Institución · Pre-independencia
Estanco del tabaco
Monopolio real que reservó a la Corona española la producción, distribución y venta del tabaco en la Nueva Granada; nervio fiscal del proyecto borbónico y mecha concreta de la Revolución Comunera de 1781.
Trayectoria de una idea
- 1764
Establecimiento bajo administración privada
- 1774
Paso a la administración directa virreinal
- 1778
Reorganización total por Gutiérrez de Piñeres
- 1778
Primeros disturbios en Guanentá
- 1779
Crítica ilustrada criolla: plan de Nariño
- 1780
Duplicación de precios y escalada de disturbios
- 1781
Detonante de la Revolución Comunera
- 1800
Cénit fiscal: 32% de los ingresos virreinales
- 1850
Abolición en la era republicana
La lectura
El estanco del tabaco no fue simplemente un impuesto colonial: fue la arquitectura fiscal sobre la que los Borbones sostuvieron su proyecto imperial en la Nueva Granada durante casi un siglo. Su transformación de arrendamiento privado a monopolio directo en 1774, y su posterior endurecimiento por Gutiérrez de Piñeres entre 1778 y 1780, convirtieron una renta abstracta en una presencia armada que destruía plantaciones, encarcelaba labradores y desarticulaba la economía campesina del Guanentá. La paradoja estructural del estanco fue que su indispensabilidad fiscal —casi un tercio de los ingresos virreinales— lo hacía imposible de reformar desde dentro del régimen colonial, y esa misma rigidez lo convirtió en el blanco más visible del descontento criollo y popular. Sobrevivió a la independencia porque los gobiernos republicanos heredaron la misma dependencia fiscal que los virreinatos, y solo pudo abolirse cuando Colombia encontró en el mercado tabacalero europeo de mediados del siglo XIX una renta alternativa que hiciera soportable su sacrificio.
El estanco del tabaco
En la Nueva Granada del último siglo colonial, el estanco del tabaco fue el monopolio real que reservó a la Corona la producción, distribución y venta del tabaco, y que a partir de 1774 pasó de manos de rematadores privados a la administración directa del virreinato. No fue un impuesto entre otros: fue el nervio fiscal donde los Borbones sostuvieron su proyecto imperial en el Nuevo Reino, la palanca que financió burocracia y gastos militares, y —cuando el visitador Juan Francisco Gutiérrez de Piñeres endureció sus reglas entre 1778 y 1780— la mecha concreta de la Revolución Comunera. Su historia atraviesa casi un siglo: nace hacia 1764 en la mesa de un comerciante de Honda, arde en las plazas de Mogotes y Charalá, sobrevive a la independencia contra el ideario liberal de Nariño y Vargas, es defendido en 1836 por Santander como indispensable para la República y solo cae hacia 1850, cuando el mercado europeo ofrece a Colombia una renta alternativa que hace posible sacrificarlo. Entender el estanco es entender por qué la crisis del pacto colonial en la Nueva Granada tuvo forma de hoja seca prensada en atado.
Anatomía de un monopolio
Un estanco, en el vocabulario fiscal del imperio español, es la reserva exclusiva para la Corona del comercio de un producto: la sal, el aguardiente, los naipes, el tabaco. El Estado fija dónde se cultiva, quién lo cultiva, a qué precio compra la cosecha, a qué precio la revende al público, y castiga por contrabando cualquier operación fuera de sus canales. En la Nueva Granada, el estanco del tabaco arrancó hacia 1764 bajo una fórmula intermedia: la Corona no administraba directamente el monopolio, sino que lo remataba a un particular. El primer rematador conocido fue José Mesa Armero, comerciante de Honda —el gran puerto interior del Magdalena, punto de trasbordo entre las tierras altas y el río—, que pagaba 50.000 pesos anuales por el derecho a explotar la renta. Era el esquema clásico de arrendamiento fiscal heredado de los Austrias: el Estado se aseguraba una cifra fija y delegaba el riesgo operativo al asentista.
El sistema duró una década. En 1774, bajo el virrey Manuel de Guirior, se estableció la administración directa: los funcionarios reales tomaron el control de las factorías, fijaron las zonas de cultivo autorizadas y desplazaron a los rematadores. El cambio no era menor. Suponía que la Corona asumía toda la maquinaria administrativa —guardas, comisionados, factores, contadores— pero se quedaba con la totalidad del margen entre el precio de compra al cultivador y el precio de venta al consumidor. Una apuesta borbónica típica: menos delegación, más recaudo, más control territorial.
Sobre esa estructura inicial actuó, cuatro años más tarde, la mano que la redefinió por completo. En 1778 llegó a Santa Fe el regente visitador Juan Francisco Gutiérrez de Piñeres, primer regente del Nuevo Reino de Granada, figura creada por la reforma borbónica para cumplir en este virreinato funciones análogas a las de los intendentes en otros territorios americanos. Traía instrucciones precisas de aumentar la recaudación, y las cumplió con una minuciosidad que rozó la obsesión. Reorganizó el estanco mediante ordenanzas detalladas que fijaron cuatro zonas de cultivo para todo el virreinato: Ambalema, en el valle del Alto Magdalena; Girón, en el actual Santander; Pore-Nunchía, en el piedemonte llanero de Casanare; y Palmira, en el valle del Cauca. Estableció seis administraciones y factorías de distribución, redactó normas técnicas para la elaboración y el empaque de la hoja, y montó un sistema de resguardos policiales encargados de vigilar el circuito completo desde la mata hasta el mostrador.
La lógica combinaba fisco y territorio en una sola operación. Al concentrar la producción en cuatro regiones autorizadas, el Estado podía inspeccionar cada cosecha, calcular con precisión las mermas y evitar la dispersión de siembras que hacía inviable el control. Al mismo tiempo, cartografiaba productivamente el virreinato: decidía qué comarcas tendrían derecho al cultivo comercial y cuáles quedarían excluidas. Y muchas quedaron excluidas. Pueblos que habían cultivado tabaco durante generaciones —especialmente en la región de Guanentá, en el actual Santander— fueron desautorizados. Los guardas del monopolio recibieron la orden de destruir todas las plantas sembradas fuera de las áreas permitidas y de arrestar a los violadores. En un país donde el tabaco era, para pequeños productores, cultivo de subsistencia y de renta modesta, la ordenanza equivalía a un desalojo económico.
Las provincias de Antioquia, Cartagena, Santa Marta y Mompox aparecían como territorios de distribución, no de producción: consumían tabaco venido de las cuatro zonas autorizadas, transportado bajo escolta y precio fijo. El monopolio así configurado dejó al virreinato dividido en un mapa binario: unos pocos distritos que podían cultivar legalmente, y un extenso resto obligado a comprar a precio de estanco lo que antes producía en sus solares.
El peso fiscal: por qué la Corona no podía soltar el tabaco
Para dimensionar la centralidad del estanco basta una cifra. En la última década del dominio colonial, entre aproximadamente 1800 y 1810, los ingresos totales de la Corona en la Nueva Granada promediaban 2,4 millones de pesos anuales. De ese monto, unos 770.000 pesos —un 32%— provenían de los estancos combinados de tabaco y aguardiente. Casi un tercio del fisco virreinal descansaba sobre dos monopolios de consumo popular. Ninguna otra renta —ni la alcabala, ni los diezmos, ni el quinto real sobre metales— alcanzaba peso comparable en la fase final del régimen.
La renta del aguardiente fue calificada por sucesivos virreyes como la más "útil y pingüe": Pedro Messía de la Zerda lo dijo en su relación de gobierno de 1772, Manuel Guirior repitió el elogio en 1776, y un tercer virrey lo confirmaba aún en 1789. El tabaco compartía ese pedestal. Las reformas borbónicas sobre ambas rentas produjeron un incremento sostenido de la recaudación entre 1760 y la década de 1790, y esta expansión fiscal se leía en las cifras agregadas del virreinato: la carga tributaria total pasó de representar cerca del 2,9% del producto en el primer quinquenio con registro sistemático a un 10,4% hacia 1800. Más que triplicarse en pocas décadas.
Y aun así, con todo ese esfuerzo, el fisco colonial no alcanzaba. Los ingresos apenas bastaban para sostener una burocracia mal pagada e ineficiente y para cubrir los cuantiosos gastos militares que el estado permanente de guerra europea y atlántica imponía a la monarquía española. El estanco del tabaco no era un lujo recaudador: era una pieza estructural sin la cual el edificio administrativo no se sostenía. De ahí su blindaje. Los Borbones no podían soltar el tabaco porque no tenían con qué reemplazarlo, y ese mismo cálculo, medio siglo más tarde, pesaría sobre los gobiernos republicanos.
El costo de esa dependencia fiscal fue político. Los estancos del tabaco y el aguardiente concentraron las mayores críticas de comerciantes y agricultores, que los consideraban la traba más grosera a la libertad de comercio y la expresión más nítida de la política monopolista española. La renta que sostenía a la Corona era, simultáneamente, el motivo más visible del descontento contra ella.
El giro Gutiérrez de Piñeres
Cuando el regente visitador llegó a Santa Fe a comienzos de 1778, la máquina fiscal borbónica en la Nueva Granada llevaba una década bajo administración directa pero no había sido exprimida al máximo. Gutiérrez de Piñeres se dedicó a exprimirla. Su gestión, comprimida en menos de tres años, produjo el paquete de medidas más agresivo del siglo XVIII en el virreinato. Restableció el impuesto de la Armada de Barlovento —gravamen colonial destinado a financiar la defensa del Caribe— y extendió la alcabala a productos antes exentos. Reorganizó por completo el estanco del tabaco mediante las ordenanzas que fijaron las cuatro zonas de cultivo. En mayo de 1780 tomó la decisión que cristalizó el conflicto: duplicó el precio al detalle del tabaco y del aguardiente. En agosto reforzó los controles administrativos —muy probablemente un sistema más estricto de guías y tornaguías para la circulación de la hoja— y, con ello, cerró el cerco sobre el contrabando.
El paquete tenía coherencia interna. Más gravámenes, más productos gravados, más precio en los estancos, más vigilancia sobre la circulación. Pero cayó sobre una sociedad ya tensada. En la región de Guanentá, donde el cultivo del tabaco había sido durante generaciones actividad económica relevante para pequeños productores, las nuevas restricciones al cultivo libre coincidieron con una epidemia de viruela que se cobró unas seis mil vidas y con episodios de escasez de alimentos. Los guardas del monopolio, autorizados a destruir plantaciones ilegales, recorrían los pueblos arrancando matas y encarcelando labradores. El estanco dejó de ser una abstracción fiscal y se convirtió en una presencia armada en los caminos.
La respuesta popular no esperó a 1781. En febrero de 1778, apenas iniciada la nueva fase, los habitantes de Mogotes expulsaron a los guardias del monopolio. Fue el primer aviso. Dos años y medio más tarde, en octubre de 1780, estallaron disturbios en Mogotes y Simacota. En diciembre del mismo año, Charalá se sumó. Los tres focos coincidían geográficamente en la comarca del Guanentá, y coincidían temporalmente con el efecto pleno de las medidas de mayo y agosto de 1780: duplicación de precios y refuerzo de controles. El estanco reorganizado por Gutiérrez de Piñeres estaba desmontando la economía campesina de una región entera, y esa región respondía pueblo por pueblo antes de que Manuela Beltrán rompiera cartel alguno.
Junto al tabaco había otro vector encendido: los controles sobre los hilados de algodón, que golpeaban a las artesanas tejedoras de una zona donde la especialización entre artesanía y agricultura era más avanzada que en el resto del virreinato. Guanentá no era una región de haciendas: era un tejido de cultivadores independientes, artesanos y pequeños comerciantes, y las medidas borbónicas atacaban simultáneamente sus dos actividades principales. El descontento se acumuló en capas.
El estallido de 1781
El 16 de marzo de 1781, en la plaza del Socorro, la vendedora Manuela Beltrán arrancó el edicto donde estaba fijado el impuesto de la Armada de Barlovento. Aquel gesto condensó el hartazgo de tres años y desencadenó la Revolución de los Comuneros. A la protesta se unieron criollos, mestizos e indígenas: la geografía social del Socorro y del Guanentá, mucho más plebeya y mercantil que la de las tierras de hacienda, permitió una alianza vertical que en otras regiones del virreinato habría sido impensable. Juan Francisco Berbeo asumió el mando; José Antonio Galán encabezó la vanguardia más radical.
El movimiento avanzó hacia Santa Fe con una velocidad que desconcertó al gobierno virreinal. Gutiérrez de Piñeres, principal blanco del odio popular, huyó de la capital hacia Cartagena, donde se encontraba el virrey Manuel Antonio Flórez. En Bogotá cundió el pánico: las fuerzas militares disponibles eran mínimas, y la Real Audiencia se encontró sin ejército con qué contener el avance comunero. La respuesta fue negociada. Se nombró una comisión encabezada por el arzobispo Antonio Caballero y Góngora para tratar con los rebeldes, y a comienzos de junio de 1781, en Zipaquirá, se firmaron las capitulaciones.
Las Capitulaciones de Zipaquirá recogieron el pliego completo del malestar borbónico. Entre sus artículos figuraban la reversión de las medidas fiscales más impopulares: ajustes al precio del aguardiente, modificaciones al impuesto de ventas y disposiciones sobre la Armada de Barlovento, la alcabala, la sal, el tabaco y el algodón. El pliego era, en efecto, el reverso exacto del programa de Gutiérrez de Piñeres. Firmado el acuerdo, la mayoría de los comuneros se dispersó satisfecha. Solo Galán rechazó las capitulaciones y persistió en la rebelión.
Las autoridades españolas nunca tuvieron intención de honrar lo firmado. Flórez alegó que las capitulaciones habían sido negociadas bajo amenaza de violencia y, tan pronto llegaron tropas desde Cartagena, la Real Audiencia las anuló formalmente. Galán fue apresado y ejecutado junto con otros cabecillas. La represión selló la victoria militar del régimen borbónico, pero no borró el precedente. Décadas más tarde, Francisco de Miranda esgrimiría el relato comunero ante las potencias extranjeras como prueba de que los suramericanos estaban maduros para la revolución contra España.
La lectura larga de 1781 exige matiz. El estanco del tabaco fue causa precipitante, no única. Actuó junto con la Armada de Barlovento, la alcabala extendida, los controles sobre hilados, la epidemia de viruela y la escasez alimentaria. Pero fue el vector que dio forma geográfica al conflicto: sin la reorganización del monopolio y la exclusión de Guanentá de las zonas autorizadas, no se explica por qué la insurrección brotó allí y no en otras provincias igualmente afectadas por los nuevos gravámenes. El tabaco fijó el mapa de la revuelta.
El programa ilustrado: Nariño, Vargas y la crítica criolla
Mientras las plazas del Guanentá ardían, en Santa Fe se articulaba una crítica de otra naturaleza. El 16 de noviembre de 1779 —apenas año y medio después de que Gutiérrez de Piñeres iniciara su gestión, y año y medio antes del estallido comunero— el joven Antonio Nariño presentó al virrey un plan de nueva administración para el virreinato. El documento describía un país cuyo comercio yacía lánguido y cuya población permanecía empobrecida pese a las riquezas naturales, y proponía un programa fiscal que era, punto por punto, la negación del edificio borbónico: supresión de los estancos de tabaco y aguardiente —con la conservación del monopolio de la sal por razones de utilidad común—, eliminación de las alcabalas internas, y sustitución del sistema por un impuesto directo de capitación igual para toda la población, incluida la indígena.
El plan de Nariño era, en 1779, un documento de sorprendente radicalidad. Anticipaba las categorías del liberalismo económico que solo florecerían décadas más tarde y ofrecía, por primera vez desde dentro de la élite criolla, una alternativa fiscal coherente al monopolio. No era una queja: era un proyecto de Estado. El documento existe, está fechado, y permite entender las tendencias políticas que desembocarían en el 20 de julio de 1810 con una precisión que la cronología heroica —empeñada en situar el pensamiento emancipador después de 1808— tardó en asimilar.
Pedro Fermín de Vargas trabajó una línea análoga, y en algunos aspectos más ambiciosa. Nacido en el propio Socorro en 1762, formado en la Universidad del Rosario y funcionario del virreinato antes de romper con la Corona, Vargas conocía por dentro tanto la maquinaria borbónica como la sociedad que ella pretendía administrar. Su Pensamientos políticos sobre la agricultura, el comercio y las minas del Virreinato de Santa Fe —redactado hacia 1789 y luego ampliado en el exilio— es un verdadero estudio de conjunto en sentido moderno: diagnóstico del estado social, análisis de la estructura agraria, propuestas sobre transportes, educación, tecnología agrícola y libertad de comercio. Vargas denunciaba el estanco no solo como injusticia fiscal sino como freno técnico: al confinar el cultivo a cuatro zonas, la Corona impedía la mejora de las variedades, la especialización regional y la incorporación de nuevos mercados. Su prosa mezclaba las categorías de la economía política ilustrada —fisiócratas franceses, Adam Smith leído a través de traductores españoles— con observaciones concretas de un funcionario que había recorrido caminos y factorías. Fugado del virreinato en 1791, pasó el resto de su vida en Londres y otros exilios, conspirando con Miranda y afinando un programa que la Nueva Granada solo empezaría a discutir después de 1810.
Nariño y Vargas encarnaban una crítica ilustrada criolla que se distinguía tanto de la queja plebeya de Guanentá como del acomodamiento notarial de la mayoría de la élite santafereña. Convertían el malestar en programa. El estanco del tabaco, para ellos, no era solo una injusticia contra los cultivadores del Socorro: era el ejemplo más nítido de una economía sometida a trabas artificiales, incapaz de aprovechar sus dotaciones naturales.
Este cruce entre insurrección popular y crítica ilustrada define el momento pre-independentista de la Nueva Granada. Los comuneros no tenían programa: tenían pliego. Los ilustrados criollos no tenían base social propia: tenían diagnóstico y proyecto. Ninguno de los dos, por separado, alcanzó a producir la independencia. Pero la memoria de las capitulaciones violadas y la circulación creciente de las críticas al monopolio prepararon, durante tres décadas, el terreno sobre el que caminarían las juntas de 1810.
La República que hereda el estanco
Consolidada la independencia hacia 1819, los nuevos gobernantes se encontraron con una paradoja incómoda. El estanco del tabaco había sido, durante décadas, símbolo por excelencia de la opresión colonial y objetivo declarado del ideario ilustrado. Y, sin embargo, era una de las pocas fuentes de ingresos que la República no podía darse el lujo de perder. En los primeros años, las juntas de gobierno eliminaron algunas rentas coloniales —el tributo de indios, el impuesto a los mazamorreros, el monopolio del aguardiente—, generando faltantes cuantiosos. El tabaco se conservó.
La divergencia con la vecina Venezuela fue nítida. La legislatura venezolana de 1834 suprimió el estanco del tabaco en consonancia con el espíritu liberal. La Nueva Granada tomó el camino contrario: mantuvo el monopolio bajo administración directa del gobierno. Dos años más tarde, en su mensaje a la legislatura granadina de 1836, el presidente Francisco de Paula Santander encareció explícitamente no suprimir el estanco. El argumento fue estrictamente fiscal: los gastos de la nación lo hacían indispensable, y no era practicable sustituirlo por otras contribuciones de rendimientos equivalentes. El general que había combatido al régimen español defendía ahora, con los mismos argumentos que un virrey borbónico, una de sus instituciones más características.
En los ministerios de Hacienda del período republicano temprano se repetía el mismo diagnóstico. Un secretario de la cartera, en memoria sobre el problema del estanco, reconoció la atonía productiva que el monopolio imponía a la renta pero se declaró contrario a suprimirlo: los impuestos alternativos, argumentó, serían poco productivos y acaso más gravosos que el existente. La lógica de la dependencia fiscal borbónica sobrevivió al cambio de régimen porque la ecuación estructural no había cambiado: un Estado pobre necesitaba una renta segura, y el tabaco la ofrecía.
Los perdedores eran los mismos de siempre. Los pequeños agricultores tabacaleros de Santander —herederos directos de los cultivadores excluidos por Gutiérrez de Piñeres— abogaban activamente por la supresión, porque el monopolio les impedía expandir su producción. La estructura administrativa borbónica seguía en pie, con sus factorías, sus guardas, sus zonas autorizadas. Solo había cambiado la bandera bajo la cual operaba.
La abolición de 1850 y el boom de Ambalema
La supresión llegó a mediados del siglo XIX, durante el gobierno de José Hilario López, en el marco de las reformas liberales coordinadas por el secretario de Hacienda Manuel Murillo Toro. El estanco cayó, junto con otros gravámenes coloniales, en una operación de desmonte del edificio fiscal heredado. La medida produjo una drástica disminución de los ingresos estatales, agravada por la simultánea cesión de rentas a las provincias mediante las leyes de descentralización fiscal de 1850 y 1851. El precio de la libertad económica, pagado en caja pública, fue alto.
Pero esta vez el sacrificio tenía sentido. Lo que hizo posible la abolición en 1850, y no antes, fue la aparición de un mercado externo capaz de sustituir la renta monopolista por una renta exportadora. Los descubrimientos auríferos de California y Australia habían iniciado el declive del oro como principal producto de exportación colombiano, y la clase comerciante buscaba con urgencia nuevas fuentes de divisas. El tabaco de Ambalema —la misma zona que Gutiérrez de Piñeres había fijado como una de las cuatro autorizadas setenta años antes— apareció como la respuesta.
Antes de la abolición, la producción total de las tres factorías principales —Ambalema, Girón y Palmira— no superaba los 35.000 quintales, destinados exclusivamente al consumo interior. Suprimido el estanco, capitales privados antioqueños tomaron el control del sector, especialmente a través de compañías como Montoya y Sáenz, y reactivaron Ambalema como distrito exportador. El tabaco colombiano empezó a viajar por el Magdalena hacia Cartagena, y desde allí a Londres primero y a Bremen después, donde se redistribuía a los consumidores europeos. El ciclo se extendió entre 1846 y 1857 en su fase de despegue, y como boom pleno hasta aproximadamente 1875. Durante ese cuarto de siglo, el tabaco fue una de las exportaciones más prometedoras de Colombia y contribuyó decisivamente a consolidar la navegación a vapor por el Magdalena, al proveer carga en el trayecto de bajada que antes se hacía casi vacío.
La infraestructura administrativa borbónica —el mapa de las cuatro zonas, las factorías, los circuitos de comercialización— no fue destruida por la independencia ni por la abolición: fue heredada, adaptada y puesta al servicio de la exportación. Ambalema exportadora nació sobre el molde de Ambalema estancada. El Estado borbónico, sin proponérselo, había cartografiado el sector que la República liberal comercializaría al mundo.
El auge no duró. Hacia 1870 el tabaco colombiano ya era considerado "de tercera" en Bremen. La caída de calidad tenía raíces técnicas y socioeconómicas: prácticas fraudulentas como la sustitución nocturna de tabaco de calidad por "carola" en los atados —para que los comisionados no encontraran merma en peso al día siguiente— apuntaban a las tensiones entre terratenientes y aparceros que caracterizaban el modelo productivo. Durante la depresión, los propietarios intentaron descargar las pérdidas sobre sus aparceros e impedirles la libertad de venta; los cosecheros respondieron mediante el contrabando, sacando el tabaco de noche para venderlo al otro lado del río, donde contrabandistas conocidos como "cheseros" disponían de caneyes para comprarlo y secarlo. El colapso de precios de 1875 acabó con la industria de exportación. La aventura tabacalera colombiana duró, en su fase alta, apenas una generación.
Geografías y memorias
El estanco dejó huella en los mapas económicos regionales del país, y esa huella sobrevivió al monopolio que la había trazado. Santander conservó la impronta de los cultivadores independientes de tabaco y café, con artesanas tejedoras, una especialización mayor entre agricultura y artesanía, y una densidad urbana reactivada desde finales del siglo XVIII sobre la cordillera oriental. La región que Gutiérrez de Piñeres había excluido de las zonas autorizadas terminó configurando, precisamente por esa exclusión, un modelo productivo distinto: pequeño propietario, artesanía doméstica, mercados locales densos, ausencia relativa de latifundio. La geografía social que hizo posible la Revolución Comunera no fue coyuntural: fue una estructura que se prolongó en el siglo siguiente y modeló la política santandereana hasta bien entrado el siglo XX.
Tolima, en cambio, se estructuró en torno a las haciendas ganaderas y las explotaciones tabacaleras de Ambalema, significativas hasta mediados de la década de 1870. La lógica productiva era la inversa a la santandereana: grandes propiedades, mano de obra aparcera, dependencia de mercados externos y de capitales antioqueños. Cuando el boom se desplomó en 1875, la región quedó sin la base campesina densa que en Santander había amortiguado las crisis. Los aparceros de Ambalema, sin tierra propia y sin ahorro acumulado, quedaron a merced de terratenientes que a su vez enfrentaban la caída de precios internacionales. La factoría borbónica había fundado una economía que la exportación republicana amplificó y que el colapso de precios dejó desnuda.
En las sabanas de Bolívar, el alto Sinú y el San Jorge, la libre exportación del tabaco y de productos selváticos se articuló con una tendencia hacia el jornaleo —remunerado o endeudado— que descompuso formas comunitarias de tenencia de la tierra y valores tradicionales del campesinado. La liberalización del comercio actuó allí como agente disolvente: donde el estanco había cerrado producción, la libertad exportadora abrió trabajo asalariado precario. El monopolio primero, y su abolición después, esculpieron economías regionales que llegarían muy adentrado el siglo XX con perfiles reconocibles todavía hoy en el mapa productivo colombiano.
En la memoria política, el estanco quedó asociado a dos episodios contradictorios que la historiografía colombiana no siempre supo integrar. Por un lado, la Revolución Comunera de 1781, con su gesta plebeya, sus capitulaciones traicionadas y el cuerpo ejecutado de José Antonio Galán como emblema republicano temprano de resistencia contra el monopolio. Galán entró en el panteón de los mártires precursores, y las Capitulaciones de Zipaquirá se leyeron durante el siglo XIX como un pliego proto-independentista, aunque su letra no reclamaba la separación de España sino la reversión de las medidas borbónicas.
Por otro lado, la persistencia del estanco bajo la República durante casi cuatro décadas, defendido por Santander y por sucesivos secretarios de Hacienda con los mismos argumentos fiscales que habían usado los virreyes. Colombia heredó el monopolio como heredó tantas otras instituciones coloniales: no por lealtad ideológica, sino porque el Estado independiente carecía de recursos para hacer otra cosa. Los mismos hombres que celebraban a Galán como precursor firmaban ordenanzas que un cultivador de Charalá habría reconocido, sin dificultad, como continuación del edificio contra el que sus abuelos se habían alzado.
La abolición de 1850, cuando finalmente llegó, no resolvió la contradicción de fondo entre las necesidades fiscales del Estado y la libertad productiva de los cultivadores. Solo la desplazó. La renta que el estanco proveía se sustituyó por la ilusión de una renta exportadora que, al colapsar en 1875, dejó al fisco colombiano de nuevo huérfano y a los aparceros de Ambalema de nuevo desprotegidos frente a los terratenientes. La aventura tabacalera fue un paréntesis luminoso entre dos formas de precariedad, y el país tardaría décadas en encontrar en el café la renta exportadora estable que ni el estanco ni el tabaco exportado supieron proveer.
El monopolio borbónico logró triplicar la carga tributaria del virreinato en unas décadas y financió la maquinaria estatal con una eficacia que ningún régimen posterior alcanzó de inmediato. Pero esa eficacia se pagó al contado en 1781 y en cuotas durante décadas: la insurrección comunera, la crítica ilustrada de Nariño y Vargas, el desprestigio del orden colonial ante las élites criollas y la generación de un imaginario de agravio que Miranda supo capitalizar ante las cortes europeas. La hoja seca prensada en atado, que había financiado guarniciones y sueldos, financió también —sin proponérselo— la primera imaginación política de un país distinto.
En el archivo
2 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
01Colonia1600–17801
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01Juan Francisco Gutiérrez de Piñeres — reorganizó totalmente el estanco en 1778 y duplicó sus precios en 1780, actuando como causa precipitante de la Revolución Comunera
- 02Revolución Comunera de 1781 — el endurecimiento del monopolio y la exclusión de Guanentá de las zonas de cultivo fueron el detonante geográfico y social del levantamiento
- 03Manuela Beltrán — su acto de romper el edicto fiscal en El Socorro el 16 de marzo de 1781 simbolizó el hartazgo acumulado por las medidas del estanco
- 04Antonio Nariño — propuso en 1779 la supresión explícita del estanco del tabaco y del aguardiente como parte de su plan ilustrado de reforma administrativa
- 05Antonio Caballero y Góngora — negoció las Capitulaciones de Zipaquirá que incluían la reversión de medidas sobre el tabaco; fue luego nombrado virrey
- 06Reformas borbónicas — el estanco fue el instrumento central del proyecto fiscal borbónico en la Nueva Granada, cuya carga tributaria pasó del 2,9% al 10,4% del producto entre mediados del siglo XVIII y 1800
- 07Región de Guanentá (Santander) — zona más afectada por la exclusión de cultivos, donde se concentraron los disturbios de 1778-1780 previos al estallido comunero
- 08José Mesa Armero — primer rematador conocido del estanco, comerciante de Honda que pagó 50.000 pesos anuales bajo el sistema de administración privada
Personas
Lugares
Ideas
Documentos y fragmentos citados
34 documentos · 58 fragmentos
01Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 139, 145, 1983 citas
[1]distribución en las provincias de Antioquia, Cartagena, Santa Marta y Mompox. El primer rematador de la renta fue el comerciante de Honda José Mesa Armero, quien pagó por ella la suma de 50.000 pesos anuales. Este sistema de administración privada duró hasta 1774, cuando el virrey Solís estableció la administración…
p. 145
[6]de exportación del palo de tinte y el de la quina, de corta duración. Estos estancos o monopolios, especialmente el de aguardientes y tabaco, fueron el blanco de las mayores críticas, porque restaban campos de actividad a comerciantes y agricultores, que estaban en capacidad de hacer inversiones y explotar por su…
p. 139
[32]en nuevo capital, en un permanente círculo vicioso. Es importante anotar que, pese a que la contabilidad mostró superávit en algunos años, este no era más que un espejismo, que ocultaba la postergación de los pagos de la deuda pública y los gastos irrisorios en nuevos proyectos de desarrollo económico. Teniendo en…
p. 198
02Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 122, 124, 1263 citas
[2]n te las restricciones, destruían todas las plantas de tabaco sem bra das fuera de las áreas perm itidas y arrestaban y encarcelaban a los violadores. Todo ello ocurría en una época de escasez de alim entos y epidem ia de viruela en la región de G uanentá, cuando, según se dice, m urieron allí unas seis mil personas.…
p. 124
[18]Pero esta reacción antiespañola iba m ás allá de la m era defensa de los intereses de los criollos de clase alta. En los distritos com uneros, incluso m ulatos pobres q u e no eran can d id ato s potenciales para la burocracia colonial expresaron su resentim iento contra los funcionarios españoles, a quienes tilda ban…
p. 126
[51]en las ciencias n atu rales tam bién debió facilitar la introducción d e las ideas políticas de la Ilustración. Esto es difícil de com probar puesto q u e fue peligroso para las elites criollas ap o y ar públicam ente las ideas revolucionarias. Sin em bargo, p u ed e establecerse q u e los escritos bási cos de la…
p. 122
03Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 2311 cita
[3]Nueva Gr nada. Nace José María del Castillo y Rada en Car- tagena. Se establece la imprenta en esta ciudad. Construcción de la catedral de Santa Marta, según trazas de Juan Cayetano Chacón. 1777 Muere el ex presidente Rafael Eslava en Santa- fé. Venta de resguardos en Popayán. Primer intento de organización gremial de…
p. 231
04Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 84, 872 citas
[4]a poco el n ú mero de espa ñ oles en los principales cargos, en particular al mando de tropas, como los gobernadores, que ya para 1794 eran casi todos espa ñ oles. Los cabildos, con regidores que casi siempre compraban sus puestos, siguieron en manos de los crio llos, a pesar de algunos intentos de los virreyes de…
p. 84
[14]pesinos y comerciantes arrancaron los avisos de las nuevas reglas de impuestos. Las protestas crecieron con rapidez y poco a poco fueron incorporando a los notables locales de todo el oriente y se extendie ron a los llanos orientales. En decenas de pueblos se formaron gru pos de gente del “ com ú n ” que se un í an y…
p. 87
05Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 651 cita
[5]0,72 1,21 2,74 2,5 Impuesto/pib 2,9 % 4,7 % 10,4 % 8,4 % Fuentes: para los promedios de los quinquenios entre 1761 y 1800 en Meisel (2004); para 1810, Jaramillo, (1987) —cuenta fiscal que está posiblemente incompleta—. Los ingresos de la Corona en la última década de su dominación alcanzaron en promedio la suma de 2,…
p. 65
06Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 1481 cita
[7]cabeceras de las administraciones generales. El establecimien- to del monopolio directo se dio de forma gradual, y entre tanto se permitió la coexistencia de los métodos anteriores, el de arrendamiento y el de asiento por remate del estanco de aguardiente. Las diversas reformas de la renta del aguardiente fueron…
p. 148
07Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 1781 cita
[8]sustitución de él y en cierta forma para llenar sus funciones, para el Nuevo Reino, bajo Carlos III se creó la institución de la Regencia. En la Real Orden del 25 de marzo de 1783, dirigida a la Audiencia de Quito, con motivo de la lle- gada del regente para ese territorio, se acompa- ñaba la Ordenanza de Intendentes…
p. 178
08Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 360, 3672 citas
[9]llegada del regente para ese territorio, se acompa ñ aba la Ordenanza de Intendentes del R í o de la Plata "para que se adapte en lo que fuere adaptable ”, lo que indica que el prop ó sito de la Corona al establecer los regentes era obtener de su gesti ó n los resultados que esperaba de los intendentes en otros…
p. 360
[24]os é M ar í a V ergara y V ergara, Bogot á, 1945. 52 P edro F erm í n de V argas, Pensamientos pol í ticos y memoria sobre la poblaci ó n en el Nuevo Reino de Granada, Bogot á. 1944. El plan de Nari ñ o, que es el m á s expl í cito y el que posee m á s car á cter administrativo, podr í a sintetizarse as í: a) Supresi…
p. 367
09Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 2351 cita
[10]deseo de participación política. En 1752, en 1764 y en 1767 se realizaron motines contra la corona; y en 1779 una sublevación de 1.000 indígenas. Se incrementaron o crearon impuestos para alimentar la guerra de España contra Inglaterra. Al Regente Visitador Juan Francisco Gutiérrez de Piñeres, le correspondió ejecutar…
p. 235
10Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 85, 95, 1473 citas
[11]el rey, pero no queremos pagar la Armada de Barlovento!» El alcalde prometió que participaría al cabildo sobre los reclamos de los reunidos para informar al visitador. La muchedumbre no le prestó aten- ción y una vendedora de la plaza, Manuela Bel- trán, rompió el edicto donde se hallaba fijado el impuesto. Como…
p. 95
[31]] general José Hilario López (1798-1869) fue elegido presidente de la Nueva Gra- nada, tras una tormentosa sesión del Congreso el 7 de marzo de 1849, para el período 1848- 1853. Durante su mandato, y bajo la coordinación del secretario de Hacienda, Manuel Murillo Toro (1816-1880), se concretaron bue- na parte de las…
p. 147
[52]E 329 Sin embargo, las reformas no sólo tuvieron ese carácter, sino que también pretendieron solucionar los problemas de una sociedad que, como la neogranadina, acusó grandes cambios en el siglo XVII, cuando la población creció rápida- mente, el elemento mestizo pasó a ser el grupo mayoritario de la po- blación, se…
p. 85
11Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · p. 2071 cita
[12]la escena. E! gesto de Manuela Beltran comunico su propia audacia a la ira contenida de la multitud y millares de gentes hicieron sentir, entonces, el terrible poder de un pueblo enfurecido. »Los almacenes de los estancos fueron asaltados; los funcionarios perseguidos por las calles y sus casas convertidas en objeto…
p. 207
12Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 53, 752 citas
[13]las relaciones comerciales de sus colonias. La población nativa de Colombia probablemente nunca había gozado de mejores condiciones que las existentes al finalizar la prime- ra mitad del periodo borbónico, pues su población iba en aumento y todos los viajeros de la época dan cuenta de su nivel de vida modesto pero…
p. 53
[23]co y del capitalismo de la libre empresa. A Inglaterra le siguió rápi- damente Francia en la senda de la revolución industrial. Los Estados Unidos, en donde la analogía a sus propias preocupaciones (de las antiguas colonias españolas) siempre pareció más fuerte, se precipi- taron a una situación de potencia mundial en…
p. 75
13The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 1991 cita
[15]stipends. Attentive to such misery, then, the total and annual contribution for the Indians shall remain at four pesos, and at two pesos for the mulattoes; priests shall not charge for rights or gratuities on baptisms, burials or weddings, nor require them to name an official for their holy days; if no participant…
p. 199
1430 hechos que cambiaron la historia de ColombiaRafael Pardo Rueda · 2022 · p. 13, 262 citas
[16]se inició el retorno de los comuneros a sus pueblos. Berbeo fue nombrado corregidor, con un sueldo anual de mil pesos. José Antonio Galán no aceptó las negociaciones, pues le parecía que habían sido aprobadas muy rápido. El tiempo acabó por darle la razón. El virrey, que estaba en Cartagena para prevenir un ataque de…
p. 13
[17]aprobación sea sin ambigüedad. Campamento de guerra en territorio de Zipaquirá, 5 de junio de 1781. M.P.S. Puesto a los pies de V.A. El más rendido vasallo, JUAN FRANCISCO BERBEO. (Estas Capitulaciones fueron redactadas por don Agustín Justo de Medina y don Juán Bautista de Vargas, Delegados de la ciudad de Tunja. Al…
p. 26
15Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 441 cita
[19]estimó que cerca de cuatro mil personas avanzaban hacia la capital. Cuando llegaban a la actual ciudad de Zipaquirá, el arzobispo español Antonio Caballero y Góngora (designado para negociar la pacificación de la rebelión) se reúne con los líderes del movimiento, siendo el principal Juan Francisco Berbeo; es ahí que…
p. 44
16Peregrinación de AlphaManuel Ancízar · 2016 · p. 2201 cita
[20]a los principales jefes o capitanes de los comunes, dándoles a entender su comisión, y que los oirían gratos luego que les avisaran el paraje de la reunión. «Mas como la principal fermentación estaba dentro de la capital, donde se cree que formaron los pasquines, y se comunicaban frecuentemente los avisos al cuerpo de…
p. 220
17Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · p. 51, 4122 citas
[21]el siguiente mes de marzo estaba listo el expediente para su entrega. Todos esos documentos fueron escritos en español, la única lengua en que escribía correctamente el general, con una traducción inglesa anexa, y los cálculos fueron hechos con la mejor información que recibió, si bien la parte esencial la recogió…
p. 51
[29]tendría utilidad alguna, pues llevar este producto de una provincia a otra, o al extranjero, solo produciría pérdidas a quien se dedicara a esta especulación. 196 Adicionalmente, las rentas de este género proveían al sostenimiento de las escuelas parroquiales y a otros fondos comuna - les. La Legislatura venezolana de…
p. 412
18Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · p. 347, 355, 6003 citas
[22]y del Ciudadano, representa la Revolución colombiana, el 20 de julio de 1810. Ya en una época muy anterior había Nariño explicado una crí- tica revolucionaria de la economía colonial. La hizo en el plan de una nueva administración para el virreinato que presentó al virrey el 16 de noviembre de 1779. El citado plan es…
p. 600
[26]el problema fiscal del estanco del tabaco. Dice así: «El estanco de tabaco debe subsistir, porque es una contribución antigua con la cual está contenta la generalidad, porque no grava un objeto de primera necesidad, y porque si se quitase sería necesa- rio recurrir a otros impuestos, que, por ser nuevos, serían poco…
p. 355
[28]talleres a raíz del mayor desarrollo económico de la Nueva Granada. La esclavitud, 348 Línd Eiíceir Nnstr Aetstc en consecuencia, es eliminada. Los campesinos desean extender sus pequeñas propiedades, y más tarde la expro- piación de las propiedades religiosas lanzará a la circulación inmensas extensiones de tierra,…
p. 347
19Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 239, 245, 3243 citas
[25]suprimidos muchos gravámenes que entrababan el desarrollo de las fuerzas productivas. En el capítulo referente a los impuestos en la Colonia, vimos cómo estos eran grandes en número, no tenían una finalidad concreta y solo frenaban el desarrollo del comercio. Como expresión franca del sistema colonial, fueron atacados…
p. 245
[27]en la región de Santander, abogaban por la supresión del estanco del tabaco que les impedía la expansión de la producción, y secundaban también las reformas fiscales, en especial la abolición del diezmo eclesiástico que pesaba duramente sobre ellos. Los terratenientes, por el contrario, eran los partidarios del statu…
p. 239
[35]y regiones aledañas, en el Carmen de Bolívar y en Palmira, fueron habilitadas para su cultivo. El desarrollo de la producción de tabaco con destino a la exportación debe explicarse en condiciones históricas muy concretas. Precisamente en la década del cincuenta, la rica y gran producción de oro de California y…
p. 324
20Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 379, 4072 citas
[30]de estados—, en su conjunto, pasaba del millón y cuarto, al paso que las rentas efectivas de la nación estaban bastante por debajo de los dos millones 432. 431 Leyes de 20 de abril de 1850 y de 1.º de junio de 1851, «sobre des- centralización de rentas y gastos». A esta operación había prece- dido la reorganización de…
p. 379
[37]estructura general. Ni esta ni la anterior tuvieron aplicación práctica, por la guerra civil que terminó con la entrada de Mos- quera a Bogotá el 18 de julio de 1861, y la suplantación del Gobierno legítimo. * Los derechos secundarios no fueron particularmente gra- vosos durante este periodo, no contando como tales…
p. 407
21Notas de viaje: Colombia y Estados Unidos de AméricaSalvador Camacho Roldán · 2017 · p. 91, 2252 citas
[33]de 200 toneladas y podían llevar de 800 a 1. 000 cargas en cada viaje. La Compañía de Cartagena necesitaba invertir una parte de su capital en trabajos para mejorar el canal del Dique, y probablemente por esta causa, sólo hasta 1859 introdujo a las aguas de este el pequeño vapor Calamar, cuya capacidad no excedía de…
p. 225
[47]Nevada; y al occidente, el Sinú, úl- timo desagüe de la Cordillera Occidental. 93 § Capítulo vii El valle del Alto Magdalena Recursos naturales — Productos de la paja nacuma — El cacao — El tabaco — Concentración de la propiedad del suelo — El vicio de la embriaguez — Las minas de oro y plata — La mesa central de…
p. 91
22Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · p. 871 cita
[34]como el mazamorreo, 0 con otras mas avan- zadas, como las empleadas en El Zancudo. El tabaco, 1850-1875 Las inversiones antioquefias, a través de Mon- toya y Saenz y de otros capitalistas, fueron decisivas en la reactivacién de la colonia Ambalema como primer productor de tabaco en las condiciones de la gradual…
p. 87
23Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 16, 182 citas
[36]paso al capitalismo se inició, en- tonces, con la reconstrucción de las relaciones mercantiles en función del comercio internacio- nal; la lenta integración de las elites regionales; el aislamiento relativo de los mercados; la difícil consolidación de un Estado Nación capaz de ofre- cer una legislación aduanera…
p. 18
[55]entre las colonias y la metrópoli, desarrollar nuevas técnicas para la producción y el control del exce- dente exportado y, al mismo tiempo, fortalecer el Estado. Sin embargo, España prohibía la producción de textiles que podían competir con sus mercancías y continuó ejerciendo control sobre la producción y sobre los…
p. 16
24Historia doble de la Costa. Tomo 2: El Presidente NietoOrlando Fals Borda · 2002 · p. 2161 cita
[38]de 1848). Claro que ya se venía explotando por parti- culares (Montoya, Sáenz y Cía. conectada con una compañía inglesa) y su fomento había crecido en la región de Ambalema y Alto Magdalena (Luis F. Sierra, E l tabaco en la economía colombiana d e l siglo XIX, Bogotá, 1971, 42). El tabaco bajaba en barcos por el…
p. 216
25Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · p. 4241 cita
[39]sp r e c i o s d e l tabaco en e le x t e r i o r,l af a b r i c ade Girón t e n í a una d e s v e n t a j aimportante con r e s p e c t oal adeAmbalema, que e r al o smayores c o s t o sde t r a n s p o r t e:h a c i a 1850, cos t a b a$ 3,50 moverla c a r g a detabacodesdeAmbalema,puerto sobree lMagdalena,ha s t…
p. 424
26Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 62, 79, 1506 citas
[40]tabaco, cuando bajaron los precios y también los vo- lúmenes exportados, los terratenientes intentaron descargar la depresión en sus aparceros. Estos se defendían contrabandeando, lo que siempre constituyó un problema para los terratenientes, que perseguían impedir la libertad de venta. Refiriéndose nue- vamente al…
p. 150
[41]tabaco, cuando bajaron los precios y también los vo- lúmenes exportados, los terratenientes intentaron descargar la depresión en sus aparceros. Estos se defendían contrabandeando, lo que siempre constituyó un problema para los terratenientes, que perseguían impedir la libertad de venta. Refiriéndose nue- vamente al…
p. 150
[42]las demás provincias donde no hay este auxilio, la po- blación se reduce a unos pocos labradores, cuyos frutos se invierten en su propia manutención ". 91 Efectivamente, la división del trabajo en Santander era mayor que en el resto del territorio del virreinato: había una especiali- zación incipiente entre artesanía…
p. 62
[43]las demás provincias donde no hay este auxilio, la po- blación se reduce a unos pocos labradores, cuyos frutos se invierten en su propia manutención ". 91 Efectivamente, la división del trabajo en Santander era mayor que en el resto del territorio del virreinato: había una especiali- zación incipiente entre artesanía…
p. 62
[57]la misma metrópoli. Si ella quería beneficiarse de la situación debía permitir el intercambio sin cortapisas de la creciente pro- ducción de virreinatos y capitanías. La liberación del comercio entre España y América obedeció a consideraciones similares. La rebaja general de aranceles pro- mulgada en 1776 cuadruplicó…
p. 79
[58]la misma metrópoli. Si ella quería beneficiarse de la situación debía permitir el intercambio sin cortapisas de la creciente pro- ducción de virreinatos y capitanías. La liberación del comercio entre España y América obedeció a consideraciones similares. La rebaja general de aranceles pro- mulgada en 1776 cuadruplicó…
p. 79
27El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 1091 cita
[44]ellos, los campesinos. EL COMERCIO EXTERNO Y EL DINAMISMO REGIONAL Por supuesto que una crisis prolongada de las exportaciones contribuye a dislocar la vida cotidiana y a desorganizar las pautas sociales de una región muy especializada en producir para el mercado externo. Es la historia de muchas comarcas productoras…
p. 109
28Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 1701 cita
[45]por Cundinamarca, Boyacá, Santander y Tolima, este último integrado comercialmente con los demás. En Cun- dinamarca y Boyacá predominaron las haciendas agríco- las y ganaderas, que emplearon una considerable pobla- ción indígena bajo relaciones principalmente serviles; Tolima sobresalió por sus haciendas ganaderas y…
p. 170
29Rugidos entre los Andes: una historia del jaguar en la región andina (1820-1910)José Arturo Jiménez Viña · 2015 · p. 791 cita
[46]medio de un esquema de sub-regiones, presentamos un bosquejo de como estos lugares de “frontera” asociados a poblaciones de jaguares fueron ocupados a lo largo de nuestro periodo de estudio. 218 Esteban Payán, Comunicación personal. 18 de marzo de 2014 80 Figura No. 9 Mapa de fundaciones en la Región Andina (Siglo…
p. 79
30Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 281 cita
[48]neivano era descrito como un tipo fruto de la diversidad productiva, las descripciones sobre los habitantes del Estado y del departamento del Tolima se concentraron en señalar un tipo dedicado a la agricultura y a la ganadería. La cría de ganados y caballos y el cultivo de cacao, de tabaco y, más adelante en forma…
p. 28
31Historia doble de la Costa. Tomo 4: Retorno a la tierraOrlando Fals Borda · 2002 · p. 1701 cita
[49]llegando a descomponer buena parte de los estamentos campesinos y a desplazar o sustituir técnicas agríco- las, formas comunitarias de tenencia de la tierra y diversos valores tradicionales. La tendencia en nuestra región fue marcándose hacia el predominio del jornaleo (remunerado o endeudado) en el campo, es decir,…
p. 170
32Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 361 cita
[50]Santander, palos de tinte en la costa Atlántica, y caucho en el Caquetá, Vichada y Putumayo y en me - nor escala en To lima. Pero por su base demográfica y por su im- pacto en definir las grandes regiones colombianas del siglo xx, las colonizaciones decisivas habrían de ser las del café, muy identifi- cadas con el…
p. 36
33Pensar el siglo XIX. Cultura, biopolítica y modernidad en ColombiaSantiago Castro-Gómez (ed.) · 2004 · p. 10, 632 citas
[53]Buitrago 'Yo diré siempre con un filósofo piadoso que más me gusta Keaumur observando las polillas y dándonos remedios para poner a cubierto nuestras telas de la voracidad de estos insectos, que Leibni^ creando mundos" Francisco José de Caldas En el presente texto, haciendo uso de algunos conceptos desarrollados por…
p. 10
[56]Todo"; en otras palabras, asume la tarea de ejercer un control racionalmente fundado sobre las riquezas, el territorio y la población a su cargo, con el fin de fomentar el desarrollo económico del imperio. Semejante tarea conllevaba, por supuesto, la estatatización de ámbitos que hasta ese momento habían estado bajo…
p. 63
34El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · p. 1901 cita
[54]«… no debe guardar el juramento cuando por algún nuevo evento im - premeditado puede venir un peor mal. Si el juramento puede ser contra la salud, es indebido, no tiene fuerza para obligar, como acto que cae sobre indebida materia» 124. Tan claro era el sentido antiabsolutista de esa tradi- ción, que durante el…
p. 190