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Una historia del territorio

Altiplano cundiboyacense

El altiplano cundiboyacense es una de las pocas regiones del mundo tropical donde la altitud, el relieve y una anomalía pluviométrica convergieron para crear condiciones agrarias excepcionales, sosteniendo durante milenios densidades de población…

17 min de lectura68 fuentes

Entre los 2.500 y los 2.800 metros sobre el nivel del mar, en la Cordillera Oriental de los Andes colombianos, se despliega una meseta de suelos planos, temperaturas quietas y horizontes largos que la geología levantó como excepción tropical. El altiplano cundiboyacense —articulado en torno a la Sabana de Bogotá, los valles de Ubaté-Chiquinquirá, el corredor Tunja-Duitama-Sogamoso y el valle de Tenza— fue el corazón demográfico del pueblo muisca, el escenario donde Gonzalo Jiménez de Quesada fundó el Nuevo Reino de Granada, la matriz de la hacienda cerealera y ganadera durante tres siglos y, en el siglo XX, el eje agroindustrial y siderúrgico más denso del interior andino. No es una unidad administrativa: es una unidad ecológica y productiva. Su historia se lee como un palimpsesto donde cada capa —muisca, colonial, republicana, industrial— reescribió sobre la anterior sin borrar del todo la gramática que el clima y el suelo habían impuesto.

La meseta como hecho físico

El altiplano forma parte del ramal oriental de los Andes colombianos, y su rasgo distintivo es la coexistencia, en pocos kilómetros, de una gama agroclimática que va del páramo helado a las tierras templadas de las vertientes. Sobre esa diversidad se ha construido, desde el poblamiento inicial, una de las regiones más excepcionales del país para la producción agropecuaria.

La Sabana de Bogotá, la más meridional y extensa de las tres grandes altiplanicies de la Cordillera Oriental, cubre la parte alta de la cuenca del río Bogotá con 4.250 km², de los cuales 1.200 son perfectamente planos. Limita al sur con el macizo de Sumapaz. Su clima es una de las anomalías notables de la geografía tropical: la temperatura media en la parte plana es de 13,5 °C, con una variación anual inferior a un grado, pero las oscilaciones diarias pueden ir de 25 °C de calor a −3 °C de frío en época seca. La precipitación media es de unos 850 milímetros anuales, muy desigualmente distribuida dentro de la propia sabana. Y entre los 2.600 y los 3.000 metros ocurre otra rareza climática: contra la regla general de las montañas tropicales, donde las lluvias disminuyen con la altura, en este sector aumentan. Esa anomalía pluviométrica es una de las razones silenciosas del peso agrario del altiplano.

Al norte de la Sabana se abren las cuencas de Ubaté y Chiquinquirá, y hacia el este, sobre Boyacá, los valles de Tunja, Duitama y Sogamoso, todos ellos dentro del mismo rango altitudinal y con la misma vocación cerealera y ganadera. Más al oriente, encajado entre estribaciones, el valle de Tenza. Y como espejo de agua tectónico y glaciar, el lago de Tota, a 3.012 metros: 56,2 kilómetros cuadrados de superficie, 67 metros de profundidad máxima y 1.920 millones de metros cúbicos de agua, la mayor reserva lacustre del altiplano.

Sobre esa plataforma —planicies fértiles, aguas abundantes, clima favorable para europeos y andinos por igual— se depositaron todas las capas que siguen.

Doce mil años de ocupación

La huella humana en el altiplano se remonta a unos doce mil años, y las evidencias arqueológicas se hacen continuas desde aproximadamente el año 900 d.C. hasta la conquista española del siglo XVI. Antes de los muiscas, la meseta fue habitada por grupos del período Herrera, cuya cerámica incisa aparece estratificada en yacimientos como los de Zipaquirá; esa ocupación se prolongó durante no menos de cinco siglos, entre el siglo IV a.C. y finales del siglo I d.C. Si Herrera y muisca fueron un continuo cultural o una sucesión de poblaciones distintas es una cuestión abierta, pero la Sabana fue, durante milenios, un territorio densamente frecuentado.

El crecimiento demográfico serio, sin embargo, fue tardío. En los Andes orientales el salto poblacional se observa apenas a partir de los siglos III-IV d.C., mucho después que en el Alto Magdalena o en Tierradentro. En los siglos previos a la conquista la Sabana experimentó un aumento sostenido, aunque otras regiones del sur y el occidente del país todavía tenían densidades mayores. Durante el llamado Muisca Tardío se consolidaron comunidades de mayor tamaño, algunas identificables con los "pueblos" que describirán los cronistas del siglo XVI: Sogamoso, el valle de Leiva, el eje Funza-Cota-Suba.

El mundo muisca

Hacia 1560, el grupo muisca propiamente dicho reunía unos 400.000 habitantes, y los pueblos chibchas vecinos —guanes, chitareros, laches, uwas— podían sumar otros cien mil. Era la mayor concentración demográfica del actual territorio colombiano, y ocupaba precisamente el altiplano y sus vertientes.

La organización política era dual. Dos entidades principales, el Zipa al sur y el Zaque al norte, articulaban en su órbita cacicazgos intermedios como Sogamoso y Duitama, cuya sumisión no estaba del todo consolidada al momento de la llegada de los españoles. Otros —Tundama, Sáchica, Tinjacá, Guachetá— eran remanentes aún no integrados a la estructura federal. Los dos "estados" muiscas eran resultado de campañas de expansión y su articulación era inestable: no un imperio, sino un sistema en construcción, con costuras visibles.

Esa inestabilidad tuvo consecuencias decisivas cuando llegó la conquista. El territorio muisca tampoco era étnicamente homogéneo: convivían la población conquistadora chibcha y pueblos subyugados que conservaban dialectos y rasgos físicos diferenciados. La fusión no se había completado. En los valles intermedios del Magdalena y las tierras calientes vivían los enemigos declarados —panches, muzos, calimas, todos caribes— con quienes las guerras eran frecuentes; en la cordillera adyacente, los otros pueblos chibchas.

La economía muisca combinaba agricultura, minería e intercambio de largo alcance. El maíz fue el producto agrícola más importante según los registros de archivo, aunque no faltan quienes sostienen que la papa, más adaptada al frío, fue el alimento básico del pueblo raso mientras el maíz cumplía funciones ceremoniales y de prestigio. Los cacicazgos con asentamiento principal en tierra fría —Sogamoso, Duitama, Tunja, Bogotá— alcanzaron los mayores niveles de complejidad política. Algunas comunidades de tierra fría, como los indígenas de Subachoque, controlaban parcelas en pisos templados para producir excedentes de algodón.

Las salinas —entre ellas las de Zipaquirá— fueron la base de una red comercial que llegaba a tribus lejanas. Los principales artículos que salían del altiplano eran sal, esmeraldas, coca y mantas de algodón, que se cambiaban por oro, plumas, aves exóticas y yopo. Las mantas funcionaron como algo muy cercano a una moneda: patrón de medida aceptado por muchas otras mercancías. No eran del todo homogéneas —las llamadas chingas eran menos elaboradas que otras, y la mano de obra incorporada variaba—, pero ninguna otra mercancía llenó mejor las funciones monetarias. Ni el oro ni la sal alcanzaron ese papel: eran demasiado abundantes en las regiones que los producían para ser aceptados universalmente. El intercambio no obedecía solo a necesidades materiales; las prácticas religiosas y simbólicas lo atravesaban, y eso ayuda a entender la abundancia de oro en la orfebrería muisca pese a que el metal debía obtenerse a distancia considerable de la meseta.

Sobre esa densa trama demográfica, política y comercial cayó, en 1537, la expedición de Jiménez de Quesada.

La conquista

La partida había salido de Santa Marta el 6 de abril de 1536 con unos 705 hombres, decidida a remontar el Magdalena hasta sus cabeceras. Tras once meses de una marcha que fue casi una masacre por hambre, enfermedad y ataques, apenas 170 hombres y 30 caballos emergieron a comienzos de marzo de 1537 a las planicies altas habitadas por los muiscas. La cifra —menos de un cuarto de la tropa original— es el primer dato duro de la conquista del altiplano.

Los meses siguientes fueron de saqueo sistemático. El 20 de agosto de 1537, en el valle de Tunja, los españoles capturaron al Zaque y se apoderaron de 136.000 pesos de oro fino, 14.000 de oro bajo y 280 esmeraldas. El 4 de septiembre, en el valle de Sogamoso, obtuvieron 40.000 pesos de oro fino, 12.000 de oro bajo y 118 esmeraldas. La ofensiva se dirigió después contra el Zipa: Sagipa, sucesor discutido del cacicazgo de Bogotá, fue apresado, juzgado por usurpación, rebelión y ocultamiento del tesoro del anterior Zipa, y murió en cautiverio. Con él se extinguió la resistencia militar organizada.

El 6 de agosto de 1538 se ofició la primera misa y se levantaron las doce chozas fundacionales de Santafé, en el sitio que los indígenas llamaban Teusaquillo. Un año después, el 6 de agosto de 1539, Gonzalo Suárez Rendón fundó Tunja sobre lo que había sido Hunza, la capital de los zaques. Ese mismo año Martín Galeano fundó Vélez por orden de Quesada. La geografía política del Nuevo Reino se calcaba sobre la muisca: los españoles ocuparon los sitios de poder previos y los reutilizaron.

Entre 1537 y 1550 se fundaron veinte ciudades en el Nuevo Reino, y solo dos fueron abandonadas después. Entre 1550 y 1560 se fundaron once más, en un impulso ahora dirigido por la Audiencia hacia los centros mineros. Pero el reparto de la riqueza colonial fue más excluyente de lo que la narrativa épica dejaba ver: hacia 1560, de las 108 encomiendas existentes en Tunja y Santa Fe apenas 26 y 19 respectivamente pertenecían a los antiguos compañeros de Quesada. De los 265 conquistadores de las expediciones de 1537-1543, solo 90 conservaron o ganaron encomienda en algún lugar. El resto quedó como simple vecino. La conquista había producido menos hidalgos de los que había prometido.

Encomienda, resguardo, hacienda

El sistema colonial que se implantó sobre el altiplano descansó en dos piezas iniciales: la encomienda y el concierto. El encomendero extraía tributo en especie de las comunidades indígenas a cambio, en teoría, de protección e instrucción religiosa. El concierto fue una forma de trabajo forzado por la cual los funcionarios coloniales asignaban trabajadores de las comunidades a los colonos que habían recibido mercedes de tierras. Ambos mecanismos funcionaron porque los muiscas eran una población sedentaria, productora de excedentes y ya jerarquizada políticamente: los españoles aprovecharon esa estructura como intermediaria de dominación, aunque en grado menor que en México, Perú o Bolivia, donde había verdaderos Estados centralizados.

El altiplano cundiboyacense, con la mayor concentración de mano de obra del país y un clima que los europeos toleraban bien, se convirtió muy pronto en la zona por excelencia de encomiendas, latifundios y haciendas de órdenes religiosas y descendientes de españoles. Entre Bogotá y Tunja se levantaron los dominios más ricos del reino, sostenidos por el tributo indígena y luego por la mano de obra concertada.

A esa estructura se sumó, entre 1595 y 1642, la institución del resguardo: territorios de posesión colectiva donde los indígenas conservaban un derecho de usufructo sobre las parcelas que cultivaban, sin poder venderlas. El resguardo protegía en teoría a la comunidad, pero también la fijaba como reserva de fuerza de trabajo para las haciendas circundantes. Desde el siglo XVIII fue objeto de un ataque sistemático. La voracidad latifundista, las ventas de tierras por parte de la Corona necesitada de recursos y el robo llano por terratenientes vecinos redujeron los resguardos a su mínima expresión. Los mecanismos eran variados: reducir la extensión y vender la porción sobrante, concentrar a los habitantes de varios resguardos en un solo sitio alejado para rematar las áreas desocupadas, o el simple desalojo con promesas de reasignación que no se cumplían.

Lo que empujaba el proceso no era solo el hambre de tierra: era también el hambre de trabajo. Los latifundistas querían forzar a los indígenas a vender su fuerza de trabajo en las haciendas a salarios reducidos, y para eso había que desmontar la economía de autoabastecimiento comunitaria. En la segunda mitad del siglo XVIII, los propios funcionarios coloniales comprobaban que en los antiguos pueblos de indios del Nuevo Reino el 80 o 90 por ciento de la población era ya mestiza, y que los pocos indígenas restantes arrendaban las tierras del resguardo a esa masa mestiza. La institución había perdido su base demográfica.

Entre 1775 y 1780 se rematan la mayoría de los resguardos de la antigua área chibcha. Sus tierras siguen dos destinos: en parte engrosan el latifundio de las haciendas, en parte son adjudicadas a pobladores mestizos y dan origen a economías campesinas de minifundio. Los orígenes del campesinado parcelario de Choachí, el valle de Tenza, Saucio, Tenjo, Duitama y Sogamoso se remontan a esa ocupación —a veces por vecinos pobres del resguardo, a veces por antiguos arrendatarios y concertados de haciendas en descomposición.

La legislación republicana no aceleró las cosas; al contrario, fue zigzagueante. La verdadera disolución legal de la propiedad comunal se aplazó hasta 1832, cuando se distribuyó entre los indios tributarios prohibiéndoles vender su participación por diez años. Solo con las reformas liberales de 1850, bajo el gobierno de José Hilario López, pudieron los indígenas poseer y enajenar libremente esas tierras. La lógica de fondo era ya la del liberalismo económico: ampliar el mercado nacional, obtener mano de obra abundante y barata, romper la economía de autoabastecimiento para ampliar la demanda de bienes de consumo. En el altiplano cundiboyacense la operación fue completa. Solo en el suroccidente del país —Cauca, Nariño— los resguardos resistieron tanto los embates coloniales como los republicanos. En Boyacá y Cundinamarca, la comunidad indígena como propietaria colectiva quedó liquidada.

Los resultados fueron dos paisajes agrarios sobrepuestos: el latifundio ganadero y cerealero en las tierras planas —la Sabana, Ubaté, los valles boyacenses— y el minifundio campesino apretado en las laderas y los valles cerrados —Tenza, el oriente de Cundinamarca, buena parte del centro de Boyacá.

La hacienda cerealera y la larga entrada del ganado

Durante toda la Colonia y buena parte del siglo XIX, la matriz agraria del altiplano fue la misma que había ensayado el mundo muisca, ampliada por los cultivos europeos: papa, maíz, trigo, cebada; sal en las viejas salinas de Zipaquirá; ganado en las sabanas planas.

Los rendimientos eran modestos. En las haciendas cundiboyacenses de predominio ganadero se introdujeron nuevas variedades de trigo y papa, pero la productividad era muy baja. El trigo se trillaba haciendo correr bestias de carga sobre los montones segados, y solo después de 1870 aparecieron algunas trilladoras mecánicas. Hacia la última década del siglo XIX había en toda la Sabana de Bogotá una trilladora de vapor y unas veinte movidas por mulas. Era una agricultura de tecnología pobre y esfuerzo intenso.

La ganadería siguió una trayectoria propia. Hasta finales del siglo XVII sacrificar una vaca en el altiplano era considerado un "crimen de lesa economía": las reses valían más vivas, como reproductoras, que muertas. No existía ordeño formal ni comercio de leche más allá del canje local. Las extensiones planas favorecían la fundación ganadera antes que el mercadeo. La Dehesa de Bogotá, ya en la segunda mitad del siglo XVIII, se abastecía de novillos de ceba traídos de haciendas remotas —Ibagué, Tocaima, Purificación—, prueba de una articulación temprana entre la ganadería cálida y el consumo urbano andino.

El siglo XIX fue duro con la agricultura de tierra fría. Los cereales del altiplano se estancaron o entraron en decadencia mientras la economía de exportación se volcaba al café y otros productos de tierras templadas y cálidas. Al finalizar el siglo, la producción agropecuaria colombiana seguía siendo abrumadoramente para el autoconsumo: en 1898, la producción para consumo interno ascendía a 131 millones de pesos, mientras las exportaciones sumaban apenas 15 millones, y de esos 15, nueve eran de café. El altiplano no participaba del boom exportador; se limitaba a alimentar al país.

El transporte era el gran freno. Los fletes de mula, hacia mediados del siglo XIX, oscilaban entre 22 y 34 centavos por tonelada-kilómetro en verano, y llegaban a duplicarse —entre 40 y 60 centavos— en épocas de lluvias o guerra civil. En los Estados Unidos, la construcción de canales y ferrocarriles había reducido los costos a unos 1,25 centavos por tonelada-kilómetro. La diferencia —órdenes de magnitud— explica buena parte del aislamiento del altiplano y la lentitud de su modernización.

En el siglo XX ese paisaje se transformó. La Sabana de Bogotá desarrolló una ganadería lechera intensiva, con inseminación artificial y técnicas modernas de manejo, que se convirtió en la despensa de leche de la capital y en la base de las industrias cervecera y cerealera del país. Los valles de Ubaté-Chiquinquirá y los de Tunja, Duitama y Sogamoso concentraron la misma explotación lechera: las rentas anuales por praderas alcanzaban 1.800 pesos en Santa Rosa de Viterbo y 600 en Paipa. La ganadería también sostuvo una economía de subproductos: sebo, cueros, queso. A principios del siglo XX el sebo llegó a valer más que la carne misma; se usaba para velas, jabón, grasas industriales, y siendo más barato que la manteca de cerdo se colaba en las cocinas. El cerdo, precisamente, nunca tuvo en el altiplano la importancia que tuvo en otras regiones —alimentarlo en tierra fría era más difícil—, y las gallinas ocuparon su lugar como fuente cotidiana de proteína.

Vida cotidiana, iglesia y castas

Sobre esa estructura agraria se depositó una vida social profundamente marcada por la Iglesia y por la herencia de la sociedad de castas. Las órdenes religiosas fueron protagonistas centrales de la evangelización y la vida colonial en la Nueva Granada, y adquirieron un peso económico y político particularmente intenso allí donde había concentración de riqueza y población. El altiplano fue el escenario privilegiado de ese despliegue: mientras en Antioquia y Santander los conventos eran muy pocos durante los siglos XVI, XVII y XVIII, en Bogotá y Tunja las órdenes acumularon haciendas, capillas, escuelas y un poder simbólico que se extendía hasta el último rincón rural.

A principios del siglo XX, la Iglesia católica seguía teniendo en el altiplano una presencia dominante en la vida cotidiana: casi un templo por cuadra en Bogotá, y las grandes fiestas de la ciudad giraban en torno a festividades religiosas. Las capillas de las haciendas de las órdenes se levantaban en lugar separado de la casa principal, con esculturas de santos y vírgenes, pinturas, copones y candelabros. Las casas coloniales de tierra fría estaban orientadas de oriente a occidente, para aprovechar el sol. Las familias campesinas vivían en chozas; las casas de teja y tapia eran privilegio de haciendas y de las familias pudientes de los pueblos y las ciudades.

La religiosidad indígena no desapareció sin más. En los siglos XVII y XVIII hubo un largo proceso de negociación y transformación: ciertas prácticas del sistema de creencias muisca —el boihote— sobrevivieron y se conjugaron con la misa cristiana impuesta por los colonizadores, en formas de convivencia que solo la investigación reciente empieza a identificar.

La sociedad de castas coloniales dejó también huellas profundas. La estratificación se perpetuó hasta bien entrado el siglo XX en el propio lenguaje: la élite bogotana —los cachacos— se mantenía distante del pueblo —los guaches— con una jerarquía cuyo léxico venía de los tiempos de encomenderos y peones indígenas. La cocina cotidiana campesina descansaba en las sopas tipo sancocho, y la ausencia relativa del cerdo dejó como plato característico el cocido de gallina y tubérculos, con papa, maíz y trigo como cereales de base.

El altiplano industrial

La última capa del palimpsesto se depositó en el siglo XX. El eje entre Bogotá y Tunja se convirtió en el corredor de complejos agroindustriales, industriales y mineros más denso del interior colombiano. La Sabana concentró la industria capitalina; los municipios de la Sabana Centro en Cundinamarca desarrollaron parques industriales; Duitama se consolidó como distrito industrial de Boyacá; Paipa combinó la ganadería lechera con un complejo turístico anclado en sus termales.

El hito decisivo, sin embargo, fue la siderurgia. Hacia finales de 1942, tras estudios geológicos realizados entre 1940 y 1942 que habían puesto en duda la viabilidad de una planta siderúrgica integral en Colombia, el ingeniero Olimpo Gallo descubrió los yacimientos de mineral de hierro de Paz del Río, en Boyacá, cerca de Sogamoso. Había antecedentes menores —la Ferrería de Samacá, que operó entre 1874 y 1884 sin lograr abastecer siquiera la demanda de los ferrocarriles de la época—, pero fue Paz del Río la que dio al país su primer centro siderúrgico integral, capaz de abastecer la demanda nacional de hierro y acero. Sogamoso y Duitama arrancaron sus industrias favorecidas por la energía eléctrica y por la cercanía del complejo. En el altiplano boyacense empezaron a coexistir, sin fundirse, la industria moderna de la siderurgia y la agricultura arcaica de montaña, con la vieja hacienda todavía instalada en los valles.

Herencia

El altiplano cundiboyacense llegó al siglo XXI cargando todas sus capas al mismo tiempo. La ecología de los 2.500-2.800 metros —temperaturas estables, pluviosidad anómalamente alta entre los 2.600 y los 3.000, suelos planos irrigados— sigue definiendo qué se puede sembrar y qué se puede criar: papa, trigo, cebada, maíz, ganadería lechera. La red de ciudades es la que trazaron primero los cacicazgos muiscas y después los fundadores españoles: Bogotá sobre Bacatá, Tunja sobre Hunza, Sogamoso, Duitama, Zipaquirá, Chía, todos los antiguos centros ceremoniales convertidos en cabeceras coloniales y hoy en municipios activos.

La estructura agraria heredó los dos paisajes que dejó la disolución de los resguardos: latifundio y agroindustria lechera en la Sabana y los valles boyacenses, minifundio campesino apretado y empobrecido en las laderas del oriente cundinamarqués y el centro de Boyacá. La despensa alimentaria del país —papa, leche, hortalizas— sale mayoritariamente del altiplano, y también salen los siderúrgicos de Paz del Río y el cemento que sostiene la construcción nacional. La concentración demográfica que sorprendió a Jiménez de Quesada en 1537 se ha vuelto una megalópolis, con Bogotá al centro y una corona de ciudades intermedias.

Lo que se lee en el altiplano no es continuidad tranquila. Es una acumulación de rupturas —la conquista, la encomienda, la disolución de los resguardos entre 1775 y 1850, la ganadería lechera del siglo XX, la siderurgia— sobre un mismo sustrato ecológico. Cada capa reescribió la matriz productiva sin borrarla; cada régimen sucesivo se instaló donde ya había población, caminos y cultivos. La unidad regional del altiplano es real, pero no es inercia geográfica: es el resultado de tensiones repetidas entre lo que el clima permite y lo que las instituciones de dominación deciden. Palimpsesto y no monumento: eso es el altiplano cundiboyacense.

Conexiones

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Fuentes

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

47 documentos · 68 fragmentos
01
Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 4, 12
2 citas
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© Marco Forero, 2016 © Editorial Planeta Colombiana S. A., 2016 Calle 73 N.° 7-60, Bogotá Diseño de cubierta: Departamento de diseño Grupo Planeta Primera edición: abril de 2016 ISBN 13: 978-958-42-4984-5 Desarrollo e-pub: Hipertexto Ltda. Este libro no podrá ser reproducido, ni total ni parcialmente, sin el previo…

p. 4
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las relaciones comerciales afianzaban redes de intercambio cultural más profundas. un aspecto importante de la sociedad muisca fue el desarrollo y la complejidad que se desprendieron de una economía natural no monetaria, y que se desplegó al tener un escenario de vastas redes comerciales y cercanías culturales y…

p. 12
02
Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 28, 169
4 citas
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montañoso que marca el límite entre la sabana de Bogotá y la cuenca media de este cauce. El río Chicamocha, que nace en Boyacá y cruza el departamento de Santander, ha tallado un pro- fundo cañón entre las rocas sedimentarias, alcan- zando en ciertas partes profundidades de 900 m. Debido a características climáticas…

p. 28
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montañoso que marca el límite entre la sabana de Bogotá y la cuenca media de este cauce. El río Chicamocha, que nace en Boyacá y cruza el departamento de Santander, ha tallado un pro- fundo cañón entre las rocas sedimentarias, alcan- zando en ciertas partes profundidades de 900 m. Debido a características climáticas…

p. 28
[7]

de agua. Destacamos algunos lagos, como el de la Tota, localizado en Boyacá, en proximida- des del municipio de Aquitania. Situado a 3.012 m sobre el nivel del mar posee un área de 56,2 km”, una profundidad máxima de 67 m y un volumen de 1.920 millones de metros cúbicos. Su nivel está disminuyendo, ya que de allí se…

p. 169
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de agua. Destacamos algunos lagos, como el de la Tota, localizado en Boyacá, en proximida- des del municipio de Aquitania. Situado a 3.012 m sobre el nivel del mar posee un área de 56,2 km”, una profundidad máxima de 67 m y un volumen de 1.920 millones de metros cúbicos. Su nivel está disminuyendo, ya que de allí se…

p. 169
03
Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IIErnesto Guhl · 2018 · p. 315, 321
2 citas
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y 2. 600 msnm, es decir, en la tierra fría. Existen en la Cordillera Oriental tres grandes altiplanicies y numerosas pequeñas; la de Bogotá es la más meridional, y la más extensa, lin- dando con el macizo de Sumapaz en el sur. Abarca ella la parte alta de la cuenca del río Bogotá con un total de 4. 250 km 2, de los…

p. 315
[67]

con el templa- do valle del río Suárez. En el lado oriental, cerca del límite de Santander, la altiplanicie se convierte en el valle templado del río Chicamocha, cuya producción se orienta tanto del lado de Soatá como hacia Málaga en Santander. Los centros urbanos son Tunja (41. 000 habi- tantes y a 2. 820 msnm),…

p. 321
04
Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IErnesto Guhl · 2016 · p. 135, 142
2 citas
[5]

de transición entre la parte árida en el sur y la húmeda y selvática en el norte, sólo favorece aquí con humedad las vertientes más altas de las cordilleras limitantes. La vertiente oriental de la cor- dillera es más corta y abrupta con profundos valles trans- versales de erosión y con escaso espacio para asiento del…

p. 135
[6]

Oriental y alrededor de la sabana. Así, por ejemplo, se ob- serva aquí, en el piso altitudinal entre 2. 600 y 3. 000 msnm, un considerable aumento de la precipitación, en vez de la pronosticada disminución. Además, entre Villavicencio y Monterredondo (1. 400 m), la pluviosidad disminuye cuando, según la regla…

p. 142
05
Antes de Colombia. Los primeros 14.000 añosCarl Henrik Langebaek · 2021 · p. 376, 438
2 citas
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de población. Estudios llevados a cabo por José Luis Socarras han confirmado que el maíz fue importante no solo en la segunda ocupación, sino también en la primera. Los estudios de José Vicente Rodríguez en el sitio de Santa Helena han encontraron que la segunda ocupación no se interrumpió hace 650 años, es decir,…

p. 376
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describir como el rápido despojo de lo ajeno, permitió que un puñado de conquistadores se enriqueciera, pero fue más la excepción que la regla. La segunda opción, establecer encomiendas, tenía un problema, y es que solo era posible cuando se trataba de sociedades más o menos sedentarias que producían excedentes y…

p. 438
06
Historia de Colombia. La Colombia más Antigua. Tomo 1Gonzalo Hernández de Alba (dir.); Camilo Domínguez O., José L. Lorenzo, Amancio Fernández, Gonzalo Correal y otros · p. 141
1 cita
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laguna de la Herrera, Zipacón, Tequen- 114 Dibujo explicativo de los diferentes tipos de cerámica muisca. Entre esas variadas formas había piezas de simple utilidad doméstica y otras de uso ritual, como copas, múcuras y figurillas. dama, Zipaquirá, Sopó y Nemocón, y hacia el norte del altiplano en los alrededores de…

p. 141
07
Economías prehispánicas de ColombiaAlberto Gómez Gutiérrez, Ignacio Briceño Balcázar, Jaime Eduardo Bernal Villegas, Carlos Eduardo López Castaño, Martha Cecilia Cano Echeverri, Francisco Javier Aceituno Bocanegra, Nicolás Loaiza Díaz, Andrea M. Cuéllar, María Alicia Uribe Villegas, Marcos Martinón-Torres, Santiago Giraldo, Daniela Castellanos Montes, Marianne Cardale de Schrimpff, Carl Henrik Langebaek, María Antonieta Corcione Nieto, Catalina Zorro, Luisa Mendoza, Marcela Bernal, Lucero Aristizábal, Leonor Herrera · p. 182
2 citas
[11]

larga secuencia de ocupaciones humanas en el altiplano, iniciada hace unos 12.000 años, y sus evidencias se encuentran sin interrupción desde el 900 d. C. aproximadamente hasta la conquista española en el siglo XVI y aún varios siglos después, durante el período colonial, en algunas regiones (Langebaek, 1995). M APA…

p. 182
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larga secuencia de ocupaciones humanas en el altiplano, iniciada hace unos 12.000 años, y sus evidencias se encuentran sin interrupción desde el 900 d. C. aproximadamente hasta la conquista española en el siglo XVI y aún varios siglos después, durante el período colonial, en algunas regiones (Langebaek, 1995). M APA…

p. 182
08
Los muiscas. La historia milenaria de un pueblo chibchaCarl Henrik Langebaek · 2019 · p. 78, 181
2 citas
[13]

resto de regiones investigadas. De hecho, onjunto de estimativos de población mencionados sugiere que ción a la llegada de los españoles era más densa en ciertos tre s del sur y del occidente del país que en varias regiones de los S s orientales. La población del Bajo Magdalena parece haber nenor que la de la Sabana…

p. 78
[20]

disminuir, en Sogamoso aparecen algunas que son más grandes que otras, al igual que en Fúquene. En el valle de Leiva ocurre algo particular: se conforman dos comunidades donde se concentra la mayor parte de la población, y una de ellas (El Infier- mito) es algo más grande que la otra (Suta). El Infiernito parece tener…

p. 181
09
Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · p. 50, 113
2 citas
[14]

cifras representan 20 cálculos imprecisos y exagerados, que reflejan el deseo de los españoles de exaltar su valor al someter con pocos efectivos numerosas poblaciones. Además, se han señalado que las investigaciones arqueológicas no han demostrado la presencia de restos y ruinas de tal magnitud que permitan suponer…

p. 50
[29]

a los que habían venido a caballo y el cuádruple a los capitanes; Quesada recibió 5 partes y se reservaron 10 para Fernández de Lugo. Como ocurría siempre en situaciones similares, a la relativa abundancia de oro correspondía la gran escasez de artículos españoles, y en especial de aquellos más necesarios para las…

p. 113
10
Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 28
1 cita
[15]

El ma í z serv í a para hacer arepas y “ chi 30 HISTORIA M Í NIMA DE COLOMBIA cha ”, una bebida fermentada para sus frecuentes fiestas y celebra ciones. Usaban tambi é n el tabaco y la coca. En casi toda la cordillera oriental, sus vecinos de los valles inter medios del r í o Magdalena y de la tierra caliente eran…

p. 28
11
Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 52
1 cita
[16]

en el siglo XVI algunos territorios marginales o casi independientes, cuya sumisión al Zipa o al Zaque no estaba del todo clara. El status de estos territorios en el momento de la Conquista debe evaluarse, en parte por lo me- nos, en términos de un proceso histórico. En primer lugar, los dos "Estados" incipientes eran…

p. 52
12
Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 53, 129
2 citas
[17]

en los que se adoraba al dios Chiminigagua y a las divi- nidades Bachué (la luna), Bochica (el sol), Chib- chacum (dios protector) y otras menores dedica- das a las diversas actividades socioeconómicas. Además de los caciques, capitanes y jeques, eran importantes los guechas o guerreros reclutados, cuya función era…

p. 129
[68]

lombianos que laboraban en la ferrería. También se estableció la Ferrería de Samacá en Boyacá (1874-1884). Sin embargo, estas peque- ñas ferrerías no lograron abastecer la demanda interna de hierro de las empresas ferroviarias de finales del siglo XIX, y buena parte de esas nece- sidades fueron surtidas con productos…

p. 53
13
Gramática de la lengua chibchaEzequiel Uricoechea · 2016 · p. 24
1 cita
[18]

su industria. El país chibcha, antes de las conquistas de los zipas, lo creo comprendido entre la cordillera al oriente de Bogotá hasta las cercanías de Facatativá y desde Zipaquirá hasta el río Tunjuelo. Dos pruebas tene- mos en apoyo de esta creencia, legítimas ambas: la diferencia del len- guaje y la diferencia de…

p. 24
14
Mercados, poblamiento e integración étnica entre los Muiscas, Siglo XVICarl Henrik Langebaek · 1987 · p. 56, 84
2 citas
[19]

cosecha por heladas, fueron las condiciones que debió soportar el agricultor de maiz en los altiplanos. Por el contrario la agricultura de la papa de altura tiene un rendimiento por hectáreas muchas veces superior al maiz y fue, con seguridad, el alimento básico del pueblo raso, teniendo el maiz carácter de alimento…

p. 56
[25]

"de algodón el cual van a buscar a Chita", en dominios laches (/1602/ A.N.C. Vis. Boy. XVII f 776r). En contraste con la información antes expuesta, parece que los intercambios de algodón y mantas al extremo sur del territorio muisca no fueron muy comunes (mapa 6) aunque se sabe que los sutagaos entraban a los…

p. 84
15
Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 36, 43
2 citas
[21]

un aspecto fundamental que explica el establecimiento de comunidades independientes, puesto que este tipo de vínculos aseguraba la pertenencia de un individuo a una comunidad y con esto su acceso a los recursos del territorio que controlaban (Lleras, 1986). Posiblemente se dieron enfrentamientos bélicos para obte- ner…

p. 36
[24]

que cumpliera adecuadamente las funciones que se le atribuyen, como patrón de medida del valor, medio de intercambio o alma- cén de valor. Sin embargo, existieron ciertas mercancías que se intercambiaron con mayor frecuencia y que pudieron servir como patrón para medir valores. Esta característica se le ha atribuido…

p. 43
16
Arqueología de Colombia: un texto introductorioGerardo Reichel-Dolmatoff · 2016 · p. 332
1 cita
[23]

true - que con tribus vecinas y aún muy alejadas. Los principales artículos que se exportaban eran sal 153, esmeraldas, coca y Memoria sobre las Antigüedades Neo-Granadinas, Librería de F. Schneider i Cía., Berlín. Acerca de la arqueología «premuisca», véanse las notas biblio- gráficas para el capítulo iv, así como…

p. 332
17
Memorias para la historia de la medicina en Santafé de BogotáPedro María Ibáñez · 2017 · p. 22
1 cita
[26]

salió el 6 de abril del año de 1536 otra expedición de 705 hombres mandada por don Gonzalo Jiménez de Quesada, con el objeto de conquistar las tie- rras situadas a las cabeceras del río Magdalena. Quesada enfermó gravemente en el Carare, lugar en donde dispuso que Juan Gallegos regresase a Santa Marta con los enfer-…

p. 22
18
Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 16, 45
2 citas
[27]

d en sas selvas de esta vertiente de la cordillera O riental. Finalm ente, a principios de m arzo de 1537, once m eses d esp u és de salir de Santa M arta, unos ciento se tenta hom bres y treinta caballos em ergieron a las planicies an d in as h ab itad a s po r los m uiscas. En las planicies m uiscas, los…

p. 45
[49]

tales que los propietarios de recuas no aceptaban carga en las épocas de crudo invierno debido al gran riesgo para los anim ales. A un d u ran te el verano, los fletes de m uía fueron relativam ente altos: de 22 a 34 centavos por tonelada-kilóm etro a m ediados del siglo xix. En estaciones de lluvia o cuando la guerra…

p. 16
19
Invading Colombia: Spanish Accounts of the Gonzalo Jiménez de Quesada Expedition of ConquestJ. Michael Francis · 2007 · p. 108
1 cita
[28]

the incredible riches of the land in which we found ourselves, Jiménez and the captains decided to return to 10. The figures cited here vary only slightly from the ones recorded in the expedition’s official logbook. The logbook entry from Monday, August 20, 1537, states that “ 136, 000 pesos of fine gold were found in…

p. 108
20
Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 67
1 cita
[30]

éste. Entre tanto, en cumplimiento de las órdenes recibidas de Quesada, Martín Galeano procedió a efectuar la fundación de Vélez, en 1539. Por su parte, el 6 de agosto de 1539, en el sitio que ocu- para la antigua capital de los zaques, Hunza, Gon- zalo Suárez Rendón fundó la ciudad de Tunja. Mientras los españoles…

p. 67
21
Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 39, 134
2 citas
[31]

que las había originado, con mayo res posibilidades de abastecimientos y de mano de obra. Así, de las veinte ciudades que fueron fundadas entre 1537 y 1550, solamente dos fueron abandonadas más tarde. A partir de 1550, la Audiencia estimuló la funda ción de centros mineros y entre 1550 y 1560 se cuentan once…

p. 39
[32]

Tunja y 50 en Santa Fe. Entonces sólo 26 de las primeras pertenecían a los antiguos compañeros de Quesada y 19 en términos de Santa Fe6. Así, los datos de Flórez de Ocariz resumen la situación a partir de 1550 (muy probablemente hacia 1560). Después de 1550, la recompensa inicial se había desvanecido para mu chos de…

p. 134
22
Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 35, 58
4 citas
[34]

que los orígenes del campesino parcelario en las feraces campiñas de la altiplanicie cundiboyacense, como Choa- chí, el Valle de Tenza, Saucio y Tenjo, Duitama y Sogamoso, se remontan a la ocupación de un sector de los resguardos por par- te de vecinos pobres. Es posible también que en algunos casos el nacimiento del…

p. 58
[35]

que los orígenes del campesino parcelario en las feraces campiñas de la altiplanicie cundiboyacense, como Choa- chí, el Valle de Tenza, Saucio y Tenjo, Duitama y Sogamoso, se remontan a la ocupación de un sector de los resguardos por par- te de vecinos pobres. Es posible también que en algunos casos el nacimiento del…

p. 58
[43]

de los indígenas en los res- guardos, que fueron agrupados unos con otros, trasladados a tierras más distantes y menos fértiles o simplemente disueltos. Únicamente en la región suroccidental los resguardos mantuvie- ron su vigencia, tanto así que resistirán no sólo los embates de la política colonial sino también los…

p. 35
[44]

de los indígenas en los res- guardos, que fueron agrupados unos con otros, trasladados a tierras más distantes y menos fértiles o simplemente disueltos. Únicamente en la región suroccidental los resguardos mantuvie- ron su vigencia, tanto así que resistirán no sólo los embates de la política colonial sino también los…

p. 35
23
The Agrarian Question and the Peasant Movement in Colombia: Struggles of the National Peasant Association, 1967-1981Leon Zamosc · 1986 · p. 29
1 cita
[36]

produced surpluses for the limited regional markets as part of their traditional pattern of cattle raising and agricultural production. In Colombia, as in most Latin American countries, the formation of the haciendas and the peasantry was a long process that can be traced back to the evolution of the colonial agrarian…

p. 29
24
Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 53
1 cita
[37]

historia posterior de los resguardos y poblamientos muestra cómo los propósitos iniciales fueron deformados por los hechos históricos. Probablemente en ningún otro país de América hispana se llevó a cabo un proceso de mestización tan integral como en la Nueva Granada. En la segunda mitad del siglo xvII1, los…

p. 53
25
Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 48
1 cita
[38]

indígenas acudían a vender su fuerza de trabajo para cubrir los tributos con el salario obtenido; la economía monetaria empezó a introducirse en estos núcleos de economía natural y las ventas de tierra por la Corona a partir del siglo XVIII y el robo descarado de ellas por los terratenientes vecinos fueron reduciendo…

p. 48
26
Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · p. 233
1 cita
[39]

r ístasóe ld te ogpanóge ml Cntniuge en la cual no existe la propiedad individual territorial, y sí la posesión colectiva de las tierras. Está íntimamente unida a la economía familiar agrícola. Los resguardos cultiva- ban en régimen de indivisión de la propiedad, las tierras que constituyeran su respectivo territorio.…

p. 233
27
Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 133, 257
2 citas
[40]

arrendatarios y les estaba vedado residir en los resguardos por no ser indios puros. Pero como muchas veces sucede, se le halló escape a la ley, y como lo muestra el caso de Soatá, muchos individuos que no eran indios entraron a vivir en los pueblos indígenas y a arrendar la tierra de los resguardos. Obsérvese, no…

p. 133
[48]

declaraban que el resguardo de indígenas dejaba de existir por carecer de titulación necesaria, es decir, por ser imposible encontrarla en las notarías; por lo mismo, las tierras se consideraban como baldías y los indígenas como simples ocupantes o colonos a quienes se les podía reconocer lo que tuviesen cultivado y…

p. 257
28
Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 40
1 cita
[41]

lo salvaje, donde «coincidía la irracionalidad nativa con la oscuridad de la mentalidad española» 43. Así, desde el periodo de la Colonia se fueron instaurando dos ejes de desarrollo económico y poder político en torno a Bogotá. El primero, en el altiplano cundibo- yacense, entre Bogotá y Tunja, por concentrar la…

p. 40
29
Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 70
1 cita
[42]

vaya aumentando la importancia de su aporte al con- sumo de mano de obra de la hacienda. También se emplea, pero no en cantidades muy grandes, mano de obra esclava 38. Esta era importante en las tierras calientes, o en algunas partes de ellas. En la región del suroeste la evolución fue probablemente más desfavorable…

p. 70
30
Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 107
1 cita
[45]

general del problema de- be tener en cuenta el hecho de que las primeras disposiciones legales afectaron muy poco la estructura de la tenencia de la tierra. En efecto, la verdadera disolución de la propiedad comunal y su distribución entre los indios tributarios fue demorada hasta 1832; aun entonces, se les prohibió a…

p. 107
31
La tierra en ColombiaEstanislao Zuleta, Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) · 1973 · p. 40
1 cita
[46]

pero desplazó una gran masa de campesinos hacia las tierras de vertiente. En la segunda mitad del siglo XIX las fuerzas económicas en ascenso coincidían en la necesidad de ampliar el mercado nacional como la primera con dición de un mejor bienestar. Esta premisa llevó a obtener la libertad de los esclavos y la…

p. 40
32
Coffee in Colombia, 1850-1970: An Economic, Social and Political HistoryMarco Palacios · 1980 · p. 86
1 cita
[47]

and, as a result, considerable differences in economic and social levels existed between neighbouring families. The influence of the wealthiest of these was, how- ever, in no way comparable to that exerted by the large estate-owners and, in spite of the large differences in wealth, they all shared a level of poverty…

p. 86
33
The Ideal of the Practical: Colombia's Struggle to Form a Technical EliteFrank Safford · 1976 · p. 40
1 cita
[50]

size. By 1870, when Bogotá had slightly more than forty thousand inhabitants, its only rival was Medellín, with less than thirty thousand. The dozen next largest towns, scattered widely about the country, ranged in size from seven to thirteen thousand. 3 The combination of mountainous terrain and tropical climate…

p. 40
34
Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 32
1 cita
[51]

dera movidos por bue yes o mulas y de sperdiciaban mucho jugo. En las haciendas cundibo yacenses de predominio ga nadero fueron introducidas nuevas variedades de trigo y papa, pero la producti- vidad era muy baja; se trillaba haciendo correr bestias de carga sobre montones de trigo segado. Después de 1870 aparecieron…

p. 32
35
Manual introductorio. Biblioteca Básica de Cocinas Tradicionales de ColombiaGermán Patiño Ossa, Antonio Montaña, Lácydes Moreno Blanco · p. 52
1 cita
[52]

y enriquecedor. El maíz que se deja fermentar durante tres días antes de molerlo –del cual se obtiene el almidón agrio– tiene, convertido en base de panadería, un sabor inimitable. Al contrario de lo ocurrido en el resto del país, en el altiplano no hay una coloni- zación sino una toma de tierras. El cerdo no es tan…

p. 52
36
El poder de la carne. Historias de ganaderías en la primera mitad del siglo XX en ColombiaAlberto G. Flórez-Malagón (ed.), Luis Guillermo Baptiste, Ingrid Johanna Bolívar, Stefania Gallini, Shawn Van Ausdal · 2008 · p. 49
1 cita
[53]

Hútorill eronómica áe 14 g¡uuul4ria argrntina (Buenos Aires: Solar HaclJetee, 1961). 53 Shawn Van Ausd.al lecheras. Además, los métodos de producción extensiva característicos de muchas áreas, sumados a las dificultades de transporte, desalenraban una mayor producción lechera. Sin embargo, la leche fresca parece haber…

p. 49
37
Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · p. 384
1 cita
[54]

o,en l amedida en que colocaban un volumen a p r e c i a b l ede s u sr e s p e c t i v o s productos en e l mercado, vinculaban a su dueño a d i s t i n t a s modalidades c o m e r c i a l e s. La ganadería implicaba un permanente proceso de compra-venta de ganado,l oc u a l,asuv e z,implicabav í nculos con mercados…

p. 384
38
El Desarrollo de la Agricultura en ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1982 · p. 124, 127
2 citas
[55]

más extensiva. El desarrollo de la re- gión tiene como polo de irradiación a Bogotá pero la distancia hace llegar los efectos mercantiles en forma más débil. Ocupa todavía las mejores tierras en base a una explotación ausentista que se va haciendo más relevante en la medida que se va ale- jando más de los mercados. La…

p. 124
[56]

y en menor extensión en Risaralda, la actividad ganadera es subsidiaria a la del cultivo del grano de exportación, y se lleva a cabo en pro- 36. ICA. Información básica del departamento del Tolima. Bogotá, 1971, p. 52. 125 piedades medianas, con capacidades de carga altas por lo gene- ral. Predomina allí el ganado…

p. 127
39
Colonización y protesta campesina en Colombia (1850-1950)Catherine LeGrand · 2016 · p. 76
1 cita
[57]

el estímulo primordial para el crecimiento económico rural a fines del siglo XIX y comienzos del xx. Este período presenció la tremenda expansión del cultivo del café, el auge de la ganadería y la construcción de ferrocarriles. Pero este crecimiento no se distribuyó uniformemente por el país. Las regiones altas ha-…

p. 76
40
Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 174
1 cita
[58]

papa, tri- go y cebada; mientras que en las tierras cálidas y bajas, la yuca y el plátano fueron más comunes. En Antioquia, San- tander y Boyacá, el maíz y el fríjol fueron parte esencial de la dieta campesina. Estos productos no rebasaban la comercialización local, dado que los campesinos cultiva- ban para su…

p. 174
41
El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · p. 156
1 cita
[59]

1880, y, para todo este período, las agudas observaciones de los costumbristas José María Cordovez Maure, Eugenio Díaz y del escritor José María Vergara y Vergara, entre otros, hacen pensar que el volumen e intensidad de los tráficos comerciales entre las tierras templadas y el altiplano mostraron una tendencia al…

p. 156
42
El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 239
1 cita
[60]

Mesa, desde 1885 hasta 1935) es notorio el contraste con la ausencia de éstos en los municipios del altiplano. Quizás haya que dar razón a Medardo Rivas cuando saludaba entusiasmado el arribo de la imprenta, "la luz de la civilización", a estos remotos pueblos de tratantes de la tierra caliente. "LA FRONTERA…

p. 239
43
Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · p. 60
1 cita
[61]

la cultura mestiza del altiplano cundi-boyacense, aunque a mediados de siglo diera signos de ruptura con el provincialismo que la caracterizaba. Como sucede con otras áreas mestizas andinas, en el altiplano colombiano la Iglesia Católica tendrá una gran presencia en la vida cotidiana. Basta con señalar que para…

p. 60
44
Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 97
1 cita
[62]

novios. Las capillas, si bien podían ser austeras en su diseño, en su decorado revelaban la gratitud espiritual de sus propietarios; esculturas de santos y vírgenes, pinturas, copones, candelabros, floreros, estolas e incensarios no faltaban en las ceremonias. Cabe agregar que las hacien- das de las órdenes religiosas…

p. 97
45
Catolicismo, cambio social y búsqueda de paz en Colombia. Historia y MemoriaWilliam Elvis Plata Quezada (Editor), Ana María Bidegain Greising, Angélica Villamizar Beltrán, Antonio José Echeverry Pérez, Eduardo Díaz Ardila, Eliécer Soto Ardila, Héctor Alfonso Torres Rojas, Hernando Pinilla Rey, Isabel Corpas De Posada, Javier Alejandro Acevedo Guerrero, Joselín Aranda Cano, Lizeth Torres Rodríguez, Miguel Arturo Fajardo Rojas, Natalia Alejandra Mora Navarro, Osmir Ramírez Trillos, Sofía Brizuela Molina, Sor María Sampayo Flórez · 2022 · p. 62
1 cita
[63]

vivían en chozas; las casas de teja y tapia eran exclusivas para haciendas y casas de familias pudientes de pueblos y ciudades. Estas familias campesinas 93 Juan Carlos Jurado, “Pobreza y nación en Colombia, siglo XIX”, HIB. Revista de Historia Iberoamericana 2 (2010): 49. 94 Ibídem, 50. 95 Marco Palacios y Frank…

p. 62
46
Historia de la religión en ColombiaJosé David Cortés Guerrero, Juana María Marín Leoz, Leonardo García Rincón · 2022 · p. 1, 14
2 citas
[64]

57 LAS ÓRDENES RELIGIOSAS Y LA SOCIEDAD NEOGRANADINA, SIGLOS XVI-XIX William Elvis Plata Introducción Las órdenes religiosas no solo fueron las grandes protagonistas del proceso de cristianización de la Nueva Granada en los siglos a, sino que, además, por lo mismo, adquirieron tal grado de XVI XVIII poder y de…

p. 1
[65]

algunas regiones, como las actuales Antioquia y Santander, la influencia de las órdenes religiosas fue mucho más reducida, al punto de no existir sino muy pocos conventos y casas religiosas durante los siglos y. XVI, XVII XVIII Tan estrecho fue el vínculo de las órdenes con los poderes civiles, que su establecimiento…

p. 14
47
Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoriaAna María Gómez Londoño (editora), Carl Henrik Langebaek Rueda, Jorge Augusto Gamboa Mendoza, Michael J. Francis, Marta Clemencia Herrera Ángel, François Correa Rubio, Óscar Guarín Martínez, Hermann Trimborn, Luis Fernando Restrepo, Mercedes López Rodríguez, Carlos Andrés Durán · 2005 · p. 20
1 cita
[66]

coti- dianos) para adaptar y posicionar su cultura durante la temprana Colonia. El artículo de Martha Herrera, “Muiscas y cristianos: del boihote a la misa y el tránsito hacia una sociedad individualista”, propone una mirada al sistema de creen- cias muiscas, organizado en consonancia con la organización social,…

p. 20