Confederaciones muiscas del Altiplano cundiboyacense (c. 1000–1537)
Entre el año 1000 d.C. y la llegada de Gonzalo Jiménez de Quesada en 1537, los altiplanos de Bogotá, Tunja y Sogamoso albergaron la sociedad prehispánica más densa y políticamente compleja del actual territorio colombiano: un mosaico de cacicazgos jerarquizados, con dos polos de poder —el Zipa de Bacatá y el Zaque de Hunza—, cuyo proceso de integración supralocal quedó inconcluso al ser interrumpido por la conquista española.
Ficha del acontecimiento
Síntesis
- Cuándo
- c. 1000–1537 d.C.
- Dónde
- Altiplano cundiboyacense, Sabana de Bogotá, Zipaquirá, Cundinamarca, Boyacá, Bacatá (Funza), Hunza (Tunja), Sugamuxi (Sogamoso), Tundama (Duitama), Nemocón, Zipacón
- Protagonistas
- Nemequene, Tisquesusa, Quemuenchatocha, Sagipa, Gonzalo Jiménez de Quesada, Zipa de Bacatá, Zaque de Hunza, Sugamuxi (señor ceremonial), Carl Henrik Langebaek, Ana María Boada
Lectura causal
Causas, hecho y consecuencias
Causas
- La excepcional diversidad agroclimática del altiplano cundiboyacense proporcionó una región nuclear estable con recursos permanentes —papa, maíz, sal, esmeraldas— que hizo viable sostener poblaciones concentradas, excedentes tributables y una jerarquía política diferenciada.
- La especialización regional en la producción de bienes estratégicos —sal de Zipaquirá, esmeraldas de Somondoco, mantas de algodón, coca, oro— generó redes de intercambio de larga distancia que incentivaron la integración política supralocal.
- El crecimiento demográfico sostenido desde el período Muisca Temprano (hace c. 1000 años) amplió la escala de los asentamientos y la complejidad de su organización, creando las condiciones materiales para la formación de cacicazgos complejos.
- Las campañas militares de expansión territorial conducidas por los zipas —especialmente Nemequene y su sucesor Tisquesusa— y los zaques buscaron incorporar cacicazgos menores e independientes, impulsando la integración política por la vía de la conquista.
Consecuencias
- La conquista española de 1537 interrumpió un proceso de integración política todavía inconcluso, impidiendo que las confederaciones muiscas resolvieran por vía propia su forma política definitiva y dejando sin respuesta la pregunta sobre si habrían alcanzado un Estado pleno.
- La desarticulación de la estructura cacical muisca —con sus redes de tributo, redistribución y especialización productiva— transformó radicalmente la economía y la organización social del altiplano cundiboyacense durante el período colonial.
- Las confederaciones muiscas se convirtieron en el referente central de la historiografía prehispánica colombiana para debatir la naturaleza del cacicazgo, la diferenciación social y el umbral del Estado, debate que permanece abierto por la debilidad y variabilidad de la evidencia arqueológica disponible.
- La escasez de excavaciones sistemáticas en territorio muisca —sin una sola casa excavada de forma controlada hasta la fecha de las fuentes consultadas— ha limitado estructuralmente la posibilidad de reconstruir las fases de desarrollo de la cultura muisca y zanjar los problemas de continuidad entre el período Herrera y la ocupación muisca posterior.
La clave interpretativa
Por qué importa
Las confederaciones muiscas son el caso prehispánico colombiano donde la pregunta sobre el umbral entre cacicazgo y Estado se plantea con mayor agudeza: su organización política combinaba centralización incipiente, señoríos ceremoniales autónomos, fronteras móviles y diferenciación social débil, todo ello en un proceso truncado por la conquista antes de resolverse. Esa condición inconclusa, lejos de ser un defecto del registro histórico, es precisamente lo que convierte a los muiscas en el laboratorio más rico para discutir los límites de los modelos evolucionistas aplicados a las sociedades prehispánicas americanas.
Desarrollo histórico
La historia completa
Confederaciones muiscas del Altiplano cundiboyacense (c. 1000–1537)
Entre el año 1000 de nuestra era y la irrupción de Gonzalo Jiménez de Quesada en marzo de 1537, en los altiplanos fríos de Bogotá, Tunja y Sogamoso se articuló la sociedad prehispánica más densa y políticamente compleja de lo que hoy es Colombia. Los muiscas —hablantes de una lengua chibcha, cultivadores de maíz y papa, mineros de sal y esmeraldas, tejedores de mantas de algodón— habían construido para entonces un mosaico de cacicazgos jerarquizados que gravitaban alrededor de dos polos: el Zipa de Bacatá, con sede en Funza, y el Zaque de Hunza, en la actual Tunja. Ni tribus igualitarias ni Estados plenos, sino unidades políticas en proceso de integración supralocal, con fronteras móviles, señoríos ceremoniales autónomos y cacicazgos menores que aún no habían sido absorbidos. Ese proceso, todavía inconcluso, fue interrumpido por la conquista española antes de que pudiera resolverse en una forma política estable, y su condición trunca es lo que ha convertido a las confederaciones muiscas en el referente central del debate sobre la naturaleza del cacicazgo, la diferenciación social y el umbral del Estado.
El altiplano como condición de posibilidad
La geografía fue el primer dato. Los altiplanos de Bogotá, Tunja y Sogamoso, situados entre los 2.500 y los 2.800 metros de altitud, ofrecen una diversidad agroclimática excepcional: tierras frías con papa, cubios, ibias y quinua; laderas templadas al alcance corto para maíz, fríjol y algodón; y fuentes de agua permanentes. A diferencia de los Tairona de la Sierra Nevada o de los cacicazgos de las vertientes cordilleranas, los muiscas contaron con una región nuclear estable, con recursos permanentes y de fácil aprovechamiento. Esa base ecológica no explica por sí sola la complejidad política que allí se desarrolló, pero sin ella habría sido inviable: fue la condición estructural que permitió sostener poblaciones concentradas, excedentes tributables y una jerarquía política diferenciada.
La ocupación humana del altiplano se remonta a unos 12.000 años, pero el asentamiento agroalfarero es más reciente. Las primeras manifestaciones aparecen en los abrigos rocosos de Zipacón, en Cundinamarca, en una capa datada hace 3.270 años: los registros cerámicos más antiguos conocidos de la altiplanicie oriental. Allí se encontraron, junto a instrumentos de caza y recolección, restos de batata y aguacate, plantas propias de pisos térmicos más cálidos, lo que revela desde el inicio una lógica de circulación humana entre el valle del Magdalena, las vertientes y la altiplanicie fría. La agricultura no evolucionó localmente: se introdujo como complejo ya desarrollado, probablemente con desplazamientos de población desde otras áreas.
La secuencia cerámica del altiplano se ordena en tres períodos: Herrera (entre hace unos 2.400 y 1.000 años), Muisca Temprano (hace 1.000 a 800 años) y Muisca Tardío (hace 800 a 500 años, del siglo XIII hasta la Conquista). El período Herrera en la sabana de Bogotá se extendió, según los hallazgos estratificados de Zipaquirá, desde el siglo IV a.C. hasta finales del siglo I d.C. Fueron ocupaciones modestas: en el sitio de El Venado, cerca de Samacá, la aldea Herrera no superaba las cincuenta personas repartidas en unas once viviendas agrupadas en dos núcleos. Cinco siglos, o más, de asentamiento sostenido pero pequeño.
La relación entre los pobladores Herrera y los muiscas posteriores permanece sin resolver. No hay claridad sobre si hubo continuidad demográfica, reemplazo poblacional o algún tipo de fusión: la transición es uno de los problemas abiertos de la arqueología del altiplano. Lo que sí muestra la evidencia es que a partir del Muisca Temprano la población creció significativamente, y que en el Muisca Tardío —los tres o cuatro siglos previos a 1537— la comunidad de El Venado llegó a ocupar 14,4 hectáreas distribuidas en nueve zonas de agrupación de casas. Ese salto de escala es el marco material dentro del cual se formaron los cacicazgos complejos que encontraron los españoles.
La forma de la autoridad: caciques, uzaques, capitanes y jeques
La organización política muisca era piramidal pero no monolítica. En la cúspide se hallaban los dos grandes señores —el Zipa de Bacatá y el Zaque de Hunza—, y por debajo de ellos una jerarquía de caciques, uzaques (jefes de tribu) y capitanes, con rangos reconocidos entre sí, aunque la articulación precisa de esos niveles quedó descrita con poca nitidez en la documentación colonial. Los uzaques residían en aldeas cercadas, algunas de considerable tamaño; los capitanes vivían a campo abierto, junto a sus vecinos, en un patrón de asentamiento más disperso.
Junto a esta cadena civil-militar operaba otra estructura, la de los jeques —sacerdotes-hechiceros con influencia política—, y una tercera de guerreros de élite, los guechas, apostados en los sitios fronterizos de la confederación de Bogotá. Los cronistas nombran los puntos donde estaban destacados los guechas del Zipa: Cáqueza, Ciénaga, Chinga, Fosca, Guasca, Luchuta, Pacho, Pasca, Simijaca, Subachoque, Subia, Teusacá y Tibacuy. Eran reclutados entre los indígenas más valientes y prestigiosos, descritos como parientes del señor, y su función era defender los límites del dominio. Existían también pregoneros que actuaban como mensajeros e intérpretes de los caciques.
Los señoríos se articulaban entre sí por vínculos de parentesco. Los caciques de Bogotá y Chía eran parientes, como lo eran los de Suba y Tuna, los de Tunja y Ramiriquí, los de Guatavita y Teusacá, los de Duitama y Tobasía. El tipo exacto de esa relación —consanguinidad matrilineal, alianza matrimonial, ficción política— rara vez queda especificado, pero la red de parentescos era el tejido a través del cual circulaban las lealtades. En el caso de Bogotá, además, había una norma sucesoria peculiar: el cargo debía pasar primero por el cacique de Chía. Esa norma —cuya lógica ceremonial y política no ha sido plenamente descifrada— fue precisamente el punto por donde se coló la crisis dinástica que los españoles encontraron abierta en 1537.
Los jeques y los señores de los grandes centros ceremoniales no eran caciques tributarios ordinarios. Los sacerdotes de alto rango que gobernaban los templos principales no se sujetaban plenamente al poder civil o militar del Zipa o el Zaque: su autoridad derivaba de otra fuente y operaba con una autonomía que atravesaba las fronteras políticas. Ese es el caso, sobre todo, del señor de Sugamuxi, cuyo centro religioso mantenía un rango que lo eximía de la sumisión ordinaria. Es una pieza clave del rompecabezas: la sociedad muisca tenía dos ejes de legitimidad —el civil-militar y el ceremonial— que no coincidían territorialmente, y esa disyunción imponía un límite estructural a cualquier proceso de centralización política pura.
Tributo, redistribución y el sentido del oro
La economía política de los cacicazgos muiscas descansaba sobre el tributo en especie y en trabajo. Los sujetos aportaban al cacique parte de sus cosechas, mano de obra para el cultivo de sus sembrados, para el sostenimiento del sacerdocio y para obras comunes como los canales de desecación de la sabana. Los excedentes acumulados por el cacique no se convertían en riqueza personal en el sentido europeo del término: se consumían en festejos solemnes con los sujetos, se reservaban para casos de guerra o necesidad, y se destinaban a las ofrendas rituales. La lógica era redistributiva y ceremonial antes que acumulativa.
En ninguna dimensión es esto más nítido que en el manejo del oro. Más de la mitad de los objetos de orfebrería muisca no se usaba como adorno personal para exhibición. El oro guardado en los cercados de los caciques se distribuía entre ciertas personas para lucirlo en festejos o para acudir a la guerra, y la mayor parte del tiempo permanecía oculto o servía para cubrir santuarios: sacado, en efecto, de circulación. El cacique era menos su propietario que su custodio, y la lógica del metal era la ofrenda antes que la acumulación. Este dato desmonta la lectura española del oro cacical como signo de poder personal —una proyección que los conquistadores traían consigo— y sugiere que la autoridad política muisca se legitimaba más por la mediación ritual y la generosidad festiva que por el monopolio de la riqueza.
La producción se organizaba con marcada especialización regional. En el valle seco del Chicamocha se cultivaba coca —parte también provenía de las laderas templadas—; en el piedemonte llanero y en los términos de Vélez, algodón; en los valles de Samacá, Icaga y Oicatá, tabaco; en Guatavita, orfebrería. La sal se extraía sobre todo de Zipaquirá y de otras salinas menores de la cordillera Oriental. Las esmeraldas provenían de las minas de Somondoco, en el valle de Tenza, controladas por el Zaque de Hunza. El Zipa carecía de esmeraldas en sus dominios, así como carecía de oro; obtenía ambos por intercambio, la primera con Hunza, el segundo con las comunidades del valle del Magdalena, particularmente hacia Neiva.
Esa especialización, junto con el control diferencial de recursos estratégicos, generó una red de intercambio de larga distancia. La sal de Zipaquirá circulaba a lo largo de las cuencas del Magdalena hasta Neiva por el sur y hasta los alrededores de Barrancabermeja por el norte, y penetraba hacia el oriente unos 800 kilómetros. El control de las salinas otorgó al Zipa algo cercano a un monopolio sobre ese producto. Los principales artículos de exportación muisca —sal, esmeraldas, coca y mantas de algodón— se cambiaban por oro, plumas, aves y yopo con comunidades vecinas y lejanas. En los principales centros comerciales del territorio muisca se celebraba mercado cada cuatro días.
Las mantas de algodón funcionaban como el bien más cercano a un patrón de medida de valor: aceptadas en el intercambio por casi cualquier otra mercancía, aunque no completamente homogéneas, pues la cantidad de trabajo incorporado variaba entre unas y otras. Ni el oro ni la sal llegaron a operar como medios generales de cambio, precisamente porque en las regiones donde se producían en abundancia difícilmente se aceptaban como pago. La economía era, en rigor, no monetaria: un sistema de trueque estructurado por la especialización ecológica y por el prestigio simbólico de ciertos bienes.
La presencia de caracoles marinos en la sabana de Bogotá desde tiempos anteriores al período muisca da la medida del alcance de estas redes: objetos que sólo pueden proceder de la costa atlántica, transportados a través de la cordillera y el valle del Magdalena, atestiguan que la altiplanicie estaba integrada, desde muy temprano, a circuitos de intercambio de escala continental.
La dinámica política: expansión, guerra y fragilidad
Los estados muiscas mayores se desarrollaron a partir de supremacías bélicas y bajo el mando de dinastías surgidas de jefaturas tribales; superaron una instancia intermedia de unidades tribales para constituir agregados políticos más amplios. Pero la integración nunca se cerró. En 1537, cuando entraron los españoles, subsistían dentro y en los bordes del área muisca cacicazgos independientes o de sumisión ambigua: Tundama (Duitama), Sogamoso, Sáchica, Tinjacá, Guachetá. Las comunidades del río Chicamocha pagaban tributo a los señores de Sugamuxi y de Duitama, y se discute si uno u otro aceptaban a su vez el dominio del Zaque de Hunza. Las fronteras de autoridad entre los grandes señoríos no eran estáticas: cada señor buscaba expandirse a costa del vecino e incorporar comunidades previamente independientes.
La generación anterior a la Conquista había visto el episodio más agresivo de esa expansión. Nemequene, zipa de Bacatá, condujo campañas militares que fueron continuadas por su sobrino y sucesor Tisquesusa. Este habría levantado sesenta mil guerreros para vengar la muerte de su tío y proseguir sus aspiraciones expansionistas hacia el norte, contra el Zaque Quemuenchatocha. Fue entonces cuando llegaron los españoles: la campaña quedó suspendida en un umbral que nunca se resolvió por vía indígena.
Junto a esa expansión hacia afuera, la política interna estaba persistentemente erosionada por la usurpación. La sucesión al cacicazgo era un punto estructuralmente frágil. El caso de Sagipa —también llamado Saxajipa o Sajipa—, quien asumió el cargo de Zipa tras la muerte de Tisquesusa a manos de los españoles, es el ejemplo paradigmático que quedó registrado: fue impugnado como usurpador. La norma que exigía el paso previo por el cacicazgo de Chía era el criterio por el cual su legitimidad podía ser cuestionada. Y todo indica que las usurpaciones y las rencillas palaciegas no eran episodios aislados sino un rasgo recurrente del sistema.
Aquí conviene detenerse. Si se lee con cuidado el conjunto de la evidencia, el retrato de una centralización muisca en marcha, avanzada, casi imperial —imagen que a veces se filtró en la historiografía nacionalista del siglo XX— no se sostiene sin matices severos. La centralización estaba en marcha, sí, pero contrapesada por fuerzas centrífugas igualmente estructurales: los señores ceremoniales operaban al margen del poder civil; las usurpaciones eran recurrentes; los cacicazgos periféricos resistían la absorción; las capitanías tenían cierta autonomía territorial vinculada a la posesión de tierras de labranza, lo que las hacía menos manejables. La sociedad muisca oscilaba entre modalidades contradictorias de cohesión: nucleación en torno al cercado del cacique y dispersión en las capitanías.
A esto se suma un problema que la arqueología no ha logrado zanjar: la evidencia de diferenciación social es débil y variable entre sitios. Los contextos funerarios muestran diferenciación mínima, basada en edad y en rango heredado, y en sitios como Tibanica la diferenciación se expresa apenas en las prácticas mortuorias. Los patrones varían significativamente entre sitios cercanos —los cementerios de Soacha son un ejemplo—, lo que dificulta cualquier generalización universal. En el sitio de Suta, en el valle de Leiva, se distinguen desde el Muisca Temprano algunas unidades residenciales concentradas dentro de una palizada o cercado, rodeadas de otras unidades exteriores; y las unidades con mayor concentración de cerámica decorada en el Muisca Temprano continúan siéndolo en el Muisca Tardío, lo que sugiere estabilidad de estatus a lo largo de varias generaciones. Pero las diferencias porcentuales son menos rotundas de lo que cabría esperar en una sociedad plenamente estratificada.
A ello se añade que las excavaciones científicamente controladas en territorio muisca han sido escasas. Hasta hace poco no se conocía una sola casa muisca sistemáticamente excavada, y el marco cronológico para la etapa cerámica del altiplano cundiboyacense sigue teniendo aspectos desconocidos, con estratigrafías apenas definidas. Reconstruir los orígenes y las fases sucesivas del desarrollo político muisca es todavía una tarea abierta.
Religión, calendario y astronomía
La legitimación del poder muisca pasaba, en última instancia, por la mediación religiosa. El calendario lunar articulaba las fases de la luna con las faenas agrícolas y con el culto; los nombres de los números en lengua chibcha estaban vinculados a las fases lunares y a las labores del año agrícola. La astronomía y la meteorología muiscas se desarrollaron a partir de la agricultura, y sobre ellas se estructuró el calendario ceremonial que ordenaba la vida colectiva.
El panteón muisca giraba en torno a Chiminigagua, principio creador, y a un conjunto de divinidades entre las que aparecen Bachué —asociada al origen y a la luna—, Bochica —figura civilizadora vinculada al sol— y Chibchacum —dios protector—, además de otras deidades menores atadas a actividades específicas. Los lugares de culto eran grutas, cascadas, lagos y montañas: geografías del paisaje sacralizadas más que templos construidos. Y sobre esos lugares, y sobre santuarios cubiertos de oro reluciente al sol, se depositaban las ofrendas.
Los grandes centros ceremoniales —Sugamuxi ante todo— gozaban de un rango religioso que trascendía las fronteras políticas ordinarias. Sus señores eran sacerdotes de alto rango, y por esa razón no se sujetaban al poder civil ni militar de los grandes señores. Esta autonomía sacerdotal es uno de los rasgos que impide leer la organización política muisca como un Estado en formación al modo europeo o incaico: la autoridad religiosa no se subordinaba a la política, sino que operaba en un plano paralelo, y a veces atravesado con ella. El oro que cubría los santuarios y el oro que guardaban los caciques pertenecían, en un sentido, al mismo circuito ritual —un circuito que retiraba el metal de la circulación económica y lo devolvía al mundo de las deidades.
La irrupción: 1536-1538
En los primeros días de abril de 1536, la expedición organizada por Pedro Fernández de Lugo y comandada por Gonzalo Jiménez de Quesada zarpó de Santa Marta. La componían al menos diez barcos y más de mil personas en total, divididos en un grupo que ascendía por tierra y otro que remontaba el río Magdalena. Once meses después, hacia principios de marzo de 1537, los sobrevivientes emergieron a las planicies andinas habitadas por los muiscas: unos ciento setenta hombres y treinta caballos. Naufragios, enfermedades y hambre habían consumido a la mitad de la expedición.
La resistencia armada muisca fue militarmente limitada. Los guerreros combatían con espadas y lanzas de madera, sin las flechas envenenadas de los caribes, y los enfrentamientos durante la marcha tuvieron pocas consecuencias para los españoles. La conquista fue facilitada, más que por la superioridad militar, por las divisiones políticas internas del mundo muisca: la rivalidad entre el Zipa y el Zaque, las rencillas sucesorias abiertas en cada dominio, la posibilidad de sumar aliados indígenas locales dispuestos a colaborar contra sus propios señores. Tisquesusa murió a manos de los españoles, y los muiscas eligieron entonces a Sagipa, que continuó la resistencia por un tiempo y luego se entregó. Los conquistadores lo sometieron a juicio, lo acusaron de usurpar el cacicazgo de Bogotá y de ocultar el tesoro del zipa muerto.
En el valle de Tunja, el 20 de agosto de 1537, según el libro de registro oficial de la expedición conservado en el Archivo General de Indias, los españoles capturaron al Zaque Quemuenchatocha y obtuvieron 136.000 pesos de oro fino, 14.000 pesos de oro bajo y 280 esmeraldas. El botín de Tunja, superior al de Bacatá, revela la desigualdad de las acumulaciones cacicales.
El 6 de agosto de 1538, en el sitio conocido como Teusaquillo —probablemente lugar de esparcimiento del Zipa—, Jiménez de Quesada fundó la ciudad de Santafé, capital del Nuevo Reino de Granada, levantando doce cabañas de paja en torno a una iglesia también de paja. Nombró el territorio en honor a la ciudad española de Granada, asociada a su origen o a la villa de Santa Fe fundada por los Reyes Católicos, y tomó posesión formal arrancando hierbas del suelo.
Poco después ocurrió el encuentro que habría podido desatar una guerra entre conquistadores: Jiménez de Quesada se topó, en la sabana, con dos expediciones rivales que habían llegado al altiplano por rutas insospechadas. Sebastián de Belalcázar avanzaba desde el sur, desde Quito, tras haber fundado Popayán y Cali en el camino. Nicolás de Federmán había atravesado los Llanos Orientales desde Venezuela y remontado la cordillera. Los tres evitaron el conflicto armado y acordaron no disputarse el botín por la fuerza.
El desenlace fue brutal para la memoria política muisca. Hernán Pérez de Quesada, hermano del conquistador, dio muerte al último zaque de Hunza y a los usaques y capitanes viejos congregados en Tunja con motivo del matrimonio de su señor. Con ellos se perdieron los portadores vivos de la tradición política prehispánica: los hombres que habrían podido narrar, con sus propias categorías, la lógica de un sistema que apenas empezaba a ser escrito por manos ajenas.
Lo que quedó, y lo que quedó por saber
Los cacicazgos muiscas del Altiplano cundiboyacense no encajan ni en la categoría de tribu igualitaria ni en la de Estado pleno. Ocupaban un lugar intermedio que las categorías forjadas sobre otras trayectorias políticas —el Estado europeo, el imperio incaico— no alcanzan a nombrar con precisión. Había jerarquía, tributo, especialización productiva, redes de intercambio de larga distancia, guerra ofensiva y frontera defendida. Había también fragmentación estructural, autonomía sacerdotal, usurpaciones sucesorias, diferenciación social arqueológicamente tenue y cacicazgos periféricos que resistían la absorción. El proceso de integración supralocal avanzaba, impulsado por el Zipa y el Zaque, pero sostenido más por la mediación ritual y la redistribución festiva que por el monopolio coercitivo. Y quedó cortado por la Conquista.
Los testimonios indígenas postconquista sobre la sujeción al Zipa o al Zaque llegaron a la escritura colonial pasados por el filtro de conceptos —tributo, dominio, sujeción, señorío— que eran españoles antes que muiscas. El tránsito de la oralidad chibcha a la pluma castellana fue también una reelaboración conceptual. Cuando los cronistas describen un sistema piramidal de vasallajes, están traduciendo. Y como toda traducción, la suya endurece contornos, borra ambigüedades, impone un molde. La imagen de una centralización avanzada, casi imperial, que a veces se filtró en la historiografía posterior, se apoya en parte en esa traducción, y en parte en la ejecución física de los hombres que habrían podido matizarla desde adentro.
Queda mucho por saber. La transición entre el período Herrera y el Muisca Temprano sigue abierta. Las excavaciones sistemáticas del altiplano apenas empiezan a dar sus primeras secuencias firmes. La articulación precisa entre uzaques, capitanes y capitanías con las tierras de labranza no está resuelta. La relación entre la especialización productiva regional y la formación de los grandes señoríos —¿fue el control de la sal lo que hizo poderoso al Zipa, o fue el Zipa poderoso quien controló la sal?— sigue en discusión. La diferenciación social arqueológica muestra un cuadro más plano de lo que sugieren las crónicas, y esa disyunción entre lo que queda enterrado y lo que quedó escrito es uno de los problemas centrales por resolver.
Por eso las confederaciones muiscas siguen siendo el referente central del debate sobre el cacicazgo, la diferenciación y el umbral del Estado en la historia prehispánica de Colombia. No porque ofrezcan una respuesta clara, sino porque obligan a reformular las preguntas. El mundo que Jiménez de Quesada encontró en marzo de 1537 no era un imperio en ruinas ni una tribu recién despertada a la política: era una experiencia histórica específica, en curso, con una lógica propia que la Conquista clausuró antes de que llegara a ser leída en sus propios términos. Reconstruirla, con la evidencia disponible y con la conciencia de sus límites, sigue siendo tarea abierta.
La época alrededor
Este hecho no ocurrió solo
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
01Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 91, 94, 983 citas
[1]perfecci ó n de las construcciones de los Tairona. Esta falta de inter é s en la conservaci ó n de tierras o en la intensificaci ó n de su uso, podr í a indicar la general abundancia de tierras f é rtiles, ocupadas por una poblaci ó n bastante dispersa. Es claro que el pa í s. de los Muisca ten í a un “ interior ”,…p. 94
[15]escondido. El arte muisca es r í gido, lineal y altamente estilizado, y se distingue inmediatamente de los estilos elaborados, a veces exuberantes, de las culturas prehist ó ricas de las tierras vecinas. Pero esta misma rigidez y simetr í a, estas superficies opacas y estas formas sobrias, tienen un especial encanto.…p. 98
[67]n de este orden, es decir, el ciclo de los solsticios, y equinoccios, junto con la formulaci ó n de un calendario agr í cola y ceremonial, quedaba a cargo de los sacerdotes, que constru í an sus templos y centros ceremoniales en funci ó n de estos fen ó menos astron ó micos y meteorol ó gicos. El Sol y la Luna eran…p. 91
02Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 4, 12, 17, 214 citas
[2]© Marco Forero, 2016 © Editorial Planeta Colombiana S. A., 2016 Calle 73 N.° 7-60, Bogotá Diseño de cubierta: Departamento de diseño Grupo Planeta Primera edición: abril de 2016 ISBN 13: 978-958-42-4984-5 Desarrollo e-pub: Hipertexto Ltda. Este libro no podrá ser reproducido, ni total ni parcialmente, sin el previo…p. 4
[44]las relaciones comerciales afianzaban redes de intercambio cultural más profundas. un aspecto importante de la sociedad muisca fue el desarrollo y la complejidad que se desprendieron de una economía natural no monetaria, y que se desplegó al tener un escenario de vastas redes comerciales y cercanías culturales y…p. 12
[54]reunieron en el cacicazgo de Bacatá (Bogotá) con la expedición de Jiménez de Quesada proveniente de Santa Marta. 1. Expedición de Jiménez de Quesada El primero de abril de 1536 don Pedro Fernández de Lugo, gobernador de Santa Marta, dio en su “Instrucción y Memoria” para la jornada que iba al “Río Grande”, nombrando…p. 17
[62]noticia de la muerte de Fernández de Lugo, gobernador de la provincia de Santa Marta, hizo que Jiménez de Quesada apresurase su traslado en la mayor brevedad a la Corte Española, y provisto de una mayor cantidad de dinero se despreocupó de la organización de la ciudad de Bogotá con el debido cumplimiento de las…p. 21
03Economías prehispánicas de ColombiaAlberto Gómez Gutiérrez, Ignacio Briceño Balcázar, Jaime Eduardo Bernal Villegas, Carlos Eduardo López Castaño, Martha Cecilia Cano Echeverri, Francisco Javier Aceituno Bocanegra, Nicolás Loaiza Díaz, Andrea M. Cuéllar, María Alicia Uribe Villegas, Marcos Martinón-Torres, Santiago Giraldo, Daniela Castellanos Montes, Marianne Cardale de Schrimpff, Carl Henrik Langebaek, María Antonieta Corcione Nieto, Catalina Zorro, Luisa Mendoza, Marcela Bernal, Lucero Aristizábal, Leonor Herrera · p. 158, 182, 303, 3708 citas
[3]larga secuencia de ocupaciones humanas en el altiplano, iniciada hace unos 12.000 años, y sus evidencias se encuentran sin interrupción desde el 900 d. C. aproximadamente hasta la conquista española en el siglo XVI y aún varios siglos después, durante el período colonial, en algunas regiones (Langebaek, 1995). M APA…p. 182
[4]larga secuencia de ocupaciones humanas en el altiplano, iniciada hace unos 12.000 años, y sus evidencias se encuentran sin interrupción desde el 900 d. C. aproximadamente hasta la conquista española en el siglo XVI y aún varios siglos después, durante el período colonial, en algunas regiones (Langebaek, 1995). M APA…p. 182
[35]de metal o elaborados con huesos de ciertas clases de animales— servía para marcar una diferencia social que, sin embargo, no tenía relación alguna con el control de la vida económica. En el sitio, es probable que el grupo 2 se asocie con el consumo conspicuo: festejos, exhibición de fauna exótica e incluso consumo de…p. 370
[36]de metal o elaborados con huesos de ciertas clases de animales— servía para marcar una diferencia social que, sin embargo, no tenía relación alguna con el control de la vida económica. En el sitio, es probable que el grupo 2 se asocie con el consumo conspicuo: festejos, exhibición de fauna exótica e incluso consumo de…p. 370
[38]productos muy diferentes en el sentido de que el primero era geográficamente restringido, esencial para la vida, pero no se hallaba en áreas vecinas; su valor económico dependía del comercio o de intercambios a corta y larga distancia. La transcendencia y el alcance geográfico de este intercambio por intermedio de los…p. 303
[39]productos muy diferentes en el sentido de que el primero era geográficamente restringido, esencial para la vida, pero no se hallaba en áreas vecinas; su valor económico dependía del comercio o de intercambios a corta y larga distancia. La transcendencia y el alcance geográfico de este intercambio por intermedio de los…p. 303
[41]y la consolidación de las figuras de autoridad en estas sociedades mediante la redistribución de bienes provenientes de diversas ecologías (Sahlins, 1958; Service, 1962). Eventualmente se revaluó la redistribución como atributo de las economías cacicales (Earle, 1977; Feinman y Neitzel, 1984) y esta pasó a ser…p. 158
[42]y la consolidación de las figuras de autoridad en estas sociedades mediante la redistribución de bienes provenientes de diversas ecologías (Sahlins, 1958; Service, 1962). Eventualmente se revaluó la redistribución como atributo de las economías cacicales (Earle, 1977; Feinman y Neitzel, 1984) y esta pasó a ser…p. 158
04Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 211 cita
[5]valle del río Magdalena, a través de la cuenca del río Sogamoso. Otra vía fue la vertiente del río Apulo, tributario del Bogotá, que marca valles alargados y vías naturales de fá- cil acceso para los grupos que debieron despla- zarse desde los pisos térmicos cálidos hasta la sa- bana de Bogotá, y en sentido inverso,…p. 21
05Historia de Colombia. La Colombia más Antigua. Tomo 1Gonzalo Hernández de Alba (dir.); Camilo Domínguez O., José L. Lorenzo, Amancio Fernández, Gonzalo Correal y otros · p. 119, 130, 133, 1414 citas
[6]que, durante el citado período, hicieron su aparición en la sabana de Bogotá las primeras ma- nifestaciones agro-alfareras. En los abrigos roco- sos de Zipacón (Cundinamarca), en una capa que data de 3.270 años antes del presente, aparecen los registros cerámicos más antiguos que se conocen en la altiplanicie…p. 119
[8]laguna de la Herrera, Zipacón, Tequen- 114 Dibujo explicativo de los diferentes tipos de cerámica muisca. Entre esas variadas formas había piezas de simple utilidad doméstica y otras de uso ritual, como copas, múcuras y figurillas. dama, Zipaquirá, Sopó y Nemocón, y hacia el norte del altiplano en los alrededores de…p. 141
[25]dentro de una estructura federal». 103 Figura femenina de arcilla hueca procedente del territorio cundiboyacense. La figura, sin duda una dama de alto rango, aparece adomada con collares, dijes y diademas y hasta con cetro o bastón ceremonial. A continuación se tratará acerca de la estructura socio-política, para lo…p. 130
[49]las cercanías de Bogotá y Tunja se pueden ver pequeñas planadas artificiales, y sobre ellas, algunas piedras puestas en círculo. Estos si- tios dan la impresión de ser restos de casas senci- llas, cerca de los cultivos». Las aldeas nucleadas o concentradas y las vi- viendas dispersas no fueron necesariamente habi-…p. 133
06Antes de Colombia. Los primeros 14.000 añosCarl Henrik Langebaek · 2021 · p. 235, 376, 383, 4034 citas
[7]de población. Estudios llevados a cabo por José Luis Socarras han confirmado que el maíz fue importante no solo en la segunda ocupación, sino también en la primera. Los estudios de José Vicente Rodríguez en el sitio de Santa Helena han encontraron que la segunda ocupación no se interrumpió hace 650 años, es decir,…p. 376
[9]triángulo o en línea. Gracias a investigaciones realizadas en diversas partes de los Andes orientales se sabe que las viviendas muiscas medían entre unos 5 y 6 metros de diámetro, si bien existió una enorme diversidad de estructuras, sobre todo en los periodos más tardíos. El Venado, durante la última parte del…p. 235
[11]y contradicen la idea de que se pueda hablar tan fácilmente de un proceso ordenado y lineal, mediante el cual una abusiva élite fue cada vez más exitosa en controlar más y más al resto de la población. En un lugar no muy lejano a El Venado, en Suta (valle de Leiva), Hope Henderson encontró que desde la ocupación…p. 383
[34]cosa que los españoles atribuyeron al poder de los caciques muiscas, pero olvidando que simplemente se trataba de ofrendas. Finalmente, unas palabras sobre el oro, un metal que en nuestra sociedad se vincula estrechamente con el poder y con la riqueza. Se sabe que los caciques muiscas lo guardaban en sus cercados, con…p. 403
07¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 191 cita
[10]la po sibilidad de valorar el legado productivo de nuestra historia. Aquel proceso se remonta, por lo menos, a los últimos cuatro mil años, cuando, según el profesor Carl Langebaek, existen evidencias arqueológicas del aprovechamiento de plantas como complemento de la caza. En ese proceso tan prolongado en el tiempo,…p. 19
08Los muiscas. La historia milenaria de un pueblo chibchaCarl Henrik Langebaek · 2019 · p. 134, 213, 225, 2764 citas
[12]social, apenas basada en la edad y en el rango heredado, sin mayor discriminación en términos de sexo, excepto por aquellos objetos que indican actividades restringidas a hombres (como cazar) o a mujeres (como hilar algodón). Otros, como en Tibanica, reconocen que existía una diferenciación social, pero que esta se…p. 225
[13]rango heredado, los objetos que sirvan para indicar la jerarquía de un individuo se distribuirán de una forma muy diferente a las categorías de edad y sexo, puesto que ninguna de estas dos variables realmente determina quién fue quién en la sociedad, «\ Por otra parte, en la medida en que la posición social de grupos…p. 213
[26]¢ Caso de los muiscas. y que ir tan lejos: incluso en el caso de comunidades de conformado unidades territoriales que reconocieran ique, más allá de los estrechos límites de la comunidad. incia de Pamplona, ampliamente estudiada por Germán $, algunos indígenas atestiguaron a los españoles que “res- Señores en sus…p. 134
[30]que impedía que los panches y otros grupos muy s pudieran ayudar a renovar o construir los cercados de los muiscas, hacer alianzas matrimoniales con ellos, o entrar dos. La gente que se reconocía como relacionada entre se identificaba porque guerreaban obedeciendo a una y diferente a la que se seguía cuando se trataba…p. 276
09Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 52, 54, 763 citas
[14]cultivos. En algunos lugares, como Funza, Tunja y Sogamoso se han hallado vesti- gios de postes u horcones de madera que marcan una construcción circular u ovalada; pero en verdad, aún no se conoce una sola casa muisca sistemáticamente excavada. Lo poco que sabemos de la cultura prehis- tórica de los Muisca se basa…p. 54
[16]en el siglo XVI algunos territorios marginales o casi independientes, cuya sumisión al Zipa o al Zaque no estaba del todo clara. El status de estos territorios en el momento de la Conquista debe evaluarse, en parte por lo me- nos, en términos de un proceso histórico. En primer lugar, los dos "Estados" incipientes eran…p. 52
[60]el 6 de agosto de 1538, como la fecha de funda- ción es decir, unas semanas después del reparto del botín. En la documentación sólo consta la La conquista del territorio y el poblamiento 83 fundación durante ese mismo año de la ciudad de Vélez, pues el 13 de agosto estuvo en ella Jiménez de Quesada, quien recibió…p. 76
10Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 281 cita
[17]El ma í z serv í a para hacer arepas y “ chi 30 HISTORIA M Í NIMA DE COLOMBIA cha ”, una bebida fermentada para sus frecuentes fiestas y celebra ciones. Usaban tambi é n el tabaco y la coca. En casi toda la cordillera oriental, sus vecinos de los valles inter medios del r í o Magdalena y de la tierra caliente eran…p. 28
11La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 631 cita
[18]de turno. De esta etapa del vecindario, los Chibchas estaban pasan- do a otra basada en la conveniencia de un estado central, gracias al predominio que empezaba a ejercer el Zipa o rey de Hunza (hoy Funza), sobre los uzaques o jefes de tribus. Se re- conocían jerarquías entre los uzaques y los capitanes. Los pri -…p. 63
12Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 23, 35, 37, 45, 475 citas
[19]u e corrían en dirección nororiental p o r unos ochenta kiló m etros, sep arad as p o r el río Chicam ocha. A unque las co m u n id ad es indígenas de estas zonas pag ab an tributo a los señores de Sugam uxi y D uitam a, algunos especialistas han su g erid o recientem ente que uno de ellos, o am bos, aceptaban el dom…p. 35
[43]vertientes u n poco m ás tem p lad as y allí se extraían dos cosechas anuales. En tierras m ás bajas se sem braba arracacha, algodón, guayaba, piña y coca. A lgunos productos, com o la coca y el algodón, no eran cultivados p o r los m uiscas y los obtenían en el com ercio. C ad a cuatro días había m ercado en los…p. 37
[46]ciertas regiones y con un valor suficien tem ente alto para justificar los costos del transporte. Los m uiscas, por ejemplo, intercam biaban textiles de algodón y sal (escasa en casi todas las dem ás regio nes) por oro y conchas de m ar, con las com unidades de la hoya del M agdalena. Del m ism o m odo, los indígenas…p. 23
[55]d en sas selvas de esta vertiente de la cordillera O riental. Finalm ente, a principios de m arzo de 1537, once m eses d esp u és de salir de Santa M arta, unos ciento se tenta hom bres y treinta caballos em ergieron a las planicies an d in as h ab itad a s po r los m uiscas. En las planicies m uiscas, los…p. 45
[65]bres y 130 caballos. D espués de m ás de dos años de travesía hacia el sur, atravesó los Llanos O rientales y, finalm ente, rem ontó la cordillera para llegar al territorio de Jim énez de Q uesada. Féderm an perdió 70 europeos, 40 caballos e innum erables cargueros indígenas. El arribo casi sim ultáneo de Belalcázar y…p. 47
13Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoriaAna María Gómez Londoño (editora), Carl Henrik Langebaek Rueda, Jorge Augusto Gamboa Mendoza, Michael J. Francis, Marta Clemencia Herrera Ángel, François Correa Rubio, Óscar Guarín Martínez, Hermann Trimborn, Luis Fernando Restrepo, Mercedes López Rodríguez, Carlos Andrés Durán · 2005 · p. 119, 125, 131, 2134 citas
[20]a su vez tenían a la cabeza un cacique común, es decir, a alguien que estaba por encima de una cierta cantidad de jefes de tribu. También aquí nos encontramos con un hecho extendido en el mundo: el nombre del pueblo o de la tribu era el mismo que el del cacique. Para los muiscas la constitución del estado se había…p. 213
[22]Muequetá. Con dicho vocablo se le trataba lo mismo que a su gente. Las delimitacio- nes, en cambio, diferenciaron sus fronteras étnicas: al suroeste con Tunja, al norte y sur con los sutagaos y al sureste con los panches. A pesar de que Simón pretende orientar al lector desde la geografía de la conquista, confunde la…p. 125
[31]por sus ‘príncipes’, fue a la batalla organizado en escuadras que: “tomaron sitios diferentes, aparte cada cual con sus insignias, diversas en colores, de manera que la parcialidad de cada uno podía conocerse por las tiendas y pabellones que tenían puestos”. Portados en andas, los ‘reyes’ animaban sus guerreros, pero…p. 119
[32]los conquistadores hallaron en las proximidades de los cercados fueron señaladas como almacenes para los pertrechos de guerra. Además de los destacamentos militares en los territorios sometidos, otros guerreros se apostaban en las fronteras para defen- der el imperio. Se trataba de parientes del ‘rey’ y se insistía en…p. 131
14Mercados, poblamiento e integración étnica entre los Muiscas, Siglo XVICarl Henrik Langebaek · 1987 · p. 30, 33, 1353 citas
[21]favorita de los cronistas (Aguado /1581/ 1956, I: 259). En nuestra opinión, al menos parte de la explicación a la formación de unidades políticas que trascendían la comunidad independiente debe buscarse en los vínculos de parentesco. Según los datos de archivo, en efecto, es posible identificar que, al interior de sus…p. 33
[28]aunque resulta probable que también jugaran un rol político más directo, comparable al de los caciques y capitanes. Según Aguado (Ibid.), los intentos de revuelta que fraguaron los caciques de Bogotá y Tunja contra los españoles "fueron inducidos por los mohanes y jeques". Además, todavía en 1606 el Arzobispo Lobo…p. 30
[40]que éstos les garantizaran el suministro de al menos parte de las gachas, leña y mantas que consumían. De la misma manera, los de Guata vita difícilmente podrían haberse especializado en orfebrería si no hubieran hecho parte de un sistema de intercambios que hacía llegar oro y cera a sus tierras. Varios ejemplos más…p. 135
15Gramática de la lengua chibchaEzequiel Uricoechea · 2016 · p. 24, 32, 363 citas
[23]aniversarios en los cuales repetían, cantando tristemente, la vida y las acciones del finado. El homicidio, el rapto y el incesto eran castigados con pena de muerte y el incestuoso la sufría por hambre en un subterráneo en medio de reptiles venenosos. Al que no pagaba sus contribuciones o sus deudas enviaba el uzaque…p. 36
[29]su industria. El país chibcha, antes de las conquistas de los zipas, lo creo comprendido entre la cordillera al oriente de Bogotá hasta las cercanías de Facatativá y desde Zipaquirá hasta el río Tunjuelo. Dos pruebas tene- mos en apoyo de esta creencia, legítimas ambas: la diferencia del len- guaje y la diferencia de…p. 24
[66]las fases de la luna en creciente o en menguante, con las faenas agrícolas o con el culto. Humboldt, que ignoraba la existencia de un diccionario chibcha, dudaba de la relación entre los nombres de los números y las fases lunares, y dice que sería uno de los hechos más notables que pudiera presentar la historia…p. 32
16Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 1291 cita
[24]en los que se adoraba al dios Chiminigagua y a las divi- nidades Bachué (la luna), Bochica (el sol), Chib- chacum (dios protector) y otras menores dedica- das a las diversas actividades socioeconómicas. Además de los caciques, capitanes y jeques, eran importantes los guechas o guerreros reclutados, cuya función era…p. 129
17Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · p. 45, 1132 citas
[27]casos de guerra o necesidad, y para consumirlos con sus sujetos en ocasiones solemnes, grandes festejos y celebraciones: el trabajo dado por los indios se dedicaba al cultivo del sembrado del cacique, al sostenimiento del sacerdocio y, en algunas instancias, parece que a la elaboración de algunas obras comunes, como…p. 45
[61]a los que habían venido a caballo y el cuádruple a los capitanes; Quesada recibió 5 partes y se reservaron 10 para Fernández de Lugo. Como ocurría siempre en situaciones similares, a la relativa abundancia de oro correspondía la gran escasez de artículos españoles, y en especial de aquellos más necesarios para las…p. 113
18Peregrinación de AlphaManuel Ancízar · 2016 · p. 3391 cita
[33]muchos respectos. Cinco años y medio después, Hernán Pérez de Quesada daba muerte violenta y alevosa al último zaque de Hunzahúa —Tunja— y a todos los uza - ques y capitanes viejos congregados en Tunja con motivo del matrimonio de su desventurado señor, matando en ellos de una vez los recuerdos y tradiciones que…p. 339
19Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 36, 432 citas
[37]un aspecto fundamental que explica el establecimiento de comunidades independientes, puesto que este tipo de vínculos aseguraba la pertenencia de un individuo a una comunidad y con esto su acceso a los recursos del territorio que controlaban (Lleras, 1986). Posiblemente se dieron enfrentamientos bélicos para obte- ner…p. 36
[48]que cumpliera adecuadamente las funciones que se le atribuyen, como patrón de medida del valor, medio de intercambio o alma- cén de valor. Sin embargo, existieron ciertas mercancías que se intercambiaron con mayor frecuencia y que pudieron servir como patrón para medir valores. Esta característica se le ha atribuido…p. 43
20Invading Colombia: Spanish Accounts of the Gonzalo Jiménez de Quesada Expedition of ConquestJ. Michael Francis · 2007 · p. 14, 34, 92, 1084 citas
[45]easily movable, and very porous, and it remains thus until the Indians come across one of the veins, which is made up of a clay-like substance. The Indian miners then follow the vein, and with their wooden tools they remove the emeralds that they discover within it. In this practice, as in so many others, the Indians…p. 92
[53]overwhelming numerical superiority of indigenous forces, not a single Spaniard has lost his life in combat. The native ruler is not so fortunate. Despite the obvious similarities, the preceding paragraph does not describe the opening phase of the Spanish conquest of Peru. 2 And the setting for this story is not the…p. 14
[59]h E r A n d E A n C o n Q U E S t | 1 to Jiménez in exchange for Spanish military assistance, it was not to launch a campaign against Tunja but rather to fight against Bogotá’s real enemies, the Panches. Until more convincing evidence emerges, the common perception that the conquest of Muisca territory was facilitated…p. 34
[63]the incredible riches of the land in which we found ourselves, Jiménez and the captains decided to return to 10. The figures cited here vary only slightly from the ones recorded in the expedition’s official logbook. The logbook entry from Monday, August 20, 1537, states that “ 136, 000 pesos of fine gold were found in…p. 108
21Arqueología de Colombia: un texto introductorioGerardo Reichel-Dolmatoff · 2016 · p. 3321 cita
[47]true - que con tribus vecinas y aún muy alejadas. Los principales artículos que se exportaban eran sal 153, esmeraldas, coca y Memoria sobre las Antigüedades Neo-Granadinas, Librería de F. Schneider i Cía., Berlín. Acerca de la arqueología «premuisca», véanse las notas biblio- gráficas para el capítulo iv, así como…p. 332
22Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 58, 622 citas
[50]Paradójicamente, estas concentraciones se originaron a raíz de la alarmante disminución de la población indígena. La política de los poblamientos, iniciada en el siglo XVI y sistematizada a partir de 1602, era un intento para procurár cierta densidad de los asenta mientos indígenas, que evitara su desmoronamiento. No…p. 62
[51]los capitanes solían separarse de los cacicazgos cuando surgían disensio 21 Ibid. Ene., t. 24 f. 587 r. ss. 22 Cf. Sylvia M. Broadbent, Los chibchas. Organización socio-política. Bogotá, 1964. 23 AHNB. Vis. Boy., t. 8 f. 616 r. 40 H is t o r ia e c o n ó m ic a y so c ia l i nes internas, trasladándose con todos sus…p. 58
23The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 371 cita
[52]as part of an expedition, organized by Pedro Fernández de Lugo, that included at least ten ships and more than a thousand people (including Euro- pean men, some European women, a small number of enslaved African men, and perhaps a few enslaved African women as well). After some initial excursions near Santa Marta…p. 37
24Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 1011 cita
[56]half of his party to shipwreck at the mouth of the Magdalena and to disease, insects, and hunger on the march. After easily overcoming armed resistance, Jimenez de Que- sada and his lieutenants occupied the entire Muisca territory and on August 6, 1538, founded the city of Santafe (present-day Bogota, known as Santa…p. 101
25Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 451 cita
[57]capitanes y soldados, caballos de guerra, arcabuces, ballestas, espadas, lanzas y otras armas. Sin embargo, si se estudian las crónicas y las relaciones sobre la expedición del licenciado Jiménez, se concluye que otra fue la realidad: los indígenas constitu- yeron una ayuda para el progreso de la expedición y no un…p. 45
26Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 631 cita
[58]la fertilidad de sus tierras, contaba con una fuerza de cuarenta mil hombres. En un principio, los muiscas creyeron que los españoles eran hijos del sol y de la luna, y habían sido enviados por el creador para castigarlos por sus pecados. El vocablo con el que se referían a los invasores era uchies, conjunción de usa,…p. 63
27El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · p. 288, 3002 citas
[64]relati- vamente desarrollada. Luego de que los pacíficos habitantes de la Sabana quedaron sometidos, no sin que dejaran de cometerse al- gunas innecesarias crueldades y asesinatos en la persona de sus jefes, dispuso Quesada construir una ciudad en algún punto favorable y adecuado. Eligió para ello el lugar de es-…p. 288
[68]hambre y que les permitía superar todos los es - fuerzos. Los cronistas españoles, empero, les reprochan su ebriedad; pero las orgías y bacanales de los chibchas eran en ellos una expresión de alborozo y sólo tenían lugar en ocasiones especialmente solemnes, sobre todo en las fies- tas religiosas. El vestido de los…p. 300