Manuel Antonio Flórez
Colonia
N. 1723
La biografía
Fue el virrey que gobernó la Nueva Granada desde Cartagena mientras Bogotá ardía. Manuel Antonio Flórez Maldonado Martínez de Angulo y Bodquín —marino de carrera, hombre de confianza de Carlos III, virrey de dos de los cuatro virreinatos americanos— encarna con nitidez la figura del alto funcionario borbónico de la segunda mitad del siglo XVIII: pragmático, fiscal antes que humanista, atento al Caribe antes que al altiplano. Su gobierno neogranadino (1776-1781) coincidió con la instalación del engranaje que hizo estallar la Rebelión de los Comuneros, y su decisión de improbar las Capitulaciones de Zipaquirá desde Cartagena selló el destino de José Antonio Galán y de la insurrección. Opacado por el brillo administrativo de Caballero y Góngora y por la energía polémica del regente Gutiérrez de Piñeres, apenas figura en el relato nacional. Leerlo bien obliga a mirar la maquinaria imperial antes del estallido: sin Flórez, ni la presión fiscal que precipitó la rebelión ni la represión que la clausuró se entienden del todo.
Línea de vida
- 1723
Nacimiento en Sevilla
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Nació en Sevilla hacia 1723, en el entorno de la Carrera de Indias, y se formó como oficial de la Real Armada borbónica, acumulando experiencia en navegación oceánica, defensa de puertos y operaciones en el Caribe.
- 1776
Nombramiento como virrey de Nueva Granada
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Carlos III y su ministro José de Gálvez lo designaron virrey de Nueva Granada, en el marco de la reorganización geopolítica del Imperio que ese mismo año erigió el Virreinato del Río de la Plata y reorganizó las provincias venezolanas como Intendencia de Ejército y Real Hacienda.
- 1778
Llegada del regente Gutiérrez de Piñeres
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Juan Francisco Gutiérrez de Piñeres fue nombrado regente visitador de Nueva Granada en 1778, durante el gobierno de Flórez, con el encargo de aumentar la recaudación. Restableció el impuesto de la armada de Barlovento, extendió la alcabala y reorganizó el estanco del tabaco, acumulando el combustible social que estallaría en 1781.
- 1778
Resolución del pleito de las quinas a favor de Mutis
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Cuando Sebastián López Ruiz solicitó al virrey el título de descubridor de las quinas del Nuevo Reino, Flórez resolvió el pleito a favor de José Celestino Mutis, en línea con la política científica de la Corona.
- 1781
Crisis comunera y desautorización de las Capitulaciones de Zipaquirá
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Durante la Rebelión de los Comuneros, Flórez se encontraba en Cartagena previniendo un ataque de corsarios ingleses. Tras la derrota de las tropas gubernamentales el 8 de mayo y la huida de Gutiérrez de Piñeres a Cartagena, Flórez recibió el texto de las Capitulaciones de Zipaquirá y las improbó, alegando que habían sido negociadas bajo amenaza de violencia y que por ello tenían un defecto incorregible.
- 1782
Ejecución de José Antonio Galán y cierre de la represión comunera
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La desautorización de las Capitulaciones, emitida cuando el ejército del Común ya se había dispersado, dejó sin respaldo a quienes continuaban la lucha. José Antonio Galán, que había rechazado las Capitulaciones y seguía en armas, fue apresado y ejecutado en Santafé el 1 de febrero de 1782. Su cuerpo fue descuartizado y sus partes expuestas en varias poblaciones.
El marino sevillano que llegó al virreinato
Sevilla, hacia 1723, seguía viviendo del rescoldo de la Carrera de Indias aunque el sistema atlántico ya se resquebrajaba: en ese decorado nació Manuel Antonio Flórez, y en él aprendió que el mar era también un oficio de Estado. Su carrera fue la de los oficiales de la Real Armada que los Borbones cultivaron con esmero tras el desastre de la Guerra de Sucesión: hombres formados en la navegación oceánica, en el arte del corso y en la defensa de puertos, familiarizados con Cádiz, con La Habana, con el ir y venir de convoyes escoltados y de guerras intermitentes con Inglaterra. En esa Armada reformada, Flórez ascendió por escalafón durante los años centrales del siglo, en operaciones que lo prepararon para las tareas de gobierno colonial que la Corona empezó a confiar a marinos experimentados. Las promociones no le llegaron por brillo cortesano ni por servicios científicos, sino por la paciente acumulación de mando en cubierta y de conocimiento del Caribe insular, esa geografía anfibia donde se decidía cada vez más el pulso imperial.
La elección de un oficial de marina para virrey no era casual en 1776. Carlos III y su ministro José de Gálvez rediseñaban el mapa administrativo del Imperio con lógica geopolítica: el Río de la Plata acababa de ser erigido en virreinato ese mismo año, y las provincias venezolanas quedaban reorganizadas primero como Intendencia de Ejército y Real Hacienda en diciembre de 1776 y al año siguiente bajo la nueva Capitanía General de Caracas, con jurisdicción de la Audiencia de Santo Domingo. El eje atlántico se estaba fortificando frente a la amenaza inglesa, y para gobernar Nueva Granada —cuya costa caribeña era la más vulnerable del dominio español en el norte de Sudamérica— la Corona quería a alguien que entendiera el mar. Flórez era ese hombre.
Una Nueva Granada entre reformas
La Nueva Granada que Flórez encontró al llegar en 1776 era una construcción institucional relativamente reciente y todavía inestable. El virreinato había sido erigido por primera vez en 1717 —las noticias llegaron a Cartagena en septiembre de 1719, y el Cabildo de la ciudad se apresuró a reclamar para sí la sede—, con Jorge de Villalonga como primer virrey nombrado en 1719. Aquella primera fundación resultó efímera: suprimida en 1724 tras el informe del propio Villalonga, que describió a Nueva Granada como la colonia más pobre del Imperio, sin la infraestructura para sostener el aparato virreinal. Antonio Manso Maldonado quedó como presidente. El virreinato fue restaurado décadas después y ya no volvió a suprimirse, pero la duda fundacional —si valía la pena, dónde debía tener su cabeza, quién debía mandar allí— seguía latente cuando Flórez tomó posesión.
Los cartageneros habían argumentado desde 1719 que la sede natural del virreinato era su ciudad, y no Santa Fe. El razonamiento del Cabildo de Cartagena era geopolítico: proponía incluir las provincias de Caracas, Cumaná, Margarita, Trinidad, La Española, Tierra Firme, Panamá y Veraguas, y sostenía que la primacía de Santa Fe respondía a razones demográficas de la Conquista que ya no eran las relevantes. El eje del nuevo virreinato, insistían, debía ser caribeño, porque era en el Caribe donde el Imperio se defendía o se perdía. La Corona no aceptó la propuesta, pero el argumento cartagenero era certero, y la práctica del gobierno virreinal terminaría dándole la razón parcial: sucesivos virreyes pasarían largos períodos en Cartagena, y Flórez llevaría esa costumbre al extremo.
Sobre esa estructura territorial, la maquinaria borbónica venía introduciendo cambios profundos desde mediados de siglo. En lugar del sistema de intendencias que se implantó en otros virreinatos, en Nueva Granada Carlos III creó la Regencia, una institución destinada a producir los mismos resultados fiscales y administrativos. El primer regente fue Juan Francisco Gutiérrez de Piñeres, nombrado regente visitador en 1778, en pleno gobierno de Flórez. La convivencia entre virrey y regente definiría todo lo que vino después.
Las reformas borbónicas habían aumentado la presencia de peninsulares en los cargos militares y de gobierno: hacia 1794 los gobernadores eran casi todos españoles, aunque los cabildos, cuyas regidurías se compraban, seguían mayoritariamente en manos criollas. La carga tributaria se había triplicado en pocas décadas, pasando del 2,9% del producto en el período previo a las reformas a rondar el 8,4% hacia 1800. En la última década colonial los ingresos de la Corona alcanzarían un promedio anual de 2,4 millones de pesos, y de esa cifra casi un tercio —unos 770.000— brotaría de los estancos de tabaco y aguardiente. Ese giro fiscal, más que cualquier otro rasgo, es la firma del reformismo borbónico en Nueva Granada, y Flórez lo administró en su fase de mayor intensidad.
El gobierno virreinal (1776-1781)
Flórez asumió el virreinato sucediendo a Manuel Guirior, cuyo gobierno había tenido rasgos ilustrados: había recibido, por ejemplo, la queja de José Celestino Mutis contra la ofensiva dominica que en 1774 anunciaba una disputa pública para atacar las doctrinas copernicanas y había denunciado al médico gaditano ante la Inquisición. La transición no fue de ruptura, pero sí de énfasis: donde Guirior había mostrado una sensibilidad universitaria y científica, Flórez volcó su atención hacia la fiscalidad, las rentas y la defensa. Era el perfil que Gálvez buscaba.
Los años centrales de su gobierno estuvieron dominados por la guerra con Inglaterra. España entró en el conflicto en 1779, aliada con Francia y con las Trece Colonias americanas en rebelión, y toda la costa caribeña de la Nueva Granada se convirtió de la noche a la mañana en frente potencial. Cartagena era la joya defensiva del Imperio en el continente sur, la plaza fortificada por excelencia, y protegerla se volvió obsesión virreinal. La razón por la que Flórez terminaría instalado en la ciudad durante meses enteros —incluida la crisis comunera de 1781— fue prevenir un ataque de corsarios ingleses. No era negligencia ni fuga de la capital: era la lógica militar de un virrey-marino que sabía dónde estaba el peligro real desde su formación en la Armada.
En materia de gobierno civil y económico, Flórez respaldó la política que llegaba desde Madrid a través de la Visita Regia. Gutiérrez de Piñeres fue nombrado regente visitador en 1778 con el encargo explícito de aumentar la recaudación. El regente actuó con celo administrativo notable y con escasa sensibilidad política: restableció el impuesto de la armada de Barlovento, extendió la alcabala a productos hasta entonces exentos y reorganizó el estanco del tabaco con minuciosa arquitectura. La reorganización siguió una lógica de embudo: se acotó la producción legal a cuatro zonas de cultivo autorizadas —Ambalema, Girón, Pore-Nunchía y Palmira—, se canalizó la distribución por seis administraciones y factorías, y se fijaron normas técnicas de elaboración y empaque hasta el último detalle. Un sistema de resguardos policiales vigilaba la comercialización, mientras que numerosos pueblos que antes cultivaban tabaco quedaron excluidos de la producción legal. La administración real, con la misma mano, bajó los precios de compra al campesino, subió los de venta al consumidor y persiguió como ilegales las siembras no autorizadas. El resultado combinado era previsible y, para las cuentas de la Corona, deseable: más ingresos, más rencor.
El estanco del aguardiente de caña venía de más lejos. Establecido por Real Cédula del 23 de septiembre de 1700, había pasado por una reorganización que permitió un aumento continuo de la recaudación entre 1760 y la década de 1790. La administración del estanco del tabaco había dado un salto decisivo en 1774, durante el gobierno de José Solís, cuando pasó del arrendamiento privado —el primer rematador había sido José Mesa Armero, comerciante de Honda que pagaba cincuenta mil pesos anuales— a la administración directa por las autoridades virreinales. En tiempos de Flórez, esa máquina fiscal directa alcanzó su punto más agresivo. En sentido contrario operaba el impuesto a la minería, reducido del quinto real inicial (20%) al 3% para fomentar la actividad, en la esperanza de que la prosperidad minera arrastrara al resto de la economía.
Flórez no fue el ideólogo de estas medidas, pero fue el marco institucional que las hizo posibles. El regente ejecutaba con autonomía operativa notable, pero lo hacía bajo la autoridad del virrey, y con el respaldo político que solo el virrey podía otorgar. Cuando el patriciado criollo protestó —cuando los curas doctrineros alertaron sobre la ruina de los pueblos tabacaleros, cuando los comerciantes se quejaron del asfixio del monopolio—, la respuesta virreinal fue de continuidad. La lógica de la guerra imperial contra Inglaterra pesaba más que las tensiones locales. En medio de ese esfuerzo recaudatorio, la política científica ocupaba también la mesa del virrey: cuando Sebastián López Ruiz, encargado por Real Orden de 1778 de recorrer las montañas del virreinato para estudiar los sitios donde crecían las quinas y la canela de los Andaquíes, solicitó el título de descubridor de las quinas del Nuevo Reino, Flórez resolvió el pleito a favor de Mutis, en línea con la política de la Corona que su sucesor Caballero y Góngora coronaría con la Expedición Botánica el 1 de abril de 1783.
La rebelión y las Capitulaciones
El 16 de marzo de 1781, la comerciante Manuela Beltrán arrancó en la oficina de impuestos de Socorro un bando que informaba sobre los nuevos tributos. Aquel gesto, hecho por una mujer en una villa del oriente neogranadino, es la fecha canónica del inicio de la Rebelión de los Comuneros. La chispa era el impuesto, pero el combustible se había ido acumulando durante años de reformas: aumento de alcabalas, restablecimiento de la armada de Barlovento, expropiación de las siembras de tabaco, arbitrariedad de los recaudadores, todo agravado por la coyuntura de la guerra con Inglaterra que obligaba a exprimir aún más al virreinato.
La rebelión se extendió con rapidez por Pamplona, Vélez, Cúcuta y decenas de pueblos del oriente y los llanos. Criollos, mestizos e indígenas convergieron en un ejército del Común que, hacia mayo, marchaba hacia Santa Fe. El 8 de mayo de 1781, unos 500 hombres comuneros derrotaron al norte de Tunja a las tropas gubernamentales enviadas a contenerlos. El pánico se apoderó de Bogotá. Gutiérrez de Piñeres, el regente cuyas medidas habían encendido el fuego, huyó de la capital rumbo a Cartagena, donde se encontraba el virrey Flórez.
Que el virrey estuviera en Cartagena y no en Bogotá cuando la rebelión estalló ha sido leído a veces como una anomalía o como una fuga. No lo era. Flórez estaba en la plaza fuerte del Caribe cumpliendo la tarea que la Corona esperaba de él: prevenir un ataque de corsarios ingleses en el contexto de la guerra internacional. La capital administrativa de la Nueva Granada era Santa Fe; la capital estratégica y militar era Cartagena. Un virrey-marino en tiempos de guerra imperial hacía lo que Flórez hizo. Que esa distancia lo dejara fuera del teatro central de la crisis interna fue la paradoja del cargo, no un descuido personal.
Ante el avance comunero, se organizó en la capital una comisión encabezada por el arzobispo de Santafé, Antonio Caballero y Góngora, que había ocupado la sede metropolitana desde 1779. La comisión negoció con los rebeldes en Zipaquirá y firmó unas capitulaciones que aceptaban las principales demandas: reducción de tributos, participación criolla, freno al celo de los recaudadores. Juan Francisco Berbeo, líder principal del movimiento en las negociaciones, aceptó los términos y desmovilizó al ejército del Común, que se dispersó satisfecho. Berbeo fue posteriormente nombrado corregidor con un sueldo anual de mil pesos: la cooptación de las cabezas moderadas de la rebelión estaba pactada desde el mismo texto de las capitulaciones.
El texto llegó a Cartagena. Flórez lo leyó y lo improbó. Su argumento fue jurídico y contundente: las Capitulaciones tenían un defecto incorregible, haber sido negociadas bajo amenaza de violencia. Un pacto extraído por la fuerza carece de validez. La doctrina era impecable en términos formales; la maniobra, también. El ejército comunero ya se había disuelto. Cuando la desautorización virreinal se hizo pública, el movimiento carecía de la fuerza militar para responder. Solo José Antonio Galán, que había rechazado las Capitulaciones desde el principio y había continuado la lucha armada por su cuenta, seguía en pie. Fue apresado y ejecutado en Santafé el 1 de febrero de 1782. Su cuerpo fue descuartizado y sus partes expuestas en Guaduas, El Socorro, Villa de San Gil, Charalá y Mogotes. La sentencia fue firmada, entre otros, por los auditores de Santa Fe, por el propio Berbeo en calidad de corregidor y por el arzobispo Caballero y Góngora, ya no como componedor sino como parte del aparato represivo.
La decisión de improbar las Capitulaciones fue de Flórez. La ejecución del reformismo fiscal había sido de Gutiérrez de Piñeres; la negociación y la posterior represión política, de Caballero y Góngora; pero el pivote de la crisis, el momento en que se decidió que no habría concesiones reales, fue la carta virreinal desde Cartagena. La distancia que aparentaba marginarlo en realidad lo protegía: Flórez podía anular unas capitulaciones firmadas a 800 kilómetros sin haber estado sujeto a la presión física de los rebeldes. Su ausencia del altiplano fue, en ese sentido, funcional al desenlace.
La sucesión y el legado neogranadino
Caballero y Góngora heredó el gobierno tras la salida de Flórez. La transición se produjo en el marco de la reordenación posterior a la crisis comunera: el arzobispo, que había firmado las Capitulaciones en un papel descrito como ingrato y de componedor, fue nombrado virrey por el rey de España. Su virreinato, prolongado durante buena parte de la década de 1780, estuvo marcado por el peso del legado que le dejó Flórez —la represión de la rebelión y sus consecuencias sociales— y por un impulso ilustrado que, entre otras iniciativas, puso en marcha la Expedición Botánica bajo dirección de Mutis el 1 de abril de 1783 y formuló un Plan de Estudios que promovía las ciencias útiles —química, botánica, mineralogía, medicina— sobre las materias especulativas. El plan no llegó a implementarse plenamente. Caballero y Góngora también viajó a Cartagena y Turbaco para vigilar tareas costeras y militares en el Darién, alejándose por momentos de Santa Fe, en un patrón que replicaba —quizá inevitablemente— el de su predecesor.
La huella neogranadina de Flórez es la de un virrey que no cambió el rumbo de la política imperial pero sí lo administró en su fase más crítica. Instaló la Regencia con Gutiérrez de Piñeres al frente, respaldó la reorganización del estanco del tabaco, mantuvo la extensión de las alcabalas, reforzó la plaza de Cartagena en tiempos de guerra y, cuando la presión acumulada estalló en rebelión, tomó la decisión de invalidar la negociación que hubiera aliviado la crisis. Que la memoria colombiana lo recuerde poco —su nombre no ha cristalizado como los de Solís o Caballero y Góngora, y comparece apenas en los márgenes de la gran historiografía costeña— habla más de las convenciones de un relato nacional que privilegia a los virreyes ilustrados y a los mártires populares que del peso real de su gobierno.
De Bogotá a México: el segundo virreinato
Flórez dejó la Nueva Granada tras el desenlace comunero. Su carrera no terminó ahí. Carlos III lo nombró años después virrey de Nueva España, el más rico y complejo de los dominios americanos, cargo que asumió en 1787 tras un período de virreyes de corta duración y que ejerció desde Ciudad de México hasta 1789. Aquel segundo virreinato coincidió con los últimos meses del reinado de Carlos III y los primeros del de Carlos IV, un momento de transición dinástica en el que la política reformista empezaba a perder su motor. Flórez gobernó una Nueva España que era, por sí sola, más rica que todos los demás dominios americanos juntos, con un aparato administrativo mucho más consolidado que el neogranadino y con una tradición virreinal de doscientos cincuenta años. En ese teatro, la impronta del sevillano fue moderada: continuó las políticas fiscales heredadas, atendió la defensa costera del Golfo y del Pacífico novohispano —tarea para la que su formación de marino lo predisponía— y no emprendió reformas de envergadura.
El escenario que le tocó administrar era, sin embargo, de una densidad institucional que el altiplano neogranadino no había conocido. La Ciudad de México reunía tribunales, gremios, universidad, consulado de comercio, colegios mineros y una burocracia fiscal ya rodada por el ciclo reformista de Gálvez y Revillagigedo padre. El virrey heredaba un aparato en marcha más que uno por construir, y su papel se acercaba al de un administrador que engrasa piezas ajenas. Flórez atendió las cuentas del real erario, mantuvo la vigilancia sobre las provincias internas del norte —un frente militar que en Nueva España se prolongaba tierra adentro más que hacia el mar—, ordenó despachos de armas hacia La Habana y sostuvo el ritmo de la Real Armada en Veracruz y San Blas. No hubo censo general, ni gran obra pública, ni política científica que llevara su nombre. Hubo continuidad, que era, en aquel momento de tránsito dinástico, la instrucción implícita de Madrid.
Su sucesor, Juan Vicente de Güemes, segundo conde de Revillagigedo, es una de las figuras señeras de la administración novohispana ilustrada, recordado por su padrón general de población, sus obras de urbanismo en la capital y su decidido impulso a las ciencias útiles. El contraste con el saliente es elocuente: donde Revillagigedo dejó censo, obra pública y política científica, Flórez dejó cuentas ordenadas y costas vigiladas. Que la Corona lo colocara en el virreinato más importante del Imperio confirma el aprecio madrileño por sus servicios en Nueva Granada; que su gestión novohispana haya dejado escasa huella marca también los límites de ese aprecio.
Regresó a España tras su gobierno mexicano y murió en 1799. Vivió lo suficiente para ver la crisis del sistema imperial que había servido —la Revolución Francesa, las guerras revolucionarias, el desmoronamiento del pacto colonial— pero no la explosión final de las independencias que sus propias políticas habían ayudado a preparar. Murió como uno más de los servidores del Imperio: honores, cargos, sin gloria propia.
La red y el sistema
La biografía de Flórez es inseparable de la red de figuras con las que compartió proyecto. Carlos III y su secretario de Indias José de Gálvez diseñaron desde Madrid la política que él ejecutó en Bogotá y en México; Gutiérrez de Piñeres fue su instrumento fiscal más filoso y también su mayor problema político; Caballero y Góngora, el arzobispo con quien colaboró durante la crisis comunera y el sucesor que heredó su legado. Mutis, protegido primero por Messía de la Cerda —quien lo había traído a la Nueva Granada como su médico en 1761—, mantuvo con Flórez la relación mesurada de un científico que sabe que su labor depende del favor virreinal. López Ruiz, en cambio, encontró en Flórez a un juez que no le dio la razón, en una rivalidad larga y ácida que llegó a poner en duda la legitimidad de los títulos médicos de su adversario ante la sospecha de que el Real Colegio de Cirugía de Cádiz formaba cirujanos latinos pero no médicos.
Alrededor de estos nombres se movía la trama densa de la administración colonial. Los oidores de la Audiencia de Santa Fe mantenían conflictos de competencia constantes con los virreyes, y su facción interna era proverbial: cada oidor veía en sus colegas rivales y se apoyaba en su propia clientela. Los cabildos criollos compraban regidurías y sostenían un poder local no institucionalizado. Los comerciantes de Honda y de Cartagena se disputaban los remates de rentas. Los curas doctrineros mediaban entre pueblos y burocracia. En los cuerpos militares de los puertos el número de oficiales criollos superaba, antes de 1800, al de los peninsulares, aunque en los grados superiores —el 80% en Venezuela hacia 1800— los españoles seguían dominando. Sobre ese tejido se superponía la política de ordenamiento territorial que Antonio de la Torre y Miranda, antiguo oficial naval español, había ejecutado entre 1774 y 1778 en la provincia de Cartagena, fundando y organizando comunidades para concentrar a los llamados arrochelados y consolidar el orden social y el control estatal. Flórez heredó esa política y la profundizó.
En Cartagena y en los puertos del virreinato existía una armonía relativa entre el ejército y el cuerpo civil, a diferencia de las tensiones que se registraban en Popayán y en Santa Fe. Esa habitabilidad caribeña del mando militar es también parte del contexto que hizo que Flórez se sintiera más cómodo en Cartagena que en el altiplano.
Balance: la bisagra invisible
Manuel Antonio Flórez no fue un virrey brillante. No dejó un plan de estudios, no impulsó una expedición científica con su nombre, no promulgó un cuerpo de ordenanzas memorable. Fue algo distinto y quizá más decisivo: el gozne sobre el que se articuló la fase de máxima presión del reformismo borbónico en la Nueva Granada. Instaló la Regencia, sostuvo al regente cuando sus medidas incendiaron el oriente, reforzó Cartagena en tiempos de guerra imperial y, desde esa plaza, tomó la decisión que clausuró la vía negociada con los comuneros y encaminó al movimiento hacia su desenlace represivo.
Es tentador reducir su papel a la ejecución obediente de órdenes venidas de Madrid, o distribuir la responsabilidad de la crisis entre Gutiérrez de Piñeres —el técnico impopular— y Caballero y Góngora —el negociador que después reprimió—. La distribución es correcta en lo operativo, pero deja fuera lo esencial: sin la cobertura virreinal, ninguno de los dos podría haber hecho lo que hizo. Flórez fue el marco, y el marco importa.
La otra lectura, la que reduciría la crisis comunera a fuerzas estructurales impersonales —la triplicación de la carga tributaria, la exclusión criolla de los cargos superiores, los monopolios que ahogaban a los campesinos—, también toca algo verdadero. Ningún virrey individual podía haber evitado la tensión de fondo entre las exigencias fiscales del Imperio en guerra y la capacidad tributaria real de una colonia que Villalonga, sesenta años antes, había descrito como la más pobre del dominio español. Flórez heredó una contradicción que lo excedía. Pero heredarla no lo eximió de decidir dentro de ella, y sus decisiones —respaldar al regente, permanecer en Cartagena, invalidar las Capitulaciones— fueron suyas.
Si la memoria colombiana lo ha relegado, ha sido en parte por buenas razones: hubo virreyes más ilustrados, más creativos, más simpáticos al relato nacional. Y en parte por una convención que privilegia a los protagonistas visibles —los mártires como Galán, los arquitectos culturales como Caballero y Góngora, los técnicos polémicos como Gutiérrez de Piñeres— sobre las figuras del engranaje. Ese desequilibrio ha ocultado hasta qué punto la maquinaria imperial de la década de 1770 fue conducida por hombres como Flórez: marinos borbónicos formados en la Armada, sin proyecto propio, plenamente identificados con la política de Madrid, capaces de administrar la crisis sin resolverla. Su virreinato es el laboratorio donde se ensayó y agotó la fórmula borbónica en Nueva Granada. Lo que vino después —la Expedición Botánica, la formación intelectual de la élite criolla que a las tres décadas encendería la independencia, el desgaste creciente del pacto colonial— tuvo en el gobierno de Flórez su antesala silenciosa.
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Documentos y fragmentos citados
31 documentos · 46 fragmentos01Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · Páginas 110, 116, 1223 citas
[1]d a 1 1 3 conflictos intestinos. En el ám bito eclesiástico, los arzobispos y obispos chocaban frecuentem ente con las órdenes religiosas. Del lado civil, la A udiencia se desga rraba p o r la disensión interna; cada oidor veía a sus colegas com o rivales, y cada uno se ap o y ab a en su p ro p ia facción clientelar.…
p. 110
[6]en las ciencias n atu rales tam bién debió facilitar la introducción d e las ideas políticas de la Ilustración. Esto es difícil de com probar puesto q u e fue peligroso para las elites criollas ap o y ar públicam ente las ideas revolucionarias. Sin em bargo, p u ed e establecerse q u e los escritos bási cos de la…
p. 122
[34]"al son de cam pana", para que pudieran ser mejor controlados por el Estado y la Iglesia. En su intento por consolidar el orden social y el progre so m aterial, las au to rid ad es lanzaron una serie de cam pañas para obligar a los "arrochelados" a instalarse en com unidades m ás grandes. En el Bajo M agdalena, la…
p. 116
02Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Páginas 85, 88, 913 citas
[2](1818-1819). tado a través de la aplicación de las llamadas cien- cias útiles, la conciencia de habitar un territorio distinto de la metrópoli y la apropiación de una ideología diferente a aquella que sustentaba el ab- solutismo monárquico, crearon las condiciones para madurar el proceso de Independencia, el cual de…
p. 88
[4]E 329 Sin embargo, las reformas no sólo tuvieron ese carácter, sino que también pretendieron solucionar los problemas de una sociedad que, como la neogranadina, acusó grandes cambios en el siglo XVII, cuando la población creció rápida- mente, el elemento mestizo pasó a ser el grupo mayoritario de la po- blación, se…
p. 85
[38]alemanes en la Nueva Granada, y por sugerencia, entre otros, del visitador Juan Francisco Gutiérrez de Piñe- res, se dio nacimiento a la Expedicion Botánica, que el primero de abril de 1783 se puso bajo la dirección de Mutis, la subdirección de Eloy Va- lenzuela (1756-1834) y la plaza de pintor de Antonio García del…
p. 91
03Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · Páginas 54, 602 citas
[3]Villalonga, recomendó suprimirlo, en vista de su escasa infraestructura. Era la colonia más pobre del Imperio español. De virreinato volvió a hablarse tiempo después, cuando la poderosa armada inglesa intentó tomarse Cartagena en 1741, hambrienta por colonizar Sur- américa. La Corona española reforzó las defensas de…
p. 54
[39]alumnos lo que ya se discutía en el resto de Europa: la Revolutionibus orbium coelestium de Copérnico, que sostenía que la tierra es otro planeta girando alrededor del sol, y no al revés, como querían las Sagradas Escrituras. La orden de los dominicos se fue lanza en ristre contra Mutis. No pudieron expulsarlo como…
p. 60
04Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · Páginas 178, 1942 citas
[5]sustitución de él y en cierta forma para llenar sus funciones, para el Nuevo Reino, bajo Carlos III se creó la institución de la Regencia. En la Real Orden del 25 de marzo de 1783, dirigida a la Audiencia de Quito, con motivo de la lle- gada del regente para ese territorio, se acompa- ñaba la Ordenanza de Intendentes…
p. 178
[14]Factores de la vida política colonial: el Nuevo Reino de Granada en el siglo XVIII (1713-1740) 201 gena apenas en septiembre de 1719. Los carta- generos se apresuraron a representar las conve- niencias de que la cabeza del virreinato funcio- nara en esa ciudad. Sus argumentos se ajustaban a las preocupaciones de la…
p. 194
05Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · Página 651 cita
[7]0,72 1,21 2,74 2,5 Impuesto/pib 2,9 % 4,7 % 10,4 % 8,4 % Fuentes: para los promedios de los quinquenios entre 1761 y 1800 en Meisel (2004); para 1810, Jaramillo, (1987) —cuenta fiscal que está posiblemente incompleta—. Los ingresos de la Corona en la última década de su dominación alcanzaron en promedio la suma de 2,…
p. 65
06Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · Página 142 citas
[8]instrumentos de intervención: de las prime- ras ocupaciones, financiadas privadamente, se había pasado al entronizamiento de una burocracia administrativa y eclesiástica, además de algún pie de fuerza militar, suficientes para debilitar el poder de los conquistadores. Las contradicciones entre la política colonial…
p. 14
[9]instrumentos de intervención: de las prime- ras ocupaciones, financiadas privadamente, se había pasado al entronizamiento de una burocracia administrativa y eclesiástica, además de algún pie de fuerza militar, suficientes para debilitar el poder de los conquistadores. Las contradicciones entre la política colonial…
p. 14
07Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Páginas 84, 872 citas
[10]a poco el n ú mero de espa ñ oles en los principales cargos, en particular al mando de tropas, como los gobernadores, que ya para 1794 eran casi todos espa ñ oles. Los cabildos, con regidores que casi siempre compraban sus puestos, siguieron en manos de los crio llos, a pesar de algunos intentos de los virreyes de…
p. 84
[18]pesinos y comerciantes arrancaron los avisos de las nuevas reglas de impuestos. Las protestas crecieron con rapidez y poco a poco fueron incorporando a los notables locales de todo el oriente y se extendie ron a los llanos orientales. En decenas de pueblos se formaron gru pos de gente del “ com ú n ” que se un í an y…
p. 87
08Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · Página 211 cita
[11]de toque de la diferenciación de la naturaleza quiteña respecto de la naturaleza neogranadina, cuyas provincias pendían directamente del distrito de gobierno del presidente de la Audiencia de Santa Fe, que en el siglo xviii fue uno de los títulos de su virrey. La naturaleza venezolana se formó tardíamente durante la…
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09Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · Página 282 citas
[12]que uno de los principales ilustrados españoles fue José Celestino Mutis, sacerdote y botánico autodidacta que se había instalado en 1761 en la Nueva Granada. A su alrededor se inició la formación de una nueva imagen de nuestro territorio, la de un espacio enormemente rico en recursos naturales que podrían ser…
p. 28
[13]de los principales ilustrados españoles fue José Celestino Mutis, sacerdote y botánico autodidacta que se había instalado en 1761 en la Nueva Granada. A su alrededor se inició la formación de una nueva imagen de nuestro territorio, la de un espacio enormemente rico en recursos naturales que podrían ser utilizados…
p. 28
10Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · Páginas 376, 3872 citas
[15]de C á rdenas y contra algunos personajes menores, comerciantes y propietarios. El oidor aspiraba al menos a que la causa no se con virtiera en alg ú n enredo inextrincable como (é l mismo lo dec í a) hab í a ocurrido con muchasotras en Indias. El organizador del virreinato, Antonio de la Pedroza y Gue rrero, se…
p. 387
[45]abstracci ó n 392 ESTADO, ADMINISTRACION Y VIDA POL Í TICA de sus funciones ideales, para comprender la verdadera naturaleza de sus actuaciones. Finalmente, existe un nivel menos estudiado y mucho m á s problem á tico: el de las instancias puramente locales de poder, el de un equilibrio perpetuamente inestable entre…
p. 376
11Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · Páginas 204, 228, 2313 citas
[16]la Nueva Granada. José Prieto de Salazar adquiere el cargo de tesorero de la Casa de Moneda de Santafé. Supresión del carácter he- reditario de las encomiendas. 1719 Jorge de Villalonga, nombrado primer virrey de la Nueva Granada. Juan de Herrera: Lamenta- ciones de tinieblas. 1720 Se decreta que el impuesto de…
p. 228
[22]Nueva Gr nada. Nace José María del Castillo y Rada en Car- tagena. Se establece la imprenta en esta ciudad. Construcción de la catedral de Santa Marta, según trazas de Juan Cayetano Chacón. 1777 Muere el ex presidente Rafael Eslava en Santa- fé. Venta de resguardos en Popayán. Primer intento de organización gremial de…
p. 231
[37]Pedro Messía de la Cerda. Lo impulsaba, fundamentalmente, el de- seo de desentrañar las propiedades de la quina y establecer sus auténticas propiedades médicas. El impacto del trópico fue grande, pues a cada paso se encontraba con una novedad botá- nica o zoológica. Al año de su llegada, sentó las bases de su…
p. 204
1230 hechos que cambiaron la historia de ColombiaRafael Pardo Rueda · 2022 · Página 131 cita
[17]se inició el retorno de los comuneros a sus pueblos. Berbeo fue nombrado corregidor, con un sueldo anual de mil pesos. José Antonio Galán no aceptó las negociaciones, pues le parecía que habían sido aprobadas muy rápido. El tiempo acabó por darle la razón. El virrey, que estaba en Cartagena para prevenir un ataque de…
p. 13
13Resistencia en el San JorgeOrlando Fals Borda · 2002 · Página 1611 cita
[19]a la religión y no haber entre ellos asesinatos ni peleas, aún en sus b o r r a c h e r a s ". (En esta tarea misional González Belandres tuvo d e s p u é s sus fuertes encontrones con el p a d r e José Palacios de la Vega, a quien también se le confió, en 1787, la misión de re- ducir a los indios de San Cipriano y…
p. 161
14Historia doble de la Costa. Tomo 2: El Presidente NietoOrlando Fals Borda · 2002 · Página 3731 cita
[20]Ezpeleta, José de, 129, 143 Fals, Alfredo, 51.60, 63,80. 155, 165 ÍNDICE DE NOMBRES DE PERSONAS Y LUGARES 199 Felipe V, 89. 95, 99 Fernández de Lugo, Pedro. 82 Fernández, Miguel. 130 Fernando VII, 134, 135 Flórez. Manuel Antonio. 101, 102, 121 Flórez, Marcelino Antonio, 138 Francisco Faustino, 64 Fundación. 112…
p. 373
15Memorias para la historia de la medicina en Santafé de BogotáPedro María Ibáñez · 2017 · Páginas 40, 992 citas
[21]España, y solicitó del Virrey, don Manuel Antonio Flórez, el título de descu- bridor de las quinas del Nuevo Reino. Esta solicitud fue origen de un pleito seguido entre López Ruiz y el señor Mutis, y sentenciado a favor del segundo, no obstante ha- berse trasladado López Ruiz a España con el fin de apreciar el negocio…
p. 99
[43]octubre de 1786. — Al se- ñor Virrey de Santafé». 41 Míndicer seie te acródice bí te níbcjcoe ío Seoóepu bí Bdldóv El señor Caballero y Góngora, como lo había hecho el Virrey Guirior en 1775, formó un Plan de estudios, en el cual daba más desarrollo a las ciencias útiles que a las ma- terias especulativas. Propuso a…
p. 40
16Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · Página 2351 cita
[23]deseo de participación política. En 1752, en 1764 y en 1767 se realizaron motines contra la corona; y en 1779 una sublevación de 1.000 indígenas. Se incrementaron o crearon impuestos para alimentar la guerra de España contra Inglaterra. Al Regente Visitador Juan Francisco Gutiérrez de Piñeres, le correspondió ejecutar…
p. 235
17Peregrinación de AlphaManuel Ancízar · 2016 · Página 2251 cita
[24]que les salió al encuentro de todas clases, en señal de reconoci - miento, y aplaudiéndolos como verdaderos libertadores de la patria y el reino. En estas demostraciones se señala - ron las comunidades religiosas, especialmente los cuatro conventos de monjas, que con su virtud supieron más bien guardar el peligro en…
p. 225
18Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · Página 441 cita
[25]estimó que cerca de cuatro mil personas avanzaban hacia la capital. Cuando llegaban a la actual ciudad de Zipaquirá, el arzobispo español Antonio Caballero y Góngora (designado para negociar la pacificación de la rebelión) se reúne con los líderes del movimiento, siendo el principal Juan Francisco Berbeo; es ahí que…
p. 44
19Historia abierta del arte colombianoMarta Traba · 2016 · Página 731 cita
[26]en esta obra de pintura-ficción no se oye —o si se oye se desatiende— el ruido de las pisadas de los comuneros que, diez años antes de su estallido, ya comenzaban a volverse perceptibles. El primero de febrero de 1782 un hombre es arrancado a golpes de la cárcel, arrastrado por el suelo, llevado hasta el lugar donde…
p. 73
20¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · Páginas 39, 482 citas
[27]itinerario del co mercio colonial al conocer la actividad portuaria de Cartagena, Mompox y Honda, como también al tener una comunicación permanente con habitantes de Tunja y Popayán, hacia donde él mismo se dirigía para comercializar los productos de los indíge nas a los que evangelizaba en el piedemonte amazónico. Él…
p. 39
[42]en las que se representó la flora de la Nueva Granada. Pero, ya se dijo, además de estimular la formación intelectual de los criollos, los monarcas españoles también deseaban forta lecer su autoridad sobre sus reinos en América, de ahí el apodo de "déspotas ilustrados" con el que se conocería posteriormente a estos…
p. 48
21Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · Página 321 cita
[28]aun las personas. La sal, el tabaco, el aguardiente, los naipes, la pólvora y la amonedación eran industrias reservadas al Fisco; los diezmos y los quintos y la fundición de oro y plata, pesaban sobre la agricultura y la minería; la alca- bala y el papel sellado servían para embarazar el comercio interior; la misma…
p. 32
22Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · Páginas 142, 1482 citas
[29]1697. La prohibición no tuvo éxito: el consumo continuó extendién- dose y los productores satisficieron la demanda incentivados por las grandes ganancias que obtenían. Se dijo incluso que el aguardiente “se fabricaba en los trapiches o ingenios de azúcar que están en la gente más poderosa y válida del Reyno”. 12 En…
p. 142
[30]cabeceras de las administraciones generales. El establecimien- to del monopolio directo se dio de forma gradual, y entre tanto se permitió la coexistencia de los métodos anteriores, el de arrendamiento y el de asiento por remate del estanco de aguardiente. Las diversas reformas de la renta del aguardiente fueron…
p. 148
23Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · Página 1451 cita
[31]distribución en las provincias de Antioquia, Cartagena, Santa Marta y Mompox. El primer rematador de la renta fue el comerciante de Honda José Mesa Armero, quien pagó por ella la suma de 50.000 pesos anuales. Este sistema de administración privada duró hasta 1774, cuando el virrey Solís estableció la administración…
p. 145
24Repúblicas en armas. Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · Página 351 cita
[32]del desafío a su autoridad. 20 Sin embargo, se deben evitar unas conclusiones demasiado generales: si en Popayán, así como en Santa Fe de Bogotá, son claras las tensiones entre el Ejército y el cuerpo civil, en Cartagena o en Venezuela reina una armonía relativa. Una evolución continental justifica este relativo…
p. 35
25Repúblicas en armas: Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · Página 351 cita
[33]del desafío a su autoridad. 20 Sin embargo, se deben evitar unas conclusiones demasiado generales: si en Popayán, así como en Santa Fe de Bogotá, son claras las tensiones entre el Ejército y el cuerpo civil, en Cartagena o en Venezuela reina una armonía relativa. Una evolución continental justifica este relativo…
p. 35
26Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · Página 1161 cita
[35]pasado los habitantes de nuestros puertos del Caribe tomaron por su cuenta la navegación marítima, en forma y cuantía no despreciables. * Esa actividad se marca a partir de los años últimos del 770, y la favorecieron la amplitud que en materias de comercio 82 Archivo Nacional. Colonia. Aduanas, tomo 13, folio 863. La…
p. 116
27La botánica en Colombia, hechos notables en su desarrolloSantiago Díaz Piedrahita · 2016 · Página 691 cita
[36]conocimientos a la Europa, y para coronarse de gloria! Sea como fuere, Mutis acepta la invitación de don Pedro Messía de la Cerda, marqués de la Vega de Armijo, y se dirige en 1760 a la Nueva Granada, como médico del nuevo virrey. En su mente debe bullir una idea: realizar el estudio de la historia natural de América,…
p. 69
28Pensar el siglo XIX. Cultura, biopolítica y modernidad en ColombiaSantiago Castro-Gómez (ed.) · 2004 · Página 981 cita
[40]la mayor parte de los curanderos y cirujanos romancistas eran mestizos. Ciertamente, Isla estudió filosofía con los jesuítas en la Universidad Javeriana de Bogotá y luego ingresó a la orden de San Juan de Dios. Sin embargo, la 94 Santiago Castro-Gótru directo a la pretensión "ilegal" de Mutis de formar médicos por…
p. 98
29The Ideal of the Practical: Colombia's Struggle to Form a Technical EliteFrank Safford · 1976 · Página 971 cita
[41]condemned Spain's backwardness in matters scientific and held as his first principle the abandonment of the suppositions and systems of the Peripatetics. Apparently the Dominicans in Bogotá considered Mutis a dangerous challenge to their authority. Taking exception to the public exposition of the Copernican system by…
p. 97
30Aproximaciones a la historia del Derecho en ColombiaLuis Freddyur Tovar, Beatriz Eugenia Salamanca Charria, Carlos Andrés Delvasto Perdomo, Carlos Andrés Echeverry Restrepo, Francesco Zappalá Sastoque, Iván Alberto Díaz Gutiérrez · 2014 · Página 2871 cita
[44]división de poderes, los con - flictos de competencia entre autoridades coloniales eran cons - tantes, particularmente, entre oidores y virreyes 19. La primera instancia de un proceso era presidida por los alcaldes ordina - rios. Sólo para delitos graves se enviaba un juez comisionado, quien abría el proceso, ordenaba…
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31Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · Página 4531 cita
[46]y, en el mejor de los casos, de una encomienda. * 28 Ibid. L. 17 r. 3 Doc. 130 a. L. 114. Patr. L. 156 r. 6. 29 Cf. Felipe de Vergara, Relación genealógica. Bogotá, 1962, p. 171. AGI. Santa Fe L. 25 Doc. 5. 440 H is t o r ia e c o n ó m ic a y so c ia l I La resistencia de la sociedad criolla a las órdenes emanadas…
p. 453