Privacidad y medición

¿Nos permite medir el uso del archivo?

Usamos Google Analytics para conocer, de forma agregada, qué páginas se leen y mejorar la navegación. Google Tag Manager no se carga hasta que usted lo acepte. Puede rechazarlo o cambiar su decisión después. Más información sobre privacidad y analítica.

Idea · Prehispánico

El Dorado

El Dorado nació de la traducción errónea de un rito muisca de sucesión celebrado en la laguna de Guatavita: donde había ofrenda, los conquistadores leyeron promesa de acumulación, y donde había laguna, buscaron ciudad. De ese malentendido productivo surgió uno de los mitos más persistentes y geográficamente expansivos de la historia de Colombia y América.

4.260 palabras42 documentos83 fragmentos citados
El Dorado

Trayectoria de una idea

  1. 1536

    Convergencia de tres huestes sobre el altiplano muisca

  2. 1538

    Fundación de Santafé y primer reparto del botín muisca

  3. 1538

    Captura y juicio de Sagipa, el nuevo zipa

  4. 1595

    Walter Raleigh proyecta El Dorado en la Guayana

  5. 1801

    Alexander von Humboldt relee el mito desde la ciencia

  6. 1856

    Hallazgo de la balsa votiva de Siecha

  7. 1900

    Intento de explotación minera de la laguna de Guatavita en el siglo XX

03

La lectura

El Dorado no fue nunca un lugar ni un tesoro: fue la consecuencia de leer un rito de ofrenda con los ojos de la acumulación. La ceremonia muisca de Guatavita —en la que el heredero cubierto de oro en polvo navegaba en balsa hasta el centro de la laguna para devolver el metal a la deidad— era una liturgia que sustraía riqueza de la circulación humana; los conquistadores la invirtieron y la convirtieron en promesa de riqueza por recuperar. Esa inversión semántica generó cuatro siglos de expediciones, cartografías imaginarias y geografías reales: los caminos del piedemonte amazónico, las fundaciones del Guaviare y el Caguán, los mapas europeos con Manoa al oriente del Orinoco, todos trazados para llegar a un destino que se desplazaba cada vez que una frustración empujaba la frontera del mito. La balsa votiva hallada en Siecha —diez figuras de oro con el cacique mayor al centro— demostró que el núcleo ceremonial era histórico, pero también que su función terminaba en el instante de ser entregada al agua: no estaba hecha para ser encontrada. El Dorado es, en ese sentido, el malentendido más productivo de la historia colombiana: una ficción que fabricó geografía, instituyó el extractivismo como lógica colonial y sobrevivió como metáfora de toda promesa de riqueza inagotable.

En el altiplano cundiboyacense, hacia el momento del contacto europeo, la sucesión del mando en el cacicazgo de Guatavita se sellaba sobre el agua: el heredero, ungido en resinas y cubierto de oro en polvo, era conducido en una balsa al centro de la laguna, donde súbditos y jerarcas arrojaban ofrendas de oro y esmeraldas. La ceremonia era liturgia política y religiosa: consagraba al cacique frente a la comunidad y devolvía a la laguna el metal que la deidad reclamaba. No había allí un tesoro almacenado ni una ciudad de oro: había un rito que sustraía el metal de la circulación humana para entregarlo al santuario. Cuando los españoles supieron del ceremonial —oído, contado, deformado en la cadena de rumores que precedió a las huestes—, lo leyeron al revés: entendieron promesa de acumulación donde había ofrenda, y buscaron ciudad donde había laguna. De esa traducción errónea nació El Dorado como concepto, y de su longevidad —cuatro siglos de expediciones, crónicas, museos y metáforas— proviene su lugar central en la historia de Colombia. No es un lugar, ni un objeto, ni un episodio: es un malentendido productivo, una ficción que fabricó geografía y cartografía reales, y que cada época posterior volvió a inventarse a su medida.

Un rito, no un lugar

Para entender qué fue El Dorado hay que empezar por la sociedad que produjo su núcleo ceremonial. Los muiscas del altiplano se articulaban políticamente en torno a dos grandes cabezas —el Zipa, con centro en Bacatá, y el Zaque, con centro en Hunza, la actual Tunja—, bajo quienes se agrupaban caciques locales en una jerarquía que la historiografía ha llamado, con cautela, "confederaciones" o "estados incipientes". La palabra exacta importa menos que el hecho: sobre esos jefes intermedios el poder era desigual e inestable, con territorios marginales cuya sumisión no estaba clara y con figuras como el Tundama que parecen remanentes de cacicazgos aún no absorbidos por una estructura mayor. Ese equilibrio precario forma parte del argumento: no había un rey único ni un tesoro central que conquistar, sino un mosaico de señoríos con especializaciones regionales.

La economía muisca era no monetaria y funcionaba por trueque de excedentes en mercados que se celebraban cada cuatro días en los principales centros. Cada región aportaba lo suyo: sal de Zipaquirá, esmeraldas de las minas de Somondoco —controladas por el Zaque—, mantas de algodón, coca. De todas esas mercancías, las mantas fueron la de aceptación más general y funcionaron casi como patrón de medida, aunque nunca llegaron a constituir moneda homogénea. Aquí aparece el primer dato decisivo para desmontar el mito desde adentro: los muiscas no tenían oro propio. El metal les llegaba por intercambio desde la región de Neiva y otros puntos del valle del Magdalena, junto con la coca y el algodón. El oro que asombró a los conquistadores en el altiplano era, en su origen, foráneo, acumulado por comercio y transformado por los orfebres locales.

Ese oro cumplía funciones muy distintas a las que un europeo del siglo XVI habría esperado. Los estudios sobre la colección del Museo del Oro realizados por Roberto Lleras han mostrado que más de la mitad de los objetos de oro muiscas no se destinaban al adorno personal ni a la acumulación, sino a ofrendas depositadas en santuarios. Los caciques guardaban oro para redistribuirlo en festejos o para financiar la guerra, y buena parte permanecía oculto o cubriendo lugares sagrados. La centralización de bienes por parte de los jefes ocurría, sobre todo, en contextos ceremoniales y festivos; fuera de ellos, la vida cotidiana atenuaba cualquier noción de dominio de una élite sobre la comunidad. En términos económicos, el metal se retiraba sistemáticamente de la circulación visible: al pie de las lagunas, en las hornacinas de los santuarios, envuelto en los tunjos votivos. La invisibilidad material del oro muisca —lo que tanto frustró luego a los buscadores— no era ocultamiento estratégico frente al conquistador, sino la lógica misma de una economía redistributiva y ritual.

El panteón que sostenía esa lógica incluía a Bochica, protector de los uzaques y capitanes; a Chibchacum, patrono de labradores, mercaderes y plateros; a Chaquen, dios de los linderos de las sementeras y de las fiestas. Los jeques, sacerdotes muiscas, se formaban en años de reclusión en una suerte de seminario, con ayunos y ejercicios esotéricos antes de asumir el cargo. Las lagunas, en esa cosmología, eran centros de culto de fertilidad: en la de Iguaque situaban el nacimiento del primer hombre, y a la de Guatavita se le rendía tributo con oro. La guerra tenía carácter ceremonial y de reconocimiento político más que de conquista territorial sistemática, con conflictos frecuentes con panches, muzos y calimas en las fronteras. Ninguno de estos rasgos —la ausencia de moneda, la circulación ritual del oro, el culto a las lagunas, la guerra acotada— casaba con la retícula mental de un conquistador acostumbrado a los patrones azteca o incaico.

Guatavita: la ceremonia y su malentendido

El corazón del futuro mito estaba en la laguna de Guatavita, al noreste de la actual Bogotá. Allí se celebraba la ceremonia de sucesión que los cronistas recogieron y transformaron en emblema. Según la tradición fijada por escrito en el siglo XVI, los súbditos arrojaban puñados de oro en polvo sobre el heredero cuando se dirigía a la laguna sagrada, dejándolo resplandeciente. Ese cuerpo dorado —el homo aureus que dio nombre a la leyenda— navegaba en balsa hasta el centro de las aguas, donde caían al fondo las ofrendas de oro y piedras. La imagen es tan poderosa que aun los cronistas más sobrios la califican de "ilusión": no porque el rito no existiera, sino porque lo que los españoles vieron con los ojos de la imaginación —un hombre bañado en oro cada tarde, una laguna tapizada de tesoros— excedía sistemáticamente su función original.

Que la ceremonia tuvo materialidad quedó demostrado más tarde por la arqueología. En la laguna de Siecha, cerca de Guatavita, se halló una lámina de oro de unos 9,5 centímetros de diámetro que representa una balsa con diez figuras humanas y, al centro, la figura mayor de un cacique. La pieza reproduce con precisión la escena que los cronistas habían descrito: jerarquías marcadas por el tamaño relativo de los personajes, el jefe destacado sobre los oficiantes menores. Objetos como este —conocidos genéricamente como balsas votivas— no eran maquetas ilustrativas ni ex-votos personales, sino ofrendas depositadas en lugares sagrados en el marco de rituales específicos. Su función terminaba en el instante mismo de ser entregadas al agua o a la tierra del santuario: no estaban destinadas a ser vistas ni recuperadas.

En el momento del contacto español, la propia agencia indígena contribuyó a alimentar el equívoco. Frente al avance de los conquistadores, algunos caciques arrojaron oro a la laguna de Guatavita como ofrenda a la cacica que se creía habitaba en ella. El sobrino del cacique de Simijaca declaró que este habría arrojado cuarenta cargas de oro, equivalentes según su testimonio a cuarenta quintales al menos: una cifra colosal registrada por los mismos españoles y transmitida sin contrapeso. Cuánto había de exacto en esos testimonios y cuánto de estrategia queda abierto: el mito ya estaba en marcha, y para los indígenas la promesa de un tesoro lacustre pudo servir tanto como confesión de duelo cuanto como distracción calculada frente al invasor. Las declaraciones se acumularon, y con ellas la convicción europea de que las aguas del altiplano guardaban riquezas incalculables. A esa creencia se sumó el conocimiento del mito de origen de Iguaque —el nacimiento del primer hombre en la laguna—, que llevó a los conquistadores a buscar tesoros en múltiples lagunas de los Andes septentrionales y a suponer varios Dorados repartidos a lo largo de las cordilleras.

Tres huestes convergen en el altiplano

El malentendido cristalizó entre 1536 y 1538, cuando tres expediciones europeas convergieron sobre el altiplano muisca desde puntos de partida distintos y con motivaciones parcialmente coincidentes. Gonzalo Jiménez de Quesada salió de Santa Marta a principios de abril de 1536 con unos setecientos hombres. Cerca de un año después, hacia marzo de 1537, alcanzó el altiplano con apenas ciento sesenta y seis a ciento setenta sobrevivientes: el resto se había perdido en los pantanos del Magdalena, los desfiladeros de la cordillera y las emboscadas. Al año siguiente, aproximadamente al mismo tiempo, llegaron por el sur Sebastián de Belalcázar, que operaba bajo las órdenes de Francisco Pizarro y traía tras de sí la fundación de Pasto, Popayán y Cali; y por el oriente, tras más de dos años de atravesar los Llanos Orientales, Nicolás de Federmán, con pérdidas devastadoras de hombres y caballos. Que las tres huestes coincidieran sobre el mismo altiplano, procedentes de Santa Marta, Quito y Coro, es un hecho extraordinario que la historiografía calificó siempre de casi inverosímil; nada indica que hubiera coordinación previa, y sí en cambio una convergencia informativa: los rumores sobre un rico cacique del interior, transmitidos de boca en boca por los cauces del Magdalena y del Orinoco, actuaban como un imán simultáneo sobre tres ejes.

En lugar de enfrentarse por el control del territorio, los tres capitanes optaron por un compromiso: viajar juntos a España para que el Consejo de Indias resolviera las jurisdicciones. Antes de partir, Quesada fundó Santafé —así se llamó, en referencia a la villa española del mismo nombre cercana a Granada— el 6 de agosto de 1538, en el sitio que los indígenas llamaban Teusaquillo, como capital del Nuevo Reino de Granada, nombre que él mismo dio al territorio en homenaje a su tierra natal. Dejó a su hermano Hernán Pérez de Quesada como lugarteniente. Poco antes de la fundación se había repartido el botín: doble parte para los de a caballo, cuádruple para los capitanes, cinco partes para el propio Quesada y diez reservadas para Fernández de Lugo, gobernador de Santa Marta. Aquel reparto —hecho con oro tomado en parte de los santuarios y en parte de las ofrendas exigidas a los caciques— fue el primer intento europeo de convertir en botín acumulable lo que había sido, en su lógica original, ofrenda devuelta al santuario.

La facilidad relativa con que se sometió el altiplano se explica por una combinación de factores: la efectividad de la caballería en las planicies, el filo del acero europeo frente a las armas muiscas de madera y piedra, y el carácter poco belicoso que los propios cronistas atribuyeron a los pobladores. El nuevo zipa Sagipa, elegido tras la muerte de Tisquesusa, fue capturado y sometido a juicio formal por usurpación del cacicazgo de Bogotá, rebelión contra los españoles y negativa a revelar el tesoro. La acusación misma es reveladora: para los conquistadores, la ausencia del tesoro imaginado no podía ser sino ocultamiento deliberado. El oro que no aparecía —porque estaba disperso en santuarios, hundido en lagunas, cubriendo adoratorios— tenía que estar escondido en algún lugar por la voluntad hostil de los caciques. Sobre esa premisa se construyó, durante los siguientes tres siglos, la totalidad de la búsqueda.

De ceremonia a cartografía

Una vez asentados en el altiplano, los españoles comprobaron que las minas locales de oro no existían; que las esmeraldas de Somondoco, aunque valiosas, no bastaban para saciar la expectativa creada por los rumores; y que las ofrendas recuperables del ceremonial muisca eran finitas. La respuesta no fue reconocer el malentendido, sino desplazarlo. Si el oro no estaba en el altiplano, estaría más allá: en las lagunas cercanas, luego en los Andes orientales, después en los Llanos, y finalmente en el Orinoco y la Amazonía. Cada frustración empujaba la frontera del mito hacia el oriente. Los primeros yacimientos auríferos conocidos en el continente alimentaron la creencia en varios Dorados repartidos a lo largo de las cordilleras, y los más fabulosos se ubicaban al oriente de estas.

El propio Jiménez de Quesada, ya anciano y con más de sesenta años, seguía obsesionado con la búsqueda. Organizó una expedición con doscientos soldados hacia los Llanos Orientales; el día del Apóstol Santiago avistaron las llanuras desde una alta cumbre y fundaron una ciudad al pie de la cordillera como memorial de aquel descubrimiento. La expedición llegó al río Guaviare, donde los españoles tuvieron su primer contacto con las selvas amazónicas; vacilaron, pero continuaron adelante. La búsqueda del Dorado y la del "país de la canela" impulsaron incursiones que abrieron caminos y fundaron pueblos en la alta Amazonía: Mocoa, Ecija sobre el río San Miguel, Espíritu Santo del Caguán cerca del actual Puerto Rico. La geografía real del piedemonte y la selva amazónica colombiana se dibujó, en buena parte, por rutas trazadas para llegar a un lugar que no existía.

El mito, cartografiado ya en los mapas europeos, adoptó nombres nuevos según se desplazaba. En el Orinoco y la Guayana fue Manoa, la ciudad principal de El Dorado; el padre Gumilla, siglos después, aclararía que en lengua achagua "manoa" significa "no derrama", nombre dado a las lagunas, de modo que "ciudad de Manoa" equivalía a "ciudad de La Laguna": una etimología que devolvía el mito, sin querer, a su origen guatavita. En 1595, Walter Raleigh identificó Manoa con territorios al oriente e invocó como fuente el relato que Francisco López de Gómara había hecho del palacio de Huayna Cápac, vinculando el legendario oro incaico con el "inca de Manao" que él proyectaba en las selvas de la Guayana. La expedición de Pedro de Ursúa, más tarde, contó con guías indios del Brasil que buscaban venganza contra los omaguas y arrastró consigo la información sobre supuestos aretes de oro en el alto Orinoco-río Negro, que generó, también por vía portuguesa, expediciones infructuosas hacia un supuesto lago de oro. Cada desplazamiento del mito hacia una nueva geografía era también un desplazamiento hacia el olvido del rito original; y sin embargo, cada nuevo Dorado repetía en su núcleo la misma imagen: un lago, un jefe untado de oro, una ofrenda que caía al fondo del agua.

El mito en la letra: cronistas y textos

La construcción textual del mito ocupó el siglo XVI y buena parte del XVII, y su fabricación cruzada entre cronistas es central para entender su longevidad. Juan de Castellanos, en sus Elegías de varones ilustres de Indias, versificó las batallas prehispánicas muiscas —la muerte de Nemequene, la sucesión de Tisquesusa— dejando el pasado indígena fijado en octavas reales. Fray Pedro Simón, en sus Noticias historiales, describió la estructura política muisca equiparando los cargos indígenas con títulos nobiliarios hispanos y fijó una jerarquía piramidal que iba de las gentes del común hasta los "reyes", proyectando categorías europeas sobre una organización que las excedía.

Juan Rodríguez Freyle escribió, ya entrado el siglo XVII, la obra más singular de esa cadena: El Carnero. Se basó en Simón y en Castellanos, pero también recogió tradición oral americana, y obtuvo información sobre las luchas prehispánicas directamente del cacique de Guatavita, quien le sirvió de fuente. Para Rodríguez Freyle, el Guatavita era "el rey" y el Bogotá su "teniente y capitán general": una lectura que invertía la jerarquía comúnmente admitida entre el Zipa y el cacique de Guatavita, y que reflejaba tanto la posición del informante como el peso que la laguna había adquirido en el imaginario. El Carnero es una obra de difícil clasificación —cruza crónica, literatura picaresca y prosa barroca, con guiños a los clásicos y a la mitología grecorromana— y permaneció inédita por más de dos siglos, lo que no impidió que fijara para la posteridad la imagen del cacique dorado de Guatavita como pieza central del pasado neogranadino.

Estos cronistas no operaron en aislamiento: se citan, se corrigen, se copian. El padre Gumilla, en el siglo XVIII, invocaría a fray Pedro Simón como fuente para narrar la expedición de Quesada. La red de referencias cruzadas hizo que las mismas escenas —la balsa en la laguna, el oro en polvo sobre el heredero, las cuarenta cargas de Simijaca— circularan de texto en texto adquiriendo la solidez del hecho comprobado por repetición. Es en esa cadena textual donde El Dorado deja de ser un rito y se convierte en una tradición literaria autosustentable, capaz de sobrevivir a la disolución del régimen colonial y de reaparecer, con vocabulario nuevo, en la república.

Sepúlveda y las lagunas: intentar vaciar el mito

Que el mito tuviera consecuencias materiales lo demuestra la historia de los intentos de desagüe de la laguna de Guatavita. Desde el siglo XVI, particulares y compañías creyeron literalmente en la promesa: si en el fondo yacían las ofrendas acumuladas durante generaciones, bastaba con vaciar el agua para recuperarlas. Antonio de Sepúlveda, en el siglo XVI, encabezó el más ambicioso de esos intentos, abriendo un tajo en el borde de la laguna que aún hoy es visible. Otros lo intentaron después con maquinaria más moderna. Ninguno tuvo el éxito soñado, y cada fracaso reforzaba paradójicamente la creencia: el tesoro debía estar allí, solo que más profundo, más disperso, más protegido de lo previsto.

Los intentos de vaciar Guatavita ejemplifican la persistencia del malentendido incluso cuando ya se conocía perfectamente el rito. Los promotores no ignoraban que el oro llegaba allí como ofrenda; lo que hacían era reinterpretar la ofrenda como depósito recuperable, la práctica religiosa como acumulación material. La lógica muisca —el metal sustraído para siempre de la circulación— era exactamente lo contrario de lo que la lógica europea suponía posible. Guatavita seguía funcionando, siglos después de la conquista, como el punto donde dos economías del oro chocaban sin traducción posible.

Del mito a la metáfora: Humboldt, Voltaire, la modernidad

La Ilustración europea intentó desmontar la leyenda con las armas de la crítica racional. Voltaire, en su Cándido, incluyó un capítulo titulado "El Dorado" en el que satirizó las exageraciones acumuladas por los viajeros de América, quienes abultaban desde cascadas hasta yacimientos, y opuso a esa fantasía la idea de un país imposible por su misma perfección. El gesto voltairiano tuvo un efecto ambiguo: al mismo tiempo que ridiculizaba la credulidad colonial, fijaba "El Dorado" como nombre común de la utopía inalcanzable. La metáfora empezó a desprenderse del referente geográfico.

Alexander von Humboldt, durante su estancia de dos meses en Bogotá a comienzos del siglo XIX, escuchó a José Celestino Mutis narrar las historias de Guatavita y las leyendas de El Dorado. Humboldt tendió a relegar esos relatos al dominio de la fábula, siguiendo la sensibilidad ilustrada. Esa desconfianza dominó hasta que, en el último cuarto del siglo XIX, apareció la balsa de Siecha con sus diez figuras y su cacique central: el objeto material que reproducía la escena que los cronistas habían descrito y que la Ilustración había considerado invención. La pieza corrigió a Humboldt sin humillarlo: mostró que en el fondo del mito había un rito real, aunque no hubiera en el fondo de la laguna una ciudad de oro.

En el mismo movimiento por el cual la modernidad recuperaba la base histórica del Dorado, el nombre siguió su carrera como metáfora global. En 1898, el viajero suizo Ernst Röthlisberger tituló su libro sobre Colombia El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericana. En el siglo XX, publicaciones financieras dedicaron capítulos titulados "Colombia: In Search of El Dorado" a analizar la producción petrolera del país. La metáfora servía —sirve todavía— para nombrar cualquier promesa territorial de riqueza, con independencia del cacique, la laguna y las ofrendas.

La invención institucional del siglo XX

El giro decisivo del mito en el siglo XX fue institucional. Entre 1935 y 1955 se produjo lo que hoy se identifica como la invención museística y patrimonial del Dorado en Colombia, articulada por museos, cartografías y redes de conocimiento. En 1939, el Banco de la República comenzó a adquirir piezas precolombinas, provenientes fundamentalmente de la región del Quindío, dando origen a la colección que sería el Museo del Oro. La primera adquisición estuvo vinculada a la familia Amador y fue precedida por una recomendación del Ministerio de Educación para preservar objetos de fabricación indígena. La colección se exhibió inicialmente sobre terciopelo negro en una sala de juntas del Banco, y luego en una sala en los sótanos donde rotaba el material básico, antes de contar con edificio propio.

El catálogo publicado en 1944 fue una pieza estratégica. Contra la interpretación técnica que Paul Rivet y Henri Arsandaux habían propuesto sobre la tumbaga —esa aleación de oro y cobre en la que la proporción de oro era mayor en la superficie que en el interior, resultado de un proceso de dorado por métodos que incluían el martillado, la amalgama y la cera perdida—, el catálogo caracterizó a la tumbaga como una "técnica marginal". El desplazamiento discursivo era decisivo: al minimizar la tumbaga, se minimizaba la dimensión técnica y metalúrgica del oro indígena, y se realzaba en cambio su dimensión simbólica y ritual. Como parte de la misma operación, el catálogo incluyó una pintura indigenista de tono edulcorado. El efecto de conjunto fue que la lectura de Rivet, que hubiera devuelto la orfebrería muisca al dominio de la historia técnica de la metalurgia, no llegara a dominar los estudios colombianos. La orfebrería quedó, en cambio, ligada al mito: no piezas para entender la metalurgia, sino testigos del Dorado.

Ese trabajo sobre la narrativa tenía antecedentes en el siglo XIX. Liborio Zerda había publicado en el Papel Periódico Ilustrado, a partir de julio de 1882, un texto titulado precisamente "El Dorado", donde describió con ilustraciones la vasija de Chirajara y sus tunjos de oro, hallados en la hacienda Susumuco. Aquella pieza se convirtió en referente simbólico de la orfebrería muisca y reapareció en 1885 en el frontispicio del libro de Manuel Uribe Ángel, acompañando la imagen del mariscal Jorge Robledo, en una descontextualización que arrancaba la pieza de su origen cultural muisca para inscribirla en un panteón nacional heterogéneo. La imagen del pasado prehispánico se moldeaba, en esos usos, según los intereses de las élites criollas del momento.

En paralelo, la fragilidad institucional del país permitía que particulares intentaran seguir explotando el mito con las armas del derecho. En 1949, Gustavo Jaramillo Sánchez obtuvo un título de la Gobernación de Cundinamarca para explotar una supuesta mina de oro en los terrenos de la laguna de Guatavita, con el nombre elocuente de "mina El Dorado". El arqueólogo Duque intervino ante el Ministerio de Educación para gestionar la reversión del título, argumentando que los particulares aprovechaban el proceso legal para realizar excavaciones clandestinas en perjuicio de las reliquias arqueológicas. Cuatro siglos después de Antonio de Sepúlveda, la laguna seguía siendo objeto de intentos de conversión en yacimiento minero, y las instituciones patrimoniales apenas conseguían defenderla.

Otras piezas siguieron rutas menos afortunadas. La balsa de Siecha, hallada en el sitio del mismo nombre, fue negociada por Adolf Bastian, quien ofreció cuatrocientos pesos al poseedor Ramos Ruiz; este prefirió regalarla a Mary Castello Brandon, esposa de Salomón Koppel, fundador del Banco de Bogotá. Bastian negoció después durante meses con Koppel, argumentando que la pieza prestaría mayor servicio a la ciencia en la colección real de Berlín que en una casa privada bogotana, y ofreció incluso una condecoración prusiana. La balsa fue enviada a Europa, llegó al puerto de Bremen y quedó guardada en un depósito. Su historia posterior es de olvido: la pieza que había servido para confirmar arqueológicamente el rito de Guatavita se perdió del alcance del país que la produjo. Piezas de la cultura Quimbaya fueron objeto de saqueo sistemático durante la colonización antioqueña del Gran Caldas, financiado por grupos de comerciantes que profanaban tumbas y fundían el metal; el Tesoro Quimbaya fue donado a España en 1892. Solo tardíamente, con el Museo del Oro, apareció una respuesta institucional a este drenaje.

Herencia

Lo que queda del Dorado, cinco siglos después del primer rumor, no es un yacimiento ni una ciudad sino un tejido denso de consecuencias reales sobre el territorio colombiano. Le debe El Dorado la fundación misma de Santafé el 6 de agosto de 1538 y el nombre del Nuevo Reino de Granada. Le debe la apertura de rutas al piedemonte llanero y a la Amazonía, con pueblos como Mocoa y Espíritu Santo del Caguán que nacieron como estaciones de una búsqueda condenada. Le debe una tradición cronística —Castellanos, Simón, Rodríguez Freyle, Gumilla— que fijó por escrito, y para siempre, la imagen del cacique dorado. Le debe intentos seculares de desagüe de Guatavita, títulos mineros modernos sobre la laguna, y la constitución misma del Museo del Oro como institución que gestiona, cataloga y exhibe la materialidad de aquel malentendido inicial.

Le debe, sobre todo, una forma peculiar de la imaginación nacional: el país que se piensa a sí mismo, alternativamente, como sede de un tesoro oculto y como víctima del saqueo de ese tesoro. Cada vez que la metáfora reaparece —en un libro de viajes suizo del siglo XIX, en un informe financiero del XX sobre petróleo, en una campaña turística del XXI— reactiva la operación básica que estuvo en el origen: leer como promesa acumulable lo que era, en su matriz muisca, ofrenda depositada en la laguna. El Dorado sigue funcionando porque el malentendido nunca se resolvió del todo; se transformó, se desplazó, cambió de agentes e intereses, pero mantuvo intacta la forma. La ceremonia de Guatavita, con su heredero cubierto de polvo de oro y su balsa avanzando hacia el centro de las aguas, generó más geografía —caminos, ciudades, mapas, catálogos, museos— que cualquier hallazgo real habría podido generar. Ninguna riqueza acumulable habría producido tantas expediciones como esa promesa que se desvanecía. En eso consistió, y consiste todavía, la fuerza extraña de El Dorado: en haber sido, desde el principio, el nombre europeo de una liturgia indígena que devolvía el oro al fondo del agua.

04

En el archivo

4 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Laguna de Guatavita: santuario muisca donde se celebraba el rito de sucesión del cacique, núcleo material y ceremonial del que surgió el mito de El Dorado
  2. 02Cacique de Guatavita: protagonista del rito de la balsa dorada cuya ceremonia de sucesión fue malinterpretada por los conquistadores como evidencia de un tesoro acumulado
  3. 03Gonzalo Jiménez de Quesada: conquistador que lideró la expedición desde Santa Marta, fundó Santafé y organizó décadas después una expedición a los Llanos Orientales en busca del Dorado
  4. 04Balsa votiva de Siecha: pieza de orfebrería muisca hallada en el siglo XIX que confirmó arqueológicamente la existencia del rito descrito por los cronistas
  5. 05Walter Raleigh: explorador inglés que desplazó el mito hacia la Guayana en 1595, identificando la ciudad de Manoa con El Dorado y ampliando su radio geográfico al mundo anglosajón
  6. 06Alexander von Humboldt: naturalista que tendió a relegar el mito al dominio de la fábula, inaugurando la tradición crítica moderna sobre El Dorado
  7. 07Altiplano cundiboyacense: territorio muisca donde cristalizó el malentendido entre rito de ofrenda y promesa de tesoro, punto de partida geográfico del mito
  8. 08Manoa: nombre con que el mito fue cartografiado en el Orinoco y la Guayana, derivado de voz achagua que significa 'no derrama', devolviendo involuntariamente el concepto a su origen lacustre
06

Documentos y fragmentos citados

42 documentos · 83 fragmentos

01Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 91, 94, 1413 citas
[1]

n de este orden, es decir, el ciclo de los solsticios, y equinoccios, junto con la formulaci ó n de un calendario agr í cola y ceremonial, quedaba a cargo de los sacerdotes, que constru í an sus templos y centros ceremoniales en funci ó n de estos fen ó menos astron ó micos y meteorol ó gicos. El Sol y la Luna eran…

p. 91
[7]

perfecci ó n de las construcciones de los Tairona. Esta falta de inter é s en la conservaci ó n de tierras o en la intensificaci ó n de su uso, podr í a indicar la general abundancia de tierras f é rtiles, ocupadas por una poblaci ó n bastante dispersa. Es claro que el pa í s. de los Muisca ten í a un “ interior ”,…

p. 94
[48]

a la orden de seguirlo, despu é s de explorar la Guajira y fundar la actual Riohacha, sigui ó tras los pasos de Espira, pero luego, desviando su ruta hacia la cordillera, la atraves ó, llegando a Pasca por el mes de marzo de 1539, cuando la tierra ya estaba ocupada por la hueste de Jim é nez. Algunos a ñ os antes de…

p. 141
02Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 28, 452 citas
[2]

El ma í z serv í a para hacer arepas y “ chi 30 HISTORIA M Í NIMA DE COLOMBIA cha ”, una bebida fermentada para sus frecuentes fiestas y celebra ciones. Usaban tambi é n el tabaco y la coca. En casi toda la cordillera oriental, sus vecinos de los valles inter medios del r í o Magdalena y de la tierra caliente eran…

p. 28
[57]

tres conquistadores, cada uno de los cuales alegaba que la tierra de los muiscas estaba dentro de su jurisdicci ó n, se pusieron de acuerdo para viajar a Espa ñ a a alegar sus derechos, y dejaron unos 400 hombres y 150 caballos, as í como 300 marranas pre ñ adas, en Bogot á. 48 HISTORIA M Í NIMA DE COLOMBIA Para dar…

p. 45
03Fighting Monsters in the Abyss: The Second Administration of Colombian President Álvaro Uribe Vélez, 2006–2010Harvey F. Kline · 2015 · p. 322 citas
[3]

to four million people. Some were warlike hunters and fishers, includ ing the Caribs and Arawaks, but many had developed agriculture, as well as gold work that attracted the Span- ish conquerors. They were also divided by geography, includ ing the Calima (Valle de Cauca), the San Agustín (Huila), the Tumaco (Nariño),…

p. 32
[4]

to four million people. Some were warlike hunters and fishers, includ ing the Caribs and Arawaks, but many had developed agriculture, as well as gold work that attracted the Span- ish conquerors. They were also divided by geography, includ ing the Calima (Valle de Cauca), the San Agustín (Huila), the Tumaco (Nariño),…

p. 32
04Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoriaAna María Gómez Londoño (editora), Carl Henrik Langebaek Rueda, Jorge Augusto Gamboa Mendoza, Michael J. Francis, Marta Clemencia Herrera Ángel, François Correa Rubio, Óscar Guarín Martínez, Hermann Trimborn, Luis Fernando Restrepo, Mercedes López Rodríguez, Carlos Andrés Durán · 2005 · p. 116, 119, 1253 citas
[5]

Muequetá. Con dicho vocablo se le trataba lo mismo que a su gente. Las delimitacio- nes, en cambio, diferenciaron sus fronteras étnicas: al suroeste con Tunja, al norte y sur con los sutagaos y al sureste con los panches. A pesar de que Simón pretende orientar al lector desde la geografía de la conquista, confunde la…

p. 125
[68]

relaciones siempre fueron reducidos a guazabaras, las cuales eran rápida- mente ‘desbaratadas’ por los hispanos, lo que obligaba a la huida de los muiscas. Refiriéndose a estas batallas, Aguado dice que los cacicazgos se apoyaban en ligas o confederaciones militares, como la de Duitama y Sogamoso (1: 297-8), o la que…

p. 116
[70]

por sus ‘príncipes’, fue a la batalla organizado en escuadras que: “tomaron sitios diferentes, aparte cada cual con sus insignias, diversas en colores, de manera que la parcialidad de cada uno podía conocerse por las tiendas y pabellones que tenían puestos”. Portados en andas, los ‘reyes’ animaban sus guerreros, pero…

p. 119
05Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 52, 54, 75, 764 citas
[6]

en el siglo XVI algunos territorios marginales o casi independientes, cuya sumisión al Zipa o al Zaque no estaba del todo clara. El status de estos territorios en el momento de la Conquista debe evaluarse, en parte por lo me- nos, en términos de un proceso histórico. En primer lugar, los dos "Estados" incipientes eran…

p. 52
[21]

cultivos. En algunos lugares, como Funza, Tunja y Sogamoso se han hallado vesti- gios de postes u horcones de madera que marcan una construcción circular u ovalada; pero en verdad, aún no se conoce una sola casa muisca sistemáticamente excavada. Lo poco que sabemos de la cultura prehis- tórica de los Muisca se basa…

p. 54
[46]

el 6 de agosto de 1538, como la fecha de funda- ción es decir, unas semanas después del reparto del botín. En la documentación sólo consta la La conquista del territorio y el poblamiento 83 fundación durante ese mismo año de la ciudad de Vélez, pues el 13 de agosto estuvo en ella Jiménez de Quesada, quien recibió…

p. 76
[52]

y con la noticia de haber visto a través de una brecha en la cordillera, extensos llanos hacia el oriente. Para reconocer esos llanos, despachó Jiménez al capitán Juan Tafur, quien no logró atravesar la cordillera. La visión de tan extensas tierras llanas al oriente y el señuelo de un "Do- rado", en aquellas partes,…

p. 75
06Historia de Colombia. La Colombia más Antigua. Tomo 1Gonzalo Hernández de Alba (dir.); Camilo Domínguez O., José L. Lorenzo, Amancio Fernández, Gonzalo Correal y otros · p. 130, 1372 citas
[8]

dentro de una estructura federal». 103 Figura femenina de arcilla hueca procedente del territorio cundiboyacense. La figura, sin duda una dama de alto rango, aparece adomada con collares, dijes y diademas y hasta con cetro o bastón ceremonial. A continuación se tratará acerca de la estructura socio-política, para lo…

p. 130
[20]

y ciertos productos agrícolas, la sal era otro elemento básico del comercio de los muiscas. un grupo de especialistas en el intercambio. Las re- ferencias históricas parecen indicar que todos los indígenas comunes y corrientes iban a los merca- dos. Por otra parte, el trueque de artículos tuvo un papel importante al…

p. 137
07Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 4, 12, 17, 214 citas
[9]

las relaciones comerciales afianzaban redes de intercambio cultural más profundas. un aspecto importante de la sociedad muisca fue el desarrollo y la complejidad que se desprendieron de una economía natural no monetaria, y que se desplegó al tener un escenario de vastas redes comerciales y cercanías culturales y…

p. 12
[18]

© Marco Forero, 2016 © Editorial Planeta Colombiana S. A., 2016 Calle 73 N.° 7-60, Bogotá Diseño de cubierta: Departamento de diseño Grupo Planeta Primera edición: abril de 2016 ISBN 13: 978-958-42-4984-5 Desarrollo e-pub: Hipertexto Ltda. Este libro no podrá ser reproducido, ni total ni parcialmente, sin el previo…

p. 4
[49]

reunieron en el cacicazgo de Bacatá (Bogotá) con la expedición de Jiménez de Quesada proveniente de Santa Marta. 1. Expedición de Jiménez de Quesada El primero de abril de 1536 don Pedro Fernández de Lugo, gobernador de Santa Marta, dio en su “Instrucción y Memoria” para la jornada que iba al “Río Grande”, nombrando…

p. 17
[53]

noticia de la muerte de Fernández de Lugo, gobernador de la provincia de Santa Marta, hizo que Jiménez de Quesada apresurase su traslado en la mayor brevedad a la Corte Española, y provisto de una mayor cantidad de dinero se despreocupó de la organización de la ciudad de Bogotá con el debido cumplimiento de las…

p. 21
08Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 37, 45, 473 citas
[10]

vertientes u n poco m ás tem p lad as y allí se extraían dos cosechas anuales. En tierras m ás bajas se sem braba arracacha, algodón, guayaba, piña y coca. A lgunos productos, com o la coca y el algodón, no eran cultivados p o r los m uiscas y los obtenían en el com ercio. C ad a cuatro días había m ercado en los…

p. 37
[42]

d en sas selvas de esta vertiente de la cordillera O riental. Finalm ente, a principios de m arzo de 1537, once m eses d esp u és de salir de Santa M arta, unos ciento se tenta hom bres y treinta caballos em ergieron a las planicies an d in as h ab itad a s po r los m uiscas. En las planicies m uiscas, los…

p. 45
[51]

bres y 130 caballos. D espués de m ás de dos años de travesía hacia el sur, atravesó los Llanos O rientales y, finalm ente, rem ontó la cordillera para llegar al territorio de Jim énez de Q uesada. Féderm an perdió 70 europeos, 40 caballos e innum erables cargueros indígenas. El arribo casi sim ultáneo de Belalcázar y…

p. 47
09Arqueología de Colombia: un texto introductorioGerardo Reichel-Dolmatoff · 2016 · p. 3321 cita
[11]

true - que con tribus vecinas y aún muy alejadas. Los principales artículos que se exportaban eran sal 153, esmeraldas, coca y Memoria sobre las Antigüedades Neo-Granadinas, Librería de F. Schneider i Cía., Berlín. Acerca de la arqueología «premuisca», véanse las notas biblio- gráficas para el capítulo iv, así como…

p. 332
10Mercados, poblamiento e integración étnica entre los Muiscas, Siglo XVICarl Henrik Langebaek · 1987 · p. 1351 cita
[12]

que éstos les garantizaran el suministro de al menos parte de las gachas, leña y mantas que consumían. De la misma manera, los de Guata vita difícilmente podrían haberse especializado en orfebrería si no hubieran hecho parte de un sistema de intercambios que hacía llegar oro y cera a sus tierras. Varios ejemplos más…

p. 135
11Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 431 cita
[13]

que cumpliera adecuadamente las funciones que se le atribuyen, como patrón de medida del valor, medio de intercambio o alma- cén de valor. Sin embargo, existieron ciertas mercancías que se intercambiaron con mayor frecuencia y que pudieron servir como patrón para medir valores. Esta característica se le ha atribuido…

p. 43
12Antes de Colombia. Los primeros 14.000 añosCarl Henrik Langebaek · 2021 · p. 376, 403, 4073 citas
[14]

poder de los caciques muiscas, sus argumentos parecen circunscribirse a ciertos momentos específicos, y muy especialmente a las grandiosas y prolongadas fiestas durante las cuales los indígenas se congregaban en lugares ceremoniales de gran importancia, muchos de ellos con una centenaria o milenaria ocupación, para…

p. 407
[17]

cosa que los españoles atribuyeron al poder de los caciques muiscas, pero olvidando que simplemente se trataba de ofrendas. Finalmente, unas palabras sobre el oro, un metal que en nuestra sociedad se vincula estrechamente con el poder y con la riqueza. Se sabe que los caciques muiscas lo guardaban en sus cercados, con…

p. 403
[55]

de población. Estudios llevados a cabo por José Luis Socarras han confirmado que el maíz fue importante no solo en la segunda ocupación, sino también en la primera. Los estudios de José Vicente Rodríguez en el sitio de Santa Helena han encontraron que la segunda ocupación no se interrumpió hace 650 años, es decir,…

p. 376
13Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 192 citas
[15]

múltiples y distintas: iban desde agrupaciones que habían alcanzado etapas superiores de agricultura sedentaria y producían amplios excedentes, como los muiscas, hasta organizaciones menos avanzadas de recolec- tores y cazadores, generalmente en las tierras bajas, pasando por comunidades tribales de desarrollo…

p. 19
[16]

múltiples y distintas: iban desde agrupaciones que habían alcanzado etapas superiores de agricultura sedentaria y producían amplios excedentes, como los muiscas, hasta organizaciones menos avanzadas de recolec- tores y cazadores, generalmente en las tierras bajas, pasando por comunidades tribales de desarrollo…

p. 19
14Gramática de la lengua chibchaEzequiel Uricoechea · 2016 · p. 281 cita
[19]

inundación a Chibchacum como veremos enseguida. Entre sus deidades estaban Bochica, dios bienhechor y protector especial de los uzaques y de los capitanes de sus familias; Chibcha- cum, dios encargado especialmente de la nación chibcha y de ayudar a los labradores, mercaderes y plateros; Chaquen, dios encargado de los…

p. 28
15Los muiscas. La historia milenaria de un pueblo chibchaCarl Henrik Langebaek · 2019 · p. 103, 1092 citas
[22]

y sangrientas guerras entre los grandes c caciques muiscas como parte de proyectos de expansión territorial, Los documentos simplemente no mencionan nada que apoye esas empresas militares que, según los cronistas, existieron. No conozco una sola mención de que después de la conquista alguna comunidad hubiera…

p. 109
[54]

efectivos ala hora de meter miedo a los españoles. Por un lado, sus armas eran bastante menos atemorizantes que las de sus vecinos; apenas usaban tiraderas que arrojaban dardos sin el terrible veneno que se usaba en otras partes, además de macanas y lanzas. Más importante aún: no los amenazaron con comerlos, ni con…

p. 103
16Historia de Colombia. Descubrimiento y Conquista IGermán Arciniegas, Mauricio Obregón, Jorge Morales, Roberto Pineda Camacho, Javier Ocampo López, et al. · p. 1231 cita
[23]

como el Amazonas, Orinoco, Paraná y Mag- dalena, eran asiento de pueblos riquísimos y fabu- losos. Su cauce (se pensaba) guardaba ingentes te- soros auríferos, al igual que los lagos y lagunas del interior. Al tenerse conocimiento de la ceremonia de su- cesión del mando en la laguna de Guatavita, se co- rroboró la…

p. 123
17Biografía del CaribeGermán Arciniegas · 2016 · p. 169, 264, 2743 citas
[24]

la de Francis Fletcher, el compañero de Drake en el viaje alrededor del mundo. Y en la cima de todo podríamos colocar a sir Walter Raleigh con El Dorado de su Guayana mitológica. Por lo demás, de América no hay otro lugar en donde la fábula esté mejor representada que en el Caribe. Aquí está la isla de las amazonas de…

p. 169
[56]

por la edad del siglo. Era elocuente, garboso, manirroto. Tenía sus ideas. Volvió a España, anduvo por Italia, escribió libros de historia, crónicas de sus viajes. Pero su mente andaba divertida. Seguía pensando en El Dorado. Le hicieron adelantado, mariscal. Regresó a América. Fue gobernador de Cartagena. Pero su…

p. 264
[60]

no han leído las histo- rias de la conquista. Raleigh las cita todas. Muestra, como ejemplo, aquel párrafo en que López de Gómara habla del palacio de Huayna Cápac, antecesor directo del inca de Manao, que dice así: «Todo el servicio de su casa, mesa y cocina era de oro y plata, y cuando menos de plata y cobre por más…

p. 274
18El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · p. 1, 288, 3063 citas
[25]

entrada del recinto donde te- nía lugar el gran festejo ofrecían a los chibchas el símbolo admonitorio de la muerte. Estas tradiciones sobre la ablu- ción de los hombres cubiertos de oro dieron firme asidero a la creencia de El Dorado. Pero, en nuestro tiempo, exis- tía ya la tendencia a desplazar todo ello, de…

p. 306
[40]

relati- vamente desarrollada. Luego de que los pacíficos habitantes de la Sabana quedaron sometidos, no sin que dejaran de cometerse al- gunas innecesarias crueldades y asesinatos en la persona de sus jefes, dispuso Quesada construir una ciudad en algún punto favorable y adecuado. Eligió para ello el lugar de es-…

p. 288
[82]

el dorado er NST r ÖTH l ISB er G er viajes er NST r ÖTH l ISB er G er el dorado viajes Rothlisberger, Ernst, 1858-1926, autor El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericana. / Ernst Röthlisberger; presentación, Gustavo Silva. – Bogotá: Ministerio de Cultura: Bibliote- ca Nacional de Colombia,…

p. 1
19Historia de Colombia - La Colombia más Antigua IIRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), Juan Salvat, Roberto García Rojas (dirs.) · 1988 · p. 76, 912 citas
[26]

conocido de este tipo de obras es la balsa ilustrativa de la leyenda del cacique de Guatavita, en la cual se distinguen personajes de distintos tamaños, según su jerar- quía, lo mismo que en las representaciones de los cercados de los caciques, en los cuales sobresale la figura del jefe por su tamaño más grande. El…

p. 76
[63]

Guaviare se es- pecistizaron en la producción y comercialización del curare, a traves de un mercado del veneno que fun- cionaba en el alto Orinoco. Se ha mencionado que los caverres fueron también fabricantes de la fa- mosa quiriba, que desempeñó funciones de mo- Neda en los tiempos prehispánicos y coloniales. Los…

p. 91
20The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 4621 cita
[27]

would offer him gold or emeralds.... When word circulated that bearded men were coming who were search- ing carefully for gold among the Indians, they took much of what they had hidden and offered it at the lake. With this sacrifice, they pleaded for the cacica [a noblewoman said to live in the lake] to save them from…

p. 462
21La invención de El Dorado. Museos arqueológicos, imágenes cartográficas y redes de conocimiento en Colombia (1935-1955)Daniel García Roldán · 2022 · p. 1, 83, 262, 2924 citas
[28]

Ministerio de Educación era informado de la situación. Tal como lo señalaba Duque, durante el tiempo empleado para reversar ese proceso legal, “los particulares” tenían “ocasión para realizar excavaciones clandestinamente, con serios perjuicios para la defensa y con - servación de tales reliquias” 87. Un ejemplo…

p. 292
[30]

entre Colombia y el Ecuador, que la proporción de oro en ciertas piezas es mayor en la superficie y más baja hacia el centro interior del objeto, lo que revela que se usó una base de cobre sobre la cual se fundió una mezcla de cobre y oro, con martillado posterior o final. Los autores franceses (9) agregan que métodos…

p. 83
[78]

invocó con distintos propósitos como si fuese su propia máscara. Seis años más tarde, la revista Cromos publicaría un artículo de Claude Levi-Strauss titulado “Usted necesita enmascararse” a propósito de una exposición cele - brada en París; en el cierre de este artículo, el antropólogo francés afirmaba pi La…

p. 262
[79]

pi La invencion de El Dorado_final.indd 1 pi La invencion de El Dorado_final.indd 1 31/03/22 9:11 a. m. 31/03/22 9:11 a. m. pi La invencion de El Dorado_final.indd 2 pi La invencion de El Dorado_final.indd 2 31/03/22 9:11 a. m. 31/03/22 9:11 a. m. La invención de El Dorado pi La invencion de El Dorado_final.indd 3 pi…

p. 1
22Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IErnesto Guhl · 2016 · p. 2101 cita
[29]

no se ha aventurado a trepar hasta la cima sagrada ni se ha adentrado por los campos de la geología. Pero sucede que toda la región de Guata- vita, en muchas leguas alrededor, ni es volcánica, ni tiene rastros de rocas ígneas. Por la misma razón se descarta la idea de que se debió a un hundimiento a manera de…

p. 210
23Economías prehispánicas de ColombiaAlberto Gómez Gutiérrez, Ignacio Briceño Balcázar, Jaime Eduardo Bernal Villegas, Carlos Eduardo López Castaño, Martha Cecilia Cano Echeverri, Francisco Javier Aceituno Bocanegra, Nicolás Loaiza Díaz, Andrea M. Cuéllar, María Alicia Uribe Villegas, Marcos Martinón-Torres, Santiago Giraldo, Daniela Castellanos Montes, Marianne Cardale de Schrimpff, Carl Henrik Langebaek, María Antonieta Corcione Nieto, Catalina Zorro, Luisa Mendoza, Marcela Bernal, Lucero Aristizábal, Leonor Herrera · p. 182, 191, 208, 2278 citas
[31]

delicadas y otro algo burdo en las figuras más grandes. F OTOGRAFÍA 5. C ONJUNTO VOTIVO HALLADO EN S UBA, B OGOTÁ, D. С. Nota: las figuras representan mujeres con niños, hombres con diferentes atributos, bebés en cunas, animales y objetos cotidianos (O33278 a O33311. Colección Museo del Oro, Banco de la República).…

p. 191
[32]

delicadas y otro algo burdo en las figuras más grandes. F OTOGRAFÍA 5. C ONJUNTO VOTIVO HALLADO EN S UBA, B OGOTÁ, D. С. Nota: las figuras representan mujeres con niños, hombres con diferentes atributos, bebés en cunas, animales y objetos cotidianos (O33278 a O33311. Colección Museo del Oro, Banco de la República).…

p. 191
[33]

larga secuencia de ocupaciones humanas en el altiplano, iniciada hace unos 12.000 años, y sus evidencias se encuentran sin interrupción desde el 900 d. C. aproximadamente hasta la conquista española en el siglo XVI y aún varios siglos después, durante el período colonial, en algunas regiones (Langebaek, 1995). M APA…

p. 182
[34]

larga secuencia de ocupaciones humanas en el altiplano, iniciada hace unos 12.000 años, y sus evidencias se encuentran sin interrupción desde el 900 d. C. aproximadamente hasta la conquista española en el siglo XVI y aún varios siglos después, durante el período colonial, en algunas regiones (Langebaek, 1995). M APA…

p. 182
[36]

Imagen 3, en el SEM en el que se revela una estructura metálica con dendritas de gran tamaño producto de un enfriamiento lento del metal líquido dentro del molde (O33297. Colección Museo del Oro, Banco de la República). Fuente: Marcos Martinón-Torres. En cambio, sí tenemos evidencias de un instrumento esencial para…

p. 208
[37]

Imagen 3, en el SEM en el que se revela una estructura metálica con dendritas de gran tamaño producto de un enfriamiento lento del metal líquido dentro del molde (O33297. Colección Museo del Oro, Banco de la República). Fuente: Marcos Martinón-Torres. En cambio, sí tenemos evidencias de un instrumento esencial para…

p. 208
[38]

yopo (Anadenanthera sp.), un potente alucinógeno utilizado exclusivamente por estos especialistas, decorada con una figura en postura ritual de canasto. Por lo numeroso de las piezas, su gran tamaño y los temas, pensaríamos en un oferente masculino de alto rango vinculado a la religión, tal vez un jeque o algún otro…

p. 227
[39]

yopo (Anadenanthera sp.), un potente alucinógeno utilizado exclusivamente por estos especialistas, decorada con una figura en postura ritual de canasto. Por lo numeroso de las piezas, su gran tamaño y los temas, pensaríamos en un oferente masculino de alto rango vinculado a la religión, tal vez un jeque o algún otro…

p. 227
24La gente de GuambíaRonald A. Schwarz · 2018 · p. 511 cita
[35]

son decepcionantes, y los datos de la antigüedad de esta área son insuficientes. No se han descubierto sitios de poblados grandes, pero se han encontrado algunos cimientos de casas marcadas con anillos de piedra. Los muiscas enterraban sus difuntos en cuevas secas y en tumbas de pozo, algunas de estas últimas…

p. 51
25Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · p. 1131 cita
[41]

a los que habían venido a caballo y el cuádruple a los capitanes; Quesada recibió 5 partes y se reservaron 10 para Fernández de Lugo. Como ocurría siempre en situaciones similares, a la relativa abundancia de oro correspondía la gran escasez de artículos españoles, y en especial de aquellos más necesarios para las…

p. 113
26Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 63, 1382 citas
[43]

la fertilidad de sus tierras, contaba con una fuerza de cuarenta mil hombres. En un principio, los muiscas creyeron que los españoles eran hijos del sol y de la luna, y habían sido enviados por el creador para castigarlos por sus pecados. El vocablo con el que se referían a los invasores era uchies, conjunción de usa,…

p. 63
[81]

dio más tiempo para ir a presentar sus respetos al hombre por el que había desviado su camino: José Celestino Mutis. La visita se alargó por dos meses. Mutis deleitaba a Humboldt con sus historias de Guatavita y las leyendas de El Dorado; con el recuento acerca de las dificultades técnicas de la extracción de sal en…

p. 138
27Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 1011 cita
[44]

half of his party to shipwreck at the mouth of the Magdalena and to disease, insects, and hunger on the march. After easily overcoming armed resistance, Jimenez de Que- sada and his lieutenants occupied the entire Muisca territory and on August 6, 1538, founded the city of Santafe (present-day Bogota, known as Santa…

p. 101
28Memorias para la historia de la medicina en Santafé de BogotáPedro María Ibáñez · 2017 · p. 221 cita
[45]

salió el 6 de abril del año de 1536 otra expedición de 705 hombres mandada por don Gonzalo Jiménez de Quesada, con el objeto de conquistar las tie- rras situadas a las cabeceras del río Magdalena. Quesada enfermó gravemente en el Carare, lugar en donde dispuso que Juan Gallegos regresase a Santa Marta con los enfer-…

p. 22
29Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 671 cita
[47]

éste. Entre tanto, en cumplimiento de las órdenes recibidas de Quesada, Martín Galeano procedió a efectuar la fundación de Vélez, en 1539. Por su parte, el 6 de agosto de 1539, en el sitio que ocu- para la antigua capital de los zaques, Hunza, Gon- zalo Suárez Rendón fundó la ciudad de Tunja. Mientras los españoles…

p. 67
30Invading Colombia: Spanish Accounts of the Gonzalo Jiménez de Quesada Expedition of ConquestJ. Michael Francis · 2007 · p. 1221 cita
[50]

person. He left his brother, Hernán Pérez de Quesada, behind as his lieutenant. In preparation for his journey, Jiménez EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 7:55:46 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 1 0 | I n v A d I n G C o l o M b I A…

p. 122
31El Orinoco ilustradoJoseph Gumilla · 2016 · p. 390, 396, 4013 citas
[58]

provincias donde rayase la luz del Santo Evangelio, como por su bondad rayó, creció y llegó 134 Fray Pedro Simón, Noticias historiales o conquistas de Tierra Firme, noticias 6 y 7, caps. 7 y 8. 391 Eí Ondicec dírstnaóc a claro y perfecto día, mediante la predicación de muchos varones apostólicos que reputaron el oro…

p. 390
[59]

noticias, ya verificadas del famoso Dorado y de sus gentes; ojalá sea cuanto antes, para bien y salud eterna de aquellas almas. Dos palabras debo explicar antes de pasar adelante: la primera es Manoa, nombre que dan los mapas a la ciudad principal de El Dorado, y digo que Manoa es en lengua achagua tercera persona del…

p. 401
[64]

recibidos, se ingenian, y con buen pre - texto buscan quién los vengue. De aquí nace en los jueces prácticos que cuando oyen la acusación que hace un indio contra otro, se ponen a pensar y, antes de responderle, pa- san a averiguar, ¿qué agravio hizo el acusado al acusador? Y ciertamente hallan que el acusado hizo…

p. 396
32La tierra no basta. Colonización, baldíos, conflicto y organizaciones sociales en el CaquetáCentro Nacional de Memoria Histórica, Erika Andrea Ramírez Jiménez · 2017 · p. 341 cita
[61]

Cubeos, entre otros. Pero es- tos pueblos fueron objeto de un sistemático proceso de extermi- 35 1 De los Andes a la selva: la conquista de la Manigua. Geografía de la colonización en el Caquetá nio y reducción. La inserción del espacio amazónico en la nación comenzó con las exploraciones e incursiones de los…

p. 34
33El río: exploraciones y descubrimientos en la selva amazónicaWade Davis · 2017 · p. 3001 cita
[62]

no le daban oro saqueaba las aldeas, mataba a los hombres, les hacía cortar los senos a las mujeres y las narices y las orejas a los niños. Su tropa violaba y pervertía por doquier. Al notar que los indios no temían que los colgaran, dio instruccio- nes a sus hombres para que los empalaran, insertando una estaca entre…

p. 300
34Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 281 cita
[65]

corte, el único lugar donde podía obtener por merced real su título de gobernador. Otra razón para que Belalcázar se dirigiese al norte debía estar relacionada con las experiencias de dos de sus compañeros, Juan de Avendaño y Luis de Sanabria. Aven- daño había hecho parte de la exploración de Diego de Ordás, Orinoco…

p. 28
35Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 1661 cita
[66]

cuatro años antes de su muerte, en 1642. Desde el punto de vista historiográfico, Rodrí- guez Freyle se basa en las crónicas de fray Pedro Simón, el padre Juan de Castellanos y en la ex- tensa tradición oral americana. Rafael Humberto Moreno-Durán considera que esta obra, concebi- da inicialmente como una crónica,…

p. 166
36Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · p. 38, 412 citas
[67]

des migraciones y el Nuevo Reino de Granada se encerró sobre sí mismo a la manera de Macondo en Cien años de soledad. Lo único dinámico era la danza burocrática de funcionarios yendo y viniendo para ocupar la presidencia de la Real Audiencia. Rodríguez Freyle mostró en El Carnero cómo el Nuevo Mundo, especialmente en…

p. 41
[69]

opuesto, iba a decir, de lo que en España poseemos y gozamos. Pues los hombres (queden siempre reserva- dos los buenos) ¡qué redundantes, qué abundosos de palabras, qué estrechos de ánimo, qué inciertos de crédito y fe; cuán rendidos al interés, al ahorro! ¡Qué mal se avienen con los de acá, observando diversas…

p. 38
37La tierra de los tesoros tristesSimón Posada Tamayo · 2022 · p. 14, 47, 1093 citas
[71]

a como diera lugar, y ofreció 400 pesos por ella, pero Ramos Ruiz no quiso y prefirió regalársela a Mary Castello Brandon, la esposa de Salomón Koppel, el fundador del Banco de Bogotá, el primer banco fundado en el país. Bastian estuvo negociando con Koppel durante varios meses; incluso, apeló a su espíritu alemán…

p. 109
[74]

dinero para adquirir objetos tan costosos. Por eso, puede decirse que el Museo del Oro también es, de cierta forma, un museo del olvido y de la historia muda de Colombia. Además, no deja de ser curioso, y un tanto contradictorio, que sea un banco el que haya tomado como propia la protección de estas piezas de oro: el…

p. 14
[77]

cenar y compró un título nobiliario: Marqués de Miraflores, de la Casa Borbón. El antropólogo Víctor Ortiz es, quizá, la persona que más ha investigado la vida de Coriolano Amador. En una ocasión, durante un viaje a España, logró encontrar una pista de este último misterio: una pista en forma de sopera de oro, de 13…

p. 47
38Historias del arte en Colombia. Identidades, materialidades, migraciones y geografíasOlga Isabel Acosta Luna, Natalia Lozada Mendieta, Juanita Solano Roa · p. 40, 492 citas
[72]

civilizaciones anteriores sin ningún reconocimiento del pasado, el presente o el futuro de la cultura a la que pertenecen. La vasija de Chirajara, si bien responde a uno de los múltiples tipos de ofrendatarios o “alcancías” que se han encontrado de la cultura muisca, entró, a partir de 1882, a utilizarse como pieza…

p. 49
[73]

de Bogotá. Esta vasija de barro, pintada de rojo ocre y blanco, que mide 25 × 18 cm, apareció descrita y representada en el texto “El Dorado” que Zerda publicó por entregas a partir de julio de 1882 en el Papel Periódico Ilustrado, como una figura indígena sentada, con una apertura de tipo ánfora, llena de muchas…

p. 40
39Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 481 cita
[75]

embargo, por la misma época, la colonización antioqueña del Gran Caldas se hizo en gran parte profanando las tumbas de los indígenas Quimbayas, ricas en objetos orfebres. Un grupo de comerciantes financiaba el saqueo de las tumbas, fundiendo y atesorando estas piezas; algunos las conservarían formando las primeras…

p. 48
40Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 961 cita
[76]

y ancho del país, funcionando en su mayoría en construcciones que, si bien tie- nen una significación especial en la historia de las ciudades o simple- mente son lo suficientemente espa- ciosas para las labores museológicas, no fueron concebidas como museo. Sólo muy pocos museos funcionan en edificaciones diseñadas…

p. 96
41Notas de viaje sobre Venezuela y ColombiaMiguel Cané · 2016 · p. 1891 cita
[80]

Libertador llevaba botas con el tacón herrado y yo tuve la precaución de descalzarme previamente; yo estaba en la fuerza de mis dieciocho años y esto excusa en parte mi temeridad. Un paso en falso, un resbalón, habrían bastado para que no estu- viese contando el cuento. Veces hay que se me erizan los cabellos al…

p. 189
42World Right Side Up: Investing Across Six ContinentsChristopher W. Mayer · 2012 · p. 51 cita
[83]

the be st asse ts and the majority of the une xplore d land in the most prospe ctive basins. Ecope trol also con- trols ke y oil transport infrastructure (think pipe line s, loading stations, and ports) as w e ll as high-impact e xploration lice nse s in Brazil, Pe ru, and the 1,000 900 800 700 600 500 400 1995 1996…

p. 5