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Hecho histórico · Conquista · 1499–1599

Obrajes textiles tempranos de Tunja y mercado de mantas indígenas (1583-1600)

Entre 1583 y 1600, en la jurisdicción de Tunja se ensayó convertir la manta muisca de algodón —cobrada por decenas de miles como tributo— en manufactura organizada al estilo castellano, con obrajes, batanes y salarios anuales. El experimento fue sofocado por la lógica encomendera, el colapso demográfico y la política imperial que reservaba a Castilla y Quito la provisión de manufacturas, frustrando una potencialidad manufacturera temprana del oriente neogranadino.

Obrajes textiles tempranos de Tunja y mercado de mantas indígenas (1583-1600)
1583-1600
01

Ficha del acontecimiento

Síntesis

Cuándo
1583-1600
Dónde
Tunja, Altiplano cundiboyacense, Mompox, Cartagena, Antioquia, Popayán, Soracá, Duitama, Ubaté, Fómeque, Santafé de Bogotá, Santa Marta
Protagonistas
Pedro de Aguado, Juan Rodríguez de Morales (encomendero de Soracá), Visitador Luis Henríquez, Don Álvaro, cacique de Duitama, Indio Teara (especialista itinerante en pintura de mantas), Audiencia de Santa Fe
02

Lectura causal

Causas, hecho y consecuencias

Causas

  1. La economía textil muisca precolombina había convertido la manta de algodón en el bien más cercano a un medio de intercambio general, creando una base productiva y comercial sobre la que la encomienda se instaló exigiendo tributo en mantas, lo que generó excedentes susceptibles de ser organizados como manufactura.
  2. La existencia de un circuito comercial de alta demanda —reales mineros de Zaragoza, Remedios y Cáceres, puertos del Magdalena y del Caribe, Popayán y Antioquia— con escasa producción textil propia incentivó a encomenderos como Juan Rodríguez de Morales a dar el paso del cobro de renta a la organización directa de la producción obrajera.
  3. La introducción de la lana ovina y de técnicas castellanas de manufactura (batán, percha, lavadura seriada) aportó nuevas materias primas y procesos que se hibridaron con el saber técnico textil indígena preexistente, ampliando la gama de productos exportables.
  4. La autorización de la Audiencia de Santa Fe en febrero de 1591 a Juan Rodríguez de Morales para construir un obraje en Soracá formalizó institucionalmente el modelo encomendero-empresario, fusionando tributo y salario en un mismo circuito cerrado.
1583-1600Obrajes textiles tempranos de Tunja y mercado de mantas indígenas (1583-1600)

Consecuencias

  1. El visitador Henríquez prohibió a Juan Rodríguez de Morales instalar el obraje dentro de los resguardos de Soracá, prohibición confirmada por la Audiencia, lo que evidenció la tensión irresuelta entre el interés fiscal de la Corona, la lógica protectora de los visitadores y el poder fáctico de los encomenderos.
  2. El trabajo obrajero generó denuncias documentadas de explotación: hilanza forzada de indias casadas, fusión de salario y tributo que convertía el concierto formal en coerción práctica, y casuísticas jurídicas de los encomenderos para eludir las prohibiciones reales.
  3. La provincia de Tunja se consolidó desde fines del siglo XVI como el principal centro de producción textilera del Nuevo Reino de Granada, exportando mantas, lienzos, alpargatas, sayal, frisas y frazadas a Mompox, Cartagena, Santa Marta, Antioquia, Popayán y Mérida, según registra la Descripción de Tunja en 1610.
  4. La política imperial que privilegiaba los textiles peninsulares y toleraba los obrajes de Quito por su articulación con la plata de Potosí dejó al Nuevo Reino en posición estructuralmente subordinada: mercado de consumo, no centro productor, como ilustra el dato de Santa Fe de Antioquia entre 1685 y 1687, donde las telas del Nuevo Reino representaban apenas 9 cargas frente a 52 de Castilla y 20 de Quito.
  5. La hibridación entre la tradición algodonera muisca y la lana ovina introducida por los españoles sobrevivió al aborto del obraje formal y dio origen a productos mestizos como la ruana, arraigados en Cundinamarca y Boyacá, y a una continuidad textil popular que se prolongó durante toda la Colonia.
03

La clave interpretativa

Por qué importa

El episodio documenta el único ensayo manufacturero organizado del oriente neogranadino en el siglo XVI tardío y permite identificar con precisión los mecanismos que lo frustraron: no la ausencia de mercado ni de saber técnico, sino la confluencia de la lógica tributaria encomendera, el colapso demográfico y una política imperial que reservaba la manufactura a Castilla y Quito. Revela además cómo la economía textil muisca —con su jerarquía de calidades, sus especialistas itinerantes y su función cuasimonetaria— no fue un sustrato pasivo sino una arquitectura productiva de siglos que la Colonia explotó, restringió y parcialmente absorbió sin llegar a transformar en industria.
04

Desarrollo histórico

La historia completa

Obrajes textiles tempranos de Tunja y mercado de mantas indígenas (1583-1600)

Entre 1583 y 1600, en la jurisdicción de Tunja se ensayó algo que en la historia del Nuevo Reino de Granada tuvo pocas repeticiones: convertir la manta muisca de algodón —contada por decenas de miles como tributo— en manufactura organizada al estilo castellano, con obrajes, batanes, perchadores, lavadores de lana y salarios anuales.

El ensayo no prosperó. No lo derrotó la técnica ni la falta de mercado: el circuito de Tunja abastecía a Mompox, Cartagena, Santa Marta, Antioquia, Popayán, Mérida y los reales mineros de Cáceres, Zaragoza y Remedios. Lo estranguló una doble mordaza: la lógica encomendera, que prefería cobrar el tributo en mantas antes que arriesgar capital en producción, y un colapso demográfico que redujo la fuerza de trabajo tributaria a un tercio en el mismo tramo.

Quedan piezas sueltas: un obraje autorizado en 1591, una prohibición del visitador Henríquez, unas cuentas de doce pesos anuales por indio adulto. Y la sospecha larga de que en el altiplano oriental hubo, en algún momento del siglo XVI tardío, la posibilidad de otra cosa.

La manta como moneda

Cuando los españoles entraron al altiplano cundiboyacense, la manta de algodón cumplía la función que el metal cumplía en otras economías: era el bien más cercano a un medio de intercambio general. Se aceptaba por una variedad de productos más amplia que el oro o la sal. No había patrón monetario en sentido estricto, pero el trueque se organizaba alrededor de esa pieza tejida.

Los mercados de Tunja y de las provincias vecinas se celebraban cada cuatro días, en un ritmo que reflejaba el sistema numérico muisca. Circulaban mantas junto a sal, esmeraldas, coca, oro, plumas, aves y yopo. Al mercado de Tunja acudían caciques y señores principales, tanto por deferencia al cacique local como por sus propios intereses de intercambio, según relató fray Pedro de Aguado. El sitio del mercado se ubicaba dentro del cercado del cacique: imbricación elocuente entre autoridad política y flujo mercantil.

Las mantas no eran objetos indiferenciados. En la cúspide de la jerarquía estaban las mantas pintadas, llamadas chitacate, y las mantas coloradas, algunas con el nombre específico de pachacate. La pintura de mantas era un oficio prestigioso: formaba parte de la enseñanza de los jóvenes preparados para el sacerdocio, y aún entrada la Colonia sobrevivían especialistas itinerantes que viajaban de pueblo en pueblo cobrando por el trabajo. En Fómeque fue hallado un indio llamado Teara, natural de Boza, pintando mantas a los indios del lugar. Los muiscas distinguían al menos dos grados de rojo en sus tintes —heczen mague, colorado, y heczen quyhyquine o heczen ynpuyca, colorado fino—, marca lingüística de una economía cromática precisa.

En el otro extremo estaban las mantas chingas, tejidos pequeños y menos elaborados. Los españoles las llamaron chingamanales y el término se degradó hasta volverse peyorativo, aunque en origen no implicaba baja calidad sino tamaño reducido. La carga religiosa de la iconografía textil se hizo evidente en 1575, cuando las Ordenanzas de la Real Audiencia de Santa Fe prohibieron para la provincia de Tunja las mantas pintadas con figuras de "tunjo o demonios": una interdicción que apuntaba al vínculo entre el textil y el mundo ceremonial prehispánico.

La economía textil muisca no era un sustrato inerte que los europeos pudieran refundir a voluntad. Era una arquitectura simbólica y productiva de siglos, con oficios, jerarquías, léxicos y sanciones rituales. Sobre ella se instaló la encomienda, y sobre ese cruce, en las últimas décadas del siglo XVI, apareció el obraje.

El obraje de Soracá

La escena institucional más nítida del período la ofrece Soracá. En febrero de 1591, la Audiencia de Santa Fe autorizó a Juan Rodríguez de Morales, encomendero del pueblo, a construir un obraje y valerse de los indios de su encomienda. La autorización condensaba un modelo: el encomendero, que ya recibía tributo en mantas, daba un paso adicional y se convertía en empresario textil, agregando al cobro de la renta la organización directa de la producción. La misma fuerza de trabajo indígena atendería dos frentes —tributario y manufacturero— bajo un solo mando.

El obraje dejó rastros contables suficientes. Los indios adultos estaban concertados a doce pesos anuales, los muchachos a cinco. El pago se hacía en parte descontando las demoras —el tributo debido al encomendero— y el resto en oro, o, en el caso de los muchachos, en sayas a medio peso la vara. La fórmula, que a primera vista podía parecer una modernización asalariada, era un dispositivo que fundía tributo y salario en un mismo circuito cerrado: el indio trabajaba en el obraje, el encomendero le pagaba un salario nominal, y ese mismo salario servía para saldar el tributo que el indio le debía. El trabajo obrajero era, en la práctica, una forma de cobrar la mita sin llamarla así.

La organización interna respondía a una división especializada. Había perchadores —una frazada por cabeza en la jornada—, lavadores de lana obligados a procesar cinco arrobas diarias cada uno, gañanes que cortaban la leña que los bueyes del encomendero traían al taller, y trabajadores del batán, alimentado por un curso de agua que corría por la misma instalación. La escala era modesta, la lógica productiva reconocible: materia prima, procesos secuenciales, oficios diferenciados, control central.

En un altiplano donde la manta se había fabricado durante siglos en el ámbito doméstico, el obraje introducía una novedad de forma más que de fondo. El saber técnico ya estaba allí. Los bueyes, el batán movido por agua, la percha, la lavadura seriada de la lana: eso era el aporte europeo a un oficio que en su núcleo —cardar, hilar, tejer, teñir— seguía siendo el que las manos indígenas habían practicado durante siglos.

Autorización, prohibición, confirmación

Contra la autorización de la Audiencia se levantó, tiempo después, la resistencia del visitador Luis Henríquez. Oidor de la Audiencia de Santa Fe, condujo hacia fines del siglo XVI y comienzos del XVII una de las visitas de mayor alcance transformador en Cundinamarca y Boyacá: dirigió, personalmente o por medio del escribano Rodrigo Zapata, la planificación física de las poblaciones indígenas, la traza urbana de nuevos asentamientos, el poblamiento forzado y la quema de los antiguos caseríos. En ese marco, Henríquez prohibió a Rodríguez de Morales tener el obraje dentro de los resguardos de Soracá. La prohibición fue después confirmada por la Audiencia.

La orden apuntaba al corazón del arreglo: si el obraje operaba dentro del resguardo, la separación entre trabajo tributario, mano de obra libre y espacio protegido de los indios se desdibujaba por completo, y el encomendero ejercía sobre el pueblo una tutela que rebasaba las atribuciones que la Corona le reconocía.

El episodio —la Audiencia autoriza, el visitador prohíbe, la Audiencia confirma la prohibición— condensa el conflicto jurisdiccional que atravesó toda la política obrajera del período. No hubo una posición imperial única, sino tensión permanente entre el interés fiscal de la Corona, la lógica protectora invocada por los visitadores y el poder fáctico de los encomenderos. La misma instancia que en febrero autorizaba la instalación de un batán podía, meses después, ratificar su expulsión del resguardo. Para el encomendero que había comprado bueyes y desviado un curso de agua, esa oscilación no era un matiz doctrinal: era la diferencia entre operar o cerrar.

El circuito comercial

Desde fines del siglo XVI y a lo largo del XVII, la provincia de Tunja fue el principal centro de producción textilera del Nuevo Reino de Granada. La Descripción de Tunja en 1610 registra el mapa de destinos: mantas, lienzos, alpargatas, sayal, frisas y frazadas salían de la provincia hacia Mompox, Zaragoza, Remedios, Cáceres, Cartagena, Santa Marta, Tenerife, Antioquia, la Gobernación de Popayán y Mérida.

La geografía es reveladora: en un extremo los puertos del Magdalena y del Caribe, en el otro los reales de minas del occidente. Todos, zonas de alto consumo y bajo abastecimiento textil propio. Los mineros necesitaban ropa para cuadrillas de esclavos y trabajadores forzados; los puertos importaban telas para poblaciones que rara vez producían las suyas; Popayán y Antioquia dependían de manufacturas venidas de fuera.

Tunja estaba en posición privilegiada. A la tradición textil indígena y a la red de encomiendas productoras de mantas se sumaba una ventaja acumulada: los caminos, arrieros, cargueros indígenas y almacenes de acopio que ya movían el tributo en mantas podían movilizar, con costos marginales bajos, cualquier excedente manufacturero adicional. La infraestructura logística estaba lista antes que la infraestructura productiva.

La escala real, sin embargo, quedaba muy por debajo de la potencial. La política imperial reservaba a Castilla la provisión de manufacturas y toleraba los obrajes de Quito por su articulación con la plata de Potosí. Esa jerarquía dejaba al Nuevo Reino en una posición ambigua: mercado sí, productor no. Los textiles neogranadinos competían en desventaja con los peninsulares y los quiteños incluso en mercados próximos.

Un dato tardío permite calibrar la asimetría ya asentada: en Santa Fe de Antioquia, entre 1685 y 1687 —casi un siglo después del obraje de Soracá—, las importaciones declaradas oficialmente a la Corona registraban apenas 9 cargas de telas y mercancías del Nuevo Reino frente a 52 de Castilla y 20 de Quito. La cifra corresponde a un solo punto del mercado occidental y a un momento posterior, pero ilumina la tendencia estructural que ya operaba a fines del XVI: en la disputa por un mercado que Tunja podía abastecer con ventaja logística, la manufactura peninsular y la quiteña llegaban con mejores condiciones institucionales y de escala.

La mayor parte de la producción textil de los altiplanos orientales se destinaba al autoconsumo regional. Solo una fracción exportable llegaba a los mercados mineros y portuarios. Pero era esa fracción la que insinuaba la posibilidad de otra escala.

La entrada de la lana

Un fenómeno paralelo enmarcó la instalación de los obrajes: la introducción de la lana ovina. A lo largo del siglo XVI, los españoles trajeron ovejas y las técnicas de elaboración, aunque no las mejores conocidas en la península. La difusión del ganado ovino fue notablemente rápida, y en algunos casos las ovejas llegaron a territorios andinos antes que los propios conquistadores. La razón era social: mientras el ganado vacuno y caballar se concentraba en manos de hacendados y señores, la oveja tuvo amplia aceptación entre los campesinos pobres, funcionando como una suerte de caja de ahorros popular. Algunos caciques muiscas ya poseían pequeños rebaños y aprovechaban la fibra para tejer.

La lana entró en un tejido textil preexistente. No lo desplazó: lo hibridó. La tradición de la manta de algodón continuó a lo largo de toda la Colonia. A fines del siglo XVII, fray Alonso de Zamora observaba que la gente pobre del altiplano seguía usando mantas de algodón y no de lana. En 1592, en Ubaté, era costumbre trocar dos mantas de lana por una de algodón: en la escala de valores locales la manta de algodón conservaba un valor de cambio superior, herencia probable del prestigio textil prehispánico y de la mayor delicadeza del hilo. La lana se abría paso por abajo, entre las capas populares que la adoptaban como fibra barata y accesible.

De esa hibridación surgió la ruana: un poncho mestizo, hijo de lo indio y lo europeo, arraigado en Cundinamarca y Boyacá. La producción textil indígena no fue arrasada por la manufactura española: se refugió, se adaptó, incorporó la lana y sobrevivió al aborto del obraje. La Descripción de Tunja en 1610 registra ese doble carácter: mantas y lienzos —herederos de la tradición algodonera— junto a sayal, frisas y frazadas —productos laneros— en un mismo circuito comercial.

Concierto libre, trabajo forzado

El obraje operaba sobre un régimen que en teoría era el concierto libre y en la práctica se acercaba al trabajo forzado. Los indios estaban "concertados", formalmente contratados por un salario anual; pero la fusión entre salario y tributo, la asignación de tareas diarias fijas y la presión ejercida por el encomendero sobre la comunidad borraban en la vida cotidiana la frontera con la coerción.

Las denuncias más agudas se concentraron sobre el trabajo de las indias. La hilanza forzada aparecía en las quejas como un abuso extendido: se obligaba a las mujeres —incluidas las casadas, que por costumbre debían tener excusa— a hilar durante jornadas que no les dejaban tiempo para el descanso ni para atender sus obligaciones domésticas, entre ellas la de dar de comer a sus maridos. La crítica tenía filo doble: denunciaba la explotación material y también la ruptura del orden familiar indígena, cuya legitimidad la propia Corona invocaba retóricamente para justificar la protección de los indios.

Los encomenderos habían desarrollado una casuística astuta. Como la norma real decía que "no hilen los encomenderos", ellos argumentaban que la prohibición los afectaba personalmente —ellos, en efecto, no hilaban— pero no impedía que obligaran a los indios a hacerlo. Los funcionarios reales encontraron dificultades análogas. En 1550-1551 un protector de indígenas había sido expulsado; en 1580, un juez enérgico se enfrentó a una combinación de intereses locales dispuesta a perjudicarlo. Los encomenderos no llegaron a rebelarse ni a conspirar formalmente contra la Corona, pero su presión bastaba para que funcionarios prudentes o menos concienzudos cedieran ante sus pretensiones. En Susa, un encomendero intentó obligar a los indios a construir instalaciones para un obraje, y se denunció asimismo que forzaba a las indias a hilar. Casuísticas locales, protectores expulsados, jueces neutralizados, visitadores frenados: la letra de la ley protectora quedaba casi siempre por debajo del interés inmediato del encomendero.

La política imperial adoptó una línea general de persecución o restricción del obraje en Indias. Las prohibiciones fueron ineficaces en muchos sitios. Un obraje reducía la disponibilidad de indios para otros trabajos, atentaba contra el monopolio manufacturero peninsular y creaba dinámicas de acumulación local que la Corona prefería evitar. Restricciones formales y tolerancias fácticas convivían en un paisaje ambiguo, donde iniciativas como la de Rodríguez de Morales podían nacer con autorización de la Audiencia y morir bajo la prohibición de un visitador.

La convergencia que abortó el ensayo

El estrangulamiento del embrión manufacturero tunjano no tuvo una sola causa. La lógica encomendera y la política imperial se reforzaron mutuamente en el mismo momento en que la base demográfica se desmoronaba bajo los pies de todos.

La encomienda no era un dispositivo diseñado para la inversión productiva. Era un sistema de captación de renta indígena. El encomendero recibía tributo —en mantas, en oro, en trabajo— y su horizonte de racionalidad económica se limitaba a maximizar esa captación. Convertirse en empresario textil implicaba arriesgar capital, organizar un taller, comprar bueyes y batanes, coordinar procesos y competir en mercados abiertos. Todo eso, cuando la manta tributaria podía venderse en subasta pública sin necesidad de transformar nada. Durante las primeras décadas de la Colonia, las mantas pagadas como tributo se remataban públicamente y se convertían en dinero con relativa facilidad. Frente a esa alternativa, el obraje aparecía como una inversión de mayor riesgo y menor rendimiento inmediato. Los encomenderos que se metieron en la aventura fueron pocos, y aun así buscaron dispositivos —como el descuento del salario contra la demora— que reducían el desembolso real a cero. El obraje de Soracá no era, en rigor, una manufactura capitalista incipiente: era una encomienda con batán.

La Corona no favoreció el desarrollo manufacturero del Nuevo Reino. Su política, coherente con el pacto colonial que privilegiaba las manufacturas peninsulares, restringió sin llegar a prohibir del todo. Se toleraba lo que ya existía; se dificultaba lo que quería expandirse. En Quito, la articulación con la plata potosina otorgó a los obrajes andinos una función que justificaba la excepción. Tunja no tenía esa carta: producía para un mercado interno fragmentado y para reales mineros modestos que Castilla también podía abastecer.

La tensión entre Audiencia, visitadores y encomenderos generó una parálisis. La Audiencia de Santa Fe autorizó el obraje de Soracá en 1591; el visitador Henríquez lo prohibió dentro del resguardo; la Audiencia confirmó la prohibición. Cada iniciativa productiva atravesaba ese laberinto de jurisdicciones sobrepuestas, y quien salía derrotado con más frecuencia era el que había arriesgado capital.

El colapso demográfico

La base sobre la que todo esto se montaba se desvanecía a una velocidad brutal. Los cálculos de Juan Friede para la provincia de Tunja registran cerca de 215.000 indígenas en 1537 y solo 25.000 en 1757: una caída del noventa por ciento en dos siglos. En los primeros veinticinco años posteriores a 1537, la población había disminuido un veinticinco por ciento.

Las cifras de tributarios afinan el cuadro para el período que nos ocupa: pasaron de unos 53.465 hacia 1558-1562 a 38.495 hacia 1568-1572, luego a 18.572 hacia 1602 y a apenas 8.610 hacia 1635. La tasa de decrecimiento anual entre las dos primeras visitas —cerca de -0,0329— fue la más aguda registrada.

Los episodios epidémicos puntuaron el descenso. En 1558, una epidemia mató a más de quince mil indígenas en las provincias de Pamplona y Tunja, según el cronista Aguado, y todavía era recordada por los indios durante la visita de Tomás López en 1560. Nuevas epidemias azotaron el oriente en 1568-1569 y en 1587. En 1607, una epidemia de viruelas en Tunja llevó al Cabildo a solicitar a la Audiencia la suspensión de las obras de iglesias en las que trabajaban indígenas, señal de que la mortalidad afectaba directamente la disponibilidad de mano de obra.

En los años noventa del siglo XVI, cuando los obrajes de Tunja intentaban consolidarse, la base tributaria pasaba de unos 38.000 a menos de 19.000 hombres en menos de tres décadas. Una manufactura que dependía de indios concertados no podía crecer sobre una fuerza de trabajo que se reducía a la mitad. Los encomenderos, además, tenían buenas razones para preferir el tributo al obraje: si la mano de obra iba a escasear, era más rentable exprimirla como renta que arriesgarla en producción.

La mordaza fue doble. La preferencia rentista de los encomenderos, la política imperial monopolista y el conflicto jurisdiccional operaron sobre un sustrato demográfico en colapso. Cada uno de esos factores habría bastado para frenar el embrión manufacturero; los tres juntos lo abortaron sin dejarle margen.

La bifurcación clausurada

Lo que se jugó en Tunja entre 1583 y 1600 no fue solo el destino de unos batanes y unos telares. Fue una bifurcación posible en la historia económica del Nuevo Reino. Tres condiciones coincidieron: una tradición textil indígena densa y de alta calidad, un mercado interno articulado que iba de los reales mineros al Caribe, y una demanda sostenida por vestir cuadrillas, poblaciones portuarias y consumidores urbanos.

Si a esa coincidencia se hubiera sumado una política imperial permisiva, una clase encomendera dispuesta a invertir en producción y una base demográfica estable, el altiplano oriental habría podido consolidar un sector manufacturero de escala apreciable, tempranamente diversificado en algodón y lana. No ocurrió. La estructura misma de la colonización —encomienda como forma de captación de renta, monopolio metropolitano sobre las manufacturas, jurisdicciones sobrepuestas que paralizaban la iniciativa, colapso demográfico que socavaba cualquier proyecto de escala— clausuró la posibilidad antes de que pudiera afirmarse. El aborto del obraje tunjano fue un aborto político: no de una voluntad individual sino de una configuración de poder.

Mientras el obraje de Soracá se enredaba en pleitos y las manufacturas mayores no cuajaban, la producción textil no desapareció: se refugió en circuitos que escapaban al control obrajero y encomendero. La difusión espontánea de la oveja entre los campesinos pobres multiplicó las bases familiares de la producción de lana. Los especialistas itinerantes en pintura de mantas, como el indio Teara de Boza, seguían recorriendo pueblos y cobrando por su oficio. En Ubaté, en 1592, todavía se intercambiaban mantas de lana por mantas de algodón en proporción dos a uno. Los textiles de Tunja siguieron llegando a los puertos del Magdalena, al Caribe y a los reales mineros del occidente, aunque a escala menor. En 1789, Francisco Silvestre todavía reportaba producción textil en el corregimiento de Tunja, huella de una continuidad que atravesó todo el período colonial.

En Tunja podían hacerlo, y empezaron a hacerlo. Lo que no pudieron fue sostenerlo frente a las fuerzas que lo estrangulaban. La ruana boyacense —poncho mestizo tejido con lana europea sobre saber muisca— es lo que quedó de un altiplano industrial temprano que no llegó a consolidarse.

05

La época alrededor

Este hecho no ocurrió solo

07

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

14 documentos · 32 fragmentos
01Economías prehispánicas de ColombiaAlberto Gómez Gutiérrez, Ignacio Briceño Balcázar, Jaime Eduardo Bernal Villegas, Carlos Eduardo López Castaño, Martha Cecilia Cano Echeverri, Francisco Javier Aceituno Bocanegra, Nicolás Loaiza Díaz, Andrea M. Cuéllar, María Alicia Uribe Villegas, Marcos Martinón-Torres, Santiago Giraldo, Daniela Castellanos Montes, Marianne Cardale de Schrimpff, Carl Henrik Langebaek, María Antonieta Corcione Nieto, Catalina Zorro, Luisa Mendoza, Marcela Bernal, Lucero Aristizábal, Leonor Herrera · p. 309, 312, 319, 4238 citas
[1]mantas coloradas y una pintada … mas otra manta questa por pintar …” 16. Antes de la llegada de los españoles, como se menciona más adelante, el arte de pintar mantas formaba parte de la enseñanza de los jóvenes entrenados para sacerdotes. Durante la Colonia temprana, se empleaba un especialista que viajaba de un…p. 312
[2]mantas coloradas y una pintada … mas otra manta questa por pintar …” 16. Antes de la llegada de los españoles, como se menciona más adelante, el arte de pintar mantas formaba parte de la enseñanza de los jóvenes entrenados para sacerdotes. Durante la Colonia temprana, se empleaba un especialista que viajaba de un…p. 312
[3]diferentes colores o con imágenes sagradas de la nueva religión. También las utilizaron para el “cielo” o cobertura textil ubicada en la parte superior del altar a modo de baldaquín. “…y porque del todo se extirpe la idolatría ordenaron y mandaron que los indios no traygan mantas pintadas con figuras de tunjo o…p. 423
[4]diferentes colores o con imágenes sagradas de la nueva religión. También las utilizaron para el “cielo” o cobertura textil ubicada en la parte superior del altar a modo de baldaquín. “…y porque del todo se extirpe la idolatría ordenaron y mandaron que los indios no traygan mantas pintadas con figuras de tunjo o…p. 423
[6]“seis y hasta ocho mantas chingas, cada una conforme su posible y a la honrra (sic) que quería le hiciese su cacique...”. El término chinga para una clase de mantas ha llevado a discusiones interesantes. Con el tiempo, los españoles se referían a ellas como chingamanales, un término de desprecio, pero parece que en un…p. 319
[7]“seis y hasta ocho mantas chingas, cada una conforme su posible y a la honrra (sic) que quería le hiciese su cacique...”. El término chinga para una clase de mantas ha llevado a discusiones interesantes. Con el tiempo, los españoles se referían a ellas como chingamanales, un término de desprecio, pero parece que en un…p. 319
[8]fue la forma de preparación aquí. Los muiscas usaban dos palabras para el rojo, traducidas al español como “colorado” y “colorado fino” (González de Pérez, 1987: 214. heczen mague [o] hiso para el primero y heczen quyhyquine, heczen ynpuyca para el colorado fino). En aras de aclarar las diferencias, González de Pérez…p. 309
[9]fue la forma de preparación aquí. Los muiscas usaban dos palabras para el rojo, traducidas al español como “colorado” y “colorado fino” (González de Pérez, 1987: 214. heczen mague [o] hiso para el primero y heczen quyhyquine, heczen ynpuyca para el colorado fino). En aras de aclarar las diferencias, González de Pérez…p. 309
02Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 36, 432 citas
[5]que cumpliera adecuadamente las funciones que se le atribuyen, como patrón de medida del valor, medio de intercambio o alma- cén de valor. Sin embargo, existieron ciertas mercancías que se intercambiaron con mayor frecuencia y que pudieron servir como patrón para medir valores. Esta característica se le ha atribuido…p. 43
[19]un aspecto fundamental que explica el establecimiento de comunidades independientes, puesto que este tipo de vínculos aseguraba la pertenencia de un individuo a una comunidad y con esto su acceso a los recursos del territorio que controlaban (Lleras, 1986). Posiblemente se dieron enfrentamientos bélicos para obte- ner…p. 36
03Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 96, 110, 2143 citas
[10]Y a los perchado- res cada día tenían de tarea perchar una frazada. Y que cada uno lavaba cada día cinco arrobas de lana. Y que la leña se traía con los bueyes del encomendero y la cortaban los gañanes y que también alquilaba indios y que el agua estaba cerca, que estaba y corría en el mismo batán. Y que todos estos…p. 214
[26]214 r. ss. Cae. e ind., t. 46 f. 166 r. ss., t. 32 f. 640 r. ss. Las dfras que sirvieron para la retasa de Angulo de Castejón en AHNB. Cae. e ind., t. 5 f. 574 r. ss. Reproducido por Jaime Jaramillo Uribe en su ensayo «La población indígena en Colombia en el momento de la conquista y sus transformaciones posteriores»,…p. 110
[27]que contribuían a diezmar a los indios. En el curso de la visita de Tomás López* en 1560, por ejemplo, indígenas de Pamplona y Tunja aludieron a una epi demia que había ocurrido recientemente. Aguado se refiere a ella y la sitúa en 1558. En esta ocasión murieron, según el cronista, más de quince mil indígenas. Algunos…p. 96
04Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 132, 148, 1543 citas
[11]más interés lo sucedido bajo los Borbones. 105 Humboldt (H-7), tomo 4, pág. 3. 106 Humboldt (H-7), tomo 4, pág. 4. En el Manifiesto sobre los motivos que han obligado al Nuevo Reino de Granada a reasumir los derechos de soberanía… (Bogotá, 1810), escrito por Camilo Torres y Frutos Joaquín Gutiérrez, y aprobado por la…p. 132
[12]Angulo «por los aprietos que les hace sobre que todas las indias sean obligadas a hilar contra su voluntad, sin que reparase en que los indios encomendados están recargados de servicios persona- les», en particular en los trabajos y sementeras de las haciendas de los padres de la Compañía de Jesús, «y sin que de la…p. 154
[16]mantas, lienzos, alpargatas, sayal, frisas, frezadas, y otras muchas cosas a Mompox, Zaragoza, Remedios, Cáceres, Cartagena, Santa Marta, Tenerife, Antioquia, Gobernación de Popayán, Mérida y otras muchas partes». «Descripción de Tunja en 1610», sacada de las informaciones hechas por la justicia de aquella ciudad, el…p. 148
05Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 54, 802 citas
[13]la protección de los indígenas, fue lite ralm ente echado en 1550-1551. Y aquellos funcionarios q u e un poco m ás tarde quisieron av an zar en la reform a tuv iero n que ab a n d o n ar varias veces su em p e ño al ver la inm inencia de u n a rebelión encom endera. En una fecha tan tardía com o 1580, u n juez que se…p. 54
[20]regiones de B ucaram anga y Pam plona, los altiplanos orientales se especializaron en la ag ricu ltu ra y la producción de tex tiles. La m ayoría de la producción era para el auto co n su m o regional, a u n q u e se exportaban pro d u cto s a los cam pam entos m ineros de la región occidental, a los puertos del M…p. 80
06Mercados, poblamiento e integración étnica entre los Muiscas, Siglo XVICarl Henrik Langebaek · 1987 · p. 16, 19, 81, 1284 citas
[14]Antioquia a finales del Siglo XVII eran originarias de territorio muisca. Otra transformación que es necesario indicar es la gradual introducción de lana de oveja como materia prima en la elaboración de tejidos. Incluso en algunos documentos del Siglo XVI es común encontrar referencias acerca de que los Caciques…p. 81
[15]anotar que el mismo cronista dudó del rol generalizado de la supuesta moneda cuando sostuvo que "les ocurría de ordinario... tratar unas cosas por otras". Además, refiriéndose al momento en que los conquistadores subían a territorio muisca, afirmó que éstos encontraron depósitos que utilizaban los indígenas para bajar…p. 128
[22]prudente entonces, reconocer la necesidad de imponer un límite cronológico a los documentos que pueden servir para interpretar los aspectos precolombinos del intercambio. En ese orden de ideas, el material de consulta de esta investigación se ha restringido hasta la visita de Luis Henriquez que marcó el fin del Siglo…p. 19
[29]trueque y tributo. De otro lado, se ha procurado que la descripción sobre la circulación de cada producto vaya acompañada de referencias acerca de quién los hacía, el uso que se les daba, la técnica de producción, así como la ubicación de centros productores, distribuidores y consumidores involucrados en el…p. 16
07La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 901 cita
[17]habido variedades americanas, cf. Sauer, 1952, pp. 57-60), fue tan popular, entre los nativos que en muchos casos “volaba” delante de los conquistadores, difundiéndose 9 D e la subversión y la finali D a D histórica espont á neamente en regiones a las cuales los peninsulares todavía no habían llegado (Aguado, 1906, p.…p. 90
08Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · p. 681 cita
[18]cueros de venado. Ahora los ponchos son de lana. Lana fue lo primero oles a Cundinamarca. De Ruan. Con formaron los ligeros ponchos en dos que por venir la lana de donde nas. Hoy se conoce la ruana en el mundo: su cuna original esta en Cundinamarca y Boyaca. Como salieron del Caribe las hamacas, de las alturas co-…p. 68
09La colonización antioqueña en el occidente de ColombiaJames J. Parsons · 1997 · p. 931 cita
[21]trados en el departamento de Antioquia, en 1.067 plantaciones sepa- radas, lo que representa un decrecimiento de dos tercios en relación con los veinte años anteriores. 26 El consumo del tabaco, sin embargo, ha continuado en aumento. Las mujeres de las clases bajas se han habituado a él tanto como los hombres, y es…p. 93
10Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 2171 cita
[23]al variar su distribución general, y dar origen a problemas que hoy conocemos como minifundio, paralelo al latifundio. Puede anotarse que casi ninguna de las poblaciones 226 Nueva Historia de Colombia, Vol. I fundadas en ese momento han desaparecido, en tanto de 500 a 700 poblados que existieron por la época de la…p. 217
11Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 1902 citas
[24]de Córdoba, al referirse a Cuba, ex- clamaba: «los cristianos han destruido y desterra- do de estas pobres gentes la natural generación». Cifras de la catástrofe Los datos que permiten evaluar la caída de pobla- ción indígena son escasos y fragmentarios, pero no menos impresionantes: Juan Friede calcula que la…p. 190
[25]de Córdoba, al referirse a Cuba, ex- clamaba: «los cristianos han destruido y desterra- do de estas pobres gentes la natural generación». Cifras de la catástrofe Los datos que permiten evaluar la caída de pobla- ción indígena son escasos y fragmentarios, pero no menos impresionantes: Juan Friede calcula que la…p. 190
12Los muiscas. La historia milenaria de un pueblo chibchaCarl Henrik Langebaek · 2019 · p. 89, 1292 citas
[28]“lugares de mercado fueron casi todos que había de indios en estas dos provincias de Bogotá y Tunja”. Por otro, dijeron que en Tunja se hacía cada cuatro días, período relacionado con su sistema de numeración, y parece que así era en muchos otros lugares. Al parecer el sitio exacto del mercado era dentro del cerca- do…p. 129
[32]Indias en España y fue primero estudiado por Juan Friede y luego, con lujo de detalles, por Augusto Gamboa. En los últimos meses lo he venido trabajando con mi colega Camilo Uscátegui. 92 Una lectura de los testimonios el texto se aclara que el cacique de Sogamoso, el mismo que traron los españoles, se llamaba…p. 89
13Arqueología de Colombia: un texto introductorioGerardo Reichel-Dolmatoff · 2016 · p. 3321 cita
[30]true - que con tribus vecinas y aún muy alejadas. Los principales artículos que se exportaban eran sal 153, esmeraldas, coca y Memoria sobre las Antigüedades Neo-Granadinas, Librería de F. Schneider i Cía., Berlín. Acerca de la arqueología «premuisca», véanse las notas biblio- gráficas para el capítulo iv, así como…p. 332
14Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 121 cita
[31]las relaciones comerciales afianzaban redes de intercambio cultural más profundas. un aspecto importante de la sociedad muisca fue el desarrollo y la complejidad que se desprendieron de una economía natural no monetaria, y que se desplegó al tener un escenario de vastas redes comerciales y cercanías culturales y…p. 12