Privacidad y medición

¿Nos permite medir el uso del archivo?

Usamos Google Analytics para conocer, de forma agregada, qué páginas se leen y mejorar la navegación. Google Tag Manager no se carga hasta que usted lo acepte. Puede rechazarlo o cambiar su decisión después. Más información sobre privacidad y analítica.

Ensayo · Transversal · —

Origen colonial de la debilidad estatal colombiana

La debilidad estructural del Estado colombiano —faccionalismo, patrimonialización del cargo, fragmentación territorial— ¿hunde sus raíces en el carácter privado-contractual de la Conquista, con sus capitulaciones y huestes facciosas, más que en las deficiencias institucionales del siglo XIX? La pregunta desafía las explicaciones centradas en el federalismo y el bipartidismo decimonónicos.

17 min de lectura3.698 palabras45 documentos66 fragmentos
Origen colonial de la debilidad estatal colombiana
Actualizado 03 de agosto de 2026
01

Orientación para entrar

La respuesta en breve

La tesis

La debilidad estatal colombiana no es una avería del siglo XIX sino la sedimentación de una arquitectura contractual pactada entre 1499 y 1600: la Corona no conquistó América sino que firmó capitulaciones con empresarios armados, delegando la soberanía en actores privados sobre jurisdicciones rivales antes de que existiera presencia efectiva en el territorio. Esa lógica se reprodujo en cascada —hueste facciosa, encomienda patrimonializada, cabildo capturado por encomenderos, funcionarios reales con clientelas propias— hasta convertir el poder en un privilegio patrimonializable desde su primer día. El faccionalismo colombiano no nace con la guerra de los Supremos ni con el bipartidismo, sino con las capitulaciones; el siglo XIX no fabricó la debilidad estatal, sino que heredó su plantilla y le puso nombres nuevos.

La tensión

La historiografía colombiana ha localizado la fractura fundacional en 1810 o en 1863, no en el siglo XVI. La tradición liberal —paradigmáticamente en el Ensayo sobre las revoluciones políticas de José María Samper (1861)— responsabiliza al legado centralista e intervencionista del Estado español y la Iglesia colonial por haber impedido el desarrollo del ciudadano moderno; la tradición conservadora, encabezada por José Manuel Groot y elaborada por Miguel Antonio Caro, invierte el signo y culpa a la Independencia prematura de haber destruido el orden colonial. Ambas presuponen que la Colonia ofreció un orden que la República no supo administrar. La tesis de raíz colonial cuestiona ese presupuesto compartido: si la soberanía fue subcontratada y fragmentada desde el origen —ilustrado por la convergencia de tres huestes rivales (Jiménez de Quesada, Federmán, Belalcázar) sobre el territorio muisca en 1539, o por la concesión de Venezuela a los Welser como pago de deuda bancaria en 1528—, entonces no hubo orden colonial que preservar ni destruir, sino una matriz de poder patrimonializado que el siglo XIX simplemente renombró. La objeción principal a esta lectura es que constituye una regresión etiológica: trasladar al XVI responsabilidades que corresponden a decisiones republicanas concretas, como el desmonte del ejército libertador, el federalismo de Rionegro o la violencia bipartidista, puede oscurecer la agencia histórica de los actores decimonónicos y naturalizar como herencia inevitable lo que fue resultado de opciones políticas específicas.

Temas
Capitulaciones y modelo de conquista privadaEncomienda y patrimonialización del poder colonialFaccionalismo político: de la hueste conquistadora al bipartidismoFragmentación territorial y fundaciones urbanas colonialesCabildos coloniales y oligarquías regionalesFederalismo y centralismo en el siglo XIX colombiano
02

Ensayo completo

La lectura

El origen colonial de la debilidad estatal colombiana

En Colombia, el Estado nunca precedió a las facciones. No las contuvo, no las fundó, no las disciplinó: llegó después de ellas, negociando siempre desde una posición de deuda con quienes ya ocupaban el territorio en su nombre. Esa asimetría originaria —soberanía que se subcontrata antes de ejercerse— define el primer siglo colonial en el Nuevo Reino de Granada, y permite entender por qué la debilidad estatal colombiana no es una avería del siglo XIX sino la sedimentación de una arquitectura contractual pactada entre 1499 y 1600. La Corona no conquistó América: firmó capitulaciones con empresarios armados para que otros conquistaran en su lugar, se reservó el veinte por ciento del botín y la jurisdicción suprema, y descubrió tarde que había fundado un orden político donde el poder era, desde su primer día, un privilegio patrimonializable.

¿Explica esa forma de nacer la fragilidad crónica del Estado colombiano —el faccionalismo, la patrimonialización del cargo, la fragmentación territorial— con más fuerza que las causas habitualmente invocadas del siglo XIX: el federalismo, el bipartidismo, el desmonte del ejército libertador? ¿O se trata de una regresión etiológica cómoda, que traslada al XVI responsabilidades que corresponden a decisiones republicanas concretas? La pregunta admite ser afinada en varios registros sucesivos, y solo en el último de ellos —después de haber medido las objeciones— podrá responderse con alguna precisión.

Qué se juega en la pregunta

La historiografía colombiana lleva doscientos años discutiendo, sin nombrarlo siempre así, el mismo problema: por qué un país cuya república fue proclamada por letrados ilustrados terminó convertido en un archipiélago de poderes locales, con ocho grandes guerras civiles decimonónicas según las cuentas oficiales, veintitrés contiendas regionales adicionales y hasta setenta conflictos según los estudiosos independientes; por qué el primer golpe de Estado ocurrió el 4 de septiembre de 1830 y desde esa fecha no se volvió a conocer un día de paz a lo largo del siglo XIX; por qué entre 1958 y 2012 el conflicto armado produjo alrededor de 220.000 muertos y más de 6 millones de desplazados en zonas donde el Estado nunca logró monopolizar la fuerza.

Las dos respuestas clásicas apuntan al siglo XIX. La liberal —cuya formulación paradigmática está en el Ensayo sobre las revoluciones políticas de José María Samper, de 1861— responsabiliza al legado centralista, fiscalista e intervencionista del Estado español y la Iglesia colonial: la República heredó estructuras autoritarias que impidieron el desarrollo del ciudadano moderno. La conservadora, encabezada por José Manuel Groot y elaborada después por Miguel Antonio Caro, invierte el signo: la paz colonial fue destruida por una Independencia prematura, y el desorden republicano es hijo del abandono de las instituciones tradicionales, no de su persistencia. Ambas coinciden en localizar la fractura en 1810 o en 1863; ambas presuponen que la Colonia, para bien o para mal, ofreció un orden que la República no supo administrar.

¿Y si ese orden colonial no existió nunca en el sentido que ambas tradiciones presuponen? Lo que hubo en el Nuevo Reino de Granada fue una arquitectura de soberanía subcontratada, cuyos rasgos —hueste facciosa, encomienda patrimonializada, cabildo capturado por encomenderos, funcionarios reales con clientelas propias— no anuncian el desorden republicano sino que constituyen su matriz institucional. Si esa hipótesis se sostiene, el siglo XIX no habría fabricado la debilidad estatal: habría heredado su plantilla y le habría puesto nombres nuevos. Queda por ver si se sostiene.

La capitulación como contrato de soberanía

Para entender lo que se pactó en las capitulaciones conviene empezar por lo que la Corona no podía hacer sola. La ocupación de La Española consumió una generación entera antes de que se intentara la entrada a Tierra Firme; entre 1514 y 1519 solo se sostuvo la precaria colonia de Castilla del Oro. La conquista fue morosa porque exigía acumular recursos que la hacienda real no tenía disponibles, y la fórmula que resolvió el problema fue jurídica antes que militar: la capitulación, contrato entre la Corona y un particular por el que se le fijaban privilegios económicos y políticos —gobernaciones, adelantazgos, porcentajes del botín, mercedes— a cambio de asumir los costos y riesgos de la empresa. La Corona se reservaba dos cosas: la jurisdicción suprema y el quinto real, el veinte por ciento de todo lo obtenido.

Ese contrato tuvo dos consecuencias que no siempre se leen juntas. Primera: la soberanía real se ejerció, en el origen, mediante su delegación en actores privados. Segunda: esa delegación no se hizo sobre unidades territoriales previas sino sobre franjas superpuestas y contiguas, cuya rivalidad estaba escrita en el propio texto de los contratos. En 1508 la Corona asignó a Diego de Nicuesa el territorio al occidente del golfo de Urabá —la gobernación de Veraguas— y a Alonso de Ojeda la franja desde ese golfo hasta el Cabo de la Vela. Se crearon así, con un trazo de pluma en Sevilla, dos jurisdicciones colindantes y rivales antes de que ningún español hubiera puesto un pie firme en ellas. La fragmentación territorial del futuro Nuevo Reino no fue un accidente de la ejecución: fue el diseño.

El caso Welser condensa la lógica hasta el paroxismo. En 1528, Carlos V —endeudado con la casa bancaria de los Welser de Augsburgo por los préstamos que financiaron su elección imperial— concedió a la firma la explotación de la Provincia de Venezuela con derechos gubernativos completos. Durante casi dos décadas, entre 1528 y 1546, agentes al servicio de los Welser —Ambrosius Ehinger o Alfinger, Georg von Speyer, Philipp von Hutten, y el propio Nicolás de Federmán— dirigieron expediciones desde Coro hacia el interior en busca de El Dorado, con capital mercantil transatlántico y bajo lógica corporativa. Federmán terminó llegando a la sabana de Bogotá en 1539, simultáneamente con Gonzalo Jiménez de Quesada, que subía por el Magdalena desde Santa Marta, y Sebastián de Belalcázar, que bajaba desde Quito. Tres huestes rivales, financiadas por circuitos distintos —dos capitulaciones castellanas y un contrato de banca alemana—, convergieron sobre el mismo territorio muisca. Acordaron no combatir entre sí y llevar el pleito a España. Ese acuerdo, tomado en la meseta cundiboyacense por tres capitanes que discutían jurisdicciones sobre un país que aún no existía, es una escena fundacional más real que cualquier acta.

La hueste, o la política como faccionalismo

La hueste de conquista no era un ejército: era una sociedad mercantil armada. Cada soldado costeaba su propio armamento, y quienes podían pagar caballos, arcabuces, armaduras y transporte reflejaban una posición social superior dentro de la expedición. El botín se repartía según jerarquías internas que reproducían esa desigualdad de entrada, y el descontento con el reparto —crónico, estructural— generaba facciones, deserciones y expediciones nuevas montadas por los insatisfechos. La expansión territorial del primer siglo no fue el resultado de una estrategia imperial: fue el subproducto de disputas internas por el reparto.

El patrón es visible en cada tramo. Vasco Núñez de Balboa, que había cruzado el istmo y avistado el Mar del Sur, fue procesado y decapitado por orden de Pedro Arias Dávila —Pedrarias—, gobernador de Castilla del Oro, en una eliminación política clásica del rival que había hecho más méritos. Rodrigo de Bastidas fundó Santa Marta en 1525 y murió al año siguiente asesinado por sus propios oficiales tras un pleito por el reparto. Jiménez de Quesada, fundador de Santa Fe de Bogotá en 1538, dejó en 1576 una probanza de méritos donde se trasluce su amargura por no haber recibido las recompensas de Cortés o Pizarro: la conquista del corazón muisca —la más lucrativa por su población tributaria— no se tradujo, para su capitán, en riqueza personal duradera. Alonso Luis de Lugo, hijo del adelantado de Santa Marta, llegó al Nuevo Reino con séquito propio y repartió encomiendas entre sus dependientes. El licenciado Miguel Díez de Armendáriz, enviado como visitador para poner orden, hizo exactamente lo mismo: llegó con sus propios clientes y los benefició. Los emisarios reales, tan frecuentemente como corrigieron el desorden, lo replicaron.

Cabe entonces una segunda formulación de la pregunta: ¿en qué momento este faccionalismo dejó de ser un episodio de la conquista y se convirtió en cultura política sedimentada? La respuesta no está en un año sino en un mecanismo. La política, como forma de acumular privilegios mediante la lealtad a un caudillo, fue el idioma nativo del poder desde antes de que existiera un cargo público que capturar. Cuando el bipartidismo del XIX consolidó redes de intermediarios clientelares que ampliaron la distancia entre el ciudadano común y la autoridad política, no inventó una cultura: la reconoció. El faccionalismo colombiano no nace con la guerra de los Supremos ni con la división entre gólgotas y draconianos; nace con las capitulaciones.

La fundación como acto de propiedad

Y sin embargo, la hueste sola no bastaba para fijar el patrón. Una hueste que solo se disolvía tras el reparto habría dejado un rastro efímero de campamentos, no una estructura de poder duradera. Lo que traduce la lógica faccional en institución permanente es el paso siguiente: la fundación urbana. Cuando los capitanes descontentos con el reparto de una hueste anterior salen a fundar su propio núcleo para reclamar encomiendas, están convirtiendo la disputa mercantil-militar en una geografía política. Ahí es donde el modelo se estabiliza.

Los cabildos americanos no fueron gérmenes de democracia municipal ni escuelas de virtud republicana, contra lo que quiso la mitología liberal decimonónica: fueron corporaciones oligárquicas endogámicas, dominadas desde el origen por los encomenderos, que en muchos casos se limitaron a sancionar mediante concesiones formales las usurpaciones de tierra que ya habían ocurrido en las inmediaciones de sus encomiendas.

El modelo urbanístico —el trazado en damero con plaza mayor central, flanqueada por la iglesia matriz, la casa del cabildo y las de los vecinos principales— venía de la reconquista castellana y arrastraba ecos de las teorías renacentistas sobre la ciudad ideal, e incluso una lógica cósmica de ordenamiento contra el "caos" del mundo indígena. La retícula era hermosa sobre el papel, pero su función efectiva era distinta: fijar simbólicamente el dominio, otorgar solares en un orden jerárquico que reflejaba la primacía del fundador y sus allegados, y organizar la extracción del trabajo de las poblaciones circundantes.

Jiménez de Quesada fundó Santa Fe de Bogotá en 1538 con un gesto tomado directamente de las guerras contra los moros: el nombre replicaba la villa de Santa Fe que los Reyes Católicos habían levantado frente a Granada, y la ceremonia de posesión incluyó el acto ritual de arrancar yerbas del suelo. La fundación era, literalmente, una reconquista traspuesta. Tunja, Vélez, Pamplona, Popayán, Cali —cada núcleo urbano fue el resultado de una hueste que, tras dispersar o someter a la población local, se instaló para explotarla desde un cabildo controlado por sus miembros más notables. Muchas de esas fundaciones se trasladaron de sitio, cambiaron de nombre o desaparecieron por ataques indígenas; pocas permanecieron en su lugar original. Esa inestabilidad urbanística prefigura, en escala reducida, la inestabilidad territorial mayor: un país cuyas ciudades no lograban asentarse difícilmente iba a producir una jurisdicción estatal firme sobre el conjunto.

El afán de recompensa alimentaba una lógica de multiplicación: cada facción insatisfecha buscaba fundar su propio núcleo para reclamar encomiendas, indios y privilegios de fundador. La fragmentación territorial que la Corona había dibujado en las capitulaciones se reprodujo así hacia abajo, en cascada, hasta convertirse en un archipiélago de núcleos rivales cuyas élites locales se consolidaron como oligarquías cerradas.

La encomienda: apropiación institucionalizada

Hacia 1550 se produjo un giro decisivo. La sociedad de conquista, basada en el saqueo y el reparto de botín móvil, cedió paso a la sociedad de encomienda, basada en el control organizado del trabajo indígena. La encomienda consistió en la asignación a un conquistador de un grupo indígena —generalmente un clan o una tribu preexistente, con su cacique como intermediario— del cual recibía la fuerza laboral y el derecho a percibir tributos en trabajo o en especie. En la sabana de Bogotá, la institución se acomodó sobre las estructuras tribales muiscas sin desmontarlas: el cacique quedó como representante del grupo ante el encomendero para el pago del tributo.

Ese ajuste tuvo una consecuencia teórica importante. La encomienda fue la piedra de toque de un régimen neofeudal americano en el que el señor prácticamente no tenía deberes y sí todos los derechos, y el indio carecía de derechos y estaba abrumado con todos los deberes. Había obligaciones formales del encomendero —particularmente la doctrina cristiana—, pero la combinación efectiva articuló formas preexistentes de producción indígena con una servidumbre coactiva sancionada por la Corona e integrada al comercio transatlántico. Nunca fue estrictamente feudal en el sentido europeo ni estrictamente capitalista; fue una institución original que articuló ambas lógicas.

Lo decisivo para nuestra pregunta es que la encomienda consolidó la patrimonialización. La Corona se reservó formalmente la propiedad última de las tierras y de los indígenas, pero cedió su explotación a los conquistadores mediante privilegios que, aunque temporales en la letra, tendieron a heredarse y a transformarse en la práctica en derechos cuasi propietarios. Los encomenderos ocuparon de hecho tierras en las inmediaciones de sus encomiendas, y los cabildos —integrados por los mismos encomenderos— convalidaron esas ocupaciones mediante concesiones formales. El poder político local, el control del trabajo indígena y la apropiación del suelo se concentraron en las mismas manos, y esas manos se transmitieron entre familias emparentadas mediante alianzas endogámicas.

Cuando los centros de historia regionales, surgidos a finales del siglo XIX, empezaron a exaltar a los fundadores locales y a construir genealogías de próceres, no estaban inventando una tradición: estaban consagrando literariamente el linaje de las oligarquías que habían controlado sus regiones desde el XVI. La coincidencia entre los apellidos fundadores del cabildo colonial y los apellidos de los notables republicanos no es una casualidad ni una anécdota: es la evidencia de que la matriz de las élites regionales colombianas se fijó en el ciclo de encomienda, no en el ciclo republicano.

¿No intentó la Corona corregirlo?

La objeción más seria a la tesis de la debilidad estructural de origen colonial es que la Corona sí intentó revertir la privatización del poder americano. ¿No debería contar ese esfuerzo como una segunda oportunidad para haber corregido el molde? En la segunda mitad del siglo XVI, tanto el monarca como el Consejo de Indias tomaron conciencia de lo que llamaron la "feudalización de América", y esa conciencia coincidió con la abdicación de Carlos I en 1556 y con un impulso burocratizador. Se establecieron audiencias —la de Santa Fe en 1549—, se promulgó legislación protectora del indio, se enviaron inspectores. El proyecto era claro: recuperar para el centro metropolitano las prerrogativas que había subcontratado.

El proyecto fracasó, y la razón del fracaso conviene aislarla. Los emisarios enviados a corregir el desorden llegaban ellos mismos con séquitos propios, y los usaban para tejer sus clientelas locales; las magistraturas coloniales gozaban de una alta discrecionalidad judicial —los magistrados podían fallar conforme a la costumbre o la equidad sin ceñirse a la letra de la ley—, lo que hacía imposible una fiscalización uniforme; el reparto de encomiendas siguió siendo el eje de las luchas facciosas, y los intereses asociados a esas encomiendas vincularon facciones a los sucesivos gobernadores durante todo el siglo XVI, revistiendo los cambios de poder con la forma de imposiciones. La Corona intentó centralizar y no pudo. El fracaso no fue de voluntad: fue de arquitectura. Sobre un edificio construido para ser fragmentado, no se podía imponer una unidad por decreto.

¿Debilita eso la tesis principal? Más bien la matiza sin desmentirla. Que la Corona intentara desde 1550 revertir la privatización solo confirma que la privatización era el estado de cosas por defecto, el punto de partida contra el cual había que actuar. Y que el intento fracasara —dejando en pie una arquitectura de poder patrimonializado durante los dos siglos siguientes— explica precisamente que la Independencia, cuando llegó, no heredara un Estado que hubiera sido debilitado por su desmonte, sino la ausencia de un Estado que nunca se había construido.

¿Y si la culpa fuera de la geografía o de la Iglesia?

Dos explicaciones alternas merecen ser tejidas seriamente en esta lectura, no despachadas como rivales.

La primera es geográfica y precolonial. El territorio del actual Colombia se ubica en la llamada "Área Intermedia", entre Mesoamérica y el mundo andino, donde nunca surgieron grandes imperios ni ciudades monumentales, sino cacicazgos y estados incipientes dispersos. La complejidad del relieve —tres cordilleras, valles interandinos, dos costas, selva amazónica, llanos orientales— pudo haber dificultado la formación de un Estado unificado precolonial. Los muiscas, con su organización dual encabezada por el Zipa y el Zaque, fueron el grupo más desarrollado políticamente, pero ni siquiera ellos dominaron el conjunto del territorio, y los pueblos que los conquistadores encontraron —caribes, arahuacos, quimbayas, taironas, guanes, calimas, agustinianos, tumacos— presentaban una diversidad de lenguas, jerarquías y estrategias bélicas que reflejaba la ausencia de cualquier unificación previa. La abundancia y distribución de recursos alimenticios e hídricos habría dificultado el control militar centralizado, a diferencia de lo que ocurrió en Nueva España o Perú, donde imperios previos habían concentrado la población tributaria en zonas accesibles.

Esta explicación tiene peso propio y no debe descartarse. Pero tampoco es autosuficiente: el territorio mexicano y el peruano son también fragmentados en su geografía, y sin embargo generaron estructuras estatales previas que la conquista española aprovechó y superpuso. Lo que faltó en el Nuevo Reino no fue solo un imperio previo, sino un imperio previo sobre el cual la conquista pudiera apoyarse. La conquista privada, obligada a construir su propio orden desde cero sobre un mosaico de cacicazgos, generó por eso un mosaico especular: fundaciones dispersas, encomiendas fragmentarias, cabildos autónomos.

La segunda explicación es eclesiástica. Las órdenes mendicantes —dominicos, franciscanos, agustinos— fueron desde 1549 las grandes promotoras de la evangelización, y en las fundaciones urbanas los sitios más importantes se reservaron a sus conventos. La evangelización no fue un proyecto religioso paralelo al político: fue política de Estado, y las órdenes adquirieron entre los siglos XVI y XVIII un grado de poder e influencia tal que la sociedad colonial no puede entenderse sin ellas. ¿Podría releerse entonces la "debilidad estatal" colombiana como una dualidad de soberanías —civil y eclesiástica— cuya competencia, más que su ausencia, explica la dificultad de construir un Estado moderno unificado? La denuncia liberal decimonónica de la Iglesia como poder omnipresente apuntaba a algo real.

Pero esta dualidad, más que contradecir la tesis principal, la confirma en otro plano. La Iglesia colonial ocupó el vacío dejado por un Estado subcontratado; su poder creció en proporción exacta a la debilidad de la autoridad civil. Que las órdenes religiosas se convirtieran en un contrapoder tan sólido —con latifundios propios, jurisdicción canónica, control de la vida cotidiana— es también un síntoma de que la Corona no había construido un aparato civil capaz de dominar el territorio por sí sola.

Una respuesta que no cierra la pregunta

Después de sopesar las objeciones, la respuesta puede formularse con más precisión que al comienzo, aunque no con menos tensión. La debilidad estatal colombiana no es un defecto republicano corregible ni el resultado de decisiones institucionales del siglo XIX que pudieron haberse tomado de otro modo. Es la sedimentación de una soberanía originalmente subcontratada, cuyos rasgos fundamentales quedaron fijados entre 1499 y 1600 mediante tres dispositivos que trabajaron juntos: la capitulación, que delegó la fundación del orden político en empresarios armados; la hueste facciosa, que hizo del reparto de privilegios el idioma nativo de la política; y el cabildo endogámico, que patrimonializó el cargo público en manos de encomenderos convertidos en oligarquías locales.

Ese molde prendió con fuerza duradera porque se injertó sobre un territorio sin precedente de unificación política, donde ni la geografía fragmentada ni la diversidad indígena ofrecían sustrato para un Estado centralizado, y donde la Iglesia terminó ocupando espacios que la autoridad civil había dejado vacantes. La debilidad estatal colombiana es, por tanto, el producto de una resonancia entre condición precolonial y arquitectura colonial: ninguna de las dos, por sí sola, la explica, pero juntas la vuelven inteligible.

El siglo XIX no inventó nada. El federalismo de 1863 no atomizó un Estado unitario previo: dio forma constitucional a una atomización que venía de tres siglos atrás. El desmonte del ejército libertador y la aparición de caudillos regionales con tropas propias bajo el mando de "generales" cuyo grado se obtenía por padrinazgo político no crearon la privatización de la fuerza: la formalizaron. El bipartidismo con sus redes clientelares no fabricó la distancia entre el ciudadano y la autoridad política; le puso nombres —liberal y conservador— a una lógica de mediación faccional que era la lengua materna del poder desde Ojeda y Nicuesa. El gamonal es el encomendero sin encomienda formal, el cacique político el regidor endogámico de cabildo sin cédula real: la misma matriz, otros nombres.

¿Cierra esto la pregunta? No del todo, y conviene decirlo. Que la República haya tenido casi doscientos años para refundir ese molde y no lo haya logrado —ni con la Regeneración, ni con el Frente Nacional, ni con la Constitución de 1991— no prueba solo la fuerza del molde colonial; podría probar también la persistencia activa de decisiones republicanas que lo reprodujeron cuando pudieron haber roto con él. La tesis del origen colonial explica el punto de partida y las condiciones de posibilidad; no exime a los siglos posteriores de sus propias responsabilidades. Y que las estructuras socioeconómicas coloniales hayan variado por región —la encomienda-resguardo-mita en Cundinamarca y Boyacá, de donde salieron las haciendas familiares y sus caudillos decimonónicos; el tejido mercantil de pequeños comerciantes, artesanos y agricultores en Santander; la economía costera articulada en torno a Cartagena; el oro con esclavos negros importados en el Valle del Cauca alto y medio— tampoco desmiente el molde común: lo texturiza. Clientelismo hacendario en el centro, mercantilismo faccioso en el nororiente, plantación esclavista en el suroccidente: variantes de un mismo problema, no problemas distintos.

Colombia sigue siendo, tres siglos y medio después de la fundación de Santa Fe, más un archipiélago de historias regionales que una historia nacional unitaria, porque el archipiélago se fundió entre las capitulaciones de 1499 y el fin del siglo XVI. Ese es el hecho del que ninguna explicación posterior puede prescindir, aunque tampoco basta por sí solo.

03

Archivo documental

Documentos usados en esta lectura

45 documentos · 66 fragmentos de referencia
01Fighting Monsters in the Abyss: The Second Administration of Colombian President Álvaro Uribe Vélez, 2006–2010Harvey F. Kline · 2015 · p. 32, 364 fragmentos
[1]

to four million people. Some were warlike hunters and fishers, includ ing the Caribs and Arawaks, but many had developed agriculture, as well as gold work that attracted the Span- ish conquerors. They were also divided by geography, includ ing the Calima (Valle de Cauca), the San Agustín (Huila), the Tumaco (Nariño),…

p. 32
[2]

to four million people. Some were warlike hunters and fishers, includ ing the Caribs and Arawaks, but many had developed agriculture, as well as gold work that attracted the Span- ish conquerors. They were also divided by geography, includ ing the Calima (Valle de Cauca), the San Agustín (Huila), the Tumaco (Nariño),…

p. 32
[59]

set of liberal politi cal institutions. Except for the War of the Supremes (1839–41), up to midcentury it established a record of out- ward stability superior to that of most of Latin America. Yet the political framework directly touched the lives and affairs of only a small minority of the people. Even among those…

p. 36
[60]

set of liberal politi cal institutions. Except for the War of the Supremes (1839–41), up to midcentury it established a record of out- ward stability superior to that of most of Latin America. Yet the political framework directly touched the lives and affairs of only a small minority of the people. Even among those…

p. 36
02Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 25, 944 fragmentos
[3]

Patagonia o que aquí solo se quedaron las mujeres y los hombres más guerreros y solidarios, aquellos capaces de defender y controlar ese territorio pleno de alimentos y aguas. La hipótesis final trata de explicar por qué esa simbiosis complejísima de fertilidades, diversidades y fortalezas de plantas, animales y…

p. 94
[4]

Perú y en la Patagonia o que aquí solo se quedaron las mujeres y los hombres más guerreros y solidarios, aquellos capaces de defender y controlar ese territorio pleno de alimentos y aguas. La hipótesis final trata de explicar por qué esa simbiosis complejísima de fertilidades, diversidades y fortalezas de plantas,…

p. 94
[23]

de nuevos territorios, se inició un poco después de la muerte de Isabel la Católica, bajo el reinado de Fernando, su viudo. Isabel y Fernando recibieron el título de Reyes Católicos durante el papado de Alejandro VI; los discípulos de San Agustín, San Francisco y Santo Tomas de Aquino fueron sus confesores y…

p. 25
[24]

una posesión de nuevos territorios, se inició un poco después de la muerte de Isabel la Católica, bajo el reinado de Fernando, su viudo. Isabel y Fernando recibieron el título de Reyes Católicos durante el papado de Alejandro VI; los discípulos de San Agustín, San Francisco y Santo Tomas de Aquino fueron sus…

p. 25
03Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 271 fragmento
[5]

Nuñez de Balboa founded Santa Mar í a la Antigua del Darién in 1510. This was the first city in what today we call Colombia, and one of the first of Spanish origin on the American continent. However, the conquerors soon understood they were facing nations with different languages, customs, hierarchical regimes,…

p. 27
04Los muiscas. La historia milenaria de un pueblo chibchaCarl Henrik Langebaek · 2019 · p. 1341 fragmento
[6]

¢ Caso de los muiscas. y que ir tan lejos: incluso en el caso de comunidades de conformado unidades territoriales que reconocieran ique, más allá de los estrechos límites de la comunidad. incia de Pamplona, ampliamente estudiada por Germán $, algunos indígenas atestiguaron a los españoles que “res- Señores en sus…

p. 134
05Arqueología de Colombia: un texto introductorioGerardo Reichel-Dolmatoff · 2016 · p. 291 fragmento
[7]

Mesoamérica y los Andes Centrales. Obviamente, las culturas prehistóricas de la mayoría de los otros países latinoamericanos nunca han ejercido la misma fascinación, ni tampoco han despertado la misma admi- ración que siente el visitante en los grandiosos museos de México, o al contemplar los templos de Tikal, en…

p. 29
06Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 33, 402 fragmentos
[8]

debate. Hoy sabemos, por ejemplo, que las economías agrarias de grupos indígenas que gozaban de una compleja organización social fueron suficientes para sustentar por más de una generación a los pequeños grupos urbanos de la sociedad conquistadora. Es importante advertir también un rasgo económico dominante en el…

p. 33
[25]

jerarquías indígenas (los reservados), por cuanto estas colaboraban en la recepción del tributo. La encomienda y el tributo debían dejar intactas las estructuras productivas indígenas, puesto que su misma existencia dependía de ellas. A la llamada república de los indios se le atribuía el papel de sustentar la…

p. 40
07Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 114, 2762 fragmentos
[9]

ello en deudas y gastos, pero los medios financieros de que dispon í a no eran suficientes para continuarla como tal monopolio. En 1495, la Real C é dula del 19 de abril abri ó las puertas de Am é rica a la emigraci ó n general mediante aquellas “ capitulaciones * con personas particulares. En estas se otorgaban…

p. 114
[11]

que produc í an una errancia inquieta de soldados y caudillos insatis fechos con "el bot í n inicial. El asentamiento definitivo de una hueste, tras el reparto del bot í n, hacia evidente una estratificaci ó n social. Que no siempre iba acompa ñ ada de la conformidad entre los miembros de la antigua hueste militar.…

p. 276
08Estudios interdisciplinarios de las élites en ColombiaCatalina Acosta Oidor, Alexander Gamba Trimiño, Verónica Salazar Baena · 2023 · p. 51, 612 fragmentos
[10]

su costa donde padecieron muchos trabajos hambres y necesidades. (Yáñez, s. f.) La conquista de la Nueva Granada emerge entonces no solo como una aventura liderada por segundones y campesinos, sino también como una empresa familiar (Restall y Fernández-Armesto, 2013, p. 73). Como consecuencia de esto, dados los altos…

p. 51
[17]

nuevos títulos y bienes. Según Lope de Vega, los indianos son derrochadores por naturaleza, pues “tienen dineros y los dan en toda ocasión”, además de vivir presumiendo no solo las fatigas y trabajos vividos en el pasado, sino también los títulos que gracias a ello han alcanzado (Martínez-Tolentino, 2001, pp. 83 -…

p. 61
09Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 40, 632 fragmentos
[12]

la rap iñ a y las g u erras faccionales de la C onquista y la institucionalización m ás re p o sad a del resto del p eriodo colonial. En el orden político, en los sistem as de p roducción y en el trato a las poblaciones indígenas som etidas, los españoles m an tu v iero n algunos com portam ientos característicos del…

p. 63
[16]

aspiraciones de d o m in ar las regiones que iban o cu p an d o ratificaron la fragm entación ya su g erid a por la topografía. Los prim eros encuentros ocurrieron a lo largo de la costa del m ar Caribe. Al prim er viaje de exploración y com ercio de A lonso de O jeda a La Guajira (1499) le siguió el de Juan de la…

p. 40
10Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 1011 fragmento
[13]

half of his party to shipwreck at the mouth of the Magdalena and to disease, insects, and hunger on the march. After easily overcoming armed resistance, Jimenez de Que- sada and his lieutenants occupied the entire Muisca territory and on August 6, 1538, founded the city of Santafe (present-day Bogota, known as Santa…

p. 101
11Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 671 fragmento
[14]

conspiración de implacables rivales. Terminó arrojado a un calabozo español y para cuando pudo retornar a América, estaba quebrado y humillado, abrumado por el sufrimiento, y murió en Cartagena en 1551. Federmán fue el primero de ellos en morir, en 1542, en una tormenta que hundió su barco. Ninguno de ellos cumplió…

p. 67
12Historia de Colombia. Descubrimiento y Conquista IGermán Arciniegas, Mauricio Obregón, Jorge Morales, Roberto Pineda Camacho, Javier Ocampo López, et al. · p. 85, 1012 fragmentos
[15]

pri- mera audiencia en toda América, zarparon los ex- ploradores que visitaron las costas de lo que hoy es Colombia. En 1499, el conquistador Alonso de Ojeda, compañero de Colón, obtuvo una capitula- ción para explorar la costa del golfo de Paria. El mismo año llegó al cabo de la Vela, con lo cual po- demos decir que…

p. 85
[27]

evitar que- 335 Patio principal de la mencionada casa del virrey. Este tipo de patio central e interior es de clara procedencia española, concretamente del sur de España. y resultó muy adecuado pare el clima caluroso del virreinato. rellas con fundaciones vecinas. Realmente son es- casas las ciudades que permanecieron…

p. 101
13Invading Colombia: Spanish Accounts of the Gonzalo Jiménez de Quesada Expedition of ConquestJ. Michael Francis · 2007 · p. 221 fragmento
[18]

time, was so impressed by the 1528 cargo that he immediately organized an expeditionary force to explore Colombia’s interior in an effort locate the source of these riches. Alvarez assembled three hundred foot soldiers and fifty horsemen for the expedition, but his untimely death doomed the venture before it even left…

p. 22
14Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 2192 fragmentos
[19]

y a los nativos ameri- canos se les tratará como infieles y se les aplicará el mismo procedimiento, hasta las últimas consecuencias: derrota y expulsión para los moros y dominación o exterminio para los indíge- nas americanos. En ambos casos se requiere poblar de fieles castellanos las tierras recuperadas o «des-…

p. 219
[20]

y a los nativos ameri- canos se les tratará como infieles y se les aplicará el mismo procedimiento, hasta las últimas consecuencias: derrota y expulsión para los moros y dominación o exterminio para los indíge- nas americanos. En ambos casos se requiere poblar de fieles castellanos las tierras recuperadas o «des-…

p. 219
15Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 441 fragmento
[21]

se configu- raron los rasgos de las principales conflictividades y tensiones sobre el ordenamiento territorial y la distribución de la tierra que estuvieron en las raíces del conflicto armado interno. Las fundaciones coloniales provocaron una ruptura violenta en el ordenamiento territorial existente. No respondían a…

p. 44
16Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 701 fragmento
[22]

bién el núcleo administrativo, reli- gioso, y el lugar donde se aprendían nuevas formas de vida. Por otra parte, las ciudades simbolizaban el poder, y la ubicación de los edifi- cios importantes en ciertos lugares estaba destinada a impresionar a sus pobladores y visitantes. nh Normas para el establecimiento En parte,…

p. 70
17¿Por qué fracasa Colombia?Enrique Serrano López · 2016 · p. 571 fragmento
[26]

la respectiva casa cural cuando era posible. A su alrededor se establecían, aunque sin formar todavía una plaza rectangular, como se haría después, unas cuantas casas de indianos que poseían fincas a extramuros, pero que también tenían algún título, algún capital o alguna riqueza minera que les permitiera ir…

p. 57
18Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 291 fragmento
[28]

Gonzalo Jiménez de Quesada sentó su real en la Sabana de Bogotá, mandó construir doce bohíos en memoria de las doce tribus de Israel en su estación de Elim... Esta puede ser la clave de la persistencia del trazado en damero y de la regularidad creciente de la manzana cuadrada en las ciudades americanas... El modelo de…

p. 29
19El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · p. 2881 fragmento
[29]

relati- vamente desarrollada. Luego de que los pacíficos habitantes de la Sabana quedaron sometidos, no sin que dejaran de cometerse al- gunas innecesarias crueldades y asesinatos en la persona de sus jefes, dispuso Quesada construir una ciudad en algún punto favorable y adecuado. Eligió para ello el lugar de es-…

p. 288
20Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · p. 121, 1712 fragmentos
[30]

el proceso de la conquista siguiera un ritmo diferente y sea por lo tanto difícil de escoger una fecha como indicativa de una transformación básica en la nueva sociedad, puede acogerse la fecha tradicional de 1550 como punto final de esa época, momento de transición entre la sociedad de conquista, basada en el saqueo…

p. 121
[32]

menos de los comerciantes europeos; los intercambios regionales o locales suplantan a los intercontinentales, el oro entra a desempeñar —así sea débilmente— un papel como moneda local, y posiblemente el nivel de vida de los encomenderos, que han visto desaparecer el espejismo de una rápida fortuna en América y…

p. 171
21Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 113, 1252 fragmentos
[31]

una manera radical las formas indígenas de producir. No es cierto entonces que las condiciones creadas en América a raíz de la Conquista repro- dujeran un estado de cosas anterior existente en La economía y la sociedad coloniales, 1550-1800 121 Europa. Simplemente, integraron un tipo de economía y de explotación…

p. 113
[40]

veces gar- banzos, habas, fríjoles, caña y lino). Fuera de esto, debían dar indios de servicios (un 3 o 4% de los varones adultos) para los aposentos del encomendero, los cuales eran casi siempre tie- rras ocupadas de hecho en las inmediaciones del asentamiento indígena. Además, la obliga- ción del tributo en especie…

p. 125
22Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 14, 234 fragmentos
[33]

y capitanes se convirtieron prácticamente en agentes de la Corona, y se les concedieron pri- vilegios, tierras y a veces encomiendas, responsabilidades organi- zativas y títulos. Las encomiendas en la sabana de Bogotá, por ejemplo, se organizaron con base en las capitanías, pueblos ente- ros sometidos a la dirección…

p. 23
[34]

y capitanes se convirtieron prácticamente en agentes de la Corona, y se les concedieron pri- vilegios, tierras y a veces encomiendas, responsabilidades organi- zativas y títulos. Las encomiendas en la sabana de Bogotá, por ejemplo, se organizaron con base en las capitanías, pueblos ente- ros sometidos a la dirección…

p. 23
[42]

instrumentos de intervención: de las prime- ras ocupaciones, financiadas privadamente, se había pasado al entronizamiento de una burocracia administrativa y eclesiástica, además de algún pie de fuerza militar, suficientes para debilitar el poder de los conquistadores. Las contradicciones entre la política colonial…

p. 14
[43]

instrumentos de intervención: de las prime- ras ocupaciones, financiadas privadamente, se había pasado al entronizamiento de una burocracia administrativa y eclesiástica, además de algún pie de fuerza militar, suficientes para debilitar el poder de los conquistadores. Las contradicciones entre la política colonial…

p. 14
23Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 131 fragmento
[35]

y los resguardos, para organizar la producción agrícola de autoabaste- cimiento, así como la mita, para la extracción del oro y otros metales preciosos. La encomienda La encomienda fue una institución que se caracterizó por el poder otorgado por la Corona a un hidal- go, quien ejercía el control, cuida- do y…

p. 13
24La tierra en ColombiaEstanislao Zuleta, Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) · 1973 · p. 211 fragmento
[36]

nera, la encomienda es la piedra de toque para ex plicar él origen del neofeudalismo americano en el cual el señor prácticamente no tiene deberes y sí to dos los derechos y el indio carece de derechos y es tá abrumado con todos los deberes; entre el español encomendero y el indio encomendado, no existió mutua…

p. 21
25Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 691 fragmento
[37]

explotación de los indígenas, pero por causa de esta tendencia adoptó instituciones que garantizaran a los conquistadores el no interferir su prejuicio con respecto al trabajo material y que les permitieran vivir de sus rentas a costa de los sometidos.⁷⁸ Pero esta tendencia no se hubiera concretado si no hubieran…

p. 69
26Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 421 fragmento
[38]

y o s p a r a l a h is t o r ia d e l a p o l ít ic a d e t ie r r a s e n C o l o m b ia tó una serie de medidas para protegerlos, disfrazadas con ropajes religiosos o humanistas. Los tributos obligaban a dar al encomendero las pensiones particulares, el quinto para el Rey, el estipendio para el cura doctrinero y el…

p. 42
27Historia doble de la Costa. Tomo 1: Mompox y LobaOrlando Fals Borda · 2002 · p. 751 fragmento
[39]

pueblos de indios o en sus cercanías. En la isla de Mompox y fuera de ella, las autoridades concedieron así 39 encomiendas, a otros tantos encomenderos. Fue el comienzo formal de lo que se ha llamado el " r é g i m e n señorial" implantado en tierras ameri- canas. [C] Según los documentos, Loba era tan poblada…

p. 75
28Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 281 fragmento
[41]

colombianos. En cierta medida, las tres clases de problemas definen un conjunto de igual número de periodos de la historia económica del país e indican la organización general de la obra. A. Supervivencias coloniales El área que se conoce hoy como Colombia fue ocupada por los españoles en la tercera década del siglo…

p. 28
29Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 130, 1412 fragmentos
[44]

gastos de un pleito ya demasiado prolongado 2. El acomodamien to no era difícil puesto que Salguero gozaba de las encomiendas de Ura-Cheva y Ogamora, Gámeza y Mongua, a cuya renta (la de Mongua) renunció en 1575 a favor del convento de Santa Clara, fundado por su esposa Clara Matías33. Así, la primera generación de…

p. 141
[58]

a partir de la se gunda mitad del siglo XVIII. De otro, se trata de explicar este fenómeno por la liquidación de un pasado en el que las rentas sobre la tierra tenían mayor 112 H is t o r ia e c o n ó m ic a y social i importancia que la actividad productora de los centros urbanos y en el que esa preponderancia se…

p. 130
30Aproximaciones a la historia del Derecho en ColombiaLuis Freddyur Tovar, Beatriz Eugenia Salamanca Charria, Carlos Andrés Delvasto Perdomo, Carlos Andrés Echeverry Restrepo, Francesco Zappalá Sastoque, Iván Alberto Díaz Gutiérrez · 2014 · p. 2831 fragmento
[45]

para resistir. España administraba sus colonias a través de un sistema legal y magistrados equivalentes a los propios. Adicionalmente, se trataba de un gobierno de jueces, donde cada oficial delegado ejercía funciones jurisdiccionales de una u otra manera 7. La costumbre y la equidad jugaron un papel crucial en los…

p. 283
31La independencia de Colombia: olvidos y ficcionesAlfonso Múnera · 2021 · p. 191 fragmento
[46]

de los primeros de propiedad de la Corona española. Por su puerto salía rumbo a La Habana, Cuba, y de allí a España, la gran Flota de los Galeones, cargada de fantásticas toneladas de oro y plata. Se ha escrito bastante sobre esta caravana de imponentes barcos que surcó el mar Caribe a lo largo de dos siglos,…

p. 19
32La colonización antioqueña en el occidente de ColombiaJames J. Parsons · 1997 · p. 411 fragmento
[47]

infectada de esta enfermedad, trayéndola de Guinea, sin haber advertido en ella las Justicias para no dejarla entrar, se infestó todo el Nuevo Reino y corrió por la parte de la banda del Perú hasta Chile y a la parte del Norte hasta Caracas, que destruyó. así naturales como españoles, más de la tercera parte de la…

p. 41
33Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 501 fragmento
[48]

determinado entonces por un mar- cado descenso de la población tributaria que creó una situación de abundancia de tierras y escasez extrema de mano de obra. La producción de oro colapsó, lo que llevó a que en 1700 casi desapareciera por completo, de un nivel de 2 millones de pesos plata a principios del siglo. Sola-…

p. 50
34Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · p. 3441 fragmento
[49]

como la cantidad de capital invertido y el número de trabaja dores enrolados en la producción del metal, eran escasos en compara ción con las grandes colonias productoras de plata de Nueva E1ipaña y Perú. Los depósitos colombianos de oro en el alto y medio Valle del Cau ca fueron explotados durante los períodos de la…

p. 344
35Historia de la religión en ColombiaJosé David Cortés Guerrero, Juana María Marín Leoz, Leonardo García Rincón · 2022 · p. 11 fragmento
[50]

57 LAS ÓRDENES RELIGIOSAS Y LA SOCIEDAD NEOGRANADINA, SIGLOS XVI-XIX William Elvis Plata Introducción Las órdenes religiosas no solo fueron las grandes protagonistas del proceso de cristianización de la Nueva Granada en los siglos a, sino que, además, por lo mismo, adquirieron tal grado de XVI XVIII poder y de…

p. 1
36Historia de la religión en ColombiaJosé David Cortés Guerrero, Juana María Marín Leoz, Leonardo Fabián García Rincón, William Elvis Plata, Diana Paola Hernández Fernández, Alberto José Campillo Pardo, Aliza Moreno-Goldschmidt, Odette Yidi David, Jorge Enrique Salcedo Martínez, Jose Joaquin Pinto Bernal, Katherinne Giselle Mora Pacheco · 2022 · p. 11 fragmento
[51]

43 LA EVANGELIZACIÓN DE LAS COMUNIDADES INDÍGENAS DEL NUEVO REINO DE GRANADA DURANTE EL SIGLO XVI Leonardo Fabián García Rincón Introducción Lo que hoy denominamos “evangelización” se ha entendido como el proyecto religioso de expandir el catolicismo en América, una vez esta fue incorporada a la imagen de mundo que…

p. 1
37Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 2011 fragmento
[52]

progreso, tal como lo exigía el modelo liberal burgués que se quería hacer fructificar. He aquí cómo la época li- beral se forjaba críticamente su propio pasado, que servía a su vez de legiti- mación a sus proyectos revoluciona- rios del presente. La historiografía conservadora apa- rece en el ambiente de crisis y de…

p. 201
38Historia y nación. Tentativas de la escritura de la historia en ColombiaAlexander Betancourt Mendieta · 2020 · p. 1, 83 fragmentos
[53]

a la corrección de los detalles la posibilidad de una labor crítica de su empresa historiográfica […]. Aun para sus contradictores, la de José Manuel Restrepo ha constituido hasta ahora un repertorio fijo e Historia inalterable de los hechos, susceptible solo de reacomodarse en una interpretación diferente. Esta es…

p. 8
[54]

regional buscaron levantar la autoestima de cada región a partir de la redención y justificación de pasados abolengos. Cada una de las regiones colombianas debía tener su prócer o sus héroes, o a lo menos un grupo de “patricios” prestantes que demostraban su contribución a la formación de la República, lo que…

p. 8
[55]

27 Capítulo I Instaurar una tradición: las porfías de la historia nacional En el siglo aparecieron las primeras obras que utilizaron la noción de pasado para consagrar los XIX orígenes de la República. Las condiciones posteriores a la Independencia permitieron que los hombres de letras que elaboraron ejercicios de…

p. 1
39Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 631 fragmento
[56]

a los superiores, a los padres, a los bien nacidos, a los cultos, se abandonaba. La idea de Bolívar de que el pueblo era ingobernable entró a hacer parte de esta visión de la comunidad, y por eso se fortaleció la convicción de que solo mediante un ejecutivo muy fuerte se podía mantener el orden, con ayuda de la…

p. 63
40Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · p. 4411 fragmento
[57]

en el Nuevo Reino de Granada. En ella se establecen todas las instituciones coloniales: encomiendas, mercedes, grandes latifundios de las comu- nidades religiosas, etcétera. Esa circunstancia histórica, perfectamente explicable, como lo ha demostrado don Miguel Samper en los párrafos reproducidos antes, pro- ducirá…

p. 441
41Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 171 fragmento
[61]

va des- de las identidades culturales hasta maniobras electoreras. De es ta manera tuvieron que navegar a contracorriente las tendencias a erigir un Estado capaz de responder a las exigencias de largo pla- zo de la paz social, del crecimiento demográfico y económico; ha- cia la consolidación de una nación moderna…

p. 17
42Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · p. 531 fragmento
[62]

en la vida nacional. Por ejemplo, la region de Santander en las antiguas provincias de Socorro y Pamplona, se revela como un area mer- cantil de pequenos comerciantes, artesanos y agri- cultores, en su mayoria blancos y mestizos; es una region de intensa vida urbana y un relativo desarro- llo econémico. En la regi6n…

p. 53
43El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 232 fragmentos
[63]

hasta expulsarlas, dando la independencia definitiva a Colombia el 19 de agosto de 1819. Una relativa calma se hizo presente hasta el 4 de septiembre de 1830, cuando tuvo lugar el primer golpe de Estado. Desde esa fecha no se volvió a conocer un día de paz a lo largo del siglo xix, aunque apenas otros dos golpes se…

p. 23
[64]

hasta expulsarlas, dando la independencia definitiva a Colombia el 19 de agosto de 1819. Una relativa calma se hizo presente hasta el 4 de septiembre de 1830, cuando tuvo lugar el primer golpe de Estado. Desde esa fecha no se volvió a conocer un día de paz a lo largo del siglo xix, aunque apenas otros dos golpes se…

p. 23
44La dimensión moral del conflicto armado en Colombia. Una lectura a partir de Theodor W. AdornoTulia Almanza Loaiza · 2022 · p. 3371 fragmento
[65]

que en otros países de América Latina, y no tiene, ni jamás ha tenido, el monopolio de la fuerza; por ello, en las zonas alejadas del centro institucional han surgido y florecen los grupos guerrilleros de izquierda, los grupos paramilitares y los narcotraficantes. Al no haber monopolio de la fuerza por parte del…

p. 337
45Nueva Geopolítica de ColombiaJulio Londoño Londoño · 1965 · p. 1761 fragmento
[66]

social de los virreinatos que for- maron en esas dos naciones comenzaron su avance cultural pri- mero que nosotros y contaron con personal mejor adiestrado en la ciencia y en la política. La estratificación social se hizo más clara y firme y las capitales de los virreinatos se perfec- cionaron hasta dar la impresión…

p. 176