Privacidad y medición

¿Nos permite medir el uso del archivo?

Usamos Google Analytics para conocer, de forma agregada, qué páginas se leen y mejorar la navegación. Google Tag Manager no se carga hasta que usted lo acepte. Puede rechazarlo o cambiar su decisión después. Más información sobre privacidad y analítica.

Hecho histórico · Conquista · 1499–1599

Campaña de expolio de los santuarios muiscas (1577)

En 1577, la Real Audiencia y el arzobispado de Santafé impulsaron pesquisas rivales contra los santuarios muiscas, con participación de encomenderos. Una averiguación posterior estimó en 44.129 pesos de oro lo incautado en diez pueblos de Tunja y Santafé. El episodio revela la superposición entre extirpación de idolatrías y extracción fiscal en la Colonia temprana.

Campaña de expolio de los santuarios muiscas (1577)
Momento representado: Tobasía, 1577, antes de la llegada del factor: un orfebre prepara los santillos encargados por la comunidad para afrontar la visita.
01

Ficha del acontecimiento

Síntesis

Cuándo
1577
Dónde
Tunja, Altiplano cundiboyacense, Cundinamarca, Boyacá, Sogamoso, Santafé, Cordillera Oriental, Zipaquirá, Bogotá, Sabana de Bogotá, Panamá, Popayán, Magdalena, Santafé de Bogotá, Fontibón, Chía, Facatativá, Guatavita, Ubaque, Duitama
Protagonistas
Gonzalo Jiménez de Quesada, Luis Zapata de Cárdenas, Andrés Díaz Venero de Leiva, Felipe II, Luis Zapata de Cárdenas (arzobispo de Santafé, 1573-1590), Juan López de Cepeda (oidor visitador de la Real Audiencia), Francisco Briceño (presidente de la Audiencia, muerto a fines de 1575), Lope Díez Aux de Armendáriz (presidente de la Audiencia desde 1578), Real Audiencia de Santafé, Encomenderos del altiplano cundiboyacense, Caciques y jeques (chuques) muiscas
02

Lectura causal

Causas, hecho y consecuencias

Causas

  1. Caída demográfica indígena acelerada desde la conquista de 1537, que redujo el número de tributarios y contrajo los ingresos fiscales de encomenderos, Corona e Iglesia, haciendo del oro votivo muisca el capital líquido más concentrado disponible en el reino.
  2. Vacío institucional en la cúspide de la Audiencia: la muerte del presidente Francisco Briceño a fines de 1575 dejó el tribunal acéfalo hasta agosto de 1578, favoreciendo pesquisas rivales de oidores y enviados del arzobispo, con participación de encomenderos sin control presidencial.
  3. Autorización previa del visitador López de Cepeda a los españoles para perseguir santuarios indígenas y apropiarse de las ofrendas, que estableció un precedente institucional para el decomiso.
  4. Llegada del arzobispo Luis Zapata de Cárdenas en 1573 y la consolidación del concepto de 'policía cristiana', que fusionó celo religioso y razón de Estado para justificar la destrucción de santuarios y la incautación de ofrendas de oro.
  5. Persistencia de la práctica ritual muisca —depósito de tunjos de tumbaga, esmeraldas y mantas en santuarios— cuarenta años después de la conquista, que concentraba en esos espacios el único stock de oro no tributado del altiplano.
  6. Revisiones y apelaciones de tasas tributarias en 1575, 1576 y 1577, que evidenciaron la fragilidad del sistema de encomienda y la necesidad de fuentes alternativas de extracción.
1577Campaña de expolio de los santuarios muiscas (1577)

Consecuencias

  1. La comisión de Diego Hidalgo de Montemayor entregó a la Real Hacienda 1.724 pesos y 7 tomines de oro, además de esmeraldas; una averiguación posterior estimó 44.129 pesos de oro extraídos de santuarios en diez pueblos de Tunja y Santafé durante 1577.
  2. Traslado de los santuarios muiscas de lugares públicos y cerros a casas de morada y depósitos privados, como estrategia de resistencia y ocultamiento ante las sucesivas incautaciones, documentado en visitas posteriores como la de Fontibón en 1594.
  3. Continuidad y resiliencia de la práctica religiosa muisca: en casi todos los testimonios de visitas a santuarios de los siglos XVI y XVII se afirmaba que los indígenas hacían más ofrecimientos que antes, y en Fontibón se encontraron 82 chuques activos años después de una incautación.
  4. Consolidación de la confesión sacramental y la tortura como instrumentos de inteligencia colonial para localizar santuarios y bienes rituales, patrón que se prolongó al menos hasta el siglo XVII según el confesionario en lengua mosca-chibcha.
  5. Articulación de un modelo extractivo con cobertura doctrinal —la 'policía cristiana'— que se sumó a las confiscaciones iniciadas décadas antes y antecedió a nuevas campañas de extirpación en el Nuevo Reino de Granada.
03

La clave interpretativa

Por qué importa

El episodio de 1577 demuestra empíricamente que la evangelización colonial no fue solo un proyecto espiritual sino un dispositivo económico: la 'policía cristiana' proporcionó el lenguaje teológico que acompañó la extracción del único capital líquido concentrado que quedaba en el altiplano tras cuarenta años de conquista, mientras la Audiencia y el arzobispado disputaban el mando sobre las pesquisas. La operación evidencia además cómo el vacío institucional —una Audiencia acéfala, tasas en disputa, demografía en colapso— convirtió el oro votivo muisca en recurso fiscal de emergencia, y cómo la resistencia indígena, lejos de ser aplastada, se reorganizó espacialmente y preservó la práctica ritual durante siglos.
04

Desarrollo histórico

La historia completa

La campaña de expolio de los santuarios muiscas de 1577

En el curso de 1577, en el altiplano cundiboyacense, oidores de la Real Audiencia y enviados del arzobispo de Santafé impulsaron pesquisas rivales sobre los santuarios muiscas, con la participación de encomenderos. En ellas, la extirpación de idolatrías se entrelazó con la extracción de oro ritual. La suma agregada de lo incautado en los pueblos visitados —cuantificada por la propia contabilidad colonial en pesos de oro bajo y fino y en tomines de esmeraldas— basta para inscribir el episodio no en el registro del celo espiritual desbordado, sino en el de la fiscalidad colonial en crisis. Fue el momento en que la Audiencia acéfala, un arzobispo recién llegado y una capa de encomenderos con tributos menguantes descubrieron que los tunjos escondidos en las cuevas y en las casas de los indios eran, literalmente, el único capital líquido concentrado que quedaba en el reino. La "policía cristiana" dio a esa convergencia su nombre teológico. El nombre histórico es otro: una operación extractiva con doctrina.

El altiplano antes del expolio

Los muiscas del altiplano no tenían oro propio. La cordillera oriental, entre los actuales departamentos de Cundinamarca y Boyacá, carecía de depósitos auríferos, de modo que el metal con el que se fundían las figurinas votivas —los tunjos— llegaba por trueque desde comunidades vecinas a cambio de sal de Zipaquirá, esmeraldas de Muzo, mantas de algodón y coca. Ese oro entraba a un circuito ritual antes que suntuario. Una parte considerable se transformaba, mediante la técnica de la cera perdida, en pequeñas figuras de tumbaga que iban al santuario, no al ornamento. En esa técnica el proceso de elaboración importaba tanto como el objeto terminado: la fabricación misma era ritualmente significativa, lo que explica por qué la calidad estética del tunjo suele parecer secundaria frente a la abundancia y la consistencia iconográfica de las ofrendas.

Los orfebres trabajaban con hornillas alimentadas por toberas cerámicas ajustadas a cañas vegetales, con las que soplaban aire para elevar la temperatura de fundición. Ejemplares de esos sopladores han aparecido en varios sitios del territorio. Lo que salía de la hornilla no se guardaba en un tesoro: se depositaba en cuevas, en lagunas, en cerros, en construcciones destinadas al culto, bajo la custodia de los chuques o jeques —los sacerdotes muiscas, que se preparaban durante años de reclusión en una suerte de seminario, sometidos a ayuno y disciplinas esotéricas—. En 1594 se documenta que los chuques recibían una mochila de coca y un poporo como símbolos de su autoridad, privilegio que compartían con los caciques.

Ese mundo religioso descansaba sobre una organización política que a la llegada de los españoles se articulaba en torno a dos señoríos principales, el del Zipa de Bogotá y el del Zaque de Hunza, con jefaturas menores independientes en zonas montañosas que ninguno de los dos había absorbido. La guerra entre estos señoríos era más ceremonial que territorial: un mecanismo de reconocimiento entre élites, no un dispositivo de subordinación económica. Ninguna comunidad se quejó jamás de tener un cacique impuesto por Bogotá o Tunja. La religión, en cambio, sí tenía dimensión coercitiva: los muiscas practicaban sacrificios humanos rituales —guerreros panches capturados eran flechados sobre un poste a la entrada del cercado del cacique hasta desangrarse; niñas de personajes importantes eran ofrendadas durante la construcción de viviendas cacicales; los moxas, esclavos jóvenes traídos de la Casa del Sol en el piedemonte llanero, se destinaban desde su cautiverio al sacrificio—.

Cuando los españoles de Gonzalo Jiménez de Quesada irrumpieron en el altiplano en 1537, encontraron una sociedad ritualmente saturada de oro pero económicamente pobre en él, con jerarquías políticas superpuestas a una densa red de santuarios que constituía el verdadero mapa del poder. Cuarenta años después, esa red seguía existiendo.

La institucionalidad colonial en la década de 1570

Para entender por qué la operación de 1577 fue posible —y por qué adquirió la forma que adquirió— hay que reconstruir el andamiaje institucional del altiplano en los años inmediatamente anteriores. La Real Audiencia de Santafé, tribunal supremo y a la vez gobierno colegiado, se había reservado desde su creación las materias centrales del funcionamiento económico del reino: la tasación de los tributos indígenas, la legislación sobre encomienda, la definición del trabajo indígena y la repartición de tierras en la sabana. Cada uno de esos ítems tocaba directamente el bolsillo de los encomenderos, la caja del rey y la doctrina de los curas.

La encomienda en la sabana de Bogotá se había organizado sobre los clanes preexistentes. La tasación no recaía sobre individuos sino sobre el colectivo, con el cacique como representante y pagador. De ese pago salían, en cascada, las pensiones particulares del encomendero, el quinto para el rey, el estipendio del cura doctrinero y el sueldo del corregidor. Cuatro apetitos sobre una sola bolsa, y esa bolsa venía adelgazando desde 1537: la población indígena de la provincia de Tunja, calculada en unos 215.000 habitantes al momento de la conquista, había perdido cerca de un 25% en los primeros veinticinco años. Hacia el último cuarto del siglo XVI, esa merma era ya visible en la caja fiscal.

El instrumento con el que la Audiencia intentó ordenar —y disciplinar— ese sistema fueron las visitas de la tierra: recorridos de oidores por los pueblos, con potestad de revisar tasaciones, escuchar quejas de indios y coartar la autonomía de los encomenderos. En la rivalidad entre Tunja y Santafé, que atravesó todo el siglo XVI, las visitas fueron la palanca institucional del centro sobre las periferias encomenderas. En 1575, 1576 y 1577 —los tres años que forman el hueco cronológico del episodio— la Audiencia revisó y modificó tasas tributarias: en Onzaga y Soatá se conmutó el pago de oro por mantas; en Oicatá y Nemuza se aumentó el oro y se redujeron las mantas. Estos ajustes no siguieron una política uniforme de alivio o de recargo: fueron intervenciones caso a caso, según la presión política de cada encomendero y la capacidad de resistencia de cada cacique.

Fue el licenciado Juan López de Cepeda, como visitador, quien fijó las tasas que luego se apelaron. Y fue el mismo López de Cepeda quien, con anterioridad, había autorizado a los españoles a perseguir santuarios indígenas y apropiarse de las ofrendas, mostrando sorpresa ante la persistencia de las prácticas rituales muiscas pese a cuarenta años de evangelización. La misma mano que tasaba autorizaba el decomiso: una línea de continuidad institucional que atraviesa todo el episodio.

A fines de 1575 murió el presidente Francisco Briceño. Bajo su breve mandato se había logrado, por primera vez, una relativa consolidación de la Audiencia y se había establecido la mita como forma de trabajo forzoso. Con su muerte, la Audiencia quedó acéfala. La vacancia terminó cuando el licenciado Lope Díez Aux de Armendáriz —anteriormente presidente de la Audiencia de Charcas— tomó posesión el 29 de agosto de 1578. En el intervalo, llegaron nuevos oidores: el doctor Luis Cortés de Mesa, el licenciado Antonio de Cetina y Juan Rodríguez de Mora, este último trasladado desde Panamá. Ese vacío en la cabeza del tribunal —más de dos años y medio sin presidente, con oidores recién llegados y sin la coordinación que da una presidencia establecida— es la coordenada política sin la cual el episodio de 1577 no se comprende.

Un arzobispo y una doctrina

En 1573 llegó a Santafé, como segundo arzobispo, fray Luis Zapata de Cárdenas. Franciscano, de temperamento reformador, ocuparía la silla hasta 1590. Su llegada generó el ambiente propicio para lo que en 1575 se llamó una "junta" —una reunión orientada a acordar un mínimo común entre autoridades civiles y eclesiásticas en materia de evangelización—. Esa junta se ubica en la antesala de un ciclo de mayor intensidad pastoral que Zapata de Cárdenas imprimiría al arzobispado.

El concepto que da su nombre analítico a este ciclo es el de "policía cristiana", fórmula que condensó la fusión entre fe católica y razón de Estado que impregnó la evangelización tardía del siglo XVI. Para los indígenas, "policía cristiana" implicaba la adopción de nuevos modelos de comportamiento social, moral y religioso: significaba, en la práctica, ser al mismo tiempo fiel vasallo del rey y buen cristiano, sin costura visible entre ambas obediencias. Para los agentes coloniales, el mismo concepto autorizaba perseguir ritos indígenas y destruir santuarios bajo un discurso que combinaba conversión religiosa y control político sin distinguir claramente sus objetivos.

Dos instrumentos daban cuerpo a esa doctrina. El primero era la confesión. Un confesionario en lengua mosca-chibcha del siglo XVII incluye preguntas explícitas al penitente sobre si había adorado santuarios y ofrecido mantas, esmeraldas u oro; el sacramento operaba, entre otras cosas, como mecanismo de inteligencia sobre el paradero de las ofrendas. El segundo era la tortura, aplicada especialmente a caciques para obtener información sobre santuarios ocultos. Los dos instrumentos no eran metafóricos: los cronistas y los propios oficios de visita los describen en su ejercicio material.

El catecismo de Zapata de Cárdenas tiene una fecha precisa: fue publicado el 1 de noviembre de 1576. Hay noticia de sínodos en Santafé hacia mediados de siglo, y de una junta bajo Zapata de Cárdenas en 1575, pero no del detalle de la profundización sinodal posterior. Lo que sí es claro es que a mediados de la década de 1570 el arzobispado disponía de una doctrina, de agentes doctrineros distribuidos por los pueblos y de una autorización previa —la del propio López de Cepeda como visitador— para intervenir sobre los santuarios. El escenario estaba montado.

La operación: diez pueblos, decomiso y contabilidad

Sobre esa infraestructura política, jurídica y doctrinal se desplegaron en 1577 las pesquisas contra los santuarios muiscas. Hubo incautaciones en pueblos cercanos a Santafé y en la provincia de Tunja, entre ellos Bosa, Suba, Tuna, Sogamoso, Paipa, Duitama e Iguaque. Los oidores encargaron comisiones civiles —Diego Hidalgo de Montemayor actuó en Tunja— mientras Zapata de Cárdenas y sus enviados realizaron visitas propias; ambos frentes disputaron la autoridad sobre las pesquisas y el destino del oro. Sus agentes entraron en santuarios, cuevas y viviendas para retirar tunjos, otras figuras rituales, mantas y esmeraldas.

La forma de la operación es reveladora. No fue una razzia militar sino un procedimiento con actas, inventarios y quintos calculados. Los oficiales anotaron el peso del oro incautado —distinguiendo "oro bajo" y "oro fino", según su ley— y sumaron aparte los tomines de esmeraldas. La comisión de Diego Hidalgo de Montemayor en la provincia de Tunja entregó a la Real Hacienda 1.724 pesos y 7 tomines de oro, además de esmeraldas. Una averiguación posterior estimó en 44.129 pesos de oro lo extraído de santuarios en diez pueblos de las jurisdicciones de Tunja y Santafé. La primera cifra corresponde a una comisión; la segunda describe un conjunto mayor de incautaciones de 1577.

El procedimiento combinó tres pasos. Primero, la identificación: obtenida mediante la confesión sacramental, mediante interrogatorios a caciques y jeques, y en casos documentados mediante tortura. Segundo, la incautación: los agentes ingresaban a los santuarios señalados y retiraban las ofrendas, quebrando in situ los ídolos de materiales sin valor —palo, barro, algodón— y llevándose los de oro y las esmeraldas. Tercero, la contabilización: el metal se pesaba, se estimaba su ley y se separaba el quinto real. Las órdenes destinaban el resto a usos públicos o a obras pías e iglesias, según la autoridad que dirigiera la pesquisa; las investigaciones posteriores denunciaron apropiaciones privadas.

Que este procedimiento tuviera la apariencia de un rito judicial y no de un saqueo importaba mucho a sus protagonistas. La incautación se justificaba doctrinalmente como destrucción de ídolos —los objetos religiosos indígenas eran, para la teología imperante, obras del demonio, y su decomiso un acto piadoso—; el paso del oro a las arcas coloniales se leía como consecuencia técnica del quinto real y de las obligaciones de sostenimiento del clero. La confesión, la destrucción ritual de los ídolos "sin valor" y la fundición de los tunjos formaban un continuo litúrgico-fiscal en el que cada acto tenía su justificación autónoma y en el que el resultado agregado —el traslado del oro votivo muisca a la caja de la Corona y a los bolsillos de los agentes— aparecía como derivación colateral y no como propósito. La arquitectura discursiva de la "policía cristiana" no era un plan, sino una fórmula que permitía coordinar sin coordinar.

Por qué en 1577: la convergencia de tres crisis

Hasta aquí, el relato. La pregunta más difícil no es qué pasó sino por qué en ese año, y por qué con esa intensidad. La respuesta está en la superposición, en un mismo momento, de tres presiones estructurales que hicieron del oro votivo muisca el objeto más rentable disponible en el reino.

La primera presión era fiscal. La caída demográfica indígena, iniciada con la conquista de 1537, se aceleraba en el último cuarto del siglo. La provincia de Tunja, estimada en 215.000 habitantes al momento del contacto, marchaba en un descenso sostenido que la llevaría, dos siglos después, a apenas 25.000 —una caída del 90%—. Las causas eran acumulativas: epidemias de enfermedades europeas, trabajo forzado en las minas, guerras de sometimiento, mestizaje, suicidio colectivo, fuga a zonas remotas. Para 1575-1577, la merma se traducía en tributarios menos numerosos, tasaciones apeladas —justamente las que la Audiencia estaba modificando en esos años— y una caja real presionada por sus propias obligaciones metropolitanas. En ese contexto, un decomiso de santuarios equivalía, para la Corona, a una recaudación extraordinaria sin costo administrativo.

La segunda presión era pastoral. Zapata de Cárdenas había llegado en 1573 a un arzobispado que, cuarenta años después del inicio de la evangelización, seguía descubriendo santuarios activos en pueblos formalmente cristianizados. Los conflictos entre clero secular y regular por el control de las doctrinas de indios "ricos" eran endémicos —una real cédula de 1565, dirigida a los provinciales de las órdenes, les había instado a renunciar a bienes temporales y a no cobrar servicios a los indígenas, y había resultado letra muerta—; la evangelización se concentraba en el altiplano justamente porque en la costa las comunidades eran demasiado pobres para sostener una presencia estable, y en zonas como Popayán y el Alto Magdalena los esfuerzos misionales eran débiles y tardíos. El altiplano era, para el arzobispo, la zona donde la conquista espiritual tenía que rendir cuentas. La persistencia de los santuarios era su déficit pastoral, y su extirpación —acompañada del decomiso— era simultáneamente prueba de eficacia doctrinal y fuente de recursos para el propio arzobispado.

La tercera presión era la de los encomenderos. Sus tributos venían recortándose por la merma demográfica; la Audiencia les había impuesto, en las visitas de 1575-1577, ajustes desiguales que en algunos casos favorecían al indio; la mita establecida bajo Briceño competía por la mano de obra. Los encomenderos, en la práctica, mantenían con los indígenas relaciones cotidianas mucho más intensas que las que la ley permitía —las visitas de la tierra documentan esa presencia notoria, esa apropiación de trabajo que iba más allá del tributo legalmente fijado—, pero la caída de tributarios los estrechaba. Colaborar con las visitas eclesiásticas a los santuarios de sus propios pueblos era una forma de participar, aunque fuese indirectamente, en un dividendo extraordinario.

Añádase el vacío institucional. Con Briceño muerto en 1575 y Armendáriz sin tomar posesión hasta el 29 de agosto de 1578, la Audiencia funcionó durante más de dos años y medio bajo oidores sin cabeza consolidada. En esa situación, ni la Corona podía imponer un freno efectivo sobre los agentes locales, ni los agentes locales tenían un árbitro que dirimiera entre sus apetitos. La convergencia sobre los santuarios muiscas fue, en gran medida, el producto de esa acefalía: no hubo un plan trazado desde arriba, hubo tres actores —oidores en funciones, arzobispo activo, encomenderos apretados— que descubrieron, cada uno por su lógica, que el mismo objeto respondía a su necesidad. La "policía cristiana" fue el nombre común que dieron a esa coincidencia. Cada actor podía invocarla con plena convicción sobre su propio motivo, y ninguno tenía que negociar explícitamente con los otros para que el resultado agregado se produjera.

Esta lectura no requiere postular un acuerdo secreto ni un memorando de coordinación. Basta observar que los incentivos estructurales de los tres actores apuntaban, en ese año, al mismo objeto material —el oro votivo concentrado en los santuarios— y que la doctrina disponible autorizaba, con lenguaje religioso, exactamente la operación que resolvía las tres presiones. Fue la cristalización oportunista, no la conspiración planificada, lo que dio a 1577 su forma.

La resistencia como rearticulación

El expolio no cerró el problema para los agentes coloniales; en cierto sentido, lo agravó. La respuesta muisca a las incautaciones no fue el abandono del culto sino su desplazamiento. El testimonio del cacique de Fontibón, recogido en la visita de 1594, es explícito en el mecanismo: los indígenas habían trasladado sus tunjos y santuarios a las casas de morada y a los depósitos de maíz porque los cristianos les quebraban los ídolos de palo, barro y algodón. Del cerro público al depósito privado; de la cueva ritual al rincón doméstico; de la mirada del jeque a la custodia del padre de familia.

Esta migración de lo sagrado a la esfera doméstica —fenómeno paralelo al que se ha documentado para el México colonial— resultó ser la forma de resistencia más eficaz que los muiscas encontraron. La casa era menos susceptible a la cristianización que la plaza: se hallaba fuera del alcance directo de la vigilancia doctrinera, dependía de una intimidad familiar impenetrable para el clérigo, y podía rearticular en su interior las funciones rituales sin necesidad de reconstruir el santuario visible. La producción de tunjos, lejos de detenerse, continuó bien entrada la Colonia, pese a la extirpación y pese al tributo en oro.

Las cifras del ciclo posterior lo confirman. Cuando el arzobispo Bartolomé Lobo Guerrero volvió a Fontibón años después de la campaña de extirpación de 1594 —que era, a su vez, una repetición ampliada del ciclo de 1577—, encontró 82 chuques activos y más de 3.000 ídolos. En una ronda posterior por los pueblos de Bojacá, Cajicá, Chía, Serrezuela, Suba y Tuna, decomisó cerca de 10.000 ídolos. La constante era brutal: en casi todos los testimonios de visitas de los siglos XVI y XVII, indígenas, mestizos y españoles coincidían en afirmar que los indios hacían más ofrendas que antes. Cada decomiso engendraba una intensificación de la producción ritual, no su decadencia.

Que esta persistencia haya sido posible sugiere algo importante sobre la operación de 1577: fracasó como proyecto evangelizador precisamente en la medida en que tuvo éxito como operación extractiva. El expolio no eliminó los santuarios porque no era su objetivo real; extrajo el oro y dejó intacta —involuntariamente— la infraestructura simbólica capaz de producir más oro para futuros decomisos. La "policía cristiana", vista con distancia, funcionó menos como conversión que como cosecha periódica sobre un cultivo religioso que ella misma dejaba en pie.

Consecuencias y largo declive

Las consecuencias inmediatas del expolio se dejan medir. En los meses siguientes a las incautaciones, el oro decomisado entró en la circulación colonial: una porción marchó al quinto real y de allí al sistema fiscal metropolitano; otra se distribuyó entre los agentes eclesiásticos que habían dirigido las visitas; otra —según las denuncias posteriores contra prácticas similares— acabó en los bolsillos de encomenderos, oficiales y clérigos doctrineros. Buena parte de las figurinas de tumbaga terminó fundida, con lo que se perdió irreversiblemente el objeto artístico y ritual: el tunjo, cuya factura era en sí misma un acto ceremonial, se convirtió en tejo, en moneda, en materia prima anónima.

Las consecuencias de mediano plazo fueron políticas. La operación de 1577 amplió confiscaciones iniciadas décadas antes y antecedió a nuevas campañas de extirpación: la de 1594, con las visitas documentadas en Fontibón; las de Lobo Guerrero, con sus 10.000 ídolos decomisados en seis pueblos. Las visitas con inventario y quinto real ya tenían antecedentes; en 1577 las practicaron tanto autoridades civiles como eclesiásticas, aunque en pesquisas enfrentadas. La "policía cristiana" pasó de ser una doctrina disponible a ser una rutina administrativa.

Las consecuencias de largo plazo tocan a la propia identidad del altiplano. Combinada con el descenso demográfico ya en curso —de 215.000 habitantes en 1537 hacia los 25.000 dos siglos después—, la desestructuración religiosa contribuyó al proceso más amplio de mestizaje biológico y cultural que transformaría la región. En la segunda mitad del siglo XVIII, los funcionarios coloniales comprobaban que en los antiguos pueblos de indios del Nuevo Reino el 80-90% de la población era mestiza, lo que llevó, entre 1775 y 1780, a la disolución y remate de la mayoría de los resguardos de la antigua área chibcha. La operación de 1577 no fue la causa única de ese trayecto —los grupos sedentarios de alta cohesión tribal, como los del altiplano, fueron más fácilmente sometidos al régimen de la encomienda desde el inicio, mientras los grupos de tipo bandal ofrecieron resistencia armada más efectiva—, pero fue una de sus estaciones.

Queda una tensión que la historia local del episodio no resuelve. Los muiscas del altiplano, sedentarios y ritualmente elaborados, tenían una infraestructura religiosa concentrada —santuarios, jeques, tunjos— que los hizo particularmente vulnerables a una operación como la de 1577; grupos indígenas menos jerarquizados o más móviles resistieron mejor al expolio precisamente porque no ofrecían objetivos ceremoniales concentrables. La sofisticación política y religiosa muisca, que había sostenido dos señoríos y una red de jefaturas menores durante siglos, se convirtió, bajo el régimen colonial, en su punto de mayor exposición. El oro que había circulado como don ritual dentro de una economía de trueque terminó fundido en lingotes que sostuvieron, por un momento breve, la caja fiscal de un imperio.

La campaña de 1577 no es memorable por su singularidad —hubo campañas semejantes antes y después, y muchas fueron más aparatosas— sino por lo que revela sobre la naturaleza de la conquista espiritual en su fase madura. Bajo el discurso del celo religioso, la evangelización tardía del altiplano funcionó, entre otras cosas, como un dispositivo económico: extrajo valor concentrado —el oro votivo acumulado durante siglos en los santuarios muiscas— y lo transfirió al circuito colonial, presentando el traslado como acto piadoso. El oro no se veía como botín sino como despojo del demonio; el decomiso no era saqueo sino redención; los agentes que se enriquecían no eran ladrones sino instrumentos de la policía cristiana. Esa arquitectura discursiva era, para sus protagonistas, plenamente sincera. Y por eso fue, históricamente, tan eficaz.

Lo que el episodio deja ver no es tanto la denuncia moral —anacrónica aquí— como el mecanismo. La convergencia entre altar y caja real no requirió un pacto explícito; le bastó una doctrina común, una infraestructura institucional disponible y una situación de necesidad simultánea. Cuando esas tres condiciones se dan, las autoridades religiosas y las fiscales descubren que hablan el mismo idioma sin haberlo acordado.

Los muiscas de Fontibón trasladaron sus santuarios al espacio doméstico porque comprendieron que lo que se buscaba era el oro, no la conversión; siguieron produciendo tunjos porque el ritual no dependía del santuario visible; multiplicaron las ofrendas después de cada decomiso porque cada visita eclesiástica era, en su propia lógica, una prueba más de que los dioses seguían presentes. El desplazamiento del culto a la casa no fue folclor sino respuesta afinada: identificó el motivo real de la campaña, calculó su alcance y encontró el punto donde el aparato colonial no podía llegar.

05

La época alrededor

Este hecho no ocurrió solo

07

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

27 documentos · 51 fragmentos
01Historia de Colombia. La Colombia más Antigua. Tomo 1Gonzalo Hernández de Alba (dir.); Camilo Domínguez O., José L. Lorenzo, Amancio Fernández, Gonzalo Correal y otros · p. 1371 cita
[1]y ciertos productos agrícolas, la sal era otro elemento básico del comercio de los muiscas. un grupo de especialistas en el intercambio. Las re- ferencias históricas parecen indicar que todos los indígenas comunes y corrientes iban a los merca- dos. Por otra parte, el trueque de artículos tuvo un papel importante al…p. 137
02Arqueología de Colombia: un texto introductorioGerardo Reichel-Dolmatoff · 2016 · p. 35, 332, 3493 citas
[2]true - que con tribus vecinas y aún muy alejadas. Los principales artículos que se exportaban eran sal 153, esmeraldas, coca y Memoria sobre las Antigüedades Neo-Granadinas, Librería de F. Schneider i Cía., Berlín. Acerca de la arqueología «premuisca», véanse las notas biblio- gráficas para el capítulo iv, así como…p. 332
[8]que representan aves, peces, reptiles o figu- ras humanas estilizadas. A veces las incisiones tienen un relleno o un pigmento mineral blanco, lo que hace resal- tar los motivos sobre el fondo oscuro de la piedra. Otra categoría de objetos consiste de matrices para el trabajo de orfebrería; son tallas en relieve que…p. 349
[17]de ahí en ade- lante el oro se volvió su obsesión. Lo raparon de los vivos y de los muertos; extorsionaron las poblaciones, tortura- ron a los caciques, saquearon las tumbas y los santuarios. La búsqueda del oro pronto se convirtió en el factor deci- sivo en determinar las rutas de penetración de las huestes…p. 35
03Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 35, 69, 713 citas
[3]u e corrían en dirección nororiental p o r unos ochenta kiló m etros, sep arad as p o r el río Chicam ocha. A unque las co m u n id ad es indígenas de estas zonas pag ab an tributo a los señores de Sugam uxi y D uitam a, algunos especialistas han su g erid o recientem ente que uno de ellos, o am bos, aceptaban el dom…p. 35
[31]Más aún, las p au tas culturales españolas chocaban con el poblam iento difuso de los indígenas. En España, los cam pesinos vivían en aldeas rurales y los funcionarios de la C orona pensaron que los indígenas debían hacer lo m ism o. En pos d e estos principios, en las d écadas de los años 1560 y 1570 las a u to rid a…p. 71
[49]d id o s en el siglo xvi fueron débi les y dem o rad o s en la costa atlántica y en el d istrito de P opayán en el occidente, así com o en regiones inestables com o los valles del Alto M agdalena y las zonas m ineras del Cauca. Los clérigos q u e llegaban a la costa atlántica p o r lo general no perm anecían allí m…p. 69
04Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoriaAna María Gómez Londoño (editora), Carl Henrik Langebaek Rueda, Jorge Augusto Gamboa Mendoza, Michael J. Francis, Marta Clemencia Herrera Ángel, François Correa Rubio, Óscar Guarín Martínez, Hermann Trimborn, Luis Fernando Restrepo, Mercedes López Rodríguez, Carlos Andrés Durán · 2005 · p. 44, 53, 563 citas
[4]que era idéntico al que seguían los especialistas religiosos más importantes. En 1594 se menciona que los chuques recibían una mochila de coca y un poporo como símbolo de su autoridad, pero es claro que los caciques también tenían ese privilegio (AGI Santa Fe, 17). Por otra parte, el escenario político en el que se…p. 44
[15]viviendas corrientes también encontrarían ofrendas. En total, los españoles decomisaron 1.041 pesos de ídolos de oro bajo y fino, doce pesos y tres tomines de esmeraldas (Eugenio 19). En casi todos los testimo- nios de las visitas a santuarios en el siglo XVI y XVII, los indígenas mestizos y españoles coincidían en…p. 56
[16]esconderlas de ellos. Las ofrendas, en lugar de guardarse en esos grandes santuarios que describían los españoles, empezaron a ser trasladadas a casas comunes y corrientes. En la visita a los santuarios de Fontibón, en 1594, el cacique declaraba a los españoles que ellos tenían: Sus santuarios y casas situadas para…p. 53
05Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 12, 392 citas
[5]las relaciones comerciales afianzaban redes de intercambio cultural más profundas. un aspecto importante de la sociedad muisca fue el desarrollo y la complejidad que se desprendieron de una economía natural no monetaria, y que se desplegó al tener un escenario de vastas redes comerciales y cercanías culturales y…p. 12
[25]acciones de la comunidad eran regidas y supervisadas por el Cabildo, pero sus contrapartes, la Real Audiencia y sus oidores, se reservaron la legislación sobre temáticas centrales y primordiales para el funcionamiento económico de la ciudad: Tasación de los tributos indígenas.. Legislación sobre encomienda..…p. 39
06Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 13, 1292 citas
[6]en los que se adoraba al dios Chiminigagua y a las divi- nidades Bachué (la luna), Bochica (el sol), Chib- chacum (dios protector) y otras menores dedica- das a las diversas actividades socioeconómicas. Además de los caciques, capitanes y jeques, eran importantes los guechas o guerreros reclutados, cuya función era…p. 129
[23]y los resguardos, para organizar la producción agrícola de autoabaste- cimiento, así como la mita, para la extracción del oro y otros metales preciosos. La encomienda La encomienda fue una institución que se caracterizó por el poder otorgado por la Corona a un hidal- go, quien ejercía el control, cuida- do y…p. 13
07Economías prehispánicas de ColombiaAlberto Gómez Gutiérrez, Ignacio Briceño Balcázar, Jaime Eduardo Bernal Villegas, Carlos Eduardo López Castaño, Martha Cecilia Cano Echeverri, Francisco Javier Aceituno Bocanegra, Nicolás Loaiza Díaz, Andrea M. Cuéllar, María Alicia Uribe Villegas, Marcos Martinón-Torres, Santiago Giraldo, Daniela Castellanos Montes, Marianne Cardale de Schrimpff, Carl Henrik Langebaek, María Antonieta Corcione Nieto, Catalina Zorro, Luisa Mendoza, Marcela Bernal, Lucero Aristizábal, Leonor Herrera · p. 182, 191, 2085 citas
[7]delicadas y otro algo burdo en las figuras más grandes. F OTOGRAFÍA 5. C ONJUNTO VOTIVO HALLADO EN S UBA, B OGOTÁ, D. С. Nota: las figuras representan mujeres con niños, hombres con diferentes atributos, bebés en cunas, animales y objetos cotidianos (O33278 a O33311. Colección Museo del Oro, Banco de la República).…p. 191
[13]larga secuencia de ocupaciones humanas en el altiplano, iniciada hace unos 12.000 años, y sus evidencias se encuentran sin interrupción desde el 900 d. C. aproximadamente hasta la conquista española en el siglo XVI y aún varios siglos después, durante el período colonial, en algunas regiones (Langebaek, 1995). M APA…p. 182
[14]larga secuencia de ocupaciones humanas en el altiplano, iniciada hace unos 12.000 años, y sus evidencias se encuentran sin interrupción desde el 900 d. C. aproximadamente hasta la conquista española en el siglo XVI y aún varios siglos después, durante el período colonial, en algunas regiones (Langebaek, 1995). M APA…p. 182
[19]Imagen 3, en el SEM en el que se revela una estructura metálica con dendritas de gran tamaño producto de un enfriamiento lento del metal líquido dentro del molde (O33297. Colección Museo del Oro, Banco de la República). Fuente: Marcos Martinón-Torres. En cambio, sí tenemos evidencias de un instrumento esencial para…p. 208
[20]Imagen 3, en el SEM en el que se revela una estructura metálica con dendritas de gran tamaño producto de un enfriamiento lento del metal líquido dentro del molde (O33297. Colección Museo del Oro, Banco de la República). Fuente: Marcos Martinón-Torres. En cambio, sí tenemos evidencias de un instrumento esencial para…p. 208
08Antes de Colombia. Los primeros 14.000 añosCarl Henrik Langebaek · 2021 · p. 297, 4142 citas
[9]como ilustra este caso, pudieron ser considerados como entes animados, y sin duda es probable que ese aspecto fuera importante en las negociaciones de poder, pero el caso es que ese poder no se basaba en el valor mismo del metal, ni siquiera en su apariencia dorada. Hay otro ejemplo bastante interesante: el desarrollo…p. 414
[11]una violencia ritualizada, por completo ajena a la incorporación de mano de obra o a la subordinación económica de un grupo por otro. Los muiscas hacían sacrificios humanos durante los festejos relacionados con la siembra de maíz en los valles fríos, es decir, entre enero y marzo. En esa ocasión, los guerreros panches…p. 297
09Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 361 cita
[10]un aspecto fundamental que explica el establecimiento de comunidades independientes, puesto que este tipo de vínculos aseguraba la pertenencia de un individuo a una comunidad y con esto su acceso a los recursos del territorio que controlaban (Lleras, 1986). Posiblemente se dieron enfrentamientos bélicos para obte- ner…p. 36
10Los muiscas. La historia milenaria de un pueblo chibchaCarl Henrik Langebaek · 2019 · p. 1091 cita
[12]y sangrientas guerras entre los grandes c caciques muiscas como parte de proyectos de expansión territorial, Los documentos simplemente no mencionan nada que apoye esas empresas militares que, según los cronistas, existieron. No conozco una sola mención de que después de la conquista alguna comunidad hubiera…p. 109
11Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · p. 931 cita
[18]Corona. Pero estas eran disquisiciones de gabinete. En el mismo terreno de los hechos, el espa- ñol dominaba, explotaba y expoliaba al indio. Y esa era la alternativa. Una cruzada violenta contra los ritos indíge- nas, que Germán Colmenares denomina con propiedad como policía cristiana fue táctica común para lograr no…p. 93
12Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 232 citas
[21]y capitanes se convirtieron prácticamente en agentes de la Corona, y se les concedieron pri- vilegios, tierras y a veces encomiendas, responsabilidades organi- zativas y títulos. Las encomiendas en la sabana de Bogotá, por ejemplo, se organizaron con base en las capitanías, pueblos ente- ros sometidos a la dirección…p. 23
[22]y capitanes se convirtieron prácticamente en agentes de la Corona, y se les concedieron pri- vilegios, tierras y a veces encomiendas, responsabilidades organi- zativas y títulos. Las encomiendas en la sabana de Bogotá, por ejemplo, se organizaron con base en las capitanías, pueblos ente- ros sometidos a la dirección…p. 23
13Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 421 cita
[24]y o s p a r a l a h is t o r ia d e l a p o l ít ic a d e t ie r r a s e n C o l o m b ia tó una serie de medidas para protegerlos, disfrazadas con ropajes religiosos o humanistas. Los tributos obligaban a dar al encomendero las pensiones particulares, el quinto para el Rey, el estipendio para el cura doctrinero y el…p. 42
14Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 175, 2312 citas
[26]jueces de comisi ó n, cuyas actuaciones eran casi siempre rechazadas por los vecinos del lugar. Aun dentro del Nuevo Reino, Tunja y Santa Fe rivalizaron durante todo el siglo xvi como centros de poder, y s ó lo visitas sucesivas de los oidores (o visitas de la tierra) lograron coartar a la postre una actitud muy…p. 231
[45]s de la oportuna intervenci ó n de Venero y el castigo de algunos, el resto de ese ej é r cito se dispers ó, unos hacia Venezuela y otros al Per ú. '.M á s agitado era el ambiente en las esferas eclesi á sticas. Se produjeron serios roces y franca enemistad entre el clero regular y el secular e incluso entre los…p. 175
15Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 101, 118, 1393 citas
[27]más allá del núcleo inicial del Nuevo Reino se ejercía mediante jueces de comisión, cuyas actuaciones eran casi siempre rechazadas por los vecinos del lugar. Aun dentro del Nuevo Reino, Tunja y Santa Fe rivalizaron durante todo el siglo xvi como centros de poder, y sólo visitas sucesivas de los oidores (o visitas de…p. 118
[28]los esfuerzos de la casta de los encomenderos por mantener las prerrogativas que se derivaban de la conquista. Dentro de este marco tan amplio de interpretación se inscriben las particularidades de una historia social en la que los encomenderos se enfrentaban a menudo con funcionarios del Estado español, por un…p. 139
[30]poderes inquisitoriales y que se impusieran diezmos a los artículos que antes no lo pagaban, como eran las mantas y la leña. Consideraba perjudicial el nombramiento de "oficiales —manuales- y advenedizos" para curas, acusaba a los frailes de estorbar la inspec- ción de su bienes y protestaba contra el continuo envío…p. 101
16Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 69, 1702 citas
[29]indios, de introducir modifica ciones en la tasa. Se preveía, por primera vez, que las condiciones sobre las que se sustentaba el tributo podían cambiar radicalmente, es decir, que el 108 Ibid. t. 4 f. 435 r. f. 437 r. 109 Ibid. t. 7 f. 650 r. y 716 r. 110 Ibid. t.4f.435r. 1 5 2 H is t o r ia e c o n ó m ic a y…p. 170
[34]de los doctrineros había sido muy reducida y aun se había visto interrumpida casi radicalmente en 1558, a causa de una gran epidemia de viruelas. La escasez de frailes era el prin cipal obstáculo, según los encomenderos, para que ellos pudieran cum plir con su obligación de adoctrinar a los indios. Sólo desde…p. 69
17Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 821 cita
[32]contingente de misioneros, bajo la dirección de fray Tomás de Ortiz, con el título de protector de los indios, per- tenecientes a la comunidad de los dominicos, cu- 326 Arzobispos de Santa Fe antafé fue elevada a la categoría de S arquidiócesis en 1563. Los arzobispos fueron fray Juan de los Barrios (1563-1569), Luis…p. 82
18Historia de la religión en ColombiaJosé David Cortés Guerrero, Juana María Marín Leoz, Leonardo Fabián García Rincón, William Elvis Plata, Diana Paola Hernández Fernández, Alberto José Campillo Pardo, Aliza Moreno-Goldschmidt, Odette Yidi David, Jorge Enrique Salcedo Martínez, Jose Joaquin Pinto Bernal, Katherinne Giselle Mora Pacheco · 2022 · p. 1, 6, 123 citas
[33]los sínodos de Popayán, Cartagena y Santafé de los años de 1555, 1556 y 1558. EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:22:45 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 49 Lucas Fernández de Piedrahíta. Historia General de las Conquistas del. Nuevo…p. 6
[35]las imágenes de santos que ponían en sus casas y sus horarios. Adicionalmente, la permanencia del doctrinero significó, para las comunidades indias, más exacciones en productos o servicios. De modo que la evangelización trastocó no solo las 16 nociones de lo sagrado y lo profano de los indígenas —mediante la…p. 12
[46]43 LA EVANGELIZACIÓN DE LAS COMUNIDADES INDÍGENAS DEL NUEVO REINO DE GRANADA DURANTE EL SIGLO XVI Leonardo Fabián García Rincón Introducción Lo que hoy denominamos “evangelización” se ha entendido como el proyecto religioso de expandir el catolicismo en América, una vez esta fue incorporada a la imagen de mundo que…p. 1
19Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 1902 citas
[36]de Córdoba, al referirse a Cuba, ex- clamaba: «los cristianos han destruido y desterra- do de estas pobres gentes la natural generación». Cifras de la catástrofe Los datos que permiten evaluar la caída de pobla- ción indígena son escasos y fragmentarios, pero no menos impresionantes: Juan Friede calcula que la…p. 190
[37]de Córdoba, al referirse a Cuba, ex- clamaba: «los cristianos han destruido y desterra- do de estas pobres gentes la natural generación». Cifras de la catástrofe Los datos que permiten evaluar la caída de pobla- ción indígena son escasos y fragmentarios, pero no menos impresionantes: Juan Friede calcula que la…p. 190
20Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 281 cita
[38]colombianos. En cierta medida, las tres clases de problemas definen un conjunto de igual número de periodos de la historia económica del país e indican la organización general de la obra. A. Supervivencias coloniales El área que se conoce hoy como Colombia fue ocupada por los españoles en la tercera década del siglo…p. 28
21Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 1041 cita
[39]for less than a quarter of New Granada's total of roughly 1.4 million inhabitants. This change naturally reflected both the expansion of other demographic groups and the drastic fall in Amerindian num- bers as a result of European diseases, mistreatment, and the wide- spread disruption of traditional lifestyles. In…p. 104
22Historia doble de la Costa. Tomo 1: Mompox y LobaOrlando Fals Borda · 2002 · p. 791 cita
[40]quedaban sino 10 indios capaces de pagar tributo, esto es, aproximada- m e n t e 60 personas entre chicos y grandes. Las 41 encomiendas costeñas habían bajado a 35, todas disminuidas de tributos y tributarios. A los malibúes de Tamalameque tampoco les había ido bien: una Relación geográfica escrita en 1579 sostenía…p. 79
23Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 27, 532 citas
[41]quedaban fueron diezmados en un 95%. La evolución demográfica de otras regiones, tales como las de Santa Fe, Tunja, Vélez, Pamplona, Cartago, Pasto y Popayán, es mejor conocida. En dichas zonas existían poblaciones sedentarias que habían alcanzado niveles altos de cohesión y organización tribal, lo cual permitió una…p. 27
[42]historia posterior de los resguardos y poblamientos muestra cómo los propósitos iniciales fueron deformados por los hechos históricos. Probablemente en ningún otro país de América hispana se llevó a cabo un proceso de mestización tan integral como en la Nueva Granada. En la segunda mitad del siglo xvII1, los…p. 53
24Historia de la religión en Colombia, 1510-2021Jose Joaquin Pinto Bernal, Katherinne Giselle Mora Pacheco, Juan David Cascavita Mora, Juan Carlos Jurado Jurado, José Eduardo Rueda Enciso, Fabio Hernán Carballo, Fernanda Muñoz, Darío Arturo Zuleta Gómez, Carlos Arboleda Mora, Rafael Tamayo Franco, Juan Felipe Córdoba-Restrepo, Jeiman David López Amaya, María del Rosario Vázquez Piñeros, Andrés Felipe Manosalva Correa, Gabriel Cabrera Becerra, Gina Marcela Reyes Sánchez · 2022 · p. 1, 62 citas
[43]edificar ni erigir iglesias grandes en dichas islas y tierras adquiridas o que en adelante se adquirieren; y concedemos el derecho de Patronato, y de presentar personas idóneas para cualesquiera iglesias catedrales, monasterios, dignidades, colegiatas y otros cualesquiera beneficios eclesiásticos y lugares píos. 14…p. 6
[44]26 EL PATRONATO REGIO EN LA AMÉRICA HISPANA Juana M. Marín Leoz Introducción El presente artículo hace un recorrido por la creación peninsular del patronato regio, su definición al compás de la expansión de la conquista y colonización material y espiritual del Nuevo Mundo, así como su transformación y consolidación de…p. 1
25Historia de la religión en ColombiaJosé David Cortés Guerrero, Juana María Marín Leoz, Leonardo García Rincón · 2022 · p. 1, 142 citas
[47]57 LAS ÓRDENES RELIGIOSAS Y LA SOCIEDAD NEOGRANADINA, SIGLOS XVI-XIX William Elvis Plata Introducción Las órdenes religiosas no solo fueron las grandes protagonistas del proceso de cristianización de la Nueva Granada en los siglos a, sino que, además, por lo mismo, adquirieron tal grado de XVI XVIII poder y de…p. 1
[50]algunas regiones, como las actuales Antioquia y Santander, la influencia de las órdenes religiosas fue mucho más reducida, al punto de no existir sino muy pocos conventos y casas religiosas durante los siglos y. XVI, XVII XVIII Tan estrecho fue el vínculo de las órdenes con los poderes civiles, que su establecimiento…p. 14
26Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 2091 cita
[48]o ser anguicliócesis en 1563. Misiones evangelizadoras Las misioneros que iniciaron la evan. gelización en las tierras colombianas fueron franciscanos llegados con el arribo de sa labor debie- at hamtrr las costumbres onsideraron paganas y de vida Ticenciesa de los indica, comoda codi cio y repacidad de los…p. 209
27Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 2211 cita
[51]Francisco Bri- ceño, presidente. Se es- tablece la mita como forma de trabajo forzoso para los indígenas. Fun- dación del convento de agustinos en Santafé. 1576 El pirata inglés Oxenham desembarca en el Da- rién y establece una alianza con negros cimarrones. 1577 Prosiguen insurrecciones indígenas. Los indios -Pijao…p. 221