Lucas Fernández de Piedrahita
Colonia
1624–1688
La biografía
Cuando en 1688 salió de las prensas amberinas de Juan Baptista Verdussen un volumen en folio dedicado a Carlos II con el título Historia General de las Conquistas del Nuevo Reino de Granada, el Nuevo Reino tuvo por primera vez un relato completo de sí mismo impreso en Europa y firmado por un hijo suyo. El autor era Lucas Fernández de Piedrahita, obispo de Santa Marta y luego de Panamá, criollo santafereño de ascendencia inca por vía materna, formado en los colegios-universidades de Santafé y curtido en los pasillos de la Corte madrileña. Su libro fijó una manera de contar la conquista y la temprana colonia neogranadinas —los héroes, las genealogías, los nombres— que la historiografía colombiana posterior heredaría con matices, con enmiendas y a veces con impugnación, pero rara vez ignorando. En la fisonomía del criollo letrado del siglo XVII, ese tipo humano que la Colonia Madura fue produciendo entre el altiplano y las cátedras eclesiásticas, Piedrahita ocupa una silla central: la del hombre de mitra y pluma que convierte la memoria de la élite en libro impreso, y el libro impreso en título de pertenencia.
Línea de vida
- 1624
Nacimiento en Santafé de Bogotá
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Nació hacia 1624 en una familia que combinaba linaje conquistador por vía paterna y ascendencia inca por vía materna, a través de su abuela Francisca Coya, descendiente de la nobleza del Cuzco.
- 1653
Formación en los colegios-universidades de Santafé
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Se formó en los claustros del altiplano santafereño, en el ambiente intelectual de los colegios-universidades donde se impartían cátedras de Filosofía, Jurisprudencia y Medicina, iniciando su carrera eclesiástica como sacerdote y canónigo.
- 1665
Viaje a Madrid para defenderse ante la Corte
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Envuelto en conflictos con la Audiencia y el Santo Oficio de la Inquisición, viajó a Madrid hacia mediados de la década de 1660, donde obtuvo el sobreseimiento de las causas en su contra y se ganó la confianza del entorno regio bajo la regencia de Mariana de Austria.
- 1668
Consagración como obispo de Santa Marta
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Fue nombrado y consagrado obispo de Santa Marta en Madrid, aprovechando los años cortesanos para acceder a bibliotecas y archivos y ordenar los materiales que darían forma a su futura obra historiográfica.
- 1671
Traslado a la diócesis de Panamá tras el saqueo de Morgan
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Fue trasladado a la diócesis de Panamá, devastada por el asalto y destrucción de Panamá la Vieja por Henry Morgan en 1671, con la misión de contribuir a la reconstrucción eclesiástica y moral de la ciudad.
- 1688
Publicación de la Historia General en Amberes
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Salió de las prensas de Juan Baptista Verdussen en Amberes la Historia General de las Conquistas del Nuevo Reino de Granada, dedicada a Carlos II de España, con grabado de Joseph Mulder en el frontispicio; el mismo año de su muerte en Panamá.
- 1881
Reedición bogotana de la obra
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Al menos el libro IV de la Historia General fue reeditado en Bogotá por la Imprenta de Medardo Rivas en 1881, evidenciando la pervivencia de la obra como referencia historiográfica en la Colombia republicana.
Un criollo entre el Cuzco y Santafé
Nació en Santafé de Bogotá hacia 1624, en una familia que combinaba dos genealogías cargadas: por el lado paterno, la de los primeros conquistadores y encomenderos del Reino; por el materno, una línea que remontaba, a través de su abuela Francisca Coya, a la nobleza inca del Cuzco. Ese pedigrí mestizo, ostentado en una época en la que las probanzas de sangre eran moneda corriente, tenía peso concreto: en la sociedad colonial neogranadina, donde el parentesco pesaba más que la riqueza a la hora de definir el acceso a la élite, tener ancestros conquistadores y linaje indígena de rango imperial americano era, a la vez, una credencial y un enigma que había que administrar.
Piedrahita administró ese linaje como pocos. Toda su obra posterior —cronística, eclesiástica, política— puede leerse a la luz de esa doble filiación: hijo de la conquista e hijo de los conquistados, hombre de la Iglesia romana y descendiente de emperadores paganos, criollo santafereño cuya autoridad se sostenía en un pasado que él mismo se encargó de historiar. En un tiempo en el que los altos cargos virreinales estaban en la práctica cerrados a los nacidos en América y los criollos instruidos rara vez pasaban de administradores de rentas, funcionarios del tesoro, corregidores, asesores o abogados litigantes ante la Audiencia, Piedrahita perteneció al puñado que quebró el techo: llegó a la mitra, a Madrid y a la imprenta europea. Que lo lograra no fue casual: la vía eclesiástica, más porosa a los criollos que la civil, era una de las pocas rutas efectivas de ascenso, y Piedrahita la recorrió aprovechando cada tramo que las estructuras coloniales dejaban abierto.
Su vida cabe entre dos fechas amplias, hacia 1624 y 1688, y transcurre en el centro de lo que la historiografía llama Colonia Madura: ese siglo XVII neogranadino en el que las instituciones ya se habían asentado, las élites locales habían consolidado redes de parentesco estables, los colegios producían letrados con regularidad y la vida urbana en Santafé giraba, para las familias principales, entre la rutina doméstica, el rezo del rosario, los paseos por la Alameda o el Aserrío y las visitas dominicales tras el almuerzo de tamales. En ese mundo de formalismo notarial y devoción cotidiana, alejado del mar y de la metrópoli, la escritura y la ley eran los instrumentos por excelencia del prestigio, y Piedrahita se educó para manejarlos con soltura.
La formación letrada en los colegios de Santafé
La Santafé del segundo cuarto del siglo XVII ofrecía a los hijos de las familias principales dos instituciones mayores de formación: los colegios-universidades del altiplano, entre los cuales el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, fundado por el arzobispo fray Cristóbal de Torres —que en 1653 solicitó permiso a Madrid para el plantel— y dotado de cátedras de Filosofía, Jurisprudencia y Medicina, marcaría de forma decisiva la vida intelectual del Reino. En esos claustros se cruzaba una población estudiantil heterogénea: criollos de origen rural, hijos de encomenderos empobrecidos que en el siglo XVII todavía predominaban; criollos urbanos venidos de Cartagena, Popayán y otras ciudades; y españoles hijos de funcionarios coloniales que gozaban de derecho adquirido para acceder a los colegios.
Piedrahita hizo su carrera intelectual en ese ecosistema. Estudió las artes liberales, la teología y el derecho canónico, y muy pronto empezó a ejercer como sacerdote y a acumular experiencia curial en la propia arquidiócesis de Santafé, elevada a arzobispado desde 1563 y para entonces con más de un siglo de vida institucional. La suya fue la trayectoria del criollo letrado por excelencia: parroquias, canonjías, cargos capitulares, ascenso lento y meticuloso dentro de una jerarquía en la que los altos dignatarios, casi siempre peninsulares, se relacionaban más estrechamente con el rey que con Roma, dada la lógica del patronato regio.
Ese régimen —el patronato— es indispensable para entender la carrera de Piedrahita, porque enmarca cada uno de sus movimientos posteriores. La Corona controlaba de manera directa al clero secular y regular en América: le correspondía autorizar la construcción de templos grandes, presentar candidatos idóneos para catedrales, monasterios, dignidades y beneficios eclesiásticos, dotar iglesias y hospitales, revisar sentencias de tribunales eclesiásticos, autorizar la circulación de disposiciones papales y percibir los diezmos. Los virreyes, presidentes de audiencias y gobernadores actuaban como vicepatronos. Ninguna carrera eclesiástica de altura, en la Nueva Granada del XVII, se hacía sin ese engranaje: obtener una mitra suponía la aprobación del rey y, por lo general, un paso por Madrid. Piedrahita lo entendió temprano y lo aprovechó cuando la ocasión lo obligó a hacerlo.
De canónigo santafereño a preso del Santo Oficio
La primera parte de su vida activa transcurrió en Santafé: canónigo del cabildo eclesiástico, hombre de confianza del arzobispado, figura pública en una ciudad donde los círculos de poder eran estrechos y las relaciones entre funcionarios y administrados rara vez pasaban por lo puramente institucional. La oligarquía criolla local funcionaba mediante equilibrios inestables con las exigencias de la Corona. Sus miembros ejercían una influencia decisiva en la práctica, aun cuando los papeles no siempre la registraran. Piedrahita era, por familia y por oficio, uno de esos hombres a los que se acudía.
Su ascenso sufrió un episodio serio a mediados de los años sesenta, cuando se vio envuelto en conflictos con las autoridades de la Audiencia y con el propio Santo Oficio de la Inquisición, cuya presencia en la Nueva Granada, aunque con sede formal fuera del Reino, se dejaba sentir con plenas atribuciones y con notable peso político y social. Los pleitos y visitas eclesiásticas contra Piedrahita, mezcla de disputas jurisdiccionales, denuncias por incumplimientos administrativos y roces con las oligarquías del cabildo, lo llevaron a Madrid para defenderse. Ese viaje —hacia mediados de la década de 1660— fue, paradójicamente, la puerta a su consagración.
En la Corte, Piedrahita no solo obtuvo el sobreseimiento de las causas en su contra, sino que se ganó la confianza del entorno regio en un momento particular: la Península estaba gobernada de facto por la reina regente Mariana de Austria, madre del joven Carlos II, y el aparato eclesiástico buscaba llenar sedes americanas con hombres capaces y conocedores del terreno. Fue nombrado obispo de Santa Marta —diócesis costeña, empobrecida, expuesta a ataques piráticos— y consagrado en Madrid. Aprovechó los años cortesanos para redactar y ordenar los materiales que traería después: había accedido a bibliotecas y archivos, había conversado con juristas y con teólogos, había leído a los grandes tratadistas de Indias, entre ellos con seguridad a Juan de Solórzano Pereira, cuya Política indiana era referencia obligada para cualquier hombre de gobierno americano. Volvió al Reino con el título, con el rango y con un proyecto de libro bajo el brazo.
La mitra de Santa Marta y el saqueo de Panamá
El regreso a Santa Marta lo situó en una diócesis dura. La ciudad, arrinconada entre la sierra y el Caribe, era pobre, poco poblada, expuesta a incursiones. Allí ejerció Piedrahita el oficio de obispo con la meticulosidad del canonista y del hombre de cabildo: visitas pastorales, disputas con encomenderos, mediación con los cabildos, negociación con la Audiencia. Pero su nombre quedó adherido a un episodio dramático que marcó a la Nueva Granada entera: el saqueo caribeño protagonizado por Henry Morgan y sus corsarios en los años setenta del siglo XVII, con el desmantelamiento de Portobelo y, sobre todo, el asalto y destrucción de Panamá la Vieja en 1671.
Piedrahita fue trasladado poco después a la diócesis de Panamá, sede vacante tras la catástrofe, con la misión implícita de contribuir a la reconstrucción eclesiástica y moral de una ciudad convertida en ruinas. La documentación de estos años lo muestra en el papel del pastor ante una feligresía dispersa y traumatizada, discutiendo con las autoridades civiles la reubicación urbana, el destino de los bienes eclesiásticos y la manera de restaurar el culto. En Panamá permaneció hasta su muerte, en 1688, el mismo año en que su gran obra salía de las prensas amberinas: coincidencia que da a su biografía un cierre casi teatral, con el hombre y el libro cerrando ciclos al mismo tiempo.
Este itinerario —Santafé, Madrid, Santa Marta, Panamá— es en sí una radiografía de las carreras posibles para un criollo letrado del XVII maduro: la ordenación en la ciudad de origen, la ascensión canónica, la crisis, el viaje a la Corte como examen y como oportunidad, la mitra en una diócesis periférica, la reubicación por necesidades imperiales y la muerte lejos del lugar donde nació. Lo excepcional no fue el trayecto, sino que Piedrahita, al recorrerlo, escribiera un libro que la posteridad no dejaría caer.
La Historia General de 1688: fábrica de un relato
La Historia General de las Conquistas del Nuevo Reino de Granada apareció impresa en Amberes en 1688, en las prensas de Juan Baptista Verdussen —cuyo apellido aparece también con la grafía Verduse en registros bibliográficos—, con grabado de Joseph Mulder asociado al frontispicio y con una dedicatoria en la portada que despliega la fórmula plena: A la S. C. R. M. de D. Carlos Segundo, Rey de las Españas, y de las Indias. Elegir Amberes no era un detalle: los talleres flamencos eran, en la segunda mitad del siglo XVII, referencia técnica en la impresión de libros grandes para el mercado imperial español, y publicar allí implicaba llegar al circuito europeo de las bibliotecas cortesanas y eclesiásticas.
La obra es un relato ordenado de los orígenes del Nuevo Reino: los pueblos indígenas del altiplano —muiscas ante todo—, la llegada de las huestes de Gonzalo Jiménez de Quesada, la fundación de Santafé en 1538, las guerras internas entre conquistadores, la instalación de las primeras instituciones civiles y eclesiásticas, las genealogías fundadoras. Piedrahita no partió de cero: se apoyó en la tradición cronística acumulada, es decir, en fray Pedro Simón, en Juan de Castellanos y en la memoria escrita y oral que un siglo largo de vida colonial había depositado en los archivos y en las casas principales. El propio origen de la crónica neogranadina, como observó Héctor Orjuela, es problemático en su fidelidad: buena parte de lo incluido por cronistas anteriores como Oviedo eran copias directas o extractos, y ese suelo movedizo era la base sobre la que Piedrahita levantaba su edificio.
Pero su libro no es una compilación. Es una operación. Piedrahita ordena, selecciona, recorta y jerarquiza. Fija héroes —Quesada por encima de todos—, dibuja perfiles, encadena episodios, ata linajes. Lo hace con la prosa ceremoniosa del barroco tardío, atenta a la retórica cortesana, y con la lógica del canonista, atenta al detalle jurídico y a la legitimidad de los actos. El resultado es un texto que, sin renunciar a la erudición cronística, tiene una función política clara: dotar al Reino de un relato de sí mismo que la élite criolla pudiera invocar y que la Corona pudiera reconocer.
Este doble destinatario —criollo y regio— es la tensión productiva del libro. Publicado en Europa y dedicado al monarca, la Historia General opera como acto de lealtad y como memorial de servicios: recuerda a Carlos II lo que la Nueva Granada ha aportado al imperio, lo que sus fundadores hicieron, lo que sus descendientes merecen. Al mismo tiempo, leída en Santafé por las familias principales, la obra funciona como espejo de nobleza: nombra a los antepasados, fija sus hazañas, autoriza los apellidos. En un sistema donde a los criollos se les cerraban los altos cargos, disponer de un libro impreso en Amberes que consagrara sus linajes era una compensación simbólica de peso.
Método, fuentes y silencios
El método historiográfico de Piedrahita es el propio de la crónica barroca americana en su fase madura: combina el uso de crónicas anteriores —Simón y Castellanos ante todo, con las cautelas ya dichas—, la consulta de documentos oficiales cuando el acceso lo permite, la recopilación de tradiciones orales que la élite santafereña había ido puliendo por más de un siglo, y la organización del material según un esquema de libros y capítulos que otorga al relato una arquitectura visible. No es un historiador crítico en el sentido moderno; no coteja versiones, no confronta fuentes, no expone el andamiaje de su trabajo. Escribe como escriben los hombres de su tiempo: con autoridad, con cadencia, con voluntad de fijar.
En su tratamiento del pasado indígena —el punto donde su ascendencia por línea de Francisca Coya podría haber pesado más— la obra es rica en descripción pero prudente en filiación afectiva: Piedrahita habla de los muiscas y de sus caciques con detalle notable, integra el mundo prehispánico en el arco de su narración, pero no lo reivindica como origen alternativo. La conquista sigue siendo, en su libro, un acto legítimo, providencial, ordenado. Ese equilibrio —reconocimiento sin subversión— es también, muy probablemente, la condición de posibilidad para que el libro fuera aprobado, financiado e impreso bajo patronato regio.
Los silencios pesan tanto como las inclusiones. La obra atiende sobre todo al periodo fundacional y a las primeras generaciones; los conflictos vivos del XVII maduro, las tensiones entre criollos y peninsulares, las fricciones con la Audiencia, los pleitos del propio autor, quedan fuera de la escena narrada. Piedrahita escribe una historia de orígenes, no de contemporaneidad. Esa elección es coherente con su función: consolidar un pasado permite convivir con un presente incómodo sin nombrarlo.
Redes, contexto e interlocutores
Piedrahita no escribió ni actuó en solitario. Su carrera se apoyó en tres tejidos entrelazados: el cabildo eclesiástico santafereño, con sus canonjías y sus jerarquías; las alianzas familiares de la élite criolla, que ligaban por parentesco a encomenderos, letrados y clérigos; y las conexiones madrileñas que le abrió su viaje a la Corte, decisivas para transformar un proceso judicial en un nombramiento episcopal. A esos tejidos se suma el diálogo silencioso con la tradición cronística heredada.
Entre sus interlocutores documentales están los grandes cronistas del siglo anterior. Fray Pedro Simón, franciscano autor de las Noticias historiales, le proporcionó el armazón narrativo de la conquista del altiplano. Juan de Castellanos, cura de Tunja y autor de las Elegías de varones ilustres de Indias, le dio la galería de fundadores en verso. Piedrahita los leyó, los usó, los reordenó en prosa castellana barroca. Entre sus interlocutores institucionales figuran los arzobispos de Santafé de su tiempo, entre ellos Juan de Arguinao, en cuya sede (1661-1678) transcurrió buena parte de su etapa capitular, y las figuras de la burocracia real y eclesiástica que arbitraron sus procesos y sus nombramientos.
El horizonte más amplio de su trabajo es el de una Iglesia neogranadina articulada en dos ejes: las órdenes religiosas y los obispados. Las primeras habían liderado la cristianización desde el XVI y habían consolidado un poder social, económico y cultural notable en los principales centros urbanos, con presencia mucho menor en Antioquia y en Santander. Los segundos representaban el brazo secular de la jerarquía y la vía directa del patronato regio. Piedrahita perteneció al clero secular, al brazo del rey más que al de las órdenes, y su trayectoria refleja esa filiación institucional. La vida religiosa femenina —los conventos que en Santafé y otras ciudades reproducían una sociedad regulada y jerarquizada en torno a la esfera espiritual— era parte del mismo tejido en el que su obra pastoral se inscribía.
Y sobre todo, Piedrahita escribió y actuó bajo la sombra del Tribunal del Santo Oficio, que planeó sobre su vida cuando fue objeto de causas. La Inquisición neogranadina, con sus plenas atribuciones, era parte del paisaje: no como amenaza permanente para los hombres de la Iglesia, pero sí como recordatorio de que la ortodoxia y la disciplina eran vigiladas, y que un obispo podía ser también un investigado.
La huella: reediciones, apropiaciones, disputas
La Historia General tuvo, tras su aparición en 1688, una vida larga. En el siglo XIX, la República joven se dedicó a rescatar y reeditar la producción colonial: el libro IV de la obra fue reeditado en Bogotá por la Imprenta de Medardo Rivas en 1881, en el marco de una historiografía nacional que discutía intensamente qué hacer con la herencia española. Ese siglo XIX colombiano fue el momento en que la escritura de la historia se ligó de manera estrecha a la política y participó en la creación de la institucionalidad estatal: la historiografía liberal, representada entre otros por José María Samper en su Ensayo sobre las revoluciones políticas de 1861, construyó una visión crítica del pasado colonial, presentando al Estado español y a la Iglesia como aparatos centralistas y monopólicos, con el fin de legitimar los proyectos revolucionarios del presente; la historiografía conservadora, representada de forma paradigmática por José Manuel Groot (1800-1878) y su Historia eclesiástica y civil de la Nueva Granada, ofreció en cambio una lectura positiva del legado español, de las instituciones y de los valores tradicionales y religiosos.
En ese debate, Piedrahita fue leído en direcciones opuestas. Para los conservadores, era el ejemplo del cronista americano que había sabido reconocer la obra civilizadora del imperio y de la Iglesia; para los liberales, era una pieza de la maquinaria narrativa que había que examinar críticamente para desmontar la mitología colonial. Ambos, sin embargo, coincidían en algo: Piedrahita era referencia obligada, la obra desde la cual se discutía. José Manuel Restrepo, cuyo Diario político y militar iniciado en 1819 no se publicó íntegro hasta 1954, se movía en un terreno documental que la crónica de Piedrahita había en buena medida despejado.
El siglo XX prolongó esa recepción con matices. Ejemplares de la edición de 1688 pasaron a la Biblioteca Nacional de Colombia en Bogotá y se convirtieron en piezas de conservación y consulta. La obra siguió apareciendo en bibliografías de estudios sobre el período colonial neogranadino, en trabajos sobre pueblos indígenas y en publicaciones vinculadas al arte colonial, aunque su uso pasó a ser más selectivo: los historiadores modernos la citan como fuente para determinados episodios, sin conceder ya el estatus de autoridad total que tuvo en el XIX. En los estudios sobre vida material y economía colonial, la crónica es referencia contextual, mientras el dato concreto se busca en documentos archivísticos.
Esa transformación en la recepción marca un cambio de estatuto. Piedrahita pasó de ser el relato del origen a ser una fuente entre otras, un texto historizable en sí mismo, un testimonio del modo en que un criollo letrado del XVII maduro construía el pasado de su Reino. En esa relectura, la obra no pierde importancia; la cambia. Deja de ser el espejo donde el país se veía y se convierte en el objeto donde se estudia cómo un país aprendió a mirarse.
Un cronista en la Colonia Madura
Piedrahita ocupa en la historia intelectual colombiana un lugar que es a la vez de fundador y de bisagra. Fundador, porque su libro es el primer relato sistemático del Nuevo Reino escrito por un hijo del Reino, impreso en Europa y dotado de la autoridad del canonista y del obispo. Bisagra, porque a través de él se articulan la crónica del XVI —Simón, Castellanos, Aguado— y la historiografía nacional del XIX, que reeditó, discutió y reordenó ese legado en función de sus propias querellas políticas.
En su figura confluye toda la lógica de la Colonia Madura: la formación letrada en los colegios santafereños, el ascenso por la vía eclesiástica ante el cierre de la vía civil, el peso decisivo de las redes familiares y del parentesco por encima de la riqueza, la administración pragmática de los conflictos con la Inquisición y la Audiencia, el viaje a Madrid como examen y como consagración, la mitra en diócesis periféricas, la escritura como forma de fijar un pasado que la política presente no permitía discutir. Piedrahita no fue un rebelde ni un adelantado; fue un operador del sistema imperial que, desde dentro y en sus términos, produjo un instrumento —el libro— que excedía por su alcance la mera obediencia. Escribió para el rey, pero escribió también para las familias santafereñas que buscarían durante generaciones en sus páginas las hazañas de sus antepasados.
Su muerte en Panamá en 1688, coincidiendo con la aparición del libro en Amberes, cerró una vida cuyo sentido último quedaba, precisamente, en aquellas páginas impresas. La Historia General de las Conquistas del Nuevo Reino de Granada siguió circulando, siendo leída, refutada, reeditada y consultada. Como sucede con los libros verdaderamente fundacionales, dejó de ser propiedad de su autor para volverse patrimonio de la comunidad que había querido representar. Los colombianos que después escribirían sobre la conquista, sobre los muiscas, sobre Quesada y sobre Santafé lo harían inevitablemente en diálogo —de acuerdo, de reserva o de rechazo— con las páginas que aquel obispo criollo, descendiente por línea materna de la nobleza inca y por línea paterna de los conquistadores del altiplano, había escrito para el rey de las Españas y de las Indias.
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Documentos y fragmentos citados
23 documentos · 27 fragmentos01Historias del arte en Colombia. Identidades, materialidades, migraciones y geografíasOlga Isabel Acosta Luna, Natalia Lozada Mendieta, Juanita Solano Roa · Página 7161 cita
[1]Santa Fe, del Nuevo Reyno de Granada, en la canonización de San Juan de la Cruz”. Boletín de Monumentos Históricos, Tercera Época, n.° 30 (enero-abril 2014): 36-49. Fajardo de Rueda, Marta, María Cecilia Álvarez White, Marina González de Cala y Julio César Barón Fernández. Tesoros artísticos del convento de las…
p. 716
02Historia de la religión en ColombiaJosé David Cortés Guerrero, Juana María Marín Leoz, Leonardo Fabián García Rincón, William Elvis Plata, Diana Paola Hernández Fernández, Alberto José Campillo Pardo, Aliza Moreno-Goldschmidt, Odette Yidi David, Jorge Enrique Salcedo Martínez, Jose Joaquin Pinto Bernal, Katherinne Giselle Mora Pacheco · 2022 · Página 61 cita
[2]los sínodos de Popayán, Cartagena y Santafé de los años de 1555, 1556 y 1558. EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:22:45 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 49 Lucas Fernández de Piedrahíta. Historia General de las Conquistas del. Nuevo…
p. 6
03Rugidos entre los Andes: una historia del jaguar en la región andina (1820-1910)José Arturo Jiménez Viña · 2015 · Página 371 cita
[3]ejemplo las actividades de la hermana Laura Montoya y sus sucesoras 90. Del mismo 84 Ibid., 59. 85 Fernández de Piedrahita, Historia General De Las Conquistas Del Nuevo Reino De Granada, 72. 86 "... y le secreté por bienes suyos para en cuenta y pago de mis salarios una yegua color castaña, un cuero de tigre, once…
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04Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · Página 1661 cita
[4]cuatro años antes de su muerte, en 1642. Desde el punto de vista historiográfico, Rodrí- guez Freyle se basa en las crónicas de fray Pedro Simón, el padre Juan de Castellanos y en la ex- tensa tradición oral americana. Rafael Humberto Moreno-Durán considera que esta obra, concebi- da inicialmente como una crónica,…
p. 166
05Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · Página 381 cita
[5]de la Real Audiencia. Los arzobispos, preben- dados y dignidades que han sido de esta santa iglesia catedral, desde el año de 1539, que se fundó, hasta 1636, que esto se escribe; con algunos casos sucedi- dos en este Reino, que van en la historia para ejemplo, y no para imitarlos, por el daño de la conciencia, obra…
p. 38
06Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · Página 321 cita
[6]el poder, la institución de la Real Audiencia prefirió guarecerse en el altiplano, entre Tunja y Bogotá, ciudades alejadísimas del mar y de la metrópoli. Naturalmente, allí se acen- tuó el formalismo de la ley y la escritura, y bajo aquella atmósfera mestiza encontramos los primeros textos narrativos. xxvi. De acuerdo…
p. 32
07Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · Página 1121 cita
[7]local por la vía del m atrim onio, de tal suerte que los intereses de los criollos bien relacionados sí tenían alguna representación. A unque por lo general a los criollos no se les perm itía o cupar altos cargos políticos, algunos m iem bros de la elite n eo granadina alcanzaron prestigio com o adm inistradores de…
p. 112
08Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · Páginas 463, 4692 citas
[8]contar, o como maestro for- mador de jóvenes en la lengua latina. Ahora bien, este medio social específico, los estu- diantes, condicionado por su pertenencia institucional, mantenía particulares relaciones con la ciudad. No que Santafé fuera una «ciudad universitaria», en el sentido en que se podía decir de París en…
p. 469
[10]primeros descubridores y conquistadores. En una palabra, pertenecían y sentían per - tenecer a lo que se llamó la república blanca, situación que sólo tuvo algunos cambios muy a finales del siglo xviii. Ahora bien, los había blancos de origen rural —hijos de encomenderos pobres o arruinados, esto sobre todo en el…
p. 463
09Memorias para la historia de la medicina en Santafé de BogotáPedro María Ibáñez · 2017 · Página 271 cita
[9]sentimientos de filantropía, otorgó es- critura pública, por la cual fijaba un sueldo anual de $ 350 al Protomédico Henríquez; uno de $ 200 al cirujano Ga- briel de Meneses, y uno de $ 60 a un barbero, gremio que hasta nuestros días se ha encargado de la práctica de las operaciones más sencillas de la pequeña cirugía,…
p. 27
10Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Página 821 cita
[11]contingente de misioneros, bajo la dirección de fray Tomás de Ortiz, con el título de protector de los indios, per- tenecientes a la comunidad de los dominicos, cu- 326 Arzobispos de Santa Fe antafé fue elevada a la categoría de S arquidiócesis en 1563. Los arzobispos fueron fray Juan de los Barrios (1563-1569), Luis…
p. 82
11Historia de la religión en Colombia, 1510-2021Jose Joaquin Pinto Bernal, Katherinne Giselle Mora Pacheco, Juan David Cascavita Mora, Juan Carlos Jurado Jurado, José Eduardo Rueda Enciso, Fabio Hernán Carballo, Fernanda Muñoz, Darío Arturo Zuleta Gómez, Carlos Arboleda Mora, Rafael Tamayo Franco, Juan Felipe Córdoba-Restrepo, Jeiman David López Amaya, María del Rosario Vázquez Piñeros, Andrés Felipe Manosalva Correa, Gabriel Cabrera Becerra, Gina Marcela Reyes Sánchez · 2022 · Página 61 cita
[12]edificar ni erigir iglesias grandes en dichas islas y tierras adquiridas o que en adelante se adquirieren; y concedemos el derecho de Patronato, y de presentar personas idóneas para cualesquiera iglesias catedrales, monasterios, dignidades, colegiatas y otros cualesquiera beneficios eclesiásticos y lugares píos. 14…
p. 6
12Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · Página 301 cita
[13]las parro- quias; la dotacién de los templos, monasterios y hospitales; la revisi6n de las sentencias de los tri- bunales eclesiésticos; la autorizacién para la circu- laci6én y aplicacién de todas las disposiciones pa- pales y el recibo de los diezmos que la Iglesia re- caudaba para sus atenciones. Por su parte, la…
p. 30
13Historia de la religión en ColombiaJosé David Cortés Guerrero, Juana María Marín Leoz, Leonardo García Rincón · 2022 · Páginas 1, 142 citas
[14]57 LAS ÓRDENES RELIGIOSAS Y LA SOCIEDAD NEOGRANADINA, SIGLOS XVI-XIX William Elvis Plata Introducción Las órdenes religiosas no solo fueron las grandes protagonistas del proceso de cristianización de la Nueva Granada en los siglos a, sino que, además, por lo mismo, adquirieron tal grado de XVI XVIII poder y de…
p. 1
[15]algunas regiones, como las actuales Antioquia y Santander, la influencia de las órdenes religiosas fue mucho más reducida, al punto de no existir sino muy pocos conventos y casas religiosas durante los siglos y. XVI, XVII XVIII Tan estrecho fue el vínculo de las órdenes con los poderes civiles, que su establecimiento…
p. 14
14Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · Página 2251 cita
[16]Un fuerte temblor de tierra sacude Santafé y destruye Pamplona (16 enero). 1645 Juan Fernández de Córdoba, presidente del Nuevo Reino; adelan- ta las obras en Honda para facilitar la nave- gación en el curso del Magdalena y organiza el archivo de la Au- diencia, encomenda- do al cronista Juan Flórez de Ocáriz. 1646…
p. 225
15Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · Página 4401 cita
[17]con esta discusión entabla da ya hace demasiado tiempo. Si se mira de cerca el funcionamiento real del sistema, pronto se percibe que existían relaciones concretas de poder entre los funcionarios españoles y los administrados, los llamados colonos o «españoles americanos», a quienes se identifica simplemente con los…
p. 440
16Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · Página 3761 cita
[18]abstracci ó n 392 ESTADO, ADMINISTRACION Y VIDA POL Í TICA de sus funciones ideales, para comprender la verdadera naturaleza de sus actuaciones. Finalmente, existe un nivel menos estudiado y mucho m á s problem á tico: el de las instancias puramente locales de poder, el de un equilibrio perpetuamente inestable entre…
p. 376
17Cuadros de la vida privada de algunos granadinosJosefa Acevedo de Gómez · 2017 · Página 2511 cita
[19]hacían cerrar cuidadosamente las puertas de sus casas. Por la tarde paseaban por la Alameda o el Ase- rrío, y a la oración se retiraban a sus casas a refrescar dulce y chocolate —orden en que se servía entonces este refresco y que después se ha invertido con escándalo de los amantes de los antiguos usos—. Luego se…
p. 251
18Estudios interdisciplinarios de las élites en ColombiaCatalina Acosta Oidor, Alexander Gamba Trimiño, Verónica Salazar Baena · 2023 · Página 651 cita
[20]forzado de la población indígena, la mano de obra esclavizada —importada de África— se convirtió en fuerza de trabajo cada vez más numerosa, conviviendo con formas de trabajo asalariado 20. La combinación de ingresos procedentes de pro - piedades urbanas, propiedades agrarias, minas, obrajes, la incursión en…
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19Historia de la religión en Colombia, 1510-2021José David Cortés Guerrero · 2022 · Páginas 1, 102 citas
[21]89 LA INQUISICIÓN EN LA NUEVA GRANADA Alberto José Campillo Pardo Introducción El devenir de las religiones es un aparte fascinante de la disciplina histórica, pues su estudio comprende no solo la cosmovisión y las creencias de una sociedad determinada, sino también una serie de instituciones y prácticas políticas y…
p. 1
[22]de los inquisidores. 17 EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:23:33 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 99 EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:23:33 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to…
p. 10
20Historia de la religión en ColombiaJosé David Cortés Guerrero, Juana María Marín Leoz, Leonardo Fabián García Rincón, William Elvis Plata, Diana Paola Hernández Fernández, Alberto José Campillo Pardo, Aliza Moreno-Goldschmidt, Odette Yidi David, Jorge Salcedo Martínez · 2022 · Página 11 cita
[23]74 VIDA RELIGIOSA FEMENINA EN EL NUEVO REINO DE GRANADA, SIGLOS XVII Y XVIII Diana Paola Hernández Fernández Introducción El estudio de la vida religiosa femenina en Colombia se ha desarrollado desde múltiples perspectivas que buscan dar cuenta del papel de la mujer en la Colonia y la manera como la Iglesia católica…
p. 1
21Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · Página 2011 cita
[24]progreso, tal como lo exigía el modelo liberal burgués que se quería hacer fructificar. He aquí cómo la época li- beral se forjaba críticamente su propio pasado, que servía a su vez de legiti- mación a sus proyectos revoluciona- rios del presente. La historiografía conservadora apa- rece en el ambiente de crisis y de…
p. 201
22Historia y nación. Tentativas de la escritura de la historia en ColombiaAlexander Betancourt Mendieta · 2020 · Páginas 1, 152 citas
[25]27 Capítulo I Instaurar una tradición: las porfías de la historia nacional En el siglo aparecieron las primeras obras que utilizaron la noción de pasado para consagrar los XIX orígenes de la República. Las condiciones posteriores a la Independencia permitieron que los hombres de letras que elaboraron ejercicios de…
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[26]los españoles en Chile” (1844)”, en Caracas, Ministerio de Educación, 1957, pp. 160-161 (Obras Obras completas, completas,). XIX Rafael Gómez, “José Manuel Restrepo, fundador de la República y padre de la historia moderna” (1963), op. cit,, pp. 4-14., p. 15. Ibid. Quizás por eso, el de José Manuel Restrepo solo vio la…
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23Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · Página 1091 cita
[27]historia de Colombia, tomos I-IV, Bogotá, 1982. CASTELLANOS, JUAN DE: Elegías de varones ilustres de Indias,Bogotá, 1955. Documentos relativos a don Pedro de La Casca y Gonzalo Pizarro, tomos I-II, Madrid, 1964. FRIEDE, JUAN:Gonzalo Jiménez de Quesada a través de documentos históricos,Bogotá, 1960.: Documentos…
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