la tierra a los encomenderos. Parte de esta estructura se ha heredado hasta el día de hoy. Para Fals Borda,…
p. 46
07Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Ensayo introductorioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 391 cita
[7]con el Estado nación. De esta forma garantiza diseños institucionales funcionales a sus intereses al tiempo que, deliberadamente, aplaza indefinidamente la respuesta a las demandas de los sectores populares. Las haciendas del sur de Córdoba, del bajo Cauca y del Urabá antioqueño se fueron formando mediante la tumba y…
p. 39
08Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · p. 531 cita
[8]en la vida nacional. Por ejemplo, la region de Santander en las antiguas provincias de Socorro y Pamplona, se revela como un area mer- cantil de pequenos comerciantes, artesanos y agri- cultores, en su mayoria blancos y mestizos; es una region de intensa vida urbana y un relativo desarro- llo econémico. En la regi6n…
p. 53
09Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 4531 cita
[9]y, en el mejor de los casos, de una encomienda. * 28 Ibid. L. 17 r. 3 Doc. 130 a. L. 114. Patr. L. 156 r. 6. 29 Cf. Felipe de Vergara, Relación genealógica. Bogotá, 1962, p. 171. AGI. Santa Fe L. 25 Doc. 5. 440 H is t o r ia e c o n ó m ic a y so c ia l I La resistencia de la sociedad criolla a las órdenes emanadas…
p. 453
10Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · p. 3691 cita
[10]135–36, 139–40, 146–47, 149, 153, 157, 175, 214 Guzmán, Antonio Leocadio, 202–4 Hacendado class: and socioracial con- flict, 16; and Spanish forced re- settlement, 34, 35, 36, 37, 40, 49, 84; and mestizaje, 36; and state control, 42; expansion of land prop- erties, 49–50, 188; and patronage networks, 50–53, 65, 79;…
p. 369
11Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · 2004 · p. 3691 cita
[11]135–36, 139–40, 146–47, 149, 153, 157, 175, 214 Guzmán, Antonio Leocadio, 202–4 Hacendado class: and socioracial con- flict, 16; and Spanish forced re- settlement, 34, 35, 36, 37, 40, 49, 84; and mestizaje, 36; and state control, 42; expansion of land prop- erties, 49–50, 188; and patronage networks, 50–53, 65, 79;…
p. 369
12Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 3231 cita
[12]tañas los valerosos hijos del pueblo [...] i cuando estos hombres, que prin- cipian por disputar a las fieras el do- minio del suelo, han descuajado los montes i convertido en amenos pra- dos, cubiertos por los plantíos del café, del plátano i de la caña de azúcar la honda cañada o el áspero declive de montaña,…
p. 323
13Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · p. 3941 cita
[13]colectividades tradicionales no era un simple resultado de la coincidencia entre la ideología de la clase dominante y la concepción del mundo social generada. por la experiencia cotidiana. La estructura clien telista de la política y la competencia entre los partidos por el control de los asuntos locales eran…
p. 394
14El marxismo en ColombiaOrlando Fals Borda, Gerardo Molina, Carlos Uribe Celis, Ricardo Sánchez, Klaus Meschkat, Gonzalo Cataño, Fernando D'Janon, Gabriel Misas, Darío Fajardo, Eduardo Pizarro · 1984 · p. 2491 cita
[14]la siguiente manera: 256 a. El contenido de las transacciones pol í ticas en las sociedades divididas en clases, conduce a una instrumentalizaci ó n de quienes se hallan desprovistos del poder. b. El clientelismo es una forma de negociaci ó n, mediante la cual, las clases dominantes distribuyen los bienes y servicios…
p. 249
15Narcotráfico en Colombia: Economía y ViolenciaGustavo Duncan, Ricardo Vargas, Ricardo Rocha, Andrés López · 2005 · p. 771 cita
[15]los efec- tos políticos y económicos del narcotráfico en las comunidades bajo dominio de estructuras armadas irregulares, es el referente que precede a su conformación. Antes de la llegada de la gue- rrilla, las autodefensas o cualquier otro grupo violento, no existía una verdadera democracia ni mucho menos un…
p. 77
16Analytical Narrative on Subnational Democracies in Colombia: Clientelism, Government and Public Policy in the Pacific RegionAndrés Cendales, Angela Pinto, Jhon James Mora, Hugo Guerrero · 2019 · p. 261 cita
[16]at high levels it consists in power, prestige, social and political connections, positions, contracts, opportunities (bureaucratic, economic); in the middle levels: positions, contracts, political support and material resources to make pol- itics (money, gifts and other perks). In clientelistic bases, the counter-gift…
p. 26
17Histories of Perplexity: Colombia, 1970s–2010sLina Britto, A. Ricardo López-Pedreros · 2024 · p. 3811 cita
[17]for what is Coercive Brokerage 333 relevant for this paper the three judicial sources I utilize largely coincide with each other and with national and regional press, specialized web por - tals and YouTube videos by victims and perpetrators, all of which I used to corroborate basic information. Whenever there are…
p. 381
18Mayorías sin democracia. Desequilibrio de poderes y Estado de derecho en Colombia, 2002-2009Mauricio García Villegas, Javier Eduardo Revelo Rebolledo · 2009 · p. 451 cita
[18]la modernidad. Hoy se acepta la supervivencia del clientelismo en ámbitos modernos y se discute acerca de la dimensión real del fenómeno clientelista en las sociedades intermedias que han alcanzado una cierta modernización. Dos posiciones pueden ser dife- renciadas: de un lado aquellos que ven en el clientelismo un…
p. 45
19Counting the Dead: The Culture and Politics of Human Rights Activism in ColombiaWinifred Tate · 2007 · p. 551 cita
[19]generation to the next. Strong clientalist relationships led to intense rural and lower-class identi- fication with parties, as the vertically linked networks of privilege and patronage were the only channel connecting remote rural regions to national politics. One of the few significant differences between the two…
p. 55
20When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames D. Henderson · 1985 · p. 743 citas
[20]Uribe kept sending a steady stream of tele- grams over the course of the day} and} as each was read} the president and his advisers debated what should be done. But} each time Uribe begged that martial law be imposed) Restrepo answered that civil 62 Chapter 2 government must be maintained. The scene reached its climax…
p. 74
[21]Uribe kept sending a steady stream of tele- grams over the course of the day} and} as each was read} the president and his advisers debated what should be done. But} each time Uribe begged that martial law be imposed) Restrepo answered that civil 62 Chapter 2 government must be maintained. The scene reached its climax…
p. 74
[22]Uribe kept sending a steady stream of tele- grams over the course of the day} and} as each was read} the president and his advisers debated what should be done. But} each time Uribe begged that martial law be imposed) Restrepo answered that civil 62 Chapter 2 government must be maintained. The scene reached its climax…
p. 74
21Trujillo: Una tragedia que no cesaGrupo de Memoria Histórica; Álvaro Camacho Guizado (relator); Gonzalo Sánchez G. (coordinador) · 2008 · p. 1041 cita
[23]a los procesos de colonización de finales del si- glo xix. Ese contexto se complicó aún más por la homogeniza- ción liberal de los años veinte, la reconservatización durante la Violencia de los cincuenta y la violencia más reciente, en la que confluían la incipiente penetración del ELN y el surgimiento del cartel del…
p. 104
22"Patrones" y campesinos: tierra, poder y violencia en el Valle del Cauca (1960 – 2012)Absalón Machado Cartagena, John Jairo Rincón García · 2014 · p. 2081 cita
[24]políticos, engrosan la base electoral de dichos hacendados y terratenientes, manteniéndo- los en el poder hasta la década del setenta (Atehortúa, 1995). Además del desplazamiento forzado de la población, las tran- sacciones de tierras y la regulación de negocios, este proceso se basó también en la coerción para…
p. 208
23Pa que se acabe la vainaWilliam Ospina · 2013 · p. 671 cita
[25]erradicado, y dado que este discurso imponía algunos deberes, como el del sufragio universal, hubo un largo forcejeo entre quienes querían impulsar la educación moderna y la lectura libre para formar electores conscientes y abiertos a nuevas ideas, y quienes sabían que los libros y la educación echarían a perder las…
p. 67
24Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 2611 cita
[26]su casi to- talidad. Pero aún esta minoría urba- na, que veía reforzar sus rangos día a día con nuevos tipos sociales que co- menzaban a adoptar una mentalidad urbana, reclamaba el privilegio de de- finir la política en sus propios térmi- nos. No es un azar que el período es- tigmatizara aquellas manifestaciones…
p. 261
25Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 2551 cita
[27]mé tod o aceptado para fijar la base de dicha renta. Bien recibida por la opi- nión pública, para los empresarios era el mal menor frente a la agi- 255 256 Mar co Palacios tación social a lr ed edor de la reform a agraria. Y log rar on desmon- tarla en la legislatura de 1979. La mecánica política del FN Bajo el FN la…
p. 255
26Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 321 cita
[28]bipartidista ue some- proba copular mediante plebiscito de 1 de die 1957, En adelante, v hasta elañ las curules en las corporaciones pabli- serian repartidas por mitades propa bete ministerial, las diferentes Instan- das de gobierno, la administración publica y lamina judicial. Este sis 3 v fue aplicado Be o la dos…
p. 32
27Fighting Monsters in the Abyss: The Second Administration of Colombian President Álvaro Uribe Vélez, 2006–2010Harvey F. Kline · 2015 · p. 422 citas
[29]planning a coalition government; the Catholic Church had lost interest in the Rojas experiment. Leaders of most of the economic interest groups, representing the upper levels of Colombian economic life, had supported the trade unions in general strikes. On May 10, 1957, the top military leaders asked Rojas to leave…
p. 42
[30]planning a coalition government; the Catholic Church had lost interest in the Rojas experiment. Leaders of most of the economic interest groups, representing the upper levels of Colombian economic life, had supported the trade unions in general strikes. On May 10, 1957, the top military leaders asked Rojas to leave…
p. 42
28Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 362 citas
[31]5 Los colombianos tienen la capacidad de dejar atrás rápidamente la violencia civil, y eso fue lo que hicieron con la Violencia. Con cada día que desaparecía de la memoria, las deficiencias del acuerdo de poder compartido resultaban más evidentes. El sistema político colombiano adolecía de muchos defectos, y el Frente…
p. 36
[32]5 Los colombianos tienen la capacidad de dejar atrás rápidamente la violencia civil, y eso fue lo que hicieron con la Violencia. Con cada día que desaparecía de la memoria, las deficiencias del acuerdo de poder compartido resultaban más evidentes. El sistema político colombiano adolecía de muchos defectos, y el Frente…
p. 36
29Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 1191 cita
[33]entre sus seguidores. Por eso, desde antes de derrocar al “dictador”, ya habían hallado una fórmula para poner fin a las arraigadas luchas bipartidistas: conservadores y liberales se repartirían milimétricamente el poder. Por una parte, alternarían la Presidencia durante dieciséis años, de manera que cada partido…
p. 119
30Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 601 cita
[34]acuerdo político fue la reorganización del país luego del período presidencial del general Gustavo Rojas Pinilla, cuyo mandato se había convertido en un tercer partido capaz de desplazar a los dos tradicionales. Este hecho, unido al deseo de terminar con el periodo conflictivo de la Violencia, generada por la…
p. 60
31Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 781 cita
[35]ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 4 T erritorial Rule during the National Front and Its Aftermath, 1958–1978 The threat posed by Rojas Pinilla’s populist leanings and his increasingly inde- pendent actions proved to be the final outrage that drove Liberal and Conserva- tive leaders to…
p. 78
32Historia de Colombia. Colombia Contemporánea IArturo Alape, Antonio Caballero, Gonzalo Hernández de Alba, Mauricio Archila, Germán Arciniegas, Enrique Sánchez y otros (obra colectiva) · 1988 · p. 701 cita
[36]dad institucional que, a su vez, permitié un notable desarrollo econémico y social. Al margen de las necesidades practicas de res- taurar la convivencia bipartidista y de librarse de la dictadura cada dia mas autocratica del general Gus- tavo Rojas Pinilla, habia, desde luego, algo mas: el reconocimiento filos6fico de…
p. 70
33Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 4971 cita
[37]los partidos por su capacidad para administrar el clientelismo, fenómeno permanente de la política que tomó ribetes dramáticos en Colombia durante el periodo frentenacionalista. El gamonalismo y el clientelismo obnubilaron por completo la contienda programática y la lucha ideológica, los partidos fueron asimilándose y…
p. 497
34Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 781 cita
[38]the government of one- party rule, which represented the apex of presidentialism for the country. The bipartisan agreement, by obliging each party to alternate its hold on the presidency, managed to solve one problem: it dramatically slowed political violence that not only bloodied the country 62 Chapter Three from…
p. 78
35Una conversación pendienteJuan Manuel Santos, Ingrid Betancourt, Juan Carlos Torres · 2021 · p. 421 cita
[39]nuestra Constitución desde 1991 pero no se había podido aplicar cabalmente por falta de un estatuto de oposición que lo reglamentara. Siempre que se intentaba aprobar en el Congreso, el proyecto se hundía. En cumplimiento de los acuerdos de paz con las Farc, finalmente se aprobó el primer estatuto de oposición de…
p. 42
36El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 852 citas
[40]uno de los dos autores intelectuales del Frente Nacional, le correspondió al liberal Alberto Lleras Camargo ser el primer presidente de ese acuerdo bipartidista, entre 1958 y 1962. Como se ha visto, quizás este fue el latinoamericano más dedicado al servicio de la política estratégica de Estados Unidos en el hemis-…
p. 85
[41]uno de los dos autores intelectuales del Frente Nacional, le correspondió al liberal Alberto Lleras Camargo ser el primer presidente de ese acuerdo bipartidista, entre 1958 y 1962. Como se ha visto, quizás este fue el latinoamericano más dedicado al servicio de la política estratégica de Estados Unidos en el hemis-…
p. 85
37Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 4102 citas
[42]de aquélla a despecho de la modificación "temporal" a la Constitución), con alternación en el mando y una estricta paridad en el gabinete, las asambleas departamentales y los concejos. Paralelamente se restablecieron las libertades públicas y las sindicales —aunque sin restaurar la unidad del sindicalismo —y se…
p. 410
[43]de aquélla a despecho de la modificación "temporal" a la Constitución), con alternación en el mando y una estricta paridad en el gabinete, las asambleas departamentales y los concejos. Paralelamente se restablecieron las libertades públicas y las sindicales —aunque sin restaurar la unidad del sindicalismo —y se…
p. 410
38Más que plata o plomo. El poder político del narcotráfico en Colombia y MéxicoGustavo Duncan · 2014 · p. 2761 cita
[44]público. La coyuntura para estas transformaciones era favorable. Las agencias de desarrollo internacionales como el Banco Mundial y el FMI apoyaban la idea de la descentralización como mecanismo de desarrollo. Asimismo, dentro de la agenda de negociación de guerrillas como el M -19 y el EPL — que se desmovilizaron a…
p. 276
39Desafíos de la gobernabilidad democrática. Reformas político-institucionales y movimientos sociales en la región andinaMartín Tanaka, Francine Jácome · 2010 · p. 491 cita
[45]a los ciudadanos. La Constitución de 1991 consolidó el proceso de descentrali- zación política y administrativa que comenzó en el año de 1986 con la refor- ma que permitió la elección popular de alcaldes. Al igual, creó mecanismos de participación directa, como la iniciativa popular, y de comunicación directa con la…
p. 49
40Todo pasó frente a nuestros ojos. El genocidio de la Unión Patriótica 1984-2002Vladimir Melo Moreno (Relator); Andrés Fernando Suárez, Carmen Andrea Becerra (Correlatores); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2018 · p. 2311 cita
[46]clientelar, la capacidad de acumular recursos públicos y redistribuirlos de manera discrecional. Pero las elecciones locales bajo las nuevas condiciones institucionales de descentralización y de competencia, también dieron un duro golpe a la parte local del encadenamiento clientelar, rompiendo lealtades y preferencias…
p. 231
41Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte · 2009 · p. 3431 cita
[47]se ha expandido en municipios más urbanizados, ricos en recursos naturales y con altos niveles de actividad económica (Bottía, 2003). Además, evidencia reciente muestra que el conflicto interno se ha expandido e intensificado, precisamente, a partir de que la Constitución de 1991 ha exigido más gasto social, más…
p. 343
42Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · p. 2151 cita
[48]del producto interno bruto (PIB). Según los datos, durante el período 1982-2002, las trasferencias totales pasaron de representar el 1,9% del PIB a ser casi el 6% en el 2002. Sin embargo, este incremento obedece principalmente al aumento en las transferencias municipales, las cuales pasaron de 0,5% a una del 3,1% del…
p. 215
43El dulce poder: Así funciona la política en ColombiaLa Silla Vacía · 2018 · p. 811 cita
[49]apruebe el proyecto y le gire la plata a la alcaldía o gobernación, ya sea directamente o a través de entidades como Fonade. El alcalde o gobernador, por su parte, debe contratar las obras, normalmente a través de una licitación que en muchos casos está ya previamente arreglada para que se la gane el contratista…
p. 81
44¡Adiós a las FARC! ¿Y ahora qué? Construir ciudadanía, Estado y mercado para unir las tres ColombiasClaudia López Hernández · 2016 · p. 4581 cita
[50]de pesos en inversión regionalizada del Gobierno nacional, esto se hizo co- mo una negociación clandestina entre ministros y congresistas, y como un concierto para desviar recursos públicos concertado entre ministros, congresistas, mandatarios locales y contratistas. Aun en el supuesto caso de que no se produjera el…
p. 458
45Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 2741 cita
[51]firmadas y en parte incumplidas. Muchas de sus normas constitu í an una actualizaci ó n indispensable de una constituci ó n formalista, ya centenaria, convertida en obst á culo a la democracia: reemplaz ó a una constituci ó n que exist í a en buena parte en la medida en que su vigencia se suspend í a, de modo que se…
p. 274
46Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte (Editores) · 2009 · p. 3471 cita
[52]conflicto redefinieron su influencia sobre la pobla - ción y fortalecieron su control territorial. Los grupos ilegales influenciaron o capturaron la política local de diferentes maneras, entre las cuales figuran: protección de los candidatos favoritos, amenaza y asesinato de los candidatos y amenaza a los votantes.…
p. 347
47La tierra en disputa. Memorias de despojo y resistencia campesina en la costa Caribe (1960-2010)Absalón Machado, Donny Meertens · 2010 · p. 851 cita
[53]embargo, las redes cliente- lares en Colombia no son homogéneas, pues en la práctica el clien- telismo se adapta a los diferentes retos que le implanta el sistema político. En ese orden de ideas, en este apartados se muestran las diferentes manifestaciones históricas en las que se ha representa- do el sistema político…
p. 85
48Movimientos sociales, Estado y democracia en ColombiaMauricio Archila, Mauricio Pardo (Editores) · 2001 · p. 4241 cita
[54]o de grupo "sólo pueden controlar a sus propios miembros y obtener su apoyo al domi- nar o invadir todos los aspectos de sus vidas, sus prácticas ritua- les, matrimoniales, económicas y de otra índole" 9. Aunque sutil, la expansión territorial de los nuevos actores en armas, en el caso colombiano, genera un triple…
p. 424
49Carne es guerra. Veganismo y conflicto armado en ColombiaColectiva Dostristestigres, La Calderita Vegana · 2021 · p. 311 cita
[55]hasta entonces empiezan a coordinarse alrededor del Clan Castaño en el sur de Córdoba, norte de Urabá y nordeste antioqueño, con intención de expandir el fenómeno a nivel nacional. Así, pasar del control mi - litar al control político, social y económico, intentan - do configurarse como un tercer actor 55 armado del…
p. 31
50Tierra y carbón en la vorágine del Gran Magdalena. Los casos de las parcelaciones de El Toco, El Platanal y Santa FeYamile Salinas Abdala, María Paula Hoyos, Ana María Cristancho · 2018 · p. 701 cita
[56]radicado 26.470, que dispone la detención de Álvaro Araújo Cas- tro, Mauricio Pimiento Barrera, Dieb Nicolás Maloof Cusse, Jorge Luís Caballero Caballero, Alfonso Antonio Campo Escobar y Luis Eduardo Vives Lacouture; y 2012, 1 de febrero, radicado 27.199, Sentencia condenatoria contra Miguel Pinedo Vidal. 72 Tierra y…
p. 70
51Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 9691 cita
[57]paramilitares para el desarrollo de campañas electorales y el ejercicio de cargos públicos y cargos de elección popular, logró penetrar en importantes sectores del Estado; fue muy impor- tante su incidencia en el ámbito local y regional, y también alcanzó niveles del poder central en la rama legislativa. Los grupos…
p. 969
52Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Magdalena MedioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1161 cita
[58]secuestraron a más de 30 aspirantes a cargos de elección popular y les exigieron renunciar: «Las intencio- nes de ellos eran de que no debía haber elecciones populares de alcalde ni concejales en la región del sur de Bolívar, esto a raíz de que no había garantías para ninguno» 336. 332 Centro Nacional de Memoria…
p. 116
53Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · p. 1711 cita
[59]y, finalmente, crearon su propio sistema de seguridad mediante la expansión de los grupos paramilitares, que simultáneamente defendieron y aumentaron su fondo de tierras; expulsaron otra parte del campesinado y lo despojaron de sus tierras y, por último, controlaron para su beneficio privado los flujos de dinero del…
p. 171
54Desmovilización y reintegración paramilitar. Panorama posacuerdos con las AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 2252 citas
[60]legitimi - dad (Kees Koonings y Kell-Ake Nordquist, 2005, octubre, página 12). Existe consenso en distintos sectores de nuestro país y del ámbito internacional en reconocer al paramilitarismo como un fenómeno complejo que no se puede reducir solo a considerar sus estructuras armadas. el paramilitarismo es un fenómeno…
p. 225
[61]legitimi - dad (Kees Koonings y Kell-Ake Nordquist, 2005, octubre, página 12). Existe consenso en distintos sectores de nuestro país y del ámbito internacional en reconocer al paramilitarismo como un fenómeno complejo que no se puede reducir solo a considerar sus estructuras armadas. el paramilitarismo es un fenómeno…
p. 225
55La maldita tierra. Guerrilla, paramilitares, mineras y conflicto armado en el departamento de CesarCésar Molinares Dueñas, Nathan Jaccard · 2016 · p. 1131 cita
[62]Los paramilitares tenían can- didato propio y por eso le prohibieron hacer manifestaciones en va- rios corregimientos y veredas. La tensión llegó a su punto culminante nueve días antes de las elecciones, cuando hombres del Frente Juan Andrés Álvarez de las AUC asesinaron a su tesorero, Zacarías Vides. Para evitar que…
p. 113
56Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander. Tomo II. Bloque Central Bolívar: violencia pública y resistencias no violentasAlberto Santos Peñuela (coordinador del informe y correlator), Luis Miguel Buitrago Roa, Juan Guillermo Jaramillo Acuña, Nicolás Otero González, Rodrigo Torrejano Jiménez · 2021 · p. 2171 cita
[63]la comunidad, y por algunos candidatos que vivieron en aquella época las dificultades del ejerci- cio de la política. No, ya eso era la información que le daban al público. Ellos reunían al pueblo y le decían: hay que votar es por fulano. Y en las urnas ellos estaban. En Morales se vio eso en las elecciones atípicas…
p. 217
57Detrás de la guerra en ColombiaAriel Ávila · 2019 · p. 2391 cita
[64](63 %) (Arias & Acevedo, 2010a, p. 82). El gráfico 26 muestra la votación de Eleonora Pineda por concentración y dominio para el año 2002. Los municipios se discriminan por presencia armada de GAI. Resulta notorio cómo cinco de los municipios donde se presentó una votación alta tipifican como localidad sin presencia…
p. 239
58Los retos de la justicia transicional en Colombia. Percepciones, opiniones y experiencias 2008. Panorama cualitativo y cuantitativo nacional, con énfasis en cuatro regionesIris Marín Ortiz · 2009 · p. 721 cita
[65]del Es- tado, en la rama judicial y en los organis- mos de control. También han influido en la elección de cargos públicos en el nivel regional. De esta manera, la corrupción lo- cal que les sirvió de base para su llegada al Congreso ha podido, en algunos casos, re- troalimentar el poder y el control local. Al mismo…
p. 72
59Herederos del mal. Clanes, mafias y mermelada. Congreso 2014-2018León Valencia, Ariel Ávila Martínez · 2014 · p. 1201 cita
[66]en un proceso de reposicionamiento por medio de la representacion en "cuerpo ajeno", es decir, estamos frente a un proceso de adaptacion criminal por parte de las elites regionales. La segunda explicacion, tiene que ver con el aumento de otros riesgos, los cuales se han incrementado en la medida en que en los…
p. 120
60La miseria en ColombiaJames A. Robinson · 2016 · p. 221 cita
[67]le da a un gobernador o a un senador un contrato, por ejemplo de 50 mil millones de pesos, él obtiene el 20%. Es decir, 10 mil millones de pesos. La mitad se queda en sus bolsillos y con la otra mitad eligen a un congresista [“¿Qué va a pasar con las elecciones”, 2014]. Solo para cerciorarse, la revista preguntó a un…
p. 22
61Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 2831 cita
[68]elegir a 70 miembros. El 4 de febrero de 1991, se instaló en el salón Elíptico del Congreso, la Asamblea. Tres constituyentes fueron elegidos como copresidentes: Alvaro Gómez Hurtado, Antonio Navarro Wolf y Horacio Serpa Uribe. El 4 de julio fue proclamada la nueva Constitución, que acentuó temáticamente los derechos…
p. 283
62¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 1011 cita
[69]UP, luego de queJaime Pardo Leal también fuera asesinado; y Carlos Pizarro, excomandante de un M-19 que recogía un respetable apoyo popular tras su conversión en partido político. Al tiempo, el narcotráfico, en alianza con grupos políticos y paramilitares, venía de asesinar a los periodistas Guillermo Cano y Jorge…
p. 101
63Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · p. 1971 cita
[70]de una manera arbitraria e inconsulta, sembrando la semilla de un gran malestar interno que condujo a la postre a la disolución 251 Con objeto de evitar un vacío legislativo mientras se elegía el nuevo Congreso, se conformó una Comisión Legislativa Especial con 36 miembros (de los cuales, la mi tad podían provenir de…
p. 197
64Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 351 cita
[71]Durante unos pocos años decenas de personas de buena voluntad trataron de hacer realidad este sueño y la nueva constitución alimentó las esperanzas de casi toda la población, hasta que el poder del narcotráfico hizo valer nuevamente la corrupción como instrumento electoral. Al iniciarse el siglo XXI varios grupos de…
p. 35
65Silenciar la democracia. Las masacres de Remedios y Segovia 1982-1997Centro Nacional de Memoria Histórica; Ronald Edward Villamil Carvajal, Vladimir Melo Moreno (relatores); Tatiana Rincón Covelli, Andrés Fernando Suárez (correlatores) · 2014 · p. 2421 cita
[72]públicos, el fortalecimiento de la administración pública, la no corrupción y la apertura al 317 Testimonio N° 3 (Hombre, adulto y desplazado). 240 Silenciar la democracia. Las masacres de remedios y segovia 1982–1997 diálogo con los actores sociales. Así recuerda un sobreviviente el gobierno de la UP en cabeza de…
p. 242