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Idea · Conquista

Reducción

La reducción fue el proceso colonial por el cual la Corona española congregó a las poblaciones indígenas dispersas del Nuevo Reino de Granada en pueblos trazados en cuadrícula, con plaza, iglesia y calles rectas, para hacerlas tributables, catequizables y controlables. Fue a la vez proyecto evangelizador, ingeniería fiscal y redistribución territorial, y su resultado más duradero —el resguardo— sobrevive hoy en el mapa jurídico de Colombia.

4.145 palabras39 documentos65 fragmentos citados
Reducción

Trayectoria de una idea

  1. 1492

    Laboratorio antillano: repartimiento y encomienda

  2. 1503

    Cédula Real: esclavitud de indios 'caribes'

  3. 1537

    Entrada al altiplano muisca y trasplante institucional

  4. 1542

    Leyes Nuevas: primer freno jurídico y resistencia de encomenderos

  5. 1551

    Recopilación de 1551: mandato de congregación

  6. 1590

    Intensificación de la reducción en el altiplano: visitas de Henríquez

  7. 1601

    Sistematización masiva: 187 comunidades convertidas en 64 pueblos

  8. 1757

    Balance demográfico: colapso de dos siglos

03

La lectura

La reducción fue mucho más que un programa urbanístico: fue la operación mediante la cual la monarquía española intentó reescribir el paisaje humano del Nuevo Reino de Granada, convirtiendo la geografía difusa de los pueblos indígenas en una cuadrícula legible para el fisco, la iglesia y el ejército. Su lógica era circular y autorreferente: sin pueblo no había parroquia, sin parroquia no había tributo, sin tributo no había colonia viable. La quema de los antiguos asentamientos —gesto más elocuente del proceso— buscaba clausurar el pasado para que el único horizonte posible fuera el pueblo nuevo ordenado en torno a la iglesia. Pero la resistencia indígena, hecha de aplazamientos, apelaciones y retornos silenciosos, demostró que ninguna ordenanza podía borrar del todo los patrones de vida que habían organizado el altiplano durante siglos. El resultado fue un compromiso tenso: pueblos de plaza cuadrada que perduran hasta hoy, rodeados de veredas dispersas que reproducen, a escala reducida, el viejo orden difuso que la reducción nunca logró extinguir del todo.

La reducción

En el vocabulario colonial español, reducir no significaba disminuir sino traer al orden: conducir a los indios dispersos hacia pueblos trazados en cuadrícula, con plaza, iglesia y calles rectas, para que fueran, a la vez, cristianos vigilables y tributarios contables. Bajo ese verbo se cifra uno de los procesos más determinantes de la historia colombiana: la operación por la cual la Corona española, entre mediados del siglo XVI y las primeras décadas del XVII, intentó rehacer el paisaje humano del Nuevo Reino de Granada, congregando a poblaciones enteras en asentamientos nuevos y quemando los antiguos. La reducción fue, a la vez, proyecto evangelizador, ingeniería fiscal y redistribución de la tierra; su resultado más duradero —el resguardo— sobrevivió al imperio que lo creó, resistió a la República que quiso liquidarlo y sigue, hoy, en el mapa jurídico y territorial de Colombia. Entenderla es entender por qué el altiplano cundiboyacense se ordena en pueblos de plaza cuadrada y por qué la palabra resguardo todavía nombra, cinco siglos después, una forma viva de tenencia colectiva.

Qué se reducía, y por qué

La reducción presupone una idea previa: que la vida indígena, tal como los conquistadores la encontraron, era incompatible con el orden que la monarquía quería instalar. Los patrones de poblamiento del altiplano oriental —muiscas sobre todo, pero también panches, pijaos, quimbayas o pastos— alternaban una centralización ceremonial ocasional con una dispersión cotidiana en caseríos, labranzas y santuarios de altura. Esa geografía difusa era estructuralmente incompatible con lo que la administración española necesitaba: sujetos localizados, censados, doctrinables y capaces de entregar tributo en fechas fijas. Reducir era, ante todo, hacer legible una sociedad que no había sido diseñada para ser legible por un aparato imperial.

Detrás del verbo actuaban tres presiones simultáneas. La evangelizadora: sin pueblo no había parroquia, sin parroquia no había cura de indios, sin cura no había cristianización posible. La fiscal: el tributo dependía de saber cuántos tributarios había, dónde estaban y quién los cobraba; los pueblos concentrados permitían al encomendero —y luego a los corregidores reales— convertir el trabajo indígena en cifras. Y la territorial: al concentrar a los indios se liberaban tierras que podían declararse vacías —vacas de moradores— y otorgarse como mercedes a españoles beneméritos. Las tres presiones no siempre se distinguieron con claridad, ni en las cédulas ni en las visitas; se sostenían mutuamente y se justificaban unas a otras. La policía cristiana —fórmula con que el siglo XVI condensó el ideal— nombraba precisamente esa fusión: un indio bien reducido era, en la misma operación, buen vasallo, buen cristiano y buen tributario.

Las Antillas como ensayo: del repartimiento al hundimiento demográfico

La reducción neogranadina no se inventó en Santafé ni en Tunja. Llegó traída, ya con formas y vicios, de la experiencia antillana previa. La Española fue el laboratorio inicial —imagen condensada de lo que vendría en el continente— y allí se ensayaron los dos dispositivos que luego se trasplantarían al Nuevo Reino: el repartimiento de indios y la encomienda. El repartimiento consistió en la distribución, por las autoridades españolas, de mano de obra indígena entre los colonos para el lavado de oro y el trabajo de las estancias. La encomienda, más ambiciosa, entregaba a un hidalgo el control y la catequización de un grupo indígena a cambio del tributo en trabajo y bienes.

El experimento antillano se saldó con una catástrofe. La población de La Española habría pasado de unos tres millones en 1492 a alrededor de sesenta mil tributarios adultos en 1509, once mil en 1518 y prácticamente ninguno tras la epidemia de viruela de 1519. La respuesta imperial fue doble y contradictoria: por un lado, la Cédula Real de 1503 autorizó capturar como esclavos a los indios llamados caribes que resistieran la predicación o el dominio español, formalizando así una vía de expansión del sometimiento; por otro, ante el colapso de la mano de obra nativa, se introdujeron esclavos africanos, inaugurando la trata que iba a marcar durante tres siglos la demografía del Caribe hispánico y, por extensión, la de la costa colombiana.

Ese marco antillano viajó al continente antes de que llegaran funcionarios reales a reglamentarlo localmente. Cuando la hueste de Gonzalo Jiménez de Quesada penetró en el altiplano muisca en 1537, ya venía provista de un vocabulario institucional —encomienda, repartimiento, tributo, doctrina— que había demostrado su capacidad de convertir sociedades enteras en fuerza de trabajo, y también su capacidad de destruirlas. El Nuevo Reino heredó ambos rasgos.

El marco jurídico: de las Leyes Nuevas a las ordenanzas de poblamiento

Entre la conquista del altiplano y la aplicación efectiva de la reducción median décadas de forcejeo jurídico. Las Leyes Nuevas de 1542 —dictadas bajo la presión de Bartolomé de las Casas y el círculo de teólogos preocupados por la destrucción antillana— intentaron limitar el goce de las encomiendas a dos generaciones sucesivas y exigir un tratamiento más benigno para los indios. La reacción fue inmediata y violenta: en el Perú estalló una guerra civil de encomenderos, y la Corona, alarmada, suspendió parte de la aplicación en la Nueva Granada. Esa marcha atrás fija un patrón que se repetirá durante los tres siglos coloniales: la Corona legisla protectoramente desde Madrid, los conquistadores y sus herederos resisten en el terreno, la aplicación local se rezaga o se pervierte, y la política real avanza a golpes, con retrocesos y concesiones.

Hacia mediados del siglo XVI, sin embargo, se consolidó un cuerpo normativo que fijó los términos técnicos de la reducción. La Recopilación de 1551 ordenaba congregar a los indios dispersos en montañas y selvas en uno o dos pueblos, asignarles tierras para labrar y criar ganados, y proveerles doctrina cristiana. Las ordenanzas de poblamiento prescribieron una geometría exacta: plaza mayor de ciento ochenta varas en cuadro, calles rectas de catorce varas de ancho, manzanas de ochenta varas de lado, iglesia en la plaza, casa para el cacique, hospital, y un tamaño ideal de trescientos vecinos por pueblo, con términos de tierra suficientes que anticiparan el crecimiento demográfico. Esa cuadrícula no era un capricho estético: era una tecnología administrativa. Un pueblo trazado en damero era un pueblo contable, catequizable y controlable.

A esa normativa urbanística se sumó una política de segregación social: los indios reducidos debían mantenerse en sus pueblos, aislados de españoles, mestizos, negros libres o esclavos, para que la doctrina cristiana no se viera contaminada por malos ejemplos y para que la unidad tributaria del pueblo no se disolviera. Las Leyes de Indias, como conjunto, constituyeron el primer cuerpo jurídico general —disperso, casuístico, contradictorio— que reguló la convivencia entre colonizadores y nativos en América, y la reducción fue uno de sus dispositivos centrales.

En la segunda mitad del siglo XVI la Corona aceleró, además, la burocratización del territorio americano para contener las pretensiones de poder de los antiguos conquistadores. En el Nuevo Reino ese proceso se materializó con la instalación de la Real Audiencia de Santafé y con el envío de oidores y visitadores que empezaron a intervenir directamente en la organización de los pueblos de indios. Fue por esa vía —la del funcionario real desplazado con vara de justicia— por donde la reducción dejó de ser proyecto y se volvió proceso.

Henríquez y la ingeniería del altiplano

El nombre que condensa la fase decisiva de la reducción neogranadina es el del licenciado Luis Henríquez, oidor de la Audiencia de Santafé y responsable de la planificación física de los pueblos indígenas de Cundinamarca y Boyacá en las últimas décadas del siglo XVI y las primeras del XVII. Henríquez actuó, en la gran mayoría de los casos, personalmente: recorría los sitios, indicaba dónde iban la plaza y la iglesia, ordenaba la traza, disponía el traslado de los indígenas y —dato central— ordenaba la quema de los antiguos asentamientos. Cuando no podía ir en persona, delegaba en el escribano don Rodrigo Zapata, que visitaba los lugares y expedía instrucciones precisas al encomendado.

La quema es el gesto más elocuente de todo el proceso. No se trataba solo de mudar a los indios: se trataba de asegurarse de que no pudieran volver. Los caseríos, los bohíos, las estructuras ceremoniales, los espacios cotidianos de generaciones enteras se reducían a cenizas para que la única casa posible fuera la del pueblo nuevo, ordenado en torno a la iglesia. La medida buscaba dificultar el retorno; muchos indios, sin embargo, volvieron pese a todo, en una resistencia sorda que las visitas posteriores tuvieron que documentar una y otra vez.

Ese trabajo de ingeniería tuvo un costo histórico calculable. Entre quinientos y setecientos poblados indígenas previos a la reducción fueron eliminados; hoy ni siquiera se conoce su ubicación exacta. Nombres, memorias, geografías rituales quedaron borrados por el mismo acto que fundaba, con ordenanza y escribano, los pueblos que hoy siguen en el mapa. Buena parte del trazado rural del altiplano cundiboyacense —esos pueblos de plaza cuadrada donde iglesia y alcaldía se miran a través del atrio— es hija directa de las visitas de Henríquez y sus sucesores.

La operación se intensificó en la década de 1590 y se sistematizó hacia 1602. Los datos son precisos y elocuentes: en 1601, un oidor de Santafé redujo ochenta y tres comunidades indígenas a veintitrés; al año siguiente, una visita a la provincia de Tunja transformó ciento cuatro comunidades en cuarenta y una. Ciento ochenta y siete comunidades se convirtieron, en dos años, en sesenta y cuatro pueblos. La cifra da la medida del proyecto: no era corregir aquí y allá, era rehacer la geografía humana de todo un reino.

La resistencia: cosechas, huidas y aplazamientos

El proyecto no salió como estaba dibujado. Los indios respondieron a la reducción con una resistencia sostenida que, en algunos casos, llegó a anular la voluntad del visitador. No fue, en el altiplano central, una resistencia armada frontal —esa vendría después, en otras regiones— sino algo más difícil de reprimir: una resistencia pasiva hecha de aplazamientos, apelaciones y fugas.

Los indios solicitaban aplazamientos para los traslados alegando que debían recoger sus cosechas. La escritura colonial lo registra con impaciencia, como pretexto; visto desde el otro lado, era un uso astuto del argumento agrario para ganar tiempo frente a una orden que amenazaba con desarraigarlos. Cuando los aplazamientos no bastaban, se recurría a instancias superiores: apelaciones al oidor, al presidente de la Audiencia, a Madrid si hacía falta. Y cuando ni los aplazamientos ni las apelaciones funcionaban, quedaba la vía más simple y más eficaz: volver. Muchos indios, congregados un año, reaparecían al siguiente en sus parajes de origen, obligando a los visitadores a repetir el proceso.

Esa resistencia no fue anecdótica: fue estructural. Explica por qué las cifras espectaculares de 1601-1602 convivieron con visitas posteriores que tuvieron que reagrupar de nuevo lo ya reagrupado. Los patrones de poblamiento difuso, con su alternancia entre centralización ceremonial y dispersión cotidiana, se resistieron a la geometría de la cuadrícula con la misma tenacidad con que la geometría intentó imponerse. El resultado, en el paisaje real del altiplano, fue un compromiso: pueblos trazados según ordenanza que sobrevivieron hasta hoy, pero rodeados de veredas dispersas que reproducían, a escala reducida, el viejo patrón difuso.

También el escenario político de los caciques se transformó bajo la reducción. Como jerarquía más expuesta a la administración española, los caciques fueron considerados privilegiados por los colonizadores y actuaron como intermediarios entre el pueblo reducido y el encomendero, entre el tributo colectivo y el escribano. Esa posición ambigua —representantes de su comunidad ante el poder, ejecutores del poder ante su comunidad— los convirtió en figuras bisagra del sistema. Diego de Torres, cacique de Turmequé y mestizo por parte de padre español, encarnó las contradicciones extremas de esa posición: educado en la lógica jurídica española, llevó litigios y memoriales hasta la corte de Madrid denunciando los abusos de encomenderos y oidores, y pagó su intento con el exilio.

El colapso demográfico como motor y como límite

La reducción no operó en un vacío poblacional: operó sobre una catástrofe. La población indígena del territorio colombiano se estima en cerca de cinco millones de habitantes hacia 1500, con la mayor concentración en el altiplano central —cerca de un millón y medio— y el valle del Cauca, con un millón doscientos cincuenta mil. Un siglo después, esas cifras eran ilegibles: se habían derrumbado en proporciones que ninguna sociedad puede absorber sin fracturarse.

Los casos concretos ilustran la magnitud. La provincia de Tunja pasó de aproximadamente doscientos quince mil habitantes en 1537 a apenas veinticinco mil en 1757 —una reducción del noventa por ciento en dos siglos, con una caída del veinticinco por ciento en los primeros veinticinco años. Los quimbayas, pueblo de alto desarrollo cultural en el valle medio del Cauca, pasaron de cien mil a cuarenta individuos en cuarenta años. Cartago perdió el noventa y siete por ciento de su población nativa en cincuenta años; Popayán, el noventa por ciento en sesenta y ocho. En la costa, en la región de Loba y la depresión momposina, hacia finales del XVI las cuarenta y una encomiendas habían bajado a treinta y cinco, todas disminuidas de tributos y tributarios; en Tamalameque, la población malibú era menos de la décima parte de lo que había sido pocos años antes.

Las causas de este derrumbe fueron múltiples y concurrentes: guerras de conquista, enfermedades y epidemias contra las que no existía inmunidad, trabajo forzado, abusos de encomenderos y funcionarios, mestizaje, suicidio colectivo, fuga a montes lejanos. En la costa colombiana, el trabajo obligatorio de mita —especialmente la boga en canoas y champanes por el Magdalena— fue descrito por los contemporáneos como un factor de destrucción particular. En el altiplano fueron sobre todo las epidemias y la sobreexplotación de la mano de obra las que ejecutaron la sentencia.

Ese vaciamiento tuvo dos efectos sobre la reducción, contradictorios entre sí. Por un lado, la hizo posible: era más fácil congregar en un pueblo a los sobrevivientes de diez comunidades diezmadas que a las diez comunidades originales. Por otro, la volvió cada vez más urgente y cada vez más inútil: urgente, porque la caída de tributarios exigía concentrar a los que quedaban para no perder ingresos fiscales; inútil, porque no había cantidad de ordenanzas capaz de reponer los cuerpos que ya no estaban. El decrecimiento vertiginoso de la población indígena a lo largo del XVI y del XVII imprimió a la economía neogranadina un carácter recesivo que afectó por igual a las empresas agrarias y a la producción aurífera, y que empujó a los colonos a buscar mano de obra alternativa, primero en la mita, después en el trabajo asalariado forzoso, finalmente en la trata africana.

Encomienda, mita, tributo: la economía del pueblo reducido

La reducción no era un fin en sí misma: era el soporte espacial de un sistema económico. Los pueblos reducidos existían para que funcionara la encomienda, la mita y el tributo, es decir, el circuito por el cual la república de los indios sustentaba a la república de los españoles.

La encomienda no recaía sobre individuos aislados sino sobre clanes o tribus preexistentes; el cacique era el representante colectivo y el responsable de entregar el tributo a nombre del grupo. El pueblo reducido convertía esa lógica clánica en una unidad fiscal legible: en él, el cacique cobraba, contaba y respondía. El tributo se pagaba en trabajo, en bienes agrícolas —fríjoles, habas, garbanzos, caña, lino— o en otras mercancías que, aunque nominalmente compensaban la evangelización y protección prometidas por la Corona, en la práctica funcionaban como servidumbre sin contraprestación real. La encomienda debía dejar intactas las estructuras productivas indígenas, porque su propia existencia dependía de ellas; el encomendero no era, formalmente, un terrateniente, sino un beneficiario del trabajo ajeno.

La mita añadía otra capa: el desplazamiento periódico de grupos de indígenas para trabajar en haciendas, minas o ciudades. En la costa, la boga; en las minas del Pacífico, el laboreo del oro; en los obrajes textiles de los altiplanos, el hilado y el tejido; en las estancias, la agricultura y el pastoreo. La mita fue, junto con la epidemia, uno de los grandes motores del vaciamiento indígena: sacaba a los tributarios del pueblo reducido en la edad más productiva y los devolvía, cuando los devolvía, enfermos, endeudados o simplemente ausentes.

Con el tiempo, el sistema mutó. La encomienda, limitada por las Leyes Nuevas y erosionada por la caída demográfica, fue perdiendo peso; el tributo se individualizó, pasando de ser una obligación colectiva del clan a una carga per cápita pagada a un español meritorio o directamente a la Corona. Y en el vacío que dejó la encomienda apareció una institución nueva —o más bien una forma nueva de un dispositivo antiguo— que iba a definir la fase siguiente: el resguardo.

Evangelización y policía cristiana

Ningún relato de la reducción se completa sin las órdenes religiosas. Dominicos, franciscanos y agustinos —a los que en zonas de frontera se sumaron jesuitas y capuchinos— fueron los grandes protagonistas de la cristianización del Nuevo Reino, y su influencia social, política y cultural creció al ritmo del proceso de reducción. Sin pueblo no había doctrina; sin doctrina no había cura de indios; sin cura de indios no había control cotidiano sobre la vida indígena. La iglesia en la plaza no era un adorno: era el instrumento por el cual la reducción se hacía duraderamente eficaz.

A mediados del siglo XVI el proceso evangelizador en las altiplanicies orientales era lento y con escasos recursos humanos, y ese desajuste entre la ambición imperial y la disponibilidad de religiosos fue una de las razones que aceleraron la política de congregación: no había suficientes doctrineros para atender caseríos dispersos, así que había que traer a los caseríos hasta el doctrinero. La cristianización, en esa lógica, no fue el motivo espiritual de la reducción; fue su necesidad operativa.

Lo que Germán Colmenares llamó policía cristiana nombra la naturaleza real del proyecto. No fue solo doctrina: fue una intervención sistemática sobre la vida cotidiana. Se controlaban las imágenes que los indios tenían en sus casas, los horarios, los ritmos del trabajo y del descanso, las fiestas, los alimentos. Se libró una cruzada contra los ritos indígenas, con destrucción de santuarios cuyos objetos de oro se catalogaban como ídolos y pasaban a las arcas españolas; la confesión y, en no pocos casos, la tortura sirvieron como instrumentos para localizar esos objetos. La evangelización, así entendida, no fue el reverso amable de la reducción: fue su cara íntima, la que operaba dentro de las casas y dentro de las conciencias, cuando la cuadrícula ya había hecho su trabajo afuera.

Del pueblo reducido al resguardo

Hacia finales del siglo XVI y comienzos del XVII, con la encomienda debilitada por las restricciones legales y el desplome demográfico, apareció la institución que iba a prolongar la reducción por otros medios: el resguardo. Los resguardos se establecieron especialmente entre 1595 y 1642, coincidiendo con las grandes visitas de congregación, y funcionaron como su forma jurídica consolidada.

El resguardo era, en primer lugar, un espacio de concentración: agrupaba a comunidades indígenas exiguas y dispersas para garantizar que las tierras circundantes quedaran vacas de moradores y pudieran otorgarse como mercedes a españoles. En segundo lugar, era una institución económica: al fijar a la mano de obra a un territorio delimitado y al concentrar el tributo directo al rey, permitía mantener el sistema fiscal cuando la encomienda ya no daba abasto. Y en tercer lugar —el rasgo que iba a resultar decisivo—, era una institución de propiedad colectiva: la tierra del resguardo pertenecía al común, no a los individuos; los indios solo tenían un derecho de usufructo sobre las parcelas que cultivaban, y las ventas, aun con el consentimiento de todo el común, se prohibieron en el siglo XVII.

Esa forma colectiva tenía una función paradójica. Por un lado, fijaba a los indios a la tierra en una posesión forzosa que limitaba su libertad de movimiento y que, según se argumentaba entonces, constituía un obstáculo al desarrollo de la economía manufacturera del Nuevo Reino al impedir que los indios se incorporaran libremente como fuerza de trabajo. Por otro, y aquí está la ironía histórica, esa misma inalienabilidad iba a convertirse, siglos después, en el único escudo eficaz que muchas comunidades pudieron esgrimir frente al despojo.

Al proceso contribuyeron algunos visitadores específicos. Juan de Villabona y Zubiaurre, en particular, destacó en las primeras décadas del XVII por su intento de poner freno a los abusos contra la población indígena y por ordenanzas que buscaron consolidar los resguardos como espacio protegido. Su obra —como la de tantos visitadores— fue parcialmente eficaz y ampliamente resistida por los encomenderos locales, pero dejó títulos coloniales que, tres siglos más tarde, serían la base sobre la que comunidades como las del Cauca defenderían sus tierras en los tribunales republicanos.

De la protección colonial al despojo republicano

La Independencia trajo, para los pueblos reducidos, una amenaza que la Colonia nunca había representado del todo: la igualdad formal ante la ley. Las Leyes de Indias reconocían la desigualdad social entre indígenas, criollos y españoles, y por eso otorgaban a los primeros una protección jurídica especial en materia de propiedad, tributación y trabajo. Los legisladores republicanos, inspirados en el principio racionalista de igualdad de todos los ciudadanos, borraron esa diferencia. En la nueva doctrina, los indígenas eran ciudadanos como cualquier otro y sus tierras eran propiedad como cualquier otra: podían dividirse, venderse, hipotecarse.

La consecuencia fue previsible y devastadora. A lo largo del siglo XIX, sucesivas leyes autorizaron la parcelación y comercialización de los resguardos, y las tierras que la Colonia había blindado con la inalienabilidad pasaron, muchas veces mediante coacción o mediante el trabajo irregular de agrimensores que cobraban de más y desaparecían con los fondos, a manos de propietarios criollos. Hacia mediados del XIX el proceso de desposesión masiva había culminado en gran parte del territorio. Los resguardos que sobrevivieron —sobre todo en el altiplano nariñense y en el macizo caucano— lo hicieron por la tenacidad de sus cabildos y por el uso astuto de los títulos coloniales que aún conservaban.

En 1890, los conservadores aprobaron la Ley 89, cuya intención declarada era regular la división gradual de los resguardos en el largo plazo. Concebida como instrumento de disolución, se convirtió, paradójicamente, en escudo: durante todo el siglo XX las comunidades indígenas del Cauca, del Tolima, del sur andino, la utilizaron para defender la existencia jurídica de sus cabildos y la vigencia de sus títulos. Fue esa ley, junto con la persistencia obstinada de las comunidades, la que permitió que la palabra resguardo llegara viva al debate constitucional de 1991.

Entre medias, en 1905, la Ley 55 había servido en cambio como instrumento de expropiación: mediante la figura de los baldíos, el Estado adjudicó a terceros tierras efectivamente ocupadas por comunidades indígenas. Y desde 1915, Manuel Quintín Lame lideró en Tolima y Huila un levantamiento que combinó litigio judicial y acción directa, invocando los derechos territoriales históricos de los pueblos indígenas para recuperar los resguardos despojados y reclamar el autogobierno. Su nombre, hoy célebre, señala el momento en que la memoria de la reducción colonial se transformó en herramienta de resistencia moderna.

Lo que la reducción dejó

La reducción se dio como triunfo administrativo y se cerró como fracaso parcial: los indios volvieron a sus parajes, las cifras de las visitas no se sostuvieron, el colapso demográfico consumió lo que la geometría intentaba ordenar. Y sin embargo, cinco siglos después, su huella está por todas partes. Los pueblos del altiplano cundiboyacense, con su plaza cuadrada, su iglesia en el costado principal y sus calles rectas, son hijos de las visitas de Luis Henríquez. Los quinientos o setecientos asentamientos previos que se quemaron para que esos pueblos fueran posibles siguen ausentes del mapa, y esa ausencia es también una forma de presencia: el paisaje andino colombiano es lo que es porque otro paisaje fue borrado.

Del lado institucional, el resguardo —creado como dispositivo de concentración fiscal— sobrevivió a la Colonia que lo diseñó y a la República que quiso liquidarlo. Hoy es una figura jurídica reconocida por la Constitución de 1991, con propiedad colectiva inalienable, gobierno propio y jurisdicción especial. Que una institución nacida para vaciar tierras y consolidar tributo haya terminado convirtiéndose en el instrumento principal de la autonomía territorial indígena en Colombia es una de las ironías más profundas de nuestra historia. No es una redención del proyecto original: es la constatación de que las instituciones, una vez creadas, tienen vidas más largas y más impredecibles que las de sus creadores.

La reducción no fue un episodio: fue el molde en que se fundió buena parte de la geografía rural, la propiedad de la tierra y la relación entre Estado y pueblos indígenas en Colombia. Escribir su historia es, en gran medida, escribir cómo el país llegó a tener la forma que tiene, y por qué esa forma, todavía, se sigue disputando en los tribunales, en los cabildos y en los caminos veredales del altiplano.

04

En el archivo

1 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Resguardo: institución territorial que fue el resultado más duradero de la reducción; sobrevivió al imperio que lo creó y sigue vigente en el ordenamiento jurídico colombiano.
  2. 02Encomienda: dispositivo previo y paralelo a la reducción que entregaba a un hidalgo el control y la catequización de un grupo indígena a cambio de tributo; la reducción buscó en parte reemplazarla y regularla.
  3. 03Luis Henríquez: oidor de la Audiencia de Santafé responsable de la planificación física de los pueblos indígenas de Cundinamarca y Boyacá en las últimas décadas del siglo XVI y primeras del XVII.
  4. 04Bartolomé de las Casas: fraile dominico cuya presión intelectual y moral impulsó las Leyes Nuevas de 1542, primer freno jurídico significativo a los abusos del sistema de encomienda y antecedente normativo de la reducción regulada.
  5. 05Altiplano cundiboyacense: territorio donde la reducción se aplicó con mayor intensidad y sistematicidad, y cuyo paisaje de pueblos de plaza cuadrada es herencia directa de las visitas de Henríquez.
  6. 06Diego de Torres, cacique de Turmequé: figura que encarnó las contradicciones de la posición de los caciques bajo la reducción; llevó litigios hasta Madrid denunciando abusos y pagó su intento con el exilio.
  7. 07Despoblamiento demográfico: proceso catastrófico que actuó simultáneamente como motor y como límite de la reducción, pues la concentración de indios en pueblos respondía al colapso poblacional pero también lo agravaba.
  8. 08Policía cristiana: ideal del siglo XVI que condensaba la fusión de evangelización, tributación y control territorial que la reducción buscaba materializar.
06

Documentos y fragmentos citados

39 documentos · 65 fragmentos

01Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · p. 26, 121, 1493 citas
[1]

de las violencias y muertes infligidas directamente por los españoles, de los 3.000.000 de indios de 1492 sólo quedaban unos 60.000 tributarios (adultos varones) en 1509, que para 1518 se habían reducido a cerca de 11.000 y desaparecieron casi por completo en 1519, cuando una epidemia de viruela acabó prácticamente…

p. 26
[5]

que llevó a prohibir que los últimos vivieran entre aquéllos. La norma de mayo de 1526 de que los esclavos que se casaran con personas libres no obtendrían la emancipación como podía ocurrir en España, trataba de establecer una barrera a posibles matrimonios entre indias (legalmente libres) y esclavos 21. 5. La…

p. 149
[16]

el proceso de la conquista siguiera un ritmo diferente y sea por lo tanto difícil de escoger una fecha como indicativa de una transformación básica en la nueva sociedad, puede acogerse la fecha tradicional de 1550 como punto final de esa época, momento de transición entre la sociedad de conquista, basada en el saqueo…

p. 121
02Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 28, 422 citas
[2]

Konetzke, “La esclavitud de los indios como elemento en la estructuración social de Hispanoamérica”, Estudios de Historia Social de España 1 (1949): 441-479. La cédula esta transcrita en Richard Konetzke, Colección de documentos para la historia de la formación social de Hispanoamérica, 1493-1810 (Madrid: CSIC,…

p. 28
[10]

Túquerres, en 1800, los rebeldes —indios y mestizos— mataron al corregidor y a su hermano; tres acusados fueron condenados a muerte. _______________ 22 “Los indios deben ser reducidos a caseríos y no permitidos a vivir divididos y separados en montañas y selvas, donde están privados de todo consuelo espiritual y…

p. 42
03Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 951 cita
[3]

conquistados. En desarrollo de esa política fueron introducidos en América los primeros esclavos africanos. El cambio en la concepción y valoración del indígena tuvo sus raíces materiales muy concretas. Con la dominación colonialista en las Antillas y la intensísima tasa de explotación, la población autóctona estaba…

p. 95
04Historia doble de la Costa. Tomo 1: Mompox y LobaOrlando Fals Borda · 2002 · p. 75, 792 citas
[4]

pueblos de indios o en sus cercanías. En la isla de Mompox y fuera de ella, las autoridades concedieron así 39 encomiendas, a otros tantos encomenderos. Fue el comienzo formal de lo que se ha llamado el " r é g i m e n señorial" implantado en tierras ameri- canas. [C] Según los documentos, Loba era tan poblada…

p. 75
[7]

quedaban sino 10 indios capaces de pagar tributo, esto es, aproximada- m e n t e 60 personas entre chicos y grandes. Las 41 encomiendas costeñas habían bajado a 35, todas disminuidas de tributos y tributarios. A los malibúes de Tamalameque tampoco les había ido bien: una Relación geográfica escrita en 1579 sostenía…

p. 79
05Biografía del CaribeGermán Arciniegas · 2016 · p. 931 cita
[6]

De este desorden tan grande se siguie- ron muertes y pendencias, que a muchos les causaba la muerte el demasiado comer. No hay duda de que en España nace un Nuevo Mundo. Por el momento nadie sabe quién va a dominar en él, si el espíritu de los advenedizos o el de la tierra. Del otro lado del mar nace también otro…

p. 93
06Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 40, 462 citas
[8]

diversa, han sido uno de los rasgos más peculiares y permanentes de las sociedades hispanoamericanas. CONFLICTOS Y REFORMAS Gran parte de los conflictos politicos y sociales posteriores a la Conquista se originaron en los intentos de la Corona española de limitar los privilegios y los abusos de los encomenderos. Las…

p. 46
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jerarquías indígenas (los reservados), por cuanto estas colaboraban en la recepción del tributo. La encomienda y el tributo debían dejar intactas las estructuras productivas indígenas, puesto que su misma existencia dependía de ellas. A la llamada república de los indios se le atribuía el papel de sustentar la…

p. 40
07Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 187, 190, 196, 2256 citas
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las autoridades dispusieron que los indios vivieran en pueblos con arreglo a normas fijas: una plaza mayor de 180 varas en cuadro, con una iglesia «lo mejor que pudieren», con calles rectas de 14 varas de ancho y manzanas cuadradas igual- mente de 80 varas de lado, con una casa para el cacique que «sea mayor y mejor…

p. 196
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década de 1530, época de gran actividad fundacional. A este período pertenecen las funda- ciones de los núcleos que alcanzarán una catego- ría importante como centros administrativos, en su respectiva región, debido a la privilegiada situación de sus asentamientos, tales como Santafé de Bogotá, Tunja, Popayán y…

p. 225
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década de 1530, época de gran actividad fundacional. A este período pertenecen las funda- ciones de los núcleos que alcanzarán una catego- ría importante como centros administrativos, en su respectiva región, debido a la privilegiada situación de sus asentamientos, tales como Santafé de Bogotá, Tunja, Popayán y…

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Tovar, quienes hablan de más de 8 millones. Bajo cualquiera de esas hipótesis, estaríamos ante una distribución espacial aproximadamente así: un 31 por ciento correspondería a la región Caribe; otro 30 por ciento a la región Andina oriental; casi un 40 por ciento a la región Andina occidental, y el resto a la región…

p. 187
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Tovar, quienes hablan de más de 8 millones. Bajo cualquiera de esas hipótesis, estaríamos ante una distribución espacial aproximadamente así: un 31 por ciento correspondería a la región Caribe; otro 30 por ciento a la región Andina oriental; casi un 40 por ciento a la región Andina occidental, y el resto a la región…

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de Córdoba, al referirse a Cuba, ex- clamaba: «los cristianos han destruido y desterra- do de estas pobres gentes la natural generación». Cifras de la catástrofe Los datos que permiten evaluar la caída de pobla- ción indígena son escasos y fragmentarios, pero no menos impresionantes: Juan Friede calcula que la…

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08Aproximaciones a la historia del Derecho en ColombiaLuis Freddyur Tovar, Beatriz Eugenia Salamanca Charria, Carlos Andrés Delvasto Perdomo, Carlos Andrés Echeverry Restrepo, Francesco Zappalá Sastoque, Iván Alberto Díaz Gutiérrez · 2014 · p. 251 cita
[11]

HISTORIA DEL DERECHO EN COLOMBIA directrices y control de los reyes españoles, lo que equivale a afirmar que los gobiernos territoriales de ultramar no tuvieron ni liberad ni autonomía. Ahora bien, la Corona fue pródiga en la expedición de man - datos (leyes) para la buena marcha de sus colonias y, en esa regulación…

p. 25
09Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 14, 234 citas
[12]

instrumentos de intervención: de las prime- ras ocupaciones, financiadas privadamente, se había pasado al entronizamiento de una burocracia administrativa y eclesiástica, además de algún pie de fuerza militar, suficientes para debilitar el poder de los conquistadores. Las contradicciones entre la política colonial…

p. 14
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instrumentos de intervención: de las prime- ras ocupaciones, financiadas privadamente, se había pasado al entronizamiento de una burocracia administrativa y eclesiástica, además de algún pie de fuerza militar, suficientes para debilitar el poder de los conquistadores. Las contradicciones entre la política colonial…

p. 14
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y capitanes se convirtieron prácticamente en agentes de la Corona, y se les concedieron pri- vilegios, tierras y a veces encomiendas, responsabilidades organi- zativas y títulos. Las encomiendas en la sabana de Bogotá, por ejemplo, se organizaron con base en las capitanías, pueblos ente- ros sometidos a la dirección…

p. 23
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y capitanes se convirtieron prácticamente en agentes de la Corona, y se les concedieron pri- vilegios, tierras y a veces encomiendas, responsabilidades organi- zativas y títulos. Las encomiendas en la sabana de Bogotá, por ejemplo, se organizaron con base en las capitanías, pueblos ente- ros sometidos a la dirección…

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10Estudios interdisciplinarios de las élites en ColombiaCatalina Acosta Oidor, Alexander Gamba Trimiño, Verónica Salazar Baena · 2023 · p. 61, 1122 citas
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nuevos títulos y bienes. Según Lope de Vega, los indianos son derrochadores por naturaleza, pues “tienen dineros y los dan en toda ocasión”, además de vivir presumiendo no solo las fatigas y trabajos vividos en el pasado, sino también los títulos que gracias a ello han alcanzado (Martínez-Tolentino, 2001, pp. 83 -…

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con la reconstrucción histórica de las dinámicas pobla - cionales de los yanaconas hecha por Sodemman y otros, “una nieta de Huáscar, Pascuala Inca, casada con un español de apellido Salazar trajo a los pueblos yana, yanacona y anacona al macizo” (Sodemann, 2014, p. 21). Debido a la temprana pérdida de la lengua por…

p. 112
11Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 48, 552 citas
[15]

sonal, aunque pagaban impuestos al comercio o a la producci ó n minera (quinto, que se redujo a menos de 5% en pocos a ñ os) y agr í cola (diezmo para sostener la Iglesia). Con estas reformas, desde 1550 existi ó una autoridad local en todo el territorio y hubo un esfuerzo persistente por someter a los EL…

p. 48
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a ñ os o d é cadas despu é s a un sitio ya visitado, ten í an descripciones de las costumbres de los indios, de sus formas de hacer la guerra, de los alimentos y re cursos existentes. Mientras tanto, los ind í genas eran centenares de comunidades independientes que no pod í an ponerse de acuerdo o coordinar sus…

p. 55
12Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 125, 2172 citas
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al variar su distribución general, y dar origen a problemas que hoy conocemos como minifundio, paralelo al latifundio. Puede anotarse que casi ninguna de las poblaciones 226 Nueva Historia de Colombia, Vol. I fundadas en ese momento han desaparecido, en tanto de 500 a 700 poblados que existieron por la época de la…

p. 217
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veces gar- banzos, habas, fríjoles, caña y lino). Fuera de esto, debían dar indios de servicios (un 3 o 4% de los varones adultos) para los aposentos del encomendero, los cuales eran casi siempre tie- rras ocupadas de hecho en las inmediaciones del asentamiento indígena. Además, la obliga- ción del tributo en especie…

p. 125
13Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 62, 752 citas
[18]

r. f. 904 r. Vis. Tol., t. 2 f. 646 r. f. 685 r. Vis. Bol, t. 4 f. 987 r. y 996 r., 69 En algunos casos se trataba de más de 400 tributarios. Un promedio de 400 tributarios en 40 pueblos da un total de 16 mil tributarios, cifra cercana a los 18 mil que aparecen, en el recuento de la visita. LA SOCIEDAD INDÍGENA Y SU…

p. 75
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Paradójicamente, estas concentraciones se originaron a raíz de la alarmante disminución de la población indígena. La política de los poblamientos, iniciada en el siglo XVI y sistematizada a partir de 1602, era un intento para procurár cierta densidad de los asenta mientos indígenas, que evitara su desmoronamiento. No…

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14Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 69, 71, 743 citas
[19]

ero creciente de m estizos y blancos pobres. De 1590 a 1620, la adm inistración española instituyó cam bios que, com binados, parecían form ar una solución integral a estos problem as. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. U n PGKIA OI- COL.OMBIA. I ’ a I s rR AG M Í…

p. 74
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Más aún, las p au tas culturales españolas chocaban con el poblam iento difuso de los indígenas. En España, los cam pesinos vivían en aldeas rurales y los funcionarios de la C orona pensaron que los indígenas debían hacer lo m ism o. En pos d e estos principios, en las d écadas de los años 1560 y 1570 las a u to rid a…

p. 71
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d id o s en el siglo xvi fueron débi les y dem o rad o s en la costa atlántica y en el d istrito de P opayán en el occidente, así com o en regiones inestables com o los valles del Alto M agdalena y las zonas m ineras del Cauca. Los clérigos q u e llegaban a la costa atlántica p o r lo general no perm anecían allí m…

p. 69
15¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 341 cita
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de la tierra, se ha solido enseñar, se expresó mediante diferentes instituciones: una fue la encomienda, donde un grupo indígena era obligado a trabajar para un español -el encomendero- que lo recibía en recompensa por su participación en la Conquista, a cambio de no separarlo y garantizar su conversión al…

p. 34
16Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · p. 3721 cita
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economía neograna- dina un carácter recesivo. La explicación de este decaimiento se suele centrar en dos razones principales: el decrecimiento vertiginoso de la población indígena iniciado en el siglo anterior y que cubrirá la totalidad del x v i i, y el receso de la producción aurífera hacia 162o2 1. Estos hechos…

p. 372
17Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 131 cita
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y los resguardos, para organizar la producción agrícola de autoabaste- cimiento, así como la mita, para la extracción del oro y otros metales preciosos. La encomienda La encomienda fue una institución que se caracterizó por el poder otorgado por la Corona a un hidal- go, quien ejercía el control, cuida- do y…

p. 13
18Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 42, 45, 483 citas
[31]

y o s p a r a l a h is t o r ia d e l a p o l ít ic a d e t ie r r a s e n C o l o m b ia tó una serie de medidas para protegerlos, disfrazadas con ropajes religiosos o humanistas. Los tributos obligaban a dar al encomendero las pensiones particulares, el quinto para el Rey, el estipendio para el cura doctrinero y el…

p. 42
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indígenas acudían a vender su fuerza de trabajo para cubrir los tributos con el salario obtenido; la economía monetaria empezó a introducirse en estos núcleos de economía natural y las ventas de tierra por la Corona a partir del siglo XVIII y el robo descarado de ellas por los terratenientes vecinos fueron reduciendo…

p. 48
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acuerdo con las necesidades de cada familia indígena. La característica esencial era la propiedad colectiva sobre las tierras, las ventas, aún con el consentimiento de todo el común, se prohibieron en el siglo XVII. Según Friede, la conciencia de ser propietario no era igual en las comuni dades indígenas de América, y…

p. 45
19La tierra en ColombiaEstanislao Zuleta, Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) · 1973 · p. 211 cita
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nera, la encomienda es la piedra de toque para ex plicar él origen del neofeudalismo americano en el cual el señor prácticamente no tiene deberes y sí to dos los derechos y el indio carece de derechos y es tá abrumado con todos los deberes; entre el español encomendero y el indio encomendado, no existió mutua…

p. 21
20Resistencia en el San JorgeOrlando Fals Borda · 2002 · p. 891 cita
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enviar a la capital, traer yerba para los caballos, hacer corrales, barbacoas y palenques para los huertos de los reclutadores-mayordomos y, para colmo, salir a bogar en canoas "con grande exceso y robo, que habiendo de servir sesenta indios, por turnos, tres canoas, hacen que los sirvan sólo cuarenta indios". El cura…

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21Historia de la religión en ColombiaJosé David Cortés Guerrero, Juana María Marín Leoz, Leonardo Fabián García Rincón, William Elvis Plata, Diana Paola Hernández Fernández, Alberto José Campillo Pardo, Aliza Moreno-Goldschmidt, Odette Yidi David, Jorge Enrique Salcedo Martínez, Jose Joaquin Pinto Bernal, Katherinne Giselle Mora Pacheco · 2022 · p. 1, 122 citas
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43 LA EVANGELIZACIÓN DE LAS COMUNIDADES INDÍGENAS DEL NUEVO REINO DE GRANADA DURANTE EL SIGLO XVI Leonardo Fabián García Rincón Introducción Lo que hoy denominamos “evangelización” se ha entendido como el proyecto religioso de expandir el catolicismo en América, una vez esta fue incorporada a la imagen de mundo que…

p. 1
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las imágenes de santos que ponían en sus casas y sus horarios. Adicionalmente, la permanencia del doctrinero significó, para las comunidades indias, más exacciones en productos o servicios. De modo que la evangelización trastocó no solo las 16 nociones de lo sagrado y lo profano de los indígenas —mediante la…

p. 12
22Catolicismo, cambio social y búsqueda de paz en Colombia. Historia y MemoriaWilliam Elvis Plata Quezada (Editor), Ana María Bidegain Greising, Angélica Villamizar Beltrán, Antonio José Echeverry Pérez, Eduardo Díaz Ardila, Eliécer Soto Ardila, Héctor Alfonso Torres Rojas, Hernando Pinilla Rey, Isabel Corpas De Posada, Javier Alejandro Acevedo Guerrero, Joselín Aranda Cano, Lizeth Torres Rodríguez, Miguel Arturo Fajardo Rojas, Natalia Alejandra Mora Navarro, Osmir Ramírez Trillos, Sofía Brizuela Molina, Sor María Sampayo Flórez · 2022 · p. 291 cita
[40]

de catolicismo que se implantó y que iba a seguir el del modelo europeo, donde los poderes civil y eclesiástico interactuaban simbióticamente. El advenimiento de la época de la Colonia, a partir de la segunda mitad del siglo XVI, resulta en el establecimiento de las instituciones españolas en América y la fundación de…

p. 29
23La Religión en ColombiaCarlos Arboleda Mora · 2010 · p. 531 cita
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más importantes de la estructura colonial” 66 Esta identificación entre la Corona y la Iglesia marcó el proceso evangelizador que coincide con el proyecto político. ¿Pero cuáles eran los rasgos del conquistador? El español llegaba con una característica esencial y era el ser creyente de cris- tiandad. Es decir, una…

p. 53
24Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 252 citas
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una posesión de nuevos territorios, se inició un poco después de la muerte de Isabel la Católica, bajo el reinado de Fernando, su viudo. Isabel y Fernando recibieron el título de Reyes Católicos durante el papado de Alejandro VI; los discípulos de San Agustín, San Francisco y Santo Tomas de Aquino fueron sus…

p. 25
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de nuevos territorios, se inició un poco después de la muerte de Isabel la Católica, bajo el reinado de Fernando, su viudo. Isabel y Fernando recibieron el título de Reyes Católicos durante el papado de Alejandro VI; los discípulos de San Agustín, San Francisco y Santo Tomas de Aquino fueron sus confesores y…

p. 25
25Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · p. 93, 2542 citas
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Corona. Pero estas eran disquisiciones de gabinete. En el mismo terreno de los hechos, el espa- ñol dominaba, explotaba y expoliaba al indio. Y esa era la alternativa. Una cruzada violenta contra los ritos indíge- nas, que Germán Colmenares denomina con propiedad como policía cristiana fue táctica común para lograr no…

p. 93
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pueblos de indios que les permitieron a los españoles usurparles a los habitantes del valle su oro, sus cosechas y su trabajo. La explotación desmedida colocó a los sibun- doyes en el umbral del aniquilamiento. Para proteger a la población, la Corona española introdujo resguardos y cabildos de indios. Combinadas con…

p. 254
26Historia de la religión en ColombiaJosé David Cortés Guerrero, Juana María Marín Leoz, Leonardo García Rincón · 2022 · p. 11 cita
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57 LAS ÓRDENES RELIGIOSAS Y LA SOCIEDAD NEOGRANADINA, SIGLOS XVI-XIX William Elvis Plata Introducción Las órdenes religiosas no solo fueron las grandes protagonistas del proceso de cristianización de la Nueva Granada en los siglos a, sino que, además, por lo mismo, adquirieron tal grado de XVI XVIII poder y de…

p. 1
27The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 1171 cita
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as Christians. And so that this great malady and grave offense to God might be fixed, it is necessary that Your Royal High- Idolators and Encomenderos 103 ness appoint a person or declare that the high court appoint a person who, looking only to God and leaving behind all pretension for worldly gain or sinister…

p. 117
28Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 89, 1902 citas
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que hacían innecesario laborar por un salario miserable. La oligarquía percibió rápidamente que debía establecer "un cinturón de seguridad" alrededor de la población trabajadora para aislarla de las tierras libres. En consecuencia, las políticas agraria y laboral fueron desarrolladas con el propósito de controlar el…

p. 89
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de la Ley 90 de 1889. No hemos encontrado el Decreto del 30 de enero de 1863 aquí citado. Puede verse Adolfo Triana Antorveza (comp.), Le- gislación indígena nacional: leyes, decretos, resoluciones, jurisprudencia y doctrina, Bogotá: Librería y Editorial América Latina, 1980; y Fabián Díaz Aristizábal, El resguardo…

p. 190
29Estado crítico de la propiedad colectivaDelgado Castaño, P. · 2018 · p. 32 citas
[50]

existían franjas de terreno de pastos para la cría del ganado menor. En América, el resguardo se implantó como una medida proteccionista que, en principio, no varió la posesión del área física ocupada por los aborígenes, pero sí estableció una limitación para muchos de estos pueblos de tradición nómada.…

p. 3
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existían franjas de terreno de pastos para la cría del ganado menor. En América, el resguardo se implantó como una medida proteccionista que, en principio, no varió la posesión del área física ocupada por los aborígenes, pero sí estableció una limitación para muchos de estos pueblos de tradición nómada.…

p. 3
30Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · p. 2331 cita
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r ístasóe ld te ogpanóge ml Cntniuge en la cual no existe la propiedad individual territorial, y sí la posesión colectiva de las tierras. Está íntimamente unida a la economía familiar agrícola. Los resguardos cultiva- ban en régimen de indivisión de la propiedad, las tierras que constituyeran su respectivo territorio.…

p. 233
31Guerra propia, guerra ajena. Conflictos armados y reconstrucción identitaria en los Andes colombianos. El Movimiento Armado Quintín LameDaniel Ricardo Peñaranda Supelano · 2015 · p. 1151 cita
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más importante durante la Colonia y la primera parte de la República, marcó el curso de los pueblos indígenas. Es- tos debieron soportar en buena medida el peso del hundimiento 172 Cieza de León, Pedro. Crónica del Perú, Primera parte, p. 173. 173 González, Margarita (1979). El resguardo en el Nuevo Reino de Granada.…

p. 115
32Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoriaAna María Gómez Londoño (editora), Carl Henrik Langebaek Rueda, Jorge Augusto Gamboa Mendoza, Michael J. Francis, Marta Clemencia Herrera Ángel, François Correa Rubio, Óscar Guarín Martínez, Hermann Trimborn, Luis Fernando Restrepo, Mercedes López Rodríguez, Carlos Andrés Durán · 2005 · p. 441 cita
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que era idéntico al que seguían los especialistas religiosos más importantes. En 1594 se menciona que los chuques recibían una mochila de coca y un poporo como símbolo de su autoridad, pero es claro que los caciques también tenían ese privilegio (AGI Santa Fe, 17). Por otra parte, el escenario político en el que se…

p. 44
33Antes de Colombia. Los primeros 14.000 añosCarl Henrik Langebaek · 2021 · p. 4071 cita
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poder de los caciques muiscas, sus argumentos parecen circunscribirse a ciertos momentos específicos, y muy especialmente a las grandiosas y prolongadas fiestas durante las cuales los indígenas se congregaban en lugares ceremoniales de gran importancia, muchos de ellos con una centenaria o milenaria ocupación, para…

p. 407
34El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · p. 4321 cita
[58]

ocurrió con toda la legis- lación sobre indígenas. Las leyes de Indias se acogieron al hecho de que en una sociedad donde existían grupos so- ciales tan diferentes como los indígenas, los criollos y los españoles, los primeros necesitaban una especial protec- ción de la ley, lo cual dio por resultado toda la…

p. 432
35Managing Multiculturalism: Indigeneity and the Struggle for Rights in ColombiaJean E. Jackson · 2019 · p. 501 cita
[59]

1810, the system became, if anything, more repressive: legislation and judicial rulings autho - rizing the sale of resguardo lands legitimized their expropriation by outsiders, often achieved through violence. 5 A great deal of land was lost in this way. The dominant ideology of the era, enacted into law, facilitated…

p. 50
36Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · p. 1431 cita
[60]

use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. Calcul ating Equalit y 125 tion to pay for José María Solano’s surveying work. He received $800 from its sale, an amount supposedly greater than what he was owed. When asked to return the excess money, Solano dis- appeared. 8 Governor Acevedo’s address to the…

p. 143
37Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1531 cita
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histórico, logró la constitución y el reconocimiento de resguardos de origen colonial y republicano, principalmente en las regiones Caribe y Andina. Si bien los pueblos indígenas contaban con estos títulos, casi en su totalidad fueron ocupados por hacendados y colonos. Esto también sucedió en territorios que no…

p. 153
38No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 391 cita
[64]

la Verdad ha encontrado que dicha ironía encarna un patrón de comportamiento histórico respecto al despojo de tierras, especialmente de los pueblos étnicos 22. En Tolima y Huila había un levantamiento social liderado desde 1915 por Manuel Quintín Lame y José Gonzalo Sánchez. Era una lucha por la recuperación de los…

p. 39
39Nuestra vida ha sido nuestra lucha. Resistencia y Memoria en el Cauca indígenaDaniel Ricardo Peñaranda Supelano (coordinador), Graciela Bolaños, Víctor Daniel Bonilla, Jorge Caballero Fula, Myriam Amparo Espinoza, Vianney Judith García, Jorge Hernández Lara, Pablo Tattay, Libia Tattay Bolaños · 2012 · p. 601 cita
[65]

departamentos y las transferencias del estado dejan ver la forma de integración, a través de alcaldes. No todos los resguardos cuentan con la misma cantidad, ni calidad de tierra, existe población sin ella y otros que tienen dis- tribuido por familias cinco hectáreas a manera de minifundio, o una hectárea o menos,…

p. 60