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Biografía

Francisco Silvestre

Colonia

17 min de lectura21 documentos
NacimientoSin fecha registrada
FallecimientoSin fecha registrada
RolesGobernador de la provincia de Antioquia (1776-1782) · Funcionario borbónico del Nuevo Reino de Granada
Lugar principalAntioquia
Período históricoColonia1600–1780
03

La biografía

Francisco Silvestre Sánchez fue un funcionario español del reformismo borbónico que gobernó la provincia de Antioquia en la década de 1780 y escribió, en 1789, la Descripción del Reino de Santa Fe de Bogotá, uno de los textos más completos que se produjeron sobre el Nuevo Reino de Granada en la última centuria colonial. Su nombre pesa en la historia de Colombia menos por hazañas de gobierno —que las tuvo modestas— que por haber traducido a un lenguaje fiscal, demográfico y productivo la realidad de una provincia que estaba a punto de convertirse, sin que él ni sus contemporáneos lo supieran del todo, en el corazón económico del país. Su obra hizo legibles para Madrid los caminos fragosos hacia el río Nare, la resistencia terca de los marinillos a la renta del aguardiente, la evasión del quinto sobre el oro y las tensiones que estallaban entre colonos pobres y grandes propietarios en las montañas del sur. Fue un funcionario que gobernaba escribiendo.

02

Línea de vida

  1. 1776

    Gobernador de Antioquia y relación sobre Marinilla

    Leer contexto

    En 1776 ejercía ya el cargo de gobernador de Antioquia y dejó constancia escrita de la resistencia de los habitantes de Marinilla a la renta del aguardiente y sus rondas, describiendo la cohesión social y política de esa población y la necesidad de cautela para hacerles obedecer lo que les desagradaba.

  2. 1778

    Promoción de nuevas colonizaciones en Antioquia

    Leer contexto

    Entre 1778 y 1782, Silvestre como gobernador y Juan Antonio Mon y Velarde como oidor promovieron nuevas regiones de poblamiento e incentivaron colonizaciones en la provincia de Antioquia, con fundaciones iniciales cercanas a las minas para abastecer a los mineros y reducir los precios de sus consumos.

  3. 1784

    Autorización de ocupación de tierras por colonizadores

    Leer contexto

    El gobernador Silvestre consideró que los propietarios de grandes concesiones en el sur de la provincia habían perdido su derecho a la tierra por no haber ejercido 'morada y labor', y autorizó su ocupación por colonizadores pobres, abriendo una grieta en el régimen de propiedad que Antioquia arrastraría durante el siglo XIX.

  4. 1789

    Redacción de la Descripción del Reino de Santa Fe de Bogotá

    Leer contexto

    Silvestre redactó en 1789 su Descripción del Reino de Santa Fe de Bogotá, texto de género burocrático-ilustrado que combina observación de terreno con análisis estadístico sobre economía, demografía, caminos, producción textil y administración del virreinato, coincidiendo con la relación de mando de Caballero y Góngora del mismo año.

  5. 1950

    Publicación de la Descripción en Bogotá

    Leer contexto

    La Descripción del Reino de Santa Fe de Bogotá fue publicada por primera vez en Bogotá en 1950, ya como pieza histórica, y desde entonces es utilizada como fuente primaria de primer orden para el estudio de la situación económica, social y administrativa del Virreinato de Nueva Granada en el siglo XVIII.

Un extremeño en el engranaje imperial

Silvestre pertenece a esa hornada de funcionarios peninsulares que llegaron a América al calor de las reformas de Carlos III y, en particular, del programa administrativo diseñado por José de Gálvez desde el Consejo de Indias. La Corona quería recuperar el control efectivo de sus dominios ultramarinos tras un siglo largo de gobierno indirecto, y para ello necesitaba hombres nuevos: burócratas de carrera, laicos, con formación jurídica o hacendística, dispuestos a inspeccionar, informar y racionalizar. Silvestre encajó en ese molde. No fue una figura de primer orden como Moreno y Escandón o Caballero y Góngora, pero tampoco un oscuro escribiente: llegó a gobernador de una provincia difícil y dejó una obra escrita que dos siglos y medio después conserva plena vigencia documental.

Su trayectoria hay que leerla dentro del proceso más amplio de peninsularización de los cargos coloniales que se consolidó hacia 1794 en el Nuevo Reino. La Corona borbónica, desconfiada de las lealtades criollas y persuadida de que el gobierno americano se había vuelto demasiado permeable a los intereses locales, fue reemplazando de manera progresiva a los americanos en los principales puestos administrativos por españoles peninsulares. Silvestre fue uno de esos hombres: un funcionario venido de la metrópoli, formado en la cultura administrativa reformista, encargado de aplicar en Antioquia un programa que se pensaba en Madrid pero que solo cobraba sentido en el terreno. Su origen extremeño lo situaba en la periferia interior de la propia España, en una región de emigración antigua hacia América, y esa procedencia debió marcar su sensibilidad hacia una provincia también periférica, montañosa y poblada por gente pobre. Nada indica que Silvestre trajera consigo una fortuna ni un linaje que lo respaldara: fue el cargo lo que le dio autoridad, y fue el ejercicio del cargo lo que le dio materia para escribir.

La provincia que le tocó gobernar

Cuando Silvestre asumió el gobierno de Antioquia, la provincia era una geografía áspera y desigual, económicamente dependiente del oro y socialmente peculiar dentro del Nuevo Reino. Su núcleo poblado se extendía sobre las mesetas accidentadas donde las cordilleras Occidental y Central se ensanchan, con fundaciones mineras antiguas —Cáceres, Zaragoza, Arma, Remedios— convertidas ya en núcleos satélites en decadencia, mientras Santa Fe de Antioquia, el valle de Aburrá, Rionegro y Marinilla concentraban la actividad económica y la vida urbana. La minería aurífera de aluvión, practicada mediante el lavado de arenas y el mazamorreo, era la columna vertebral de la economía: desde la década de 1630, mineros procedentes de Santa Fe de Antioquia y del valle de Aburrá, con cuadrillas de esclavos negros, explotaban los aluviones de los Osos, el Riogrande, el Riochico y el San Andrés, y Santa Fe de Antioquia funcionaba como centro comercializador del oro que salía por el río Cauca hacia el Magdalena rumbo a Cartagena.

La particularidad social de Antioquia era demográfica. A diferencia de las provincias del altiplano cundiboyacense o del sur, había sufrido una pérdida apreciable de población aborigen y no había podido construir su economía sobre la mano de obra indígena. En consecuencia, se había abierto —como Santander— a la inmigración de españoles pobres y campesinos, y los mineros y comerciantes locales favorecían activamente esa llegada de gente: la escasez crónica de alimentos encarecía el costo de las cuadrillas, tanto de esclavos como de mazamorreros libres, y sin brazos agrícolas la minería se ahogaba en sus propios precios. Ese rasgo, que Silvestre percibió con claridad, es una de las claves interpretativas de su gobierno.

El otro rasgo era la fiscalidad. El impuesto sobre la producción de oro había sido reducido progresivamente hasta llegar en 1777 a un 3% del valor de la producción. La alta tasa anterior —el quinto real, un 20%— había incentivado durante décadas la evasión y el contrabando, hasta el punto de que la producción real posiblemente fuera entre un tercio y la mitad mayor que la oficialmente acuñada. Silvestre gobernaba una provincia que había aprendido a esconder su riqueza y que solo empezaba a asomarla a las cajas reales cuando el fisco se hizo menos voraz.

Gobernador entre 1776 y 1782

Silvestre ejerció el cargo de gobernador de Antioquia en dos momentos que la memoria administrativa tiende a fundir. En 1776 estaba ya al frente de la provincia y dejó constancia escrita, en una relación de ese año, de conflictos concretos con las poblaciones del oriente antioqueño. Entre 1778 y 1782 le correspondió compartir el escenario institucional con el oidor Juan Antonio Mon y Velarde, y ambos, desde su cargo respectivo, promovieron nuevas regiones de poblamiento e incentivaron colonizaciones en la provincia. La actuación conjunta de gobernador y oidor —dos funcionarios de rango distinto pero de idéntica cultura reformista— define el estilo de gobierno que Antioquia conoció en esos años: un intervencionismo pragmático que buscaba abrir tierras, fundar pueblos y asegurar el abastecimiento de las zonas mineras.

La política de poblamiento tuvo dos fases claras. Las primeras fundaciones se ubicaron en las cercanías de las minas, con la idea explícita de abastecer a los mineros y reducir los precios de sus consumos: era una respuesta directa al problema estructural de la carestía de alimentos que encarecía las cuadrillas. Después, entre 1780 y 1800, la colonización se extendió hacia las montañas del sur de la provincia, formada por grupos organizados de colonos pobres con apoyo de las autoridades. Ese desplazamiento hacia el sur no fue un movimiento espontáneo: contó con el respaldo activo del gobierno provincial y se enmarcó en un patrón regional más amplio, en el que funcionarios como Antonio Caballero y Góngora patrocinaban en la década de 1780 el establecimiento de colonias agrícolas organizadas para dotar de tierra a los desposeídos.

En 1784, el gobernador de Antioquia adoptó una decisión que muestra la trama jurídica del reformismo en su versión más audaz: consideró que los propietarios de grandes concesiones en el sur de la provincia habían perdido su derecho a la tierra por no haber ejercido "morada y labor" —la fórmula clásica del derecho indiano que condicionaba la propiedad al uso efectivo— y autorizó la ocupación de esos terrenos por colonizadores. La medida desencadenó un conflicto prolongado entre colonos y propietarios con títulos antiguos, y aunque la política agraria del reformismo borbónico no alteró en el fondo el dominio de los latifundistas —a quienes ningún funcionario se atrevió a enfrentar hasta el final—, sí abrió una grieta en el régimen de propiedad que Antioquia arrastraría durante todo el siglo XIX. El movimiento hacia Sonsón es su expresión más nítida: en 1789, vecinos de Rionegro y del valle de San José de Marinilla se dirigieron al gobernador declarando que su extrema pobreza y la escasez de tierras los habían llevado a colonizar las montañas de Sonsón, donde encontraron buena tierra, pastos, salinas y minas de oro. La descripción, oficial y suplicante a la vez, revela hasta qué punto la colonización del sur fue empujada desde abajo por familias que forzaron la mano del gobierno tanto como el gobierno la orientó.

El diagnóstico de Antioquia

Los escritos de Silvestre son el reverso administrativo de su gestión. Como gobernador, observó y registró lo que la corte necesitaba saber para gobernar a distancia, y su mirada tenía la ventaja doble de la posición institucional y de la permanencia en el terreno.

Sobre los caminos, su juicio era severo. Las rutas que comunicaban las principales ciudades de Antioquia con el río Nare —la salida natural hacia el Magdalena y, desde allí, hacia el Atlántico— eran sumamente fragosas, y esa condición no se debía a la geografía sino a la inacción y el descuido de las autoridades y cabildos provinciales. La composición de esos caminos era, en su lectura, indispensable para dar vida al comercio y a la agricultura de Antioquia: sin extracción de frutos ni intercambio con otros mercados, la provincia estaba condenada a consumirse en su propia estrechez. La descripción del funcionamiento efectivo del transporte es minuciosa: los indios acarreaban la mayor parte de la carga de importación hasta el Peñol o Marinilla, y desde allí las mercancías eran llevadas por caminos de herradura hacia Antioquia y Medellín. Ese diagnóstico anticipaba en dos generaciones lo que Antioquia terminaría haciendo por su cuenta en el siglo XIX: abrir caminos, colonizar hacia el sur y buscar el mar.

Sobre las poblaciones del oriente, Silvestre dejó una de las observaciones más agudas del período. En su relación de 1776 anotó que los habitantes de Marinilla guardaban entre sí gran unión, especialmente los de calidad, y que era necesaria cautela para hacerles obedecer lo que les desagradaba, habiendo resistido en alguna ocasión a la renta de aguardiente y sus rondas con publicidad escandalosa. El pasaje es doblemente valioso: como testimonio de una cultura política local, cohesionada y resistente al fisco borbónico, y como muestra del método descriptivo del propio Silvestre, atento a los grupos sociales, a sus jerarquías internas ("los de calidad") y a la eficacia práctica de la autoridad. La rivalidad histórica y comercial entre Marinilla y Rionegro, que él conoció bien, tenía una raíz material: el camino a Popayán pasaba por Rionegro pero no por Marinilla, y esa diferencia de trazado había producido con el tiempo dos vocaciones distintas, dos temperamentos y —ya en el siglo XIX— dos alineamientos partidistas opuestos.

Sobre la producción, su mirada era la del funcionario ilustrado. En la Descripción de 1789 hizo referencia a la producción textil de algodón en el Nuevo Reino y describió las condiciones económicas del virreinato con un detalle que da al texto valor de fuente primaria para el estudio de la situación económica, social y administrativa de Nueva Granada en el siglo XVIII. La combinación de observación de terreno y cultura estadística —cuánto se producía, dónde se consumía, por qué caminos circulaba— es lo que le da a la obra su densidad documental.

La Descripción del Reino de Santa Fe de Bogotá

La obra maestra de Silvestre está fechada en 1789 y se publicó por primera vez, ya como pieza histórica, en Bogotá en 1950. Es un texto de género burocrático —una descripción del virreinato pensada para uso administrativo— y a la vez un producto del clima ilustrado que atravesaba la administración borbónica en su fase final. Coincide en el tiempo con la relación de mando de Antonio Caballero y Góngora, entregada también en 1789, y con toda una serie de documentos análogos producidos por virreyes y funcionarios: las relaciones de Eslava, Solís, Messía de la Zerda, Guirior, Ezpeleta, Mendinueta y Montalvo forman, junto con la Descripción de Silvestre, un corpus de primer orden sobre la situación social, económica y política del virreinato durante el último siglo de dominación española.

Ese corpus no surgió por casualidad. La administración colonial española había desarrollado, desde el siglo XVI, una compleja organización burocrática en la que las relaciones de mando y las visitas funcionaban como instrumentos estructurales de control e información. Las relaciones eran un género de transmisión entre gobernantes salientes y entrantes, y abarcaban hacienda, población, economía y administración; el virrey Ezpeleta, por ejemplo, respondió y matizó en la suya las propuestas del arzobispo virrey Caballero y Góngora sobre reforma de la población del virreinato, lo que muestra cómo el género funcionaba como diálogo institucional entre generaciones de gobernantes. Las visitas —el segundo gran instrumento de la Corona, con modalidades generales y especiales— buscaban obtener amplios informes sobre la marcha de la administración, la economía, la hacienda y, sobre todo, la situación de la población indígena; a partir de 1755, los visitadores reales pudieron observar con cierto sistema el comportamiento demográfico en la parte oriental del virreinato.

La Descripción de Silvestre se inscribe en ese horizonte, pero introduce un matiz importante. No es una relación de mando en sentido estricto —no está escrita en el momento de entregar el poder— ni es tampoco una visita, con su liturgia jurídica y su comisión formal. Es una descripción, un género más flexible, más analítico, que permite al autor combinar la información recogida en su gestión con una mirada más amplia sobre el conjunto del virreinato. Y ese género tenía nombre propio en el pensamiento de la época: era la forma escrita que estaba produciendo el reformismo ilustrado a finales del siglo XVIII, cuando un número creciente de funcionarios laicos españoles empezó a escribir sobre las colonias americanas, en un desplazamiento respecto de la tradición previa en la que los religiosos habían tenido mayor protagonismo. Silvestre encarna con exactitud ese giro: funcionario, no clérigo; descriptor, no cronista; interesado en la hacienda y en la producción, no en la evangelización ni en la historia sagrada.

La red ilustrada del Nuevo Reino

Silvestre no operó en soledad. Su obra se entiende dentro de una red densa de funcionarios y hombres de letras que, en las décadas de 1770 y 1780, estaban rehaciendo la manera de mirar y gobernar el virreinato. En el vértice institucional estaba José de Gálvez, ministro de Indias y arquitecto del reformismo borbónico americano, desde cuyo despacho se diseñaban las líneas maestras que Silvestre y otros gobernadores aplicaban en el terreno.

En el Nuevo Reino, la figura central de la primera generación reformista fue Francisco Antonio Moreno y Escandón, criollo, defensor de indios y asesor del virrey, uno de los mayores promotores del cambio ilustrado en el virreinato entre 1764 y 1780. Su presencia demostraba que el reformismo no era enteramente peninsular: hombres nacidos en América, formados en las universidades del virreinato, podían impulsar desde dentro las mismas reformas que llegaban desde Madrid. Con el arzobispo virrey Antonio Caballero y Góngora se abrió una segunda etapa. Religioso él mismo, ejerció desde Bogotá una autoridad singular y apoyó sin reservas los proyectos científicos y pragmáticos que Carlos III dictaba desde España para levantar la economía. Bajo su protección se puso a salvo José Celestino Mutis —el sacerdote y botánico autodidacta que se había instalado en Nueva Granada en 1761 y a quien los dominicos habían intentado expulsar por enseñar las teorías copernicanas— y se impulsó la Expedición Botánica, que tenía entre sus objetivos descubrir las propiedades comerciales de la quina y otras plantas.

En el escenario antioqueño, el interlocutor más cercano de Silvestre fue Juan Antonio Mon y Velarde, el oidor con quien compartió entre 1778 y 1782 la promoción de nuevas colonizaciones. La sucesión inmediata en la gobernación mantuvo el ciclo reformista que ambos habían inaugurado, y en las décadas siguientes otros funcionarios prolongaron en la provincia el mismo estilo de gobierno.

Esa red producía conocimiento sobre el Nuevo Reino como parte del programa de gobierno. Las reformas borbónicas impulsaron el escrutinio de las riquezas naturales del virreinato, la racionalización de la administración pública y la modernización de sistemas productivos, y crearon con ello el entorno institucional para una producción sostenida de textos geográficos y económicos. El Semanario del Nuevo Reino de Granada, publicado entre 1808 y 1811 por Francisco José de Caldas, sería la culminación tardía de ese impulso: escenario de expresión y consolidación de una ideología criolla que había empezado a gestarse hacia finales del siglo XVIII, publicó memorias geográficas y naturalistas —entre ellas la Relación territorial de la provincia de Pamplona— que continuaban, ahora en manos americanas, el género que Silvestre había practicado en 1789. La conciencia criolla como grupo definido en la sociedad neogranadina se formó, en parte, leyendo, discutiendo y prolongando las descripciones que hombres como Silvestre habían escrito con propósitos imperiales.

La ironía histórica del reformismo borbónico consiste precisamente en eso: los textos que se produjeron para reforzar el control de Madrid sobre las colonias terminaron dando a los criollos un lenguaje —geográfico, económico, estadístico— con el que pensarse a sí mismos como país. La Descripción de Silvestre no es una obra de causa emancipadora, sino de gobierno imperial. Pero circuló en un medio intelectual que, en menos de una generación, la usaría como insumo para imaginar una nación independiente.

Escribir como forma de gobernar

La particularidad del caso Silvestre está en la relación entre su cargo y su escritura. Otros funcionarios gobernaron sin dejar obra; otros escribieron sin haber gobernado. Él hizo las dos cosas y, más aún, las hizo simultáneamente: sus relaciones y su Descripción son el correlato administrativo de decisiones concretas sobre poblamiento, caminos, fiscalidad e indios. Cuando registra en 1776 la resistencia de los marinillos al aguardiente, está informando a la Corona de un problema real que había tenido que enfrentar como gobernador. Cuando en 1784 autoriza la ocupación de tierras del sur por colonos pobres, está preparando el terreno para las descripciones que años más tarde justificarán esa política. Cuando en 1789 dedica pasajes al comercio de textiles de algodón o a la geografía de los caminos hacia el Nare, está fijando por escrito lo que aprendió en el ejercicio del cargo.

Ese modo de operar era la forma que el reformismo borbónico ilustrado había encontrado para gobernar sus periferias. Un gobernador aislado en Antioquia, a semanas de correo de Bogotá y a meses de Madrid, no podía ser controlado en tiempo real; podía, en cambio, ser convertido en fuente de información sistemática, en observador entrenado, en cronista fiscal de su propia provincia. La escritura administrativa era un dispositivo de gobierno a distancia: producía en Madrid la ilusión —a veces fundada, a veces engañosa— de saber lo que pasaba en las provincias, y producía en el terreno la disciplina de tener que rendir cuentas por escrito.

El mecanismo tenía sus límites, y Silvestre los conoció. Diagnosticó con precisión la parálisis de los caminos y no logró alterarla: las autoridades y cabildos provinciales siguieron descuidándolos. Describió la resistencia de los marinillos y no consiguió doblegarla: la Antioquia oriental conservó su carácter faccioso hasta bien entrado el siglo XIX. Autorizó la ocupación de las tierras del sur y desencadenó un conflicto que se prolongó por décadas, sin que el poder de los grandes propietarios se derrumbara. La reducción del quinto real al 3% en 1777 aflojó la fiscalidad, pero no eliminó el contrabando ni transparentó del todo la economía aurífera. En cada uno de esos frentes, la escritura administrativa hizo su parte —diagnosticar, informar, proponer— sin poder cerrar la brecha entre el diagnóstico y la corrección efectiva. Su obra es, a la vez, producto del género burocrático ilustrado y testimonio irreemplazable de sus límites.

Huella

La huella de Francisco Silvestre en la historia de Colombia se juega en dos planos.

En el plano documental, su nombre pertenece al canon de las fuentes primarias sobre la Nueva Granada tardocolonial. La Descripción del Reino de Santa Fe de Bogotá alimenta los estudios sobre demografía, economía, administración, poblamiento, textiles y minería del virreinato en la última centuria colonial, y se lee al lado de las relaciones de mando de los virreyes para reconstruir el crecimiento demográfico y la formación de la conciencia política criolla. Su publicación en Bogotá en 1950 la puso a disposición de la investigación colombiana del siglo XX, y desde entonces no ha dejado de ser un texto de consulta obligatoria para quien quiera reconstruir el estado del virreinato hacia 1789. Su relación de 1776 sobre Antioquia, con la observación sobre los marinillos, reaparece de manera recurrente en la historia regional del oriente antioqueño.

En el plano histórico, su huella está en Antioquia. La política de poblamiento que promovió con Mon y Velarde entre 1778 y 1782, y la autorización de 1784 para ocupar las tierras del sur, forman parte del proceso largo por el cual la provincia se abrió hacia las montañas y produjo, entre finales del siglo XVIII y todo el XIX, uno de los movimientos de colonización campesina más importantes de la historia colombiana: la llamada colonización antioqueña, que llevó familias de Rionegro, Marinilla, Sonsón y Abejorral hacia el sur y el suroeste, hasta el actual Eje Cafetero. Silvestre no inventó ese movimiento —sus raíces son sociales, demográficas y económicas, y estaban ya en marcha antes de que él llegara—, pero desde el gobierno provincial le dio marco jurídico, apoyo institucional y registro escrito. La colonización que la memoria colectiva antioqueña atribuye al empuje espontáneo del campesino pobre tuvo también, en su origen, la firma de un gobernador extremeño que en 1784 decidió que los grandes propietarios habían perdido el derecho a sus tierras por no vivirlas.

Su lugar en la genealogía del país es, entonces, doble. Es un funcionario borbónico entre otros, un peninsular más en la peninsularización de los cargos que la Corona impulsó hacia fines del siglo XVIII, un eslabón intercambiable en la cadena de gobernadores y oidores que aplicaron en Nueva Granada las reformas de Carlos III. Y es, al mismo tiempo, el autor de una descripción irrepetible: la de un hombre que gobernó Antioquia el tiempo suficiente para conocerla, tuvo la cultura administrativa necesaria para escribirla y le tocó hacerlo en el momento exacto —1789— en el que el género de las descripciones ilustradas alcanzaba su punto más alto en el Nuevo Reino. La combinación no la logró ningún otro gobernador de la provincia en el siglo XVIII, y en esa singularidad reside que Francisco Silvestre no sea solo un nombre en la lista de los mandatarios coloniales, sino una fuente viva desde la cual la Antioquia y la Nueva Granada tardocoloniales siguen siendo pensables.

04

Conexiones del archivo

Red histórica

05

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

21 documentos · 28 fragmentos
01La colonización antioqueña en el occidente de ColombiaJames J. Parsons · 1997 · Página 541 cita
[1]

desarrolló una clase importante de comerciantes al lado de la clase noble. Los indios transportaban la mayor parte de la carga de importación hasta el Peñol o Marinilla, de donde era acarreada por caminos de herradura a Antioquia y Medellín. El camino para Popayán pasaba por Rionegro, pero no por Marinilla. Como…

p. 54
02Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · Página 2312 citas
[2]

Valledupar. En Antioquia, dos funcionarios reales promovieron nuevas regiones de poblamiento: Francisco Silvestre, como gober- nador, y Mon y Velarde, como oidor, incentivaron nuevas colonizaciones entre 1778 y 1782. La Independencia y los procesos de colonización El proceso de Independencia trajo profundos cambios en…

p. 231
[3]

Valledupar. En Antioquia, dos funcionarios reales promovieron nuevas regiones de poblamiento: Francisco Silvestre, como gober- nador, y Mon y Velarde, como oidor, incentivaron nuevas colonizaciones entre 1778 y 1782. La Independencia y los procesos de colonización El proceso de Independencia trajo profundos cambios en…

p. 231
03Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Páginas 61, 842 citas
[4]

a poco el n ú mero de espa ñ oles en los principales cargos, en particular al mando de tropas, como los gobernadores, que ya para 1794 eran casi todos espa ñ oles. Los cabildos, con regidores que casi siempre compraban sus puestos, siguieron en manos de los crio llos, a pesar de algunos intentos de los virreyes de…

p. 84
[10]

Bogot á, Tunja, Popay á n y otras ciudades. En Antioquia, entre 1780 y 1800, se fundaron varios pueblos formados por grupos organizados de colonos pobres, con el apoyo de las autoridades, primero en las cercan í as de las minas, con la idea de que ayudar í an a abastecerlas y reducir los precios de sus consumos, y…

p. 61
04Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · Páginas 346, 3562 citas
[5]

y la de los virreyes Eslava, escrita por el oidor Ber á s- tegui (1751), Sol í s (1760), Mess í a de la Zerda (1772), Guirior (1776), Caballero y G ó ngora (1789), Ezpeleta (1796), Mendinueta (1803), Montalvo (1818), se cuentan entre los m á s valiosos docu mentos que dej ó el gobierno colonial para el estudio de la…

p. 346
[6]

est á tico o posi blemente disminu í a, seg ú n pudieron observarlo para la parte orien tal del virreinato los visitadores reales a partir de 1755. Tal creci miento significaba una mayor participaci ó n de los criollos en los problemas p ú blicos y un mayor grado de conciencia pol í tica y social 29 Relaciones,…

p. 356
05Mercados, poblamiento e integración étnica entre los Muiscas, Siglo XVICarl Henrik Langebaek · 1987 · Página 811 cita
[7]

Antioquia a finales del Siglo XVII eran originarias de territorio muisca. Otra transformación que es necesario indicar es la gradual introducción de lana de oveja como materia prima en la elaboración de tejidos. Incluso en algunos documentos del Siglo XVI es común encontrar referencias acerca de que los Caciques…

p. 81
06Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · Página 491 cita
[8]

Granada que nos ha dejado el señor arzobispo virrey. Ezpeleta escribe pacientemente, que no es posible procurar obtener una modificación de la población del virreinato. Se inclina sin cólera ni desesperación ante la ineludible necesidad histórica: «Prescindiendo de entrar en el examen de si la población del Reino es…

p. 49
07Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoriaAna María Gómez Londoño (editora), Carl Henrik Langebaek Rueda, Jorge Augusto Gamboa Mendoza, Michael J. Francis, Marta Clemencia Herrera Ángel, François Correa Rubio, Óscar Guarín Martínez, Hermann Trimborn, Luis Fernando Restrepo, Mercedes López Rodríguez, Carlos Andrés Durán · 2005 · Página 981 cita
[9]

sociedades primitivas se acercaban a lo que habían sido las sociedades europeas en el pasado: John Locke había a afirmado que los primitivos americanos representaban el pasa- do de Europa. Las colonias se abrieron modestamente a la visita de europeos inte- resados en el asunto, animados por la idea de que la cultura…

p. 98
08Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · Páginas 107, 1142 citas
[11]

n d es haciendas la proliferación de vagos itin eran tes y sin p ro piedad. Estas gentes sin tierra to rn ab a n a la m en d icid ad o a la vagancia y alg u nos d esap areciero n en las selvas; en cualq u ier caso, re p resen ta b an una p érd id a económ ica. En u n esfuerzo p o r d o ta r de tierra a los d…

p. 107
[12]

pleitos y riquezas, descuidando ente ram ente la felicidad de los pueblos. Para conseguir la de este país, se deben componer con la m ayor perfección los dos caminos que de sus principales ciudades siguen al Este y llegan hasta el N are... Su fragosidad presente es obra de la inacción y del descuido. Los jefes de la…

p. 114
09Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · Página 561 cita
[13]

Kfiídficnerst Posiblemente la producción de oro fue entre la mitad y un tercio mayor de la acuñada (Sharp, 1976) ya que así se eva- día el impuesto del quinto — 20 % del producto— y se financiaba el contrabando, que por esa misma razón sería reducido progresivamente hasta alcanzar un 3 % del valor de la producción…

p. 56
10Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · Página 811 cita
[14]

y es la región ecuatorial que cierra el paso al mar por el occidente. En las crónicas de la Conquista, empero, hay muchos pasajes que dan otra idea, como este, de 82 Línd Odince Vrdsíta pero que desaparecieron con increíble rapidez al entrar en contacto con los conquistadores. Por un momento la selva volvió a cubrir…

p. 81
11Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · Páginas 168, 1762 citas
[15]

y de lo mucho que a ellas ocurre, y el que siempre han tenido los alcaldes ordinarios que han ma- nejado la Hacienda en estos lugares retirados, como que lo hacen por un año, sin sueldo y entre sus compatriotas. Pero es menester soste- ner a los puestos y a los que se pusieren; porque es mucho lo que los hacen padecer…

p. 176
[16]

fundación de las primeras audien- cias y la promulgación de las primeras Leyes de Indias, particularmente con las de 1542, ex- pendidas por Carlos V, en la Ciudad de Burgos. En este momento es la monarquía, el Estado español, el que asume el control y ejercita sus plenos derechos soberanos sobre los nuevos te-…

p. 168
12Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · Páginas 304, 3822 citas
[17]

pueblo de la provincia de Antioquia de su gobernación Cuando se conquistó efectivamente la llamada «provincia de Entre Ríos», los descubrimientos de Cáceres y Zaragoza obligaron al establecimiento de dos nuevas Cajas, colocadas bajo la jurisdicción de la de Santa Fe dé An tioquia. La importancia de la producción de…

p. 382
[18]

pero se contaba con lo s religiosos para proseguir la tarea de pacificación53. Al mismo tiempo que las expediciones salidas de Popayán fundaban un centro minero cuyo centró era Nóvita, los habitantes de Antioquia probaban fortuna también y fundaban una población sobre las márgenes del Atrato, al norte de la provincia.…

p. 304
13Manual introductorio. Biblioteca Básica de Cocinas Tradicionales de ColombiaGermán Patiño Ossa, Antonio Montaña, Lácydes Moreno Blanco · Página 451 cita
[19]

de trabajo y las enfermedades. Durante la Colonia y buena parte de la República, la mayor cantidad de oro se explotó en las vertientes de la cordillera que miran al Occidente, en el territorio que conocemos hoy como Chocó. El oro de la región se conseguía lavando arenas, mazamorreando y zambullendo. Era de aluvión, no…

p. 45
14Panorámica afrocolombiana. Estudios sociales en el PacíficoMauricio Pardo Rojas, Claudia Mosquera, María Clemencia Ramírez · 2004 · Página 751 cita
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y Buriticá habían entrado en completa deca- dencia 26. Sin embargo, lo que muestran los documentos del Archivo Histórico de Antioquia y los del Archivo General de la Nación es que desde la década de 1630 ya se habían asentado en los Osos varios mineros, quienes con sus cuadrillas de negros explotaban tanto el…

p. 75
15Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · Página 1211 cita
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Comunidad en 1776, la Miel, una de las mejores poseídas por la Compañía en la región, fue apreciada en 2.000, la casa en 150 y 48 esclavos en la suma de 6.222 pesos oro”. Ibid., p. 21. 101 Ibid., p. 48. 102 Ibid., p. 44. 103 Ibid., p. 52. 104 Ibid., p. 56. 105 Aquiles Escalante, op. cit., p. 112. 106 Jaime Jaramillo…

p. 121
16Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · Página 791 cita
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en los consumos que le valieron el nombre de “Pamplonita la loca”, la ciudad entró en un período de larga decadencia. Poblados como Vitoria o Guamocó podían desaparecer sin dejar rastro o convertirse en sombras. Durante el siglo xvi1 ciudades como Popayán, Medellín y Rionegro hicieron su fortuna con la internación de…

p. 79
17Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · Página 601 cita
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alumnos lo que ya se discutía en el resto de Europa: la Revolutionibus orbium coelestium de Copérnico, que sostenía que la tierra es otro planeta girando alrededor del sol, y no al revés, como querían las Sagradas Escrituras. La orden de los dominicos se fue lanza en ristre contra Mutis. No pudieron expulsarlo como…

p. 60
18Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · Página 281 cita
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de los principales ilustrados españoles fue José Celestino Mutis, sacerdote y botánico autodidacta que se había instalado en 1761 en la Nueva Granada. A su alrededor se inició la formación de una nueva imagen de nuestro territorio, la de un espacio enormemente rico en recursos naturales que podrían ser utilizados…

p. 28
19Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Página 851 cita
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E 329 Sin embargo, las reformas no sólo tuvieron ese carácter, sino que también pretendieron solucionar los problemas de una sociedad que, como la neogranadina, acusó grandes cambios en el siglo XVII, cuando la población creció rápida- mente, el elemento mestizo pasó a ser el grupo mayoritario de la po- blación, se…

p. 85
20Pensar el siglo XIX. Cultura, biopolítica y modernidad en ColombiaSantiago Castro-Gómez (ed.) · 2004 · Páginas 10, 542 citas
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Buitrago 'Yo diré siempre con un filósofo piadoso que más me gusta Keaumur observando las polillas y dándonos remedios para poner a cubierto nuestras telas de la voracidad de estos insectos, que Leibni^ creando mundos" Francisco José de Caldas En el presente texto, haciendo uso de algunos conceptos desarrollados por…

p. 10
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(1942) "Relación territorial de la provincia de Pamplona". En: Semanario del Nuevo Reino de Granada. 3 volúmenes. Bogotá: Editorial Kelly, 2.. (1810) (Memoria 2) Sobre las causas, y curación de los cotos. Bogotá: Colección Biblioteca Nacional. Fernández Madrid, José. (1810) (Memoria 6) Sobre la naturaleza, causas y…

p. 54
21La colonización antioqueña: una empresa de caminosEduardo Santa · 2016 · Página 691 cita
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la vista del investigador a medida que se va inter- nando en el interesante mundo de los archivos locales. Un memorial dirigido al gobernador de la Provincia, con fecha de 27 de agosto de 1789, es muy elocuente y preciso sobre este particular. Dice así, en su parte pertinente: Nosotros, los suscritos vecinos de la…

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