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Idea · Prehispánico

Geografía sagrada

Sistema de significados que ordenaba el paisaje prehispánico colombiano —lagunas, cerros, raudales, cuevas— articulando astronomía, hidrografía y sacerdocio hereditario en una arquitectura espacial compartida por sociedades tan distintas como la muisca, la tairona, la agustiniana y los pueblos amazónicos del Vaupés.

4.440 palabras33 documentos50 fragmentos citados
Geografía sagrada

Trayectoria de una idea

  1. -1200

    Primeras influencias mesoamericanas y culto al jaguar

  2. 100

    Orfebrería agustiniana y primeros centros funerarios monumentales

  3. 550

    Apogeo constructivo de San Agustín y Tierradentro

  4. 900

    Consolidación de la geografía sagrada tairona en la Sierra Nevada

  5. 1200

    Red hídrica sagrada muisca y astronomía del altiplano

  6. 1536

    Conquista española y ruptura de los nodos institucionales

  7. 1976

    Redescubrimiento arqueológico de Ciudad Perdida (Teyuna)

  8. 2018

    Reconocimiento jurídico de la Línea Negra y territorios bioculturales

03

La lectura

La geografía sagrada no fue una superstición dispersa sino una ciencia del territorio: un sistema estructurado en el que cada laguna, cerro, raudal o cueva ocupaba un lugar preciso dentro de un orden cósmico sostenido por especialistas hereditarios que leían el paisaje como otros leen un texto. Su gramática —la triple articulación entre astronomía, hidrografía y linaje sacerdotal— reaparece con variantes en sociedades tan distantes entre sí como los muiscas del altiplano, los taironas de la Sierra Nevada, los constructores de San Agustín y los pueblos amazónicos del Vaupés, lo que sugiere no una red ritual integrada sino condiciones ecológicas y lingüísticas análogas que produjeron soluciones convergentes. La conquista española demolió sus nodos materiales —columnas, templos, cercados ceremoniales— pero no pudo extinguir la lógica: los mamas kogui siguieron leyendo el territorio con las mismas coordenadas, y el derecho constitucional colombiano terminó por reconocer esa continuidad al proteger los territorios ancestrales como espacios bioculturales inseparables de la identidad. La geografía sagrada es, en ese sentido, uno de los pocos conceptos prehispánicos que ha atravesado la conquista, la colonia, la república y la modernidad sin perder su capacidad operativa.

En el territorio que hoy llamamos Colombia, siglos antes de que Gonzalo Jiménez de Quesada remontara el Magdalena en 1536, el paisaje ya estaba leído. Lagunas de altura, cerros tutelares, raudales, cuevas, montañas de cuarcita, cascadas: cada accidente geográfico ocupaba un lugar dentro de un sistema de significados que ordenaba el tiempo agrícola, el linaje de los señores, la circulación de bienes rituales y el destino de los muertos. La geografía sagrada prehispánica no fue un inventario disperso de sitios devotos, sino una arquitectura espacial —articulada por astronomía, hidrografía y sacerdocio hereditario— que sociedades tan distintas como la muisca del altiplano cundiboyacense, la tairona de la Sierra Nevada de Santa Marta, la de San Agustín en el Alto Magdalena y los pueblos amazónicos del Vaupés codificaron en el paisaje con gramáticas análogas. La conquista quebró sus nodos institucionales —templos, jeques, uzaques—. La lógica, sin embargo, sobrevivió: en los mamas kogui, en la Línea Negra reconocida en 2018 y en la jurisprudencia constitucional que hoy protege los territorios ancestrales como espacios bioculturales inseparables de la identidad.

El paisaje como texto

Geografía sagrada nombra aquí un hecho preciso: el territorio no era, para las sociedades prehispánicas del actual territorio colombiano, un soporte neutro de la vida material, sino un cuerpo cargado de agencia. Los ríos y las lagunas hablaban, las montañas habían sido dispuestas por los dioses, las rocas tenían biografía mítica. Los cronistas coloniales anotaron que los chibchas escogían grutas, cascadas, lagos y montañas como lugares de culto, con predilección por las lagunas de altura. En la selva del Vaupés y el río Negro, grupos indígenas atribuían origen mítico a rápidos, ríos, islas, canales, rocas, montañas y selvas: el paisaje entero funcionaba como memoria material de un tiempo primordial.

Esa lectura del territorio no era metafórica. Los mitos de origen makuna sitúan en las montañas de cuarcita amazónicas el límite del territorio divino, establecido por los dioses al llegar de la Vía Láctea para poblar la Tierra. En la cosmología ette de la región chimila, la estructura del cosmos y la de una vivienda se replican mutuamente: el cielo descansa sobre pilares como el techo sobre postes, y esos pilares pueden ser dos o cuatro, ubicados en los puntos cardinales o en los del solsticio, con variaciones equivalentes en la arquitectura doméstica. Cuando un ette construía su casa, reproducía a escala el orden del mundo; cuando salía al paisaje, caminaba dentro de una geografía que prolongaba, literalmente, esa casa.

Lo que unifica estos casos es la triple articulación entre astronomía —el ciclo de solsticios y equinoccios como reloj cósmico—, hidrografía —el agua como umbral con lo sobrenatural— y linaje sacerdotal —especialistas hereditarios que monopolizaban la interpretación del paisaje—. Esa triada reaparece, con variantes, en la Sierra Nevada tairona, en el altiplano muisca y en la selva amazónica. No implica comunicación consciente entre esas sociedades ni una red ritual integrada a escala suprarregional; sí una gramática compartida, producida en parte por condiciones ecológicas y agrícolas análogas, en parte por el sustrato lingüístico chibcha que enlaza a muiscas, u'wa, kogui y otros.

Lagunas, cerros y raudales: la hidrografía de lo divino

Ninguna imagen resume mejor la geografía sagrada del altiplano que la laguna de Guatavita. Redonda, encajada entre montañas al noreste de Bacatá, fue el escenario del rito de investidura del heredero del cacicazgo de Guatavita: recubierto de polvo de oro, entraba en balsa hasta el centro del espejo de agua y ofrendaba figuras y esmeraldas. La leyenda de El Dorado nació de ese rito, no de una ciudad. Pero Guatavita no era única. Iguaque, más al norte, fue el lugar mítico de emergencia de Bachué, la madre primordial asociada a la luna, que salió de sus aguas con un niño en brazos, pobló la tierra con su descendencia y regresó a la laguna transformada en serpiente. Fúquene, Tota y una constelación menor de espejos altoandinos completaban una red hídrica sagrada cuya lógica —el agua de altura como matriz y umbral— se repite con una constancia que descarta la casualidad.

Esa lógica no era exclusiva del altiplano. Los pueblos amazónicos percibían los canales y riachuelos de aguas lentas y oscuras como regiones habitadas por espíritus y demonios peligrosos. Las caídas de agua de Jirijirimo y los raudales de Yuruparí figuraban en el corpus mítico como habitaciones de los espíritus: no meros accidentes fluviales, sino direcciones cósmicas. En la Sierra Nevada, el testimonio de Adalberto —recogido por la etnografía contemporánea— describe cómo su tío Juan Bautista y su padre José de Jesús, ambos mamas, vivían en las alturas de Mamancanaca y recogían plantas medicinales en la periferia de los lagos sagrados. Residencia en altura, proximidad al agua y práctica ritual formaban una sola unidad.

Las montañas cumplían el papel complementario. El cerro Chiribiquete, en la Amazonia colombiana, aparece en las clasificaciones indígenas como habitación de los espíritus. Los cerros Majuy, Monserrate y Guadalupe cerraban por el sur y el oriente la Sabana de Bogotá con una función tutelar sobre Bacatá que los cronistas registraron con dificultad, porque la imposición del culto cristiano sobre sus cumbres fue temprana y sistemática. El Cocuy, en la Sierra Nevada oriental, era y sigue siendo para los u'wa el eje del mundo. La montaña alta —punto de contacto entre la tierra y el cielo, sede de los ancestros, fuente del agua— funcionaba en todos estos casos como institución cósmica antes que como accidente geográfico.

Esta jerarquía del paisaje se acoplaba al calendario. Los sacerdotes taironas construían templos y centros ceremoniales en función del ciclo de solsticios y equinoccios y formulaban un calendario agrícola y ceremonial gobernado por esos fenómenos. Los muiscas desarrollaron astronomía y meteorología a partir de su actividad agrícola y estructuraron sobre ellas sus formas religiosas y su calendario. El agua bajaba de las montañas cuando el sol alcanzaba el punto correcto en su recorrido anual, y esa coincidencia —agrícolamente vital, ritualmente cargada— tensaba el nervio del sistema.

El Infiernito, los templos taironas y los observatorios del cielo

El sitio conocido como El Infiernito, en Sáquenzipa cerca de Villa de Leyva, condensa como ningún otro el pensamiento astronómico muisca. Los doctrineros españoles lo bautizaron con ese nombre por considerarlo lugar diabólico; se trata de un complejo de columnas de piedra que la investigación describe como importante centro ritual y científico. Columnas similares se han reportado cerca de Tunja, Ramiriquí, Tibaná y otros puntos de Boyacá, lo que sugiere una red de emplazamientos análogos por todo el corazón muisca. Las columnas de Villa de Leyva presentan una muesca cerca de la extremidad orientada al oriente, cuya interpretación —función práctica para el transporte con sogas o símbolo fálico— se ha debatido, con la lectura utilitaria como hipótesis más sobria.

La función astronómica precisa del conjunto no está completamente resuelta, pero su vinculación con el pensamiento científico muisca es firme. Y su destino, elocuente. Los doctrineros iniciaron su destrucción en el siglo XVI y el proceso continuó durante siglos: muchas columnas fueron extraídas e incorporadas en construcciones campesinas y urbanas de Villa de Leyva. El aspecto desolador que hoy presenta el sitio delata esa demolición larga, prolongada por la evangelización colonial y por la simple depredación material.

En Funza, Tunja y Sogamoso se han hallado vestigios de postes u horcones de madera correspondientes a construcciones circulares u ovaladas, pero ninguna casa muisca ha sido sistemáticamente excavada. Esa laguna arqueológica es determinante: mientras la tairona alcanzó un incipiente nivel urbano sostenido por grandes obras públicas —del que Ciudad Perdida es el testimonio superviviente—, la arquitectura muisca en piedra parece haberse concentrado en los complejos rituales, no en la vivienda ni en la infraestructura civil. Bacatá y Hunza, las dos capitales del zipazgo y del zacazgo, eran conjuntos de bohíos, empalizadas y cercados ceremoniales cuya materialidad se perdió casi completamente bajo las fundaciones coloniales.

Del lado tairona, el paisaje construido fue más denso. En 1976, los arqueólogos descubrieron Buritaca 200 —Ciudad Perdida, Teyuna—, una de las ciudades prehispánicas más grandes del continente, caracterizada por caminos enlosados, canales de riego, terrazas y plazoletas circulares dispuestas sobre las cuchillas de las montañas. Pueblito, o Chairama, ofrece una versión más accesible de la misma lógica urbanística. Estos asentamientos no eran sólo funcionales: articulaban el paisaje montañoso mediante una red de terrazas, obras hidráulicas y vías empedradas que hacía del territorio entero un sistema legible, orientado por las coordenadas astronómicas que los sacerdotes conocían.

Entre los taironas, el Sol y la Luna formaban una pareja sobrenatural cuyos linajes sacerdotales tenían asociaciones felinas: el jaguar y el puma simbolizaban a la vez la energía solar y la lluvia fertilizadora. El orden cósmico se articulaba en torno al ciclo de solsticios y equinoccios, y los sacerdotes construían templos y centros ceremoniales en función de esas coordenadas. La sofisticación arquitectónica de la Sierra Nevada tairona no era ornamental: traducía en piedra el calendario.

San Agustín y Tierradentro: el paisaje de los muertos

Al sur, en la cuenca alta del río Magdalena, otra geografía sagrada organizó el paisaje con la misma triple articulación —astronomía, hidrografía, sacerdocio— aplicada a un problema específico: la domiciliación monumental de los muertos importantes dentro del territorio. El parque arqueológico de San Agustín, en inmediaciones de los municipios de San Agustín e Isnos, en el actual departamento del Huila, constituye la necrópolis con vestigios monumentales de mayor extensión a nivel mundial. Contiene más de 400 esculturas en piedra dispersas sobre un área de aproximadamente 500 kilómetros cuadrados, junto con terraplenes, montículos funerarios, petroglifos, caminos y sarcófagos tallados. El período de mayor construcción de estos centros funerarios monumentales se concentra hacia los siglos V y VII de nuestra era.

La estatuaria agustiniana despliega un universo iconográfico denso —felinos, monos, lagartos, serpientes, ranas, águilas, búhos, deidades— organizado en tres grandes categorías: figuras antropomorfas, zoomorfas y bimorfas, estas últimas mezclando rasgos humanos y animales en la unidad de una sola piedra. La arquitectura funeraria combina túmulos de tierra que cubren templos y entierros, tumbas en pozos profundos con cámaras laterales, y sarcófagos tallados asociados a esculturas monumentales. Cada centro funerario formaba un conjunto: no una tumba aislada, sino un microcosmos ritual con su cámara, su túmulo, sus estatuas guardianas y su lugar preciso en el paisaje. Como en el altiplano o en la Sierra Nevada, el nodo ritual no se comprende fuera del sistema espacial que lo contiene.

La orfebrería agustiniana se practicó desde el primer siglo de nuestra era. Los artesanos obtenían oro de aluviones fluviales, lo fundían y laminaban —a veces aleándolo con cobre— para producir collares, zarcillos, diademas y pendientes. Esa producción metalúrgica temprana coexiste con la escultura lítica y con las modificaciones del paisaje: los distintos sitios de San Agustín no son enclaves aislados, sino nodos de un conjunto territorial más amplio que incluye montículos, terraplenes y otras intervenciones en la topografía. La curaduría del parque arqueológico ha tendido a presentarlos como separados entre sí, error interpretativo que Reichel-Dolmatoff advirtió: la estatuaria sólo se comprende en su amplio contexto geográfico y cultural. La dispersión sobre 500 kilómetros cuadrados no es una acumulación azarosa de hallazgos, sino la huella de una organización territorial que hacía del macizo entero un cementerio orientado.

Tierradentro, en el actual departamento del Cauca, ofrece la contrapartida subterránea. Sus hipogeos —cámaras funerarias excavadas en la toba volcánica, decoradas con pintura mural geométrica— descienden en pozos con escalinatas talladas hasta cámaras cuyos techos, columnas y muros están pintados en rojo y negro sobre fondo blanco, con motivos geométricos que reproducen los tejidos y los diseños corporales. Su estatuaria hallada en El Tablón, cerca de San Andrés de Pisimbalá, presenta figuras hieráticas con proporciones no naturalistas, rigidez y estatismo. Donde San Agustín levantó a sus muertos en estatuas y túmulos visibles, Tierradentro los enterró en cámaras invisibles y decoradas: dos soluciones a un mismo problema, la domiciliación monumental del linaje en el territorio. La geografía sagrada del macizo colombiano se organizaba, en estas dos culturas, alrededor de una operación común: convertir el paisaje en topografía de linajes y ancestros. La misma operación que en el altiplano se hacía con las lagunas y en la Sierra Nevada con las cumbres.

Hacia 1200 a.C., según la lectura de Reichel-Dolmatoff, aparecieron influencias mesoamericanas en la costa Atlántica y en la región de Tumaco, con la introducción de elementos como túmulos, espejos de obsidiana, formas cerámicas y el culto al jaguar. Ese sustrato temprano, distribuido de forma desigual, permite entender por qué el felino aparece como figura central tanto en la iconografía agustiniana como en la simbología sacerdotal tairona: no una casualidad, sino la huella de una circulación cultural antigua cuyos detalles se han perdido pero cuyos ecos son legibles.

Los sacerdotes: linajes que leían el territorio

Ningún sistema espacial funciona sin especialistas que lo interpreten. En las sociedades prehispánicas del actual territorio colombiano, la geografía sagrada estaba en manos de sacerdocios hereditarios cuya autoridad no derivaba del poder militar sino de un conocimiento largamente formado.

Entre los muiscas, los jeques debían pasar años de reclusión en un seminario, practicar el ayuno y dedicar su vida al estudio de la religión y de sus ejercicios esotéricos antes de acceder al oficio. Los señores de los principales centros ceremoniales no eran caciques tributarios comunes: eran sacerdotes de alto rango que, por esa razón, no se sujetaban al poder civil o militar del Zipa de Bacatá ni del Zaque de Hunza. El caso más notable era el sacerdote de Iraca, en Suamox —la actual Sogamoso—, cuya autoridad ritual sobre el Templo del Sol lo colocaba fuera del organigrama político y lo hacía interlocutor autónomo. Sus funciones incluían el manejo del calendario agrícola y ceremonial, vinculado al desarrollo de la astronomía y la meteorología, en un panteón que reunía a Chiminigagua, principio creador; Bachué, asociada a la luna; Bochica, el sol, dios bienhechor y protector de los uzaques y capitanes; Chibchacum, dios de la nación chibcha y protector de labradores, mercaderes y plateros; y divinidades menores como Chaquen y Nemcatacoa asociadas a actividades socioeconómicas específicas.

Del lado tairona-kogui, la estructura era análoga y quizá más sacerdotal aún. Los kogui organizaban gran parte de su vida social alrededor de los templos, concebidos como representaciones del útero de la Madre Universal. Reichel-Dolmatoff argumentó una continuidad histórica fundamental entre kogui y taironas, tesis que ha guiado buena parte de la etnografía colombiana del siglo XX pero que se presenta más como convicción de un investigador que como hecho arqueológicamente unánime. La estructura de linajes sacerdotales hereditarios que controlan casas ceremoniales aparece también entre los u'wa de la Sierra Nevada del Cocuy, y su parecido con lo que los cronistas describieron para los muiscas resulta demasiado sistemático para ser mera coincidencia.

En la Amazonia, la lógica se traducía en la figura del chamán como mediador cósmico. En la mitología tukano-desana, el Sol creó seres intermediarios: Emëkóri-mahsë, colocado en el cielo para establecer las normas de la vida espiritual; Diroá-mahsë, en los ríos, encargado de lo corporal y la salud; Vihó-mahsë, en la Vía Láctea, como intermediario. El chamán reproducía en la práctica ritual ese esquema: recogía el alma de la presa de cacería y la remitía a su lugar de origen para garantizar la reproducción de los animales, interviniendo mediante salmos, rezos y ceremonias. La geografía sagrada no era un mapa fijo, sino un dispositivo activo que exigía manejo constante, y el especialista ritual tenía las llaves.

Existía además una jerarquización del espacio ritual. En algunas sociedades chibchas se reconocían lugares ceremoniales de especial importancia desde los cuales se consideraba que se habían originado otros centros: una geografía con centros y periferias, con nodos principales y derivados. El Templo del Sol de Sogamoso ocupaba, dentro del mundo muisca, esa posición matriz.

Homologías: cosmos, cuerpo, casa, territorio

La coherencia del sistema no residía sólo en la existencia de nodos sagrados articulados, sino en un principio de fondo: la homología entre escalas. El cosmos, el cuerpo, la casa y el territorio se replicaban unos a otros, y esa replicación hacía inteligible el paisaje.

En la cosmología ette, la Tierra del Medio se imagina como una gran habitación, y las habitaciones tradicionales se erigen siguiendo el modelo que la Tierra del Medio ofrece. Los postes laterales y las esquinas de la casa representan los puntos extremos de aparición y desaparición del sol durante los solsticios en las versiones de cuatro postes, o durante los equinoccios en las de dos. El etnónimo ette kooronda designa tanto al pueblo que habita el firmamento como a las poblaciones indígenas que residen en los macizos serranos: el orden mítico y el geográfico coinciden porque ambos son manifestaciones de la misma estructura. La cosmología ette contempla al menos tres niveles superpuestos —una región inferior habitada por criaturas enormes entre las que figuran caimanes y armadillos, imagen que comparten los zenú del Caribe; la Tierra del Medio de los humanos; y un firmamento habitado— cada uno homólogo a los demás.

En los objetos rituales aparece la misma lógica. Los canastos embera-chamí representan la matriz femenina. El recipiente del yagé entre los barasana tiene una abertura llamada puerta o vagina. El poporo —el recipiente de cal utilizado con la coca en la Sierra Nevada— admite lectura como símbolo de vientre y recipiente de vida, aunque esa interpretación no es unánime. Las narigueras femeninas de oro entre los cuna remiten a la presencia solar de Ibelel, un héroe transformador que navega en el sol y vigila la conducta humana. El objeto ritual, la geografía y el cuerpo compartían las mismas correspondencias: una nariguera podía ser también un fragmento de sol.

Esta lógica homológica explica por qué el territorio no era divisible como propiedad: no se poseía un fragmento de cosmos como se posee un lote. El territorio wayuu incluye el lugar de entierro de los muertos y el sitio del ombligo familiar-clanil, elementos que definen la identidad cultural y la vida comunitaria. La imposibilidad de permanecer en el territorio —por desplazamiento, por despojo— impide enterrar a los muertos y desarrollar la vida cultural, y constituye por ello una ruptura profunda de la identidad, no una simple pérdida material. El territorio era, y sigue siendo, un cuerpo colectivo.

El oro y las esmeraldas: materia prima de lo sagrado

La geografía sagrada tenía economía. El oro y las esmeraldas eran los materiales con los que se ofrendaba a las lagunas, se enterraba a los señores y se representaba a las divinidades, y su circulación dibujaba una cartografía material del sistema ritual.

Los muiscas carecían de depósitos auríferos en su territorio. El oro debía obtenerse mediante intercambio con grupos vecinos o lejanos, lo que convertía la materia prima orfebre en un bien de circulación interregional con carga simbólico-religiosa. El intercambio de bienes entre los muiscas estaba mediado, en parte importante, por la importancia simbólico-religiosa de ciertos recursos —el oro entre ellos—, y no únicamente por necesidades alimenticias: aquello que se movía por las rutas comerciales era también aquello que hacía posible el ritual. La orfebrería muisca, caracterizada por una calidad bidimensional y estilizada, era el resultado final de esa cadena de circulación.

Las esmeraldas, en cambio, eran de origen local. Constituían uno de los principales artículos de exportación muisca, junto con sal, coca y telas de algodón, y sus minas se ubicaban en los confines de la provincia de Tunja, bajo el señorío del cacique Sumindoco —o Somondoco—, sujeto del gran cacique de Tunja. La extracción iba acompañada de prácticas rituales y adivinatorias: no era una operación técnica separada del ámbito sagrado, sino su prolongación.

La producción y uso de objetos de orfebrería muisca se extendió hasta bien entrada la época colonial, a pesar de las campañas españolas de extirpación de idolatrías y de la imposición del tributo en oro. El objeto ritual sobrevivió como práctica clandestina durante generaciones, señal de que la geografía sagrada no desapareció con la caída militar de los cacicazgos.

La ruptura: 1537 y sus secuelas

La conquista española del altiplano cundiboyacense en 1537 y la campaña sobre la Sierra Nevada durante las décadas siguientes no fueron sólo derrotas militares. Fueron la demolición sistemática de la infraestructura institucional que sostenía la geografía sagrada.

Hernán Pérez de Quesada dio muerte violenta al último zaque de Hunzahúa —Tunja— y a todos los uzaques y capitanes viejos congregados en Tunja con motivo del matrimonio de su señor. Con ese acto eliminó de una sola vez a los depositarios de las tradiciones orales que habrían podido suplir la pérdida de los archivos rituales. La esclavitud colonial degradó a los indios de Sogamoso hasta el punto de que, cuando el autor de una de las relaciones coloniales visitó el lugar, ninguno pudo indicar con seguridad dónde había estado el Templo de Iraca. La memoria del centro ceremonial más importante del mundo muisca se disolvió en dos o tres generaciones.

El Infiernito fue calificado por los doctrineros como lugar diabólico, y su destrucción sistemática comenzó ya en el siglo XVI. La conquista interrumpió violentamente el proceso histórico de formación política muisca cuando aún existían ocho soberanos independientes y el sacerdote de Iraca era una figura relevante cuya muerte implicó la pérdida de tradiciones y memoria histórica.

En la Sierra Nevada, la represión contra los taironas fue brutal y programática. El gobernador Juan Guiral Velón ordenó capturar, torturar, mutilar o desmembrar a todos los jefes indígenas para exhibir sus miembros en jaulas. Los españoles arrasaron aldeas, destruyeron campos de maíz para desvertebrar la economía indígena, y sometieron a la población a una violencia que buscaba no sólo la victoria militar sino el aniquilamiento del orden social. Las tribus se dispersaron, se desorganizaron y perdieron la noción de haber sido poderosas: una sociedad de soldados se transformó en una sociedad de sacerdotes refugiados en las alturas de sus montañas y sus dogmas.

La fundación de ciudades funcionó como el instrumento colonial de posesión. Cada nueva fundación urbana significaba la apropiación del territorio indígena y la organización de su explotación económica, y ese sistema urbano respondía a las necesidades de extracción de riqueza de una minoría externa, no a las de las poblaciones originarias. La geografía colonial se superpuso a la sagrada con la exactitud de una borradura: Santafé de Bogotá sobre Bacatá, Tunja sobre Hunza, Villa de Leyva junto a las columnas destruidas de El Infiernito.

La borradura, sin embargo, no fue total. El espíritu de la civilización tairona pervivió en las creencias y rituales de los kogui, wiwa y arhuacos, conocidos como Hermanos Mayores. La producción orfebre muisca sobrevivió durante generaciones. La toponimia conservó nombres: Guatavita, Iguaque, Bacatá, Sogamoso, Cocuy. Lo que se perdió fueron los nodos institucionales —el jeque, el uzaque, el templo, el observatorio— que hacían del sistema una totalidad legible. Lo que sobrevivió fueron los fragmentos, distribuidos entre la práctica clandestina, la memoria dispersa y las comunidades que resistieron en zonas de refugio.

La Línea Negra: pervivencia y reconocimiento

La historia larga de la geografía sagrada colombiana no termina en el siglo XVI. Su capítulo más reciente comenzó a escribirse en la segunda mitad del siglo XX, cuando la etnografía —Reichel-Dolmatoff y Alicia Dussán a la cabeza— documentó la persistencia de sistemas rituales indígenas cuyas estructuras remitían al mundo prehispánico, y cuando los propios pueblos indígenas comenzaron a articular políticamente la defensa de sus territorios.

En 2018, el Gobierno de Colombia reconoció oficialmente la Línea Negra, una frontera que demarca el territorio sagrado ancestral de los pueblos de la Sierra Nevada de Santa Marta —kogui, wiwa, arhuaco (ijka) y kankuamo—, impone restricciones al apetito económico externo y protege ecosistemas y lugares sagrados en los resguardos indígenas de la zona. El reconocimiento fue resultado de décadas de lucha y resistencia. En su formulación técnica, la Línea Negra opera como figura jurídica; en su significado profundo, traduce al lenguaje del Estado colombiano contemporáneo la geografía sagrada tairona que la conquista intentó demoler.

La Corte Constitucional ha desarrollado una jurisprudencia coherente con ese reconocimiento. Ha establecido que el nexo de los pueblos étnicos con el territorio ancestral constituye un elemento material y espiritual del que deben gozar plenamente para preservar su legado cultural, y ha reconocido derechos bioculturales que reflejan la conexión intrínseca entre la naturaleza, sus recursos y la cultura de las comunidades. El territorio, en esta doctrina, no es propiedad sino condición de existencia colectiva.

La pervivencia es también resistencia frente a agresiones nuevas, y esa resistencia adopta formas específicas en cada pueblo. El accionar paramilitar del Bloque Norte afectó directamente los lugares sagrados del pueblo yukpa, cuyas comunidades quedaron sometidas a espacios de lucha, control y marginación: la geografía sagrada sufre aquí la violencia armada como una agresión territorial directa. En la Sierra Nevada, el pueblo arhuaco entiende cada daño a plantas, ríos y lugares sagrados como una agresión al equilibrio de la Madre Tierra y a todos los seres vivientes: la lógica homológica prehispánica sigue funcionando como marco interpretativo. Más al sur, el pueblo nasa rechazó el plan del ICANH por no incorporar su participación como elemento estructural; en su concepción del territorio —conceptualizado como uma, madre— la iniciativa creaba tensiones y rompía un equilibrio, y por eso la defensa del lugar, la permanencia, la justicia y la vida se articula como respuesta a lo que se juzga ilegítimo: aquí la geografía sagrada se afirma frente al Estado mismo que en otros escenarios la protege. Las formulaciones recientes de reordenamiento territorial han excluido con frecuencia a comunidades negras e indígenas, sin reconocer sus territorios, los mecanismos tradicionales de apropiación colectiva ni el carácter mágico, ritual y simbólico de sus territorios ancestrales.

Lo que queda

De la geografía sagrada prehispánica sobreviven las piezas, no el plano completo. La conquista fue metódica en la eliminación de los portadores de la tradición oral, en la demolición de los observatorios astronómicos y en la dispersión de los sacerdocios; la aparente coherencia del sistema —tal como puede reconstruirse hoy— refleja tanto una lógica original como los límites de la evidencia superviviente.

Y sin embargo, algo se afirma con seguridad. La sacralización del agua, la orientación astronómica, el control sacerdotal hereditario del espacio ritual y la homología entre escalas —cuerpo, casa, territorio, cosmos— configuran gramáticas recurrentes que permiten hablar de una geografía sagrada como fenómeno histórico coherente, y no como suma azarosa de creencias locales.

Su prueba más sólida no está en el pasado sino en el presente. La Línea Negra reconocida en 2018, los mamas kogui gobernando sus templos como representaciones del útero de la Madre Universal, los u'wa en defensa del Cocuy, los arhuacos concibiendo el mar, el páramo, los cerros, las plantas y los ríos como partes vivas e interconectadas de la Madre Tierra: la geografía sagrada colombiana no fue un episodio arqueológico sino un modo de habitar el territorio con una historia larga, herida pero no interrumpida.

04

En el archivo

1 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Laguna de Guatavita — escenario del rito de investidura del heredero del cacicazgo y origen de la leyenda de El Dorado; nodo central de la red hídrica sagrada muisca
  2. 02Sierra Nevada de Santa Marta — territorio donde la geografía sagrada tairona se materializó en Ciudad Perdida, templos astronómicos y la Línea Negra kogui vigente hasta hoy
  3. 03Gerardo Reichel-Dolmatoff — etnólogo que documentó la continuidad histórica entre taironas y koguis y advirtió que la estatuaria de San Agustín solo se comprende en su amplio contexto geográfico y cultural
  4. 04Bachué — divinidad muisca asociada a la luna cuyo mito de emergencia desde la laguna de Iguaque condensa la lógica de la hidrografía sagrada del altiplano
  5. 05Bochica — dios solar muisca cuyo culto articulaba el calendario agrícola-ceremonial con la observación astronómica y el sacerdocio de los jeques
  6. 06San Agustín (Huila) — necrópolis monumental de mayor extensión mundial donde la geografía sagrada se expresó como topografía de linajes y ancestros sobre 500 kilómetros cuadrados
  7. 07Cosmología prehispánica — marco conceptual del que la geografía sagrada es la dimensión territorial y espacial
  8. 08Sacerdocio hereditario — institución que monopolizaba la interpretación del paisaje sagrado y garantizaba la reproducción del sistema en el tiempo
06

Documentos y fragmentos citados

33 documentos · 50 fragmentos

01El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · p. 3001 cita
[1]

hambre y que les permitía superar todos los es - fuerzos. Los cronistas españoles, empero, les reprochan su ebriedad; pero las orgías y bacanales de los chibchas eran en ellos una expresión de alborozo y sólo tenían lugar en ocasiones especialmente solemnes, sobre todo en las fies- tas religiosas. El vestido de los…

p. 300
02Arqueología de Colombia: un texto introductorioGerardo Reichel-Dolmatoff · 2016 · p. 332, 342, 3493 citas
[2]

los doctrineros constituía pues un lugar diabólico —El Infiernito— y la destrucción del sitio se inició ya en siglo xvi y ha continuado hasta hoy en día. Muchas columnas han sido sacadas del sitio, se han incor- porado en la construcción de casas campesinas y aun de casas urbanas en Villa de Leyva. Hoy en día este…

p. 342
[36]

que representan aves, peces, reptiles o figu- ras humanas estilizadas. A veces las incisiones tienen un relleno o un pigmento mineral blanco, lo que hace resal- tar los motivos sobre el fondo oscuro de la piedra. Otra categoría de objetos consiste de matrices para el trabajo de orfebrería; son tallas en relieve que…

p. 349
[37]

true - que con tribus vecinas y aún muy alejadas. Los principales artículos que se exportaban eran sal 153, esmeraldas, coca y Memoria sobre las Antigüedades Neo-Granadinas, Librería de F. Schneider i Cía., Berlín. Acerca de la arqueología «premuisca», véanse las notas biblio- gráficas para el capítulo iv, así como…

p. 332
03El bejuco del alma. Los médicos tradicionales de la Amazonía colombiana, sus plantas y sus ritualesRichard Evans Schultes, Robert F. Raffauf · 2018 · p. 11, 3552 citas
[3]

perspicaces con los botánicos que se encontraban recolectando plan- tas representativas de su rica flora. Los mitos de origen makuna explican que los dioses levantaron esta gran barrera para marcar el límite de su territorio, cuando llegaron procedentes de la Vía Láctea para poblar la Tierra. 356 Rffíndic Eedlo…

p. 355
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baile de la serie de cuatro días de bailes kai-ya-ree 329 § § La vigorosa danza en honor de Wagti 331 § § La fuente principal del látex para las máscaras 333 § § Artesano yukuna preparando una máscara de kai-ya-ree 335 § § Palmas de chontaduro alrededor de una casa indígena 337 § § Traje de la danza funeral kubea 339…

p. 11
04El río: exploraciones y descubrimientos en la selva amazónicaWade Davis · 2017 · p. 971 cita
[4]

viajaba de población en población, con su instrumental y la fresa de pie atados al lomo de una mula. Adalberto vivía cerca de su madre, Juanita, en una casa que quedaba un poco más abajo de la nuestra, a la sombra de un mango. Faustino, otro hermano, era el comisario de Sogrome y uno de los personajes silenciosos que…

p. 97
05Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 91, 942 citas
[6]

n de este orden, es decir, el ciclo de los solsticios, y equinoccios, junto con la formulaci ó n de un calendario agr í cola y ceremonial, quedaba a cargo de los sacerdotes, que constru í an sus templos y centros ceremoniales en funci ó n de estos fen ó menos astron ó micos y meteorol ó gicos. El Sol y la Luna eran…

p. 91
[8]

perfecci ó n de las construcciones de los Tairona. Esta falta de inter é s en la conservaci ó n de tierras o en la intensificaci ó n de su uso, podr í a indicar la general abundancia de tierras f é rtiles, ocupadas por una poblaci ó n bastante dispersa. Es claro que el pa í s. de los Muisca ten í a un “ interior ”,…

p. 94
06Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 1291 cita
[7]

en los que se adoraba al dios Chiminigagua y a las divi- nidades Bachué (la luna), Bochica (el sol), Chib- chacum (dios protector) y otras menores dedica- das a las diversas actividades socioeconómicas. Además de los caciques, capitanes y jeques, eran importantes los guechas o guerreros reclutados, cuya función era…

p. 129
07Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 40, 52, 543 citas
[9]

cultivos. En algunos lugares, como Funza, Tunja y Sogamoso se han hallado vesti- gios de postes u horcones de madera que marcan una construcción circular u ovalada; pero en verdad, aún no se conoce una sola casa muisca sistemáticamente excavada. Lo poco que sabemos de la cultura prehis- tórica de los Muisca se basa…

p. 54
[13]

en el siglo XVI algunos territorios marginales o casi independientes, cuya sumisión al Zipa o al Zaque no estaba del todo clara. El status de estos territorios en el momento de la Conquista debe evaluarse, en parte por lo me- nos, en términos de un proceso histórico. En primer lugar, los dos "Estados" incipientes eran…

p. 52
[18]

en las partes elevadas de las lomas que se extienden por toda la región entre una red de arroyos y pequeños ríos. San Agustín es indudablemente el sitio ar- queológico más espectacular del país, ya que tradicionalmente está caracterizado por varios centenares de grandes estatuas de piedra y por un crecido número de…

p. 40
08Peregrinación de AlphaManuel Ancízar · 2016 · p. 339, 4042 citas
[10]

anchura y cuatro o seis de espesor, cortadas con un entalle o muesca cerca de la extremidad dirigida al oriente, labrada evidentemente para atar las sogas con que arrastraban las piedras a fuerza de brazos. Estas piedras, que han conservado el nombre de vigas entre los indígenas de aquellos campos, parece que estaban…

p. 404
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muchos respectos. Cinco años y medio después, Hernán Pérez de Quesada daba muerte violenta y alevosa al último zaque de Hunzahúa —Tunja— y a todos los uza - ques y capitanes viejos congregados en Tunja con motivo del matrimonio de su desventurado señor, matando en ellos de una vez los recuerdos y tradiciones que…

p. 339
09Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 142, 1452 citas
[11]

de verano e invierno. Las pocas versiones en donde el número de postes no es cuatro, sino dos, los sitúan, respectivamente, en los lugares donde sale y se esconde el mismo astro durante los equinoccios, parajes que por su lejanía están fuera del alcance físico de cualquier humano. En este último caso el pilar de…

p. 142
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fin, la persona a la cual esa criatura pertenece. 24 A este respecto puede ser relevante el relato de un sueño consignado en Niño (2007b, Anexo B, Sueño 1). Vale la pena anotar que la idea según la cual una región cósmica inferior está habitada por enormes criaturas y, entre ellas, caimanes y armadillos, también se…

p. 145
10Historia de Colombia. La Colombia más Antigua. Tomo 1Gonzalo Hernández de Alba (dir.); Camilo Domínguez O., José L. Lorenzo, Amancio Fernández, Gonzalo Correal y otros · p. 137, 1492 citas
[12]

y ciertos productos agrícolas, la sal era otro elemento básico del comercio de los muiscas. un grupo de especialistas en el intercambio. Las re- ferencias históricas parecen indicar que todos los indígenas comunes y corrientes iban a los merca- dos. Por otra parte, el trueque de artículos tuvo un papel importante al…

p. 137
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en la base de la estruc- tura social, estarían los especialistas de oficio, tales como agricultores, artesanos y mercaderes. Patrón de poblamiento La población indígena parece haber sido muy densa. En las fuentes históricas se mencionan cen- tenares de pueblos, localizados tanto en la «tierra» (como llamaban los…

p. 149
11Gramática de la lengua chibchaEzequiel Uricoechea · 2016 · p. 281 cita
[14]

inundación a Chibchacum como veremos enseguida. Entre sus deidades estaban Bochica, dios bienhechor y protector especial de los uzaques y de los capitanes de sus familias; Chibcha- cum, dios encargado especialmente de la nación chibcha y de ayudar a los labradores, mercaderes y plateros; Chaquen, dios encargado de los…

p. 28
12Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 54, 572 citas
[15]

de los animales, las piezas de cacería y determinaba en gran medida la disponibilidad de los recursos y sus usos. Su intervención era (y es) fundamental — mediante salmos y rezos, ritos y otras ceremonias— para la reproducción de los mismos animales: recogía el “alma” de la presa y la remitía a su lugar de origen, a…

p. 54
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y de su familia y condición de plenitud femenina. Sus padres invierten sumas considerables de dinero en la compra del oro de buena calidad. ¿Por qué las mujeres mantienen la tradición del uso de oro en las narigueras? Algunos autores piensan que esta evoca “la presencia solar, vigilante, de Ibelel”, un héroe…

p. 57
13Los muiscas. La historia milenaria de un pueblo chibchaCarl Henrik Langebaek · 2019 · p. 25, 1092 citas
[16]

de la gente no entiende. Lejos de allí, en otra sociedad, un etnógrafo describió hace años que el poder residía en especialistas religiosos cuyos linajes se trazan por siglos y que son quienes controlan las casas ceremoniales. En cl ámbito regional se sabe que hay lugares ceremoniales muy importan- tes, sitios enlos…

p. 25
[45]

y sangrientas guerras entre los grandes c caciques muiscas como parte de proyectos de expansión territorial, Los documentos simplemente no mencionan nada que apoye esas empresas militares que, según los cronistas, existieron. No conozco una sola mención de que después de la conquista alguna comunidad hubiera…

p. 109
14Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 3521 cita
[17]

Huila, en inmediaciones de los municipios de San Agustín e Isnos, aparte de su gran belleza, es la necrópolis de mayor extensión a nivel mundial con vestigios monumentales como estatuas, relieves y sarcófagos tallados en piedra; templetes o dólmenes de lajas; montículos funerarios, terrazas, caminos y terraplenes de…

p. 352
15Historia de Colombia - La Colombia más Antigua IIRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), Juan Salvat, Roberto García Rojas (dirs.) · 1988 · p. 22, 332 citas
[19]

Carib Speaking Indians. Culture, Society and Language (E. Basso Ed.), Ari- zona, 1977. Rudle, K. y W. J. Los yupka, en Los aborígenes de Ve- nezuela, vol. ll, Caracas, 1983. Whithead, N. — Carib canibalism. The historical evi- dence, en «Journal de la Société des Américanistes», t. LXX, p. 69-98, Pa- rís, 1984. 133…

p. 22
[22]

Se aplica unas veces en el interior, otras en el exterior de las piezas, y a veces según la técnica negativa. La incisión y la excisión de puntos y rayas en la parte superior es típica, lo mismo que el empaste en blanco y rojo. Hay una ausencia casi total de mo- tivos biomorfos, y es escasa la presencia de asas, que,…

p. 33
16Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 75, 2902 citas
[20]

en caso de que solo sus cementerios sobrevivieran al cataclismo de una guerra nuclear. En efecto, como Reichel-Dolmatoff lo mostró en sus estudios, solo tomando en cuenta un amplísimo contexto geográfico y cultural se puede comenzar a comprender lo que estas monumentales y enigmáticas estatuas pueden estar…

p. 75
[27]

llamaban los cronistas a los nativos— se había reducido en la región de una población de setenta mil a apenas ochocientos, debido a una combinación de abusos, fiebres y esclavitud. En las islas del Caribe, unos tres millones de arahuacos murieron entre 1494 y 1508. Transcurridos apenas 150 años desde la llegada de…

p. 290
17Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 27, 292 citas
[21]

el tiempo; hacia los siglos V y VII d.C. En diferen- tes sitios se incrementó la construcción de centros funerarios monumentales: montículos, templetes, sarcófagos, o tumbas de cancel, y esculturas. Dioses y creencias En esta cultura durante siglos dominan estructu- ras de pensamiento con elementos míticos y ri-…

p. 27
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La forma de estas vasijas está dada por una base convexa, un cuerpo casi cilíndrico o globular alargado, un cuello ape- nas insinuado, el borde hacia afuera y los labios ge- neralmente redondeados. Urnas semejantes se han encontrado'en la región de San Agustín. 273 0d hieráticas, con propor- ciones no naturalistas,…

p. 29
18La gente de GuambíaRonald A. Schwarz · 2018 · p. 471 cita
[24]

dicho cultivo facilitó las migraciones al sur. Influencias mesoamericanas aparecieron en la costa Atlántica y en la región de Tumaco en la costa Pacífica. Entre los elementos introducidos alrededor de 1200 a. C. se encuentran túmulos, espejos de 4 Fuentes principales que se ocupan de la arqueología del macizo…

p. 47
19Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · p. 2521 cita
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La Sierra Nevada de Santa Marta ha sido habita- da, desde épocas precolombinas, por grupos étnicos que han alcanzado grados diversos de complejidad cultural. Poco antes de la Ilegada de los espanoles habia civilizaciones muy desarrolladas. En 1976 los arquedlogos descubrieron Buritaca 200 (Ciudad Per- dida), una de…

p. 252
20Cuando los pájaros no cantaban: historias del conflicto armado en ColombiaAlejandro Castillejo-Cuéllar · 2022 · p. 129, 3512 citas
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intervención. Nosotros hablamos de las plantas sagradas, de los lugares sagrados, de las montañas donde vienen los elementos sagrados. La mujer tiene la oportunidad de tener esa placenta donde se origina la vida, que para la Madre Tierra es el mar. La Volumen Testimonial del Informe Final de la Comisión de la Verdad…

p. 129
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juro que nosotros nunca tuvimos contacto con la guerrilla. Recuerdo que un día cogí y le vacié la casa a mi mamá, y le dije: «¡Nos vamos de aquí! No nos vamos a hacer matar». Yo creía que con traérmele todas sus cosas se iba a venir conmigo, pero ella dijo: «No, yo no me voy. Si me van a matar, que me maten en mi…

p. 351
21Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · p. 69, 4372 citas
[29]

enco- miendas que se establecían en las estribaciones serranas del oriente y del norte. Para controlar a los rebeldes, el ejército español de Santa Marta recibió refuerzos de Cartagena, Valledupar, Sevilla y Córdoba. Con la finalidad de desvertebrar la economía indígena, los europeos arrasaron las aldeas que suminis-…

p. 437
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vaciones sobre el crecimiento de la yuca y a experimentos para lograr un máximo éxito después de cada siembra. Las cadenas de relaciones sobre las cuales hemos venido hablando no son excepcionales. En una publica- ción de 1978, Arocha demostró que la interacción entre 70 Jfiínd Aicerfi s Nítfi S. ad Fiídadnfitt…

p. 69
22Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 371 cita
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Sierra Nevada de Santa Marta hay esperanza para la pervivencia de sus pueblos. Como resultado de la lucha y resistencia de los pueblos indígenas, en 2018, el Gobierno de Colombia reconoció la Línea Negra, una frontera imaginaria que demarca el territorio, impone restricciones al apetito económico, protege ecosistemas…

p. 37
23The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 301 cita
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in the sky. Then Pamurí-mahsë entered the Snake-Canoe again and returned to Ahpikondiá. The Sun created the various beings so that they would represent him and serve as intermediaries between him and the earth. To these beings he gave the duty of caring for and protecting his Creation and of promoting the fertility of…

p. 30
24La tierra de los tesoros tristesSimón Posada Tamayo · 2022 · p. 621 cita
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de los calabazos; los canastos para recoger el maíz de los embera-chamí, por su parte, representan la matriz femenina; las mujeres huitoto cargan a sus hijos en la espalda de la misma forma como cargan el canasto con el que recogen la cosecha en sus huertas; el recipiente del que beben el yagé los barasana, del…

p. 62
25Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 121 cita
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las relaciones comerciales afianzaban redes de intercambio cultural más profundas. un aspecto importante de la sociedad muisca fue el desarrollo y la complejidad que se desprendieron de una economía natural no monetaria, y que se desplegó al tener un escenario de vastas redes comerciales y cercanías culturales y…

p. 12
26Economías prehispánicas de ColombiaAlberto Gómez Gutiérrez, Ignacio Briceño Balcázar, Jaime Eduardo Bernal Villegas, Carlos Eduardo López Castaño, Martha Cecilia Cano Echeverri, Francisco Javier Aceituno Bocanegra, Nicolás Loaiza Díaz, Andrea M. Cuéllar, María Alicia Uribe Villegas, Marcos Martinón-Torres, Santiago Giraldo, Daniela Castellanos Montes, Marianne Cardale de Schrimpff, Carl Henrik Langebaek, María Antonieta Corcione Nieto, Catalina Zorro, Luisa Mendoza, Marcela Bernal, Lucero Aristizábal, Leonor Herrera · p. 1822 citas
[38]

larga secuencia de ocupaciones humanas en el altiplano, iniciada hace unos 12.000 años, y sus evidencias se encuentran sin interrupción desde el 900 d. C. aproximadamente hasta la conquista española en el siglo XVI y aún varios siglos después, durante el período colonial, en algunas regiones (Langebaek, 1995). M APA…

p. 182
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larga secuencia de ocupaciones humanas en el altiplano, iniciada hace unos 12.000 años, y sus evidencias se encuentran sin interrupción desde el 900 d. C. aproximadamente hasta la conquista española en el siglo XVI y aún varios siglos después, durante el período colonial, en algunas regiones (Langebaek, 1995). M APA…

p. 182
27Invading Colombia: Spanish Accounts of the Gonzalo Jiménez de Quesada Expedition of ConquestJ. Michael Francis · 2007 · p. 921 cita
[40]

easily movable, and very porous, and it remains thus until the Indians come across one of the veins, which is made up of a clay-like substance. The Indian miners then follow the vein, and with their wooden tools they remove the emeralds that they discover within it. In this practice, as in so many others, the Indians…

p. 92
28Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 441 cita
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se configu- raron los rasgos de las principales conflictividades y tensiones sobre el ordenamiento territorial y la distribución de la tierra que estuvieron en las raíces del conflicto armado interno. Las fundaciones coloniales provocaron una ruptura violenta en el ordenamiento territorial existente. No respondían a…

p. 44
29Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoriaAna María Gómez Londoño (editora), Carl Henrik Langebaek Rueda, Jorge Augusto Gamboa Mendoza, Michael J. Francis, Marta Clemencia Herrera Ángel, François Correa Rubio, Óscar Guarín Martínez, Hermann Trimborn, Luis Fernando Restrepo, Mercedes López Rodríguez, Carlos Andrés Durán · 2005 · p. 2131 cita
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a su vez tenían a la cabeza un cacique común, es decir, a alguien que estaba por encima de una cierta cantidad de jefes de tribu. También aquí nos encontramos con un hecho extendido en el mundo: el nombre del pueblo o de la tribu era el mismo que el del cacique. Para los muiscas la constitución del estado se había…

p. 213
30La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo IICentro Nacional de Memoria Histórica · 2022 · p. 1711 cita
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de la existencia como colec- tividad, ya que les permite expandir los ámbitos culturales, espirituales, sociales, económicos y políticos. Sobre el territorio, Naciones Unidas men- cionó que “el derecho y el acceso a la tierra, así como el control sobre ella y sus recursos, son necesidades centrales para los pueblos…

p. 171
31Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 1541 cita
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e identidad cultural» 415. La categoría de territorio ha primado en las reivindicaciones de las comunidades, ya que permite entender integralmente cómo naturaleza y cultura sustentan su supervivencia por el vínculo que existe entre las dos. La Cor te Constitucional corrobor ó esta cuestión en su jurisprudencia, pues…

p. 154
32Movimientos sociales, Estado y democracia en ColombiaMauricio Archila, Mauricio Pardo (Editores) · 2001 · p. 4331 cita
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relaciones laborales paraestatales que allí se establecen. La postmodernidad cogió al país sumido en el desorden te- rritorial. La precariedad administrativa del territorio dificulta la gestión pública y ciudadana, permitiendo la colisión de fun- ciones y competencias. La sociedad colombiana se enfrenta a la…

p. 433
33Violence and Resistance, Art and Politics in ColombiaStephen Zepke, Nicolás Alvarado Castillo · 2023 · p. 1691 cita
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to abide to Indigenous time’. The fundamental message was that any institutional intervention lacking Nasa participation and agree - ment—not as a peripheral involvement, as multiculturalism would have it, but as a structural feature—also lacks legality in terms of the Nasa concep - tion of the legal. Ultimately, the…

p. 169